Todos los derechos de la historia pertenecen a Elle Kennedy, solo hago esto por diversión y entretenimiento, igualmente, los derechos de Miraculous Ladybug pertenecen a Thomas Astruc, refiriendonos a los personajes.

Este escrito es sin fines de lucro.

Cabe mencionar que algunas escenas no pertenecen al libro del cual me base para realizar la historia.

¡Disfruten la lectura!

ProhibidoEnamorarse

Capitulo Quinto

Adrien

Aquel momento antes de despertase es uno de los momentos que mas amo; después de estar por años sometido a un riguroso horario, cortesía de mi padre, he aprendido de los placeres mundanos ahora que soy casi independiente. Este momento es mágico, cuando vuelves de los sueños y retornas a la realidad, ese momento en el que no estas del todo consciente de lo que esta ocurriendo.

Poco a poco comienzo a abrir los ojos y a percatarme de lo que esta ocurriendo conmigo y mi entorno, aun me encuentro un tanto desorientado y confundido, mi cerebro aun se encuentra con la mitad de él perdido todavía en el mundo onírico, en mi sueño.

Tengo un vago recuerdo de una fina piel bañada en pecas, unos labios rosados y finos cabellos negro azulados.

Conforme mi mente se despeja me percato que esta mañana, algo es distinto. La temperatura de mi cuerpo parece más alta de lo normal y me doy cuenta del dulce olor que me rodea. ¿Vainilla? No, moras. No. Sin duda, es vainilla.

Algo me hace cosquillas en la barbilla, es algo suave y duro al mismo tiempo. ¿Una cabeza? Sí, hay una cabeza en mi cuello y, un brazo fino y pálido esta extendido sobre mi estómago. Puedo sentir una pierna templada y desnuda enganchada en mi muslo y un pecho blando descansando sobre mis pectorales.

Mis ojos se abrieron poco a poco y veo a Marinette acurrucada junto a mí. O mejor dicho, sobre mi. Yo estoy boca arriba con mis dos brazos envolviéndola, sujetándola fuerte contra mi cuerpo. Ahora ya sé por qué siento mis músculos tan tensos. ¿Hemos dormido así toda la noche?

Recuerdo estar en lados opuestos de la cama cuando me quedé dormido, tan separados el uno del otro que bromee sobre ello en la oscura madrugada antes de caer en los brazos de morfeo, esperaba encontrarme a Marinette en el suelo, como le había dicho. Pero estamos enredados en los brazos del otro. Está genial.

Me pongo alerta abriendo los ojos desmesuradamente. Estoy lo suficientemente alerta como para darme cuenta de ese último pensamiento. ¡¿Está genial?! ¿En qué carajos estoy pensando?

Los abrazos están reservados para las novias. Nada más. Y las novias no son lo mío. Pero tampoco es que pueda, o que quiera, sujetarla. Ahora estoy totalmente despierto, oliendo su esencia y disfrutando de la calidez de su cuerpo. Giro el rostro a mi izquierda y miro el despertador que va a empezar a sonar en cinco minutos. Siempre me levanto antes que él, es la costumbre de saber que si no me levantaba antes que el despertador mi padre aparecería con una nueva actividad para mantenerme controlado, he llegado al punto en el que mi cuerpo sabe que me tengo que despertar antes de lo programado, pero aun así tengo la costumbre de programar el reloj de todos modos por si acaso. Son cinco para las siete. Solo he dormido cerca de cuatro horas, pero me siento, extrañamente, descansado. Con una sensación de paz. Aún no estoy preparado para soltar esa sensación así que me quedo ahí tumbado con Marinette entre mis brazos escuchando su respiración constante.

Casi caigo de nuevo en un sueño profundo cuando siento un palpitar característico entre mis piernas y, caigo en cuenta de que estoy erecto.

Antes de siquiera continuar con aquel pensamiento el grito horrorizado de Marinette me pone de nuevo en alerta. Veo como su menudo cuerpo salta de la cama haciendo volar las sabanas y lo ultimo que veo de ella es su pequeño y pálido pie volando antes de escuchar un fuerte golpe en el suelo de mi habitación.

— Relájate Mousinette — con un bostezo me levanto de la cama hasta quedar sentado, observo como la chica de cabellos negro azulados se levanta con una expresión furica.

— ¡¿Que me relaje?! ¿Como puedes pedirme eso, pervertido? ¿Te has visto entre las piernas? — su mirada se fija en la casa de acampar que tengo en la entrepierna, veo como sus pálidas mejillas llenas de pecas se colorean de rojo poco a poco mientras me observa, sin aparta la mirada de mi virilidad.

— Si, relájate — me paso una mano entre mis cabellos rubios y observo como de forma avergonzada aparta la mirada y se por su expresión que no sabe realmente donde mirar — No solo lo he visto, lo he sentido, es solo biología Mousinette, algo natural para los chicos por la mañana — deja salir un gruñido de sus labios rosas y la veo fruncir el ceño.

Algo natural para los chicos por la mañana — imita mi voz y se levanta presurosamente — espero que sea así Agreste, que si me entero que estabas pensando cosas raras de mi te haré responsable y pagaras por pensamientos tan... arrrg — enarco una ceja ante tal comentario y no puedo evitar hacer de las mías con lo que acaba de decir.

— ¿Como me harás responsable, Mousinette? — me levanto de mi sitio y tomo su enorme chamarra del diván para tener una escusa para acercarme a ella; cuando la tengo de frente acaricio su brazo izquierdo y me inclino sobre ella — ¿Los harás realidad? — Veo como la ira llena sus iris azules y me aparto lo mas rápido posible antes de recibir un buen golpe de Marinette Dupain-Cheng.

— Eres de lo peor Adrien Agreste — continua recogiendo sus cosas; la veo hurgar entre las sabanas hasta que encuentra una calsetin rojo con motas negras, suelta un ¡Aja!; no puedo evitar lanzar mi mirada a sus pies notando así como uno esta desnudo, es él que vi cuando salto de la cama. Cuando tiene todas sus pertenencias listas se gira hacia mi y me lanza una mirada llena de enojo — mas te vale estar listo cuando salga del baño, me llevaras a mi y a mi bicicleta a mi residencia... es como una compensación por aquello — al decir la ultima palabra lanza una mirada fugaz a mi entrepierna, yo sonrió y levanto mi dedo indice y medio dándole un saludo militar.

— Si, señora — rueda los ojos y entra en el baño. Largo un suspiro cuando cierra, me concentro en elegir una muda de ropa para poderla llevar en mi auto hasta su residencia. soy consciente de que la sonrisa boba de mi rostro no se quita por mas que piense en otras cosas.

Verla tan de cerca mientras dormía me tiene cautivado. Cualquier chica me habría despertado con sexo o incluso se habrían puesto contentas con ver tremenda casa de campaña entre mis piernas; pero Marinette era totalmente diferente.

Cuando salio del baño estaba mas que listo, ella se asomo repetidas ocasiones al pasillo para cerciorarse que no había nadie merodeando; se que no quiere que su amiga Alya se entere por mi amigo Nino que ella ha pasado la noche en mi casa, y no solo en mi casa, en mi habitación, en mi cama, conmigo.

Una sonrisa arrogante se instala en mis facciones.

Chúpate esa, Luka.

Cuando terminamos de montar su bicicleta en el porta bicis del maletero, sube al asiento del copiloto, me mira y muy firmemente dice:

— Hemos estudiado, hemos visto Netflix y me he ido tarde, eso es lo que ha pasado y lo que dirás cuando alguien llegue a preguntar — Rió ante lo que dice.

— Si sabias que cualquier persona de nuestra edad considera que hemos visto Netflix es otra manera de decir hemos tenido sexo — suelta un grito ahogado y rió mas fuerte ante su reacción

— Bien, no hablemos de haber visto Netflix, al menos no juntos — dice al final al ver mi mejor expresión de reproche, no es que quiera hablar de nuestra tarde juntos pero si que quiero hablar de Black Mirror; conduzco hasta su residencia; en cuanto llegamos se apresura a salir de coche y a desmontar la bici, antes de que ella se de la vuelta y camine con su bicicleta se vuelve hacia mi y me lanza una sonrisa amplia. — Gracias por traerme Adrien, te veré en clase de Ética — casi espero que haga algo mas, no se realmente que; sin embargo ella se da la vuelta y se apresura a su residencia.

Largo un suspiro y decido que tengo que ir por un café antes de poder continuar con mi día.

Me subo en mi auto y conduzco a la cafetería del Campus, Miraculous, un café muy concurrido de la universidad. No puedo evitar que mis pensamientos vuelvan a la noche anterior.

No recuerdo haberme pasado tan bien una tarde con alguien, Marinette tiene ese don, hacer el momento ligero y, sobre todo, me había permitido ser yo mismo a su lado; el hecho de ser constantemente rechazado por ella es lo que supongo que había bajado mis defensas cuando ella pulula a mi alrededor.

Recuerdo su menudo cuerpo cubierto por mi remera de dormir, con su diminuto tamaño mi ropa le había quedado grande, la playera le llegaba a medio muslo y me permitió contemplar todas sus curvas; había notado que las pecas abarcan muchas partes de su cuerpo, e inevitablemente tengo las enormes ganas de contar cada peca y acariciarla.

Lanzo una mirada al espejo retrovisor y me percato de la enorme sonrisa instalada en mis labios, parpadeo un poco y muevo la cabeza de un lado a otro. No puedo continuar con esos pensamiento, al menos no con Marinette.

Me queda claro que ella no esta buscando nada conmigo y no creo que Luka se le salga de la cabeza en un largo tiempo. Largo un suspiro y me dispongo a entrar al cafe antes de continuar pensando en mi tutora de Ética Filosófica.

Cuando entro al café me percato de una presencia conocida, me acerco a él por sus espaldas y le quito los audífonos de la cabeza.

— ¡Nino! ¿Que estas haciendo aquí? — Mi mejor amigo da un salto en su lugar y se gira hacia mi, puedo ver que tiene aun las ropas con las que había salido un día antes; observo su rostro cansado, noto un tono rosado en sus mejillas, esta un tanto nervioso y, es ahí cuando caigo en cuenta de donde viene realmente mi amigo.

Le lanzo una mirada picara y él se pone rojo antes de perseguirme cuando llamo a Max para contarle y corro a mi auto.

Marinette

Camino arrastrando los pies; estoy que muero de cansancio.

Después de que Adrien me dejara en la residencia me di una ducha fugaz y me enfunde en un par de jeans ajustados y un Slim Fit Crop Top color negro; acudí a mis clases mañaneras las cuales parecen no terminar nunca. Tengo una clase de Teoría, seguida de un seminario de Historia del Arte, y ambas asignaturas son de las que hay que prestar atención, algo dificilísimo cuando apenas puedo mantener mis ojos abiertos.

Ya me he bebido dos cafés, pero en vez de darme un poco mas de energía, la cafeína ha consumido la escasa energía que tenía. Tomo el almuerzo tarde, en uno de los comedores del campus, eligiendo una mesa en la esquina de la parte de atrás y me preocupo de irradiar vibraciones de «déjame en paz», porque estoy demasiado cansada como para entablar una conversación con alguien. La comida consigue despertarme un poco y llego pronto a la enorme puerta de roble del cristal de Filosofía.

Siento que estoy muriendo a falta de energía y sobre todo por el pensamiento de saber que tengo que ir al trabajo después de las clases para no sufrir de efectivo en la semana.

Me acerco al auditorio de Ética y me paro en seco.

Luka —sí, Luka — deambula por el amplio pasillo. Sus oscuras cejas se fruncen al escribir lo que parece un mensaje en el móvil, esta recargado en la pared junto a la puerta del auditorio y tiene su guitarra colgando de su hombro derecho.

Dios, es tan guapo.

La previsión meteorológica decía que iba a llover y no lo ha hecho, por desgracia le he hecho caso y me he puesto mis katiuskas rojas, ahora me siento imbécil por haber elegido esas botas. Luka, en cambio, es la absoluta perfección con esa pose despreocupada y su peinado despeinado de cabellos azules.

Mi corazón late más rápido a medida que me acerco. Intento decidirme entre decir hola o simplemente saludar con un gesto con la cabeza, pero es él quien resuelve mi duda al hablar primero en cuanto me ve.

— Hola. —Su boca se tuerce en una media sonrisa — Bonitas botas.— veo como contiene un risa en sus labios. Suspiro.

—Teóricamente iba a llover. — le lanzo una sonrisa tímida y él se separa de la pared y camina hacia mi.

—No lo decía con sarcasmo. Me gustan mucho tus botas. Me recuerdan a casa. —Se da cuenta de mi mirada de duda y enseguida es más concreto — He vivido cerca del mar la mayor parte de mi vida, considero el mar mi hogar. — se que mi boca esta haciendo una O perfecta ante lo que me cuenta, asiento entusiasmada.

— A mi también me gusta el mar, es tan bello e imponente — escucho como se ríe bajito y mi yo interior salta de alegría, casi puedo considerar esa risa una pequeña victoria.

—Sí, y créeme, es bastante imponente. Las katiuskas son necesarias para la supervivencia cuando eres parte de una tripulación en un barco — Se mete el móvil en el bolsillo y su tono se vuelve casual — Y ¿qué pasó contigo el miércoles? — Frunzo el ceño ante su pregunta, sin entender bien a que se refiere.

—¿Qué quieres decir? —

—En la fiesta. Te estuve buscando cuando terminé la partida de billar con un amigo, pero ya te habías ido. — Ay, Dios. ¡¿Me estuvo buscando?!; casi lanzo un grito de alegría, pero debo mantenerme serena y me concentro en no demostrar mi felicidad.

—Sí, me fui temprano —le respondo esperando sonar tan casual como él— Tenía una clase a las nueve la mañana siguiente. — Luka inclina la cabeza hacia su lado derecho en un curioso gesto de duda.

—He oído que te fuiste con Adrien Agreste. — Eso me toma desprevenida. No pensé que nadie me viera irme con Adrien, pero claramente estaba equivocada. Por lo que parece, las palabras corren como la pólvora en la Universidad de Lille.

—Me llevó a casa —contesto mientras encojo los hombros procurando restarle importancia. Luka asiente conforme pero algo en su expresión denota que no le termina de convencer mi respuesta.

—No sabía que eran amigos. — Tiemblo ante ese comentario, es evidente que esta intrigado por la relación que tengo con Adrien, pero como él mismo dijo, Luka es un cazador y parece ser que me esta cazando a mi. Sonrío con picardía.

—Hay muchas cosas que no sabes sobre mí.— ¡Caray! Estoy coqueteando con él de una forma demasiado natural. Él también sonríe y el hoyito más sexy que he visto en la vida aparece en su mejilla derecha cuando me sonríe de lado.

—Supongo que tienes razón. — Hace una pausa dramática— Quizá deberíamos cambiar eso. — ¡Dios! ¡ÉL está coqueteando conmigo! Y por mucho que deteste admitirlo, la teoría de Adrien de la caza y el interés de los chicos, específicamente Luka, se ha encendido y, es momento de, una vez mas, como Adrien dijo, hacerme la difícil. Luka parece estar curiosamente obsesionado con el hecho de que me fui de la fiesta con Agreste. —Y… —Sus ojos parpadean alegremente—. ¿Qué haces después de cl…? —

—¡Mousinette! — Reprimo un gruñido al oír la alegre interrupción de, ¿quién va a ser?, Adrien. Los labios de Luka se fruncen ligeramente cuando ve que Adrien se acerca a paso largo hacia nosotros, pero después sonríe, casi como si quisiera que no me diera cuenta de aquella expresión y, saluda con la cabeza al intruso no deseado. El rubio modelo lleva en la mano dos termos, me da uno con una sonrisa.

—Te he traído un café. Pensé que lo necesitarías. — Me lanza un guiño y noto la extraña mirada que Luka dispara en nuestra dirección, la cual no me pasa para nada desapercibida, ni el destello de enfado en sus ojos, pero yo acepto con gratitud el café. Abro la tapa y soplo el líquido caliente antes de darle un pequeño sorbo, haciendo la desentendida de la situación que se esta desarrollando.

—Eres mi salvador —digo mientras suelto un suspiro al detectar el característico y sutil sabor a chocolate. ¿Le había dicho antes a Adrien como me gusta el café? No, jamas, pero él me lo había traído justo como a mi me gusta, le sonrió al rubio el cual le esta haciendo un gesto de cabeza a Luka.

— Couffaine — dice a modo de saludo. Los dos se saludan dándose una especie de palmada muy masculina, no es un apretón de manos, pero tampoco un saludo con los puños.

— Hola Adrien —dice Luka — He oído que en el fin de semana fueron a ver a Jagged Stone, ¿Que tal estuvo? — el ojiverde amplia su sonrisa y de forma sutil coloco una mano sobre mi espalda, acto que no le pasa desapercibido al de cabellos azules.

—De maravilla, Jagged es un buen amigo mio y nos llevo a su suite. — Adrien se ríe—. Su cocodrilo casi se come los zapatos de Kim, si no hubiera estado ahí Penny, la agente de Jagged, habrían desaparecido — Luka sonríe de manera cortes y asiente ante la historia del rubio.

— Ya me imagino la cara de Kim, escuche que es un amante del calzado deportivo — dice con un tono divertido. Adrien se ríe y se encoge de hombros.

— A la próxima no olvidare invitarte — le lanza un guiño y siento como su mano sube hasta mi hombro derecho, acaricia un poco mi cabello sin apartar la vista de los ojos de Luka. Me muevo un poco incomoda de esta interacción y doy un paso hacia la puerta.

—Me meto dentro. Gracias por el café, Adrien. — Les sonrió a ambos y comienzo a caminar hacia el auditorio; mi pulso sigue yendo a mil cuando entro en el lugar. Es curioso, pero de repente, mi vida parece estar moviéndose a gran velocidad. Antes de la fiesta en casa de Agreste, el mayor contacto que había tenido con Luka había sido un triste saludo con la cabeza a distancia, y eso en dos meses. Ahora, en menos de una semana, hemos tenido dos conversaciones y, o son imaginaciones mías, o estaba a punto de proponerme una cita antes de que Adrien nos interrumpiera.

Me siento en mi silla habitual junto a Rose; ella me mira y me saluda con una sonrisa amplia.

—Hola — dice mientras acomoda sus hojas de estudio sobre el escritorio de su sitio.

—Hola. — Abro la cremallera de mi mochila y cojo un cuaderno y un bolígrafo— ¿Qué tal tu fin de semana?—

—Inhumano. — suspira — He tenido un examen de química súper pesado esta mañana y me he quedado cada noche de la semana anterior estudiando. No se como he logrado sobrevivir —

—¿Qué tal crees que te valla en el examen? — pregunto

—Ah, saco un 10 seguro. — Rose mueve una mano de forma despectiva, sonríe con felicidad, pero su alegría se desvanece rápidamente— Ahora solo tengo que hacer lo mejor en la recuperación del viernes y todo volverá a brillar en el mundo para mi — aquel tono soñador que identifique en ella desde la primera vez que hablamos sale a relucir con su ultima frase, me rió bajito.

—Te llegó mi correo, ¿verdad? —Le había enviado a Rose una copia de mi examen a principios de semana, como habíamos quedado, pero no me había respondido.

—Sí. Siento no haberte respondido. Estaba concentrada en la química. Mi plan es leer tus respuestas esta noche. — Una sombra cae sobre nosotros y lo siguiente que sé es que Adrien se sienta en la silla a mi otro lado. Veo como Rose se queda callada mirando asombrada al modelo a mi lado derecho.

—Mousinette, ¿tienes un lápiz de sobra? — Las cejas de Rose casi llegan al techo al escuchar como Adrien se refiere a mi, me mira interrogante y siento como mis mejillas se llenan de calor; tendré que decirle a Adrien que no puede llamarme así, al menos no en publico. A continuación Rose me mira como si me hubiera brotado una segunda cabeza en los últimos tres segundos. Y no la culpo. Nos hemos sentado juntas desde que empezamos el semestre y no he mirado ni una sola vez en dirección a Adrien Agreste, y mucho menos se me ha ocurrido hablar con él. Rose no es la única que está fascinada por esta nueva disposición de sillas. Cuando miro hacia otro lado de la sala, me encuentro con Luka, que nos mira con una expresión indescifrable en su rostro un par de filas mas adelante.

—¿Mousinette? ¿Un lápiz? — Dirijo mi mirada hacia Adrien.

—¿Has venido a clase sin estar preparado? Que desastre eres. —Meto la mano otra vez en mi mochila y busco un lápiz. Cuando lo encuentro se lo doy con una palmada en su mano.

—Gracias. —Me ofrece esa sonrisa arrogante antes de abrir su cuaderno en una página en blanco. Luego se inclina hacia adelante y se gira hacia Rose—. Soy Adrien.— Ella mira boquiabierta la mano que sobresale frente a sus narices antes de darle la suya

— Rose —responde—. Encantada de conocerte. — Mademoiselle Bustier llega justo en ese momento y cuando Adrien pone su atención en el podio, Rose me lanza una mirada de ¿qué carajo es esto?. Llevo mis labios a su oreja y le susurro:

— Ahora somos más o menos amigos. — susurro

—Lo he oído —salta Adrien también en un susurro — Y nada de más o menos. Somos mejores amigos, Rossy. No permitas que Mousinette te diga lo contrario.— Rose se ríe en voz baja; no se si es por el apodo de Adrien le ha puesto o por su comportamiento para conmigo. Yo solo suspiro.

Nuestra clase de hoy se centra en temas realmente densos. Principalmente, el conflicto entre la conciencia de un individuo frente a la responsabilidad con la sociedad. Mademoiselle Bustier utiliza a los nazis como ejemplo. No hace falta ni decir que es una hora y media deprimente. Después de la clase, me muero de ganas de terminar mi conversación con Luka, tanto así que comienzo a buscarlo con la mirada, pero Adrien tiene otros planes en su cabeza rubia. En lugar de dejar que me quede ahí esperando —o más bien, que vaya en línea recta hacia donde está Luka—, me sujeta el brazo con firmeza y me ayuda a levantarme.

Yo echo un vistazo a Luka, que camina rápidamente por el pasillo como si estuviera tratando de llegar a donde estamos nosotros.

—Ignóralo. —La voz de Adrien apenas se oye mientras me secuestra una vez mas, guiando mis pasos hacia la puerta.

—Pero yo quiero hablar con él — protesto en un susurro— Estoy casi segura de que iba a proponerme una cita.— Digo con la esperanza de ser liberada pero todo lo que hace Adrien es abrirse paso con su mano sujetando mi antebrazo como una grapa de hierro. Tengo que correr, porque de lo contrario me caeré ante la velocidad que las largas zancadas del ojiverde a mi lado. Cuando salimos al aire fresco de octubre me encuentro como una furia, llevo un cabreo monumental. Estoy tentada a girar la cabeza para ver si Luka está detrás de nosotros, pero sé que el rubio junto a mi me echaría la bronca si lo hago, así que me resisto a la tentación.

—¡¿Qué carajo haces?! — exijo saber, sacudiéndome su mano de encima y quedándome parada frente a su enorme cuerpo.

—Se supone que debes ser inalcanzable, ¿recuerdas? Se lo estás poniendo todo demasiado fácil. — Dice con toda la calma del mundo, pero la ira retumba en mi interior.

—El objetivo era que se fijara en mí. Bueno, se ha fijado en mí. ¿Por qué no puedo dejar el juego ahora? — me cruzo de brazos frente a él y dejo la mayor parte de mi peso sobre mi pierna izquierda.

— Has despertado su interés —dice Adrien mientras comienza a avanzar por el camino empedrado hacia el patio, yo le sigo muy de cerca — Pero si quieres mantener su interés, tienes que hacerle sentir intriga por ti, hacerte ver inasequible. A los hombres nos gustan los retos. — Se detiene entre un par de arbusto y me mira divertido, seguro por mi estado de conflicto interno. Quiero discutir con él, pero creo que podría estar en lo cierto.

—Hazte la cool hasta la fiesta de Ivan — Me aconseja al tiempo que me lanza un guiño.

— Sí, señor —me quejo imitando su saludo militar — ¡Ah! por cierto, tengo que cancelar lo de esta agotada por nuestro maratón de ayer, y si no consigo dormir un poco, seré un zombi el resto de la semana. — Adrien no parece contento porque veo como se va frunciendo su ceño conforme voy hablando

—Pero íbamos a empezar con los temas complicados hoy. — dice casi como si estuviera conteniendo su enojo.

— Mira, vamos a hacer esto: te mando por correo un tema para desarrollar, algo que Mademoiselle Bustier podría pedir. Date dos horas para escribirlo y mañana lo repasamos juntos. De esa manera puedo tener una idea de qué es lo que tenemos que reforzar. — le sonrio esperando que mi metodo de estudio le guste. Para mi satisfaccion, su expresion cambia y me devuelve la sonrisa.

— Vale. Tengo sesión de fotos con Sport 2000 por la mañana y después alguna clase. ¿Vienes sobre las nueve? — pregunta mientras mira su celular confirmando la información que acaba de darme

—Perfecto, eso me da tiempo para ir al taller de Confección antes de nuestra clase. —

Prrrrrfect. Nos vemos mañana entonces. — Él me despeina como si fuera una niña de cinco años y después se marcha. Una sonrisa irónica tira de mis labios mientras le veo marchar con su camisa de diseño de la linea de Gabriel color blanca y plateada pegada a su pecho mientras camina hacia el viento. No soy la única que mira; varias chicas giran también la cabeza en su dirección, y prácticamente puedo ver cómo se derriten en sus lugares y sus bragas se empapan mientras él lanza esa sonrisa pícara al aire.

Adrien

Esta noche me toca trabajar en la encimera de la cocina. Con una enorme frustración releo el ensayo práctico que Marinette me ha calificado antes. Me envió por correo el tema a desarrollar antes de que las clases terminaran y, como el buen alumno que soy me puse manos a la obra en cuento llegue a casa, casi tres horas después le envié en respuesta mi pequeño ensayo y lo que recibo de vuelta es una sarta de correcciones y comentarios de decepción de su parte pero, me está costando un huevo comprender el punto de vista de este cabrón. La respuesta es sencilla, joder, si alguien te ordena asesinar a millones de personas, dices: «no, gracias, paso». Excepto si se sigue el criterio establecido en esta teoría de mierda, donde hay pros y contras en ambas visiones, y no me entra en la cabeza. Supongo que se me da fatal ponerme en la piel de otro y eso es un poco decepcionante.

—Pregunta —anuncio cuando percibo la presencia de Max entrando en la cocina.

—Respuesta —dice al instante.

— Aún no he hecho la pregunta, imbécil.— le lanzo una mirada envenenada al tiempo que me balanceo en la silla de la encimera.

—Está bien — dice de camino a la nevera — ¿Cuál es la pregunta? —

—Vale. Imagina que eres un nazi. —

— Jamas — interviene mientras me mira con el ceño fruncido antes de empinarse la bebida energetizante que acaba de sacar del refrigerador.

—Déjame terminar, ¿quieres? Eres un nazi y Hitler te acaba de ordenar que cometas un acto que va en contra de todo lo que tú crees. ¿Le dices: qué genial, jefe, ahora mato a toda esta gente para ti? ¿O le dices: vete a la mierda y asumes el riesgo de que te maten? — observo como Max se piensa un poco la respuesta; pone su típica expresión de meditación y lanza la mirada al techo. Al cabo de un par de segundos me responde.

—Le digo que se valla a la mierda. —Hace una pausa considerando su respuesta — La verdad es que no; le metería una bala en la cabeza. Problema resuelto. — Max se encoge de hombros y yo gruño desde mi lugar.

—Sí, ¿verdad? Pero este cabrón —señalo el libro que hay sobre la encimera— cree que el gobierno existe por una razón, y que los ciudadanos tienen que confiar en su líder y obedecer sus órdenes por el bien de la sociedad. Así que en teoría, hay un argumento para el genocidio. — Mi amigo, amante de los videojuegos saca una bandeja de muslos de pollo del congelador y me mira de reojo, veo por su expresión que esta molesto con la conversación.

— Que mierda. —

—No estoy diciendo que yo esté de acuerdo con esa línea de pensamiento, pero tengo que defender el punto de vista de ese cabrón. —Paso una mano frustrada por mi cabello rubio, realmente no comprendo la postura de este tipo. — Odio esta puta asignatura. — Max desenvuelve la bandeja de pollo y la mete en el microondas. Esta noche le toca cocinar a él y, he de decir que es el mejor en realizar esa labor.

—La recuperación es el viernes, ¿no? — programa el microondas y se gira hacia la estantería donde tenemos todos los condimentos, comienza a llenar la encimera con todos los ingredientes para lo que parece sera pollo a la Kentucky.

—Sí —digo con tristeza. Noto por el movimiento corporal de mi amigo que tiene la pregunta en la punta de la lengua, pero no se decide a hacerla. La duda transpira por cada poro de su ser.

— Vas a seguir con nosotros... aquí ¿Verdad? — frunzo el ceño y comienzo a recoger mis apuntes y libros de estudio para dejarle mas espacio en la cocina.

— Por supuesto amigo; no dejare que esta asignatura me joda a mi y a mis amigos — le lanzo un guiño divertido y él avienta un poco de sal con ajo a mi dirección.

Nino entra en la cocina en ese momento con su vaporizador en mano. En cuanto la mirada del programador se posa en tal objeto su ceño se frunce y mira con reproche al Dj.

—Más te vale no fumar aquí —le advierte Max — Kim te matara si inhala de eso.—

— Voy fuera —Dice Nino, que sabe bien lo que es cabrear a la estrella de atletismo — Solo quería deciros que Marc Anciel y los demás chicos de Artes vienen esta noche — Entrecierro mis ojos ante la mención de Marc.

—¿Qué chicos? — Nino parpadea con inocencia.

—Ya sabes, los de Artes — lanza una mirada un tanto nervioso hacia la calle y la vuelve a fijar en mi —Y quizá sus novias…, los que las tienen. —Nos mira a Max y a mí—. Os parece bien, ¿verdad? No será toda la noche ni nada así, podrán ser unos diez u once pero se irán en unas horas... —

—Mientras que cada uno traiga su bebida y no roben de mi cena, me parece bien — contesta Max — Y si viene Vincent, será mejor que cierres con llave el mueble bar y guardes tu colección de Jagged Stone. — me dice mientras comienza separar muslo por muslo las piezas de pollo recién sacadas del micro.

—Podemos llevar las botellas y la colección a tu habitación, Adrien —dice Nino con un resoplido—. Todo el mundo sabe que a tu cuarto nadie entra. — Max me mira con una sonrisa.

— Es porque el consentido de la casa le pone llave a su enorme habitación — Ruedo los ojos al tiempo que tomo mi mochila con todas mis cosas dentro y salgo del lugar. Las risas de mis amigos se escuchan de fondo.

Mientras subo a mi habitación pienso en la visita del grupo de Artes, amigos de Nino; es muy probable que entre ellos venga Luka y, solo para poder ver una vez mas su expresión de enfado, traería aquí desde donde sea que este a Marinette y robaría toda su atención, solo para dejar en claro quien es él ganador aquí.

pero... ¿Ganador de que?

Marinette

—Hola, Mari-Du~. — Alya me sorprende en el trabajo esta noche, se sienta en una de mis mesas con una sonrisa radiante. Cuando Ondine, compañera de Natación de mi mejor amiga, se sienta junto a ella en el banco a su lado, me cuesta reprimir una sonrisa. ¿Como es posible que Alya no se haya dado cuenta de las intenciones de la nadadora estrella de la universidad? a veces me impresiona lo despistada que puede ser la de ojos castaños; súper suspicaz para ciertas cosas, pero para otras...

—¿Qué tal, Marinette? —dice Ondine mientras me regala una sonrisa tímida.

—Hola. —Toda la noche he estado aguantando a clientes pesados, así que estoy superfeliz de ver algunas caras amigas — ¿Quieren algo de beber mientras miran la carta? —

—Para mí un batido de chocolate, por favor —responde Ondine. Alya levanta sus dedos índice y corazón.

—Que sean dos —añade lanzándome un guiño. Me río. Camino hacia la fuente de sodas donde esta Alec, mi jefe, y ambos preparamos el pedido, cuando lo tengo listo vuelvo a la mesa y ambas están enfrascadas en una conversación respecto a el nado sincronizado.

— Madame, Madame. — coloco cada batido frente a cada una y ambas sueltan una risita por la imitación a la nobleza que acabo de hacer.

—Gracias — Alya le da un sorbo a su pajilla y antes de que pueda dar un paso lejos de la mesa me toma de la muñeca — escucha — dice mientras le lanza una mirada a la castaña — Algunas de las chicas de nuestra residencia van a hacer un maratón de pelis de James Franco mañana por la noche. — ambas me miran esperanzadas de que de brinquitos y anuncie que necesito ir a tal maratón.

— ¿Otra fiesta Franco? No sé lo que veis en ese tipo. Está mas vivido que el personaje de Tony Stark. —

—Es muy guapo —corrige Alya antes de mirarme otra vez — ¿Vienes? — la mirada intensa que mi amiga pelirroja me lanza me pone nerviosa, comienzo inconcientemente a retorcer mi pequeña libreta de pedidos entre mis dedos.

—Depende de la hora. — digo.

—Etta tiene una clase tarde, pero volverá a las nueve. Así que será más o menos a esa hora. — ambas me miran expectantes pero no puedo hacer otra cosa mas que soltar un suspiro de resignación.

—Mierda. Doy clase a las nueve. — La cara de Alya se ensombrece con decepción.

—¿No puedes intentar dar la clase antes? — Sube y baja las cejas como si tratara de seducirme— Chloé va a hacer sangría… — Tengo que admitir que la idea me tienta. Hace ya tiempo que no quedo con las chicas o consumo alcohol. Yo no bebo en las fiestas por una buena razón, pero no me importa beber un poco de vez en cuando. Las dos chicas frente a mi saben que han ganado, lo se por las enormes sonrisas que tienen plasmadas en sus rostros. Largo un suspiro.

— Llamare a Adrien durante mi descanso. A ver si él está libre antes. — Ondine mira por encima de la carta, interesada esta vez en la conversación ante la mension del modelo estrella de toda Francia.

— Entonces tú y Agreste ¿ahora son los mejores amigos? — pregunta la castaña; hay un tono en su pregunta que me da mala espina, pero lo ignoro, no es como si la universidad entera este hablando de mi interacción con Adrien Agreste o algo así.

— Naah. Es solo una relación profe-alumno.— muevo la muñera con ganas de darle menos importancia a la conversación, pero la mirada intensa que Ondine me dedica me deja un nudo en la boca del estomago

—No, no —se burla Alya.— Son superamigos. Se mensajean y todo. — las cejas rojas de mi mejor amiga se mueven de arriba a bajo y los ojos color verde olivo de Ondine se abren como platos ante la ultima afirmación.

—Solo somos amigos — digo a regañadientes cuando Ondine me dirige una sonrisa de complicidad, enseguida le gruño — Solo amigos. No te hagas ideas raras. Así que quita todos esos pensamientos sucios de tu cabeza. — las dos sueltan una risita divertida.

— Oh, vamos, sabes que no puedes culparme. Es el modelo mas codiciado de toda Francia, todas las chicas se tiran sobre él cuando pasa. Sabes perfectamente que todo el mundo va a pensar que eres su nueva conquista.— Alya juega con su pajilla y se por como me esta mirando que quiere ver si hay realmente algo entre el rubio y yo, pero no, su objetivo esta erróneo y por ende no hay manera de que me haga hablar.

—Todo el mundo puede pensar lo que quiera. —Me encojo ligeramente de hombros—. Pero no es lo que hay entre nosotros. — Ondine no parece muy convencida. Algo que atribuyo a que es una chica diferente. Dejo a ambas chicas para ir a atender a mis otros clientes. Cuando llega mi descanso, entro en la sala de descanso del personal para llamar a Adrien. El tono continuo de la línea suena una eternidad antes de que por fin conteste, su hola ronco es eclipsado por la música de fondo a todo volumen.

—Eh, soy Marinette—le digo.

—Ya lo sé. Me sale en la pantalla, Tonta—ríe.

—Llamaba para ver si podemos cambiar nuestra clase de mañana.— Una oleada de música electrónica retumba en mi oído.

—Perdona ¿qué?— Levanto la voz para que pueda oírme mejor.

—¿Podemos quedar antes mañana? Tengo planes a las nueve. Me gustaría ir alrededor de las siete. ¿Te parece bien? — Su respuesta la ahoga el beat ensordecedor de Nicolas Jaar

—¿Dónde estás? —prácticamente tengo que gritar.

—En casa —su respuesta suena como amortiguada por la música. — Hemos invitado a algunos chicos de Artes.— ¿Algunos? Suena como si estuviera en medio de algún festival de música electrónica. — Entonces, ¿vienes a las nueve? — Reprimo mi cabreo.

— No, ¡a las SIE-TE! — grito — ¿Te parece bien? —

—Adrien, baby, ¡dame cerveza! —Una voz suena sobre la conversación. A juzgar por el débil acento del sur de Europa, debe tratarse de Max.

—Espera, Mousinette. Un segundo. —Una especie de crujido llega a mi oído, seguido de unas carcajadas; a continuación vuelve Adrien —. Vale, mañana a las nueve entonces. —

—¡A las siete! — reitero

—Eso, a las siete. Lo siento, no oigo nada. Te veo mañana. — Me cuelga pero no me importa. La semana pasada descubrí que Adrien nunca se molesta en decir adiós por teléfono. Al principio me molesto un poco, pero ahora la verdad es que aprecio su enfoque de cómo ahorrar tiempo. Meto mi teléfono en el delantal y vuelvo a la sala principal para contarle a Alya que puedo ir mañana por la noche. Ella chilla en respuesta.

—¡Hurra! Estoy impaciente para la sesión con mi Franco. El tipo más bueno del universo. — Ruedo los ojos ante el comentario de la pelirroja.

...

Al día siguiente, aparezco en la casa de Adrien sobre mi bicicleta a las siete en punto y entro sin llamar como hago de forma habitual desde hace un par de días. Antes de dirigirme arriba, meto la cabeza en el salón para saludar a Nino y los demás chicos. Nino no está, pero Max y Kim sí; me lanzan una mirada de confusión al verme. Ambos están enfrascados en una partida de lo que parece ser Poker.

—Hola, Mousi. —Max arruga la frente — ¿Qué haces aquí?— deja caer una carta en la pequeña mesa de centro y Kim hurga entre las que tiene en su mano para dejar caer alguna de sus cartas sobre la recién aventada del programador.

—Darle clase al chico modelo ¿qué otra cosa podría ser? —Niego con la cabeza mientras empiezo a distanciarme de la puerta rumbo al segundo piso. Escucho como ambos sueltan una risita y Kim se gira hacia mi.

—Cielo, no quieres subir, créeme —dice mirándome desde su posición. Me detengo en seco, algo en su expresión me advierte que le haga caso.

—¿Por qué no? — Sus brillantes ojos dorados me miran divertidos.

—Eh… es posible que a Adrien se le haya olvidado. — dice Max mientras parece preparar un movimiento en su siguiente jugada.

—Bueno, pues entonces voy a recordárselo. — Subo las escaleras y un minuto más tarde, me arrepiento por completo de esta acción.

—Oye, Agreste, vamos a terminar con esto y así puedo… —Abro la puerta y me detengo a mitad de la frase; me quedo congelada como un ciervo ante los faros de un coche. La vergüenza me golpea cuando me doy cuenta de lo que estoy viendo, puedo sentir mis mejillas llenarse de calor y como mis manos comienzan a picar en la palma. Adrien está tumbado en la cama con el torso desnudo en todo su esplendor mientras… una chica desnuda cabalga sobre sus muslos. Sí, Miss Tanga está completamente desnuda y se gira en una nube de pelo rubio al oír el sonido de mi voz. Unos pechos turgentes asaltan mi visión, pero no tengo tiempo para juzgarlos en un sentido u otro porque su chillido perforador de tímpanos se abre camino.

—¡Pero qué carajos…! — grita mientras se detiene y veo como Adrien abre los ojos, saliendo de su estado de éxtasis. Ambos me miran con una expresión desencajada en sus rostros.

—Mierda. Lo siento mucho —suelto. Cierro la puerta de golpe y salgo corriendo a la planta baja como si me persiguiera un asesino en serie. Cuando entro de sopetón en el salón un segundo después, dos caras sonrientes me dan la bienvenida.

—Te dijimos que no fueras allí —dice Max tras un suspiro. La sonrisa de Kim se ensancha.

—¿Qué tal el espectáculo? No podemos oír mucho desde aquí abajo, pero me da la sensación de que es de las que gritan. — Estoy tan avergonzada que siento mis mejillas arder de adentro afuera.

No puedo creer que haya visto aquello; la expresión del rubio antes de que me mirara no se me puede salir de la cabeza y estoy que muero de vergüenza y de enfado. Pronto me doy cuenta de que estoy desperdiciando mi tiempo y mi ira se incrementa, superando mi vergüenza.

—¿Podrían decirle a su amigo el gigolo que me llame cuando termine? Bueno, mira, en realidad, no. Dile que se le acabó la suerte. Mi tiempo es muy valioso, joder. Paso de darle más clases particulares cuando es evidente que él no se toma en serio mis horarios. — Dicho eso, me marcho de su casa con los puños firmemente cerrada a cada lado de mi cuerpo; mis emociones aun van alternándose entre la vergüenza y la ira. Increíble. ¿Cómo puede ser que tirarse a una chica sea más importante para él que aprobar su parcial? ¿Y qué clase de idiota haría eso cuando sabe que tendrá visitas en su casa? Estoy a mitad de camino para llegar a mi bicicleta cuando la puerta principal se abre de golpe y Adrien sale corriendo. Por lo menos ha tenido la decencia de ponerse unos jeans; pero sigue sin llevar camiseta. Ni zapatos. Viene corriendo hacia mí con una expresión que es una mezcla entre vergüenza y cabreo.

—¿Qué coño ha sido eso? —exige saber cuando llega a mi lado

—¿Estás de broma? —le contesto— Soy yo la que debería estar haciendo esa pregunta. ¡Sabías que venía a tu casa! — grito antes de comenzar a poner mis cosas sobre la bicicleta. Adrien me mira furico.

—¡Me dijiste a las nueve! — Grita también, le miro fijamente con el casco entre mis manos.

—Lo cambié a las siete y lo sabes de sobra. —Mis labios se tuercen en una mueca —. Quizás la próxima vez deberías prestarme más atención cuando te llamo. — Se pasa una mano por el pelo rubio y sus bíceps aumentan con el movimiento. El aire frío hace que se le erice toda su suave piel dorada y mi mirada se siente inconscientemente atraída por la delgada línea de vello que apunta hacia la cintura del pantalón desabrochado. Al ver eso, una extraña oleada de calor recorre el camino entre mi pecho y mis entrañas. Mi cuerpo se siente repentinamente tenso y lleno de deseo, mis dedos hormiguean de ganas de…, ah, mierda. ¡No! Puedo sentir una vez mas el calor en mi rostro y esto no puede estar pasando ni puedo estarlo sintiendo con Adrien Agreste ¿Y qué más da si este chico está como esculpido en mármol? Eso no quiere decir que quiera subirme a horcajadas en sus piernas como una chica mas de atletismo. Él ya tiene otra, u otras, personas haciéndole eso.

Ambos nos miramos fijamente largos segundos y agradezco que el rubio no haya notado el tren de pensamientos que acabo de tener y la mirada que le lance hace un momento.

—Lo siento, ¿vale? —se queja— La he cagado. — me mira arrepentido pero la frustración que comienza a crecer desde mi vientre no me permite dejar de lado la ira que siento al verlo.

—No, ¡no vale! Para empezar, está claro que no respetas mi tiempo, y para terminar, está clarísimo que no quieres aprobar esta asignatura, de lo contrario tendrías los pantalones cerrados y el libro de texto abierto. — aprieto el casco entre mis manos.

—Oh, ¿lo dices en serio? —me reta—. ¿Esperas que me crea que tú estudias veinticuatro horas al día, siete días a la semana y que nunca te enrollas con nadie?— El cabreo se revuelve en mi estómago junto con todas las emociones que tengo encima, cuando no contesto, la sospecha inunda sus ojos.— Porque tú te enrollas con gente, ¿no? — No puedo evitar desviar mi mirada de la verde neón de Adrien. Dejo salir un resoplido enfadado de mis labios.

—Por supuesto que sí. Solo… solo que hace tiempo que no.— se que mi voz me ha evidenciado en mi mentira pero quiero ser firme y quiero que se la crea, así que vuelvo a fijar mi mirada azul en la Adrien.

—¿Cuánto es hace tiempo?— pregunta. Veo en su mirada una sincera curiosidad pero me enfoco en ignorarla.

— No es que sea de tu incumbencia. — Espeto antes de apretar la mandíbula; levanto sobre mi cabeza el casco y me lo coloco con brusquedad — Vuelve con tu putita, Adrien. Me voy a casa.—

—¿Putita? —repite—. Eso es una suposición bastante maleducada, ¿no crees? Por lo que tú sabes podría ser una erudita de la institución mas prestigiosa de Lille. — Levanto una ceja escéptica.

—¿Lo es?—

—Bueno, no —cede — Pero Colette… — Resoplo. Ohhh, Colette. Por supuesto, se llama Colette. Ruedo los ojos ante la revelación de su nombre. Nadie con el nombre de Colette que haya conocido me ha dejado una buena impresión —…es una chica muy inteligente — termina de decir. Le miro con cara de ni esa tu te la crees.

—Ya, claro, estoy segurísima de que lo es. En ese caso, vuelve con Miss Inteligencia. Yo me largo. — Me monto en la bicicleta y comienzo a ponerme los guantes ante la atenta mirada de Adrien.

—¿Podemos quedar mañana? — Aquellas palabras me hacer lanzarme una sonrisa amplia, llena de sarcasmo.

—No. —

—¿Ah, no? —Agarra con su mano el manubrio—. En ese caso creo que nuestra cita para el sábado también queda cancelada. — Él me mira fijamente. Le devuelvo la mirada. Pero los dos sabemos que no será él quien dé marcha atrás. De repente recuerdo la conversación que tuve con Luka en el pasillo el otro día. Mis mejillas se calientan de nuevo, pero esta vez no tiene nada que ver con que acabo de pillar a Adrien con los pantalones bajos. Literalmente. Por fin Lika se ha dado cuenta de que existo y si no voy a esa fiesta, estaré dejando escapar la oportunidad de hablar con él fuera del contexto de la universidad. No es que pertenezcamos a los mismos círculos, así que si no quiero limitarme a un encuentro una vez a la semana en clase de Ética, tengo que ser proactiva y buscar el contacto con él fuera del aula.

—Vale —le bufo a Adrien — Te veo mañana. A las siete en punto. — Su boca se curva en una sonrisa de satisfacción. Es aquella misma sonrisa que me lanzo cuando cedí a darle clases. Nos miramos una vez mas en silencio y antes de que comience a pedalear sobre la calle de su casa Adrien grita.

— ¡Espero hayas disfrutado del espectáculo! —

...

Al día Siguiente las clases que me tocan cubrir son pocas; he pedido permiso para poder no ir al trabajo el día de hoy y así poder cubrir la clases con Adrien y la hora y media en el taller de confección. En este momento voy camino al taller, espero que el día de hoy Lila no tenga ánimos de estar molestando y nos deje a Nath y a mi trabajar en paz.

—Hola —saludo a Nathaniel cuando entro al taller, él está sobre una mesa pequeña al fondo del aula haciendo unos cuantos bocetos. Su cabeza roja se levanta con una sonrisa tímida en su rostro cuando escucha mi entrada. Le veo un tanto ansioso y creo que sus manos están temblando.

—Ah, hola. — Dice antes de hacer una pausa, su mirada color cielo se mueve por toda la habitación y se que trata de evitar mirarme fijamente — Lila no viene hoy. — dice al fin y el enfado estalla en mi vientre.

—¿Qué quieres decir con eso de que no viene hoy? — dejo mis cosas sobre la mesa mas cercana y comienzo a caminar en dirección a Nath.

—Me ha enviado un mensaje hace unos minutos. Tiene migraña. — Entre cierro los ojos al escucharlo. Sí, claro. Sé con certeza que un grupo de compañeros de curso, Lila incluida, salieron de fiesta anoche, lo se porque uno de ellos me envió un mensaje invitándome mientras estaba con las chicas en el maratón Franco. Lila está de resaca y por eso ha faltado. — Pero aún así podemos trabajar —dice Nathaniel. Esta vez su sonrisa le llega a los ojos — Puede estar bien elegir complementos sin pararse a discutir cada cinco segundos. —

—Sí, excepto que lo que hagamos hoy, Lila acabará vetándolo mañana. —Me dejo caer en una silla cerca del pelirrojo y lo observo con dureza — La idea del cambio de diseño es una mierda, y lo sabes bien Nath. Lo sabes perfectamente. — Él asiente con la cabeza, lo nota un tanto resignado pero reticente.

— Lo sé.—

—Entonces, ¿por qué no me apoyas? —pregunto, incapaz de ocultar mi resentimiento. Un rubor aparece en sus pálidas mejillas cuando me mira por fin a la cara.

—Yo… —Traga saliva de forma visible— ¿Puedes guardar un secreto? — Mierda. No me gusta nada a dónde va esto.

—Claro… lo que quieras — digo mientras me acerco a él un poco mas, para que esta platica parezca mas intima y tenga mas confianza.

—Lila me ha pedido una cita... quiere que salgamos —

—Oh. —Intento no sonar sorprendida, pero es difícil de ocultar. Nathaniel es un chico muy dulce y lo cierto es que no es feo, de hecho es muy atractivo, pero es tímido y muy introvertido, también es la última persona a la que Lila Rossi consideraría su tipo. Con discreción lanzo una mirada rápida a los bocetos del pelirrojo dándome cuenta de las mil y un formas que ha plasmado su imagen con la de Lila y, uso todo mi auto control para no evidenciar mi desagrado.

—¿Tú quieres salir con ella? — las mejillas de Nath se ponen aún más rojas y asiente. — ¿En serio? —le digo con escepticismo — Pero si es una superdiva. Vamos, que podría competir con Taylor Swift a ver quién gana. Lo sabes, ¿verdad? —

—Lo sé. —Ahora parece avergonzado — Pero eso es solo porque le apasiona actuar. En realidad es una buena persona cuando quiere. — ¡¿Cuando quiere?! Lo dice como si fuera la cualidad del año. Como su tuviéramos que darle un premio por no ser la mierda mas mierda de la Universidad; realmente no debería ser de esa manera, la gente no debería ser buena simplemente por conveniencia, no como parte de un movimiento calculado y estratégico. Pero eso también me lo guardo para mí. tengo que adoptar un tono diplomático.

— ¿Te da miedo que si no estás de acuerdo con sus ideas, cancele la cita? — Hace una mueca.

—Suena patético planteado así.— Mmm, ¿cómo quiere que se lo plantee? — Es solo que no quiero crear problemas ¿sabes? —murmura. Parece incómodo. No, no lo sé. Para nada.

—Es trabajo en equipo, Nath. Y no deberías tener que censurar tu opinión solo para hacer feliz a Lila. Si te disgusta la idea del cambio de diseño tanto como a mí, díselo. Créeme, las personas aprecian a las personas que dicen lo que piensan. — Aunque mientras suelto mis palabras, sé que Nathaniel Kutzberg no es de ese tipo de chico. Es tímido y retraído, y se pasa la mayor parte del tiempo escondido tras su cuaderno o acurrucado en su dormitorio dibujando historias fantásticas de amor sobre seres súper especiales y humanos súper normales.

— Tampoco es que odie la idea del cambio de diseño — dice evasivo — No me encanta, pero no creo que sea terrible. — Y en ese momento, sé que irremediablemente que habrá un puto cambio de diseño en el proyecto de invierno.

Continué •

Notas del Autor:

Hola! Una vez más por estos lares actualizando. Se Sé que me he tardado en subir la siguiente parte pero créanme que la espera valdrá la pena.

Me he tomado el tiempo para re leer el libro y para identificar más a fondo lo que sería el argumento dramático de nuestra quería Marinette. Se podría decir que este capítulo es más de relleno para que podamos entender un poco más el día a día de nuestros protagonistas; la verdad he hecho cambios mínimos pero significativos de la historia original y espero no perderme o confundirme y de paso confundirlos.

Si detectan alguna incongruencia hágamela saber, que para eso está la edición y corrección ;) haha

Estoy muy muy agradecida por los comentarios que recibí en el capítulo anterior.

La Dama oculta Mistress9, reishell1995, vane18porras, Andy Tom, Elena, sonrais777, tsubasa23, y Emely-nya.

En serio agradezco cada una de sus palabras, no saben cómo me hacen sonreír después de leer sus reviews.

Sin más que decir, espero disfrutarán este capítulo y ojalá ansien tanto como yo el siguiente.

Saludines~

Se despide Alexiel Izumi•

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