Il demone del porto

5

El hombre que soñó con venganza

(Vendetta)

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Shiryu estuvo varios minutos dándole vueltas al problema que ya tenían entre manos no encontrando soluciones útiles. Nunca se había considerado cobarde encarando todos y cada uno de sus problemas oportunamente no obstante, lo que ahora le preocupaba lo sobrepasaba con creces.

—A estas alturas huir no sirve de nada —se dijo lanzando un largo suspiro—. Solo queda enfrentarse a esos hombres aunque, sé que no debo intervenir y Deathmask fue mi enemigo... tampoco puedo marcharme así sin más.

—Debes encontrar la forma de calmar tus nervios —dijo este de pronto sacándolo de sus pensamientos.

—¿Como es posible que estes tan tranquilo luego de lo que acaba de suceder?

—Alterarse no resolverá nada, debes aprender a ser paciente.

—¿Qué?

Luego de que Antonio y el otro hombre se marcharan, ambos anduvieron un poco más sobre el camino del malecón buscando donde sentarse por un momento. Deathmask disfrutaba de la vista y la tranquilidad bebiendo una soda fría mientras que Shiryu no podía controlar su preocupación. Siempre había sido paciente no dejándose llevar por sus emociones, sin embargo ahora tenía todos los sentidos alerta.

Al observar a su compañero, la paz de la que gozaba al estar frente al mar y en cómo disfrutaba de todo a su alrededor, supo a dónde iba con eso.

—Estás preparado para morir, ¿no es cierto? —dijo de pronto en un hilo de voz

—Es correcto —confirmó sin más dejando a Shiryu sin saber qué decir.

—¿Cómo es posible que te juegues tu futuro y tu vida en esto?

—Lo único que me importa es resolver este asunto. Es mi prioridad, lo demás carece de importancia —respondió mirando al frente sin intercambiar miradas con su acompañante.

—¿Al menos, tienes alguna estrategia en mente? —preguntó tratando de contener su molestia ante tales respuestas.

—Si, precisamente en eso he estado pensando desde que visitamos el cementerio.

Sin prestar más atención a las palabras de Shiryu, el siciliano comenzó a ver imágenes en su cabeza. Recuerdos de un pasado que había querido borrar apenas salió de Sicilia rumbo a Grecia.

Se veía a sí mismo al final de una habitación en penumbras, ya que la única ventanilla se encontraba a varios metros sobre el suelo, estaba sentado en una esquina sin poder moverse. Solo escuchaba los latidos de su corazón mientras su mirada estaba fija al frente observando con los ojos muy abiertos.

¿Cuánto tiempo estuvo encerrado en esa habitación desde que Cecilia y Pietro murieron? Fueron días o semanas quizás, no lo recordaba bien en esos momentos. Sobrevivió comiendo las sobras que le lanzaban y resistiendo lo más que podía sin doblegarse.

Y más cuando sus ojos eran forzados a ver lo que esos hombres hacían en esa habitación.

Él conocía bien los motivos de Bernardo para torturarlo de esa manera, algunas veces fueron sus maleantes y otras, las peores, las ejecutó él de propia mano. Por esas razones lo odiaba con todo su ser.

—Cría cuervos... cría cuervos... —repetía en voz baja una y otra vez mientras Shiryu lo observaba consternado.

Ya no era útil añadir nada más al asunto, solo debían buscar el modo de sobrevivir y, dadas las circunstancias, era mejor armarse de valor para planificar la mejor estrategia.

—Está ciudad —comenzó a decir Deathmask pensativo— siempre ha estado bajo el control del crimen organizado. Todos los establecimientos forman parte de uno u otro bando. Solo aquellos que son parte del bando correcto, sobreviven.

—Ya veo —respondió con calma—. El restaurante al que me llevaste es miembro de alguno de esos grupos.

—Si.

—¿Ese señor Bernardo es algún capo de la mafia o algo así? —Deathmask negó con vehemencia sin dejar su actitud calmada.

—No. Su rango es menor. Es líder de un grupo pequeño o eso era cuando yo vivía con ellos. Antonio siempre fue su brazo derecho, hacia muchas cosas perversas cuando algun miembro de los otros grupos caía en sus manos.

—Entiendo. Es decir, el restaurante es una fachada para cometer crímenes. ¿Es correcto?

—En realidad solo es para aplicar justicia. El lugar funciona como restaurante y tal —corrigió cruzándose de brazos.

—¿Justicia? ¡Llamas a esto justicia! —replicó enfadado—. No puedo creerlo.

—Solo dije "justicia", nunca especifiqué qué tipo de justicia —respondió lanzando una risita irónica—. Cuando un miembro del mismo restaurante cometía un error grave, se le advertía que tuviera cuidado o lo pasaría mal. Si el empleado, además era miembro del grupo de mafiosos del mismo restaurante, casi siempre terminaba muerto.

—¿Qué? —preguntó sin poderlo creer— ¿Y nadie notificaba a las autoridades o al familiar de la persona? —nuevamente, Deathmask negó con la cabeza observando a Shiryu fijamente.

—Estoy seguro de que el grupo al que pertenece el restaurante, tiene comprada a la policía... —respondió con pesar aunque con dudas— Por lo mismo, Antonio anda por ahí amenazando gente con una pistola en el bolsillo.

—Dioses... ¡¿Y por qué diantres no me dijiste todo esto?! Te guardas demasiadas cosas y esta información era importante.

—¡Tienes razón, de habértelo dicho ya estarías rumbo a Grecia y no aquí comportándote como policía encubierto! —replicó enfadándose de nuevo.

Ambos trataron de mantener la compostura para no llamar la atención, puesto que, varias personas comenzaron a observarlos con curiosidad apenas levantaron la voz.

—El panorama es este: toda la autoridad aquí está vendida al mejor postor. Lo que hagamos causará caos, de un lado y del otro. Es simple.

—¡Rayos! Estamos en un callejón sin salida.

—Si, básicamente. Pero no tienes que involucrarte en nada, yo actuaré solo. Si te apartas del camino, nada malo te sucederá —dijo Cáncer con toda calma.

—¿Qué? —le había ofrecido su ayuda, aún así, se empeñaba en hacerlo a un lado— ¡Insistes en solucionar todo enfrentando a ese hombre que, quién sabe a cuantos más tenga a su mando!

—¡Ya basta Shiryu. Todos estos días te has comportado como si fueras un maldito sacerdote o mi terapeuta! —reclamo enfadado—. ¡Estoy harto!, no lo eres y no lo serías aunque tuviera ambos. En este punto ya no es hacer lo correcto sino lo necesario para no morir. ¡¿Entendiste?!

El dragón se contuvo, no obstante estaba a punto de molerlo a golpes aunque tuviera razón. Debían sobrevivir sin importar las implicaciones morales de la situación.

—Hagamos esto —comenzó a decir Deathmask ya más calmado—. En cuanto sea necesario actuar, ¿te parecería entretener a los hombres de Bernardo y dejarme el camino libre para confrontarlo?

—¿Los apartó del camino?

—Si, solo eso. Es muy probable que nos lleven al restaurante si llegan a "capturarnos". Como no hay vecinos en los alrededores, nadie escuchará lo que ocurra.

—¿Que no hay vecinos? Hay varios edificios a lo largo de la calle —replicó contrariado.

—No prestaste atención, todos esos inmuebles están deshabitados. Ni una sola ventana abierta, ni un solo auto ni otra señal de vida. Siempre ha sido así, solo una fachada sin nada por detrás.

—Ya veo.

—Mientras te debates con lo que te pedí, déjame disfrutar de la vista y el mar, quieres —ordenó sin recibir respuesta.

Nuevamente Deathmask se sumergió por un rato en sus meditaciones. Recordando el momento en que tuvo que doblegarse para que no lo mataran. A diferencia de los dilemas morales de Shiryu, él no tenía opciones si quería ver la luz de otro día.

—¿Ya te quedó claro quién manda aquí? —preguntó Bernardo con voz sedosa— Si vuelves a causarme problemas, te partiré el cráneo con la pata de una mesa.

El pequeño Deathmask no dejó salir ni una lágrima mientras lo observaba con rabia. Bernardo era un sujeto que, en aquel entonces, parecía medir casi dos metros, siempre vestía elegante y fungía como "Manager" del restaurante desde que lo "invadió" quitando al staff original del camino.

—Si crías cuervos, Bernardo, te sacarán los ojos —comentó Antonio burlón como siempre hacía mirando al niño con desprecio.

—No, si los dejas ciegos primero para que no te encuentren —respondía Bernardo lanzando una mirada amenazante—. Si vuelvo a ver qué tratas de huir de aquí —indicó sacando una navaja colocándola en el cuello de Deathmask quien no se movía ni parpadeaba—, te cazaré como a un animal y te arrojaré en una caja tal y como hice con tu madre y tu hermano. ¿Te quedó claro, F...?

No quedó más que unirse al enemigo a partir de ese momento fingiendo lo mejor que podía y haciendo lo que le ordenaban, así aprendió un poco del oficio que ellos ejercían y otro poco de la fachada que mantenían bajo el ojo agudo de Bernardo quien lo tenía fuertemente vigilado, así como la constante presencia de las escalofriantes máscaras que colgaban en las paredes de todas las paredes del edificio.

—Parece como si ellas observaran todo lo que sucede aquí —se decía mientras preparaba las mesas acomodando la cubertería sin apartar la mirada de los huecos en las máscaras donde deberían estar sus ojos—. Una máscara por cada persona que ha muerto en este lugar... una por cada sujeto que Antonio y Bernardo han matado —pensaba repasando las paredes una y otra vez, sin encontrar nunca las que representaban a Cecilia y a Pietro.

Había docenas de ellas colocadas por encima de los empapelados sin entender el por qué de ese macabro fetiche. No obstante sus colores, texturas y expresiones únicas lo tenían abstraído llegando a pasar momentos prolongados contemplándolas, analizándolas a detalle.

Curiosamente, no las odiaba solo las encontraba inquietantes y efectivamente aterradoras.

—Cuando llegue el momento, colocaré una maldita máscara en la pared por Bernardo y otra por Antonio —pensaba malicioso mientras Shiryu lo observaba preocupado.

En realidad, lo miraba con miedo pues cada minuto que pasaban en Palermo parecían convertirlo en la persona que era. En el santo dorado indigno de su armadura. Aunque, ahora que lo pensaba con calma, él fue una víctima en su momento ya que, algo parecía confirmar que Antonio o Bernardo fueron quienes asesinaron a su familia.

A juzgar por el rencor que guardaba Deathmask, cuyo nombre prefería al usado por los maleantes, era un hecho que así ocurrió.

—Bernardo o Antonio asesinaron a la mujer y al niño, ¿estoy en lo correcto? —por respuesta solo escucho a su acompañante lanzar un largo suspiro— ¿Sabes por qué lo hicieron? Eran una mujer y un niño, ¿que mal podrían haberles causado?

—Porque Bernardo y Antonino son un par de bastardos imbéciles —respondió mecánicamente—. Desde ayer he desarrollado la teoría de que, hace mucho, ese restaurante era propiedad de un miembro de otro grupo de mafiosos. Bernardo no compró el local ni nada parecido, él llegó un día y se adueñó de todo. Esta parte no la sé muy bien ya que jamás se me compartió esa información.

Se quedó pensativo un momento tratando de hallar las respuestas pareciendo que, realmente, no lo sabía.

—Creo que mi madre era parte del staff que trabajaba para esa otra administración, seguramente se resistió en cooperar con algo y por eso la mataron.

—¿Y qué hay de tu medio hermano?

—Se interpuso... Pietro la quería mucho.

No dijo más quedándose en silencio rememorando, mientras el mar azotaba sus olas contra la costa bañando la blanca arena. Por primera vez en muchos años, Deathmask escuchó en su mente con toda claridad el sonido de un disparo. De la pistola cuyas balas atravesaron la cabeza de ambos dejando un baño de sangre en la pared. Cecilia y Pietro murieron al instante.

Shiryu no dijo más, pensando que debía hacerse justicia por esas dos personas desafortunadas aunque no estuviera de acuerdo en matar al asesino, sino en llevarlo ante la autoridad. Lamentablemente, las autoridades ahí tampoco arreglarían nada. El podría con un grupo de hombres armados, las balas no serían un problema puesto que su velocidad era más alta que la de unos simples disparos, a pesar de no contar con autorización para usar su armadura o el cosmos.

—Estoy pensando en cómo poder inmovilizar a tantos hombres de un solo golpe —dijo de pronto haciendo que su acompañante saliera de sus pensamientos.

—¿De verdad lo harás? —Deathmask lo observó sorprendido por unos momentos— Imagino que esos dos te asustaron de verdad.

—Si, puede ser —mintió—. Aprecio mucho mi vida y tengo ganas de volver a ver a mis amigos.

—Esa es una buena motivación —se dijo con algo de desesperanza ya que era incierto si él volvería a ver a sus amigos—. Hay que movernos de aquí a un sitio más privado para poder planear nuestros movimientos con calma.

—De acuerdo.

Unos minutos después, justo antes de caer la tarde, cambiaron de ubicación andando con paso lento por la ladera del malecón. El dragon noto como Deathmask parecía retrasar el momento en que tuviera que enfrentar su destino, realmente parecía listo para dejarlo todo atrás renunciando a su vida. Aquello le resultó triste puesto que, la diosa Atena, no lo había revivido para que este volviera a la tumba a causa de sus precipitadas decisiones.

—Ella quería que todos vivieran una vida mejor —se dijo melancólico lanzando un largo suspiro que paso desapercibido para su acompañante—, no los trajo de regreso para terminar en medio de toda esta porquería.

Deathmask se detuvo de súbito haciendo que el joven chocara contra él.

—¿Qué sucede?

—Alguien nos está siguiendo —respondió en voz baja—. Hay que continuar —retomó el paso a la misma velocidad haciendo que Shiryu estuviera alerta todo el camino hasta donde su acompañante decidiera.

No era prudente volver al hotel, así que caminaron en círculos Internándose en diferentes calles a fin de perder de vista a quien los siguiera. Ambos intentaron no inmutarse ni confrontarlo, simplemente tratarían deshacerse de él lo más rápido posible ya que, era muy probable, que no estuviera solo, que fuese un informante que se contactaría con sus colegas apenas viera donde se detenían.

Finalmente ambos llegaron a un parque público lo suficientemente concurrido como para sentirse un poco más confiados deteniéndose un momento aun lado de una fila de banquillos de piedra, en medio de un grupo amplio de personas. El hombre que les seguía el paso no perdió tiempo tampoco aproximandose a ambos rápidamente, al estar frente a Deathmask sacó un papel doblado de su bolsillo entregándoselo.

Se trataba de un hombre mayor que él no conocía, iba ataviado como cualquier otra persona salvo que este llevaba unas gafas oscuras y un sombrero de paja.

—Me enviaron a dejarle esto —tras entregarle el papel a Deathmask, se retiro de ahí con pasos rápidos sin esperar una respuesta.

Shiryu lo observó perderse entre la multitud sin ir tras él ni intentar seguirlo.

—Solo era otro mensajero.

Deathmask no perdio el tiempo observando al insignificante sujeto dedicando su entera atención al documento. Al desdoblarlo se encontró con un mensaje redactado a máquina de escribir:

"Vaya esta noche al sitio que conoce a las ocho en punto.

No falte pues, su vida depende de ello"

—Nos están citando en el restaurante esta noche —dijo de pronto esbozando una sonrisa de satisfacción.

—¿Qué, tan pronto?

—Si. Sin embargo, no acudiremos a la cita.

—¿Qué dices? ¡Estás llevando esto demasiado lejos, solo hay que ir y terminarlo de una vez!

—No. No asistiremos cuando ellos nos lo ordenen sino cuando estemos listos para eso y no lo estamos. Al menos, tu no.

—Dioses... estás haciendo este juego muy peligroso —respondio en un hilo de voz que denotaba mucha consternación.

—Lo sé, pero si vamos así sin más nos matarán. Si aparecemos por ahí cuando menos lo esperen, podremos tomarlos por sorpresa con facilidad —indicó serio y pensativo.

—Ya entiendo, aún así me preocupa lo que puedan hacer si nos ven andando por las calles como si nada ocurriera.

—No perdamos tiempo.

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De vuelta en el hotel, se sintieron más tranquilos al corroborar que nadie los seguía logrando llegar a la habitación para discutir un poco su estrategia. Shiryu escuchaba con atención la descripción que su compañero hacía del lugar, si bien le costaba detallar los pisos superiores del edificio, si que lo conseguía con el sótano y las enormes bodegas.

—La bodega más grande está al final del pasillo, protegida por una puerta metálica de doble hoja. Si te sientes con la confianza suficiente para solo desarmarlos y sacarlos de la jugada, podrías encerrarlos ahí ya que solo se abre y cierra por fuera.

—Así no tendría que matar a nadie.

—Exacto y con eso bastaría.

—¿Que harás con Bernardo y Antonio?

—Yo podré con ambos —respondio confiado observando la ventana por unos momentos.

—¿Solo los sacarás de la jugada con unos golpes, verdad?

No recibió respuesta haciendo lo posible por no preguntar más.

—Los dejare fuera de la jugada —indicó sin responder la pregunta.

—¿Cuando sería prudente acercarnos al lugar?

—Hoy no. Debo cerciorarme que Bernardo estará ahí, no siempre viaja con Antonio. Por razones de seguridad, llegaban por separado a veces. Aunque...

—¿Si?

—Si Antonio está aquí, es probable que el otro infeliz lo esté también.

Se quedó unos momentos en silencio analizando cosas en su cabeza. La presencia de Antonio no garantizaba nada, pero valdría la pena acercarse a los edificios abandonados para tener un mejor panorama de los movimientos del lugar.

—Mañana a esta hora nos acercaremos a la calle, entraremos a uno de los edificios vacíos y nos quedaremos ahí unas horas. Podremos ver qué ocurre en los alrededores.

—¿No crees que se percaten de nuestra presencia?

—No y en caso de que alguien se aproxime, lo eliminamos y ya —respondió con toda naturalidad.

Shiryu se sintió menos tenso al escuchar el plan alegrándose de que no fueran a dar un salto a ciegas. Deathmask tenía todo fríamente considerado y, era un hecho que el golpe definitivo lo daría él, no pareciendo querer tocarse el corazón por nadie.

Venganza era lo único que tenía en la cabeza volviéndolo un hombre muy peligroso dispuesto a no escuchar razones. Cegado por aquel frío deseo, se había convertido en un sujeto extremadamente calculador con el correr de las horas.

—De acuerdo. Me gustaría buscar el modo de que esos hombres no vean mi rostro —respondió con calma.

—Esa es una excelente observación. Deberás cubrir tu rostro y alejarte de las cámaras de seguridad. Ellos no deben tener tu imagen bajo ninguna circunstancia. ¿Te quedó claro?

—¿Qué posibilidades hay de tener éxito?

—Si lo haces bien, saldrás con vida y podrás volver a casa.

—¿Y tú?

—No lo sé... ya conoces mi postura.

—Entiendo...

No dijeron más ni salieron de la habitación el resto de la tarde. Shiryu no hallaba paz en estar sentado sin hacer nada útil, de hecho sus temores lo hacían clavar la mirada en la puerta sin parpadear siquiera. Su cama estaba justo al frente lo que le permitía quedarse a la expectativa, como si esperara que una emboscada les cayera en cualquier momento. Observó a su acompañante quien, extrañamente, encendió el televisor buscando en que distraer sus pensamientos. Shiryu intentaba enfocar su atención en el partido de fútbol que tenía tan interesado a su acompañante sin lograrlo.

Debió pensar en llevarse un libro consigo al menos, alguna lectura compleja que lo hiciera enfrascarse sin mirar a la puerta cada segundo de la tarde a la espera de que alguien armado se apareciera por ahí y los condujera al restaurante a rastras.

—No sabes calmar tus nervios. Nadie vendrá.

—¿Cómo estás tan seguro? Deberíamos asomarnos a la calle para verificar que nadie nos siguiera hasta aquí y no estén afuera esperándonos.

—Nos están esperando en el restaurante y están por dar las ocho, si quisieran llevarnos por la fuerza ya hubieran aparecido. Esta habitación no da a la calle principal así que no podremos ver si alguien se presenta aquí o no. Sugiero que trates de calmarte e intentes dormir un poco.

Deathmask lo escuchó dormitar por ratos, aprovechando para definir los detalles de lo que pensaban hacer, sin sus molestas intromisiones moralistas en medio de cada argumento. Aunque, su mente evocaba memorias del pasado, de tanto en tanto, tratando de recrear la imagen de Bernardo luego de tantos años de no verlo y el sentimiento de repugnacia e ira que le evocaba.

En su momento se trataba de un hombre de facciones duras en su rostro cuadrado, alto de cuerpo y corpulento. Siempre vestía de traje y corbata cuidando mucho su aspecto. No siempre estaba en el restaurante y, cuando se presentaba, una o dos veces cada pocos días, los empleados no le hablaban tratándolo con sumo respeto cuando éste solicitaba algo teniendo su servicio como prioridad. Deathmask sí que tuvo contacto con él pues, siempre que se aparecía por la puerta era con el afán de fastidiarlo, golpearlo y humillarlo encontrando la rabia del enojado jovencillo francamente divertida.

Entre más lograba sobajarlo más lo repetía.

Y Deathmask no decía palabra al respecto ni siquiera cruzaba miradas con él. Delante de Bernardo, no prestaba atención a sus burlas ni amenazas aunque sí a sus modos de conducirse, a su manera de liderar y manipular a su gente sin dejar de sentir asco por aquel sujeto despreciable. Así mismo, de primera mano, observó cómo era que sus secuaces llevaban a sus "capturados" a la bodega al final del pasillo del sótano para torturarlos y acabar con sus vidas.

Luego de eso, se colgaba una máscara en alguna de las paredes deshaciéndose del cuerpo tan discretamente como si nada hubiera sucedido.

—Lo que ha ocurrido esta noche —decía Antonio tomando la palabra en una de esas muchas ocasiones—, debe servir como advertencia para todos. No mostraré piedad con cualquiera que nos traicione, somos una familia pequeña y así nos mantendremos. Controlamos las organizaciones gubernamentales de esta ciudad, por lo que es mejor que no intenten nada que sea perjudicial para ustedes.

Nadie objetaba palabra alguna en medio de ese incómodo silencio, Deathmask observaba todo a su alrededor notando que, tanto los empleados como él, eran prisioneros siendo imperativo escapar cuanto antes y de cualquier forma posible. Desde aquel entonces la impotencia y rabia que esa situación le provocaba lo habían hecho sentir deseos de venganza; a veces eran disipados por las rutinas del día a día, pero siempre había estado ahí desde que podía recordar. Así pasaran cien años, él consumaría su venganza tarde o temprano.

—Apenas tenga oportunidad —pensaba llevándose el brazo a la frente—, seré yo quien le reviente el cráneo a ambos con la pata de una mesa, solo tengo que pensar en cómo emboscarlos sin que se den cuenta siquiera.

Así como a Shiryu, también le costó conciliar el sueño esa noche negándose a reconocer abiertamente que estaba alerta a la puerta de la habitación y a sonidos extraños que se escucharan por los pasillos del hotel. Las preocupaciones del joven asíatico se le contagiaron esa larga noche de insomnio. Fue que dedicó unos momentos a buscar en sus recuerdos algo que le ayudará, algún evento que pudiera usar a su favor.

Pasaron varios minutos en los que solo escuchaba el leve tick tack de su reloj de pulsera. No estaba seguro de cuántas horas habían transcurrido analizando a detalle su cabeza, escarbando en sus memorias. Sus recuerdos sobre Bernardo eran los que tenía más arraigados mientras que otros eran más bien borrosos.

—Lo que quedaría sería que me llevaran directamente a él, dejarme capturar agilizaría todo esto ya que no perderíamos más tiempo y el encuentro podría darse sin complicaciones —se decía en voz baja escuchando como Shiryu giraba de un lado al otro en la cama contigua, seguramente estaría demasiado preocupado torturandose a sí mismo con sus imaginaciones—. Si tomamos acción cuanto antes, esto acabará en un abrir y cerrar de ojos.

No deseaba apresurarse sino tomarse su tiempo, más que nada quería hacer que los otros lo cazaran, que ellos fueran quienes le rogaran por un encuentro con las cabezas del grupo criminal; siendo el primer mensaje enviado, su inasistencia a la cita de esa noche. Si aparecía otro "mensajero" enviaría una respuesta sutil, hasta que al bando contrario no le quedaran más opciones que hacerle frente y llevarlo por la fuerza.

—Debo comenzar por hacer algo que los haga agitarse.

Estando satisfecho con esa táctica inicial, esbozó una sonrisa reacomodandose en la cama, Luego de un rato más, se quedó profundamente dormido.

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Al día siguiente permanecieron en el hotel la mayor parte de la mañana ocupando el comedor y la pequeña área común en la parte posterior del edificio. Según observaron, los empleados estaban tan tranquilos como siempre siendo el claro indicador de que nada fuera de lo usual había ocurrido la noche anterior.

Aprovecharon el dia para afinar ciertos detalles sin ahondar en implicaciones morales ni éticas, estaba claro que nada persuadiría al siciliano de cambiar sus tácticas a esas alturas. Lo mejor sería cooperar con él sin involucrarse demasiado, se dijo Shiryu sin más recursos a los cuales recurrir ni estar de acuerdo con eso en lo absoluto, además de estar muy cansado de discutir.

—Espero que hayan pensado que dejamos Palermo ayer por la noche —dijo cáncer confiado y pensativo.

—Eso sería lo mejor, así bajarán la guardia.

—Precisamente. Esta noche nos acercaremos a la zona del restaurante para asegurarnos de quienes están en la cercanía y qué estrategias de vigilancia han implementado —el joven dragón solo asintió—. Emprenderemos el camino, apenas caiga la tarde.

Una vez más se hallaban en la habitación con el televisor encendido. Shiryu estaba cansado de solo esperar y esperar, algo dentro de él se agitaba impaciente por salir a las calles y acabar con todo de una vez. Miró rápidamente su reloj de pulsera lanzando un suspiro de cansancio al ver que apenas pasaba del mediodía.

—Es increíble la paciencia que ha desarrollado —pensaba observando a su acompañante mirar el televisor con calma e interés—. Estoy cansado del canal de deportes —dijo de pronto— ¿podríamos cambiar el canal, por lo menos?

—Si, espera... —respondió vagamente observando el movimiento de los integrantes del equipo de fútbol en el aparato por varios minutos más.

Deathmask noto como, unos momentos más tarde, Shiryu comenzaba a quedarse profundamente dormido, pues su respiración era profunda y regular. Aquello era oportuno ya que, luego de muchas consideraciones, el antiguo caballero dorado decidió que necesitaba tomar la iniciativa con su asunto pendiente, el joven asiático no notaría una breve ausencia esperando volver antes de que este despertara.

Quitándose los zapatos para no hacer ruido, Deathmask salió de la habitación yendo escaleras abajo dirigiéndose a la puerta del hotel. Esperaba encontrarse con algun otro mensajero durante el pequeño paseo que daría, entonces haría lo posible porque este devolviera un mensaje.

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Se acercaron sin prisas a la zona del restaurante apenas comenzaba a ocultarse el sol, el viaje lo realizaron en autobús a fin de que nadie los viera llegar por la avenida. La gente y los autos iban y venían camuflajeandose entre el ajetreo. Ambos vestían ropa oscura tratando de llamar lo menos posible la atención.

Deathmask sonreía satisfecho esperando haber generado la reacción deseada, luego de su pequeña táctica hecha esa tarde, a espaldas del asiático. Aún no diría nada a su acompañante, al menos hasta llegar a los edificios deshabitados sobre la calle del restaurante.

—Espera —dijo de pronto colocándose muy cerca de la fachada del primer comercio a su lado—, mira eso.

—¿Qué cosa?

Una fila de autos negros, aparentemente de una marca prestigiosa, iban a toda velocidad sobre la calle alejándose rumbo a la avenida principal aledaña al puerto.

—¿Qué fue eso?

—Están persiguiendo a alguien —respondió Deathmask sin más—. Aguarda, no te muevas hasta que te lo ordene.

—¿Cómo dijiste?

Shiryu no estaba muy seguro de cómo ocurrió lo siguiente, pues Deathmask se acercó al pavimento bajando de la acera deteniéndose en el camino muy confiado. El último auto negro, perteneciente al mismo grupo de vehículos elegantes que iban a toda velocidad, se detuvo de súbito haciendo sonar el claxon lo más que podía apenas rechinaron los neumáticos sobre el pavimento gritándo malidiciones a todo pulmón al impertinente sobre el camino.

Sin embargo, Deathmask lo observaba sonriendo maliciosamente sin moverse ni un centímetro ignorando las molestias de este, al mismo tiempo que el conductor lo pasaba mal tratando de cambiar de carril o dirección debido a un camion alto atorado en el tráfico justo a un lado. Finalmente, el siciliano se aproximó con pasos rápidos al lado del conductor ordenando algo con furia.

El joven asiático estuvo atento a sus señales y este le indicaba que subiera al auto de inmediato. Sin tiempo para responder ni perder, ambos hombres entraron al auto cuyo ocupante era un joven trajeado que los miraba con terror y nadie más cosa que Shiryu noto enseguida sin remarcar el hecho de que el chofer fuese solo en el vehículo. Quizás estaba por recoger a alguien del mismo grupo de mafiosos o, peor, una futura víctima.

Apenas cerraron la puerta, Deathmask apresó el cuello del chofer en cosa de segundos sin que este pudiera hacer algo o defenderse. Los vehículos detrás de ellos tocaban el claxon furiosamente llamando la atención hacia ellos.

—¡Solo te diré esto una sola vez! Llévame con Antonio. Si intentas resistirte no te mataré, no. Te torturaré hasta que me lleves con ambos y te dejaré a su merced.

—Si lo llevo, me matarán. Usted lo sabe —suplicó al punto del llanto mientras Shiryu los observaba desde el asiento trasero, el chofer sería un jovencito apenas mayor que él.

—Imagina lo que te harán si te llevo con ellos —siseo malicioso—. Me apiadare de tu alma apenas lleguemos, no te preocupes. Conduce ahora, ¡rápido!

Cáncer extrajo el arma que el chofer llevaba bajo la chaqueta apuntándola sobre las sienes del inexperto jovencito. Shiryu observaba todo desde su incómoda posición al lado de Deathmask sin querer moverse, pues estaba demasiado aterrado por aquel inesperado giro de los hechos.

—¿Hacia dónde se dirige esta comitiva? —pregunto cáncer sin relajarse ni un segundo.

—Unos van directo al último sitio donde el mensajero enviado esta tarde lo encontró a Usted. Al parque público. Él nos telefoneó indicando que "el infame Señor F..." estaba ahí y... —su voz titubeante era miel para los oídos de su captor.

—¿Y? —insistió Deathmask con voz sedosa.

—Y todos se molestaron cuando este les informó que el objetivo le rompió el brazo violentamente —continuó el aterrado chofer un poco menos tenso mientras iba por el camino intentando responder las preguntas sin chocar ni llamar demasiado la atención—. Antonio lo maldijo furioso diciendo que apenas le pusiera la mano encima lo mataría por no haber podido contra Usted.

—Excelente —pensó satisfecho—. Llévame con él sin desviarte. Me quedaré justo en esta posición hasta que lleguemos. ¿Te quedó claro?

—Si... si señor.

Shiryu lo observó todo suponiendo que el conductor los llevaría con ambos mafiosos y entonces todo estallaría. Respiró profundamente sin sentirse menos nervioso por lo que estaban por enfrentar, solo quedaba prepararse mentalmente para irse encima de un gran grupo de hombres armados.

El automóvil continuó por las avenidas sin cambiar de ruta haciendo que el corazón de Deathmask se agitara violentamente. Estaba a pocos minutos del reencuentro con su pasado sintiéndose ansioso por llevar las cosas a sus últimas consecuencias.

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"Dies irae, dies illa

Solvet saeclum in favilla"- Goethe

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Continuará...