- Qué raro verte por la mañana con una sonrisa, ¿sucedió algo bueno?
Stanley había estado observando en silencio a Xeno unos minutos antes de hacerle la pregunta, mientras desayunaban. El científico era un libro abierto con sus pensamientos y emociones, incluso las que reprimía, pero además el militar ya conocía su cara y sus estados de ánimo como los de él mismo. Además de su vieja amistad, el hecho de verse las caras las veinticuatro horas del día durante los tres años que pasaron ya desde que se liberaron de la petrificación, hacía que ya no hubiera secreto entre ellos. O no muchos, al menos.
Y podía verle claramente las comisuras de su boca ligeramente elevadas, pero en especial una mirada llamativamente serena, casi reflexiva. Era todo lo opuesto a la expresión que tenía la tarde-noche anterior, cuando se lo había notado conteniendo su ira con respecto al vuelo "recreativo". No lo había visto desde entonces, ya que, desde que compartía el almuerzo y la cena con Kohaku, sólo le quedaba el desayuno y algún hueco a la tarde para compartir las novedades, proyectos y misiones con Xeno. No lo lamentaba para nada, era mucho más divertido conocer a la chica samurái, compartir el vocabulario inglés-japonés con ella, y ver una cara mucho más agradable a sus ojos que la de su serio amigo.
Eso, y que últimamente parecía que la diferencia de pensamiento y acción entre ellos estaba siendo particularmente notoria, en especial en lo referente a cómo lidiar con la fascinante invitada. Lo bueno de ambos era que no eran personas rencorosas, a lo sumo unos días de malas caras y pocas palabras, y luego volvían a trabajar juntos como siempre. Claro que para que eso sucediera, necesitaba que hubiera al menos un par de días de paz y tranquilidad para que se calmen las aguas, cosa que no estaba sucediendo en ese preciso momento. Pero si algo había aprendido en la vida, era que las convicciones y los afectos no eran a prueba de fuego hasta que no se desatase sobre ellos grandes tormentas y pudieran sobrepasarlas. Y en ese momento, con el primer enemigo haciéndoles frente, necesitaba comprobarlo.
Xeno le devolvió la mirada con sus ojos oscuros, pero con una ínfima y secreta luz asomando ahora. Compartieron la mirada en silencio, aunque no por desafío, sino porque Xeno jamás consideraría hablar con la boca llena de comida. Cuando finalmente tragó, y bebió un sorbo de líquido para limpiar su garganta, habló.
- Nada en particular, o por lo menos no que te afecte.
- Pero sí hubo algo –decidió hacerle saber su suposición, y no dar más vueltas– ¿Tiene que ver con Miss Kohaku?
- No es alguien que altere mis estados de ánimo notoriamente. Pero podría decirse que fue un factor.
- Ya veo –"Mentiroso", pensó Stanley– ¿Le gustó tu regalo científico?
Xeno se le quedó mirando unos segundos antes de responder. Stan había compartido la cena con ella la noche anterior, así que de seguro había visto el caleidoscopio en la mesita, y podía apostar que Miss Kohaku se lo había mostrado con entusiasmo.
- Sí, le gustó mucho –amplió su sonrisa, pero no por felicidad– Como era de esperarse, nunca había visto algo como eso. Y dijo unas cosas muy interesantes después, he de admitir que el respeto que le tenía aumentó de forma considerable. No es tan tonta ni tan ignorante después de todo.
- Son distintos tipos de inteligencia, Xeno, te lo vengo diciendo hace años. Es astuta, pelea muy bien, y aprende rápido, bastante bien para alguien primitivo y analfabeto. Y tiene la lengua más filosa que he conocido, además de que parece no conocer el miedo. Ayer me hizo frente y todo, aun con un arma apoyada en su frente.
- ¿Qué? –Los ojos de Xeno se abrieron perceptiblemente, con horror– ¿Por qué pusiste tu pistola en su frente?
- Pensé que iba a ser la forma más efectiva de dejarle en claro que tenía que portarse bien, pero no pensé que iba a quitarla de en medio como si fuera un juguete, y encima me contestó… es evidente que todavía no tiene noción de lo que podría hacer un arma como esa en su bella carita, o en cualquier parte de su cuerpo. La ignorancia da valor.
- Tendrá que aprenderlo, tarde o temprano, cuando vea a sus amigos caer ante nuestro poder armamentístico. Pero preferiría que no lo vuelvas a hacer, no ayuda a ganarnos su confianza.
- Ella pareció decir lo mismo, aunque no entendí mucho. No te preocupes, últimamente he encontrado que no es entretenido, en especial desde que aprendimos lo temeraria que es. ¿Cuál es tu próximo plan con respecto a ella? ¿Vas a ir por otro regalo científico?
- No soy una juguetería, Stan. Tengo mejores cosas que hacer.
- Sí, pero ya viste que es mucho más cooperativa cuando está contenta, así que deberías ir por ahí tú también. Por lo menos parece que se te fue el enojo con ella, ahora procura que esa sonrisita tonta en tu rostro también la vea, y serás todo un encanto.
- Stan, te dije que…
- Sí, sí… no necesito tu sermón a esta hora de la mañana. Pero me pregunto si debería sentirme amenazado por tus "avances", y apurarme o un poco. Sería muy entretenido si eso sucediera.
- No comparto tus intenciones con ella, y no estoy jugando.
- Deberías, al menos un poco. Si no disfrutas tu trabajo, ¿cómo te levantas cada día?
- ¿Juego o trabajo? Decídete.
- Ambos. Se puede tener lo mejor de los dos. Además, ¿eres consciente que cuando yo me vaya a asesinar al líder del club juvenil de ciencia, ella quedará a tu cargo? Ella y el mago, tendrás a los dos detrás tuyo como una mamá pato.
Xeno frunció el ceño ante eso, lo había considerado, pero no lo había pensado en profundidad, porque en ese momento prefería que Miss Kohaku estuviera encerrada sin más, y ahora sabía que eso no iba a ser igual.
- Míster Gen ya tiene su custodia, aunque tiene permitido circular con libertad por el castillo, y eso se mantendrá ya que es nuestro "aliado". En cuanto a Miss Kohaku, ya veré cómo lidio con tenerla cerca y vigilada, no te preocupes. Nos vemos luego, Stan.
Xeno se levantó, poniendo fin a la conversación con su amigo, y retirando los restos de su desayuno. La realidad era que, desde la noche anterior, sí había estado pensando qué podía hacer para mostrarle a Miss Kohaku otros alcances "emocionantes" de la ciencia, como ella lo llamaba. Pero no podía, ni era su intención, hacerle más regalos personales, tendría que pensar en algo que pudiera ser útil para ella, así como para los demás en el castillo. Quería ver más de esa expresión fascinada, quería que ella reconozca la elegancia de la ciencia, y demostrarle que, si se rendía y unía a ellos tanto como sus amigos, no era para esclavizarlos y darles una vida miserable, sino solamente de continuar haciendo crecer el mundo… pero bajo su dirección y control absoluto. Aunque claro, no pensaba ser tan generoso con ellos.
Luego del mediodía, Stan llevó a Kohaku hacia la sala principal para que tenga su encuentro diario con Gen. Como siempre, el mentalista la esperaba con una pequeña sonrisa en el rostro, y las manos ocultas entre las mangas de su kimono.
- Buenas tardes, Kohaku-chan.
- Hola, Gen.
- ¿Qué se sintió ayer cruzar los cielos a toda velocidad?
- ¿Eh? ¿Cómo te enteraste?
- La pregunta más bien sería quién no se enteró en el castillo, el sonido de un motor de avión es bastante fuerte y característico. Y pude verlo dar vueltas cerca, por lo cual no era una misión de Stanley, además de otro motivo... pero, ¿cómo estuvo?
- Lo más emocionante y aterrador de mi vida. Empezó y terminó bien, pero en el medio a Stan se le dio por poner en peligro nuestras vidas.
- Parece que le gusta lo de vivir al límite… los vi a lo lejos, eran un palito negro para mí, pero creo que te refieres a cuando bajaron en picada casi hasta el mar.
- Sí, y luego los giros… es muy bueno pilotando esa cosa, pero me tomó por sorpresa, y creo que lo hizo a propósito.
- No lo dudo. Me da la impresión que te toma como un desafío, y tú nunca das el brazo a torcer, Kohaku-chan, así que debe ser interesante para él. Piensa que fue un capitán de alto rango antes de la petrificación, y los militares suelen ser muy estrictos y severos. Claro que tú no tienes por qué saber eso, pero parece que su aura imponente tampoco surte efecto en ti, y eso debe confundirlo.
- ¡JA! Es que yo lo veo que es de carne y hueso como tú y yo, no es un dios. Por lo cual, se le puede hacer frente.
- Siempre pensando en el ataque, Kohaku-chan. Aunque estamos hablando de ti, le hiciste frente a Tsukasa, Hyoga, Mozu… enfrentaste a los más fuertes sin dudarlo, eres admirable. Pero volviendo, ya que el tiempo no nos sobra, parece que tu vínculo con él está mejorando. Yo también tengo novedades. Ayer me "pidió" que le enseñe japonés, así que se está tomando en serio lo de querer comunicarse contigo, al menos sin usar a Xeno o a mí como intermediarios –la comisura de sus labios se elevó con el comentario cizañero.
- ¿En serio? Ooh, ya me extrañaba que ayer me dijo cosas que nunca le había enseñado. Aunque pensé que Xeno se lo había dicho.
- No, fui yo. Por eso también sabía de antemano que iba a llevarte a volar. Y con respecto a Xeno, Stan me pidió que no le diga de nuestras "clases", así que debe tener su motivo personal que no quiere compartirlo con el líder –su expresión se volvió siniestra por un breve momento– Hablando del científico, ¿cambió algo?
- Sí, de hecho, creo que estamos en paz. Anoche me dio un… –se esforzó por recordarlo– "caleidoscopio"
- ¿Te hizo uno? –Los ojos de Gen se abrieron de la sorpresa, era un regalo muy inesperado.
- Dijo que lo tenía, y me lo dio para que me entretenga. Es lindo, y ayuda cuando estoy aburrida.
- No veo niños alrededor, y no le encuentro la utilidad científica. Te lo hizo especialmente para ti, Kohaku-chan –sonrió maliciosamente– Parece que le diste donde dolía, porque no veo otro motivo para que un científico como él llegue a hacer algo así. Me encanta, eso significa que no es tan impermeable como quiere demostrar.
- Gen… dijiste que Stan quiere saber más japonés. ¿No sería útil que yo también aprenda más inglés?
- Claro que sí, pero dudo que él te dé más de su preciado tiempo. Puedes intentarlo con Xeno, no estaría mal ahora que lo pienso.
- No, más bien pensé en ti.
- Primero Senku-chan, luego Stanley, ahora tú… les gusta explotarme.
- Oh vamos, esto ni siquiera es un esfuerzo. Pero ayer dijimos que sería bueno tener unos minutos más. Podríamos usar las clases para hacer algún otro intercambio de planes, o simplemente para estar más tiempo juntos…
- Bueno, sí, es una gran idea. Vas a tener que aprovecharte de la confianza que el líder te está dando. Busca una forma de proponérselo sin ser evidente, y luego me cuentas –Vio que Stanley comenzaba a acercarse lentamente desde la otra punta de la sala– Una cosa más, antes de que acabe nuestro tiempo. Kohaku-chan, ¿confías en mí?
- ¿Si confío en el más grande embustero desconfiable? Claro que sí.
- Bien… tomaré eso como un gran halago a mis habilidades. Te diré lo que tengo en mente. ¿Recuerdas en la isla del tesoro, cuando Senku te despetrificó, que lo abrazaste?
- Hmmm, sí.
- Quiero que me abraces exactamente así a mí –la vio levantar ambas cejas– Sé que no eres buena actuando, pero trata de recordar cómo te sentiste en ese momento para abrazarlo de esa forma, se vio muy emotivo. Si quieres puedes imaginar que yo soy Senku-chan, no me ofenderé. Pero necesito ver qué tipo de reacción tiene Stanley.
- ¿Pero por qué no puedes tú abrazarme o hacer esas cosas que tienes en mente? Te saldrán más natural.
- Porque si lo hago yo, me verán como una amenaza, y buscarán alguna excusa para alejarme de ti eventualmente. En cambio, si lo haces tú, su instinto les hará querer ganar tu atención y tu favor, y no considerarán alejarme, porque eso te pondrá triste, y dirigirás tu desilusión y enojo hacia ellos. No te olvides que estos líderes están tratando de cautivarte tanto como tú a ellos.
- Oooh, entiendo. Sólo que no estoy tratando de cautivarlos, no lo he intentado adrede como me sugeriste para nuestro plan, perdóname.
- Kohaku-chan, si ya estás generando este interés y disputas entre ellos sin siquiera intentarlo, tengo grandes esperanzas de lo que puedes hacer si te lo propones. Pero volviendo, si puedes demostrar algo de ese afecto hacia mí, culpando obviamente a tu soledad, verás cómo pone las cosas más interesantes.
- Si tú lo dices...
Cuando Stan estaba ya más cerca, Gen le hizo un mínimo asentimiento con la cabeza a Kohaku. Si bien en ese momento no sentía ni una pizca del alivio que la hizo abrazar de esa forma en aquel entonces a Senku, no le fue difícil dirigir toda su frustración y emoción hacia el mentalista. De solo pensar que él era su único amigo y confidente, y también estaba trabajando muy duro como espía, atento a cada movimiento, palabra y gesto de los dos líderes enemigos; y poniéndose en peligro al hacerlo, se lanzó a abrazarlo con fuerza.
Se quejó internamente del roce de sus costillas contra el cuerpo de Gen, pero eso sólo hizo ver su rostro más contorsionado como si sintiera una intensa emoción. Envolvió al mentalista con sus brazos, con fuerza, y lo escuchó murmurar, de forma casi inaudible, sólo para sus oídos, mientras la rodeaba a su vez con delicadeza, las grandes y largas mangas de su kimono ocultándole el cuerpo.
- Aaah, si así fue, creo que ahora siento celos de Senku, mi linda Kohaku-chan.
Kohaku cambió su expresión a una placentera sonrisa, no se había dado cuenta de cuánto necesitaba un abrazo de verdad. No importaba que lo hubieran hecho adrede para provocar a sus captores, ese abrazo se estaba convirtiendo en uno auténtico cada segundo que pasaba. El mentalista subió una mano para acariciarle el pelo, bajó por el cuello, y la dejó apoyada en su espalda baja.
Gen podía intentar ver la reacción de Stanley como reflejo en el enorme ventanal que tenía enfrente, pero no lo necesitaba realmente, le bastaba con que el soldado pudiera ver la felicidad y paz en el rostro de Kohaku. Hubiera sido una pequeña victoria satisfactoria frente el invencible Stanley, que en todos los días que pasó con ellos, Gen no pudo encontrarle ningún punto débil, aunque eso parecía que estaba próximo a cambiar, por mínimo que fuera. Se dijo que iba a ayudar a sus enemigos a relacionarse con Kohaku, pero nunca afirmó que él mismo no sería su competencia.
- Se acabó el tiempo. Vamos, Kohaku.
Tal vez era su imaginación, pero le pareció que el tono de voz de Stan había vuelto a adquirir ese dejo autoritario que ya no le escuchaba últimamente. Si era verdad, entonces Gen había acertado con precisión con respecto a lo último que hablaron, aunque no debería de sorprenderle ya, no había nadie como él para jugar con las mentes humanas. Lo había experimentado muchas veces, aunque antes le parecía una cualidad rastrera, y ahora una muy útil. Bueno, ella también podía pincharlo un poco más, con "inocencia".
- Stan, quiero ir con Xeno.
- ¿Para qué? –Le preguntó después de soltar una pitada de su cigarrillo.
- Quiero verlo.
Kohaku vio al soldado entrecerrar mínimamente sus ojos, pero sus exageradamente largas pestañas proyectaban una considerable sombra en su rostro, y era como si percibiera que el aura de él había bajado unos grados de temperatura. Sabía que le había picado que sea tan escueta, no le había respondido realmente la pregunta, pero también sabía que no iba a insistir, y si lo hiciera, la respuesta "porque quiero" iba a consumirle toda la aparente paciencia que el hombre parecía mostrar. Evidentemente Stan llegó a la misma conclusión, porque sin decir nada, la guio en silencio hasta el estudio del científico, y se apoyó contra la pared cercana, dejándola entrar sola, pero haciéndole notar que iba a esperarla para llevarla de regreso a su habitación. Realmente no era necesario ya, no iba a escapar… pero prefirió no quejarse para evitar problemas.
Cuando Kohaku entró, Xeno no pudo evitar la cara de sorpresa ante la inesperada visita. Era la primera vez que la chica venía a verlo voluntariamente, pero se la notaba tranquila. La última vez que habían estado los dos juntos en esa sala, había terminado todo bastante tenso, esperaba que no sucediera así nuevamente. La vio mover los hombros de una forma extraña, como si los estuviera cuadrando para pararse derecha, solo que lo hizo más de una vez. Esperó a que ella empiece a hablar.
- Hola.
- Buenas tardes, Miss Kohaku. Qué extraño verte aquí. ¿Sucedió algo?
- No… todo está bien.
Aunque dijo eso, frunció el ceño, y movió los hombros. Empezaba a sentir una molesta picazón en la espalda, justo en el medio de los homóplatos, donde normalmente llegaría con sus manos, pero ahora le dolía cualquier movimiento exagerado que ampliara su pecho por sus costillas rotas. Pensó que era la ropa nueva, pero curiosamente no la había molestado antes, y la picazón empezó a intensificarse desde que se había separado de… Oh… Gen. No le había dicho nada, pero recordó que el mentalista era más que hábil y disimulado con sus manos, tenía sus trucos de "magia" como él le decía. ¿Le habría echado algo encima? Pero lo sentía por dentro de la ropa, eso era lo extraño. A menos que… el abrazo. Si bien le había correspondido con naturalidad, hubo un momento en que él le tocó la cabeza y el cuello, la más afectuosa y delicada de las caricias, pero al parecer el zorro embustero había hecho una de las suyas, sin decirle.
Se estaba volviendo francamente insoportable cada segundo que pasaba, la desconcentraba de lo que quería decir. Y para colmo, era evidente que Xeno se había percatado que algo le sucedía, porque ahora la miraba entre curiosidad y duda. Ya podía escucharlo quejarse altaneramente que estaba ocupado y que le estaba haciendo perder el tiempo si irrumpía en su sala privada pero no decía nada. Sin embargo, por algún motivo milagroso, la crítica nunca llegó, aunque podía ver la lucha interna en aquellos ojos oscuros por resolver el motivo de su visita.
- Miss Kohaku –Titubeó Xeno– ¿Qué…?
Pero la pregunta quedó flotando en el aire, cuando la vio frotar su espalda disimuladamente contra la pared que tenía más cerca. Arqueó una ceja, cuando le vino la imagen mental de que los osos tenían la peculiar costumbre de rascarse la espalda contra un árbol cuando les picaba. Los humanos eran seres mucho más flexibles y de brazos más largos, por lo que verla haciendo eso era replantearse la inteligencia y elegancia de la joven. Aunque, así como vino el cuestionamiento a su mente, también se dio cuenta que el motivo por el cual probablemente no usaba sus finos dedos era porque no podía, o le costaba por sus heridas. Así que decidió interrumpir el incómodo silencio para comprobar su hipótesis, al menos la más racional que podía pensar.
- Miss Kohaku… ¿Siente alguna molestia en la espalda?
- Hmm… –Abrió los ojos sorprendida, y se sonrojó un poco al darse cuenta que había sido demasiado evidente– Sí… me pica mucho, pero no alcanzo a rascarme en este estado. Perdón…eh… –Maldición, ahora le hervía la cara vergüenza de lo que iba a pedir, pero al menos sería más digno que serpentear contra una pared– ¿Pero podrías darme una mano? –"Literalmente", pensó.
- Oh…sí.
La turbación y la sorpresa fueron una expresión casi cómica en el científico, pero no era nada gracioso para Kohaku en ese momento, era casi humillante. Maldito Gen, ya se lo cobraría… podía imaginar su sonrisa rastrera con mucha claridad, el problema era por qué había hecho eso. Tal vez era el motivo oculto en preguntarle si confiaba en él. Maldito. Embustero. Desconfiable.
Con la cara humeando y lamentando eso por el resto de su vida, se giró para quedar de espaldas a él, que lo escuchaba acercarse, y le dijo que le picaba entre la columna y el hombro derecho. Xeno levantó su mano, cuyos dedos como de costumbre estaban cubiertos por esas extrañas y largas garras de metal, y apoyó la punta del índice sobre el lugar señalado.
- Un poco más abajo… –Un cosquilleo la hizo estremecerse entera, pero ya podía presentir que eso sería un alivio mucho más eficiente que la pared o sus propios dedos. Nunca había entendido el motivo de que el hombre usara esas garras animales pero de metal todo el día, pero ahora sí que estaban probando ser de utilidad– Un poco más…. ¡AAAH! – Ese era el punto, y no pudo evitar el gemido de satisfacción.
Xeno se congeló momentáneamente, al oír lo que en otras circunstancias completamente diferentes podría considerarse un gemido sensual. Sabía que rascarse una picazón era curiosamente placentero, pero le pareció muy fuera de lugar oírlo en ese momento. Lo peor de todo, era que le vinieron a la mente las palabras de Stan, "no es una niña", y ciertamente no lo era, ni en cuerpo, ni en edad, y el sonido que acaba de hacer no ayudaba para nada a pensar lo contrario.
- Un poco más, por favor… me pica mucho, pero es ahí donde me molesta. Creo que me aliviará si sigues –dijo ella, ajena a lo que había hecho.
Tragando duramente, Xeno carraspeó luego, y continuó rascando con ese único dedo. Para su mala suerte, los suaves "gemidos" y jadeos involuntarios y posiblemente inocentes de Miss Kohaku no dejaron de salir de su boca. Quería decirle lo inapropiado y poco elegante que era eso, pero silenciarla podía evidenciar la incomodidad que aparentemente sólo él sentía. La vio moverse un poco para apoyar las manos contra la pared junto a la puerta. Otra imagen que no ayudaba.
- ¿Puedes usar uno o dos dedos más?
Ok… Xeno cerró los ojos con fuerza, era inevitable para cualquier adulto entender esa frase con un sentido muy poco inocente, pero de igual forma se amonestó mentalmente por siquiera pensarlo. Era una niña… ¿era una niña? Mierda… Quizás tenía que agradecer que eso había sucedido con él y no con Stan, no quería ni imaginarse lo que su amigo pensaría –y haría– con algo así.
Lo que no sabía, era que las paredes eran demasiado finas, y que su amigo estaba apoyado justo a menos de un metro de ellos del lado de afuera. Los ojos del bello soldado se habían abierto desmesuradamente en cuanto su oído captó entre tanto silencio, no sólo los ligeros gemidos femeninos, sino la última pregunta que oyó con toda claridad. El cigarrillo había caído de su boca, que colgaba entreabierta, sin poder –ni querer– entender lo que podría estar sucediendo dentro de esa sala. No le entraba en la cabeza que Xeno pudiera estar haciendo lo que creía que estaba haciendo con Kohaku…y más siendo que horas antes había dicho que la chica no le interesaba de esa forma. Su hábil cuerpo se congeló en el lugar, sin atreverse a moverse, o más bien sin poder hacerlo por más que quisiera, tan grande era su shock.
La tortura auditiva de Xeno no terminó, y no había fórmula científica, ni cuenta matemática imposiblemente complicada, que le impidiera oír en su mente los esporádicos gemidos y pedidos de Miss Kohaku:
- Mmmm… un poco más a la derecha… un poco… ¡Ahí, AHÍ! Oh, gracias, se siente tan bien, es un alivio… No, no te detengas, por favor… Xeno…
Eso fue demasiado para él, prefería mandar a pedir algún pedazo de madera o metal para que ella continuara el trabajo, a seguir con eso. Era una maldita e inocente rascada de espalda, y esa mocosa lo estaba convirtiendo en algo casi obsceno. Cada segundo que pasaba al oírla, le recordaba que, por más serio y científico que fuera, era un hombre, tal como había dicho Stan. Tuvo que parar, justo antes de que el hilo del cual pendía su dignidad y su orgullo se terminara de romper. Pero en el instante en que alejó su garra metálica de la fina tela negra que cubría la espalda de Miss Kohaku, la puerta se abrió de pronto, y se encontró con la mirada evidentemente perturbada de Stan, quien halló las fuerzas para chequear por sí mismo lo que estaba pasando, aunque pudiera encontrarse con una imagen que seguramente no querría ver, pero fue más fuerte que él.
La imagen que ambos ofrecían no aclaraba para nada el posible malentendido que podía verse a simple vista. Kohaku estaba apoyada con ambas manos contra la pared, y estaba tan sonrojada como Xeno, aunque por distintos motivos. Aunque el ceño de Stan se frunció profundamente cuando sus ojos bajaron ligeramente y vio que las manos de Xeno todavía estaban cubiertas por las garras "científicas" que usaba. Eso no debería ser muy cómodo…
- ¿Qué…? –Pero no podía formular la pregunta entera.
- Stan…no es lo que piensas –Xeno lo miraba horrorizado, era evidente que Stan había escuchado y malinterpretado todo. Lo último que necesitaba era que su burlón y provocador amigo se hiciera esas ideas en su cabeza. Eso terminó de romper el delgado hilo de dignidad que le quedaba.
- ¿No es lo que parece? –Sonrió, aunque era la sonrisa menos divertida que había mostrado nunca– Vaya vaya, si he oído eso antes…
- No es una broma –Xeno se puso derecho, y recuperó toda la seriedad que podía manejar– Parece que a Miss Kohaku le aquejaba una intensa picazón en la espalda, y me pidió…
- ¿Que la rasques? –Involuntariamente, soltó una breve risa, mientras cerraba los ojos unos segundos– Bueno, pero qué buenas manos tienes entonces, Xeno. Qué inesperado…nada mal.
- Basta –Vergüenza. Orgullo destrozado.
- Hmmm, perdón… es que nunca me habían rascado así, era como mucho alivio, pero a la vez necesitaba más…
- Miss Kohaku, no es necesario. En cuanto a tu picazón, buscaré una pomada medicinal que calme los síntomas, es sabido que rascar la zona afectada con demasiada intensidad puede lastimar la piel, no debería hacerlo más… ni pedir que nadie se lo haga –Miró a Stan de forma significativa, el cual sonrió burlonamente– Creo recordar que viniste por otro motivo.
- Sí –Se paró bien derecha, y lo miró serio– Me gustaría aprender inglés, y quiero que Gen me enseñe, al menos un par de horas diarias, ya que no tengo mucho que hacer aquí, mientras sea su rehén y enemiga.
- ¿Gen? – ¿Y por qué no él? Primero Stan, ahora Miss Kohaku– No creo prudente darles muchas horas a ustedes juntos, disculpa la desconfianza.
- Lo sé, y por eso es que no me molesta que nos tengan vigilados algún guardia tuyo, que escuche lo que hablamos. Así como Stan está aprendiendo japonés para hablar conmigo, quiero aprovechar el tiempo inútil aquí para hacer algo productivo, y sé que facilitará la comunicación si yo entiendo el idioma de ustedes, que son mayoría.
- Comprendo tu intención –La miró un momento en silencio, pensando– Podría llegar a acceder, pero vigilaré personalmente sus encuentros, los grabaré. Mis guardias no entienden japonés.
- Sólo para aclarar, no te pedí a ti porque debes estar ocupado con cosas más importantes que enseñarle tu idioma a un rehén, además que puedes hablar japonés conmigo.
- Ya veo, qué consideración –sonrió brevemente, con cierta amargura, una excusa muy parecida a la de Stan– Déjame pensarlo, Miss Kohaku. ¿Algo más?
- No… bueno, sí. ¿Hay aguas termales aquí?
- No, ninguna. No es una zona geográfica que permita que las haya, a diferencia de Japón, donde proliferan por ser una isla con muchos volcanes. ¿Por qué querrías semejante lujo?
- ¿Lujo? –Frunció el ceño– No sé a qué te refieres, pero esas aguas son medicinales, y relajantes. No voy a quejarme, pero desde que me secuestraron, apenas pude lavarme con un paño y agua fría. Más allá de sentirme un poco sucia, ya que podría al menos bañarme en el mar que está aquí cerca, sé que las aguas termales son sanadoras, lo que podría mejorar el dolor muscular que siento, y ayudarme a cicatrizar las heridas naturalmente.
- Ya veo –La joven tenía un punto ahí, pero no contaban con tales comodidades. Una idea cruzó por la mente de Xeno, que si la concretaba también podía ayudar a su otra misión de "fascinarla" – Veré que puedo hacer, pero vas a tener que esperar hasta las últimas horas de la noche para eso, como temprano.
- No hay problema… gracias, Xeno. Eso es todo.
- De acuerdo. Hasta luego, Miss Kohaku.
Kohaku asintió, sin poder creer lo bien que había ido con sus pedidos, sorprendentemente bien recibidos ambos por el líder científico, en especial teniendo en cuenta la vergonzosa situación que pasó con su intensa picazón. Lo peor era que no podía pegarle a Gen, o sería evidente que estaban planeando algo, así que tendría que bastar con un siseo y una mirada amenazante de su parte. O tal vez, tendría que agradecerle, aunque no veía cómo eso pudo haber influido positivamente en la reciente actitud del Dr. Xeno.
El resto de la tarde fue demasiado larga y aburrida para Kohaku, que se lo pasó sola enteramente, sin novedades de su posible aprendizaje del idioma de sus enemigos, ni visitas de ningún tipo, seguramente Stan estaba ocupado. Una mueca asomó a su rostro, de pensar que en el fondo deseaba que ese intenso hombre la interrumpiera, pero la verdad era que él era quién más la entretenía. El "regalo" de Xeno no estaba mal, pero era un pasatiempo solitario y que eventualmente la cansaba, sólo servía para llamarle la atención de a ratos.
Para colmo la picazón no desapareció del todo, y Kohaku se aseguró de que nadie viniera para desvestirse lo suficiente para mirarse en el espejo del ventanal. No se veía con claridad, pero con su buena vista pudo vislumbrar que tenía bastante colorada la zona que le picaba. Seguramente Gen le había echado algún polvo o sustancia alérgica, el muy maldito. No podía rascarse, pero volvió a subirse el vestido, y cuando volvió a la cama, aprovechó el suave colchón para frotarse la espalda un poco más, al menos para intentar calmar por momentos los pinchazos de picazón que sentía y no alcanzaba con sus manos.
Xeno esta vez se resignó a mantener en secreto su plan, porque para lo que tenía en mente necesitaba de las habilidades del mejor artesano y mecánico con el que contaban: Míster Brody. Pero no le dio los detalles de por qué de pronto necesitaba esas pequeñas construcciones, sólo le pasó el plano con las especificaciones y medidas, y el hombre tampoco preguntó. Cuando estuvo listo, el amable hombre instaló los accesorios como correspondía, sonriendo en silencio, y se retiró sin decir nada. Xeno sonrió también, satisfecho, incluso se preguntó cómo no se le había ocurrido hacerlo antes, era una idea ciertamente elegante. Pero su sonrisa se borró, cuando escuchó la familiar voz burlona a su espalda. Ese hombre tenía un increíble olfato para no dejar pasar nada desapercibido.
- ¿De verdad, Xeno? ¿Convertiste la ya eficiente bañera en un jacuzzi? No dejas de sorprenderme, cuando estás realmente motivado puedes hacer cosas increíbles.
No quería ponerlo con esas palabras, pero sí, podía verse como un jacuzzi. A la generosa bañera que ya tenían, que calentaba el agua mediante electricidad, Brody le había hecho unos agujeros e instalado varios tubos, que generarían una eyección de agua similar a la de un hidromasaje, y que además provocaría las famosas burbujas tan características. Y por su parte, aunque en secreto guardaba en su bolsillo, había hecho una sólida mezcla de bicarbonato de sodio, ácido cítrico, almidón de maíz, y unos extractos y aceites vegetales medicinales, lo que popularmente se conocía como "bombas de baño", que además de generar un efecto efervescente en el agua, la dotaría de las propiedades sanadoras y relajantes de las hierbas medicinales que usaba para hacer las pomadas. Eso daría el toque final para "emocionar" a la inocente Miss Kohaku.
- Ya me lo agradecerás cuando la uses, así que deja la burla de lado.
- Déjame adivinar, ¿hiciste esto para consentir a nuestra princesa de la torre? Eres un terrón de azúcar.
Xeno no le contestó, no quería admitírselo, aunque la respuesta era más que evidente. Así que sólo lo miró con seriedad unos segundos, ignorando la acentuación de la sonrisa burlona de su amigo, y se fue, pasando por su lado. Pero mientras se dirigía a la habitación de Miss Kohaku, podía notar que estaba siendo seguido por el soldado.
- ¿A dónde vas, Stan?
- Contigo. Alguien tiene que ayudarla a enjabonarle la espalda, pobrecita, ya ves que no puede sola.
- Puede hacerlo otra mujer, tenemos varias con nosotros.
- Pero sabes muy bien que yo fui el único que pudo acercarse a ella, y quien no perdería la compostura si se pone en modo rabioso, aunque ya no lo está haciendo más. Luna no quiere acercársele por el momento, la cobarde, y las demás nunca interactuaron con Kohaku, no creo que aprecien la orden de enjabonarle la espalda a una rehén. Menos teniendo en cuenta que hiciste un maldito jacuzzi para ella.
- No es correcto importunarla en la privacidad de su baño –Acotó, ignorando los demás comentarios, que tenían su parte de razón.
- ¿Xeno, te está afectando la pérdida de memoria? ¿Es una cuestión selectiva, o de hipocrecía?
- ¿Perdón? –Se detuvo sobre sus pasos, dándose vuelta para enfrentarlo, aunque manteniendo la compostura.
- Cuando la conocimos, lo primero que hicimos fue desvestirla al mismo estado de semi-desnudez que estará en esa bañera ahora, porque dudo que vaya a querer quedar tan expuesta. Yo fui quién la limpió de pies a cabeza, o sea que una enjabonada de espalda es inocente al lado de eso. Y no olvides que le apliqué el ungüento medicinal, para lo cual también la vi en ropa interior por segunda vez, y a plena luz del día. No sé por qué haces tanto drama de importunarla de pronto.
- Eso era necesario en ese momento, en cambio ahora...
- Ahora me toca también revisarle las heridas que le provoqué, ya que no lo hice ayer, y aplicarle más de esa pomada medicinal que hiciste… podría hacerlo luego del baño ¿O quieres hacerlo tú? Cierto que hoy la conociste de una forma más íntima, ya deben tener confianza.
- Córtala ya con eso, ya te expliqué lo que pasó, no perderé el tiempo en repetirlo –y él no tenía ganas de recordarlo– No, no lo haré, acabo de decirte que no encuentro correcto que sigas haciendo eso, no más, y sabes que no es necesario.
- Es un cuerpo, Xeno, solo un cuerpo, como el tuyo, el mío, o el de cualquiera aquí. ¿O acaso es especial para ti?
- No digas tonterías.
- Bien, me alegro que coincidamos, aunque más bien creo que esta conversación es una tontería. No te preocupes, nuestra chica samurái ya sabe un par de palabras en inglés, como para detenerme si no quiere que la toque, ni siquiera con buenas intenciones. Si quieres puedes espiar detrás de la puerta –sonrió de costado– O estar ahí mismo y mirar.
- Serás…
- Le ofreceré mi ayuda. Si se niega, me iré sin chistar, lo prometo.
- Y aunque te lo ordene, no harás caso, así que a esta altura da lo mismo lo que diga, ¿cierto?
- Exacto, aprendes rápido.
Xeno inspiró profundamente, conteniéndose de responderle. Stanley "el provocador" Snyder había vuelto, y no tenía ganas de lidiar con él, o lo pondría de mal humor. Así que siguió su camino hasta la habitación de la chica. Cuando llegó, tocó la puerta, y ella le contestó, ya había aprendido el acto de "cortesía".
- Buenas noches, Miss Kohaku.
- Buenas noches, Xeno –Y notó con ligera sorpresa al otro hombre detrás– Y Stan.
- Si quieres acompañarme, resolví la situación del baño caliente, con mis recursos, claro.
- Oh, eso es genial… sí, claro, me muero por un buen baño.
Kohaku se levantó de la cama, y lo siguió, Stan caminando al final detrás de ella, en silencio. Llegaron a una habitación que ella nunca había estado antes, pero que tenía una especie de vasija de gigantes proporciones en el medio de la sala, llena de agua. Se podía sentir el aire vaporoso a su alrededor, lo que evidenciaba su deliciosa y cálida temperatura con anticipación. Pero la mayor sorpresa, vino cuando Xeno accionó unos botones de un dispositivo cercano, e inmediatamente la superficie del agua se volvió intensamente burbujeante.
- Ooooooooooohhh… –Una vez más, nunca había visto algo como eso, que una pileta de agua hiciera eso– ¿Está hecho con ciencia?
- Sí –Respondió orgullosamente, satisfecho con la mirada maravillada de ella, tal como imaginaba– Por ponerlo fácil, son unos chorros de mucha presión de agua caliente, que, si te pones cerca pero no directamente encima, incluso tienen una acción relajante y de masajes. Y esto –sacó la bola maciza de su bolsillo– es una mezcla química, que va a agregarle más propiedades medicinales, que servirán para tus dolencias musculares y heridas.
Echó la bola en el agua, e instantáneamente empezó a efervecer intensamente, emanando un muy agradable aroma herbal, lo cual robó otra expresión de sorpresa y fascinación de Kohaku. Era tan fácil maravillarla… pero le agradaba su inocencia y desconocimiento científico, al menos podía mostrarle esas cosas que ella no conocía, y seguro le parecían "emocionantes", tal como quería.
- Wow… gracias. ¿Hiciste todo esto porque yo lo pedí? Muchas gracias –le sonrió casi con dulzura. Para ser un enemigo "temible", había hecho algo demasiado considerado. De hecho, era extraño, no sabía si podía seguir catalogándolo como enemigo después de eso… aunque la verdad era innegable.
Xeno se le quedó mirando en silencio un par de segundos, parecía sorprendido por algo, pero después carraspeó ligeramente, y se puso bien derecho para continuar hablando con toda seriedad, pero con un tono más suave que antes.
- Puedes bañarte el tiempo que quieras, el agua no se enfriará porque está controlada mediante electricidad. Pero no te recomiendo que estés más de media hora, si no estás acostumbrada podrías marearte. Puedes meterte con tu ropa interior si así lo prefieres, pedí que traigan otra de cambio, debe estar por allí –señaló un pequeño mueble contra una pared– Y al costado de la bañera tienes el jabón para limpiarte.
- Entiendo, gracias –No sabía qué hacía Stan ahí, pero tenía ya sus suposiciones, así que lo miró fijamente para hacerle notar indirectamente la pregunta.
- Kohaku, ¿necesitas ayuda para tu espalda? –Le preguntó el soldado en su acotado japonés, y una pequeña sonrisa. Parecía haber recordado esas palabras de los días anteriores. Por lo menos se esforzaba en combinar las palabras que conocía, breves pero entendibles.
- ¿Eh? –Se sonrojó ligeramente. ¿En serio estaba planeando ayudarla a limpiarse con ella casi desnuda dentro del agua?
Ah, era cierto que él la había lavado otras veces, no era una novedad verla así. Quizás pensaba que todavía tenía esa responsabilidad con ella. Iba a negarse, no sería muy relajante el baño si él estaba tan cerca tocándole la espalda, todavía no sabía si tenía otras intenciones... pero luego recordó a Gen, y que ella todavía no había hecho nada de su parte. Quizás no estaría mal sorprenderlo, para variar, y borrarle esa sonrisa de confianza, aunque sea por un momento.
- Sí, gracias.
Tal como pensaba, los grandes ojos azules de Stan, así como también los casi negros de Xeno, se abrieron de par en par, de sorpresa. Quizás esperaba que ella se negara sin dudarlo, y no que accediera tan predispuesta. ¿Debería haberse negado? Lo hecho, hecho estaba, y había cumplido su objetivo de sorprenderlo. Pero ahora tendría que lidiar con las consecuencias, sólo esperaba que él no se aprovechara de la situación, aunque hasta ahora nunca lo había hecho.
Como quedarse en ropa interior no le intimidaba tanto, se giró de costado sólo para no tener que encontrarse con los ojos de ellos mientras se quitaba el vestido, pero se aseguró de que, si veían algo, fuera el enorme y horrible morado que tenía en la piel, en la zona de sus costillas rotas. Todavía estaba cubierto por las firmes vendas que le había puesto Stan, así que tenía que quitárselas primero, pero en el fondo quería que las vieran, que recordaran que por más que ahora parecían llevarse mejor mutuamente, ellos le habían hecho eso, y que ella lo recordaba a la perfección.
- Me retiro, cuento con que el baño esté a la altura de tus expectativas, Miss Kohaku –le dijo Xeno, pero sin mirarla directamente. Se giró y se fue sin decir más.
Cuando Kohaku terminó de sacarse la venda, se acercó a la enorme pileta de agua, y metió un pie dentro. Estaba bastante caliente, pero agradable, tal como un baño termal. No le costó meterse entera, arrodillándose para que sólo su cuello sobresaliera. Echó la cabeza hacia atrás, guardándose un sonido de satisfacción. Qué delicia, al fin un baño de agua caliente. Desde que habían dejado la aldea que no disfrutaba uno, y ya podía sentir un poco de alivio, entre el delicado aroma herbal, la temperatura cálida, y los chorros de agua que hacían burbujear la superficie, y que sentía que le rozaban el cuerpo, pero no molestaban. Cerró los ojos, disfrutando de la nueva sensación, así que esto era un baño hecho con ciencia… muy interesante, tenía la certeza de que la ciencia nunca la decepcionaría. Tan absorta estaba en familiarizarse con el baño, que se olvidó que Stan estaba ahí cerca. Abrió los ojos, y miró hacia donde estaba la última vez, pero se había movido para sentarse en una silla, recostaba un brazo en el respaldo de la misma, y la miraba con su típica y pequeña sonrisa.
- ¿Está bueno?
- Sí. Muy bueno.
- Límpiate.
Cierto. El principal objetivo de ese baño era limpiarse en profundidad, y aunque Xeno le había dicho que el agua no se enfriaría, no quería aprovecharse, no era su territorio como para estar a sus anchas. Tomó la barra de jabón, y comenzó a pasársela por todo su cuerpo, teniendo que salir un poco para enjabonarse las piernas, y luego se volvió a meter. No estaba del todo cómoda con Stan ahí viéndola, pero cuando lo miró de reojo, vio que él tenía sus ojos fijos en sus manos, no en ella. Eso la relajó un poco, no le agradaba para nada la idea de que él fuera un mirón, por lo menos tenía un poco de decencia a pesar de sus provocaciones. Después de limpiarse lo máximo que pudo, se pasó las manos por el cuerpo bajo el agua, para quitarse el jabón resbaloso de la piel. Había lugares que le costaba llegar sin sentir molestias, pero el agua en movimiento hacía el trabajo por sí solo.
En ese momento Stan se levantó, y lo vio sacarse los guantes, y luego las botas. ¿Para qué se sacaba las botas? Pero eso fue todo, y se acercó a la bañera gigante, haciéndole un gesto con las manos de que se acercara y se girara para darle la espalda. Le tocó el punto donde sentía picazón, quizás debería estar colorado todavía y él no sabía por qué.
- ¿Duele?
- No. Pero pica –No sabía si él entendía todavía la palabra "pica", así que levantó una mano y le rascó el dorso de la de él con un dedo, diciendo "pica".
- Ok –sonrió un poco más, y le contestó con la palabra "itch".
Stan tomó el jabón que estaba en su lugar nuevamente en el borde de la bañera, y se arrodilló al borde para enjabonarle la espalda, tal como había dicho que haría. Pero cuando terminó, en lugar de quitarle el rastro jabonoso con agua, le apoyó sus grandes y fuertes manos en los hombros, aunque con delicadeza. Ella se sobresaltó y se puso tensa, pero la forma en que él inmediatamente movió sus manos no se sentía mal…nada mal. Incluso la relajó, eso era evidentemente un masaje, aunque no se lo había pedido ni él se lo había ofrecido, pero no se quejó. La verdad era que se sentía muy bien, y sumado al agradable calor del agua, cerró sus ojos y soltó un largo "mmmmmm" de puro gusto, por poco y ya le estaba dando sueño también. Escuchó una suave y grave risa, pero ella no hizo más que sonreír, por lo menos él encontraba gracioso que ella expresara su contento.
El hombre parecía concentrado en lo que hacía, porque estuvo al menos unos cinco minutos más masajeándole con la fuerza justa los hombros y la espalda, hasta que Kohaku ya se sentía floja como si no tuviera huesos en su cuerpo. Luego le sacó un brazo del agua, y repitió esos movimientos circulares y a lo largo, incluso hasta la punta de sus dedos. Ella se dejaba hacer, Stan no estaba haciendo nada indebido, y nunca en la vida le habían hecho masajes como esos, hasta le parecía rudo negarse ahora. Cuando terminó con ese brazo, se arrastró unos pasos para hacer lo mismo con toda la extensión de su otro brazo, y para ese entonces Kohaku era ya una marioneta laxa.
- Buena chica –le dijo Stan– ¿Mejor?
- Sí, gracias.
Lo miró a los ojos, aunque estaba tan relajada ahora que sólo podía mirarlo a través de los suyos entrecerrados, como si estuviera despertando de un sueño, pero los terminó de abrir por completo cuando vio la sonrisa que ahora adornaba el fino rostro del soldado. Era…distinta. Tal vez porque le parecía sincera, no lo sabía realmente, pero tenía una energía mucho más agradable y cálida que otras veces. Quizás el masaje lo había relajado a él también, por el silencio y la paz que había en el ambiente. ¿Estaba mal sentir un poco de confianza hacia él? No dejaba de repetirse que era su enemigo, pero así como Xeno había hecho algo muy agradable y atento para ella ya dos veces, Stan también tenía esas pequeñas actitudes que le hacían olvidar que era el hombre que había intentado matarlos en al menos dos ocasiones, y a ella otra.
Lo vio luego juguetear con la mano en el agua, y miraba la superficie burbujeante con esa ínfima y misteriosa sonrisa. A Kohaku le pareció que internamente estaba deseando poder disfrutar él también de eso, incluso si entendió bien antes, Xeno había hecho eso de los chorros de agua caliente y esa bola que hacía chispeantes burbujas eran algo nuevo pensado para aliviar sus molestias, con lo cual eso debía significar que ni él ni Stan la habían disfrutado antes. Dejándose llevar por la confianza del momento, hizo contacto visual con él, y señaló el agua.
- ¿Quieres meterte?
- Después. Tú estás ahora.
- No me molesta. Mantén la distancia conmigo solamente.
No sabía si él la había entendido, así que lo repitió añadiendo algunos gestos como para aclarar sus palabras. Lo vio alzar las cejas, pero parecía considerarlo, hasta que la miró y asintió. Se sacó el gran cuchillo y la pistola que llevaba colgando de su doble cinturón, y luego la protección que rodeaba sus hombros. Comenzó a bajarse el cierre de su ropa, revelando cada centímetro de su musculoso y firme torso y abdomen, hasta llegar a la pelvis. Kohaku se dio cuenta que lo estaba mirando fijo, aunque no lo había hecho adrede, así que corrió la mirada hacia el agua. Lo único que esperaba, era que tuviera ropa interior debajo de esa ajustada ropa, aunque era bastante probable que sí. Se dio vuelta para darle la espalda, y se arrastró en el agua hasta apoyarse en un extremo de la pileta de agua, para dejarle lugar y mantener las distancias. Lo escuchó meterse en el agua, y unos segundos después se atrevió a mirar de reojo para ver si ya estaba listo.
Como era bastante más alto y grande que ella, al menos la mitad de su pecho quedaba expuesto fuera del agua. Al parecer, se había sumergido completamente, porque tenía el pelo mojado, y echado para atrás, aunque eventualmente su flequillo rebelde volvió a pararse y luego caer sobre su frente. Kohaku estaba más que acostumbrada a ver hombres con sus torsos descubiertos, por lo que no la avergonzó para nada, pero una nueva vocecita en el fondo de su cabeza apreció que la imagen de ese atractivo hombre, mojado, era algo completamente diferente a lo que había visto en su vida, y sintió la cara arder. Volvió a correr la mirada, indignada con sus propios pensamientos. Aunque verle el pelo mojado, le hizo darse cuenta que ella podría aprovechar para lavar también su cabello, que hace días no limpiaba. Se sacó la corta soga que ataba su pelo, y el muy rebelde se expandió instantáneamente. Oyó otra suave risa de parte de Stan, aunque ya se imaginaba por qué era, así que se apuró en sumergir la cabeza en el agua.
Cuando salió, y se quitó el agua de los ojos, ya no oía más la risa. Lo volvió a mirar, y le vio las cejas un poco levantadas.
- Pareces otra persona, luces tan distinta –esa vez lo dijo en inglés, y no se molestó en gesticular la "traducción".
Pero el pelo de ella debía estar tan seco y maltratado, que en un minuto volvió a su forma original. En vez de reírse otra vez, Stan le dijo "ven". Ella dudó, mucho… le había dicho que guardaran las distancias, pero al mismo tiempo le estaba avisando que pretendía que ella se acercara… o él quizás lo haría sino.
- Tu pelo –Le dijo, esta vez en japonés, notando sus dudas– ¿Lo limpio?
- Eh… bueno.
Decidió confiar una vez más, aunque esta vez estaban los dos en el agua, mucho más cerca, y en un estado de muy poca ropa. Se acercó a él, mirándolo a los ojos con cautela, pero decidió que bien podría darle una advertencia mucho más eficaz, como él había hecho con ella en su momento. Se puso de pie, para sobrepasarlo en altura, y rápidamente puso los dedos simulando la forma de la pistola de él, y se los apoyó sobre la frente, observando cómo los ojos de él se abrían mucho.
- Compórtate, o te mato –le dijo, con una sonrisa. El día anterior, cuando la amenazó antes de volar, supo que él le había dicho algo similar en inglés, pero no lo entendió ni lo recordaba, así que dijo ahora algo parecido en japonés. No importaba si él no entendía las palabras, sí lo haría con la acción.
Tal como esperaba, Stan pareció entenderlo, porque con una sonrisa burlona y divertida levantó las manos en el aire en señal de rendición. Era tonto, un juego, porque no había armas ahí, o por lo menos no al alcance de ninguno, pero bastaba para transmitir el mensaje. Ella podía confiar y ser un poco permisiva, pero iba a ponerle límites claros, no iba a aprovecharse de ella.
- Eres fascinante, chica samurái –él dijo, negando ligeramente con la cabeza, evidentemente entretenido. Que ella hiciera eso, era una clara indicación que no le tenía miedo, incluso que estaba burlándose de su poder y sus armas. Definitivamente era fascinante, esa pequeña pero fuerte joven.
Luego de la "advertencia", Kohaku se volvió a meter en el agua, y se dio vuelta, sin dejar de mirarlo con los ojos entrecerrados como diciendo que lo estaba vigilando con atención. Lo vio agarrar el trozo de jabón y girarlo muchas veces en las manos, hasta hacer bastante espuma, y luego volvió a apoyar sus grandes manos en la cabeza de ella. Frotó y masajeó su cuero cabelludo haciendo círculos con sus dedos, y la rubia sintió otra vez ese placentero toque que la relajaba. Después sintió que él continuaba con el largo del pelo, y separaba con las manos como garras sus medianamente largos mechones, hasta separarlos con facilidad y volverlos lacios y suaves. Luego le apoyó la mano entera sobre su nuca y con la otra mano le empujó suavemente la frente, como pidiéndole que eche hacia atrás la cabeza, para facilitar que le sacara todo el jabón. Ella lo hizo, y terminó prácticamente flotando en el agua, ya que de otra forma la elongación le dolería mucho en el maltratado torso.
Seguía pensando lo curioso que era ese momento, nunca había hecho algo como eso, pero se sentía bien, seguro y relajante. Tal vez sí lo había hecho, pero cuando era muy pequeña, y su madre y padre la bañaban. Ese toque fraternal era casi el mismo que Stan usaba en ella ahora, quizás por eso se sentía cómoda. Cuando terminó de limpiarle el pelo y sacarle todo el jabón, el soldado se quedó quieto, mirándola, y sosteniéndole la cabeza fuera del agua de forma segura, mientras apreciaba cómo ella había cerrado los ojos y parecía totalmente relajada. Verdaderamente parecía una joven inocente cuando se veía así, no podía creer que era la misma feroz luchadora que había encontrado en el bosque hace unos días, y con la cual tuvo una intensa batalla mano a mano, aunque no era nada desafiante para él.
Eventualmente, Kohaku abrió los ojos y se sobresaltó, dándose cuenta que casi se había quedado dormida, o lo había hecho brevemente, y tenía aquellos magnéticos y grandes ojos azules encima de ella. Se volvió a sentar, un poco sonrojada por la vergüenza que sentía de haberse mostrado tan confiada y vulnerable, y se volvió a su rincón "seguro". Stan sacó sus brazos del agua, y los apoyó contra el borde de la bañera mientras la seguía mirando con aquella imborrable sonrisa, y Kohaku no pudo evitar una vez más que el pensamiento de lo masculino y atractivo que se veía le pasara por la mente. Chasqueó la lengua, maldiciéndose a sí misma, no sabía por qué de pronto tenía esas imágenes. Debía borrarlas, inmediatamente. Sí, era un lindo hombre, ¿y qué? También lo eran Kinro, Tsukasa, Mozu… aunque eso lo pensaba ahora, en su momento no los había considerado nunca antes de esa forma. Lo que la sacó de sus pensamientos fue que él habló, en su pobre japonés.
- ¿Cómo te divertías en tu aldea?
- ¿Eh? ¿Qué? –Eso sí fue un repentino cambio de tema, pero lo agradecía en el fondo.
- Hmm… ¿Bailar? ¿Cantar? ¿Jugar?
- No… –Hizo una mueca con los labios, nunca había hecho esas cosas, eso era más bien propio de las bellas tres hermanas de la aldea, y había escuchado a Ruri cantar algo unas pocas veces– No sé hacer nada de eso.
- ¿Lillian Weinberg es tu madre lejana, y no cantas?
- No –Entendió eso, pero frunció el ceño ante el cuestionamiento. Ni siquiera sabía de esa mujer hasta que Senku apareció y luego cuando les hizo escuchar el disco de vidrio– No me divertía mucho, entrenaba.
- Aburrido.
- ¡Ja! Tú no pareces divertido tampoco. ¿Bailas o cantas?
- No, no bailo –Sonrió, ante la repregunta– Canto un poco, todos cantan un poco.
Kohaku no sabía si negar esa afirmación. Sí, ella también había tarareado alguna vez, imitando a su hermana mayor, o con los sencillos instrumentos que había en la aldea, unos tambores y flautas de hueso. Pero no cantaba realmente, al menos no bien.
- A ver, canta entonces.
Stan arqueó una ceja ante el pedido. Consideró negarse, pero él mismo la había provocado, sería un cobarde si ahora se arrepentía. Esto sería un poco nostálgico, y tenía que recordar alguna canción que no se hubiera borrado de su memoria luego de miles de años. La miró a los ojos, e instantáneamente le vino una canción a su mente, una muy apropiada para ella, al menos algunos pedazos, no por nada la había recordado rápidamente. La repasó mentalmente para ver si se acordaba toda la letra, y le sorprendió que sí lo hacía, era increíble cómo el cerebro era tan preciso recordando algunas cosas por más que no se pensaran en años. De hecho, era la primera vez desde que se había despetrificado en que pensaba en música, y que cantaba. Bueno, al menos ella no lo iba a juzgar, si admitió que no sabía cantar tampoco.
- Ok. Lo hare –Carraspeó ligeramente, aclarando su voz. La miró a los ojos y comenzó a cantar, aunque haría una versión un poco menos enérgica y aguda que la original.
"She's got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories
Where everything was as fresh as the bright blue sky
Now and then when I see her face
She takes me away to that special place
And if I stare too long, I'd probably break down and cry
Whoa, oh, oh
Sweet child o' mine
Whoa, oh, oh, oh
Sweet love of mine"
Kohaku no se esperaba eso. Stan tenía una voz profunda y melodiosa, y al mismo tiempo parecía apropiada para él. Había entendido algunas palabras de las que él le había enseñado, como "smile", "blue", "sky", "face" y algunas más. Aunque no lo suficiente para entender el significado de la canción. Pero le gustó mucho esa melodía, se sentía cálida, como que dijera cosas buenas.
- Me gustó, no cantas mal ¿Terminó?
- No, sigue un poco más.
- Cántala.
- Yes, Miss –dijo burlonamente, ante aquella orden suave que ella le dio. Pero estaba sorprendido de que le hubiera gustado, y a él le había traído muchos recuerdos de su vida previa a la petrificación, en especial de cuando era adolescente. A decir verdad, tenía ganas de seguir cantándola. Y la parte que seguía, era muy adecuada para ella, así que la miró fijo a los ojos para cantársela, más seguro esta vez.
"She's got eyes of the bluest skies
As if they thought of rain
I'd hate to look into those eyes and see an ounce of pain
Her hair reminds me of a warm safe place
Where as a child I'd hide
And pray for the thunder and the rain to quietly pass me by
Whoa, oh, oh
Sweet child o' mine
Whoa whoa, oh, oh, oh
Sweet love of mine"
Una vez más, Kohaku quedó muda por unos momentos. Tenía que admitir que le había parecido muy intenso que él la mirara tan fijamente a los ojos, pero no pudo ni se atrevió a correrle la mirada, era como si un imán la hubiera atrapado. La melodía era la misma que antes, pero habían cambiado las palabras. Volvió a reconocer algunas más, pero no tanto como para entenderla.
- Qué bonita. No entiendo mucho, pero es bonita.
- Gen puede escribirla –Le sonrió, considerándolo. Aunque no sabía cómo se tomaría ella el significado de la letra, esperaba que no se la tomara muy a pecho. Era demasiado sentimental.
- ¿Cómo se llama?
- "Sweet child o'mine" –Prefirió no traducirla– De los "Guns n' Roses"
- ¿De qué?
- Los músicos. Guns –hizo el gesto imitando su pistola– and Roses. Unas… flores rojas.
- ¿Los músicos se llaman "Pistolas y flores rojas"?
- Algo así –soltó una suave carcajada– Gen te dirá.
- ¿Gen los conoce?
- Debería. Todos los conocían. Eran mis favoritos –Lamentaba no poder explicarle más, pero no sabía decirlo en japonés, y ella claramente no lo entendería en inglés. Eso lo frustró, hubiera sido agradable compartir eso.
- Cantas lindo, gracias Stan –Le sonrió abiertamente.
Esa era una faceta completamente nueva de él, una vez más, mucho más humana y cálida que la del soldado infalible e imponente que solía transmitir. Los últimos dos días, tanto él como Xeno le habían mostrado involuntariamente sus "nuevas caras", quizás las más sinceras y agradables que les había percibido hasta el día. Diferentes a su modo, pero similares en su amabilidad. Uno con "regalos" y atenciones para levantarle el ánimo para compensar su seriedad y rigidez, el otro con experiencias emocionantes y también relajantes. Estaba segura que eran ambos buenos hombres en el fondo, y ahora volvía a desear más que nunca que Senku y los demás les hicieran entrar en razón de que una alianza sería la mejor solución para ambos. Confiaba en que sería posible, el problema era cuánto tiempo llevaría, ya que solamente se veían como enemigos entre ellos, aunque quizás eso era más desde sus captores que del lado "negociador" de Senku.
Él sólo le devolvió la deslumbrante sonrisa con otra suya como respuesta, agradeciendo el honesto halago. Se rió para sus adentros de forma agridulce, pensando que a partir de ese momento sería imposible no pensar en ella cuando cantara esa canción, de verdad parecía escrita para Kohaku. Aunque le convenía no pensarlo demasiado, o estaría en un pequeño problema más adelante. En especial teniendo en cuenta la tarea que le había sido encomendada, y para la cual partiría pronto…
Buenaaaaaas! Aaaaaaw, amo, AMO a estos dos chicos malos…¿malos? Quiero darles lindos e interesantes momentos a ambos de forma pareja, pero creo que como en el manga nos quedó pendiente conocer un poco más a Stan, lo estoy compensando aquí jaja. Lo admito, lo amo, y es mi favorito. Pero no quiero proyectarle mis gustos a Kohaku, ella tiene que conocerlos y quererlos (o no) por su cuenta Xd, y sí, ambos merecen amor jeje (paciencia!). Espero que ustedes tampoco puedan dejar de pensar en Kohaku (y en Stan) cada vez que escuchen esa canción jaja, es mi favorita realmente, la amo. E imaginar la voz profunda de Stan cantarla a capella… uuuuuuufffff.
Por otro lado, aprovecho para avisar que tengo una semana de muerte de exámenes finales en mi carrera, por lo cual creo que no llegaré a escribir el AU "No es ciencia, es amor", ni el Stanhaku "Otros caminos", seguro que hasta el viernes no escribo ni una palabra, no voy a tener tiempo, esta historia fue mi placer culposo. Hasta el próximo capítuloooo! Gracias totales!
