–Fuiste la única que se atrevió a mencionar a Madre Miranda. –Dijo Heisenberg al sentir la mirada de la micologa. –¿Estos aficionados saben a quién se están enfrentando?

Poder ilimitado, al igual que conocimiento vasto sobre la mutomiceta, la habilidad de tomar diferentes formas y apariencia, fuerza sobrehumana, el poder de manipular la mente de quienes llegaban a ser infectados por la red neuronal de la megamiceta eran detalles importantes para tomar en cuenta.

–Puede dejar de decirle madre. Fue erradicada junto a la aldea. –Hizo una pausa para regresar el juego mental con el que se manejaba el jerarca. –A menos de que sientas la pérdida de tu figura materna y si es así, te doy mi más sentido pésame.

Heisenberg rechinó los dientes en un esfuerzo para no insultar al aire. Nunca consideró o vió como una madre a aquel monstruo que lo obligaba a llamarla de esa manera.

–Jodete, pequeña bellota. –Recriminó recostado asimilando el dolor que lo tenía en un estado de mareo debido al anestésico. Odiaba el hecho de que Ethan le hubiese quitado el derecho de matarla.

Para haber sido parte de quienes habían secuestrado a la familia Winters, Heisenberg se notaba a la defensiva cuando escuchaba el nombre de la líder del culto. Valentine tenía razón al haber notado que Karl era una víctima hasta cierto punto.

–Solo trato de hacer mi trabajo, no lo tomes personal. –Musitó aletargada bostezando debajo del cubrebocas, batallando al mantener los ojos centrados en el monitor.

Era notorio que la castaña estaba en el límite de sus reservas de energía. Sería fácil inmovilizar a la cansada mujer.

–Hubo actividades en contra de mi voluntad ejercidas sobre mi cuerpo –Cuestionó sentándose en su lugar –¿Como no tomarlo personal? –Dijo al acomodar el cabello liberando la mirada.

Liv agachó la mirada al sentir haber invadido y denigrado al paciente. Su actuar anterior tenía una explicación lógica la cual era complicada de explicar.

–Destruí evidencia. –Exclamó tallando uno de sus ojos con el dorso de la muñeca. –La organización está en un punto… –Hizo una pausa evitando dar detalles a un sobreviviente inestable que pudieran alterarlo. –No lo entenderías, aun así pido disculpas si te hice sentir incómodo.

Continuó el protocolo para revisar el funcionamiento adecuado de los medicamentos administrados en el sistema de Karl y monitoreando los signos de Heisenberg.

–Aquí nadie sabe nada, nadie está seguro de nada, parecieran ser compañeros de Ethan Winters. –Soltó una risilla evitando la frustración que la situación desembocaba. – Y no hablaba del relajante baño, pero ahora estoy intrigado con la respuesta.

Duncan asintió mostrándose abierta a tocar ese tema en su debido momento.

–Nadie puede saber que estás vivo, si se supiera… –Dijo al imaginar los cientos de escenarios catastroficos y sadicos que el mercado negro dedicaria al jerarca. –Hay gente que no dudaría en poner a prueba tu regeneración celular acelerada.

Karl alzó la ceja mostrándose incrédulo. La gente de la BSAA se aparece mostrándose como los eternos salvadores, pero de igual manera usaban artimañas dignas del bando contrario.

–No hay diferencia con lo que hacen aquí. –Gruñó al tomarla de la muñeca. –Dejen esa basura para Redfield y su gente.

Era una lucha entre miradas.

–Lamento el proceder de mis colegas. –Dijo en tono neutral la doctora al tomar las puntillas y cambiarla por una mascarilla aumentando el flujo en el tanque de oxigeno. –Tu saturación aún es inestable.

Accionó el mecanismo de la válvula para después acercar la mano libre al rostro de Karl.

–¿Qué ganas con ayudarme? –Cuestionó con el respirar pesado.

El incorporarse en su lugar y lidiar con los efectos del medicamento le causaba vértigo o simplemente era la falta de una buena oxigenación de su cerebro.

–No lo hago por ti.

Karl tomó la mascarilla soltando la muñeca de la doctora, dejando que Liv tomara el antebrazo del hombre y presionado con dos dedos la dermis de Karl.

–Nota como tu circulación es lenta. –Dijo al soltar la presión y mostrar cómo el tono de piel de Heisenberg tardaba en volver a ser el mismo. –Debe ser por el humo y químicos que aspiraste durante el tiempo que estuviste inconsciente.

Se alejó para comenzar a hacer las anotaciones que después serían leídas por la doctora Chambers, dando la espalda al paciente.

"La recuperación en el sujeto es brutal, pero aún es inestable debido al envenenamiento por estar expuesto durante un largo periodo de tiempo a metales pesados. " Eran las primeras palabras escritas por la castaña. "Seguramente químicos como el cobre, cadmio o mercurio fueron agentes que han envenenado el sistema del sobreviviente, mismos que han sido encontrados en fungicidas inorgánicos. Lo cual se podrá saber al hacer pruebas pertinentes en la sangre del paciente"

Karl dejó la camilla poniéndose de pie, recargando la mascarilla sobre la manta.

–Podría acabar en este instante contigo– Dijo a pocos centímetros de la castaña. –¿No te has dado cuenta? –Preguntó al ver la expresión de la mujer. –No hay soldados de apoyo que te cuiden el trasero.

Tenía en manos las tijeras que previamente había usado la doctora Chambers para quitar los puntos de sutura.

Azar había terminado su turno y Errol permanecia patrullando el área. Jill, Rebecca y Parker seguían a las afueras de la cabaña. Nadie en la planta alta llegaría a tiempo si Heisenberg se proponía atacar a la científica.

–No soy tu enemigo. –Dijo calmada, no sin antes bloquear la pantalla donde llevaba a cabos sus anotaciones. Si por descuido propio había mostrado la habilidad de Karl para sanar, tenía la obligación de mantener en secreto la investigación del Cadou y la megamiceta.

–Eres parte del grupo que me tiene a la fuerza en este lugar.

–No veo atado. – Respondió calmada tratando de no hacer movimientos bruscos para evitar un conflicto donde no sería quien saliera victoriosa.

–Quiero salir de este lugar. –Dijo hastiado. –¿Dónde están los vehículos en los que se transportaron a esta pocilga?

Karl deambulaba torpemente aún dificultando el caminar debido a las heridas.

–No entiendes la importancia de tu existencia, eres la respuesta a tantas incógnitas para salvar miles de vidas.

Karl alzó la ceja al escuchar a la científica. Odiaba como se refería a su persona como si se tratara de un experimento milagro.

–¿Que podrías saber de mi que yo desconociera? –Preguntó amenazante apuntando con el arma blanca.

La castaña evitó el contacto visual al sentir la mirada pesada del sobreviviente. Ningún entrenamiento por parte de la BSAA la había preparado para un escenario tan catastrófico.

–Soy la única que sabe cómo liberarte de la red neuronal de la mutomiceta. –Dijo al tomar la mano de Karl y acercarla a su cuello retando al jerarca. –Así que, hazlo. No me importa, joderas a ambos.

La vista de la científica estaba centrada en los labios del hombre mayor. Era un impulso innato para salvar su vida, usar información inconclusa de la investigación y mentir para causar incertidumbre en su victimario.

–Dime donde están los vehículos.– Soltó un gruñido de frustración. –No trates de averiguar cuánta es mi paciencia.

El flash del recuerdo de Ethan tomando su mano antes de dejarse caer al interior de la fábrica atravesó su mente. Los extranjeros tenían costumbres muy estúpidas y parecidas.

En realidad había titubeado al tener una posibilidad de deshacerse de aquella presencia omnipresente en sus pensamientos.

No llegaría lejos vistiendo únicamente con pantalones gris y playera de manga larga, incluso la nieve entorpecía su andar descalzo antes de ser acorralado por el grupo de expertos que platicaban a las afueras de la cabaña.

–No planeo frustrar tu augurado plan infructuoso para huir, hay un garaje a la izquierda y metros adelante en el bosque el piloto Richter ha camuflado el helicóptero con el que fuiste rescatado.

La mirada de Karl fija a la nada solo era muestra de cómo pensaba salir sin llamar la atención o como debería acabar con cada individuo en la cabaña.

Frunció el entrecejo arrugando la nariz al verse acorralado aun antes de efectuar algún movimiento, dando un pisotón al piso.

–Casi pierdes la pierna cuando tu arteria fue pinzada, no deberias estar haciendo eso.

Karl admitió en sus adentros que la reacción había sido poco inteligente debido a su condición física.

–Si, justo aquí están las suturas.–Dijo con una sonrisa al bajar la prenda de ropa y mostrar la herida.

El rubor súbito se apoderó de las mejillas de la castaña. Era notoria la falta de inhibición en el paciente y de sentido común.

–El capullo que generaste y en el que fuiste encontrado fue un mecanismo de defensa de tu cuerpo a una gran escala en comparación a las pequeñas gotas rojas que aparecieron hoy en tu dermis –Habló con una postura segura tratando de ganar tiempo y desviar el tema de la desnudes del paciente. –¿Conocía el poder regenerativo así de impresionante en tu organismo?

Karl recargó la mano en el hombre de la mujer mientras presionaba la tijera contra la piel pálida apenas expuesta de la ropa térmica.

–Deberías estar aterrada. –Amagó aún más a la científica acorralandola entre el escritorio y él. –No tienes idea las formas en las que te haría gritar por piedad.

El historial de víctimas dentro de la aldea alababan sus palabras, los cientos de experimentos inhumanos confirmaban la veracidad de su amenaza.

–Lo estoy. –Respondió sin titubear.

Era exasperante para Heisenberg ser manipulado a ese nivel por segunda ocasión.

–¿Y por qué no lo parece? –Cuestionó llevando el rostro a la mejilla de la mujer.

Liv sintió como Karl repasaba la barba sobre su piel, causando incomodidad con la textura rasposa e invasiva.

–Te daría poder sobre mí. –Dijo al inmutarse con la intromisión a su espacio personal. –Además, ya hubieras acabado con cada individuo en esta cabaña si tuvieras la energía para hacerlo.

El pulso de Heisenberg se vió apoderado por el cansancio y debilidad.

–Mierda. –Se quejó recargándose en la mujer tomando como apoyo el escritorio.

No solo era la saturación su sistema se veía afectado por la presión arterial y la falta de condición física.

–Eres tan insensato. –Declaró al tomar las tijeras y guardarlas en el bolsillo del pantalón ocultando el ataque físico.

El sonido de los gatillos en las armas de fuego del escuadrón sonaron en el interior de la cabaña.

–Sugiero el alejarte de la doctora Duncan antes de que mis compañeras y yo decidamos actuar de una manera no grata contra tu persona. –Amenazó el italiano al acercarse siendo apoyado por Chambers y Valentine quienes apuntaban con sus láseres en dirección del jerarca.

–Estoy bien, capitán Parker. –Exclamó Liv al ver como la táctica había funcionado. –El paciente es quien necesita ayuda para regresar a la camilla.

Luciani caminó en dirección de Heisenberg sirviendo de apoyo al hombre de cabello cano.

–Es una sorpresa grata verte de pie. –Dijo el líder al ofrecer su brazo para sostener a Karl.

–Nunca antes había estado al borde de la muerte, Ethan Winters me pateó el culo a otro nivel nunca antes experimentado a lo largo de mi existencia –Declaró el hombre de cabello gris. –¿Eso contesta tu pregunta?

Liv asintió en silencio al salir de la habitación.

–Haz el favor de regresar a tu lugar, Karl. –Insistió Luciani. –No tientes la benevolencia de los agentes.

Karl mostró las manos en señal de estar desarmado y una sonrisa a medias.

–Si, capitán.–Exclamó al sujetarse del italiano y caminar en dirección de la camilla. – Lo que usted ordene. Estoy listo para otra ronda de preguntas y respuestas.

En el pasillo los subordinados de menor categoría esperaban las órdenes de los superiores.

–Duncan y Errol, descansen de sus actividades. –Dijo Valentine al bajar el arma y ver como Gibson entraba después de haber salido del perímetro por ir a comprar cigarrillos.

Las radios habían sido apagadas por la plática entre los líderes del escuadrón y el sobreviviente.

–Entendido. –Dijeron ambos al unísono.

–Gracias por el apoyo. –Declaró Rebecca a la castaña.

El australiano subió las escaleras sin decir palabra alguna, sabía de antemano que su actuar tendría una reprimenda a su debido tiempo.

–No somos tus enemigos. –Declaró Parker estando de pie recargado en la entrada de la habitación.

–La señora Redfield demostró lo contrario. –Respondió señalando a la culpable de causarle dolor agonizante.

Rebecca se sentía terrible por romper el juramento hipocrático e ir en contra de sus ideales solo por seguir la pista de quien hace meses se hacía llamar su esposo.

–Fue instrucción mía.–Se interpuso entre la doctora y el paciente. –Lamento el proceder, no volverá a ocurrir.

Heisenberg observaba las expresiones en quien se notaba eran los líderes de la misión.

–Su comportamiento es jodidamente contradictorio. –Recriminó a los tres agentes.

Rebecca como la mayoría del tiempo se mostraba alejada de toda situación únicamente dando su opinión médica sobre el paciente.

–Creímos y tuvimos muchas teorías sobre la presencia de nuestros colegas en la villa de la cual eras líder, no puede culparnos. –Decretó el líder dando a entender las razones de su actuar.

Desde la poca comunicación con sus superiores, hasta la información dada cuentagotas por parte de Redfield dejaban al equipo de Luciani andando a ciegas.

Heisenberg asintió antes de decir: –Habría hecho lo mismo de estar en su lugar o si hubieran llegado a mi aldea estando bajo las órdenes de Miranda.

Parker se dirigió de nueva cuenta en dirección de Heisenberg para dejarle un par de zapatos pertenecientes a Richter.

–Seguirás recibiendo atención médica y rehabilitación ahora que te has puesto de pie. –Dijo en tono afable el capitán del escuadrón de limpieza.

Había crecido en un lugar donde la amabilidad no se brindaba sin una segunda intención.

–¿A cambio de que?–Cuestionó el hombre de cabello cano.

Luciani intentaba mediar evitando conflicto y aunar material a la investigación de la mutomiceta.

–Información para nuestras científicas. –Declaró Valentine siendo apoyada por Parker.

Así como ella fue de gran ayuda para explorar y entender los diferentes virus que residían en su cuerpo después de ser puesta bajo experimentación de Albert Wesker, esperaba que Heisenberg tratara de enmendar sus cuentas ayudando a sus colegas.

–¿Que gano al apoyar a Redfield?–Preguntó dirigiendo la vista en la doctora Chambers.

Siendo Rebecca la única que se mantenía al margen como desde el inicio.

–Una segunda oportunidad para vivir. –El líder mencionó siendo el que guiaba la conversación dedicando una mirada llena de compasión a Valentine.

–¿Y si me niego?

–Estarías desprotegido. –Aunó Valentine.

Karl resopló una carcajada llena de sarcasmo.

–¿Del honorable esposo de la doctora? ¿Del escuadrón de mimos que fueron enviados a la aldea? ¿De la burocracia de su organización? –Cuestionó divertido.

Era incierto el terreno que pisaban.

–De todos aquellos que quieran explicaciones acerca del agente fúngico encargado de no dejarte morir en aquella villa.–Dijo Valentine.

Karl negó en silencio recostado en su lugar.

–No sé si son extremadamente incrédulos o son realmente estúpidos al pensar que un pequeño grupo de inexpertos podrán hacerle frente al equipo de Redfield o a lo que fuera enviado por la BSAA para atrapar a su carismático golpea rocas.

Los pasos en la madera sonaron desde el pasillo.

–Ayudanos a entender, muestranos lo que no estamos viendo. – Declaró Rebecca. –Intentamos salvar vidas, incluida la tuya aunque creas lo contrario.

No era el momento adecuado para intentar huir y ser perseguido por los agentes, también debía averiguar si el dios oscuro o conciencia de la Mutomiceta había sido erradicado.

–Se equivocaron al salvar a Rose Winters, su mundo se hundirá como la aldea. –Declaró como ofrenda de paz momentánea y cooperar con la BSAA.

Chambers pensó en la casa Baker y todo el infierno desatado en el pantano de Luisiana.

–Es solo una niña. –Dijo el italiano.

–Igual yo lo era cuando madre… –Hizo una pausa meditando en la noticia dada por Duncan. –Miranda experimentó…–Divagó evitando hablar de su pasado. –Si el equipo de Redfield es tan bueno generando reportes, ya deben saber lo que es Rose.

Rebecca mostró la laptop usada con anterioridad por Duncan dejando ver estudios de laboratorio.

–Era la doctora encargada de llevar el registro de la infección de la familia Winters. Ellos fueron atacados justo días antes de recibir la información de Rose y su ADN alterado gracias a la genética de sus progenitores.

El ataque orquestado por Miranda y casi frustrado gracias a Redfield.

–Hija de perra…logró recrear lo que tantas décadas había estado buscando con sus experimentos.

Con aquel vistazo dejaba en claro lo que tantos años de resentimiento había crecido en su interior, Miranda solo había usado a la aldea para poder conseguir revivir a su hija.

–Donde viviste no fue el único lugar donde se usó la mutomiceta y la gente de la aldea no fueron los únicos en infectarse. –Dijo la doctora. –La megamiceta es algo desconocido por los científicos de la BSAA y el poder para infectar otros organismos es inmensurable al ser descubierto relativamente hace poco tiempo, eres la única persona que nos puede explicar y así evitar que más gente sufra lo que tu.

Era la primera ocasión en mucho tiempo en que alguien lo trataba como un ser humano, que no lo trataban como el jerarca más fuerte de la aldea y eso lo atemorizaba.

–Esos mismos reportes deben mostrar cuales son mis habilidades y lo que soy capaz de hacer.

–No somos tus enemigos. –Respondió la mujer de cabello corto.

–Lo serás en cuanto tengas de frente a Redfield.

–Mi deber está antes que mi devoción. –Reclamó la virologa. –Lo que está diciendo es insultante para mi carrera.

Debía admitir que la doctora mostraba tener tantas pelotas como Ethan y la misma rigidez que su esposo.

–Veo que ya no usan el material médico para estar frente a mi.

–Era parte de un protocolo al tratarte como un posible paciente cero.

–Soy el resultado de varios experimentos con el cadou, no sé cuantos bastardos perecieron antes de mi, pero fueron decenas.

–Lamento saberlo. –Dijo Jill de manera involuntaria al imaginar la vida de Karl y sentirse identificada.

–Es imposible el infectarse con el hongo de manera directa.

–Este solo puede desarrollarse junto a la simbiosis del cadou.–Respondió Chambers.

–Exactamente, terrón de azúcar. –Declaró Heisenberg al darle un apodo acorde a la personalidad de la doctora.