Achú

Se encontraba una mujer, una sacerdotisa recogiendo la ropa. Cuando comenzó a sentir que aquel cielo oscuro de nubes grises dejaron caer todo lo que tenían dentro.

- Moroha, entra a la casa que comenzó a llover! - le ordenó la sacerdotisa a su pequeña hija que jugaba a correr.

- Solo un poco más! - le suplicó la niña.

- No señorita adentro.

Aquella niña hizo puchero al inflar los cachetes, y comenzar a correr desobedeciendo a su madre, pensando que no habría consecuencias ante el acto.

- Moroha! - le gritó su madre para que entrara a la casa, enojada por su desobediencia.

La niña se divertía en la lluvia, no fue hasta que sintió que alguien la agarró de la camisa levantándola en los aires, la niña se asustó por aquella forma de separarse de la tierra y "volar" por el aire, sin embargo cuando volteo a su espalda observó al culpable de tal acto.

- Papá! - gritó la niña emocionada.

Pero el padre no expresaba esa alegría, pues había escuchado como la niña desobedeció deliberadamente a su madre.

Al entrar en la casa y sacudirse el exceso de agua, la madre tomo a la niña colocándola en sus piernas acostada boca a abajo para darle dos nalgadas por su desobediencia.

- Mala niña, te dije que entraras antes que lloviera

- Lo siento no lo vuelvo a hacer - lloraba de dolor.

- Más te vale, no desobedecer a Kagome la próxima vez - le aseguro Inuyasha.

La niña se sobaba sollozando sus nalgitas, Inuyasha se colocó a su altura para poder hablarle.

- Moroha, escúchame. Kagome y yo solo nos preocupamos por ti, tú eres lo más importante.

- Lo siento, mamá - le dijo la niña a su mamá

- Esta bien, vamos a que te calientes en el fuego, y a celebrar que papá llegó - le dijo Kagome a la niña

Los días pasaron sin ningún problema, mientras Inuyasha no tuviera trabajo que hacer con Miroku, entonces se quedaba en la casa posiblemente ayudando en el campo, por supuesto Kagome plantaba solo plantas medicinales, medicina que vendía preparada y también hacía de sanadora en la aldea.

- Achú! - escucho Inuyasha de su hija Moroha.

Inuyasha escuchaba a su hija estornudar pero decidió no prestarle atención ya que la niña al igual que él, podría irritarle un poco la nariz debido a las plantas medicinales que allí estaban.

- Achú, achú, achú! - volvió la niña.

- ¿No me digas que ya te enfermaste?

- No, mamá dice que estornudar es porque alguien está hablando de ti.

- Tu mamá, está loca.

Aquel comentario provocó una risa en la niña, mientras Inuyasha se acercó a ella y tocó la frente de la niña.

- Tienes un poco de fiebre - lo confirmó Inuyasha al sentir un poco de calor que no desaparecía en su frente.

Inuyasha dejó aquel instrumento para trabajar la tierra, y tomó a la niña en brazos para llevársela a su madre.

- Papá, estoy bien. Achú!

Ignorando las súplicas de la niña, fue a buscar a su esposa. Cuando la encontró sanando la herida de un hombre, guardó sus celos por verla tomar el brazo de otro hombre que no fuera él, se acercó para hablarle.

- Kagome, creo que Moroha tiene fiebre - le dijo Inuyasha, con la intención que soltara a aquel hombre.

- No puede ser…

Kagome se separó, y tocó la frente de su hija. Confirmando que Inuyasha tenía razón al descubrir que la niña estaba con fiebre.

- Déjame vendar la herida del señor, y preparare algo para Moroha.

Kagome cumplió su palabra al terminar de vendarlo, confirmó que no habrían más consultas ese día, y colocaron a la niña en reposo y Kagome le puso un trapo mojado en la cabeza para que la fiebre no afectará tanto esa zona, pero le puso las frazadas para que el cuerpo eliminase el virus que lo provocaba.

- Mami, puedo dormir contigo y papá hoy? - pidió la niña.

- Si, hoy papá dormirá con nosotras - le aseguro Kagome

Inuyasha solo podía sentirse avergonzado de saber que aquel día tendría que dormir con su esposa e hija. A su vez comenzó a pensar en esas palabras, en el pasado nunca habría podido decir que dormiría con su esposa e hija, jamás llegó a creer que tendría una familia, alguien que lo esperara despierta, o como Moroha que siempre corría a sus brazos cuando llegaba, esa niña que siempre quería jugar con él y aquella mujer que siempre se preocupo por él.

- Bueno, ya está la medicina - dijo Kagome sacando a Inuyasha de sus pensamientos.

- Sabe mal

- Lo sé, Moroha pero para mañana te sentirás mejor ¿está bien?

- Si…

- Inuyasha! - Lo llamo Kagome.

Cuando Inuyasha observó que Kagome le estiraba su mano para invitarlo a dormir con ellas simplemente no pudo evitar sonrojarse un poco. Cada padre se acostó al lado de la niña dándole la protección que ella quería. Moroha se quedó dormida al poco tiempo, siguiendo a Kagome dejando su mano en la barriga de su hija, e Inuyasha solo podía verlas a las dos. No había nada en ese mundo que le importará más que esas dos mujeres que lo amaban más que a nada en el mundo, Y las protegería con su vida a ambas.

Al amanecer, la fiebre de Moroha había bajado más no había desaparecido y la niña seguía en cama sin poder levantarse, sin embargo ahora le atacaba una tos muy fuerte.

- Estoy preocupada por Moroha, su fiebre volvió, y no parece bajar, que podemos hacer?

Kagome hablaba, pero Inuyasha solo pudo ver a su hija y levantarse sin decir nada. Salió corriendo una vez pudo un pie fuera de la casa.

- ¿A dónde fue? - se preguntó Kagome.

Inuyasha corría de un lugar a otro, buscando cosas que no tenían sentido para quienes lo veían pasar de aquí para allá. Cuando sintió que ya tenía todos los ingredientes fue que decidió volver a casa. Kagome lo observó volver con varias cosas en la espalda.

- Inuyasha ¿a dónde fuiste?

Inuyasha no le dijo nada y fue directo a la cocina, tirando las cosas en la mesa.

- Hígado de jabalí, hígado de pez, hígado de ave y raíces y hierbas para usar como medicina.

- ¿Qué vas a hacer con eso? - le pregunto Inuyasha

- El hígado es bueno para la nutrición.

- Sí pero qué harás con todo esto?

- Ya verás…

Inuyasha se preparó para cortar las cosas con sus garras, después de un tiempo. Kagome observó lo que Inuyasha realizó con los ingredientes. Y como le llevo la medicina a Moroha en la habitación.

- Papá! - la niña se alegró de ver a su padre nuevamente.

- Tomate esto! - le ordenó Inuyasha

- Pero huele feo

- No importa tómatelo todo y mañana te comprare Teriyakis de regalo por ser buena niña

- En serio? - se alegró Moroha

- lo prometo…

Moroha tomó la medicina hecha por Inuyasha, y aunque estuvo a punto de "regresarla" varias veces, sin embargo terminó de beberla, y con los mimos de Inuyasha se quedó dormida. Inuyasha salió de la habitación y buscó a Kagome para notificarle que moroha se había dormido, pero por alguna razón ella estaba en el jardín.

- Kagome que haces? Hace mucho frío, además deberías dormir con Moroha.

- Oye Inuyasha, esa mezcla con hígado fue la medicina que me diste hace años? - le preguntó Kagome amablemente.

- Eh… - Inuyasha no estaba seguro de decirle.

- ¿Es la misma verdad? - Kagome seguía hablando con una cara amable.

- Pues si, es la misma.

- Ya veo.

Kagome.le mostró un rostro amable haciéndole ver que todo estaba bien, sin embargo…

- Abajo, abajo, abajo… - le gritó Kagome.

- ¿Por qué me agredes? - le gritó Inuyasha en consecuencia.

- Esa medicina es asquerosa ¿cómo pudiste darme algo así? - le dijo Kagome

- Acaso no sanaste!

- Si, pero que asco… - recordaba Kagome cuando se lo bebió.

- Mujer loca, jamás haré ese tipo de cosas por ti!

- ¡Pues no lo hagas!

La discusión acabó cuando Inuyasha escuchó a la niña despertar para ir al baño, dejaron su discusión y atendieron a su niña juntos, y aún con sus quejas por la pelea que ocurrió en ese momento, lo dejaron a un lado para hacer feliz a su niña y cuidarla durante la noche durmiendo con ella.

Cuando salió el sol, Inuyasha abrió los ojos despertando por el sol, y observó a Kagome frente a él durmiendo tranquilamente, Kagome despertó y lo observó a él, ambos se quedaron viéndose hasta que una voz los interrumpió.

- Los adultos se miran raro - dijo Moroha

Lo que provocó que Inuyasha y Kagome voltearan al origen de esa voz, y vieron a su hija de pie sintiéndose perfectamente y con ganas de jugar con su pelota.

- Moroha, ya estás mejor? - le preguntó Kagome abrazándola.

- Si, ya estoy bien. ¿Puedo jugar?

- Si ve, tranquila…

Ambos padres observaron cómo su hija se iba a jugar con una pelota, posiblemente con las hijas de Sango como de costumbre.

- Bueno, ya está mejor - aseguro Kagome

- Creo que lo hacemos bien - la acompañó Inuyasha.

- Somos padres primerizos pero hacemos lo que podemos, aprendemos en la marcha. - Lo ánimo Kagome.

Ya el resfriado se había terminado y podían volver a su rutina, para que moroha fuera feliz y tuviera un ambiente tranquilo para vivir y ser feliz.