Pinku

Moroha estaba jugando con Kin'u y Gyokuto, a pesar de la diferencia de edad. Se llevaban muy bien debido a que eran niñas jugando. Entre los juegos estaban sus primas Towa y Setsuna.

- Kirara es una linda gatita - hablaron las gemelas Kin'u y Gyokuto

- Pero Ah-Un es más grande - hablaron las gemelas Towa y Setsuna.

- Kirara sabe pelear

- Ah-Un también

- Kirara es calentita para dormir

- Ah-Un también

- Kirara puede volar

- Ah-Un también

- Kirara es la mejor mascota

- Ah-Un también

Ambas gemelas peleaban para saber que mascota era mejor, sin embargo Moroha solo podía pensar que ella no tenía forma de integrarse a esa conversación ya que ella no poseía una mascota, tal y como tenían ellas.

- Moroha! - le gritó Kin'u

- Si, Moroha dinos quien es mejor? - le exigió Towa.

- Si, Kirara o Ah-Un? - le exigió Gyokuto.

- Yo…

La mirada de las tres niñas estaban sobre ella exigiendo una respuesta, sobre qué mascota era mejor.

- ¡Por allá! - les gritó Moroha para distraerlas y poder escapar pero en la puerta Setsuna le obstruía el camino

- No escaparas hasta tener una decisión, ¿cuál mascota es mejor? - le exigió Setsuna.

- Elije

- Elije

- Elije

Le exigían las niñas, Moroha no sabía cómo salir de ese problema sea cual sea la elección que tomara las otras la odiaría por ello.

- ¡Yo no tengo mascota! Ah - les dijo Moroha para comenzar a llorar

- Es verdad Moroha no tienen mascota

- Pobre Moroha

- Ya Moroha no llores…

- No es tan malo

Inuyasha entró en la cabaña donde escuchaba los llantos de su hija, si algo odiaba era que su niña llorara.

- ¿Qué pasó aquí? - pregunto Inuyasha

- Papá! - Moroha fue corriendo a los brazos de Inuyasha, y el la cargo a modo de consuelo.

- Ya, deja de llorar - le pidió Inuyasha pero ella no podía simplemente no podía - vamos a casa.

Inuyasha salió del lugar con Moroha en brazos, en el camino la niña dejó de llorar, ahora solo podía escucharla sollozar entre sus brazos.

- Papá

- Dime…

- Yo quiero tener una mascota

- ¿Una mascota?

- Si, igual a Kirara y Ah-Un.

- Primero que nada ellos no son mascotas son demonios, segundo son compañeros.

- Compañeros?

- Si, hace tiempo antes que nacieras Kirara y yo peleamos en varias batallas.

- Mientes

- No miento, Kirara fue una buena compañera de viaje. Fuerte, confiable, no es una simple mascota es una compañera de aventuras.

- Compañera de aventuras - repitió Moroha.

Al llegar a casa, por el olfato Inuyasha se dio cuenta que Kagome no estaba, aún así esperaron a que ella volviera. Ya estaba atardeciendo cuando Kagome volvió con. Un bulto rosado en las manos.

- Kagome qué es eso? - le preguntó Inuyasha.

- Ah, la señora Mayura, me dio esto como pago por curar varias veces a su hijo. - le confesó Kagome

- ¿Un cerdito?

- Si, tiene poco tiempo pero podemos tenerlo.

- Bueno no me niego a tener un criadero de cerdo

- Me alegra que pienses así porque necesitaré que construyas un establecimiento para él o ella.

- Bien, mañana lo haré.

- Gracias, y Moroha?

- Está un poco triste porque no tiene mascota.

- Mascota?

- Si, quiere una mascota como Kirara o Ah-Un

- Eso será difícil. Jajaja - se burló Kagome.

Kagome bajó a la cerdita, para ir a preparar la cena, Inuyasha observaba a la cerdita explorar la casa, y perderse en el pasillo.

- Hay que conseguirle un perrito - le bromeó Kagome

Haciendo que Inuyasha le colocara una cara en rechazo por su idea, por otro lado Moroha estaba en su habitación jugaba sin ánimos con una pequeña muñeca que Inuyasha le había traído hace tiempo de tanto de sus viajes. Moroha escuchaba los golpes de pequeñas pezuñas en el suelo, en el pasillo fuera de su habitación.

Moroha salió de su habitación y lo único que observó fue un pequeño bulto rosado olfateando la casa, cuando se acercó y agacho cerca de aquella criatura, está le lamió la nariz, lo que provocó un sonrojo en la niña.

- Eres muy bonita!

La niña se alegró de saber que su papá, le había traído una mascota, quizás era como Kirara y más tarde crecería.

- Me gusta, me gusta…

Moroha tomó al cerdito en sus brazos y fue a agradecerle a su papá. Mientras Inuyasha estaba en la cocina haciéndole compañía a Kagome mientras ella cocinaba.

- Kagome no puedo esperar a que ese cerdo crezca y poder comer Tonkatsu, Katsu sando, Katsudon, Kakuni, Enoki Butamaki, Yakiton o quizás prepares Shogayaki. - le pedía Inuyasha animadamente.

Hasta que Moroha apareció en la cocina con la cerdita en los brazos, contenta por tenerla.

- Gracias papá por la mascota - aseguró la niña.

- Moroha - la llamo Kagome.

- Mamá, mira papá me consiguió una mascota! - le mostraba feliz Moroha el cerdito a Kagome.

- Moroha no es… - Inuyasha intentó confesarle a su hija que la cerdita no era mascota era futura comida, pero Moroha bajo a la cerdita y abrazo a su papá

- Gracias papá, te quiero!

Inuyasha ya no podía decirle que la cerdita no podía ser suya, sabía que asi le rompía el corazón a su hija, y él no podía hacer eso. Kagome se dio cuenta que Inuyasha estaba perdido y que ya no podrían comerse al cerdito como tanto quería él.

- Sabes Moroha, si quieres que la cerdita sea tuya de verdad debes ponerle un nombre. - Kagome le explicó a su hija

- ¿Un nombre?

- Si, como deseas que se llame?

- Mmm… Pinku - exclamó la niña alegremente.

- Pinku? - se preguntó Inuyasha

- Pinku, significa rosado. Le estuve enseñando los colores a Moroha - le confesó Kagome a Inuyasha.

- Ya veo… como es rosada le puso ese nombre.

Moroha estaba feliz de tener una mascota, y aunque no fuera como Kirara o Ah-Un, estaba contenta de tenerla.

- Pero es solo una cerdita, no tiene nada de especial - le dijo Kin'u

- Es verdad - le afirmaron otras 3 niñas.

- Pero Pinku esta conmigo siempre, Kirara se va con el tío Kohaku, y Ah-Un con el tío Sesshomaru. - se defendió Moroha.

Las niñas se dieron cuenta que moroha tenía razón, si bien tenían esas "mascotas" no las tenían siempre, en cambio Moroha tendría una compañera siempre con ella.Las niñas jugaban con la cerdita como si fuera un caballo, o una princesa secuestrada, jugaron con Pinku hasta el atardecer donde fueron llevadas a sus respectivas casas a dormir.

- Eres una buena compañera de aventuras. - fueron las ultimas palabras de Moroha antes de quedarse dormida con Pinku en sus brazos.