Capítulo 3
A pesar de que la cama era enorme, amanecieron acurrucados en el centro. Aaron tenía la melena rubia de Erin, que olía a lavanda, justo debajo de su nariz, y ella estaba hecha una bola pegada a su pecho. Se despertaron cuando sonó el teléfono. Erin se deslizó disimuladamente hacia su lado mientras él respondía la llamada. Colgó al cabo de unos pocos minutos. Se tumbó boca arriba, resoplando.
-¿Hay algún problema?
-Mi madre quería saber cuando bajaremos a desayunar -respondió sin moverse.
-Has pensado…no sé, se me ocurre…¿en decirle que deje de controlarlo todo que ya eres un hombre adulto?
Hotch se giró hacia ella, y soltó una carcajada. Ella lo miró sin comprender qué era lo que le hacía tanta gracia.
-¿Te crees que no lo he intentado? Pero mi madre es de esa clase de personas que lo quiere controlar todo, y a todos, y no importa lo que le digas, porque seguirá haciendo lo que le venga en gana.
-No entiendo cómo lo soportas entonces…
Se acercó a ella despacio, con una medio sonrisa en la cara. Estiró la mano y le acarició el pelo.
-El caso es que…salvando las distancias…me recuerda a alguien -rio fuertemente cuando ella le dio un manotazo y se levantó-. Erin, ¡no te enfades!
-Tengo mi autoestima muy alta como para enfadarme por eso -gritó cerrando la puerta del baño.
Sin embargo, y aunque era cierto que no se había enfadado, sí le había molestado un poco su comentario. ¿De verdad ella era tan controladora, que necesitaba manejar a todo el mundo a su antojo? En la vida real no era así, o al menos creía que no; ¿pero en el trabajo? Sí necesitaba tener un mínimo control, manejaba varios equipos al mismo tiempo y era necesario, aunque no creía que fuera para tanto.
Terminó de arreglarse y mirándose al espejo, se dijo a si misma que ese fin de semana sería su punto de inflexión. A partir del lunes, todo sería diferente para ella.
-Erin, no quería decir…-Aaron empezó a disculparse en cuanto salió.
-No te preocupes, no me he enfadado. Deberías vestirte, me muero de hambre -esbozó una sonrisa sincera y él la imitó.
Diez minutos después, Hotch la encontró en el balcón, respirando el aire limpio de la mañana. Se acomodó a su lado, imitando su postura con los brazos sobre la barandilla y la miró de reojo.
-Estás pensando que ojalá amanecieras así todos los días. Con estas hermosas vistas y respirando este aire fresco.
-¿Ahora te dedicas a leer la mente? -sonrió ampliamente y Hotch se fijó que se le formaban unos hoyuelos en las mejillas.
-Bueno, podría intentarlo. No lo has negado, así que no he ido muy desencaminado -ella soltó una risita, pero no dijo nada-. Te queda bien el pelo recogido así -llevaba una coleta alta.
-Gracias. Tal vez deberíamos bajar ya, antes de que tu madre venga a buscarnos.
Cerraron el balcón, cogieron sus cosas y bajaron a la cocina, con un poco de miedo de qué podrían encontrarse.
En el salón, el más grande e impersonal que Erin había visto nunca, desayunaban en silencio la madre y la tía de Hotch. Sobre la mesa, una gran cantidad de comida para alimentar a la mitad de la población de Stamford. El agente besó en la mejilla a las dos mujeres y luego se sentó. Erin lo hizo a su lado, un poco cohibida. Unos minutos después, en los que el silencio fue su compañero, la tía Laura abandonó el salón, quedando los tres solos. Erin masticaba las tostadas con la cabeza baja, centrada en su comida. Estaba realmente incómoda.
-¿Y qué planes tenéis para hoy? -preguntó Judy mirando de uno a otro.
-Vamos a pasar el día en Stamford. Llegaremos a tiempo para la cena de ensayo, no te preocupes -respondió Aaron masticando tranquilamente su comida.
Pudo ver cómo el rostro de su madre se tensaba. Estaba seguro que la mujer esperaba que pasaran el día entero con ella.
-¿Y cuando vamos a vernos? Creí que pasaríamos el día juntos -ahí estaba. Conocía demasiado bien a su madre-. Hace mucho que no nos vemos, y me gustaría conocer un poco más a Erin -echó un vistazo rápido a la rubia, que le sonrió nerviosa.
-Mamá, estaremos juntos mañana todo el día, y el Domingo hasta después de comer -respondió con cansancio.
-No es lo mismo. Mañana estaremos rodeados de gente, y nerviosos por la boda. Y el Domingo con la resaca de la boda…
-Te prometo que tendremos tiempo. Ahora tenemos que irnos -le hizo un gesto a Erin para que se levantara con él.
Ella se despidió de Judy agitando brevemente la mano. La mujer se limitó a observarla con los labios apretados.
Cuando llegaron a Stamford, el sol calentaba en lo alto del cielo. De todas formas, eso no les impidió disfrutar de la ciudad. Hotch le enseñó lo más emblemático, lo que nadie debería perderse al visitar la ciudad de Connecticut.
Almorzaron en uno de sus restaurantes más famosos y aunque a ninguno les gustaba demasiado, sacaron alguna que otra foto para recordar en el futuro su estancia en la ciudad.
Llegaron una hora antes de la cena de ensayo, con el tiempo justo para darse una ducha y cambiarse de ropa. Hotch notó nada más mirar a su madre, que estaba enfadada. Cuando cruzó su mirada con Erin, a los dos les dio la risa.
-Luego bailaré y hablaré con ella y se le pasará -dijo mientras entraban en su habitación.
-Te veo muy seguro de eso…
-Soy su hijo favorito -y sonrió ampliamente. La sonrisa más feliz que hasta el momento Erin había visto, y que la contagió a ella también.
Cuando Aaron vio salir a Erin del baño, la miró de arriba abajo. Llevaba un vestido azul oscuro, largo, suelto y atado al cuello. Se había soltado el pelo pero llevaba un par de horquillas recogiendo algún mechón lateral.
-¿Qué pasa? ¿No voy bien? -se alisó la falda del vestido con nerviosismo.
-No, qué va. Estás perfecta. No quiero pensar el vestido que te pondrás mañana -murmuró más para sí que para que ella lo oyera. La vio sonrojarse y supo que sí la había oído-. Debemos irnos si no queremos llegar tarde.
La señora Hotchner estaba esperando junto al coche, y sonrió con los labios apretados cuando los vio llegar.
-Estaba a punto de mandar a alguien para que subiera a buscaros -dijo cuando se acercaron. Miró a Erin de arriba abajo, sin embargo esta vez, la rubia sí se sintió incómoda ante la mirada.
-Estamos a diez minutos del restaurante, mamá. Y no van a empezar enseguida. Ya sabes cómo van estas cosas. Puedes estar tranquila -la oyó murmurar mientras subía al coche.
Erin se subió en el asiento trasero, y cruzó la mirada con Hotch en el espejo retrovisor. El agente resopló cuando su madre giró la cara hacia la ventana, claramente sin intención de hablar.
Al llegar al restaurante, todavía había gente en la calle, hablando tranquilamente.
-¿Lo ves, mamá? Te estresas enseguida.
-Somos familia directa, Aaron. Debemos dar buena imagen -el agente puso los ojos en blanco, sabiendo que no la iba a convencer.
Hotch le ofreció el brazo derecho a su madre, y Erin se colocó a su izquierda.
A la cena asistían la familia que estaba en la casa (y que curiosamente no habían vuelto a ver), algunos familiares más de Audrey y los amigos más cercanos de los novios. Hotch pensaba que las cenas de ensayo ya estaban pasadas de moda (cuando se casó con Haley también tuvieron una cena de esas). Sin embargo, sabía que su familia era muy tradicional y que no prescindirían de algo así nunca.
En la mesa donde los sentaron, estaban ellos dos, su madre con su hermano y unos tíos de la novia. Erin estaba a su izquierda, su madre junto a ella, la otra pareja y Sean a su derecha. Su hermano no dejaba de mirarlos con curiosidad, y Hotch sabía que no podía esperar nada bueno de él. Sabía que debía vigilarlo de cerca. Judy hablaba entretenida con la otra pareja, así que aprovechó para preguntar y ponerlos nerviosos.
-Y dime Erin, ¿cómo os conocisteis Aaron y tú? -preguntó Sean con curiosidad. Su madre comenzó a prestar atención, y Aaron fulminó a su hermano con la mirada.
-Trabajamos juntos -se ahorró el dato de que en realidad era su jefa, aunque sabía que él conocía ese dato de sobra.
-Muy interesante…-intervino Judy-. ¿Y cuánto tiempo lleváis juntos? Aaron apenas me ha dado ningún dato…-dijo con tono triste.
-Algo más de seis meses -habían elaborado todo un plan de preguntas y respuestas para el interrogatorio de Judy. No esperaban que Sean también estuviera. Esperaban que no lo echara todo a perder.
-Y…¿no es raro que a tu edad estés soltera? -Erin levantó una ceja, incrédula y molesta.
-¡Mamá! -protestó Aaron.
-Lo digo en plan bien, porque normalmente…ya sabes…-hizo un gesto con las manos.
-En realidad, estoy divorciada y tengo tres hijos -sonrió ampliamente y pudo ver la tensión inmediata en Judy. No planeaba decir eso, pero esa mujer comenzaba a sacarla de sus casillas.
-Oh, bien -la mujer cogió su copa de vino y le dio un pequeño sorbo, esperando que no se notara su incomodidad.
-Mamá, deja ya el interrogatorio, estás incomodando a Erin -posó una mano en su muñeca y la acarició despacio.
-Tendré que preguntar para conocernos mejor ¿verdad, querida?
-Por supuesto. Siempre que después me toque preguntar a mí -dijo ella tomando un sorbo de agua de su copa.
-Claro, claro -respondió Judy con una sonrisa tensa en la cara.
Hotch y Sean cruzaron una mirada, sabiendo que eso sería peligroso. No porque su madre tuviera algo que ocultar, sino más bien, porque a la mujer no le gustaba que nadie fuera como ella. Ella podía preguntar e incomodar a la otra persona, pero no podían hacer lo mismo con ella. Sin embargo, Hotch estaba seguro que Erin no lo decía en serio ¿verdad que no? Aunque la conocía lo suficiente como para saber que sí podría hacerlo, que si le tocaban demasiado la moral, saltaba, y su madre empezaba a hacerlo, y que un duelo entre las dos mujeres no era lo que necesitaban, y menos allí, rodeados de tanta gente. No obstante, Erin estaba allí para ayudarlo con "su problema", tenían un plan y esperaba que no lo delatara.
Se inclinó hacia ella, volvió a cogerla de la muñeca y le susurró al oído.
-Cíñete al plan, Erin. Pasa de lo que te diga mi madre.
Ella sonrió ampliamente, pero Hotch sabía que era una sonrisa envenenada. Otra salida de tono de Judy Hotchner, y todos conocerían a la verdadera Erin Strauss.
-Lo estoy haciendo, sólo que resulta que me saca de quicio mucho más que tú. Fíjate qué cosas -el aliento de Erin le hacía cosquillas en el cuello, y sintió un pequeño escalofrío que no supo bien cómo interpretar.
-¿Confidencias de enamorados? -dijo Judy mientras se llevaba a la boca un trozo de carne.
Hotch se limitó a sonreírle, y Erin hizo lo mismo que ella, siguió cenando tranquilamente. Sean soltó una risita y se inclinó hacia su hermano.
-Al final vas a tener el enemigo en casa…-y señaló con la cabeza a Erin.
Hotch lo ignoró y se centró en escuchar la conversación de su madre (que parecía que había dejado de momento el interrogatorio a Erin), con los tíos de Audrey.
Hablaría con su madre más tarde, porque estaba claro que cómo siempre, estaba intentando salirse con la suya y llevar a todo el mundo a su terreno. No quería que Erin se sintiera más incómoda de lo que sabía que ya se sentía, y además, quería pararle los pies. No era normal el acoso al que estaba sometiendo a la pobre mujer, y eso que ni siquiera estaban juntos (aunque evidentemente eso ella no lo supiera).
Después de la cena, unas copas y un baile como apertura de la celebración de la boda que se celebraría al día siguiente.
Erin observó a su alrededor cómo la gente parecía desinhibida solamente con un poco de vino y alguna copa de más, y deseó poder beber también. Aunque debía conformarse con su vaso de agua. Aaron le susurró que iba a bailar con su madre, luego lo haría con ella. Judy se levantó encantada cuando su hijo se lo pidió. La otra pareja también se levantó para bailar, y Sean lo hizo unos minutos después, dejándola sola en la mesa. Suspiró profundamente mientras se terminaba el agua. Luego decidió levantarse.
El restaurante era precioso, con varios salones y una fuente con agua de colores en mitad de una de sus estancias. Decidió pasear e inspeccionar el lugar, maravillándose de la decoración y de cómo a pesar de que ella había estado también en lugares tan elegantes y de gente de postín, nunca en un sitio como este. Todo ese fin de semana le parecía un tanto exagerado.
Aaron observó a Erin levantarse y salir del salón, mientras se movía al son de la música con su madre, que justo en ese momento, le estaba diciendo algo.
-¿Me estás escuchando, Aaron? -cuestionó la mujer.
-Sí, mamá, te estoy escuchando -vio la cara de incredulidad de su madre y esperaba que no le hiciera preguntas-. Por cierto, me gustaría pedirte que dejaras de interrogar a Erin. Es incómodo, para ella y para mí.
-Pero hijo, tengo que conocerla. Saber cómo es, qué le gusta y qué no. Si pensáis tener una relación seria, necesito conocer quién va a compartir su vida con mi hijo -respondió con un tono humilde que Hotch sabía muy bien que no lo era.
-Pero eso me corresponde hacerlo a mi, no a ti. Y Erin es una mujer maravillosa, y la estás asustando, incomodando y eso a la larga, no va a ser bueno para nadie.
-¡Qué exagerado eres! -él bufó-. ¿Ya conoce a Jack? Porque mi nieto es muy importante y tiene que aceptarlo y…
-Si mamá, conoce a Jack y se llevan muy bien -no era una mentira, pero tampoco una verdad completa. Jack y Erin se habían visto como tres veces, y sí, parecían llevarse bien.
-De todas formas, me cae mejor que Haley. Nunca llegamos a encajar del todo, era como…no sé cómo decirlo…
-Mamá, por favor…
-No pretendo hablar mal de los muertos, pobrecilla, es sólo que…
Hotch suspiró profundamente y dejó a su madre plantada en el centro de la pista de baile. Quería a su madre, por supuesto que sí, pero en ocasiones no soportaba su forma de ser.
Echó un vistazo rápido al salón, y como no vio a Erin, fue en su busca.
Cuando salió del baño, Erin se encontró de frente con un hombre. Recordaba vagamente que se lo habían presentado como Patrick Lindsay, el padre de la novia. El que probablemente iba a pagar la mitad de todo eso.
El hombre, alto pero al borde del sobrepeso, con el pelo completamente blanco y nariz aguileña, iba con claros signos de embriaguez. Tuvo que apoyarse en la pared para no caerse al suelo. El hombre soltó una risotada cuando recuperó el equilibrio.
-¿Se encuentra bien? -preguntó ella cuando ya estaba recuperado. La miró de arriba abajo, y sonrió lascivo.
-Ahora sí, guapa. Una mujer bonita siempre alegra la vida, y la vista -volvió a reír. Intentó alejarse, pero el hombre la sujetó fuerte del brazo-. No te vayas, vamos a divertirnos un rato.
Estaba a una pulgada de su cara, y pudo sentir el olor a alcohol que salía de su boca. Le estaba haciendo daño, y por mucho que estaba intentando soltarse, cada vez apretaba más fuerte. Con la otra mano sujetó su cintura para acercarla más a él, y justo en el momento en que ella levantaba una rodilla para defenderse, apareció una niña de unos catorce años.
-¡Abuelo! Audrey te está buscando. Creo que es importante.
Él la soltó inmediatamente cuando escuchó la voz de su nieta.
-Claro, claro. Vamos.
La niña guio a su abuelo, y le dirigió una mirada de disculpa a Erin. Probablemente, la familia estaba acostumbrada a cosas así.
Erin cerró los ojos y se apoyó contra la pared. La invadieron unas enormes ganas de llorar. No era la primera vez que se enfrentaba a situaciones así, pero seguiría sin comprenderlo nunca.
Decidió que necesitaba aire fresco, así que salió del restaurante. Alrededor del aparcamiento, había algunas plantas, flores y bancos para descansar. Se sentó en el más alejado que encontró. Al cabo de unos diez minutos, Aaron se sentó junto a ella.
-Te he buscado por todas partes. Empezaba a pensar que te habías marchado -no respondió, pero él se fijó que se frotaba suavemente el antebrazo izquierdo-. ¿Qué te ha pasado, Erin?
-Nada -murmuró distraída-. Pero me vas a deber mucho más de lo que pensaba por haberme traído aquí.
-Lo sé…-cogió su brazo y lo acarició suavemente-. Me disculpo, sea lo que sea que te haya pasado -ella sonrió de medio lado y apoyó la cabeza en su hombro.
-Por cierto, ¿has hablado con tu madre?
-Sí, he intentando hacerle ver que no está actuando correctamente. Pero…no prometo que cambie su actitud -Erin soltó una risita sin humor-. No obstante, me ha dicho que le caes mejor que Haley.
-Eso es porque en realidad no me conoce…
-¿No te consideras buena persona? -preguntó sorprendido.
-Soy buena persona, sois el resto los que me veis como una bruja -se separó de él para contestar y mirarlo a los ojos.
-Yo no te veo así, Erin. Creo que en el fondo te han hecho mucho daño, y has tenido que protegerte. Y además de eso, has tenido que demostrar siempre lo que vales, mostrarles a los demás tu valía, y eso ha endurecido tu corazón. Por eso eres tan dura con todo y con todos, porque no quieres que en el fondo, nadie descubra lo frágil y sensible que eres.
-No me perfiles, Aaron, por favor -susurró sonrojándose.
-No lo hago, es lo que puedo ver en ti -le colocó un mechón detrás de la oreja-. Si nos molestáramos más en conocerte, enseguida lo descubriríamos.
-Supongo que si…
La atmósfera entre los dos había cambiado. Aaron todavía tenía su mano sobre su cara, que acariciaba muy lentamente justo debajo de la oreja y a lo largo del cuello, y el corazón de Erin latía tan rápido que estaba segura que todos podían escucharlo. Se mordió despacio el labio y él se acercó muy lentamente, siempre sin apartar los ojos de los suyos.
-¡Parejita! -la voz de Sean llegó alta y clara hasta ellos, que se separaron rápidamente, como si estuvieran haciendo algo malo. El chico venía acompañado de una joven-. Os presento a Stephenie, una de las damas de honor. Estos son Aaron, mi hermano y…su novia Erin.
-Hola -los saludó con la mano. Se notaba que la chica había estado bebiendo alguna copa de más. Ellos le devolvieron el saludo.
-Bueno, tenemos que irnos. Ya nos veremos mañana -y desaparecieron.
Se quedaron en silencio, alejados uno del otro. La gente comenzaba a salir y ellos observaron cómo el aparcamiento comenzó a llenarse.
-¿Podemos irnos ya a casa? Estoy agotada…
-Por supuesto, sí. Voy a buscar a mi madre. Tardo un minuto.
Erin suspiró frustrada cuando él se alejó. Sabía que haber ido ese fin de semana con él había sido un completo error, que no les traería más que problemas. Sin embargo, reconocía que se había quedado con las ganas de besar a Aaron. Definitivamente, sí, sólo tendrían problemas.
Continuará
