Amor en el mar
Capítulo 4:
—Yo tengo la solución a todos tus problemas, alumno idiota—exclamó con orgullo su maestro—anoche gané 2 boletos de avión a Tokio. Lleva a Road contigo e inicia una nueva vida allí. El avión sale tres horas después de que desembarquemos.
Allen y Road se miraron al escuchar la noticia.
—¿Vamos a Tokio?
El resto del día, además de prepararse para el desembarque, planearon junto con Cross Marian una manera de llegar al aeropuerto sin que los señores Kamelot los encontraran. Sería difícil, pero lo intentarían.
Antes de irse a dormir, Allen le preguntó algo a su maestro que aún no comprendía.
—¿Por qué me estás ayudando? Se supone que soy tu ayudante y que debería seguir viajando contigo.
Cross tomó un largo trago de su licor antes de responder.
—Mana me dejó a tu cargo, me pidió que te cuidara, ya te he enseñado todo lo que tienes que saber para sobrevivir por tu cuenta, yo no necesito que sigas haciendo lo que te diga, tampoco a Mana le gustaría eso, así que si lo que quieres es irte con Road y buscar tu propio camino, está bien para mí. Mana te dijo, nunca te detengas, sigue caminando, y eso es lo que harás, solo que ya no estaré yo a tu lado para guiarte, ahora Road te acompañara.
Allen nunca pensó que su maestro tuviera esos pensamientos.
—En verdad muchas gracias por todo lo que ha hecho por mí estos años.
Temprano por la mañana, el barco llegó a tierra. Ambos estaban junto a los padres de Road fingiendo que se irían con ellos como estaba originalmente planeado. Estaban nerviosos, el plan comenzaría en breve.
Una vez que bajaron del barco, Cross Marian llegó junto a ellos.
—Ustedes deben ser los Kamelot—saludó cortésmente—mi alumno Allen me ha contado todo.
Cross se puso de pie, frente a los señores Kamelot, para que Allen y Road pudieran huir disimuladamente.
Una vez que los perdieron de vista, corrieron tomados de la mano. Allen cargaba en sus hombros, la maleta de Road para que ella pudiera correr más rápido, ya que tenía mucho equipaje. Su maestro les había dicho que, a tres calles de allí, salía un autobús cada 30 minutos rumbo al aeropuerto, solo tenían que abordarlo. Llegaron en poco tiempo, bastante agitados, pero sus padres ya se habían percatado de su ausencia.
—¿Dónde están? —gritó Sheryl.
—¿De qué hablas? Estaban aquí con nosotros—disimuló Cross.
—¡Todo fue una maldita trampa! —Sheryl comenzó a correr para alcanzarlos, mientras que Cross esperaba que ellos ya hubieran logrado huir.
—Señor—le preguntó Allen al conductor—¿en cuánto tiempo nos iremos?
—En unos diez minutos, joven.
—Por favor, ¿será que si alguien pregunta por nosotros le pueda decir que no nos ha visto?
El conductor los miró con curiosidad y rio.
—¿Acaso son dos jóvenes que huyen de sus padres porque no aceptan su amor?
Road y Allen se sonrojaron. ¿Eran tan obvios?
—Bien, esto es interesante y soy un romántico sin remedio, así que los apoyo con mucho gusto, no hay problema, yo los cubro.
El señor se puso de pie y se dirigió al resto de los pasajeros.
—Señores, aquí hay una dulce parejita que huye de sus padres para poder estar juntos, ¿me ayudan a esconderlos para que cumplan su objetivo?
Sorprendentemente los pasajeros aceptaron totalmente entusiasmados. Un grupo de ellos escondió sus maletas entre las suyas y los de la parte de atrás los ocultaron entre ellos mismos, sus maletas y algo de ropa.
Ya habían pasado casi los 10 minutos cuando Sheryl subió corriendo al autobús agitado.
—De casualidad, ¿no han visto a dos jóvenes? Él tiene el cabello blanco y ella el cabello azul.
—¿Cabello blanco y azul? —preguntó el chófer—, serían fáciles de recordar, pero no, no los he visto, si gusta puedo preguntarles a los pasajeros—y nuevamente dirigiéndose a los pasajeros, preguntó por ellos— ¿alguien ha visto a un joven de cabello blanco y a una chica de cabello azul?
Algunos pasajeros fingían pensarlo un poco y recordar, pero todos lo negaron.
—¡Gracias! —dijo Sheryl, antes de bajar con prisa.
El chófer aprovechó el momento y se puso en marcha, Allen y Road no se movieron de sus escondites, hasta que se alejaron más del puerto y fueron atacados con mil y un preguntas por sus salvadores.
Todos y cada uno de ellos les desearon la mejor de las suertes antes de dirigirse a sus respectivos vuelos.
Mientras esperaban, Road sacó su celular y le quitó el chip para tirarlo a la basura. La chica le sonrió a Allen.
—Vamos Allen.
.
Al llegar a Tokyo buscaron un pequeño departamento para rentar. Road había llevado sus ahorros de años y Allen también había logrado guardar un poco de las manos de su maestro. Con ello podrían sobrevivir un tiempo mientras se acomodaban en su nueva vida.
Allen le tendió una mano a Road para que se sentara junto a él en la cama.
—Es poco, pero juntos lograremos cumplir nuestros sueños.
Los jóvenes llenos de esperanzas compartieron un beso para iniciar su nueva vida.
