IL DEMONE DEL PORTO
.
2
La audiencia con la diosa
(L'incontro)
.
Deathmask estuvo durmiendo gran parte del trayecto a la casa de Atena no pudiendo evitarlo pues se sentía agotado, verdaderamente cansado, tan solo bastó con que su cuerpo tocara el incomodo asiento, para que la fatiga se apoderara de él siendo llevando a los brazos de Morfeo en cosa de breves instantes. Shiryu, por el contrario, no quería cerrar los ojos ni por un momento hasta que escuchó que el hombre a su lado dormía profundamente. Al principio creyó que su sueño era plácido, sin embargo, por momentos le parecía que este se agitaba dormido en lapsos muy cortos de tiempo.
¿Tendría pesadillas acaso?
El dragón lo tocó suavemente en un hombro esperando que despertara o dejara de soñar, pero no lo consiguió Deathmask continuaba teniendo ligeros espasmos.
El caballero de cáncer veía imágenes inconexas en su mente, en esas imágenes, sabía que estaba recostado en una mullida cama en medio de una habitación repleta de objetos variados. A su lado estaba una mujer dormida también, nunca había conseguido ver su rostro en esas visiones borrosas que tan frecuentemente se presentaban en sus sueños, tan solo lograba distinguir que su cabello estaba sobre la almohada confirmando que el color de este era idéntico al suyo. Dentro de ese mundo onírico, el santo de cáncer sabía que apenas era un niño y que estaba recostado en medio de la mujer y de otro chico mayor con el que guardaba gran parecido.
Dentro de aquel mundo, el pequeño Deathmask giró a su costado derecho encontrándose con el brazo de la mujer dormida al cual se aferró enseguida sintiéndose reconfortado y seguro. Como si, al estar a su lado, nada malo pudiera ocurrir, siendo ese punto exacto del sueño en el que despertaba.
Al abrir los ojos, se encontró con el respaldo de un asiento de autobús justo frente a él, a su derecha estaba la ventanilla del transporte que le mostraba que iban por una soleada y concurrida carretera hacia alguna parte que no lograba recordar. Se desperezó rápidamente notando que Shiryu estaba a su lado izquierdo.
—Llegaremos dentro de poco —indicó el dragón con calma evitando hacer otras preguntas.
—¿Hay alguna explicación del por qué la Diosa desee vernos en un sitio tan lejano? —pregunto cáncer con algo de molestia.
—Si, pero te lo dirá ella en persona. Créeme que todo esto que estamos haciendo tiene una razón de ser. La persona idónea para explicar que sucede es ella. Ten un poco más de paciencia.
Deathmask sabía que no lograría sacar más información a Shiryu asi que, deseoso por saber algo más, algún detalle que se le hubiera escapado, fue que sacó la carta enviada por la joven Atena. Con cuidado desdobló el papel arrugado repasando el texto una y otra vez.
"Apreciable Deathmask de cáncer:
Por medio de la presente, le comunico que es necesario que tome las pertenencias que tenga en la cuarta casa y abandone el recinto antes del mediodía de hoy. Así mismo deberá renunciar a la posesión de la armadura de oro, a su rango y dejar la armadura en su respectivo templo dentro de su caja de Pandora.
La razón de esta decisión le será informada en la audiencia que tendrá lugar el día de hoy al mediodía. La ubicación del lugar donde se encontrará conmigo está descrita en el mapa contiguo.
Se le pide de la manera más atenta que no llegue tarde a la cita puesto que es indispensable su presencia para discutir temas importantes relativos a su futuro.
Atentamente,
Atena"
No decía más, el texto de esa carta era tan escueto que difícilmente se podía obtener más información respecto a la famosa "audiencia", aunque el contenido del documento podría prestarse a malas interpretaciones. Como que todo fuese una farsa y le esperara una emboscada en la supuesta casa de la diosa, ese escenario y su consecuente consternación lo acompañaron un buen rato hasta que, con el pasar de los minutos, consiguió calmarse un poco analizando el mapa hecho a mano dibujado en la siguiente página.
Al revisar el mapa con cuidado, noto que el sitio marcado con la cruz estaba ubicado en algún punto al norte de la ciudad, parecía estar al pie de la montaña y en medio de los frondosos bosques ubicados a los alrededores. Debían salir por la gran carretera principal hasta llegar a la parada de autobús indicada y luego recorrerían un sendero hasta la residencia de la diosa. Todo parecía ser verídico, se dijo un poco más calmado, devolviendo el documento al interior del bolsillo de su pantalón ignorando por completo a sus dos acompañantes quienes ocupaban el asiento al lado suyo y uno al frente.
Un momento más tarde, los tres descendieron del autobús caminando con paso rápido por el sendero que llevaba al interior del bosque apreciando las faldas de una colina en la lejanía. Pese a que sus dos acompañantes mostraban una actitud cordial aunque distante, Deathmask no bajó la guardía en ningún momento pues sus instintos le decían que nada era lo que parecía ser. Recorrieron el sendero por varios minutos más hasta que el camino los llevo hasta una residencia de dos pisos muy amplia, sus paredes blancas estaban coronadas por un techo de teja oscura a dos aguas y unos bellos jardines la rodeaban.
—Es aquí —anunció Shaina adelantandose para tocar el timbre.
Shiryu observó al santo dorado con recelo por unos segundos, esperaba que supiera comportarse delante de la Señorita Saori evitando armar alboroto alguno, al tener clavados sus ojos en él noto que este miraba con especial interés las cámaras de seguridad ubicadas en puntos importantes en las paredes de la fachada. Como si nunca hubiese visto esos aparatos en otros sitios y le fuesen totalmente nuevos.
—Que bien que llegaron —Tatsumi apareció por el portón seguido de Jabu quien observaba sorprendido al recién llegado—, adelante. La diosa los espera en la sala de visitas.
Deathmask fue conducido a la sala directamente, sin cruzar ninguna otra habitación, notando la presencia de dos o tres caballeros de bronce quienes le devolvían una mirada de desconfianza. Al llegar a la sala de visitas noto que una joven de cabellos color lila estaba sentada en el sillón más amplio del salón. Su cosmos era cálido y lleno de un dulzor que el santo de cáncer encontró empalagoso y chocante. Trató de mantener una actitud neutral haciendo una reverencia por protocolo delante de ella, así como había hecho con otros tantos dioses en el pasado.
La joven dio una señal a la comitiva que los miraba con aprehensión para que uno de ellos cerrara la puerta ya que debía charlar en privado con el invitado. Shiryu cerró la puerta como le fue ordenado aunque, tanto él como Shaina y Jabu, se quedaron inmóviles al otro lado pues desconfiaban totalmente del santo de cáncer y sus intenciones.
Tras cumplir con el protocolo, Deathmask tomo asiento delante de la joven a la espera de lo que tuviera que hablar con él. La dejaría hablar sin hacer preguntas hasta que terminara, solo entonces ella escucharía todo lo que tenía que decir.
—Me parece que es la primera vez que nos vemos en persona, ¿no es así Deathmask? —Saori Kido lo miró con dulzura sin recibir una respuesta. Llevaba puesto un vestido muy sencillo color rosa pálido y sus zapatos blancos—. No era necesaria la reverencia. ¿Te ofrezco un café o un té? —ella continuaba mirándolo sumamente amable aunque sin ocultar su cosmos en ningún momento.
—No se moleste, no es necesario —respondió hermético observándola con detenimiento cruzándose de brazos.
Era la primera vez que la veía en persona no sabiendo qué esperar de una chica tan joven, tan inexperta y víctima fácil de cualquiera que intentara invadir su tierra. La calidez de su cosmos no era lo que parecía, pensó con calma, era la clara señal para los que estaban al otro lado de la puerta que todo estaba en orden pues, si ese cosmos se alteraba, entonces los santos presentes entrarían y no mostrarían piedad.
—Hay varias cosas que necesito discutir contigo, Deathmask. Así como lo he hablado con los cuatro caballeros que se presentaron antes que tú —dijo ella directamente—. Supongo que lo primero que te has de estar preguntando es la razón de la carta en vez de mandarte llamar directamente desde los salones del Patriarca.
—De hecho así es, fue lo primero que me pasó por la cabeza —continuó hermético.
—Pues bien, tiene una razón de ser así como la ubicación de esta casa, todo está estratégicamente planeado. Comenzaré por el principio —decía la joven sujetando la taza de té sin dejar de mirarlo.
Aunque la joven diosa tenía una mirada penetrante, que parecía atravesarlo de lado a lado, este mantuvo su postura impasible sin moverse ni un centímetro.
—Después de la última batalla con los dioses Apolo y Artemisa, tuve una audiencia muy larga con los demás dioses del Olimpo como bien has de recordar —él solo asintió con la cabeza— en esa audiencia remarque el hecho de que cualquier dios que llega a la tierra hace uso de las almas de mis caballeros como mejor le place: los reviven y matan a sus anchas y por supuesto que me manifesté cansada de esa situación; ustedes no son recursos desechables. Por si alguna vez te has preguntado el porqué mueren y reviven así nada más.
Deathmask solo asintió levemente sin añadir palabra alguna.
—Lamentablemente, se me indicó que cualquiera podía hacer uso de los recursos de la Tierra como mejor le pareciera, incluidos mis caballeros entre esos recursos, así que para evitar que se metan con ustedes de nuevo tuve que hacer varias negociaciones con el mismo Zeus en persona.
—¿Negociaciones?
—Sí, entre las directivas que recibí me comprometí a liberarlos de sus servicios al Santuario, de esa forma nadie más tendría ningún poder sobre sus cuerpos o sus almas.
—Por eso nos pidió que dejáramos el lugar y renunciáramos a la armadura.
—Precisamente, el renunciar a la armadura los vuelve más cercanos a personas ordinarias y los dioses no tendrían interés en querer revivirlos para sus diversos fines. Asi que para garantizar que los santos restantes se borraran del mapa de los dioses, ordene la salida de todo caballero del Santuario hasta nuevo aviso.
—Por esa razón estaba todo desolado —pensó el joven.
—A juzgar por tu actitud pensativa, creo que ahora entiendes mejor mi postura —dijo ella tristemente—. Yo no quería dejarlos ir porque tengo mucho aprecio a todos mis caballeros, pero debía impedir que siguiera esta ola de muerte- resurrección a la que los han tenido sumidos. Especialmente a Ustedes los caballeros de oro.
—¿Habrá alguna indicación a partir de este momento? —pregunto Deathmask escéptico y pensativo.
—Lamentablemente, tuve que pensar en un plan que garantizara que no volverían a acercarse al Santuario, ni a participar en ninguna batalla en lo que les quede de vida.
—¿Eso qué significa? —inquirió Cáncer sin cambiar su tono de voz.
—Quiero decir, Deathmask. Que las batallas que se libren en el futuro ya no les concernirán a ninguno de Ustedes.
—En pocas palabras —recapituló Deathmask—, si otro dios aparece y ataca el Santuario, tenemos que quedarnos de brazos cruzados y dejar que otros vayan al campo de batalla sin interferir. ¿Es correcto?
—Así es —confirmo la joven—, básicamente es eso que mencionas.
—¿Y quiénes son los que protegeran el Santuario a partir de ahora?
—El Santuario estará desocupado hasta nuevo aviso. Bajo mi proteccion estaran los santos de bronce y las amazonas.
—Ya entiendo. ¿Y qué más tienes que decir? —continuó hermético dejando a Saori sin saber qué pensar por unos instantes, claramente no estaba preparada para sus malos modos.
—Tengo dos tratos que proponerte —dijo ella seriamente—, te pido que escuches con atención antes de decir nada. El primero de ellos consiste en darles a ustedes la oportunidad de vivir una vida normal a partir de este momento; te puedo garantizar que será cien por ciento normal ya que para eso deberé sellar tu cosmos y reconstruir tu memoria, no podrás recordar que fuiste caballero ni que estuviste en el Santuario pero podrás recordar a toda la gente que conociste.
—Sellar mi cosmos —repitio algo asombrado.
—Así es, te valdrás de las habilidades propias de una persona ordinaria y podrás llevar una existencia tranquila viviendo en el pueblo más cercano a este chalet; claro que esto conlleva a que no podrás recodarme tampoco, no sabrás que los dioses existen.
—¿Reconstruir mi memoria? —repitio sin entender esto último.
—Si, hay otro trato que…
—Un momento —la interrumpió—. Me estás diciendo que, para salvarme de los dioses malignos tienes que sellar mi cosmos, ¿es correcto?
—Asi es —respondió la joven un poco molesta por la interrupción y algo asustada por la dirección que parecía tomar la conversación.
—Bien, eso tiene sentido ya que no seremos presa fácil de nadie y eso explicaría la "desaparición" de Mu, Aldebarán, Saga y Kanon —reflexiono por un momento—. Estoy de acuerdo con esa parte, lo que no me queda claro es por qué tienes que reconstruirnos la memoria, ¿qué harás con nuestros recuerdos exactamente?
—Tan solo es una medida para sacar de tu mente que el cosmos existe, que los dioses existen así como los sucesos ocurridos en el Santuario, el Patriarca maligno y…
—Te das cuenta que si haces algo así no solo estarás sacando toda esa información de mi cabeza sino, mis logros como caballero y prácticamente estarías borrando todo aquello que me ha hecho la persona que soy —el joven se puso de pie molesto yendo a la ventana más cercana.
—Deathmask… te pido que no veas mi proceder de esa forma, no es mi intención borrar tus logros, salvo que estos estén relacionados a lo que mencioné. He sabido por boca de Saga y Kanon que el entrenamiento de muchos caballeros fue sumamente difícil y, por supuesto, entiendo lo que significa para ustedes.
—Si, en eso tienes razón. En mi caso personal, no deseo hablar sobre el tema, solo puedo decirte que mi entrenamiento fue un duro paso por el infierno. Sin embargo, es todo eso y lo que viví de ahí en adelante lo que me han hecho lo que soy. Lo que hizo que llegara hasta lo más alto.
Saori lo observaba con estupefacción puesto que no se esperaba semejante reacción aunque imaginaba que esa charla sería muy difícil. Al otro lado de la puerta, tanto Shiryu como Shaina escuchaban impasibles esperando el mejor momento para intervenir.
—¿Qué es lo que implantaras en mi cabeza luego de remover esos recuerdos?
—Puedo cambiar tus memorias por unas más alegres, recuerdos gratos que hayas vivido al lado de tus colegas de oro pues no los olvidarás. Solo te olvidarás de mí.
—Entonces llenaras mi mente con "mentiras felices" —le dijo enfadado mirándola fijamente desde la ventana— y otras cosas que no sucedieron, ¿es correcto?
—Eres el primero que lo ve de esa forma —decía la chica respirando agitadamente sujetando los pliegues de su vestido con aprehensión—. No lo tomes como que son mentiras, solo estoy alterando tus recuerdos a fin de hacer esto más fácil para ti.
—¡No sabes nada! Llámalo como quieras —espetó enfadado—. Puedo tolerar que selles mi cosmos y me quites la armadura, pero no puedo permitir que cambies mis logros por mentiras felices. ¿Por qué no nos convocaste a los doce y nos dijiste la verdad? —tomó asiento violentamente delante de ella sin dejar de mirarla con sus ojos perforantes— Creo que somos adultos y podemos aceptar que debemos alejarnos del santuario, jamás intervenir en las batallas futuras y pasar por un lado de la calle sin siquiera mirarte. ¡Hubiera sido mejor que confiaras en nosotros! Y… —la puerta del salón se abrió de golpe haciéndolos dar un respingo.
—¡Ya fue suficiente! —Shaina apareció de pronto mirándolo con furia— Veo que no puedes comportarte como un adulto, al menos podrías permitirle terminar de hablar. ¡Es que no tienes modales!
—Por favor Shaina, no es el momento —Jabu entró detrás de ella sujetándola de los hombros—. Vamos, hay que salir —para la buena fortuna de todos, la joven aceptó mientras que Saori solo observaba la escena algo avergonzada esperando se cerrara la puerta nuevamente.
—Te pido que la disculpes —comenzó a decir la diosa respirando agitadamente conteniendo las lágrimas—. Lo único que te solicito Deathmask es que escuches el otro trato que debo proponerte y tomes una decisión —trataba de ser fuerte delante de él, pero no lo conseguía.
Deathmask tuvo que contener su exasperación tomando asiento nuevamente mirando a la joven con compasión.
—Disculpame —dijo de pronto—, no debí actuar como un lunático. Aunque, me gustaría que tu gente dejara de comportarse como si trajera cartuchos de dinamita en mi valija —la joven lanzó una risita discreta y, tras respirar profundo, continuo.
—Este segundo trato es el que eligieron Shion, Dohko y Aioros: es el renacer completamente y vivir una vida nueva desde cero. Lamentablemente, no te podría garantizar que vivirás sin problemas o que tu camino no te acerqué al Santuario nuevamente, pero tendrás la oportunidad de vivir una vez más en un ambiente distinto.
—Entonces Aioros y los dos maestros decidieron empezar desde cero —dijo Deathmask extrañamente sorprendido sin añadir más.
—Así es. Necesito que medites mis palabras y tomes una decisión.
—Entiende que es difícil pues me estás pidiendo que deje toda mi vida atrás y vague por el mundo sin conocer mi verdadero pasado.
—Ojalá pudieras percibirlo de una forma más optimista —dijo ella con tristeza.
—Bien pues…
Deathmask se puso de pie nuevamente yendo a la misma ventana observando el hermoso jardín por un momento. Deseaba fervientemente ver a su amigo Afrodita antes de tener que tomar una decisión, no obstante todo parecía indicar que eran convocados a esa audiencia en orden ascendente siendo su amigo el último de la lista. Le sería más sencillo decidir qué hacer teniéndolo a su lado. Apenas le cambiaran la memoria, cruzaría la puerta rumbo a lo desconocido sin saber qué hacer ni a dónde ir.
—¿Te preocupa el futuro, imagino? —preguntó la joven como leyendo sus pensamientos.
—Si, seré un "Don Nadie" apenas salga por la puerta —respondió irónico.
—Hay algo que puedo adelantarte —continuó la diosa tratando de sonar optimista—, no te irás con las manos vacías. He preparado para todos una pequeña compensación monetaria por sus servicios todos estos años.
—¿Compensación?
—Si, creo que con ese dinero podrás sobrevivir mientras te estableces y buscas un empleo ya que también debes acostumbrarte a ser funcional en sociedad.
—Bueno, al menos es algo positivo —pensó—. ¿Es posible que pueda tomar unos momentos en tus jardines para meditar las cosas con calma?
—Por supuesto —respondió la joven señalando la puerta posterior del salón.
—Gracias.
Deathmask cruzó la puerta hacia el jardín trasero yendo con pasos rápidos llevando su pequeña valija consigo ya que desconfiaba de todos ahí. Al salir se topó con los vastos jardines que rodeaban la propiedad y que le brindaban cierta tranquilidad. Buscó donde sentarse dejándose caer por unos momentos gozando de una paz efímera ya que la puerta se abrió nuevamente presintiendo quien estaba por salir de la casa.
—¡¿Es que no hay nada que te dé un poco de paz mental?! —Shaina estaba delante de él incordiando de nueva cuenta— La diosa ha sido muy consecuente contigo, pero ninguno de nosotros tolerará que la trates como lo has hecho. ¡No eres más que un…!
—¿Un qué, niña? ¡Dilo sin miedo! —la retó poniéndose de pie mirándola con furia.
—¡Un bastardo patán que no sabe cuál es su lugar! —exclamó la joven lo más alto que pudo.
—Vaya, no me esperaría menos de una romana ignorante y vulgar como tú —replicó hiriente.
—¿Que dijiste, stronzo*?
—¿A quién llamaste así, ragazza testarda**?
Shiryu y Jabu salieron de la casa también presenciando la escena imaginando que continuaban discutiendo debido al comportamiento del santo dorado, a pesar de que hablaban un lenguaje que ninguno de los dos entendía pues los dos parecían ser originarios el mismo sitio pues hablaban el mismo idioma extranjero. Lo único que podían anticipar, era que estaban por molerse a golpes en la casa de la diosa.
—¿Podrías llevarte a Shaina de aquí, amigo? —pidió Shiryu discretamente al unicornio.
—Por supuesto.
Jabu llegó con rapidez a intervenir sujetando a la joven de los hombros nuevamente. Shiryu podía entender el proceder de la joven, él también estaba de acuerdo en que el comportamiento de Deathmask para con la diosa había sido grosero e innecesario pues, tan solo, bastaba con expresar su sentir sin gritonear ni acusar a nadie; sin embargo no deseaba hacer más olas sino que esa audiencia incómoda llegara a su final y eso fuera todo.
—Tranquila, por favor vamos a dentro —susurró el unicornio con calma al oído de la chica quien pareció acceder, aunque lanzaba una proliferación de insultos a diestra y siniestra mirando a Deathmask furiosa—. Vamos a dentro Shaina, ya pasó. Por favor volvamos adentro.
—Lo siento —Shiryu se quedó con el santo dorado un momento más—, no debió ocurrir todo esto. Creíamos que causarías algún revuelo, pero nada como lo que acabo de presenciar.
—No te preocupes, Shaina siempre ha sido grosera e impertinente —Deathmask tomó asiento nuevamente buscando una cajetilla de cigarrillos entre sus pertenencias esperando que el molesto joven dragón se retirara también.
—Te dejaré un momento a solas —Shiryu comprendía que este necesitaba pensar ya que, era seguro, que requiriera de más de un minuto a solas para analizar toda su situación.
—Gracias.
Apenas escuchó que la puerta se cerraba detrás de él, sacó un cigarrillo llevándoselo a los labios para encenderlo enseguida dispuesto a fusionarse con el tabaco por un rato.
Echó la cabeza para atrás sobre el respaldo de la silla cerrando los ojos a fin de analizar un poco las palabras de la diosa. En su mente repitió su discurso una y otra vez, no obstante estos razonamientos no lo convencían, bien entendía los motivos detrás de todo, pero no estaba de acuerdo y la petulancia de los dioses comenzaba a fastidiarlo. Estaba harto de que jugaran con su vida, su alma y, ahora, sus recuerdos y su pasado. Ni siquiera el que fuera su mejor amigo conocía todos los aterradores detalles de su entrenamiento, pues jamás los había revelado a nadie, aún así, estaba orgulloso de sus logros obtenidos durante ese periodo.
El haber ganado la armadura se convirtió en algo así como su primer trofeo. Haber escalado hasta volverse uno de los hombres de confianza del Patriarca, hasta venerarlo como a un dios, lo hizo llegar a lo más alto dentro del Santuario. El Pontífice lo dejaba hacer y deshacer a su voluntad a cambio de sus buenos resultados. Era uno de sus sicarios favoritos al que recurría con mucha frecuencia para asesinar a nombre del Santuario. En honor a la justicia del Patriarca corrupto.
Y Deathmask estaba de acuerdo en todo mientras se le favoreciera y se le mantuviera con la gloria intacta sin ser cuestionado o confrontado delante de nadie, ni en privado. Algo que odiaba con todas sus fuerzas era ser puesto en evidencia en cualquier circunstancia.
Sin tener nada de eso, ¿qué otra cosa podría hacer?, pensaba apesadumbrado, ¿qué sentido tendrían sus días a partir de ahora? Si bien no podría rememorar nada, estaba seguro de que el vacío a su alrededor le recordaría alguna gloria pasada, aunque no tuviera registro de ello en su cabeza. No confiaba lo suficiente en Saori como para creer que tendría paz de ahí en adelante y, menos, sin saber nada acerca de otro tipo de tranquilidad más allá de aquello que ya conocía, de su zona de confort.
—Maldición… —se decía en voz baja llevándose la mano a la frente cansadamente cayendo en cuenta de la cruel realidad, de la inefable verdad de que no podría escapar de su destino por mucho que lo deseara— ¡Me hubieran dejado en la maldita tumba! —pensó enfadado— ¡Me enfurece que decidan por mi! —decía en voz baja refunfuñando sin parar.
No estaba listo para cruzar esa puerta y volverse solo otro hombre más, como esos que se atravesaban por su camino cuando bajaba al pueblo por alguna razón. Hombres grises y sin orgullo a los que despreciaba por exhibir su mediocridad tan abiertamente. El, que fuera un orgulloso santo dorado, un prestigioso sirviente del Patriarca sería reducido a ser uno más del montón. Aquello se le antojaba horrible y miserable.
Tras lanzar otra bocanada del cigarrillo, trató de no pensar en el tema intentando distraer su mente en otras cosas. Fue así que buscó la caja de madera que encontró en la habitación privada del cuarto templo sacándola del interior retirando la tapa con cuidado. Se encontró con el rosario desconocido conformado por diminutas cuentas rematado con una pequeña cruz metálica. Lo colocó sobre una de sus piernas mientras su atención se enfocaba en el pequeño contenedor rectangular de madera con sus grabados, al analizarlos con cuidado, notó que eran una mezcla de estilos entre griego y turco. Eran grabados claros hechos con gran detalle que no parecían tener una forma definida, no obstante no desmerecía el delicado trabajo pirográfico sobre la cubierta.
Al revisar el interior de la caja noto que estaba oculto un pequeño papel grueso que había pasado desapercibido hasta ahora, lo sacó de ahí notando que era una tarjeta de presentación de algún establecimiento comercial, leyó con calma el nombre del lugar y la dirección mientras que un brillo malévolo destellaba de sus ojos. Un recuerdo del pasado acababa de emerger, algo que llevaba sepultado en su memoria desde antes de su entrenamiento.
—Ha pasado mucho tiempo de esto… —se dijo gratamente sorprendido—. No tendré memoria al salir de esta casa, pero si un objetivo muy claro —pensaba dibujando una sonrisa maliciosa en sus labios maquilando planes varios respecto a la idea que acababa de nacer en su cabeza.
Le dolía el saber que ya no sería un caballero en pos de alguna causa importante, que ya no serviría a nadie, pero ahora que tendría un poco de dinero a su disposición, podría completar el asunto pendiente que la tarjeta de presentación le rememoraba y que, sin el peso de otras memorias que distrajeran su mente, podría ejecutar a tiempo completo y dar por terminada esa pesada carga.
—Si, este será mi siguiente objetivo —se dijo firme apagando el cigarrillo.
Deathmask estaba muy concentrado en sus pensamientos sin darse cuenta que, desde el interior del salón de visitas, Shiryu lo observaba con calma alcanzando a ver una parte del rostro de este y analizando lo más que podía sus expresiones. No le gustaba lo que veía, algo le decía que esa audiencia no sería un final feliz para el hombre que estaba sentado frente a los jardines. Las cosas no terminarían ahí para él pues, todo parecía indicar que algo turbio se armaba en su cabeza.
—¿Estás bien amigo? —Jabu lo observó con preocupación mientras que el dragón le devolvió una sonrisa triste.
—Si, no te preocupes.
Pasados unos momentos, Deathmask, visiblemente más calmado y sereno, entró en la sala de visitas ignorando a todos a su alrededor notificando a la diosa que estaba listo para dar el siguiente paso, había tomado una decisión. Saori lo miraba gratamente sorprendida invitándolo a tomar asiento y pidiendo a Tatsumi que cerrara la puerta. Sin embargo, Shiryu no estaba tranquilo pues su reciente presentimiento le decía que fuera escaleras arriba, empacara sus pertenencias y corriera detrás del santo de cáncer para comprobar que todo estaba bien, que no hacía más que alucinar divagaciones sin fundamento.
—¿Qué sucede Shiryu? —inquirió Shaina observando al joven con preocupación.
—¿No te parece que se decidió muy deprisa? Hace un momento se quejaba amargamente de los logros que perdería y, menos de media hora después, dice que quiere seguir adelante sin oponer más resistencia mostrando una mejor actitud.
—¿Qué?
—Si, tomo la decisión muy rápido y algo me dice que hará algo malo saliendo de aquí.
—Escucha Shiryu —insisitio la joven mirándolo fijamente—: lo que haga ese demente al cruzar la puerta no es nuestra responsabilidad. Nosotros ya cumplimos al traerlo hasta este chalet y la diosa será quien decida lo que ocurrirá con él.
—Si, olvídate de ese loco —añadió Jabu—, ya no tiene nada que ver contigo. No creo que Saori lo deje irse si observa malas intenciones en él, no es tan poco precavida —finalizó guiñando un ojo.
—Lo sé… —decía el joven tratando de simpatizar con ellos, pero no podía.
No se lo pensó nuevamente yendo escaleras arriba para devolver sus pertenencias a su pequeña valija de tela. No estaba seguro de lo que planeaba hacer, solo sabía que debía seguirlo hasta donde fuera a fin de asegurarse de que ese presentimiento no eran más que imaginaciones suyas. Tras observar su reflejo en el espejo armándose de valor, bajó a pasos rápidos la escalera viendo como el caballero de cáncer se despedía cortésmente de la diosa sin intervenir en ese evento.
—Te agradezco por esto —Deathmask se colocó una chaqueta que llevaba consigo solo prestando atención a Saori y despidiéndose de ella únicamente.
Apenas cruzó la puerta, el cosmos de la diosa lo envolvió todo y solo se veía a un joven yendo hacia el camino.
—¿Shiryu? —Saori lo observó con extrañeza apenas se cerró la entrada principal— ¿te vas tan pronto?
—Si, verás debo ausentarme por un par de días, volveré cuanto antes —la joven no apartaba sus ojos de él dando a entender que no aceptaba semejante explicación salida de la nada.
—¿Qué sucede Shiryu? —inquirió la joven nuevamente.
—Tengo un mal presentimiento… solo quiero confirmar que son tonterías mías y todo está bien. Nada más eso, no te preocupes.
—Ese presentimiento es sobre Deathmask, ¿cierto? Shiryu, lo que él haga a partir de ahora no es asunto tuyo, ni tu responsabilidad. No te atormentes. Además, mi cosmos debió haberle borrado toda mala intención que tuviera.
—Lo sé, pero no me siento tranquilo —replicó con calma sin querer sonar insistente.
—Si tantas son tus dudas, ve tras él entonces, solo te pido que no te metas en problemas y recuerda nuestro pacto de confidencialidad: aunque interactúes con él, no puedes revelarle nada de lo ocurrido aquí ni del pasado.
—Lo entiendo, jamás traicionaría tu confianza.
—Ve con cuidado —respondió resignada dejándolo marchar.
Shaina y Jabu también lo observaban expectantes aunque sin entender.
—¿Necesitas apoyo amigo?
—No Jabu, por favor cuiden de Atena. Esto debo hacerlo solo.
Sin decir más ni mirando atrás, cruzó la puerta para buscar al hombre que se había marchado hacía unos instantes.
.
"Choices always were a
Problem for you" - Tool
.
Continuará…
.
Notas: Masky y Shaina están discutiendo en italiano, por eso los demás no les entienden
*Stronzo: insulto italiano que se traduce como: idiota, imbécil, etc
**Ragazza testarda: chica necia o testaruda, por ponerlo educadamente.
