Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.
Epílogo
Luego del juicio de Itachi todo fue diferente.
No culpable sólo significaba que no había pruebas. La realidad era que la inocencia de Sasuke había quedado demostrada. Era como si todo aquel episodio espantoso se borrara.
Se le retiraron los cargos a perpetuidad referidos al caso de Izumi. Perpetuidad. Una formula legal de salida del acusado. El tribunal no volvería a citarle.
Había sido procesado y puesto en libertad, todo un impersonal entrar y salir de la cárcel: la visita preliminar para devolver la fianza, la toma de huellas y fotos, los volteos, los desplazamientos.
Luego de eso, la vida retomó su curso. Una existencia larga suponía pasar por treinta y cinco mil días, de los que apenas una treintena son realmente importantes, días grandes en los que sucede algo memorable. El resto no son nada especial, repetitivos, incluso monótonos. Cuando repasaba su vida pasa no solía pensar en esas cifras. Recordaba ese puñado de días importantes y desechaba el resto.
El día que exculparon a Sasuke fue un gran día, por supuesto. Pero después de aquello, sorprendentemente, volvieron los días insignificantes.
No obstante, ninguno de los dos volvió a la "normalidad"; habían olvidado lo que era y significaba esa palabra. Como mínimo no se hacían ilusiones de recuperarla alguna vez.
Tras firmar su divorcio y renunciar formalmente a su trabajo, Sakura optó por cambiar de residencia. Se asombró de lo fácil que había sido desmontar su vida. Una vida tan estable y continuada que, salvo breves interrupciones, había conservado la misma dirección desde el día que nació. Todo se desvaneció en los primeros días, se perdió en la búsqueda de calor y de medios de vida y en su terca suspensión de la incredulidad.
Se instaló en una ciudad lejana, cerca de los bosques de Kusagakure. Comenzó a trabajar en la clínica del condado. Al director le pareció extraño que una médica tan versada como ella solicitara un puesto de menor categoría, sin embargo, optó por no cuestionarla y empezó sus labores tan pronto como firmó el contrato.
En cuanto a Sasuke, las cosas con su familia se tornaron más complicadas de lo que ya eran. Con Itachi en prisión, el menor de los Uchiha optó por cortar todos los lazos que lo unían a sus padres, porque eso significaba permanecer atado al pasado. Por decisión propia, ingresó nuevamente a la clínica de rehabilitación. Sakura acudía a visitarlo cada fin de semana, dispuesta a ayudarlo durante todo el proceso.
El médico a cargo del tratamiento de Sasuke decía que el sanatorio de las montañas era beneficioso para él. No era un hospital en el sentido estricto de la palabra, sino una especie de institución abierta.
Cuando estuvo preparado para salir, retomó su relación con ella, en el punto donde ambos lo dejaron antes de que él decidiera marcharse.
Ahora mismo, la pelirosa se encontraba de pie en el balcón, con los fanales esmeraldas fijos en el espectáculo de colores creados por el amanecer. El viento gélido acarició sus mejillas al mismo tiempo que sus fosas nasales se inundaban con el olor del bosque.
Echó un vistazo por encima de su hombro al interior de la habitación. Sasuke dormía plácidamente en la cama, con la mitad del rostro hundida en la almohada y el torso descubierto.
Una sonrisa se dibujó en sus labios y, sin más preámbulos, retornó la atención al sitio donde la luz naranja comenzaba a vislumbrarse.
El futuro era incierto para los dos. Si bien, ella había retomado su carrera de manera modesta, Sasuke aún se estaba adaptando a la nueva realidad que aguardaba por él.
—¿Sakura?
La aludida se volvió lentamente, sonriendo.
—¿Qué haces despierta tan temprano?— la voz masculina sonó ronca y agradable.
Regresó a la habitación cerrando las puertas del balcón tras de sí.
—No podía dormir— dijo—. Y no quería despertarte.
Sasuke se removió entre las cobijas y frunció el ceño.
—Regresa— masculló.
Con una leve sonrisa danzando en sus labios, la pelirosa se recostó nuevamente en el espació vacío que aguardaba por ella, a lado de la persona que amaba.
La recibió con un beso, frenético e impaciente. Pronto ella acabó aprisionada entre el cuerpo de Sasuke y el colchón, ahondando el contacto de sus lenguas al tiempo que el fuego en su bajo vientre se avivaba.
—Estuve pensando…—dijo en voz baja. Se apartó unos cuantos centímetros. Alejarse de Sasuke suponía un esfuerzo sobrehumano, en especial cuando el joven podía ser tan demandante.
—¿Qué?— preguntó el pelinegro enarcado una ceja. Cualquier rastro de sueño se había disipado por completo.
Trazó un camino de besos desde la comisura de sus labios hasta su cuello; húmedos y cálidos.
—Sobre retomar tu carrera— suspiró—, creo que es buena idea— Sasuke sonrió—.Mientras tanto yo puedo trabajar, no viviremos con los mismos lujos, pero viviremos bien.
La pelirosa volvió a gemir al sentir la boca de Sasuke sobre uno de sus pezones. Ella se quedó inmóvil, disfrutando de esas generosas caricias.
—Me conformo con estar a tu lado— susurró; el aliento cálido bañando su piel.
—No podemos vivir de amor— dijo con voz entrecortada.
—Eso ya lo sé— acalló la protesta con otro beso, antes de que ella pudiese seguir tartamudeando—. Tan solo permíteme disfrutar un instante esa idea ¿sí?
Sakura asintió al mismo tiempo que abría los muslos para darle la bienvenida.
Sasuke estaba complacido al verla jadeante, con los labios un poco hinchados y el pecho agitado mientras lo miraba, expectante.
Plantó besos a lo largo de sus mejillas, bajando por la columna de su cuello. Notó el pulso errático bajo sus labios, el latido constante.
Una mano áspera finalmente apartó el jersey que cubría el torso de la chica, liberando sus pechos. Ella dejó escapar un jadeo mientras Sasuke apretaba cada montículo con sus palmas.
—Tan hermosa— murmuró, entrecerrando los ojos al ver los bonitos pezones.
En un acto de mezquina posesión, se apoderó de uno de ellos, deslizando el musculo húmedo y caliente sobre el pezón izquierdo.
—¡O-Oh!— dejó escapar Sakura, aferrándose al cabello negro, acariciando los suaves mechones antes de ponerlos al ras de su piel—.¡ Se siente bien! ¡Mhm!— las palabras salieron de su boca sin pensar.
Sasuke sonrió, satisfecho. Sus grandes manos viajaron hacia el elástico de las delicadas bragas. Cada toque de sus yemas generaba una sensación de hormigueo, la piel ardía, como si estuviese atravesando un violento episodio de fiebre.
En un parpadeó, el pelinegro tomó la tela endeble, en lugar de arrastrarla, la arrancó de un tirón.
Utilizó dos dedos para separar los labios mayores, coronando la intimidad húmeda de Sakura; ella arqueó levemente la espalda, siendo incapaz de contener el jadeo de excitación.
—Mhm… Sasuke, quiero sentirte— murmuró ella.
Tan pronto como las suplicas de la pelirosa alcanzaron sus oídos, Sasuke acortó la distancia, lamiendo lento, sinuoso y tranquilo el dulce néctar de la pelirosa. La mantuvo presionada contra el colchón con una mano en su cadera mientras su lengua jugueteaba con el clítoris pulsante.
—¡Oh, si!— gimió Sakura. Cada movimiento, cada succión, cada sorbo de su lengua la dejaba sin aliento. No se parecía a nada que hubiera sentido anteriormente, pero necesitaba más, necesitaba aliviar ese nudo apretado en su bajo vientre mientras Sasuke la devoraba como un hombre hambriento degustando su ultima comida.
Ante las suplicas de su compañera, el azabache se dispuso a introducir un dedo, bombeando hacia adentro y afuera.
—Voy a usar otro dedo— le advirtió. Por mucho que odiara apartar los labios de su sexo, se sintió recompensando con sólo ver la expresión en su rostro cuando deslizo un segundo dedo.
Sakura mordió su labio inferior ya hinchado. El Uchiha estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano en contener una sonrisa triunfante, se encargó de bañarla en elogios mientras sus dedos estiraban las paredes internas, buscando ese pequeño bulto que obligó a la joven a abrir los ojos de golpe al tiempo que arqueaba la espalda en una repentina sacudida de placer.
—Se siente bien ¿no?— Sasuke tarareó.
Una vez más, los labios del Uchiha acudieron a buscar el clítoris hinchado de la pelirosa.
Sakura jadeó al notar la manera en que el calor comenzaba a envolverla; el nudo en su estomago se rompía lentamente ante aquel sutil roce de dientes. Lanzó un grito ahogado al alcanzar su orgasmo.
Como un hombre desesperado, Sasuke apartó los dedos para engancharse nuevamente a su intimidad, sorbiendo lascivamente la excitación derramada aún cuando ella intentaba desesperadamente zafar sus caderas.
Una carcajada resonó en la habitación. El azabache se cernió sobre ella para presionar besos húmedos a lo largo de sus brazos.
—¿Por qué te escondes de mi, Sakura?— su mano aun danzaba por los muslos carnosos.
Las manos de la aludida finalmente se soltaron de las sábanas solo para tocarlo; pasó las yemas de los dedos por los abdominales bien definidos.
—Eres tan lindo, Sasuke— masculló.
Con un suave movimiento, Sakura enredó los dedos en el elástico de sus boxers, liberando el miembro dolorosamente duro. Sonrió satisfecha al atraparlo con una mano sin apartar la mirada de él.
Habían estado juntos una infinidad de veces desde que Sasuke salió del sanatorio, las suficientes para saber lo que a cada uno de ellos le agradaba.
La pelirosa frotó una de las venas con una expresión de fingida curiosidad danzando en el rostro. Relamió sus labios al verlo echar la cabeza hacia atrás.
—Mierda— gruñó.
Aferrándose a los últimos remanentes de juicio presentes en su cerebro, Sasuke la tomó de las caderas, levantándola ligeramente para deslizar una almohada debajo de su espalda baja.
Como si hubiesen practicado aquella danza, Sakura rodeó su cintura con ambos muslos. Sasuke se posiciono en la apertura, admirando la forma en que aquel codicioso agujero le permitía ingresar con un mínimo esfuerzo. Con un ultimo movimiento de caderas, empujó su miembro hasta el fondo.
—Joder— volvió a gruñir, alzándose por encima de los gemidos de Sakura.
Aquello fue suficiente aliciente para hacerlo perder el control. Comenzó a empujar, creando un ritmo constante que tenía como compañía la sonata de las pieles chocando con cada embestida.
Cada tirón y empujón hacia que sus paredes apretaran aún más. Los senos de Sakura rebotaban cada vez que sus caderas chocaban.
El pelinegro capturó sus labios en un beso descuidado, ella hundió las uñas en la piel de sus hombros, dejando marcas de media luna, obligándolo a gemir en su boca.
Fue ahí cuando la pelirosa alcanzó nuevamente el nirvana y, poco después, Sasuke la acompañó, derramándose en su interior.
Sakura se estremeció ante la sensación. Estaba agitada y sudorosa, mientras que Sasuke se encontraba aturdido.
El pelinegro se recostó a su lado, permitiéndole aferrarse a él. Ambos intentaron volver a la realidad.
Poco a poco, el cansancio los consumió, arrastrándolos en un profundo sueño.
»»»»««««
—¿Eso es todo?— cuestionó Sakura echando un ultimo vistazo al interior del portafolio de cuero, asegurándose que todos los documentos solicitados estuviesen dentro.
—Si, lo es— dijo Sasuke sin despegar sus ojos negros del reflejo de los esmeraldas de Sakura.
La pelirosa sonrió con gracia mientras recostaba la espalda sobre la pared y veía como Sasuke se abotonaba la camisa.
—Todo saldrá bien— lo alentó—. ¿Estás nervioso?
—No— murmuró una vez que termino de ajustarse las mangas—. Bueno, quizás un poco.
Esta vez quien sonrió fue él.
—Es normal— suspiró ella—. Me encargare de preparar algo especial cuando regreses. Esto amerita un festejo.
Sakura comenzó a vestirse. Aún tenía algunas cosas que hacer antes de iniciar su rutina matutina.
—¿Estás segura que quieres quedarte aquí sola?— preguntó Sasuke desde el cuarto de baño.
—Puedo apañármelas por mi cuenta— respondió. Deslizó el jersey de lana por sus brazos y poco después cubrió sus muslos con los vaqueros de mezclilla desgastada—. Las últimas cosas de la mudanza arriban hoy.
—Ya era hora, les tomó una eternidad.
—Ya lo sé.
Sasuke retornó a la habitación. El corazón de Sakura dio un vuelco al atisbarlo pulcramente ataviado: la camisa se ajustaba perfectamente a los músculos de su torso y los pantalones lucían sobriamente planchados. El azabache poseía un atractivo innegable, cualquier persona acabaría prendada a él como una polilla que se dirige a la luz.
—Sobre nuestra conversación de la noche anterior— comenzó a decir él sin saber muy bien por dónde iniciar—. No tenemos que casarnos forzosamente.
Una expresión de pura angustia cruzó por un momento en su rostro tranquilo.
—Se qué lo de Itachi es reciente, así que no debes presionarte— dijo él en voz baja.
Sakura expulsó el aire deliberadamente despacio por la boca, como si estuviera haciendo una demostración de respiración a un paciente.
La noche anterior, antes de dormir, ambos habían hablado sobre su relación. Sasuke le expresó el deseo de casarse y formar una familia, pero ella no estaba del todo segura. Acababa de finalizar su primer matrimonio, se sentía más abatida al concluir el juicio. En las semanas posteriores al mismo se recuperó poco a poco, pero nunca volvió a ser la de antes.
El verdadero cambio fue interno. Una vez superado el problema de Sasuke e Itachi, durante las primeras semanas Sakura mantuvo una postura cauta y fría. Estaba recelosa. Esa actitud nueva era más desconfiada, comprensible. La habían convertido en una victima y ella respondía como solían hacerlo las víctimas. Ahora observaba desde la distancia. Ella, finalmente herida, se había vuelto un poco más dura.
El dolor los endurecía a todos.
Se acercó a él y rodeó su cintura con ambos brazos al tiempo que recostaba la cabeza en su pecho.
—¿Esperaras por mi?— preguntó en un susurro quedo, a duras penas un trémulo aleteó.
Sasuke sonrió; acunó su rostro con ambas manos y depositó un beso en su frente.
—Lo haré— prometió.
»»»»««««
La lluvia había arreciado y hacía frío en la casa. Marzo le parecía un mes sombrío. Incluso en un sitio donde le gustaban casi todas las estaciones del año.
Era el segundo día que la mudanza acudía para entregar las pertenecías restantes de su apartamento y el de Sasuke. Había miles de objetos, cada uno con una historia banal o profunda, tremendamente feliz o profundamente triste.
Estaba sacando sábanas de la secadora y doblándolas lo mejor que podía cuando el supervisor ingresó en la habitación.
—Colocamos la última caja en la sala— anunció; tenía las mejillas sonrojadas a causa del esfuerzo—. Tan solo necesitaría su firma en este documento para confirmar que fue recibido— le extendió un papel y un bolígrafo.
Sakura asintió. Con rapidez, trazó su nombre y la firma en el apartado indicado.
—Gracias— le dijo al hombre.
Se aseguró de encaminarlos a la puerta principal y desearles un buen viaje. La sala estaba repleta de cajas y objetos que debían acomodar en los próximos días, antes de que ella iniciara formalmente sus guardias en el hospital y que Sasuke comenzara las clases.
Atareada, inició una meticulosa inspección de cada caja. Afortunadamente llevaba unas semanas planificándolo todo. Había libros, algunos muebles y cuadros, unos cuantos artilugios de cocina y objetos decorativos que había echado de menos en la casa del lago.
Esa parte era sencilla.
Pero había muchas cosas que no podían permanecer con ellos, y esas cosas se amontonaban en una inmensa habitación imaginaria hasta llenarla por completo.
Absorta en sus pensamientos, tambaleó contra una de las cajas y su contenido se esparció, causando un pequeña avalancha de objetos.
—Mierda— soltó.
Se puso a guardar las pertenecías de Sasuke. En lo primero que reparó fue una foto enmarcada donde aparecían Sasuke, Itachi e Izumi. El rostro de la pelinegra estaba parcialmente tachonado. Supuso que era imposible borrarla de las fotos, y que Sasuke no quería tirarlas porque formaban parte de su historia.
Sin más remedio, resguardó la fotografía nuevamente en la caja y prosiguió a hacer lo mismo con los objetos restantes. Sus dedos se toparon con un cuaderno forrado de cuero que, al alzarlo, desprendió un pequeño sobre de color gris.
Sakura lo contempló durante un segundo o dos, insegura de cómo proceder. La ultima vez que se topó con una carta extraña su matrimonio se había ido a la ruina.
¿Qué seria lo que contenía aquel sobre?
Sacudió la cabeza para disipar tales pensamientos y metió el resto de las cosas en la caja.
Cuando llegó el momento de resguardar la epístola notó su nombre en la parte posterior.
Para Sakura.
La pelirosa se quedó tan asombrada que durante un buen rato se olvidó de respirar; hasta que la parte de su cerebro que necesitaba oxigeno tomó el control de su cuerpo y se lo recordó de golpe.
Tan rápido como sus piernas se lo permitieron, corrió hacia la cocina; se reclino sobre el fregadero y vómito el almuerzo.
«Esto no puede estar sucediendo de nuevo». Pensó vagamente, como si una carta pudiera arribar en buen momento.
Ahora era el peor momento de todos porque hacia apenas unas horas se había sentido feliz orgullosa. Estaba feliz de pensar que podía encontrar un trabajo que le permitiera ayudar a otras personas, feliz de haber recuperado parte de su vida y que Sasuke la amara tanto como ella lo amaba a él. No era una felicidad total, por supuesto. Tal vez no estaba preparada todavía para la algarabía, y a lo mejor nunca lo estaría después de lo ocurrido. Aquella era una felicidad modesta, y era mucho más de lo que esperaba conseguir.
«No tengo por qué abrirla». Pensó. Y para asegurarse que la vocecita insistente instalada en la parte posterior de su mente entendiera, lo repitió en voz alta:
—No tengo por qué abrirla.
No obstante, al igual que en aquella ocasión. Presa del impulso y la curiosidad, Sakura extrajo las dos hojas de papel escritas con la letra de Sasuke, perfectamente dobladas en cuatro partes. Las desplegó y las contempló sin ver las palabras escritas, como si no las entendiera, como si fueran símbolos extraños. Resultaba tranquilizador. No le importaba la carta si continuaba sin entenderla. Pero de repente los trazos se definieron sobre el papel y adquirieron sentido.
Sakura:
Escribir esta carta es una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida, pero cada día que transcurre sin hablar contigo me ha dolido, y no te imaginas cuánto. Esto debe ser terrible para ti. No pretenderé adivinar cuánto. Pero sé lo fuerte que eres y estoy seguro que podrás afrontarlo.
Cometí un error terrible. No puedo creer que hiciera lo que hice. Perdí el control. Llegué a creer que podía perdonarla. Respondí a su llamado. Realmente la odiaba, no podía ocultarlo, pero me daba mucha pena y me dejé llevar por mi deseo de ayudarla.
No puedo escribir sobre lo que pasó ese día. Lo único que puedo decir es que ha sido lo peor que me ha ocurrido nunca. Fue espantoso y cada vez que pienso en ello me quedó desconsolado. Los recuerdos son difusos y las imágenes imprecisas, realmente no estoy del todo seguro de lo qué hice, pero tengo la certeza de que soy el causante de su muerte.
Espero que cuando esta carta llegue a tus manos no sea demasiado tarde. Estaré esperándote. Por favor, hazlo por mi. Y si no quieres o no puedes hacerlo, no olvides que nunca he querido ni querré a otra mujer más que a ti. No te preocupes por mí.
No llevaba firma. No era necesario.
Sakura no se percató de la fuerza con la que sujetaba el papel hasta que se le rompió en las manos y, asustada lo dejó caer al suelo. No quería recogerlo porque era veneno, pero tampoco soportaba la idea de dejarlo tirado, de modo que se agachó y lo tomo. Lo dejó sobre la mesa de madera.
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Seis años atrás
Sasuke le dio una calada al cigarrillo y expulsó el humo, mirando como se elevaba.
—¿Recuerdas la historia que mi padre solía contarnos cuando fallaba un complot contra el emperador?— le preguntó a la mujer que se encontraba de pie a su lado, admirando el paisaje—. Los conspiradores tenían una oportunidad para conservar su honor.
Izumi sonrió amargamente, sus oscuros ojos parecieron advertirlo.
—Lo recuerdo a la perfección— coincidió, solicitándole con un gesto el cigarrillo que fumaba lentamente—. Una solución buena, única.
La nubecilla de humo se elevó en el cielo como la tinta. Había un gran silencio allí, mucho silencio.
—Sí— suspiró él con voz rígida—. Iban a su casa, se metían a la bañera y se abrían las venas, esperando la muerte.
Colocó el arma sobre la mesa. La había adquirido de manera ilegal en el mercado negro, sin dejar rastro alguno de la compra.
Izumi intercaló la mirada entre el objeto y el rostro extrañamente impasible del azabache.
—No debes preocuparte por nada— le aseguró, haciendo amago de levantarse; algo en la rotundidad de su voz alteró a la mujer.
—Con esto saldare mis deudas ¿no es así?— quiso saber casi en un chillido.
Sasuke soltó una risa seca y clavó sus ojos en los de su cuñada, sentada en una posición casi trémula, pareciendo enferma, frágil.
—Es lo mínimo que puedes hacer— respondió con indolencia.
—Si Itachi se enterara de esto, algún día…— su cuerpo se estremeció en varias y ligeras sacudidas a la vez que su voz se perdía en un estrangulado silencio.
—Lo dudo. Sólo nosotros dos sabremos la verdad— siseó él.
Deseó que Izumi elevara el rostro para comprobar si ella realmente estaba llorando. Como si fuese capaz de leerle el pensamiento, la pelinegra levanto la cara: una faz que quedaría impregnada en su memoria, una cara manchada de lagrimas.
—Realmente eres un psicótico— lo acusó, tratando a duras penas de controlas los hipidos mientras se limpiaba el rostro.
—No tuve más remedio— exhaló con exasperación al darse cuenta que el llanto se volvía incontrolable—. Es un reflejo de tus acciones. Dios ha dicho que le debías una y ha venido a cobrarla.
Sasuke dio media vuelta, dispuesto a largarse de ahí en cuanto antes. Le era imposible permanecer más tiempo cerca de ella.
Cuando sus pies estuvieron listos para iniciar la marcha, la voz de Izumi hizo eco hasta colarse en sus huesos.
—Sasuke.
Él se detuvo en seco, sintiendo un escalofrió recorrer toda su espina dorsal. Su nombre rasgó el aire por un par de segundos agonizantes, perdiéndose en el sonido de los arboles danzando al compás del viento.
—¿Podrás vivir con esto?— cuestionó ella con voz sibilante.
Entornó la mirada hasta caer de nuevo en la profundidad de los ojos negros de Izumi.
—Si decido hacerlo, tus manos estarán manchadas de sangre. Eso no te hará diferente a mi— tragó grueso.
Una sonrisa trémula curvó la comisura de sus labios.
—No estoy buscando justicia, sino venganza— dijo él, y no mentía—. Eres una mujer inteligente, sabrás tomar una decisión sensata.
»»»»««««
No supo hacer otra cosa que volver a leer la carta.
Se imaginó lo que podría ser la última interacción entre los dos. Sasuke proporcionándole el arma que la fiscalía buscaba como la prueba máxima para inculparlo. Izumi llevándola hasta su sien, accionándola, dispuesta a terminar con el sufrimiento que la embargaba.
Sasuke era el causante de la muerte de Izumi. De una u otra forma, él la había orillado a tomar esa decisión y manipuló todo para que el caso acabara de esa forma, con Itachi en la cárcel y él libre.
Sakura volvió a recordar. Está vez repasó sus recuerdos más a fondo. Fue con el pensamiento más allá de su propia historia con Sasuke e Itachi, se remontó a la historia anterior, y lo que había tras esa historia, y poco a poco todo empezó a tener un aspecto muy distinto al de unos minutos atrás. Esta vez vio a la hermanita enferma de Izumi que no pudo asistir a la fiesta de fin de año. A los padres que Sasuke había abandonado, a su ex esposo que permanecía en la cárcel. Pensó también en Izumi, que estaba muerta.
Le costaba respirar. Se levantó y salió al porche trasero. Estaba tan aturdida que se dejó caer al suelo, con fuerza. Notó si estómago revuelto y los nervios de punta.
—¿Sakura?
La voz de Sasuke resonó a sus espaldas.
—¿Te encuentras bien? ¿Sucede algo malo? — insistió mientras se acercaba a ella, cauteloso.
La aludida se volvió, y cuando lo vio allí de pie parecía asustada.
—¿Qué has hecho, Sasuke?— fue lo único que consiguió preguntar; el rostro desencajado, los ojos desorbitados.
Fue en ese preciso instante en que el azabache lo comprendió todo. Sakura había descubierto la carta, eso quería decir que sabía la verdad.
En definitiva, había secretos que debían permanecer ocultos para siempre.
Fin
N/A: Lo prometido es deuda, así que regresé con el cierre de esta dramática y tormentosa historia.
Comencé a escribirla al inicio de la pandemia. Por causas de fuerzas mayores como mis obligaciones de adulto, los constantes bloqueos de escritor y la falta de tiempo, demoré más tiempo de lo esperado, pero no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla.
Probablemente muchas estén inconformes con el final, pero no buscaba un final feliz… sino algo más abierto, lleno de intriga.
Durante muchos meses me cuestioné si era la forma más apropiada para concluir, luego de analizarlo y darle muchas vueltas decidí estructurarlo de esta manera y este fue el resultado.
Muchísimas gracias por acompañarme a lo largo de la historia. Espero haber compensado el tiempo de espera.
Agradezco total y profundamente sus muestras de apoyo, los reviews constantes, los favoritos y los follow 3 sin ustedes habría sido imposible continuar.
Nuevamente mil gracias por leer :D
¡Nos leemos pronto! ¡Cuídense mucho!
Bye :3
