Capítulo 2

Pasaban diez minutos de las dos de la tarde cuando Hotch aparcó el coche frente a la casa de su jefa. Llamó al timbre y casi inmediatamente, ella abrió.

-Dame un segundo, voy por el bolso y las gafas de sol y nos vamos. ¿Puedes coger la maleta, por favor? -preguntó adentrándose de nuevo en la casa.

-Eh, claro -se había quedado pasmado al ver a Erin. Llevaba un jersey azul claro de cuello en pico, que hacía juego con sus ojos, y unos vaqueros apretados. Estaba seguro que nunca la había visto así. Si la viera por la calle, hasta podría fijarse en ella. Aunque debía reconocer que le había gustado lo que había visto.

-Estoy lista ¿vamos?

-Claro.

Guardó la maleta en el maletero y emprendieron el viaje. Tenían por delante unas cinco horas de carretera, y cuanto antes salieran, antes llegarían. Hotch encendió la radio, buscando una emisora que les gustara a ambos, y luego se relajó al volante. Observó divertido que Erin tarareaba algunas canciones mientras miraba por la ventana, y movía la cabeza al ritmo de la música. Pocas veces la había visto tan relajada, y estaba seguro que este fin de semana, iba a descubrir a una Erin totalmente nueva.

-¿Y Jack no está invitado a la boda? -preguntó ella de repente rompiendo el silencio.

-Sí, pero he preferido que se quedara con Jessica. Es un viaje largo, y cuatro días fuera de casa es cansado para un niño de seis años.

-Eso, y que no quieres que desarme tu coartada…-dijo ella divertida.

-Siempre podríamos decirle que era un juego -respondió en el mismo tono.

-Es que en realidad es un juego…-susurró volviéndose de nuevo hacia la ventana.

Después de unas dos horas de viaje, decidieron parar a descansar. Erin comía despacio y en silencio su tarta de chocolate y Hotch la observó con seriedad.

-¿Hay algo que te preocupe, Erin? -preguntó al cabo de un momento.

-¿A mí? No. Eres tú el que se juega el prestigio con toda tu familia. Yo sólo te voy a ayudar -se metió un trozo de tarta en la boca.

-Si seguimos el plan establecido, lo que hemos hablado, nadie se enterará. Sólo debemos fingir un poco cuando estemos con gente, eso es todo -se inclinó un poco y le limpió un poco de chocolate que se le había quedado en la comisura de la boca. Dejó su mano en su mejilla unos segundos de más.

-El 99% del tiempo, vaya -se echó hacia atrás, apoyándose en el asiento, un poco turbada por el gesto de él.

-Lo siento, ya es tarde para echarse atrás. Tendrás que sacar tus mejores dotes de actriz -dijo divertido mientras se levantaba y se dirigía a la camarera para pagar su pedido.

Ella resopló, pero sabía que tenía razón. Había aceptado ayudarlo, así que iría hasta el final con todas las consecuencias.


Cuando se acercaban a su destino, Hotch despertó a Erin, que se había quedado dormida hacía un rato. Se estaba espabilando cuando se fijó dónde estaban.

-¡No me jod..! -exclamó al ver lo que tenía ante ella. Hotch soltó una risita por la expresión tan poco propia de ella.

Ante ellos, se extendía una gran villa de estilo colonial, con unos grandes jardines. Detrás de la casa, se intuían (porque estaban aparcando y todavía no habían llegado allí) otras tantas hectáreas de terreno.

-No me has dicho que tu familia era rica -susurró ella, todavía impresionada.

-Tanto como rica…Mi tío es abogado y mi tía es diseñadora de joyas. Les va muy bien, pero la villa la heredó mi tía de su padre. Sin embargo, ya estuvimos aquí alguna vez de vacaciones cuando éramos niños -explicó mientras salían del coche y cogían las maletas.

-Pues lo que yo decía…-puso los ojos en blanco ante su explicación.

De la casa salió un mayordomo, que le cogió las maletas y les informó que el resto de la familia estaba en los jardines de atrás. Hotch le dio las gracias y se giró hacia Erin, que miraba embelesada cómo el sol comenzaba a descender entre las montañas de Connecticut.

-Hey, ¿estás lista? -extendió su mano, esperando que ella la cogiera.

Lo miró sonriendo, asintió y cogió su mano con seguridad. Se dirigieron hacia donde les habían indicado.

Había como unas trece personas, todas mezcladas hablando entre sí. Al fondo, habían empezado a preparar el lugar dónde se celebraría la boda dos días después. Fue su madre la primera en verlos.

-¡Aaron, hijo, ya estáis aquí! -la señora Hotchner se acercó a ellos y estrechó a su hijo entre sus brazos-. Te dije que me llamaras cuando salieras de casa. ¡Me tenías muy preocupada! ¡Y te he llamado y no me has cogido el teléfono! ¡A tu madre!

-Venía conduciendo mamá. No podía…

Erin contempló fascinada a la mujer. Aaron no había exagerado cuando la había descrito. El hombre aguantaba como podía la charla de su madre. Era un poco más alta que ella pero más baja que Aaron, iba vestida con un traje rojo y rezumaba seguridad, tanto, que empequeñecía al resto. Le recordó a su madre, que siempre intentaba manipular a todos a su alrededor. Si algún día llegaran a conocerse (rezaba para que eso no pasara nunca), ella esperaba encontrarse muy lejos de allí.

-Mamá…-intentó detener el discurso ofendido de la mujer-. ¡Mamá escucha, ésta es Erin, te he hablado ya de ella!

-¡Por supuesto, sí! -la miró de arriba abajo, luego la abrazó-. Erin, eres todavía más guapa de lo que Aaron me había dicho.

-Gracias -murmuró sonrojándose. Esperaba que con la falta de luz que había en ese momento, no se dieran cuenta.

-Vamos a saludar al resto ¿de acuerdo? -le dijo Aaron a su madre, cogiendo a Erin de la cintura y alejándose de ella.

Ambos suspiraron tranquilos mientras se alejaban, escuchando a la mujer decir que luego tendría una conversación con ella para conocerse mejor. Hotch le presentó a sus tíos y primos, a la novia y su familia. Vio a lo lejos a su hermano, y le sorprendió su presencia. No sabía que iba a estar allí. Se acercaron a él.

-Sean, ¿cómo estás hermano? -le estrechó la mano pero no le gustó la sonrisa de suficiencia que tenía.

-¿Te has traído a tu jefa a la boda? ¿No eres capaz de tener una novia de verdad que tienes que traerte una falsa? -soltó una risotada.

Hotch respiró hondo y luego se acercó tanto a él que sus narices casi se tocaban.

-No te atrevas a decir nada, porque yo también puedo joderte la vida, Sean. Así que mantén la boca cerrada.

Se dio la vuelta y echó a andar, con Erin pisándole los talones. Escuchó cómo Sean gritaba que no sabía nada, que iba de farol, y no tenía nada que contar.

-¿Crees que dirá algo? -preguntó ella cuando por fin lo había alcanzado.

-No lo hará, por la cuenta que le trae -respondió malhumorado.

-Pero…

-Erin -frenó en seco y la miró-. Vamos a seguir con el plan ¿de acuerdo? Olvídate de mi hermano. Si dice algo, que estoy seguro que no lo hará, ya me ocuparé de él.

-Está bien… -siguieron caminando, esta vez más despacio.

El sol ya casi se había puesto, y apenas había luz natural, pero habían encendido unas farolas de decoración que le daban al lugar un aspecto encantador. El primo de Aaron lo llamó para que se acercara a él.

-¿Estarás bien unos minutos? Volveré enseguida -le aseguró.

-Aaron, soy una mujer adulta, acostumbrada a tratar con gente. Estaré bien -sonrió con seguridad. Se creía sus palabras, por supuesto, siempre y cuando no se encontrara con su madre.

El servicio de la casa había empezado a servir un pequeño aperitivo de canapés, y vino. Había vino por todas partes y Erin quería morirse. Pidió que si podían sacarle una botella de agua, y la chica, una jovencita de sonrisa tímida, le aseguró que enseguida se la llevaría.

Estaba mordisqueando un canapé cuando vio a la señora Hotchner acercarse a ella, con dos copas de vino.

-Vas a necesitar esto para bajar la comida, querida -le sonrió mostrando toda la dentadura y teniéndole una copa.

-Muchas gracias, pero yo…yo no bebo -consiguió decir a duras penas. Sí, definitivamente, esta mujer la intimidaba con sólo una mirada.

-Todo el mundo bebe. Además, es de las bodegas de los Frinch, los padres de Audrey, la novia. Todo el vino que se va a servir en la boda es de allí. ¿No vas a hacernos ese feo, verdad?

-De verdad, es que a mí el vino…no…no me sienta bien…y…-miró a Hotch que estaba a unos metros de ellas, hablando con su primo, pero sin darse cuenta de lo que pasaba, esperando que la salvara.

-¡Pruébalo! -la taladró con la mirada.

-Está bien…-cogió la copa, llevándola lentamente a los labios.

En ese momento, alguien se la arrebató de las manos. Hotch le sonrió a su madre, bebió de la copa y la agarró de la cintura, atrayéndola hacia él, en un gesto protector.

-No le ofrezcas más vino a Erin, mamá, se pone malísima en cuanto lo prueba. En realidad, cualquier tipo de alcohol le sienta mal ¿verdad, cariño? -se dirigió a ella sonriendo, pero con una mirada de disculpa.

-Así es -respondió con timidez.

-No me digas que eres de las que te emborrachas en cuanto pruebas una gota de alcohol -Judy rio, un poco molesta.

-No mamá, se pone enferma de verdad. Tiene intolerancia al alcohol -respondió con seriedad-. Si nos disculpas, nos vamos a descansar, ha sido un largo viaje.

Se alejaron de la gente, y cuando estaban de nuevo frente a la casa, Hotch se paró.

-Erin, lo siento mucho. Olvidé decirte que los padres de Audrey tienen unos viñedos en California, y se va a servir mucho vino. Y mucho alcohol también. No lo recordé. Y siento mucho lo de mi madre. Ya te dije que es muy insistente, no suele aceptar un no muy fácilmente. Hablaré con ella mañana, no ha estado bien que intentara….-bajó la cabeza avergonzado.

-No importa Aaron. Fui yo la que debería haber insistido más en que no quería esa copa. Sin embargo, tu madre sería un buen fichaje para el FBI. No habría asesino en serie que se resistiera a su interrogatorio.

Rieron, y él le apartó un mechón de pelo de la cara. Se miraron a los ojos mientras el rumor de las conversaciones de la gente se escuchaba a lo lejos.

-Aquí tiene su botella de agua, señora -la chica de antes le tendía la botella-. ¿Necesitan algo más?

-No, no gracias -Erin abrió la botella y dio un largo trago.

Se dirigieron en silencio a su habitación, y Erin se quedó boquiabierta cuando entró. La coronaba una cama King, con el resto de muebles acordes con la decoración del resto de la casa. El cuarto de baño, con una bañera en la que entraban los dos a la vez casi estirados, de cuatro patas; con el lavabo de dos senos y un gran espejo. También tenía una ducha con hidromasaje.

-Wow, estoy por quedarme a vivir aquí -Hotch soltó una risita.

-Toda la casa es así de impresionante. Mañana te la enseño.

-¿Cuántas habitaciones tiene? -preguntó abriendo la maleta.

-Pues…creo recordar que once o doce. Con sus correspondientes cuartos de baño, por supuesto. Más los cuartos del servicio. En total, debe haber cerca de veinte habitaciones.

Erin asintió, impresionada, antes de entrar al baño. Se dio una ducha rápida y cuando estaba vestida, se miró al espejo. Había sido un día raro, y había estado a punto de volver a probar el alcohol. ¿Lo habría hecho de verdad si Aaron no le hubiera quitado la copa a tiempo? Ni siquiera se había mojado los labios, pero se había sentido tan presionada…

No entendía cómo esa mujer era capaz de hacer volar por los aires toda su voluntad. Era una mujer adulta, que dirigía cuatro departamentos del FBI, por el amor de dios. Se dijo a si misma que no lo haría más. A partir del día siguiente, sería ella la que, en todo caso, la haría sentir incómoda con sus preguntas.

Cuando salió del baño, Aaron hablaba por teléfono con Jessica. Le hizo señas de que iba a entrar él mientras seguía al teléfono. Ella se metió en la cama, y a los cinco minutos, estaba dormida.

Aaron le preguntó algo saliendo del baño, y se sorprendió al no recibir respuesta. Sonrió con cariño cuando se dio cuenta que ya dormía. Terminó de guardar sus cosas y luego se acostó. Mañana sería otro día.

Continuará…