Todos los derechos de la historia pertenecen a Elle Kennedy, solo hago esto por diversión y entretenimiento, igualmente, los derechos de Miraculous Ladybug pertenecen a Thomas Astruc, refiriendonos a los personajes.

Este escrito es sin fines de lucro.

Cabe mencionar que algunas escenas no pertenecen al libro del cual me base para realizar la historia.

¡Disfruten la lectura!

ProhibidoEnamorarse

Capitulo Septimo

Marinette

He estado descuidando muchas cosas en mi vida desde que empecé a darle clases particulares a Adrien, pero ahora que ya ha hecho el examen, mi tiempo libre me vuelve a pertenecer. Así que la noche después de la fiesta de Ivan, me encuentro siendo interrogada en la cafetería Miraculous por nada menos y nada mas que el par de chicas que están cruzando el pasillo en la residencia; estoy emocionada por pasar tiempo con Chloé Bourgeois y conocer un poco mas a Sabrina Rainconprix pero desde que se presento Adrien Agreste en mi puerta una noche antes y toda la residencia se dio cuenta de que él y yo salimos a la fiesta del baterista mas cotizado de toda la Universidad me abordaron nada mas salir del departamento que comparto con Alya, me arrastraron hasta acá y bueno... aquí estamos. Es evidente que están intrigadas por la relación que tengo con Adrien.

—¿Cuando comenzó a pasar? — Lanza la pregunta la rubia del grupo mientras se bebe su limonada, me mira de forma analítica y casi podría jurar que esta juzgando mi peinado a dos coletas y overol color negro — Espero que la respuesta sea sincera y acertada, porque déjame decirte que soy la amiga mas intima de Adrinkins y no puedes mentirme. — Cuando termino de escuchar el apodo que a empleado para referirse a Adrien no puedo evitar reírme con ganas al imaginarme la cara del rubio cuando lo vea y le diga con total cinismo tal apodo.

— ¡Oh, Dios! ¿Como lo has llamado? — ambas me miran un tanto disgustadas pero al cabo de unos segundos se me unen con un par de risitas. — pues sinceramente... solo paso... no sabría describir cuando — miento descaradamente, no es que quiera ocultar los detalles, pero no quiero ahondar en ello ya que me he dormido pensando justamente en eso.

— Como quisiera que hubiera "solo pasado" conmigo — dice soñadoramente la pelirroja a lado de Chloé.

— A cualquier chica del Campus le habría encantado que solo pasara, pero no, estamos aquí, con Marinette Dupain-Cheng a quien si le paso tener un Cita con Adrien Agreste — La rubia eleva las cejas una y otra vez, casi podría jurar que lo hace con intenciones picaras pero el ceño fruncido que veo después de su movimiento me deja en claro que no tiene esas connotaciones.

— Vamos chicas, ni siquiera es algo súper importante, solo le di clases particulares de Ética Filosófica, nada mas — y un par de besos apasionados, he de añadir.

Veo como Chloé me mira tratando de encontrar un rastro de mentira, al parecer no logra encontrar nada ya que suspira y vuelve su atención a su limonada.

— Adrien Agreste... jamas me habría imaginado que te gustan chicos como él — la mirada que me lanza a continuación hace que se me ericen los bellos de la nuca; aparto la vista de la rubia y me concentro en la malteada de fresa que me he pedido. — Cuando te vi irte el día de ayer en su Audi me sorprendí muchísimo, reconozco su auto en cualquier lado, creí por un momento que venia a verme a mi... pero por quien venia, eras tú — si las miradas mataran quizá Chloé ya me habría asesinado unas cuantas veces; mi garganta emite un ruido estrangulado y tardo en darme cuenta que estoy intentando hacer una risa, que me sale de lo mas anormal. Ambas chicas frente a mi se cuchichean un poco y después me miran con determinación.

— Si te gusta un poco el exhibicionismo podrías grabarte la próxima vez que estés con él — por el movimiento de cejas de Sabrina y el enrojecimiento de sus mejillas se a que se refiere con estar con Adrien. Mis mejillas irremediablemente se llenan de calor ante su comentario.

— No estoy ni estaré con él, ¿Cuantas veces se los tengo que decir? — Esta vez la ira comienza a crecer en mi interior, no me puedo creer el tipo de cosas que el par de chicas me han estado preguntando.

— Últimamente te he visto muy ocupada, y no es que Lila te tenga encerrada en el taller de confección... — los azules ojos de Chloé se entrecierran inquisidoramente mientras se me acerca un poco — te he visto llegas un par de veces tarde... ¿Que has estado haciendo entonces, Dupain-Cheng? — ruedo los ojos cuando termino de escucharla y no puedo evitar soltar un bufido.

— Oh, basta ya. Simplemente he estado ocupada con las clases particulares y el proyecto de invierno. No se hagan ideas equivocadas —Me acerco la malteada y le doy un sorbo a la pajilla de metal con la que me la estoy bebiendo, trato de evitar el par de ojos que analizan cada movimiento y gesto que hago — Solo le estoy ayudando a aprobar Ética. Eso es todo. Ya se los dije — Sabrina mueve sus cejas en mi dirección por encima de su taza de café.

— Quien diría que te gustan las grandes ligas, Marinette — frunzo el ceño de solo escuchar el tono de voz despectivo que ha utilizado la pelirroja; me termino la malteada y me doy cuenta que la orden de macarons que he pedido no la han traído, estiro el cuello para mirar a través de la ventada hacia la cocina que esta a espaldas de Chloé. Mientras hago eso mi celular vibra en mi bolsillo derecho, notificando un mensaje entrante, sonrío nada más mirar la pantalla.

Adrien: Tenías que haber venido a la fiesta ayer. Una chica le tiró una jarra de cerveza a Kim en toda la cabeza.

Resoplo en voz alta y respondo rápidamente al mensaje; quiero saber más.

Yo: Dios. ¿Por qué? (aunque estoy segura de que se lo merecía).

Él: Supongo que se le olvidó decirle que no salían juntos en exclusiva.

Yo: Por supuesto. Hombres.

Él: Hombres… termina esa frase… Hombres, que son todos impresionantes. Gracias, My Lady. Acepto ese premio en nombre de todos nosotros.

Yo: ¿El premio al más idiota? Sí, eres el portavoz prrrrrrrfecto.

Me rio de como use la palabra Perfecto, tal cual el rubio lo hizo días antes.

Él: Amo que uses mis palabras y... ¡Hey!. Que eso ha dolido. No soy un idiota.

Mi corazón da un salto de leer la primer palabra, inmediatamente me doy unas cachetas mentales. La idea de haber podido herir sus sentimientos me provoca un sentimiento de culpa.

Yo: Tienes razón. No lo eres. Lo siento.

Él: ¡Ja!. Eres la más blanda en el planeta tierra. No me ha dolido en absoluto.

Yo: Me alegro. La disculpa era puro teatro.

— ¡Marinette Dupain-Cheng! ¿Es acaso que nos estas ignorando? — Subo la cabeza de un respingo y descubro al par de chicas mirarme con la furia grabada en sus iris; una mano delicada y con la manicura recién hecha toma mi celular de entre mis manos, afortunadamente se ha bloqueado y no puede ver que he estado haciendo, ella me lanza una mirada envenenada y yo le sonrió con todos los dientes. — Oh, wow, mira Sabrina, nos está prestando atención. — Chloé finge alegrarse de que las estoy mirando, pero es todo un teatro porque lo siguiente que hace es mirarme feo.

—Lo siento — digo con gesto de culpabilidad — Pondré el celular lejos de mi alcance el tiempo que dure este encuentro. No le faltare el respeto a usted, Mademoiselle Bourgeois — ella se ríe de mi tono teatral y vuelve a beber de su limonada hasta terminársela.

— Mas te vale, Dupain-Cheng —

— ¡Oh, Oh! Ahora que recuerdo...¿A que no adivinas a quién vimos anoche en el Club de Glacier? — Casi puedo palpar el entusiasmo de Sabrina al contar algún chisme, ella se mueve inquieta en su lugar y se podría decir que esta acostada sobre su estomago en la mesa, nos mira con sus grandes ojos verdes brillando de emoción. — Nathaniel Kutzberg y Lila Rossi... en una cita — en cuanto termina de decirnos la boca de Chloé se vuelve una O perfecta, sin embargo, yo solo puedo rodar los ojos de escuchar lo que nos acaba de contar. Era de esperarse de Lila.

La rubia se da cuenta de mi gesto y un pequeño dedo con esmalte me señala acusador

—¿Sabías tú que estaban juntos? — Espeta. Me encojo de hombros antes de responderle.

— Sé que ella lo invitó a salir —admito—. Pero albergaba la esperanza de que Nathaniel fuese lo suficientemente inteligente como para decir que no. Pero no me sorprende escuchar que él ha hecho todo lo contrario. Y ahora, lo que menos me apetece en el universo es ir al taller el martes, porque si ahora Lila y Nathaniel son «pareja»… no volveré a ganar una discusión sobre el diseño nunca más. — dejo caer mis hombros con derrota, el solo hecho de pensar como serán las horas que pasare en el taller de confección de ahora en adelante me hacen sentir inmensamente deprimida; antes me emocionaba mucho poder hacer uso de esa aula, ahora es el lugar al que menos quiero ir, y todo gracias a Lila, siempre buscando como arruinarme.

—¿Sigue esa subnormal causándote problemas? —pregunta Chloé con el ceño fruncido al tiempo que saca una pequeña cajetilla de cigarrillos, toma uno y lo enciende. Largo un suspiro antes de contestarle.

— Es como su religión, a veces pienso que cuando me conoció tomo la decisión de que su misión en la vida era arruinar la mía. Pero no nos vemos los fines de semana, así que hasta el martes estoy en modo *descanso de las mierdas Lila". — trato de sonreír y se por la expresión de la rubia que mi gesto no es nada parecido a una sonrisa.

— ¿Cómo va el diseño del proyecto de invierno? — La expresión de Chloé se ha puesto seria desde hace unos segundos, sabe que algo anda mal y realmente quisiera decirle, pero tampoco quiero que tenga mas problemas rondando en su cabeza; hace poco su madre al parecer a comenzado a tener un amante y el poco progreso que había logrado con la convivencia con ella parece ir en retroceso. No quiero abrumarla con mi negatividad. Así que opto por mentirle un poquito.

— La verdad es que muy bien. Los cambios que hemos hecho con Nath no me desagradan tanto y creo que podemos sacarle el mejor potencial a la situación. Se que aun hay una parte del pelirrojo que no esta de acuerdo con dejar que Lila modifique a su antojo nuestro trabajo — La rubia se fuma su cigarrillo con total estilo, veo pasar a un par de chicos a nuestro lado que nos observan con detenimiento, mas a Chloé que a Sabrina o a mi. Sonrió para mis adentros, la verdad es que Chloé Bourgeois es una de las chicas mas guapas del campus.

— Qué bueno. Quiero que me cuentes más, pero tengo que tomarme un café primero.— Salto de mi silla y tomo mi cartera, justo en ese momento la ojiazul se termina su cigarrillo.

— ¿Quieren que traiga alguna cosa más? — Ambas niegan con la cabeza a la vez y me dirijo adentro del lugar, a la barra de pedidos para situarme al final de la larguísima fila que hay delante. La cafetería Miraculous está sorprendentemente llena para ser un domingo por la noche. Me quedo perpleja cuando varias personas de la fila me hacen un gesto de saludo con la cabeza o me dicen «hola». No conozco a ninguna, o al menos no recuerdo haberlas conocido. Sonrío con torpeza, devolviendo el gesto y a continuación finjo mensajear con el celular, porque no quiero verme obligada a mantener una conversación con un extraño. ¿Quizá los conocí en la fiesta de Ivan? Todas las personas que Adrien me presentó aparecen totalmente borrosas en mis recuerdos. Las únicas personas cuyos nombres y rostros recuerdo son Ivan, Luka y algunos de los otros miembros de la banda de Ivan. Comienzo a hacer scrolling en las noticias de mi Insta cuando siento un suave golpe en mi hombro, me doy la vuelta y me encuentro con los despiertos ojos azules de Luka. Tiene una sonrisa ligera en el rostro y puedo sentir como el calor sube a mis mejillas.

—Oh, ho-hola —digo con torpeza y con una voz súper aguda.

—Hey. — Se mete las manos en los bolsillos traseros de su pantalón y me hace un gesto con la cabeza —¿Qué tal? — Su pregunta suena casual, yo le lanzo una sonrisa amplia a pesar de tener el corazón a mil por hora retumbando en mis oídos, mientras tenemos esta interacción veo un destello en su mirada el cual no se identificar.

—Bien. ¿Y tú? — respondo.

—Muy bien. Pero… tengo curiosidad por una cosa. —Ladea la cabeza de la manera más adorable del universo, y cuando un mechón de pelo azul cae sobre su frente, me tengo que reprimir las ganas de apartárselo—. ¿Qué es exactamente lo que tienes en contra de las fiestas? —pregunta con una sonrisa. Parpadeo un tanto descolocada sin entender su pregunta.

— ¿Qué? —

—Te he visto en dos fiestas y en las dos te marchaste pronto. — Hace una pausa como si estuviera pensando su siguiente comentario, se lleva una mano a la barbilla antes de mirarme directamente a los ojos — En realidad, en las dos te marchaste con Adrien Agreste. — Algo se remueve en mi interior, cierto malestar recorre mi espina dorsal.

—Eh, sí. Bueno, Adrien tiene coche. Me cuesta decir que no si me ofrecen llevarme en coche. — En cuanto las palabras salen de mi boca, me doy cuenta de lo mal que ha sonado y, es que no quiero que piense que soy una mujer interesada en los vienes materiales de un chico. Sin embargo Luka parece un poco desconcertado. Se queda callado un segundo antes de decir en voz baja:

—¿Sabes qué? Te lo voy a preguntar directamente. Tú y Adrien, ¿son amigos o hay algo más? — Mi teléfono suena en el mismo instante que Luka plantea la pregunta, lo que demuestra que los iPhone cuentan totalmente con don (¿o se podría decir función?) de la inoportunidad. Cuando YMCA de Village People resuena desde la bocina, toda la gente que está en la cola me mira con una sonrisa. ¿Por qué está saliendo YMCA a todo volumen de mi celular?

Es evidente quien se ha encargado de ponerla. El muy desagradable ha programado ese tono de llamada para su contacto y yo he sido demasiado vaga como para darme cuenta y cambiarlo. La mirada de Luka baja inmediatamente a mi teléfono y, como la pantalla está hacia arriba, ve perfectamente el nombre que aparece parpadeando en letras mayúsculas bien grandes.

ADRIEN AGRESTE.

—Supongo que eso responde a mi pregunta —dice con ironía. Le doy rápidamente al botón de ignorar con la esperanza de que no se haga ideas equivocadas.

— No. Adrien y yo no estamos juntos. Y para que no pienses que soy una friki total, he de decir que yo no he asignado ese tono a su contacto. Ha sido él.— Luka todavía parece dudar, una vez mas lleva su mano a su barbilla.

—Entonces ¿no están saliendo? — Dado que la razón para ir a la fiesta de Ivan con Adrien era convertirme en un objetivo deseable, sobre todo para Luka; sigo con la mentira.

—Salimos de vez en cuando, pero no estamos saliendo en exclusiva ni nada. También vemos a otras personas. — le sonrió con todos los dientes y coloco mis manos detrás de mis caderas, es un gesto que siempre he hecho cuando estoy nerviosa, y agradezco que no sepa ese dato ya que al parecer esta disfrutando de la interacción que tenemos en este momento.

—Ah. Vale. — La fila se va desplazando hacia la barra y voy avanzando junto con él. — ¿Eso significa que puedes cenar conmigo alguna vez? —pregunta Luka con una leve sonrisa. Una señal de alarma se enciende en mi vientre. No puedo entender a qué viene, así que decido ignorarla.

—Puedo hacer lo que quiera. Como te he dicho antes, Agreste y yo no estamos juntos. Solo pasamos el rato juntos de vez en cuando. — Dios, tardo solo un par de segundos en darme cuenta, pero ¡cómo ha sonado eso! Sé lo que piensan los chicos cuando escuchan algo así. Para eso podría haber dicho: solo me acuesto con él, pero sin compromiso alguno. Sin embargo, a Luka eso no parece desanimarle. De hecho veo como su mirada se ilumina y lleva sus manos de los bolsillos traseros a los bolsillos delanteros de sus pantalones de mezclilla desgastados.

— Marinette. Creo que eres una chica genial. —Se encoge de hombros y lleva su mirada a mis espaldas, casi como si no quisiera mirarme a los ojos— Me gustaría llegar a conocerte mejor. — Mi corazón se para en seco y se que si no estuviera controlándome en sobre manera estaría en este momento gritando y brincando como toda una loca.

Sin embargo, procuro seguir actuando casual.

—¿En serio? —

—Totalmente. Y no me importa que estés saliendo con otras personas al mismo tiempo, pero… —Su expresión se vuelve intensa—. Si tú y yo salimos por ahí un par de veces y tenemos el tipo de conexión que creo que vamos a tener, querré firmar una cláusula de exclusividad enseguida. — No puedo evitar sonreír ante sus palabras.

—No sabía que los músicos estuviesen interesados en la monogamia —bromeo mientras me cruzo de brazos. Él se ríe mientras cierra los ojos y lleva su mano muy cerca de sus labios, es un gesto súper lindo que espero tener grabado en mi mente mucho tiempo.

—Te puedo asegurar que mis compañeros de facultad no lo están ni de lejos, pero yo no soy como ellos. Si me gusta una chica, quiero que esté conmigo y con nadie más. —No sé qué decir a eso, pero por suerte continúa antes de que yo pueda responder—. Pero es demasiado pronto para hablar de esas cosas, ¿no? ¿Qué tal si empezamos con la cena? — me lanza un guiño antes de dar un paso hacia mi dirección. ¡Ay, Dios mio!. Me está pidiendo salir. No para un café, ni para estudiar; esto es una cita en toda regla. Debería estar dando volteretas por todos lados o algo así, pero en cambio no me puedo deshacer de un cierto temor que revolotea en mi estómago: las pequeñas campanas de alarma que me están diciendo que diga… no. ¡Pero eso es una locura! He estado obsesionada con este chico desde que comenzó el curso. Quiero salir con él.

Exhalo una respiración lenta antes de volver a mi estado casual y responderle

—Claro, eso suena muy bien. ¿Cuándo? — le sonrió de la forma mas tierna que puedo.

—Bueno, estoy un poco ocupado esta semana que viene. Tengo que escribir dos ensayos y después, el fin de semana, estaré en paris en una presentación de mi madre. ¿Qué tal en una semana a partir de hoy? El próximo domingo ¿Te parece? — Mi teléfono escupe su interpretación de YMCA una vez mas. Los labios de Luka se fruncen ligeramente, pero se relajan cuando me apresuro a darle otra vez a ignorar.

—El próximo domingo me queda genial—le digo con firmeza mientras guardo mi celular en la bolsa trasera de mi overol y le miro a los ojos, él me sonríe.

— Estupendo. — Llegamos a la barra y yo pido un mocha latte grande para Chloé y pregunto por mis macarons; antes de que pueda coger mi cartera, Luka se acerca a mi lado, hace su pedido y ofrece pagar por los dos.— Yo invito. — Dice. Su voz ronca provoca un escalofrío en mí y me quedo como en estado de shock mientras la chica de la cafetería le entrega el pedido a Luka y recibe su dinero.

—Gracias. — Es lo único que puedo decir mientras avanzamos hacia el otro extremo de la barra a esperar a que nos traigan nuestras bebidas, hace esa inclinación de cabeza tan linda de nuevo.

—¿Te quedas por aquí o quieres que te acompañe de vuelta a tu residencia? Porque vives en una de las residencias, ¿verdad? ¿O vives fuera del campus? — lanzo una risita ante la bomba de preguntas que suelta, casi podría jurar que esta nervioso, él se ríe conmigo.

—Estoy en la Residencia junto al edificio de Artes. — él juega con unos hilitos de su pantalón que están sueltos mientras le respondo.

—¡Wow!, somos vecinos. Estoy justo al lado. — La camarera deposita nuestros pedidos en la barra y Luka toma su vaso y después me sonríe.— ¿Le apetece dar un paseo a casa conmigo, bella dama? — Una vez mas me rió. La verdad es que eso ha sido… muy cursi, pero he de admitir que se ha ganado unos cuantos punto el día de hoy. Cuando comenzamos a caminar hacia la salida de la cafetería me doy cuenta que Luka no le ha dado las gracias a la chica de la barra cuando le entregó su café. No sé por qué, pero me molesta ese hecho. Aun así, fuerzo una sonrisa, a pesar de negar con la cabeza.

—Lo haría, pero estoy aquí con un par de amigas. — Sus ojos parpadean casi como si le sorprendiera que le dijera que no al paseo.

—Eres una crack de la socialización, ¿no? — Me río con torpeza al escuchar su comentario; ambos llegamos a la entrada del lugar y puedo ver como Chloé y Sabrina me miran desde la mesa con el ceño fruncido. Se que me he tardado y procuro hacerles el gesto de disculpa mas discreto que puedo.

—En realidad no. Hacía tiempo que no salia de esta forma con amigas. He estado demasiado ocupada como para salir. — me acomodo un mechón de cabello detrás de la oreja cuando le respondo, Luka me sonríe amable cuando me dice lo siguiente:

—No tan ocupada como para ver a Adrien —corrige. Hay un punto burlón en su voz, pero también noto algo más amargo. ¿Celos? O tal vez es resentimiento. Pero a continuación vuelve a sonreír y coge juguetonamente el teléfono de mi mano— Voy a apuntarte mi número. Mándame un mensaje cuando tengas un rato y vamos viendo los detalles para la próxima semana. — Mi corazón se acelera, pero esta vez es de excitación nerviosa. No me puedo creer que estemos de verdad planeando una cita. Luka me devuelve el celular cuando acaba de registrar su número en mi lista de contactos, justo en ese momento el teléfono suena en mi mano. y, ¡Sorpresa! Es Adrien otra vez.

—Quizá sea mejor que respondas —murmura Luka. Una vez mas noto ese tono de voz que hace que esa señal de alarma en mi cabeza suene de nuevo. Creo que podría tener razón. ¿Tres llamadas en dos minutos? Está claro que puede ser una emergencia. Me muerdo el labio inferior con indecisión antes de darle al responder y hacerle una seña a Luka para que me espere. Me doy la vuelta y me acerco el celular a la oreja.

—Hey, ¿Todo bien? —le digo, se nota un poco la impresión de preocupación en mi voz y doy gracias a que Adrien no se haya percatado de ello.

— ¡Por fin! —La voz cabreada de Adrien se mete en mi oído y no puedo evitar lanzar una mirada suspicaz hacia Luka, quien me mira con mucho, muchísimo interés —. ¿Por qué llevas encima un teléfono celular si no te molestas en contestar cuando alguien te llama? Será mejor que tengas una buena razón para haber estado ignorándome, Mousinette. — casi puedo escuchar su risa juguetona, sin poderlo evitar, ruedo los ojos antes de darle la espalda a Luka una vez mas.

— ¿Y si estaba en la ducha? —me quejo—. O en el baño. O practicando yoga. O desnuda en mi habitación — escucho una risa a mis espaldas y una en mi oreja derecha

—¿Estabas haciendo alguna de esas cosas? —pregunta divertido, una vez mas me giro hacia Luka quien aun espera que termine mi llamada, se que es de una enorme falta de respeto, así que me giro de nuevo y me dirijo hacia Adrien.

— Espérame dos segundos — me separo el celular de la oreja y le pico al botón de mute, me giro una ultima vez al peli azul y le sonrió — creo que esto tomara tiempo... — Él asiente —Nos vemos el domingo. —Luka me sonríe otra vez, pero esta vez la sonrisa es megaextraña. Después se marcha de la cafetería. Me alejo un poco de donde estuvimos parados y pico de nuevo al botón de de mute, esta vez para quitarlo — Ya, disculpa —

—¿Qué son todas esas voces? ¿Dónde estás? — salta antes de que continué hablando, ruedo los ojos antes de contestarle.

—En la Cafetería Miraculous. Me estoy poniendo al día con algunas amigas. — Sin poderlo evitar lanzo una vez mas una mirada a la rubia y a la pelirroja que me miran con cara de: ¿Que carajos?, Les sonrió una vez mas en son de disculpa. Omito la parte en la que Luka me acaba de invitar a salir. Por alguna razón, no creo que Adrien lo aprobara y no estoy de humor para discutir con él — Y bien, ¿qué es eso tan importante que te ha hecho llamarme cinco millones de veces? —

— El cumpleaños de Kim es mañana y los chicos y yo vamos a celebrar al club Glacier. Probablemente terminemos la fiesta en nuestra casa. ¿Vienes? — Me río ante su petición.

—¿Me estás preguntando si quiero ir a un club a ver cómo un montón de chicos enormes se echan una borrachera? ¿Cómo puedes pensar que me puede gustar eso? — digo con falsa indignación. La risa de Adrien me acaricia el oído y me hace estremecer.

—Tienes que venir —dice con firmeza—. Mañana me dan el resultado de mi examen parcial ¿recuerdas? Y eso significa que estaré celebrándolo o compadeciéndome de mí mismo. Sea lo que sea, te quiero ahí. — mi corazón da un salto de escuchar que me quiere con él en ese momento, se que mi rostro esta como el carmín porque siento como me arde, me muerdo el labio inferior antes de poder contestarle.

—No sé… — digo con indecisión.

Prrrrrrrfavor. — una tono de suplica se cuela en la voz del rubio, me rió bajito de escuchar como alarga las erres y, Wow. ¿Adrien de cierta forma conoce las palabras «por favor»? Impactante.

—Muy bien —cedo, porque por alguna estúpida razón, no puedo decir que no a este chico—. Iré. — escucho como del otro lado de la linea Adrien jadea y hace una serie de movimientos que me dan a entender que dejo de tener el teléfono en la oreja y quizá este bailando

— ¡De lujo, My Lady! ¿Te recojo a las ocho? — Rió antes su efusividad.

—Vale. — Cuelgo, preguntándome cómo es posible que en cinco minutos haya organizado no una, sino dos citas. Una con el chico que me gusta y otra con el chico a quien he besado. Sabiamente, mantengo ambos detalles para mí misma cuando me reúno en la mesa con el par de chicas que están dispuestas a continuar con su bombardeo de preguntas.

...

Salta totalmente a la vista que Adrien tenía razón. Es un potenciador de popularidad. Mientras camino por el camino empedrada que va hasta el edificio de Filosofía, al menos quince personas se dirigen a mí. «Hola». «¿Cómo estás?». «Qué guapa estas hoy». Me saludan tantas sonrisas, manos y voces que siento como si hubiese puesto el pie en otro planeta completamente diferente. Un planeta llamado Marinette, porque todo el mundo parece conocerme. Pero yo no tengo ni idea de quiénes son. Supongo que los conocí en la fiesta de Ivan. Una sensación de malestar retuerce mi estómago y una oleada de vergüenza me envuelve. Acelero el paso. Desconcertada por toda la atención, prácticamente echo a correr hasta que entro en la clase y me siento en mi silla junto a Rose. Adrien y Luka no han llegado todavía, algo que me produce cierto alivio. No estoy segura de tener ganas de hablar con ninguno de ellos en este momento.

—He oído que has salido con Adrien Agreste este fin de semana. —Es lo primero que me dice Rose nada mas tenerme a su lado. ¡Dios Mio! ¿Es acaso que soy la comidilla de toda la Universidad por el simple hecho de haber tenido una cita (falsa) con el rubio modelo?. La sensación de malestar se intensifica y respondo a la rubia de cabellos cortos de forma torpe.

—Eh, sí — Mi voz casi suena como si no le diera importancia al asunto.

— ¿Eso es todo? ¿? Vamos, quiero todos los detalles sucios.— Los ojos azules de Rose se abren sorprendidos y se acerca a mi como si fuera a contarle un secreto. Veo la emoción grabada en su mirada cuando espera mi respuesta, y eso me provoca un fuerte conflicto, porque no quiero mentir y mucho menos quiero desilusionar a Rose. Largo un suspiro.

—No hay ninguno. —Me encojo de hombros—. Solo pasamos el rato juntos de vez en cuando. —Al parecer, esta es ahora mi respuesta comodín, una respuesta que sigue provocando que piensen sucio de mi y del rubio.

—¿Qué pasa con tu otro flechazo? —Rose hace un gesto descarado con la cabeza hacia el pasillo opuesto. Sigo su mirada y me doy cuenta de que Luka acaba de aparecer. Se instala en su sitio y saca una Tablet de su mochila, y como si sintiese mis ojos puestos en él, levanta la cabeza y me regala una sonrisa de lado. Le devuelvo la sonrisa y a continuación entra Mademoiselle Bustier. Rompo el contacto visual con Luka y concentro toda mi atención en la delgada maestra de Ética. Adrien se ha retrasado, lo cual es raro en él y me provoca aun mas malestar. Sé que anoche estuvo con sus amigos y que no tenía sesión de modelaje esta mañana, pero dudo que se haya quedado durmiendo hasta las cuatro de la tarde y por ende brille por su ausencia. Discretamente saco mi teléfono para escribirle un mensaje de texto, pero su mensaje llega primero, casi como si hubiera una sincronización entre nosotros.

Él: He tenido que solucionar una emergencia. Llego para la segunda mitad de clase. Coge apuntes para mí hasta que llegue, ¿Siii?

Rió del claro tono que ha usado en su ultima palabra, casi puedo escuchar su grave voz en mi oído. Rápidamente escribo una respuesta.

Yo: Claro, pero... ¿Todo bien?

Él: Sí. Resolviendo un problemon de Nino. Larga historia. Te veo luego.

En cuanto dejamos de enviarnos mensajes me concentro en la clase, tal cual me lo ha pedido, tomo muchos apuntes, aun cuando yo ya me he estudiado el tema que están explicando y he memorizado la última teoría. Mientras Mademoiselle Bustier suelta su monologo, mi mente empieza a volar. Pienso en mi próxima cita para cenar con Luka y vuelvo a sentir esa sensación de inquietud que me hace tener el estómago revuelto desde anoche. ¿Por qué estoy tan nerviosa? Es solo una cena. Y en eso se va a quedar. Hay chicas que se abren de piernas en la primera cita, pero desde luego yo no soy una de ellas. Pero el músico es un músico y estoy segura que hay montones de chicas que se le avientan a diario y he de decir que estoy segura que se le avientan casi desnudas. He visto y analizado a las chicas de su facultad y a las pocas con las que ha salido, probablemente ellas se desnudaron antes de que el camarero les llevara la carta. ¿Y si espera eso de mí? ¿Y si…? ¡No!, me digo con firmeza a mí misma. Me niego a creer que Luka sea el tipo de hombre capaz de presionar a alguien para que se acueste con él. A los cuarenta y cinco minutos, Mademoiselle Bustier concede un descanso, y todos los fumadores salen de la clase como si hubieran estado atrapados en el interior de una mina durante dos semanas. Yo también voy fuera, pero no a fumar, sino a buscar a Adrien, que todavía no ha hecho acto de presencia. Luka me sigue al pasillo.

— Voy a por un café. ¿Te apetece uno?— me lanza una sonrisa hermosa la cual me hace temblar, pero tengo que decirle que no porque estoy preocupada por lo que sea que Adrien y Nino tengan como problema y quiero saber que ambos están bien.

¿Ambos, o solo el rubio?

Muevo la cabeza para despejar ese pensamiento antes de responder al peliazul

—No, gracias. — Curva los labios cuando se encuentran nuestras miradas.

—¿Sigue en pie lo del domingo? — guarda sus manos en los bolsillos de su pantalón mientras me mira directamente a los ojos. Yo le sonrió para tranquilizarlo.

—Sí. Por supuesto — Asiente contento con la cabeza.

—Genial. — Comienza a caminar hacia la salida del edificio y no puedo dejar de admirar su culo mientras se aleja. Sus pantalones de mezclilla no son súper ajustados, pero recogen su culo muy bien. Su cuerpo es realmente increíble. Solo desearía tener una mejor idea de cómo es su personalidad. Todavía me resulta difícil saber cómo es y eso me da rabia y mucho desconcierto.

Por eso precisamente vas a cenar con él, para llegar a conocerlo. Exacto. Me obligo a recordar eso cuando dirijo mi atención de nuevo a la puerta principal. En ese preciso instante, Adrien entra dando grandes zancadas. Sus mejillas están sonrojadas por el frío y lleva una sudadera Adidas color negro, la cual se adhiere a su cuerpo casi como una segunda piel, y no es porque la prenda sea pequeña, es porque Adrien tiene un cuerpo de ensueño.

Intermitentemente la imagen de su torso desnudo brilla en mis pensamientos, muevo la cabeza rápidamente para despejar dicha imagen.

Noto que trae puesto unos jeans desgastados y un par de tenis, también Adidas.Con cada paso Adrien hace un ruido sordo mientras se dirige hacia mí.

—Ey, ¿qué me he perdido? —pregunta sonriente, creo notar un leve movimiento de inclinación cuando se planta frente a mi, como si estuviera a punto de saludarme con un beso, pero no paso de una simple inclinación.

— No mucho. Mademoiselle Bustier está hablando con el tutor del curso. — Adrien mira a la entrada de la clase de manera intensa.

—¿Está ella ahí dentro? — Asiento con la cabeza, segundos después el rubio comienza a caminar hacia el lugar.

—Bien, bien. Voy a ver si puede darme el examen corregido ahora en lugar de al final de la clase. Todavía sigo gestionando esa emergencia, así que no puedo quedarme. — mientras camina va girando el cuerpo hacia mi dirección hasta el punto de caminar de espaldas, me rio de él y asiento antes de comenzar a seguirlo.

—¿Vas a decirme lo que ha pasado o tengo que empezar a jugar a las adivinanzas? — Él sonríe con diversión.

—Nino ha perdido su carnet falso. Lo necesita en caso de que esta noche nos lo pidan en la puerta, así que le voy a llevar en coche a Lezennes, conozco a un tipo que los "hace" ipsofacto. — cuando se refiere a hacer Adrien marca la palabra con unas comillas seguido de un tronido de dedos para darle énfasis a su dialogo, ruedo los ojos ya que se a que se refiere; falsificación. Hace una pausa—. Tienes carnet, ¿verdad? El portero del Glacier nos conoce a los chicos y a mí, por lo que no deberíamos tener problemas para poder entrar, pero tú igual y sí. —

—Sí, tengo carnet. Y por cierto, ¿por qué Kim celebra su fiesta de cumpleaños un lunes? ¿Hasta qué hora tienen pensado estar festejando por ahí? —

— No muy tarde. Me aseguraré de que llegues a casa cuando te quieras ir. Y es un lunes porque Iván Bruel le robó la oportunidad a Kim al hacer su fiesta el sábado. Eso, y que mañana en la mañana tengo sesión de fotos y Kim me quiere acompañar — Resoplo cuando termino de escucharle.

—¿No sería más fácil hacer la fiesta el siguiente fin de semana? — Adrien se ríe por mi pregunta, vuelve a mi en dos zancadas, con su dedo indice toca mi nariz de forma juguetona al tiempo que me guiña un ojo.

—Eso díselo al cumpleañero. Pero no te preocupes, me toca ser el conductor esta noche. Voy a estar absolutamente sobrio. Ah, y quería hablar contigo de una cosa, pero en un segundo, ¿vale? Déjame hablar con Bustier primero. Vuelvo enseguida. — Un momento después veo a Adrien desaparecer dentro del aula, dos minutos después aparece Luka con un café en un vaso de plástico.

—¿Entras? —me pregunta mientras camina hacia la puerta del salón. Le veo sonreírme y dentro de mi una fuerza me impulsa a ir con él pero el malestar que he estado sintiendo se intensifica en cuanto termino de tener ese pensamiento; niego con la cabeza.

—Entro en un minuto. Estoy esperando a alguien. — Dos minutos más tarde, Adrien aparece en el pasillo. Le echo un vistazo a su expresión y sé que está a punto de darme buenas noticias, noto como camina mas rápido hacia mi y sin preverlo un par de segundos después me tiene prisionera entre sus brazos y me esta dando vueltas mientras ríe y grita:

—¡Un 9! ¡Marinette, he sacado un 9! — Largo un suspiro antes de unirme a él en su euforia, me sostengo de sus hombros para poder verle le cara. Nuestra imagen eufórica atrae la atención de varias miradas curiosas, pero no me importa. La alegría de Adrien es contagiosa.

—¡Joder! ¿Es en serio? —

—Sí. — Adrien me gira un par de veces mas y con cuidado me baja pero no me suelta, poco a poco entierra su cabeza entre el hueco que hay entre mi hombro y mi cuello, lo escucho suspirar y casi podría jurar que esta oliendo el perfume de mi cabello. Le pongo mis brazos alrededor de su cuello y también suelto un suspiro cuando acaricia su nariz con la piel desnuda de mi oreja. Estar de esta forma con él me hace sentir muy bien, hace que una corriente eléctrica suba por mi espina dorsal y me haga estremecer. De improviso me doy cuenta de como nos vemos, de lo intimo que parece este momento entre los dos y por un momento mi cuerpo se estremece. Segundos después me separo de Adrien lo suficiente para poder arrancarle el examen de la mano. Después de todas esas horas que he invertido en esas clases particulares, siento que la nota es un poco mía también, y mi pecho rebosa de orgullo cuando me pongo a leer sus palabras de sobresaliente.

—Está genial —le digo — ¿Significa que tu media vuelve a estar donde tiene que estar? — su mirada brilla cuando enfoco la mía en él, asiente ante mi pregunta con un brillo de felicidad en su rostro.

—Por supuesto que sí. —

—Bien. —Entrecierro mis ojos—. Ahora asegúrate de que sigue siendo así. —

—Lo será… si me prometes que me vas a ayudar a preparar los exámenes y los trabajos que hay que entregar. —

—Oye, hombre, nuestro acuerdo ya no tiene validez. No te prometo nada, pero… — Estoy a punto de negarme ante su petición, pero como siempre que estoy con Adrien Agreste y me hace esa mirada de perrito a medio morir, acabo cediendo. Largo un suspiro antes de continuar hablando —. Voy a ayudarte a mantener la nota como muestra de mi amistad, pero solo cuando tenga tiempo. — Con una sonrisa, tira de mí para darme otro abrazo y sumergir su rostro una vez mas en mi cuello.

—No podría haberlo hecho sin ti, ¿sabes? —Su voz ahora es más grave, suena amortiguada y su cálido aliento me hace cosquillas en la oreja y el cuello. Se separa de mí, pero centra sus magnéticos ojos verdes en mi cara y luego baja su cabeza ligeramente; por un angustiante segundo creo que va a besarme, inevitablemente me salgo de forma abrupta del abrazo.

—Así que supongo que esta noche toca celebración —digo, quitándole importancia al asunto y sin poder mirar a la cara al rubio.

—Todavía tienes pensado venir, ¿verdad? —Hay un punto de intensidad en su voz, casi podría decir que suena ansioso.

—¿No acabo de decir eso? — gruño. Mi mirada va de mis manos que aun sostienen su examen a su rostro, el cual muestra fugazmente alivio.

—Escucha… Quería contarte algo a ver qué piensas. — Mientras me habla me acuerdo de que tengo que volver al salón en breve, reviso mi teléfono y me doy cuenta de que solo quedan tres minutos para que la clase comience de nuevo.

—¿Puedes hacerlo más tarde? Debería volver a… —

—Solo será un minuto. — me interrumpe. Su mirada se queda fija en la mía—. ¿Confías en mí? — aquella pregunta me desconcierta pero algo dentro de mi salta, una sensación de cautela me invade, cuando respondo, lo hago con una certeza tan indiscutible que me sorprende a mí misma.

—Por supuesto que sí. — Es que es verdad. A pesar de conocerlo desde hace poco, confío totalmente en él. Podría poner mis manos al fuego por Adrien y se que si él tuviera que hacerlo no solo pondría las manos.

—Me alegro mucho. —Su voz se densa y se aclara la garganta antes de continuar — Quiero que te tomes una copa esta noche. — Dice y en cuanto termino de escucharlo me pongo rígida.

—¿Qué? ¿Por qué? — grito.

—Porque creo que te vendrá bien. — no puedo evitar fruncir el ceño cuando me dice lo ultimo, me cruzo de brazos y le miro enfadada.

—A ver si me entero bien, ¿por eso me has invitado a la fiesta de Kim esta noche? —le digo con sarcasmo—. ¿Para emborracharme? — entre cierro los ojos cuando digo lo ultimo, él se pone rígido y se acerca a mi lo poco que me he alejado de él.

—No. —Adrien niega con la cabeza, visiblemente agotado— Te lo pido para ayudarte a ver que no pasa nada por bajar la guardia a veces. Mira, me toca conducir a mí esta noche, pero me ofrezco a ser algo más que tu conductor. Seré tu guardaespaldas y tu camarero y, lo más importante, tu amigo. Me comprometo a cuidar de ti esta noche, Mousinette. — Estoy extrañamente conmovida por su discurso. Pero no está para nada justificado el hecho de que quiera que beba con él presente. Me muestro aun reticente cuando respondo.

—No soy una alcohólica que necesita beber, Agreste. — él se ríe.

—No pienso eso para nada, tonta. Solo quería que supieras que si decides que te apetece tomar una cerveza o las que sean, no tienes que preocuparte. Yo me encargo. — Me lanza una de sus sonrisas patentadas y un guiño, me rió ante su actuación.—Así que si quieres beber esta noche, te prometo que no te pasará nada malo. — Suena tan sincero que mi corazón se contrae de la emoción—. En fin, eso es todo lo que te quería decir. Solo… piénsatelo, ¿vale? — Mientras me dice lo ultimo comienza a caminar hacia la salida del edificio, yo le contemplo desde mi lugar y cuando intento responder noto como mi garganta está tan estrecha que apenas puedo decir una palabra.

—Vale. — Susurro, y se por el movimiento de sus labios; los cuales se estremecen como si quisiera sonreír, se que me ha escuchado—. Lo pensaré. — le grito antes de que me sonría una vez mas y desaparezca detrás de la puerta del edificio. Me quedo pensando en lo que podría pasar su me aventuro a beber con Adrien presente.

Sin siquiera notarlo el rubio se había vuelto una parte prescindible de mi vida al día de hoy.

Adrien

Cada centímetro de espacio disponible en el Glacier, un Club que para empezar no tiene mucho espacio, está ocupado por jugadores de Atletismo. El lugar es tan pequeño que la mayoría de las veces solo se puede estar de pie. Esta noche no hay apenas espacio suficiente para respirar, y de lo de sentarse, mejor ni hablamos. El equipo al completo ha venido a la fiesta de cumpleaños de Kim y los lunes son la noche de karaoke, así que la estrecha sala es la hostia de ruidosa y está abarrotada de gente. Lo positivo de todo esto es que ninguno de nosotros ha tenido que enseñar el carnet falso en la puerta.

De repente me doy cuenta de que en unos pocos días mi carnet falso dejará de ser útil. Una vez llegue el 21 de Noviembre, seré recompensado con algo más que ser legalmente un adulto; por fin tendré acceso a la herencia que me dejo mi Madre, lo que significa que voy a estar un paso más cerca de librarme del magnate Diseñador Gabriel Agreste. Marinette llega unos veinte minutos después que nosotros. No la he ido a buscar porque su turno en el trabajo acabó tarde e insistió en que cogía un taxi. También había insistido en ir primero a su residencia a dejar su amada bicicleta, a ducharse y cambiarse de ropa, y cuando la veo entrar, apoyo de todo corazón esa decisión.

Está que te mueres de guapa con su falda corta adherida a sus caderas, de color rosa opaco y la ha combinado con un playera de cuello de tortuga color plata, salta a la vista lo ligera que es la prenda por la sutil caída que tiene sobre el cuerpo de la morena, dirigo mi mirada a sus pies y noto que trae puestos unos tenis converse color gris; es casi como ver un algodón de azúcar, su piel brilla en contraste con los colores de su ropa. Lleva su cabello negro azulado suelto y solo un par de horquillas le sostienen un par de mechones a cada lado, esto enmarca su cara enrojecida por el frió.

—Hey—dice ella — Hace un calor para morirse aquí dentro. Me alegro de no haber traído un abrigo.— Dentro de mi hay una pelea, el ver como los compañeros de equipo de Kim, e incluso el mismísimo Kim, se comen con la mirada a Marinette me hace hervir la sangre, pero me controlo cuando le sonrió y coloco mi mano detrás de su espalda, mi cuerpo cubre el suyo cuando me inclino y le doy un beso en la mejilla.

—Hola. — Digo. Noto un tinte de decepción en mi voz y se perfectamente porque, me hubiera encantado apuntar a sus deliciosos labios en aquel beso que deposite en su pecosa mejilla, a pesar de que yo considero esto una cita, estoy convencido de que para Marinette no es así, quizá solo lo ve como una salida de amigos, largo un suspiro — ¿Cómo ha ido el trabajo? —

— Como siempre —dice con una mirada sombría — Como siempre quiere decir una mierda.— Marinette encoje los hombros, entre cierro los ojos y la miro fijamente.

— ¿Un mal cliente? — mientras le pregunto un par de amigos de Kim se acercan a nosotros y prestan atención a nuestra conversación.

— Asi es; y mas que un cliente fue un grupo de chicos de primer año que se han comportado como todos unos idiotas, no paraban de preguntar estupideces y hacer el tonto. Uno hasta trato de pedirle una cita a Aurore pero fueron taaan idiotas que Alec les pidió salir del lugar — mientras Marinette habla mueve las manos en representación de sus palabras, también rueda los ojos en varias ocasiones, muestra clara de su descontento con dicha situación.

— Los mas jóvenes son los mas idiotas, en su mayoría — Max aparece en escena con su nuevo invento, lo ha nombrado Markov y es un robot con una helice en la parte superior para que vuele a lado de su creador. A Marinette se le ilumina la mirada en cuanto lo ve.

— ¡Oh, Dios Mio! ¿Que es esta cosa tan linda? — Veo como la pecosa chica a mi lado se sonroja y comienza a tener una actitud tierna ante la creación del programador del grupo. Él se acomoda los lentes antes de responder.

— Es mi nueva creación. Lo he nombrado Markov, es como mi asistente personal.—

— ¡Es tan lindo, Max! — Ambos inician una conversación respecto al programa que Max ha utilizado y cuanto tiempo ha invertido en su creación, Kim la presenta a su equipo y antes de que alguien mas pueda robarme su atención la logro apartar del grupo.

— ¿Quieres beber algo? — Le pregunto. Observo cómo su esbelta garganta se mueve de arriba abajo cuando traga saliva. No responde al instante. Solo me mira a los ojos, como si estuviera tratando de taladrar mentalmente mi cerebro y entrar en él. Termino conteniendo la respiración, porque sé que algo importante está a punto de suceder. Puede pasar que Marinette deposite su confianza en mis manos o que la encierre y tire la llave. Esto último sería el equivalente a una brutal apuñalada porque, joder, quiero que confíe en mí. Cuando finalmente contesta, su voz es tan débil que no puedo oírla por encima de la música.

—¿Qué has dicho? No te he escuchado — Me coloco la mano detrás de la oreja derecha y me acerco a su rostro, cuando me alejo ella me esta mirando un tanto enfadada y un suspiro se escapa de sus labios, a continuación levanta la voz.

—He dicho que vaaaale. — Lucho para controlar mi total felicidad. Internamente estoy bailando y gritando de felicidad ante su respuesta, pero por fuera solo me permito sonreirle ampliamente. Con esa palabra pequeñita mi corazón se hincha como un globo de helio. Confianza de Marinette, te presento a Adrien. Nos guió hasta la barra del Club, llevo una de mis manos a la espalda de ella y la coloco frente a mi, lo mas cerca de la barra. — ¿Qué te apetece? ¿Cerveza? ¿Whisky? ¿Ron? — Marinette mira todas las botellas que están detrás de la barra con una expresión taciturna. Entrecierra los ojos antes de volverse hacia mi y responderme.

—No, yo quiero algo más rico. —

—Te juro por Dios, Marinette, que si te pides un licor de melocotón con las mariconadas con mino sombrillas o algo típico de chicas como eso, oficialmente dejo de ser tu amigo. — ella se ríe, usa aquella risa en la que tiene que cerrar los ojos o no se termina de reír a gusto, agacha la cabeza y su respiración cálida choca con mi brazo derecho.

—Pero Adrien, he de informarte que yo soy una chica — protesta — ¿Por qué no me puedo tomar una copa de chicas? — Pone su mano izquierda sobre sus caderas y me mira fijamente, pero algo detrás de mi llama su atención y veo como su mirada azul obscuro de ilumina — Ah, mira, creo que me apetece un mojito de limón. — Me giro para ver la bebida en la cual a clavado su mirada, una baso transparente es sostenido por una chica de cabello corto a mis espaldas, lleva una rodaja de limón un mucho hielo. Suelto un suspiro.

—Vale. Por lo menos es mejor que el licor de melocotón. — Nos movemos entre los cuerpos que se nos han adelantado hasta la barra y pido la bebida de Marinette, empiezo a examinar cada movimiento del barman. Mousinette también lo mira con ojos de halcón. Con dos de los clientes más vigilantes del planeta haciendo un escrupuloso seguimiento del proceso de preparación de una piña colada de principio a fin, no hay ni un asomo de duda de que la copa no contiene ninguna droga. Unos minutos más tarde, pongo la copa en la mano de Marinette. Ella le da un pequeño sorbo a la pajilla y suelta un gemido que me eriza los pelos de la nuca, después ella me mira y me sonríe.

— Delicioso. — Se lame los labios saboreando los restos del mojito. Inevitablemente imito su gesto pero parece que ella no lo nota. La alegría casi se desborda en mi corazón cuando me vuelve a sonreír mientras me toma de la mano, de inmediato nos guió de regreso con los chicos.

—Ven, te voy a presentar a algunos de los chicos. — caminamos hacia el ruidoso grupo que hay en la mesa de billar; ahí le presento a Joyce y Travis, los mejores atletas de la universidad; después de Kim, y los chicos que mejor me caen de todo el equipo de Atletismo. Nino y Kim nos ven, se dirigen hacia nosotros, Ambos saludan a Marinette con un abrazo. El abrazo de Kim dura quizás demasiado tiempo, pero cuando me encuentro con su mirada, su expresión es de total inocencia. Es posible que esté siendo un poco paranoico. Pero qué carajos, ya estoy compitiendo con Luka por el afecto de Marinette y lo último que quiero es a uno de mis mejores amigos presentándose también como candidato. Pero… ¿estoy realmente compitiendo? Todavía no estoy seguro de lo que quiero y siento por ella. A ver…, vale, quiero hacerla gemir y sudar por sexo. Quiero sexo ya, ya y ya; y lo quiero con ella. Pero si por algún milagro decide darme eso, ¿qué pasa? ¿Qué sucede después? ¿Clavo una bandera en la tierra y la reclamo como mi novia?

Las novias son una distracción y yo no me puedo permitir ninguna distracción en este momento, sobre todo cuando hace solo dos semanas he estado a punto de perder mi libertad en el lugar por el que he peleado los últimos años de mi vida. No hay muchas cosas en las que mi padre y yo estemos de acuerdo, pero cuando se trata de centrarse y de ser ambicioso, estamos más que de acuerdo. Después de licenciarme como Restaurador de Arte quiero seguir con el modelaje y aun tengo muchos proyectos independiente; los cuales quiero hacer realidad, lo que significa que tengo que concentrarme en mantener mis notas altas y en llevar a mi día a día como un triunfador. Fracasar no es una opción. ¿Pero ver a Marinette enrollándose con otro chico? Eso tampoco es una opción. Gruño ante lo complicado que se ha vuelto mi vida, y todo gracias a una chica.

— Oh, Dios, esto está taaaan bueno —anuncia ella mientras se toma otro trago enorme—. Quiero otro ya ya ya. — Me río ante su entusiasmo.

—¿Qué te parece si te acabas este primero? — Digo con una sonrisa de lado. — Después podemos hablar del siguiente. — Marinette hace un mohín lo cual la hace ver súper tierna.

—Vale — responde con un resoplido. A continuación me sonríe con maldad y se empina el baso de su mojito vaciando el resto de su copa a una velocidad que no he visto en la vida, lame sus labios y me mira sonriente—. Bueno, ¿qué te parece si vamos a por el siguiente? — Imposible reprimir la sonrisa que se extiende por mi cara. Ay, ay, ay. Tengo la sensación de que Marinette va a ser una borracha muy… interesante.

...

Doy totalmente en el clavo. Tres mojitos después, casi una hora de que Marinette pisara el Club Glacier, está subida en el escenario cantando una canción con el karaoke. Sí.

Chica borracha de karaoke.

Lo único que le salva es que es una cantante estupenda, algo que se tenia bien guardado. No me puedo ni imaginar lo vergonzoso que sería si estuviese borracha y no tuviese buena entonación. Todo el Club está como loco con la interpretación de Marinette. Ella canta a todo pulmón Musique Automatique de Stereo Total y casi todo el mundo está cantando, incluyendo a más uno de los compañeros de Kim, los cuales están mas que borrachos. De repente me encuentro sonriendo como un idiota mientras miro el escenario. No hay nada lascivo en lo que hace Marinette. Ella solo esta cantando, meciendo sus caderas muy levemente, casi se ve como una Lolita, nada provocativa, es mas, parece una niñata de instituto con su menudo cuerpo y su sonrosado rostro libre de maquillaje. Marinette no hace ni un movimiento de baile sugerente. Mientras canta, echa la cabeza hacia atrás con entusiasmo, con las mejillas encendidas y los ojos brillantes. Es tan guapa que hace que me duela el pecho. Joder, quiero besarla de nuevo. Quiero sentir sus labios sobre los míos. Quiero oír ese ruido gutural que hizo la primera vez que le chupé su lengua.

Maravilloso. Ahora estoy duro como una roca, en medio de un Club hasta arriba gente, de conocidos y de amigos.

—¡Mousi es increíble! —grita Kim, desplazándose hacia mí. Él también sonríe mientras observa a Marinette, pero hay un brillo extraño en sus ojos. Un brillo que parece… deseo.

—Es una gran artista —es la respuesta absurda que se me ocurre, porque estoy demasiado distraído por su expresión. Un aplauso ensordecedor estalla cuando termina la canción que Marinette ha interpretado. Un segundo después, Kim se sube al escenario y le susurra algo al oído. Por lo que puedo deducir, está tratando de convencerla para cantar a dúo, pero no deja de tocarle la cadera mientras la persuade, y no hay duda de que hay una chispa de inquietud en los ojos de Marinette. «Es mi señal para rescatarla» me digo antes de comenzar mi camino entre la multitud. Cuando llego a la parte inferior del escenario de baja altura, rodeo mi boca con mis manos y llamo a la francesa pecosa delante de mi.

— ¡Mousinette, trae tu precioso culito aquí! — Su cara se ilumina cuando me ve. Sin perder un instante, salta del escenario hasta donde están esperándola mis brazos, riendo de alegría mientras la hago girar sobre sus pies.

— Oh, Dios, ¡esto es superdivertido! —exclama—. ¡Tenemos que venir aquí tooooodos los días! — Una risa cosquillea mi garganta; analizo su cara para ver dónde la puedo situar en mi escala de borrachera increíblemente fiable. 1 es estar sobrio y 10 es estar «voy a despertarme desnudo en la Torre Eiffel sin acordarme de cómo he llegado aquí». Dado que su mirada sigue nítida y no está trabándose al hablar ni tropezándose, decido que probablemente esté en un 5: contenta pero consciente de lo que pasa. Y es posible que esto me convierta en un arrogante cabrón, pero me encanta ser el que la ha llevado a estar así. Soy la persona a la que ha confiado su cuidado para permitirse relajarse y pasar un buen rato. Con otra sonrisa brillante, coge mi mano y tira de mí para alejarnos de la pista de baile.

—¿A dónde vamos? —pregunto riéndome.

—¡Tengo que ir al baño! Y me prometiste que serías mi guardaespaldas, así que eso significa que tienes que esperar junto a la puerta haciendo guardia. —Sus hipnóticos ojos azules me miran, temblando de incertidumbre—. No vas a dejar que nada malo me pase, ¿verdad, Adrien? — El tomo de voz que ha empleado es extremadamente dulce y, algo me dice que me he sonrojado porque siento mi cara arder y se que no es por el calor del lugar. Un nudo del tamaño de una toronja se instala en mi garganta. Trago con fuerza e intento hablar por encima de él.

—Jamás. — digo con firmeza. Lo siguiente que pasa casi podría jurar que ocurrió en cámara lenta; los labios rosados de Marinette comienzan a deslizarse hacia cada lado de su bello rostro y me regala una sonrisa amplia y sincera.

Marinette•

¿Cómo es posible que estuviese nerviosa por el hecho de venir a este Club esta noche? Y es que, ¡Dios Mio!, ¡me lo estoy pasando en grande! Ahora mismo estoy sentada en el banco corrido de una mesa junto a Adrien y estamos metidos en un acalorado debate con Max y Travis; relevo de Atletismo de Kim, hablamos sobre la tecnología, entre otras muchas cosas. Travis no da su brazo a torcer en su opinión de que a los niños pequeños no se les debería permitir ver más de una hora de televisión al día. Estoy totalmente de acuerdo con él sobre eso, pero Adrien y Max, no. Los cuatro llevamos discutiendo este asunto durante más de veinte minutos. Me da vergüenza admitirlo, pero sinceramente no esperaba que todos estos integrantes de Atletismo y los amigos de Adrien tuvieran opiniones claras y supieran expresarse bien sobre asuntos no relacionados con el deporte. Para mi sorpresa, son mucho más complejos de lo que habría apostado. Lo que me hace ver lo pésima persona que soy al pre juzgar a las personas solo por el grupo social en el que se han desarrollado.

—Los niños necesitan estar en la calle montando en sus bicicletas, atrapando ranas y trepando a los árboles —insiste Travis, agitando su vaso de cerveza en el aire como si quisiese subrayar su argumento con eso — No es saludable que se queden encerrados dentro de casa mirando una pantalla todo el día.—

—Estoy de acuerdo con todo, menos con lo de las ranas —suelto—. Las ranas son babosas y asquerosas. — Los chicos se echan a reír.

— Venga, Mousinette, yo he crecido con la tecnología en cada habitación, diablos, hasta el inodoro me hablaba mas que mi padre —protesta Adrien elevando los brazos al cielo, yo me rió — recuerdo a la asistente de mi padre ponerme delante una tablet para que el magnate Gabriel Agreste me diera instrucciones de mi día a día — Le miro con horror mientras se empina su gaseosa.

— ¿Ves a lo que me refiero? No hay nada bueno con dejar a los niños al alcance de tanta tecnología, los hace sentir solos y abandonados — Él me lanza una mirada divertida.

— Claro que los hace sentir solos y abandonados, pero hay cosas buenas, lo bueno de mi historia es que no tenia que verle la cara de frente a mi padre — Todos sueltan una carcajada.

— Lo que hubiese dado para que mis padres me dejaran tanto tiempo solo y así poder trabajar en mis proyectos — Dice Max mientras atornilla a Markov, el cual cayo a un baso de cerveza hace unos minutos, cortesía de Kim.

— Si, seguro a estas alturas habrías logrado inventar los robots a prueba de licor — Dice Travis con una carcajada. Max le lanza una mirada envenenada mientras sigue atornillando.

— Cambiando de tema, ¿Alguno ha jugado ese juego donde tienes que lamer cosas de diversas texturas hasta adivinar que es? — Kim se une a la conversación acompañado de Alix, la estrella femenil de Atletismo; ella llego aproximadamente hace una hora, inmediatamente se me había pegado y me había bombardeado con preguntas respecto a mi relación con Adrien, Kim me hizo el favor de entretenerla con su lengua para que dejara de preguntarme cada dos por tres algo.

— ¡Oh, Oh! yo lo he jugado pero era un contexto totalmente diferente, si saben a lo que me refiero — Dice Alix con una sonrisa picara; me doy cuenta que sus mejillas están sonrosadas y eso me da a entender que tanto alcohol circula en su sangre. Joyce, otro compañero de Kim, toma un gran trago de cerveza antes de guiñarme un ojo.

— ¿Qué tal si jugamos a ese juego de lamer cosas, Mari? ¿O eres antilamidos en general? — Mis mejillas arden ante la indirecta, pero el brillo pícaro de sus ojos me dice que su intención no es ser grosero, así que respondo con mi propia dosis de provocación.

—Naah, soy prolamidos, siempre y cuando lama algo rico. — Otra ronda de carcajadas estalla en la mesa, pero Adrien no se une. Cuando le miro me doy cuenta de que sus ojos están abiertos de par en par y desprenden calor, sus mejillas se han puesto rojas y hay un brillo de intensidad en sus iris verdes. Me pregunto si se está imaginando mi boca en su… no, no vayas por ahí. Detengo mis pensamientos antes de comenzar a sentir calor en mi vientre, aquel calor que sentí cuando sus labios estaban unidos a los míos.

—Joder, que alguien le ate las manos a la espalda a ese tipo para que deje de monopolizar la máquina de discos —dice Max dejando sobre la mesa su destornillador y comenzando a encender a Markov; mientras, otro tema de Black Sabbath resuena en el bar. Todos miramos al culpable: un tipo local con una tupida barba roja y una cara de malo como nunca había visto en la vida. Un instante después de que la máquina de karaoke se clausurara por esta noche, Barba Roja corrió a la máquina de discos, metió lo que creo era todo su cambio y seleccionó una playlist de rock que hasta ahora ha consistido en Black Sabbath, Black Sabbath y más Black Sabbath.

Travis intenta convencerme de que él es el diamante en bruto del equipo de Atletismo y eligen a Kim para las competiciones para no quemar su As bajo la manga, dicho As es él; mientras Kim y Alix le abuchean sin parar. La canción de Black Sabbath llega felizmente a su fin, y es reemplazada por el tema de Je m´en fous de Zoe. Cuando los primeros acordes suenan, noto que Adrien se pone tenso a mi lado.

—¿Qué pasa? —pregunto chocando mi hombro con el suyo, lo noto muy rígido y procuro mirarle a la cara.

—Nada. — Me responde justo después de aclararse la garganta y luego se levanta de la mesa y tira de mí hacia arriba hasta que estoy también de pie—. Baila conmigo.— no es una pregunta y mucho menos una sugerencia, casi podría jurar que es una orden; desconcertada camino detrás de él hasta la pista, la cual esta vacía.

—¿Esto? —Por un momento estoy desconcertada hasta que me acuerdo de lo que le pone Zoe en su canción. Ahora que lo pienso, estoy bastante segura de que esta canción estaba en esa playlist que me envió por mail la semana pasada. Oigo las risitas de Kim desde la mesa.

— ¿Desde cuándo bailas, Agreste?— grita desde su lugar y veo la sonrisa arrogante que algunas veces le he visto cuando se quiere hacer el gracioso.

—Desde ahora mismo —murmura Adrien. Me lleva a la pequeña zona frente al escenario. Cierto malestar se mete dentro de mí cuando nos veo totalmente solos en la pista, pero cuando Adrien me tiende la mano, dudo solo un segundo antes de cogerla. Oye, si quiere bailar, entonces, a bailar. Es lo menos que puedo hacer teniendo en cuenta lo increíblemente bien que se ha portado esta noche. Se pueden decir muchas cosas sobre Adrien Agreste, pero sin duda es un hombre de palabra. Ha estado pegado a mi lado toda la noche, vigilando mis bebidas, esperándome fuera del baño, asegurándose de que no me acosaban ni sus amigos ni la gente que hemos conocido aquí. Me ha cubierto las espaldas totalmente y, gracias a él, he sido capaz de bajar la guardia por primera vez en mucho tiempo. Dios. No me puedo creer que en el pasado haya llegado a pensar que no era una buena persona.

—¿Sabes bailar? —le pregunto.

—Lo sé. —Su tono es casual. Neutro. Pero tengo la extraña sensación de que está disgustado por algo. Adrien no pega su cuerpo al mío ni trata de bailar frotándose contra mí. En vez de eso, bailamos como he visto bailar a mis padres, con una mano del rubio en mi cadera y la otra cerrada en mi mano derecha. Yo descanso mi mano libre sobre su hombro y él se inclina más hacia mí y presiona su mejilla contra la mía. Su suave mejilla entra en contacto con la mía y es como una provocación contra mi porque quiero como una loca poder acariciar su rostro, me pone la piel de gallina en mis brazos y en mis piernas desnudas. Cuando inhalo, su colonia llena mis pulmones y una sensación de vértigo me recorre el cuerpo. No sé qué me está pasando. Me siento un poco febril y excitada, un calor abrumador me recorre cada celular de mi cuerpo y… es el alcohol, me aseguro a mí misma. Tiene que ser eso. Porque Adrien y yo hemos acordado que solo somos amigos y nada mas y, por mas que desee volver a tocar sus labios con los míos y volver a sentir sus fuertes manos al rededor de mi cintura, apretándome contra su cuerpo, no pasara, porque Adrien no busca mas que una amiga y una tutora en mi.

— Kim está pasándoselo genial, ¿eh? —comento, sobre todo porque estoy desesperada por encontrar algo con lo que distraer mis descontroladas hormonas. Adrien sigue mi mirada hacia la mesa de atrás donde dejamos a Kim, él ahora se encuentra a lado de Alix, la cual esta comiéndole el cuello de forma muy ansiosa y hay una castaña de cabello corto a su otro lado, ambos están unidos en un beso apasionado.

— Sí. Supongo que sí. — Su mirada verde neón está distante. Su tono ausente deja claro que no está interesado en mantener una conversación, así que me callo y me esfuerzo en no dejar que su abrumadora masculinidad me afecte. Pero cada vez que su mejilla roza mi cara, la piel de gallina va a más y mi cuerpo no deja de estremecerse. Cada vez que el aire que exhala por la boca roza mi mandíbula, un torrente de escalofríos me atraviesa. El calor de su cuerpo arde sobre el mío, su olor me rodea y soy terriblemente consciente de cómo su cálida mano aprieta la mía. Antes de poder reprimirme, acaricio el centro de su mano con mi pulgar. El aliento de Adrien se detiene y casi puedo jurar que ha soltado un jadeo.

Sí, tiene que ser el alcohol. No hay otra explicación para las sensaciones que recorren mi cuerpo. El deseo en mi pecho, la tensión en mis muslos y el extraño vacío en mi interior. Cuando termina la canción, exhalo un suspiro de alivio y doy un paso atrás. Un paso que necesitaba dar cuanto antes.

—Gracias por el baile —murmura Adrien. Puede ser que esté alegre como una perdiz gracias al alcohol, pero no estoy perdida en él y al instante detecto la tristeza que irradia su voz y su cuerpo.

—Oye —le digo con preocupación mientras acerco mi mano a la suya — ¿Qué te preocupa? — Adrien aparta su mano de la mía antes de que la pueda tomar.

—Nada. —Su garganta sube y baja cuando traga— Es solo que… esa canción… — se calla y veo en su mirada la tristeza grabada. Me acerco un poco mas él para que pueda hablarme en el tono que le parezca mejor y así no tenga que estarme gritando sobre el ruido de otra canción de Black Sabbath.

— ¿Qué pasa con ella? —

—Me trae recuerdos, eso es todo. —Hace una pausa tan larga que pienso que no va a continuar, pero estoy equivocada—. Era la canción favorita de mi madre. La escuchábamos todo el tiempo... es la canción que pusieron en su funeral. — Mi respiración se corta por la sorpresa que me da escuchar sus palabras.

—Oh. Dios, Adrien, lo siento. — Trato de tener contacto físico con él pero se aparta. Se encoge de hombros, como si no tuviese ninguna preocupación en el universo — Adrien, yo…—

—Mira, era o bailar o ponerme a llorar como un niño, ¿ok? Así que sí, gracias por el baile. —Se aparta cuando intento una vez mas cogerle del brazo—. Tengo que ir al baño. ¿Estarás bien aquí sola durante un par de minutos? — Ni siquiera me mira, solo habla mientras ve al frente. No se que decirle así que comienzo a asentir ante su pregunta.

—Sí, pero… — Intento continuar hablando con él pero se marcha antes de que pueda terminar. Le miro marchar, luchando contra una oleada de dolor que contrae mi garganta. Me quedo ahí de pie observando cómo va hacia los baños y me duele el alma. Quiero ir tras él y obligarle a que me hable de eso. No, tengo que ir tras él.

Cuadro mis hombros, me pongo recta y empiezo a avanzar rápidamente cuando me quedo congelada en mi sitio: Lila Rossi.

Ella va entrando al Club colgada del brazo de un chico de cabello rizado y castaño. Mi mirada se encuentra con la suya y veo como si un relámpago saliera de sus iris verdes.

—Marinette Dupain-Cheng, que sorpresa encontrarte aquí — Dice con tono despectiva en su voz; ella recorre mi cuerpo con su mirada, con ojos críticos, veo como frunce los labios clavando sus verdes ojos en mis tenis.

— Lila — Mi voz suena casi etérea, la ira crece en mi interior y una sensación de incomodad me llena el cuerpo, el echo de encontrármela en este lugar después de haber bajado la guardia es totalmente frustrante; me encuentro shokeada por el momento en el que se le ocurrió aparecer. Mi pulso se acelera porque no he visto a Lila en un ambiente de fiesta desde hace dos cursos, algo que me había empeñado en dejar de esa manera. Ella me lanza una sonrisa arrogante mientras se echa su cabello castaño detrás de los hombros.

— ¿Estas de casería como en los viejos tiempos, Dupain-Cheng? — hay un tono de burla en su voz, lo que me hace fruncir el ceño.

Desde que entramos a la Universidad de Lille, Lila me había arruinado socializar en mas de una ocasión. Probablemente no la habría conocido en el primer curso si ella y yo no hubiéramos coincidido en una pasarela que la mamá de Chloé organizo en la escuela para impulsar a mas jóvenes a postularse para la carrera de Moda y Diseño. En aquel tiempo parecía que Lila y yo seriamos excelentes amigas; no sabría explicar que ocurrió para que Lila actuara como actuó en el pasado, pero a medio curso me entere de un montón de rumores que se habían esparcido por la universidad, principalmente entre los estudiantes de primero.

Lila no solo se había encargado de destruir mi imagen entre mis compañeros, ella había fingido ser mi amiga para poder hacerlo. Algo que había dejado una herida abierta en mi pecho y me había imposibilitado socializar cómodamente. Sobre todo por lo que ocurrió la ultima vez que estuvimos en una fiesta juntas.

— ¿Donde has dejado a Nathaniel? — una vez mas cuadro los hombros y le lanzo mi primer ataque de la noche; mientras le hago la pregunta miro a su acompañante, Lila frunce el ceño nada mas termino de hablar.

— No es algo que a ti te interese — Su tono de voz es totalmente ácido y se ve por su movimiento corporal, que igual que yo, no esta nada contenta de verme aquí. — ¿Ya terminaste los arreglos de mi vestido? — Cuando la escucho decir "Mi" vestido siento como si un volcán hiciera erupción dentro de mi, mi sangre hierve del coraje y quizá mi cara se ha puesto roja del enojo que siento.

— ¿Te refieres al proyecto en el cual hemos invertido Nath y yo nuestro tiempo y recursos? ¿Al cual tu no has puesto ni un céntimo? — La ceja izquierda de la castaña se estremece un par de segundos y casi podría jurar que me esta apuñalando en su mente. Sonrió para mis adentro, lo que le he dicho le ha dolido.

Su mirada se dirige a mis espaldas, donde los chicos se encuentran divirtiéndose.

— ¿Desde cuanto te codeas con los integrantes de Atletismo? — Se cruza de brazos dejándome ver su bolso Channel color negro; casi puedo jurar que esta buscando la manera de hacerme quedar en ridículo frente a los amigos de Kim en cuanto tenga oportunidad.

— No es algo que a ti te interese — Le respondo devolviendole sus palabras. Veo la ira grabada en todo su rostro, suelta un bufido y comienza a caminar indignada al fondo del Club con su cita siguiéndole los talones.

Mi garganta se cierra mientras se alejan. Trago saliva, luego giro en dirección opuesta. Entro en el pasillo que lleva a los baños, parpadeando para evitar las templadas lágrimas que brotan de mis ojos. Dios, ¿por qué estoy llorando? Repaso rápidamente todas las razones por las que no debería estar llorando. Lila me arruino mi primer año de universidad e incontables veces la vi y escuche burlarse de mi por lo fácil que es hacerme llorar. Ya no quiero que ni ella ni nadie me vea de esa manera. Llevo meses superando lo que me hizo y hasta hace unas horas me sentía una total triunfadora en este aspecto de mi vida.

He hecho nuevos amigos, amigos increíbles; Adrien Agreste es uno de ellos y he de recordar que tengo una cita con Luka Couffaine este fin de semana. Pero el repaso no consigue nada, y mis ojos escuecen aún más porque ¿a quién mierda pretendo engañar? ¿Qué posibilidades hay de que o Adrien o Luka no se enteren de lo que Lila se ha encargado de hacerme? Incluso si salimos, incluso si intimo lo suficiente con Luka como para dar ese paso, ¿qué pasará cuando nos acostemos? ¿Qué pasará por su cabeza cuando me tenga dispuesta y sepa lo que ha ocurrido? ¡Joder!

Parpadeo rápido para tratar de detener el torrente de lágrimas. Me niego a llorar en público. Me niego.

— ¿Mousinette? — Adrien sale del baño de caballeros y frunce el ceño nada más verme. — Oye — dice con urgencia, agarrando mi barbilla con las dos manos—. ¿Qué pasa? — Su rostro lo tengo a escasos centímetros, su mirada verde brilla en la oscuridad del pasillo y el solo contemplarla me hace recordar la risa burlona de Lila.

¿Que pasara cuando Adrien sepa lo que me ha hecho?

—Nada —murmuro. El rubio modelo frunce el ceño claramente disgustado

—Estás mintiendo. —Sujeta mi barbilla con firmeza mientras barre la zona de debajo de mis ojos con sus pulgares—. ¿Por qué estás llorando? —

—No estoy llorando. — intento zafarme de su agarre pero me tomo el rostro con firmeza.

—Estoy limpiando tus lágrimas, Mousinette. Estás llorando. Ahora dime qué ha pasado. — Su rostro palidece de repente—. Oh, mierda,¿alguien te ha intentado acosar o algo así? Solo me he ausentado un par de minutos. Lo siento mucho… — Adrien comienza a deshacerse en disculpas, antes de que continué comienzo a negar con la cabeza.

—No, no es eso —le interrumpo—. Te lo prometo. — El rostro de Adrien se relaja, pero solo un poco. Su mirada demuestra lo afligido que esta por haberme encontrado en tal estado.

—Entonces, ¿por qué estás disgustada? — Ahogo el nudo que hay en mi garganta, largo un suspiro antes de hablarle.

—Me he encontrado con Lila Rossi. — Adrien frunce mas el ceño y mira solo un instante hacia la dirección que nos saca del pasillo de los sanitarios.

—Oh. —Parece sorprendido — ¿Te ha dicho algo? — me mantengo solo un par de segundos en silencio antes de negar con la cabeza, parece que la pequeña pausa que he tenido ha delatado la verdadera interacción que tuvimos Lila y yo. Adrien mi mira un par de minutos antes de asentir y aceptar mi mediocre mentira. — No tarda mucho para que Kim decida mover la fiesta a la casa... ¿Quieres ir yendo primero? — Una vez mas niego con la cabeza; llevo mis manos a las manos de Adrien, las cuales aun me sostienen por la barbilla.

— No te preocupes... puedo ignorarla. — le sonrió para tranquilizarlo.

— Si tu lo dices. —

— Ha venido aquí con alguien que no es Nathaniel — Le digo después de un breve silencio. La hostilidad se filtra por mi voz como un ejército de hormigas diminutas—. Es totalmente diferente a él y estoy segura que Lila no ha salido con Nath por salir con este chico —La sensación amarga se intensifica, retorciendo mis entrañas y endureciendo mi mandíbula—. Apuesto a que Lila tiene montones de citas, quizá algunos chicos la llamen puta o algo así pero eso no la afecta; seguro tiene montones de orgasmos que duran horas y probablemente grita «¡me corro!» cuando llega al clímax. — Veo cierta alarma brillar en los ojos de Adrien ante mi vomito verbal. Lo único que quiero en este momento es poder manchar la imagen de Lila en la medida de lo posible para que la información que Adrien llegue a escuchar de mi de aquí en adelante se quede corta.

—Eh. Sí. Bueno. La verdad es que no entiendo bien lo que dices, quizá es el alcohol hablando por ti, pero vamos, tranquila, no dejes que esa horrible chica arruine nuestra noche. Tranquila que todo está bien. — Pero no está bien. ¡No lo está! ¿Cómo es posible que haya llegado a pensar que soy una estudiante universitaria normal? No soy normal. Estoy rota. Me repito a mí misma una y otra vez que lo que ocurrió con Lila en el primer año no me destruyó, pero sí que lo hizo. La hija de puta no se limitó en aquella ocasión. Ella me rompió, rompió mi confianza y mi capacidad de querer expresar libremente mi deseo a tener relaciones sexuales. ¿Cómo narices voy a tener una relación de verdad… con Luka o con cualquier otro chico cuando no puedo siquiera decir que soy…? Con brusquedad aparto las manos de Adrien de mi cara.

—Olvídalo. Estoy siendo una estúpida. —Levanto la barbilla y doy un paso hacía el pasillo —vamos, quiero otra copa. —

—Marinette… —

—Quiero otra copa —le corto y a continuación paso por delante de él y voy con paso decidido hacia la barra.

Adrien•

Marinette está totalmente ebria. No solo eso, sino que además se niega a volver a casa. Es la una de la mañana y la fiesta se ha trasladado del Club a mi casa, y no importa lo mucho que lo intente, me resulta imposible convencer a Mousinette de que se retire por hoy. Empieza a ser absolutamente esencial que ella vuelva a su residencia. Mi salón está lleno de los compañeros de Atletismo de Kim y de varias chicas fáciles de la Universidad Católica de Lille, y todos sin excepción tienen por lo menos un 8 en mi escala de borrachera: veloces en su camino a mandar la inhibición a tomar viento y cometiendo algunos errores garrafales. Kim acaba de arrastrar a una Marinette muerta de la risa al centro del salón y los dos han empezado a bailar Make The Dance "Baby Baby Baby" que sale de los altavoces a todo volumen. Marinette no se movía de forma sugerente mientras cantaba Musique Automatique de Stereo Total en el karaoke del Club, pero todo ha cambiado. Ahora se mueve extremadamente sexy. Ha pasado de la «Miley Cyrus del Disney Channel» al modo «zorrón total Miley» y es sin duda el momento adecuado para parar esto de raíz antes de que llegue al modo «¡hagamos una orgía, Miley!».

Voy directo hasta donde están Marinette y Kim, les separo con fuerza sujetando con firmeza el hombro de la menuda y pecosa chica que esta a mi cuidado.

—Necesito hablar contigo — le grito encima de la música. Ella pone mala cara mientras se gira a mi dirección.

—¡Estoy bailando! —

—Estamos bailando —añade Kim a voz de grito. Le lanzo una mirada muy seria a mi compañero de casa.

—Baila con otra persona —concluyo. Como si hubiera hecho una señal, una chica dispuesta a bailar con él se acerca cual aparición y tira de Kim hacia sus brazos. El atleta estrella se olvida de inmediato de Marinette, lo que me permite arrastrarla fuera del salón sin más objeciones. Le rodeo el brazo con mi mano y la dirijo al piso de arriba; no la suelto hasta que estamos en la tranquila seguridad de mi dormitorio.

—La fiesta se ha acabado — anuncio al tiempo que cierro la puerta.

—Pero me lo estoy pasando genial, Adrien~—se queja sentándose en la orilla de la cama mientras hace un mohín con sus rosados labios.

—Sé que es así. Lo he visto —Cruzo los brazos sobre mi pecho y le hablo lo mas firme que puedo —. Te lo estás pasando demasiado genial.—

—Eres malo. —Con un suspiro exagerado, Marinette se acuesta en la cama y cae sobre su espalda—. Tengo sueño. — Sonrío al escucharla, me acerco a mi armario para buscar una sudadera que pueda ponerle encima a Marinette.

—Vamos, te llevo a tu residencia. — Inmediatamente se levanta de la cama cual resorte y me mira con los ojos súper abiertos.

—No quiero ir. — Me enseña la lengua y a continuación vuelve a dejarse caer en la cama sobre su espalda. Extiende los brazos y las piernas y empieza a hacer un ángel de nieve —. Tu cama es tan grande y cómoda. — Después sus párpados aletean hasta que se cierran y se queda quieta. Otro profundo suspiro se escapa de sus labios. Reprimo un gemido cuando me doy cuenta de que está a solo unos segundos de quedarse dormida, pero luego decido que es mejor que la deje dormir aquí esta noche y la lleve a su casa por la mañana. Porque si yo la llevo a casa y se anima otra vez, no estaré allí para asegurarme de que no se mete en algún problema.

—Vale —digo asintiendo una vez con la cabeza y dejando sobre el diván la sudadera que había elegido para ella, me acerco a donde esta Marinette y la miro desde mi posición—. Quédate aquí a dormir, My Lady. — Ella resopla con los ojos cerrados.

—¿Eso te hace mi Adrinkins? — suelto una risita ante su comentario, me pregunto quien le habrá dicho el apodo mas ridículo que me han puesto; ruedo los ojos.

Me agacho para poder quitarle los converse.

— No, yo diría que soy mas... ¿Como me llamaste la otra vez? ¿Minou?. — Termino de quitarle los tenis y a continuación me meto en el baño y rebusco en el armario donde guardo las medicinas hasta que encuentro ibuprofeno. Después lleno un vaso con agua y regreso a la cama; me siento en el borde y obligo a Marinette a sentarse—. Tómate dos de estas y bébete el agua —ordeno, poniendo dos pastillas en la palma de su mano—. Créeme, mañana por la mañana me lo agradecerás. — Meter pastillas y agua en la garganta de otra persona no es nada nuevo para mí. Lo hago a menudo con mis amigos. Especialmente con Kim, que lleva el tema de embriagarse a un nivel completamente diferente, y no solo en su cumpleaños. Marinette sigue obedientemente mis instrucciones antes de caer sobre el colchón de nuevo — Buena chica. — Estoy tentado a acariciarle el cabello que le cae sobre la frente cuando abre los ojos y comienza a tantear en su cintura.

—Tengo calor —murmura—. ¿Por qué hace tanto calor aquí? Necesito quitarme esto... siento que... no respiro — Mi corazón deja de latir, literalmente, cuando empieza a quitarse la playera de cuello de tortuga tumbada sobre mi cama. La prenda se atora en su barbilla, provocando que suelte un fuerte gemido.— ¡Adrien! ¡Ayúdame! — su voz se escucha amortiguada, atrapada en su playera se ve tan graciosa en esa posición. No puedo evitar reírme. En una actitud piadosa por mi parte, me inclino para ayudarla, quitándole la playera de la cara y liberando sus brazos, hago mi mayor esfuerzo por no bajar la mirada a sus senos. Soy consciente de la piel expuesta, la cual rozo en algunas ocasiones dándome cuenta de lo suave y sedosa que se siente bajo la yema de mis dedos.

—Ya está —le digo con voz ronca — ¿Mejor? — La veo suspirar y cuando vuelve a abrir los ojos estos brillan en la intensidad de su color.

—Aaaaajá. —Coge la parte superior de su falda. ¡Ay, Dios Mio!. Aparto la mirada de su cuerpo y voy casi tropezando hasta mi armario para buscarle algo para dormir. Cojo una camiseta vieja, tomo una respiración profunda y me doy la vuelta para mirarla. Ya no lleva la falda plateada puesta. Esta en ropa interior, frente a mi, sobre mi cama. Afortunadamente esta casi dormida y casi puedo jurar que este momento no lo recordara. Bajo poco a poco mi mirada e inevitablemente se clava en su sujetador, es de encaje, de color negro y en algunas partes se transparenta; puedo ver perfectamente sus pezones rosados detrás de la tela transparente.

No mires. Está borracha.

Obedezco a mi severa voz interior y le prohíbo a mi mirada que insista mantenerse en sus prendas intimas. Evito olímpicamente mirar mas al sur de su cuerpo.

Estoy totalmente en contra de quitarle mas ropa para que duerma; por respeto a ella y porque estoy seguro que hay una posibilidad de que me corra en los pantalones en cuanto termine de quitarle e sujetador; le meto la camiseta por la cabeza y rezo para que no sea una de esas chicas que detesta dormir con sujetador.

—Me lo he pasado muy bien esta noche —balbucea Marinette feliz—. ¿Ves? Es posible que esté rota, pero todavía puedo divertirme. — Me quedo congelado donde estoy.

—¿Qué has dicho? — Pero ella no responde. Sus piernas desnudas le dan una patada al edredón y se mete debajo, rodando sobre su lado mientras suelta un pequeño suspiro. Pierde el sentido en cuestión de segundos. Siento una oleada de malestar cuando apago la luz. ¿Está rota? ¿Qué carajo significa eso?

Con el ceño fruncido, salgo de puntillas de la habitación y en silencio cierro la puerta detrás de mí. Las crípticas palabras de Marinette siguen resonando en mi cabeza, al igual que las que me ha dicho en el Club; pero no tengo la oportunidad de reflexionar más sobre eso porque, cuando llego abajo, Max y Kim no pierden ni un segundo en llevarme a rastras a la cocina para una ronda de chupitos.

—Es su cumpleaños, rubito —dice Max, usando el apodo que emplea para referirse a mi cuando esta ebrio. Cuando digo que no quiero ambos me miran con el ceño fruncido—.Tienes que tomar un chupito. — exigen, ruedo los ojos antes de ceder y acepto el vaso. Los tres chocamos nuestros vasos y nos tomamos el whisky de un trago. El alcohol quema mi garganta y calienta el estómago, y le doy la bienvenida al cálido zumbido que flota por mi cuerpo. Toda la noche me he estado sintiendo… raro. Esa estúpida canción, las lágrimas de Marinette en el Club, la confusión de no entender bien lo que ella me hace sentir. Estoy ansioso y raro, y cuando Nino me sirve otra copa, esta vez no me opongo. Después del tercer chupito, ya no pienso en la confusión que siento. Después del cuarto, simplemente no pienso nada.

...

Son las tres y media de la mañana cuando por fin arrastro mis pies, totalmente borracho, al piso de arriba. La fiesta se ha apagado casi por completo. Solamente siguen aquí las Universitarias Católicas que invito Kim, todas están tumbadas en el sofá con él en una maraña de brazos y piernas desnudas.

Paso por la cocina y descubro a Max dormido sobre la encimera, su mano izquierda todavía agarra una botella de cerveza vacía y la derecha sostiene un desarmador, frente a él están todas las piezas de su robot, el cual decidió desarmar para poder mejorarlo ya que en medio de la fiesta le vino a la cabeza la solución a los problemas que tenia en la fabricación de Markov. Nino desapareció en su habitación hace ya un rato; recibió una llamada de Alya e inmediatamente se fue de la fiesta.

Mi habitación está sumida en sombras cuando entro y cierro la puerta a mis espaldas. camino en su interior y parpadeo un par de veces para que mis ojos se acostumbran a la oscuridad, encuentran un bulto en forma de Marinette acurrucada en la cama. Estoy demasiado cansado como para lavarme los dientes o seguir mi propio método de prevención de resaca, así que me comienzo a desnudar hasta quedar en boxers; me dirijo a tumbarme junto a Mousinette.

Intento ser lo más silencioso posible mientras me pongo cómodo en la cama, pero el ruido de las sábanas hace que Marinette se mueva en su posición. Un gemido suave flota en la oscuridad y entonces se da la vuelta y una cálida mano aprieta mi desnudo brazo izquierdo. Me pongo rígido en cuanto siento su toque, mejor dicho, mi brazo se pone rígido. Giro el rostro para poder ver entre las sombras la cara de Marinette, ella mantiene su atención en mi y aunque no estoy en el modo "Sexo"; refiriéndome a que mi miembro no reaccionaria ni siquiera con la dulce lengua de la morena a mi lado paseándose en todo su esplendor, siento un calor recorrer mi pecho y en mis manos cuando veo su hombro desnudo, cortesía de la enorme playera que le he prestado para dormir.

En mi mente se desarrollan mil y un formas de como podría terminar esta situación; Marinette esta totalmente ebria y aunque yo también lo estoy, ciertamente no se que tan lucida se encuentra su mente. Internamente quisiera aprovecharme de Marinette en este momento, y aunque yo no serviría para nada por la falta de cooperación de mi pene, haría lo posible por hacer disfrutar.

Detengo todo pensamiento en ese momento.

¡Joder! ¡qué cosa tan repulsiva acabo de pensar! Jamás me aprovecharía de ella. Antes que forzar a alguien, me arranco el pene, un pie, una mano. Pero por lo que parece, solo hay una persona con intenciones decentes en esta cama hoy.

Mi pulso se acelera cuando unos labios suaves se pegan a mi hombro, una menuda mano acaricia de forma sutil mi pecho desnudo.

—Marinette… —digo con cautela. Hay un momento de silencio. Una parte de mí reza para que esté dormida, pero ella destruye esa esperanza murmurando:

—¿Sí? —su voz es ronca y sexy. ¡Dios! estoy totalmente encendido, en esencia, claro.

—¿Qué haces? —le susurro. Sus labios suben de mi hombro al cuello y entonces ella succiona mi carne repentinamente febril y encuentra un punto maravilloso que envía una chispa de calor directamente a mis testículos.

¡Dios! Puede ser que mi miembro no funcione correctamente en este momento, pero eso no significa que no sea capaz de sentir excitación. ¡Madre Mía! no hay palabras para describir lo excitado que estoy cuando la boca húmeda de Marinette explora mi cuello como si estuviera probándolo todo en un puto buffet libre. Ahogo un gemido y le toco el hombro para pararla.

— Tú no quieres hacer esto.— murmuro. Ella suelta una risita en la oscuridad y sin apartar sus labios de mi piel mas de lo necesario me responde.

—No, no. Te equivocas. Quiero hacerlo... y mucho. — El gemido que he estado reprimiendo estalla cuando se sube encima de mí. Coloca sus firmes muslos a cada lado de mis caderas. Su cabello corto me cosquillea la clavícula cuando se inclina hacia adelante. Mi corazón despega en un galope fuerte y veloz cuando veo sus ojos azules brillando de excitación.—¿Quieres dejar de ser tan difícil? —me dice. Y entonces me besa. ¡Oh, Mierda!. Debería pararla. Sí, debería hacerlo ya mismo, pero su cuerpo es cálido y suave y huele tan bien que no puedo pensar. Solo puedo dedicarme a sentir su boca moverse con unas enormes ganas sobre la mía; le devuelvo el beso con ansia, envolviendo mis brazos alrededor de su cuerpo, de su estrecha cintura y acariciando su espalda mientras nuestros labios se funden. Sabe a limonada y hace los sonidos más sexys que he escuchado jamás cuando aspira ansiosa mi lengua como si nada le bastase. Me muerde el labio inferior e inevitablemente mis caderas se elevan, ella se separa apenas unos milímetros de mi boca y gime con ganas.

—Marinette —murmuro contra sus ansiosos labios—. No podemos. — Pero ella empieza a lamer mi labio inferior para después morderlo con fuerza suficiente como para convocar un gruñido de mi garganta.

Mierda. Mierda, mierda, Mierda.

Necesito descarrilar este tren de lujuria antes de que se precipite hacia el punto de no retorno.

—Me encanta tu pecho —respira y, ay Dios santo, empieza a frotar sus pechos contra mis pectorales y puedo sentir sus pezones sobresaliendo de su camiseta. Sus caderas han comenzado un vaivén que hace que mis testículos se estremezcan. Quiero romper la camiseta de mierda que trae puesta y así poder lamer sus rosados pezones a través de esa lencería negra de encaje. Quiero llevar sus pezones duros a mi boca, meterlos bien dentro, chuparlos y lamerlos hasta desfallecer. Pero no puedo. No voy a hacerlo. — No. — Le meto mi mano en el pelo y lo aprieto entre mis dedos—. No podemos hacer esto. No esta noche. — la separo de mi cuerpo y veo como sus ojos brillan en diversión.

—Pero yo quiero hacerlo —susurra— Me muero de ganas de hacerlo contigo. — Mi corazón se ha detenido y casi puedo jurar que he dejado de respirar. Mis testículos se han estrujado, mi verga comienza a ponerse rígida. ¡Dios! Acaba de pronunciar las palabras que todo chico quiere oír: «me muero de ganas de hacerlo contigo…», pero, joder, está borracha y no puedo permitir que haga esto. Su lengua rodea mi lóbulo de la oreja derecha y mis caderas salen disparadas hacia arriba.

¡Ay, Dios Mio!.

Quiero estar dentro de ella. Necesito desnudarla y hundirme en ella.

Tomo una respiración profunda y tomo de quien sabe donde una fuerza sobrehumana para poder apartarla de mi cuerpo. Ella gime en señal de protesta, pero cuando toco suavemente su mejilla, el gemido se convierte en un suspiro de felicidad.

— No podemos hacer esto —le digo con voz ronca—. Me pediste que cuidara de ti, ¿te acuerdas? Bueno, pues este soy yo cuidando de ti. — Marinette se queda quieta y parpadea un par de veces, casi puedo jurar que esta desconcertada por mis palabras.

—Oh. —Entonces se acerca a mí y mi cuerpo se tensa al instante. Estoy listo para dejar las cosas bien claras de nuevo, pero Marinette simplemente se acurruca contra mi cuerpo y descansa su cabeza en mi pecho. —Vale. Buenas noches. — ¿Vale? ¿Buenas noches? ¿De verdad piensa que voy a ser capaz de dormir después de lo que acaba de suceder? ¿De lo que acaba de hacer?

Pero creo que no piensa nada en absoluto. No, se ha quedado totalmente dormida otra vez y mientras su respiración constante me hace cosquillas en el pezón, me trago otro gemido y cierro los ojos, haciendo todo el esfuerzo que soy capaz para ignorar la lujuria que palpita en mi ingle. Pasa mucho, mucho tiempo antes de que pueda dormirme.

¡Continúe!

Notas del Autor:

¡Una vez mas ante ustedes mortales!

No saben cómo quería escribir eso xD

Espero disfrutarán la lectura! He aquí un poco más de nuestro amado Adrinette; estoy muy emocionada, hemos llegado al inicio del Lemmon entre este par de protagonistas.

Los siguientes capítulos estarán cargados de mucho sexo, mucho drama y muchas revelaciones.

Agradezco mucho a las personitas que se dieron el tiempo de dejarme un review.

La Dama oculta Mistress9, Emely-nya, , Elena, karen Agreste, Katsa Graceling y tsubasa23.

Sin más que decir.

Saludines~

Se despide Alexiel Izumi•

¿Review?