IL DEMONE DEL PORTO

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1

El reencuentro de dos enemigos

(Riunione)

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Santuario, Atenas

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La puerta que daba a la habitación privada del cuarto templo estaba entreabierta, desde donde se encontraba recostado podía ver claramente cómo la luz se filtraba desde la ventana iluminando un poco el interior. Esa habitación, se decía, fue el sitio que lo vio gozar de diversos momentos extraños; en particular, cuando solía tener compañía.

Dejando un momento la puerta de la habitación se concentró en tratar de entender su situación actual pues, al parecer, estaba en el cuarto templo según logro ver dada la distribución del techo y las columnas adyacentes, así como en lo pulido de las paredes ya que ningún rostro en relieve se apreciaba. La pregunta era ¿qué hacía ahí? Estaba recostado en el frío suelo de piedra vestido como civil y no parecía haber nadie alrededor, tal y como sucedía cada mañana al abrir los ojos: nadie a su lado. La luz de la mañana comenzaba a filtrarse por las puertas del templo haciéndolo ponerse de pie lentamente notando un sobre blanco a su lado el cual levantó con cuidado y dudas.

—Una audiencia… —dijo despacio leyendo el destinatario en el sobre sin abrirlo— No tengo tiempo para estas tonterías —pensó fastidiado guardando el sobre en el bolsillo de su pantalón dirigiéndose a la habitación con pasos lentos.

La habitación estaba desolada y sus cortinas descorridas dejando ver claramente el vacío interior. La alcoba era amplia y algo oscura, nada colgaba de las paredes y solo unos cuantos objetos estaban en el librero careciendo de valor para el ocupante. Las cajoneras estaban cerradas sin objeto alguno encima. Todo era sumamente impersonal siendo la primera vez que el santo de cáncer reparara en ello.

—Pareciera que nadie ha vivido aquí en mucho tiempo —se dijo en voz baja cruzando el umbral de la puerta notando la caja de Pandora a su izquierda.

Tomó asiento en la cama hecha por un momento dejándose caer pesadamente, era mucho más cómoda que el suelo del templo bajo su espalda aunque no volvía su extraña situación mejor. Se giró a su lado derecho reacomodándose en el colchón buscando la almohada más próxima acercándola, deseoso por sentir algo suave entre sus brazos.

Cabe destacar que no estaba ansioso por compañía, tan solo su necesidad era tener algo suave que abrazar por unos momentos observando el vacío frente a él sintiéndose, francamente, agotado. Fatigado como nunca, como si hubiese vuelto caminando de algún sitio lejano. De pronto sintió deseos de dormir un buen rato, una larga siesta de la que no despertara jamás. Un sueño eterno y reparador.

A DeathMask jamás le había gustado despertar al lado de nadie luego de una larga noche de diversión. Nada había que lo enfureciera más que el encontrarse con una cara a su lado por las mañanas. Con frecuencia gustaba de solicitar al Patriarca compañía femenina y, casi siempre, le era otorgada cuando estaba disponible pues el Gobernante del Santuario gozaba de una gran cantidad de jóvenes hermosas a su disposición, algunas estaban reservadas para sí mismo y otras le eran facilitadas a sus hombres de confianza; estando el santo de cáncer entre ellos. Así, su acompañante temporal llegaba a las puertas del cuarto templo hacia finales de la semana por la noche.

Él las observaba llegar y cruzar la puerta hacia la habitación privada relamiendo sus labios apenas si aguardando un poco a que la chica en turno se removiera su túnica para meterse a la bañera. Deathmask siempre les solicitaba aseo previo al acto sexual, el aroma del jabón sobre la piel de sus amantes le excitaba más que el acto en sí no estando seguro del por qué. Una vez que aquel ritual estaba completo las llevaba a la cama intimidándolas, ofendiendolas y diciendo palabras soeces que, lejos de hacer de la experiencia algo placentero para las jóvenes, ellas terminaban cerrando los ojos derramando lágrimas amargas mientras el caprichoso joven se satisfacía en medio del pavor que su sola presencia les causaba.

Ese terror que le profesaban durante esas sesiones, lo excitaba aún más que el aroma del jabón.

No obstante una vez terminado el acto, ellas optaban por marcharse apenas este comenzaba a dormitar. El sentimiento de repugnancia al toparse con su rostro en la mañana era recíproco, pues la opinión que las jóvenes tenían del caballero dorado era igual, o peor, que la que este tenía de ellas. Al amanecer el santo de cáncer encontraba su cama vacía sin rastro alguno de la joven con quien pasó un par de horas la noche anterior. Había días en los que se sentía ligeramente frustrado por despertar sin un bello rostro a su lado, sin embargo la mayoría de las veces era lo mejor. Su única compañía era el techo sobre su cabeza, cada día, al abrir los ojos con los primeros rayos de sol que se filtraban a través de la pequeña ventana de la alcoba privada.

Solo en esos instantes, era cuando se giraba sobre las frazadas acercando una almohada para abrazarla por un rato antes de poner un pie fuera de la cama, así que la soledad ya era una amiga muy cercana. En alguna ocasión llegó a charlar sobre esto con su mejor amigo, y quizás el único, Afrodita quien observaba con suma desaprobación sus actitudes. El santo de piscis escuchaba en silencio negando con la cabeza y dando resoplidos de vez en vez.

—No deberías quejarte por que esas chiquillas huyan sigilosas de tu habitación —le decía observándolo con sus penetrantes ojos azules—. Escuché por los pasillos de la sala del trono que siempre las tratas muy mal, incluso, corriste a una de ellas a gritos de tu alcoba. La chica volvió llorando a las habitaciones del Patriarca y claro que todas las quejas llegaron hasta sus oídos.

—¿De verdad se quejó con su Excelencia? —inquirió con poco interés.

—Por supuesto. ¿Qué esperabas? Que te dieran una medalla por intimidar así a una de sus chicas especiales.

—Pues, he de informarte que no recibí ninguna llamada de atención —respondió Deathmask con desdén cruzándose de brazos mientras se recargaba fastidiado en la pared del doceavo templo.

—Es obvio que no te dirían algo al respecto, pero su Excelencia dio la orden de que apenas pudieran, las jóvenes salieran silenciosas de tu habitación a fin de evitar que alguna termine muerta en uno de tus arranques de ira.

—Nunca he tenido arranques de ira —añadió molesto apartando la mirada de su amigo para dirigirla al cielo nocturno salpicado de estrellas que los acompañaba esa noche—. ¡Todas ellas exageran, no son más que un montón de chiquillas lloronas! —dijo con desprecio.

—Si quieres otra clase de compañía sugiero que bajes a los poblados cercanos, pero tendrás que pagar por ella. O bien, podrías acercarte a las amazonas, pero creo que todas, o la gran mayoría de ellas, tienen prohibido intimar contigo.

—Vaya, resulta que todas las chicas me desprecian. Si que estoy jodido —su tono de voz se tornaba irónico mientras dibujaba una media sonrisa en sus labios.

—Que se refieran a ti como un amante aborrecible y abusivo no es bueno amigo. Sugeriría que estés solo por algún tiempo mientras esas habladurías terminan. Como consejo, trata de cambiar esa mala actitud.

Deathmask observó a su amigo por unos instantes. Afrodita, así como otros santos dorados, preferían mantener cierta distancia de las amantes ocasionales por diferentes razones: reputación, salud mental, malas habladurías, etc. El santo de piscis se vio envuelto en un escándalo por una amante tiempo atrás, dando como resultado su alejamiento de esa clase de relaciones enfocando su atención en sus jardines de rosas. Sin embargo, santos como Aioria gozaban de compañía excepcional, o bien otros como Milo y Shura eran sumamente discretos al respecto, tanto que no se sabía que ocurría en sus templos a puertas cerradas.

—Podría ser como Shaka —dijo burlón—, quizás el voto de celibato me venga bien.

—No caigas en extremos, solo mantente al margen de los problemas. ¿De acuerdo?

—Bien bien amigo, tú ganas. Me comportaré —replicó en tono de reproche.

A él no le interesaba la buena reputación, ni siquiera le interesaban las amantes, solo satisfacía el libido que su cuerpo exigía y eso era todo. El aroma de sus pieles y ese sentimiento al encontrar un vacío a su lado por las mañanas eran otra cosa, su origen era distinto no queriendo ahondar en eso por ahora. Dejó la almohada a su lado reacomodándose boca arriba mirando al techo por unos momentos escuchando el sobre en su bolsillo crujir débilmente.

—Es cierto —se dijo en voz baja—, la carta —se incorporó sobre el colchón sacando el sobrecillo blanco disponiéndose a leerlo con calma.

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Dos figuras cruzaban con pasos rápidos el silencioso santuario en dirección al templo de cáncer. Shaina iba al frente cubriendo ligeramente su rostro del brillante sol sobre sus cabezas, a pesar de que aun era temprano, el astro rey resplandecía como ninguno. Detrás de ella iba Shiryu, el santo del dragón, quien había decidido acompañar a la joven en una misión algo compleja: llevar a Deathmask ante la presencia de Atena, a fin de sostener una audiencia relativa al futuro del caballero dorado.

Todos alrededor de Saori predecían lo difícil que sería llevar al necio joven a la residencia de la diosa y hacer que la escuchara y aceptara lo que tenía que proponer.

—¿Crees que ya haya despertado? —preguntó el chico algo dudoso yendo pocos pasos atrás de la amazona.

—Me preocuparía más que se haya dado a la fuga con la armadura —decía Shaina con calma yendo escaleras arriba—. No lo conozco lo suficiente, pero las habladurías y su mala actitud durante la batalla de las doce casas dicen mucho de él.

—En la batalla contra Hades cambio un poco, así que espero no nos defraude y esté en su templo a la espera de nuestra llegada.

—Ojalá tengas razón.

Ninguno llevaba armadura pues, por órdenes de Atena, todo debía ser lo más pacífico posible. No obstante Shaina se había opuesto a esa medida enérgicamente, ya que Deathmask era uno de esos personajes que necesitaban algo de "persuasión" para cumplir mandatos. Si llegaban con él vestidos como civiles existía el riesgo de que aquel portara la armadura y quisiera agredirlos.

—Es una lástima que la diosa no haya accedido al uso de las armaduras o el cosmos para buscar a este hombre. Si no podemos razonar con él, no sé cómo haremos para llevarlo ante ella. Debimos traer una soga y un bozal, al menos —decía molesta refunfuñando.

—Tranquila Shaina, ya veras como lograremos razonar con él. Espero no haya inconvenientes —Shiryu aparentemente estaba calmado creyendo que podría manejar la situación en caso de ameritar otras medidas.

El dragón se había ofrecido a ir con ella al cuarto templo apenas supo que Deathmask sería el siguiente en la lista de entrevistados. Combatió con él en el pasado y sabía cómo contenerlo de ser necesario, no desconfiaba de Shaina pero el santo de cáncer era un hombre sumamente necio y orgulloso y siendo la cobra alguien más o menos igual, el dragón pronosticaba un desastre. Saori accedió a que acompañara a la amazona y entre los dos trajeran al caballero dorado ante ella hacia el mediodía.

Tras unos momentos más subiendo escaleras, llegaron al cuarto templo el cual parecía estar en calma y silencio. Shaina tenía un mal presentimiento ante tal quietud creyendo que sus sospechas eran ciertas y el santo dorado se había dado a la fuga. Ambos entraron en silencio yendo despacio a la alcoba privada pues la puerta estaba abierta.

—¿Deathmask, estás aquí? —Shiryu se adelantó un poco a la habitación encontrándose con que el ocupante del templo estaba de pie delante de la ventana con la carta de la diosa en la mano izquierda.

Recién terminaba de leer la misiva.

Shiryu hizo una seña a Shaina y ambos se plantaron detrás del santo dorado a la espera de lo que tuviera que decirles.

—En la nota no decía que alguien vendría a buscarme. Menos el que fuera mi enemigo y una amazona —decía con calma evitando mirarlos.

—Si, estás en lo correcto. No lo especifica —indicó la chica con calma—. Sin embargo, fue la diosa en persona quien nos solicitó venir a buscarte.

—¿Acaso ella no confía en que me presentare a la hora indicada en la carta? —inquirió Deathmask burlón dedicándoles una mirada irónica.

—Esas son las instrucciones que tenemos —repitió Shaina paciente.

—Ninguno lleva puesta su armadura —los recorrió de arriba abajo no encontrando ninguna señal de hostilidad ni presencia de cosmos en ambos— y tampoco llevas puesta tu máscara, chiquilla.

—Como te dijo Shaina, no hemos venido a pelear, solo queremos llevarte delante de la diosa. Ella necesita tener una audiencia contigo —indicó el dragón.

—El documento que me dejaron dice que "debo dejar la armadura en la caja de Pandora y salir del recinto llevandome todas mis pertenencias", ¿es correcto esto? —inquirió nuevamente desconfiando de ambos.

—Si, es correcto —respondió Shiryu con calma—. Nada de lo que dice el texto es falso, todo está escrito del puño y letra de la diosa. Todo es verídico.

—Bueno… —comenzó a decir dudoso— Si fuera falso, no estarías aquí o no apoyarías esta causa.

—Así es. Por favor, te pedimos te apresures a empacar tus pertenencias y prepararte para salir cuanto antes, ella te espera al mediodía —solicitó el joven mientras Shaina observaba la escena intrigada por la buena disposición que el santo de cáncer demostraba.

Deathmask recordó que había un reloj de pulsera guardado en una mesa de noche, deslizó la gaveta sacando el dispositivo corroborando la hora: apenas eran las diez. Contaba con dos horas para dejar todo listo y resolver algunas dudas.

—¿Por qué razón ella ha tomado esta decisión? —nuevamente les dedico una mirada de desconfianza y severidad observándolos de frente— A menos que me den una buena explicación, no iré con ustedes —respondió determinante haciendo que los dos chicos delante de él intercambiaran una mirada de fastidio.

—La diosa en persona te dará esa explicación —indicó Shaina diplomática—. Nosotros no contamos con esa información. Todas tus dudas serán resueltas apenas tengas la audiencia, debes saber que nada de esto es una farsa.

—Lo único que te pedimos es que nos acompañes. Los caballeros en las casas previas a esta ya tuvieron su respectiva audiencia —la chica noto como Deathmask cambiaba un poco su semblante al escuchar esto, ese as bajo la manga jugado por Shiryu ayudó mucho a que el hombre delante de ellos se relajara un poco.

—¿Mu, Aldebarán y Saga? —respondió sorprendido.

—Y Kanon también, él ya tuvo su audiencia. Después de ti Aioria, Shaka y los demás serán los siguientes.

—¿Dónde están los demás?

—En sus respectivos templos —indicó la joven señalando hacía el templo de Leo—, así como tú, los demás duermen y nosotros estamos a la espera de que uno a uno vayan despertando, lean la carta que la diosa solicitó les entregaran y acudan con ella a su respectiva audiencia.

—Todo está calculado, Deathmask —añadió Shiryu—, nada de lo que estamos informandote está fuera de los planes de Atena.

El santo de cáncer los observó por un momento intrigado por lo exacto y minucioso de las palabras dichas por aquel par de jovencitos, como si todo hubiese sido planificado con un detalle que le era difícil de creer. El no conocía a la diosa en persona, jamás había hablado con ella, el último dios que vio en vida fue Apolo quien los juzgo a los doce como si todos ellos le hubiesen servido en algún momento, cosa falsa ya que nadie conocía al imponente y hombre que los convirtió en roca.

—Bueno, ella podría resolver esa incógnita —se decía pensativo. Algo dentro de él comenzaba a tener miedo, iba hacia lo desconocido finalmente no teniendo idea de lo que le esperaba en esa audiencia. Trató de contenerse ya que no deseaba que sus dudas fueran visibles para los chiquillos frente a él.

¿Qué decisiones habrá tomado la diosa Atena para los doce caballeros dorados?

—El cosmos de Mu, Aldebarán y los gemelos no se siente por ningún lado —dijo de pronto percatandose de ese detalle— ¿es parte de los planes de la diosa?

—Es correcto —confirmó Shaina recargándose en una de las paredes de la alcoba por un momento—, eso también te será resuelto en la audiencia.

—Bien pues, ni hablar. Necesito unos minutos para estar listo, si no les importa ¿podrían salir de la habitación?

—De acuerdo —dijo la joven molesta regresando al interior del templo dando un largo resoplido.

—¿Cómo sabremos que no intentaras huir apenas nos demos la vuelta? —preguntó Shiryu clavando sus ojos azules en el que fuera su oponente en el pasado— ¿qué nos garantiza que cumplirás con las órdenes de Atena?

—Que mala fe me tienes —respondió Deathmask burlón—, te prometo que no huiré. De hecho me intriga lo que ella tiene planeado para mí. Así que, si no deseas que me retrase más, haz el favor de salir, pues tengo mucho que hacer antes de dejar el templo.

Shiryu terminó por acceder ante esas malas maneras ya que, prácticamente, el santo de cáncer les cerró la puerta de la habitación en las narices.

—Como quisiera molerlo a golpes por ser tan grosero y pedante —decía la cobra cruzada de brazos sin poder contener su enojo.

—Tranquila, por lo menos hemos conseguido que venga con nosotros al chalet de la diosa.

—Me sorprende cómo lo manejaste, se nota que lo conoces muy bien —agregó la joven sorprendida—. Tienes que darme lecciones de persuasión.

—No lo hiciste mal, pero este sujeto es un caso especial, hay que saber cómo hablar con él para convencerlo.

Ambos tomaron asiento en las escaleras más cercanas a la espera de que el ocupante del cuarto templo saliera y los siguiera cumpliendo su palabra.

Mientras tanto, Deathmask estaba en el cuarto de baño en medio de una ducha rápida pensando un poco en los sucesos. Había pasado de estar en el suelo del cuarto templo, sin saber ni cómo llegó ahí, a tener una audiencia programada con Atena en un par de horas. Sin embargo, le preocupaba la repentina desaparición de los cosmos de sus colegas de los tres primeros templos. Incluso el cosmos de Kanon, pensaba con dudas, ni toda la furia acumulada esos años de encierro en Cabo Sunion fue suficiente para evitar que se doblegara ante los dioses.

—¿Qué nos espera a partir de ahora? —se decía consternado pasando una toalla limpia por sus cabellos mojados.

Tras vestirse con lo que tuviera a la mano en las gavetas más cercanas, un pantalón casual y una camisa oscura, fue que revisó con cuidado lo que estaba en los muebles de la habitación. En el librero no había gran cosa, un par de tomos en las repisas que jamás abría y que podían quedarse en el olvido fácilmente, un reloj pequeño que no funcionaba y eso era todo. Salvo un pequeño portarretratos en el que había una fotografía vieja la cual sacó dejando el portarretratos vacío por ahí.

En las mesas de noche tampoco había objetos de valor salvo una cosa que llamó su atención al ser un objeto que jamás imaginó estaría oculto. Se trataba de una cajita de madera, algo similar a un joyero cuyos grabados no le eran familiares. Observando aquella pequeña cosa con curiosidad, se sentó en la cama por un momento retirando la tapa con cuidado encontrándose con un rosario de cuentas blancas el cual analizaba intrigado, ya que no tenía idea del por qué estaba oculto en su habitación ni de a quien había pertenecido.

—Perdona que te moleste —dijo Shiryu tocando la puerta—, pero debemos irnos ya.

—Vaya, que molesto eres —respondió Deathmask desde el interior guardando la cajita y la fotografía entre sus pertenencias.

Tras dar una rápida ojeada a las demás gavetas y muebles estaba listo para salir. No sin antes pasar sus dedos sobre la caja de Pandora, lo que más le dolía dejar estaba dentro de ella: la armadura dorada, la cual le costó tanto sufrimiento conseguir y que debía dejar atrás, al menos, por ahora. Lanzó un largo suspiro de tristeza saliendo de la habitación dedicando una mirada de molestia a los dos chicos que le esperaban impacientes.

—Ya voy, ya voy —decía fastidiado—. Estoy seguro de que la casa de la diosa no tiene piernas para moverse de su sitio.

—Debemos llegar puntuales —masculló Shaina entre dientes.

Los tres bajaron las escaleras con paso rápido mientras el santo de cáncer observaba el vacío a su alrededor, ni un solo cosmos en la cercanía, ni un solo aprendiz entrenando aquí y allá. Ninguna persona estaba en el Santuario sintiéndose totalmente desolado, como si nadie hubiese vivido ahí nunca. Ni un alma en las cercanías, solo edificios vacíos los rodeaban. Sin prestar más atención a eso, aceleró el paso para alcanzar a los otros dos que iban como almas que llevaba el diablo.

Al revisar su reloj de pulsera vio que ya pasaban quince minutos después de las once notando que iban con dirección a la ciudad.

—¿La audiencia no será en el templo de Atena? —pregunto intrigado.

—No —respondió Shaina nuevamente—, como verás el Santuario está vacío ya que la diosa solicitó que todos salieran de aquí hasta nuevo aviso. Las audiencias las lleva a cabo en su residencia privada.

—¿Residencia?

—Si, está un poco lejos por eso la prisa por salir a tiempo ya que debemos buscar un autobús para llegar puntuales.

Deathmask los observaba deliberar sin saber a donde pretendían llevarlo, estando a punto de protestar fue que llegaron a la parada del autobús más cercana.

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Iban el autobús con dirección a quien sabe donde ya que no deseaba revisar el mapa que iba adjunto en la carta, de hecho el documento se había quedado en lo profundo de su valija y no deseaba buscarla ahí mismo, en medio de la incomodidad del transporte. No quedaba otra alternativa que confiar en Shiryu más que en Shaina, aquella joven no le inspiraba mucha confianza pese a haber estado entre las favoritas del antiguo Patriarca al menos una temporada.

Shiryu iba sentado al lado del santo dorado observando al hombre a su lado de vez en vez, parecía ir calmado y metido en sus pensamientos lo cual era bueno ya que haría de ese breve traslado algo tranquilo. Solo quedaba esperar a que se comportará correctamente delante de la diosa, debiendo estar atento a sus movimientos apenas la diosa le transmitiera toda la información concerniente a su futuro.

—Espero que no cause problemas —pensaba el joven dragón mirando a Deathmask de soslayo notando como este dormitaba un poco—, como quisiera saber qué pasa por su mente. Me es tan difícil descifrarlo. De verdad, espero las cosas salgan bien y no cause problemas.

Lanzó un largo suspiro cerrando los ojos por unos momentos antes de llegar a su destino.

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Continuará…

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*Notas: Mi primera historia dedicada a Deathmask, espero les guste.