Todos los derechos de la historia pertenecen a Elle Kennedy, solo hago esto por diversión y entretenimiento, igualmente, los derechos de Miraculous Ladybug pertenecen a Thomas Astruc, refiriendonos a los personajes.

Este escrito es sin fines de lucro.

Cabe mencionar que algunas escenas no pertenecen al libro del cual me base para realizar la historia.

¡Disfruten la lectura!

ProhibidoEnamorarse

Capítulo Décimo

Marinette

— ¡Buuuuu! ¡Feliz Halloweeeeen! — Me aparto del armario, donde estaba en proceso de encontrar un abrigo que combinará con el disfraz que había elegido para esta noche. Miro boquiabierta a la criatura que honra mi puerta. Me resulta casi imposible reír al ver lo que lleva Alya. Todo lo que veo es un traje ceñido de color mostaza y naranja, un montón de peluche en su cuello y muñecas y una esponjosa cola a sus espaldas; enarco las cejas cuando termino de analizar el disfraz que lleva puesto y no evito soltarle un grito:

—¿Qué narices de todos los colores y tamaños se supone que llevas puesto?

— Soy un zorro. —Y entonces me lanza una mirada que dice: «tía, es evidente». Rueda los ojos y pone su clásica pose con las manos en sus caderas — no diré que soy una Zorra porque aun cuando eso parezca esto es una mera burla a la necesidad de las chicas de ocupar el Halloween para poder vestirse de putas — concluye su discurso y sé muy bien que no tiene nada que ver con todo lo que ha dicho.

La miro fijamente esperando tener la misma expresión que ella cuando quiere sacarme la verdad de algo, y parece que funciona ya que veo como su pose flaquea al igual que su expresión.

Minutos después ella larga un suspiro y se avienta a mi cama tapándose la cara con mi almohada favorita, una que tiene forma de gato.

defti ahua aguefda fofn Nino — sé que está tratando de explicarse, pero no le entiendo nada cuando habla contra la almohada, solo sé que el poder de Dj Nino está involucrado.

— lamento decirte mi querida Alya, que no entiendo nada de lo que dices — continuo con mi búsqueda de un abrigo en mi armario, pero doy un salto cuando Alya se levanta y me avienta mi estuchera de pinceles.

— ¡Perdí una apuesta con Nino! — grita y camina hacia mí agarrándome de los hombros — yo sé que él hizo trampa, pero… puedes creerlo, ¡me venció en king of fighters! ¡Me venció! ¡A mí, Marinette! — la pelirroja paseaba por mi habitación con aire desesperado, entiendo la frustración de mi amiga al verse vencida en el videojuego.

Suspire y me acerque a ella cuando se sentó en mi cama ya un poco más calmada.

— ¿y apostaron los disfraces del otro? — ella asintió, le sonríe en cuanto vi las cosas claras—. Estoy bastante segura de que hizo trampa con tal de verte vestida así, pero oye, ¿Quién no quisiera verte así de Sexy? — ella me sonrió

— sabía que quería verme como enfermera sexy, o bruja sexy, o…

—Fantasma sexy, árbol sexy, caja de Kleenex sexy. —Alya suspira—. Por Dios, muchas chicas lo hacen solo por meter la palabra «sexy» después de cualquier sustantivo mundano y ¡mira, así de fácil tienen un disfraz! Porque esa es la cuestión: ellas quieren disfrazarse de putas, pero tu Alya Césaire lo haces por cumplir tu palabra; además, no eres de las que necesitan ir casi desnudas para ser sexy algo — digo muy segura de mi misma al verla vestir un mono completo de color mostaza y amarillo, le iba de lujo, resaltando cada curva de su escultural cuerpo.

—¿Sabes qué? — Resopla — ¡Al diablo! ¡Soy una zorra de Halloween! — se levanta con aire triunfal y segundos después se gira para ver la expresión que mi rostro puso ante sus palabras, no paso ni un minuto para que empezáramos a reírnos, ¡Dios! Que lo que había dicho era horrendo.

—Entonces, ¿por qué no vas a ir a la fiesta con nosotros? — pregunta después de nuestro ataque de risa, ella camina hacia su habitación en nuestro dormitorio. Tuerzo el gesto cuando recuerdo que tengo que estar aquí, en la residencia.

— ya sabes, la Ruta Anual de Halloween — digo atrapando en el aire un suéter rojo que Alya me había lanzado. Mira la prenda extrañada, ella me sonríe y me incita a ponérmelo.

—¿En serio? Que feo que Chloé te atrapara para eso — me dice mientras me miro al espejo con el suéter que ella me había pasado. Realmente combinaba muy bien con mi atuendo. — creí que irías con Adrien y pasarías un buen rato con él — suelto una carcajada cuando dice eso.

—Es antiHalloween —explicó asomando mi cabeza por el umbral de mi puerta, aunque al decirlo en voz alta suena raro. Anoche me dio la extraña sensación de que tiene una razón de más peso para odiar Halloween que la de «simplemente es una fiesta sin sentido». Tal vez le pasó algo terrible hace tiempo la noche de Halloween, como que unos idiotas le tiraran huevos o algo así, cuando era pequeño. ¡Oh! tal vez vio la película It y estuvo con pesadillas durante semanas, que es lo que me pasó a mí cuando vi la primera versión de Carrie cuando tenía diez años. —Bueno, Nino está esperándome abajo así que me voy ya. — Alya se acerca y me da un gran beso en la mejilla—. Pásatelo bien repartiendo bebidas con Chloé, Caperucita. — me lanza un guiño antes de salir y no puedo evitar mirar mi disfraz.

Había elegido el atuendo de caperucita porque tenía todo lo necesario. Un vestido rojo, un pequeño mandil de encaje que había confeccionado el año pasado para los chicos de teatro y una capa que Nath me hizo el favor de prestarme. Unas cuantas prendas debajo daban el toque junto con mis zapatos rojos que había ocupado un par de veces y mis medias blancas.

Sinceramente estaba arrepintiéndome de haberme comprometido a ayudar a Chloé con la Ruta de Halloween. No estoy de humor para esperar toda la noche a que unos universitarios borrachos entren deambulando en la Residencia para que les den más bebidas y chupitos de gelatina. De hecho, cuanto más lo pienso, más me tienta echarme atrás, sobre todo cuando me imagino a Adrien en su casa solo, frunciéndole el ceño a su reflejo en el espejo, o lanzando una pelota de tenis contra la pared como los presidiarios en la cárcel.

En vez de seguir buscando una charola donde poner las gelatinas, salgo fuera de mi dormitorio y camino por el pasillo para llamar a la puerta de Chloé.

—¡Voy! —la rubia platino aparece casi un minuto más tarde, pasándose un peine por su pelo rizado con una mano y poniéndose polvos de color blanco en las mejillas con la otra. — pero si es Dupain-Cheng ¡Feliz Halloween! —dice al abrirme la puerta, yo le sonrió y espero que no me apuñale con ese peine enorme cuando diga porque vine un par de horas más temprano de lo acordado.

—Feliz Halloween. —Hago una pausa—. Escucha… ¿Cuánto me odiarías si me niego para lo de la Ruta? Y, por otro lado, ¿cuánto daño añado a eso si te pido que me dejes tu coche? — Veo cómo la ira comienza a llenar sus iris azules, lentamente baja las manos.

—¿He escuchado bien, Marinette? — sus ojos me lanzan una chispa de advertencia. Mierda, de verdad espero que no empiece a llorar de coraje. Chloé es de ese tipo de chica que estallan en un abrir y cerrar de ojos; aunque, la verdad, creo que cuando se pone a llorar sus lágrimas son de cocodrilo, porque siempre se secan demasiado rápido.

— Es que a un amigo mío le ha ido mal y está teniendo una mala noche —le digo con torpeza—. Le vendría bien un poco de compañía. — Ella me lanza una mirada sospechosa mientras entrecierra sus azules y perfectamente maquillados ojos. Poco a poco veo como una sonrisita se posa en sus finos labios.

—¿Y ese amigo responde por el nombre de Adrien Agreste? — cuando dice su nombre me atraganto con mi propia saliva, cuando me recupero noto como Sabrina se ha unido a la conversación.

—¿Por qué piensas eso? — digo con voz temblorosa.

—Porque Alya ha dicho que están saliendo. — mi mandíbula se cae cuando la escucho y puedo ver la emoción en la pelirroja cuando ven mi reacción. Alya, te mataré por lengua larga. Carraspeo y comienzo mi discurso de explicación.

—No estamos saliendo, pero sí, él es el amigo del que estoy hablando —admito esperando que esto pase más rápido. Para mi sorpresa, la rubia estalla en una enorme sonrisa junto con su mejor amiga.

—Bueno, ¿por qué no empezaste por ahí, Mari-tonta? ¡Por supuesto que te libero si eso significa que vas a follarte a Adrien Agreste! — Chloé me da un pequeño golpe en el brazo y Sabrina salta a mis hombros para susurrarme algo.

— Ten en cuenta esto: voy a estar viviendo indirectamente a través tuyo, porque… Ay. Dios. Mío. Solo con que ese hombre me sonriera, se me derretirían las bragas. — No quiero analizar ni una sola parte de la respuesta de la pelirroja, así que decido ignorarla por completo.

—¿Están seguras de que estarás bien sin mí? — pregunto.

—Sí, estaremos bien. — La ojiazul agita una mano con aire despreocupado y vuelve a ponerse polvo blanco en las mejillas.

—Gracias por portarte tan genial con esto —le digo con gratitud mientras Sabrina salta a mi alrededor.

— Yo ya soy genial, Marinette. ¡Oh! Espera un segundo. —Chloé desaparece y vuelve un momento después con las llaves de su coche colgando de su dedo índice—. Un rayón y te asesino Dupain-Cheng — antes de que pueda tomar las llaves Sabrina se acerca a mí con un sonrojo enorme.

— Oye, no sé si te gusta o no grabarte mientras haces tus fechorías, pero si tienes la oportunidad, graba cada cosa que hagas con ese hombre de ensueño esta noche. —

—¡Dios! Ni loca, Sabrina. — Tomo las llaves del Smart Fortwo de la rubia al tiempo que sonrío divertida por los comentarios de la pelirroja.

—. Deja que el lobo te como, Dupain. — me gritan antes de desaparecer en su dormitorio. De vuelta en mi habitación, cojo mi móvil del sofá del salón y le escribo un mensaje a Adrien.

Yo: Estás n casa?

Él: .

Yo: Paso de la Ruta. Puedo pasarme?

Él: genial que entraste n razón, Mousinette. Trae tu culito acá.

Adrien

Cuando oigo el crujido de la puerta principal, estoy algo preocupado; me medio imagino que Marinette aparecerá vestida con algún disfraz ridículo que te cagas en un intento de difundir el entusiasmo de Halloween y convencerme para ir a esa fiesta de la residencia.

Afortunadamente, cuando asoma la cabeza en el salón, su aspecto es el de la Mousinette de siempre. Solo tiene un pelín de diferencia. Es decir, está guapísima y mi miembro inmediatamente le hace una reverencia al verla enfundada en un traje de caperucita roja.

Cuando se acerca a mí a paso lento se va quitando la capa que la hace ser Caperucita y se echa sus cabellos hacia atrás, noto que tiene el flequillo hacia un lado y se ha puesto un poco de maquillaje en las mejillas.

—Ey. —Se deja caer a mi lado en el sofá e inmediatamente se saca los pequeños e infantiles zapatos rojos que traía puestos.

—Ey. —contengo mis enormes ganas de reír de su atuendo y decido pasar mi brazo alrededor de su cuello y le planto un beso en la mejilla; parece la cosa más natural del mundo. Ignoro completamente si soy el único aquí que se siente de esta manera, pero Marinette no se aleja ni se burla de mí por estar actuando «a lo novio». Así que lo tomo como una señal prometedora. — Y ¿cómo es que te has negado a ayudar en la fiesta? —

—No tenía ganas. No podía parar de imaginarte aquí solo y llorando. Al final la compasión ganó la batalla. — sonrió con su comentario y le doy un suave golpe con mi rodilla a la suya.

—No estoy llorando, tonta. —Señaló al documental sobre la leche, aburrido hasta la muerte, parpadeando en la pantalla del televisor—. Estoy aprendiendo cosas sobre la pasteurización. — Ella se incorpora y me mira fijamente.

—Pagas una suscripción para tener cientos de canales y ¿esto es lo que eliges ver? — le lanzo un guiño.

— Bueno, hice un poco de zapping, vi un montón de ubres y, ya sabes cómo me ponen… —

—¡Puaj! Qué asco, Adrien — ella me empuja con un cojín del sofá al tiempo que me echo a reír.

—Es una broma, Mousinette. — Tomo sus muñecas y me acerco un poco a su pequeño y sonrojado rostro — Si quieres saber lo que pasó, las pilas del mando se gastaron y me daba demasiada pereza levantarme y cambiar de canal. Estaba viendo una impresionante restauración del Prado antes de que aparecieran las ubres. — ella se zafa de mi agarre y se acomoda en el sofá para mirarme a mí en vez de estar de frente con la TV

—Realmente te gusta el Arte, ¿eh? —

—Es interesante. Bueno, algunas cosas. Otras, no tanto. — Marinette descansa su cabeza en mi hombro y juega ausente con la tela blanca que cubre su falda roja.

— Estuve pensando en el proyecto de invierno —confiesa.

—¿Sí? ¿Por? —

— renunciaré. — dice mientras parece ocultar su rostro entre mi cuerpo y el sofá, no puedo evitar sentir curiosidad por este tema, así que tomo su mano izquierda, la más cercana y comienzo a hacerle suaves caricias en el dorso. — no quiero seguir viendo la cara de Lila cada tres días — declara con la voz áspera, inevitablemente me tenso de escuchar ese comentario.

—¿Mari…? —le digo sin comprender.

—Hoy tuve una pesadilla. — Un tono amargo se arrastra hasta su voz, se remueve a mi lado y con parsimonia eleva nuestras manos. Poco a poco se deja caer hasta que su cabeza está en mi regazo—. Fue como si todo lo que he vivido para superar ese tema hubiera sido el verdadero sueño, ni Alya, ni tu ni nadie habían realmente estado ahí y estaba viviendo la mañana en la que logre salir de su dormitorio… — su mirada se nota perdida y no puedo hacer otra cosa que acariciar sus cabellos esparcidos en mis piernas.

— recuerdo que cuando logré llegar a mi dormitorio Alya acababa de salir al pasillo, me vio extraña y me ayudó a llegar a mi cama; ella y yo apenas si comenzábamos a hablarnos, pero le conté un poco de lo que ocurrió esa noche… — noto como una sonrisa irónica se posa en sus labios — ella dijo que había forma de hacerla responsable de sus actos…yo solo quería tomar una ducha y olvidarme de Lila… pero en el sueño eso no ocurre, Lila y esos chicos se salen con la suya y desencadenan un sinfín de eventos horribles en mi vida. — Cuando Marinette detiene su hablar mi mano aprieta la suya con fuerza.

El solo hecho de imaginar que esa mujer le hacía un daño de esa magnitud me daban ganas de ir y…

—Adrien… — Trago saliva cuando escucho la suave voz de Marinette en mis piernas, ella está mirándome y seguramente adivinó el rumbo de mis pensamientos — solo fue una pesadilla. — dice con una sonrisa adornando su carita, pero sé que le afecta y que sueño o no, lo que ocurrió con esa Lila Rossi le había marcado.

—. Lo sé, es solo que no me gusta el no haber estado ahí… el que ella te tomara como su blanco solo por querer hacer daño… Y no puedo soportar la idea de que te haya ocurrido. — digo con un hilo de voz mirando sus enormes ojos azules.

—Pero me ocurrió — dice en un murmullo —. No podemos pretender otra cosa — Un breve silencio se instala entre nosotros y tengo las enormes ganas de inclinarme y darle un beso, quiero sentir su calor y que ella sienta el mio, que sepa que no estará sola ni volverá a vivir una situación similar porque yo estaré ahí para ella.

Sé que lo que estoy pensando es demasiado cursi, pero Marinette me provoca demasiado.

—¿Vendrán tus padres a verte para navidad? — Decido romper el silencio cambiando de tema para poder aligerar el ambiente.

— No — Suspira — Mi padre está loco por la panadería y en esas fechas suelo ayudar con los muchos pedidos que nos llegan. Si estabas coqueteando conmigo porque pensabas que era una inteligente y rica heredera, debes saber que estoy en Lille con una beca del cien por cien — veo como lleva su dedo índice a su cien y me guiña un ojo — obvio lo de inteligente es lo que me da esa beca —

—Fuera de aquí. — Señalo la puerta con gesto indignado. Marinette me saca la lengua al tiempo que se cruza de brazos, rueda los ojos y suelta una risita.

—Muy gracioso. — largo una carcajada.

— No me importa el dinero que tenga tu familia, Mousi. — vuelvo a acariciar su cabello, levantó la mirada e intento entender qué ocurre en el televisor

— Lo dice el millonario. — Cuando la escucho decir eso inevitablemente mi pecho se tensa.

—No soy millonario; es mi padre el que lo es. Hay una enorme diferencia. — Casi puedo jurar que mi tono se volvió frio y tengo la esperanza de que Marinette no se de cuenta, para mi fortuna ella se queda pensando un momento, antes de encogerse de hombros y decir:

— Supongo que sí —

No tengo ni idea de qué decir. Cada que hablo de mi padre o que incluso mencionan lo mucho que "tengo" por llevar su apellido me acongoja y me hace enojar; muchas personas en el pasado se acercaron a mi porque creían que podrían llegar a lo que Gabriel Agreste construyó, ya sea su dinero o su empresa. inconscientemente comienzo a recordar la voz de mi padre cuando me daba órdenes, con su mirada de hielo, se podía palpar el desprecio que me tenía.

Puedo entender a Marinette con respecto al desprecio que le tiene a Lila y lo mucho que se ha esforzado para casi pasar de ello cuando tiene que trabajar con ella en el taller de costura. Me hace pensar en lo valiente que es y en lo cobarde que me he convertido con respecto a mi padre, el no querer enfrentarlo para evitar romperle la cara por todo lo que me hizo. Mi voz es ronca como la de un ogro cuando digo:

— El primer Halloween que pase sin mi madre, mi padre me golpeó — La cabeza de Marinette se giro en mis rodillas rápidamente, me miró con sus grandes ojos, sorprendida.

—¿Qué? — Casi no puedo continuar, pero después de haber hablado tanto con ella y haber recibido el gran honor de su confianza, necesito que conozca más de mi, no me puedo contener. Necesito que sepa que no es la única que ha experimentado ira y desesperación.

—Yo tenía once años cuando ocurrió la desaparición de mi Madre, con ella todo era mas simple, normal. Incluso nos disfrazamos juntos cada Halloween... cuando esa fecha llegó y ella no estaba le rogué a mi padre vernos, quería... hablar de mamá — cuando dije eso solté una risa, era tan ingenuo — después de lograr pasar a su asistente lo encontré diseñando, en su enorme estudio lleno de telas y papel, en cuanto su mirada me encontró me congele, su odio era evidente — me concentré en relatar aquella horrible experiencia y en mirar un punto muerto de la habitación, podía sentir los intensos ojos de la pecosa en mis piernas fijos en mí.

— No pude concretar una frase frente a él porque me ponía muy nervioso, él solo camino a mi mientras yo tartamudeaba algo con respecto a mamá, se plantó frente a mi y me soltó una cachetada con el dorso de la mano, me callé al instante. Gabriel Agreste, el diseñador, mi padre, me miró a los ojos y me dijo que jamas estaria a la altura de su nombre y de su marca — Marinette llevó sus manos a su boca intentando callar el jadeo de asombro que soltó — me mando a esfumarme y le ordenó a su asistente que me llevará a donde sea menos cerca de él, además de que quería que cumpliera al pie de la letra mi agenda, a partir de ahí, cada que algo no le gustaba de mi me abofeteaba y me decía lo mucho que no merezco ser su hijo —

— Dios mío. No tenía ni idea. —Sus ojos están abiertos como platos, no con pena, sino con compasión—. Tenía la sensación de que no te gustaba tu padre, lo deduje por la forma en la que hablas de él, pero no caí en que era porque… — mientras me dice esto se levanta de mi regazo y se sienta aun mas cerca de mi

—¿Por qué me humillaba? —Acabó la frase y mi tono de voz se ha llenado de resentimiento—. Mi padre no es el hombre que es en las pasarelas y entrevistas finge ser. El prestigioso genio de la moda, viudo y devoto a la carrera de su hijo, todas esas cosas que hace de caridad y becas es su manera de decir "mirenme, soy bueno". El papel lo hace a la perfección, ¿eh? Pero en casa, él era…, joder, era un monstruo. — Noto la calidez de los dedos de Marinette cuando se entrelazan con los míos. Yo los aprieto, necesito una distracción física que me haga olvidar el dolor de la opresión en mi pecho.

— Durante años me creí lo que me decía, me mate estudiando y modelando, aprendiendo a ser el hijo perfecto que intenta complacer a su padre, obedeciendo todo lo que me pedía sin un pero... — Me río de forma cruel—. Después de cada pasarela lo miraba esperanzado de haberlo complacido y sabía que al llegar al camerino recibiría una bofetada y me diría que todo lo que hice estuvo mal, lo avergonzado que estaba que llevara su apellido. —

—¿Durante cuánto tiempo lo hizo? —susurra.

—Hasta que aprendí que su vida social le importa más. si había alguien más presente no haría nada, más que mirarme con odio. Ya de por sí vivíamos en casas separadas desde mis 18 años. Tengo suerte, solo tuve que lamentarme durante seis o tal vez siete años. Mi madre lo vivió durante quince años. Bueno, suponiendo que comenzara a maltratarla el día que se conocieron. Ella nunca me dijo cuánto duró en realidad. ¿Quieres que te sea honesto, Marinette? —Me encuentro con sus ojos, estoy avergonzado de lo que estoy a punto de decir—. Cuando desapareció… —ahora siento náuseas—, me sentí aliviado. Porque eso significaba que ya no tenía que sufrir más la frialdad que ese hombre le daba — ella aprieta de nuevo mi mano y su voz suena casi etérea cuando habla

— Le podía haber dejado. — Niego con la cabeza.

— Él la habría encontrado donde sea, jamás habría permitido que ella hiciera eso, su voluntad siempre podía más sobre la de mamá. Era una dependencia que sabía que no podía controlar, quería estar lejos de él pero no podía... no solo por mi padre... ella simplemente no podía. —Suspiro—. síndrome de estocolmo, supongo. Jamás he conocido a un hombre tan manipulador, narcisista, egocéntrico, tan jodidamente arrogante. Mi madre y yo no éramos más que parte de su decorado. Esposa trofeo, hijo trofeo. A él no le importa una mierda nadie más que él mismo. —

Nunca le había contado esto a nadie antes. Ni a Nino, ni a Kim. Ni siquiera a Ivan, el capo de guardar secretos. Todo lo relacionado con mi padre me lo queda para mí. Porque la triste realidad es que hay demasiada gente por ahí que tendría la tentación de vender la historia para sacar un poco de pasta. No es que no confíe en mis amigos, sí que lo hago, pero cuando te ha decepcionado la persona en quien se supone que más debes confiar, ya no tienes especial interés en darle a la gente munición que puedan usar contra ti.

Pero confío en Marinette. Sé que ella no le dirá a nadie nada de esto, y mientras mi confesión aun flota en el aire, siento como si una carga enorme se hubiese desprendido de mi pecho.

—Así que sí —le digo con dureza—, la última vez que intente celebrar el puto Halloween, mi propio padre me dio una buena humillada. No es un recuerdo feliz, ¿eh? — me rio con ironía y me concentro en mirar a la pelinegra a mi lado

— No, no lo es. —Su mano libre sube para acariciar mi mandíbula, que está cubierta de barba incipiente, porque he sido demasiado vago como para afeitarme hoy —. Pero ¿sabes lo que me decía mi psicóloga? Que la mejor manera de olvidar un mal recuerdo es sustituirlo por uno bueno. — ella recorre con su mirada azul mi rostro.

—Estoy convencido de que eso es más fácil decirlo que hacerlo. — susurro cuando comienzo a sentir que se acerca a mi, no puedo evitar recorrer sus finas facciones como ella hace conmigo, y casi como si estuviéramos sincronizados, nos detenemos en los labios del otro.

—Tal vez, pero no pasa nada por intentarlo, ¿verdad? — Mi respiración se detiene en mi garganta cuando Marinette se sube a mi regazo de un brinco, sostiene mi rostro entre sus manos y comienza a devorarme. Mis manos instintivamente van a su trasero y se cuelan debajo de su falda esponjosa y roja. Se podría pensar que es imposible para mí tener una erección inmediatamente después de tener la conversación más deprimente conocida por el ser humano, pero mi polla crece nada más sentir su firme culo sobre ella. El beso que me da es suave, intenso y dulce, y yo gimo de decepción cuando su boca de repente abandona la mía. La decepción no me dura mucho tiempo porque lo siguiente que sé es que está de rodillas en el suelo delante de mí, liberando mi polla de los pantalones de chándal.

Ella me mira con sus ojos brillando en lujuria mientras me lame desde las bolas hasta la punta de mi pene, late como si fuera la primera vez en la vida que le toca la lengua de una chica. Me han hecho un montón de mamadas; no es por presumir, es solo la realidad. Pero cuando mi miembro se sumerge en la boca de Marinette, mis huevos se encogen y se tensan y mi pene palpita con entusiasmo. Mi capullo casi estalla cuando el calor húmedo de su boca lo rodea. Una delicada y pequeña mano acaricia mi muslo mientras trabaja con la boca. Su otra mano está enroscada con fuerza alrededor de mi polla, su pulgar frota el punto sensible bajo el capullo, y cada una de las veces que succiona, me empuja más y más en una profunda y deliciosa inconsciencia.

Mis caderas empiezan a moverse. No puedo detenerlas. No puedo evitar meterme en su boca, más y más adentro, mientras enredo mis dedos en su pelo para guiarla. A ella no parece importarle. Mis golpes frenéticos provocan un gemido que sale de sus labios, y el sexy sonido vibra a través de mi pene y sube por mi columna vertebral. La cálida succión me vuelve loco. No puedo recordar un segundo en el que no deseara a esta chica. Un segundo en el que no estuviera absolutamente desesperado por ella.

Solo cuando abro los ojos me doy cuenta de donde estamos. Mis compañeros están en una fiesta, pero según recuerdo Kim tiene entrenamiento a primera hora y Max tiene una cita muy importante con el Jefe de su facultad para presentar su último proyecto para su adelantada Tesis, lo que significa que no van a salir hasta tarde esta noche. Lo que significa que podrían entrar en el salón en cualquier momento.

Toco la mejilla de Marinette para detenerla y ella levanta la mirada con mi verga aun en su dulce y húmeda boca. Me tenso y tengo que controlarme mucho para poder hablar.

— Vamos arriba. No sé cuándo vuelven estos a casa. — Ella sonríe antes de succionar una última vez y sacar mi polla de su boca lentamente, dando una última y sensual lamida a la punta; se pone de pie sin decir una palabra y extiende su mano en mi dirección. La cojo y la beso intensamente antes de sentir sus piernas enrolladas en mis caderas rozando indecorosamente su intimidad con mi dura erección.

Marinette

Adrien deja la luz apagada cuando entramos a su pieza, cierra la puerta detrás de nosotros y puedo ver sus ojos verdes brillando en la oscuridad, camina lento hacia mi, como una pantera a punto de capturar a su presa, me besa de nuevo y cuela sus dedos entre mis cabellos acercandome mas a su cuerpo. Siento su cuerpo moverse, desvistiendose con tal rapidez que me hace reír y romper el beso.

Ahora está desnudo delante de mí, su cuerpo musculoso es como una sombra borrosa mientras da un paso más cerca.

—¿Por qué sigues vestida? —se queja mientras me gira y frota mi trasero con su erección, levantó los brazos y acaricio su cabello sedoso dejándome caer en su cuerpo, sintiendo su fuerte pecho.

—Porque no todo el mundo es tan hábil en desnudarse como tú. — susurro, intentando sonar sensual, lo que creo que logré cuando siento la lengua de Adrien recorrer el lóbulo de mi oreja.

—No es tan difícil, Mousi. Déjame ayudarte. — Me estremezco cuando siento que des anuda el mandil blanco y deja caer los tirantes a los lados, mete ambas manos por debajo de mi falda y gruñe cuando llegan a mi trasero, estrujandolo antes de seguir subiendo, acaricia mis pechos por sobre la tela del vestido y recorre mi clavícula con suavidad hasta llegar al cierre de mi atuendo. Me da un beso suave en cada hombro después de dejar caer el vestido al suelo, jadeo exitada cuando en el último beso me lame lascivamente, sus suaves yemas de los dedos acarician mis caderas por encima de mis bragas, me hacen cosquillas en la parte superior de mi pubis mientras se pone de rodillas y me gira para tenerme de frente, llevándose con él la tela de algodón de mi ropa interior. Todo lo que puedo ver es una cabeza rubia a unos centímetros de mis muslos y, es una imagen tan erótica, me pone tan absolutamente cachonda, que casi no puedo respirar. Cuando su boca roza el bulto sensible ya hinchado de deseo, una descarga de placer casi me hace perder el equilibrio, y me agarro a la parte superior de su cabeza para no caerme.

—Vale, no — anuncio —. No voy a poder mantenerme de pie si me sigues haciendo eso. — Con una sonrisa, Adrien se pone de pie y me coge a horcajadas en sus brazos, como si yo no pesara absolutamente nada. Aterrizamos en la cama con un ruido sordo, riendo mientras ponemos nuestras caras frente a frente. Los dos estamos desnudos y parece la cosa más natural del mundo. Cuando empieza a hablar, lo que dice tiene tan poco sentido que me pilla totalmente desprevenida

—Pensé que tu nombre empezaba por M. — parpadeo confundida

— pero si empieza con M — Adrien se ríe.

—No, pensé que te llamabas Maria o Mariana. Algo con M. — No sé si sentirme insultada o si me hace gracia. Optó por mirarlo con un puchero y asentir

—Vale… — Adrien niega un poco con la cabeza antes de volver a hablar

—Durante casi dos meses, Marinette. Estuve dos meses sin saber cómo te llamabas. — su mirada me demuestra lo acongojado que se encuentra, sonrió antes de acariciar su cabello.

—Bueno, no nos conocíamos. —

—Tú sí sabías mi nombre. — me dice con carita de cachorro, suspiro

—Todo el mundo sabe tu nombre. —

—¿Cómo es posible que estuviese tanto tiempo sin darme cuenta de tu presencia, joder? ¿Por qué tuvo que ser un estúpido 10 en un examen el que me hizo verte? — Suena tan sinceramente disgustado que me acerco aún más y le beso.

—No importa. Me conoces ahora. — le digo después de darle también un par de besos en la nariz

—Sí, te conozco —dice con fuerza, me mira desde mi cabello hasta mi barbilla, me da un beso de nuevo antes deslizarse por mi cuerpo, me recorre con sus labios hasta llegar a uno de mis pezones, lamerlo y meterlo en su húmeda boca, gimo como loca cuando su mano izquierda comienza a estimular al otro pezón —. Sé que cuando hago esto… —Chupa más fuerte, un gemido sale de mi boca y él libera mi pezón con un sonido mojado —, gimes lo suficientemente fuerte como para despertar a los muertos. Y sé que cuando hago… esto, tus caderas empezarán a moverse de adelante atrás como si estuvieran buscando mi polla. —Lame mi otro pezón, haciendo fuerza con la lengua y, por supuesto, mis caderas se mueven involuntariamente y mi sexo se contrae en un vacío ávido dedeseo. Adrien se apoya sobre un codo, su bíceps está flexionado contra mi hombro.

—También sé que me gustas —dice con voz ronca mientras un brillo extraño aparece en su mirada verde. Una risa me sale temblorosa.

— Tú también me gustas — atino a decirle mientras acaricio su fuerte y desnuda espalda.

—Lo digo en serio. De verdad, me gustas mucho. — me da un beso en la curva de la axila y me remuevo divertida por su acto, no estoy segura de qué responder, así que simplemente le agarró de la nuca y tiró de él para darle un beso; un beso húmedo y cargado de deseo. Quiero que Adrien sepa lo mucho que me gusta como me acaricia, me encanta el pequeño mordisco que me da cada que quiere acariciar con su lengua mis labios. Noto como todo se vuelve más intenso, nuestras piernas están enredadas entre sí y su cuerpo es tan caliente que después de eso, todo se vuelve borroso.

Siento sus manos apretar mis costillas antes de bajar a mi cintura y acariciar con suavidad hasta llegar a mi culo. puedo sentirlo en todas partes, su lengua recorre mi cuello hasta llegar a mis hombros y dejar leves marcas en ellos, algo que al momento no me molesta para nada. Una ola de placer me arrastra a un lugar hermoso donde solo existimos Adrien y yo.

Me encanta el hecho de sentir su deseo a través de cada acto. Cuando veo sus ojos en medio de la oscuridad sé bien lo que sigue.

Me suelta para abrir el cajón de la mesilla que está a un lado de su cama y mi pulso se acelera de anticipación, porque sé lo que está haciendo, lo que estamos a punto de hacer.

Todo el tiempo sus ojos se mantienen en mi, los veo resplandecer como el neon, cuando escucho el sonido del plástico desgarrándose, mi corazón da un salto y siento como si todo mi cuerpo se estremeciera de solo verlo ahí, de nuevo lo siento como una pantera al verlo acercarse a mi, casi puedo sentir su cuerpo caliente de nuevo sobre mi pero en vez de ponerse encima para tomar el control, se da la vuelta, se tumba de espaldas y me entrega las riendas con una sonrisa torcida en el rostro.

—Móntame. —Su voz es grave, temblorosa de ansia de lo que está apunto de pasar. Trago saliva y lentamente me subo sobre él. Me subo a su regazo acariciando su pecho duro y fuerte, con una pierna a cada lado de su cadera noto su miembro, es largo y grueso e imponente, lo cojo con una mano y froto la punta con mi entrada acariciándonos con lentitud.

Esta posición me permite controlar cuánto de él quiero tener dentro. Mi pulso galopa como un caballo de carreras cuando me hundo en él. Experimento la sensación más deliciosa del mundo cuando voy bajando centímetro a centímetro hasta que está todo dentro de mí y de repente estoy llena. Superllena de Adrien.

Él gruñe y echa la cabeza hacia atrás mientras levanta un poco las caderas y me sostiene con sus grandes manos. Mis músculos internos aprietan su erección al verlo asi, palpitan a su alrededor y él suelta un sonido desesperado que resuena por mi cuerpo.

— Oh, mierda. —Los dedos de Adrien se clavan en mis caderas antes de que pueda moverme—. Háblame de tu abuela — dice con dificultad

—¿AHORA? —

—Sí, ahora, porque tu lindo y caliente coño está más apretado que… Vale, no, no voy a pensar en lo apretado que está. ¿Cómo se llama tu abuela? — suelta la pregunta mientras me recorre con la mirada y se detiene en mis labios

—Gina. —Hago un gran esfuerzo para no reírme de como Adrien se está controlando. Se oye cómo le cuesta respirar.

—¿Dónde vive? — susurra, puedo darme cuenta de que su voz está tensa. eso inevitablemente me excita.

—En Italia... pero le gusta mucho viajar — Me muerdo el labio inferior al notar como el rubio debajo de mi me come con la mirada, esta vez deteniéndose en mi pechos. Siento como varias gotas de sudor aparecen en mi frente, porque Adrien no es el único aquí a punto de perder el control.

La presión que hay entre mis piernas es insoportable. Mis caderas se quieren mover. Mi cuerpo quiere desahogarse, estoy casi en mi límite cuando Adrien deja salir una respiración larga y entrecortada.

—Vale. Ya estoy bien—. Sus dientes blancos brillan en las sombras cuando sonríe—. Tienes permiso para proceder. — suelto una risita antes de hablar

—Gracias a Dios. — Me elevo y me dejo caer de golpe con tanta fuerza que los dos gemimos. Este tipo de necesidad ciega es nueva para mí. Me agacho para poder dar más fuerza a mis caderas y Adrien me da un beso de lo más caliente. Le montó a un tempo rápido y frenético, pero todavía no es suficiente.

Necesito más y más y más. Me separo de él para poderme sostener con mis manos de su pecho y en un momento dado, estoy frotándome contra él, porque he descubierto que cuando me inclino por un instante hacia adelante, mi clítoris toca su hueso púbico y el placer se intensifica.

Él sostiene mi caderas siguiendo mis movimientos y gimiendo como loco, se eleva lo suficiente para poder atrapar uno de mis pezones y me hace gritar, sentirlo dentro tan duro y palpitante, combinado con su experta lengua me hacía perder aún más el control.

Hice que se recostara de nuevo y esta vez mis pechos están aplastados contra su pecho, duro como una piedra. Es tan masculino, tan jodidamente adictivo. Beso su cuello dejando también algunas marcas rojizas, siento su piel caliente bajo mis labios. Está ardiendo, los latidos de su corazón golpean salvajemente mis pechos y, cuando levantó la cabeza levemente y veo su cara, me hipnotiza su expresión, la tensión de sus facciones y el intenso placer que brilla en sus ojos.

Todo el tiempo sosteníamos la mirada del otro; la suya, tan llena de lujuria. Estoy tan concentrada en él cuando me golpea el orgasmo, que me pilla totalmente por sorpresa.

Largo un gemido que jamás creí lograr hacer por cuenta propia y veo como Adrien sonríe satisfecho de ver lo que está logrando en mi.

Grito fuerte cuando el rubio comienza a llevar esta vez el movimiento, elevando mis caderas y dejándome caer sobre él cuando un torrente de dulce éxtasis invade todo mi cuerpo. Adrien me toca la espalda mientras jadeo de placer. Mi vagina se contrae, apretando su dura polla, y sus dedos se clavan entre mis omóplatos mientras maldice.

— Marinette… Oh, mierda, my lady, eso me pone muy cachondo. — Todavía estoy recuperando el aliento cuando él continuó empujando hacia arriba, rápido y profundo, sus caderas chocan contra las mías mientras me llena, una y otra vez hasta que finalmente da un último empujón y gime fuerte y largo.

Su rostro se tensa, las cejas rubias se juntan como si estuviera sintiendo dolor, pero sé que no es eso. Le observó mientras voy sintiendo su cuerpo tensarse y le beso el cuello de nuevo, chupando su carne caliente mientras tiembla debajo de mí y me agarra con tanta fuerza que atrapa todo el aire de mis pulmones.

Una vez ambos nos hemos recuperado Adrien me da un beso en la frente y es cuando me doy cuenta de la capa de sudor que tenemos ambos en nuestros cuerpos.

Él me gira a un lado saliendo de mí, se quita el condón y regresa a tumbarse a mi lado, me abraza desde atrás. El gran peso de su brazo me hace sentir segura, cálida y apreciada. Lo mismo ocurre con la forma en que extiende su mano sobre mi vientre y distraídamente acaricia mi piel desnuda. Sus labios presionan mi nuca y puedo decir, con el corazón en la mano, que nunca me he sentido más satisfecha que ahora.

—Quédate esta noche —murmura mientras me deja besos sobre el hombro

— No puedo —respondo—. Tengo que devolverle el coche a Chloé.— recuerdo que me mandó un mensaje cuando venía de camino a casa de Adrien pidiéndome tener el coche en el estacionamiento de la residencia antes del amanecer porque tenía una cita importante temprano.

Seguro el Spa o algo asi

—Dile que se lo han robado —propone el rubio mientras desciende con su mano a mi pierna y comienza a hacer círculos hasta llegar a mi trasero—. Yo te cubro. — Me río en voz baja.

—Imposible. Me mataría. — Adrien apoya la mejilla en mi hombro y gira sus caderas para que su polla semidura se frote contra mi culo. Él suspira con felicidad.

—Tienes el culo más bonito del universo. — Sus palabras me hacen estremecer y ruego por que la piel no se me haya puesto de gallina porque estaría dejando en evidencia al modelo lo mucho que me afectan, por no decir que me encantan y excitan.

Si me pongo a pensar no tengo idea de cómo hemos llegado a este punto. Un día le mandó a la mierda y al día siguiente estoy acurrucada en la cama con él. La vida es tan rara a veces…

—Oye —dice un rato más tarde—. No trabajas los viernes por la tarde, ¿verdad? — acaricio mis pies con sus pies antes de responderle

—No. ¿Por qué? —

— Tendré una exposición de arte en una galería muy cerca del campus —Duda—. Quizá te apetezca venir — Yo dudo también. Siento que estoy metiéndome en un lugar que no puedo controlar. Esta noche me ha contado algo de lo que estoy bastante segura no cuenta a cualquiera, y me he entregado completamente al placer con él, llegando al orgasmo con su verga dentro de mi. Aun así, no quiero preguntarle lo que significa su invitación. Me aterra pensar que le puedo estar dando demasiada importancia Me aterra convertirlo en algo real. —Puedes coger mi Audi —añade con voz ronca—. Yo iré en un vehículo de la Uni con las obras, así que se va a quedar aquí aparcado de todos modos. — antes de poder darle más vueltas pregunto

—¿Puedo llevar a Alya? —

—Claro. —Besa mi hombro de nuevo y me recorre un escalofrío bastante placentero —. Trae a quien quieras. En realidad, nos vendría muy bien un poco de apoyo estudiantil, en su mayoría son viejos que buscan algún nuevo talento. — me rio de su comentario

— ufff que triste, no vayan a conseguirse un mecenas — suelta también un risita antes de girarme un poco y besar mi clavícula, cuando siento su lengua pasearse entre mis senos me trago el pequeño y extraño nudo que tengo en la garganta.

— ¿irás? — me pregunta de nuevo y no puedo evitar sonrojarme cuando me mira desde abajo acariciando mis pezones

— creo que puedo hacer eso. — respondo y nos quedamos en silencio otra vez y de repente me doy cuenta del bulto duro que empuja contra mi pierna, poco a poco una sonrisa felina se forma en los labios de Adrien y puedo jurar que se ve como un niño haciendo una travesura. Su erección tan evidente me hace reír.

—¿En serio, minou? ¿Otra vez? — Él se ríe y hace amago de embestirme mientras se lleva uno de mis pezones a la boca

—¿Qué decías el otro día sobre mi aguante? Debería darte vergüenza, my lady — Sin dejar de reír, me doy la vuelta completamente y pego mi cuerpo al suyo, duro y caliente.

—¿Segundo asalto? —pregunto. Sus labios encuentran los míos, cuela su lengua y empezamos una pequeña guerra antes de que Adrien se ponga esta vez encima de mi y comience de nuevo el descontrol de parte de ambos.

—No puedo creer que esto esté pasando —anuncia Zoe, por millonésima vez, desde el asiento trasero del Audi de Adrien. Junto a ella va Sabrina, quien también está flipando de ir en el carro del rubio modelo.

Alya suspira y dice en alto, también por millonésima vez:

— Qué fuerte ¿verdad? Estamos en el coche de Adrien Agreste, hasta puedo oler su colonia en todo el coche — Alya se ríe mientras se gira a mirar a las otras dos acompañantes. — Una parte de mí se siente tentada a hacer lo que dice Carrie Underwood en su tema Before He Cheats y grabar mi nombre en sus asientos de cuero. —

—¡Ni se te ocurra! —le ordenó desde el asiento del conductor, se de sobra que mi mejor amiga haría eso sin problema y temo que si me descuido lo termine haciendo.

—Relax, Marinette, no voy a hacerlo. Pero tengo la sensación de que si no dejo mi huella en este coche, nadie se va a creer que he estado en él. Jo, ni yo misma me puedo creer que estoy aquí. — Cuanto esta mañana le dije a mi amiga que Adrien me había invitado a su exposición de arte ella saltó como una loca mientras gritaba que esto se estaba poniendo serie y que ganaría la apuesta con Nino; espere a que se tranquilizara y por sus gritos, Sabrina nos había escuchado desde el pasillo. Ambas me pidieron ir conmigo para poder ver en vivo y en directo la interacción entre el rubio y yo; incluso Alya movió su cita con Nino a la galería.

Durante el camino a casa de Adrien para recoger su Audi continúo en la búsqueda de detalles sobre nuestra relación, obvio no dije nada.

Porque en realidad no se que es lo que tenemos; hemos pasado muchas cosas juntos y se muy bien que lo que sabemos del otro es super confidencial.

Al llegar a la calle de Adrien nos encontramos con Zoe, una compañera de facultad de Alya con quien me llevo muy bien; Sabrina inmediatamente la reconoció ya que pese a que no están en la misma carrera, la conoce por ser media hermana de Chloé, algo que cuando me enteré, me sorprendió mucho.

Ambas durante este viaje, me han preguntado por lo menos dos veces cada una si Adrien y yo estamos saliendo. Y aún no hemos llegado a nuestro destino.

He respondido con mi respuesta estándar: «a veces pasamos el rato juntos».

Pero cada vez es más difícil convencer a los demás, e incluso a mí misma, de eso. Durante el resto del trayecto ponemos música a tope. Alya y yo cantamos y nuestras armonías son absolutamente increíbles. Zoe y Sabrina no pueden afinar ni aunque su vida dependa de ello, pero se unen a nosotros en los coros de Roi de Videoclub y para cuando llegamos al parking de la galería, estamos todas de muy buen humor.

Yo nunca había estado en una galería de arte tan imponente como a la que accedemos con nuestras caras de asombro; un hombre con traje nos recibe con un asentimiento de cabeza y nos ofrece una copa de una charola, lo que interpreto como vino blanco o champagne.

Caminamos por el enorme recibidor y el barullo de las personas al fondo es levemente opacado por la música jazz que suena en el aire, hay tanta gente tan elegante por todos lados que me hace pensar que mis converse están completamente fuera de lugar.

La única que se ve que empata con la etiqueta de vestimenta es Alya, quien se ha puesto un vestido hermoso color verde mate y un par de botas de tacón fino. No le crei cuando investigo la galeria y me pidio cambiarme varias veces para lucir espectacular en la exposición. atine solo a llevarme una falda corta y ajustada con un croptop negro de manga larga.

Veo a lo lejos como Nino se acerca a nosotras y le da un beso corto a mi mejor amiga antes de sonreírnos a todas.

— Chicas, me alegra verlas; esto ya se estaba volviendo suuuper aburrido, el estelar se la pasa hablando con viejos millonarios — señala con desgana al fondo de la sala y veo la rubia cabellera de Adrien entre un montón de gente con traje.

El no me mira y se concentra en la conversación que está teniendo con un hombre que mira con mucho interés una obra en la pared.

Nada más verlo hace que mis piernas me tiemblen, viste un traje también y me doy cuenta que le queda como un guante, se le ve impresionante. La boca se me seca y me llevó a los labios la copa de vino que había tomado antes para poder calmarme.

—Vale, me encantaría ver las obras de Adrien — dice Sabrina con los ojos brillando por la experiencia, Nino se ríe y nos va guiando a través de las obras. Noto que hay de todo en la galería y me entretengo un montón en cada pieza de arte, nerviosa por acercarme más a Adrien y decirle: hola, aquí estoy.

Mientras Alya y Nino hablan sobre una de las clases de interpretación musical del Dj, les hago un rápido resumen a Sabrina y Zoe de las obras que hay a nuestro alrededor y de la temática que usó la clase de Adrien para la exposición.

El rubio me dijo que todas las obras tienen que ver con el expresionismo enfocado en la fenomenología de los avances tecnológicos y la pérdida de lo clásico, algo bastante complejo y con mucho material para utilizar en una exposición.

Sin embargo, mientras le estoy explicando eso a la pelirroja siento una fragancia que conozco muy bien, rápidamente me giro y siento las manos de Adrien en mis hombros y su grave y profunda voz en mi oreja derecha.

— Mousinette, dejame decirte que hoy te vez increible — casi puedo jurar que me dara una lamida en la oreja pero rápidamente se separa de mí — vuelvo en un momento, my lady — dice antes de alejarse de nuevo; no he podido decirle nada y solo veo como se aleja de mí al otro lado de la sala.

Me giró de nuevo a la pelirroja y esta me mira emocionada junto a la rubia Bourgeois, ruedo los ojos y les pido que no hagan comentarios al respecto porque estoy segura que tengo un enorme sonrojo en el rostro.

Durante toda la noche no puedo evitar lanzarle miradas al rubio, pero este está tan concentrado en los invitados a la galería que apenas si se nos ha acercado, Nino nos cuenta que ha venido con él en el vehículo de la Uni y que incluso venía memorizando los nombre de algunos invitados para poder pescarlos y hablarles de sus proyectos.

Estoy demasiado ocupada viendo a Adrien como para centrarme de lleno en las conversaciones que mantenemos entre nosotros. Solo puedo pensar que ver esta nueva faceta de él me hace estremecer. Él es… fascinante.

Llegamos a una obra donde ponen elementos de música y Nino comienza a hablar de que componentes se encuentran ahí y de lo que le hace sentir al ser un experto del sonido, contempló la obra y mientras más la observo una sensación de pesadez me invade, y es ahí cuando la imagen del rostro de Luka aparece como una rafaga en mi pensamiento.

Mierda.

No había pensando en él en toda la semana. Tenemos una cita para cenar el domingo. ¿Cómo carajos me he podido olvidar de eso? ¿Porque estabas demasiado ocupada acostándome con Adrien?

Sí, por eso.

Me muerdo el labio mientras le doy vueltas a qué hacer. No me percato pero mis amigos han avanzado en la galería y yo me quedo ahí, parada, viendo un punto muerto del piano que pinta en la obra frente a mi.

Mi mente me recuerda de manera caprichosa de nuevo que no he pensado en Luka en toda la semana, pero eso no anula el hecho de que estuve pensando en él todo el SEMESTRE. Algo me atrajo a él en primer lugar y no lo puedo ignorar de buenas a primeras. Además, ni siquiera sé lo que está pasando entre Adrien y yo. No ha sacado el tema «novio-novia» y yo no sé si QUIERO ser su novia.

Cuando se trata de chicos, tengo un tipo claro: divertido, seguro de sí mismo, emotivo…, creativo, si tengo suerte; que le dé a la música siempre es un plus; inteligente, sarcástico pero sin maldad; sin miedo a mostrar sus emociones. Alguien que me haga sentir… en paz.

Adrien tiene algunas de esas cualidades, pero no todas. Y no estoy segura de que «paz» sea la palabra exacta para describir lo que siento cuando estoy con él. Cuando estamos discutiendo o soltándonos bromas el uno al otro, es como si todo mi cuerpo estuviera conectado a una red eléctrica. Y cuando estamos desnudos… es como si todos los fuegos artificiales del mundo se estuvieran lanzando dentro de mí.

Creo que eso se podría definir como positivo, ¿no? Joder, no lo sé. Mi historial de chicos es completamente nulo. ¿Qué sé yo acerca de las relaciones? ¿Y cómo puedo estar segura de que Luka NO es el chico con el que debería estar, si no salgo con él al menos una vez?

—Entonces, ¿por qué se le llama expresionismo a estas obras? — pregunta Zoe fascinada después de mirar una obra de la vía láctea —. ¿Y por qué me suena a término psicológico? —

A mi otro costado, Alya se inclina para sonreírle

—Cariño, todo lo relacionado con el arte es tan subjetivo y al mismo tiempo tan psicológico, de alguna forma debes conocer sobre el artista para poder entender la obra... ¿como dice? No puedes separar la obra del artista — Zoe mira con interés una obra de desnudo que simula estar a través de una pantalla, está tan bien pincelada que me hace sentir que observó una obra renacentista.

Siento un codazo y volteo a ver a Sabrina quien me mira sonriente

— supongo que Alya tiene razón, no puedes separar al artista de su obra — no entiendo muy bien porque me dice eso; con diversión la pelirroja me apunta con la mirada el pequeño recuadro donde pone el nombre de la obra y quien la ha creado.

Me inclino un poco para poder leer las pequeñas letras y veo ahí su nombre

Adrien Agreste

Desnudo digital

óleo sobre lienzo

60x120

Rápidamente mi mirada vuelve a mirar la enorme obra, noto un par de pecas en la protagonista del cuadro, esparcidas por su espalda, la parte de su cuerpo que más se ve y una cabellera negra, me sonrojo de solo imaginar que es una referencia a mi.

Sacudo la cabeza antes de continuar avanzando por la galería. Logró escuchar como muchos comentan de manera positiva las obras del rubio y no puedo evitar sentirme orgullosa por él.

Adrien

Estoy por hablar con el último inversionista que vale la pena en la exposición, tengo unas ansias enormes de estar con Marinette; toda la noche me he contenido de ir y plantarle un beso, de estar a su alrededor.

Me he controlado bastante al punto de evitar mirarla porque sé que si la veo mis pies irán directo a su dirección. La noche ha ido genial con todos mis compañeros y con los invitados a la galería, casi podría jurar que Aime resplandece de alegría al contar la lista de obras que se han comprado esta noche, porque además de ser un fotógrafo profesional maneja su propia galería aquí en Lille.

me sonrió cuando el inversionista me dio un último elogio antes de caminar directo a Aime y comprar mi obra Desnudo Digital.

Antes de acercarme a mi mejor amigo y las chicas a su alrededor me detengo un momento a mirar la obra que acabo de vender; admito que hace unos días le di sus último retoques sin poder evitar salpicar con pintura café la espalda de la modelo en la pintura.

Es que de solo recordar a Marinette, las pecas de su cuerpo se quedaban flotando en mi pensamiento sin poderlas sacar de ahí. He decidido que la pecosa al fondo de la galería es mi amuleto de la buena suerte y que a partir de ahora tiene que asistir a todas las exposiciones de arte que tenga, porque las tres últimas ocasiones no vendí ni una y las únicas ofertas que me hicieron fueron para colaborar con la marca de mi padre que mi propio trabajo.

Camino lento a ella y puedo ver como la hermana de Chloe y la pelirroja a su lado se murmuran cosas sin dejar de ver entre Marinette y yo. Ella está hablando con Alya y con Nino, el último me hace un gesto con la mano e inevitablemente la pequeña francesa frente a él se gira en mi dirección. Nada más verme, Mousinette se aleja un poco de ellos y se acerca a mí.

—Ey. —Está sorprendentemente tímida y la veo dubitativa, como si se debatiera entre darme un abrazo o un beso. Resuelvo su dilema haciendo ambas cosas y mientras froto mis labios sobre los suyos, escucho un victorioso «¡LO SABÍA!», proveniente de donde está el pequeño grupo universitario. La exclamación viene de la chica pelirroja. Me separo para sonreír a Marinette.

— Mantienes en secreto lo nuestro con tus amigas, ¿eh? — hago un gesto de dolor mientras sostengo ambas manos a la altura de mi corazón, ella se ríe antes de lanzar la revancha

—¿Lo nuestro? —Eleva las cejas—. No sabía que había un «lo nuestro». — me sonrió y la guio hacia los demás, donde Nino me da una palmada y las chicas me miran con emoción. Está claro que este no es el momento para discutir con Marinette el estado de nuestra relación, si es que existe tal cosa, así que me encojo de hombros antes de preguntarles a todos:

—¿Qué tal les ha parecido la galería? — Nino comienza a atiborrarme de preguntas sobre el argumento principal de la exposición y Alya lo manda a callar diciendo que ya se lo ha explicado un montón de veces; ambos comienzan una discusión amistosa y me giro a Marinette para poder escuchar su opinión

—Ha sido muy intenso. —Me sonríe—. He visto un montón de hombres viejos y ricachones que pululaban a tu alrededor — Mi sonrisa se ensancha cuando escucho eso, así que estuvo muy al pendiente de mi ¿eh?

— ni que lo digas, todos hablando de lo más aburrido pero asi es esto, gajes del oficio — le pasó el brazo por encima de los hombros y la acerco a mi hasta poder darle un pequeño beso en la frente, me agacho un poco y le susurro — he querido estar contigo todo el tiempo — ella se sonroja y me da un leve codazo antes de susurrar de vuelta:

— Más te vale. — Noto como comienzan a desmontar las obras en una clara señal de que esto está por cerrar, las personas de la Uni que han venido con nosotros me miran con impaciencia, enviando el mensaje de que tengo que apurarme. No obstante, no tengo intención de dejar a Marinette aún y volver con ellos, frotó el brazo de my lady antes de decirle

— Me alegro de que hayas venido. — ella eleva la mirada y me sonríe ampliamente

—Yo también. —Parece que lo dice realmente en serio y eso llena de calidez mi corazón

— ¿Tienes planes para mañana por la noche? — Recuerdo que habrá una pequeñísima exposición de un grado superior mañana en la facultad de Artes, pero es al mediodía y me muero de ganas de estar a solas con Marinette otra vez para que podamos… . Pensé que podríamos vernos un rato después que yo vuelva de… —dejo de hablar cuando me doy cuenta que las personas en la galería han dejado de moverse, e incluso pareciera que han dejado de respirar; me giro un poco a la entrada solo para darme cuenta de que mi padre se encuentra ahí, escrutando la sala con cara de pocos amigos.

Rápidamente su mirada se cruza con la mía y siento su frialdad al instante, sin moverse de su posición abre la boca para hablarme.

— Adrien. Unas palabras. — suelta y siento inmediatamente como mis hombros se cargan de tensión, suelto a Marinette quien me mira preocupada pero evitó prestarle demasiada importancia a su gesto. Este es el punto de la noche que más me disgusta. Siempre aparece al final de la exposición donde presenté mis trabajos como estudiante y cada vez me dice esa frase, llevándome a un lugar fuera de ojos curiosos.

Su profunda voz envía un escalofrío por mi columna vertebral. Odio su asquerosa voz. Odio mirar su rostro. Odio todo lo que viene de él.

— ¿Es ese…? — escucho la suave de voz de Marinette y antes de que pueda terminar la frase me giro hacia ella y le digo

— Vuelvo en un minuto — Mi padre continúa parado en medio del pasillo que lleva a la salida, contempla mi grupo de amigos con repudio y espera a que esté lo suficientemente cerca para guiarme a la sala pequeña de la izquierda. Ni siquiera se da la vuelta para comprobar si le sigo o no. Porque él es el puto Gabriel Agreste y no se puede imaginar a alguien que

no quiera estar cerca de él. No sé cómo mis rígidas piernas me llevan en su dirección. Me doy cuenta de que varios de mis compañeros de clase se quedan mirándonos con curiosidad. Algunos de ellos parecen visiblemente envidiosos. Dios. Si supieran de lo que tienen envidia.

Cuando llegó a él, no me ando con diplomacias. Frunzo el ceño y habló con tono seco.

—¿Qué quieres? — suelto e Igual que yo, él va directo al grano.

—Cuento con tu presencia para la pasarela anual de la marca... — se acomoda sus lentes en su clásico gesto de mandamás antes de continuar hablando — en Paris — no puedo evitar fruncir el ceño aún más con su orden.

— No. Prefiero pasar. — digo y hago el intento de salir de ahí antes de que quiera continuar mandando, el rápidamente hace un gesto y un guardaespaldas quien se coloca en el acceso a la sala; le lanzó una mirada envenenada ante su expresión de satisfacción, sabe que no quiero escándalos y hace estas cosas.

—No, lo que vas a hacer es venir a la pasarela y lanzamiento de mi nueva línea. —Una mirada oscura endurece sus facciones—. O te arrastraré hasta allá. — Su tono de voz es retador. Aprieto los puños a los costados sintiéndome impotente.

—¿Qué coño? acordamos que no me molestarías con salir de Lille mientras esté en la universidad — suelto y él vuelve a acomodarse las gafas

— Es imperativo que estés presente este año. —Está hablando con los dientes apretados, como si disfrutara de todo esto aún menos que yo — habrá grandes celebridades presentes — ahora sé de qué va esto; la forma en la que lo ha dicho no se me escapa. quiere mi imagen para poder hacerse de más dinero y más inversionistas. No es que él me quiera realmente ahí. Me encuentro con sus ojos, de un tono gris frío.

— Menciona que tengo exámenes o que estoy enfermo... es más, si les dices que estoy muerto mejor, porque no te alejaras de lo que realmente soy para ti, padre. — veo como tensa la mandíbula y se remueve en su lugar, incómodo. Más porque he gritado que por lo que he dicho.

— No me pongas a prueba, niño. — murmura. Vaya, ya ha sacado otra vez lo de «niño». Así es como me llamaba siempre el cabrón justo antes de que sus duras palabras marcaran a un adolescente en duelo.

—No voy a ir —le digo con frialdad—. Asúmelo. — Se acerca más a mí, sus ojos brillan bajo la luz de la pequeña sala de arte en la que estamos. Me toma del brazo izquierdo y siento como aprieta ligeramente.

—Escucha, pedazo de mierda desagradecido. No te pido mucho. De hecho, no te pido nada. Te dejo hacer lo que te sale de los huevos, pago tu matrícula, tus libros, tus lujos... — Que me recuerde eso hace que mi estómago hierba de ira. Tengo una hoja de cálculo en mi ordenador que documenta todo lo que me ha pagado hasta ahora para saber, cuando acceda a mi herencia, la cantidad exacta que tengo que escribir en el cheque que pienso enviarle antes de despedirme de él para siempre jamás.

Pero la matrícula para el próximo semestre se paga en diciembre, un mes antes de recibir la herencia. Y no tengo suficiente dinero en mi cuenta de ahorros para cubrir el total. Lo que significa que tengo que estar en deuda con él un poco más.

—Todo lo que espero a cambio —termina— es que brilles como nadie y finjas que siquiera estás al más bajo nivel de mi marca y mi apellido. —Una mueca horrible tuerce su boca—. Bien, es el momento de pagar, hijo. Vas a venir a París el próximo mes, ¿entendido? — Nos miramos fijamente. Podría matar a este hombre. Si supiese que no me iba a pasar nada, lo mataría sin

pensarlo. —¿Entendido? —repite apretando la mandíbula. pasa un largo silencio antes de que asienta levemente con la cabeza una vez y después me marcho sin mirar atrás.

El guardaespaldas me deja salir sin problemas y camino de regreso al fondo la galería, donde aún están parados el grupo de Marinette, ella me espera cerca de la salida de servicio; la preocupación nubla sus ojos azules.

—¿Todo bien? —me pregunta en voz baja. Cojo aire con dificultad antes de poder responderle

—Sí. Todo bien. — intento sonreír pero es evidente que solo me sale una mueca indescifrable, ella me observa perspicaz

—¿Estás seguro? —

—Todo bien, my lady. Te lo prometo. — esta vez si me sale una sonrisa, tomó su mano derecha y deposito un beso suave en el dorso de esta, parece más tranquila cuando me inclino de nuevo y le doy un suave beso en los labios.

—¡Adrien! ¡Mete tu culo en el vehículo! nos vamos ya —grita el encargado de la clase detrás de mí—. Estamos todos esperando por ti. — me giro a Nino quien se despide rápido de Alya y camina hacia mi, bajo de nuevo la cabeza y le digo rápido a la pecosa frente a mi

—Tengo que irme. Quizá podamos vernos mañana después del mediodía,— ella sonríe y asiente

—Llámame cuando hayas terminado. A ver dónde estoy. — me alejo poco a poco de ella hacia la salida trasera de la galería y me despido con un gesto de las chicas al fondo de la sala

—Suena bien. —Le digo antes de darme la vuelta y correr al vehículo de la Uni, el encargado de la clase observa a Marinette mientras vuelve al asiento del conductor; a continuación, me

lanza una sonrisa irónica.

—Es guapa. ¿Tu novia? — dice mientras cierra la puerta y me mira por el retrovisor

—No tengo ni idea —confieso pasándome la mano por el cabello, despeinandome

—Sí, así es en general con las mujeres. Ellas tienen todas las cartas y nosotros no tenemos ni la más mínima idea. — me lanza una mirada llena de comprensión con un brillo divertido antes de encender el vehículo.

Cojo asiento junto a Nino, quien ya se ha puesto los cascos pero me lanza una mirada rara mientras me quito el saco e inclinó la cabeza hacia atrás.

—¿Qué pasa? —balbuceo.

—Nada — me responde antes de girarse a la ventana. Conozco a este tío desde hace lo suficiente como para saber que un «nada» significa algo completamente diferente, pero pasa de mi y se concentra en el recorrido que pasa a través del cristal del carro, y así, procede a ignorarme durante la mayor parte del viaje. Hasta que, a diez minutos de nuestra parada, de repente se quita de un tirón los cascos y se gira para mirarme.

—A la mierda —anuncia—. Te lo suelto y ya está. — dice, alarmandome un poco ya que el recelo recorre en círculos mi interior como un buitre. Espero sinceramente que no esté a punto de confesar que no está de acuerdo con mi relación con Marinette, porque será todo bastante raro si lo hace. Echo un vistazo alrededor, pero la mayoría de mis compañeros de clase están durmiendo o escuchando música. Bajo la voz.

—¿Qué pasa? — Nino deja escapar un suspiro cansado antes de girarse hacia mí

—Me planteé no decirte nada en absoluto, pero joder, Alfa, no me gusta ver cómo le toman el pelo a nadie, especialmente si es a mi mejor amigo. Pero pensé que sería mejor esperar hasta después de la exposición. —Se encoge de hombros—. No quería que te distrajeras. — todo lo que dice me revuelve mas y no sé de qué va lo que quiere decirme

—¿amigo, de qué coño estás hablando? — vuelve a suspirar antes de comenzar a hablar

— Kim y yo acabamos en casa de Ivan Bruel ayer por la noche en su fiesta de Halloween —confiesa —. Couffaine estaba allí, y…— Entrecierro mis ojos cuando escuchó el apellido de Luka.

.

—¿Y qué? — Nino parece tan incómodo que mi guardia sube otros cinco metros. Él no es de los que se andan por las ramas, así que la movida tiene que ser fuerte de verdad.

—Dijo que tenía una cita con Mousi este fin de semana. — Mi corazón se detiene. No puedo creer lo que está diciendo y automáticamente digo

—Mentira. —

—Eso es lo que pensé, pero… —Se vuelve a encoger de hombros—. Insistió en que era verdad. Pensé que deberías saberlo, ya sabes, por si acaso él está alardeando por ahí de algo que no es. — Me giro a ver donde estamos pasando y rápidamente comienzo a pensar en mil y un cosas. Trago saliva, mi cabeza vuela a mil kilómetros por segundo.

Que sea mentira sigue siendo mi primera opción, pero una parte de mí se remueve inquieta porque no está tan segura. Marinette está en mi vida por el tipejo este. Ella solo accedió a ser mi tutora porque quería que Luka la mirara. Esa es la razón. Porque ella estaba interesada en LUKA.

Pero eso fue ANTES.

Antes de que ella y yo nos besáramos…

Sin embargo, fue a la fiesta a ver a Luka después del beso.

Efectivamente. Trago saliva de nuevo. Bueno, fue después del beso, pero antes de todo lo demás que hemos compartido. Del sexo. De los secretos que nos hemos confesado el uno con el otro. Todos las bromas y los mimos.

Te dije que lo de los mimos era un error, idiota.

El cínico que hay en mi interior causa estragos en mi cerebro, trayendo una oleada de cansancio a mi pecho. No, Luka ha tenido que estar alardeando al respecto. Ni de broma tendría una cita con Mousi... ella no diría que sí a una cita con él sin decírmelo. ¿Verdad?

—Bueno, solo pensé que debías saberlo —dice Nino por último. Sé que me muestro afectado por su confesión pero no puedo evitar reaccionar de esta manera, carraspeo un poco ya que el nudo en la garganta me hace difícil hablar, la siento tan apretada, pero consigo balbucear una palabra.

— Gracias. —

Marinette

Adrien me manda un mensaje recién he llegado a casa, estaba a punto de prepararme para irme a la cama. Alya y yo hemos entrado por la puerta hace literalmente cinco minutos, y me tomó por sorpresa tener noticias suyas otra vez esta noche. Mi mente me manda una alarma al imaginarme porque me está texteando, quizá Alya si decidió dejar su marca en su Audi y rápidamente él se dio cuenta de esto y viene a reclamarme.

Velozmente abro el mensaje, nada más leerlo me alarman sus palabras

Él: Necesito hablar contigo.

Yo: Ahora?

Él: Sí.

Vale. Puede ser que no sean más que mensajes de texto, pero no resulta difícil adivinar su tono. Es, sin lugar a dudas, cabreado

Yo: Eh… claro. ¿Me llamas?

Él: Estoy n tu puerta.

Mi cabeza se gira con brusquedad hacia mi puerta abierta, esperando encontrarlo allí, pero inmediatamente me siento un poco tonta, porque me doy cuenta de que se refiere a la puerta de entrada del apartamento donde vivimos Alya y yo, no de mi habitación en particular. No obstante, debe ser algo grave porque Adrien no suele aparecer sin previo aviso.

Las náuseas se arremolinan en mi estómago mientras traspasó la zona común para abrir la puerta. Estoy muy nerviosa, no me puedo ni imaginar de qué quiere hablar conmigo, ahora, de manera tan urgente.

Abro la puerta y efectivamente, Adrien está de pie en el descansillo. Aún lleva los pantalones y la camisa del traje, está despeinado como si se hubiera estado tocando el cabello mucho y parece algo agitado. Es obvio que vino aquí tan rápido como llegó a casa.

—Hola —le saludo algo nerviosa y casi siento que mi voz salió super aguda, hago un gesto para que entre—. ¿Qué pasa? ¿todo bien? — Él mira por encima de mí hacia el salón vacío antes de dar un paso dentro

— ¿Dónde está Alya? — pregunta

—Se ha ido a la cama. — respondo casi poniéndome pálida, asumo que quizá mi mejor amiga si hizo algo en el coche del rubio

—¿Podemos hablar en tu habitación? — da un par de pasos en dirección a mi pieza y asiento mientras cierro la puerta de entrada. Las náuseas empeoran. Me resulta totalmente imposible descifrar su expresión. Sus ojos están entrecerrados y su tono carece por completo de emoción. Esta extremadamente serio ¿Y si tiene esto algo que ver con su padre? No pude escuchar la conversación porque se fueron lejos y cuando intenta husmear note a varios guardaespaldas rodeando la sala donde entraron, no me quedó de otra que volver a donde estaba.

Camino detrás de él mientras entramos a mi habitación, su lenguaje corporal transmite mucha tensión y con cada paso me asusta más de lo que quiere hablar.

—¿Tienes una cita con Luka este fin de semana? — Adrien suelta la pregunta en el momento en el que estoy cerrando la puerta de mi habitación y me doy cuenta que, a mi pesar, esto no tiene nada que ver con su padre o su carro. Tiene TODO que ver conmigo.

La sorpresa y una culpabilidad instantánea libran una guerra dentro de mí cuando me encuentro con su mirada. No se que responderle y optó por encontrar al culpable que le dio esa información.

—¿Quién te ha dicho eso? —

—Nino. Pero a él se lo dijo Luka. — me responde super rapido y solo puedo soltar un Oh, quedándome sin palabras, Adrien no se mueve. Ni siquiera parpadea. Él únicamente mantiene su mirada fija en la mía, esperando que le diga algo que yo no sé.

—¿Es verdad? — pregunta, esperando que esta vez le responda. Trago saliva y digo lo que más se acerca a la realidad

—Sí y no. — Por primera vez desde que llegó aquí, sus facciones muestran una emoción: cabreo. su rostro se ponen tensas y se lleva las manos a la cabeza despeinandose aún más

—¿Qué carajo significa eso? — espeta

—Eso significa que sí me invitó a salir, pero yo aún no he decidido si voy o no. — digo rápidamente esperando que no se enoje más de lo que ya está, el rapidamente da un paso hacia mi

—¿Le dijiste que lo harías? —Hay un punto de tristeza en su tono de voz cuando suelta la pregunta, no puedo sostener su verde mirada y prefiero mirar cada pequeño detalle de mi habitación

—Bueno, sí, pero… — cuando me atrevo a pasar mi mirada por su rostro es cuando me doy cuenta que los ojos de Adrien arden. Realmente está muy enojado. No se si es porque acepte o porque no le dije nada en toda la semana.

—¿En serio dijiste que sí? ¿Cuándo te lo pidió? — eleva los brazos al cielo cuando hace la primer pregunta, se gira a mi me doy cuenta que está hablando conteniendo su enojo

—La semana pasada —admito—. El día después de la fiesta de Ivan. — le sostengo la mirada al ver cómo su rostro se relaja. Pero es solo un instante porque poco a poco va abriendo los ojos sorprendido —¿Entonces fue antes de lo de Kim? ¿Antes de que tú y yo…? — nos señala a ambos y le regaló una sonrisa mientras asiento con la cabeza.—Vale. —Coge aire antes de seguir hablando—. Bueno. No es tan malo como pensaba. — Camina por la habitación pero entonces sus facciones vuelven a endurecerse y sus fosas nasales se dilatan—. Espera un momento, ¿qué quieres decir con eso de que no has decidido si vas a ir? — se gira de nuevo hacia mi aun mas enojado que antes y no se que decirle, solo atinó a encogerme de hombros con impotencia. —¡Y una mierda vas a ir, Marinette! — Su grave voz me provoca una mueca de dolor. no se que hacer.

Me siento indignada de que me ordene no hacer algo pero también me siento culpable por llegar a este punto por no decirle lo de la cita con Luka.

—¿Y eso quién lo dice? ¡¿Tú?! Porque la última vez que pregunté, tú y yo no estábamos saliendo. Solo estábamos tonteando. — suelto sin detenerme un segundo a pensar en lo que estoy diciendo, el se queda quieto en su lugar antes de volver a revolverse el cabello

—¿Es eso lo que realmente…? —Se detiene, torciendo la boca hasta fruncirla—. ¿Sabes qué? Supongo que tienes razón. Supongo que solo estamos tonteando.— suelta y se lleva una mano al bolsillo. caminando directo a la puerta de mi habitación. Apenas puedo seguir el ritmo de los confusos pensamientos que corren a toda velocidad por mi cerebro y de los confusos eventos que están ocurriendo frente a mi.

—Tú dijiste que no quieres novias — susurro viendo como toma el picaporte de mi puerta

—Te dije que no tengo tiempo para novias —dispara de vuelta—. Pero, ¿sabes qué? — se gira de nuevo hacia mi — Que las prioridades cambian. — Vacilo. ¿qué quiere decir con eso? ¿Que se ha replanteado lo de tener novia... por mi?

—Entonces ¿estás diciendo que quieres que sea tu novia? —

—Sí, quizá es eso lo que estoy diciendo. — Mis dientes se hunden en mi labio inferior, retuerzo la manga de mi croptop negro y no se que decir, no se que pensar con lo que esta diciendo ahi parado frente a mi, mirandome con sus intensos ojos verdes que intentan decirme algo tambien que no se si quiero entender.

—¿Por qué? — pregunto después de un pequeño silencio

—¿Por qué «qué»? —

—¿Por qué quieres eso? —Me muerdo el labio aún más fuerte y me están sudando las manos, su mirada no deja de ponerme nerviosa —. Estás muy comprometido con tus actividades, restaurar, ¿recuerdas? Y, además, peleamos demasiado. — digo como excusa de algo a lo que creo que tengo miedo admitir.

—No peleamos. Discutimos. — aún se mantiene en la misma posición, parece un poco más calmado pero siento que el ambiente está electrificante, cualquier chispa podría hacer explotar el momento.

—Es lo mismo. — Él resopla y niega con la cabeza pasándose de nuevo una mano por su cabello rubio

—No, no lo es. Discutir es divertido y se hace en tono amistoso. Pelearse es… —

—Por Dios, ¡estamos peleándonos por la manera en la que nos peleamos! —le interrumpo, incapaz de detener una carcajada, los hombros de Adrien se relajan con el sonido de mi risa. Da un paso hacia mí, buscando mi cara.

—Sé que estás por mí, my lady. Y yo sin duda estoy por ti. ¿Sería de verdad una tragedia si hiciésemos lo nuestro oficial? — Sus cálidas manos acarician mis mejillas y pone un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Trago saliva de nuevo. No me gusta nada que me pongan en una situación comprometida como esta, y estoy demasiado confundida como para que ahora mismo nada tenga sentido. Cuando he sido impulsiva las cosas han resultado completamente diferentes.

Como con lo de Luka, decidí dejarme guiar por mis impulsos y todo lo que tengo con el modelo comenzó a surgir y, aunque puede ser que otras chicas estuviesen dando volteretas de la emoción ante la idea de hacer la cosa «oficial» con Adrien Agreste, yo soy más pragmática con todo eso.

No estaba en mis planes que me gustara este chico. Ni acostarme con él. Ni encontrarme en una situación que contempla la posibilidad de que fuera mi novio.

Pero aquí estoy, con su cuerpo a menos de medio metro, pidiéndome que lo nuestro se convierta en algo real.

— No lo sé —le digo finalmente—. A ver…, quiero decir...y-yo nunca pensé en ti... y en mí en términos de ser novios... si... Yo solo quería… —Mis mejillas se calientan, quiero decirle que me gustas y que me gustas un montón, pero nada de esto es planeado, y me está abrumando la situación —,explorarte... quiero decir... explorarnos y ver si… ya sabes... Pero... pero no pensé ... en nada después de eso. — siento su tacto cada vez más alejado de mi y es cuando decido volver a centrar mi mirada en su rostro, mi confusión se triplica y mi mente ya no sabe ni dónde está—. No tengo ni idea de que... qué es lo nuestro... o a dónde podría llegar, o…— Cuando empiezo a divagar, me doy cuenta de la expresión de Adrien, y el dolor que hay en sus ojos se me clava como un cuchillo.

La he cagado

—¿No sabes qué es esto ni a dónde puede ir? carajo, Marinette. Si… —Deja escapar un suspiro tembloroso y sus anchos hombros caen—. Si de verdad no lo sabes, entonces estamos perdiendo el tiempo. Porque yo sí sé exactamente qué es esto. Yo… —Se detiene tan abruptamente que me siento aturdida. comienza a dar pasos hacia atrás sin mirarme realmente a mi, parece que está viendo un punto a mis espaldas y se lleva las manos a los bolsillos.

—¿Qué? —susurro.

—Yo… —Se detiene de nuevo. Su mirada verde se oscurece—. ¿Sabes qué? Olvídalo. Supongo que tienes razón. Esta historia nuestra ha sido para «explorarnos». — repite mis palabras y su tono es cada vez más amargo—. Yo no soy más que tu terapeuta sexual, ¿no? En realidad, no, en realidad soy tu puto fluffer. — suelta una risa irónica y se vuelve a dar la vuelta hacia la puerta

—¿Fluffer? —pregunto sin comprender.

—Como en las pelis porno —balbucea casi sin darle importancia—. Entra el fluffer entre toma y toma para chupársela a los tíos para que se les mantenga dura. —El cabreo tiñe su voz—. Ese era mi trabajo, ¿no? Conseguir que estuvieras bien caliente para Luka, ¿verdad? Prepararte para que te lo pudieras tirar.— La indignación cosquillea mi piel con sus palabras, doy un par de pasos hacia él antes de hablar

—Número uno, eso es asqueroso. Y número dos, eso no es justo y lo sabes. — le señalo y el solo se gira un poco antes de abrir la puerta de mi cuarto

—No sé absolutamente nada… al parecer.—

—¡Me invitó a salir antes de que me acostara contigo! ¡Y probablemente ni siquiera iba a ir! — le hablo firme para que le quede claro que los motivos por los que está enojado están completamente equivocados. Adrien ladra una carcajada áspera.

—¿PROBABLEMENTE no ibas a ir? Ya. Gracias. —Da unos pasos hacia la puerta de espaldas mientras me mira con una sonrisa amarga — ¿Sabes qué? Vete a la puta cita esa. Ya tienes lo que querías de mí. Supongo que Luka puede retomarlo desde aquí. — se gira de nuevo y esta vez ha llegado a la entrada del departamento

— Adrien… — susurro pero él ya se ha ido. No solo se ha ido, sino que lo deja bien claro cerrando de un portazo. Oigo ruidos sordos en el pasillo y el ascensor llegando al piso.

Me quedo mirando el espacio vacío que él ocupaba hasta hace un segundo.

Yo sí sé exactamente qué es esto.

Las palabras roncas de Adrien resuenan en mi cabeza y un nudo de sentimientos aprieta mi corazón, porque estoy bastante segura de que yo también sé exactamente qué es esto. Y me da miedo que mi fracción de segundo de indecisión haya tirado todo por la borda.

Sin pensarmelo un segundo comienzo a caminar a la salida.

Adrien

Cuando salgo al exterior de la Residencia donde vive Marinette, la temperatura parece haber caído diez grados desde que entré. Una gélida ráfaga de viento me explota en la cara y enfría las puntas de mis oídos mientras me dirijo a paso rápido hacia el aparcamiento.

¿Ves? Precisamente por ESTO es por lo que evito todo el drama de tener novia. Debería estar más feliz que una perdiz por haber vendido todas mis obras en la galería esta tarde, y en vez de eso, estoy cabreado, frustrado y más disgustado de lo que esperaba. Marinette tiene razón…, solo estábamos tonteando. De la misma manera que tonteaba antes con Kagami, o la chica antes que ella, o la chica de antes de eso. Ni siquiera pestañeé cuando terminé el rollo con ninguna de ellas, así que ¿por qué carajos estoy tan jodido en este momento?

Gracias a Dios que he salido de ahí. He estado a un segundo de hacer el imbécil integral diciendo cosas que no debería decir; incluso es posible que hasta hubiese SUPLICADO… carajo.

Si eso no es un signo claro de ser un estupido total, entonces no sé qué podría serlo. Estoy a medio camino hacia mi Audi cuando oigo a Marinette gritar mi nombre.

Mi pecho se contrae. Me congelo por un segundo antes de darme la vuelta y verla corriendo por el camino que va desde la Residencia hasta mi. salta un par de arbustos, sigue con su falda corta y el croptop que uso en la galeria, trae una pantunflas ridiculas de color rojo moteado con negro y su cara roja por el frio. Algo en mi interior me tienta a seguir caminando, pero veo sus piernas desnudas y las orejas sonrojadas por el frío y me cabrea aún más que la pelea que hemos tenido.

— Por Dios, Marinette —murmuró cuando me alcanza—. Vas a coger un resfriado.— le digo frotando mis manos en sus brazos cuando llega a mi

—Eso es un mito —responde—. El frío no causa los resfriados. — ruedo los ojos y la sigo frotando porque está temblando y cuando empieza a frotarse la piel desnuda de sus piernas para mantener el calor, suelto un gruñido de cabreo y rápidamente la abrazo. Aprieto los dientes del enojo.

—Gracias. —Parece tan disgustada como yo me siento—. ¿Qué carajos te pasa, Adrien? ¡No puedes simplemente largarte en medio de una discusión seria! — me suelta mientras frota sus rodillas con mis piernas

—No había nada más que discutir. —

—Y una mierda. —Sacude la cabeza con enfado—. ¡Ni siquiera me has dejado hablar! — me reclama levantando el rostro para que pueda ver su enfado

—Sí lo he hecho — contestó con rotundidad—. Y créeme, has dicho muchas cosas. — entre cierro los ojos devolviéndole el reclamo

—Casi no puedo recordar lo que dije. ¿Sabes por qué? Porque me has pillado totalmente desprevenida y ni siquiera me has dado un segundo para pensar en ello.— le abrazo para ganar más calor y siento su barbilla enterrarse en mi pecho

—¿Qué hay que pensar? O te gusto o no te gusto. — Marinette suelta un gruñido de frustración cuando termina de escucharme, se remueve inquieta en el abrazo y me mira con fiereza

—Otra vez estás siendo injusto. Que de repente hayas decidido que estás listo para una relación y que debemos estar juntos no significa que vaya a ponerme a gritar «¡yuju!, ¡yuju!» como una chica de una fraternidad — da unos leves brinquitos e inevitablemente me rio de su actuar — Está claro que tú has tenido tiempo para pensar en ello y absorberlo, pero no me has dado ningún tiempo a mí. Solo has entrado en mi cuarto, has hecho acusaciones y has salido corriendo. — Noto una punzada de culpabilidad. Tiene sentido lo que dice. He venido aquí esta noche sabiendo perfectamente lo que quería de ella. —Siento no haberte dicho nada de la cita con Luka —dice en voz baja—. Pero no te voy a pedir disculpas por necesitar más de cinco putos segundos para pensar en la posibilidad de que tú y yo seamos pareja. — Mi aliento sale en una nube blanca que rápidamente se deja arrastrar por el viento. el brillo de la esperanza resplandece al fondo de esta conversación y eso me hace sonreír un poco

—Te pido disculpas por haber salido corriendo —admito—. Pero no me voy a disculpar por querer estar contigo — le aclaro mirando sus preciosos ojos azules, los cuales analizan mi cara.

—¿Todavía quieres? — dice bajito. Asiento con la cabeza un tanto entusiasmado y tragó saliva.

—¿Tú? — creo que mi voz ha temblado al preguntarle esa pequeña palabra pero me da igual, estoy impaciente por escuchar lo que tenga que decirme

—Depende. —Marinette ladea la cabeza—. ¿Sería en exclusiva? —

—¡Por supuestísimo! —le digo rápidamente y sin vacilar. Pensar en ella con otro tipo es como un machete directo al estómago. ella suelta una leve risita y siento sus manos acariciar mi espalda.

—¿Te parece bien que nos tomemos las cosas con calma? —pregunta—. Porque el proyecto de invierto está aún en proceso, y Navidad, y los exámenes, y tus sesiones de modelaje… Ambos vamos a estar ocupados y no te puedo prometer que nos vayamos a ver cada segundo del día.— me aclara casi como si fuera una advertencia.

—Nos veremos cuando nos veamos —digo simplemente sin poder quitar mi sonrisa de la cara. Estoy sorprendido por lo tranquila que suena mi voz, lo sosegado que estoy cuando hay una bandada de mariposas excitadas revoloteando en mi estómago gritando «¡Sííííííííi!» a todo volumen. Por Dios. Estoy a punto de complicar mi vida, invitando a que entre una novia en ella y por alguna razón me parece perfecto al cien por cien.

—En ese caso, de acuerdo. —Marinette me sonríe antes de continuar hablando —. Hagámoslo oficial. — Una nube negra oscurece ligeramente mi felicidad antes de comenzar a celebrar

—¿Qué pasa con Luka? — suelto intentando no soñar enojado pero falló completamente en ello

—¿Qué pasa con él? —

—Le dijiste que iban a tener una cita —le digo entre dientes conteniendo mi enojo. ella suelta otra risita y me abraza aún más fuerte.

—En realidad, la cancelé antes de salir aquí. — recarga su mejilla derecha en mi pecho mientras me dice eso y las mariposas de mi interior retoman el vuelo.

—¿Has hecho eso? — le acaricio su cabello y ella asiente con la cabeza. —¿Así que ya no te pone?— pregunto para cerciorarme, ella levanta la mirada y el humor baila en sus ojos.

—Me pones TÚ, Adrien. Solo tú. — Marinette se pone de puntitas y me planta un corto beso en los labios. De repente, mi ansiedad se disuelve en una explosión de absoluta alegría que me provoca una sonrisa aún más ancha en los labios.

—Y tanto que sí, my lady — Marinette resopla y niega con la cabeza; después se vuelve a poner de puntitas acercando su nariz a la mía, la frota suavemente y baja hasta llegar a mi cuello donde deposita un beso húmedo antes de susurrar en mi oído.

—¿Y ahora podemos, por favor, entrar? El culo se me está congelando y necesito que mi fluffer me lo caliente. — Entrecierro mis ojos cuando escucho que me llama así

—¿Perdona? — Marinette parpadea con inocencia mientras deshace el abrazo y comienza a caminar a la residencia

—¡Ay! Lo siento. ¿He dicho fluffer? —Su sonrisa le ilumina toda la cara—. Quería decir NOVIO.— grita y corre directo a la entrada, casi cayéndose en los arbustos que saltó yendo hacia mi, la tomo de la cintura antes de que pueda caerse y le planto un beso húmedo y cargado de deseo para continuar corriendo hacia su dormitorio. la verdad es que las palabras que dijo por último, son las más maravillosas que he oído en mi vida.

Continue

Yo de nuevo

Después de meses (quizá fueron años) reaparezco.

Lamento mucho mucho haberme desaparecido de esta forma, creí que la pandemia y las facilidades de estar en casa me darían más tiempo de dedicarme a escribir pero… resultó completamente lo contrario.

de verdad agradezco a todas las personas que han leído en este tiempo esta historia a la que le tengo mucho cariño, espero hayan disfrutado la lectura de este capítulo y de todo corazón les prometo que ya me pondré manos a la obra y comenzare a retomar todas las historias que tengo en pause :(

sin mas que decir, les deseo la mejor de las suerte, que el universo se ponga a su favor y…

Saludines~

Se despide Alexiel Izumi•

¿review?