–Soy el resultado de varios experimentos con el cadou, no sé exactamente cuántos bastardos perecieron antes de mi. –Dijo con la mirada perdida, se notaba como en ese instante repasaba los recuerdos de su infancia. –Quizá un par de decenas.

La rubia notó como el sobreviviente no mentía al hablar sobre la manera en que había obtenido sus habilidades.

–Lamento saberlo. –Dijo Jill de manera involuntaria al imaginar la vida de Karl y sentirse identificada.

Luciani no pudo evitar dirigir la mirada a su compañera. Wesker había dejado una marca imposible de borrar en el subconsciente de Valentine.

–Es imposible el infectarse con el hongo de manera directa.

–Este solo puede desarrollarse junto a la simbiosis del cadou. –Respondió Chambers.

Había leído los nuevos reportes aunados a la investigación del Cadou y el mold. Para que las esporas proliferaran dentro de un organismo debían reproducirse en zonas específicas en el caso del mold o llevado en simbiosis dentro de un cuerpo en el caso de Cadou.

–Exactamente, terrón de azúcar. –Declaró Heisenberg al darle un apodo acorde a la personalidad de la doctora.

Estaban ante un espécimen estable en sus propias medidas, donde todos los involucrados estaban seguros ante una posible infección.

Liv respiraba agitadamente mientras humedecia el rostro con agua de la llave y veía su reflejo en el espejo del baño. Luchaba por no llorar debido al encuentro con el jerarca, había pasado por una situación estresante en la que se sintió aterrada todo el tiempo.

El sonido de la puerta la hizo salir del trance y al abrir estaba Errol.

–Me deben una. –Dijo el soldado al mostrar un paquete de tampones.

El motivo por el cual el soldado había salido del perímetro era porque más doctoras le habían pedido un favor un tanto especial.

–Le diré a Jane en cuanto despierte. –Dijo al secarse el rostro.

Errol masajeó su nuca conflictuado por el regaño asegurado por parte de sus superiores.

–Valentine va a hacer que lave los autos mientras nieva como castigo.– Dijo al señalar a la castaña. – Me deben cuatrocientos leus.

Estaban en medio de una misión delicada y ese comportamiento era motivo para ser eliminado de la misma.

–¿Qué?–Cuestiono impresionada al escuchar el precio y hacer el cálculo en su billetera. –¿Por unos tampones cuya marca fue descontinuada hace décadas?

Errol sonrió extrañado con el actuar de la mujer.

–No te quejes, puedes regresarlas. –Expresó al estirar la mano y esperar el producto de vuelta.

La castaña arrugó la nariz y planteó la necesidad de tener esos productos básicos en la base.

–No, así déjalo. –Respondió al resguardar el paquete ya que su compañera era quien necesitaba la compra. –Jane te pidió el favor, pudiste declinar.

Gibson se encogió de hombros dando a entender que le fue imposible.

–No puedo dejar a una damisela en peligro ahora que todos somos un equipo.

Liv le invitó a entrar al cuarto de baño y el australiano aceptó mostrando la cajetilla de cigarros.

–Cínico, que deplorable manera para decir que gusta Elizabeth. –Declaró con la puerta cerrada. –Es una mujer hermosa, no lo negaré.

Attenborough era parte de una generación de científicos británicos cuyo aporte a la ciencia había sido iniciar a filmar documentales de animales haciendo popular a la rama de la ciencia de la zoologia, gracias a su abuelo David Attenborough naturalista dedicado a presentar dichos filmes en televisión.

–Es una refinada dama que se ve elegante aun usando uniforme médico. –Dijo al exagerar su acento y llevar un cigarro a su boca.

–No te está escuchando en este momento, así que deja de estar de lame botas.–Expresó la micología al tomar un cigarrillo de la cajetilla, llevar la mano al pantalón buscando dinero para pagar el favor y en cambio encontrar las tijeras con las que antes había sido amenazada,

–Pudieron agregar los tampones a la lista de compras que hicimos hace poco.–Expresó después de exhalar una gran bocanada de humo y ver como su colega se quedaba congelada en su lugar. –Es algo que todas ustedes usan ¿No es asi?

Era atrevido hablar sobre Jill Valentine y su situación después de lo sucedido en Kijuju. Se decía entre voces que los experimentos a los que fue sometida y al estar bajo sueño criogénico le habían dado piel y cabello tan blanco como la porcelana, a cambio del atrofio en sus órganos reproductivos adelantando así su menopausia. Los científicos hablaban de que Valentine tenía el sistema de alquien que había pasado por cien quimioterapias al referirse sobre su impresión sobre la resistencia de la joven mujer.

–No hablaré de mis colegas. –Respondió al dejar que el australiano encendiera su cigarro. –Ya sé que no somos jóvenes ninguna de las cuatro. –Agradeció con una seña de la mano y fumar pausado antes de exhalar el humo. –Y que quizá estoy en mis últimos años para usar estos productos. –Si se tomaban el tiempo de leer el registro de cada integrante podían observar que casi todas las mujeres del equipo pasaban de los cuarenta años, menos ella quien tenía treinta y seis. –No somos soldados para soportar esta presión, he padecido de amenorrea por el estrés. –Terminó el relato sin dar más detalles del resto de las féminas.

–Y pensar que como soldados hay veces en las que avanzamos en un perímetro mientras orinamos. –Expresó el soldado conflictuado con el tema de la anatomía femenina.–No tenemos tiempo para parar mientras agarramos dos armas.

Liv hizo una mueca de desagrado.

–¿También el capitán Parker?

Le era imposible imaginar al italiano afable y educado tomando esas costumbres.

–Así es, doctora.

Ahora entendía la razón por la cual los agentes pocas veces usaban el baño, todo el perímetro lo usaban como su retrete natural.

–Desearía no haber escuchado esa información. –Exclamó al estirar la mano y pagar por el favor recién hecho. –Gracias. –Cambió el tono de voz a uno serio.

–Los británicos siempre tan diplomáticos y educados.– Tomó los billetes y los guardó en el bolsillo del pantalón de cargo.

–También te puedo mandar a la mierda pero con una taza de té inglés en la mano.

–Mejor espero una invitación a fumar después de terminar nuestro turno para saber si le hablas bien de mi a la doctora Elizabeth. –Expresó al ver el reloj.

–Me parece perfecto. –Respondió la mujer. –Este bebé me ayudará a dormir tranquila. –dijo al referirse al cigarro.

–Que suerte tienen algunos al poder conciliar el sueño en este lugar de mierda.–Declaró el australiano. –Aun tengo pesadillas del día que encontramos a ese jueto.

Aparentemente Duncan no era la única a la cual la presencia de Heisenberg tenía intranquilo.

–Encantadora platica, señores.–Declaró Karl al sentarse en la camilla. –¿Ahora que sigue? ¿Podré tomar el fresco usando estos zapatos? ¿Me dirán qué otros experimentos llevó a cabo mi amorosa madre? ¿Para qué estoy aquí?

Jill dió un paso adelante siendo quien tomaba el control de la situación.

–Toda información acerca de la BSAA es clasificada, referente a Madre Miranda es información reservada y por ahora tu única obligación como bioterrorista bajo la protección de la BSAA es no huir para evitar ser clasificado como amenaza biológica.

La rubia se mostraba estoica, con la piel inmaculada y pálida como la nieve. Daba una apariencia frágil pero había algo en ella que obligaba a mantener distancia a la hora de hacer contacto visual.

–No entiendo a que están jugando ¿Es la casita con mamá y papá?–Dijo Karl al referirse a Valentine y Luciani quienes parecían tener un lazo diferente a cualquier inquilino dentro de la cabaña. –¿O juegan al policía bueno y malo?

Jill mostró una sonrisa amigable antes de decir: –No quieres saber quien es el policía malo.

Karl entendió rápido que mamá y papá se protegían las espaldas el uno al otro. Y que la rubia atacaría antes de que pudiera siquiera acercarse al italiano.

–La verdad duele ¿No es así? –Preguntó al aire el jerarca. –Chris hablaba de cuánto anhelaba desmantelar la BSAA debido a las porquerias ilegales que se hacían en américa, también de cómo pasaste años estando secuestrada y que aun así decidiste regresar para quienes dejaron de buscarte.

Eran datos precisos como para ser investados por el sociopata que estaba recostado en la csamilla.

–Deberías estar usando la mascarilla para evitar otro lasos de vértigo. –Dijo Rebecca al acercarse a Karl.

–¿Que es el mold?

–Lo sabrás en su momento, mientras debo evitar que sufras de hipoxia.

–¿Tiene que ver con Mia e Ethan Winters?

La mujer de cabello corto colocó la mascarilla sobre la nariz y boca del paciente para que dejara de hablar y se estabilizara.

–Esto es realmente realmente decepcionante.–Dijo para sí mismo al dejar pasar las horas siendo monitoreado.

Era cambio de turno como daba a notar la luz natural fuera de las ventanas.

La doctora Duncan, el soldado asiatico y el hombre de rubio bajaban las escaleras. Los dos últimos salieron a resguardar el perímetro.

Keith bajó las escaleras después de pasar unas horas durmiendo para seguir la señal virtual de la BSAA de Norte américa o alguna pista que lo llevara a una respuesta sobre la muerte de Cetcham.

–Jane, necesito de tu ayuda. –Dijo Chambers mientras leía las notas de Duncan donde daba aviso sobre la condición de Karl al haber estado expuesto a metales pesados durante la mayoría de su vida.

Elizabeth se colocó guantes y cubrebocas para acercarse al area de la camilla.

–¿Qué debo hacer?

Rebecca se dirigió al hombre de cabello cano.

–Karl, necesito que dejes tomar una muestra de sangre.

La rubia abrió los ojos al escuchar la petición del paciente.

–Venga por ella, doctora. –Exclamó divertido al ver el miedo en el rostro de Attenborough.

–Claro, puedo supervisar la centrifugadora y revisar el plasma.

–Prefiero hacerlo personalmente.–Respondió al querer llevar a cabo el estudio de osmolalidad. –Toma la muesytra mientras preparo el material.

La mujer de uniforme médico titubeó antes de comenzar a buscar los tubos de ensayo, jeringa, agua y la liga para poder identificar la vena.

–No tardaron mucho en comenzar a usarme como conejillo de indias.

–Estire el brazo derecho, por favor. –Dijo Jane tomando la liga para hacer presión en el bíceps del jerarca.

Las cicatrices eran notorias en el cuerpo de Karl, cada rasguño, cortada y abrasión sobre su dermis había dejado una marca.

–No es lo que tu crees. –Respondió Chambers.

El paciente siguió las órdenes a regañadientes.

–¿Cómo puedo saber algo si nunca me dicen nada?

Mientras en la cocina Richter comenzaba a cocinar tres ollas de comida para los diferentes tiempos en los que el comedor se llenaba de gente.

–Agregue una porción más para el paciente. –Ordenó Parker al entrar a la cabaña.

–Si, Capitan.

La cafetera llena, el pan tostado y el arroz hervido eran parte de la dieta diaria donde trataban de consumir los carbohidratos necesarios para tener energía y sobrevivir al árido clima.

–¡Cuidado! –Se quejó Heisenberg haciendo que Attenborough saltara en su lugar tirando el tubo de ensayo esparciendo el líquido vital por todo el suelo hasta el punto de ensuciar su uniforme.

La rubia tomó de manera inmediata otro utensilio de vidrio para recolectar otra muestra mientras la aguja estaba conectada a la vena.

–Me gustaría un poco de Ciorbă de leguminosas para degustar. –Dijo divertido por la situación engorrosa en la que se encontraba la rubia. –Esta es la peor posada en la que me he hospedado, cariño.

–Te pido de favor que dejes de hostigar a mi personal. –Ordenó Chambers.

–Podría ver el televisor para distraerse.

La falta de respuesta le hizo entender que pasaría otro turno en silencio mientras las científicas realizaban sus tareas.

Otro día iniciaba y aun no ponía un pie fuera de la cabaña. La libertad tenía un sabor amargo a encierro.

La micología giró en su saco para dormir y notó la hora en el reloj de mano y notar que tenía tiempo para tomar un baño.

–Me alegra que estés despierta. –Dijo Chambers desde su lugar de descanso.

–¿Qué pasa, doctora Chambers? –Preguntó Liv al ponerse de pie y preparar su ropa de trabajo.

Rebecca pidió que se acercara.

–Tenías razón sobre tu teoría del envenenamiento de Karl. –Susurró para evitar ser escuchada fuera de la habitación.

–Mierda.–Declaró de manera involuntaria –Disculpa mi vocabulario.

Tapó su boca evitando importunar con la clásica halitosis matinal.

–Lo sé, los niveles de cadmio en su cuerpo son letales para cualquier ser vivo. Si así fue capaz de transformarse en esa Bow, generar un capullo que lo protegiera y mantuviera vivo durante días después de la explosion, generar un micelio regenerador de tejido y exudar latex para sanar su piel. No quisiera imaginar el potencial del paciente si estuviera sano.

–Pero lo estará al desintoxicarse en este lugar. –Dijo en voz baja la castaña.

Jill descubrió su rostro al escuchar las noticias.

–No podemos permitirlo. –Declaró con seguridad.

Bows conscientes y poderosas con su conciencia bajo bajo control era algo que no debian enfrentar en ningún momento de ser posible. Glenn Arias, Albert Wesker o Jack Normal eran ejemplos de esas mentes enfermas.

De nueva cuenta acababa de exponer al paciente debido a la poca experiencia de trabajar en equipo.

–Oh no, por favor. –Imploró luchando por no ser como Lucas Baker.

Rebecca entendía la mentalidad de Jill ahora que era la líder del Hound wolf, pero debía apelar al lado humano de la rubia.

–No, Jill.–Declaró Chambers.–Sería inhumano y cruel.

–Es por un bien mayor ¿Crees que Chris y Sheva me hubieran dejado el artefacto en el pecho solo porque podía lastimarme un poco?

–Pudieron matarte si alguna aguja desgarraba tu arteria. –Dicho Chambers en tono molesto.

–No es el punto. Karl es una Bow como en algún punto yo lo fui, debe ganarse la confianza antes de dejarlo recuperarse en su totalidad.

–Me niego en su totalidad, tu no eres así ¿Que hubieras hecho conmigo cuando estuve infectada con el virus A? También estaba cociente.

–Ahorita está pasando por ese envenenamiento, no es necesario intentar matarlo sin saber cómo va a reaccionar su organismo.

Jill respiró profundo al notar que su comportamiento la acercaba al proceder de Redfield.

–Lo haré si se presenta una emergencia y no hay otra salida. –Fue su propuesta para mediar.

–Si llega a mutar y se pone en contra del escuadrón.–Agregó la virologa.

Jill asintió en silencio.

–No arriesgaré la vida de gente inocente.

–Esto debe quedar entre nosotras, sé que Attenborough no pensaría dos veces en inyectar el contenido del termómetro en el torrente de Karl.

–Entendido. –Respondió Duncan al incorporarse antes de salir de la habitación.

Al bajar la castaña pudo observar al capitán del escuadrón en el comedor y a sus compañeros listos para dejar el turno.

–Deseo tanto poder fumar un puro. –Dijo Karl desde la mesa.

–Aquí nadie fuma –Respondió Parker.

Los cuatro estaban jugando cartas para pasar el tiempo.

–Deben estar ciegos o no tener sentido del olfato.–Respondió con sarcasmo el jerarca. –Pero el señor limpiador de chimeneas y la pequeña bellota huelen a tabaco. –Dijo al referirse a Errol y a Liv.

Gibson alzó la ceja al sentirse descubierto, creía que al fumar con la ventana abierta era suficiente para cubrir el aroma.

Parker se encontraba extrañado al no entender las semejanzas de los sobrenombres con los sujetos a los que señalaba Karl.

–No sabía que estuviera prohibido hacerlo. –Expresó la micologa mientras servía una taza de café.

Era inverosímil el que se les pidiera evitar los cigarrillos dentro de la cabaña cuando el sistema de Karl estaba al límite con los desechos de la fábrica que lo habian envenenado durante decadas.

–No lo está. –Mencionó el italiano mostrando la mano ganadora. –Pero no me parece muy sano hacerlo cuando tenemos a un paciente bajo techo.

–Seremos más precavidos, capitan. –Dijo Liv al ponerse la bata de laboratorio y entrar de lleno a la habitación donde se encontraba todo el material de laboratorio.

–Eres aburrida. –Se quejó Heisenberg mientras revolvía el mazo de cartas para volver a jugar.

–No trabajo para hacerte reír. –Respondió al colocar el cubrebocas en su rostro.

Abrumada por la conversación entre las ex miembros de los STARS, Liv había decidido entrar de lleno a sus pendientes y evitar toda provocación para que Valentine no usara medidas drásticas.

–Capitan ¿Donde estaría en este momento de no estar en esta misión? –Preguntó Karl al dar seis cartas al italiano.

–Me gustaría renunciar a todo y vacacionar en una playa.

–Me agradaría tomar un whisky y fumar un puro de calidad. –Contestó el hombre de cabello cano. –Soy un hombre de gustos simples.

La rutina podía llegar a ser pesada para quienes no tenían el temple y paciencia para sobrellevar órdenes de manera constante.

Despertar, desayunar un menú precario lleno de carbohidratos y azúcares, mantenerse enfocado en la investigación o tarea impuesta, mantener custodiado al sobreviviente, comer y dormir. Ese era el itinerario para todo agente bajo las órdenes de Luciani.

Las pisadas en las escaleras sacaron de concentración a Rebecca, Jill y Liv.

–Karl imposibilitó a la doctora Attenborough y escapó del perímetro.

–¿Qué estás diciendo? –Preguntó Chambers al ver correr al equipo BEP seguido de Richter.

–Se llevó uno de los autos.

–¿Estás bromeando? –Dijo la rubia al ponerse de pie y dirigir una mirada a sus colegas dando a entender que estaban en una situación de emergencia y que el plan de contingencia se llevaria a cabo.

Solo le dió tiempo de ponerse zapatos para la nieve para seguir a su lider.

–Usó sus habilidades para desarmar a Lumley a Heon. Pero solo pudo hacerlo durante un corto período de tiempo.

–¿Que haremos ahora?

–Richter y Lumley sobrevolaron la cordillera, mientras el resto del equipo BEP y yo iremos al pueblo.

–Iré con ustedes.

–No, debes quedarte por si regresa y las doctoras están desprotegidas.

Por más que Chambers fuera un agente entrenado, las secuelas del virus A no le permitían llevar un combate cuerpo a cuerpo durante largo tiempo.

Valentine apretó los puños buscando compostura y por desgracia, Parker tenía razón.

–Necesito que me mantengas al tanto de todo, Luciani. –Dijo resignada pero dando una orden.

–Claro. Mantén la radio encendida en el canal ocho para que sepas cuando estemos regresando.