Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.
Capítulo 18
Hasta que la muerte nos separe
Por qué Sakura temía transitar de nuevo por aquel camino. La respuesta era sencilla. Tenía todo el derecho de hacerlo, a pesar de ir cómodamente instalada en el asiento del copiloto, con la absoluta e indivisible atención de Mikoto Uchiha. La pelinegra conducía con maestreza por la oscura carretera que conectaba a la ciudad con los opulentos suburbios ubicados en el bosque.
Su suegra le había explicado —sin lujo de detalles— lo que le aguardaba en casa.
No intentó escapar, estaba demasiado cansada para hacerlo. Lo único que anhelaba en ese momento era reposar, olvidar sus problemas y sumirse en un profundo sueño. Lo cual era imposible dadas las circunstancias.
Sin mas remedio, permaneció postrada en el asiento tal estatua, con las manos en el regazo y la espalda recta, la mirada fija al frente y la respiración acompasada. De tanto en tanto vislumbraba el perfil aristocrático de la pelinegra por el rabillo del ojo; su faz parecía estar tallada en piedra o mármol, portaba una máscara de estoicismo, si estaba molesta sus facciones no lo habían reflejado en lo absoluto.
Absorta en el tenso silencio interpuesto entre ellas. Sakura no sabía como ella podía estar tan tranquila cuando un montón de preguntas rondaban en su cabeza como bestias hambrientas. No obstante, cada vez que se decidía a sacarlas, la expresión mortalmente seria de su acompañante la obligaban a tragarse cada palabra.
La pelirosa se sobresaltó al percatarse de su llegada a la casa. Mikoto torció al llegar al cruce de caminos, donde el camino hacia una curva.
Sakura se encogió contra el respaldo del asiento, con el corazón latiéndole violentamente, agarrándose con fuerza al asiento de cuero del coche. Las luces estaban encendidas dando acuse de la presencia de más personas en la casa.
—Están aguardando por nosotras— advirtió Mikoto, inalterable.
A la pelirosa se le enturbió el estómago. Nada se le antojaba menos que toparse con los Uchiha; mucho menos con Itachi. Habían transcurrido unas cuantas horas desde su pacifico encuentro: si es que escucharlo suplicar podría clasificarse como "pacifico". Y, ahora que lo pensaba, ni siquiera era capaz de recordar hace cuánto ella e Itachi hablaban como personas civilizadas. Parecían años.
Necesitó insuflarse de valor para bajarse del coche, subir los peldaños hasta alcanzar el porche, ahora mismo, se sentía como una niña asustada; sin saber si debería o no, proseguir con su camino hasta la oficina, donde sabía, encontraría a Sasuke e Itachi.
Cuando cruzó el umbral de la puerta tuvo una sensación extraña. El gran salón cuadrado, con amplios y fríos paneles de mármol la recibió. Detestaba los ambientes enormes, pensó que debía ser espantoso vivir en un sitio como ese. Hasta le resultó confortante evocar la pequeña casa donde había pasado su infancia, con sus cuartos pequeños y discretos.
Sin embargo, la sensación extraña tenía que ver con otra cosa. Apenas traspuso la puerta, siguiendo a la matriarca, abarcó de un rápido vistazo a la triada de hombres congregados en el estudio. Era como si la horrenda noticia que traía consigo aún no tuviese un destinatario fijo. Sentía como si la tragedia todavía estuviese sobrevolando sobre ellos sin decidirse a posarse en ninguno.
La mirada esmeralda viajó por la estancia hasta posarse en el rostro intranquilo de su marido; portaba una máscara exacerbada, las marcas cerúleas bajo sus ojos delataban la falta de descanso y la palidez cérea de su piel le confería un aspecto enfermizo, como si se tratase de un paciente en fase terminal.
No muy lejos de donde se encontraba Itachi, Shisui permanecía cerca de la ventana, con los ojos clavados en el jardín. Si se había percatado de su presencia no lo demostró, en su lugar, continuó contemplando a la lejanía, hacía un punto perdido en medio del tiempo y el espacio.
El respetado patriarca yacía en la cabecera de la sala, postrado en el amplio sillón que, sin necesidad de anunciarlo, le pertenecía. Llevaba un vaso de whisky en la mano y tenía el ceño fruncido. Probablemente actuaba de esa manera cada vez que Itachi o Sasuke se metían en problemas. La mayor parte del tiempo, Mikoto dominaba la situación, pero esta vez Fugaku desprendía un aura de autoridad incuestionable, tan visible que daba miedo.
La persona que más le importaba se ubicaba a lado de Itachi. Sasuke la miró sin el menor atisbo de emoción en el rostro, causando que el corazón le golpeara las costillas.
No se oía ni un ruido en la habitación, excepto el que hacía Fugaku cada vez que llevaba el vaso hasta sus labios y los hielos golpeaban contra el cristal. Luego escuchó el reloj de Itachi, pegado a su oído. Ruidos corrientes, ruidos iguales que los de cualquier otro día.
—¿Y bien? ¿cómo les fue?— la voz de Fugaku retumbó entre las paredes como un eco sonoro.
—Afuera hace un frio del demonio— resopló Mikoto a la par que dirigía su andar hacia el discreto minibar oculto en el globo terráqueo. Necesitaba un trago para aclararse las ideas.
—¿Te encuentras bien?— preguntó Itachi levantándose del sofá. Miró a Sakura con inquietud. Ella llevaba un tiempo notando sus miradas tímidas y solícitas. La estaban volviendo loca.
—Si— contestó secamente, sin mirarlo, aunque notó la cara de perplejidad de sus suegros—. Si, estoy bien.
Le avergonzó no sentir emoción y la absoluta ausencia de preocupaciones. Poco a poco, se dijo, acaso dentro de un rato, volverían sus sentidos y lo comprendería todo.
—Creo que es momento de hablar ahora que están todos aquí reunidos— empezó Shisui.
En un acto reflejo, Itachi entrelazó los dedos con los de su esposa y, sin protestar, la atrajo al sillón donde minutos atrás reposaba. Por el rabillo del ojo, notó como Sasuke tensó el gesto y sus fanales se rasgaron en un gesto maquinal.
—El caso de Izumi se ha reabierto, por lo tanto, las investigaciones comenzaran nuevamente— advirtió el pelinegro con cierto pesar. Antes de proseguir, carraspeó un poco—. Esto es más delicado de lo que esperábamos, la prensa ha tomado cartas en el asunto y los primeros artículos están saliendo a la luz.
—¿Cuál es el pronostico?— la voz de Itachi sonó cautelosa.
Los rostros neutros, cautelosos, aguardaban pacientemente. Queriendo saber. Queriendo saber por qué aquello había pasado en su familia. La posible vergüenza. Ellos querían los hechos. Detalles íntimos que no eran de la incumbencia de nadie. No podían evitar sospechar… ella suponía que eso era natural. Tal vez debería incluso perdonárselo.
—Los medios los posicionan a ambos como sospechosos, incluso cómplices.
La pelirosa se removió en su asiento, inquieta. Lo que Shisui acababa de decir y cuanto había ocurrido, cada cosa se colocaría en su sitio, como las piezas de un rompecabezas, para formar un cuadro comprensible. Pero, por el momento, era como si no tuviera corazón, ni cabeza, ni sentidos. Como si fuese un muñeco de madera que Itachi sostuviera.
Una sonrisa amarga surcó los labios de Sasuke.
—¿Y bien? ¿qué pasará de ahora en adelante?— cuestionó Mikoto enarcando una delgada ceja azabache.
—Tenemos un caso firme sin lugar a dudas, pero es circunstancial— explicó de manera profesional—. Tuve la oportunidad de revisar el expediente está mañana, algunas pruebas nos benefician, pero no podemos confiarnos.
Una sempiterna media sonrisa elevó el ángulo derecho de la boca de Sasuke, fijándosele en la mejilla como un hoyuelo único y permanente, transformando aquel gesto juguetón en una mueca desdeñosa.
—¿Y qué tipo de caso tenemos, Shisui?— soltó el menor de los Uchiha en un tono sarcástico—,porque a medida que sigues diciendo eso suenas asustado.
La tensión era palpable en la sala. Los Uchiha se encontraban inmersos en una situación desagradable y, más pronto que tarde, los esqueletos saldrían del armario para atormentarlos.
Ambos hombres se miraron directamente a los ojos sin parpadear. Sasuke había adoptado una actitud sardónica y Shisui no iba a tolerarlo.
—Por ahora debemos centrarnos en vender una imagen a la prensa, convertiremos a los medios en nuestros aliados, de esta forma conseguiremos cambiar la perspectiva de la gente sobre ustedes— dijo Shisui yendo directamente al grano, ignorando por completo los intentos de provocación de Sasuke.
—¿Cómo lo conseguiremos?— respondió Mikoto con brusquedad.
—Ambos son inocentes— sentenció el abogado con ese tono categórico tan suyo que era capaz de convencer a cualquier alma en la corte que el peor asesino era un santo—. Nuestro caso es Itachi, debemos justificar porque esperó tanto tiempo para realizar el reporte de desaparición— pronunció, haciendo las pasas necesarias para conferirle a su voz la inflexión de quien cree estar dirigiéndose a un grupo de infantes—. Sakura tendrá un papel importante en todo este proceso.
Un escalofrió recorrió toda su espina dorsal al notar las oscuras miradas de los Uchiha postradas sobre ella, como si se tratase de aves de rapiña asechando a su presa.
—En mi posición…no creo que yo sea de mucha ayuda— balbuceó con parsimonia mientras su cerebro le repetía que era mucho mejor que ella se mantuviera al margen de la situación. No iba a convertirse en su cómplice.
—Por supuesto que si— dijo a la par que se le oscurecía la mirada—. Tu trabajo será decir "crean lo que él dice".
—Dudo que la palabra de una esposa abnegada tenga relevancia en un caso así— respondió sin pensarlo de verdad.
—¿Realmente eres una esposa abnegada, Sakura?— preguntó Shisui, despertándola del letargo en el que sus cavilaciones la habían sumergido.
Una vez más, Sakura lanzó una mirada discreta en dirección a Sasuke. Probablemente era del conocimiento de Shisui la relación extramarital que ella mantenía con su cuñado desde hace algunas semanas, quizás los demás miembros de la familia lo sabían. De solo imaginarlo, las entrañas se le removieron al punto de avivarle las nauseas.
—Aquí estoy— repitió tercamente—, creo que merezco una medalla.
Notó la mirada escrutadora de su suegra. Mikoto no era tonta. Ese era el error que había cometido al inicio, subestimar al enemigo.
Le parecía como si alguien estuviera metiéndole un pulgar por mitad de a frente, como si fuera una rosquilla. Sus ojos se encontraron con los de Mikoto. Los tenía igual que Sasuke. En otro tiempo había sido una belleza.
—Eres su esposa, por lo tanto, tu deber es estar a lado de Itachi en estas circunstancias. Ambos hicieron un juramento.
«Lo sabe». Este pensamiento cayó como un rayo en la cabeza de la pelirosa. Estaba segura que nadie lo sabía. Lo había afirmado categóricamente.
Siguieron unos segundos en silencio. Sakura escuchó el sonido de las manecillas del reloj. Tenía el corazón desbocado. Mikoto no podía saberlo. Tragó saliva: una repentina bocanada involuntaria de aire.
—Está bien, calma— moduló Shisui—. No voy a convertir esta charla en una terapia de pareja sacó del bolsillo un cigarrillo maltratado—.Necesito que tanto Sasuke como Itachi sean sinceros, sobre todo tú, Itachi ¿qué motivos tendría Izumi para suicidarse?
Las miradas de ambos hermanos se cruzaron de uno a otro lado del sofá.
—Puede que no tuviera un motivo, simplemente quería jodernos la existencia. Ahora mismo está riéndose de esto— dijo Sasuke con tono de afectación.
Itachi se puso de pie de un salto:
—No digas nunca eso— le advirtió.
—Y a pesar del tiempo transcurrido no dejas de protegerla— Sasuke imitó sus movimientos.
—Sasuke— lo censuró con aire severo.
—Los muertos no pueden hablar, pero nosotros estamos vivos ¿no es así?
—Guarda silencio ahora mismo, Sasuke— masculló Itachi, estaba a punto de perder los estribos.
—¿O qué?— preguntó el pelinegro en voz baja mientras la risa le bailaba en los ojos.
En un abrir y cerrar de ojos, el mayor de los hermanos conectó su puño con la mandíbula del pelinegro, asestándole un fuerte golpe que lo hizo tambalear.
Lejos de emular la violenta replica, acarició la zona afectada; del labio reventado reverberaba un hilillo de sangre que comenzaba a descender por la comisura derecha.
Bajo la mirada atónita, Itachi flexionó los dedos, tratando de comprender lo que había hecho.
—Yo… lo lamento— se disculpó.
La pelirosa notó en los ojos de Sasuke que estaba furioso.
Mikoto y Fugaku permanecieron en silencio, como dos simples espectadores, sin ánimos de intervenir.
—Sasuke ¿te encuentras bien?— preguntó un consternado Shisui, aproximándose al afectado para asegurarse que el derechazo de Itachi no hubiese causado más daños.
—Estoy bien— respondió al mismo tiempo que lo empujaba. Enervado, caminó hasta la entrada de la estancia sin mostrar tentativa de mirar atrás.
—Sasuke— lo llamó Sakura en un acto reflejo.
Antes que pudiera mover un solo musculo, los dedos huesudos de su suegra se enredaron alrededor de su muñeca, manteniéndola en el mismo sitio.
Sus miradas se encontraron. Esta vez Mikoto no apartó la mirada.
—Tu esposo te necesita. No hace falta que yo te lo diga—le recordó.
Sin pensarlo dos veces, ingresó a la cocina como alma que lleva el diablo.
No tenía derecho a sentir lo que sentía. Saberse desbordada le resultaba violento. Era una reacción completamente desproporcionada ante una situación, entre comillas, manejable.
Poco a poco le fueron volviendo los sentidos, como había supuesto. Ya no tenía las manos frías, sino pegajosas y calientes. Sintió como una oleada de sangre fluía hacia su rostro y a la garganta. Le ardían las mejillas.
Necesitaba tranquilizarse. Una vocecita en su interior le decía a gritos que era momento de abandonar el barco, tomar sus pertenencias y marcharse a un lugar muy, muy lejano, donde los Uchiha no pudiesen encontrarla, fuera del alcance de Itachi y el fantasma de Izumi.
—¿Qué haces aquí?
Un frío estrangulador la sacudió de pies a cabeza al escuchar la voz de Sasuke. Ella procuró imponer distancia entre ambos, aún cuando moría de ganas de refugiarse en sus brazos.
—Vine a preparar un poco de té— se hizo eco ella, sacando la voz a duras penas.
Sakura lo miró atentamente; contra el labio reventado presionaba una bolsa de hielos para aplacar el dolor y bajar la hinchazón.
Dubitativa, se desplazó hasta el centro de la geografía del cuarto. Lo de preparar té solo era una excusa barata para escapar del escrutinio de Mikoto, ahora mismo necesitaba saber que Sasuke se encontraba bien, aunque, dadas las circunstancias y por la rigidez en su postura y la expresión furibunda, sabía que realmente no quería tenerla cerca.
—¿Estás bien? ¿Puedo echar un vistazo a tu herida?— su voz sonó cautelosa.
—Estoy bien— contestó tajante.
La pelirosa ignoró el deje hostil.
—Creo que debemos hablar— murmuró, deseando salir de allí cuanto antes.
Él la divisó con recelo. Tras meditarlo un segundo, optó por decirlo sin adornos:
—No, no debemos.
Sakura lo miró con ojos agrandados, disipando cualquier atisbo de tranquilidad trazado en su voz.
—No actúes como si no te importara—apostilló—. Si no quieres hablar está bien, pero vas a escucharme.
Cómo si se tratase de un impulso, Sakura se acercó instintivamente, acortando la distancia entre los dos.
—Lamento que todo esto hayo sucedido…lamento que estés pagando por los crímenes de otra persona— su voz sonaba estrangulada—, lo que Izumi hizo… lo que pasó es realmente injusto.
Sasuke no respondió. Estaba de pie, dándole la espalda, delante de la puerta, mirando con los ojos muy abiertos al vacío, sin ver nada.
La traicionera voz interior insistía en que debía escapar de esa situación, abandonar a Sasuke, empezar de nuevo; no habría un momento mejor. Podía conseguir un trabajo en una modesta clínica, o tal vez como docente en una universidad que se adaptase a su estilo, huir de aquella maldita cacería de brujas.
Pero Sasuke se había mostrado tan cariñoso. A pesar de todo, él no era su enemigo; lejos de ser un hombre brutal o abusivo, era simplemente una victima de una trágica serie de decisiones. El cariño que sentía por ella era puro.
Hastiado, el azabache lanzó la bolsa de hielos al suelo, provocando que la pelirosa diera un respingo asustado; en mero acto reflejo, llevó una mano hasta su pecho.
La mujer debió estar absorta en sus pensamientos, porque no se dio cuenta de que Sasuke la tomó de la muñeca y tiró de ella hasta que se halló encajada entre su cuerpo y uno de los muebles de la cocina.
—Itachi e Izumi no me hicieron nada, Sakura, yo elegí esto— susurró. Su aliento roció el cuello de la aludida.
Sakura frunció el ceño; sus manos tocaron el pecho de Sasuke en un intento por zafarse. Si alguien ingresaba a la cocina y los encontraba en ese posición estarían arruinados.
—¿Por qué intentas protegerla? — sus ojos vidriosos se alzaron atestados de incertidumbre.
La risa amarga del Uchiha rasgó el velo de mutismo.
—¿Estás sugiriendo que tuve algo qué ver con Izumi?— alzó una ceja a la expectativa.
—No lo se ¿sucedió?
—Es un pacto entre hermanos, pasó contigo, es natural que pienses que también sucedió lo mismo con Izumi— su voz sonó burlona mientras que Sakura se tensaba hasta la última fibra.
Sintió la carne ponérsele de gallina a medida que él la tocaba. Sasuke ajustó el agarre sobre sus caderas y la inclinó hacia él para besarla; fue entonces que reaccionó apartándolo de su cuerpo con un empujón más brusco de lo que pretendía.
—Eres un cínico— escupió. Ella lo miró; sus hermosos ojos desconcertados y heridos a partes iguales.
Una vez más la risa burlona de Sasuke reverberó en la habitación.
—No puedes venirme a dar clases de moral, Sakura, no después de todo lo que sucedió entre nosotros— aclaró haciendo un mohín; sus ojos la escrutaron antes de proseguir—: Tú acudiste a mi esa noche.
Sakura tragó grueso, sin alejar la mirada de él.
—¿También pasó lo mismo con ella?— quiso saber.
Las facciones de Sasuke se ensombrecieron; sin embargo, no rompió el contacto visual para decir:
—Por supuesto que no. Entre nosotros no hubo nada, la odiaba.
Sakura lo miró sin ocultar su desconfianza.
—¿Por qué lo hiciste?
Sacudió la respuesta y respondió:
—Por Itachi…lo hice para protegerlo a él.
El pecho de Sakura efectuó un raro movimiento de apnea; su corazón se precipitó en un doloroso latido.
Sasuke se calló y, sentándose en una silla, apoyó la cabeza sobre una mano. Ella fue junto a él y se arrodilló a su lado. Le separó las manos de la cara y buscó sus ojos con los de suyos.
—¿Quieres saber por qué lo hizo Itachi?— inquirió él. La mujer permaneció callada—.Los dos compartían un amor tan enfermizo que acabó por condenarlos a ambos.
En el pasado aquella revelación le habría causado un daño irreparable, cuando tenía la certeza de amar a Itachi. No obstante, ahora que conocía la verdad -o al menos parte de ella-, comenzaba a vislumbrar todo con una claridad absoluta.
—¿Me creerás?— preguntó el azabache en un susurró. Ella asintió.
Motivado por un impulso desconocido, le besó la cara y las manos. La obligó a ponerse de pie a la par de él, aprisionándola nuevamente entre su cuerpo y la mesa.
Aquello fue suficiente aliciente para Sasuke, quien, destrozando cualquier mecanismo de autocontrol, se inclinó hacia ella, en lugar de agregar algo, le apartó unos cuantos mechones del rostro y atrapó sus labios en un beso frenético, impaciente. Robándole el aliento, ahondo el contacto de sus lenguas al tiempo que acariciaba sus muslos.
—Sasuke…— lo llamó con la voz entrecortada, utilizando toda la fuerza de voluntad en ciernes para aferrarse a la última pizca de cordura remanente en ella—. No es el momento y tampoco es el lugar.
Ignorando la protesta de la pelirosa, depositó húmedos besos desde la comisura de sus labios hasta la clavícula, trazando un perfecto camino al mismo tiempo que sus manos acunaban sus senos aun cubiertos por el sostén y el jersey.
—¿Por qué estás ayudando a Itachi?— susurró contra su oído.
El pelinegro comenzó a tantear el borde de los jeans de su acompañante. Sakura se congeló al escuchar la pregunta.
—¿Por qué estás ayudando a Itachi?— repitió; esta ves sus dedos coronaron la intimidad húmeda de Sakura.
Ella arqueó levemente la espalda, siendo incapaz de formular una respuesta coherente. No tenía ni la fortaleza física ni mental, para resistirse.
—Quizás deberíamos preguntarle ¿no lo crees? — murmuró sin desentender la labor que ejecutaba sobre su clítoris—.Tal vez quiera unirse a nosotros.
Ofendida, y con justa razón, le cruzó el rostro con una sonora bofetada.
Sasuke la contempló durante largo rato; una mezcla entre la incredulidad y la traición.
Con las manos temblorosas la pelirosa comenzó a ajustarse la ropa, su corazón latía desbocado y los ojos le escocían a causa de las lágrimas contenidas.
—No voy a tolerar que me hables de esa forma— lo acució—. No se qué carajos sucede contigo, pero no tienes derecho a tratarme así.
El rostro de Sasuke permaneció impertérrito. Por segunda ocasión, un hilillo de sangre brotó de la comisura de su labio.
—No respondiste mi pregunta— dijo—. Ya te dije mis motivos, pero ¿tu por qué?
Un escalofrió recorrió toda su espina dorsal. Realmente no tenía una respuesta concreta. No estaba obligada a permanecer a lado de Itachi, sin embargo, ahí se encontraba.
Una lagrima solitaria rodó por su mejilla.
—Porque debo hacerlo.
Una sonrisa atormenta estiró la comisura de sus labios.
—Aún lo ambas ¿no es así?
En silencio ambos se miraron de hito en hito. El dolor la invadió, la tristeza se hizo mella en su pecho, al mismo tiempo que la agonía contraía su garganta hasta cortarle la respiración.
—Debe parecerte excitante ¿no? estar con dos hermanos— la acusó—, mientras uno continúa obsesionado con su esposa muerta, buscas consuelo con otro.
—No sabes lo qué estas diciendo— dijo ella entre dientes. Sentía un dolor punzante en el centro del pecho.
Y anticipante a cualquier reacción del pelinegro, Sakura se apresuró a abandonar la habitación, dejándolo con las palabras en la boca.
Escuchó el murmullo de la voz de Itachi encerrado en la habitación. Se le atenazo una angustia en la boca del estómago como la que siente quien espera a lo desconocido. El sonido del teléfono pareció despertar cada nervio de su cuerpo, antes adormecidos.
Aún intentaba pasar el trago amargo que le había hecho pasar Sasuke minutos atrás en la cocina. Jamás pensó que llegaría a comportarse de esa manera; las lágrimas se le acumularon nuevamente en los ojos al recordar las duras acusaciones del pelinegro en su contra.
Mientras sopesaba si debía ingresar en la alcoba o no, la realización la golpeó como un rayo: parte de su persona había cambiado. También era cómplice del supuesto asesinato. Todo lo compartía con Itachi, todo y aún más. La otra mitad de su persona permaneció sentada en todo el tiempo en el sofá, impasible y distanciada. Aquella pelea con Sasuke había reunido sus dos mitades, y una vez más estaba allí, entera, como antes, la misma de siempre.
Armándose de valor, llamó a la puerta con dos ligeros golpes, con suerte eso bastaría para capturar la atención de Itachi.
—Adelante— recitó el Uchiha al otro lado de la habitación.
Al ingresar, su esposo estaba sentado en la cama, cerca de él se ubicaba una mesita con diferentes utensilios de primeros auxilios.
—Espero no interrumpir— murmuró ella, deteniéndose a mitad de camino cuando él se levantó de la cama con familiar desenvoltura; el cabello negro caía sobre sus hombros fornidos.
—Eso sería imposible— replicó con una sonrisa media.
Sakura basculó la vista por la estancia, la servidumbre de los Uchiha había preparado la habitación de invitados para ellos, supuso que Mikoto desconocía el hecho de que ambos estaban separados desde hace tiempo. Era la primera vez, en varias noches, que ambos coincidían en la misma alcoba. Asintió sombríamente y desvió el rostro, respirando tan lento como le era posible.
Pasaban de las tres de la madrugada. Ese eral el único sitio donde estaban a salvo de oídos curiosos.
A ella no se le antojaba menos que estar allí para mantener una discusión domestica con Itachi sobre el maldito caso. Cualquier discusión fuerte, aunque acabara hiriendo sus sentimientos, seria mejor que el permanente estado de terror en el que se encontraba absorta. Podía sentirlo por todas partes: en el estómago, en el pecho, incluso en su horrible sabor de boca.
—Lamento haberte involucrado en esta situación— la voz de Itachi estaba decorada por distintos matices de determinación.
—Realmente es una mierda— coincidió ella en un suspiro—. Jamás imagine que mi primer matrimonio acabaría tan mal
Itachi carraspeó.
—Nunca pretendí arruinar nuestra relación— musitó. Sakura se encontró levantando la mirada capturada por la repentina sinceridad del momento—.Puede que ahora mismo mis palabras no tengan credibilidad y lo entiendo, me empeñe en hacerte desconfiar. Sin embargo, nunca puse en duda lo que sentía por ti.
—¿Qué estás diciendo?— inquirió ella, sorprendida.
El azabache dispuso la bolsa de hielos sobre la mesita de noche y restregó una mano contra su rostro tratando de disipar el cansancio trazado en cada rincón de su faz.
—Cuando me casé contigo, pensé que tendría un nuevo comienzo, una nueva oportunidad, podría empezar desde cero sin miedo a que la vida me castigara por las acciones del pasado.
Sakura continuó de pie en medio de la estancia, abrazándose a si misma, mirándole estupefacta.
—Tú… ¿en verdad me amaste?— murmuró; un nudo prieto estrujándole la garganta.
La pelirosa notó que Itachi temblaba de la cabeza a los pies.
—Siempre lo hice— admitió.
Ella se quedó mirándole asombrada, como si no comprendiera sus palabras.
—¿Acaso no lo notaste?— insistió.
—¡Dios mío!— exclamó, comenzó a pasear agitadísima por la habitación. Aquella debía ser una broma, una muy cruel.
—Sakura ¿qué pasa? ¿qué te ocurre?— quiso saber.
La interpelada se volvió rápidamente hacia é.
—¿En que momento?— dijo con un hilo de voz.
—¿Pero que estás diciendo?— cuestionó el Uchiha sin comprender muy bien de lo que hablaba su esposa.
—Después de saber lo de tu matrimonio con Izumi, si alguna vez me tocabas, me parecía que me estabas comparando con ella. Cuando me hablabas, cuando me mirabas o salías conmigo, notaba que me estabas diciendo: «Esto es lo que hacía con Izumi».
Itachi la vislumbro, asombrado.
—¿No era eso lo que sentías?
—Por supuesto que no— masculló a la par que acortaba la distancia entre los dos y sostenía sus manos, mirándola con un gesto afligido y suplicante—. Supe que realmente te amaba cuando llegaste tarde a mi apartamento la noche que te propuse matrimonio.
Sakura sonrió amargamente. Recordaba el momento a la perfección. Itachi se había esforzado al preparar una exquisita cena exclusivamente para ella. Por cuestiones del destino, aquella noche arribó un caso especial a la sala de urgencias, reteniéndola más tiempo de lo esperado.
—Llegué tres horas tarde— agregó; una lágrima solitaria rodó por su mejilla.
—Cuando te vi ingresar al apartamento, con los ojos llorosos, abatida… todo se esclareció para mi. Fue en ese instante en el que supe que quería pasar el resto de mi vida a tu lado.
—¡Por dios!— gimió ella, angustiada. Retiró las manos con una repentina sensación de escozor y se apartó.
No podía creerlo; su corazón latía al mil por hora mientras sentía en los ojos la extraña punzada de las lágrimas.
—Se que soy merecedor de tu desprecio, lo entiendo— espetó—. Si sacrificar nuestra felicidad era el precio que debía pagar por mis acciones, entonces no puedo hacer nada al respecto.
—Itachi, yo…— murmuró Sakura, intentando detener las lágrimas que aún tenía en los parpados—. Lo siento tanto— consiguió decir al cabo de unos segundos.
De la nada, el Uchiha caminó la distancia que los separaba, aproximándose tanto a ella que pudo percibir el aroma de su fragancia. La sostuvo de los brazos y la atrajo aun más hacia él. Sus miradas estaban allí, fijas uno en el otro.
—¿Por qué te disculpas? No hiciste nada malo— apartó unos cuantos mechones de su rostro descubriendo los ojos enrojecidos e hinchados por el llanto.
Sakura trago grueso, sin alejar la mirada de él y con la voz estrangulada, respondió:
—Por le hecho de que ya no te amo.
Lejos de soltarla, el pelinegro la aprisionó más sobre su cuerpo, en un gesto de mezquina posesividad influenciado por el dolor que generaban sus palabras.
—No debes sentirte obligada a corresponderme, lo entiendo— balbuceó a penas, perdiendo la seguridad en sus palabras—. Si tan solo hubiese sido más sincero desde el principio, probablemente las cosas serían diferentes— se lamentó.
Sin nada más que agregar, Itachi la liberó, imponiendo entre los dos una distancia que, a su parecer, era prudente.
Ambos recayeron en un silencio consternado, cada uno procurando procesar el huracán de emociones desatado con aquella serie de confesiones.
La cólera había dado paso a una gran oleada de desesperación. La disposición de Itachi a confesar sus sentimientos no cambiaba la situación. En absoluto. Ella ya era responsable. Se convirtió en una cómplice desde el preciso instante en que leyó la carta.
Se dejo caer en el borde de la cama, desbordada por una violenta bruma de desolación.
—Itachi ¿qué vamos a hacer?— quiso saber. En ese momento necesitaba tener la certeza absoluta de que todo estaría bien, aunque fuera una vil mentira—. ¿Qué es lo que vamos a decir?
—Esperaremos— dijo de repente—. Por el momento sólo esperaremos.
El móvil de Itachi empezó a sonar otra vez. Había algo angustioso en ese agudo timbre que sonaba con urgencia ruidosa.
—Debo atender esto— explicó un poco desanimado—. Puedes quedarte en esta habitación, yo dormiré en mi antiguo cuarto.
Y sin más, Itachi salió de la alcoba para contestar, cerrando la puerta tras él.
Como una niña pequeña, se acurrucó en la cama. Aun sentía que algo le oprimía las entrañas, y cuando sonó el timbre del teléfono el dolor se hizo más intenso.
Aquella noche lloró amargas lagrimas de niña que hoy ya no podría verter. Con la cara hundida, la cabeza latiendo, los ojos hinchados, la garganta seca. Por la mañana disimularía con todo cuidado lo ocurrido a tal punto que nadie vería las señales de su sufrimiento.
Continuara
N/A: ¡Hola, hola!
Han transcurrido siglos desde la última vez que actualice está historia. No crean que estaba en hiatus o la había abandonado, sino que necesitaba el tiempo y los ánimos para escribir. Ambas cosas se dieron en las últimas semanas y como resultado tenemos el capítulo 18 de este tormentoso fic.
Me gustaría abordar algunos puntos importantes del capítulo:
Como recordaran, Sasuke estuvo un tiempo en un Hospital psiquiátrico (ojo, no estoy justificando su actitud mezquina y violenta en contra de Sakura, eso nunca), sin embargo, este giro es sumamente importante para el desarrollo de la trama. A partir de este punto, la perspectiva de Sakura respecto a Sasuke cambiara por completo.
La confesión de Itachi era sumamente necesaria. Él necesita a Sakura, puesto que su veredicto es relevante, crucial y definitorio. Es aquí donde veremos a nuestra protagonista decidir si desea apoyar a los acusados o la víctima.
Con esto abordado sólo me queda agradecer su apoyo constante 3 no soy merecedora de tanto, mil gracias por todo.
Sin nada más que añadir, espero que el capítulo haya sido de su agrado. Entramos a la cuenta regresiva para el gran final, por lo tanto, espero no demorar tano con las actualizaciones, aunque no puedo prometerles nada.
¡Cuídense mucho! Les envió un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren 3
¡Saludos! ¡Hasta la próxima!
