Todos los derechos de la historia pertenecen a Elle Kennedy, solo hago esto por diversión y entretenimiento, igualmente, los derechos de Miraculous Ladybug pertenecen a Thomas Astruc, refiriendonos a los personajes.
Este escrito es sin fines de lucro.
Cabe mencionar que algunas escenas no pertenecen al libro del cual me base para realizar la historia.
¡Disfruten la lectura!
• ProhibidoEnamorarse•
Capitulo Octavo
•Marinette•
Me despierto en brazos de Adrien Agreste por segunda vez en dos semanas. Pero esta vez…, esta vez quiero estar ahí, entre sus fuertes bíceps y su cálido cuerpo. Quiero sentirlo cerca de mi y así poder sentir el palpitar de su corazón cuando lo acaricio; siento como mi rostro se calienta ante tales pensamientos. Recuerdo que ayer por la noche sucedieron una serie de experiencias reveladoras. Bebí en público sin tener un ataque de pánico. Me vi obligada a aceptar que lo que ocurrió con Lila el primer año de universidad me ha jodido mucho más de lo que me he permitido admitir. Y bueno.
Decidí que Adrien es la respuesta a todos mis problemas.
Mi intento de seducción de hace un par de horas puede haber fallado, pero no fue por falta de deseo por parte de Adrien; de hecho fue totalmente evidente que él quería hacerme mil y un cosas pero se detuvo, y yo sé exactamente lo que le pasó por la cabeza: Marinette está borracha y no está pensando con claridad.
Pero se equivoca.
Mi cerebro estaba absolutamente despejado. Había notado su presencia nada mas entrar a la habitación, lo vi desnudarse y cuando eso ocurrió un fuego abrasador invadió todo mi cuerpo. Besé a Adrien porque quería hacerlo. Deseaba con todas mis fuerzas que él me hiciera gritar de placer porque quería hacerlo. Ahora, a la luz del día, sigo queriendo. El hecho de ver a Lila en el Club me dejó con una sensación de miedo e incertidumbre. Me hizo cuestionarme qué pasaría si empiezo una relación con Luka. Me hizo preguntarme si eso no abriría una puerta a más frustración y decepción en mi vida. Sé que suena a una locura, pero un test con Adrien podría ser justo lo que necesito para resolver mis problemas.
Él mismo lo dijo: no sale con chicas; no tiene novia porque no quiere tenerla, solo se acuesta con ellas. No hay riesgo de que se enamore de mí o de que me exija una relación. Y no es que no haya química entre nosotros. Hay tanta que podríamos perfectamente servir de inspiración para un libro de romance juvenil; de esos que mantienen húmedas a mil y un mujeres.
Así que lo había meditado a profundidad. Sería un plan perfecto: Le propondría a Adrien que él y yo tuviéramos una interacción mas intima; que dejemos fluir esa tensión sexual que se había ido formando a nuestro alrededor hasta poder consumarla.
Inevitablemente al tener aquel pensamiento mi rostro se lleno de calor. ¿Como le digo al modelo mas codiciado de toda la universidad que quiero que me haga todo lo que ha estado diciendo en broma que me haría? ¿Como le planteo que quiero tener sexo con él?
Largo un suspiro. Se que puedo intentar juntar de nuevo las piezas de mi sexualidad sin preocuparme de poder decepcionar a alguien a quien quiero. Pero primero, necesito que esté de acuerdo con el plan.
— Adrien — murmuro. Él no se mueve. Yo me arrimo a su cuerpo aún más y le acaricio la mejilla. Sus párpados se mueven, pero no se despierta. —Adrien —digo de nuevo, esta vez moviendo un poco su cabeza con una caricia en su barbilla.
—¿Mmmmfhrhghd? — Su galimatías me hace sonreír. Me inclino sobre él y presiono mis labios contra los suyos. Siento lo suaves que son y lo cálidos que se encuentran; tiene la boca levemente abierta y gracias a ello puedo acariciar sus labios con mi lengua. Sus ojos se abren abruptamente.
—Buenos días —digo con inocencia. Él parpadea rápidamente, veo como le cuesta un poco de trabajo enfocar pero cuando clava su mirada en mi rostro se que esta totalmente despierto.
—¿Acabo de soñarlo o acabas de darme un beso? —pregunta aturdido, suelto un risita antes de contestar a su pregunta.
—No lo has soñado. — La confusión empaña sus ojos, pero cada vez va estando más alerta, lo noto cuando entrecierra los ojos.
—¿Por qué? — pregunta.
—Porque me apetece. —Me siento y cojo aire—. ¿Estás ciento por ciento despierto? Porque hay algo muy importante que tengo que preguntarte. — Un enorme bostezo eclipsa su rostro mientras se coloca en posición vertical. El edredón cae hasta su cintura, su pecho desnudo aparece y mi garganta se seca de inmediato. Su pecho está esculpido como un diamante. Bordes angulosos, piel brillante, bronceada y masculinidad pura. Casi puedo sentir como mi boca comienza a salivar segundos después de haber sentido la garganta seca y siento la imperiosa necesidad de comenzar a repartir besos húmedos en toda su piel expuesta.
—¿Qué pasa? —dice con voz ronca y medio dormida. No existe manera en el mundo de expresar lo que voy a decir sin parecer desesperada y patética, así que simplemente dejo escapar las palabras para que se queden colgando en el aire.
—¿Te quieres acostar conmigo? — Suelto rápidamente con los ojos cerrados, me mantengo en silencio y un par de segundos después estoy mirando mis manos porque se que no puedo mirar a los ojos al rubio. Después de la pausa más larga que uno se pueda imaginar me aventuro a levantar la mirada para así enfrentarme a Adrien; él me mira con una expresión taciturna mientras arruga la frente.
— ¿Ahora? — Pregunta. Internamente quisiera poder darle un golpe en la cabeza por la vergüenza que me hace sentir, pero me contengo. A pesar de que lo avergonzada que estoy no puedo parar la risa que me sale naturalmente cuando veo su cara de después de preguntarme si "ahora".
— Mmm, no. Ahora no. — Le digo limpiándome un par de lagrimas que se me han salido de tanto reír. Llámame superficial, pero me niego a mantener relaciones sexuales con alguien si tengo aliento mañanero, la mente poco despejada y no me he depilado las zonas que sé son oportunas para la ocasión. Le miro fijamente con la seguridad de que Adrien podrá ayudarme — ¿Tal vez esta noche? — La expresión de Adrien es como la rueda de la fortuna en pleno giro; pasa de estado de shock a incredulidad y después a perplejidad; sigue avanzando a intriga antes de, finalmente, quedarse parada en sospecha.
—Creo que esto podría ser una broma, pero no puedo adivinar qué es lo que pretendes. — Una vez mas entrecierra los ojos, se cruza de brazos y se que esta predisponiéndose a alguna situación en la cual sus amigos entren en este momento a su habitación y le griten: Inocente Palomita; o algo así. Me rió.
—No es una broma. —Le miro fijamente para que sea consciente de lo segura que estoy al decir lo siguiente —. Quiero que te acuestes conmigo. —Digo sin rodeos. Segundos después me doy cuenta que quizá eso puede haber sonado un poco raro y un poco rudo; me aclaro la garganta y continuo hablando — Lo que quiero decir, es que yo quiero acostarme contigo. Quiero que nos acostemos el uno con el otro, ¿Entiendes?. — Lo veo mirarme con seriedad pero rápidamente me doy cuenta de que sus labios se tensan. Ruedo los ojos; genial. Está intentando aguantarse la risa.
— Todavía estás borracha ¿Verdad? —pregunta con una mano delante de su boca — Porque si es así, me comprometo a ser un caballero y no volver a sacar jamás esta conversación, My Lady. — Adrien levanta la mano delante de si y habla como si estuviera haciendo el juramente a la patria. Una vez mas, ruedo los ojos.
—No estoy borracha, idiota. Lo digo en serio. — Le aviento una de sus tantas almohadas a la cara, él la agarra en el aire y nos mantenemos un par de segundos viéndonos fijamente. Me encojo de hombros antes de continuar hablando — ¿Quieres o no? — Le ladro, esta vez mirándolo con mala cara. Adrien me lanza una mirada seria.—¿Y bien? — Sus cejas claras se juntan cuando frunce el ceño. Es bastante obvio que no tiene ni idea de qué hacer con mi pregunta. Comienzo a impacientarme al no ver que intente darme una respuesta. — La respuesta es muy simple, Adrien. ¿Sí o no? — Esta vez soy yo la que se cruza de brazos, él descruza los suyo y se mueve en su lugar hasta poder colocarse en flor de loto debajo de las sabanas; en ningún momento mientras se ponía cómodo me ha mirado, solo hasta que esta satisfecho con su posición me mira y veo la alarma grabada en sus iris verdes.
—¿Simple? —estalla—. ¡Dios! ¡Esto no tiene nada de simple, Mousinette! Me estás tomando el pelo ¿Verdad? —Se pasa la mano por sus cabellos rubios y desordenados — ¿Te has olvidado de lo que me dijiste en la fiesta de Ivan? El beso no significa nada, solo somos amigos, bla, bla, bla — Adrien comienza a mover una de sus manos como si tuviera una marioneta de calcetín en ella, hace caras raras y no puedo evitar reír internamente al ver lo alterado que lo ha puesto mi proposición. Rápidamente procuro tomar una actitud seria.
— Yo no he dicho bla, bla, bla — Le gruño, fingiendo molestia.
— Pero dijiste todo lo demás. —Su mandíbula se tensa—. ¿Qué carajos ha cambiado desde entonces? — Yo trago saliva cuando veo su mirada la cual tiene escritas todas sus dudas respecto a la situación. Me muerdo el labio nerviosa antes de poder contestarle
—N-no lo sé. Acabo de cambiar de opinión. — Mi voz ha temblado al hablar, y se que Adrien lo ha notado; sus hombros se relajan y se acerca un par de centímetros a mi.
—¿Por qué? — pregunta. — ¿Que ha cambiado, Mousinette? — Una de sus fuertes y grandes manos se acerca a mi antebrazo desnudo, me acaricia suavemente con el dorso de la mano, su mirada verde es de total preocupación y aun cuando se esta portando amable y comprensivo conmigo no puedo evitar sentirme molesta por todas esas dudas que tiene. ¿No podía decir solo un si o un no en lugar de indagar el porque de mi propuesta?
—Porque sí. — Le respondo agresiva. Para este punto de la conversación la molestia pica mi pecho—. ¿Qué más te da? ¿Desde cuándo los chicos interrogan a una chica sobre sus motivos para querer desnudarse? — le grito.
—¡Desde que tú no eres el tipo de chica que se desnuda! —grita en respuesta. Aprieto los dientes fúrica por lo que entiendo de su comentario. Rápidamente me deshago de las sabanas que aun cubren mis piernas y me levanto de su cama; con ambos puños a cada lado de mi cuerpo le miro fijamente y grito:
—No soy virgen, Adrien. Que te quede claro —
—Pero tampoco eres una chica que de la nada pide sexo — El también se levanta de la cama y ahora ambos estamos a cada lado de la misma, nos miramos con ojos fúricos.
—¿Y eso significa que no se me permite acostarme con un chico que me atrae? — Una vez mas me cruzo de brazos y recargo todo mi peso en mi pierna izquierda. Por un momento veo calor en la mirada de Adrien, pero es efímero así que no estoy segura de haberlo visto; él rubio se pasa ambas manos por el cabello con frustración, parece igual de irritado que yo. A continuación comienza a caminar en círculos, coge aire, exhala lentamente y se gira a mirarme a los ojos.
— Muy bien, esta es la cuestión. Te creo cuando dices que te sientes atraída por mí. A ver, por un lado, ¿quién no? Y por otro, gimes como una loca cada vez que te meto la lengua en la boca.— Adrien me lanza una sonrisa torcida, de esas que le he visto hacer cuando es juguetón y seductor al mismo tiempo. Siento que mis mejillas van a explotar del calor que siento en ellas; aparto la mirada del rubio semi desnudo delante de mi.
—Yo no hago eso —respondo en un susurro; escucho como Adrien suelta una risita divertido.
—Cada uno lo ve como quiere, My Lady. —Cruza sus musculosos y pulidos brazos sobre su musculoso y pulido pecho—. Pero no me creo que hayas sufrido una transformación así, mágica, y de repente quieras tener intimidad solo por el mero placer de tenerla. Ya sabes, por pasar un buen rato en la cama. —Su cabeza se inclina pensativa—. Venga, dime, ¿por qué? ¿Quieres vengarte de alguien? ¿Poner celoso otra vez al chico de tus sueños? —
—No —le digo tensa, girándome hacia su escritorio y dándole la espalda —. Yo solo… — Me muerdo el labio inferior indecisa; la frustración me golpea al ver que no puedo expresarme adecuadamente en este tema — Yo solo quiero hacerlo, ¿vale? — mi voz tiene un ligero temblor, tengo miedo a ser rechazada y tengo aun mas miedo de que Adrien quiera indagar mas en mis motivaciones para proponerlo — Quiero hacerlo contigo. — Cuando digo aquello me he girado una vez mas a su dirección y me he montado en la cama, estoy a gatas sobre ella y le miro con mi mejor expresión de suplica, necesito que deje de hacer preguntas y solo actué. Su expresión es una combinación peculiar de diversión y enfado.
—¿Por qué? —pregunta de nuevo y de nuevo la ira recorre cada vena de mi cuerpo. Con enfado doy un salto de la cama y me planto frente a él, cuadro los hombros y le grito:
—Porque quiero y ya está, mierda.¿Por qué es necesario que haya alguna razón profunda y filosófica detrás de todo esto? —Puedo ver en su cara que no le he convencido; un silencio sepulcral se instala entre nosotros y soy lo suficientemente inteligente como para saber cuándo hay que admitir una derrota, largo un suspiro antes de contestarle — ¿Sabes qué? Mira, olvídalo. Olvida que te lo he pedido. — Comienzo a caminar hacia mi ropa, la cual se encuentra desparramada por toda su habitación, él se acerca a mi con seguridad y sujeta mi brazo derecho antes de que pueda tomar mi falda.
—¿Qué carajos está pasando, Marinette? — La preocupación que veo en sus ojos duele más que su rechazo. Prácticamente le he suplicado que se acostara conmigo y parece preocupado por mí. ¡Dios!, ni siquiera puedo hacerle proposiciones sexuales a un chico de la manera correcta. Soy una completa inútil en el tema y eso hace que recuerde con mas intensidad lo que ocurrió con Lila. Inevitablemente siento como las lagrimas se aglomeraron en mis parpados; aparto la cara de la mirada de Adrien.
—Olvídalo —murmuro antes de intentar zafarme del agarre del rubio, él me sostiene con fuerza.
—No. — Suelto un leve grito cuando de repente tira de mí hacia su pecho; nuestros cuerpos chocan y el aprisiona mi cabeza entre sus fuertes brazos.
—No vamos a hablar de esto nunca más —protesto con la voz temblorosa mientras intento escaparme de sus brazos. Sujeta mi cabeza con sus manos para que no me mueva y para que pueda mirarle a los ojos.
— Sí que vamos a hablarlo. — Sus ojos verdes se clavan en mi cara, buscando, analizando, indagando… Y me aterroriza sentir cómo las lágrimas me irritan los párpados y luchan por salir. Veo como busca desesperadamente una respuesta en mi expresión; la preocupación esta grabada en su rostro —¿Qué pasa? —pregunta con voz ronca y suave — Dime cuál es el problema e intentaré ayudarte. — Una risita histérica se escapa de mi boca cuando me doy cuenta de que las lagrimas esta fluyendo y recorriendo mis mejillas hasta las palmas de las manos de Adrien.
—No, ¡no quieres ayudarme! ¡Acabo de pedirte ayuda y me has rechazado! — Grito. Ahora parece aún más desconcertado que antes; su ceja derecha se frunce cuando no logra entender nada de lo que hablo.
—No me has pedido ayuda, Marinette. Me has pedido que te coja. — sus cejas están casi unidas por lo inclinadas que están, su expresión es de molestia y confusión.
—Es lo mismo, carajo —murmuro al tiempo que tomo las muñecas de Adrien.
—Por el amor de Dios, ¡no tengo ni puta idea de lo que estás diciendo! —Coge aire lentamente como si tratara de calmarse—. Juro por Dios que si no me dices de qué carajos estás hablando en los próximos dos segundos, voy a estallar del enfado que tengo encima. — Una inmensa tristeza se asienta en mi garganta. Ojalá nunca hubiese abierto la boca para proponerle eso. Debería haberme escapado de su habitación mientras dormía y haber fingido que no me le había montado encima y que no le había besado la noche anterior. Pero entonces Adrien acerca mas su rostro al mio hasta chocar nuestras frentes, con su dedo pulgar derecho me acaricia la mejilla con una ternura infinita y algo dentro de mí se abre de par en par. Dejo escapar un suspiro tembloroso antes de comenzar a hablar en un susurro.
—Estoy rota y quería que me arreglaras. — Abre los ojos, asustado ante mis palabras.
—Yo… sigo sin entender. — No mucha gente sabe lo que me pasó. Lo que quiero decir es que no voy por ahí soltándole a la gente que acabo de conocer lo que Lila me ha hecho pasar; vamos, que procuro abrirle los ojos a la mayoría que tenga contacto con Lila, pero nuestros problemas, entre ella y yo, son solo nuestros. Para confesar algo tan brutal, tengo que confiar, de verdad, en esa persona. Chloé fue la primera en saberlo y luego vino Alya; ambas se quedaron sorprendidas de que no quisiera proceder de forma legal por la situación que viví con Lila. La verdad, si alguien me hubiera dicho hace unas semanas que iba a confiar a Adrien Agreste la experiencia más traumática de mi vida, me habría destornillado de la risa. Ahora, aquí estoy, haciendo precisamente eso.
—Te he mentido, Adrien —admito. Su mano derecha se aparta de mi cara, pero su mirada sigue sin moverse de la mía. En su expresión es evidente que no sabe a que me refiero, suelto una vez mas un suspiro y aparto la mirada del rostro del rubio modelo. — Lila y yo fuimos amigas nada mas iniciar la Universidad. —Mi garganta se cierra—. No bebo en fiestas porque Lila abuso de mi antes de terminar el primer curso... ella puso droga en mi bebida. — El cuerpo de Adrien se pone rígido en cuanto termino de hablar.
—¿Qué has dicho? — Sin poderlo evitar me pego mas al cuerpo del rubio, escondiendo mi cara en el hueco que se hace entre su hombro y su cuello, automáticamente Adrien coloca sus manos en mi cintura.
—Cuando acompañe a Lila a una fiesta de su residencia... ella puso drogas en mi bebida y obligo a un par de chicos a... hacerme cosas. — Trago el ácido que cubre mi tráquea, puedo sentir como me tiemblan las manos y la voz al hablar; me cuesta mucho trabajo comenzar a contar ese episodio de mi vida, pero aquí vamos — Fue un par de meses antes de terminar el primer curso, Lila se había portado como mi amiga desde que la conocí, incluso hubo un incidente en el que me entere que había dicho un par de cosas sucias sobre mi a algunos compañeros. Cuando la confronte ella negó todo, me convenció con su superhabilidad de mitómana. — Ruedo los ojos al decir aquello — Después de eso seguimos frecuentandonos y cuando me invito a esta fiesta fue muy insistente, así que no pude negarme. Hubo un momento en el que un chico que no conocía intento tocarme el trasero, dijo algo de que me estaba comportando como una mojigata por no dejar que tocara algo que siempre estaba disponible; en ese momento me sentí horrible y Lila fue a consolarme — Suelto una risa sarcástica cuando recuerdo la mirada de compasión que Lila me dirigió en aquel momento — Me dijo que ocupara su habitación para relajarme y antes de subir me dio un "baso con agua", tarde diez minutos en darme cuenta de que no era agua lo que me había dado y, cuando llegamos a su cuarto habían tres chicos esperándonos, todos unos imbéciles. Ellos estuvieron a punto de... violarme — Adrien me aprieta cuando escucha la ultima palabra, inevitablemente cierro mis manos al rededor de su espalda, haciendo un puño con cada mano — Pero logre salir de ahí antes de que pasara a mas gracias a una chica que estaba perdida y abrió la puerta por casualidad. — Cuando termino de hablar la respiración de Adrien ha cambiado abruptamente. Puedo darme cuenta de que se encuentra conmocionado, respira lenta y silenciosamente. Aunque no dice nada, veo claramente cómo su mandíbula se tensa y la rabia calienta sus ojos verdes.— Fue… es… bueno, joder, estoy segura de que te puedes imaginar lo horrible que fue. —Trago saliva sonoramente— Pero…, por favor, no sientas pena por mí, ¿OK? Fue horrible y aterrador y me destruyó por completo en el momento, pero lo he trabajado y estoy bien. No tengo miedo de Lila ni de nadie, no estoy enojada con ella o con el mundo — Levanto la mirada para poder verlo a la cara, Adrien no dice nada, pero su expresión contiene más rabia de la que le he visto nunca.— Lo he superado. En serio. — Trato de regalarle una sonrisa sincera pero se que fallo, porque no estoy de ánimos para reír de mi desgracia y porque la cara de Adrien no me permite sentirme mas tranquila. — Pero... Adrien... creo que se rompió algo dentro de mí — Cuando llego a esta parte del relato agacho la mirada, siento una vez mas como mi rostro cosquillea por la cantidad de sangre que ha llegado a él en segundos — Mi seguridad se ha roto. No puedo… no puedo… Ya sabes. — Mis mejillas están tan calientes que me siento como si acabara de tener una insolación. Segundos después de que he terminado de hablar, por fin, Adrien abre la boca. Su voz sale a bajo volumen y distorsionada.
— No, no lo sé. — He llegado ya hasta este punto, así que me obligo a explicarme mejor.
— No solo he mentido respecto a Lila... — Me separo un poco de él hasta poder mirarlo de frente, doy un par de pasos hacia atrás para poder sentarme en el borde de la cama. Adrien me mira taciturno y no se mueve ni un centímetro desde que me separo de él — yo... bueno... la verdad es que... aun soy virgen —
—Oh. — Es la única respuesta de parte del rubio. Aprieto los labios, tratando de aplacar la vergüenza que sube por mi garganta. No se exactamente como continuar pero me obligo a hacerlo.
—Pensé que tal vez si tú y yo… si… ya sabes, tuviéramos un poco de sexo, podría ser capaz de… no sé… tener... confianza, ya sabes... para intimar con un chico... como... ¿Luka? — ¡Oh, Dios Mio!. Las palabras salen titubeantes de mi boca antes de que mi cerebro pueda revisarlas, y mi cara arde en llamas cuando me doy cuenta de lo lamentable que suena todo. En mi cabeza sonaban totalmente lógicas y no sonaba tan mal y grosero lo ultimo, pero en cuanto termine de decirlo sentí la bilis subir hasta mi esófago. El darme cuenta de que oficialmente he tocado fondo en lo que a humillación se refiere, desata mis lágrimas. Cuando un sollozo ahogado sale de mi boca, intento de forma frenética escaparme de la habitación de Adrien hacia el baño, pero sus brazos me rodean con fuerza antes de que pueda dar dos pasos. Atrapada entre sus brazos me retuerzo para poder salir de ahí; él me gira sobre mis talones hasta poder tenerme otra vez aprisionada contra su pecho, entierra una mano fuerte en mi pelo y acerca mi cabeza a la suya hasta que puedo volver a esconder mi rostro entre su hombro y su cuello temblando violentamente mientras las lágrimas se deslizan por mis mejillas en un torrente salado.
— Hey, vamos, no llores —suplica—. Me rompe el corazón verte llorar, Mousinette. — Se que ha usado aquel apodo con ganas de calmar los ánimos en la conversación, y lo agradezco, aunque no funcione. En aquel momento se que no puedo parar las lagrimas. Cojo una bocanada de aire y me acurruco en sus brazos; Adrien me acaricia el pelo y emite sonidos roncos y tranquilizadores que solo consiguen hacerme llorar aun más y mas fuerte.
—Estoy rota, Adrien. — Mi voz se amortigua contra su cuello, pero oigo su voz fuerte y clara cuando dice:
—No estás rota, My Lady. Te lo prometo. —
—Pues ayúdame a demostrármelo —le susurro mientras le suelto un suave golpe en su pecho — Por favor. — Él tira suavemente de mi cabeza. Me encuentro con su mirada y no encuentro más que pura emoción y sinceridad.
—Está bien —me susurra mientras se acerca lentamente a mi rostro, comienza a repartir besos corto y tiernos en el. Después deja escapar un largo suspiro tembloroso y enmarca mi rostro con sus manos— Está bien. Lo haré. —
•Adrien•
Escucho el bullicio de la sala; las personas van y vienen, llevando cosas, trayendo otras. Veo al fondo de la sala a Kim y a Max, ambos están con caras de zombies y y con una resaca de muerte, Yo, sorpresivamente, estoy totalmente despierto, pero no atento a mi entorno. En mi mente solo resuenan las revelaciones de Marinette; la conversación que tuvimos esta mañana fulmino cualquier rastro de Alcohol en mi sangre, cualquier dolor de cabeza e incluso las nauseas de una resaca.
Abusaron de Marinette. Lila abuso de ella.
Con aquel pensamiento no puedo hacer otra cosa mas que apretar fuertemente la mandíbula.
— Adrien, bebé, cambia esa cara, que las fotos no saldrán bien — escucho como Aymé, mi fotógrafo, me reprende, inmediatamente muevo la cabeza para poder despejar los pensamientos que tengo y así continuar con la sesión de fotos en la que estoy. Me muevo como me lo pide antes de terminar con el conjunto que traigo puesto y así cambiarme al siguiente; mientras camino hacia el vestidor portátil de la sala vuelven los mismos pensamientos que me han atormentado toda la mañana.
Lila abuso de Marinette
Esas cuatro palabras han estado dando vueltas en mi cabeza desde que la dejé en su residencia, y cada vez que aparecen, una rabia enfurecida estalla dentro de mí como una granada. No puedo creer hasta que punto llego esa chica con tan de joder a una persona tan dulce e inteligente como Marinette. Solo espero que pague por lo que le hizo.
— Dame más Adrien... Pero sin poner esa cara de asesino que te has cargado toda la sesión — Me regaña una vez mas Aymé; él se mueve por toda la sala, capturando cada pose que hago. Internamente estoy gritando de frustración. ¿Como es posible que haya llevado mi vida; que todas las personas que están aquí hayan llevado sus vidas con normalidad, mientras Marinette sufría en su habitación por el abuso de una mujer envidiosa? Largo un suspiro justo después de que Aymé lanza una ráfaga de capturas con su cámara portátil. Él corre para capturar el momento con otra cámara y otra perspectiva.
Un par de minutos después estoy cambiándome de nuevo y Kim esta conmigo, bebiendo de una botella de agua. Él me mira como si quisiera decirme algo pero no terminara de decidirse a decirlo. Cuando salgo del vestidor Kim me mira con una expresión preocupada.
— Hombre, ¿Te ocurre algo? — Largo una vez mas un suspiro, justo antes de contestarle a la estrella de Atletismo.
— Nada en realidad — camino con prisa hacia los reflectores para poder de una vez terminar esta sesión de fotos, la cual se me ha hecho eterna.
A Marinette casi la violan.
Y ahora ella quiere acostarse conmigo. No, ella quiere que yo la...
Trago grueso, Marinette quiere que la desflore, que la haga sentir como una chica normal que no le tiene miedo a intimar con un hombre, que no tiene miedo de estar a solas con un chico que esta abiertamente atraído por su físico. Ella misma lo dijo... Quiere que la prepare, que la ayude a tener confianza para estar... con Luka.
Aprieto fuerte la mandíbula ante el recuerdo; maldición. No estoy seguro de poder hacer esto. ¿En qué carajos estaba yo pensando al comprometerme a hacer algo así? He querido desnudarle desde ese primer beso, pero esto no me gusta nada. No me gusta cuando es como una especie de experimento sexual, cuando yo soy la rata del científico loco, en este caso, Marinette. No cuando siento tanta presión para… ¿Para qué? ¿Hacerlo bien? ¿No decepcionarla?
Sin poderlo evitar me revuelvo el cabello, justo cuando estoy cambiando de posición; irremediablemente escucho el jadeo que suelta Aymé a mis espaldas; detengo mis movimiento y me giro lentamente hacia él. Aymé me mira con una expresión de horror, con una mano sostiene su cámara y la otra la tiene extendida hacia mi, veo como poco a poco su expresión cambia a una llena de furia y me preparo para lo inviable.
— ¡Santa Madre de Dios! ¡Adrien! ¿Pero que has hecho? — rápidamente deja la cámara en manos de su asistente, la cual corre para traer a los estilistas y así arreglar mi pequeño desliz — ¡Rápido! ¡Rápido! Que no tenemos mucho tiempo para arreglar este desastre — Aymé aplaude para que todos se movilicen y así no exceder del tiempo que tenemos reservado en la sala; Antes de que se de vuelta y tome de nuevo su cámara me lanza una mirada envenenada.
Genial. La he cagado.
Estoy mas que seguro que hoy recibiré una llamada de mi padre para poder tratar este incidente. Gruño de solo pensarlo.
Me permito dejar de pensar en el problemon; en los problemones, en los que me he metido y me dejo hacer por el equipo de estilismo.
Media hora después Kim, Max y yo estamos caminando hacia la salida. Aymé me ha regañado y me ha prometido no notificar a la agencia Gabriel esta situación, salvándome de una llamada muy incomoda y nada deseada. Me he disculpado con él y al parecer al fotógrafo le caigo bien, ya que me ha dicho que es normal en los universitarios tener la cabeza en otro lado. Llevo mis manos metidas en los bolsillos de mi chaqueta, cuando llegamos a la puerta de salida Kim la abre de forma teatral, haciendo un gesto bastante ridículo.
— Adelante, Sir — dice la voz burlona de Kim. A nuestras espaldas Max se ríe divertido de la situación, yo intento darle una patada en las pantorrillas, fallando totalmente, él se ríe de mi y los tres comenzamos a caminar hacia mi Audi. Max habla acerca de sus mejoras para Markov y de que esta ansioso por poder comenzar a instalarselas. Un par de minutos después la resaca y el cansancio han vencido al programado y este yace dormido en el asiento trasero.
Kim cambia la música desde su celular y cuando se decide por una me lanza unas cuantas miradas fugaces; después de varias miradas así la curiosidad puede conmigo, nos detenemos en un semáforo en rojo y me giro hacia mi amigo, antes de que puede decir algo él habla.
— Estoy cabreado contigo, hombre —me dice mientras sube y baja la ventanilla de su asiento. No me mira, solo contempla el movimiento del cristal. Frunzo el ceño al escuchar su acusación.
— ¿Qué he hecho yo ahora? — pregunto con un suspiro.
—Me dijiste que no estabas interesado en Mousi. — Mi pecho se tensa, pero finjo no inmutarme mientras acelero cuando el semáforo pasa a verde. — y toda la mañana has estado raro, incluso el equipo de Aymé lo noto — Esta vez si se gira hacia mi para poderme decir eso. Yo le veo de re ojo y se que tiene toda la razón. Todos han notado que algo me inquieta.
—No lo estaba, al menos no cuando hablamos del tema. — Le respondo a su primera acusación, procurando así no tocar el tema de mi actitud por la mañana. Kim gruñe ante mi respuesta.
— Entonces qué, ¿ahora sí te interesa? — Yo trago saliva antes de contestarle con algo convincente.
— Sí. Supongo que sí. — Kim no dice nada más después de responderle. Mis dedos tamborilean en el volante del carro el resto del camino a la universidad. Observo vigilante a mi copiloto, él se mantiene serio mientras mira por la venta. En el siguiente semáforo en rojo hecho un vistazo a la hora que se proyecta en el radio del vehiculo. Son casi las cinco. Hoy Marinette termina de trabajar a las diez; de ahí vendrá directamente a mi casa.
Y nos acostaremos.
La presión en mis entrañas se encoge al máximo convirtiéndose en un nudo brutal. No tengo ni idea de si podré hacerlo o no. Me acojona hacer algo mal. Hacerle daño.
—No me sorprende que te hayas dado cuenta del error en tu forma de pensar — dice Kim al cabo de un par de minutos. Estamos entrando en la calle principal de la Universidad, tengo que dejar a Max en el enorme edificio que funge como Biblioteca para que pueda continuar con su proyecto y después llevar a Kim a la piscina de la escuela — Es una chica muy, muy genial. Lo supe desde el momento en el que la conocí. — Sonrió ante la afirmación de mi amigo. Sí, Marinette es enormemente genial. Y también es guapa, inteligente y divertida. Y NO está rota.
La opresión de mi estómago se relaja cuando me aferro a ese último pensamiento. Por eso accedí a acostarme con ella, porque no importa lo que le haya ocurrido en el pasado, no importa cuántas cicatrices conserve aún de esa terrible experiencia; sé, sin la más mínima duda, que Marinette Dupain-Cheng no está rota. Es demasiado fuerte como para permitir que cualquier otra persona, especialmente la mentirosa de Lila Rossi, la rompa. No. Lo que le falta es la capacidad de confiar en los demás y, en cierta medida, la confianza en sí misma. Solo necesita a alguien que… ¿la guíe? No se me ocurre un verbo mejor. Pero, carajo, ¿puedo ser yo realmente ese alguien?
No sé nada sobre el protocolo a seguir si te vas a acostar con la víctima de una casi-violación.
—En fin, igual no me molesta que te me hayas adelantado —sigue hablando Kim a mi derecha. Le lanzo una leve sonrisa.
— Vaya, gracias. — Me devuelve la sonrisa justo cuando veo a escasos metros la Biblioteca.
— Dicho esto, solicito una exención de la parte del código de hermanos que dice que no puedo salir con una chica después de que tú hayas roto con ella. — Mis dedos aprietan el volante con más fuerza.
Y una mierda.
La idea de Kim estando con Marinette me da ganas de convertirme en un super villano; notese que tendría garras, algo así como Gatubela en hombre y, rasgaría la perfecta espalda del Atleta a mi lado. Pero al mismo tiempo, estoy bastante seguro de que ni de casualidad Marinette se fijaría en Kim, sobre todo ahora que conozco sus problemas. Así que me encojo de hombros de forma casual y le digo:
— Exención concedida.— Internamente me estoy riendo de mi amigo, pero es algo que jamas le haría saber.
— Genial. Ahora iré despertando al futuro Bill Gates, yo creo que me quedo aquí con él, Alfa — Dice antes de que estacione y abra la puerta trasera para poder sacar a un dormido Max de sus sueños. Ambos se despiden de mi y veo como Kim comienza a calentar antes de correr moderadamente hacia la piscina de la escuela.
No se que hacer en aquel momento. Todas mis inquietudes respecto a lo que pasara con Marinette esta noche vuelven en cuanto me encuentro solo en mi auto. Medito la mejor manera en la cual podría abordar el problema y la situación pero no termina de parecerme horriblemente mal.
Dejo caer mi cabeza en el volante, frustrado por no poder encontrar una solución, un camino. Jamas he estado con una chica que haya sufrido como Marinette lo ha hecho. Al menos hasta donde yo se.
Inmediatamente me viene a la cabeza el único que conozco sabría tratar esta situación y muy seguramente no hablaría de esto con nadie. Enciendo el carro y me dirijo hacia la casa de Ivan Bruel.
...
— Agreste, que sorpresa — Cuando llego a casa de Ivan parece que acaba de despertarse; me abre la puerta vestido solo con un par de calzoncillos largos y una playera de la universidad de manga corta, tiene el cabello muy despeinado y un par de ojeras entornan sus ojos. Me invita a pasar y me encuentro a su novia, Mylène, tomando un par de cosas de forma apresurada en su sala de estar, lleva al hombro una mochila y pareciera que se ha vestido rápidamente, ya que noto su playera con las costuras a la vista; reprimo una risa al darme cuenta del porque ambos pueden estar en tales condiciones.
— Adrien, un gusto verte, disculpa que no me quede pero tengo que salir corriendo a la Uni — Mylène me saluda rápidamente con un beso en cada mejilla y corre a darle un beso rápido a Ivan, ambos la vemos salir del lugar echando polvo.
— ¿A que debo el honor de tu presencia, hombre? — el baterista me da un par de palmadas en la espalda cuando pasa a mi lado directo a por una botella de agua, me mira inquisitivo desde su posición. Le lanzo una sonrisa y camino hasta sentarme en un de sus sillones.
— Necesito un consejo —
— Claro. ¿Sobre qué? — Dudo el como abordar el tema. Miro la puerta por la cual salio su chica, deseando que se le haya olvidado nada y a continuación, bajo la voz.
— Esto tiene que quedar entre nosotros, ¿de acuerdo? — Le lanzo una mirada amenazante justo antes de ver como una sonrisa irónica levanta la comisura de sus labios. Ivan es una de las personas mas reservadas que he conocido. Se gracias a Nino que Ivan ha sido una tumba total con respecto a secretos ajenos, de él jamas se sabrá información de sus allegados o conocidos.
— Hombre, si supieras la de secretos que flotan en esta cabeza que tengo, te asustarías. Créeme, sé cómo mantener la boca cerrada. — Me lanza un guiño y se deja caer enfrente de mi en lo que parece ser su sillón favorito. Descanso las manos en mis rodillas, pensando, no sé por dónde empezar, pero sí sé que no puedo decirle toda la verdad. Eso es algo que solo Marinette tiene derecho a compartir.
—¿Alguna vez te has acostado con una chica virgen? —pregunto desviando el tema. Ivan parpadea ante mi consulta y se acomoda un tanto incomodo en su lugar.
—Emm… Ok. Bueno, sí. Sí que lo he hecho. —El baterista se pone recto y me mira fijamente a los ojos—. ¿Entre tú y yo? — pregunta.
— Claro.—
— Mylène era virgen cuando empezamos. — Abro los ojos sorprendido de su revelación; sabia que la relación que ellos llevan es muy seria a demás de duradera. Ellos dos son una de esas parejas de las que todo el mundo se burla por ser tan asquerosamente perfectos, pero que en secreto todos envidian. Me inclino un poco mas hacia enfrente para poder hablar con un poco mas de confidencia. No puedo evitar lanzar la siguiente pregunta.
— ¿Tú también lo eras? — Él sonríe, se empina una vez mas la botella con agua, esta vez hasta terminársela y antes de responderme se limpia la comisura de sus labios con el dorso de la mano.
—Naah. Deje de serlo desde los quince años. — Sonrió ante su revelación. Quien diría que Iván Bruel dejo de ser un niño mucho antes que yo. —¿Por qué? ¿Tienes una cita con una tímida virgen? —se burla. No puedo evitar rodar los ojos ante su broma. Me enderezo en mi lugar y una vez mas la revelación de Marinette aborda mis pensamiento. Rápidamente mi humor cambia.
—Algo así. —Teniendo en cuenta que conoció a Marinette el fin de semana, estoy seguro de que Ivan está sumando dos y dos ahora mismo en su cabeza, pero sé que no va a cotillear esto con nadie. Además, pienso que esta historia de la chica virgen es más segura que pronunciar las palabras «víctima de una casi violación». Porque, pensándolo bien, a la hora de acostarte con una chica, la forma de abordarlo en caso de que sea virgen no puede ser muy diferente al otro caso. En ambos es necesario ser paciente, respetuoso y cuidadoso, ¿no?
—Entonces, ¿Que fue lo que hiciste para... ya sabes...? —pregunto con torpeza sin poder mirar a los ojos al baterista. El me sonríe con comprensión antes de contestarme.
—¿Honestamente? Solo intenté que se sintiera cómoda. — se encoge de hombros antes de continuar hablando — A ella no le va toda esa mierda cursi de flores, velas y pétalos de rosa por toda la cama. Ella tampoco quería darle mucha importancia. —Vuelve a encogerse de hombros — Pero algunas chicas sí que quieren que te montes una superproducción. Así que, en tu caso, creo que lo primero que hay que hacer es averiguar qué tipo de chica es: sencilla o megarromántica. — Pienso en Marinette y en toda la presión que tiene para ser «normal»; que probablemente será un millón de veces peor que la presión que siento yo en este momento y, sé de inmediato la respuesta.
— Sin duda, sencilla. — Creo que lo de las velas y los pétalos de rosa le pondría nerviosa. Ivan asiente con la cabeza.
—Entonces solo tienes que ir despacio y asegurarte de que se sienta cómoda. Ese es el único consejo que te puedo dar. —Hace una pausa mientras me mira meditabundo—. Y yo metería un montón de juegos preliminares. Las chicas necesitan estar a tono. ¿Entendido? — Ivan mueve sus cejas de forma sugerente, me río ante su comentario y asiento antes de levantarme.—¿Alguna otra pregunta? Porque apesto como un cerdo y necesito desesperadamente una ducha. — Se ríe justo después de echarse una olfateada a la axila. Largo una carcajada y comienzo a caminar hacia la salida
—Naah, eso es todo. Gracias. — Me despido con una mano mientras sigo caminando. Ivan me mira desde su lugar. Justo antes de salir de su campo visual me dice:
—No te estreses demasiado con este asunto, A. El sexo se supone que es divertido, ¿te acuerdas? —Después me guiña un ojo y se mueve con pesadez hacia las escaleras de su casa ¿Que no me estrese? Por Dios, ¿cómo no voy a estresarme? Suelto un quejido en voz alta, y agradezco que ya no haya nadie a mi alrededor para escuchar el sonido del pánico.
Que se sienta cómoda. Ve despacio. Muchos juegos preliminares. No te estreses. Bueno. Eso lo puedo hacer. O al menos, espero, por Dios, poder.
•Marinette•
Casi vomito; por tercera vez, de camino a casa de Adrien, pero me aguanto las arcadas y me desmorono en nervios. Voy pedaleando de lo mas lento mi bicicleta, lo último que quiero en el mundo es tener un accidente. Sinceramente, no recuerdo ni un segundo de mi turno de cinco horas en el Papillon, mucho menos me acuerdo de las clases que he tenido esa mañana, no recuerdo cómo he llegado de un sitio a otro. He estado todo el día con el piloto automático activo, desde que salí de la habitación de Adrien por la mañana mi mente ha estado suspendida en el limbo; cada pensamiento consciente se ha centrado en lo que voy a hacer esta noche. ¡Dios! ¿He dicho ya que estoy nerviosa?
Largo un suspiro justo antes de comenzar a controlar mi respiración; inhalo y exhalo como he visto que hacen las mujeres en labor de parto. Se que no debería estar tan nerviosa pero, ¡Dios!, es algo que he deseado con el chico indicado desde que tengo catorce; el sexo siempre me había dado curiosidad pero jamas se me había presentado la oportunidad de poder ponerlo en practica.
Bien. Es solo sexo. Debería tranquilizarme. Es sexo con un chico que me atrae, un chico que realmente me gusta y en el que confío. Mis manos no deberían estar temblando como lo están haciendo sobre el manubrio de mi bicicleta y mi corazón no debería estar latiendo tan rápido si no es por el esfuerzo físico; pero, entrelazándose con los nervios, hay una sensación de emoción.
De anticipación.
Incluso me he puesto un sujetador a juego con las bragas debajo de mi uniforme de camarera el cual, notese no me quite por salir a toda prisa del trabajo. Sí, una sabe que está a punto de tener relaciones sexuales con alguien cuando llevas ropa interior de encaje rojo y tu piel está suave como la seda y lista para ser acariciada.
Mi yo interior lanza un grito cuando llego a aparco la bicicleta en el lugar de siempre. Siento mis rodillas temblar a cada paso que doy.
Los compañeros de piso de Adrien no están en casa cuando entro. A menos que estén escondidos en sus habitaciones, claro. No creo que sea así, porque no oigo nada más que silencio en el pasillo de arriba cuando me dirijo hacia la habitación del rubio modelo. Me pregunto si Adrien les mandó esfumarse. Espero que no, porque…, bueno, eso es como poner un cartel de neón anunciando que él y yo vamos a hacerlo esta noche.
Con extremada lentitud subo las escaleras, paso a paso siento mis pies mas y mas pesados, pero me armo de valor y de un momento a otro me encuentro entrando a la piza del rubio.
— Hola — dice cuando abro la puerta y entro. Mi corazón hace un salto mortal de nervios y una voltereta de admiración a la vez. Es evidente que se ha tomado su tiempo para prepararse porque su pelo todavía está un poco mojado de la ducha y su cara está completamente afeitada, casi podría jurar que brilla como el sol.
Muevo la cabeza de lado a lado para poder disipar esos pensamientos.
Es solo sexo, Marinette, solo sexo.
Echo un vistazo a sus pantalones de chándal negro y su camiseta ceñida de color gris; después miro mi uniforme azul chillón.
— H-Hola —tartamudeo con la boca seca justo antes de tragar saliva—. Bueno, y entonces… ¿cómo empezamos esto? — Siento la boca pastosa al hablar, dejo mis cosas en el suelo junto al diván y comienzo a quitarme el abrigo que cubre la parte superior de mi uniforme. Hago una pausa justo antes de continuar hablando como si se me estuviera ocurriendo algo — No te atrevas a pedirme que haga algo raro porque ya estoy bastante nerviosa ocupando la misma habitación contigo. — Adrien me escucha atentamente y puedo ver el temblor de sus hombros, evidencia de que se esta aguantando las ganas de reírse en mi cara. Justo cuanto termino de hablar deja de contenerse y se echa a reír.
— No sabes ni cómo tomártelo, ¿verdad, Mousinette? — Gimo con tristeza ante sus palabras. Él se levanta de su posición y camina hacia mi con paso lento.
— Ya te dije... estoy… nerviosa — digo un tanto tímida, comienzo a retorcer la tela de mi ropa. Cojo aire y me limpio las manos sudorosas en la parte delantera de mi falda antes de enfrentarme a su mirada —. ¿Podemos empezar? Estás ahí de pie mirándome y me estás poniendo histérica. Me dará un ataque su continuas así — Se acerca con una sonrisa sosegada y toma mi barbilla con su dedo indice y pulgar. Poco a poco se va acercando a mi rostro y no puedo evitar temblar ante la cercanía y de ver la intensidad de su mirada verde neón. Veo el hambre, el deseo grabado en sus iris, el echo de ser consciente de tales emociones en él me hacen temblar de pies a cabeza.
—Primero, relájate, no hay ninguna razón para estar nerviosa. Y segundo, no esperaba que hicieras cosas raras; y a decir verdad, tampoco me apetece especialmente hacer algo raro. — Me guiña un ojo estando a escasa distancia de mi rostro, siento su pulgar acariciar mi labio inferior con suavidad —. Al menos, no esta noche… Y tercero, no vamos a empezar nada ahora mismo. — Lucho contra una punzada de decepción al escuchar sus vocablos. El rubio me regala una sonrisa traviesa y se separa de mi dejándome con unas enormes ganas de sus labios. El haberlo tenido a centímetros hizo que un calor abrazador se instalada en mi vientre, ahora, me siento decepcionada de que no haya ocurrido nada.
— ¿Que has querido decir, Adrien? — él me sonríe con paciencia al tiempo que me lanza una mirada cargada de lujuria.
—Quítate ese disfraz de chica retro. — El tono de voz que usa al hablarme es tan demandante que hace mis rodillas temblar, sin siquiera preverlo mis manos comienzan a actuar por si solas. Uno a uno fui desprendiendo los botones hasta llegar al que esta a la altura de mi vientre, la intensa mirada verde de Adrien se mantenía fija en mi persona y soy consiente del calor que hacia picar mis mejillas. Estoy ansiosa por sentir sus manos recorrer mi cuerpo, por sentir de nuevo su lengua unida a la mía.
Deseo en sobre manera que me siga viendo como lo esta haciendo en este momento.
Aquel pensamiento hace que los recuerdos de Lila y de los chicos que ayudaron en su intento de abusar de mi nublen mi mente. No se cuanto tiempo nos quedamos en aquella posición. El rubio modelo no ha movido ni un musculo mientras me armo de valor para hacer a un lado el miedo de no dar el ancho, de no poder complacerlo como aquella noche me lo repetía una y otra vez la fría voz de la que se decía ser mi amiga.
— Hey, Princess tranquila... — las suaves manos de Adrien aprisionan mi rostro, una en cada mejilla. Inevitablemente había comenzado a llorar; no había caído en cuenta de lo sensible que había llegado a ser respecto a la casi violación. Justo ahora solo había recordado los rostros de aquellos que habían estado presentes y las lagrimas comenzaron a fluir.
Llevo mis manos a la espalda del ojiverde, acariciando su cuerpo por encima de la tela de su playera.
— Ayúdame... Adrien — Podría ver la nube de sentimientos en la mirada del rubio, sabia que estaba pidiéndole demasiado pero no había conocido a nadie que me diera tanta confianza como Adrien lo hacia. De verdad que deseaba estar con él, deseaba poder ser una chica normal que pudiera sentir deseo por el sexo, deseo y pasión... no miedo.
— Relajete Princess... confía en mi — Adrien me mira con determinación; sus manos comienza una suave caricia desde mi cuello hasta mis hombros, él se inclina hacia mi hasta tocar con su lengua húmeda mi mandíbula, inevitablemente largo un suspiro al tiempo que me permito cerrar los ojos para disfrutar de sus besos. Sus manos continúan recorriendo mis hombros hasta mi clavícula y de ahí hasta mis omóplatos. Siento como el vestido de mi trabajo cae hasta mis tobillos, suelto un gritito al sentirme expuesta, la vergüenza invade cada centímetro de mi ser y de forma instintiva me muevo para cubrir mi desnudez. Las manos de Adrien me detienen. — Mírame Marinette — Su voz es un susurro ya que su rostro esta a escasos centímetros de mi. Lentamente abro los ojos y dirijo mi mirada azul a la verde de él. — Confía en mi — Repite. No me da tiempo a decir nada ni hacer nada mas.
Los labios de Adrien están unidos a los míos en cuestión de segundos y sus fuertes brazos me mantienen pegada a su cuerpo. Me besa lento y pausado, como si quisiera que el momento no se terminara; en realidad, yo no quiero que acabe.
Poco a poco me dejo llevar por el momento. Cierro una vez mas los ojos y abrazo por el cuello al rubio modelo, apartando una y otra vez el pensamiento de lo inexperta que soy en la materia, de mi sufrimiento.
Me inclino hacia atrás guiándonos hacia su cama; tengo una enorme necesidad de él. Quien lo iba a decir, me he vuelta adicta a Adrien Agreste.
Siento como sus labios se curvan en una sonrisa mientras se mantiene unido a mi en el beso.
— Tranquila — Agreste se aleja un par de centímetros de mi y me acaricia los hinchados labios, su mirada esta nublada por lo que se es deseo. irremediablemente me sonrojo. Está intentando que me sienta cómoda. Y funciona. La mano que mantiene en mi espalda me estruja y me hace soltar un gemido, lo escucho gruñir antes de que entierre su cara en el hueco entre mi hombro y mi cuello. — No. El que debe tranquilizarse soy yo — Me rió de su comentario. Es evidente que se esta conteniendo. Me abrazo a su espalda, acariciando sus dorados cabellos. Segundos después se separa de mi y se coloca a mis espaldas. — Bien... a la cama — Me rió de sus cambios de actitud.
—¿Qué haces? —balbuceo cuando me toma por los hombros y hace que camine hasta la orilla de su enorme cama. Despacio, con parsimonia coloca sus labios en mi hombro derecho, se desplazan a lo largo hasta llegar a mi cuello. Adrien acaricia mi cabello suelto y con su mano libre roza suavemente mi estomago. Yo no digo absolutamente nada, pero se me escapa un suspiro involuntario. Se me pone la piel de gallina en el lugar que sus labios tocan y, cuando descansa una gran mano en mi muslo desnudo, una sacudida de calor abrasa mi piel.
— Crear el ambiente adecuado. — Mordisquea el lóbulo de mi oreja—. A diferencia de algunas personas que yo me sé, sé cómo hacerlo. — Me rió fuerte de su comentario con la intensión de hacerle enojar, pero está demasiado ocupado volviéndome loca con sus labios, plantándome besos húmedos con la boca abierta en un lado de mi garganta. — Te va el rojo, My Lady — La excitación comienza a despegar desde lo más profundo de mi ser al escuchar sus palabras, siento como va extendiéndose hacia afuera, revoloteando por todo mi cuerpo y cosquilleando mis zonas erógenas. Cada vez que sus labios me besan un nuevo pedazo de piel, tiemblo de placer. Cuando su lengua me hace cosquillas en la nuca con sus cabellos, giro la cabeza al sentir sus besos en mi mandíbula y nuestras bocas se encuentran en el beso más caliente del universo.
Siento su cuerpo caliente a mis espaldas, su pecho fuerte pegado a mi. Tengo tantas ganas de disfrutar con él que mi cuerpo se mueve como si no fuera mio. Mis caderas hacen un movimiento circular chocando con las del rubio, mis manos están enredadas en sus cabellos y las fuertes manos de él aprisionan mis senos como si se le fuera la vida en ello.
Me encanta cómo besa Adrien. No es ni descuidado ni apresurado, sino hábil y lento y absolutamente increíble. Su labios rozan los míos, relajados y provocativos, mientras su lengua se cuela en el interior de mi boca, solo a veces, para una cata fugaz antes de salirse de forma seductora. Ladeo la cabeza permitiendo que el beso sea más profundo y gimo cuando el sabor a menta de su boca invade mi lengua. Un estruendo masculino surge de la parte posterior de su garganta y mi vientre se contrae en respuesta. Su boca permanece pegada a la mía mientras se empuja suavemente contra mi espalda. Una mano cálida se cuela debajo de mi bralette, y un fogonazo de placer me hace gimotear de deleite.
Cuando su dedo indice y pulgar presionan con fuerza mi pezón derecho rompo el beso y largo un gemido, me inclino hacia enfrente hasta dejarme caer sobre la cama y siento una rigidez entre las piernas del rubio que choca con mi trasero.
Adrien gruñe antes de ponerse erguido y separarse un paso de mi. Yo jadeo en mi posición, dándome cuenta del exceso de ropa que el porta, frunzo el ceño.
— ¿Porque tienen tanta ropa aun... Adrien? — Lo escucho reírse a mis espaldas justo antes de que comience a caminar al otro lado de la cama. Me acomodo para poder verlo sin que mi cabello este de por medio. Él sonríe divertido. Se saca con lentitud los tenis Adidas que trae puestos sin apartar su mirada verde neón de la mía. Caigo en cuenta de que se esta desnudando para mi y una vez mas la sangre sube hasta mis mejillas tintandolas de rojo.
Con calma desplaza sus pantalones de chandal hasta que tocan el suelo y mi rostro se calienta hasta temperaturas insospechadas de ver la tremenda erección que se carga. ¡Dios! ¡Va a partirme!
Siento como la cama se hunde a mi izquierda y su familiar aroma masculino invade mis fosas nasales hasta el punto de relajarme. Adrien toca mi hombro con la palma de la mano con una caricia suave y sensual que hace que sea muy difícil concentrarse en cualquier otra cosa. Se inclina y me besa el cuello al tiempo que sus manos acarician mis brazos.
—¿Estas lista? — dice de forma casual, su voz me hace temblar y me doy cuenta de que contrario a cualquier otra cosa, estoy sonriendo.
Todos mis sentidos están sobrestimulados. Adrien me besa mientras coloca sus manos en mis senos, me aprieta con fuerza contenida y frota suavemente mi pezón con el pulgar por encima de la tela, todo lo que hace me gusta tanto que no sé en qué sensación centrarme. Mis latidos enloquecen cuando baja su mano por mi estomago. Duda cuando llega a la parte inferior del conjunto de ropa interior que aun traigo puesto, pero a continuación, emite un sonido ronco contra mi hombro y desliza sus dedos por debajo de la tela.
— Dime si voy demasiado rápido. —Susurra jadeante en mi oreja izquierda justo después de colocarse una vez mas a mis espaldas; esta vez sentado, me inclino hacia él hasta recargarme en su fuerte pecho. Su voz profunda me hace cosquillas en la nuca; después su lengua se abre camino a través de mi oreja hasta llegar de nuevo a mi mandíbula, una parte de mi cuerpo que al parecer es super susceptible con Adrien. Mis labios se abren y cierran con jadeos. Las expertas manos de Adrien me hacen estremecer cada segundo. Cuando su mano se mueve entre mis piernas, se me corta la respiración. Cuando sus dedos tocan mi clítoris por debajo de la ropa interior, gimo. No, grito de placer. La mano de Adrien se detiene.
— ¿Quieres que pare? —
—Dios. ¡No! Sigue. — Una risa ronca sale de su boca, y luego su mano comienza a moverse de nuevo. Justo cuando creo que no puedo sentir nada mejor, me demuestra que estaba equivocada; aparta a un lado el trozo de tela que cubre mi sexo y presiona su dedo índice directamente sobre mi clítoris. Mis caderas se disparan hacia arriba como si las hubiese alcanzado un rayo.
— Oooh. Sigue haciendo eso. — Hace pequeños círculos alrededor de mi parte más sensible; son suaves pero firmes, y después baja el dedo para tocar el líquido que encharca mi sexo. El gemido que deja escapar vuela por mi espina dorsal estremeciéndome de nuevo. No puedo evitar tomarlo con fuerza de sus cabellos y girar su rostro hasta unir de nuevo nuestros labios. Introduzco mi lengua en su cavidad y lo escucho gemir con fuerza al tiempo que continua con el placentero movimiento de sus expertos dedos sobre mi clítoris. Una vez mas baja el dedo hasta tocar mi entrada. Se separa de mi y sus verdes ojos parecen negros cuando logro enfocar su mirada.
— Oh, Dios. Estás empapada. — Sí, sí que lo estoy. Totalmente. Y el deseo entre mis piernas está empeorando, palpitando más y más, mientras olas de placer bailan en mi interior. Me sorprende muchísimo sentir los signos reveladores del orgasmo inminente. Esto es lo más cerca que he estado de sentirme así jamás con alguien, pero me distraigo cuando noto el duro bulto que me presiona por detrás la cadera. Sentir la erección de Adrien frotándose contra mí es tan erótico que me impide pensar con claridad. Estoy desesperada por tocarle y mis manos se mueven como si estuviesen poseídas, deslizándose bajo la goma del boxer que aun trae puesto. Nada más tocar su erección, abro la boca de par en par.
— ¡Oh, Dios mío! —
—¿Qué pasa? — Adrien se separa de mi asustado, ineludiblemente rompo la perfecta posición que habíamos tomado y me coloco frente a frente con él.
—¿Tomas hormonas de crecimiento o algo así? — Intento resistir otra oleada de nerviosismo e, inevitablemente mi mirada no deja de ir del rostro del rubio a su enorme erección... Una cosa es verla, pero al palparla la sentir monstruosamente gigante —. ¡Es completamente imposible que ese monstruo humano pueda entrar dentro de mí! ¡Me lastimaras! — La cabeza del rubio cae de golpe en el hueco de su brazo, mientras su cuerpo se mueve con pequeños espasmos. De primeras pienso que está enojado, incluso pienso que le he herido con mis palabras e incluso puede estar llorando.
Necesito unos cuantos segundos para darme cuenta de lo que está sucediendo en realidad.
¡Se está riendo! No, retiro eso. Le está dando un ataque de histeria. Su ancha espalda tiembla con cada carcajada, haciendo que el colchón que hay debajo de nosotros se mueva también. Cuando por fin habla, su voz es jadeante y rota por las risas.
— ¡¿Monstruo humano?! —
—Deja de reírte de mí. Lo digo en serio — insisto — Puede ser que tenga las caderas grandes pero, no creo que mi canal femenino sea… apto — Suelta una carcajada.
— ¡¿Canal femenino?! —
— ¡Deja de repetir lo que digo!… Me vas a partir en dos. — Digo en un murmullo. Adrien levanta la cabeza y juro que veo lágrimas en sus ojos.
—Creo que es el mejor cumplido que una chica me ha dicho nunca — dice medio ahogándose con su risa. Ruedo los ojos antes de aventarle una de sus almohadas.
— No es divertido, ¿vale? — Sigue riéndose como un loco un par de minutos mas antes de soltar un suspiro y mirarme con diversión.
— Es superdivertido. — Su mirada verde tiene un brillo que no se identificar, muevo la cabeza para despejar la mente y me acerco a él con un puchero en el rostro.
— Estoy tentada a dejarte aquí sin la posibilidad de retomar esto. — Acaricio de manera provocadora su pecho. Él no pierde en ningún momento la sonrisa. — has arruinado el ambiente ideal — añado.
— ¿Yo? —pregunta entre risas — Te lo has cargado tú sólita, Princess. — Me siento al borde de la cama mientras gruño de molestia.
— Como sea, ya no estoy de animo de nada — Comienzo a buscar con la mirada mi ropa, lista para irme de la casa del rubio. Él me toma del brazo izquierdo, deteniéndome.
— De ninguna manera. Ya hemos llegado hasta aquí. — Hace que me acerque a él. Su voz se vuelve áspera cuando me tiene a escasos centímetros de él — Dame tu mano. — Le miro con recelo.
— ¿Para qué?—
— Creo que si llegas a conocer mejor a mi «monstruo humano», verás que no tienes por qué tenerle miedo. — Me río. Pero el humor se desvanece cuando Adrien coge mi mano y la coloca directamente dentro de sus boxers. ¿Que me he cargado el ambiente ideal? Ruge de vuelta a la vida cuando, con cuidado, pongo mis dedos alrededor de su pene. Es largo y grueso y palpita bajo mis dedos, y eso es todo lo que necesito para que mi cuerpo vuelva a sentir un hormigueo feroz. Le toco indecisa y él gime en voz baja. —¿Ves? No es más que un viejo pene normal y corriente, My Lady. — Mi garganta se cierra con una carcajada.
— Hay tantas cosas raras en esa frase que no sé ni por dónde empezar. —Me detengo— ¿Exactamente qué edad tiene tu pene? — enarco una ceja mientras con parsimonia comienzo a acariciar su miembro.
—Veinte años, como yo —Adrien contesta en serio — Pero es mucho más maduro que yo. ¿Y tú canal femenino? Es más sabio y maduro que… — Antes de que continué diciendo tonterías le callo con un beso.
No mucho después estoy temblando de placer otra vez. La mano de Adrien regresa a donde yo quiero que esté. No sé cómo, pero mis bragas desaparecen y un largo dedo se desliza dentro de mí, haciéndome jadear. Mis músculos interiores lo presionan y un rayo de calor asciende por mi columna vertebral. La lengua de Agreste llena mi boca y su erección se mueve en mi mano. Nunca me he sentido con tanto control ni tan deseable, porque sé que soy la responsable de los sonidos graves que está haciendo. Rompe el beso para mordisquear mi hombro, y la mecha que hay en mi cuerpo quema aún más, está tan cerca de la detonación que empiezo a gemir más fuerte. Pero la excitación se extingue cuando abro los ojos y me lo encuentro observándome. El hormigueo desaparece y yo me tenso bajo sus manos.
—¿Qué pasa? —murmura mirándome alerta, atento de no haber cometido un error. Aparto la mirada de su rostro.
—Nada. — Trago saliva — Solo… bésame otra vez. — Tiro de su cabeza y abro los labios para darle la bienvenida a su lengua. Adrien me acaricia el clítoris con una destreza que me sobrecoge. Es como si supiera exactamente cuánta presión ejercer, cuándo frotar más rápido, cuándo hacerlo más despacio. Aprieto su talentosa mano, pero cuando él gruñe de nuevo, la excitación se desvanece una vez más. Gruño también, de frustración.
— ¿Qué pasa, Mousinette? — El rubio se mantiene cerca de mi rostro, me acaricia con su fresco aliento y siento como sus dedos rozan mi sexo — Sé que te está gustando. Puedo sentirlo. — Y yo puedo sentir la frustración crecer a cada mirada que él me lanza y que yo noto.
—Sí que me gusta. Yo… — Mi garganta se contrae cuando la impotencia aumenta en mi interior, es una desesperación horrible — Estoy cerca y… se va. —Me aterra sentir el aguijón de las lágrimas una vez mas. Me niego a volver a llorar frente a Adrien. — Eso es lo que pasa siempre. — Susurro.
—¿Cómo puedo hacer que te corras? — dice, atento a mi expresión, a mis reacciones.
—No lo sé. Vuelve a tocarme. Por favor. — Le pido y él lo hace, y, ¡oh, Dios! Lo hace tan bien.
Cuando sus dos largos dedos se mueven dentro de mí en un movimiento lento, cierro los ojos otra vez, pero no importa; todavía siento que me mira. Igual que hicieron todos aquella noche, cuando decidieron llevarme a aquella habitación directo a algo que yo no quería.
Fui plenamente consciente aquel momento. A veces, cuando estoy deprimida o dándome un baño de autocompasión, maldigo que las drogas no me noquearan en su totalidad ese día, pero rápidamente me arrepiento, porque de no haber estado consciente no habría podido huir cuando abrieron la puerta por error.
Aun así, desearía tanto no recordar… no recordar sus rostros, sus expresiones, sus burlas. Pero sí que me acuerdo. Los recuerdos de ese momento son más borrosos que los recuerdos normales, pero las miradas salvajes de los ojos de aquellos chicos están grabadas en mi cerebro.
Recuerdo estar acostada en la cama de Lila, sintiendo el peso de alguien mas grande que yo encima de mí, sintiendo cómo otras manos tocaban mi cuerpo, como a la fuerza trataban de desnudarme, recuerdo la mirada llena de odio de los ojos verde olivo de Lila. Pero era como si estuviera paralizada, como su un monstruo invisible me abrazara y no me permitirá detenerlos. Mis brazos y piernas no parecían funcionar y daba igual las inmensas ganas que tenía de golpearles o de gritar. Mis cuerdas vocales se congelaron, por lo que no pude emitir ni un solo grito.
Todo lo que podía hacer era mirar esos ojos marrones y azules, todos con expresiones engreídas, teñidos de placer y brillantes de lujuria, una lujuria que me provocaba asco. Los terribles recuerdos se mueven por mi mente como el ataque de un enjambre de abejas, robando los últimos rastros de deseo que había dentro de mí.
Sé que Adrien siente el cambio en mi cuerpo, que yo ya no estoy húmeda ni dilatada y que mi temperatura ha bajado. Que estoy más rígida que una tabla y más fría que el hielo.
—Esto no está funcionando — dice con voz desilusionada. Me incorporo, reprimiendo con fuerza las ganas de llorar. Lo veo acomodarse en el borde la cama, procurando que no vea su expresión.
— Lo sé. Lo siento. Es solo que… tú estás… me estás mirando… y… — Antes de que continué hablando Adrien me ofrece una sonrisa torcida.
—¿Ayudaría si cierro los ojos? — Siento como se me estruja el corazón. El rubio se ha esforzado en hacerme sentir cómoda, en hacerme sentir placer y yo aquí como una tonta sigo enfrascada en lo horrible de mi pasado.
—No — le digo con tristeza — Porque sabré que me estás imaginando en tu cabeza. — Con un suspiro, se incorpora y apoya la cabeza en el cabecero de la cama. Sigue empalmado, puedo ver su erección presionando bajo los boxers que esta usando, pero cuando lentamente encuentra mis ojos, parece ajeno a su propio estado de excitación.
— No confías en mí. — Lo niego con rapidez.
—Claro que confío en ti. No estaría aquí si no lo hiciese. — me acerco a él y recargo mi mano derecha en su rodilla izquierda. Quiero que con el contacto físico sepa que entre él y yo realmente hay un vinculo, uno de confianza plena.
— Está bien, rectifico lo que he dicho. No confías en mí lo suficiente como para dejarte llevar del todo. — Mis dientes se hunden en mi labio inferior. Quiero decirle que está equivocado, pero una parte de mí no cree que lo esté. Muevo mi mirada en toda la extensión de su habitación, sé que si le miro a los ojos sabrá que no esta equivocado. — El sexo es confianza, nada más — dice — Incluso si no quieres a la otra persona, o si es solo algo casual, algo de una noche, tiene que haber una buena dosis de confianza para abrirse y dejarse llevar a un lugar tan vulnerable, ¿sabes? Y no hay nada más vulnerable que tener un orgasmo. — Su boca se levanta en una sonrisa — Al menos eso es lo que me ha dicho Doctor Google. — Me lanza un guiño mientras me mira risueño. No puedo creer lo que ha dicho.
— ¿Has buscado eso? — Enarco una ceja al preguntarle, el me sonríe pero sus mejillas enrojecen de la vergüenza.
— Tenía que hacerlo. Nunca he estado con una chica a la que han… ya sabes…— rápidamente su mirada se convierte en una cargada de dolor. Se que cuando le he contado mi horrible experiencia Adrien ha empatizado hasta el mas mínimo sentimiento conmigo.
—Lo sé. —Me muerdo el labio inferior aún más fuerte para evitar romper a llorar. Jamas habría pensado que Agreste es él tipo de hombre que me ha demostrado en este tiempo que llevamos siendo amigos-
— Después de lo que te pasó, no es de extrañar que tengas miedo a ser vulnerable. — Veo como lleva una mano a su nuca dudando antes de continuar hablando —. Eres virgen y lo eras cuando intentaron hacerte daño — Adrien se queda en silencio unos segundos. Aprieto los labios y asiento ante su comentario, dando pie a que continué hablando. — Tengo una idea, ¿estás dispuesta a escucharla? — El rubio se endereza en su lugar mientras me habla. No puedo emitir ningún sonido, porque estoy demasiado cerca de que me estallen los ojos de las lágrimas, así que se tiene que conformar con un asentimiento de cabeza como respuesta. — En vez de darte yo un orgasmo, ¿por qué no pruebas a dártelo tú? — Pensé que había llegado al nivel máximo de vergüenza esta noche, pero es evidente que siempre hay un poco más de humillación en la recámara.
—Lo hago todo el tiempo. —Mis mejillas arden cuando le respondo, procuro evitar mirarle a los ojos. Escucho como suelta una risita.
—Delante de mí — corrige — Provócate un orgasmo delante de mí. — Hace una pausa mientras me mira intensamente; siento un calor abrazador cuando nuestras miradas conectan — Y yo me provocaré uno delante de ti. — Concluye. ¡Ay, Dios!. No puedo creer que estemos teniendo esta conversación. Que me esté sugiriendo darnos placer a nosotros mismos delante del otro. Se que mi rostro esta mas que rojo en estos momentos. No se que decir y es claro que no se que decir cuando comienzo a balbucear incoherencias.
— B-Bueno... yo creo que eres fabuloso... quiero decir, seria fabuloso que pudiera ver como te tocas porque estas increíble... digo, es increíble que me veas... quise decir, que nos veamos de esta forma intima... y correrme —balbuceo— porque no sabes lo caliente que me pones... ¡No! eso no quería decirlo —
—No te detengas —Su mirada de ojos verdes se endurece con intensidad, el deseo y la pasión se condensan en sus iris neón y casi puedo jurar que esta apunto de devorarme — Será un ejercicio de confianza. En serio, creo que va a ser positivo. Ambos nos estaremos mostrando vulnerables y verás que no hay nada que temer. — Antes de que pueda responder, Adrien salta de la cama y se saca la camiseta por la cabeza. Entonces, sin perder un instante, se baja de un tirón los boxers de las caderas. Mi respiración se corta en los pulmones. Antes había tocado su erección, pero en realidad no había visto en todo su esplendor lo que ahora estoy viendo; es larga y dura y perfecta.
Mi cuerpo se estremece al ver su cuerpo desnudo y cuando mi mirada se eleva para mirarlo a los ojos, lo único que veo en esas profundidades de color verde neón es un deseo sano y una amable mirada de aliento. Nada de sucio deseo, ni destellos de poder, brutalidad o malicia. Él no es ninguno de los pervertidos que Lila consiguió para hacerme daño.
Es Adrien Agreste.
Y se está exponiendo delante de mí, demostrándome que no pasa nada por bajar la guardia.
—Quítate la ropa, Marinette. Deja que te vea. — Sonríe — Te prometo no mirar demasiado lascivamente tus kilométricas piernas. — Una sonrisa involuntaria aparece en mis labios. Pero no me muevo. — Enséñame lo que te haces a ti misma cuando estás sola — me provoca y hace mi boca salivar con sus palabras. Me excita en sobre manera como me esta hablando.
—Yo… —El nudo de mi garganta es demasiado grande como para poder hablar. Su voz es cada vez más ronca y seductora con la cercanía que él poco a poco va reduciendo.
—Enséñamelo y yo te lo enseñaré. — Envuelve su pene con su mano y un gemido sale tembloroso de mi boca. Me encuentro con su mirada y algo en su sincera expresión me impulsa a la acción. Mis dedos tiemblan incontrolablemente mientras agarro los tirantes del bralette. A continuación, respiro hondo y me lo voy quitando con lentitud. Con cuidado voy bajando uno a uno los tirantes delgados que sostienen de mis hombros la prenda. Adrien gruñe cuando me ve hacerlo con extrema calma, veo como aprieta su miembro entre sus dedos y me hace estremecer, hace que mis labios vaginales vibren con ansias.
•Adrien•
Nunca me he masturbado delante de una chica. A ver, sí que me he tocado un poco antes de poner mi pene en un lugar más deseable que mi mano, pero ¿tocarme de principio a fin? Es la primera vez que lo hago. Y estoy nervioso. Pero también estaría mintiendo si dijera que no estoy que ardo a más no poder. No puedo creer que Marinette esté tumbada, semi desnuda y en mi cama. Está increíblemente bella.
Su cuerpo es suave y tiene curvas en todos los lugares donde tienen que estar. Sus pechos son la perfección absoluta, redondos y firmes, y están rematados con unos pezones de color rosa pastel los cuales puedo ver gracias a que ha terminado su tortura de quitarse la ropa de forma lenta. Mi mirada se dirige a la pequeña prenda de color rojo, la cual cubre su intimidad. Deseo con ganas que se quite las bragas y me deje ver entre sus piernas; me muero por ver que las abre. Quiero ver cada centímetro de su cuerpo. Pero no quiero parecer un pervertido y no quiero asustarla, así que mantengo la boca cerrada. Estoy duro como una roca, mi miembro palpita en mi mano mientras intento no comerme con los ojos a la chica mas sexy que he visto en la vida, la cual está semi desnuda en mi cama.
—No estás hablando —me acusa con tono provocador y nervioso al mismo tiempo. Pasa su mano de forma lenta sobre su hombro y veo como juega con su bralette con la otra mano.
—No quiero asustarte —le digo con voz ronca.
— Minou, estás de pie desnudo delante de mí con el pene en la mano. Si eso no me asusta, no creo que lo que vayas a decir lo haga. — Tiene razón. Y ¡puf!, mi miembro se estremece del hormigueo que provoca cuando me llama Minou. De hecho, cada palabra que sale de su boca me pone caliente.
—Quítate las bragas — le pido en un susurro. Marinette aparta la mirada y se sonroja notablemente. Con calma mete sus pulgares entre la tela y sus caderas para así deshacerse de la prenda. Siento como mi corazón va mas rápido cada vez, la anticipación de mi imaginación puede conmigo y no puedo evitar excitarme con cada movimiento que la joven francesa hace delante de mi. Mi mirada se dilata cuando la veo aventar con vergüenza sus bragas al suelo. Sonrió de verla toda avergonzada acostada sobre mi cama. — Abre las piernas — le ordeno — Quiero verte. — Ella duda un par de segundos. Pero entonces lo hace y mi respiración se sale de mis pulmones. Es la pura perfección, joder.
De color rosa y bonito y brillante y perfecto. Me voy a correr demasiado rápido. Es un hecho. Pero hago lo imposible por prolongar lo inevitable. Me toco a un tempo muy lento, evitando ejercer presión en la punta de mi pene, ignorando el punto especial debajo de ella.
—Enséñame qué harías si yo no estuviera aquí —murmuro—. Enséñame cómo te tocas. — Sus mejillas cambian al color carmín más dulce del mundo. Sus labios se separan, solo un poco, pero lo suficiente como para poder, si apretara mi boca sobre la suya, meterle mi lengua entre la línea carnosa y llenarme de su sabor. Me muero por darle un beso, pero resisto a la tentación. Este momento es demasiado delicado como para arriesgarme a que entre en pánico de nuevo. Muy lentamente, Marinette lleva su mano entre sus piernas. Una ola de placer me hace estremecer. —Eso es, Marinette. Tócate. — Un fino dedo roza su clítoris. Lo frota. Mide la forma de tocarse, explora, se toma su tiempo para averiguar lo que le gusta. Yo me uno a su ritmo pausado. Mi cuerpo me implora descargar, pero esto es demasiado importante como para estallar ahora. Literalmente estallar, porque estoy tan cerca de correrme que tengo que respirar por la nariz y apretar el culo para detener la explosión. —¿Te gusta? — Mi voz suena baja y ahogada. Marinette asiente, sus ojos azules están abiertos como platos. Un ruido entrecortado se escapa de su boca, y de repente me imagino esa boca rodeando mi pene y estoy peligrosamente cerca de perder el control. Paso a modo emergencia en mi masturbación y aprieto mi miembro con suficiente fuerza como para sentir una sacudida de dolor.
Marinette se frota aún más rápido, su otra mano acariciando su cuerpo hasta rodear su pecho. Se pellizca el pezón con dos dedos y yo reprimo un gruñido. Quiero chupar ese botón rugoso más de lo que quiero mi próxima respiración.
—¿En qué estás pensando, Marinette? —No solo hago la pregunta por su bien, también lo hago por el mío propio, porque necesito una distracción ya. Su mirada se queda fija en el movimiento perezoso de mi mano.
—Estoy pensando en ti. — ¡Carajo!, no. No es ese tipo de distracción lo que necesito. Mis movimientos se vuelven más rápidos cuando mi mano adquiere vida propia. Hay una mujer desnuda en mi cama y no puedo follármela. No puedo porque esta noche no va de mí. Va de ella, de Marinette. — Estoy pensando en lo sexy que eres — susurra— Estoy pensando en lo mucho que quiero besarte otra vez. — Veo como se pasa su pequeña y húmeda lengua por los labios. Casi me inclino hacia ella para darle lo que quiere, pero me aterra que el hechizo se rompa si lo hago.
—¿Qué más? —pregunto con voz ronca. Su mano abandona su pecho y se desplaza sobre su vientre plano, hasta el borde de sus caderas. Dios, qué pequeña es. Probablemente podría abarcar el ancho de su cintura con las dos manos.
—Estoy pensando en tus dedos dentro de mí. — Estoy pensando exactamente lo mismo, pero me complazco a mí mismo mirando sus finos dedos introducirse con deleite en su cavidad. Empuja dos de ellos dentro de su coño, mientras que con la otra mano sigue jugando con el clítoris. Sus mejillas están ahora aún más sonrojadas. Su pequeño cuerpo se arquea con los movimientos de sus dedos. Me doy cuenta de que está cerca y la satisfacción que me invade no se acerca a nada que haya experimentado antes. Yo soy quien le está provocando esto. No la estoy tocando, pero mi presencia la está poniendo caliente, deseosa, yo estoy provocando su libido. Bombeo mi pene, apretándome las bolas en cada movimiento ascendente.
—Estoy cerca —le advierto en un jadeo.
—¿Sí? — Su dulce voz suena tan erótica que me hace soltar un gruñido de placer.
—Supercerca. Tanto que no creo que pueda aguantar mucho más tiempo. — A continuación maldigo en voz baja, porque puedo ver sus dedos mojados cada vez que los saca. Puedo escuchar ese ruido erótico que hace cada vez que entran y cada vez que salen de su interior. ¡Dios! Me estoy muriendo ahí mismo.
—Yo también. —Sus ojos azules se nublan de placer y convulsiona sin descanso en mi cama. Larga un grito de satisfacción tan prolongado que me hace estremecer de pies a cabeza. Yo gruño y gimo de gusto de poder verla en tal estado; ella gimotea y suspira. El aire es eléctrico y mi cuerpo está en llamas.
—Oh… Dios… —Jadea en busca de aire.
—Mírame — murmuro — Mira lo que estás haciendo. Lo que provocas en mi, Marinette — Me toco más rápido y ella grita:
—¡Adrien! — La pecosa mujer en mi cama se corre con mi nombre en los labios y yo me corro cuando lo oigo. El placer me embiste, manchando mi mano y mis abdominales. La fuerza de mi liberación casi hace que pierda el equilibrio y me agarro con violencia a un lado del escritorio, sosteniéndome con fuerza mientas oleadas intermitentes rugen a través de mi cuerpo. Cuando caigo de nuevo a la Tierra, veo a Marinette mirándome intensamente. Parece aturdida y fascinada y sus pechos se elevan cuando busca oxígeno.
—Dios mío. —El asombro ocupa todo su rostro—. No me lo puedo creer… — Parpadeo y de repente hay una chica desnuda en mis brazos. Se lanza hacia mí, imperturbable pese al líquido que hay en mi abdomen y que ahora se adhiere a su piel. Envuelve sus brazos alrededor de mi cuello y entierra su cara en el centro de mi pecho. — Me he corrido. — Ahogo una risa.
—Y yo lo he visto. — Digo divertido.
—Me he corrido, y tú estabas aquí, y… — Levanta la cabeza y me mira con asombro, casi podría jurar que es la mañana de navidad y le he dado el regalo que esperaba.
Al tenerla asi, frente a mi, caigo en cuenta de que siempre se me olvida lo bajita que es hasta que estamos de pie cara a cara y tiene que estirar el cuello para mirarme a los ojos.
— Acostémonos... ¡Ahora! — Ordena. Mi pene se pene duro otra vez en cuanto escucho su demanda. Ella se da cuenta y sus ojos se abren mientras mi erección aprieta su vientre. Y está claro que soy masoquista porque digo:
—No. — ¡¿No?! Es oficial. Me he vuelto loco. Mi caballerismo me ha vuelto loco.
—¿Qué quieres decir con eso de «no»? —exige. Me mantengo firme a pesar de su visible decepción y creciente enfado.
—Esta noche has dado un gran paso, pero creo que así es como tenemos que tratar la situación a partir de ahora. Poco a poco. —Trago saliva y me obligo a añadir—: Pasito a pasito. — Un brillo extraño cruza sus ojos cuando digo aquello, ella sonríe ampliamente lo que le hace preguntar — ¿Qué pasa? — pregunto serio al tiempo que acaricio lentamente su espalda.
—Nada. Eso es justo lo que mi terapeuta utilizaba cuando me daba consejos. Pasito a pasito. — Se queda en silencio durante un rato largo, y a continuación la más brillante de sus sonrisas llena su cara e ilumina la habitación. Es la primera vez que Marinette me sonríe de esa manera; es una sonrisa que llega hasta sus ojos y que provoca un nudo en mi corazón de lo más extraño.
Se que la experiencia que tuvo a meritaba acudir a un terapeuta y estoy agradecido de que realmente le haya ayudado.
—Eres un buen chico, Adrien. ¿Lo sabías? — Enarco una ceja ante su comentario ¿Un buen chico? Ya me gustaría. Carajo, si pudiera leer mi mente y ver todas las imágenes lascivas que están pasando de forma intermitente ahí dentro, si supiese todas las cosas lujuriosas que quiero hacer con ella, probablemente se retractaría de esa declaración.
—Tengo mis días —respondo encogiéndome de hombros antes de lanzarle un guiño coqueto. Su sonrisa se ensancha y una grieta en mi pecho se abre de par en par. En ese instante caigo en cuenta en que me he metido en un problema.
Accedí a ayudarla no solo porque soy su amigo, sino porque soy un hombre. Y cuando una mujer te pide mantener relaciones sexuales con ella y darle un orgasmo, uno ni se lo piensa. Uno dice: «¡claro que sí!» Bien, ya ha tenido un orgasmo. Lo ha conseguido. Y sé que me acostaré con ella. Lo sé. Pero en este momento, lo único que quiero es que esta chica me sonría otra vez.
• Continué •
Notas del Autor:
He aquí la actualización.
Se que me he tardado horrores pero no saben por lo que pase para poder continuarlo. Les cuento rapidísimo para que no arda Troya en el Reviews ;D
El punto es que me han ascendido en el trabajo. y bueno, tengo MAS trabajo D: eso es lo triste. Asi que los pocos tiempos que tenia para poder trabajar en mis proyecto personales, entre esos los fanfics xD. Se ha extinguido y hasta hoy he podido finalizarlo. Gracias a que me he hecho tiempos en los últimos dos meses para así avanzar esta bella historia
Espero realmente que les guste como va quedando, estamos a escasos cinco capítulos para terminar esta historia; obviamente haré un final un tanto diferente a la historia original en la que me he basado en escribir.
Agradezco infinitamente a las personas que me han dejado un bello comentario en el capitulo anterior.
Elena, reika kagene, feroj, karen Agreste, La Dama oculta Mistress9, Emely-nya y . En serio gracias por sus comentarios!
Sin mas que decir.
Saludines~
Se despide Alexiel Izumi•
¿Review?
