Este escrito es sin fines de lucro.

Cabe mencionar que algunas escenas no pertenecen al libro del cual me base para realizar la historia.

¡Disfruten la lectura!

ProhibidoEnamorarse

Capitulo Noveno

Marinette

— ¡Alto ahí! — Una voz aguda retumba cuando voy caminando con prisa a mi dormitorio, hace que me detenga en seco en mi lugar y espere por mi inminente muerte — ¿A dónde crees que vas, chica? — Me doy la vuelta, encontrándome con Alya, quien esta tumbada en el sofá de nuestra zona común; sostiene un enorme libro lleno de fotografías de periódicos viejos. Con las prisas que tengo, ni siquiera la había visto.

— ¿Qué estás haciendo aquí? — le pregunto con fingida sorpresa y ansiando que no note mi débil intento de cambiar de tema — ¿No tenías Comunicación Social los miércoles por la mañana? — Le lanzo una sonrisa vacilante cuando me mira entre cerrando sus ojos almendra.

— Se ha cancelado porque el maestro tiene ébola. — Inevitablemente suelto un jadeo cuando termino de escucharla.

— ¡Oh por Dios! ¿Es en serio? — Veo como Alya se aguanta la risa cuando termino de hablar, se levanta con parsimonia y comienza a caminar hacia la pequeña cocina que tenemos en el departamento.

—Bueno, en realidad no. Quiero decir, quizá sí que lo tenga. Nos envió un correo electrónico diciendo que había caído enfermo —mi amiga hace el gesto de las comillas en el aire al decir las últimas dos palabras — pero no ha dicho de qué cayó enfermo. Sabes que a mí me gusta imaginar lo peor de cualquier situación. Y si en realidad cayó enfermo de ébola, no podría darnos clase en lo que queda de curso, y todos sacaríamos un sobresaliente de forma automática. — Alya me sonríe victoriosa, casi como si hubiese viajado en el tiempo y hubiese confirmado sus horribles suposiciones. Ruedo los ojos al escucharla y rápidamente recuerdo lo atrasada que estoy para continuar trabajando en el proyecto de invierno.

— ¡Dios! Eres mala, Alya — le informo dando un resoplido — Y un día de estos esa magia negra vudú tuya se va a volver en tu contra. En serio, no vengas arrastrándote a pedirme consuelo cuando contraigas ébola. — Todo eso se lo digo desde dentro de mi habitación; me cambio con destreza y con rapidez para poder ir al taller y así no tener que ver la cara de Lila por el resto de la semana. La muy maldita me había envía un mensaje ayer; día programado para usar el taller de Confección, diciendo que no podrían acudir, tanto ella como Nathaniel. Tuve que cambiar mi día de trabajo al martes y hoy miércoles ajustar mis tiempos para ir al taller. — Bueno, me tengo que ir. Solo he venido a dejar mis cosas y por un cambio de ropa antes de ir volando al taller de Confección. — Cuando salgo de mi habitación Alya está esperándome frente a la puerta de entrada, interfiriendo en mi huida.

—De ninguna manera, Mari Marinette. Vas a sentar tu culito en ese sofá porque tú y yo necesitamos tener una pequeña charla. — Sé que cuando mi pelirroja amiga dice aquellas palabras de pequeña charla se viene algo que no quiero y que, desafortunadamente, tengo que escuchar.

—De verdad, no puedo llegar tarde al taller. — Hago un esfuerzo más por librarme de ella; fallo olímpicamente.

— ¿Cuántas veces ha llegado tarde Lila al taller? —pregunta, haciéndome ver que he ocupado la peor excusa para zafarme de ella. Con un suspiro, derrotada, me acerco al sofá y me dejo caer lánguidamente.

—Bien. ¿Qué pasa? Y date prisa. — Le ordeno mientras le lanzo una mirada envenenada.

—Vale, si quieres ir rápido y al punto… ¿Qué mierdas de todos los colores y tamaños está pasando entre tú y Adrien? — En cuanto la escucho dejo mi boca cerrada. Mierda. Me ha descubierto. Tenía la esperanza de no tener que hablar con mi amiga de Adrien porque sé que si hablamos de este tema se hará más real y es algo que no estoy del todo dispuesta a que ocurra.

Y bueno, sé que yo sólita me he metido en este problema con mi amiga porque, a ver, es verdad que anoche le envié un mensaje al móvil diciendo: Estoy en casa de Adrien. Llegaré tarde. Y al final no llegue.

Pero dado que Alya vive gran parte de su tiempo en su burbuja personal, cuyo centro está ocupado por esos misterios sin resolver y su ahora novio Nino, había albergado la esperanza de que no sacara el tema y pasara totalmente desapercibida mi ausencia de anoche.

—Nada. Eso es lo que está pasando —le respondo mientras evito mirarla directamente a la cara. Ja. Si «nada» significa que «estuve en su casa, nos desnudamos y nos masturbamos el uno delante del otro y después tuve un orgasmo y él tuvo un orgasmo y fue la mejor sensación de la vida». ¡Dios! Sé que me estoy sonrojando de solo recordarlo.

Alya percibe mi débil intento de mentira, lo sé, porque me está mirando con esa expresión que dice totalmente "te he visto mentir y a mí no me mentiras".

— Voy a preguntártelo una vez más y solo una vez: Marinette Dupain-Cheng, ¿estás saliendo con Adrien Agreste? — Alya me contempla un par de segundos antes de que le responda.

—No. — Ella entrecierra sus ojos una vez más, recorriendo con su almendrada mirada mi rostro de arriba a abajo.

—De acuerdo. Te lo preguntaré dos veces. ¿Estás saliendo con…? —

—No estoy saliendo con él. — Le interrumpo. Largo un suspiro antes de continuar hablando y meterme en más problemas — Pero estamos tonteando. — Suelto rápidamente con la esperanza de que esa información la calme. Contrario a mi objetivo veo como su mandíbula se abre hasta límites insospechados. Pasa un segundo, y después otro, y después sus ojos cafés se iluminan con aire de victoria.

— ¡Ja! ¡Sabía que estabas por él! ¡Oh, Dios mío! ¡Creo que necesito saltar de la alegría!— Se levanta mientras comienza a mover sus caderas de un lado a otro y da un par de brincos. Cuando termina lo que me parece es un baile de la victoria se lanza hacia mí. — ¿Por qué no te veo saltando conmigo? ¡Chica! ¡Estas tonteando con Adrien Agreste! Que escondido lo tenías — Me río cuando intenta levantarme de mi lugar para que me una a su baile.

— Ay, Dios, por favor no te pongas así, Alya. Y no es para tanto, ¿ok? Probablemente se acabe pronto. — Sí, cuando tenga mi cita con Luka. Y… ¡Mierda! Esta es la primera vez desde el cumpleaños de Ivan que Luka se me cruza por la cabeza. He estado centrada en Adrien por completo, en la forma en la que me excita y en las cosas que quiero hacer con él. Pero ahora que me acuerdo de mi inminente cita, experimento un fuerte retortijón de culpa. ¿De verdad puedo salir con alguien después de lo que Adrien y yo hicimos anoche? Pero…, no es que esté saliendo con el rubio modelo. No es mi novio, y ni de casualidad él me considera su novia, así que… ¿por qué no?

Pero aun así, el impulso de cancelar la cena con Luka se niega a desaparecer. No obstante, Alya aparta este pensamiento a un lado cuando sigue hablando con entusiasmo sobre lo increíblemente maravilloso que es mi relación con Adrien.

— ¿Y eso que? estas con él, es lo relevante aquí chica... — rápidamente veo como los almendrados ojos de mi pelirroja amiga se iluminan y se en ese momento que debo de tener miedo de ella y de su infinita curiosidad — ¿Te has acostado con él? — suelta y puedo percibir el ansia en su voz. Mi amiga me mira con aire impaciente, inevitablemente mi rostro comienza a llenarse de calor y siento como mis mejillas pican, rápidamente la expresión de Alya se ilumina — Oh, por favor, ¿Si? Dime que si — me toma por los hombros y en ese momento sé que estoy perdida — ¡dime que ha ocurrido y que fue genial! Sé de buena fuente que Adrien Agreste es espectacular en la cama; lo hace que te mueres. — no puedo negar que sí. Eso es verdad. Pero un par de segundos después me lleno de horror al analizar el comentario de mi amiga.

— ¡Dios! Alya, no quiero saber sobre tu buena fuente porque tengo miedo de pensar que es Nino. — Alya sonríe divertida de mis deducciones, no puedo evitar fruncir el ceño — Y no, no me he acostado con él. — Veo como la decepción invade su rostro.

— ¿Por qué no lo has hecho? ¿Es por aquel tema? — Rápidamente me doy cuenta de que la preocupación esta en toda la expresión de Alya; que ella se preocupe por mí me enternece el corazón; desde que ella sabe sobre lo que me ha ocurrido con Lila ha hecho todo lo posible para sacarme de la horrible depresión en la que estuve a punto de caer, algo que agradezco infinitamente.

Niego con la cabeza antes de contestarle.

— Porque… no lo sé, porque no sucedió, no se ha dado... Hemos estado haciendo... otras cosas. —Mi cara arde más y más conforme voy hablando. En este momento me estoy muriendo de vergüenza y me fuerzo a mí misma a guardar silencio — Y eso es todo lo que tengo que decir sobre este asunto, ¿satisfecha? —

— ¡Estoy nada satisfecha con tu pobre descripción de los hechos! — Veo como frunce el ceño indignada y se cruza de brazos — Se supone que las mejores amigas nos lo contamos todo. Quiero decir, tú lo sabes todo sobre mi vida sexual. Te conté hace poco sobre Nino y yo y como por fin me atreví a intentar el sexo anal y conoces el tamaño del miembro de mis antiguos novio, y… — Alya comienza a contar con los dedos cada secreto sexual que me ha compartido, inevitablemente me levando de mi lugar y me cubro los oídos, indispuesta a continuar escuchándola.

— Algo que va mucho más allá de la información necesaria —interrumpo al tiempo que comienzo a desplazarme hacia la salida — Te quiero hasta la muerte, Alya, pero nunca, nunca quise saber nada de tu nueva incursión en el sexo anal y, sin duda, podría haber vivido perfectamente sin que sacases una regla y me enseñases el tamaño del pene de tu ex. — Alya hace pucheros mientras me ve caminar hacia la puerta.

— Eres la peor. Pero tranquila, que tarde o temprano me enteraré de todos los detalles sucios. — Mueve las cejas sugerente de arriba a abajo — Soy muy buena en sonsacar detalles. — ruedo los ojos mientras tomo el picarte. Internamente ruego y tengo una llama de esperanza de que nadie nos haya escuchado anoche y sobre todo, no llegue a oídos de Nino ya que es completamente cierto ese hecho. Alya sabe cómo obtener información que no debería tener. Pero ella no va a sacarme ni un secreto en este momento. Resoplo y me pongo de pie.

— Muy bien, ¿hemos acabado? Porque de verdad necesito irme. — pregunto con ya medio cuerpo fuera del departamento.

—Ok, vete. Y no, no hemos terminado. —Me sonríe malvadamente —. No lo habremos hecho hasta que no saques la regla y pongas fin a la vieja pregunta, ¿cómo la tiene Adrien Agreste? —Ruedo los ojos antes de comenzar a cerrar la puerta.

—Adiós, pervertida. —

...

Lo primero que veo cuando entro en el taller de confección; quince minutos más tarde, es a una joven alta y muy delgada de cabello negro con mechas purpuras.

Pregunta: ¿Cómo sabes cuándo las cosas se han escapado totalmente de tu control? Respuesta: Cuando te encuentras a una total desconocida en el taller de confección y ella ni siquiera se inmuta de mi presencia. Desde que Nath respaldó las ideas inútiles de Lila, he renunciado a discutir con cualquiera de ellos. Llegados a este punto, pueden hacer lo que les plazca —corrijo, lo que le plazca a Lila—; sencillamente, no tengo la energía mental para seguirles el juego.

— Llegas tarde. —Lila me lanza una mirada llena de odio y chasquea la boca con desaprobación mientras me quito el abrigo.

—Lo sé. — Yo sé que ella espera a que me disculpe. No me disculpo y puedo ver en su verde mirada el coraje y sus enormes ganas de tener la victoria de este encuentro.

—Marinette, te presento a Juleka Couffaine — dice Nathaniel con una sonrisa vacilante desde su posición, rápidamente el apellido resuena en mi interior y le presto más atención la desconocida morena— Va a estarnos ayudando con el performance de la pasarela y las luces cuando presentemos el proyecto — ¡Ajá! Claro que esto es obra de la castaña; como dice ella, para tener más presencia en la presentación. No me molesto en preguntar cuándo se tomó esta decisión. Asiento con la cabeza y balbuceo:

—Suena bien. — Digo y veo como Juleka me regala una sonrisa, yo se la devuelvo y durante la siguiente hora, nos concentramos solo en las inútiles ideas de Lila y sus enormes ganas de nunca terminar el diseño. En una situación normal, Lila pararía el ensayo cada dos segundos para criticar algo que he hecho, pero hoy la peor parte se la ha llevado la pobre Juleka. La estudiante de teatro de primer año me lanza una mirada de pánico cada vez que Lila le ladra por alguna idea que no la complazca o no la haga ver mejor; lo único que puedo hacer es ofrecerle una sonrisa y una mirada cargada de apoyo y consuelo; además de encoger los hombros.

Es triste. He perdido todo el entusiasmo por este proyecto. Lo único que me trae algo de consuelo ahora es saber que si no ganamos la beca gracias al dramatismo de la castaña, tendré una segunda oportunidad en abril en la visita de agencias de moda, donde presentamos una colección de diseños, en primavera.

A las dos en punto, Lila Rossi pone fin a la reunión.

Largo un suspiro de alivio cuando me pongo el abrigo y comienzo a caminar a la salida del taller. Escucho como Lila exige a Juleka que para la siguiente reunión ponga más empeño y que tenga una visión más desarrollada respecto a la moda. No puedo evitar rodar los ojos al escuchar sus tontas exigencias.

Al salir de la sala, me sorprende ver a Adrien allí de pie. Lleva su cazadora de Adidas y dos vasos de café en la mano; me saluda con una sonrisa torcida que hace que mi corazón se acelere. Lleva el cabello despeinado, casi como si hubiese corrido.

— ¡Hey! —Le miro sorprendida — ¿Qué estás haciendo aquí?— le pregunto al tiempo que tomo el vaso que sostiene con su mano derecha. Hago un esfuerzo enorme de suprimir mi emoción y el calor que comienza a crecer en mi interior de solo recordar su piel desnuda.

¡Dios! Sé que me he sonrojado.

—Pasé por tu residencia, pero Alya me dijo que estabas en el taller, así que pensé en venir y esperar hasta que acabaras. — Me lanza una sonrisa amplia, mostrándome todos sus dientes. Rápidamente me imagino lo que ha de estar pasando por la mente de mi amiga. Me rio internamente ya que se la telenovela que se ha montado mentalmente.

— ¿Has estado aquí todo el tiempo? — pregunto cuando veo que levanta del suelo su mochila.

—Naah, fui a por un café y me di una vuelta un rato. Acabo de volver justo ahora. — Mira por encima de mi hombro hacia el taller de confección, veo su curiosidad y se de sobra que ha ido a mirar a la arpía que me ha herido en sobre manera —. ¿Han acabado ya? —

—Sí. —Cojo el otro vaso que sostiene en su mano izquierda y me pego ambos a las mejillas, suelto un suspiro de satisfacción y asiento con la cabeza, dando énfasis a mi respuesta —. Ahora tenemos una especialista en performance. — Los labios de Adrien se contraen y sé que está conteniéndose para no reír.

—Ya veo, ya. Y apuesto a que estás superemocionada con la novedad. — nuestras miradas se cruzan y puedo casi palpar la tensión sexual que comienza a crecer a nuestro alrededor; casi puedo jurar que la distancia está desapareciendo. En cuestión de segundos me acuerdo donde estamos y quien se encuentra dentro de la sala, así que decido continuar con nuestra conversación.

—Más bien, indiferente. —Digo mientras Adrien mueve la cabeza un poco de arriba a abajo. Un par de segundos después una voz aguda suena detrás de mí.

—Estás bloqueando la puerta, Marinette. Hay personas que necesitan ir a otro sitio. — Resoplo en silencio y elevo las cejas. Me aparto de la puerta y dejo que Lila y Nathaniel salgan. La castaña ni siquiera se digna en mirarme cuando pasa a mi lado, pero cuando se da cuenta de con quién estoy hablando, sus ojos verdes vuelan rápidamente a mi dirección.

— Lila, ¿conoces a Adrien? —pregunto de forma educada. Mira con asombro y con recelo al masculino y alto modelo que hay a mi lado.

—No. Encantada de conocerte, Adrien. — No sé si sentir nauseas por lo melosa de su voz que ha empleado al decir el nombre del rubio o tristeza por la expresión de dolor en la cara del pelirrojo a su lado. Veo como hace el amago de darle los dos tradicionales besos en las mejillas pero Adrien rápidamente se aparta.

— Igualmente, Liz. — Mi compañera de proyecto se pone tensa al ver la reacción del ojiverde; sé que no le ha gustado el rechazo y mucho menos la confusión con su nombre.

—Es Lila. — Adrien parpadea con inocencia ante la corrección.

—Oh, lo siento, ¿no es eso lo que he dicho? — Las fosas nasales de Lila se dilatan y se por como mira a Adrien que no está nada contenta con su actuación. — He oído que estás trabajando con mi chica —añade Adrien al tiempo que me toma de la cintura —. Espero que no la estés dando ningún problema. No estoy seguro de que sepas esto, pero My Lady tiene la mala costumbre de dejar que la gente le pase por encima. —Arquea una de sus rubias cejas—. Pero tú no harías eso, ¿verdad, Lola? — A pesar de la punzada de vergüenza que me provocan sus palabras, a mí también me está costando lo mío no reírme.

—Es Lila. —

—Eso es lo que he dicho, ¿no? — Hay un largo momento de incomodidad muy evidente entre Lila y Adrien, sé que Nathaniel está comenzando a sentirse ansioso, lo sé porque veo como ha comenzado a sudar y mira muy insistentemente a la castaña a su lado. En cuanto fijo mi mirada en la modelo del proyecto de invierno noto como ella no soportara más tiempo sosteniéndole la verde mirada de Adrien. Y si, Lila es la primera en romper el contacto visual.

—Es igual —murmura mientras se da la vuelta de manera dramática — Venga, Nath, vamos a llegar tarde. — Dice mientras se lleva lejos al tímido y siempre dulce Nathaniel, tal cual como si fuera una maleta, me dirijo a Adrien con un suspiro.

— ¿Eso era necesario? — le pregunto mientras comienzo a caminar a la salida.

— ¡Claro que lo era! — Dice al tiempo que levanta los brazos y comienza a seguirme muy de cerca — Esa loca dominatrix no volverá a hacerte daño mientras yo esté cerca, Marinette — En cuanto término de escucharle me detengo y volteo a verle a la cara.

— ¿Dominatrix?

— ¿has visto como ha tratado al pobre pelirrojo? es una completa Dominatrix o una controladora. — me rio de su percepción de Lila y retomo mi caminata.

— Ok. Solo por saber. — Nuestras miradas se encuentran y una ráfaga de calor explota dentro de mí. Ay, Dios. Sé exactamente lo que está pensando en este momento. O más bien, lo que está pensando en hacer. Hacerme. Y yo estoy pensando exactamente lo mismo. Puede que le dijera a Alya que esta cosa que hay entre nosotros se apagaría pronto pero, por el momento, arde aún más fuerte que anoche.

— ¿Mi casa? — pregunta al tiempo que mira mis labios con intensidad. Esas dos palabras, graves y roncas, provocan que mis muslos se contraigan tanto que me sorprende que no me dé un tirón. En lugar de responder —mi garganta se ha obstruido del deseo—, cojo el cordón que se asoma de sus pantalones; cordón de donde cuelgan sus llaves y tiro los dos vasos de café en el cubo de basura que hay detrás de él. Adrien se ríe. —Lo tomaré como un sí. —

...

No tengo idea de lo que hemos hablado durante el viaje en coche hasta la casa de Adrien. Estoy segura de que algo habremos dicho. Estoy segura de que vi el paisaje pasar por la ventana. Estoy segura de que el oxígeno entraba y salía de mis pulmones como una persona normal. Pero no recuerdo ninguna de esas cosas.

Un segundo después de entrar en su dormitorio, le lanzo mis manos alrededor de su cuello y le beso. A la mierda el ir lento. Le deseo demasiado como para ir despacio, y mis manos buscan como deshacerme de sus pantalones deportivos incluso antes de que él pueda reaccionar a mis bruscos movimientos. Su risa ronca me hace cosquillas en los labios y después sus fuertes manos cubren la mía para que pare de intentar desnudarlo.

—Por mucho que me guste tu entusiasmo, voy a tener que reducir la velocidad, My Lady — sus manos me separas de su cuerpo y yo me niego a dejar de tratar de arrancarle la ropa.

—Pero yo no quiero reducirla —protesto al tiempo que le robo un beso de nuevo. Adrien suspira contra mis labios y de un momento a otro me atrapa el labio inferior entre sus dientes, me da un ligero mordisco y me hace gemir.

— Aun cuando no quieras, cambiare la velocidad. — Adrien me toma de los hombros al tiempo que susurra contra mis labios, poco a poco me separa de él hasta que logro visualizar sus verdes ojos neón, noto como brillan hambrientos. — Ahora ven a la cama para que pueda hacer que te corras. — me guiña un ojo antes de separarse completamente de mí.

¡Ay. Dios. Mío!

Subo al colchón con tal rapidez que otra risa sale de los labios del rubio modelo; puedo sentir como mis papilas gustativas vibran y comienzo a salivar pero no me importa lo ansiosa que parezco ante él. Los nervios que sentí anoche no le están afectando hoy a mi estómago, porque todo mi cuerpo está temblando de deseo. Si, Deseo por Adrien Agreste.

Y la inquietante idea de que si no es con Adrien no sucederá el glorioso orgasmo se me pasa por la cabeza, rápidamente despabilo y saco dicha idea de mi mente, me concentro en la realidad, en las mano de Adrien tocándome, ¡uuf!, me muero de ganas de más.

Se sitúa a mi lado y mete su mano en mi pelo mientras me besa. Nunca he estado con un chico que sea así de brusco conmigo. Vamos, que me había besado con algunos chicos en el instituto pero todos me trataba como si pudiese romperme en pedazos, pero Adien no. Para él no soy una frágil pieza de porcelana. Soy simplemente… yo. Me encanta lo excitado que está, la forma en la que me tira del pelo si mi cabeza no está exactamente donde él quiere que esté, o cómo me muerde el labio cuando trato de provocarlo privándolo de mi lengua. Me incorporo solo para que pueda quitarme de un tirón la camiseta, y a continuación usa una mano para desabrocharme el sujetador con la destreza que era de esperar en él. En cuanto se quita su propia campera, presiono mis labios contra su pecho. No pude tocarlo ayer y me muero de hambre; quiero saber lo que se siente, a qué sabe. Su carne es cálida bajo mis labios, y cuando mi lengua se precipita indecisa sobre un pezón plano, un gemido ronco escapa de sus labios. Antes de que pueda parpadear estoy tumbada sobre mi espalda y nos estamos besando de nuevo. El Modelo rodea mi pecho con la mano y juega con mi pezón entre los dedos. Me estremezco de ver cómo me contempla con lujuria y mis párpados se cierran con un aleteo; en este momento no me importa si Adrien me está mirando el torso desnudo. Solo me importa lo bien que me está haciendo sentir.

—Tu piel es como la seda —murmura contra mi oído antes de atrapar mi lóbulo entre sus dientes.

— ¿De dónde has copiado esa frase romántica? —suelto al tiempo que arqueo la espalda y siendo el calor emanar del cuerpo del rubio a mi lado. ¡Está ardiendo!

— De ningún lado, My lady — Sus dedos rozan la parte inferior de mis pechos—. Hablo lo que pienso y, pienso que eres suave y lisa y perfecta. — Contemplo como acacia mi torso; deteniéndose cada tanto en las pecas que tengo regadas por el cuerpo, le hecha una ojeada a sus movimientos, ajeno al intenso repaso que le estoy haciendo en este momento, Levanta la cabeza para ofrecerme una mirada irónica — Aun con mi carrera de modelo me es difícil ver a simple vista la belleza, gracioso ¿no? — La verdad es que mi corazón dio un salto al escuchar sus palabras; ¿era acaso esto una confesión? ¡No! Imposible, Adrien mismo había dicho que jamás se comprometía porque le era problemático.

Decidí ignorar sus últimas palabras y concentre toda mi atención a su tacto.

—Si dejas de tocarme, te doy una bofetada. — le lanzo un guiño a lo que el gruñe bajito antes de contestarme con una sonrisa torcida.

—Naah, solo conseguirías romperte la mano. Y resulta que me gustan tus manos. — Con una sonrisa traviesa, coge mi mano derecha, la acaricia con tranquilidad antes de darme un beso en la palma y llevarla directo en su entrepierna. Su expresión fue de total satisfacción al tiempo que sentía como mis mejillas comenzaban a picar. El bulto duro debajo de mi mano es tan tentador que no puedo dejar de acariciarlo. Las facciones de Adrien se tensan mientras me mira fijamente. Un segundo después, aparta mi mano con rapidez.

—Joder. Mala idea. No estoy listo para que esto termine todavía. — Se gira a su derecha y se coloca una mano sobre la frente, no puedo evitar sentir satisfacción por sus palabras; eso quiere decir que le gusta lo que ve y que lo toque. Me giro hacia él y resoplo para llamar su atención.

—Valla… ¿Hay alguien por aquí rápido en disparar? — Digo para molestarlo, veo como frunce el ceño y me lanza una mirada molesta.

— ¡Qué dices! Puedo hacerlo toda la noche. —

— Sí, ya. Seguro que pue… — Él me interrumpe con un sexy y ardiente beso que me deja sin aire. Después, una luz traviesa ilumina sus ojos otra vez y baja la cabeza para besarme el pezón. Una onda expansiva de placer va de mi pecho a mi sexo. Cuando la lengua del rubio se precipita hacia mi dilatado pezón y da vueltas alrededor de él, prácticamente levito. Mis pechos siempre han sido sensibles y en este momento son un conjunto de terminaciones nerviosas tensas y crepitantes. Cuando me chupa el pezón metiéndoselo profundamente en su boca, no puedo contenerme más y lanzo un gemido suave al tiempo que le tironeo un poco sus dorados cabellos. Cambia a mi otro pecho dándole la misma atención minuciosa, los mismos besos lentos y provocadores lamidos.

Entonces empieza, beso a beso, su camino hacia el sur.

A pesar de la emoción que brota en mi sangre, experimento una ola de ansiedad. No puedo dejar de recordar todas las veces que intente llegar al clímax por mi cuenta tocándome exactamente igual a como lo hice ayer.

El aliento de Adrien me hace cosquillas en el ombligo mientras su lengua roza mi vientre. Puedo sentir sus dedos temblorosos desabrochando el botón de mis vaqueros. Me gusta saber que puede estar nervioso, o por lo menos, tan emocionado como yo. Él siempre parece tan guay y seguro de sí mismo, pero ahora mismo, aquí y ahora, parece como si estuviera luchando por sujetarse al último resquicio de su control.

— ¿Te parece esto bien? — susurra, bajándome los vaqueros y las bragas por mis caderas. Entonces jadea y me siento un poco cohibida al ver su hambrienta mirada entre mis piernas. Aspiro lentamente y digo:

— Sí. — El primer roce de su lengua contra mis labios es como una corriente eléctrica que sube por mi columna vertebral. Gimo tan alto que su cabeza se levanta abruptamente.

— Nino está en casa — me advierte mientras sus ojos brillan con diversión —. Así que sugiero que usemos nuestras voces interiores. — dice al tiempo que me lanza un guiño después, se me queda viendo directamente a mis labios y comienza un camino de besos sin apartar su mirada siquiera un poco.

Tengo que morderme el labio para no hacer ruido, porque lo que me está haciendo… Jesús, María, José y todos los santos. Es tan bueno, tan excitante… Adrien rodea mi clítoris con su lengua, luego lo lame en movimientos suaves y lentos que me vuelven absolutamente loca de deseo. De repente me acuerdo de cuando Alya me confesó que tuvo que «entrenar» a alguno de sus ex novios a hacer esto porque solía darle en el clítoris a toda velocidad desde el primer momento.

Sin embargo, Adrien no necesita ningún entrenamiento. Él deja que mi placer se vaya construyendo, poco a poco, despacio, volviéndome loca y haciendo que le suplique.

—Por favor —gimo cuando el tempo vuelve a ser terriblemente lento; no puedo evitar aferrarme a las sabanas de su cama y mirarlo mientras entierro la nuca en su almohada. Mi columna no deja de arquearse con su tacto y su mirada brillante no deja que mi imaginación de lo que puede estar pensando se tranquilice siquiera un poco —. Más. — Susurro casi perdiendo la cordura.

Adrien levanta la cabeza cuando me escucha y estoy bastante segura de que nunca he tenido delante nada más sexy que la visión de sus labios brillantes y sus ardientes ojos verdes.

— ¿Crees que puedes correrte así? — Siento sus manos acariciar mi trasero y me sorprendo asintiendo con la cabeza. Pero la verdad es que no creo estar mintiendo. Tengo tanta excitación dentro de mí, que soy como una bomba de tiempo a punto de detonar.

Con un gruñido grave de aprobación, baja la cabeza y envuelve mi clítoris con sus labios. Una vez más hace maravillas; lo lame con fuerza mientras al mismo tiempo me mete un dedo dentro de mí y un montón de catarinas echan a volar, puedo sentir como me corro.

Me corro como un lanzacohetes.

El orgasmo es mil veces más intenso que los orgasmos que me doy a mí misma; nótese que me cuesta mucho llegar a uno, tal vez esta vez es si de fácil porque mi cuerpo sabe que no he sido yo la que lo he provocado. Ha sido Adrien Agreste. Él ha convertido mis extremidades en gelatina y me ha enviado esta ola de satisfacción dulce y vibrante por todo mí ser. Cuando las increíbles sensaciones finalmente ceden, dejan atrás una oleada cálida de paz y una extraña sensación agridulce. Lo que sucede después es algo que solo he visto suceder en las películas y que me avergüenza de flipar.

Me pongo a llorar.

De inmediato, Adrien sube y busca mi cara preocupado. Envuelve mi rostro en sus amplias palmas y me hace mirarlo a los ojos.

— ¿Qué pasa? — Parece de verdad afectado por mi estado, no sé qué es peor, ver como frunce el ceño preocupado o sentir mis irremediables ganas de querer besarlo —. Oh, mierda. ¿Te he hecho daño? — Él acaricia mis mejillas las cuales ya tiene algunas lágrimas corriendo por ellas; yo niego con la cabeza ante su interrogante y parpadeo tras la embestida de las lágrimas.

— Estoy llorando… porque… — Respiro profundamente —. Porque estoy feliz. — No puedo evitar enterrar mi rostro en su pecho mientras hecho a llorar más fuerte. El rostro se le relaja y parece como si se estuviera aguantando las ganas de reír. Su mandíbula se retuerce cuando encuentra mi mirada.

—Dilo —ordena.

— ¿Que diga qué? —Utilizo el dorso de mi brazo para limpiar las gotas que cubren mis mejillas.

—Di: «Adrien Agreste, eres un dios del sexo. Has logrado lo que ningún otro hombre ha podido o podrá conseguir. Eres…» — le lanzo la almohada que tenía debajo y doy justo en su rostro, parando de tajo su discurso sin sentido. Cuando regresa continúo con un mohín en el rostro y le doy un puñetazo en el hombro.

—Bah, eres un idiota. Yo nunca, nunca diré esas palabras. — me cruzo de brazos y evito mirarlo directamente.

—Claro que lo harás. — Puedo escuchar en su voz como me sonríe e inevitablemente me sonrojo —. Una vez que haya terminado contigo, gritarás esas palabras a los cuatro vientos. — Cuando escucho lo que dice siento como mi entre pierna vibra de excitación, no puedo creer lo que este chico le hace a mi cuerpo y provoca con sus palabras. Me giro hacia él de nuevo, encarándolo.

— ¿Sabes lo que pienso? — Él niega con la cabeza mientras me acerco a él lentamente —Pienso que es el momento de cerrarte la boca. — Sé que pueda estar haciendo una actuación de lo más horrible respecto a una mujer sensual, pero el jadeo que soltó cuando susurre estas palabras a su oído me deja claro que muy probablemente si le haya movido algo mi pésima actuación. Antes de que pueda alejarme de él suelta una risilla y me acaricia la cintura.

— ¿Sí? ¿Cómo vas a…? —Sisea cuando le agarro el paquete y le doy un apretón, su mirada y la mía se encuentran y sé que está ardiendo de deseo —. Eres mala. — murmura mordiéndose el labio inferior después de regalarme una sonrisa torcida.

—Y tú eres un idiota ególatra, así que supongo que ambos tendremos que aguantarnos con lo que hay. — ejerzo un poco de presión sobre su hinchado miembro.

—Ah, gracias por darte cuenta de lo «ególatra» que soy. —Sonríe con inocencia, pero no hay nada inocente en la forma en que la que empuja su erección en mi mano. De repente, ya no me apetece burlarme de él. Solo quiero ver cómo se deja llevar. No me he quitado de la cabeza su cara de ayer por la noche cuando… Mi sexo se contrae con el recuerdo.

Tomo la orilla de su deportiva, y esta vez sí me permite deslizarlo. De hecho, cae sobre su espalda y me permite hacerle todo lo que quiera. Lo desvisto como si estuviera desenvolviendo un maravilloso regalo, y en cuanto lo tengo desnudo delante de mí, me tomo un momento para admirar mi premio. Su cuerpo es alargado y esbelto, y tiene un tono dorado de piel que contrasta con el blanco pálido, no puedo evitar pensar en él, en las veces que nos hemos visto fuera de estas cuatro paredes y en lo excitante que es poder tener al Modelo de Paris para mí, desnudo y a mi merced.

Paso los dedos por su abdomen, duro como una piedra, y sonrío cuando sus músculos tiemblan bajo mi tacto. A continuación recorro con mi dedo el hueso de su cadera. Me inclino hacia delante y beso la suave piel de su cuerpo, llevo mis labios hasta su pecho y paseo mi lengua por sus pezones, recibiendo un estremecimiento como respuesta.

— No olvides usar tu lengua — Ruedo los ojos al escucharle, levanto las cejas, pero no dejo lo que estoy haciendo. Arrastro mi lengua por su dorada piel, contemplando como no aparta la vista de mis movimientos, y a continuación, sigo besándolo hasta llegar a su pecho. Sabe a jabón y a sal y a hombre, y me encanta. Tanto que no puedo dejar de lamer cada centímetro de él. Sé que está disfrutando de mi completísimo reconocimiento tanto como yo, porque su respiración se vuelve irregular, y puedo sentir la tensión propagarse a través de sus músculos. Cuando mi boca termina su viaje rozando la punta de su pene, todo el cuerpo de Adrien se pone rígido. Miro hacia arriba y me encuentro con sus ojos verde neón acristalados mirando hacia mí.

—No tienes que… hacer eso… si no quieres —dice con voz ronca, sus dedos se enredan entre mis negros cabellos y siento como mi corazón late desembocado. Caigo en cuenta de sus últimas palabras y le doy una lamida más a su pene antes de preguntar:

— ¿Tú quieres? — Él se sonroja y me deja claro que lo está deseando. Sonrió malvadamente y le vuelvo a dar una lamida, el tiembla.

—A algunas chicas no les gusta. — evita mirarme a los ojos cuando dice aquello y una punzada de molestia se instala en mi pecho al escuchar aquello; sé que no debería molestarme escuchar como Adrien ha tenido experiencia previa a mí pero, mi cuerpo reacciona como si me molestara. Sacudo levemente la cabeza despejando mi mente y concentrándome en lo que tengo entre mis labios.

—Algunas chicas son idiotas. — Susurro antes de que mi lengua comience a tocar su dura carne y sus caderas se separan de la cama. Lamo su suave y dilatado capullo, saboreando su sabor, aprendiendo su textura con mi lengua. Cuando me meto la punta en la boca y succiono suavemente, un ruido torturado sale desde la profundidad de su garganta.

—Dios, my lady~. Eso es…— gime mirándome a los ojos.

— ¿Es qué? —le miro provocativa lamiendo desde sus testículos hasta la punta de su miembro.

—Increíble —ruge—. No vuelvas a parar. Lo digo en serio. Quiero que me siguas chupando el resto de tu vida. — dice antes de llevar sus manos a mis orejas y comenzar a envestirme un poco más rápido.

Sonrió para mis adentros ¿Es su súplica buena para mi ego? Naah. ¡Es supergenial para mi ego!

Dado que la tiene demasiado grande como para metérmela entera en la boca y yo no
soy ninguna experta en garganta profunda, envuelvo mis dedos alrededor de la base, succionando y bombeando a la vez, alternando ritmos entre lento y sexy, y rápido y urgente. La respiración de Adrien es cada vez más y más pesada, sus gemidos cada vez más y más desesperados.

—Marinette —ahoga y siento cómo sus muslos se tensan y sé que está a punto de llegar al orgasmo. Nunca había hecho esto y por ende nunca me lo he tragado antes, y no soy lo suficientemente valiente como para intentarlo ahora, así que mi mano sustituye a mi boca mientras le acaricio hasta que se corre. Con un gruñido ronco, Adrien arquea la columna vertebral, y su líquido salpica mis dedos y su estómago. Su rostro es hipnótico y no puedo apartar la mirada de él. Sus labios están separados, sus mejillas tensas. Sus ojos son como un remolino nebuloso de color verde, como una masa espesa de auroras boreales antes de ser desplazadas por una inminente tormenta. Varios segundos después, su cuerpo se relaja y prácticamente se hunde en el colchón mientras un suspiro saciado sale de su boca. Me encanta verlo así. Sin fuerzas y derrotado, y todavía costándole respirar.

Cojo unos pañuelos de la caja que hay en la mesita de noche para limpiarlo, y cuando intento levantarme para deshacerme de ellos, tira de mí hacia abajo y me da un beso corto y fuerte.

— Dios… ha sido increíble. — Me mira risueño y con los ojos brillantes, yo le doy otro beso corto y le devuelvo la sonrisa.

— ¿Eso significa que ahora vamos a acostarnos? — le dijo acariciándole el pecho y finalizando con un toque en la punta de su nariz. Él me continúa sonriendo antes de lanzar una carcajada.

— Ja. Más quisieras. — Mueve el dedo índice frente a mi cara. Hago pucheros como si fuera una niña de seis años y le entierro su almohada de nuevo en la cara.

—Pero ahora sabemos que puedo no entrar en pánico en situaciones sexuales. Tú mismo acabas de verlo. — espeto levantando los brazos.

— ¡Oh! Valla que lo he visto, te has desinhibido. — Adrien hace un movimiento sugerente con las cejas y se lame los labios mirándome con lujuria e inevitablemente mi corazón da un vuelco al oír su descripción sin filtros. Me quedo en silencio por un momento y a continuación dejo escapar un suspiro derrotado.

— ¿Crees que esto te puede hacer cambiar de opinión? —Me inclino hacia él y empiezo a recitar a regañadientes—: Adrien Agreste, eres un dios del sexo. Has logrado lo que ningún otro hombre ha conseguido. Eres… «Inserte su comentario brillante aquí». —Levanto una ceja al tiempo que hago las comillas —. Y ahora, ¿podemos acostarnos de una vez? — me cruzo de brazos, molesta por sus negativas.

—Absolutamente no —dice alegre y dicho esto, para mi consternación absoluta y total, salta de la cama y recoge sus deportivos del suelo antes de salir corriendo al cuarto de baño.

— ¿Qué estás haciendo? —pregunto.

—Vestirme. Tengo sesión de fotos en media hora. — Como si fuera una señal, alguien golpea con fuerza la puerta del rubio.

—Soy yo, A ¡Tenemos que largarnos ya! —grita Max. Cojo el edredón en estado de pánico, desesperada por taparme, pero los pasos del chico fanático a la tecnología ya se están alejando.

—Si quieres, puedes quedarte aquí hasta que volvamos —me ofrece Adrien mientras se pone su sudadera de Adidas —. Solo estaré fuera un par de horas. — Dudo si aceptar o no, el rubio lo nota y se acerca a mí, me toma de la barbilla y me hace mirarlo a los ojos. —Vamos, quédate —suplica —. Estoy seguro de que Max cocinará algo rico para la cena; puedes quedarte y después te llevo a casa. — La idea de estar sola en su casa es… rara. Pero la idea de comer una cena casera en lugar de ir al comedor suena muy, muy tentadora.

Dejándome inducir por mi amor la comida, le respondo.

—Está bien —digo finalmente—. Supongo que puedo hacer eso. Pondré una peli o algo mientras estés fuera. O igual me echo una siesta. — le guiño el ojo derecho antes de que sus labios se unan a los míos en un besos cálido y pausado, el cual correspondo con gusto.

—Te permito hacer cualquiera de esas dos cosas. —Me mira—. Pero en ningún caso, tienes permiso para ver Black Mirror sin mí. — comienza a alejarse de mi hacia la salida de su pieza.

— ¿Por qué la vería de nuevo… y sola? — consulto. Adrien se detiene antes de abrir la puerta.

—Prométemelo…— Dice y yo resoplo.

—Te lo prometo. —

— ¡A! ¡Mueve el culo! — gritan desde la puerta de entrada a la casa. En un visto y no visto, Adrien se vuelve a acercar y me planta esta vez un beso rápido en los labios.

—Me tengo que ir. Nos vemos luego. — Y un segundo después se ha ido y estoy sola en el dormitorio del modelo más codiciado de toda la facultad de Lille, algo que es, bueno… Diré solamente que es lo más surrealista de surrealista. Antes de los parciales nunca había hablado con este chico y ahora estoy sentada desnuda en su cama. ¿Cómo te lo explicas? Me sorprende que no le preocupe que me ponga a husmear y encuentre su escondite porno, pero cuando me paro a pensar en ello, me doy cuenta de que no es tan sorprendente en absoluto. Adrien es la persona más honesta y directa que he conocido. Si él tiene vídeos porno, es probable que no se moleste en ocultarlos. Apuesto a que todo está organizado de forma ordenada en una carpeta claramente etiquetada justo en el escritorio de su ordenador. Oigo voces y pasos en el piso de abajo y después el crujido de la puerta principal abriéndose y un fuerte golpe al cerrarse. Después de unos segundos me levanto y me pongo mi ropa, porque no estoy cómoda caminando desnuda por una habitación que no es la mía.

Voto en contra de echarme la siesta, porque me siento extrañamente enérgica después del orgasmo. Y eso es mucho más surrealista que todo lo demás, ser consciente de que de verdad he tenido un orgasmo con un chico. Y aun cuando he intentado con ahínco desde hace mucho dejar mi traumática experiencia, Adrien lo ha conseguido después de enrollarnos dos veces.

¿Significa eso que estoy arreglada? Es una pregunta demasiado filosófica como para reflexionar sobre ella en medio de la tarde, así que la aparto a un lado y voy abajo a beber algo. Pero una vez que estoy en la cocina, la inspiración me golpea. Adrien y sus amigos probablemente estarán hambrientos cuando lleguen a casa. ¿Por qué dejar que trabaje Max en los fogones cuando yo ya estoy en la cocina con un buen rato sin nada que hacer?

Una exploración rápida de la nevera, despensa y armarios revela que lo que decía el rubio no era ninguna broma. En esta casa se cocina.

La cocina está hasta arriba de ingredientes. La única receta que conozco de memoria, que no sea de repostería, es la lasaña de tres quesos de mi abuela; así que cojo todo lo necesario y lo pongo en la encimera de granito. Estoy a punto de empezar a cocinar cuando algo me viene a la cabeza. Frunciendo los labios, cojo mi teléfono móvil del bolsillo trasero del pantalón y marco el número de mi madre. No son más que las cuatro, así que espero que en la tienda todo este tranquilo, lo suficiente para que pueda atender mi llamada. Por suerte, responde tras el primer pitido.

— ¡Hola, cariño! Qué maravillosa sorpresa. — la cantarina voz de mi madre me recibe del otro lado de la línea. Mis labios se curvan formando una sonrisa. La bella voz de mi madre siempre me pone de buenas.

—Oye. ¿Tienes un momento? — pregunto.

—La verdad es que tengo cinco minutos enteros para ti —responde con una carcajada—. Tu padre esta vuelto loco por una nueva receta que esta perfeccionando y estaré a cargo de la tienda el resto de la tarde. — se ríe.

— ¿una receta nueva? — pregunto entusiasmada. Mi padre siempre está haciendo recetas nuevas y, aunque algunas son fantásticas, otras no lo son tanto.

— Ya lo conoces, siempre queriendo innovar la repostería. — una vez más suelta una carcajada y me pone extremadamente de buenas que mi madre y mi padre se lleven tan bien y siempre estén de un humor encantador. Sin prestar mucha atención, abro una caja de placas de lasaña con el teléfono en la oreja. — Dime, cariño. ¿Hay algo por lo cual llamaras? ¿Todo bien? — puedo escuchar la preocupación en la voz de mi madre y rápidamente contesto.

— ¡no!, todo perfecto mamá; bueno, lo que quería en realidad era preguntarte una cosa sobre la receta de la lasaña de la abuela. Es para ocho personas, ¿verdad? —

—Diez —corrige. Con el ceño fruncido, pienso en toda la comida que he visto come Adrien; a continuación, multiplico eso por cuatro hombres jóvenes, contemplando que Kim el deportista se aparezca y… —Mierda —balbuceo—. Creo que sigue sin ser suficiente. Si quisiera servir a veinte personas, ¿simplemente pongo el doble de todos los ingredientes, o hay una manera diferente de calcularlo? — Mi madre hace una pausa para prestar más atención a nuestra conversación.

— ¿Por qué vas a cocinar lasaña para veinte personas? — pregunta sonando un poco sorprendida.

—No son veinte. Pero tengo que dar de cenar a cuatro chicos, que me imagino tendrán el apetito de veinte personas. — rio un poco nerviosa esperando que mi mamá no haga preguntas respecto a porque estaría cocinando a cuatro chicos.

—Ya veo. —Hay otra pausa y casi puedo oír su sonrisa—. Y alguno de esos cuatro chicos… ¿es alguien especial? — siento como mi rostro enrojece ante su pregunta y es entonces cuando me pregunto porque motivo decidí revelarle tal información a mi madre, la mujer que cada que hablamos me pregunta si he tenido algún romance ya.

—Me puedes preguntar directamente si es mi novio, mamá. No tienes que andarte con rodeos cursis. — digo esperando que escuche mi escondida suplica de que no haga más preguntas.

—De acuerdo. ¿Es tu novio? — dice, dejándome muy en claro que a veces mi madre no entiende de sarcasmos.

—No. A ver, más o menos nos estamos viendo y tal… supongo. — ¡¿Más o menos?! ¡Acaba de provocarte un orgasmo!—. Pero somos amigos más que nada. — Amigos que se dan orgasmos entre sí. Silencio la molesta vocecita en mi cabeza y cambio rápidamente de tema. — ¿Tienes tiempo para recordarme rápidamente la receta? — pregunto.

—Claro. — dice mi mamá al otro lado de la línea. Cinco minutos más tarde, cuelgo el teléfono y empiezo a preparar la cena para el chico que hoy me ha dado un orgasmo.

Adrien

La sesión de fotos el día de hoy fue agotadora, aun cuando no hubo muchos cambios de vestuario no dejaba de pensar en salir de ahí, y el tiempo se me hizo eterno.

Es simplemente que no podía sacar de mi cabeza la imagen de Marinette viniéndose en mi boca, la sensación de su clítoris palpitando contra mi lengua fue exquisita y, gracias a todos esos recuerdos mi mente no dejaba de bombardearme con imágenes del cuerpo desnudo de la morena que deje en mi casa. Me imaginaba su menudo cuerpo en mi cama, acurrucado entre mis sabanas y cuando llegue a mi casa la despertaría con un orgasmo como el de horas antes.

De solo pensar una vez más en ello siento como mi miembro se tensa en mis pantalones. Tuve que darme un par de golpes en la frente con el cristal del Mini Cooper de Kim para despejarme. Íbamos rumbo a la casa y el atleta se había encargado de llevarnos y traernos de vuelta a todos.

Tenía que dejar de pensar de forma tan sexual a Marinette, me hacía sentir raro y ni se diga de la idea de que ella solo me utiliza como su juguete sexual… exhalo un suspiro.

Esa chica me tenía en sus manos y ni se daba cuenta, parece que solo tiene ojos para el idiota de Luka.

Cuando entro por la puerta de casa, huele a restaurante italiano. Me giro hacia Kim, quien me sigue de cerca desde que bajamos de su carro; me lanza una mirada en plan « ¿qué carajos pasa?» y yo me encojo de hombros como diciendo «y yo qué sé», porque es que sinceramente no lo sé.

Me agacho a desatarme y deshacerme de los converse que llevo puestos y después sigo el delicioso aroma hasta la cocina. Cuando llego a la puerta, parpadeo como si acabara de ver un espejismo en el desierto. El culito sexy de Marinette me saluda desde la estufa, está agachada sobre la puerta del horno con los guantes de color rosa de Max mientras saca una fuente humeante de lasaña de la bandeja del centro. Ante el sonido de mis pasos, mira hacia atrás y sonríe al divisarme.

— Oh, hola. Justo a tiempo. — dice mientras mueve cosas en la encimera donde ha dejado la humeante lasaña. Todo lo que puedo hacer es mirarla boquiabierto mientras ella me mira extrañada— ¿Adrien? ¿Hola? — ella se acerca a mí y me toca el brazo como no sabiendo que hacer en realidad.

— ¿Has hecho la cena? —pregunto mientras poso mi mirada en ella. Su expresión alegre se tambalea ligeramente.

—Sí. ¿E-Está bien? — Estoy demasiado aturdido, y sinceramente conmovido, como para contestar. Noto como sus mejillas brillan en un color rosado y no me sostiene la mirada; parece nerviosa por mi reacción, pero no sé qué hacer con respecto a su enorme gesto. No niego que me guste pero… ¿Qué significa esto?

Afortunadamente, Kim aparece en la puerta y responde por mí.

—Mousi, huele genial, eres mi nueva diosa de la lasaña — Kim le lanza un guiño y pasa nuestro lado, Nino llega después y lo sigue Max.

—Voy a poner la mesa —anuncia el DJ y mis tres compañeros que ya están en la cocina comienzan a ayudar a Marinette; cuando salen todos menos Kim, este se me acerca con una sonrisa arrogante.

— ¿También cocina? Que joya — suspiro. Algo en su tono… bueno, no es «algo»; es el inconfundible tono de querer algo que no se tiene y que quieres, me provoca levantar la guardia veinte metros hacia arriba. No me jodas. No puede estar de verdad por ella ¿no? Pensé que solo quería lo que siempre busca en las chicas, algo casual, pero la forma en que la está mirando ahora mismo… No me gusta nada.

—Amigo — Digo con un claro tono de advertencia, lo que provoca una risita de parte de Kim, que obviamente sabe en qué estaba yo pensando y conoce mi opinión sobre esos pensamientos. Con una mirada llena de arrogancia comienza a comerse un plátano, no me aparta la mirada en ningún momento y sé que de cierta forma esto es un juego para él, un reto. Para mí, no.

— Dioses de la tecnología, esto tiene una pinta estupenda — dice Max mientras está de pie junto a la fuente de lasaña con un cuchillo y una espátula. Tanto Kim como yo ya no decimos nada y nos disponemos a caminar hacia la mesa de la casa y unirnos al resto. Los cinco nos sentamos en la mesa que Marinette no solo ha hecho el esfuerzo de limpiar, sino que además ha cubierto con un mantel azul y blanco, no tengo idea de donde rayos lo ha sacado.

Aparte de mi madre, ninguna mujer me ha hecho la cena antes. Y la verdad es que… como que… me gusta.

— ¿Te vas a disfrazar mañana? —le pregunta Max a Mousinette mientras le sirve una porción de lasaña de tamaño modesto en su plato, ella lo recibe con una sonrisa antes de contestar.

— ¿Para qué? — Max sonríe por la pregunta que le devuelve la pecosa.

— ¡Daah! Porque mañana es Halloween. — Kim hace un gesto parecido a un mono cuando grita, Marinette frunce el gesto y deja escapar un gruñido.

— Oh, mierda. ¿Es mañana? — Ella busca su celular en los bolsillos traseros de sus jeans y blasfema cuando se fija en la fecha — Te juro que no sé en qué día vivo. — rueda los ojos y comienza a comer de la lasaña que Max le sirvió

— ¿Quieres saber mi sugerencia de disfraz para ti? — interviene Nino mientras me lanza una mirada picara, le lanzo una mirada de advertencia antes de que continúe hablando, pero no se detiene —. Guatéala sexy. — No pude evitar atragantarme cuando lo escuche, Marinette se sonroja y negó rápidamente. — ya sabes, con las orejas, la cola o una enorme trenza — el moreno le lanza un gesto coqueto y comienza a hacer movimientos imitando a un gato que, a mi parecer, son bastantes ridículos.

—No voy a ir de «sexy» nada, muchas gracias. — Responde mientras hace un gesto de falsa indignación. — Ya es bastante molesto que me tenga que quedar repartiendo bebidas en la residencia para la Ruta Anual de Halloween. — Continúa con un mueca triste mirando hacia la nada. Me río.

—Mierda, ¿te han atrapado para hacer eso? — La Ruta Anual de Halloween consiste en que la gente entra en una residencia, unos cuantos cuartos donde te asustan y le dan bebidas gratis a los estudiantes, y a continuación pasan a la siguiente residencia. He oído que en realidad es mucho más divertido de lo que parece, todos sabemos que es el lugar y el momento idóneo para enrollarte con alguien sin que nadie los vea.

Marinette resopla con un gesto de resignación en el rostro.

— Ya me tocó el año pasado también. Fue lo peor. — Tuerce los ojos — Más les vale pasarse por mi Residencia si están pensando en asistir. —

—Me encantaría, hermosa —dice Kim en un tono de donjuan que hace que me tense, pero veo como el cuerpo de la pecosa reacciona y no noto nada que indique que también este interesada en Kim; eso de cierta manera me tranquiliza…

¿Pero que carajos estoy pensando? ¿Me tranquiliza? ¿respecto a que me tengo que tranquilizar? Marinette no quiere nada conmigo que no sea repararla, es evidente que lo que ocurre entre nosotros solo es momentáneo, y el que ella se interese o no en alguien mas, ya sea Kim o quien sea no tiene porque afectarme porque entre ella y yo no habrá nada mas que algo platónico de mi parte y…

—. Pero no esperes que aparezca G… — escuchar lo que Nino dice por ultimo me saca de mis pensamientos, noto que todos se han quedado callados y se dedican exclusivamente a comer, Marinette me mira curiosa por el comentario del DJ.

— ¿No vas a salir en Halloween? — pregunta inclinando la cabeza hacia la derecha, sostiene el tenedor muy cerca de sus labios que se ha puesto un poco colorados por la salsa de la lasaña.

—No —respondo impregnando mi voz del claro mensaje: No preguntes más.

— ¿Por qué no? — vuelve a preguntar y es claro que no le llego mi mensaje secreto. Antes de que pueda contestarme Max me roba la palabra.

—Porque odia Halloween —le informa —. Tiene miedo de los fantasmas, quizá. — Le enseño el dedo corazón antes me meterme un trozo grande de lasaña en la boca. Pero en lugar de confesar la verdadera razón por la que odio el 31 de octubre con cada célula de mí ser, me encojo de hombros y digo:

—Es una fiesta sin sentido con tradiciones tontas. — Kim se ríe de mi respuesta. Siempre que me han preguntado porque motivo no tolero Halloween les digo la misma excusa tonta, sé que nunca se la han creído.

— ¡Oh! Mousinette no lo sabe aún pero Adrien es el policía de la diversión. — Nino codea a la pecosa mientras habla, Marinette aún me mira con duda en el rostro. — La madre que me parió, esto está delicioso — dice entre bocado y bocado. Desde ese momento, todas las conversaciones dejan de existir, porque los chicos y yo estamos superhambrientos después de tres horas de actividades, lo que significa que Kim se ha convertido en un hombre de las cavernas; Nino, amante de la comida italiana, se concentra en degustar cada especia colocada en la comida; Max, analiza lo que tiene en la mesa y se encarga de acomodar la comida de tal manera que quede perfecta y simétrica y yo… bueno, la figura menuda de la morena frente a mí me deja hipnotizado. Ella observa como los chicos se concentran en sus platos de lasaña y cuando decide que es suficiente de mirarlos se gira hacia mí y me lanza una expresión de duda total la cual dice: ¿así son siempre?

A lo que me queda asentir con la cabeza. Mis compañeros de casa son todo menos normales.

Cuando todos hemos terminado de comer y la lasaña que Marinette preparo ha desaparecido, ella intenta levantarse para recoger la mesa, momento en el que Nino le hace, literalmente, un bloqueo y la obliga a salir de la cocina.

—Mi madre me enseñó modales, Mousinette además, que diría Alya de dejar que nos cocines y nos limpies. —La mira con severidad moviendo la cabeza de izquierda a derecha —. Si alguien cocina para ti, tú limpias. Punto y final. —Su cabeza gira hacia la puerta justo cuando Kim y Max tratan de escabullirse—. ¿Dónde van ustedes, señoras? Los platos, cabrones. — Los persigue hasta tomarlos del cuello de sus playeras — A tiene carta blanca porque debe llevar a nuestra hermosa cocinera a su casa. — los arrastra de regreso a la cocina mientras Marinette ríe al ver su interacción. En el pasillo, inevitablemente planto mis manos en la cintura de la pecosa y doblo mi cuello para darle un beso.

— ¿Por qué no puedes ser más alta? —me quejo mientras acaricio mi nariz en su cuello y clavicula. Ella rie bajito de mi comentario y noto como se pone de puntitas.

— ¿Por qué no puedes ser más bajo? —responde esta vez dando ligeros saltos. Me alejo lo suficiente para verla a los ojos y comienzo a rozar mis labios con los suyos, en una caricia lenta y seductora.

—Gracias por hacer la cena. Ha sido un detallazo. — Un rubor rosáceo tiñe sus mejillas.

—P-Pensé que te debía… ya s-sabes… — Tartamudea mientras de nuevo intenta posar sus ojos en otro lado que no sea yo, noto como el tono rosáceo de sus mejillas pasa a rojo carmín —. Porque eres un dios del sexo y todo eso. — dice por ultimo antes de pasar sus brazos por sobre mi hombros. Me río.

— ¿Eso significa que cada vez que te dé un orgasmo vas a hacerme la cena? —

—No. Lo de esta noche es la excepción. Se acabaron las comidas caseras para ti. — ríe mientras acaricia la punta de mi nariz, se pone una vez más de puntillas y lleva su boca a mi oreja —. Pero yo sigo consiguiendo mis orgasmos. — ¡Dios! Eso ha sido una descarga eléctrica directa a mi miembro. Gruño excitado y pienso que realmente no puedo decir no a eso.

—Vamos, te llevo a casa. Tienes una clase temprano mañana, ¿no? —Me sorprende darme cuenta de que me sé su horario. No estoy seguro de lo que está pasando entre nosotros. Quiero decir, yo accedí a ayudarla con su problema sexual, pero…, problema resuelto, ¿no? Ella consiguió lo que quería de mí y ni siquiera necesitamos acostarnos para que sucediera. Así que, técnicamente, no hay razón para que nos acostemos juntos. O, incluso, para que nos sigamos viendo. Y yo… bueno, yo no quiero tener novia.

Mi atención se centra y siempre se ha centrado exclusivamente en mis objetivos, en ser libre de las garras de mi padre, en graduarme y en las pruebas de Arte y restauración que vienen después, donde pretendo ser elegido en cuanto me gradúe. Por no hablar de impresionar a los cazatalentos que ya empiezan a aparecer por el Campus. Entonces, ¿por qué la idea de no pasar más tiempo con Marinette provoca un retortijón de lo más extraño en mis entrañas?

Mousinette intenta dar un paso por el pasillo, pero tiro de su mano y la beso de nuevo, y esta vez no es un besito. La beso con ganas, dejándome llevar por su sabor y su calor y todo lo demás que es ella, siento como sus labios suaves se mueven contra los míos y llevo mi mano derecha a su nuca, hundiéndome más en sus labios, acariciando con mi lengua la suya y escuchando como suelta ligeros y casi imperceptibles gemidos.

Jamás esperé a alguien como ella en mi vida. A veces las personas aparecen en tu vida y de repente uno no sabe cómo has podido vivir sin ellas. Cómo pasaste los días, te reíste con tus amigos y te follaste a otras personas sin tener presente a esa persona tan importante en tu vida. Marinette rompe el beso con una risa suave mientras pone una de sus pálidas manos en mi pecho

— Consigue una habitación de hotel —se burla mirándome risueña, con sus mejillas sonrosadas y sus labios hinchados y brillantes.

Tomo la decisión de que puede ser el momento de reevaluar mi postura sobre las novias.

•Continúe•

Notas del Autor:

¡LO SE!

Me he tardado horrores en actualizar u.u me disculpo, pero créanme que la vida de adulto no es taaan divertida como uno cree de adolescente. Con mi nuevo puesto en el trabajo y la pandemia que nos cayo este año no he podido ocuparme de mis pasiones u.u pero aquí estoy.

¡TARDE PERO SEGURO!

en serio agradezco que me hayan leído el capitulo pasado a:

MySweetxSarcasm, K. FanNeurtex, Mnica (x4), Elena, manu, La Dama Oculta M9, Emely-nya, , noir 0, Mich Rangel, Amanda, karen Agreste, reika kagene, feroj y K. FanNeurtex.

No saben lo feliz que me hacen al comentarme, créanme cuando les digo que me daba ánimos de vez en vez leyendo sus palabras! las amo, sin ustedes no habría terminado tan pronto.

Sin mas que decir mis queridos lectores, les dejo y esta vez (Gracias a que ya, por fin, estoy trabajando desde casa) actualizare pronto.

Saludines~

Se despide Alexiel Izumi•

¿review?