Killing me inside.

–Dame un motivo para jalar el gatillo, hijo de puta. –Amenazó el latino apuntando con el láser de su arma.

Heisenberg alzó las manos mostrandose desarmado y al bajarlas hizo que las armas se soltaran de las manos de los agentes lanzandolas a los lados con su habilidad.

Azar no tardó en armarse con el karambit escondido entre su ropas, como Lumley en tomar el cuchillo de combate para servir de apoyo.

–Parecen bastante rudos y son solo dos contra mí. –Dijo con sarcasmo al mover las manos para guiar ambos cuchillos a los rostros de los agentes.

Estaban imposibilitados para pelear cuerpo a cuerpo al no poder usar sus armas blancas; cualquier movimiento en falso terminaría con el arma blanca incrustada en el globo ocular de Keith o en el cuello de Azar.

–Mierda. –Se quejó Lumley resistiendo por no soltar el cuchillo.

El hombre de cabello cano corrió en dirección del todoterreno subiendo al Jepp sin titubear encendiendo el motor. Tenía contado el tiempo antes de sentirse agotado por el esfuerzo que comenzaba cobrar factura en su físico.

–¡Capitan, Capitan! –Osvaldo tomó la radio para comunicarse con su superior aun sabiendo que esa hazaña le podría costar su vida, pero la señal era interrumpida gracias a Heisenberg.–¡Mierda! –Exclamó el latino mientras luchaba por no ser herido con su propia arma que presionaba sobre su cuello. –No irás lejos porque voy a cazarte, hijo de perra.

Pisó el acelerador evitando arrollar a los hombres, los dejaría vivos para que tuvieran que darle la noticia Parker y así el italiano supiera que esa benevolencia con la que actuaba era una pérdida de tiempo.

Hizo una reverencia en manera de burla a los agentes de la BSAA al avanzar frente a ellos para después dejarlos libres del magnetismo en sus armas.

En un inicio le costó entender el mecanismo del vehículo pero descifrar la función de las maquinarias estaban en su sistema, por lo que no tardó en disfrutar del poder de los caballos de fuerza en el todo terreno.

–Si, ¡Si! –Exclamó emocionado mientras aumentaba la velocidad al manejar.

La adrenalina era lo que mantenía a flote su sistema que había llevado al límite. Había ganado la lucha contra el sistema.

El viento helado sobre su rostro, el poder manejar a través de una carretera pavimentada y el ver edificaciones diferentes a lo que era la aldea.

Tenía las manos pegadas al volante mientras trataba de encontrar la manera de mantenerse estable y a flote de sus miedos que comenzaban a arrastrarlo al fondo de sus pesadillas.

No podía encontrarle sentido a su inestabilidad súbita, estaba siendo guiado por un sentimiento ciego de angustia.

A los pocos minutos de manejar pudo identificar el pequeño pueblo del que tanto hablaban los soldados, era el lugar al que ocasionalmente visitaban para comprar suministros.

Las pisadas en las escaleras sacaron de concentración a Rebecca, Jill y Liv quienes descansaban de sus actividades.

–Karl imposibilitó a la doctora Attenborough y escapó del perímetro. –Fueron las primeras palabras dichas por Luciani quien estaba en cuclillas dirigiéndose a Valentine.

Rebecca estaba atónita, no podía creer lo que escuchaba a tempranas horas del día.

–¿Qué estás diciendo? –Preguntó Chambers al sentarse en su lugar mientras veía correr al equipo BEP seguido de Richter.

–Se llevó uno de los autos. –Continuó explicando la complicada situación.

–¿Estás bromeando? –Dijo la rubia al ponerse de pie y dirigir una mirada a sus colegas, dando a entender que estaban en una situación de emergencia y que el plan de contingencia se llevaría a cabo. –Si es así, no es gracioso.

Parker negó en silencio, se notaba la decepción en su mirada y era algo de lo que se culpaba. Le había dado muchas libertades a Heisenberg y eso terminó en sus agentes casi heridos de gravedad.

–Usó sus habilidades para desarmar a Lumley a Heon. Pero solo pudo hacerlo durante un corto período de tiempo. –Declaró antes de dirigirse a la entrada del dormitorio. –Esperemos que no haya ido lejos y poder traerlo de regreso.

A la rubia solo le dió tiempo de ponerse zapatos para la nieve para ir detrás de su líder.

–¿Qué haremos ahora? –Preguntó Rebecca mientras procesaba la información. –¿Cómo se encuentran ellos? ¿Necesitan atención médica?¿Debemos ponernos en contacto con la HQ?

Parker y Jill pensaron inmediatamente en el mensaje de la base que había llegado apenas unas horas antes. Los altos mandos estaban preocupados por la situación del escuadrón por lo que habían mandado un aviso de que serían apoyados por un equipo de rescate para cerciorarse de la integridad del escuadrón estuviera en óptimas condiciones.

Estaban a horas de que el departamento del Hound wolf fuera cerrado y ahora Jill como Rebecca fueran investigadas por su relación con Chris Redfield. También el que Parker perdiera su trabajo como líder de la BSAA Europa al no haber informado sobre el bioterrorista Karl Heisenberg.

Estaban jodidos de todas maneras posibles y más ahora con la responsabilidad de encontrar a Karl.

–Richter y Lumley sobrevolarán la cordillera, mientras el resto del equipo BEP y yo iremos al pueblo.

–Iré con ustedes. –Exclamó Jill al amarrar su cabello.

–No, debes quedarte por si regresa. –Respondió Parker al tomarla de los hombros para calmarla. –No podemos dejar desprotegidas a las doctoras.

Por más que Chambers fuera un agente entrenado, las secuelas del virus A no le permitían llevar un combate cuerpo a cuerpo durante largo tiempo.

Valentine apretó los puños buscando compostura ya que por desgracia, Luciani tenía razón.

–Necesito que me mantengas al tanto de todo, Parker Luciani. –Dijo resignada pero dando una orden con un trasfondo fraternal.

–Claro. –Respondió mostrando una sonrisa. –Mantén la radio encendida en el canal ocho para que sepas cuando lo hayamos encontrado y estemos en camino de regreso.

Esa expresión le hizo sentir confianza a la rubia y algo de preocupación, era la misma sonrisa mostrada segundos antes de que Parker se hubiese dejado caer a su suerte en el Queen Zenobia.

–Cuidate, por Favor.

–Todo estará bien, Jill.

La niebla se había disipado entre la carretera y el camino al pueblo por lo que Karl optó por estacionar el todoterreno casi a la orilla del mismo y así dificultar el trabajo a quien quisiera rastrearlo.

La vista era tan diferente a lo que recordaba de la aldea, los colores, los olores, las texturas y edificaciones. Era redescubrir el mundo.

Al aroma apetecible que emanaba una panadería le hizo sentir hambre, llevaba años sin sentir esos olores agradables al sentido del olfato. No mataría por una hogaza de pan, no por el momento.

Se acercó al establecimiento para ver que tenía una fila de comensales listos para comprar el pan recién hecho.

No esperaba encontrar personas a tan temprana hora del día, era algo que no había previsto. Era tan diferente a la villa donde ver gente era prácticamente imposible.

Un empujón suave le hizo salir de sus pensamientos.

–Disculpe, señor. –Dijo un joven quien le recordó al impertinente Oscar, uno de sus primeros experimentos. –No fue mi intención chocar contra usted.

Flashazos de la fábrica y sus ensayos usando el cadou se hicieron presentes. Las filas de cadáveres siendo consumidos por el agente funjico mientras reaccionaba involuntariamente gracias a los motores injertados por él.

–No importa. –Respondió de manera seca para seguir con su camino lo antes posible.

Algo andaba mal.

Se sentía observado y eso lo aterraba, ya que estaba al tanto de que esa mirada no era de alguna persona.

Caminó a través de la avenida principal hasta adentrarse en un callejón buscando unos segundos de silencio, estaba abrumado por todo lo que lo rodeaba.

La risilla característica que rondaba su conciencia se hizo escuchar con eco entre las calles.

–Llevabas tiempo sin aparecer, perra. –Musitó dando motivo de su alucinación al cansancio y falta de alimento en su sistema.

–¿Me extrañaste? –Dijo la voz infantil haciendo eco en el callejón.

Heisenberg se inclinó usando sus habilidades para comenzar a recolectar monedas de los lugares más recónditos del lugar fingiendo no prestar atención a la presencia.

–Ni un solo segundo.

–No eres nada sin mi.–Respondió dejando que el viento llevara su voz hasta el oído del hombre de cabello cano. –¿Donde iras ahora que todos te buscan? Te matarán en cuanto te encuentren.–Volvió a soltar una risilla. –Y cuando eso pase, serás parte de todos nosotros.

Necesitaba un tabaco lo más antes posible.

Se levantó llevando los leis recién recolectados al bolsillo del pantalón para salir del callejón sin mostrar expresión alguna por el encuentro reciente.

Trataba de encontrar el camino al bar del que tanto hablaban los soldados, guiándose por el recuerdo de aquella conversación entre los agentes de la BSAA. Debía estar a mitad del pueblo al ser el punto de encuentro de los trabajadores de las fábricas a las afueras del pueblo.

Le era imposible no imaginar lo que pudo ser la herencia de su familia si tan solo Madre Miranda no se hubiera apropiado de la villa años atrás.

Las mujeres bajaron las escaleras creyendo ver la situación controlada por los agentes.

–Que irresponsables fueron al dejar a Elizabeth. –Se quejó Chambers al ver a su colega inconsciente aun en el suelo. –Doctora Duncan, cuando gire a Jane, debes alzar sus piernas a una altura que esté arriba de su pecho.

Ambas se hincaron a los pies y la cabeza de la rubia.

–Entendido. –Respondió la castaña.

La pérdida de conocimiento que duraba más de un minuto en el ámbito médico siempre era preocupante ya que reflejaba trasfondos complejos como daño cardiaco o neurológico.

–Respira con normalidad, no presenta ningún golpe visible por la caída. –Acercó un algodón empapado en alcohol a la nariz de Attenborough.

Jane comenzó a hacer muecas y al abrir los ojos dió un sobresalto en su lugar como si se quisiera alejar de quienes la rodeaban.

–¡No te levantes! –Exclamó Liv quien había sido pateada por la zoologa.

Jane tardó en asimilar que se encontraba a salvo mientras era atendida por sus compañeras.

–¿Qué pasó?–Preguntó aturdida.

–Karl Heisenberg escapó.– Dijo Chambers al levantar lentamente a la rubia.

–Fue mi culpa. –Respondió al masajear su nuca.

–Seguramente llevaba días planeando esto, no fue culpa de nadie. –Respondió Jill pendiente de la puerta principal esperando que sus compañeros dieran señal de vida o noticias positivas.

–¿Él te atacó? ¿Quieres que te revise? –Preguntó la virologa al comenzar a iluminar la mirada de su colega para hacer una evaluación de sus reflejos.

–Hizo explotar las lámparas y los monitores, estoy segura de que quiso matarme de un paro cardiaco.

Liv soltó una risilla mientras destapaba una botella de agua.

–¿Qué te parece gracioso, Duncan? –Cuestionó la mujer atacada por el jerarca.

–Fue el segundo al mando en una aldea llena de BOWS. Te habría aniquilado sin dudarlo, si ese era su plan desde el inicio. –Dijo al entregar el líquido vital en la mano de la zoologa.

–¿Entonces por qué me eligió si pudo ser cualquiera en esta cabaña?

–Te identificó como el integrante más débil del lugar. –Dijo Jill al tomar el comunicador y dar la espalda a las mujeres. –Lumley ¿Tienen algún reporte preliminar de la búsqueda y rastreo por aire?

–Jill, no hay señas del sobreviviente en la cordillera, revisaremos la villa para poder registrar ese perímetro.–Habló Lumley debido a que Richter se encontraba piloteando el helicoptero.

Era una terrible idea, el mismo gobierno les había dado una cantidad de horas libres de rastreo por parte de las autoridades. Tiempo que había caducado días atrás.

–Seguramente hay soldados investigando el lugar, es poco probable que Heisenberg huyera en esa dirección. –Ordenó al pensar que no era imposible esa posibilidad –Avancen con discreción.

–Entendido.

El vehículo ocupado por los agentes entró al pueblo identificando el todoterreno sustraído por Heisenberg.

–Pudo haber tomado un autobús o tener de rehenes a una familia. –Declaró Heon.

Luciani desde el lugar del copiloto observó la escena, Karl había aprendido rápido el manejar un auto moderno y a deambular por el pueblo.

–Puede usar como arma cualquier trozo de metal.–Dijo Azar recordando el ataque del que fue víctima. –No podemos dejar que vaya lejos.

–Heon y yo comenzamos a buscar a la antigua, haremos preguntas a los lugareños. Azar y Gibson seguirán la búsqueda desde el Jeep. –Ordenó el italiano bajando del todoterreno. –No se acerquen a él, debemos estar todos reunidos para poder hacerle frente y evitar que personas salgan heridas.

Los hombres dejaron sus armas dentro del auto para evitar llamar la atención de los habitantes. Por mucho que algunas personas hubieran visto a Heon o Richter, los aldeanos eran celosos contra los extranjeros.

–Entendido, capitán. –Respondieron al unisono.

Por fin llegaba al Moon tavern. Por algún motivo el nombre le hizo sentir en casa.

Había imaginado más rústico el lugar, pero mientras hubiera buen alcohol no se quejaría del establecimiento. Las miradas no tardaron en centrarse en el hombre de cabello cano quien caminó en dirección de la barra.

La vista se centró en la esquina del bar donde la figura negra permanecía de pie como si estuviera esperando al jerarca.

–No estoy muriendo como para comenzar a verte y aun no estoy lo suficientemente ebrio como para callarte, perra loca. –Dijo al tomar asiento donde se pedían las bebidas.

–¿Dijiste algo? –Preguntó el cantinero saliendo de debajo de la barra con un tarro de vidrio en la mano.

Risillas poco discretas se escucharon dentro de la taberna.

La angustia le hace creer ver sonrisas falsas, gritos sin sentido mientras era juzgado por los pueblerinos. Se sentía fuera de lugar.

–Sirve lo más fuerte que tengas.

–Tengo vodka, tequila, whisky, palinka… –Dijo el bartender al revisar la lista de alcohol.

–Sorprendeme.

Heisenberg vió al dios negro en forma de niña con ojos amarillos reflejada en la vitrina de licores.

–Estas solo, eras nada sin mi y ahora lo confirmo. –Dijo la voz infantil.

Estaba derrumbado, cayendo a pedazos la poca cordura que le quedaba mientras se perdía en su mente víctima de sus propios demonios.

Miranda se había asegurado de estarlo matando por dentro sin darle la oportunidad de dejar de existir yéndose en paz.

El vaso de licor fue servido para que Karl lo ingiriera de manera inmediata.

–Vuelvelo a llenar.

–Bien. –Respondió el cantinero con la botella de vodka en mano. –¿Tienes para pagar?

Karl alzó la mirada sonriendo de lado, estirando la mano para dejar caer una montaña de leis.

–Quedate con el cambio.

Sentía estar perdiendo la cabeza debido a la presencia de aquella figura que lo atormentaba desde que tenía memoria.

Luciani se encontraba frente a la panaderia rustica viendo la variedad de cozonac, mamaliga, pasca y otras recetas tradicionales mientras preguntaba a los clientes por el hombre de cabello cano.

–Heon, pregunta si han visto a este hombre. –Declaró al mostrar su móvil y en el la foto del jerarca dentro de la aldea.

El asiatico hizo lo que le pidió su superior recibiendo una respuesta negativa de los lugareños.

–Señor, ellos no quieren hablar con ojos rasgados como los míos. –Respondió Jin. –Nunca lo encontraremos si seguimos así.

Parker hizo una seña en agradecimiento al hombre de mayor edad a quien trataban de interrogar.

–Sé que sigue aquí, solo no debemos dejar de insistir.

Heon asintió esperando la siguiente orden cuando el radio de ambos comenzo a sonar.

–Aqui Taboo con excelentes noticias, encontramos al hijo de puta.

Ambos hombres se alejaron de la gente para poder hablar con libertad.

–Digan su posición.

–Moon tavern, mandaré la ubicación a Wil. .

–Vamos en camino. No hagan ningún movimiento hasta estar seguros de como proseguir. Karl podría desviar los disparos y herir a gente inocente.

–Bien.

Heon al recibir el mensaje de su compañero, señaló la dirección para dirigirse. Ambos hombres acomodaron sus abrigos para deambular entre la ventisca fría mientras avanzaban.

–¿Que hacían esos idiotas frente al bar?

–Lo que cualquier hombre cuerdo en nuestra situación haría, tratar de olvidar lo que estamos pasando.

–Estamos en una misión. –Respondio Wil. .

–No dejamos de ser humanos.

–Redfield durante su tiempo en Edonia puede explicarnos sobre eso.

–Sé que Chris recibirá un señalamiento por parte de la organización a medida de sus fallas. No estoy aquí para cubrir sus huellas si es que hizo algo incorrecto en este lugar.

–Aun hay muchas dudas que resolver, capitan. No me haga desconfiar de usted.

Al llegar a la edificación frente al bar comenzaron a subir las escaleras hasta llegar a la terraza donde los esperaban Gibson y Azar mientras comenzaban a armar el rifle de mira infrarroja.

–Se encuentra frente a la barra, hay mínimo quince personas incluyendo trabajadores.–Informó Errol.

–Es imposible disparar desde esta distancia y más si el disparo lo pone en alerta. –Dijo Osvaldo sin despegar la vista de la mira.

–Iré por él. –Declaró el italiano dejando sorprendido a todo su escuadrón.

–Debemos avisar a Jill. –Insistió Heon para que la segunda al mando supiera de los planes del líder.

–No lo harán, si algo sale mal, Valentine los pondrá a salvo.

El italiano bajó las escaleras saliendo del edificio y así caminar en dirección del bar.

La puerta se abrió pudiendo identificar a Heisenberg bebiendo en la barra.

–¿Puedo sentarme? –Preguntó a espaldas de Karl.

Ese acento europeo y el tono afable le hizo saber que había sido descubierto.

–Adelante.–Respondió señalando el banco contiguo.

Tomó una bocanada de puro que sostenía vertiendo las cenizas en el cenicero puesto en la barra.

–Creímos tardar más tiempo en encontrarte, me alegra de que no fuera así.

Heisenberg tenía la mirada fija a la nada. su expresión no reflejaba nada.

–Traté de huir lejos y no supe a dónde ir.

Parker escuchaba atento al hombre que lo había perdido todo.

–Debes estar pensando que soy alguien patético. –Dijo en un tono desanimado.

–En realidad… –Hizo una pausa meditando sus palabras. –En este momento solo puedo pensar en cómo pudiste pagar la cuenta.

Heisenberg sonrió al llevar la bebida a sus labios.

–Usé mis habilidades para atraer metales pequeños esperando que la mayoría fueran monedas.

Luciani se mostró asombrado.

–Impresionante.–Exclamó al hacer señas para calmar a su escuadron. –También no dejo de pensar en cómo pudiste llegar al pueblo sin guía o mapa del lugar.

–Tus soldados hablaban de este bar como si fuera una de las siete maravillas del mundo.

–Espero que ese Whisky haya valido el que mis agentes están esperando órdenes para atacar.

Karl suspiro antes de contestar: –Lo único que nunca me abandonó en esa villa fueron los puros y el alcohol. Supe que debía venir a este lugar si conseguía mi libertad.

Estaba frente a un hombre devastado cuya sola existencia era suficiente para sí mismo.

–En ese caso déjame invitar el próximo trago. –Respondió al hacer una seña y llamar al cantinero. –Una ronda de lo mismo.

El bartender asintió agregando un vaso más a la barra.

–Deberías estar tratando de destruirme, soy una BOW como tanto mencionan la gente de tu equipo y el grupo de doctoras.

Las bebidas fueron servidas mientras Karl encendía otro puro para llevarlo a su boca.

–He visto de cerca el daño que hace el bioterrorismo.–Respondio con tristeza al recordar el caso de Rachel Foley y de Valentine. –No todas las bows son peligrosas, muchas de son víctimas de quienes juegan a ser dioses.

Se sentía confundido, lleno de ira y frustración. Aterrado de que su memoria fuera parte de la red neuronal de la mutomiceta, inseguro de su destino y aun con ganas de desaparecer.

–Me siento como la mierda todo el tiempo– Declaró con sinceridad. –Me hubieran dejado en ese lugar.

Debía desviar la atención del jerarca antes de que tomara medidas extremas sobre la existencia de quienes lo rodearan.

–Todos nos sentimos así en algún punto de nuestras vidas. Ya sea por hacer las cosas terriblemente mal o por no hacer nada.

Karl giró el cuerpo para hablar de frente con el italiano.

–Es muy jodido que el compañero de Redfield esté dándome consejos.

–Soy Parker Luciani. –Respondió el líder del escuadrón de la BSAA.

–Bien, Pastrami ¿Ahora que? –Preguntó hastiado.

–Karl, desgraciadamente lo que viviste nadie lo podrá borrar, no hay nada que se pueda hacer para desaparecer esa etapa de tu vida. No debes sentirte culpable, fuiste víctima de las circunstancias cuando eras un alma inocente.

Ahora el sorprendido era el hombre de cabello cano.

–¿De qué hablas?

–Escuché lo que dijiste entre dientes el otro día.–Respondió Parker. –Hundirte en tu propia miseria sería darle la razón a Miranda.

Heisenberg tomó su bebida para darle un gran sorbo.

–Pareces un experto dando consejos

–La experiencia habla de todas las veces que lo arruinaste en el pasado. –Declaró haciendo referencia a su historia dentro de la FBC y al confiar en Jessica.

–Eso lo entiendo–Respondió el sobreviviente alzando el vazo en dirección del italiano –¡Salud!

El choque de las bebidas al brindar resonó en el bar.

–¡Salud!–Respondió Parker. –No eres patético, en realidad creo que muy dentro de ti quieres hacer lo correcto.