IL DEMONE DEL PORTO

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El camino de la redención

(Redenzione)

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El cementerio más grande de la ciudad estaba ubicado, diametralmente, al otro lado de Palermo, en la zona sureste abarcando un terreno de muchas hectáreas ubicado justo frente a la estación de trenes Palermo Centrale. Para poder ingresar era necesario atravesar la gran iglesia que estaba justo frente a la calle. Ambos llegaron varios minutos después cruzando el edificio en silencio con paso rápido. Deathmask no tenía preferencia por las iglesias, de hecho, trataba de evitarlas en la medida de lo posible mientras que, Shiryu por su parte, iba detrás de él sin dejarlo ni por un segundo prestando poca atención a la estructura antigua a su alrededor.

El cementerio abarcaba todo el terreno tras la iglesia, las tumbas de lápida gris se veían hasta donde la vista alcanzaba con altos árboles plantados de forma irregular en medio de estas. Salieron del amplio y alto edificio unos momentos después caminando con paso más lento por entre las lápidas grises y solitarias pues, al parecer, no había ni una sola persona alrededor.

Shiryu estaba intrigado al ver a su acompañante revisar una y otra lápida al azar como si no supiera realmente cuál era la correcta. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, Dearhmask se acercó a él con cautela solicitando que buscara una lápida en particular cuya ubicación, claramente, no recordaba.

—Revisa por allá —ordenó señalando a la derecha— y yo, lo haré del otro lado. Con tu apoyo la encontraremos más rápido.

—Esta bien, te ayudaré con eso —solo lo haría porque la lápida era de un familiar cercano de aquel hombre memorizando el nombre dado mientras se alejaba hacía las tumbas cuya fecha iba aumentando en antigüedad haciendo cálculos en su mente.

Con el jovencito lejos de él, Deathmask pudo girarse en dirección a la puerta de la iglesia encontrándose con su molesto acosador quien lo observaba con gravedad aproximándose con paso lento. El antiguo caballero de cáncer le dedicó una mirada cargada de desprecio mientras el mesero del restaurante cambiaba su mirada por una de consternación al estar frente a frente de un hombre mucho más alto y corpulento que él.

—Me pidieron que lo siguiera para darle un mensaje —comenzó a decir lo más firme que podía, aunque con timidez, sin apartar su mirada aterrada.

—¿Qué mensaje es? —respondió cortante sin dejar de fuliminarlo con la mirada..

—Márchese de Palermo, aún está a tiempo. Si se va hoy mismo, su vida y la de su acompañante no correrán peligro.

—¿Te dijeron lo que harán si me rehúso? —inquirió desafiante sin cambios en su expresión.

—Lo cazarán sin descanso —continuó con miedo en la voz tratando de mantenerse firme—. Dicen que Usted los conoce bien y sabe de lo que son capaces, colgarán una máscara más en la pared si no se marcha cuanto antes.

—Vaya, ¡que poético! —respondió Deathmask con tono burlón sin dejar de observar al chico deleitándose con el terror que aquel transpiraba—. Yo también tengo un mensaje que darles —añadió filoso acercando su mano al bolsillo de su pantalón mientras que el mesero lo observaba consternado creyendo, por un instante, que el siniestro hombre sacaría un arma de su bolsillo—. Ten esto.

Extendió la mano entregándole el rosario de cuentas blancas el cual el mensajero recibió sin entender.

—Llevalo a tu jefe. Dile que no me marcharé hasta haber cobrado lo que me debe. Dáselo sin demoras, ¿entendiste? —el mesero asintió sin poder articular palabra alguna guardando el rosario en el bolsillo de su camisa.

—Le entregaré su mensaje… —respondió tartamudeando un instante después.

—Bien, ¡ahora lárgate! —ordenó sin una sola muestra de amabilidad o educación sacando un cigarrillo apenas el mensajero molesto se retiraba de ahí corriendo.

Shiryu apareció luego de unos segundos notando que un joven iba a toda prisa en dirección a la puerta trasera de la iglesia temiendo que, quizás, pudiera ser alguno de los meseros que los observaban con extrañeza a la puerta del macabro restaurante.

—Creo que encontré lo que me pediste —comenzó a decir titubeante.

—Buen trabajo. Vamos —el joven dragón lo guió hasta una zona de sepulcros aledaños a una pared—. Esta es la única lápida que encontré con el nombre que me diste. Aunque es un poco extraño que no tengan fecha de defunción, solo son dos nombres: una mujer y un hombre que comparten el mismo apellido —tras decir esto lo observó a la espera de su reacción.

Deathmask se detuvo donde este le indicó observando la placa conmemorativa en el suelo sin dibujar ninguna expresión en su rostro. El nombre de la mujer era "Cecilia L…" y abajo de este estaba "Pietro L…". Si, su madre y el chico que suponía era su medio hermano. Su mente le trajo el recuerdo del día que los enterraron una calurosa tarde como esa, él estaba de pie justo en el mismo sitio observando aquel entierro mal realizado, ya que a la mujer y al niño los arrojaron a la misma caja sin preparación previa ni consideración alguna. Como si hubiesen sido un par de animales que acababan de morir y no tuvieran mayor importancia.

Y él lo observó todo sin poder moverse, estaba demasiado triste y consternado para llorar, gritar o mostrar expresión alguna. Solo tenía seis años cuando aquel evento se llevó a acabo. La muerte de ambos se convertiría en uno de los tantos fantasmas que lo acompañarían de ahí en adelante.

—¿Estás bien? —inquirió Shiryu notando su carencia de reacciones.

—No tienen fecha de defunción, pero ambos murieron al mismo tiempo y los enterraron juntos un día después —respondió de pronto neutral—. Ella fue mi madre y el chico mi medio hermano. Pietro era solo tres años más grande que yo, si mal no recuerdo.

—Es terrible, lo siento —dijo en un hilo de voz observándolo con pena— ¿No ibas a dejar algo en su tumba? O algo así… —Deathmask no añadió más yendo con paso lento rumbo a la iglesia.

—Ya no lo tengo conmigo, hay que marcharnos de aquí —respondió sin más.

—¿Qué?

Fue tras él sin entender esto último. Por un momento creyó que quería ir al cementerio a dejar alguna cosa o dedicar alguna plegaría a la memoria de sus difuntos, pero nada más lejos de la realidad. Apenas si observó la lápida en el suelo sin decir palabra como si algo dentro de él no hubiese cambiado en absoluto, Shiryu se sintió en medio de aquellas batallas compartidas con Cáncer, donde este se mostraba inmune a toda reacción positiva e incapaz de sentir empatía por nada ni nadie.

—Tienes que estar alerta a partir de este momento —le dijo de pronto interrumpiendo sus pensamientos unos pasos antes de salir de la silenciosa iglesia—. Alguien nos ha estado siguiendo.

—¿Fue uno de esos miembros sospechosos del staff del restaurante? —inquirió el dragón más que seguro de que así era recibiendo una afirmación por respuesta— Tu conoces a esa gente, ¿no es así? —pregunto molesto.

—No al sujeto que vino a darme un mensaje, pero si a las personas que lo enviaron.

—¿Un mensaje?

—Shiryu, debes marcharte de esta ciudad cuanto antes —indicó sin más observando la expresión de sorpresa en el rostro de su acompañante—. Yo sé cómo lidiar con ellos, pero no es bueno que te tengan en la mira. Esa gente es malvada, no sabes cuánto.

—¿Y qué harás si te confrontan, si te encuentran desprevenido en las calles?

—Eso ya no es asunto tuyo. Debes irte ahora mismo —no añadió más saliendo de la iglesia llevando el cigarrillo a sus labios.

—¡No tenía idea de que estuvieras metido en alguna actividad ilegal! —replicó furioso sin recibir respuesta— ¿Quién es esa gente y por qué enviaron a una persona a dejar un mensaje? ¡Fue una advertencia, ¿no es así?!

—Es correcto. Como les di una negativa por respuesta. Ahora estoy metido en un problema, por eso tienes que irte. Tú no debes involucrarte.

—No puedo irme así sin más ahora que sé todo esto.

—¿Ah no? Y¿qué harás al respecto? —Deathmask lo miro de frente con semblante preocupado y molesto— No te traje para que funjas como mi guardaespaldas y tampoco para que seas cómplice de nada. ¡Es más, no debí acceder a que vinieras!

—¿Qué harás si esa gente va en tu búsqueda? —repitió el joven dragón— ¿los mataras acaso?

Deathmask ignoró la pregunta categóricamente dándole la espalda a su interrogador para retomar su camino fuera del terreno del cementerio. Este lo observó con horror ya que, finalmente, sus sospechas parecían ser ciertas y aquel fuera a hacer algo horrible y totalmente fuera de los planes de la diosa Atena. Sin embargo, al no poder mencionar nada al respecto, solo podía tratar de persuadirlo o detenerlo como fuera, aunque las palabras de Saori resonaran en su cabeza: "Shiryu, no debes meterte en problemas".

—Maldición… —se dijo en voz baja yendo tras él.

—Te repito, lo que haga a partir de ahora no te incumbe. Debes marcharte y no se diga más.

—Debe haber otra manera de resolver lo que sea en lo que estés metido.

—Shiryu, los últimos años he vivido en Grecia. No he hecho cosas ilegales en ningún momento. ¿Crees que cuento con los recursos como para hacer viajes constantes a este lugar y buscarme problemas con gentuza como esa?

—¿Entonces, qué asunto tienen esas personas contigo?

—Todo está ligado a mi pasado, es parte de la deuda que debo saldar a fin de que el problema termine —respondió con calma sin detener su andar en ningún momento—. Ahora preocupémonos por otras cosas y busquemos donde cenar.

Ese era el claro indicador de que no diría más al respecto dejando a Shiryu muy molesto. Aunque tenía razón en algo, él se había dedicado a servir al Patriarca, por lo poco que sabía cáncer sólo operaba donde el Pontífice indicaba y bajo las órdenes que recibiera. No era como si tuviera tiempo de tomarse días personales para ir hasta Palermo a lidiar con un staff y sus jefes. Tampoco podía víncular la información con sus años de entrenamiento ya que, para su infortunio, no había forma de preguntar esos datos pues Deathmask no los recordaba.

Una idea comenzaba a formarse en su cabeza tratando de hilar los hechos, de unir las piezas de la forma más coherente posible para tratar de entender lo que su compañero no revelaría, tal vez, hasta el último momento o cuando ya no hubiera otra alternativa.

Caminaron a la luz del atardecer por un rato más internándose en las calles de la ciudad, hasta llegar a un local de comida establecido en la planta baja de un edificio decadente ubicado en una callejuela silenciosa y poco transitada. Nuevamente, y antes de ingresar, Deathmask revisó el sitio con cuidado buscando la mesa con la ubicación que le conviniera antes de tomar asiento indicando a Shiryu qué silla ocuparía.

—¿Crees que nos seguirán hasta acá?

—No lo sé, pero hay que estar prevenidos —su mirada estaba fija en la puerta y no la apartó de ahí ni siquiera cuando la mesera les acercó el menú—. Apenas terminemos de comer, volveremos al hotel para que empaques tus cosas y te marches.

—No lo haré —respondió serio y decidido aunque en voz baja—. Debe haber algún modo de resolver esto sin tener que huir como si fuese un criminal.

—Eres muy ingenuo —respondió con calma—. No conoces a esas personas y no sabes de lo que son capaces. Esto no es como cuando discutes con algún colega molesto y, a lo mucho, terminas en medio de una pelea de insultos o en una pantomima repartiendo golpes a lo tonto. No, estas personas hacen cosas malas, ¿tienes idea de lo que harán contigo si te ponen las manos encima?

—¿Tu sabías que esto sucedería? —preguntó con reproche sin dejar de perforarlo con la mirada— ¿Verdad?

Deathmask negó con vehemencia cerrando los ojos.

—No creí que el restaurante al que fuimos aún existiera y menos que esas personas estuvieran ahí. En algun momento pense que al llegar encontrariamos otro tipo de establecimiento o que estuviera clausurado. Nada más que eso.

Les sirvieron las bebidas guardando silencio por un momento antes de continuar apenas se retirara la mesera.

—Insisto, debe haber otro modo de resolverlo sin llegar a la violencia.

—No entiendo por qué me tienes mala fe —inquirió cáncer dibujando una sonrisa irónica—, ¿me has visto comprando armas de fuego o algo? A lo mucho, los moleré a golpes. Si mato a alguien me metería en un problema aún peor, ¿no crees?

—Si, en eso tienes razón —por lo menos era consciente de sus acciones pese a no poder revelarle de lo que era capaz, de lo que había sido capaz en el pasado recordando los rostros en las paredes del cuarto templo—. En ese caso, ¿por qué no nos marchamos los dos? Vuelve en otro momento cuando todo esto se calme.

—Esa es una idea práctica, desaparecer por una temporada y luego volver… —debía calmar los nervios de Shiryu ya que estaba estresándose de más—. Lo tendré en mente, ¿te parece bien?

—Si. Creo que está bien por ahora.

Finalmente su presencia sería un inconveniente debido a su elevado espíritu moralista. Debía mandarlo de vuelta a casa cuanto antes pues, lo que menos deseaba, era que el chico terminase muerto o se interpusiera en su camino. En el fondo, Shiryu le parecía un buen muchacho no deseando manchar su espíritu que aún creía que se pueden resolver ciertas cosas dialogando y buscando alternativas.

—Si, por lo menos, fuera menos ingenuo, más astuto y relajara su actitud neurótica —pensó con ironía—. Podría ser menos tensa su compañía.

Comieron en silencio saliendo del restaurante al anochecer caminando al hotel con calma aunque Shiryu no estaba tranquilo ya que, constantemente, estaba alerta sin bajar la guardía en ningún momento. Como si de pronto, fuera a salir una emboscada en el camino mientras que su acompañante disfrutaba de la caminata, el clima fresco y un buen cigarrillo.

—Debes calmar tus nervios —le dijo de pronto—. Hay que estar pendiente de los alrededores sin exagerar como haces tú. Así solo luces sospechoso, como si estuvieras a punto de cometer un crimen.

—Solo estoy atento. Me tratas como si fuese un paranoico.

—Pues… no lo haces fácil. Volvamos al hotel y durmamos bien, mañana decidiremos qué hacer.

—De acuerdo, espero que esa decisión sea que ambos nos marchemos de aquí.

—Ya veremos…

No tenía prisa por lo que fuera a suceder con el mensaje enviado a la gente del restaurante, se tomaría su tiempo hasta recibir una respuesta o decidiera actuar por su cuenta. Era importante hacerle saber a esas personas que no estaba a su disposición, actuaría como mejor le conviniera buscando el momento oportuno para hacerles una visita en caso de que alguién más lo interceptara en el camino con "mensajes". Sabía bien cómo procederán ante su silencio y aparente indiferencia a la advertencia dada. Era momento de practicar la paciencia sin apresurarse en cometer tonterías.

Esa noche, Deathmask durmió particularmente bien sin ver imagenes perturbadoras en su cabeza mientras Shiryu analizaba la información que tenía una y otra vez pensando que, quizás, ya tuviera las respuestas del enigma, es decir, el por qué esas personas los habían seguido al otro lado de la ciudad solo para dejar una advertencia y el trasfondo de toda la situación.

—Su madre y su medio hermano murieron el mismo día y al mismo tiempo. Esas personas lo siguieron para advertirle sobre algo. Es probable que le hayan pedido que se marchara de la ciudad y él se haya negado —pensaba observando el techo sobre su cabeza.

Se giró dándole la espalda a su compañero que ocupaba la otra cama pareciendo que dormía plácidamente por primera vez en mucho tiempo. Shiryu dedicó varios minutos a completar el rompecabezas con insistencia, a tratar de ver en su cabeza imágenes de un posible pasado hasta que algo iluminó su mente.

—Estoy casi seguro de que esos sujetos los asesinaron… —se dijo resuelto abriendo mucho los ojos, como si acabara de tener una epifanía— Por alguna razón que podría estar vinculada al restaurante. Pudo haber sido un problema de dinero, una disputa familiar, alguien molestó a quien no debía… Él era un niño cuando todo eso ocurrió aunque, claramente esas personas lo recuerdan, su presencia no les pasó desapercibida apenas entramos en el lugar.

Tras un momento una idea vaga se gestaba en su cabeza.

—Comienzo a pensar que algo en el plan de Saori no salió bien con este hombre —concluyó consternado—. Un recuerdo doloroso que pudo gestarse en lugar de sus años de entrenamiento, se retuvo en su memoria y es el que está ocasionando todo esto —era la mejor conclusión que podía obtener de los recientes sucesos. No había otra explicación para él.

¿Sería posible que los planes de los dioses no salieran bien después de todo?, pensaba, ¿quizás hubiera una persona cuya voluntad lograra salirse con la suya?

—Es muy extraño —se decía tratando de conciliar el sueño tardando varios momentos más en conseguirlo.

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La llegada del día no le trajo suficiente paz mental pues, apenas abrió los ojos, notó como Deathmask salía del cuarto de baño secándose el cabello dirigiéndose pensativo a la ventana donde se quedó de pie por varios minutos observando fijamente al frente. Parecía buscar respuestas en su cabeza o alternativas a una situación en particular; bien podría ser, al problema que tenían entre manos y que, parecía, no tener más que una de dos soluciones: o enfrentaban a los malvados o huían de ahí para no volver hasta mucho más adelante.

—¿Crees que lograrán rastrearnos hasta este sitio? —preguntó Shiryu incorporándose sobre el colchón.

—Vaya… —comentó cáncer sin mirarlo siquiera— Vas despertando y ya comienzas con tu molesto interrogatorio. ¿Por qué no puedes relajarte un solo minuto, chiquillo? Por lo menos podrías iniciar el día con un "buenos días" —replicó irónico y molesto.

—Buenos días, ¿puedes responder mi pregunta?

—Es probable que lo hagan si permanecemos aquí más tiempo. Es por eso que debes marcharte de Sicilia, yo también cambiaré de ubicación.

—Eso significa que no volverás a Grecia conmigo. Estás empeñado en molerlos a golpes hasta que te maten, ¿cierto?

—Yo esperaría sobrevivir…

—¡Es increíble que seas tan necio! —replicó el dragón enojado.

—¡Y es increíble que tengas tanto empeño en meterte en lo que no te importa! —Deathmask se giró de golpe observándolo con furia, con una ira que ya le conocía pero que no esperaba ver durante el viaje haciendo que Shiryu diera un respingo sin poder evitarlo—. ¡Escúchame con atención: este es mi asunto y lo que yo haga no te importa! ¿Quién crees que eres, mi dios acaso?

—¡No, solo soy una persona preocupada porque te metas en un problema cometiendo una tontería! —replicó el dragón muy seguro de sí mismo— Te conozco bien y sé que si esas personas cruzan un límite, no creo que todo termine en una simple sesión de golpes e insultos. ¿No has pensado que podrían matarte antes de que llegues si quiera a la puerta del lugar?

—¿Y por qué estás tan seguro de que iré al matadero para ser su víctima? —pregunto cáncer sin dejar de perforarlo con la mirada— No me conoces Shiryu. Ahora que sé que están pendientes de mis movimientos, no iré a buscarlos yo mismo, dejaré que vengan a mí y los encararé sin miedo. ¿Necesitas más razones para volver a casa? ¡No te metas en problemas y vete de una vez!

—¿Por qué no me pides ayuda? —dijo de pronto sin pensar, sin analizar ni cuidar sus palabras— Estoy aquí, ¿por qué no te ayudo a resolverlo? Creo que entre los dos sería más fácil, podríamos pedir ayuda a las autoridades de ser necesario.

—No —respondió cáncer firme—. Ellos podrían matarte apenas te vean.

Deathmask lo observó sin entender, sin razonar el por qué ese chiquillo tonto estaba tan deseoso por unirse a un pleito que no le correspondía, ¿se sentía con habilidades sobrehumanas acaso? El planeaba resolver el problema a su manera sin ayuda externa, aunque algo le decía que Shiryu había leído sus intenciones y estaba más preocupado por la vida del maleante: el joven asiático sabía que deseaba matar a la persona que lo hizo volver a Palermo.

El siciliano se dio cuenta de que, en realidad, el chiquillo del cabello negro era más perceptivo de lo que parecía, sus instintos eran agudos. La peor parte, es que como era tan insistente no se marcharía por mucho que le exigiera.

No lo haría aunque lo llevara a rastras al aeropuerto, era un hecho.

—No soy tan débil como me veo —indicó firme—, no me subestimes. ¡Estoy de acuerdo en que se haga justicia si algo malo ocurrió en el pasado, pero nunca si esta conlleva a que alguien termine muerto! —finalizó levantándose de la cama dirigiéndose al cuarto de baño con pasos firmes—. Eso es lo que pienso, por eso quiero ir contigo. Quiero entender qué sucedió con esas personas y llevarlas ante la ley de la forma apropiada.

Deathmask lanzó un largo suspiro sin añadir más. Ahí estaba su asquerosa moralidad a flor de piel, por lo visto, nada lo haría cambiar de parecer, así que discutir resultaba inutil en todos los sentidos. Relajo un poco su postura pensando que haría a partir de ese momento apartando la mirada del joven delante de él.

—Iré abajo a buscar qué comer —dijo cancer de pronto sin añadir más saliendo de la habitación.

Si tan solo Shiryu no fuera tan mojigato, podría confiar en él lo suficiente como para hablarle un poco de lo que cruzaba por su mente. No obstante, tenía que planear una estratégia lo suficientemente buena para que ambos no terminasen muertos esos días. Si bien los acosadores no podían saber que estaban hospedados ahí, si que enviarían a esbirros suyos a patrullar la ciudad hasta encontrarlos, eso era un hecho.

—Ese hombre —pensó con cuidado plantando la mirada en la taza con café colocada en la mesa frente a él—, no cesara de buscarme ahora que estoy aquí, no parara en enviarme mensajes intimidantes. Y yo no dejaré de cazarlo mientras viva hasta dar con él y destruirlo —pensó decidido mientras sus ojos brillaban con una luz siniestra y mortecina esbozando una sonrisa torcida sin poderlo evitar.

Shiryu tomo asiento delante de él sin cambios en su semblante.

—¿Nos iremos de aqui cuanto antes?

—Sería lo más prudente, sin embargo no creo que nos encuentren en este sitio tan escondido —respondió Deathmask probando uno que otro bocado—. Lo mejor que podemos hacer es comportarnos como si nada hubiera sucedido, solo debemos esperar y verás cómo aparecerán de la nada.

Ambos salieron del hotel caminando con paso lento al malecón ubicado varios metros al este, iban sin prisas tratando de parecer casuales aunque Shiryu era bastante malo en fingir normalidad. Sus nervios e instinto de supervivencia estaban elevados al máximo no pudiendo evitar observar discretamente a su alrededor. Deathmask iba varios pasos atrás de él, de nada valía señalar nuevamente que ese comportamiento era ridículo puesto que el chico no sabía aparentar y solo conseguiría que estuviese más alerta.

—Qué testarudo es… —pensaba negando molesto con la cabeza colocándose sus gafas oscuras.

Al llegar al malecón observaron el hermoso mar delante de ellos, algo que no habían podido hacer desde que llegaran a la isla. Las costas rocosas eran azotadas por las constantes olas mientras que, varios metros más allá, se veían los colores de diversas sombrillas colocadas en las playas repletas de turistas. Por unos momentos, Deathmask deseó estar en medio de aquel tumulto perdiéndose en el anonimato mientras gozaba de una soleada tarde de verano junto al mar.

—La vista es hermosa —decía Shiryu sin apartar la mirada de aquel bello espectáculo relajándose por unos momentos mientras su acompañante parecía hacer lo propio pues estaba inmerso observando el mar fumando tranquilamente.

—Lo es —respondió calmado pero neutral sacando de su mente toda clase de disparates, tan solo dejándose llevar por el sonido de las olas sin prestar atención a las personas que les pasaban por un lado.

Si iba a morir esos días, su mayor anhelo sería que lanzaran su cuerpo al mar aunque nadie colocara una placa conmemorativa en el cementerio. De hecho, lo que menos deseaba era que alguien grabara su nombre en piedra. Un nombre que no significaba nada para los habitantes de aquella podrida ciudad; las únicas personas para las que podría significar algo su olvidada identidad, yacían bajo tierra desde hacía mucho tiempo.

Se preguntaba si sus dos únicos amigos echarían de menos su ausencia. Afrodita y Shura, las únicas personas con quienes había logrado compartir más de un momento de paz desde que se trasladó a Grecia tiempo atrás.

En esos momentos, cayó en cuenta de que, tal vez, esos serían sus últimos días en la tierra que sus ojos miraban pues, algo muy dentro de él, pensaba a conciencia que no saldría vivo tras cobrar su deuda pendiente, tampoco se sentía motivado a continuar si es que llegase a sobrevivir. No tenía planes a futuro y el intentar llevar una vida ordinaria no le parecía atractivo en absoluto, nunca se había considerado apto para la clase de relaciones que llevan las personas comunes y corrientes.

A lo largo de varios años solo había buscado satisfacer las necesidades de su cuerpo y su curiosidad respecto a ciertas cosas, pero nada más que eso. Sus relaciones con la mayoría de las personas a su alrededor eran más bien distantes sin cruzar ciertos límites autoimpuestos. Sus fantasmas lo atormentaban demasiado sin permitir que nadie lo ayudara. Solo deseaba callarlos para poder pensar con calma que haría después de esos días en Palermo si la buena fortuna le permitía seguir con vida. Sin embargo, Shiryu dio un respingo a su lado sacándolo de sus meditaciones, al girarse sobre su lado izquierdo se encontró con dos personas que estaban detrás de ambos observándolos gravemente.

Deathmask pareció reconocer el rostro de uno de los dos hombres que los esperaban vistiendo de una forma tan ridícula, que este no pudo menos que lanzar una sonrisa irónica mientras Shiryu se ponía en guardía preparándose para cualquier cosa.

—Debes tener pelotas para ignorar la advertencia que te enviamos ayer —uno de ellos era un hombre bajo de estatura y ancho de cuerpo que vestía un atuendo compuesto por un pantalón claro y una camisa floreada. Su rostro estaba cubierto por unas gafas oscuras y en su cabeza llevaba un sombrero de paja—. Te creíamos muerto desde que escapaste de Palermo. Debiste quedarte donde sea que estuviste todo este tiempo, no sabes el error que cometiste al volver —indicó amenazante aproximándose con paso lento.

Ambos hombres vestían exactamente igual aunque, era evidente, que en sus bolsillos llevaban sus armas de fuego y, seguramente, no iban solos. Quizás los otros miembros de aquella inesperada comitiva estuvieran en los alrededores.

—¡Lárgate hoy mismo, F…! —insistió el mismo hombre sin relajar la postura.

—F… —dijo Deathmask con un tono de voz que heló la sangre de Shiryu notando como su semblante se volvía más y más amenazante aunque no pudiera entender gran cosa de la conversación— Hacía mucho que nadie me llamaba así. Haz el favor de no volver a hacerlo, esa persona dejó de existir hace mucho tiempo. En cuanto a ti, Antonio, ayer respondí el mensaje que mandaste con el patético mesero de tu mugroso patíbulo disfrazado de restaurante.

—Lo sabemos, ese rosario fue un mensaje muy claro. No has olvidado lo que ocurrió con esos dos ese fatídico día. Podemos tomarlo como "vida por vida" —indicó con sonrisa falsa y ánimos de negociar.

Sin dejarse intimidar, Deathmask en ningún momento bajó la guardia ni accedió a las demandas de los dos sujetos. Al contrario, parecía encantado de hacerles creer que caería en su trampa, que no se marcharía de la ciudad estando consciente de las consecuencias. En esos momentos a Shiryu le pareció que el plan de su acompañante era llevarlos a su territorio y rematarlos ahí mismo sin piedad a juzgar por la expresión de su rostro.

La misma expresión que tuvo cuando se apareció frente a la cascada en Cinco Picos retandolo a enfrentarlo en su territorio en el Santuario.

—Escucha —repitio el sujeto conocido como "Antonio" con calma aproximándose un par de pasos más—. Si dejas la ciudad ahora mismo, olvidaremos todo este asunto. Nadie se meterá contigo en ninguna otra parte de la isla. Un trato "vida por vida" y todo olvidado. ¿Qué dices, F…?

—Suena tentador, Antonio. Sin embargo, esa negociación no te incumbe. Quiero hablar con Bernardo directamente y escucharlo de propia voz, pues he venido hasta acá para tener una charla amena con él —respondió irónico pero autoritario.

Los dos hombres tragaron duro retrocediendo unos pasos estando uno de ellos tentado a sacar su arma deteniéndose de último momento.

—Sabes que es imposible que hables con él —indicó Antonio autoritario.

—Bien, pues no me marcharé bajo ninguna circunstancia —sentenció Deathmask endureciendo aún más sus facciones—, no me importa que tu y toda tu gente me intercepten en las calles con amenazas. No temo a las consecuencias como podrás imaginarte.

Se aproximo a ellos un par de pasos haciendo que ambos retrocedieran asustados.

—¡Cría cuervos Antonio, ¿lo recuerdas?! —la voz de Deathmask parecía haber salido de las profundidades del infierno pues se escuchaba cavernosa e inmisericorde— Vuelve con tu repugnante jefe y dale mi mensaje. ¡No dejaré Palermo hasta haberme cobrado todo! Todas y cada una de las cosas que sucedieron aquí las cobraré con creces, ¡¿entendiste, maldito bastardo?!

—Estás muerto F… No sabes en lo que te has metido —Antonio sacó su arma sin perder la calma apuntando a Deathmask quien solo observaba divertido.

—Hazlo —respondió casi riendo—. ¡Si tienes cojones, hazlo! —insistió burlón perforandolo con sus ojos azules excitado por el momento.

—¡Maldito bocón de mierda! Más vale que estés listo porque te ejecutaremos cuando menos te lo esperes.

Sin añadir más, ambos se retiraron de ahí con paso rápido mientras Shiryu observaba toda la escena horrorizado.

—¿Qué demonios has hecho? —demandó preocupado— Los provocaste de la peor forma y ahora ambos corremos peligro. ¡Nos matarán apenas nos vuelvan a ver!

—Te dije que esto sucedería —replicó molesto—, solo sigo su juego para que me lleven con la persona con quien debo encontrarme. Esos dos no tienen importancia, no son más que un par de perros falderos.

—Un par de perros armados, ¿no viste las pistolas que llevaban en sus bolsillos?

—Por supuesto, pero no le temo a las armas de fuego —respondió sonriendo satisfecho sin cambiar su semblante siniestro—. No me detendré a estas alturas del viaje. Si no quieres marcharte, es tu problema ahora. Yo no pretendo parar hasta haberme entrevistado con la persona que vine a ver.

—El llamado Bernardo —dijo Shiryu en un hilo de voz.

—Así es.

—¿Qué ocurrió con ese hombre, por qué lo odias tanto?

—Lo sabrás a su debido tiempo —sin añadir más encendió un cigarrillo relajando su postura y su rostro pues, poco a poco, este se tornaba más normal y menos agresivo—, cuando llegue el momento te diré qué asunto tengo con él.

Las piezas estaban colocadas sobre el tablero, el mensaje estaba enviado sabiendo que dentro de poco "Bernardo" caería en la provocación apareciendo delante de él. Deathmask preparaba el terreno para el reencuentro sin importarle las palabras de su acompañante, las objeciones que Shiryu pusiera carecían de importancia a partir de ese momento.

Palermo sería el escenario de su venganza.

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Continuará…

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*Notas: Masky no tiene un nombre como tal, por eso usé "F…" había pensado en darle uno, pero ninguno de los que encontré me gustó así que llámenlo como mejor les agrade. Escucho sus sugerencias jeje.