Amor en el mar

Capítulo 2:

En la noche de ese mismo día, caminaban cerca de la piscina, intentando alargar su tiempo juntos un poco más, antes de regresar a sus respectivos camarotes. Ambos guardaban silencio, no sabían muy bien que decir, todo estaba pasando muy rápido y ninguno sabía si dar el próximo paso, parecía una locura total.

De repente, un grupo de niños los empujó a ambos, Allen logró equilibrarse, pero para Road no fue tan fácil, por suerte para ella, Allen era bastante ágil y logró agarrarla de la cintura antes de que cayera, el único problema fue que, al hacerlo, la pegó demasiado a su cuerpo. Era obvia la sorpresa en el rostro de ambos el estar tan cerca, pero no se distanciaron, se quedaron en esa posición mirándose a los ojos por unos segundos, pero rápidamente las miradas bajaron a los labios del otro. Sin detenerse a pensarlo, acortaron la distancia, hasta que ya no hubo ni un centímetro entre ellos. Disfrutaron del dulce contacto, guardando esa nueva sensación en su corazón. Ese era el primer beso para ambos y sabía a gloria.

Poco después, se separaron y avergonzados bajaron la mirada. Así permanecieron unos momentos hasta que Allen miró el cielo, ya era de noche, así que la tomó de la mano para regresarla a su camarote. No se acercaba demasiado a éste por precaución, así que la dejó a unas cuantas habitaciones de distancia.

—Buenas noches, Road, nos vemos mañana.

No podía sentirse más nervioso, con ese beso había confirmado lo que sentía y era la primera vez que le pasaba.

—Buenas noches, Allen.

Con una sonrisa tímida, el chico se dio la vuelta para irse, pero sintió que algo lo detuvo. Se percató que Road sostenía su camisa. Vio como ella dudaba acerca de algo, pero en su mirada apareció la decisión y Allen fue jalado hacia ella. La joven se puso de puntillas para alcanzar sus labios una vez más. Él se quedó quieto por unos momentos debido a la sorpresa, pero enseguida la atrajo hacía si con un abrazo y profundizó el beso. Sentía los labios temblorosos debajo de los de él, y sentía como Road tomaba su camisa con fuerza.

Ese beso duró un poco más que el anterior por lo que estaban un poco agitados. Una vez que Road lo soltó, le sonrió con dulzura y se fue corriendo a su camarote.

Allen regresó al suyo todo sonriente. Cabe decir que ninguno de los dos durmió mucho esa noche por estar pensando en esos besos y en lo que todo podía llegar a ser.

A la mañana siguiente, se encontraron en el mismo lugar.

—Buenos días—saludaron mutuamente.

El nerviosismo entre los dos era evidente.

Desayunaron en silencio, pero estuvo lleno de miradas curiosas, intentando espiar al otro acompañado de sonrisas nerviosas cuando sus miradas se encontraban.

Al terminar de comer, salieron a caminar.

Allen ya no podía soportar esa situación. Quería saber si Road sentía lo mismo que él y la única manera de saberlo era preguntarle.

Muy nervioso, la tomó de la mano para detener su andar.

—¿Por qué me besaste? —dijo aprisa.

—Creo que no fui la única que besó al otro—contestó ella sonriendo.

—Tuve mis razones.

—Igual yo.

—Te escucho.

Road rio.

—¿Cuál crees que sería la razón principal para que una chica bese a un chico?

—Que ese chico le guste—era lo que él más deseaba, así que sería directo.

—Y viceversa.

Ahora ambos rieron nerviosos pero contentos a la vez.

—Esto es una locura, acabamos de conocernos.

—Definitivamente es la locura más grande que he hecho en mi vida.

—¿Crees que esté bien? Es decir, no me gustaría que fuera solo algo que dure esta semana.

—¿Sabes? Me gustaría que fuera algo más.

—¿A qué te refieres?

—Te he contado sobre mi familia, te he dicho sobre mis sueños, y tú tienes sueños parecidos y una mayor libertad para cumplirlos.

Allen frunció el ceño. ¿Ella había pensado ya tan lejos?

—Road, ¿estás segura?

—Sí, me gustaría irme contigo y dejar a mi familia.

—Pero…

—Será difícil, pero lo conseguiremos.

Sí, esa sería la locura de su vida.

Ese día siguieron hablando de sus posibles planes. A Allen en verdad le estaba gustando la idea, pero no podía dejar de pensar que no todo funcionaría como querían. Mientras tanto, Road ya había pensado en qué hacer cuando bajaran del barco. En verdad estaba preparada para ello y lo ansiaba.

Y mientras pensaban en su futuro, disfrutaban todas las atracciones que el barco les ofrecía. Bailaron, cantaron y rieron, nunca se habían sentido tan felices. Estaban tan acostumbrados a la soledad que no sabían que podían sentirse tan bien en compañía del otro.

Pero, pronto la noche cayó y ellos sentían que las horas ya no eran suficientes para estar juntos. Se dirigieron sin ganas a sus camerinos, pero cuando estaban por despedirse, Allen escuchó una voz conocida.

—Veo que te has estado divirtiendo.

Asustado, el chico se percató de la presencia de su maestro.

—¿Quién es la señorita que te acompaña?

—Ella es Road Kamelot—dijo nervioso—Road, él es mi maestro Cross Marian.

—Un placer—dijo ella sonriente y amable como estaba acostumbrada.

Y Cross como el mujeriego conquistador que era tomó su mano y depositó un beso en ella.

—El placer es mío, señorita.

Allen quiso en verdad golpear a su maestro, pero por suerte, soltó la mano de Road y se alejó. Suspiró aliviado.

—Tu maestro es tal y como dijiste, pero ¿crees que te diga algo?

—No lo sé, pero de todas maneras debo hablar con él.

Cuando Allen regresó a su camarote, su maestro estaba allí.

—¿Estás seguro de lo que haces? —le dijo con un tono de voz lleno de ¿preocupación? —esa chica es una Kamelot y me pareció que te llevas demasiado bien con ella.

Ese era un buen momento para confesarle sus planes.

—Maestro, planeamos irnos juntos.

Marian alzó la ceja, escéptico.

—¿Estás completamente seguro de esa decisión? ¿No es solo un amor pasajero?

—Sí, tanto ella como yo estamos seguros, sé que es algo precipitado, pero queremos volar con nuestras propias alas.

—Entonces, deberías de tener un buen plan para que las cosas funcionen, sobre todo por su familia.

Allen sabía que su maestro tenía razón, las cosas habían sido sorprendentemente fácil con él, pero Road no tuvo tanta suerte con sus padres.