Si las cuentas no le engañaban, ya iban por el sexto homicidio: la modelo, el subastador, el joyero, el arqueólogo, el minerólogo y, ahora, este último cuerpo. ¿Quería eso decir que la fatalidad pendía todavía sobre uno de los ciudadanos de Capital del Oeste? ¿Y qué pasaría cuando el ejecutor, quien quiera que fuera, reuniese todas las bolas de dragón? ¿De verdad sería el final del mundo tal y como lo conocían?
Pero, de nuevo, ¿qué otra cosa les había revelado el catedrático? "O capaces de crear el paraíso en la tierra". ¿Qué demonios había querido decir con eso? ¿Y por qué cuanto más lo pensaba más le daba la impresión de que esas orbes naranjas le eran familiares de alguna forma? La cabeza le iba a mil, sentía que le explotaría en cualquier momento.
Y lo peor de todo era que, por más que lo intentara, no lograba dejar de pensar en "lo otro"; más bien, en "ese otro": Ouji. Ouji y sus estúpidas gafas, Ouji pidiéndole ayuda para resolver el misterio, Ouji y sus hoyuelos al reír, Ouji arrogante y sexy hasta gritar basta. ¡Ugh!
Necesitaba salir de casa y mantener su mente ocupada en algo que no fuera ni el exterminio de la humanidad ni el redactor del Four Stars Today. Justo en ese momento, como si los hados hubiesen escuchado sus plegarias, un mensaje entrante iluminó la pantalla de su móvil: "¡Hola, Bulma! Recuerda que esta noche celebramos el cumpleaños de Goku en nuestra casa, ¿podrías comprar unas bolsas de hielo cuando vengas? Nos vemos, amiga".
Bendita Chi-Chi.
Una hora y media después, con un sencillo y veraniego vestido blanco de flores azules, Bulma entraba al pequeño patio trasero del joven matrimonio. Una agradable emoción de sentirse en familia la embargó al ver a todos sus amigos allí reunidos.
- Al fin se te ve la carita, plumilla, ¿dónde has estado los últimos días? Te hemos echado de menos en el "Senzu" -se le acercó la fiscal número 18 del distrito con dos bebidas en mano, una de las cuales extendió hacia la peliazul
- Lo sé, Lázuli, lo sé; merezco que me pongan falta de asistencia -le contestó Bulma aceptando feliz el cóctel, encantada cuando se dirigían a ella con el apodo periodístico por excelencia de "plumilla"
- De todas formas, no te has perdido nada nuevo. Oh, bueno, sí, lo olvidaba -por un momento le chispearon los ojillos a la rubia de siempre impasible faz- Una pelirroja entró al bar hace dos noches, fue directa a la mesa de los beisbolistas y, sin mediar palabra, le dio un bofetón a Yamcha. El "Senzu" entero estalló en aplausos
- No sé por qué no me sorprende en absoluto -respondió Bulma sorbiendo de su bebida
Detrás de ellas, una tímida voz habló con suavidad. Se trataba de Krillin, el redactor de Tribunales:
- ¿Lazuli? ¿Eres tú? ¡Qué coincidencia! ¿Verdad? Quiero decir, no es que te esté persiguiendo ni nada parecido. Goku y yo trabajamos juntos, ¿sabes? Me ha invitado él.Y, vamos, que no esperaba verte aquí, aunque es cierto que sé que su mujer y tú sois amigas. ¡Pe…pero no es que te esté espiando ni nada de eso! Quiero decir… -el pobre hombre, sudando al borde de la deshidratación extrema, estaba probablemente llevando a cabo el peor flirteo de la historia reciente
Lázuli se le quedó mirando sin abrir la boca con esas pupilas suyas inescrutables lo que vino a parecer una eternidad y, entonces, soltando un suspiro y poniendo los ojos en blanco, contestó al periodista:
- Me apetece una hamburguesa
- …¿Qué? -pudo únicamente articular el hombrecillo
- ¿Acaso estás sordo? Que me apetece una hamburguesa. ¿Quieres… acompañarme a la mesa mientras me preparo una? -con la mirada fija en algún punto encima del hombro de Krillin, un leve sonrojo subió a las pálidas mejillas de la fiscal
Kami, pensó Bulma, era como ver a dos recién nacidos intentado acercarse. Después de que ambos se alejaran a la zona en la que se había dispuesto la comida, Chi-Chi apareció como un rayo de sol entre la multitud para abrazar a su amiga con el cariño y la calidez maternal que la caracterizaban:
- ¡Bulma! ¡Muchísimas gracias por el hielo!
- No ha sido nada, Chi. En realidad, la que está agradecida soy yo, me has salvado de morir de aburrimiento esta noche en casa
- ¡Oh, vamos! ¿La gran redactora de Investigación del West City Tribune aburrida en casa un sábado por la noche? Pensaba que los periodistas estaban obligados a dar información veraz -bromeó la morena
- Eso es cosa del pasado, Chi-Chi. La verdad es que últimamente, después de la ruptura con Yamcha, he estado reflexionando sobre cómo tiene que ser eso de conocer a alguien que no sea un cretino, enamorarse, formar una familia como Goku y tú…
- Bulma Briefs, ¿hay algo que no me estés contando? -preguntó la joven esposa con los ojos muy abiertos
- No, Chi-Chi, para nada, por favor, no me malinterpretes. Me temo que me estoy haciendo algo mayor; pero solo un poquito -sonreía la redactora mostrando una pequeñísima cantidad entre pulgar e índice
La morena se quedó mirando a los ojos azules de Bulma un rato como intentado descifrar intenciones ocultas detrás de sus palabras antes de contestar:
- Bueno, ya sabes lo que dice el cliché: tener un hijo es lo más bonito que te puede pasar en la vida
- ¿Y es cierto? -inquirió Bulma
- Sí -contestó su amiga tras una breve pausa-, lo es. Pero, ¿sabes qué? A veces yo también me cuestiono cómo habrían transcurrido las cosas de no haber sido madre tan pronto. Eres conocedora de que Gohan, siendo imposible imaginarme ahora la vida sin él, fue un embarazo no planificado. Y no puedo evitar preguntarme si me estaré perdiendo mucho de lo que ocurre ahí fuera. En ocasiones echo de menos la mujer que era antes. ¿Crees que está mal pensar así?
- Chi, no tenía ni idea de que te sintieras de esa forma -dijo la peliazul rodeando afectuosamente los hombros de su amiga con un brazo- Y, por supuesto, jamás estará mal querer realizarnos como mujeres mas allá de la maternidad. ¿Por qué no pruebas a ir soltando cuerda poco a poco con Gohan? Este año cumple cinco y entrará a la escuela, quizá podrías empezar a trabajar a media jornada. Es un comienzo, ¿no te parece?
Los ojos oscuros de Chi-Chi brillaron a la luz de los farolillos que adornaban el pequeño jardín de los Son.
- ¡Chi-Chi! -la llamó de repente Goku desde el otro lado del patio- Cuando los perritos calientes se ponen de color negro es que ya están listos para salir del fuego, ¿verdad?
Las dos amigas compartieron una mirada llena de ternura mientras la morena, dando un último abrazo a la peliazul, susurró antes de acudir en busca del hombre de su vida: "Vuelvo enseguida, Bulma, no te muevas".
- ¡Vaya, vaya! Pero mira quién ha venido al cumpleaños de mi hermanito pequeño
- ¡Raditz! Desde luego no hay fiesta que pueda llamarse así sin tu presencia -le guiñó el ojo divertida la mujer
- ¿Verdad que sí? -contestó él con una amplia sonrisa
Empezaron los dos una conversación sobre cosas sin importancia hasta que, al poco, el propietario del "KameHa" le dijo:
- Oye, hay un cliente del gimnasio ahí al fondo que no deja de mirarte, ¿lo conoces o tengo que ir y empezar a repartir mamporros?
En una esquina del patio apoyado sobre un árbol, con una rodilla flexionada y los brazos cruzados sobre el pecho, Vegeta la atravesaba con sus ojos oscuros tras los cristales de sus gafas. Bulma musitó un "disculpa" a su amigo y se dirigió hacia el solitario hombre sin dejar de mirarlo, fascinada y gravitante, como las mareas son atraídas por la luna.
- ¿Qué haces tú aquí si se puede saber? -lo saludó la joven con una amplia y hermosa sonrisa
- Tch, eso mismo me pregunto yo -una leve sombra encarnada pintaba las mejillas del hombre, quien tenía ahora la vista fijada en el suelo-. El payaso de Kakarotto no paró de insistir hasta hacerme prometer que me pasaría un rato
- ¿Kakarotto? -Bulma blandía sus larguísimas pestañas azules abriendo y cerrando los ojos con gesto de no comprender
- El hermano del dueño del gimnasio; creo que su nombre es otro, aunque tampoco es que me importe mucho. En el "KameHa" todos los asiduos tienen un apodo
- ¡Oh! Vaya, ya veo. ¿Y cuál es el tuyo? -preguntó siempre curiosa la periodista
- ¡Vegeta! ¡Finalmente has logrado venir! No sabes cuánto me alegro -se oyó de repente
Y, como materializado de la nada, apareció el redactor de Deportes mientras le daba una sonora palmada en la espalda a Vegeta, quien lo miraba con cara de muy pocos amigos. Entonces, Son se giró recayendo en la peliazul por vez primera:
- Un momento, chicos, ¿vosotros dos os conocéis? ¡Eso es estupendo! Porque, Vegeta, ¿recuerdas que el otro día entrenando te hablé de una compañera de mi trabajo que pensaba podía congeniar contigo? ¡Pues precisamente era Bulma!
- Kakarotto, te juro que como no te calles ahora mismo voy a golpearte hasta que no recuerdes ni cuántos años cumples
El sonrojo de Vegeta había subido ahora hasta sus orejas y Bulma disimulaba como podía una sonrisa que insistía en posarse sobre sus labios.
- No hace falta llegar a tanto -medió alegre la peliazul-. En realidad, yo ya me iba a casa, ha sido una semana muy larga y necesito descansar
- Espera, te acompaño -se ofreció rápidamente el hombre de menor estatura-. De todas formas, yo también me marchaba ya
Y así, sin más, ambos abandonaron la propiedad del joven matrimonio, caminando juntos en silencio por las calles iluminadas únicamente con la luz de Selene.
- ¿Así que Goku y tú habláis de mí mientras entrenáis juntos? -le pinchó Bulma cuando no pudo aguantarse más
- Tch, el inútil de tu amigo es quien habla todo el tiempo -respondió azorado-. Solo calla cuando come. Hay días en los que vuelvo a casa con dolor de cabeza
La acertada descripción del redactor provocó un ataque de risa en Bulma, de esos que hacen que ronques por la nariz y te salgan lagrimillas en los ojos. Y Vegeta, sin poder contenerse, se unió muy fugazmente a ella en su risa contagiosa.
- Sí, Goku es todo un personaje -pudo finalmente pronunciar la joven limpiando con la punta de los dedos sus ojos mientras admiraba de refilón con disimulo los hoyuelos mortales del periodista- Y, oye, ahora que me doy cuenta: al final no me has dicho cuál es tu apodo en el "KameHa"
- ¿En serio, Briefs, en serio?
- ¡Claro! -volvía a reír- No puede ser peor que Karrot o como sea que has dicho que habéis bautizado a Goku
Tras una corta pausa, el hombre masculló algo ininteligible.
- ¿Cómo has dicho? Vamos, Ouji, no seas infantil -insistió ella
- He dicho -profirió el redactor entre dientes- que todos me conocen como "Príncipe"
- ¿En serio? -preguntó sorprendida- ¿Pues sabes una cosa? Cuando Goku y yo éramos apenas unos críos, recorrimos el mundo en busca de aventuras y, por aquel entonces, mi mayor deseo era encontrar un príncipe azul
- Tch, mira que eres ridícula -respondió Vegeta sintiendo nuevamente el calor expandiéndose por su rostro. Al poco, agregó como quien no quiere la cosa-. Entonces qué, ¿Kakarotto y tú erais pareja o algo así por aquella época?
- ¡Ugh! Difícilmente. Goku ha sido siempre para mí una especie de hermano pequeño. Además, cuando lo conocí el muy idiota pensaba que todas las personas disponían únicamente de genitales masculinos. De verdad que a veces no me explico cómo ha acabado teniendo un hijo; habría que hacerle un monumento a Chi-Chi
Más risas tontas, más hombros rozándose casualmente al caminar. Y, cuando se quisieron dar cuenta, ya habían llegado a la casa de Bulma:
- Bueno, aquí es -indicó ella bajo el umbral del portal mientras se colocaba un mechón de pelo detrás de la oreja-. Me he divertido mucho en el paseo; habría que repetirlo algún otro día. Quiero decir, si te parece bien
Los ojos de Bulma lucían de un azul tan intenso que Vegeta pensó que dentro de ellos debían de estar naciendo en ese momento galaxias y nebulosas.
- Sí, claro, otro día, ¿por qué no? -y, tras un fugaz silencio, se despidió- Buenas noches, Briefs
- Buenas noches, Ouji -respondió la mujer con un hilo de voz
Vegeta apenas se había girado para marcharse cuando Bulma lo llamó a sus espaldas:
- Ouji, ¿te gustaría subir a casa a tomar un caf…?
No pudo terminar la oración. El redactor del Four Stars Today la besaba con una pasión arrebatadora, feroz. Bulma se ancló al instante a sus fuertes hombros y ambos se adentraron en el interior del edificio.
A tientas (no había tenido tiempo ni de encender las luces del rellano), y sin haber roto aún el beso, la joven logró llevarlos a los dos hasta la pared junto a la puerta de su casa, circunstancia que Vegeta aprovechó para levantarla en brazos y apoyar a la mujer contra el tabique mientras ella rodeaba sus blancas piernas en la cintura del hombre.
Ouji no la besaba, la devoraba. Cuando el hombre por fin separó sus labios de los de ella, la peliazul aprovechó para tomar un profunda bocanada de aire, que abandonó su pulmones en forma de suave gemido debido a los besos húmedos y calientes que Vegeta repartía por su cuello.
Aquello era demasiado y Bulma buscó un lugar al que aferrarse. El único sitio que encontró fueron los sorprendentemente suaves cabellos del redactor, así que hundiendo sus dedos a la altura de la nuca tiró de ellos y lo que obtuvo como recompensa fue un enloquecedor mordisco en su hombro desnudo.
El cuerpo de la joven respondió con un intenso estremecimiento y si no acabó de bruces en el suelo fue porque una mano de Vegeta la sostenía fuertemente por el trasero, mientras que la otra subía por su cintura hasta acariciar con suavidad el generoso busto de Bulma, haciendo círculos con su pulgar en un pezón.
Entonces Vegeta empezó a mecer sus caderas contra su compañera en un delirante vaivén que pronto ella siguió. Sus bragas estaban completamente empapadas cuando el sonido de su sandalia al caer al suelo los trajo de vuelta a la realidad.
- ¿Vas a hacerme ese café o pretendes que pasemos toda la noche en el rellano del portal y que tus vecinos nos vean? -le susurró el hombre al oído con una voz áspera por el deseo
- No sabía que fueras un pervertido al que le va el exhibicionismo -respondió ella mordiendo el lóbulo de su oreja
Con un último beso lento y profundo, el periodista la soltó con suavidad hasta que sus pies volvieron a tocar el suelo. Bulma recogió el oneroso zapato y, frente a su puerta, empezó a rebuscar las llaves en su bolso mientras Vegeta detrás de ella succionaba ese punto entre el cuello y el hombro.
- Como no pares no conseguiré nunca abrir la maldita puerta -dijo introduciendo la llave en la cerradura empujando su trasero contra la dura entrepierna del hombre para separarlo de su cuello
Por fin Bulma atravesó el umbral con Vegeta a su espalda rodeando con sus brazos su pequeña cintura. Al encender la luz, la periodista sintió que el corazón se le paraba y que un escalofrío de terror la inundaba, logrando apenas contener un grito en su garganta.
La casa estaba completamente revuelta: los cajones abiertos, las cosas tiradas por el suelo, las mesas y sillas volcadas, los sofás y cojines destripados…
El redactor del Four Stars Today rápidamente se colocó delante de ella, creando un escudo protector entre la mujer y la vivienda:
- ¡Han sido ellos, vienen a por mí! -logró articular con la voz entrecortada por el miedo
- Briefs, te lo preguntaré solo una vez: ¿tienes la séptima bola de dragón? -inquirió muy serio inspeccionando el domicilio desde el umbral para evitar dejar huellas
- ¡Te juro que no, Ouji! Por favor, tienes que creerme
Tras una breve pausa, el hombre le contestó:
- Está bien. Te creo. Habrán sido unos simples ladrones buscando dinero y objetos de valor -trató de tranquilizarla-. Pero ni sueñes con dormir hoy aquí. ¿Hay algún sitio en el que puedas quedarte a pasar la noche?
Bulma, tras pensarlo unos instantes, respondió: "Capsule Corp".
