Amor en el mar

Capítulo 3:

Road fue detenido justo en la entrada de su camarote por sus padres sin oportunidad de escape, sabía que debía hablar con ellos, pero era consciente de que no funcionaría.

—¿Dónde has estado todos estos días? —exigió saber su padre.

—Solo paseando y disfrutando del barco, padre.

—¿Tú sola?

Para Road fue obvio que su padre sabía algo, probablemente se encontró con algún conocido que le contó sobre su compañero. Se armó de valor, tomando aire profundamente, esa era la hora de la verdad. No quedaban muchos días, así que debía decirles todo.

—No he estado sola, conocí a alguien.

—Algún chico de seguro—se quejó Sheryl, mientras Trisha se cubría la boca con asombro.

—Sí, un chico.

—¿Quién es? ¿Lo conocemos? ¿No será un delincuente? ¿Cómo puedes confiar tanto en alguien a quien acabas de conocer?

—Se llama Allen Walker.

—¿Walker? No reconozco ese apellido.

—Porque Allen es un mercader nada más.

—Cuántas veces te hemos dicho que…

Las palabras de Sheryl fueron interrumpidas por el grito de Road.

—¡Lo sé! Lo sé, pero ¡no me importa! Padre, madre, quiero mi propia vida, quiero trabajar y ser lo que yo quiera, no lo que ustedes decidan por mí.

Su padre la miraba con enojo.

—Estar con ese chico ya te ha hecho mal.

—¡Eso no es cierto! He pensado así desde siempre, pero nunca me había atrevido a decirlo, porque no quería llevarles la contraria, pero quiero ser libre, no quiero trabajar en la política.

—Hija, tienes que darte cuenta quién eres, yo necesito a una hija perfecta y siempre lo has sido, no me defraudes ahora.

—Lo siento, pero yo quiero estar con Allen y crear mi propia versión de Road Kamelot y con él puedo cumplirlo.

Road salió corriendo y llorando de su habitación, hasta llegar al camarote de Allen y tocar su puerta. El chico se asustó al verla allí en ese estado.

—¿Qué te pasó?

—Discutí con mis padres.

—¿Les dijiste?

—Sí, no quieren aceptarlo.

Allen suspiró. Ya se lo esperaba.

—Por el momento, pasa—la invitó a sentarse mientras le servía una taza de té para que se calmara un poco. Le dolía tanto verla así y se sentía culpable por ello.

Mientras, Road tomaba el té, Allen limpiaba su rostro y le acariciaba la espalda para darle ánimos. Una vez que se tranquilizó, tomó sus manos suavemente.

—No me gusta que pelees con tus padres por mí.

—Pero ellos no entienden que quiero estar contigo.

—Y yo no quiero que dejes todo lo que tienes cuando yo no tengo nada que ofrecerte.

—¿Todo lo que tengo? Nada de eso es mío, todo es de mi padre y, además, estos tres días me has dado todo lo que nadie me ha dado nunca. He sido más feliz estos días que en todo lo que ya he vivido y eso solo lo consigo estando contigo.

El chico sonrió agradecido y besó dulcemente su mano.

—Entonces, volvamos a intentar hablar con tus padres y lleguemos a un acuerdo.

—Gracias, Allen.

—Gracias a ti por elegirme, Road.

La chica le brindó una sonrisa tan dulce que no se resistió. Acaricio su mejilla y le dio un profundo beso en la boca.

Esa noche, Road se quedó en la habitación de Allen.

Cuando los rayos del sol lo despertaron, Allen admiraba encantado el rostro dormido de su novia, aunque sus ojos estaban algo hinchados por el llanto. Poco a poco, abrió los ojos y avergonzada al ver la mirada de Allen sobre ella, se cubrió la mitad de su cara con las sábanas.

—Buenos días, Road.

—Buenos días.

—Me encantaría despertar así todos los días.

Ella enrojeció.

Después del desayuno, Road regresó a hablar con sus padres.

—¿Por qué no quieres que vaya contigo?

—Aún no, primero iré sola.

—Pero, quiero ayudarte.

—Y lo harás., pero quiero hacer esto por mí misma.

Allen tuvo que aceptar a regañadientes.

Mientras la veía irse, su maestro se acercó a él.

—En verdad vas en serio, esa chica salió de tu camarote, ¿verdad?

—Sí, pero no es lo que crees.

Cross lo miró divertido. Él siempre tan correcto.

—Espero que estés preparado para superar los obstáculos de esta relación.

—Lo estoy, pero ella quiere abandonar todo por mí, pero no quiero que lo haga, yo no tengo nada que ofrecerle, así que no quiero que pierda todo.

—Tal vez no tienes algo que ofrecer ahora, pero ¿acaso no es lo que quieren buscar juntos?

Allen sonrió, su maestro tenía razón.

.

—Por favor—les suplicaba, Road a sus padres—solo quiero encontrar mi propia forma de vida.

—¡¿Estás despreciando todo lo que te hemos dado?!—gritó su padre—¡¿así nos pagas?! ¡¿Largándote con alguien a quien acabas de conocer?!

La puerta del camarote se abrió en ese momento.

—Yo también se los ruego, si lo desean puedo ser su aprendiz y tomar su lugar, he viajado por el mundo y puedo ser de ayuda, pero por favor, permitan que Road busque sus sueños—declaró Allen, sorprendiendo a todos en el lugar.

—Allen, espera…

—Así que tú eres el tal Allen—mencionó Sheryl, enfrentándolo—entonces, si lo que dices es cierto, ¿sacrificarías todo y harías lo que te ordene para ocupar mi lugar?

—Por supuesto, yo no tengo nada que perder, pero con la condición de que Road sea libre.

Sheryl sonrió astutamente. Siempre había hablado de ese tema con su esposa, el hecho de tener una hija complicaría las cosas, era mucho más fácil tener un hijo para poder seguir con sus objetivos, Road era muy diferente a él y tendría muchos problemas con ella, pero ahora ella misma le llevaba a la persona que podía utilizar, aunque había gastado mucho dinero en su educación, probablemente con el giro de los eventos, les sacaría mucho provecho a sus sacrificios pasados. Además, podría casarlos y así tendría a ese tal Allen a su servicio.

—Bien, acepto las condiciones, ahora ven conmigo.

Road no pudo hablar con Allen por el resto del día. Su padre lo tuvo en su pequeño despacho improvisado hablando de negocios, lo cual no le daba buena espina.

A la media noche, Allen había terminado de hablar con Sheryl Kamelot y se dirigía a su camarote, pero se encontró con Road dormida en una silla totalmente incómoda. Sonriendo, la abrazó y la llevó hasta su cama, cubriéndola con las sábanas.

Cuando despertó totalmente confundida, ya era de día. No sabía cómo había llegado allí, pero suponía que era obra de Allen.

Fue obligada a desayunar junto a sus padres, quienes le contaron sus planes. Eso no era lo que quería, ahora era él quien se estaba sacrificando por ella, y estar en la política no era parte de su sueño para nada.

Apenas logró ser liberada, salió en su búsqueda-

—¡Allen! —gritó, al entrar sin tocar.

—Hola Road, ¿dormiste bien? —contestó alegre.

—¡No lo hagas! ¡No aceptes la propuesta de mi padre!

—Pero, podremos estar juntos.

—¿Abandonarás todos tus sueños por mí?

—Mi mayor sueño es estar a tu lado, Road.

—No lo acepto, no quiero que tomes un camino que no deseabas, ni que abandones todos tus objetivos por mí, ni siquiera te interesa la política. Yo quiero crear nuestro futuro juntos.

Allen sonrió desde el fondo de su corazón. En verdad había elegido a la persona correcta. Tomó una de sus manos y la besó dulcemente.

—Gracias, Road, pero entonces, ¿qué haremos?

En ese momento la puerta se abrió de golpe.