Este es un fragmento de un fanfic que estoy desarrollando con el mismo nombre. Es más, esta parte es como un Flashback de Hao.

Tengo la idea desde hace años, y estoy pensando en hacerla realidad. Espero les guste, como a mi me encantó escribirla.


Duality

Flashback

Fanfic con el mismo nombre


Invierno, el clima era tempestuoso. No deseaba caminar más de un par de calles por una bebida caliente. Si no fuera porque tenía hambre, hubiera desistido de salir ese día. No era el día más bonito para estar fuera de la cama. Deseaba estar en casa, durmiendo, o leyendo alguna historia de terror de Stephen King, aún no leía "El resplador" y aunque el género de terror no era su favorito, la narrativa de ese escritor era envolvente.

Dejando de lado sus preferencias literarias, Hao decidió ir a la primera cafetería que encontrara. No estaba dispuesto a perder una pierna por el frío. Para su fortuna, una pequeña cafetería le saludaba con un soso cartel de "Abierto". Pensó en caminar más, pero casi no sentía los dedos del pie.

Entró sin complicaciones. Quitó la nieve de su abrigo, y lo colgó en el perchero. El ambiente era hogareño, rústico pero cálido, piso de madera, una barra al fondo, y mesas de vidrio. No era su estilo pero para una tarde de invierno estaba bien. El aire acondicionado era agradable para su congelado cuerpo, y pronto se dejó llevar por el aroma inconfundible de café caliente. Tomó una mesa cerca de la barra, alejándose lo más posible de la puerta.

Una linda camarera se acercó a él en cuanto se sentó. La muchacha no pasaba de los diecinueve años, pelo castaño, con una piel tan blanca como la nieve que mojó su abrigo, y una sonrisa graciosa.

— Hola, bienvenido ¿Puedo tomar su orden? — saludó ella. Seguramente con una oración tan repetida que se sabía de memoria.

Vivir en América era complicado. Los habitantes de tan grande país hablaban apresurados, y pocas veces captada toda la esencia de la oración.

— Un café, y unos pastelitos — dijo con una perfecta pronunciación. Toda una vida de lecciones rindieron fruto cuando llegó a Nueva York, nadie podía engañarlo en ninguna transacción por más pequeña que fuera.

— 당신의 서비스 부인에서 — exclamó la chiquilla. Se fue casi brincando hacia la cocina. No es que él fuera un conocedor pero no creía que la chica dijo muy bien esas palabras.

No importaba dónde fuera, las mujeres de esa ciudad se comportaban como si él fuera un integrante de Kpop ¡Ni siquiera era Coreano! pero la fiebre por ellos, provocaba que cada persona con ojos rasgados fuera catalogado como tal. ¡Era japonés, maldita sea!

Se limitó a ver su celular. Mensajes de su madre, audios de voz de Ren pidiendo los apuntes de historia, y las llamadas perdidas de chicas que no conocía. En las fiestas podías encontrar personas interesantes, o interesadas.

No pasó mucho tiempo para que la chica, fangirl de los Coreanos, llegara con una taza humeante de café, y una enorme cantidad de pastelillos. Estaba seguro que no terminaría la mitad de ellos.

— Gracias — dijo. La menuda chica siguió observándolo un momento más antes de desaparecer.

Escuchó gritos provenientes de la cocina, y volvió a suspirar ignorandolas. Con delicadeza sujetó la taza de café y sopló un poco para que no quemara sus labios. Estaba muy relajado bebiendo café y leyendo absurdos memes por Facebook, cuando dos tipos entraron de improvisto en el lugar. Uno era corpulento, cabellera rubia casi castaña , con una barba mal recortada, y el otro era un tipo pelinegro, menudo, con una mala cara.

Ambos empezaron a vociferar, pidiendo ver a una tal "Anna" ¿Quién diablos era? ¿la chiquilla fangirl?

Para su sorpresa, no tardó en salir un grupo de cuatro personas, dos chicos y tres chicas. A una la conocía, era la chiquilla fangirl, que temblaba de miedo detrás de una peli azul. Los chicos eran un par de enclenques, que sujetaban con fuerza dos trepadores como armas. Hao casi se mofó de ello.

— ¿Qué quieren? — habló una rubia saliendo de la cocina. La mujer era intimidante, aunque tuviera una altura de 1. 60, parecía de dos metros con la expresión en su rostro — Ya dijimos que no pagaremos por su "protección".

Entonces era eso, esos tipos eran unos bravucones que pedían dinero a cambio de no robar a los pequeños puestos de comida.

— ¡Ustedes son unos malandros! — exclamó uno de los muchachos. Intentando no hacerse pis en los pantalones.

Estaba más que seguro que ninguno podía con esos dos hombres. Ni aunque tuvieran otro cinco empleados.

— ¡Hey chico! Nosotros los protegemos, solo queremos una pequeña contribución — respondió el más grande. Su sonrisa mostraba la hilera de dientes amarillentos. Hao sintió repulsión.

— ¿Pequeña? ¡Nos quieren quitar el 50%! — protestó la peli azul, con una voz chillona.

El Asakura estaba por levantarse e irse de ahí, no era su discusión y sinceramente era incómodo de ver. Así que terminó la última gota de café, sacó unos cuantos billetes de su bolsillo y los colocó encima de la mesita. Dispuesto a irse, se levantó con lentitud.

— ¡No pienses en intervenir, opa! ¡Es peligroso! — gritó la chiquilla fangirl. Hao casi se cae de bruses al escucharla.

¿Quién carajos quería intervenir? ¡Solo quería irse! Para su desgracia, la segunda del día, los dos hombres voltearon hacia él, con una cara de pocos amigos. Genial, moriría en América, sin poder terminar su carrera y a manos de dos gorilas.

— ¿Quieres pelear con nosotros? — se burló el más flaco — ¡Esta bien que seas chino, pero no es suficiente tu Karate contra nosotros!

Hao sintió lástima por el hombre. Confundir dos culturas distintas en una oración era lamentable. Era tan ignorante como Horeku, y eso era decir mucho.

No planeaba contestar. Solo quería rodearlos e irse, pero antes de que diera un paso más, el corpulento hombre lo bloqueó con su grotesco cuerpo. Hao supo de primera mano que el hombre no se bañaba hace semanas.

— ¡Opa, cuidado! — los gritos de esa niña lo irritaban ¡Él no era Coreano, que lo supiera esa niña rara!

— Quiero irme, eso es todo — habló por primera vez. Los hombres se miraron desconcertados, su fluidez al hablar siempre lograba asombrar a la gente de ahí.

— Mira niño bonito, te metiste en esta pelea así que no me culpes si tienes un ojo morado mañana.

Conocía tipos así, claro, menos feos, pero igual de estupidos. Alardeaban de todo y al final no hacían nada.

Volvió a dar un paso a otra dirección, y cuando se hubo libre de ese feo ser, se dispuso a salir. Lo que no contó fue que el otro hombre delgado lo tomara del hombro con rudeza. Fue una reacción instantánea, más un acto reflejo que una contestación consciente.

Giró su cuerpo hacia el tipo velozmente, sujetó el brazo extendido y con una simple maniobra dobló la extremidad hasta posicionarla en su espalda, todos quedaron impactados. No fue algo lindo de ver, pero odiaba que lo tocaran.

— ¡Lo siento! ¡sueltame! ¡me rompes el brazo! — suplicó.

Tan concentrado estaba en ese tipo, que no se dio cuenta que el otro estaba por golpearlo. Pero antes que ese hombre atacara, otra persona ya le había salvado. Anna, con su fuerza extraordinaria, golpeó al hombre con un trapeador que le quitó a Hiroshi. El hombre quedó aturdido, pero no tardó en increpar a su atacante, Anna estaba dispuesta a golpearlo de nuevo. Hao la creyó loca, porque ese tipo era el doble de grande que ella, así que dejó al otro tipo en el suelo y fue en su ayuda.

¡Pum!

El golpe resonó en toda la cafetería. Pero la pequeña rubia no fue quién lo recibió, sino un pobre Hao que se interpuso entre ella y el puño de ese hombre. Llegó a tiempo, sí, pero para recibir el impacto. Cayó al suelo de madera, y no tardó en tocarse la mejilla. ¡Eso sacaba por meterse en peleas!

— John, vámonos, siento que me rompieron el brazo — gimió de dolor el hombre delgado sujetando su brazo — Necesito un hospital.

El rubio, llamado John, por su amigo, obedeció y lo ayudó a levantarse. Ambos se dirigieron a la salida, pero antes de salir completamente musitaron:

— ¡No se queda así! Eso va para ti también niño bonito — gritó. Y se fueron, dejando un ambiente de paz.

Hao bufó. Al verificar que efectivamente esos dos tipos estaban lo más lejos posible, él intentó levantarse. Pero una suave mano lo detuvo.

— Quedate quieto, estas lastimado — mencionó lo obvio— Pilika trae una compresa de hielo — ordenó a la peli azul. Ella se apresuró a cumplir la petición de la rubia.

Se notaba quién era la jefa en ese lugar.

— Solo quería un café — se lamentó Hao.

Meterse en lios no era lo suyo, era de Yoh. Y ahora un par de idiotas lo buscaban por una pelea que ni siquiera comenzó. Al menos, la rubia que hacía de enfermera, era linda, y hubiera sido una lástima si ese rostro se magullara con ese golpe. Sí, pero ¿por qué debía ser él quién pagara eso?

— El café no te lo cobro — dijo Anna, cuando el hielo estaba en su mano.

¡Genial! Café gratis, y golpe gratis. En verdad era su día de suerte.