¡Gracias por sus comentarios! Me animan a seguir con estos relatos cortos.

Un gatito llamado Matamune

Song-fic: Lionel Richie - Hello


Jugaba en clases, lanzando papelitos discretos, a diestra y siniestra a sus amigos. Pero antes de lanzar el último papel hacia un dormido Yoh, algo llamó su atención, ese algo tenía una melena rubia, figura menuda y un carácter de demonio, pasaba siempre a la misma hora. Era presidenta del consejo estudiantil, siempre vigilaba que todo estuviera en orden, y claro que nadie estuviera fuera del aula.

Entró sin previo aviso, asustando a todos los alumnos. Hasta Horokeu dejó de comer , y eso era casi imposible. El bonito rostro de Kyoyama Anna, estaba siendo estropeado por una fea expresión de enojo.

— Esta clase siempre es la más problemática — dijo — Es mejor que se comporten, en especial tú, Asakura.

Yoh se asustó tanto por la llamada de atención que perdió cada rastro de sueño. Hao quiso reír por ello, sin embargo sabía que la linda presidenta no hablaba del flojo de su hermano.

— ¿Yo? No hice nada — sonrió, con toda la inocencia que no poseía — Soy bueno, presidenta.

Anna estaba por ir a su lugar y romperle la cara. Pero estaba fuera de sus funciones agredir a un estudiante, en especial un idiota con buen promedio, como lo era Asakura Hao.

El castaño cambió la sonrisa inocente, por una ladina casi burlesca. Sabía muy bien que Anna no podía pegarle, por más que lo deseara, estaba seguro que le picaba la mano por su deseo abofetearlo.

Después una breve plática por parte de la presidenta, y sus dos lacayos (integrantes del consejo) su querida rubia se fue como llegó.

Le encantaba esa chica ¿Era masoquista querer que le gritara?, quizá fuera así. Pero amaba verla enojada sin poder hacer nada contra él.

He estado solo contigo dentro de mi mente

Y en mis sueños he besado tus labios mil veces

Algunas veces te veo pasar fuera de mi puerta

Hola, ¿es a mi a quién estás buscando?

Puedo ver en tus ojos

Puedo verlo en tu sonrisa

Eres todo lo que siempre he deseado

Y mis brazos están bien abiertos

Porque tu sabes exactamente qué decir

Y sabes exactamente qué hacer.

Y yo quiero decirte tantas cosas

Te amo.

Llevaba dos meses observándola como un idiota. Hasta Yoh lo notaba, y él era un distraído de lo peor. Era grave, verla se convirtió en una especie de rutina ridícula. Le gustaba, sí, pero ¿había algo más? ¡no! Esa chica no tenía nada más que un bonito cuerpo y lindo rostro.

Pero el destino es una víbora que ataca en el momento menos pensado y te hace cambiar de opinión.

Un martes, mientras llovía, el castaño regresaba de la escuela con un paraguas que le quitó a Tanma (Manta). Adoraba caminar más que usar el autobús, y más en días lluviosos. No fue difícil caminar el trayecto, lo difícil fue cruzar el río que se formó por la lluvia. Antes de dar un paso lejos de ese caudal de agua escuchó un maullido cercano. Buscó con la mirada algún rastro de ese pequeño animal, pero lo que encontró lo sorprendió más.

¡Era la presidenta! intentaba salvar al minino de la corriente de agua. Su perfecto, y siempre planchado uniforme estaba repleto de lodo, estiraba la mano para tomar al gatito que estaba atorado en una piedra. Se notaba que empeñaba todas sus fuerzas en alcanzarlo.

No dudó en ayudarla, mejor dicho, ayudarlos. Se acercó a la orilla, y estiró la mano hacia el pequeño felino, quien apenas maullaba, estiró lo más que pudo su brazo y logró rozar el mojado pelaje. Si no se arriesgaba el pequeño pronto sería tragado por la corriente, así que metió parte de su torso para sujetar y jalarlo hacia él.

La rubia, quién vio todo con asombro, no tardó en ir con Hao. Sacó su suerter de la mochila y se la extendió, el chico entendió y envolvió al gatito.

— Gracias —pronunció ella con una voz suave.

El castaño asintió y puso contra su pecho al gatito para que recibiera calor. Aunque él no estaba en mejores condiciones. La camisa estaba empapada, ni qué decir de la chaqueta, cubierta de lodo y ramas.

— Adoro a los gatos, no fue por ti — respondió. Se levantó del suelo con cuidado y se dirigió al paraguas tirado en el fango — Lo lle...

— Ven a mi casa, está más cerca. — lo interrumpió con prisa — Necesitas un cambio de ropa, y el gatito necesita más calor que una camisa mojada.

La invitación fue sorpresiva. Pero aceptó gustoso.

El resto de las siguientes horas, Anna, la presidenta con corazón, como Hao la apodó, le proporcionó una muda de ropa que, según dijo, era de su hermano. Pasó la tarde atendiendo al gatito, intentando que bebiera un poco de leche, y secando delicadamente su frágil cuerpo.

— Ahora, presidenta, ¿quién se queda con él? — preguntó mientras acariciaba al pequeño felino — Estoy dispuesto a llevarlo a casa, pero si lo quieres no me opongo.

— Mi madre es alérgica, así que no puedo — escuchó decepción en la voz de Anna — Es tuyo.

— Puede ser nuestro. Igual que las parejas divorciadas, lo podrás visitar los fines de semana y necesitará manutención — bromeó.

Anna por primera vez, en la vida, sonrió dulcemente. Algo dentro del corazón de Hao, se estremeció. Nunca sonreía y ahora, le brindaba una sonrisa hermosa cuando estaba desprevenido.

Es una caja de sorpresas. pensó.

Hola, ¿Es a mi a quien estas buscando?

Porque me pregunto dónde estás

Y me pregunto qué haces

¿Estás en alguna parte sintiéndote solitaria?

¿O hay alguien amándote?

Dime cómo ganar tu corazón

Porque no tengo idea

Pero déjame empezar diciendo Te amo

Hola, ¿es a mi a quién estás buscando?

Lo llamaron Matamune, y desde ese día, fue una excusa perfecta para verla cada fin de semana. Siempre llevaba croquetas, o algún juguete para su nueva mascota. Bromeó algunas veces diciendo que era una madre sobreprotectora, y que mimaba mucho a su hijo. Anna le respondió con un "No soy su madre, y si así lo fueras no serías el padre" . Cuánto le gustaba molestarla.

Le gustaba, quizá en un punto empezó a quererla. Al pasar el tiempo, ese querer se convertiría en amor, y todo empezó por un gatito llamado Matamune.