Lamento no haber actualizado mis historias. Estoy muy ocupada, pero ustedes no están para leer el drama de vida que tengo. Pero espero poder actualizar con mayor regularidad.

Espero que todos estén bien. Las quiere Alumi.


Nadie dijo que duraría para siempre

Canciones que me inspiraron:

Forever - Lewis Capaldi

Bruno Mars - All I Ask


Acariciaba el contorno de un marco, observando detenidamente la foto que yacía dentro. Amaba aquella foto, porque representaba el día más feliz para él. En ella, se reflejaba una bonita rubia con una sonrisa diminuta pero sincera, y a su lado, una versión más joven de él.

— Parezco Yoh, con esa sonrisa tonta en mi cara — se río rememorando a su hermano menor, quien seguramente estaría durmiendo en su casa.

Estaba tan feliz en esa foto, que creyó que sería eterno ¿cuánto tiempo dura una eternidad? A su parecer, duraba exactamente seis años y dos días, el tiempo en que duró su relación con Anna.

En su último aniversario había terminado la "eternidad" con una oración.

Creo que vamos a tener que esperar y ver...

Anna se iba a otro país por una oportunidad mejor. Lo entendía, su vida siempre tuvo dificultades, en primer lugar el escaso dinero que poseía al ser huérfana. En segundo que la vida no da segundas oportunidades y menos una tan buena.

Ella lo merecía todo, y él lo sabía. Nunca había pedido ayuda de nadie, ni siquiera de él, quería lograr todo sola. Estaba orgulloso de ella, pero por otro lado le dolía que la chica lo alejara de sus planes.

— ¿Quién soy yo para quitarte tu libertad, Anna?

Suspiró, deseaba tanto hacer algo más. Algo que permitiera que Anna siguiera en su vida ¿pero qué? Pedirle que se quedara y se estancara en un lugar donde las puertas estaban cerradas, era egoísta.

Él era egoísta, pero con ella, no.

Dejó la foto en la cama y caminó hasta la ventana más cercana. El clima era tempestuoso, y estaba a poco de llover ¿sería que el cielo lloraría por él? Es algo tan inverosímil que el solo pensamiento lo hace reír.

No llorará, porque no es un evento triste, es una oportunidad, ya sea para Anna o para él.

Vio caer la lluvia, gotitas en forma de lágrima que se estrellaban en el vidrio. Entonces recordó que nunca hubo un adiós, ni siquiera una despedida como tal. No hubo un último beso, o una caricia.

Giró sobre sus talones y tomó su abrigo que descansaba en el perchero. Las llaves de su auto. No iba a permitir que se fuera sin decirle que su vida fue mejor con ella.

El transito era horrible, no existía una mínima posibilidad de llegar a tiempo. Los autos parecían ir a donde él, porque en cada intersección existía un embotellamiento.

Revisó su reloj, y supo que era demasiado tarde como para esperar la bondad de esos idiotas.

Aparcó el auto, en donde pudo, y salió disparado de él. Un par de policías le advertían que debía regresar y estacionarlo de manera correcta. Los ignoró olímpicamente y corrió. La lluvia mojaba su abrigo y el pelo. Tropezó con un par de personas, y estas le dijeron de todo y a él no pudo importarle menos. Se detuvo un par de veces para restregarse los ojos empapados por la lluvia.

Se sentía patético. No había hecho algo parecido jamás, y ahora corría como loco para ir donde Anna.

Más tarde que temprano llegó al edificio de la rubia. Una estructura antigua pero acogedora, según las palabras de su ex novia. Tocó la puerta un par de veces pero nadie respondió, así que decidió llamar a Anna para que abriera. En cuanto buscó su celular, no lo encontró.

¿Se cayó o lo dejé?

Eso era algo que no mostraban en las películas románticas.

— ¿Hao? — La voz de la anciana del piso contiguo de Anna, lo sacó de sus pensamientos — ¡Oh! Sí, eres tú muchacho, ¿qué haces ahí afuera? ¿No sabes que está lloviendo?

Hao quiso contestar de manera sarcástica pero no tenía tiempo para eso. La mujer lo dejó entrar, no sin antes reprocharle lo descuidado que era y ofrecerle una taza de chocolate caliente, él se negó con toda la amabilidad que le quedaba.

Caminó escaleras arriba, esperando que la rubia estuviera en su apartamento o juraba que gritaría. Intentó arreglar su desordenada y empapada melena, y quitar algunas gotas de su abrigo.

Golpeó la puerta con suavidad, dubitativo. Existía la posibilidad que ella no quisiera verlo, no se había portado exactamente bien cuando le dijo sobre sus planes y ahora estaba ahí, de pie frente a su puerta pidiendo una despedida adecuada.

Suspiró dejando que el vaho saliera de sus labios. Y tocó la puerta con más vehemencia.

La puerta se abrió y su corazón se paralizó unos instantes.

Se recriminó por ser tan susceptible a lo que Anna le hacía sentir.

— Asakura — dijo ella. Estaba desarreglada, inusual en Anna, como si no hubiera dormido en días — ¿Qué haces aquí?

No parecía molesta, no obstante, tampoco parecía alegre de verlo.

— Al menos merezco verte una vez más ¿no? — su tono de voz se hizo más agresiva de lo que esperaba y no pasó desapercibido.

— Si vienes a recriminarme, mejor es que te vayas.

— Me tomó desprevenido, no supe cómo asumir la noticia. Y sé que no podemos volver de nuevo, también que nadie dijo que duraría para siempre. Pero debes entender que no fue fácil.

— Tampoco para mí. Pero eso no justifica que me dejaras sola cuando te lo dije. Pensé que lo entenderías.

— Lo entiendo, pero tú tampoco supiste como decírmelo. En un restaurante, en medio de tanta gente, no creí que fueras cobarde.

Anna estaba por cerrar la puerta pero Hao lo sostuvo con el brazo derecho.

— No estuvo bien — continúo — No sabes cómo lidiar conmigo ¿verdad? Soy similar a ti, y no sabes cómo hacerlo.

Los ojos ámbar de Anna mostraron duda. Abrió la puerta de par en par y suspiró.

— Creí que sería más sencillo. Pero tú tampoco puede conmigo, Hao.

— No quiero ser egoísta contigo. Y no te equivoques, no estoy pidiendo tu perdón, porque sé que no estás molesta por eso.

Hao extendió la mano hasta una de las mejillas de la chica y acarició la tersa piel. Anna se estremeció, pero no cedió y retrocedió mostrando un semblante molesto. Él sonrió.

Anna era una mujer que tenía un corazón frágil protegido con una coraza de hielo. Tardó tanto en descongelar aquella fortaleza para hacerse un espacio en su vida.

— ¿Por qué no simplemente pretendemos que no estamos asustados con lo que viene?

— Hao — llamó ella con un tono menos brusco y él lo entendió.

— No me malinterpretes, sé que no hay un mañana — dijo tranquilo — Lo único que te pido es que si esta es la última noche contigo, déjame que sea memorable, sin importar como termine esto.

Una propuesta tentadora y a la vez desgarradora. Si esa noche terminaba ¿qué tendrían después? No existía otra oportunidad. La rubia había dejado claro que no volvería por muchos años, y Hao tenía una vida en ese lugar, metas que cumplir.

Ninguno podría estar en la vida del otro sin interrumpir sus propias metas.

— No necesito tu respuesta.

Y no lo necesitaba, los ojos de Anna lo decían todo, anhelaba un adiós antes de enfrentarse a un futuro incierto.

Nadie me conoce como tú

Y ya que eres la única que me importa

Se acercó a ella.

¿Qué pasa si no vuelvo a amar de nuevo?

Antes que Anna reaccionara ya la tenía acorralada en la pared, besando fervientemente sus labios. No escuchó cuando Hao cerró la puerta, ni siquiera el instante cuando se rindió ante él. Ella suspiró entre besos.

¿Cuánto se extrañarían? Demasiado era un término muy corto.

Se amaban, y el hecho que sus cuerpos se acoplaran con tanta facilidad, lo confirmaba.

Hao bajó las manos por las suaves curvas de Anna, trazando un camino por su abdomen hasta colarse bajo la camiseta que usaba. La chica gimió en la boca ajena cuando sintió la fría mano en su piel.

Lo habían hecho tantas veces, por placer, por amor. Pero esta vez era para que el otro lo recordara. Recordar el momento en que sus cuerpos expresaban más de lo que ellos podían decir.

— Te amo — susurró Hao entre besos desesperados en el cuello de la rubia.

No pronunciaban esa palabra. No era necesaria, ellos sabían perfectamente que se adoraban, pero esta era una ocasión especial.

Sabían que era el fin. No había un mañana.

Anna apretó los labios y susurró un "Yo también".

Se amaron, hasta que sus cuerpos colapsaron de cansancio. Pero sus corazones jamás estarían satisfechos, porque no se puede llenar el vacío de una vida en una noche.

Deja que esta sea nuestra lección de amor.

Deja que esta sea la manera en que nos recordemos.

Besó la frente de la única mujer que amaría y la dejó ir.


Esa mañana, al despertar, Asakura Hao ya no estaba a su lado aunque se quedó toda la noche consolando su corazón. Pero cuando abrió los ojos no lo encontró. Porque no existía un mañana para ellos.

Entonces recordó sus palabras mientras descansaban entre las sabanas desordenadas.

Cuando ella le dijo:

"Nadie dijo que duraría para siempre"

Y él respondió

"Eso no significa que no hayamos intentado llegar allí"

Espero que sepas que te deseo todo el amor que estás buscando.