El finado resultó ser Kojan Kaede, notable arqueólogo y director del Museo de Arte Antiguo de Capital del Oeste. Casado y con un hijo. Esta vez su domicilio no había sido asaltado, pero sí su despacho en el Maaco (las siglas por las que se conocía el museo). Esa misma tarde sería el velatorio en el tanatorio central y Roshi le había ordenado que fuera para hablar con la viuda y recabar información.
Y, ¡ugh!, no había nada que Bulma odiara más que acudir a los sepelios por mandato del jefe. Le parecía una violación brutal de la intimidad; en primer lugar de la del muerto y, en segundo lugar, de los familiares, quienes solo querían que los dejaran llorar en paz. Además, la carroña periodística nunca había sido de su agrado.
De modo que ese día había decidido que necesitaba soltar un poco de tensión antes de afrontar el oneroso momento y, en ese sentido, nada como asestar unos buenos puñetazos en el "KameHa", su gimnasio de cabecera, propiedad (oh, sorpresa) del hermano mayor de Goku, su querido amigo de la infancia.
Ella y Son se habían conocido en la escuela, donde eran unos auténticos parias. Ambos conectaron en su gusto por las aventuras y las emociones intensas, aunque finalmente cada uno lo desarrolló según sus mejores aptitudes. Bulma, amante de la escritura, se licenció cum laude en Periodismo y, desde entonces, había trabajado como redactora de Investigación en el West City Tribune, su admirado periódico desde que tenía memoria (sí, ella siempre había soñado con ser periodista).
Por su parte, el bueno de Son se había enfocado en lo que mejor se le daban: los deportes. Durante muchos años practicó todo tipo de disciplinas, pero dado que cerca de la treintena los deportistas son prácticamente unos jubilados, Goku se recicló profesionalmente y, para seguir ligado a ese mundillo, se hizo redactor de Deportes base; aunque Bulma juraría que a veces sus crónicas parecían haber sido escritas por un mono (cosa que solo reconocería ante un juez, pues se estimaba demasiado a su amigo).
- Buenos días, preciosa. Madrugamos hoy, ¿no es cierto?
El esperado cumplido procedía (cómo no) de Raditz, el propietario del local, quien llevaba coqueteando con Bulma desde que ella alcanzara la edad suficiente que legalmente libraba de problemas al hermano mayor de Goku. Por supuesto, la joven nunca se había tomado en serio ninguno de esos flirteos. Al fin y al cabo, venían de Raditz, playboy y casanova consagrado de Capital del Oeste.
- Hola, fortachón -respondió alegre la peliazul, allí se sentía casi como en casa- Sí, quería venir antes de entrar a trabajar. Me apetece darle un abrazo al saco de boxeo
- ¡Uf! Quién fuera ese saco -dijo moviendo las cejas de arriba a abajo en lo que él pensaba era un gesto seductor- Pero lamentablemente hoy no va a poder ser, un tipo que no había visto nunca lleva dos horas enfrascado con el saco atizándole como si le fuera la vida en ello
¿Que qué? Justo lo que le faltaba a Bulma, ¡con lo estresante que iba a ser el día! Ahora sí sentía que de verdad quería darle un puñetazo a alguien. Y, como quien posee cuanto ve, la joven marchó directa hacia el aparato deportivo en cuestión, situado estratégicamente detrás de una columna.
- Oye, disculpa, pero creo que ya has abusado de sobra del sac… -las palabras se cayeron de su boca y no fue capaz de terminar la oración
- ¡Pero qué demonios, mujer! ¿Acaso me estás persiguiendo?
¡El redactor de Investigación del Four Stars Today! ¿¡Cuáles podían ser las probabilidades para cruzarse con él en ese momento en ese gimnasio en ese maldito saco de boxeo!? ¿Y persiguiéndole, decía?
- ¡Ja! -soltó la joven con toda la arrogancia que pudo- Ni en tus sueños más húmedos
El periodista notó que había tocado una tecla sensible y no desaprovechó la ocasión para pinchar:
- ¿Ah sí? Entonces se puede saber por qué, de todas las máquinas de este gimnasio de tres pisos, has tenido que venir a por este saco, mujer -una sonrisa de gato adornó su atractiva cara en la que, pensó la peliazul, quedaría de maravilla un puñetazo
- En primer lugar, no me llamo "mujer", sino Bulma. Bulma Briefs para ti. Aunque probablemente ya lo sepas, ya que soy la periodista de Investigación de mayor renombre en esta ciudad, la misma Briefs que acaba de publicar una exclusiva que tu periodicucho ni se ha olido…
¿A qué venía tanta sonrisa en el muy condenado? ¿Y por qué su camiseta empapada en sudor trasparentaba sus duros, duros pectorales de esa manera?
- … Y en segundo lugar… Eeh… en segundo lugar… -empezó a balbucear
- ¿Sí? ¿En segundo lugar? -repitió felicísimo
"Reponte, Bulma, reponte", se censuró mentalmente ella.
- En segundo lugar, ¿quién demonios eres tú?
"Bravo, chica, estupendo. Una respuesta original a la altura del betún"; en el interior de su cabeza una mano golpeaba su frente.
- Vegeta Ouji -le tendió este su palma abierta- Aunque creo, según las costumbres locales, que lo más apropiado es que me llames Ouji
- Ouji -le estrechó con su blanca mano blandiendo una muy falsa sonrisa amable-, me encantaría decir que es un placer
Él se la quedó mirando por unos instantes como quien se mide ante un rival y queda satisfecho con el reto.
- En fin, yo ya había terminado -el periodista del Four Stars Today cogió su toalla y se la colgó al cuello, dirigiéndose a los vestuarios- Tienes todo el saco para ti. Nos vemos en las calles, Briefs
- Sigue soñando, Ouji
Una carcajada baja y profunda quedó como estela tras su marcha y Bulma, los ojos clavados en su amplia espalda, se odió por no poder evitar la sonrisa que brotó en sus labios.
Esa misma tarde la joven, vestida con un impecable petite robe noir, cruzaba el umbral del tanatorio central con la misión de pasar el menor tiempo posible ahí dentro, localizar a la viuda y hacerle las cuatro preguntas de rigor.
Cuando descubrió la sala en la que se llevaba a cabo el velatorio, cogió aire y entró en la pequeña habitación… para encontrarse con el mismísimo Vegeta Ouji sentado junto a la esposa del difunto, tomándola dulcemente de la mano mientras le daba el pésame.
La sola imagen logró hacer revivir el ánimo en Bulma, ¡nadie le robaba una información! De modo que, sin pudor ya alguno, se sentó al otro lado junto a la viuda y con voz afectada le dijo:
- Señora Kaede, ¿verdad? Soy Bulma Briefs, del West City Tribune. Le acompaño en el sentimiento -y, tras esto, la tomó de la otra mano libre
"¿Qué cojones te crees que estás haciendo?", pudo leer en los labios de Vegeta, quien la miraba con asombro ante su osadía.
- Me preguntaba, señora Kaede -prosiguió ella como si no hubiera visto nada-, si sería tan amable de dedicarme unos minutos a solas para hacer una remembranza de su marido. Al fin y al cabo, ha sido mi periódico el que ha ayudado en la identificación de su esposo
- A mi parecer -interrumpió Vegeta antes de que la pobre mujer pudiera responder-, la señora Kaede está muy afectada y no creo que pueda hablar con ningún otro medio una vez haya acabado mi entrevista
- Y yo creo -respondió veloz Bulma mientras la señora Kaede los miraba a los dos sin saber cómo introducirse en la conversación-, que siempre hay tiempo para responder a unas pocas preguntas
- Amables jóvenes, amables jóvenes, -contestó con toda la rapidez que pudo la señora-, os agradezco a ambos vuestra preocupación. Lo cierto es que no me encuentro con mucho ánimo para mantener otra conversación luego -"¿lo ves?", le bisbiseó Vegeta silenciosamente- Pero no tenéis por qué preocuparos, puedo atenderos aquí y ahora a los dos a la vez
- ¿¡Qué!? -soltaron al unísono
- No, no, no. Lamento decirle que eso no sería muy ético, señora Kaede, estaríamos violando la sagrada intimidad que se establece entre el periodista y su entrevistado -intentó convencerla Bulma, pero la buena mujer ya lo tenía decidido y Vegeta, que no quería quedarse atrás, empezó a preguntar:
- ¿Sabe si su marido estaba involucrado en alguna actividad delictiva o peligrosa?
- ¡Mi pobre Kojan! -sollozó la mujer
"¿Quieres callarte?", le habló muy por lo bajo Bulma a Vegeta, a lo que este respondió con un grosero gesto del dedo corazón mirándola por encima de sus gafas. ¡El muy cretino!
- Continue, por favor -dijo el hombre
- Que yo sepa, no -logró articular
- ¿Y qué me dice de algún descubrimiento o investigación importante? -era el turno ahora de Bulma
- Mmm… pues… -trató de hacer memoria la mujer- Recuerdo algo que me comentó sobre un pergamino y unas piedras, fue un mes antes de… antes de… -y, sin poderlo resistirlo más, rompió a llorar
Apurado por el llanto de su madre, un joven se acercó hasta la viuda y la levantó del sofá, liberándola del agarre de los periodistas:
- Vamos, mamá, ven conmigo, tomaremos un té
Y sin más preámbulos, se fue.
Bulma se puso en pie al momento, no soportaba estar ni un segundo más en ese sitio y Vegeta la siguió a pocos pasos de distancia. En cuanto ambos alcanzaron la calle, la joven le espetó:
- ¿Se puede saber qué tratabas de hacer ahí dentro, Ouji? ¿Estabas robándome a mi fuente? ¿Y qué es eso de una entrevista a dos bandas? ¿En qué escuela de Periodismo estudiaste tú?
- ¿Tu fuente? -le respondió él visiblemente molesto- ¿Publicas una información al respecto y ya es tu única e intransferible fuente?
- Vamos, Ouji, no intentes hacerme creer que conoces el significado de "intransferible" -soltó ella con todo el desdeño posible
- ¿Sabes qué, Briefs?… ¡Ugh! -el hombre alzó los brazos al aire, exasperado- Olvídalo. Que te aproveche tu información en exclusiva
El redactor entonces marchó en dirección opuesta a Bulma, quedando la joven sola y ofuscada en la acera del tanatorio.
