- Voy a matarte, maldito embustero. Cuando salgamos de aquí, voy a matarte con mis propias manos, lo juro.

- ¡Oh, no! O… si lo haces, preferiría que sea con tus piernas, si me das la opción, Kohaku-chan.

- Te lo aviso, es una declaración de guerra –le siseó

- Hay que hacer el amor, no la guerra, Kohaku-chan.,

- Cierra la boca, y córtala con el "Kohaku-chan", te haces el dulce y eres un murciélago al final… –Le dijo con el tono más bajo y amenazador posible, pero tratando de contener su furia, porque sus enemigos sospecharían de verla tan enojada sin motivo, y se cruzó de brazos mientras respiraba profundamente para serenarse– ¿Por qué demonios hiciste eso? No puedo explicarte la vergüenza que pasé.

- Cuéntame todo desde el principio, necesito saber si mi plan funcionó.

- ¿Plan? Primero dime tú cuál era TU plan, mentalista.

- Era acercarte más a Xeno, como quien no quiere la cosa.

- ¿Qué? ¿Acaso sabías lo que él iba a hacer? ¿Lo que yo iba a pedirle?

- Mi querida Kohaku-chan, no sería un buen mentalista sino, ¿no crees? Quizás en circunstancias normales no necesitarías su ayuda, pero como todavía estás adolorida, te encuentras limitada en ciertos movimientos.

- Pero, ¿cómo sabías que Xeno iba a colaborar? No, antes… ¿cómo sabías que yo iba a verlo?

- Eso no lo sabía a decir verdad. Pero pensé que, en todo caso, Stanley acudiría a él para pedirle alguna medicina. Y en el peor de los casos, el soldado mismo te aliviaría los síntomas, ya te ha llevado a la enfermería. De una u otra forma, nos acercaba a nuestro objetivo.

- ¿Que uno de los líderes me rasque la espalda nos acerca nuestro objetivo? ¿De verdad, Gen? Estoy empezando a dudar de tus planes.

- ¿Te rascó la espalda? –le preguntó, conteniendo una sonrisa– ¿Con esas garras…? Por favor, cuéntame todo, Kohaku-chan, lo necesito.

- No hay mucho que contar, eso es lo que pasó. Para molestar a Stan, le pedí de ver a Xeno luego de que me abraces, pensé seguir el juego de lo que me dijiste. Pero me empezó a picar la espalda, y como bien calculaste, no pude aliviarme sola... así que le pedí a Xeno que me rasque un poco. Para algo sirven esas garras al menos, ayudaron mucho. Pero no sé por qué, luego irrumpió Stan todo perturbado, tenía una cara extraña, muy lejos de su actitud siempre controlada.

- ¿Irrumpió perturbado? Qué extraño… ¿Qué estaban haciendo?

- Nada. Es decir, eso, yo me había acomodado mejor para que Xeno haga lo que le pedí, se sentía bien y mis dedos jamás hubieran podido hacer eso.

- Oooh, mi inocente Kohaku-chan, qué imagen me estás dando con esas palabras –Gen cerró los ojos con una sonrisa maliciosa.

- ¿Imagen de qué? Como sea, eso fue todo lo que pasó. Después le pedí a Xeno que nos permita que tú me enseñes inglés, bajo supervisión si así lo quería, y dijo que lo iba a pensar y que podría acceder.

- Eso es una buena noticia, aunque significaría más trabajo para mí. De mago y mentalista a profesor de idiomas, es un giro interesante. ¿Y luego? ¿Algo más?

- Bueno… y accedió a otro pedido mío, para bañarme apropiadamente, pero Xeno hizo algo científico con la bañera, que además de ser caliente como las aguas termales de Japón, hacía burbujas, y le agregó una bola extraña que se deshizo en el agua y la llenó de un olor agradable y dijo que era medicinal. Así que me bañé ahí, Stanley me ayudó un poco con eso, la espalda digo, y después… bueno, como lo vi mirar con ganas el agua, le dije que podía meterse.

- ¿Te bañaste con Stanley? –Preguntó sorprendido, ampliando su sonrisa. Era mucho mejor de lo que podía esperar, tenía que agradecer que Kohaku no fuera del tipo femenina y vergonzosa. Y estaba seguro de que ese "atrevimiento" temerario había fascinado al soldado.

- Entró a la bañera, Gen, él a una punta, yo a la otra, no te imagines cosas raras, pervertido. Aunque… bueno después me ofreció lavarme el pelo, pero fue sólo eso, es bastante amable cuando no se pone en su fachada de asesino. Luego me preguntó qué hacía yo en la aldea para divertirme, y, en resumen, terminó cantando una canción de la época moderna.

- ¿Stanley… cantó? ¿Escuché bien? –Eso cada vez se ponía mejor, no lo había esperado jamás. La maga era ella, no él.

- Sí. Me molestó con algo de Lillian, esa cantante del disco de vidrio, diciendo que se esperaba que yo supiera cantar también por ser su descendiente, pero el que terminó cantando algo fue él. Me dijo después que tú podrías explicarme la canción, que seguro la conocías. Los músicos se llamaban algo de "pistolas y flores rojas", y la canción…hmmm no recuerdo bien, la única palabra que entendí es "dulce", en inglés. Podemos preguntarle después.

- ¿Pistolas…? –Frunció el ceño, tratando de asociar la palabra en inglés con música de la era moderna, y entonces abrió mucho los ojos– Espera… ¿Por casualidad dijo "Guns n' Roses"?

- ¡Sí! Esa misma. Bien hecho, Gen. ¿Y sabes la canción?

- Dijiste "dulce"… sweet… oh, claro, por supuesto, un clásico. ¿"Sweet child o'mine"?

- ¡JA! ¡Exactamente! ¿Qué significa eso? No me quiso decir.

- Ya me imagino por qué –sonrió diabólicamente– Significa algo como "mi dulce niña"

- ¿Eh? Bueno, es el nombre de la canción, luego me explicas de qué va, ahora no tenemos tiempo. Eso es todo lo que pasó ayer.

- Te felicito, Kohaku-chan, estás haciendo unos increíbles avances. Pueden parecerte simples e inocentes, pero que hombres y enemigos como ellos bajen la guardia así contigo, es porque están empezando a confiar en ti. Más que empezando, teniendo en cuenta lo que vienen haciendo hace varios días, diría que están muy interesados por agradarte y conocerte mejor. Sigue así, en especial con Xeno, aunque tendrás más oportunidades mañan…

Se interrumpió, aunque demasiado tarde. Su vida dependía de eso. No podía decirle a Kohaku, lo había prometido, o más bien, lo habían obligado a eso. Dos días antes, como él tenía un mayor acceso al castillo y solía estar cerca de Xeno y alguno de sus subordinados, además de que era la principal fuente "traidora" de información para ellos, se enteró que los líderes enemigos habían hecho un plan para asesinar a Senku, o mejor dicho, a Taiju, sin lastimar a los demás, y así hacerlos rendirse. No sabía los detalles, Stanley había sido demasiado secreto y escueto diciendo que "él podía" hacerlo, y nada más, pero con la forma en que lo dijo, Gen no lo dudó ni un poco de sus palabras, la actitud y la energía que ese hombre emanaba era suficiente para saber que iba en serio, y más con su experiencia y habilidad.

De una forma tan calmada como amenazante, le habían dicho que Kohaku no podía enterarse de nada por el momento, que a la más mínima sospecha que ella tuviera, él pagaría severamente las consecuencias, y eso último lo había agregado Stanley, jugando distraídamente con el largo cuchillo que llevaba en el cinturón. Iban a decirle de un momento a otro, ella tenía que enterarse, pero era evidente que tenían su propio plan y sus propios tiempos para hacerlo, buscaban su confianza y no podía juzgarlos por eso, ambas partes lo estaban haciendo.

- ¿Mañana? –Preguntó Kohaku ladeando la cabeza– ¿Por qué mañana?

- Cada día es una nueva oportunidad, ¿no? Ellos también tienen que ir a buscar suministros por los alrededores, por lo que escuché que varios van a salir a hacerlo.

- Ah, ahora entiendo. ¿Entonces voy a buscar la atención de Xeno mañana?

- No… mejor espera que sea él quien lo haga. Dale su espacio. Y no digas nada de lo que te acabo de decir.

- Hmmm de acuerdo. Cómo me gustaría que me lleven, aunque sea para salir de aquí y moverme un poco. Aunque no tengo la agilidad física de siempre, sería un estorbo –se lamentó.

- No te preocupes, Kohaku-chan –dijo, mientras sudor frío recorría su espalda– No dudo en que el científico te mantendrá cerca, no tiene otra opción, no creo que te aburras.

- Eso espero. Ahí viene Stan, ¿Tienes algún plan o instrucción más para hoy?

Gen no podía decirle a Kohaku que no tendría ninguna estrategia hasta no saber en qué resultaría el ataque de Stan que comenzaría al día siguiente, según los plazos que había oído de sus enemigos. Confiaba en Senku y en sus fuertes amigos, y cada tanto oía parte de lo que estaban haciendo con el primitivo auricular que llevaba escondido bajo su manga, pero no tenía ni idea de lo que pasaría y no podía prevenirlos tampoco.

- No, eso es todo, estás haciéndolo genial, yo seguiré atento también.

- ¿Y nosotros?

- ¿A qué te refieres? –Preguntó sorprendido el mentalista

- Ayer me dijiste que demuestre interés en ti y te abrace… aunque quizás lo hiciste sólo para ponerme esa sustancia que me dio tanta alergia. ¿Fue sólo por eso?

- No seas mala, Kohaku-chan, si bien es cierto que aproveché la situación para esa otra parte de mi plan, fue sincero el abrazo que te di, no pienses que soy tan ruin.

- Difícil confiar en ti ahora –Le dijo, ligeramente ofendida. Aunque había sido parte del plan, se sintió…usada. Quizás era por el encierro y estar de rehén y lejos de todos, pero le dolió más de lo que quería admitir.

- No digas eso. Eres mi única aliada y amiga aquí, nos conocemos hace poco más de dos años, estuvimos en muchas misiones y batallas juntos. No fue una actuación ese abrazo, te lo juro. Mira, no tengo nada ahora –Extendió sus palmas hacia ella, abiertas– Ven aquí.

Kohaku dudó en un principio, pero no veía mentira ni ese brillo rastrero en los ojos de él tampoco, que sí otras veces había percibido cuando manipulaba a sus enemigos, y a sus amigos ocasionalmente. Apoyó sus manos en las de él, y cuando Gen las acercó hacia su cuerpo, las soltó para luego abrazar a la rubia, esta vez sin segundas intenciones.

- Nunca dudes de mi fidelidad y cariño hacia ti, Kohaku-chan –Le dijo al oído– No te olvides que los únicos que saldremos juntos y del mismo bando aquí somos tú y yo. Pero prefiero hacer pequeños sacrificios para garantizar tu bienestar y que te cuiden bien, la única forma de lograrlo es que ellos también se interesen en ti, y tú tienes siempre la última palabra, no creo que hagan algo por la fuerza. Es mucho más difícil lastimar o matar a alguien que realmente quieres, sin remordimientos. O si lo hacen, al menos dudarán, y esos pueden ser valiosos segundos que te salven la vida luego, si tienes suerte, no sabemos qué tan inflexibles son.

- Gen…

Kohaku se sorprendió al oír eso, pero el mentalista tenía toda la razón. Incluso con ex-enemigos como Tsukasa, Hyoga o Mozu, hoy trabajaban codo a codo y sin desconfianza, aunque por el primero sentía mucho más aprecio que por los otros dos, dado su historial y dudosa moralidad por momentos. Pero ella no podría levantar las armas contra ellos, y estaba segura que era lo mismo de la otra forma. Y si lograba ese cambio de opinión en sus actuales enemigos, también pensaba que podrían considerar perdonarle la vida. Y eso bastaba para que ella después pudiera salvar a otros. Decidió perdonar a Gen y confiar en él nuevamente, y sabiendo que también estaban siendo observados, hizo algo totalmente nuevo para ella y le dio un beso en la mejilla a su amigo. La cara de sorpresa del mentalista era auténtica, no se esperaba eso para nada.

Esta vez se soltaron antes de que Stan se acerque a ellos, y se limitó a mirarlos y hacer un cabeceo dirigido a Kohaku, señalando silenciosamente que la siguiera, y se giró para empezar a caminar. Pero ella lo frenó agarrándolo del brazo, y Stan la miró con curiosidad.

- Gen, pídele de mi parte si me puede escribir lo que dice la canción que me cantó ayer, que me gustó.

- Pero tú no sabes leer, Kohaku-chan, y menos en inglés.

- No, pero tú sí. Y si Xeno acepta y me enseñas ese idioma, podré saber lo que dice si me la traduces… y ahora que lo pienso, también podría aprender a escribir.

- ¿Más trabajo para mí? –exageró su cara de agotamiento.

- Kohaku, ¿qué pasa? –Stan interrumpió la conversación de los japoneses, aunque notó que ella no le había soltado el brazo todavía.

- Stanley, haré de traductor. Kohaku te pide si puedes escribir la letra de la canción que le cantaste ayer. Dice que le gustó mucho, y quisiera tenerla con ella.

- … ¿Para qué? –Preguntó dubitativo, por primera vez frente a ellos. No pensaba que a ella le hubiera importado tanto eso.

- Como un recuerdo, por ahora. Parece que le pidió al Dr. Xeno que yo le enseñe inglés de una forma más intensiva, ya que entiendo que ustedes dos están haciendo un intercambio de palabras sencillo, también. Le gustaría llegar a saber lo que dice, algún día.

- No sabe leer inglés.

- No, pero para eso estoy yo… que puedo traducírsela al japonés, y ayudarla también a mejorar su lectura. Verás, su aldea se dedicó a la transmisión oral, por lo que tienen una excelente memoria para recordar largos textos.

Kohaku escuchaba con atención la conversación, aunque entendía muy poco, pero para apoyar las palabras de Gen, miró a Stan de la forma más dulce y suplicante que pudo.

- ¿Please, Stan? –Dijo, en su limitado inglés.

- Eso es…

"Jugar sucio", pensó el soldado. Siempre era él quien se esforzaba para hablar en lo que había aprendido de japonés con Kohaku, y hasta había dudado si ella recordaba las palabras inglesas, ya que también era cierto que no podía escribirlas para no olvidarlas, a diferencia de él. Pero no era esa simple palabra la que lo ablandó, sino aquellos grandes ojos aguamarina que lo miraban con esa sinceridad transparente y directa, y el hecho de que era la primera vez que lo tocaba, aunque fuera sólo para detenerlo. Kohaku le caía bien ya, no había duda, pero su mente instantáneamente había dicho "sí" en cuanto escuchó su casi súplica. Y no le podía decir que no a sus instintos.

- Ok –asintió, con una pequeña sonrisa.

Dudaba todavía qué iba a pensar ella con lo que decía la canción, era bastante romántica a su forma, pero, por otro lado, podría ser interesante ver cómo ella reaccionaba ante eso. Si la turbaba, si lo ignoraba, o si se sonrojaba. Ahora que lo pensaba, sí que quería verlo con sus propios ojos, aunque tendría que pedirle a Gen que se la lea. Bueno, mejor, así podría dedicarse a mirarla a la cara y percibir en detalle hasta cómo se dilataban sus pupilas de interés. Lo malo era que no tendría casi tiempo para eso, la mañana siguiente a primera hora partiría con Luna y sus dos ayudantes a la misión de eliminar al líder científico. O sea que tenía que escribirla esa misma tarde y dársela al rato, o esperar a estar de regreso.

El problema sería justamente ese, cuando volviera… el asesinato del Dr. Taiju no iba a ser una buena noticia para ella, probablemente los odiaría a él y a Xeno con todo su corazón. No le importaba realmente, a la corta o a la larga iban a someter a todos esos críos, ella incluida. Pero sí le daba un poco de pena pensar en no volver a ver sus entretenidas reacciones y su sonrisa, de verdad que le había sumado una novedosa emoción a sus días el contar con la presencia de Kohaku, y últimamente ella ni siquiera lo miraba mal o con excesiva cautela, parecía que había comenzado a confiar en él. Incluso las comidas que compartían, con el tradicional intercambio de idiomas, eran momentos relajantes que ya los dos esperaban.

Por otro lado, cuando él se fuera a su misión, Kohaku iba a quedar bajo la supervisión y compañía de Xeno. Estaba bien, pero si tenía la oportunidad de dejarle ese "recuerdo" para que ella siguiera pensando en él de alguna forma, era una divertida competencia con su querido amigo. No sabía si le divertía o si le molestaba que el científico niegue su interés por la rubia, era demasiado obvio que estaba haciendo cosas para contentarla, aunque se excusara diciendo que lo hacía para demostrarle que estaba equivocada con su concepto de él, y que "la ciencia era realmente elegante". Aunque lo que más le fastidiaba era que fingiera esa fachada purista y desinteresada, y hacerlo admitir su interés era algo que definitivamente quería lograr. Era evidente que la situación comprometida en la que su amigo se había encontrado el día anterior al escuchar los sonidos sugerentes que salían de la inocente chica samurái lo habían incomodado. Demonios, para qué suavizarlo, el maldito estaba sonrojado, y podía jurar que en algún punto se había excitado, quién en su sano juicio no lo haría al escuchar esos gemidos y ruegos, además de lo bella que era esa joven…

Su mente se estaba yendo por las ramas, así que volvió a concentrarse en el presente, mientras acompañaba a Kohaku a su habitación en la torre. Luego de eso iría a hablar con Xeno de los últimos detalles de su misión, y después podría ir con el mago para seguir aprendiendo japonés. Cuando estaba comenzando a bajar las escaleras, notó que Xeno estaba subiendo a su vez.

- Estaba yendo a tu laboratorio, Xeno.

- Luego vamos, primero quiero decirle algo a Miss Kohaku. A ti también, en realidad, estoy seguro que te gustará la idea.

- ¿Qué tienes en mente?

- Hoy es la última noche que vas a poder disfrutar de las comodidades de nuestra restauración científica, al menos hasta que vuelvas de eliminar al líder científico juvenil, lo que puede llevar unas horas, o varios días. Y pensé que podíamos hacer una cena especial, una celebración adelantada al éxito de nuestra misión infalible.

- ¿Una cena, dices? Me sentiría honrado, pero parece que ibas a decirle primero a Kohaku antes que a mí, lo cual me hace pensar que no es realmente para mí que haces esto. Así que suelta, ¿qué va a ser lo distinto? Además de que cenes con ella por primera vez desde que es nuestro rehén.

- El menú. Ya está todo listo, vamos a reinventar en este mundo de piedra la pizza.

- ¿Pizza? –Luego de mirarlo incrédulo, estalló en una carcajada– ¡Nada mal, Xeno! Naaada mal. Lo que me pregunto es por qué esperamos tanto tiempo para hacer esa comida, si no es difícil. Teníamos ya todos los ingredientes, ¿cierto?

- Sí... no nos habíamos molestado en hacer queso, pero ya teníamos la leche de vaca y lo demás. Incluso sabes que, en la proliferación natural de vegetación, dimos con algunas plantaciones de tomates a varios kilómetros de aquí. Normalmente no valdría la pena hacer ese viaje, pero como esta es una ocasión especial, mandé a algunos trabajadores a recolectar, mientras nuestros cocineros se encargaron de hacer el queso muzzarella.

- Me toca a mí decir "qué elegante". No me voy a quejar, porque conozco los buenos resultados de todo lo que te propones, pero, ¿tenías que mandar a hacer ese queso en específico? Daba lo mismo uno más sencillo.

- Si quieres resultados elegantes, tienes que preocuparse por su apariencia. El "hilado" y el auténtico sabor no puede ser con cualquier queso. Además, no es tan difícil de hacer, puedo explicarte el pro…

- No, no necesito tu verborragia científico-gastronómica, prefiero la práctica y saborearlo por mi cuenta sin le quites el misterio y la poesía. Ya sabes, como las salchichas, son más deliciosas si no te enteran de qué están hechas realmente.

- Stan, tú eres el tipo de persona que, aun sabiéndolo, te da lo mismo. Creo que podrías ver el proceso de elaboración mientras comes una sin remordimiento ni asco alguno.

- Puede ser –Encogió los hombros– Gajes del oficio, cuando te acostumbras más a vivir entre los muertos que entre los vivos.

Xeno no contestó a eso, se quedó mirando a Stan por un momento. En todos los años que lo conocía, desde chicos, su amigo tenía la interesante capacidad de hacer las cosas casi sin cuestionarlas, era alguien que se dedicaba a cumplir objetivos, propios y ajenos. No les daba vuelta a las cosas, no dudaba, no se arrepentía. Una vez que decía "puedo hacerlo", era su declaración de "voy a hacerlo", y lo llevaba a cabo, era imparable cuando se proponía algo. Lo que Xeno no podía decir con certeza, era si realmente le daba lo mismo todo internamente, si era una fachada para evitar volverlo personal, algo que era indispensable para su profesión.

Cerrando la conversación con ese último mensaje tétrico de Stan, subió los escalones restantes para llegar al pequeño pasillo que daba a la puerta dela habitación de la joven. Tocó la puerta, anunciándose, y entró cuando la escuchó contestar.

- Buenas tardes, Miss Kohaku.

- Buenas tardes, Dr. Xeno.

- Vine para decirte algo que cuento con que te va alegrar.

- ¿Aceptaste que Gen me enseñe inglés como pedí?

- No… no es eso –Se detuvo a pensar, y suspiró– Pero si tanto te interesa realmente, de acuerdo, mientras sea bajo vigilancia.

- ¡Genial! Muchas gracias –Le mostró su mejor sonrisa, parecía que los líderes enemigos se predisponían mejor a sus próximos pedidos cuando hacía eso, eran inesperadamente fáciles de convencer. Hasta su padre le negaba más cosas que ellos dos– ¿Y qué es lo otro?

- Que la comida de esta noche va a ser especial. Hay una receta del mundo moderno que pudimos recrear, y ya que al parecer aprecias tanto la comida, podía gustarte, para variar.

- Bueno, esperaré a Stan con ansias entonces.

- No, Miss Kohaku –Podía percibir la sonrisa burlona de su colega detrás de él– Vamos a comer juntos.

- Oh… –Abrió los ojos sorprendida. Hasta ahora nunca había compartido una comida a solas con el científico– Entonces… ¿vas a venir tú aquí, solo?

- No, tampoco. Tenemos un comedor, un lugar más apropiado para comer, y Stan también nos acompañará.

- Ah, mejor –Soltó eso sin pensarlo, y vio cómo una de las cejas de Xeno se arqueó– Quiero decir, me imagino que no ibas a dejarlo afuera, si es algo que seguro él iba a apreciar también. Recuerdo que todos mis amigos se emocionaban mucho de volver a probar algunas comidas deliciosas de su mundo, será lo mismo con ustedes. ¿Entonces Gen también estará?

- Míster Gen… –No lo había pensado, pero no tenía motivos válidos para negarse– Claro, él también.

- Qué bueno. Sí, me encanta la idea, gracias por la invitación.

Kohaku sonrió otra vez. Podía jurar que veía cómo los ojos oscuros del científico se agrandaban ligeramente con eso, su rostro era mucho más fácil de leer que el de Stan. ¿Tan poco acostumbrados estaban estos hombres a recibir sonrisas? Le daba un poco de pena, a decir verdad, era como si no estuvieran acostumbrados a recibir calidez humana.

- Eso es todo, hasta luego Miss Kohaku.

Xeno se dio vuelta y salió de la habitación, seguido de Stan. Hicieron el recorrido hacia el laboratorio en silencio, y el soldado se aseguró de hablar recién cuando no hubiera oídos cerca.

- Aunque lo disimules, estás contento como perro con dos colas, Xeno.

- ¿Perdón?

- Era obvio que no se iba a negar, pero ver cómo te satisface que ella se entusiasme con tus inocentes intentos de contentarla es casi adorable.

- ¿No te parece que estás un poco insistente y molesto con eso? Estoy haciendo lo justo y necesario para hacer mi parte de que vea el encanto de nuestra superioridad y comodidad en todos los sentidos.

- ¿Hablas del encanto de nuestro desarrollo superior, o de tu encanto personal, reflejado en los alcances de nuestro desarrollo superior?

- Tienes muchas ganas de volverlo personal, parece, y de hacerlo verlo especial. Y sin embargo, el que no para de distraerse y aprovecharse de cada oportunidad para llamar su atención eres tú. No sé quién de los dos parece más un perro. Unos días más así y Miss Kohaku también te pone el collar y la correa, menos mal que vas a tomar un poco de aire pronto, te despejará.

Una ola de ira recorrió a Stan internamente ante ese comentario soberbio, porque a diferencia de la frase conocida que él usó con Xeno, éste sí lo había dicho ahora de una forma burlona y adrede. Era evidente que le había picado lo que le había dicho. Pero astuto como era, se dio cuenta de que había algo raro en lo de "aprovecharse de cada oportunidad", ¿aprovecharse? ¿O sea que Xeno no se estaba quejando de que él creara las situaciones de oportunidad, sino que se "aprovechara" de otras que no había iniciado por iniciativa propia? Eso le dio una idea, si Xeno le clavaba un puñal, él le podría devolver varios. El científico era demasiado transparente para su propio bien, y era totalmente incoherente con sus infructuosos intentos de represión y negación.

- Oooh, te arde, Xeno, te quema.

- ¿De qué hablas, Stan? ¿Te toqué el orgullo?

- Para nada. Ya te dije, a diferencia de ti, yo no tengo problema en admitir mi interés y mis intenciones con nuestra princesa de la torre. Aunque sean mera diversión y para lograr nuestro objetivo, prefiero disfrutarlo, hay pocas cosas que mueven tanto la voluntad de una persona como el placer. Fíjate, yo me propuse aprender un idioma nuevo para acercarme más a Kohaku, mientras que tú te diviertes con hacerle juguetes, tratamientos de spa y ahora se te dio por lo gourmet. Y eso si sólo contamos las intenciones inocentes. La diferencia entre tú y yo, es que a mí no me interesa ponerle el collar a nadie, mucho menos que me lo pongan a mí, como ya bien sabes. Las personas cuando son libres son mucho más divertidas, sus reacciones más sinceras y viscerales. También te lo dije, prefiero que la chica samurái, con todo su carácter, venga a mí voluntariamente. Eso no lo logras con un collar y una correa. El verdadero poder es cuando lo llamas desde lejos y viene por su cuenta, o se echa panza arriba exponiendo sus partes más vulnerables, una combinación de sumisión y confianza plena, porque nadie busca la auto-destrucción por cuenta propia, va en contra de nuestros instintos naturales. Pero claro, tú eso no lo sabes porque nunca fuiste un capitán realmente, tu liderazgo viene de tu utilidad, de ese cerebro tan prolífico e interesante que tienes para la ciencia.

Xeno lo observó en silencio, conteniéndose de contestar. Stan no era muy hablador, y sin embargo estaba dando un monólogo bastante prolongado, y parecía que tenía más por decir. No podía negar que coincidía con varias de sus afirmaciones, en especial las que se referían al poder, prefirió ignorar la primera parte. Como esperaba, luego de esa brevísima pausa, Stan siguió hablando.

- Pero volviendo a lo que parece quemarte por dentro, me parece que estás un poco celoso de mí, y que no quieres admitir que te indignó que yo tomara la oportunidad en tu tratamiento de spa para Miss Kohaku, para ocuparme tan personalmente de ella. Te lo ofrecí, Xeno, que tú mismo termines el trabajo e inocentemente la ayudes a bañarse y tratarla con tus medicinas, pero dijiste que no, con lo cual en realidad no me "aproveché" de nada, tomé la vacante libre, más bien. Quién diría, quizás hubieras sido tú el que terminara bañándose con ella.

- ¿Qué tú qué? –Preguntó Xeno, ligeramente boquiabierto.

- Ah, no te conté. No te preocupes, no hicimos nada comprometedor, más que estar casi desnudos en la misma bañera, y que la ayudé a limpiarse apropiadamente, y ella parecía disfrutarlo, tenías que ver cómo casi se queda dormida, no demostró recelo alguno, fue hermoso de ver. A eso te referías con respecto a mí, de aprovecharme de las oportunidades, ¿no? Tú te tomaste todas las molestias de diseñar ese jacuzzi, pero yo lo usé para mi bien. Si lo ves así, haz lo que quieras, pero recuerda que fui el primero en ofrecerte que te hagas cargo de todo, tengo la consciencia limpia. Cuando admitas tu propio interés y dejes de jugar a la casa de muñecas, quizás hagas las cosas más interesantes para los tres, y de paso te quejes menos. Ah, y deja de negar tu naturaleza ya, eso es casi más patético.

- ¿Negar mi naturaleza? Ser un hombre civilizado es mi naturaleza, y lograr mis objetivos a través del poder y la ciencia lo es, no veo la más mínima negación ahí.

- Me quedo con lo de "hombre" nada más, algo que se te despertó de las profundidades ayer –Se acercó mucho a Xeno repentinamente, y con la mano enguantada le rozó la entrepierna, contacto al que el científico rehuyó al instante con indignación.

- ¿Qué mierda haces, Stan? –Le gruñó. Se estaba propasando ya, demasiado.

- Ah, reconoces que lo sigues teniendo, y lo sientes, entonces. A esa naturaleza me refiero, deja de hacerte el monje, y reconoce que ayer te excitaste con la dulce voz de Miss Kohaku.

- …

- Oooooh, ya no lo niegas, al menos, es un progreso. Te falta un poco más de sinceridad, pero ya casi estás. No te estoy diciendo que declares tu amor, sino que admitas que por lo menos te generó un par de pensamientos indecentes, eso me basta. Pero voy a darte un poco más de tiempo, tal vez mientras yo esté afuera cumpliendo nuestra misión principal, y ya que vas a estar obligado a pasar más tiempo con ella, reconsideres un poco las cosas. De hecho, si cuando vuelva de asesinar a Dr. Taiju se nota el cambio, te prometo que no te molestaré más.

- Si con eso cierras la boca de una vez, quizás lo haga, estás francamente insoportable, Stan. No voy a perder más tiempo hablando contigo de esto.

- Lo que sirva de motivación me parece bien, mientras lo hagas. Esto es por tu bien, Xeno, aunque no te guste oírlo. Vas a ver como las cosas fluyen de una forma más agradable después, lo sentirás liberador. Y si tienes suerte, vendrá acompañado de un poco de diversión. Ahora, cambiando de tema, ¿está todo listo para mañana? Las provisiones, el sistema de comunicación, el arma.

- Pensé que no ibas a mencionarlo, tan intenso que estabas con lo otro. Sí, por supuesto que ya está todo organizado. Tú te encargarás de decirle a Luna su papel en la misión, no sabe nada todavía, es mejor que vaya de buena voluntad y siendo inocente. Sus ayudantes bien serán tus burros de carga, y luego te asistirán con la vigilancia y el descanso.

- No necesito descansar.

- No sabemos cuánto le va a tomar a Luna, no es tan inteligente y tan estratégica como para hacer eficientemente su trabajo, por lo cual hazte a la idea que mínimamente deberás pasar una noche allí.

- ¿Te estás burlando de mí? Una noche no es nada para mí.

- Ya lo sé, Stan. Como sea, en unos días el club juvenil de ciencia no volverá a molestarnos, y tendremos mucha mano de obra útil, porque hasta ahora demostraron una apreciable astucia e inteligencia, aunque no se comparen con nosotros. Aprovecha para descansar y prepararte.

- Tengo unas cosas que hacer primero. Nos vemos para la velada gourmet, entonces.

En cuanto Stan se fue del laboratorio, Xeno se dejó caer en su silla, y se cubrió los ojos con una mano. La forma en que su amigo estaba poniendo a prueba su paciencia ya estaba llegando al límite. Quizás tendría que decirle que tenía toda la razón y con eso se ahorraba las molestias y las provocaciones, pero sospechaba que Stan se iba a dar cuenta y eso sería para peor. ¿Qué quería que admita? Como si excitarse con una adolescente que apenas si sería mayor edad fuera algo de lo que estar orgulloso, o que cambiara en algo los planes que tenían. En todo caso, el problema de Stan era que se estaba interesando demasiado en Miss Kohaku, era como encariñarse con una mascota que después uno no podría quedarse. Bueno, la idea sí era que ella se uniera a sus fuerzas, pero era más que obvio que no iba a hacerlo de buena voluntad luego de ver cómo sometían a sus amigos y asesinaban a uno que ella respetaba y quería mucho. En cambio, la distancia que él ponía con la ella no tenía nada que perder ni de qué lamentarse.

La consentiría un poco, al fin y al cabo, tenía su entretenimiento verla emocionarse y bajar la guardia, pero no necesitaba nada más. Disfrutaría desde "afuera", sin comprometerse mucho, sin que nadie salga herido, no podía negar que cada día le parecía más interesante Miss Kohaku, pero era sólo eso, interés por algo nuevo e impredecible. Involucrarse emocionalmente con un enemigo estaba fuera de discusión, era ilógico, y muy problemático. Podía evitarse perfectamente, alcanzaba con mantener las distancias.

Con su resolución firme, se levantó y fue a hablar con el Dr. Brody, quien estaba desarrollando el tiro de gracia que recibirían aquellos mocosos si les quedaba algo de fuerza después del devastador ataque que recibirían.

Unas horas después, cuando empezaba a anochecer, Xeno envió a Stan a buscar a Kohaku para llevarla al comedor. Era temprano, pero la prioridad estaba en que su soldado descanse bien. El comedor era sencillo, con una mesa rectangular de fina madera y larga, que sin embargo podía separarse en otras tres mesas más pequeñas de ser necesario. Contaba con varios artesanos entre su personal, que eran quienes habían hecho una gran cantidad y variedad de platos de vidrio, finas copas, y cubertería, nada que envidiarle al mundo moderno.

Gen ya estaba acostumbrado a comer ahí, al fin y al cabo, siempre estaba cerca de su custodia o de Xeno, así que esperaba pacientemente sentado en el lugar habitual en el que se sentaba. Tenía una pequeña sonrisa tallada en su rostro, no podía creer que Kohaku había motivado tanto al científico como para que organizara algo como eso, había puesto a trabajar a unos cuantos para hacer eso. Lo único que haría más que perfecta esa noche, sería si pudiera disfrutar del refresco, de esa decente cola, que hacía Senku, o también un vaso de fría y espumosa cerveza serviría. Pero tendría que conformarse con saborear la igualmente deliciosa pizza, dudaba que Xeno aceptaría algo mediocre, seguramente estaría al nivel culinario de Francoise.

Kohaku apareció detrás de Stan, mirando con curiosidad toda la sala, y sonriendo visiblemente al encontrarse nuevamente con Gen. Se sentó al lado de él, inmediatamente, y le tomó la mano por un momento, ganándose una mirada de reojo y silenciosa de los estadounidenses. Obviamente ella hablaba en japonés, con lo cual Stan era el único que quedaba afuera de la conversación, a menos que Xeno o Gen hicieran de traductor. El hombre de pelo gris no quería exhibir su limitado japonés con los otros dos cerca, así que más bien decidió hablar todo en inglés, y en todo caso que le traduzcan a Kohaku si era necesario. Xeno y Gen eran los únicos que se sentían cómodos con cualquier opción. Aprovechando eso, y que estaban sentados en una de las esquinas de la mesa, se sentó en la cabecera de la mesa, de forma tal de quedar entre Kohaku y Xeno, uno a cada lado.

Como era de esperar, estaba todo listo, solo era cuestión que los cuatro se sentaran en la mesa para que los subordinados les lleven la comida. Kohaku olfateó el aire con gusto, había un aroma totalmente nuevo y delicioso que no conocía, pero que le hizo agua la boca al instante. Miró a Xeno, que ya la estaba observando de antes de lo obvia que era con su expresión de gusto, y no se aguantó a preguntarle apenas apoyaron la misteriosa comida de forma circular en la mesa, que lucía muy apetecible.

- ¡Mmmmmm! ¿Qué es eso? Luce increíble.

- Se llama "pizza", es una comida hecha a base de una masa similar a la del pan que conoces, y saborizada con tomates triturados en forma de salsa, y queso.

- ¿Qué es el queso?

- Kohaku-chan, es un alimento sólido que se hace a partir de la leche animal

- ¡Ah! ¿Cómo cuándo hicimos la mantequilla?

- No exactamente, y tiene un sabor totalmente diferente y mucho más salado, pero parten del mismo ingrediente. Y cuando se derrite con mucho calor y se gratina, es de los mayores placeres de comida que vas a probar.

- Oooh, ya veo.

- No es cualquier queso, mandé a hacer especialmente la muzzarella.

- Como era de esperar de ti, Dr. Xeno, nada menos que excelencia –aduló Gen, sonriendo– En los tiempos modernos era un plato favorito y famoso en todo el mundo, algunos países tenían gustos únicos y muy interesantes. Era más una comida de occidente, para ser sincero, pero de todas formas no había rincón del mundo que no la conocieran.

- Qué especial…me encanta. Se me hace agua a la boca.

- Y se podría decir que es la primera vez en miles de años que se vuelve a cocinar y probar una pizza –Dijo orgulloso Xeno.

- "Pizza a la piedra", qué apropiado –bromeó Stan, haciendo sonreír a todos, incluso a Kohaku que logró entender parte del chiste.

- ¿Qué es esto? –La rubia señaló el tenedor– ¿Por qué tiene tantas puntas y no tiene tanto filo?

- Es un tenedor, se usa para pinchar la comida así puedes metértela en la boca –Le explicó Xeno

- ¿No tienen palillos?

- No, los occidentales no usamos palillos, además tienes que cortar la porción, para eso está el cuchillo.

- La pizza se come con la mano, Xeno, no con tenedor y cuchillo –le dijo Stan

- Eso no es elegante. Para algo se crearon estos cubiertos, para usarlos.

- No seas cerrado, Xeno. Así como hay tenedores y cucharas, también se inventaron los palillos, y también se come con la mano. En la India, por ejemplo, es lo común, culturalmente.

- Qué hombre de cultura eres de pronto, Stan. Pero Miss Kohaku también podría aprender a usar los nuestros, ya que no está en Japón, está en Estados Unidos, y convive con nuestra "cultura" mientras esté aquí. Si vas a Japón, aprendes a usar los palillos. Ella está aquí ahora, tiene que aprender nuestras formas, y no es difícil, si es una experta guerrera no será problema que pueda agarrar un…

Pero cuando giró la cabeza, ignorando a Stan, para mirar a la joven, hizo una mueca de desagrado al ver que ella estaba agarrando el tenedor como si fuera un garrote, con todo el puño, y levantaba el codo como si estuviese pensando en apuñalar a una presa. Pinchó la porción de pizza que le habían servido, entera, pero ésta se resbaló, cayendo al plato y provocando que salpicara, manchando lo que tenía alrededor. Stan casi no pudo contener una carcajada burlona, y Xeno respiró hondo, cerrando los ojos brevemente con una expresión de fastidio en el rostro. Cuando la vio agarrar de la misma forma el cuchillo, puso una mano delante de ella para detenerla.

- No, por favor, detente y observa, Miss Kohaku, te enseñaré a usarlos apropiadamente. El tenedor lo sostienes así, rodeando el mango con estos tres dedos por un lado, y el pulgar por el otro, pero flexionado y suave. Y el dedo índice lo dejas libre, para poder presionar en esta curva de aquí arriba del metal, y así sostener mejor la comida mientras con la otra mano la cortas, para que no se resbale. El cuchillo se agarra de igual forma, siempre deja el índice levantado, no lo agarres de forma primitiva como si fuese un arma.

Kohaku había observador en detalle, sorprendiéndole que el científico podía tomar esos objetos bien incluso con esas molestas garras, y cuando probó agarrar el tenedor lo hizo bastante bien, pero cuando trató de pinchar la comida, apretó mucho la mano, y su dedo índice y pulgar se estiraron y curvaron hacia adentro de una forma muy poco fina. A ella no le importó, pero Xeno se tocó la frente con una mano, negando con la cabeza.

- No es necesaria tanta fuerza, Miss Kohaku, agárralos suave, de forma elegante, los dedos redondeados y gráciles –Le mostraba, señalando sus propios dedos para que ella prestara atención.

- O también, Kohaku –Interrumpió Stan, llamando la atención de ella– usas tu mano, agarras así la pizza –lo hizo con los tres primeros dedos– y comes, es hasta más rica.

Le dio un gran mordisco a su porción, y le guiñó el ojo con la boca llena. Cerró los ojos con placer por un momento, aunque no era como las pizzas del mundo moderno ya que le faltaba muchos sabores y condimentos, era genial volver a probar una. Lástima que a Xeno sólo se le hubiera ocurrido hacerla para contentar a la chica samurái gourmet, y no la hubiera hecho antes para ellos, al menos desde que habían dado con el trigo y tenían la leche para hacer su propio queso. Pero, aunque fuera un efecto colateral, agradecía una buena comida, en especial cuando los próximos días su consumo de bebida y alimento iba a simplificarse drásticamente.

- Sí, prefiero comer así –Coincidió ella, dejando los molestos cubiertos de lado. Levantó la porción con su mano, y le dio un bocado. Inmediatamente sus ojos brillaron, y habló con la boca llena, para horror del científico que cuidaba tanto sus modales– ¡Mmmm! ¡Está delicioso!

- Me alegro que te guste, Miss Kohaku, aunque si se enfría el queso perderá la elasticidad, aprovecha mientras esté bien caliente –Dijo Xeno, dejando de lado su bronca de verlos comer tan incivilizadamente.

Intuyendo lo que el científico había dicho porque captó algunas palabras del japonés, Stan le tocó el brazo a Kohaku para llamarle la atención, y cuando agarró una nueva porción la levantó estirando el brazo, y la inclinó de forma que los hilos del caliente y chorreoso queso se deslizaron y cayeron justo en su boca.

- ¡JA! Yo también puedo, parece divertido –Dijo emocionada Kohaku, aceptando el desafío, mientras ella también agarraba una segunda porción con la mano, y lo imitó.

- Genial, y ahora juegan con la comida como dos niños –gruñó Xeno con frustración, mientras los otros dos reían mientras dejaban caer cada vez a más altura el escurridizo queso de la pizza.

- Pero, Dr. Xeno, ¿no es hermosa Kohaku-chan cuando sonríe y se divierte? –Dijo inocentemente Gen, antes de clavar un puñal con sus palabras– Se lleva y se entiende tan bien con Stanley, a pesar del idioma, es muy bueno eso también para hacerla sentir cómoda, aunque me pone un poco celoso si soy sincero, me encantaría ser yo quién la hiciera sonreír así. Pero nadie puede negar los encantos de Stanley, no puedo hacerle competencia con eso.

En vez de sonreír y coincidir, Xeno los miró con una expresión seria y amargada, y luego se dedicó a comer tercamente con su tenedor y cuchillo, esperando que se aburrieran de hacer payasadas y saborearan como se merecía la especial comida de la noche. Un momento después, Kohaku sintió que Gen le rozó la pierna, y dirigió sus ojos muy sutilmente a Xeno, que seguía comiendo en silencio y enfurruñado. Ella dejó de bromear, y pensó en qué tema podía sacar para renovarle el humor al líder científico, aunque no entendía por qué de pronto parecía enojado.

- Xeno –se corrigió inmediatamente, dándose cuenta que no debía tomarse tanta confianza con él todavía– Dr. Xeno… ¿usted también canta?

- ¿Qué? –La miró sorprendido, pero frunciendo el ceño sin entender de dónde venía eso– Soy científico, no músico.

- Lo sé, pero… ayer Stan me cantó una canción del mundo moderno, y fue muy agradable, y dijo que todos cantan. Gen también canta, lo he escuchado.

- ¿Stan… cantó? –Preguntó, sin poder creer lo que había escuchado, mirando a su amigo, que se encogió de hombros con una sonrisa provocadora– ¿Qué cantó?

- Todavía no me sale pronunciarlo bien, eeeh… ¿Gen?

- "Sweet child o'mine", y parece que muy bien, porque impresionó a nuestra querida Kohaku-chan. Tanto, que hoy le pidió a Stan que le escriba la letra de la canción, para tenerla de recuerdo.

- Ya veo –Eso sí que era inesperado, creía que ni él mismo había escuchado nunca cantar a Stan, pero no pegaba para nada con él– No, no canto. Aunque toqué un poco el piano, en mi educación juvenil.

- ¿Piano? ¿Qué es eso? –Preguntó Kohaku, inclinando la cabeza a un costado.

- Kohaku-chan, es un instrumento musical de muchas teclas –dijo, mientras imitaba el movimiento de los dedos tocando en un teclado– muchísima gente tocaba el piano en la era moderna también. Pero me temo que esa información no se pasó en las cien historias, aunque vi que en la aldea tenían otros instrumentos, como tambores, ocarinas y algo parecido a un laúd.

- ¡Sí! No sé si reconozco los nombres que dijiste, pero en los festivales de la aldea, recuerdo que tocábamos con Chrome y con Suika –Recordó emocionada– Chrome tocaba el instrumento de seis cuerdas, puede ser eso que llamas laúd. Suika tocaba flautas y una especial que en vez de ser larga era redonda, con ocho pequeños agujeros, y yo tocaba un conjunto de cuatro tambores, ese nombre sí lo reconozco.

- Xeno, ¿qué dijo? –Preguntó interesado Stan, que no había entendido ni una palabra, y el científico le tradujo al instante.

- Pero nuestros instrumentos estaban hechos de huesos, barro y cáscaras de calabaza, aunque Kaseki logró hacer algunos de ellos en madera. Seguro eran muy distintos a los modernos.

- Me alegro de que al menos haya pasado esa información a través del tiempo –Dijo Gen, sonriendo con nostalgia.

- ¿Y qué música te gustaba o tocabas en ese instrumento, Dr. Xeno?

- Mmm, veamos, lo último que llegué a tocar fueron las "Variaciones de Goldberg", de John Sebastian Bach… aunque no debes tener la menor idea de lo que te estoy hablando, Miss Kohaku.

- No, no entendí… ¿y puedes cantar algo para saber cómo sonaba?

- No, ni hablar –dijo cortante– De todas formas, no era música para cantar, era mucho más compleja. Y tampoco las recuerdo con precisión después de tanto tiempo, como te dije, toqué eso de muy joven, fue un pasatiempo que quedó atrás en cuanto me dediqué completamente a la ciencia.

- Oh, entiendo.

- Kohaku –Stan la llamó, y le dio un papel que estaba plegado– Aquí tienes.

La rubia tomó el papel que le daba, y lo abrió para encontrarse con una larga columna de símbolos que no entendía, escritos a mano por el soldado.

- ¡Gracias Stan! –Le sonrió, radiante– Eso fue rápido…

- ¿Qué es eso? –Xeno no pudo evitar la curiosidad que sintió.

- Kohaku me pidió que le escriba la canción de los Gun's, te dije que le había gustado mucho.

- Pero no sabe leer, y no sabe inglés para entenderla.

- Lo sé, dije lo mismo. Pero parece que no le importa, la quiere tener igual, y que Gen se la traduzca o algo así para recordarla.

- ¿Gen, puedes leerla? –Se la pasó al mentalista

- No, no…

Stan se la sacó de la mano velozmente, dándose cuenta de la situación. Leer la letra de esa canción fuera de contexto y sin la melodía, iba a sonar como una carta de amor, no habría nada peor interpretado que eso. Quizás no tendría que haber accedido a escribirla, y mucho menos habérsela dado delante de todos, pero no pensó que ella sería tan ansiosa, y justo había salido el tema de la música, era el momento ideal.

- Luego, ahora no –Le dijo con seriedad, y le dio el papel a Gen, y lo miró a él para decirle en inglés– Mucho cuidado con lo que haces, mago, ya sabes a lo que me refiero. Es sólo una canción.

- Sí, no te preocupes por eso, Stanley, y creo que Kohaku-chan lo entenderá así también–Le contestó el mentalista, con una ínfima sonrisa, disfrutando de la repentina incomodidad del inquebrantable soldado, a la vez que el científico imitaba la pequeña sonrisa de él mismo, y Kohaku miraba de uno a otro sin entender– Mañana te la traduzco, Kohaku-chan, no es de buena educación para nuestros anfitriones leer mientras comemos.

- Hmm, no sabía. De acuerdo, mañana.

Un rato después, terminaron de comer casi tres pizzas, y cada uno se retiró a sus respectivas habitaciones. Stan acompañó como siempre a Kohaku a la suya, y se despidió normalmente, sin decir nada de su próxima ausencia.

La sorpresa llegó al mediodía siguiente, cuando en vez del soldado, el que entró en la habitación de la joven fue el líder científico en su lugar. Le dijo que lo acompañe, y ella lo siguió silenciosamente, recordando que estaban haciendo el mismo camino que para ir al comedor. Kohaku se paró de golpe apenas entró en esa sala, porque se encontró con que había mucha gente que no conocía, probablemente gran parte del equipo de Xeno, aunque por suerte Gen estaba entre ellos, y palmeó el asiento junto a él para que ella lo acompañe. Pero antes de ir con su amigo, le preguntó a Xeno.

- ¿Qué pasó con Stan?

- Se encuentra perfectamente, está haciendo un trabajo que le pedí, Miss Kohaku.

- Oh, entiendo.

Se sentó finalmente junto al mentalista, casualmente en los mismos asientos de la noche anterior, y Xeno se ubicó en la cabecera de la mesa. Kohaku no sabía por qué, pero se sentía incómoda de estar ahí. Debía de estar contenta de poder pasar más tiempo con Gen, porque además luego tendrían sus minutos de charla privada, y el científico había accedido a que podía empezar a aprender inglés con su amigo ya desde la tarde. Pero la cantidad de caras nuevas que no la miraban con buenos ojos se hizo sentir con demasiada presencia, y eso no le gustó para nada a la rubia. Si tenía que ser sincera, preferiría comer sola en la torre, y tenía que admitir que estaba un poco desilusionada de que Stan no estuviera, quizás porque se había acostumbrado mucho durante toda esa semana a que él la acompañara día y noche en sus comidas.

Tampoco podía hablar a sus anchas con Gen, no con Xeno tan cerca escuchando todo, lo cual lo volvía más incómodo, sentía más que nunca que estaba siendo vigilada. El mentalista notó que estaba seria y muy tensa, y le acarició la espalda con una mano, para tranquilizarla. Ella lo miró, y se encontró con una sonrisa comprensiva de él, que curiosamente le hizo pensar que Gen estaba acostumbrado a esa sensación desde que había llegado al castillo. Sentía que Xeno la observaba cada tanto, en silencio, y que no tratara de sacarle ningún tema de conversación la hacía sentir peor.

Kohaku pensaba que Stan era indescifrable, pero ahora lo dudaba, más bien porque le estaba siendo mucho más difícil percibir las emociones o las intenciones del científico, era como si de pronto se hubiera cerrado. Cuando le había regalado el caleidoscopio, y en las breves charlas que tuvieron, podía notarle un aura y unos ojos más amables, pero ahora eso ya no era posible, y no sabía por qué. ¿Tendría que ver con la ausencia de Stan? Podía ser la intuición hablando por ella en lugar de la lógica, pero realmente pensaba que había algo que se había desencajado. Quería salir de ahí, prefería volver a su solitaria habitación, o estar sola con Gen, necesitaba estar con una cara conocida, pero sin tantas miradas de soslayo alrededor.

Pero cuando su deseo se volvió realidad, una hora después cuando volvieron a la sala principal y habló con Gen tranquila, esa sensación no desaparecía de ella. Y luego, la mujer enorme que custodiaba a su amigo se acercó, le dijo algo en inglés al mentalista, y les hizo seguirla, hasta dar con una mesa con dos sillas alrededor. Apoyó un aparato, que Gen le confirmó luego que era un grabador, y la mujer se quedó lo suficientemente cerca de ellos para oírlos, pero no tanto como para invadirlos. Al parecer, esa era la forma de decirles que podían empezar con las clases de inglés

Kohaku le puso toda la atención que pudo, que no venía mal para distraer la extraña presión que sentía en el pecho, y además porque tenía que demostrar que estaba interesada en eso, al fin y al cabo, ella había pedido aprender inglés.

Luego, una vez que había anochecido, Xeno volvió a aparecer, nuevamente con un semblante serio y pocas palabras, pidiéndole –o más bien ordenándole con sutileza– que la siga. Al parecer Stan no había vuelto, y era evidente que no había posibilidad de que aparezca más tarde. Pero ella esta vez se negó, prefería quedarse sin comer a volver a estar entre esa gente con esa horrenda energía llena de animosidad.

- No, me quedo aquí –dijo mirando al científico a los ojos.

- La cena está abajo, lista.

- No me importa, no quiero ir allí. ¿No pueden traerme la comida aquí?

- El único motivo por el cual estos días estuviste comiendo aquí, es porque Stan así lo quiso –evitó decirle que probablemente era porque buscaba más "intimidad" y confianza con ella– Pero todos los habitantes de este castillo, Míster Gen incluido, toman sus comidas en el comedor.

- No cenaré entonces –Dijo tercamente, cruzándose de brazos– No voy a ir allí, no me siento cómoda. Y en todo caso, comeré nuevamente cuando venga Stan, ya que con él si puedo comer aquí.

- ¿Qué te crees que…?

Xeno se interrumpió, comenzando a irritarse del capricho de aquella chiquilla. Stan la estaba malcriando, ya hablaría con él a su vuelta sobre eso. Aunque claro, todo cambiaría cuando él volviera. Resopló, tratando de mantener la paciencia, y decidió que no tenía sentido obligarla, pero tampoco podía dejarla así. Y definitivamente estaría perdiendo contra Stan, cuando había quedado implícito que se ocuparía de acompañar y contentar a Miss Kohaku mientras él no estuviera.

- De acuerdo, espera aquí –Le dijo, y cerró la puerta tras él.

Kohaku no alcanzó ni a contestarle, pero parecía que el científico había tomado una decisión más favorable para ella. Mientras esperaba, se quedó con la cara casi apoyada contra el ventanal, admirando el cielo limpio y estrellado, el manto de la noche cubriéndolo todo.

Por otro lado, Stan estaba en el árbol, observando por la mirilla del rifle de francotirador hacia el barco del club de ciencia juvenil. Luna no había conseguido dar con Dr. Taiju todavía, y podía observar claramente sus movimientos dudosos y patéticos. ¿Cuán inservible podía ser esa chica? Le había parecido que ella ya sospechaba quién era el científico enemigo, pero por alguna razón no hacía el movimiento definitivo.

Él no tenía problema en aguantar largas horas, días incluso, con plena atención y quietud observando a través del arma, pero prefería no perder el tiempo. Y para colmo, cuando ya la noche cubría el cielo azul, observó casi boquiabierto algo que no esperaba ver: Los malditos niños habían servido unos conos con comida… ¿helado? ¿En serio, helado? No debería extrañarle, según Xeno también habían hecho algodón de azúcar, cerveza, pan, hamburguesas… pero helado, era algo que no se esperaba. Tenía que admitir que era muy interesante que pudieran hacerlo con sus primitivas herramientas, pero igual no podía creer lo que sus ojos veían. Lo único que faltaba era que Luna sucumbiera a la camaradería blanda de esos mocosos, y que dudara de hacer su trabajo sólo porque la trataban bien y le daban un maldito helado.

Aunque pensó eso, por otro lado, no pudo evitar también pensar que en cierta forma era lo mismo que Xeno y él estaban haciendo con Kohaku. Comprando su favor con trucos baratos de cautivar su atención. Y vaya que funcionaba, rió para sí mismo al admitirlo. Kohaku… quizás no fue buen idea traerla a su memoria, ahora claramente su atención estaba dividida. No importaba demasiado, era obvio que mientras estuvieran comiendo ese helado, Luna no iba a señalarle al Dr. Taiju, por lo que podía permitirse unos minutos de divague.

¿Qué estaría haciendo en ese momento? ¿Estaría con Xeno? Tenía un poco de intriga de saber si ella se había preguntado por su ausencia, o si le daba lo mismo. ¿El mago le habría leído la canción? ¿Cómo se la había tomado? Se había dicho que quería ver la expresión de su bonito rostro cuando eso sucediera, pero no pudo ser así, y todo porque él había sido inesperadamente ansioso y le había dado el maldito papel antes de tiempo. De todas formas, nada tendría ya importancia una vez que volviera con su misión finalizada exitosamente. Pero mientras tanto… sin pensarlo conscientemente, comenzó a tararear la famosa canción una vez más, nadie lo escucharía allí...

En cuanto a Kohaku, ella seguía mirando por la ventana cuando Xeno entró, sin inmutarse por mirarlo. Pero escuchó un suave "Miss Kohaku" que la obligó a voltearse. Se sorprendió de ver al científico con un paquete en la mano. ¿Le habría traído la cena, finalmente siendo empático con su incomodidad?

- Miss Kohaku, ¿sucede algo afuera?

- No… sólo miraba las estrellas, y la Luna. Es muy bonito el cielo de noche.

Xeno se quedó en silencio un momento, contemplativo. Sí, de seguro el cielo estrellado y lleno de misterios era "bonito" y muy interesante, pero a simple vista no era ni por comparación tan maravilloso como si lo viera sin ese vidrio de por medio, y ni que hablar de toda la iluminación de la habitación que impedía ver las estrellas correctamente… Oh. Una idea se formó en su cabeza, una que podría volver a hacer sonreír a aquella temperamental y caprichosa joven.

- Te traje la comida, como indicaste que preferías, pero… acompáñame –La vio apretar los labios, lista para una nueva negativa– No vamos al comedor, quiero mostrarte algo interesante.

Eso llamó la atención de Kohaku. Sea lo que fuese, últimamente, cada vez que él decía que le quería mostrar algo interesante, solía ser algo prometedor. Por lo que no se negó esta vez, y se acercó a él para seguirlo. Hicieron otro camino distinto, en el cual Xeno se metió por unos segundos en una habitación a buscar algo, una caja de madera misteriosa, y algo que parecía un palo de madera, pero de varias "patas". Reanudaron el camino, y Kohaku notó que estaban por salir por la puerta principal. ¿Es que el líder enemigo no tenía en cuenta que ella podía subyugarlo y escapar? No tenía ni por casualidad la fuerza de Stan, sería muy fácil... O eso fue lo primero que pensó, hasta que se dio cuenta que no podía escaparse de allí sin Gen, y Xeno lo sabía perfectamente. Caminaron por la tierra y el pasto, hasta alejarse unos cincuenta metros, en pleno descampado. El castillo se veía oscuro y casi tenebroso, solamente iluminado por la luz de la luna.

- Siéntate aquí, y empieza a comer, mientras preparo algo.

Ella hizo lo que le dijo, la curiosidad también le había abierto el apetito, además de volver a respirar el aire puro y fresco, y sentir el pasto bajo sus pies. Hacía frío, ahora que lo pensaba, quizás Xeno no lo notaba porque tenía sus ropas largas, pero ella estaba con el vestido negro que los estadounidenses le habían confeccionado, las piernas descubiertas, y sus sandalias de siempre, era lo único que tenía de su viejo atuendo.

Empezó a comer y lo vio armar una base de madera sencilla con forma triangular, y luego sacó de la caja de madera un objeto de considerable tamaño que parecía tener dos "ojos" separados, con unas ventanas de vidrio en cada extremo, por así decirlo. Lo apoyó y ató sobre el soporte, y ubicó sus ojos de tal forma de ver a través de él, le hizo acordar al telescopio que Gen había diseñado para el cumpleaños de Senku, que toda la aldea había contribuido a construir, aunque este era bastante más pequeño. Cuando pareció terminar de armarlo, luego de ajustar varias cosas del objeto, la miró, sonriendo complacido.

- ¿Qué es eso? –Le preguntó curiosa

- Esto, Miss Kohaku, es lo que llamamos un binocular. Normalmente se sostienen con las manos, pero como este es particularmente grande para tener más aumento, cansaría demasiado los brazos, por lo que se usa un soporte para fijarlo. Es para ver las estrellas y planetas más grandes de lo que nuestra vista alcanza.

- ¿Es como un telescopio?

- ¿Con que conoces eso?

- Sí… una vez construimos uno como regalo para Dr. Taiju, en nuestra aldea.

- Ya veo, qué interesante. Así que no eres ajena a la observación astronómica.

- Hmmm, sólo lo he usado un par de veces, pero sólo veía muchas estrellas juntas.

- Entonces mira esto.

Kohaku se levantó del suelo, y puso sus ojos en el objeto de forma que pudiera ver bien con ambos. Y jadeó de sorpresa, su boca boquiabierta. Tal fue su sorpresa, que inconscientemente estiró la mano para aferrarla al científico, y le agarró un brazo.

- Es… es… por todos los dioses… ¿qué es eso?

- "Eso", Miss Kohaku, es una nebulosa, una de las más conocidas en el mundo, y rodea un conjunto de estrellas masivas llamadas "Eta Carinae"

- ¿Qué es una nebulosa? –Preguntó, sin despegar el ojo de allí.

- Viene a ser una nube del espacio, formada por gases y materia cósmica en forma de polvo.

- Oooh

- Esa nebulosa, una de las pocas que puede observarse con un binocular, aunque se ve mucho más espectacular con un buen telescopio, pertenece a una constelación llamada "Argo Navis", el barco que surca los cielos.

Al escuchar eso, Kohaku sonrió nostálgicamente al recordar al Perseo, y a sus amigos.

- Es una constelación de estrellas tan grande, que se dividió en cuatro más pequeñas: "Carina", que es la quilla de un barco, "Vela", como su nombre lo indica, "Puppis", la popa, y "Pyxis", la brújula. La estrella principal de "Carina", que la puedes ver a simple vista –se la señaló– se llama "Canopus", y es la segunda estrella más luminosa del cielo.

- Increíble –Una sonrisa enorme adornó su rostro– Es hermoso…

- Lo es. ¿Te interesa saber más? Puedes ver varios cúmulos y objetos del cielo profundo bastante llamativos e interesantes.

- ¡Sí, por favor, Xeno! Ah… –se dio cuenta que lo había llamado por el nombre, y se quiso corregir, pero lo vio sonreír y se quedó muda.

- Puedes llamarme Xeno si quieres, me da lo mismo ya.

- Bueno, gracias… me es más cómodo.

Pasaron alrededor de media hora contemplando el cielo, el científico señalándole y apuntando con los binoculares al cielo, explicándole lo que iba viendo y las historias detrás de las constelaciones o los conjuntos de estrellas que veían, y ella sin dejar de exclamar de fascinación y sorpresa. Terminó mostrándole también la Luna, de la cual Kohaku alcanzó a ver hasta varios "cráteres", y Xeno igualmente le explicó sus nombres y algunas curiosidades de ellos.

Luego, para sorpresa de la rubia, Xeno se sentó en el suelo, apoyando las manos en el pasto, y se quedó unos segundos contemplando en silencio el cielo, meditando quién sabe qué. Ella lo acompañó, sentándose al lado, porque se sentía torpe quedándose parada sola. Cuando lo vio volverse a sentar, notó que la Luna reflejaba su luz sobre esas curiosas garras que él siempre tenía en sus dedos.

- Hace rato quiero preguntarte, ¿para qué son esas garras metálicas que llevas puestas?

- Tienen un alcance muy amplio y elegante… Nunca se sabe cuándo alguien puede pedirte que le rasques la espalda –dijo totalmente serio.

A Kohaku se le cayó abierta la boca de la sorpresa, frente a algo totalmente inesperado.

- Espera... ¿acabas de hacer una broma? ¿Tú? ¿Hiciste una broma?

- No veo el motivo por el cual las diversiones deban escapar a mi persona. Tengo el mismo potencial humorístico que cualquier humano.

- No, bueno, es que es raro. Eres muy serio y hablas siempre de forma compleja, incluso recién… pero es la primera vez que te escucho hacer un chiste.

- Tengo sentido del humor, pero eso no significa que ande de bufón para demostrarlo.

- Hmmm… ¿Tienes... los dedos enteros?

- ¿Qué? –la miró frunciendo el ceño– Por supuesto que sí.

- No es como si pudiera saberlo, nunca te vi sin esas garras. Podrías haberte lastimado los dedos en algún experimento científico, no sé.

- No, están bien. El metal resiste muy altas temperaturas, y ciertamente es protector y cómodo para manejar materiales peligrosos, en vez de usar pinzas, por ejemplo.

- Podrías sólo usarlas cuando tienes que hacer algo científico, pero las llevas todo el tiempo.

- Son elegantes.

- No, no lo son. Y entre tus guantes y las garras, no puedes sentir lo que tocas, ni cuando te tocan a ti.

Dicho eso, para demostrarle la diferencia, deslizó dos dedos por la mano enguantada de él, y luego los subió para tocarle la mejilla, ya que su cabeza era la única parte de piel que le veía.

- Hay una diferencia obvia, ¿no crees?, y no puedes sentir nada si no te las sacas. ¿No extrañas sentir las cosas con tus manos?

Xeno se había quedado muy quieto, sólo sus ojos la seguían con atención. Le había sorprendido mucho que ella le tocara la mano, pero más aún sentir sus pequeños y suaves dedos contra su piel, directamente en su cara, casi como una caricia. Había perdido la cuenta de cuántos años habían pasado desde que alguien le tocaba la cara. Estaban a la intemperie, por lo que los dedos de Kohaku estaban más bien fríos, no podía decir que sintió su calidez, aunque allí estaba también.

- Déjame hacer un experimento, ¿puedo?

Las palabras que ella dijo lo sacaron de sus pensamientos, y le veía una pequeña sonrisa casi pícara en su rostro. Asintió brevemente, no encontraba su voz para responderle con palabras, y no podía dejar de mirarla a los ojos, no salía de su sorpresa.

Esta vez ella tomó una mano de él para apoyarla contra su palma, y con la otra empezó a tironear de una de sus garras, hasta que se la sacó. La miró por todos lados con curiosidad, y luego siguió sacándole el resto. Con una sonrisa juguetona, se las puso en sus propios dedos, e hizo un movimiento como si fueran las garras de una leona, apodo que se había ganado con Senku, aunque nunca le había terminado de gustar. Le hizo ese gesto bromista al científico, pero él la miraba en silencio y su expresión no cambió ni un poco, por lo que se arrepintió del ridículo que podía estar haciendo y se las sacó. No fue nada difícil, era evidente que las manos de él eran más grandes que las de ella, y debían estar hechas a su medida.

Las apoyó sobre la falda de su vestido, para que no se perdieran en el oscuro y terroso suelo. No sabía si se estaba tomando demasiada confianza, pero ya que Xeno no se quejaba ni se corría, siguió. Con ambas manos, tiró del guante de él para sacárselo. Era una mano, era piel, nada más... pero era la primera vez que le veía las manos reales y eso le llamó la atención. Kohaku había visto y sentido las grandes y fuertes manos de Stan, pero las de Xeno eran un poco más finas y livianas, aunque sin duda eran las manos de un hombre adulto. Y pudo comprobar que tenía las manos sanas, incluso le sorprendió que sus dedos eran bastante "elegantes", como diría él, lo cual le sacó una sonrisa.

Lo miró a los ojos, ya que sentía que él no le quitaba los suyos de encima, y le vio esa misma expresión impasible...pero era como si escondieran cierta sorpresa e incredulidad, esos grandes ojos de pupilas más oscuras que la noche parecían no perderse un detalle de nada de lo que ella hacía. Para demostrar el punto de su "experimento", le tomó la otra mano, que el científico tenía cubierta todavía con el guante y las garras, y apoyó su palma contra la de él, subiéndolas a la altura de su rostro. Luego le tomó la otra mano desnuda, y apoyó su mano libre, haciendo lo mismo. Comprobó que las manos de Xeno eran bastante más largas que las de ella, pero era de esperarse.

- ¿Ves la diferencia? Puedo sentir la calidez de tu mano aquí –movió ligeramente los dedos que tocaban la piel de él–, pero no aquí. Y a ti debe pasarte lo mismo. Hmmm, ahora que lo pienso, o tus dedos están muy calientes, o los míos muy fríos... creo que es lo último, perdón. Pero es lo mismo, no puedes sentir ni el frío ni el calor con esas manos cubiertas.

Xeno seguía mirándola, tuvo que controlarse para no jadear de sorpresa al sentir la mano de Miss Kohaku contra la de él cuando ella conectó sus palmas.

- ¡Ja! Si no te molesta, voy a aprovechar que tu mano está tan calentita, comparada con la mía, para entrar en calor. No sé por qué, pero siempre sospeché que los hombres tienen las manos más calientes que las mujeres...Si así tengo las manos, seguro que mi cara también estará fría, pero bueno, no es como si pudiera…

La frase de Kohaku quedó inconclusa, cuando sintió la mano desnuda de Xeno separarse de su palma... pero para apoyarla delicadamente sobre su mejilla. Eso la sorprendió mucho, y sus ojos se dispararon hacia los de él. Sintió el calor, pero no sólo de la mano grande y cálida del científico, sino de sus propias mejillas, que comenzaron a arder. No pudo ni respirar por unos segundos, sólo podía fijarse en los oscuros ojos de él, que la miraban de una forma indescifrable, intensa. No se esperaba eso de él, siempre tan distante y serio, ni entendía por qué lo hacía, salvo que hubiera sido porque ella se quejó unos segundos antes de que debía de tener frío en la cara.

Con Stan se habían mirado a los ojos largo rato, pero era más bien un desafío, se sentía la tensión en el aire en ese momento, cuando apenas se conocían. Había sentido un magnetismo similar cuando él le cantó mirándola fijamente, pero, aun así, no era tan incómodo porque estaba escuchándolo cantar, y estaba lejos de ella, en la otra punta de la bañera. En cambio, ahora estaba a unos pocos centímetros de Xeno, y estaban en completo silencio, lo cual lo volvía todo un poco más intenso... aunque no del todo malo.

Se sorprendió de pensar eso, que no le desagradaba la sensación, aunque bien sabía que Xeno era el líder científico enemigo. Pero en ese momento, en ese lugar, y con lo que le estaba mostrando, no era su enemigo... era un hombre más. Sentía una curiosidad y fascinación similar a la que había sentido tanto tiempo con Senku, con la diferencia de que el peliverde nunca había hecho nada adrede para contentarla personalmente, a diferencia de Xeno. ¿Sería porque este hombre era un adulto más maduro? No tenía sentido que la consintiera tanto sabiendo que era una rehén... bueno, Stan también lo hacía, quizás era una costumbre de los estadounidenses.

No veía segundas intenciones, ni manipulaciones, cuando ambos tenían sus atenciones con ella, así como ella también era auténtica. Pero había un dejo de ternura oculta que se notaba mucho más en Xeno que en Stan. Quizás era porque el militar siempre había sido más osado y provocador, más desvergonzado y directo, en cambio el científico era mucho más correcto y caballeroso. No podía decidir si le gustaba una forma de ser más que la otra, ella era tan directa como Stan, pero a la vez le agradaba la sutileza y los modos de Xeno, sentía que la "contenían" más, y le daba la impresión que buscaba alejarla de todo peligro. Uno creaba los problemas, el otro los solucionaba… pero le estaban empezando a gustar cada vez más tanto los problemas como las soluciones.

Darse cuenta de eso le hizo latir el corazón un poco más rápido, y más porque el científico seguía mirándola fijo de esa forma indescifrable, sin decir nada, ¿tal vez, un poco más cerca?. Pero la tensión se deshizo en un segundo, cuando él pareció volver a la realidad, y se apartó rápidamente, como si hubiera hecho algo que no debía. Lo oyó carraspear un poco, y a pesar de la oscuridad de la noche, le pareció ver que tenía las mejillas más oscuras. ¿Se había sonrojado como ella, aquel hombre estoico?

- Ya es hora de volver, Miss Kohaku… tengo cosas que hacer, no me di cuenta del tiempo que pasó –Maldijo por dentro, en parte por las sensaciones que lo embargaron un momento antes, y en parte porque se había descuidado, había dejado a Stan sin comunicación, y sólo esperaba que no hubiera pasado nada decisivo en ese entonces.

- S-sí…

Rápidamente Xeno desarmó el trípode y guardó los binoculares, olvidándose que sus garras metálicas las tenía la joven todavía. Volvieron al castillo a paso rápido, y luego de que devolvió los objetos a la sala, le pidió a un guardia que acompañe a Miss Kohaku a su habitación. Cuando se dio vuelta para apurarse a su laboratorio, ella lo detuvo.

- Xeno… tus garras.

Ah, verdad. Recibió las diez piezas que tintinearon en sus manos, y apenas si pudo mirar a Kohaku a los ojos, antes de decirle "Buenas noches" y reemprender su camino. Se fue colocando las garras una a una mientras caminaba, y apenas llegó a su laboratorio, se sentó en la silla, con el corazón martillándole en el pecho, y se colocó los auriculares. Disimulando lo más que pudo para que no se note la alteración de su respiración y su voz, se quedó quieto y callado durante varios minutos, Stan no debía enterarse de su grave descuido, o se lo echaría en cara severamente. Tenía la esperanza de que no sucediera nada por las próximas horas, ya habían sido demasiadas emociones fuertes y confusas para una sola noche.

Pero entonces escuchó la voz de Max, el asistente de Luna, y su corazón se detuvo por segunda vez en la misma hora, cuando oyó las siguientes palabras:

"¡Hay un posible amigo de Xeno! Se llama Senku"

Buenaaas! Tanto tiempo xD. Ya no voy a "disculparme" más por el tiempo que tardo en actualizar jaja: Estudio, trabajo, la vida, ya saben… seguramente igual que ustedes, época difícil esta. No esperaba que fuera tan largo el capítulo, pero no podía dejar de escribir jeje. A veces me entusiasmo más porque las ideas y descripciones fluyen y pasan cosas como ésta jaja… y otras, simplemente soy más concreta y son más cortos. Además, ya sé a grandes rasgos qué van a pasar los próximos tres capítulos MUEJEJEE, así que acomodo y reparto para cortar en escenas "clave". Sé que aprecian capítulos largos, me lo han dicho, y se agradecen, porque otros lectores son como "Naah, mucho texto" xD

Ah! Lo de Kohaku, Chrome y Suika tocando instrumentos musicales es oficial, sucede en la primera novela ligera de Dr. Stone (hay un dibujo de Boichi de esa escena)

Bien, ya actualicé, "Otros Caminos", éste también… ahora se viene "No es ciencia, es amor". ¡Paciencia, ya llego! Si me pongo en esclava de la escritura, me sale lo cabrona, así que prefiero no presionarme (mucho xD), y que me tome el tiempo que me tiene que tomar para escribir un interesante capítulo, espero. En fin, pensé en voz alta jeje. Hasta el próximo capítulo!