Capítulo 1

Se había metido en un lío. En un buen lío si era sincero consigo mismo, y solamente por evitar las miles de preguntas, consejos y opiniones que le hacía su madre cada semana cuando hablaban por teléfono. ¿En qué estaría pensando para mentir? Ahora la pequeña mentira se había convertido en una gran mentira, y sólo se le ocurría una forma de solucionarlo. Y no era contando la verdad. Por supuesto que no. Prefería cualquier otra cosa a confesar que había mentido y enfrentarse a la ira de Judy Hotchner (que luego ella terminaría transformando en vergüenza para si misma que la haría ser la víctima. Su madre era así, la reina del drama).

Miró a través de la ventana de su oficina hacia el bullpen, para inspirarse y ver si se le ocurría algo y vio al equipo y al resto de agentes auxiliares trabajar sin descanso. Necesitaba encontrar una solución pronto…Era Lunes, y todavía tenía hasta el Jueves. Rossi pasó saludando por delante de su oficina hacia la suya propia.

Tal vez podría pedirle ayuda a su amigo. Él conocía a gente. Aunque pensándolo mejor…probablemente tendría que soportar también su burla, y no quería a nadie a quien acabara de conocer y con quien no tuviera nada de química. La ayuda de Rossi también estaba descartada.

Prentiss no podía ser, no daba el perfil (al menos el que él le había descrito a su madre…porque la morena estaba de muy buen ver). García era…demasiado vibrante, y no sería para nada creíble. Y JJ era tal vez su mejor opción, pero demasiado joven, y además estaba casada, y no, tampoco sería creíble.

Un mensaje de su madre (¿esta mujer no se cansaba?), le recordaba que se verían el Jueves. ¡Acababan de hablar por teléfono, por Dios! Como para olvidarlo…

Volvió su cabeza al bullpen, mucho más allá del equipo, pensativo, y encontró su solución. Se levantó rápidamente y salió de su despacho a toda velocidad.

Desde hacía unas semanas, la jefa de sección Strauss se sentaba en la zona de descanso a trabajar. Lo hacía durante unas horas un par de días a la semana, y en contra de lo que pensaban todos, no lo hacía para vigilarlos (aunque nadie se atrevía siquiera a moverse cuando ella estaba allí), sino para integrarse. No iba a hacerse amiga de ninguno de sus agentes, pero querían que vieran que ella era tan humana como ellos.

Así que cuando Hotch se acercó, estaba concentrada en su trabajo, mordisqueando un bolígrafo (hábito que al agente le hacía mucha gracia, porque no pegaba nada con la personalidad de su jefa).

-Erin, necesito tus servicios -dijo sentándose frente a ella. Strauss frunció el ceño.

-¿Perdón? -levantó una ceja, seria.

-Esto…quiero decir que…-el bolígrafo de Erin, con el que jugueteaba, salió volando. Se levantó a recogerlo conteniendo la risa y se lo devolvió.

-Lo siento. ¿Qué querías decirme?

-¿Tienes planes para este fin de semana? -ella lo miró con desconfianza.

-Eh, creo que no. ¿Por qué lo preguntas?

-Pues ahora sí los tienes -respondió Aaron poniendo su mejor sonrisa y procediendo a explicarse-. Tengo la boda de mi primo este fin de semana, bueno en realidad no es mi primo de sangre. Mi tío se casó con una mujer viuda con dos hijos pequeños, y bueno, supongo que al final si son mis primos aunque…

-Aaron, al grano -lo instó ella moviendo la mano con impaciencia.

-El caso es que…necesito una pareja. Más que nada porque le he dicho a mi madre hace tiempo que la tengo, y no puedo presentarme allí solo. Me mataría.

-Pues no vayas a la boda -respondió Strauss levantando una ceja y sonriendo de medio lado.

-¿Estás loca? No puedo hacer eso. No conoces a mi madre. Es capaz de presentarse aquí y…-movió la cabeza de un lado a otro, imaginando las consecuencias.

-Así que hay una mujer capaz de dominar a Aaron Hotchner -bromeó Strauss inclinándose sobre la mesa.

-¿Te sientes mal porque tú no llegas a conseguirlo? -él se inclinó también, rozando sin darse cuenta sus manos, que tenía sobre la mesa-. Y más que dominar, le tengo miedo. Lo reconozco -sonrió abiertamente.

-Está bien. Después de esta confesión a corazón abierto, te ayudaré. Iré contigo a esa boda.

-¡Sí! Gracias Erin, te debo una. Son cuatro días, nos vamos el Jueves. Ya te iré informando -dijo levantándose rápidamente y alejándose, con miedo de que ella cambiara de opinión.

-¡Aaron espera! -intentó detenerlo, pero él ya estaba camino a su despacho. Volvió a sentarse, frustrada.

Había aceptado demasiado rápido, lo sabía, y ahora que lo pensaba mejor, era una completa locura. No era sólo acompañarlo a la boda, era acompañarlo como SU pareja, y eso probablemente, no saliera bien. Solamente esperaba, que nadie se diera cuenta de su mentira.

Continuará…