Todos los derechos de la historia pertenecen a Elle Kennedy, solo hago esto por diversión y entretenimiento, igualmente, los derechos de Miraculous Ladybug pertenecen a Thomas Astruc, refiriendonos a los personajes.
Este escrito es sin fines de lucro.
Cabe mencionar que algunas escenas no pertenecen al libro del cual me base para realizar la historia.
¡Disfruten la lectura!
• ProhibidoEnamorarse•
Capitulo Sexto
•Adrien•
Me aseguro de estar en casa; esta vez completamente solo, para cuando Marinette aparezca el día de hoy, miércoles por la tarde. Que nos encontrara in fraganti a Lette y a mí me divierte más que avergonzarme, al menos no entró mientras me estaba viniendo en la cara de la rubia.
La expresión que vi en el rostro de Marinette se habría puesto cien veces más roja si hubiera oído los gritos de Colette durante el orgasmo que tuvo solo un par de minutos antes. Honestamente, una parte de mí se pregunta si Lette fingía esos gemidos de estrella porno. No es que me considere un semental en la cama, pero sí que soy superatento y nunca he tenido ninguna queja. Sin embargo, anoche fue la primera vez que sentí que la chica que había en mi cama estaba en realidad haciendo teatro, actuando. Hubo algo súper… insatisfactorio en todo el asunto. No sabría decir si fingía, o si simplemente estaba exagerando su placer, pero de cualquier manera, lo cierto es que no tengo muchas ganas de volver a ver su espectáculo.
Largo un suspiro de solo pensar en ello; muevo la cabeza de un lado a otro y escucho los suaves pasos de Marinette por el pasillo, ¡Ha llegado!. De un momento a otro la escucho como llama a mi puerta, pero no se detiene tras el primer golpe, se afana a golpes en mi puerta al menos diez segundos continuos, y después, cuando ya le he gritado que entre unas ocho veces, le da dos golpes más y por fin entra.
La puerta se abre y la ojiazul entra en mi cuarto tapándose los ojos con ambas manos.
—¿Es seguro entrar? —pregunta en voz alta mientras tantea con su pequeño pie el camino que va recorriendo. Con los ojos todavía cerrados, extiende sus brazos hacia delante como si fuera una persona ciega que va a tientas en su oscuridad.
—Joder, Marinette, eres como una niñata impertinente — digo rodando los ojos de ver el teatro que esta armando. Veo como sus párpados se abren de repente y me mira con severidad.
—Estoy siendo cuidadosa —contesta en tono arrogante al tiempo que deja su mochila en el diván de mi habitación — Solo le pido a Dios no volver a entrar en medio de otro de tus... encuentros — comienza a quitarse la chaqueta y veo como hay cierta incomodidad en su ser al mencionar la ultima palabra.
—No te preocupes, ni siquiera habíamos llegado a eso. Por si te interesa, estábamos todavía en los juegos preliminares. Segunda y tercera fase: tocamientos y sexo oral, para ser exactos. — me miro en el espejo acomodando mis cabellos rubios y puedo ver en el reflejo de Marinette como pone una cara de asco, justo después, dice lo que leo en sus facciones.
—Qué asco. Demasiada información. — comienza a moverse como si se estuviera quitando un montón de insectos de encima, me giro para verla de frente y le sonrió arrogante.
—Eres tú la que has preguntado. — me encojo de hombros y me dirigí hacia mi escritorio tomando mi libreta de estudio, estoy listo para poner manos a la obra la clase de tutoria de Etica.
— Yo no he preguntado nada. — Se acomoda con las piernas cruzadas en la cama, en aquel lugar que he notado se ha adueñado; no tan cerca de la cabezacera pero tampoco en medio, y tira la carpeta que usa para Ética Filosófica a su lado derecho, justo en medio de ambos —. Vale. Suficiente charla. Primero leeremos tu texto revisado y después resumiremos unos cuantos ejercicios prácticos. — Le doy el texto corregido y me recuesto sobre las almohadas mientras Marinette lo lee a mi lado.
La escucho hacer ruidos de concentración y uno que otro borroneo en mi hoja de resumen. Cuando termina, me mira, y veo en sus ojos que está sorprendida y, creo que es para bien.
—Esto está bastante genial, Adrien — Cuando termino de escuchar aquellas palabras experimento una explosión de orgullo en mi interior. He trabajado como una bestia para el ensayo este de los nazis y la felicitación de Mousinette no solo me gusta, sino que también confirma que estoy mejorando en la tarea de ponerme en la cabeza de otra persona. — La verdad es que, más que genial, está supergenial —rectifica mientras relee la conclusión. Finjo un grito ahogado y me levanto de mi posición.
— ¡Oh! Marinette. ¿Eso ha sido un cumplido? — ella frunce el ceño ante tanto teatro mio, rueda los ojos hasta ponerlos en blanco y me avienta mi hoja de resumen.
—No. Me retracto. —
—Demasiado tarde. —Muevo mi dedo índice de una lado a otro delante de sus ojos—. Crees que soy inteligente, ¿eh? — Deja escapar un profundo suspiro y veo el fantasma de una sonrisa en su expresión.
—Eres inteligente cuando te aplicas. — Hace una pausa—. Bueno, igual te parezco una estúpida por decir esto, pero siempre he asumido que la Universidad de Lille era más fácil para las personas famosas... Académicamente, quiero decir. Ya sabes, que los maestros van por ahí regalando los dieces por ser superimportantes, famosos y todo eso, aun cuando sea parte del prestigio de la escuela definir que no es así, pensé que era pura fachada — ella se encoge de hombros y no puedo evitar lanzar una carcajada cuando termino de escucharla, siento su mirada clavada en mi perfil la cual esta cargada de reproche pero se mantiene en silencio, esperando mi contestación.
— Ya me gustaría. Conozco a algunos modelos de la Universidad de París-Sur cuyos profesores ni siquiera se leen sus exámenes; simplemente les plantan un 10 y se los devuelven. Pero los maestros de Lille nos hacen pensar. — llevo mi dedo indice a mi cien para enfatizar lo ultimo, Mousinette me mira divertida y antes de soltar su siguiente pregunta se cruza de brazos.
—¿Cómo te va en tus otras asignaturas? —
—10 en todas y un incómodo 6 en Fotografía III, pero cambiará cuando haga el examen final. —Sonrío—. Supongo que no soy el Modelo tonto que pensabas que era, ¿eh? — ella se ríe
—¿6 en Fotografía III? — doy un asentimiento.
— Que sea modelo no me hace tener el mejor ojo para una buena captura — le lanzo un guiño y ella se ríe de mi actuar, me mira antes de comenzar a acomodar las hojas de su carpeta; estoy apunto de decirle lo agradecido que estoy con sus tutorias cuando me roba la palabra.
— La verdad, Adrien; nunca he pensado que fueras tonto. Pensaba que eras un patán de primera — un tanto incomoda me dice lo ultimo y veo como se rasca la mejilla derecha y evita mirarme. Con que me pensaba un patán... abro ampliamente los ojos y me acerco un poco mas a ella.
—¿Pensabas? —Salto al darme cuenta de que ha usado el verbo en pasado—. ¿Eso significa que admites que estabas equivocada? — ella se cruza de brazos y gira el rostro evitando verme a la cara.
—Naah, siempre has sido un patán, solo que no se si de primera clase. —Sonríe antes de sacarme la lengua y volverse a girar — Pero al menos tiene un consuelo, eres un patán inteligente. — Me le quedo mirando fijamente.
—¿Lo suficientemente inteligente como para sacar un 10 en el examen? —Mi ánimo se hunde cuando lanzo la pregunta. La recuperación es en dos días y me estoy empezando a poner de los nervios otra vez. No estoy seguro de estar preparado, pero la confianza de Marinette alivia un poco mi incertidumbre.
—Sin ninguna duda —me asegura—. Siempre y cuando te olvides de tus opiniones y te ciñas a lo que pensarían los filósofos, creo que todo irá bien. — me sonríe tranquilizadoramente y no puedo evitar devolverle la sonrisa.
—Más vale que sea así. Necesito esa nota como respirar, Mousinette. — veo como sus facciones cambian abruptamente, una enorme seriedad inunda su rostro y noto una mirada severa en sus ojos zafiros.
— Nunca me has dicho porque necesitas mantener tu promedio — se que el rumbo de la conversación se esta comenzando a volver demasiado personal y eso me pone un poco nervioso, sobre todo tratándose de una conversación con Marinette; me muevo un tanto incomodo en mi lugar antes de contestarle.
— ¿Tan malo es que quiera graduarme con honores? — se por su forma de mirarme que esa respuesta no le convence; un largo silencio se instala entre los dos y no se si debería comenzar esta platica con ella.
— Ambos sabemos que no es porque quieras estar en el cuadro de Honor, Adrien. — La firmeza de sus palabras me da total seguridad de que cualquier mentira que le diga no entrara en ella y lo único que hará que esta conversación sea satisfactoria para Marinette es hablarle con la verdad; suelto un suspiro.
— Esta casa, esta escuela, mis amigos y mi vida en general se irían a la mierda si mi promedio baja una décima — Dejo caer los hombros y se que Marinette se encuentra intrigada de mi respuesta ya que se acerca lo suficiente como para colocar su mano derecha sobre mi espalda.
— ¿A que te refieres? — pregunta. Realmente no se como iniciar esta conversación con ella, no se que tan sincero debería ser. Pienso en todo lo que la modista a mi lado me ha ayudado y se que si ella estuviera en una situación similar a la mía haría lo posible por ayudarle. Sorprendente hasta donde ha calado en mi persona Marinette.
— Me refiero a que si mi Padre encuentra en el ultimo registro de calificaciones que mi promedio ha descendido me obligara a volver con él a Francia, donde tiene su mansión y la sede principal de su linea de ropa... Donde me puede controlar al cien por cien — ambos nos mantenemos en silencio, la mano de Marinette que esta sobre mi espalda hace un movimiento circular, una caricia suave y tranquilizadora.
— ¿Estas aquí para no estar cerca de tu Padre? — Asiento antes de continuar.
— Desde que nací el apellido Agreste ha sido un lastre con el que he tenido que cargar, desde siempre he tenido que cumplir jornadas eternas con tal de demostrar al mundo lo que significa ser portador de las prendas de mi padre y de su apellido, he tenido que hacerme de una fachada para todos esos eventos a los que he estado obligado a presentarme. En cuanto tuve la edad suficiente y entre a la Universidad de Lille huí de ese mundo en la medida de lo posible, estos tres años de carrera he vivido mas que los 17 que pase atrapado entre las paredes que mi padre construyo para mi. — Un silencio denso se instalo entre ambos, la pequeña mano de Marinette no dejo de hacer el suave movimiento en mi espalda. Sentía su respiración muy cerca de mi costado izquierdo.
— Dijiste que lo que hacías lo hacías porque te gusta — murmura al tiempo que su dedo indice traza un circulo sobre mi hombro, me gire a verla y puedo percibir un destello de rencor en la forma en la que me esta observando, como si le hubiera dicho una mentira.
— Y lo hago porque me gusta, realmente me gusta... — me levanto de mi lugar mientras digo aquello, cuando me giro hacia Marinette, ella me continua viendo con la misma expresión; la mano que mantenía sobre mi espalda ahora flota sobre el lugar que estuve ocupando hace unos segundos, el solo verla de esa manera hace que explote por completo todo lo que por años me he guardado — Pero no me gusta que sea mi padre quien controle todo en mi vida... he vivido bajo mucha presión con él... La presión de tener siete años y que te obliguen a seguir una dieta alta en proteínas para mantenerte en forma y para promover tu crecimiento . La presión de que te despierten al amanecer seis días por semana para ir clases de piano, clases de Mandarín o para ir a alguna sesión de fotos o simplemente para volar a otro país porque tienes que acompañar a tu padre a una junta de negocios y hacer una y mil actividades a cada segundo que tienes libre mientras tu padre no se cansa de decirte lo decepcionante que es tener un hijo tan vago y tan poco digno de su apellido. La presión de que te digan que si fallas, nunca serás un hombre de verdad. — En cuanto me callo la expresión de Marinette cambia dramáticamente. Su cara está afectada en su totalidad. Mientras le decía todo lo anterior un montón de recuerdos me invadieron el pensamiento, había sido todo tan difícil con mi padre, sobre todo después de que mi madre desapareciera de nuestras vidas.
Camino hasta mi escritorio y me recargo en él, justo enfrente de Marinette, procuro no quitar mi mirada verde de la suya, azul, ya que si lo hago no podre evitar mirar el único retrato que tengo en mi habitación de mi madre. Veo como la joven pecosa mueve sus labios como si quisiera decir algo pero ninguna palabra sale de su boca. Segundos después la escucho decir:
— Mierda.— Suelto un risita al escucharla.
— Sí, eso más o menos lo resume todo. — Digo con ánimos de Intentar expulsar los recuerdos lejos de mí, pero brotan en mi cerebro de forma intermitente, tensando mi garganta — Créeme, las cosas que hago hoy día las disfruto y me pongo bajo presión para no perderlas. — Marinette entrecierra los ojos casi como si no se creyera lo que digo.
— Entonces... básicamente sigues ateniéndote a las decisiones de tu padre — frunzo el ceño al escuchar tal comentario, el cual no me ha gustado nada.
— Por ahora — Mi voz sale ronca cuando pronuncio aquel par de palabras, la peliazul enarca una ceja, no entendiendo porque digo aquello — Todo a su tiempo — digo con una amplia sonrisa recordando la enorme suma de dinero que mi madre me había dejado en una cuenta bancaria totalmente oculta de mi padre y a la cual solo podre acceder cuando cumpla 21 años... fecha que llegaría demasiado pronto.
— Que raro eres aveces, Adrien —responde ante mi elocuente cambio de humor, le lanzo un guiño
—. ¿Como vas con tu proyecto de invierno? — pregunto antes de tomar una manzana de mi cajón del escritorio, Marinette me mira con la boca abierta mientras muerdo la roja fruta
— Pésimo, tan pésimo como el hecho de que guardes comida en tu cajón — me rió mientras me encojo de hombros y le ofrezco una mordida de mi manzana, ella niega con expresión de asco.
— ¿Que ha hecho Lila esta vez? — Pregunto direccionando la conversación, Marinette larga un suspiro antes de contestarme.
— Ha hecho lo mas bajo que ha podido hacer. — enarco una ceja no entendiendo lo que me dice, ella mueve la cabeza negativamente y casi como si le pesara compartirme la desgracia de alguien mas. — Ha seducido a Nathaniel para que secunde cada cambio que ella quiera hacer — frunzo el ceño ante lo que dice, doy un par de zancadas hasta volver a sentarme a su lado en la cama.
— ¿Dices que Lila esta jugando con los sentimientos de tu compañero? — ella asiente ante mi pregunta, suelto un bufido — Que bajo —
— ¡Verdad que si!. Que despreciable de Lila... pero bueno, me he resignado a que este proyecto es mas de ellos que mio — La miro con curiosidad ante lo que dice, entrecierro los ojos tratando de entender porque motivo Marinette no le esta dando la importancia que requiere aquel tema el cual a la única que terminara afectando en sobre manera sera a ella.
— ¿Te estas rindiendo? — pregunto y veo como un suspiro sale de entre sus labios rosas
— Honestamente, a veces no sé si quiero seguir participando en este proyecto, Adrien. A ver, me encanta trabajar con Nathaniel, es muy bueno en lo que hace y cuando no esta Lila presente es muy accesible, pero viendo las cosas como están, sera muy difícil continuar trabajado en paz si comparto mi opinión respecto a cada decisión que toman. — Se encoge de hombros, pensativa — Pienso que con solo la mención de mi nombre puedo obtener alguna mirada de alguien de alguna Firma de Diseño — Sonríe pero se que esa sonrisa es totalmente fingida, la miro con el ceño fruncido ya que esa expresión la he visto durante años, en el espejo de la mansión de mi padre... ella se esta subestimándose a sí misma —. Encontrare a alguien que le gusten mis diseños — me lanza un guiño y trata de sonreír con sinceridad, acto que termina irremediablemente en fracaso. Largo un suspiro. No se como ayudarla, quiero que se encuentre emocionada con esta oportunidad pero cada vez que nos vemos y hablamos de ello, esta mas y mas desanimada. Solo puedo intentar hacerla reír.
—Bueno, sin duda tienes las caderas para ser tu la modelo del diseño que me mostraste, ¿Porque no trabajas a espaldas de estos dos ineptos y te presentas ahí siendo todo una IdolMaster?.— Ella niega con la cabeza y resopla mientras me lanza un golpe suave al hombro
— Pervertido. — dice entre risas cuando comienzo a escanearla de arriba a bajo — ¿Porque no solo admites que quieres verme desnuda?— Sonrió.
— Oye, solo estoy afirmando un hecho. Tus caderas son fantásticas. No sé por qué no les sacas más partido junto con tus largas piernas. Ya sabes, podrías incluir unas cuantos faldas aun mas cortas que la que usas para el trabajo en tu armario — Un rubor rosado aparece en sus mejillas. Me encanta lo rápido que pasa de atrevida y descarada a tímida e inocente. La observo con detenimiento y me doy cuenta de que la intereccion intima que tenemos Marinette y yo podria ser un problema para el objetivo que tenemos el sábado. — Por cierto, no puedes hacer eso el día de la fiesta de Ivan —le informo cruzándome de brazos, ella me mira intrigada enarcando una de sus finas cejas.
—¿El qué? ¿Usar falda? —dice en tono burlón, ruedo los ojos antes de contestarle
—No, de hecho, usar falda seria muy prometedor, pero no estoy hablando de eso, hablo respecto a como te pones como un tomate cada vez que te hago un comentario lascivo. — Marinette arquea su ceja aun mas, veo como la furia comienza a destilar por sus iris azules.
—¿Cuántos comentarios lascivos pretendes hacer? — Sonrío ante su interrogante.
—Depende de lo que beba. — Ella deja escapar un suspiro de exasperación y un mechón de pelo oscuro se suelta de su moño desarreglado y cae sobre su frente. Sin pensarlo, acerco la mano y le meto el mechón detrás de la oreja. Que sus hombros se tensen de forma inmediata hace que mis labios se frunzan; bajo la mano de forma lenta mientras comienzo a hablarle mas cerca.
—No puedes hacer eso. Quedarte congelada cuando te toco. — Sus ojos muestran alarma al verme cada vez mas cerca de su persona, mientras, mi mano baja suavemente por su hombro desnudo, cortesía de su blusa negra sin mangas.
— ¿Por qué tendrías que tocarme el sábado como lo estas haciendo ahora? —
— Pues porque se supone que soy tu cita. ¿No me conoces o qué? Me encanta estar dando mimos. — mi mano desciende un poco mas acariciando su brazo hasta que llego a su codo y no puedo tocarla mas a partir de ahí ya que se vería raro. Me aparto un poco y ella me mira divertida
—Bueno, pues el sábado puedes dejar tus manos quietas —dice remilgadamente.
—Un maravilloso plan. Y entonces El chico de tus sueños pensará que solo somos amigos. O enemigos, dependiendo de lo nerviosa que te pongas. — Veo como se remueve incomoda al escuchar como llamo a Luka, se muerde el labio, y su visible nerviosismo solo consigue que me meta más con ella.— ¡Ah! Y también puede ser que te bese. — Ahora es ella la que me mira fijamente.
—Ni loca. — dice indignada al tiempo que se cruza de brazos.
— ¿Quieres o no quieres que Couffaine piense que te gusto? Porque si eso es lo que quieres, al menos tendrás que intentar actuar como si te gustase. — ella retuerce la tela de sus amplios pantalones negros.
—Eso va a resultarme difícil —dice con una sonrisa traviesa.
—Mentira. Te gusto un montón. — Resopla mientras se gira para no tenerme de frente. Me rio de su actuar.
—Me encanta ese resoplido tuyo —le digo con sinceridad mientras recargo mi mejilla derecha en la palma de mi mano — La verdad es que me pone un poco cachondo — le lanzo un guiño y veo como sus pecosas mejillas se llenan de color. Hay una pelea interna en Marinette y cuando parece ser que ha vencido se gira hacia a mi, toda avergonzada y me dice:
—¿Quieres parar de una vez? —se queja con las mejillas encendidas — Luka no está en tu habitación ahora; puedes guardarte el coqueteo para el sábado. —
—Estoy intentando conseguir que te acostumbres. —Hago una pausa como si estuviera reflexionando sobre algo, pero en realidad es que me encanta hacer enojar a Marinette—. La verdad es que, cuanto más lo pienso, más me pregunto si deberíamos calentar. — Veo como sus ojos color zafiro se abren desmesuramente.
—¿Calentar? ¿Qué mierda significa eso? — Grita, ladeo mi cabeza con curiosidad.
—¿Qué crees que tengo que hacer antes de una restauración, Mousinette? ¿Crees que simplemente me siento en mi escritorio y comienzo a dar pinceladas locas por donde sea? Por supuesto que no. Practico mi pincelada cuantas veces pueda en la semana; investigo del autor y hasta replico su pincelada, las veces que sean necesarias; veo vídeos de la historia de la obra y de alguna otra restauración que le hayan realizado, me planteo la mejor manera de abordar la restauración. Piensa en toda la preparación que conlleva el meter mano en una obra artística. —
—Esto no es una obra artística, Adrien —dice ella con enfado—. Es una cita falsa. — Eleva las manos al cielo y suelto una risita ante su actitud.
— Pero para el chico de tus sueño tiene que parecer real.— digo mientras me miro las uñas, en un claro acto para quitarle importancia a la conversación.
—¿Podrías dejar de llamarlo así? — No, no tengo ninguna intención de parar. Me gusta cómo la cabrea. Es más, me gusta molestarla y punto. Hago evidente mis intenciones y ella resopla una vez mas. Cada vez que Marinette se ha enfadado conmigo, veo como sus ojos azules resplandecen y sus mejillas se tornan de un color rosa superbonito, el toque de aquella expresión son sus pecas y la coloración que su pequeña y respingada nariz toma. Es como si estuviera resfriada y se ve súper bella.
— No — Respondo con una inclinación de cabeza— Acéptalo. Si, voy a tocarte y, si, voy a besarte el sábado, creo que es imprescindible que ensayemos. — Me vuelvo a lamer los labios y le lanzo una mirada lasciva. Ella rueda los ojos.— De forma meticulosa.— finalizo.
—Sinceramente, me es imposible saber si me estás tomando el pelo o no. — Exhala un suspiro cansado— En fin, no voy a dejar que me toques o que me beses, así que borra todas esas ideas sucias de tu cabeza. Si quieres un poco de acción, llama a Colette. — Noto cierto resentimiento en su tono de hablar pero decido ignorarlo.
— Sí, ya, eso no va a suceder.— me estiro sobre la cama hasta acostarme entre todas las almohadas que tengo, Marinette me mira curiosa ante mi respuesta.
—¿Por qué no? Parecía gustarte mucho el otro día que los encontré. — Hay algo de frialdad en su tono de voz. Le lanzo una mirada seria.
—Fue un encuentro de una sola vez. Y deja de intentar cambiar de tema. —Sonrío mientras me acomodo en mi lugar y me acerco un poco mas ella — ¿Por qué no quieres besarme? — Entrecierro mis ojos cuando vuelve a ponerse colorada de la cara — Oh, mierda. Solo hay una explicación posible. —Hago una pausa dramática — Besas mal. — Marinette abre la boca indignada ante mi comentario. Se acerca a mi con intenciones de intimidarme, cosa que no funciona.
—Ni remotamente beso mal. — Dice.
—¿En serio? —Mi tono de voz es ahora más grave, seductor. Una vez mas, me acerco a ella —Demuéstramelo. —
•Marinette•
Estoy a escasos centímetros del cuerpo del modelo mas codiciado de la Universidad, y siento que algo esta totalmente fuera de lugar, ¡Oh! ¡Si! ya se que es; es justamente el hecho de que estoy con él en su habitación y Adrien no deja de insistir en que nos besuquemos para practicar la falsa cita que tendremos el sábado. Siento como si me estuvieran tomando el pelo o como si hubiera vuelto al instituto donde te retan solo para que pongas tus labios en el chico que menos te gusta para que se diviertan a costa tuya.
Le lanzo una mirada envenenada al rubio frente a mi.
—No tengo que demostrar absolutamente nada —le informo—. Resulta que beso estupendamente bien. Lamentablemente, nunca llegarás a saberlo. — Adrien ríe y mueve las cejas sugerentemente
— ¿Nunca? —pregunta mirándome con ojos de cachorro a medio morir, tuerzo los ojos de ver sus intentos de convencerme.
— Nunca, mis habilidades como besadora no las sabrás jamás. — El rubio junto a mi larga un suspiro.
— Ok, entiendo. Estás intimidada por mi potente masculinidad. Anímate, me pasa todo el tiempo. — Dios mio. Todavía recuerdo aquellos días —hace una semana— en los que Adrien Agreste no formaba parte de mi vida. Aquellos días en los que no tenía que escuchar sus arrogantes comentarios, ni ver sus sonrisas pícaras, ni verme arrastrada a una batalla de coqueteo por la que no tengo ningún interés. Pero Adrien resulta ser muy, muy bueno en una cosa en particular: desafiar.— El miedo forma parte de la vida — dice con solemnidad — No permitas que eso te desanime, Mousintte. Todo el mundo lo experimenta. —Se inclina hacia atrás sobre sus codos, recargándose sobre las almohadas a sus espaldas, le miro divertida por cada uno de los comentarios egolatras que ha lanzado — Pero te diré algo, eres libre. Si estás demasiado asustada como para besarme, no voy a obligarte. — una vez mas veo como se mira las uñas desinteresamente, y de forma inevitable mi mente presta mas atención a aquella palabra que ha ocupado en su argumento.
—¿Asustada? —le digo enojada — No tengo miedo, idiota. Es solo que no quiero. ¿Que no lo entiendes? — Otro suspiro se escapa de su pecho y me mira de soslayo.
—Vale, entonces creo que lo que tenemos aquí es un problema de confianza en ti misma. No te preocupes, hay un montón de gente que besa mal en este mundo, querida. Estoy seguro de que con práctica y perseverancia, algún día podrás… — mientras escucho como el modelo habla y me señala conmiserativo siento como la furia crece en mi interior, un impulso de rabia y unas enormes ganas de callarle la boca me abruman desde lo mas recóndito de mi ser.
—De acuerdo — le interrumpo antes de que mi yo lógico me haga cambiar de opinión —. Hagámoslo. — Su boca se cierra de golpe y sus ojos se abren como platos por la sorpresa. ¡Ajá!. Así que no esperaba que aceptase el reto. Nos miramos fijamente el uno al otro durante una eternidad. Está esperando a que yo dé marcha atrás, lo se, pero estoy convencida de que puedo ganarle en la espera. Es posible que sea infantil por mi parte, pero Adrien ya se ha salido con la suya con el tema de las clases particulares. Esta vez la que se llevara la victoria seré yo.
Pero una vez más, le he subestimado. Sus ojos verdes se oscurecen al punto de que se vuelven luminosos, veo como pasan a un tono brillante, casi metálico, como el neón, y de repente hay calor en su mirada. Calor y un destello de confianza en sí mismo: está convencido de que no voy a llegar hasta el final. Detecto esa seguridad en el tono despectivo que usa cuando por fin habla:
— Muy bien, pues enséñame lo que tienes que ofrecer. — Vacilo cuando se mueve y se acomoda en su posición, para estar mas cerca de mi, mas cómodo. Joder. No puede ir en serio. Y yo no puedo estar, de verdad, planteándome esta locura de reto. No me siento atraída por Adrien y no quiero darle un beso.
Fin de la historia.
Aunque…, bueno, no da la impresión de ser el fin de nada. Mi cuerpo está como envuelto en llamas y mis manos tiemblan, pero no de los nervios, sino de anticipación. Cuando me imagino su boca contra la mía, mi corazón se acelera y va más rápido que un tema de drum and bass.
¿Qué narices pasa conmigo? ¿Porque estoy aquí planteándome unir mis labios con los de Adrien Agreste?
Adrien se acerca unos centímetros mas. Nuestros muslos se tocan y, o bien estoy teniendo alucinaciones, o puedo ver perfectamente cómo le palpita el pulso en el centro de su garganta. No puede ser que él quiera esto, ¿verdad?
El sudor de mis manos aumenta, pero me resisto a limpiarlas en mis pantalones tipo culotte porque no quiero que sepa lo nerviosa que estoy. Soy totalmente consciente del calor que irradia de su muslo cubierto por los jeans color azul, del tenue aroma a menta que irradia su playera negra, de la leve curva de la comisura de su boca mientras espera mi próximo movimiento…
—Vamos — dice en tono de burla — No tenemos toda la noche, Mou-si-ne-tte. — Ahora estoy cabreada. A la mierda. No es más que un beso, ¿no? Ni siquiera me tiene que gustar. Hacerle cerrar esa boca de ensueño será suficiente recompensa.
Arqueo una ceja y acerco la mano para tocarle la mejilla. Noto como su aliento, su respiración, cambia abruptamente y ahora lo que percibo son jadeos. Paso mi pulgar sobre su mandíbula, deteniéndome ahí, esperando a ver si me aparta, llevo mi mirada a la suya y el calor que vi en sus iris hace unos momentos se ha intensificado. Cuando veo que no me aleja, voy acercando poco a poco mi boca a la suya.
En el preciso momento en el que nuestros labios se encuentran, sucede algo superextraño.
Oleadas intermitentes de calor se despliegan en mi interior: empiezan en mi boca y se propagan por todo mi cuerpo, provocando un hormigueo en la punta de mis dedos, en mis pezones y antes de dirigirse ahí abajo se concentran en mi vientre. Su boca sabe a hierbabuena y el sabor mentolado impregna mis papilas gustativas. Mis labios se mueven por voluntad propia y Adrien lo aprovecha al máximo deslizando su lengua dentro de mi boca. Cuando mi lengua se enreda con la suya, él emite un gruñido grave desde la parte posterior de su garganta; un sonido erótico que vibra atravesando todo mi cuerpo y que inevitablemente me hace soltar un suave gemido que es recibido con una sutil sonrisa en los labios del rubio.
De repente, una sacudida de pánico me golpea y me hace romper el beso. Reprimo un suspiro agitado cuando me separo de Adrien.
—Ya está. ¿Qué tal ha estado? — Estoy intentando no parecer afectada por lo que acaba de pasar, pero el ligero temblor de mi voz me traiciona. Los ojos de Adrien están como derretidos y tiene una expresión casi soñadora en el rostro; no me había dado cuenta, pero su mano derecha se encuentra sobre mi mejilla izquierda, reteniendome muy cerca de él.
Le veo observarme detenidamente, inclina un poco su rostro a la izquierda y lentamente comienza a acercarse a mi de nuevo.
— No estoy seguro. No ha sido lo suficientemente largo como para que pueda juzgar correctamente. Necesitaré más para continuar. — Sus grandes manos rodean mis mejillas. Eso debería ser el gesto clave para salir de ahí. Pero en lugar de escapar, me inclino a por otro beso.
Y es tan sorprendente mente increíble como el primero.
Cuando su lengua se escurre sobre la mía, acaricio su mejilla y… Dios Mio, gran error. La sensación suave de su barba en la palma de mi mano intensifica el placer que ya está causando estragos en mi cuerpo. Su cara es fuerte y masculina y… sexy, y su absoluta virilidad desencadena otro estallido de necesidad en mí. Necesito más. No esperaba eso pero, mierda, necesito más. Con un gemido de angustia, ladeo mi cabeza para que el beso sea más profundo y mi lengua explora con ansia su boca. No, no es ansia, es hambre. Tengo hambre de él.
Con ahincó me pego mas a su cuerpo y esta vez nuestras piernas están enredadas entre si, mis manos se afianzan a su cuello con fuerza y solemnidad.
Adrien pasa sus dedos entre mis cabellos hasta llegar a mi nuca y me empuja hacia él, para acercarme; un fuerte brazo rodea mi cintura para que no pueda moverme e inevitablemente me acerca mas a su persona. Mis pechos están aplastados contra su pecho, duro como una piedra, y puedo sentir el desenfrenado golpeteo de su corazón.
Su excitación coincide con la mía. El gemido ronco y áspero que deja escapar me hace cosquillas en los labios y hace que mi pulso se eleve aun mas. Algo me pasa. No puedo dejar de besarle. Adrien es demasiado adictivo. Y a pesar de que he podido comenzar llevando las riendas, ya no tengo ningún control.
La boca de Adrien se mueve sobre la mía con una habilidad y confianza que roba el aliento de mis pulmones. Cuando me mordisquea el labio inferior, mis pezones responden con un tirón, y aprieto una mano contra su nuca para anclarme mas en su boca; siento que si no me sostengo de algo terminare por salir flotando en una nube de placer que me llevara a la deriva.
Los ardiente labios de Adrien dejan los míos y recorren mi mandíbula, se sumergen hasta mi cuello en donde siembra besos con la boca abierta que dejan escalofríos a su paso. Ahí donde me ha besado siento la frescura ocasionada por la saliva que ha dejado a su paso. Oigo un quejido torturado y me sorprende descubrir que viene de mí. Estoy desesperada por sentir su boca en la mía de nuevo. Cierro mi mano sobre sus cabellos color oro para tirar de él y forzarlo a que regrese donde yo lo quiero, en mi boca con su lengua unida a la mía. Todo lo que puedo hacer es empujar su cabeza hacia arriba, lo que provoca una pequeña risa por su parte, la cual me hace cosquillas en la oreja
—¿Es esto lo que quieres? —dice con voz ronca y a continuación sus labios encuentran los míos una vez mas y mete su prodigiosa lengua otra vez en mi boca. Suspiro con satisfacción antes de hundirme en un nuevo beso apasionado con Adrien Agreste. Un gemido sale de mi garganta en el momento exacto en el que se abre la puerta de la habitación.
— Eh, Adrien, necesito que me prestes… — Kim se detiene en su lugar, con una mano en el picaporte y un pie dentro de la pieza de Adrien. Con un chillido de horror, separo mi boca de la del rubio y salgo disparada de la cama hasta ponerme de pie y chocar contra el escritorio. Miro horrorizada la escena frente a mi. —Uy. No quería interrumpir. — La sonrisa de Kim le ocupa toda la cara y sus centelleantes ojos color ámbar hacen que mis mejillas ardan. Vuelvo a la realidad más rápido que un cohete. Mierda. Me acaban de encontrar besándome apasionadamente con Adrien Agreste.
¡Y me lo estaba pasando genial!.
—No interrumpes —suelto apresurada. A Kim parece estar costándole reprimir la risa.
— ¿No? Porque sin duda parecía que sí. — A pesar del apretado nudo de vergüenza que me oprime la garganta, me obligo a mirar a Adrien y en silencio le suplico ayuda, pero su expresión me pilla desprevenida: profunda intensidad y un poco de enfado, pero este último va dirigido a Kim. También veo en él algo parecido a la fascinación, como si no se pudiese creer lo que él y yo acabamos de hacer.
Yo tampoco puedo creerlo.
—Así que esto es lo que hacen cuando están aquí arriba —dice la estrella de Atletismo arrastrando las palabras—. "Clases particulares" intensivas y profundas—. Entrecomilla con las manos las primeras dos palabras, riendo de satisfacción. Sus bromas me fastidian y me hacen sentir un malestar en la boca del estomago. Estoy totalmente atrapada ya que no quiero que piense que Adrien y yo estamos… teniendo un romance. Que nos hemos estado acostando durante la semana pasada a espaldas de los demás. Y eso significa que tengo que cortar sus sospechas de raíz. Lo antes posible.
—En realidad Adrien me estaba ayudando a poner al día mis habilidades como "besadora" —le digo a Kim en el tono más casual que soy capaz de conseguir. Llegados a este punto, decir la verdad es mucho menos humillante que dejar que su imaginación corra como un caballo salvaje, pero la confesión suena bastante absurda cuando la digo en voz alta. Sí, aquí estoy, perfeccionando mis habilidades de "besadora" con el modelo mas codiciado de toda Francia. No es para tanto. Kim dice entre risas.
—¿En serio? — se recarga en el marco de la puerta y me mira divertido.
—Sí —le digo con firmeza—. Tengo una cita pronto y tu amigo querido piensa que no se me da bien. Créeme, no nos gustamos ni tenemos algo mas allá de alumno-profe. Para nada. — Rió nerviosa antes de fijarme en que Adrien todavía no ha dicho ni una sola palabra y me dirijo a él buscando su confirmación—. ¿Verdad, Agreste? —pregunto sin rodeos. Se aclara la garganta, pero su voz todavía sigue superronca cuando habla.
— Verdad.—
—De acuerdo… — Los ojos del atleta brillan con fascinación — En ese caso, acepto el reto, muñeca. Muéstrame cómo lo haces.— Parpadeo sorprendida. Poco a poco me doy cuenta de lo que me ha dicho.
—¡¿Qué?! — grito.
—Si un médico te dijera que te quedan diez días de vida, buscarías una segunda opinión, ¿no? Bueno, pues si te preocupan tus habilidades como besardora, no puedes solo aceptar lo que diga Adrien. Necesitas una segunda opinión. —Sus cejas se levantan indulgentes — Vamos a ver qué ofreces. —
—Deja de comportarte como un patán —murmura Adrien.
—No, no, tiene sentido lo que dice —respondo con torpeza y mi cerebro grita: ¡¿CÓMO?! ¡¿Que tiene sentido lo que dice?! Según parece, los impresionantes besos de Adrien Agreste me han vuelto loca. Me siento en shock y confundida, pero sobre todo, estoy preocupada. Preocupada de que Adrien sepa que… ¿qué? ¿Que nunca antes un beso me había puesto tan cachonda? ¿Que me ha fascinado cada segundo? Sí, y sí. Eso es precisamente lo que no quiero que sepa. Así que camino en dirección a Kim con decisión.
—Dame una segunda opinión. — Él parece atónito por un segundo, justo antes de mostrar otra sonrisa. Se frota las manos y a continuación hace algunos estiramientos, casi como si se estuviera preparando para una carrera de la Universidad. Ese gesto ridículo me hace reír. Cuando llego a él, su bravuconería se tambalea.
— Estaba bromeando, Mousi. No tienes que…— Le hago callar poniéndome de puntillas y apretando mi boca contra la suya. Sí, esa soy yo, otra universitaria más besando a un chico después de otro. Esta vez, no hay calor. Ni hormigueo. No hay una sensación de desesperación abrumadora. Besar a Kim no tiene nada que ver con besar a Adrien, pero Kim parece estar disfrutando del beso, porque deja escapar un gemido cuando abro mis labios. Su lengua intenta entra en mi boca justo antes de que de un paso atrás y ponga mi cara más indiferente.
— ¿Y bien? —suelto. Sus ojos están completamente vidriosos.
—Eh. —Se aclara la garganta—. Eh… sí…, no creo que tengas nada de lo quepreocuparte. — Está tan aturdido que no puedo evitar sonreír, pero mi humor desaparece cuando me giro y veo a Adrien levantándose de la cama, con su cincelado rostro más oscuro que una noche en el mar.
— Marinette —dice con brusquedad al tiempo que da un paso en mi dirección. Pero no puedo escuchar el resto, no quiero en realidad. No quiero pensar en ese beso más tiempo por hoy y tampoco quiero estar con él en este momento. El mero recuerdo hace que mi cabeza dé vueltas y que mi corazón se acelere. Noto también aquella sensación en las manos que me hace querer mas, querer tocar al rubio y volvernos a unir en un beso aun mas descarado que los anteriores.
—Buena suerte en el examen del viernes, Adrien. —Las palabras salen apresuradas en un rápido chorro de nerviosismo—. Me tengo que ir ya, pero me cuentas qué tal te ha ido, ¿vale? — Y a continuación, recojo rápidamente mis cosas y salgo a toda velocidad de la habitación sin voltear atrás y sin poder mirar una vez mas a cualquiera de los chicos del lugar, sobre todo al rubio.
...
—Así que has perdido una apuesta —dice Alya dubitativa mientras me observa desde el marco de la puerta de mi habitación.
—Sí. —Me siento en el borde de la cama y me inclino para cerrar la cremallera de mi bota izquierda, evitando deliberadamente la mirada de mi compañera de piso; con nerviosismo escaneo la habitación buscando mi jersey azul claro.
— Y ahora tienes una cita con él.—
—Ajá. — Antes de levantarme para tomar la prenda froto uno de los laterales de la bota que me acabo de poner con mi dedo pulgar como si estuviera limpiando una mancha de la piel.
—Una cita con Adrien Agreste. — Dice, esta vez con un tono de escepticismo impreso en su voz.
—En efecto —
— ¿Me estás jugando un broma, Mari?. — Cuando aquellas palabras salen de la boca de mi amiga tuerzo el gesto y evito mirarla sumergiendo mi cara entre la ropa de mi armario. Por supuesto que no estoy jugandole una broma. ¿Una cita con Adrien Agreste? Se que es tan sorprendente como inimaginable.
Bien, podría también haber anunciado que me voy a casar con Chris Hemsworth y quizá todos habrían reaccionado igual. Así que no, no culpo a Alya por su estupefacción. Haber perdido una apuesta era la mejor excusa que se me había ocurrido y aun así es bastante floja. Ahora tengo la duda de si debería confesarle a mi amiga lo de Luka o no.
O mejor aún, me pregunto si debo cancelar la cita por completo. No he visto a Adrien desde… el gran error… como llamo ahora a aquellos besos. — estupendos besos— Ayer me envió un mensaje después de su examen de recuperación. Cinco miserables palabras:
— Pan comido, masticado y digerido.
No voy a mentir, me puse supercontenta al saber que todo había ido bien, pero no lo suficientemente contenta como para empezar una conversación de verdad. Decidí contestar con un simple: Enhorabuena. Ese era el único contacto que habíamos tenido hasta hace veinte minutos, cuando me envió un mensaje, para decirme que venía de camino a la residencia para recogerme e ir la fiesta. Por lo que a mí respecta, esos besos nunca existieron. Nuestros labios no se tocaron y mi cuerpo no se estremeció. Él no gimió cuando mi lengua llenó su boca, y yo no gemí cuando sus labios chocaron contra ese punto sensible de mi cuello. No pasó nada de eso.
Pero…, vale, si no fue así, entonces no hay razón para que me eche atrás con lo de la fiesta ahora, ¿verdad? Porque no importa lo confundida y afectada que me hayan dejado ese par de bes… el gran error; sigo muriéndome de ganas de tener la oportunidad de ver a Luka fuera de clase. Aun así, no me atrevo a contarle la verdad a Alya. Normalmente me siento tan segura en otras áreas de mi vida: el diseño, mis deberes, mis amigos… Pero cuando se trata de las relaciones con los chicos, vuelvo a ser la chica inocente, la chica fácil de engañar. Sé que si Alya supiera que he estado usando a Adrien para llegar a Luka lo desaprobaría por completo, y ahora mismo no estoy de humor para aguantar ningún sermón.
—Créeme, "jugar bromas" es el segundo apellido compuesto de Adrien Agreste—digo cortante — El hombre afronta la vida como si fuese inmortal. —
—Y tú, Marinette Dupain-Cheng, ¿estás haciéndolo también? —Niega con la cabeza, incrédula — ¿Estás segura de que no te gusta nada ese chico? —
—¿Adrien? ¡Qué cosas dices, Alya! —contesto de inmediato y aparto la mirada de mi amiga una vez mas al tiempo que me enfundo en mi jersey. No, yo no he tenido nada con Adrien. Simplemente acepté un reto.
Y disfrute de cada segundo que tuvimos juntos en aquel reto.
Largo un suspiro; SÍ, sentí algo cuando nos besamos y no he dejado de pensar en ello desde que salí de su habitación, incluso me he dormido pensado en aquellos besos apasionados que nos dimos. No dejo de preguntarme, ese hormigueo que Luka provoca en mí cuando lo mire por primera vez... ¿Lo sentí la otra noche con Adrien? o es acaso que... ¿Sentí aun mas de lo que Luka a hecho que sienta?.
Aunque he de admitir que son hormigueos diferentes. Las mariposas se quedaron flotando en mi vientre cuando converse con Luka… Con Adrien se escaparon y revolotearon por todo mi interior, haciendo que cada centímetro de mi cuerpo palpitara de placer. Pero eso no significa nada. Adrien Agreste en este corto tiempo que lo conozco, he de admitir, ha pasado de ser un completo desconocido a ser un amigo que aun estoy conociendo, y es justo esto último lo máximo que estoy dispuesta a llegar con él. No quiero salir con él, no me importa lo genial que bese y lo mucho que me haya hecho vibrar y desear mas.
Antes de que Alya pueda seguir interrogándome, me llega un mensaje del rubio informándome de que ya está aquí. Mi intención es decirle que espere en el coche, pero creo que tenemos diferentes formas de entender la palabra aquí, porque un segundo después un fuerte golpe resuena en nuestra puerta. Suspiro.
— Es Adrien. ¿Le puedes abrir? Todavía tengo que recogerme el pelo. — Alya sonríe y desaparece. Mientras me paso el cepillo por mis cabellos negro azulados, oigo voces en el salón compartido, seguidas de una voz protestando. A continuación unos pesados pasos se dirigen hacia mi dormitorio. Adrien aparece por la puerta vestido con pantalones jogger color gris oscuro y un jersey negro. Entonces sucede algo terrible. Mi corazón se convierte en una orca y da una absurda pirueta de la emoción. Sí, emoción. Carajo.
Dios, ese beso me ha aturdido la cabeza por completo. Verlo ahi, parado frente a mi con su cabello perfectamente arreglado, con su ropa de diseñador y su expresión escrutadora hace que me tiemblen las rodillas y eso me esta desesperando completamente.
Concéntrate Marinette.
Adrien analiza mi ropa desde su lugar, se ha quedado parado justo en el umbral de la puerta y puedo ver a Alya a sus espaldas mirarnos sin entender nada de lo que ocurre. Cuando vuelvo a fijar mi mirada en el rubio me percato de su ceño fruncido y de como levanta una ceja un tanto escéptico.
— ¿Eso es lo que te vas a poner? — espeta cruzando sus brazos sobre su pecho.
—Sí — Adrien es la primer persona que conozco que hace que mi corazón lata a mil por hora y que me enfade en dos segundos; cuando respondo me cruzo de igual manera de brazos, el suelta una risita — ¿Tienes algún problema con mi look? — Gira la cabeza hacia un lado como si fuera el mismísimo Gabriel Agreste juzgando a las modelos de las pasarelas a las que he visto que asiste. Hasta ese momento es que me doy cuenta de lo parecidos que son y algo en mi interior salta ante la enorme aura de virilidad que justo en ese instante soy consciente al ver al rubio frente a mi.
Algo me dice que me acabo de sonrojar.
— Estoy totalmente a favor de las botas con plataforma, te dan un toque rudo y misterioso, con la ropa adecuada, claro — Adrien me lanza un guiño — pero esos pantalones oversize trousers no combinan... y la parte de arriba tiene que ir fuera. — Examino mi jersey holgado azul claro y mis pálidos pantalones, sinceramente no veo cuál es el problema en aquella combinación.
—¿Qué hay de malo con mi ropa?— pregunto.
— Demasiado holgado. Pensé que ya habíamos hablado de que tienes que lucir más tus caderas y piernas kilometricas. — Una tos estrangulada proviene de detrás de Adrien, le lanzo una mirada envenenada a la pelirroja.
—¿Piernas kilométricas? —repite Alya entrando en la habitación. y sentándose en el pequeño sillón individual que tengo junto al armario.
—No le hagas caso —le digo rodando los ojos— Es un pervertido. —
—No, soy un chico —corrige Adrien para después hacer florecer su sonrisa patentada—. Quiero ver mas piel, Mousinette. — siento como mi cara se llena de calor y estoy segura que me he sonrojado; de nuevo, me giro una vez mas al armario, esta vez ocultándome de ambos para que no noten lo afectada que puedo estar con la presencia del rubio.
—Me gusta mi jersey —protesto un par de segundos después. Adrien mira a Alya.
— Hola oficialmente, Alya. Soy Adrien. ¿Cómo has estado? — el modelo se acerca a mi amiga y se sitúa a su lado, la pelirroja sonríe y le hace una seña con la mano a modo de saludo.
— Coincidencia que tengas una cita con mi compañera de piso, Adrien. Ya sabes, soy su mejor amiga y no me gustaría crear conflictos, si sabes a lo que me refiero — no puedo evitar golpearme la frente ante la conversación que se esta desarrollando en mi alcoba; noto como Adrien sonríe y choca su cadera con el hombro de mi amiga.
— Ningún conflicto, Mousinette y yo somos... compatibles — ante tal comentario del rubio mi estúpido corazón brinca de alegría, algo que me cabrea en sobre manera. Muevo la cabeza de un lado a otro antes de girarme de nuevo hacia el par de chicos que invaden mi habitación — Ahora ¿puedes decirle a tu mejor amiga que parece la perdedora de un concurso de disfraces de marinero? — Alya se ríe, y, para mi estupefacción ¡Judas!, está de acuerdo con él.
—No estaría mal si llevaras algo más ceñido —dice con delicadeza antes de brincar hacia mi armario y comenzar a hurgar en él. Frunzo el ceño en su dirección observándola para que sienta mi ira penetrando en cada poro expuesto a mi vista. Adrien sonríe de oreja a oreja.
—¿Lo ves? Estamos todos de acuerdo. Todo o nada, Mousinette. Hay que arriesgar. — La mirada de Alya va de mí a Adrien, y sé exactamente lo que está pensando. Pero se equivoca. No estamos el uno por el otro, y desde luego no estamos saliendo. Pero supongo que es mejor que piense eso a que sepa que tengo esta cita con él para impresionar a otro chico. Agreste se dirige a mi armario como si fuese suyo y se sitúa a lado de mi amiga. Ambos están moviendo toda mi ropa, veo como el rubio modelo mete la cabeza en el oscuro interior del closet y Alya saca justo en ese momento su cabeza pelirroja y me lanza una sonrisa traviesa. Parece estar pasándoselo singular con todo
esto. Adrien va pasando percha por percha analizando toda mi ropa y saca un top crop totalmente negro.
— ¿Qué tal este? —
— Demasiado frió el día de hoy y, ¡Ah, si! Se transparenta. — le arrebato de las manos la prenda y Adrien ríe ante mi actuar
—Entonces, ¿para qué lo tienes aquí? — Buena pregunta. Veo como se encoge de hombros y se gira de nuevo hacia mi armario, segundos después lo veo sostener otra percha, esta vez es un jersey fino de color rojo con un pronunciado escote en la espalda.
— Este —dice mientras asiente—. El rojo te sienta genial. — Las cejas de Alya golpean el techo y yo maldigo a Adrien por poner todas estas ideas innecesarias en la cabeza de mi amiga. Pero al mismo tiempo, noto que mi corazón está más caliente y empieza a derretirse porque… ¡¿Adrien Agreste piensa que el rojo me sienta genial?! Es decir, ¿se ha estado fijando en la ropa que me he ido poniendo? El rubio me lanza el jersey y tengo que atraparlo en el aire. Una vez mas se gira a mi closet y esta vez saca un pantalón negro de lo mas ajustado y me lo avienta. Lo cacho en el aire tal cual lo hice con el jersey.
—Venga, cámbiate. Queremos llegar tarde estilo glamuroso, no estilo somos-unosinoportunos. — Adrien me lanza un guiño y escucho a Alya reírse. Miro fijamente a los dos con las prendas entre mis manos.
— ¿Podría, por favor, tener un poquito de privacidad? — O bien los dos no se han percatado de mi enfado, o bien han decidido ignorarlo, porque les oigo charlar animosamente mientras se dirigen hacia el salón. Sospecho que Alya le está interrogando sobre nuestra cita, y yo rezo porque Adrien se apegue a la historia de la apuesta. Cuando su risa ronca flota hasta mi dormitorio, un escalofrío involuntario me atraviesa la columna vertebral. ¡¿Qué me está pasando?! Estoy perdiendo de vista qué es lo que quiero. No. Mejor dicho a quien quiero. Luka. Luka Couffaine. ¡Joder! No debería andar besando a Adrien o ansiando volver a besarle o siquiera estremesiendome porque escucho su risa a lo lejos, tampoco debería distraerme con esta extraña oleada de calor que se desata dentro de mí cada que le pienso. Es hora de centrarme de una vez y recordar por qué accedí a llevar a cabo esta farsa en primer lugar.
A partir de YA.
•Adrien•
Iván Bruel vive fuera del campus con cuatro de sus compañeros de Facultad, entre ellos esta su novia, Mylène Haprèle. Su casa está solo a unas pocas calles de la mía, pero es muuuuucho más grande, y está llena hasta mas no poder cuando Marinette y yo entramos por la puerta. Un ensordecedor tema de Stereo Total sale de los altavoces, y varios cuerpos sudorosos y calientes nos empujan mientras nos adentramos más y más en la casa. Todo lo que huelo es alcohol, sudor y cigarro. Me doy palmaditas en la espalda a mí mismo por convencer a Marinette de que se cambiara de ropa al jersey rojo; le queda como un guante. El material es tan fino que define cada dulce curva de su pecho; y el escote de la espalda… ¡Ay, Dios Mio! me hace alucinar de solo ver esa piel suave, blanca y llena de pecas; como quisiera acariciarla. Sus caderas están súper ajustadas por el pantalón negro que la obligue a ponerse, y cada paso que da provoca una tensión en la tela que hace que mi entrepierna le haga una ovación. Las botas son el toque para todo su outfit ya que la hacen ver un poco mas alta y la plataforma que tienen provoca un efecto espectacular en sus piernas. Varias personas se acercan a saludarme y veo un montón de miradas curiosas que se dirigen a Marinette. Ella se mueve inquieta a mi lado; claramente se siente fuera de lugar. Mi pecho se ablanda como la mantequilla cuando veo la mirada de corderito en sus ojos. Le tomo la mano, lo que hace que su mirada vuele hasta la mía con sorpresa. Llevo mis labios a su oreja y le digo:
— Relax.— Inclinarme hacia ella ha sido un gran error, porque huele maravillosamente bien. Es esa familiar fragancia a moras, mezclada con un leve toque a vainilla y algo únicamente femenino. Se necesita una fuerza de voluntad de tigre para no meter la nariz en su cuello y olisquearla. O saborearla con mi lengua. Lamer y besar la carne caliente de su garganta hasta hacerla gemir.
Joder.
Me he metido en un buen problema. No me puedo quitar ese beso de la cabeza. Cada vez que el recuerdo flota en mi cerebro, mi pulso se acelera y mis testículos se tensan, lo único que quiero hacer es besarla otra vez, hasta hartarme. Sin embargo, este irresistible deseo va acompañado de una sensación de rechazo. Porque, claro, yo he sido el único al que ha afectado ese dichoso beso. Si Marinette hubiera sentido algo, incluso lo más mínimo, no le habría metido la lengua en la garganta a Kim dos segundos más tarde.
Gruño molesto ante el recuerdo. ¡Carajo!
Kim. Uno de mis mejores amigos y alguien que siente un interés por Marinette. ¿Porque tenia que ser él? ¿Porque al estúpido de mi amigo se le ocurrió entrar en aquel momento a mi pieza? Mi único consuelo es que ella no está aquí con él esta noche, No, es mi cita, y estamos aquí para darle celos a otro chico. ¿Por qué no ceder a la tentación de pasar mi lengua por su piel? Esta podría ser la única oportunidad que tenga. Así que le planto un beso suave y húmedo en el lateral del cuello antes de susurrar:
— Vas a ser el centro de atención esta noche, My Lady — le lanzo un guiño y noto como sus mejillas se tiñen de rosa — Sonríe y finge que estás disfrutando. — Le robo otro beso, esta vez en el borde de la mandíbula, muy, muy cerca de sus labios, y se le corta la respiración. Sus ojos se abren y, o es fruto de mi imaginación, o he visto un destello de calor en ellos. Antes de que pueda interpretar lo que estoy viendo, un compañero de clase de Nino nos interrumpe.
—¡Agreste! ¡Qué bueno verte, hombre! — Marc Anciel se mueve con torpeza hacia nosotros y me da un par de golpes en la espalda que provocan que todo mi cuerpo se sacuda. Tiene el tamaño promedio de una chica pero cuando le he visto bajo los efectos del alcohol es mas fuerte que Kim e Ivan juntos.
—Eh, Marc, hombre —digo antes de hacer un gesto hacia Marinette — ¿Conoces a Marinette? — Por un momento su mirada es inexpresiva, no se si por el alcohol en su sangre o la falta de interés en mi cita, pero a continuación sus ojos se abren en reconocimiento y su boca hace una O perfecta.
— ¿Marinette Dupain-Cheng?. — Pregunta antes de que la joven pecosa a mi lado de un asentimiento tímido — ¿Esa Marinette Dupain-Cheng? — Ella ladea la cabeza antes de responderle
— ¿Esa? — Marc se ríe como si se hubiese dado cuenta de algo súper absurdo.
— ¡Oh! Seguro que Nathaniel nunca habla de mi... soy Marc, compañero de piso de Nathaniel — El peli negro le sonríe a Marinette y le extiende una mano, ella le sonríe cortes
— Encantada de conocerte, Marc —
—¿Tenéis algo de beber en esta casa? —le pregunto a Marc acercándome mas a Marinette.
— Hay barriles de cerveza en la cocina. Y hay cosas más divertidas por ahí también.— Marc me guiña un ojo dándome a entender la de sustancias que circulan por la casa de Ivan, asiento antes de tomar la mano de la ojiazul a mi lado
— Genial. Gracias, hombre. Te veo en un rato. — Enredo mis dedos con los de Marinette y la llevo a la cocina, que está llena de un montón de chicos Punketos. No he visto a Ivan todavía, pero sé que en algún momento nos encontraremos con él. En cambio, la perspectiva de ver a Luka no me emociona mucho, sobre todo si nos lo encontramos en menos de 30 min, eso no me dejaría mucha atención de Marinette disponible. Largo un suspiro antes de tomar dos vasos de plástico de la torre que hay en la encimera de la cocina y me abro paso hasta uno de los barriles. Los chicos Punk protestan, pero cuando se dan cuenta de quién les está apartando, se separan ante mí como el Mar Rojo. Una ventaja de ser el famoso modelo de la Universidad. Sirvo dos cervezas y me alejo de la multitud; le doy un vaso a Marinette pero ella niega con la cabeza con total rotundidad.
Enarco una ceja ante su respuesta.
— Es una fiesta, Mousinette. Tomarte una triste cerveza no va a matarte.—
—No —dice con firmeza. Me encojo de hombros y tomo un sorbo de la cerveza aguada. Joder, la cerveza no podría ser peor, pero eso es algo probablemente positivo. Significa que no hay posibilidades de que me de una cruda con esta mierda, a no ser que me beba un barril entero yo solo. Cuando la cocina se vacía, Marinette se apoya en la encimera y suspira.
—Odio las fiestas —dice con aire sombrío antes de dar un brinco y con agilidad sentarse sobre la encimera. Yo sonrió ante su acto pero me intriga el comentario que ha hecho.
— ¿Tienes algo en contra de las fiestas? —le pregunto.
— No es que tenga algo en contra de cualquier fiesta, es solo que no he tenido muy buena experiencia con las de la Universidad — frunzo el ceño ante su respuesta, me acerco un poco mas ella, hasta colocarme justo frente a su persona.
— ¿Alguien te ha agredido? — pregunto. Ella tuerce los ojos.
— Si llamas agredir a un montón de mentiras, cortesía de Lila, si, lo han hecho — frunzo mas el ceño cuando termino de escucharla.
— Lila si que ha vivido para joderte, pero no permitas que realmente te joda lo que te hace o ha hecho, vamos... bebete una cerveza conmigo, te prometo que te divertirás — le lanzo un guiño con las ganas de hacerla reír, lo único que recibo es otra vez ver sus ojos puestos en blanco.
— No, Adrien, no me beberé una cerveza contigo... — veo como se muerde el labio inferior antes de que continué hablando — en lo que respecta a Lila, no quisiera que me arruinada esta u otras fiestas futuras, pero ya lo ha hecho, así que me portare como toda una mojigata, me da igual. — parece ser que mi perfecto rostro tendrá estragos de esta conversación, ya que no puedo dejar de fruncir el ceño con cada palabra que Marinette suelta, así que procurare subirle un tantito los ánimos.
—Sé que no eres una mojigata. — Sonrió antes de comenzar a subir y bajar mis cejas—. Una mojigata no besa como tú lo haces. — Sus mejillas enrojecen ante mi comentario y mi yo interior salta de alegría, ese sonrojo junto con el que tuvo cuando la he besado en el cuello son pequeñas victorias que son dignas de enmarcar y atesorar.
—¿Qué carajos significa eso? — espeta.
—Significa que tienes una lengua muy sexy y que sabes cómo usarla. —¡Ahhh, mierda! No debería haber dicho eso. Porque ahora estoy totalmente erecto. Por suerte, mis boxers son lo suficientemente apretados de aquella parte como para que no se me note la tienda de campaña entre las piernas.
—A veces pienso que dices las cosas solo para hacer que me sonroje —me acusa Marinette y no puedo evitar sonreír ampliamente antes de darle un sorbo mas a mi cerveza y contestarle.
—No. Solo estoy siendo sincero. —Se oye una oleada de voces que vienen de fuera de la cocina y rezo para que no entre nadie. Me gusta estar a solas con Marinette. Y a pesar de que no hay ninguna razón para seguir la farsa cuando estamos solos, me acerco a ella y apoyo un brazo alrededor de su hombro mientras me tomo otro sorbo de cerveza aguada.
—En serio, ¿por qué eres tan antialcohol? —pregunto con voz ronca, ella sonríe divertida y me toma la mano, la cual cae al otro lado de su cuerpo.
—Yo no soy antialcohol. —Hace una pausa— Es más, la verdad es que me gusta. Con moderación, por supuesto. — levanta el dedo indice de su mano derecha, dando enfasis a sus ultimas palabras.
—Ya, ya, por supuesto —repito elevando las cejas antes de llegar a la segunda copa que había dejado sobre la encimera—. ¿Quieres tomarte una cerveza de una vez? —
—No. — Tengo que reírme al escuchar su contestación tan cortante.
—Acabas de decir que te gusta. — reclamo colocándome una vez mas frente a ella, Marinette mueve suavemente sus pies, los cuales cuelgan de la mesa. Casi se ve como una niñata.
—No me importa beber en mi habitación con Alya, pero nunca bebo en las fiestas. — abro los ojos como platos cuando termino de escucharla.
—Madre mía. ¿Así que cuando bebes te sientas en tu casa sola como una borrachita? — ella frunce el ceño indignada, se yergue en su posición y me mira con furia en sus iris.
—No. — Veo como mueve la mirada nerviosa antes de continuar, las palabras parecen haberse atorado en su garganta, antes de que continué hablando noto como el ceño le tiembla, casi como un tic —. Solo…, déjalo ya, ¿quieres? — se cruza de brazos y aparta la mirada de mi rostro.
—¿Alguna vez dejo yo algo? — Respondo acercándome a ella y tomando su barbilla entre mis dedos indice y pulgar. Noto como su enfado pende de un hilo, poco a poco su actitud se convierte en derrota.
—Mira, Adrien, me pone paranoica pensar lo que puede haber en mi copa, ¿de acuerdo? — Me siento insultado en cuanto termino de escucharla, me alejo un poco de ella y la miro con firmeza.
—Por el amor de Dios, Marinette, ¿crees que yo podría aprovecharme de ti metiéndote algo en la bebida? — el pánico se apodera de su mirada y antes de que lo prevea ella salta de su posición y esta a dos pasos de mi, coloca una de sus pequeñas y pálidas manos sobre mi pecho.
— No, Claro que no. — una disculpa esta gravada en su mirada y mi enojo desaparece al instante, tomo su mano con la mía sin apartar la mirada de la suya. Su rápida respuesta alivia mis preocupaciones, pero lo que añade después dispara mis sospechas: — Tú, sé que no.— Frunzo el ceño al máximo, algo en sus palabras me hace enfurecer, por como lo ha dicho me hace pensar...
— Te ha… ¿Te ha pasado eso? — El rostro de Marinette de repente se tensa y después sacude la cabeza lentamente.
— No, no me ha pasado nada de ese estilo... pero he escuchado de casos en los que les ponen sustancias como GHB en la bebida y... bueno... no es nada agradable lo que viene después para la persona que lo haya bebido — mientras me habla su mirada se pasea por toda la cocina, al final, se instala sobre nuestras manos. Se que esta nerviosa con la conversación y realmente quiero creerle a su afirmación de que ella no ha sufrido un abuso de ese estilo.
— Despreciables son las personas que hacen esos actos tan viles — Le digo apretando su mano con la mía, ella clava su mirada azul en la mía y me regala una sonrisa mientras me devuelve el apretón.
—Sí. Despreciables. — Poco a poco aparta su mano de la mía y vuelve a la encimera de la cocina, esta vez recargándose nada mas — Pero justamente casos de ese tipo me han hecho desconfiar de beber en público. Incluso si me sirvo la bebida yo misma…, nunca se sabe qué puede pasar si me doy la vuelta, aunque sea solo por un segundo. Paso de correr el
riesgo. — Mi voz se espesa cuando comienzo a hablar de nuevo.
—Tú sabes que yo nunca dejaría que te pasara eso a ti, ¿verdad? — por un par de segundos veo como su expresión se llena de luz y me regala una sonrisa de lo mas hermosa.
— Sí. Claro, lo sé. — Aun cuando afirme que lo sabe, no suena totalmente convencida y no puedo sentirme ofendido por ello, porque sospecho que las noticias de experiencias de ese tipo la han traumatizado. Y con razón. He escuchado historias de esa índole las cuales son horripilantes. Hasta donde yo sé, no ha sucedido en Lille, pero sé que pasa en otras universidades. Chicas que ingieren involuntariamente éxtasis o Rohypnol, o a las que emborrachan hasta que pierden el conocimiento, mientras unos hijos de puta pervertidos se aprovechan de ellas.
Sinceramente, no entiendo cómo un hombre le puede hacer eso a una mujer. En lo que a mí respecta, todos ellos deberían estar entre barrotes. Pero ahora que sé la razón que hay detrás de su rechazo al alcohol, dejo de molestarla para que se tome una cerveza y nos dirigimos de nuevo a la sala principal. Los ojos de Marinette escanean la multitud y yo me tenso al instante porque sé que está buscando a Luka. Afortunadamente, no está.
Nos mezclamos con la gente un rato. Cada vez que se la presento a alguien, parecen sorprendidos, como si no pudiesen entender por qué estoy con ella y no con una modelo boba o alguna chica de atletismo. Y más de un chico se come con los ojos a Marinette, antes de guiñarme un ojo como diciéndome «buen trabajo». Oficialmente me retracto de mis palmaditas de antes. Ojalá no la hubiera convencido para llevar ese jersey y la hubiese dejado venir como ella quería, holgada. Por alguna razón, esas miradas de admiración que le lanzan me hacen enfurecer, y mucho. Pero me trago los impulsos del cavernícola posesivo que hay en mí y trato de disfrutar de la fiesta. Los invitados son más de Artes que de alguna otra carrera, pero aun así conozco prácticamente a todo el mundo, algo que hace que Marinette murmure:
— Por Dios. ¿Cómo es que conoces a toda esta gente? — Le sonrío satisfecho.
—Ya te dije que soy popular. Mira, ahí está Ivan. Venga, vamos a saludar. — Iván Bruel es el típico chico famoso de una banda de universitarios. Lo tiene todo: es guapo, tiene actitud, es divertido y, lo más importante, toca como un Dios la batería. Pero si bien cualquier otra persona en su lugar pensaría que está en su perfecto derecho de ser un estólido idiota, Ivan es de verdad un tipo amable. Estudia Música desde pequeño y parece genuinamente feliz de verme esta noche cuando nuestras miradas se cruzan.
—¡Adrien! ¡Has venido!. — Ivan se me acerca y me da un fuerte abrazo, aprovecho para felicitarlo y antes de que se separe de mi me da un par de palmadas en la espalda. — ¿Quien es tu bella acompañante? — el chico con la mecha rubia en el cabello le lanza una mirada analítica a Marinette, ella le regala una sonrisa y hace un gesto con la mano.
—Ivan, ella es Marinette, Marinette, él es Ivan —les presento.
—Tu cara me resulta familiar —dice mirándola de arriba abajo—. ¿Dónde he podido…? ¡Ah! Joder, ya lo sé. Te vi en nuestra presentación del año pasado, cuando abrimos la fiesta de bienvenida de la Universidad a los novatos. — Ivan le toma la mano a Marinette y se la mueve con un poco de euforia, ella se ríe y asiente ante su afirmación
— No sabia que eras tú uno de los artistas, pero si, ahí estuve en primera fila — Marinette parece muy animada con la conversación y me pregunto si es posible que yo haya estado viviendo en otro planeta o algo así, porque ¿Como es que nunca la haya visto cuando llevamos tres años de carrera en la misma institución?
—Por supuesto que era uno de los artistas —afirma Ivan — Y tú estuviste impresionante con tu baile, recuerdo que eras de las que mas disfrutaban de la música — Ella asiente con la cabeza antes de soltar una ligera risita.
— ¿Como es que nunca te vi si también estuve en primera fila?. — pregunto metiéndome en su conversación, ella se encoge de hombros.
— No lo se, quizá porque eramos muchos en primera fila —dice antes de que los tres nos riamos con ganas.
—¡Sí! —exclama Ivan con orgullo— Fue una asistencia enorme la que tuvimos, me siento satisfecho de que asi ocurriera — Atraemos aún más miradas ahora que estamos charlando con el cumpleañero, pero Marinette parece ajena a todo eso. Por otro lado, me molesta la atención que estamos recibiendo de una persona en particular.
Luka acaba de entrar en el salón y aprieta sus labios cuando nuestras miradas se encuentran. Le saludo con un gesto de cabeza, después giro mi cabeza y muy deliberadamente le planto un beso en la mejilla a Marinette. Ella da un respingo, sorprendida, así que justifico el gesto repentino diciendo:
—Ahora mismo vuelvo. Voy a por otra cerveza. — digo mientras acaricio suavemente su espalda, un nuevo respingo se apodera de su cuerpo y veo en su piel expuesta como se le pone de gallina, sonrió satisfecho antes de apartar mis dedos de su piel.
—Vale. — Al instante se vuelve hacia Ivan y siguen charlando sobre la fiesta de bienvenida del año pasado. No detecto ningún interés romántico por parte de Marinette en Ivan, algo que extrañamente me produce una punzada de alivio. La verdadera amenaza está al otro lado del salón y empieza a venir en línea recta en nuestra dirección un instante después de haberme alejado yo de Mousinette e Ivan.
Intercepto a Luka antes de que pueda alcanzarlos y le doy una palmada casual en el brazo.
— Couffaine. Una fiesta genial, ¿eh? — Su gesto es distraído, su mirada sigue centrada detrás de mi hombro a lo lejos: en Marinette. Mierda. ¿Puede ser que realmente esté interesado en ella? Pensé que esta gran farsa nuestra no se traduciría en algo de lo que tendría que preocuparme de verdad, pero está claro que mi plan está funcionando muy bien. Luka solo tiene ojos para Marinette…, y no me gusta. Ni lo más mínimo. Echo un vistazo a sus manos vacías y sonrío.
— Venga, vamos a servirte una cerveza.— estoy a punto de arrastrarlo conmigo a la cocina pero el rápidamente me responde.
—Naah, estoy bien. —Él ya me ha sobrepasado y va directo a donde yo no quiero que vaya. En el instante en el que Mousinette se da cuenta de la presencia de Luka, noto como sus mejillas se enrojecen y una mirada de sorpresa cruza sus ojos, pero se recupera rápidamente y le saluda con una sonrisa dubitativa.
No, maldita sea, no.
Mi espalda se pone recta en automático. Quiero ir ahí y llevarme muy lejos de Luka a Marinette. O mejor aún, traerla directamente a mis brazos y besarla hasta que vea luces de colores. No hago ninguna de las dos cosas porque esta vez soy yo al que interceptan. Kagami aparece en mi camino, su pelo negro y corto acaricia sus hombros y lleva puesta una pequeña, pequeñísima, blusa de tirantes y una falda a la cintura, es larga y suelta. Está arregladísima y noto por su altura que lleva tacones imposibles, pero su expresión deja claro el monumental enfado que tiene.
—Hola —dice con tensión.
—Eh. —Me aclaro la garganta — ¿Qué tal? — Sus labios se cierran en disgusto justo después de que una expresión de indignación cruza su rostro.
— ¿Estás de broma, Adrien? ¡¿Estás aquí con una cita y eso es todo lo que me dices?! — Mierda. La mitad de mi atención sigue en Marinette, que ahora mismo se ríe de algo que ha dicho Luka. Afortunadamente, Ivan todavía está allí para servir de mediador, pero no me gusta nada verla a ella y a Luka así de amigables. El resto de mi atención está en Kagami. De repente me da miedo que monte una escena justo ahora.
—Me dijiste que no querías tener novia —me susurra poniendo su mejor cara de corderito. Trato de poner una expresión de solemnidad.
—No quiero —respondo muy rápido, Está situación esta tan mal como una leche abandona en el frigo de mi casa.
—Entonces, ¿cómo me explicas lo de esa? —Un dedo con la manicura recién hecha se levanta en dirección a la pecosa de rojo que ríe con el par de chicos al fondo de la habitación. Genial. Bueno, ahora sí que estoy bien jodido. No puedo insistirle en que en realidad NO es una cita, porque se supone que Couffaine tiene que pensar que lo es. Pero si digo que SÍ es una cita, corro el riesgo de que Kagami me dé una bofetada. Bajo la voz.
— No es mi novia. Es una cita, sí, pero no es algo serio, ¿vale? —
— No, ¡no vale! ¡Me gustas mucho, Adrien! Y yo a ti no te gusto, no pasa nada, pero por lo menos ten la decencia de…— con cada palabra que escucho de Kagami mi enojo hacia ella va en aumento, no es que no me agrade, es solo que lo único que hubo entre ella y yo era sexual y aun cuando ella grite a los cuatro vientos que esta perdidamente enamorada de mi... yo se que no.
—¿Por qué? —Soy incapaz de detener la pregunta que acabé reprimiendo la semana pasada cuando acordamos terminar lo nuestro. Kagami parpadea, confundida y descolocada por mi pregunta y creo que también por el tono de voz que emplee al hacerla.
— ¿Por qué qué? —
—¿Por qué te gusto? — Frunce el ceño hacia mí como si se sintiera superinsultada porque le pregunte algo así.— Ni siquiera me conoces —digo en voz baja—. No has intentado conocerme nunca. — entre cierro los ojos antes de colocar mis manos dentro de los bolsillos de mis pantalones; la joven asiática me mira asombrada de lo afirmación y un segundo después veo como frunce el ceño.
—Eso no es cierto — contradice, su ceño fruncido da paso a un gesto de preocupación. Dejo escapar un suspiro afligido.
—Nunca hemos mantenido una conversación de verdad, Kagami, y nos hemos visto decenas de veces desde el verano. No me has hecho una sola pregunta sobre mi niñez, o mi familia, o mis clases, mis amigos, mis intereses… Carajo, si ni siquiera sabes cuál es mi color favorito; y eso es el tipo de cosas que interesan de alguien que te gusta en realidad. — me cruzo de brazos frente a ella y veo como la joven asiática entra en conflicto.
—Sí que lo sé — Dice con seguridad un par de segundos después. Suspiro de nuevo antes de tomar entre mis dedos indice y pulgar el puente de mi nariz.
—¿Sí? A ver, ¿cuál es? — Duda un segundo y después dice:
—El azul. — creo ver un brillo de victoria en su mirada pero este desaparece en cuanto escuchamos una cantarina voz a mis espaldas
—En realidad es el negro — A continuación, Marinette aparece a mi lado y siento tal alivio que casi le doy un abrazo de koala. —Siento interrumpir —dice con una vocecita inocente totalmente fingida — pero… minou, ¿dónde están nuestras cervezas? ¿Te has perdido de camino a la cocina o algo así?— Marinette me lanza una mirada divertida y no puedo evitar sentir un estremecimiento en mis testículos al escucharla decirme Minou.
—Me han entretenido. — Mousinette mira a Kagami y ella a su vez la mira. Casi puedo jurar que salen chispas de sus miradas.
—Hola. Soy Marinette. Lo siento, pero tengo que robártelo un segundo. La sed me llama. — Que Kagami no se oponga me dice que mi argumento ha dado en el clavo, y cuando Mousinette me coge del brazo y me arrastra hacia el pasillo, la expresión del rostro de Kagami es una mezcla de vergüenza y culpa. Una vez estamos fuera de su vista, bajo la voz y digo.
— ¡Gracias por salvarme! Estaba o a punto de echarse a llorar, o de darme una patada en la entrepierna — le digo al tiempo que tomo su mano con la cual me sostiene y le doy un apretón rápido, ella suelta una risita y se gira hacia mi, mirándome divertida.
—Estoy segura de que eso último habría sido merecidísimo —responde —. Déjame adivinar… Le rompiste el corazón. — se cruza de brazos frente a mi y me mira esta vez acusatoriamente.
—No. — La molestia que sentí cuando Kagami me intercepto hace que se intensifique cuando termino de escuchar a la ojiazul plantada delante de mi — Resulta que nuestra separación amistosa no era tan amistosa como yo pensaba. — ella me lanza una mirada escéptica.
—Ah. Ya veo. — Entrecierro mis ojos al ver su actitud; si no tuviera presente el hecho de que Marinette esta vuelta loca por otro chico, pensaría que hay un rastro de celos en su forma de hablarme y tratarme. De un momento a otro me acuerdo de lo que dijo justo antes de salvarme; una sonrisa amplia se instala en mi rostro.
—Así que... mi color favorito es el negro, ¿eh? ¿Qué te hace pensar eso? — levanto las cejas interrogante y escucho como ella suelta un resoplido
—Pues que todo lo que te pones es siempre negro. ¡Dah! —Me lanza una mirada directa al jersey y mueve las manos a cada lado de su cara, haciendo énfasis en su ultima palabra. No puedo evitar reírme.
—¿Igual es porque el negro va bien con todo? ¿Alguna vez pensaste eso? —Sonrío.— Eso no quiere decir que sea mi color favorito. — me cruzo de brazos tratando de evidenciar que puede estar equivocada, ella me mira y en su expresión esta gravada la pregunta "¿en serio?
— Está bien, soy todo oídos. A ver, ¿cuál es tu color favorito? — Esta vez, ella se cruza de brazos, esta expectante a mi respuesta y se por su expresión de victoria que mi cuerpo me esta delatando frente a ella. Dejo escapar un suspiro.
—El negro. —
—¡Ja! Lo sabía. —Marinette da un salto antes de señalarme con un dedo acusador, justo después, también suspira—. Entonces, ¿qué? ¿Tenemos que escondernos en el pasillo el resto de la noche para evitar a esa chica? —
—Sí. A menos que quieras largarte ya… — le digo con esperanza. La fiesta ha perdido toda emoción para mí, sobre todo ahora que Luka Couffaine ha llegado. Antes de que pueda contestar, refuerzo mi argumentación y añado—: Luka ha mordido el anzuelo, por cierto. Así que si nos movemos ahora, lo dejarás con ganas de más. Ese era el plan, ¿no? — La duda dibuja una línea en su frente y se pone totalmente serie. Agacha la mirada y pareciera que sus botas son mas interesantes que nuestra conversación.
—Sí, supongo. Pero…—
—¿Pero qué?— pregunto.
—Me estaba gustando hablar con él. — Joder, la mirada que me lanza justo después de su respuesta es como si me clavaran un cuchillo en el corazón. ¿Pero por qué? Se supone que no estoy interesado en Marinette de forma romántica. O por lo menos no lo había estado antes. Todo lo que quería de ella eran sus clases particulares, pero ahora…, ahora no sé lo que quiero.
—¿De qué hablaste con él? —pregunto con la esperanza de que no se percate del ansia en mi tono de voz. Marinette se encoge de hombros quitandole importancia al asunto.
—De clase, de música, de las presentaciones que esta organizando… — Marinette se muerde el labio indecisa antes de continuar, aquel gesto me hace desear comérmela a besos hasta el punto del dolor — Me preguntó si me apetecía tomar un café en algún momento y estudiar Ética juntos. — ¡¿cómo?!
—¿Me estás bromeando? —suelto—. ¿Se ha puesto a coquetear con mi cita delante de mis narices? — La diversión baila en sus ojos cuando termina de escucharme.
—Tú y yo no estamos de verdad juntos, Adrien. —
—¡Él no lo sabe! — Grito levantando las manos al cielo. No puedo controlar la ira que hierve en mis entrañas— Un hombre no le coquetea a la cita de otro hombre. Punto y final. Eso es ser un patán, un cabrón. — Marinette frunce los labios al escucharme. Yo la miro atentamente, esperando una reacción, aunque en realidad no se que tipo de reacción quiero ver después de este desplante de celos que estoy teniendo y procuro ocultar detrás del "código de hombres" —¿Te gustaría salir con un tipo que hace algo así de ruin? — le pregunto mirándola fijamente, ella frunce aun mas los labios y hay un leve temblor en su ceja izquierda.
—No —admite después de una pausa larga—. Pero… —Parece estar pensando u ordenando sus palabras — No había nada abiertamente sexual en la invitación. Si hubiese estado ligando conmigo, me habría invitado a cenar. Tomar un café y estudiar se pueden interpretar como actividades de amigos. — Lo que dice puede ser cierto, pero yo sé bien cómo piensan los chicos. Ese hijo de puta estaba ligando con ella en las narices del chico con el que llegó a la fiesta. Cabrón.—Adrien… —Su tono se vuelve cauteloso—. Tú sabes que... lo que ocurrió en tu habitación el miércoles no significó nada, ¿verdad? — La pregunta me toma desprevenido y en cuanto termino de entender sus palabras siento como se me clava un puñal invisible en el pecho.
—Eh… Sí. Por supuesto que lo sé. — noto como me tiembla la voz al hablar y termino con una risa nerviosa intentando que Marinette no note lo desestabilizado que me puso la conversación.
—Porque somos solo amigos…, ¿verdad? — La forma en la que ha subrayado el solo me molesta muchísimo, pero sé que ahora no es el momento para discutir sobre esto. Sea lo que sea esto. Así que asiento con la cabeza y digo:
—Verdad. — El alivio flota en sus ojos azules antes de que me sonría ampliamente.
— Genial. Bueno, tal vez deberíamos irnos, ¿no? Creo que ya hemos socializado lo suficiente por hoy. — me lanza un guiño y el fuerte dolor que siento en el pecho persiste. Muevo la cabeza afirmativamente antes de tomar su mano y sonreír lo mejor que puedo.
—Claro. Lo que quieras. — ella me devuelve la sonrisa y comenzamos a caminar hacia el salón —Despidámonos de Ivan primero, ¿vale? — la miro de soslayo
— Me cae muy bien ese tipo. No es para nada lo que esperaba… — Ella continúa charlando en mi oreja mientras volvemos al salón, pero no oigo ni una sola palabra. Estoy demasiado ocupado con la bomba de verdad que acaba de soltar sobre mi cabeza. Sí, Marinette y yo somos solo amigos. De hecho, es la única amiga chica que he tenido. Y sí, quiero seguir siendo amigo de Marinette. Pero… También quiero hacerla gritar de placer.
• Continué •
Notas del Autor:
Hola! Una vez más subiendo una actualización!
La verdad es que estoy súper satisfecha con este capítulo, me ha encantado escribirlo! Espero ustedes lo disfruten tanto como yo.
Igualmente agradezco a todas esas bellas personitas que me comentaron el capítulo pasado! No saben lo feliz que me hace leer sus bellas palabras xD
karen Agreste, La Dama oculta Mistress9, Elena, y Emely-nya.
Sin más que decir
Saludines~
Se despide Alexiel Izumi•
