Tenía casi listo la continuación de Tradición pero tuve un bloqueo mental, así que se me vino a la mente esta historia. Lo siento, subiré la tercera parte en cuanto pueda tener una idea decente.

Gracias por sus review. Y lamento mis faltas ortográficas.


Hanna

One-shot


Le encantaba pasear por el jardín, descalza y con la melena suelta ondeando en el viento, igual que su rojo vestido con detalles dorados. Gustaba de brincar como los sapos, nunca le tuvo miedo a ningún animalito, mucho menos a los más pequeños. Era curiosa, como toda niña de cuatros años, y muy inteligente para entender lo que sucedía.

Dio algunos saltitos antes de atrapar al anfibio. El animalito verde se removió en sus manos y por fin escapó de ella dando brincos apresurados.

—¡Señor sapo! —lo llamó —señor sapo, vuelva ¿no quiere ser mi amigo?— preguntó como si la pequeña criatura entendiera su ofrecimiento.

Lo vio irse rápido y sin voltear. Entonces bufó enojada y se cruzó de brazos, ese sapo era un maleducado, ¡mira que no aceptar su amistad!.

Ella estaba por buscar otra criatura en el césped, una que deseara ser amigo suyo. Barrió el lugar con la vista, levantó piedras y hasta pensó en subir al árbol y encontrar un pájaro.

— Si subo, mami se enoja — recordó y desechó la idea.

Estaba por resignarse e ir a su habitación a colorear. Sin embargo en su ida a casa halló, no muy lejos del árbol, una preciosa flor amarilla, diminuta, a penas se notaba entre el verde césped. El viento la mecía grácil y sus pequeños pétalos parecían saludarla. No dudó en ir a verla, dando pasitos suaves hacia ella, se arrodilló en cuanto estuvo cerca, sin que su bonito vestido rojo se arrugara.

Era más hermosa de cerca, tenía manchitas cafés adornando las orillas de los pétalos. Ella la consideró un bonito regalo para su mamá. Después de todo, ese florero que le regaló su tío, estaba vacío y esperando que una preciosa flor lo adornara.

—Será bonito para mami — dijo la pequeña. Puso los mechones de pelo detrás de su oreja para que no la molestaran. Llevó sus dedos hacia el tallo pero no llegó a tocarla.

—¿Qué haces? —habló una voz gruesa, asustando involuntariamente a la pequeña.

La niña ocultó sus manitos en la espalda como si hubiera hecho algo malo. Pero en cuanto vio a su acompañante, frunció el ceño con un puchero exagerado.

—¡Papi! No debes asustarme —replicó con los cachetes inflados.

Le pareció adorable como su pequeña hija se enojaba. Era casi una copia exacta de su madre. Esos cabellos rubios, casi cobrizos, y los ojitos ámbar, tan brillosos.

— Intentas arrancar esa flor — comentó mirando a la niña.

— A mami le gustará, su florero no estará vacío — dijo firme. Intentó, otra vez, tomar la flor entre sus deditos, sin embargo la mano de su padre la detuvo con su propia mano.

— ¿Te gusta mucho esa flor?

— ¡Mucho mucho!

— ¿Entonces por qué la dañas?

La niña no lo entendió. Hao tuvo que explicarse mejor.

— Si te gustará mucho, no la arrancarías. Esa flor es muy pequeña, aún no llega a crecer. Tu la quieres quitar de su casa para llevarla a la nuestra — explicó, no sabía cómo hablar a su niña pero prosiguió esperando lo mejor— Quiere seguir creciendo, y conviviendo aquí afuera.

— ¿Entonces debo dejarla aquí? —preguntó. Sus ojitos viajaron hacia la flor y volvieron a ver a su padre — Quiero que venga a casa, hará feliz a mamá.

— Asanoha, ¿cómo te sentirías si te fueras de casa, sin tu madre ni yo?

— Triste — dijo la pequeña bajando la cabeza. Pensar en eso la ponía triste. Sus padres eran queridos por ella, y no deseaba irse sin ellos.

— La flor quiere estar en casa, no puedes llevártela. Además que la lastimas sacándola de la tierra. Lo mejor es dejar que se quede.

Asanoha se acomodó en el regazo de su padre y observó a la pequeña flor. Se acomodó otra vez el cabello, y continuó pensando. Su padre nunca se equivocaba, y si decía que era malo arrancar una flor, debía ser cierto. Además ella sabía que las flores cortadas morían después de un par de días.

— La dejaré — concluyó, muy orgullosa — Necesita estar en su casa, y debe seguir creciendo. Y yo le daré agua todos los días para que crezca.

Sonrió, su pequeña niña era inteligente, entendía sus enseñanzas, y siempre tenía una opinión al respecto.

En ese momento, como si fuera un resorte, Asanoha salió de los brazos de su padre y corrió hacia la casa. Hao no entendió la razón, hasta que la vio salir con un vaso de agua, a penas podía balancearse para no dejar caer ni una gota, pero logró llegar con la mitad del líquido.

— La alimentare desde ahora papi —dijo antes de verter el líquido a los pies de la flor — Así vivirá.

Orgulloso, Hao la tomó en sus brazos provocando la risa de la niña. Ella le besó la mejilla dulcemente.

— Vamos a casa, hoy viene tu tío, y sus amigos —la llevó en brazos hasta la entrada.

— Le diré a tío Yoh que tengo una nueva amiga —dijo a tiempo que Hao la ponía en el suelo — !Pero primero se lo diré a mami!

Otra vez dio brincos hacia la cocina, llamando a su madre. Su hija era también era alegre y risueña, actitudes heredadas de él, por supuesto. Anna no tenía ninguna cualidad similar cuando era niña.


(o.o)


Esa noche Asahona, no paró en hablar de la pequeña flor. Yoh escuchó a su sobrina atentamente. Era asombroso que Asanoha comprendía las enseñanzas de Hao. Horo-horo en cambio, intentaba iluminar a la chiquilla con su basto conocimiento en plantas y flores, siendo fulminado por la mirada de Ren.

— Es una niña, estúpido, obviamente no sabe todo de las plantas —dijo Ren.

— ¡Pues que aprenda, idiota!— exclamó con la boca llena — Al menos yo intento enseñarle.

— Dejen de decir groserías en frente de mi hija — dijo Anna amenazandolos. Ambos callaron.

Hao por su parte, agradecía no vivir cerca de esos individuos. Solo los toleraba por Yoh. Y este último era un excelente tío, así que podía soportar a los idiotas en cuanto Yoh viniera a verlo.

Asanoha continuaba hablando con Yoh, preguntándole cosas sobre la naturaleza y los lugares donde había viajado. El hombre respondía con paciencia y dulzura, una que otra vez tuvo que inventar cuentos fantásticos sobre sus aventuras para no aburrirla.

Adoraba a su sobrina, tanto como adoraba a su hermano y cuñada. Solo que, le hubiera encantado ser su padre y no simplemente su tío. Sin embargo agradecía que Hao fuera feliz.


Gracias por leer. Como vieron, puse el nombre de la madre de Hao a su niña. No sé, se me ocurrió hacerlo en memoria de Asanoha.

Sigo haciendo sufrir a Yoh. No puedo dejar que se enamore de otra (?

No lo imagino con otra chica.

Se despide Alumi.