Con la cabeza apoyada en su durísimo torso, Bulma dormía profundamente abrazada a Vegeta, quien al respirar hacía que unos traviesos mechones azules subieran hasta su regia nariz, produciéndole un leve cosquilleo. El suave movimiento que realizó para aliviarse el hormigueo hizo que la peliazul abandonara la compañía de Morfeo para encontrarse entre los fuertes brazos de su compañero:
- Buenos días, guapito de cara -lo saludó con la voz tomada aún- ¿Has dormido bien?
- Difícilmente, tus ronquidos no paraban de despertarme -contestó guasón acariciando a Bulma desde la espalda desnuda hasta el inicio de la curva de su trasero
- ¡Serás mentiroso! -le asestó indignada un golpecito con su mano en el hombro- Las princesas como yo no roncan
- ¿Ah, sí? Vamos a comprobarlo -la desafió
Y un terrible ataque de cosquillas cayó contra la mujer, que se retorcía gozosa mientras pequeños ronquiditos surgían producto de su risa incontrolable. Cuando el juego hubo cesado, el periodista aprovechó la ocasión para girarlos a los dos y colocarse encima de la joven.
Entonces ambos se quedaron absortos mirándose a los ojos, negro contra azul. Y Vegeta, con una mano subiendo por un blanco muslo desnudo, empezó lentamente, muy lentamente, a romper la distancia que los separaba para fundir sus labios con los de su compañera cuando, de repente, la puerta se abrió de golpe:
- ¡Oh, vaya! ¡Bulma, qué sorpresa! No sabía que habías venido a pasar la noche y menos aún que habías traído compañía -dijo la señora Briefs apareciendo por el umbral de la puerta- Una compañía muy atractiva, por cierto
La surrealista situación pilló a Vegeta tan desprevenido que el pobre hombre únicamente fue capaz de reaccionar saltando de la cama por el lado que quedaba más alejado de la puerta, mostrando a la encantada señora Briefs una panorámica completa de su delicioso trasero desnudo antes de caer de bruces al suelo.
- ¡Mamá! -gritó Bulma por encima de su capacidad pulmonar- ¡Sal de aquí!
- Querida, no hay motivo para enfadarse tanto. Te prometo que yo solo venía a pasar unos robots de limpieza -la señora Briefs había entrado ya hasta la mitad de la habitación mientras trataba de echarle un ojo a Vegeta, tirado en el suelo en medio de un lío de sábanas
- ¡Mamá!
- Está bien, está bien. Bulma, de verdad, qué caractercito -respondió al fin retrocediendo- En fin, ya que estáis aquí tu padre y yo os esperamos a los dos para el desayuno en la cocina
Una almohada golpeó la pared justo donde la cabeza de la señora Briefs se encontraba dos segundos atrás antes de que la buena mujer saliera cerrando la puerta tras de sí.
Treinta minutos y una imprescindible ducha rápida después, unos muy cohibidos Bulma y Vegeta hacían acto de presencia en la cocina de Capsule Corp. La señora Briefs se encontraba de espaldas a ellos cocinando mientras que el padre de Bulma estaba sentado presidiendo la mesa, con un cigarrillo colgando de su boca y un periódico abierto entre sus manos. Tama, el gato de la familia, pendía feliz del hombro del anciano.
- Espero que no estés leyendo el Four Stars Today -dijo Bulma tratando de romper el hielo y, de paso, avivar un poco a Vegeta, azorado y rojo hasta las orejas desde que abandonaron la habitación
- Hija, sabes perfectamente que en esta casa siempre hay más de un periódico para contrastar la información -contestó levantando la vista del diario y saludando con afecto a la joven- ¿Y a quién tenemos el placer de tener como invitado en el desayuno? -agregó el buen hombre extendiendo su palma abierta hacia el periodista
- Vegeta Ouji, señor, redactor de Investigación del Four Stars Today -respondió el saludo el joven estrechando la mano del doctor y tomando asiendo entre este y Bulma- Y el placer es mío, no todos los días se tiene la oportunidad de conocer a uno de los hombres más talentosos del planeta -afirmó con sincera admiración mientras la señora Briefs empezaba a servir la mesa con platos llenos de comida suficiente para alimentar a un regimiento
- Gracias, joven, muchas gracias; pero mi trabajo palidece en comparación a la labor social de vuestras crónicas -y tras dar un sorbo a su café añadió con una sonrisa amable- Así que del Four Stars Today, ¿eh? Tienes que ser un periodista muy especial para que mi hija deje entrar a la competencia en casa
- Estamos trabajando juntos en una investigación muy importante, papá -explicó la peliazul, haciendo como que no había escuchado eso último
- ¡Pero qué interesante! -se incorporó a la conversación la madre de Bulma, sentándose al lado libre que quedaba junto a su marido, justo enfrente del redactor- ¿Y puede saberse de qué se trata esa investigación en la que estáis metidos tú, y el joven y apuesto Vegeta?
- Querida, no creo que puedan darnos muchos detalles del asunto hasta su publicación, de lo contrario no habría exclusiva -replicó el cabeza de familia posando una mano cariñosa sobre la de su mujer- ¡Oh! Por cierto, casi lo olvidaba, yo mismo estoy metido estos días en un estudio muy interesante
- ¿De qué se trata, papá? -inquirió Bulma regando sus gofres con chocolate y fresas
- Me alegra mucho que me lo preguntes, hija, porque podría decirse que los últimos progresos al respecto los estoy llevando a cabo gracias a tu ayuda
La joven se quedó mirando a su padre sin comprender:
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Recuerdas que llevo ya un tiempo enfrascado en la creación de un generador de ondas blutz? El principal obstáculo era dar con un material lo suficientemente resistente como para proyectar el láser sin destruir el cristal de la lente y había probado ya de todo. Entonces, cuando empecé a pensar en renunciar al proyecto, tu madre llegó con la solución
- ¿Te lo puedes creer, hija? ¡He hecho ciencia! -aplaudía feliz la mujer
- Un momento, un momento -cortó la peliazul cada vez más confundida- Que alguien me explique de una vez qué tiene que ver un láser de ondas blutz con mamá y conmigo
- ¡Muy sencillo, querida! -siguió la señora Briefs- Tu padre llevaba tiempo dándome la murga con que necesitaba encontrar un cristal nuevo y tal y cual. Así que hace un día, cuando fui a tu casa a limpiar, encontré una piedra cristalina muy curiosa guardada en el fondo de una caja polvorienta y pensé: "¿Y si esta piedra tan bonita puede ser la solución a todos los problemas de mi marido?"
- ¿Cómo es exactamente esa piedra, papá? -preguntó la joven aceleradísima, con el corazón latiéndole a mil por hora
- Pues, a ver, déjame recordar -se rascó la cabeza el hombre- Se trata de una bola anaranjada con seis, no, siete estrellas en su interior
- ¡La séptima bola de dragón! -exclamaron al unísono Bulma y Vegeta levantándose justo a la vez de sus asientos
La periodista empezó a caminar nerviosa por la cocina mordiéndose las uñas, un vicio que había desterrado en su adolescencia.
- ¡Ya decía yo que la descripción de la piedra me era muy familiar!
- ¿Me has estado ocultando todo este tiempo que tenías guardada una? -preguntó muy enfadado Vegeta
- ¿Qué? ¡No, por supuesto que no! -se defendió ella molesta- Pero lo cierto es que desde que el doctor Matsuo nos habló de las bolas de dragón no he dejado de pensar en que, alguna vez en algún momento de mi vida, yo había visto algo parecido a lo que él nos contaba y… ¡Claro! -golpeó su frente con su palma abierta- Mamá, ¿por casualidad esa piedra que encontraste estaba guardada en mi baúl de recuerdos del año sabático que pasé viajando con Goku?
La aludida se quedó cavilando con un dedo posado sobre sus labios.
- Mmm… a ver, ¿por baúl de recuerdos te refieres a esa horrible caja llena de trastos guardada arriba de tu ropero al fondo del todo? -Bulma asintió efusivamente con los ojos abiertos como platos- Entonces sí
- ¡Oh, Kami! -clamó la joven mientras su rostro palidecía por momentos
- Doctor, ¿tiene la bola todavía en su posesión? -intervino rápido el periodista del Fous Stars Today
- Sí, está en mi laboratorio -señaló el anciano- ¿Queréis que vayamos a por ella?
- Si fuera tan amable, por favor -continuó el hombre más joven
Unos pocos minutos después, una fría y pulidísima bola anaranjada descansaba sobre las finas manos de Bulma con Vegeta a su lado.
- Lo que no entiendo es que asaltaran mi casa en busca de la piedra en lugar de venir directamente a Capsule Corp. Vista la ristra de muertos que están dejando atrás, cualquiera pensaría que los asesinos no le temen a nada ni a nadie -discurría la periodista aún sin creerse lo que veían sus ojos
- Quizá su informante se equivocó de domicilio Briefs -trató de encontrarle un explicación Vegeta- Lo que está claro es que debemos avisar inmediatamente al comisario Piccolo
Aquello sacó a la mujer de su trance:
- ¿Qué? ¿Estás loco? ¿Y perder la exclusiva por la que llevamos tanto tiempo investigando?
- ¿Me estás diciendo que prefieres arriesgar tu vida y la de toda tu familia por una información en exclusiva? Te recuerdo que los asesinos van tras vuestros pasos y ya han entrado en tu vivienda, ¿qué crees que harán a continuación? -contestó el redactor encolerizado
- ¡Vamos, Ouji! Al menos dame un día para que me dé tiempo a redactarlo todo -suplicó mientras el hombre fruncía el ceño con cara de muy pocos amigos- ¿Unas horas? -el fruncido seguía en su lugar- ¡Maldita sea! Está bien, esta bien, adiós a mi Pulitzer, ¿estarás contento ahora?
- No hasta que hayamos atrapado a los culpables -contestó el redactor tomando la piedra de entre las manos de Bulma, dejando que sus dedos rozaran con los de ella un poco más del tiempo estrictamente necesario - ¿Acaso piensas ir hasta la comisaría con la bola de dragón? -preguntó con un tono de inquietud en su voz la mujer
Tras meditarlo unos instantes, respondió:
- Tienes razón, es demasiado peligroso. Creo que será mejor guardarla aquí en una caja fuerte mientras salgo en busca de Piccolo. Él se hará cargo de la bola cuando volvamos juntos a Capsule Corp -afirmó depositando de nuevo la piedra en las manos de la joven, quien lo observaba con una mirada de preocupación
- Está bien, ve directo a la comisaría y no te entretengas -le conminó ella y, acariciando en un gesto íntimo su mejilla, añadió- Esos tipos son capaces de cualquier cosa, lleva cuidado
- Tranquila, estaré de vuelta en menos de una hora
Y, diciendo esto, abandonó la propiedad de los Briefs.
Pronto pasó la hora prometida por Vegeta, y luego otra, y otra más sin que el redactor de Four Stars Today regresara a Capsule Corp. Bulma se sentía desesperada y recorría su habitación como un león encerrado en una jaula, ansiosa por ver entrando por la puerta al dueño del cabello en forma de llama más adorablemente gruñón. "Kami, por favor, no dejes que le haya pasado nada", rezaba en su interior a pesar de su profundo ateísmo.
Cuando ya estaba barajando la posibilidad de tomar un taxi y presentarse ella misma en la comisaría en busca de Vegeta, la pantalla de su móvil se iluminó con un mensaje. "Es él", pensó con el corazón desbocado y ya casi sin uñas. Pero cuál sería su sorpresa al ver que la comunicación procedía de un número de teléfono oculto. Al abrir el mensaje, apareció una foto de Vegeta amordazado y golpeado con un texto que le heló la sangre al instante:
"Trae la bola a la fábrica de hielo de las dársenas en 30 minutos. Ven sola si quieres que él viva para contarlo".
