- Miss Kohaku.
Xeno la recibió en su "estudio", una habitación cuyas paredes estaban llenas de estantes y papeles enrollados, que correspondían a los infinitos mapas que quedaron como testimonio de sus re-inventos en el mundo de piedra. Un largo escritorio de madera se encontraba en el centro de la habitación, y Kohaku pudo nunca había visto un papel tan grande como el que estaba extendido. Aunque pronto se dio cuenta que no era un invento, sino un mapa, y lo que su vista alcanzó a captar fue lo que le pareció el dibujo de toda esa zona, el castillo donde estaban, y lo que parecía un río, donde había apoyada una pieza de madera. El corazón de la rubia martilló cuando sospechó que se trataba del Perseo. Eso significaba que sabían perfectamente los movimientos de sus amigos, lo cual suponía un gran peligro para ellos.
La mirada de ella no pasó desapercibida para Xeno, que no le había sacado los ojos de encima desde que entró, y sonrió levemente. "Sí, míralo" pensó el científico, "mira y date cuenta que es cuestión de tiempo antes de que tus amiguitos caigan en nuestras manos". Pero ese diálogo quedó en su cabeza, ya que no consideraba oportuno expresarlo, o la pondría a la defensiva.
- Confío en que el reencuentro con Míster Gen haya sido satisfactorio, Miss Kohaku.
- Sí, gracias –murmuró. Notó que los ojos del científico se abrieron ligeramente con sorpresa al escuchar su agradecimiento, pero no duró más que una fracción de segundo. Gen le había dicho que tenía que mostrarse más dispuesta y agradable, así que un sencillo agradecimiento sería un buen comienzo, sin exagerar.
- Puedes sentarte, es momento de nuestra conversación ahora, tal y como acordamos.
Kohaku vio que el científico extendió su mano para señalar una silla frente a él…aunque era la silla más extraña que había visto nunca. Era larga como cuatro juntas, con una base más amplia, y estaba cubierta de ese material esponjoso y cómodo en el que tenía en su nueva cama. Se sentó, y notó lo cómodo que era, pero se sentía rara porque era demasiado grande para ella.
- Miss Kohaku, mi curiosidad no hizo más que aumentar estos días, al pensar que hay en el mundo descendientes de gente petrificada, o el hecho de considerar que hubo sobrevivientes a esa luz inevitable. Sin embargo, dijiste que no reconoces de nombre de la mujer que claramente es fue progenitora, o de la línea de tu ascendencia. Entonces, me gustaría que me cuentes sobre tu lugar de origen.
- Mi aldea existe hace mucho tiempo, pero no teníamos calendarios precisos hasta que conocimos a Taiju y su ciencia –ah, era difícil pensar en Senku y decir otro nombre, no tenía que meter la pata–, por lo que no puedo decirte hace cuánto existe. Pero cientos de años, quizás miles, es posible.
- ¿Miles de años? –Sos ojos oscuros de Xeno brillaron. Eso daba a pensar más en sobrevivientes, que en despetrificados– Interesante… continúa, por favor.
- Vengo de una aldea pesquera, y nos asentamos ahí hace mucho tiempo, pero creo que algunos de las primeras generaciones vinieron por mar de un lugar no tan lejano –No podía decirle del Soyuz y la isla del tesoro– o eso es lo que me contó mi familia. Mi padre es… era el líder de la aldea, y mi hermana es la sacerdotisa.
- O sea que eres de la rama familiar principal, qué elegante –Si Stan escuchara eso, se reiría, realmente era una "princesa" – Tu padre "era" el líder, ¿falleció?
- No, sigue vivo. Dije que "era", porque ahora el líder es Taiju.
- Ya veo, ¿y cómo fue el traspaso del liderazgo? ¿Los impactó la elegancia de la ciencia y decidieron adoptarla?
- No exactamente, no fue fácil que la acepten al principio. Ganó una competencia sagrada que se hizo por generaciones, entre los más fuertes de la aldea –Vio que la cara de Xeno se oscureció momentáneamente.
- Así que fuerza bruta, ¿eh? No me extraña… aunque no se podía esperar otra cosa. Él contra todos…
- Te equivocas, nunca estuvo solo –Kohaku lo interrumpió, alzando la cabeza con orgullo– Yo fui la primera en conocerla y llevarlo a la aldea, pero luego otros vieron lo increíble que era la ciencia, que solíamos llamar brujería, y trabajamos juntos. Él no buscaba ser el líder, fue un desenlace inesperado–sonrió al recordar cómo habían fallado los planes cuando Chrome se había desmayado del agotamiento– Taiju no quería gobernar, ni tener poder, nunca fue su objetivo. Fue una oportunidad que se dio para conseguir lo que necesitaba, y así ayudar a mi hermana enferma, para hacer medicina científica.
Xeno alzó las cejas, nuevamente sorprendido. Así que el Dr. Taiju tenía también conocimientos de medicina, realmente elegante. Aunque no entendía por qué tomarse la molestia de hacer todo eso para salvar la vida de una chiquilla que no conocía, las enfermedades siempre habían sido moneda corriente entre las tribus y pueblos primitivos, una tragedia recurrente.
- Y con ganar el torneo, además de quedar como líder de la aldea, logró terminar la medicina, salvar a mi hermana de una enfermedad llamada "neumonía", y ganarse el respeto de todos. Desde ese entonces, es uno más de la aldea, y todos ayudamos con gusto para crear sus inventos científicos, que además nos han mejorado la vida en todos los sentidos. Eso es lo que puedo decirte de dónde venimos.
- Eso explica varias cosas, sí. Me interesaría saber más de los desarrollos científicos de Dr. Taiju, pero con ver el barco que construyeron, que tienen teléfono, radio, electricidad y armas de acero, puedo hacerme una idea. Aunque no se compara con mi poder armamentístico, pero no está mal para unos críos.
El científico se quedó un rato en silencio uniendo todas las piezas de la información que la chica le había dado, junto con la de Stan y sus observaciones. Sabía que ella no le iba a decir nada del poder ofensivo y defensivo de sus amigos, y si la presionaba podía terminar mintiendo, así que concluyó que el interrogatorio alcanzaba por el momento. Pero podía derivar la conversación a otros temas más ligeros, que igualmente le dieran información de otros desarrollos científicos, y de paso conocerla más, lo que aumentaría las chances de entrar en confianza.
- Y dígame, Miss Kohaku… ¿Cuáles fueron los inventos científicos que le gustaron más personalmente?
- Hmm –Recordó que Gen le dijo que podía hacerse la tonta y hablar de inventos que no fueran tan trascendentes, con lo cual le vino como anillo al dedo la pregunta– El vidrio que cura la enfermedad de los ojos borrosos… eso fue muy bueno para mejorar la visión de algunos amigos. El globo que vuela por los cielos, eso fue inolvidable también, más que navegar por el océano. Y No sé si tomarlo como un invento científico, pero sí fue hecho con ciencia… el algodón de azúcar.
- ¿El…qué? – ¿Acababa d decir "algodón de azúcar"? Ese dulce infantil, ¿para qué querría un líder científico perder el tiempo haciendo algo así?
- Es un dulce muy extraño, hecho como de hilos dulces que se deshacen en la boca, y…
- Ya sé lo que es el algodón de azúcar, Miss Kohaku.
- Bueno, eso fue mágico –Se dio cuenta que hablar de comida la puso de buen humor, o más bien los recuerdos alegres que le vinieron de la mente, por lo que sonrió un poco y siguió hablando– Entre tanto trabajo, diría que fue lo que nos ponía contentos a todos. Aunque luego conocimos el pan, era adictivo…y con el aroma más delicioso de nuestras vidas. Aunque el alimento más extraño que hicimos con ciencia, y llevó bastante tiempo, fue la cerveza.
Xeno se ahorró esta vez la repregunta, pero levantó las cejas en sorpresa. Eso sí que no tenía ningún sentido científico, ni alimenticio, más bien lo contrario, era algo que entorpecía el pensamiento lógico y la habilidad motora, igual o peor que el humo tóxico que aspiraba Stan compulsivamente. Si había algo que no pensaba escuchar, era que una chica descendiente de supervivientes de la luz petrificadora dijese que en el mundo de piedra hicieron algodón de azúcar, pan y cerveza. El pan podía considerarse un buen alimento dentro de todo, pero lo demás… aunque tenía que admitir, pese a la pérdida de tiempo y recursos que suponía hacer esas cosas tan intrascendentes, que había cierta elegancia y complejidad científica en eso.
- Lamento informarte que acá no desarrollamos el estilo culinario, tenemos otras prioridades. Aunque como habrás notado, comida no falta.
- Sí, tienen mucha carne… alimenta a los guerreros.
- Exacto, así es. Nuestras tareas diarias implican un gran costo de energía, y dado que no tenemos mucho personal todavía, necesitamos obtenerlo de los alimentos. Bueno, con esto estoy satisfecho por hoy, confío en que sigamos esta dinámica a medida que yo tenga más preguntas que hacerte.
- ¿Puedo preguntarte algo?
- Sí, Miss Kohaku.
- ¿Qué quieres lograr con todo esto?
- Ser quien gobierne el mundo con el poder de la ciencia, por supuesto.
- El mundo es muy grande...por lo que me han dicho los que fueros despetrificados, pero si estuvimos más de un mes en el mar para llegar hasta aquí, y dijeron que hay lugares mucho más lejanos, que se tardarían años en recorrerlo entero. ¿Entonces van a viajar como nosotros?
- No, esta es mi base, lo haré desde aquí.
- ¿Eh? ¿Pero cómo vas a gobernar un lugar en el cual no estás, ni conoces?
Xeno la miró con desdén. Era evidente ahora que esa niña no tenía nada que ver con el mundo moderno, nunca había escuchado de política, diplomacia ni grandes guerras.
- No es necesario, una vez que reconozcan mi supremacía y la de mi ciencia armamentística en este mundo de piedra, no tendrán otra opción más que rendirse. Trabajarán para mí, y no habrá lugar para segundas opiniones.
- Pero entonces no quieres ser un líder. Un líder está con su gente, no es un nombre vacío que da órdenes y amenazas, que sólo gobierna con miedo –le replicó, frunciendo el ceño.
- Miss Kohaku, quizás el inocente mundo primitivo de dónde vienes no te ha dado todavía esas experiencias, pero tienes que saber que antes de que todo esto sucediera, el verdadero poder del mundo también se repartía entre unos pocos. Sólo que muchas veces, eran simplemente brutos e ignorantes que sólo deseaban poder y dinero, y no escuchaban a las voces que querían traer los verdaderos avances que harían historia, sólo porque egoístamente querían mantener su falso status. Pero yo me desharé de todo eso, los guiaré hacia el verdadero progreso
- Nosotros también tenemos progreso, y ciencia justa, y no nos importa eso del poder, no buscamos pelea, sino aliados para salvarlos a todos, queremos despetrificar a todas las personas del mundo. ¿Por qué entonces no nos unimos, en vez de combatir?
- Porque la única forma de asegurarme que mi visión se cumpla y se mantenga pura, es haciéndolo yo y nadie más. No entregaré ni compartiré el poder, por eso es que les exigí a tus amigos la rendición. Si acceden, cesarán las hostilidades, y todos continuaremos el camino de la ciencia, bajo mi mando.
- Sigo sin entender por qué tenemos que rendirnos. Nadie tiene que rendirse a nadie, porque vamos a trabajar juntos, cada uno aportando desde su lado para hacer un mundo mejor, en igualdad de condiciones.
- No nos comparen con ustedes, la superioridad de mi grupo es demasiado evidente.
. Entonces no puedo respetarte, no eres alguien a quien quisiera seguir… ¿Y seguirte a dónde? Ni tú tienes un lugar al que ir fuera de aquí. En ese caso prefiero seguir del lado de Taiju, no me interesa "tu mundo". Al final, eres igual que esas personas de las que te quejas.
- ¿Qué? –Gruñó, repentinamente indignado, perdiendo un poco su serena compostura–No, no tiene ni una pizca de comparación, esa falsa dominación de la ignorante fuerza bruta frente a mi mundo de poderío y avance científico ilimitado.
- Si, eres lo mismo, sólo que con ciencia en vez de puños –le replicó, alzando la voz– Apenas pisamos estas tierras, sin siquiera conocernos, pretendieron matarnos, o al menos someternos. No nos conocían, no sabían nuestras intenciones bienintencionadas, y atacaron igual. Para mí eso es igual de bruto que esos "brutos ignorantes" de los que hablas, no estás haciendo nada distinto. No eres como...Taiju.
- Las alas que extiende mi reinado van mucho más allá que lo que críos como ustedes sueñan. Los avances del Dr. Taiju son un juguete al lado nuestro. Y la inocente idea liberal que tienen del mundo no podrá sostenerse en cuanto alguien les haga frente, están destinados a la derrota.
- Veo tus armas, tu poder, pero nada más. Nuestro líder salva vidas, tú las quitas. Pregúntate a ti mismo de qué lado querrías estar. Él le salvó la vida a mi hermana, y perdona y da una segunda oportunidad a quienes se le oponen, porque cualquiera puede ver la justicia y sinceridad de su visión. ¡incluso le salvó la vida congelando a quien fue su enemigo y que lo mató a él unos meses antes!
Ah, había hablado demasiado...y lo último que había dicho no tenía ningún sentido, y la clara expresión de confusión de Xeno se reflejó en su rostro. Bueno, así había sucedido, pero omitiendo los detalles importantes de cómo había sucedido, no tenía sentido. Y no podía decirle del aparato petrificador, con lo cual no podía confesar cómo habían revivido a Tsukasa. Aunque tampoco dijo que lo habían vuelvo a la vida, lo mejor era ignorar su propio exabrupto.
- No lo entiendes, Miss Kohaku –su expresión se oscureció, y bajó su tono de voz considerablemente– No sabes lo que es que unos ignorantes desprecien tu ciencia, teniendo la evidencia frente a sus ojos de los maravillosos avances que traería consigo tal o cual invento, solo para mantener su lugar de poder. Imagina que inventaras la medicina para curar a tu hermana, pero los médicos que la cuidan miran a un costado, solo porque les interesa más el dinero que ganan con mantenerla débil dependiendo de ellos. ¿Lo entiendes ahora, la impotencia, la injusticia? No lo ven, o mejor dicho eligen no verlo, y el mundo sufre como consecuencia. Yo en su momento fui como esa voz en medio de la oscuridad, se los dije, una y mil veces, pero ignoraron su elegancia y gran utilidad, por avaricia.
- O tal vez, es porque tú nunca les mostraste que era algo más que una utilidad para ti, fallaste en hacerles ver lo emocionante que es la ciencia también.
Se hizo un largo silencio entre ambos, en el cual Xeno había quedado ligeramente boquiabierto, mientras procesaba el significado de lo que aquella ingenua joven le había dicho. Pero no tenía sentido seguir pensando en eso, ya que ese mundo ya no existía, él se encargaría de eso, sólo miraría hacia adelante.
- Nada de eso importa ya. Porque en el nuevo mundo que crearé y gobernaré, esos peligrosos ignorantes ya no volverán al poder. Quizás ni hayan sobrevivido, pero si lo hicieron y algún día cruzamos camino nuevamente, ellos serán los que estarán con la cabeza entre el suelo y mi zapato. No tengo nada que mostrarles, porque no van a ser ellos los que vuelvan a tomar las decisiones, no tendrán voz ni voto, sólo agacharán la cabeza ante mí. Y estará bien… todo estará bien.
- Entonces no quieres personas que te acompañen, que sigan tus objetivos y sueños por voluntad propia, porque te apoyan… quieres animales, muñecos. Si esa es tu excusa para obligarme también a que me una a tu lado, en vez de matarme, entonces me volveré uno de esos, sólo tendrás que darme órdenes que obedeceré y así serás feliz y cumplirás tu objetivo, ¿no es así? Bien, puedo hacerlo, pero entonces no tiene más sentido que hablemos, sigo manteniendo que así no tendrás mi respeto jamás. –Se levantó de la silla, enfadada, y sin poder contenerse, levantó el tono de su voz todavía más–. ¡Y mientras eso no te importe, estarás condenado a la derrota!
Sin esperar la respuesta de Xeno, Kohaku se puso de pie y dio media vuelta, abriendo la puerta para salir de la habitación, y encontrándose con la figura alta de Stanley del otro lado, y una expresión de genuina sorpresa en el rostro. Lo miró lo más desafiante que pudo, y siguió caminando sola por el pasillo.
Stanley había escuchado los casi gritos de ella, pero no tenía idea lo que estaban hablando, y no le correspondía interrumpir, confiaba en que Xeno lo llamaría si la situación se iba de las manos. Miró hacia adentro de la habitación, y vio que su amigo seguía casi congelado en su lugar, con una expresión de contrariedad. Pensaba preguntarle lo que había pasado, pero intuyó que ese no iba a ser el momento apropiado, y cuando consideró seguir a la rubia se dio cuenta que ella se dirigía hacia las escaleras superiores, como volviendo a su habitación. Se acercó a Xeno, que tenía una cara muy amarga, y sonrió, pero no de diversión, sino de pensar cuándo había sido la última vez que su confiada sonrisa se había borrado de su rostro. Quizás esa chica samurái era más peligrosa de lo que aparentaba, su intuición gritaba eso.
- En el mismo día a mí me muerde y a ti te da un plantazo... tiene espíritu, se lo reconozco –dijo una sonrisa, pero luego se retiró.
"Emocionante". Esa palabra había usado la chica, Xeno pensó. Por un instante pasó por su mente la imagen de un niño de pelos verdes parados, el único niño que había tutelado, y que fue el más brillante y prometedor que conoció en su vida. A su corta edad ya tenía conocimientos que incluso competían con estudiantes universitarios, y siguieron compartiendo sugerencias y posibilidades científicas los años siguientes, hasta que ya no era más un niño. Senku Ishigami, se llamaba, casualmente hijo de un colega astronauta japonés que conoció mientras el este hacía su entrenamiento para viajar al espacio. ¿Cuál habría sido el destino de su discípulo con la petrificación? ¿Habría sobrevivido? De todas formas, estaban a miles de kilómetros de distancia, océano de por medio, no era probable volver a saber de él. Y, sin embargo, un grupo de críos japoneses había llegado a Estados Unidos. Pero no, el líder era ese tal Dr. Taiju, y había hablado con él por radio, su voz no se parecía en nada a la de Senku, no era él… por suerte.
¿Pero qué tan ingenua podía ser? Para un profesional indiscutido y experimentado de su talla, pensar en emoción o diversión no estaba en el mapa, eso era para los chiquillos que descubrían la ciencia, y comenzaban a experimentar con ella y ver sus alcances. En sus comienzos la ciencia sí le parecía emocionante, pero luego sus magníficas posibilidades y la sutileza con las que se podían llevar a cabo cosas impensables, que no pudieran ser prevenidas y que a cualquier estratega lo descolocara… ahí fue cuando comenzó a ser elegante, y ese fue el camino que él eligió.
Y, sin embargo, no supo por qué le molestaba tanto que la chica le hubiera dicho eso, como si fuera obvio. Pero eso se lo había dicho desde su lado ignorante y "fresco" del mundo de piedra, ella no tenía idea lo que era tener delante a los mayores líderes del mundo, o que el fruto de sus largas investigaciones tenga que ser observado y juzgado por un montón de viejos prejuiciosos, por no decir desechado porque era demasiado "atrevido" pensar en esos grandes saltos científicos hacia el futuro. ¿Cómo podía pensar en mostrar el lado emocionante de la ciencia, cuando todo eso estaba en juego?
Desde que revivieron de la petrificación, nunca nadie le había plantado cara, no le habían refutado ni una sola vez, este era el primer gran desafío desde hacía años. Habían aceptado su liderazgo indiscutido, pero parte de eso era porque eran compatriotas conocidos, y confiaban en él y en Stanley. Esta aldeana no suponía ninguna amenaza, ya no tenía armas, estaba sola, y con las costillas rotas no podría luchar tan bien como Stan le había dicho, además de que no haría ninguna tontería porque sabía que el mago pagaría las consecuencias. Entonces, ¿por qué le preocupaba y comenzaba a tomársela en serio? Ahora que tenía buena parte de la información que quería, no la necesitaba para mucho más, podría ignorarla a ella y sus berrinches ignorantes. Si Stan quería seguir jugando con ella, lo dejaría, él tenía otras cosas más importantes de las que preocuparse por el momento, como la próxima movida en la que asesinarían a Dr. Taiju.
Stanley siguió los pasos de Kohaku, y les preguntó a los guardias a dónde se había dirigido, pero le confirmaron que había subido a la torre que daba a su habitación. No tenía sentido seguirla entonces, y no tenía ganas de lidiar con su actitud rabiosa ahora, lo último que necesitaba era que los termine de odiar a los dos si ya estaba de mal humor. Así que, en su lugar, mientras esperaba a que Xeno también se calme para preguntarle qué había averiguado, decidió sacarle un poco de información a Gen. Seguía en la sala principal, custodiado por Mikki, y miraba por uno de los grandes ventanales. Si él estuviera en su lugar, se moriría de aburrimiento, sin hacer nada relevante por días y semanas. A pesar de que había traicionado a sus amigos, tampoco podían darle tareas importantes, y era tan flacucho que no serviría ni para cargar cosas.
- Gen
- Stanley, ¿qué tal?
- ¿Qué puedes decirme de la personalidad y vida de nuestra invitada?
- Veamos, por lo que sé, Kohaku-chan fue la primera de su aldea en confiar en la ciencia… es muy temperamental, directa, entusiasta y fiel con los suyos, nunca los abandonaría, ni aunque su vida corra peligro. Tiene un gran corazón, y no tiene problema en quedar mal con los demás si es para ayudar a alguien. Es muy fuerte, eso ya lo sabes, dedicó su vida a entrenar arduamente, y se la considera la más ágil y fuerte de todas las mujeres del equipo de Dr. Taiju, incluso más que muchos hombres. Y por supuesto, Kohaku-chan es hermosa, cuando sonríe con el corazón es como ver una puesta de sol, pero no es algo que suela hacer.
- ¿Cómo se lleva con las otras mujeres y hombres de su grupo?
- Es muy compañera y solidaria con las mujeres, su espíritu competitivo nunca está con los que quiere de verdad. Con los hombres también, incluso tiende a llevarse mucho mejor, porque no es del tipo femenina y delicada, más bien lo contrario. Ama la lucha y la acción más que nada, y por eso es que siempre suele estar al lado de alguno de los chicos.
Gen sabía que Stanley de seguro quería los detalles jugosos, algo que pudiera usar para llamar su atención de forma positiva. Sonrió internamente, era momento de clavar la espina de las rosas.
- Como podrás imaginar con eso, Kohaku-chan no es el tipo de chica romántica que se fija en los hombres guapos y musculosos, le gusta más otro tipo de fuerza. Siempre sintió fascinación por nuestro líder… por lo que no dudo que prefiera acercarse más al Dr. Xeno de entre todos aquí–notó que Stanley entrecerró ligeramente los ojos ante eso– en especial desde que su actividad favorita en la vida está muy limitada. Aunque no es una cuestión de acercarse a los líderes solamente, como es muy temperamental y nada prejuiciosa, incluso su propio padre, el ex-jefe de la aldea, la desheredó por ser demasiado rebelde.
Stanley no decía nada a eso, solamente pitaba de su cigarrillo, pensativo. Era el momento para Gen de clavar la espina más profunda, con su mejor cara de inocencia.
- Algo muy importante, Kohaku-chan sí que es muy fuerte y le gusta la pelea, pero nunca ha tomado una vida ni ha lastimado seriamente a alguien. Por lo que entenderás que, a sus ojos, no eres su candidato favorito filantrópicamente hablando.
- Xeno no es un santo. Él es el que diseña las armas que yo luego uso, no soy el único que tiene el infierno asegurado.
- Sí, pero él no es el que se mancha las manos con la sangre de los demás, ni es el que va al frente y muestra su cara ¿no es cierto, Stanley?
Stanley se quedó en silencio unos eternos segundos, dirigiendo sus helados ojos azules a Gen con una mirada muy cruda. Para llegar a ser capitán de élite del ejército, tuvo que lograr muchos méritos, quitar muchas vidas, y ganarse su lugar. Estaba acostumbrado a la sangre ajena, el rojo oscuro de sus manos nunca se iría, sin importar cuánto las lavase. Eso no significaba que le gustara hacerlo de verdad, no era sádico ni disfrutaba de eso, simplemente era su misión, y tenía que cumplirla. Una vez terminada la tarea, se retiraba, y no tenía más nada que ver con eso, era como borrarlo todo de su consciencia, aunque supiera que nunca iba a olvidar nada de lo que hizo. Su profesión no sería posible si empatizaba con sus víctimas o se lamentaba de sus acciones. Hacía lo que era necesario para servir a su país, nada más y nada menos.
A pesar de eso, era indiscutible el punto de ese astuto mago. Xeno era el estratega, el que tiraba de los hilos de todos, pero nadie lo señalaría a él por sus oscuros planes, sino más bien a los que ejecutaban las órdenes. Siempre había sido así el mundo, pero no le molestaba particularmente, era una dinámica más del engranaje que lo sostenía todo.
Pero ahora no estaban lidiando con cuestiones de vida o muerte, sabía que el desenlace de esos jóvenes no sería otro que terminar sometidos por ellos, sino con cómo doblegar a una fogosa joven dispuesta a todo para proteger a los suyos. Era más un entretenimiento que otra cosa, aunque la finalidad era obtener información de ella. Que el mundo humano estuviese mayormente convertido en piedra, era todavía un misterio sin resolver, incluso para alguien tan brillante como Xeno. Y si esa chica podía tener alguna clave para echar un poco de luz sobre el tema, tendrían que aprovecharlo.
- ¿Puedo ser sincero contigo, Stanley? –Gen interrumpió sus pensamientos, y el militar lo miró y asintió con la cabeza– Eres un poco…intimidante. Si lo que buscas es llevarte mejor con Kohaku-chan, para hacerle la vida más fácil aquí ya que está casi sola, deberías probar otro enfoque. Ya te dije que ella no es de esas mujeres que se dejan llevar por las apariencias, menos aún las físicas, así que el lado de la sociabilidad funcionará mejor.
- No es como si pudiera hablar con ella si no compartimos el idioma. Y andar de mimo por la vida no es de mi predilección.
- Todos los días se puede aprender algo nuevo, ¿no? Digo… si Kohaku-chan eventualmente formará de este grupo, la comunicación será necesaria antes o después. Ah, cierto, me había olvidado… –sonrió maliciosamente, y usó su voz cantarina– el Dr. Xeno es el que puede hacerse cargo de la conversación, ¿verdad? Sí, déjaselo a él, será lo mejor y te ahorrarás la molestia.
Gen supo que había terminado de inyectar su veneno cuando notó que las finas pupilas de Stanley se dilataron momentáneamente. Había dado en el clavo con eso, y Kohaku había tenido razón al respecto de que sintió una tensión entre Xeno y su mano derecha. Pero haciéndose el tonto, volvió su mirada al ventanal, el militar sin decir una palabra más se giró y se fue.
Kohaku había llegado a su habitación, y cerró de un portazo, sin importarle si alguien se quejaba. Ah, dioses…lo había arruinado. Gen le había dicho que tenía que ser más agradable y hacer buenas migas con el científico, y ella prácticamente lo había desafiado y le aseguró que jamás lo respetaría. Podía ver a Gen suspirando profundamente, conteniendo su desilusión, él se venía esforzando en mantener esa fachada para ser un buen espía, y ella en su primera oportunidad se dejó llevar por sus verdaderos sentimientos y lo arruinó. Todavía no estaba del todo perdido, tenía que ver qué medidas iba a tomar con ella el líder, pero no eran auspiciosas.
Por otro lado, quedaba Stanley… Kohaku se estremeció ligeramente, realmente prefería hacer todo ese acto de buena predisposición con el científico, le parecía más transparente y accesible, y ni que hablar que mucho menos amenazante. Pero no le quedaba otra, tenía que pagar por su error ahora. Quizás si Xeno veía que ella no estaba tan resentida con todos, podría volver a abrirse. Sí, esa era su mejor oportunidad, seguro que Gen haría su parte para aflojar al líder, era su especialidad la de manipular personas. Pero por el resto del día, Kohaku podía decirle adiós a salir de esas cuatro paredes, estaba segura que hasta el momento de la cena no vería a nadie por allí.
Xeno no había podido librarse de su mal humor pese a sus mejores intentos, cada tanto le aparecía la imagen de esa mocosa atrevida mirándolo con rechazo y pretendiendo decirle a él sus aciertos y fallas. Pero también supo que le había dado su palabra de que hablaría con su amigo Gen todos los días, además que él era el único que entendía su idioma, por lo cual se dio cuenta que en realidad tampoco podía ignorarla. La sola idea de tener que volver a acercarse a ella para "hacer las paces" le revolvió el estómago, porque si se mostraba hermético y resentido, quedaría incluso más inmaduro que esa chiquilla, y eso no era nada elegante. Mientras rumiaba para sus adentros, Stanley entró a su estudio.
- La perra rabiosa volvió a su caseta por su cuenta, fue casi divertido. El portazo que dio resonó en medio castillo, ¿qué sucedió en la charla, Xeno?
- Me dio parte de la información que buscábamos, así que eso ha sido exitoso. Pero, por otro lado, dijo estupideces como que yo soy lo mismo que aquellos que ponían piedras en mi camino en el siglo XXI, que fracasé por no saber mostrar el lado "emocionante" de la ciencia, y que estoy condenado al fracaso como gobernante del mundo por eso mismo… ¿puedes creerlo? Da risa.
- Sí, da risa, pero no te estás riendo.
- No –La vista y los instintos de Stanley eran afilados incluso cuando no tenía la mirilla de un rifle adelante– Como sea… podemos confirmar que es descendiente de supervivientes a la petrificación. El cómo y dónde sucedió eso es un misterio todavía, o su aldea no contaba con esa información, o decidió no contármela. De cualquiera de las dos formas, es cierto que por cientos de generaciones simplemente hicieron de esto un nuevo mundo primitivo. No tenían ciencia antes de que llegue Dr. Taiju, quien ahora también se convirtió en líder de la aldea, pero parece que todos la adoptaron con gusto y tienen la misión salvadora de despertar a todas las estatuas.
- Qué misión digna. ¿Y él va a gobernarlo todo?
- No, parece que a nuestro Dr. Taiju no le interesa el poder en lo más mínimo, con lo cual no será un problema para nosotros, más bien una ventaja. El problema son sus principios tan honrosos, claro. Miss Kohaku es la hija de la familia principal de la aldea, porque su padre era el líder, y su hermana tiene la función de sacerdotisa. También tienen medicina, el Dr. Taiju curó a esa importante mujer para ellos de una neumonía, así que ahora tiene la adoración de todos asegurada. Pudo haber sido estrategia para ganárselos, claro, no me lo creo que sea tan altruista.
- Bien, eso es útil, pero confirmamos que su poder de ataque no es significativo, salvo por los habilidosos samuráis que vi entre ellos, aunque no tienen oportunidad frente a nuestras balas y todo lo que tenemos en mente para someterlos. ¿Algo más?
- Nada importante, no tienen desarrollo aéreo, salvo lo que entendí que era un globo aerostático, y parece que a Miss Kohaku le fascinó conocer los cielos. Pero escucha esto –sonrió por primera vez en horas– Parece que les dan importancia a los gustos gourmet en este mundo de piedra, hicieron pan, algodón de azúcar, y cerveza.
- ¿Cerveza? –Stan sonrió abiertamente también, no se esperaba eso– Bien, en cuanto capturemos su barco, podremos hacernos con eso y celebrar apropiadamente. Me había olvidado el placer de beber una espumosa y fría cerveza, nada mal. Y aunque sea mediocre, será mejor que beber agua si la hizo un científico.
- ¿Vas a sumar algún vicio tóxico más a la lista, Stan?
- No seas pesado, Xeno, unos vasos de cerveza no le hacen mal a nadie. Ahora, nuestra princesa de la torre…porque es gracioso que realmente es una princesa en su aldea, puede que sea más entretenida y abierta de lo que pensamos, si tiene paladar para el alcohol.
- No vayas por ahí otra vez, Stan, se nota a la legua que no es ese tipo de mujer. Espero que hayas superado tus impulsos hormonales instintivos, ahora que viste que no es tan fácil de lidiar.
- ¿Qué tan virgen puedes ser, Xeno?
- … ¿Qué? –Miró a su provocador amigo frunciendo el ceño– No te pases, Stan.
- Digo que quizás esa chica no es tan inocente como piensas –una media sonrisa se delineó en sus labios– Creo que sabes que la gente primitiva tenía menos prejuicios al respecto que los de la modernidad.
- Su aldea tiene una sacerdotisa, Stan. Dudo mucho que fueran tan liberales al respecto.
- Siempre hay una oveja negra en la familia –rió– Gen me dijo que incluso su padre la desheredó, por constantemente oponerse a las normas. Una chica samurái antisistema en el mundo de piedra, un poco como tú.
- O rebelde como tú, más bien –Pretendía reírse con eso, pero las comisuras de sus labios nunca se elevaron.
- También, ¿qué te parece? Cada vez me cae mejor esa chica, es una caja de sorpresas. Pero no te preocupes, no tengo intenciones reales de avanzarle por ahora más que algún juego, y ya que es tan difícil, creo que me divertiría más que ella caiga por mí.
- Eso lo dudo.
- ¿Quieres apostar, Xeno? Quién diría que nuestra huésped traería entretenimientos tan variados.
- No, gracias. No tengo interés alguno en eso, ni en ella.
- Oooh, pero vas a tener que esforzarte un poco más. La pregunta ahora es qué vas a hacer para que siga dispuesta a conversar contigo, no te olvides que ese es nuestro objetivo con ella. ¿Un regalo científico, tal vez? Uno "emocionante", así la haces cambiar de opinión sobre ti. Tú eres el cerebrito, piénsalo.
Luego de decir eso, Stanley se dio vuelta y se fue, dejando a Xeno más irritado que antes. Siempre había sido entretenido molestar un poco a su amigo científico, incluso desde que eran jóvenes. Xeno era simplemente demasiado digno, o lo pretendía, en especial desde que había incorporado la palabra "elegante" a su vocabulario y la usaba más seguido de lo que iba al baño. Pero la presencia de la rubia no vendría mal para descolocar un poco a su estructurado y perfeccionista amigo, y para divertirse un poco viendo sus oxidados intentos de ser agradable.
Por la noche, Kohaku estaba prácticamente trepándose por las paredes de aburrimiento. Si hubiera cerrado su boca y controlado su temperamento, quizás hasta podría haber pedido que la dejen recorrer el castillo, aunque sea detrás de Xeno o Stanley. Pero no, había quedado claro que arruinó sus chances cuando comprobó que nadie pasó esa tarde a buscarla. ¿Cuánto tiempo más tendría que estar así? Por lo menos tenía una buena vista desde lo alto, y pudo apreciar un bello atardecer, pero al mismo tiempo eso le dio más ganas de estar afuera, y no encerrada como rehén de los enemigos. Escuchó pasos acercándose, y se puso atenta, aunque era probable que fuera el horario de la cena.
Quien tocó la puerta y entró, sin esperar respuesta, fue Stanley. Por primera vez lo veía sin ese palito que soltaba el humo desagradable, lo cual fue una agradable sorpresa. Otra vez traía una bandeja con una generosa cantidad de comida, pero esta vez no le molestó porque estaba obligada a intentar sociabilizar con él. Se preguntó si Xeno le había dicho lo que sucedió, y sospechaba que sí, pero no era como si fuera a cambiar mucho entre ellos… si no se mostraba receloso y eso que lo había mordido unas horas antes. Estaba esperando ya su molesta manía de mirarla fijo, pero parecía que él mismo se había aburrido de eso, porque sólo se sacó los guantes y se sentó a comer, y la observaba cada tanto, pero no de esa manera incómoda y obsesiva de antes.
El silencio predominaba en la habitación, aunque Kohaku ya se había acostumbrado a eso y no le parecía incómodo. Cuando sentía que él bajaba la mirada, ella aprovechaba para mirarlo a él. Ahora que su animosidad había disminuido, podía apreciar que tenía unos finísimos rasgos faciales, casi femeninos, y la sombra que proyectaban sus largas pestañas sobre sus ojos eran llamativas. Se entretuvo pensando cómo luciría él si hubiera estado como aliado en la isla del tesoro, cuando Gen, Ginro, Soyuz y Senku se habían maquillado para intentar pasar para la selección del harem. Claro que su altura y su musculatura no ayudaban, pero de no ser por eso habría pasado por poco.
No pudo controlar el soltar una pequeña risa, que más bien salió como una brusca exhalación por la nariz porque tenía la boca cerrada. Eso claramente llamó la atención de Stanley, que la miró inmediatamente con curiosidad. Ella hizo lo posible por disimular, y bajó la mirada, un poco sonrojada porque la atrapó. El problema fue que, a partir de ese momento, el militar otra vez volvió a mirarla insistentemente. No podía seguir ignorándolo, y no parecía molesto, así que conectó su mirada con la de él. Se sorprendió de ver que tenía una ínfima sonrisa dibujada en sus labios, pero no le generó las mismas alarmas que otras veces. Quizás había encontrado divertido que ella se riera de la nada.
- Mouth –dijo Stan, señalándose la boca.
- ¿Eh?
Kohaku inclinó la cabeza, confundida. No entendía su idioma, pero parecía que estaba diciéndole cómo se decía esa parte de la cara. Y luego la señaló a ella e hizo un gesto con la cabeza, que entendió como que le estaba preguntando cómo se decía en su idioma.
- Boca.
- "Bouca" –Repitió, con un claro acento extranjero, y sonrió. Luego se pasó un dedo por los labios– Lips.
- "Lipus" –Ah, era más difícil de lo que pensaba, y la sonrisa de él se agrandó. Vaya, cuando no tenía cara de asesino letal parecía agradable. Nuevamente le hizo acordar a Tsukasa, que era el ser más intimidante que existía, hasta que había aprendido que era muy llevadero– Hmm, labios.
- Smile –Dijo, mostrándole una deslumbrante sonrisa, y notó con satisfacción que las cejas de ella se elevaron.
- "Sumaile" –Frunció la nariz, descontenta otra vez con la dificultad de imitarlo. Pero pese a eso, le estaba entreteniendo– Sonrisa.
- "Soun...rui…sa" –Ahora fue el turno de él de fruncir el ceño, probando en su boca los fonemas que no le salían. Se sentía como cuando era un inocente estudiante de escuela y estaba en las aburridas clases de idioma con esos libros que le enseñaban vocabulario y a hacer conversaciones predecibles, solo que de esta forma y con ella prometía ser más divertido. Se señaló los ojos– Eyes.
Siguieron así un rato más, cada uno diciendo en su idioma las partes del rostro, y luchando con la pronunciación de las palabras complicadas. Era sinceramente divertido, y por un momento ambos bajaron un poco la guardia, y se permitieron sonreír y soltar pequeñas risas sinceramente, sin segundas intenciones. Fue entonces que Stanley recordó las palabras de Gen, "cuando sonríe con el corazón es como ver una puesta de sol". Todavía no era una verdadera sonrisa genuina de parte de ella, porque no confiaba en él, ni él en ella, aunque se permitieran mostrar su entretenimiento. Desde que la había visto bien, podía decir que era una joven de gran belleza, de cara y cuerpo, eso no cabía duda alguna.
Pero comenzar a ver el atisbo de su verdadera personalidad, más relajada, pensó que estaba más cerca de esa puesta de sol que de llamarla "perra rabiosa". A decir verdad, los había mordido ya dos veces como un perro, pero ahora sentía que ya no era apropiado ese apodo. Seguiría manteniendo el de "chica samurái", y "princesa de la torre" cuando quería burlarse de ella con Xeno, pero prefería ver esas pequeñas sonrisas a sentir los dientes de ella en su piel, que por cierto le habían dejado un muy interesante hematoma. No llegaría a decirle "Miss Kohaku" como Xeno, no era su estilo para nada, pero se dio cuenta que nunca había pronunciado antes su nombre, que no parecía tan difícil.
- Kohaku –Ah, lo dijo en voz alta. Notó que ella lo miró fijo, abriendo un poco más esos grandes ojos aguamarina que tenía. Se señaló a sí mismo, y con una sonrisa consideró que esa era la presentación oficial entre ellos– Stan.
Extendió su mano derecha hacia ella, y la dejó suspendida en el aire. Los ojos de ella abandonaron los de él hasta posarse en su mano, y se quedó observando un rato como dudando qué hacer. Probablemente no conocía los saludos de mano, pero no debía ser difícil de entender qué era lo que tenía que hacer para corresponderle. Con un poco de duda, la vio acercar su mano a la de él, y Stan apoyó su palma contra la de ella, y cerró suavemente los dedos alrededor de la pequeña y cálida mano de ella.
- Un placer conocerte, Kohaku –No le importaba que ella no entendiera sus palabras todavía, suponía que iba a captar la intención del mensaje.
- Hmm, sí… Stan
Kohaku le contestó solamente eso, sin saber qué más decir. Se sentía raro darle la mano a un enemigo, y a quién pocos días antes la había dejado en ese estado lamentable por los golpes que le propinó para someterla. Pero ahí estaban, aunque eso no significaba que le cayera bien ni que confiara en él, consideró ese contacto de las manos como un agradecimiento por haberla hecho sentirse un poco menos sola, y hasta sacarle unas sonrisas que la hicieron olvidar de la situación en la que estaba. No estaba mal, ver ese lado mucho más humano y menos intimidante de él, y esa mano grande que se sentía caliente y que corría sangre a través de ella… sólo esperaba que Senku y los demás lograran convencerlos de unir fuerzas y ser aliados, en vez de enemigos. Todos eran personas, y las circunstancias de la vida los había colocado en esa situación, pero no creía en que fueran absolutamente malos, ni él ni el Dr. Xeno. Tendría que comprobarlo por sí misma, y por primera vez en esos días se dio cuenta que no era una estrategia, ni un plan de manipulación, sino que verdaderamente lo sentía así. Ya había dejado de ser un juego, iba en serio ahora.
Buenaas! Me quedan largos los capítulos porque me cuesta dejar de escribir sobre ellos jaja. Son tan hermosos y grandes personajes los tres, no puedo esperar a que se pongan de acuerdo para trabajar juntos en el manga… y acá también, ¿lograrán abrirse y derribar la pared de los bandos opuestos?
Nuevamente, muchas gracias por el enorme apoyo a esta historia y sus bellos y divertidos comentarios, me alegro de corazón que guste y les entusiasme tanto leerla, como a mí escribirla. Los leo con amor! jaja. Aviso: Tengo una semana muy ocupada, así que la próxima actualización van a tener que esperarla un poco más. Hasta el próximo capítulo!
