Kohaku no pudo levantarse del piso por un buen rato, luego de que Xeno la hubiera dejado sola allí. Seguía sin poder creer que el científico, el líder enemigo, la había besado. ¿Por qué? No dejaba de preguntarse. De tanto enojo y reproches, a besarla… ¿qué demonios había pasado por la mente de él? Y para colmo, salió corriendo, sin decir una palabra. ¿Cómo podía estar tan sorprendido, y casi horrorizado, si él mismo la había detenido y besado? No era algo que pudiera pasar de la nada, sin pensarlo antes. ¿Acaso Xeno gustaba de ella? No, imposible, si apenas se conocían hacía una semana, y eran enemigos, ella era su rehén.

Podía creerlo de Stan, había desarrollado mucha más cercanía con él, compartían juntos cada comida, sin contar con que periódicamente le limpiaba y curaba las heridas, habían compartido un baño, hasta sin querer habían dormido juntos, y ni que hablar de lo que pasó en el avión hacía un rato nada más. Era igual de extraña la sensación porque también era su "enemigo" todavía, pero al menos tenía más sentido, no le sorprendería tanto. Pero Xeno… sí, había tenido un par de actitudes agradables con ella, entre el caleidoscopio, el baño caliente y medicinal, y la noche de las estrellas, pero siempre se lo veía incómodo y escurridizo, apenas si le ponía sostener la mirada por varios segundos. ¿Entonces, por qué…?

No podía encontrar una explicación lógica, por más que la buscara, no había forma de haber anticipado que sucediera algo como eso. Aunque lo único que tenía sentido, era que él había huido despavorido de aquel lugar, eso había sido lo único consecuente con su actitud. ¿Y ahora que hacía? ¿Esperaba a volver a cruzárselo en su camino? ¿Iba a buscarlo nuevamente? ¿Lo evitaba incómodamente? No sabía qué hacer, aunque tampoco estaba tan segura como para ir a buscarlo en ese momento y pedirle explicaciones, cuando apenas podía pensar con claridad, ni siquiera sabía si las palabras saldrían de su boca. Seguía sintiendo los suaves y cálidos labios de él, sus sorprendentemente fuertes manos rodeándola… había sido impactante, y demasiado para ese momento, y ahora las sensaciones volvían a ella como olas.

Mientras se recuperaba del shock, varios minutos pasaron, pero nadie interrumpió sus pensamientos, y Xeno tampoco volvió. Cuando por fin se serenó un poco y su corazón dejó de martillar contra su pecho, se puso de pie, y se dirigió a su habitación. Una vez allí, se dejó caer en la cama, y se cubrió los ojos con las manos. No importaba si los cerraba, si se los tapaba, o que tratara de pensar en otra cosa, la imagen del científico y las sensaciones de los besos le venían una y otra vez. Y todavía faltaban unas cuantas horas para que el día termine, mal que le pese. Llegó a la conclusión de que no podía hacer nada, y no tenía sentido darle más vueltas. Al menos no hasta que pudiera aclararlo personalmente. El problema iba a ser cómo.

Volvió a ver a Stan para la cena, que como siempre, él le llevaba a su habitación para compartirla con ella. No sabía si fue casualidad o no que los dos estaban bastante en silencio esa vez, aunque ella miraba más al piso que a cualquier otro lado. Quizás no había pensado muy bien antes de acceder a hacer eso en el avión con él. Ahora se sentía cohibida y un poco avergonzada, porque cada vez que lo miraba o lo tenía cerca, no podía dejar de pensar lo que había sucedido, e incluso cómo se había sentido de bien. Había sido muy atrevido e íntimo, mucho más que ese maldito beso que compartió con el científico…y todo en el mismo día. De ahora en adelante, mientras estuviese en ese castillo, iba a tener que seguir lidiando con él. Y con Xeno, sus dos captores, y líderes enemigos, con los dos había pasado algo que no sabía cómo sobrellevar, y algo impensado para un rehén.

- Kohaku, tu cara está hablando.

- ¿Eh? –se sobresaltó, saliendo de sus pensamientos.

- ¿Te estás preguntando por lo que pasó hoy?

¿Qué de todo? Sería una buena re-pregunta. ¿Despertarse en la misma cama con él, haber hecho esas cosas tan calientes e íntimas, o que Xeno la hubiera besado con inesperada pasión?

-Sí. No sé qué hacer –se sinceró.

- No sabes… ¿Acaso quieres hacer más? –Le preguntó con una sonrisa provocadora.

- No me refería a eso –lo miró molesta– Sino, cómo actuar ahora.

- No dijiste que no... –Acentuó su sonrisa– pero en cuanto a tu preocupación, sé cómo siempre. No hay mucho que decir. Tampoco hicimos todo.

- ¿Todo? –Creía entender a lo que se refería, pero le preocupaba lo amplio y desconocido que podía ser "todo".

- Eres virgen –Fue una afirmación.

- ¿Qué es ser virgen? –Preguntó ella, frunciendo el ceño.

Stan no se esperaba una pregunta tan básica, pero inmediatamente, en vez de tildarla de ignorante, se dio cuenta que "virgen" era una palabra bastante occidental, y hasta religiosa. Había oído a Kohaku hablar de dioses en plural, por lo cual no habían heredado la religión católica japonesa. Ahora tenía que pensar en una forma de explicarle eso, pero había un concepto que cualquiera entendía, por más primitivo que fuera.

- Cuando todavía no hiciste lo que se hace para tener hijos... o solo por placer, pero es el mismo acto. Tener sexo.

- Ah... no –se sonrojó intensamente, entendiendo perfectamente la explicación– No hice eso.

- Lo imaginaba. ¿Te besaron?

- Sí –"Hace unas horas" no era la respuesta que quería dar, aunque era la pura verdad.

- ¿Sólo con los labios?

- ¿Con qué más iba a ser? –Preguntó confundida, pero la sonrisa juguetona que le mostró Stan le dejó muy en claro que no era una pregunta tan obvia. Prefirió quedarse con la duda.

- Bueno, poco a poco. Creo que ya sé la respuesta, pero, ¿te tocaste alguna vez? –Era casi evidente la respuesta, pero quería comprobar qué tanto le costaba hablar de esos temas, si la vergüenza de esa joven podía más que la curiosidad.

- ¿Eh? –Dudaba que Stan hiciera preguntas tan tontas, y podía ser un error de traducción, pero no sabía del todo a lo que se refería, aunque ya se hacía una idea. Mejor quedar como ignorante e inocente, más con ese hombre tan directo, quizás eso evitaría que sea más atrevido– ¿Tocar… qué?

Stan no se mostró frustrado ni se burló con la pregunta inocente de ella, más bien su sonrisa se amplió, aunque Kohaku podía leer claramente en su rostro que no era una sonrisa de simpatía, vaya a saber qué estaba pensando en ese momento.

- Tus partes privadas.

- Ah… no.

Venía haciéndole preguntas cada vez más íntimas, y aunque le avergonzara escucharlas, y más aún contestarlas, trató de no dejarse intimidar. Le resultaba igualmente curioso la liviandad y despreocupación con que Stan hablaba de esos temas, pero lo hacía con seriedad, no se le había acercado ni la estaba mirando sugerentemente, lo hacía con tanta naturalidad como hablar de cualquier otra cosa. La realidad era que, en la aldea, esos temas no se hablaban libremente, o por lo menos ella no había estado en ese tipo de conversaciones antes. Quizás las tres hermanas más hermosas, Ruby, Garnet y Sapphire, sí sabrían más de eso, porque estaban mucho más interesadas en tener novio y esas cosas, pero Kohaku no.

Y entre los nuevos amigos del reino científico, tampoco habían surgido charlas o situaciones de ese tipo. Bueno, Ryusui y Mozu eran los más cercanos a Stan en cuanto a hablar con tanta facilidad de parejas, deseos y demás, evidentemente tenían mucha experiencia, pero tampoco habían tocado nunca un tema tan privado en frente de ella. Así que quizás era una buena oportunidad para saber más de temas "adultos", y el soldado no parecía juzgarla por su inexperiencia, más bien lo contrario. Le daba la sensación que quería… "iluminarla", educarla. Incluso le había dicho que seguirían como si nada hubiera pasado. Lo que se preguntaba Kohaku, era si él quería realmente eso, o si lo decía solo para no incomodarla más de lo que estaba, al menos por el momento.

- Lo suponía. Y asumo que nunca te miraste en detalle –Antes de que le preguntara "¿mirar qué?", decidió aclararlo de antemano. Le gustó que ella no se estuviera poniendo nerviosa, o que al menos fingiera que no, era segura– Mirarte lo que tienes entre las piernas.

- N-no.

Stan notó que, quizás inconscientemente, ella cerró las piernas de forma sutil. Definitivamente estaba tratando de no demostrar vergüenza, y consideró que no convenía seguir haciéndole preguntas, o ella se pondría a la defensiva. De todas formas, eso de "mirarse" no era tan fácil para una mujer como para un hombre, y más bien necesitaría un espejo, y no sabía si alguna vez habría tenido al alcance de su mano uno, para fines que no fueran científicos de los de su líder. Eso le dio una idea.

- Deberías hacerlo, conocer tu propio cuerpo –Decidió cambiar de tema– ¿Vas a decirle a Gen de esto?

Kohaku lo miró tensa, pero él no parecía enojado o que se lo fuera a impedir.

- No nací ayer, Kohaku –le dijo mirándola a los ojos– Deben hablar de todo lo que pasa aquí. Hazlo, no me molesta. Y si tienes dudas, él te explicará mejor en japonés.

La verdad era que Stan quería que el mago se enterase. Tenía muchas ganas de ver la expresión que ponía cuando ella se lo contara. Esos inocentes abrazos que compartían, y la cercanía que parecían tener... quería ver a ese zorro astuto sudar frío, al saber del acercamiento de Kohaku con él, y además que fuera voluntario de ella.

- No se te escapa nada –Fue un pensamiento, pero se dio cuenta que lo dijo en voz más alta de la que esperaba, y él le mostró una sonrisa que le dio un escalofrío, Stan estaba orgulloso de su fina observación de todo lo que lo rodeaba. Lo miró desafiante– Sí, lo hablaré.

- Bien –Asintió satisfecho. Como ya había terminado de comer, se puso de pie– Voy a traerte algo, ya vuelvo.

Kohaku siguió cenando su ración, ella no comía tan rápido como Stan, y se quedó pensando con curiosidad qué podía querer darle. Unos minutos después, el hombre volvió, y traía algo delgado en la mano, algo que Kohaku identificó de entre las herramientas científicas de Senku.

- ¿Un espejo? ¿Para qué?

- Ya sabes lo que es, mejor –O sea que el club de ciencia juvenil había fabricado espejos también, interesante– ¿Cómo lo conoces?

- Los hicieron para unas cámaras fotográficas –agarró el que Stan le acercó– ¿Para qué lo quiero ahora?

- Para que te conozcas un poco más, ya estás grande para no saber, y más si empezaste a "usarla" –sonrió brevemente cuando la vio sonrojada, su falta de vocabulario japonés le había servido en esa ocasión– Te lo dejo de tarea. Me voy, hasta mañana Kohaku. Diviértete.

Kohaku apenas respondió a la despedida con un murmullo, no podía creer lo que acababa de decirle Stan. Tenía que admitir que tenía un poco de razón, aunque había sido muy directo e íntimo, pero aun así le había impactado. Pero después de todo lo que había pasado ese día, su cuota de vergüenza había llegado al límite, y lo único que quería era irse a dormir y olvidar todo, al menos por el momento.

Desde la mañana siguiente, luego de dar infinitas vueltas en la cama sin haber podido olvidado nada de lo que sucedió con los dos hombres, Kohaku se decidió a hablar con Xeno sobre ese inexplicable beso, aunque se le revolvían las tripas de sólo pensarlo. Se había sentido bien aclararlo con Stan, así que esperaba que el científico también le diera sus propias respuestas. Eso sí, primero lo hablaría con Gen para ver lo que pensaba y le aconsejaba, el que entendía mucho mejor la mente humana era él. No podía imaginarse cómo lo tomaría el mentalista, pero siempre había sido muy comprensivo y compañero, así que tenía la esperanza de que la ayudara a calmar sus turbulentas emociones conflictuadas.

Luego del almuerzo, Stan la llevó hacia la sala donde tenía su conversación con Gen. Como habían hecho mientras comían el habitual intercambio idiomático, Kohaku tenía la esperanza de que el soldado hubiera olvidado lo de la noche anterior. Pero había sido demasiado inocente al respecto, ya estaba aprendiendo que Stan sobrevivía a base de alimentos, agua, y provocaciones.

- ¿Hiciste tu tarea? –Le preguntó con una fina sonrisa, luego de exhalar el humo del cigarro que fumaba.

- No.

- ¿Por qué?

- Porque no tenía ganas. No vas a obligarme.

- No. Pero no es por mí, es por ti –Hizo una pausa, y sonrió de forma felina– ¿Estás esperando a que otro lo haga por ti?

- ¡No!

- Vas en ese camino –Le contestó burlonamente al verla nerviosa, pero no la molestó más.

Cuando Kohaku vio a Gen en la enorme sala, se dio cuenta recién en ese momento que habían pasado dos días sin haberlo visto. Con tantas cosas en la cabeza desde la tarde anterior, no se había dado cuenta el alivio que sentía de volver a ver una cara amiga y confiable. Sin importarle nada, corrió hacia el mentalista y se lanzó sobre él para abrazarlo fuerte.

- Kohaku-chan… ¿estás bien? –Preguntó preocupado, devolviéndole el abrazo con dudas.

- Sí... no… no sé. ¿Cómo estás tú? –Recorrió con sus ojos la cara de Gen– Me dijeron que estuviste enfermo.

- Ah, sí… ya estoy mejor, como ves, mi querida Kohaku-chan –Una gran mentira, nunca se había enfermado, pero eso ella no tenía que saberlo, o su pellejo correría peligro– ¿Pero qué te pasó a ti?

- Me gustaría empezar desde la última noche que cenamos juntos, pero nuestro tiempo escasea, así que iré al grano –Aunque hacerlo no era tan fácil como decirlo, y se quedó callada.

- ¿Sí? –Gen la alentó, mirándola intrigado. Era raro que ella titubeara.

- Ayer… pasaron cosas con Stan, y con Xeno.

- ¿Qué tipo de cosas? –La observó en detalle, pero no veía marcas de golpes.

- Bueno, en el avión con Stan, eeh –¿cómo le decía a eso que hicieron? ¿habría una palabra del mundo moderno? – Empezó por accidente, yo estaba sentada encima de él, ¡pero porque estaba apreciando el vuelo desde el asiento de adelante! Y luego cuando aterrizamos, me moví, y él sintió…bueno, yo también… sentimos…cosas –dioses, ¿por qué titubeaba tanto ahora? Y para colmo se había puesto muy roja. Podía sentir la mirada de Stan a lo lejos, y sin verlo, podía asegurar que estaba sonriendo con malicia.

- Creo que entiendo, Kohaku-chan –le contestó Gen, conteniendo su expresión de sorpresa– Pasó algo un poco íntimo. Pero por tu expresión veo que no tienes miedo, así que puedo suponer que no te forzó.

- No, fue solo eso… e incluso me dio la oportunidad de irme de allí. Sé que es nuestro enemigo, pero no pude evitarlo, no quise irme –no podía mirar a Gen a los ojos ahora– No sé por qué, pero no me molestó como debería haberlo hecho. Es decir, al principio sí me indigné y todo, pero luego… no se sintió mal –admitió mirándolo de reojo con culpa– Sé que Stan es nuestro enemigo, pero…

- No es necesario que te expliques. Aunque seas una rehén, lo cierto es que no te tratan como una realmente, más allá de las restricciones obvias. Puedo ver que te llevas bien con él, lograron entenderse en este tiempo, y tú eres así de honesta, sin resentimientos.

- ¿No estás molesto?

- ¿Por qué lo estaría? Te dije que algo como esto podría pasar, y que incluso en el mundo moderno tenía un nombre, "síndrome de Estocolmo", en el cual las personas se enamoran de sus captores…

- ¡No estoy enamorada de Stan! –Lo interrumpió rápidamente– No es eso.

- Quizás no, pero sí confías en él, y debe gustarte un poco, o no hubieras dejado que pase algo así.

Kohaku se quedó callada, pensando en la afirmación de Gen. ¿Le gustaba Stan? Sabía que confiaba en él, pero ¿gustarle? ¿Quería que pase algo más? Y lo peor era que eso incluía en el dilema a Xeno. A pesar de que con el científico discutía más, sentía un nivel de confianza similar al de Stan, quizás un poco menor porque el líder era contradictorio en sus actitudes hacia ella.

- Lo curioso es que haya pasado tan repentino. De compartir comidas y enseñarse mutuamente sus idiomas a esto…

- Hmmm, no sé si diría tan repentino –dijo pensativa, y Gen la miró con curiosidad– No pasó nada, pero… la noche anterior, yo me sentía mal, y él me cuidó y… nos quedamos dormidos. Quiero decir, en la cama. ¡Pe-pero sólo fue eso, no pasó nada de nada! –se apresuró a aclarar.

- Ooh, ahora tiene más sentido de alguna forma –sonrió mínimamente Gen– La confianza se construye día a día, pero es inevitable sentir también más empatía por alguien que demuestra interés y cuidado con nosotros. Lo que me llama la atención es que él se haya quedado dormido contigo. Es verdad que no tiene nada que temer, su poder de ataque es por lejos mayor al tuyo, sin ofender.

- Sí, lo sé. Estaba cansado, no sé qué fue a hacer el día anterior, pero se lo veía cansado.

Gen se tensó inmediatamente, sabía el motivo de la ausencia de Stan, y sabía que los enemigos habían decidido no decirle el destino de Senku todavía. Lo que ellos no sabían, era que Gen con su auricular primitivo tenía la información de que el peliverde estaba vivo. Al borde de la muerte y en un estado muy delicado, pero vivo. Decidió cambiar de tema rápidamente.

- Kohaku-chan, dijiste que también pasó algo con Xeno…

- La noche que él compartió la cena conmigo en ausencia de Stan, me llevó a ver las estrellas en algo como un pequeño telescopio que armó, creo que lo hizo para animarme, pero ahora puedo reconocer que me miró de una forma especial… más cálida.

- ¿"Ahora"? ¿Qué cambió?

- Bueno… mientras que pasaba eso en el avión con Stan, Xeno nos encontró. Y se enfureció, mucho. Incluso le gritó a Stan, aunque al otro no pareció importarle, creo que más bien se lo tomó con humor, raro.

- No tan raro –murmuró Gen, sonriendo maliciosamente– No puedo creerlo igual, habrá sido incómodo.

- Y que lo digas –se estremeció y se sonrojó– Fui tras él, no sé por qué, pero sentía que quería explicarle, y terminamos discutiendo… tampoco sé por qué. Cuando me estaba por ir, enojada, me detuvo, y… –dejó de hablar y cerró los ojos brevemente, recordando.

- ¿Y? –La animó.

- Me besó.

- ¿Te…besó? –Los ojos de Gen se abrieron desmesuradamente– ¿Xeno te besó?

- Sí. Y fue… intenso, nunca me habían besado así –se corrigió, haciendo una mueca– Nunca me habían besado antes tampoco. Pero lo más raro fue que después pareció asustarse, como si él mismo estuviese sorprendido, no sé… y se fue rápido de allí. No lo volví a ver todavía, así que no sé qué pasará con él.

- Ya veo… nunca pensé que funcionaría tan bien el plan. No uno, sino que tienes a los dos líderes enemigos irreconocibles y a tus pies. Eres tan efectiva que asustas, Kohaku-chan.

- No tiene nada que ver con el plan, no fue adrede –Se cruzó de brazos, molesta– Ni yo entiendo cómo pasó esto, si te soy sincera, no me entregaría tan fácil por algo así.

- ¿Pero sí lo harías por otro motivo? –Le preguntó, astuto.

- ¿Qué dices…? –Se quedó ligeramente boquiabierta, y sonrojada. Esa pregunta le hacía acordar a otra persona, más que al mentalista– Creo que te estás juntando demasiado con Stan últimamente, él se especializa en ese tipo de preguntas incómodas.

- ¿Te ha hecho otro tipo de preguntas incómodas? –Ah, el inconsciente. Kohaku era una delicia para cualquier mínimo conocedor de psicología, dejando entrever sin darse cuenta las cosas que pasaban por su mente, pero que no se le escapaban a él, y al parecer tampoco al soldado.

- ¿Cómo sabes?

- Eres un libro abierto cuando hablas, Kohaku-chan, es irresistible. No lo sabía, pero por las palabras que usas al expresarte, resulta obvio para un mentalista lo que estás pensando, o lo que te estás guardando. Tus ojos y tu expresión corporal también hablan a gritos, y aunque intentes disimular, tu instinto de alguna u otra forma el inconsciente lo hará salir.

- ¿El inconsciente? ¿Qué es eso?

- Ah… no, olvídalo por ahora. Es un término moderno del estudio de la mente, pero no perdamos tiempo en eso. Lo que quiero decir, es que no puedes mentirte a ti misma, y aunque intentes ocultarte a ti misma o a otra persona cosas que piensas o sientes, el que sabe leer entre líneas lo que dices, o percibe algunos gestos o expresiones tuyas, se da cuenta que "algo falta". Pero volvamos a lo que me decías.

- Hmm ya veo. Anoche Stan me dijo algo parecido, dijo "tu cara está hablando".

- Es que eres muy expresiva y sincera con tus pensamientos. Stanley es muy observador.

- Lo es. Incluso me preguntó si iba a hablarte de lo que pasó en el avión. No de lo de Xeno, porque creo que no lo sabe. Y me dio a entender que no es tonto o inocente, que sabe perfectamente que hablamos de lo que pasa en el castillo en estas charlas.

- Me lo imaginaba –suspiró Gen– Tampoco hay que ser muy inteligente para darse cuenta, pero que te lo diga directamente… no sé si tenemos que tenerle más miedo a él o a Xeno, aunque la balanza se inclina hacia el lado de Stan. Me hace acordar a Tsukasa, es habilidad y fuerza de combate, sumado a una gran inteligencia y comprensión de la situación, y júntalos con algún científico, y tienes un dúo muy desafiante, como mínimo. Mientras estén en el mismo equipo, son casi invencibles.

- ¡Ja! Pero por eso es que nuestra idea es unir fuerzas, y no que sean nuestros enemigos por siempre, ¿no?

- Es la idea, pero nada nos asegura que compartan el ideal.

- Me cuesta verlos como enemigos, lo admito –agregó, desanimada– No quisiera luchar contra ellos. Pero si logramos convencer al menos a uno… quizás…

- Sí, veremos. Pero mientras tanto, permíteme preguntarte, Kohaku-chan ¿qué vas a hacer con tu situación?

- ¿Mi "situación"?

- En vista a lo sucedido, cómo vas a interactuar con ambos de ahora en más.

- ¿Cómo me recomiendas, Gen?

-Yo pregunté primero, Kohaku-chan –le dijo con voz cantarina– Puedo darte mi opinión, pero de nada sirve si va contra tus intereses, como ya dijiste.

- Me faltó decirte que con Stan lo hablamos anoche. Me dijo que sigamos como siempre, que como no pasó "todo", tampoco es la gran cosa. No le dio mucha importancia, parece. Creo que es mejor así, que quede atrás.

- ¿Y con Xeno?

- No hablé con él todavía. Pero hoy me decidí a hacerlo, quizás tenga la misma actitud que Stan. Ojalá que sí.

- Eso lo dudo.

- ¿Eh? ¿Por qué?

- ¿No dijiste que prácticamente salió corriendo? Eso significa que no aceptó lo que él mismo hizo. Es decir, puede que también prefiera olvidarlo, pero no de la misma forma que Stan.

- Entiendo… con más razón entonces, voy a hablar con él.

- Te deseo suerte, Kohaku-chan. Solamente tú puedes ser tan directa y temeraria como para cuestionar al líder enemigo y no pagar las consecuencias por tu "atrevimiento". Bueno, con los dos tienes esa peculiaridad, es más que interesante de ver.

- Gen, ahora dime tú qué piensas que debería hacer –le dijo, mirándolo a los ojos. Lo veía tranquilo, pero seguía pensando que no debía de ser fácil escuchar eso, ni siquiera para él.

- No puedo juzgar tus sentimientos o motivaciones, ni decirte cómo debes actuar, mi querida Kohaku-chan –levantó una mano para apoyarla en la mejilla de ella, mientras la miraba con comprensión– Lo siento, pero esta vez no puedo ayudarte en eso. Lo único que puedo decirte, es que las emociones humanas son complejas, y que no te sientas culpable de lo que sientes o pasa con cualquiera de ellos… o con los dos. La única que tiene la respuesta, o puede encontrarlas, eres tú. Y que lo que sea que hagas, sea porque quieres. Si lo haces de esa forma, no tendrás arrepentimientos, serás auténtica.

- Gracias, Gen. No voy a negar que sentía un poco de culpa, o como si los estuviera traicionando a todos.

- No confundas las cosas. "Traición" sería si te pasas al bando enemigo, y los ayudas para someter o lastimar a nuestros amigos. Pero no estoy tan seguro de considerar una traición a algo que sientes, tú o Xeno o Stan, si es con buena voluntad, o con sentimientos positivos. Quién sabe, a veces los cambios de corazón vienen de otros… cambios de corazón –le guiñó un ojo.

- Entiendo. Gracias, Gen –le sonrió y se acercó a él para abrazarlo– No sabes cuánto necesitaba tus palabras. Bueno, a ti, en general. Admiro esa forma de ver las cosas que tienes, libre de prejuicios, sin condenar a nadie.

- No olvides que yo fui el primero en "traicionar" a los míos, Kohaku-chan –le respondió con una sonrisita, mientras le devolvía el abrazo– Probablemente la mía fue la primera mentira y traición del mundo de piedra, pobre Tsukasa-chan. Así que sé lo que te digo. Pero a pesar de eso, no me arrepiento de nada, porque sé que lo hice siguiendo mis ideales, y también para el bien del mundo, como quedó demostrado. Quién sabe, quizás esta vez tú seas el comodín en este juego, e inclines la balanza hacia nuestro lado.

- Creo que me gustaría hacerlo, si eso significa que no va a correr sangre y que habrá más chances de unir fuerzas para ayudar a reestablecer la civilización de lo que era el mundo moderno. Estoy segura que Xeno y Stan también quieren hacerlo, de una forma u otra.

Kohaku soltó un largo suspiro, rogando internamente porque así sea, contenida por los cálidos brazos de su Gen, que curiosamente la relajaban y le daban más seguridad. El mentalista podía ser manipulador y escurridizo, pero tenía un corazón enorme. Quería protegerlo, definitivamente.

- Eeh… Kohaku-chan –le susurró Gen– Me da la impresión que nuestro tiempo terminó, pero no veo que Stan se nos acerque a poner fin a la reunión, y ciertamente está en esta habitación observando.

- Es verdad. Creo que lo decía en serio lo de que yo pudiera hablarte sobre esto. ¿Debería agradecerle?

- Me temo que, si le agradeces, ya lo tendrás atado a tu dedo meñique, mi querida Kohaku-chan.

- Creo que lo mejor sería que no abuse de su generosidad. Voy a ser yo la que termine por hoy nuestra charla –se separó del abrazo.

- Me parece una gran idea, y seguro lo sorprenderás. Hasta mañana, Kohaku-chan.

La rubia asintió con seguridad, y se dio vuelta para caminar hacia Stan, que efectivamente había alzado las cejas con un poco de sorpresa.

- Gracias por el tiempo extra, Stan.

- De nada –le sonrió, mientras soltaba el humo del cigarro a un costado.

- Quiero ir a hablar con Xeno también, ahora si es posible.

Stan la miró fijo, preguntándose qué había hablado con el mago como para tener ese pedido. Sabía que ella había ido atrás de su amigo la tarde anterior, pero curiosamente no se lo cruzó en su camino como para preguntarle. Pero le gustaba la mirada en los ojos determinada de la chica, y le interesaba saber qué tenía para decirle a Xeno, pero tendría que preguntárselo luego a él.

- De acuerdo, ve.

- ¿Eh? ¿No me vas a acompañar? –Le preguntó sorprendida.

- No, es derecho por ese pasillo, y no vas a escaparte. Si fuese por mí te dejaría libre en el castillo, pero no es mi decisión –se encogió de hombros– No soy tu perro guardián tampoco.

- Bien… gracias por la confianza –le sonrió mientras asentía– Nos vemos luego.

Stan parpadeó un par de veces, con una sonrisa divertida en el rostro. Era la primera vez que ella se despedía animadamente de él, confiada en que se verían. Era algo obvio, dadas las circunstancias, pero le sacó una honesta sonrisa de satisfacción.

Kohaku se dirigió al estudio de Xeno, donde el soldado le señaló que estaría. Tocó la puerta, un poco ansiosa por no saber con qué iba a encontrarse, y Xeno contestó con un "adelante", sin molestarse en preguntar quién era. Evidentemente no se esperaba que fuese ella, porque en cuanto la vio abrió mucho los ojos y fue visible la forma en que se tensó.

- Buenas tardes, Xeno.

- Buenas tardes, Miss Kohaku –contestó, cauteloso– ¿Qué necesitas?

- Hablar contigo –No eran buenas señales la forma en que la recibió, pero no se iba a echar atrás.

- Eso es evidente, o no estarías acá –dijo mordazmente.

- Sí, bueno… pero te estoy diciendo que vengo a hablar solamente, no que necesito otra cosa.

- Habla entonces.

- Me gustaría hablar de lo que pasó ayer.

- No hay nada que hablar.

- ¿No? –Frunció el ceño– A mí me parece que sí. ¿Vas a ignorar el hecho de que me besaste?... ¿Y que luego te fuiste sin decir palabra?

Xeno la miró en silencio, pero Kohaku notó que el científico había apretado la mandíbula. Gen había tenido razón, eso no estaba resultando nada parecido a la conversación con Stan. Cuando pasaron varios incómodos segundos en silencio, se decidió a repreguntar, lo único que quería saber.

- ¿Por qué lo hiciste?

Parecía que el peliblanco tampoco iba a contestar, pero respiró profundamente, y lo hizo.

- Fue un impulso ilógico.

Kohaku se quedó con la boca abierta. No esperaba esa respuesta simple, y que al mismo tiempo no decía nada. Para colmo le hizo acordar mucho a Senku, y su terca visión "complicada" de las relaciones románticas. No era lo que quería volver a escuchar, sobre todo porque la diferencia era que quien se lo decía ahora, la había besado voluntariamente, aunque no lo quisiera admitir. Por lo menos Senku había sido consecuente y jamás le había tocado un pelo, no tenía nada que criticarle, lo pensaba y actuaba sin contradecirse, y no podía decir lo mismo de Xeno ahora.

- Impulso o no, lógico o ilógico, me besaste. Creo que tengo derecho a saber por qué lo hiciste, más sabiendo que segundos antes estábamos discutiendo. Coincido que fue ilógico, pero me sigo preguntando por qué tuviste el impulso.

Ya está, lo había dicho. Más directo imposible, no había forma de que la esquive ahora. Y esa realización pareció ser compartida con el científico, que estrechó los ojos y la miró de forma dura, evidentemente molesto con el acorralamiento.

- ¿Quién te crees que eres para cuestionarme así y exigirme una respuesta?

- Soy quien soy, una persona de carne y hueso como tú. También soy tu rehén, pero parece que eso no te impidió hacer lo que hiciste –Contestó desafiante– Por lo menos Stan no tuvo problema en darme una respuesta.

- No, me imagino que no –respondió con un siseo el científico.

- Ayer te dije que no teníamos nada que hablar hasta que te decidas a ser honesto conmigo, pero eso cambió en cuanto me besaste. Si decidiste seguir con la misma actitud, ya sabes también cuál será la mía, pero eso será luego de que me des la respuesta que merezco. ¿En qué pensaste para haber hecho eso?

- Si lo hubiera pensado un poco más, no lo habría hecho –le respondió cortante.

Kohaku se quedó callada luego de escuchar eso. No estaba encantada con que un enemigo fuera el que la había besado así, y por primera vez, pero lo que más le estaba doliendo ahora era que él dijera abiertamente lo arrepentido que estaba de haberlo hecho.

- Nunca me habían besado antes –confesó Kohaku, sonrojada, y vio cómo los ojos de Xeno se abrían mucho– No voy a hacer un drama de eso, tampoco es la gran cosa. Pero... si estás tan arrepentido, preferiría que nunca hubiera pasado. Si vas a besar a alguien, hazlo apropiadamente, porque...

- ¿Apropiadamente? –Murmuró el científico sorprendido, pero ella no lo escuchó. Su actitud abandonó toda hostilidad al pensar lo que realmente significaba esa palabra.

- Porque es horrible que quien te besa por primera vez, esté arrepentido y te lo diga en la cara, más allá de que seas o no mi enemigo. Es como que... lo echaste a perder –dijo mirando al piso, desilusionada.

- ¿Tú quieres…?

Por primera vez en años, Xeno no pudo terminar una frase. No sólo Kohaku no había ido a hablar con él para insultarlo o reclamarle que había hecho una locura al besarla, lo cual era, sino en su lugar había ido buscar respuestas de por qué lo había hecho. Y ahora estaba dejando entrever que lo que le molestaba, en todo caso, fue que él no la hubiera besado a consciencia. Es decir, si entendía bien, el mensaje era que ella hubiera preferido que la bese "apropiadamente", en lugar de no besarla para nada. ¿Desde cuándo se sentía así ella?

Era inaudito, impensable, que hubieran desarrollado ese tipo de interés en poco más de una semana. Sí, seguro se consideraban mutuamente intrigantes e interesantes, tan distintas sus personalidades, experiencias y formas de ver la vida, pero de eso a que se despertaran pasiones mucho más emocionales entre enemigos era algo que no tenía precedentes. Y él… no quería admitirlo, pero se había encontrado con que esa joven despertaba mucha curiosidad e interés en él, y no precisamente científico, así como despertaba reacciones viscerales en él, hasta ilógicas. Haberla visto con Stan le había quemado las entrañas, pero porque una parte de él sintió que ese podía ser su lugar. Bueno, quizás no ese, él sería más elegante y menos indecente en un primer acercamiento, pero sintió que su amigo le estaba robando la oportunidad.

Y ahora, luego de ese impulso que lo llevó a besarla, a retenerla de alguna forma para mostrarle que había otra opción, resultaba ser que el que había huido despavorido y arrepentido había sido él, y no ella. Y por lo que parecía, le estaba dejando un hueco para que él enmendara su error. Lo último que quería era dejarle una experiencia tan amarga, por culpa suya y de sus impulsos, y de negarse y reprimirse como Stan le había dicho una y otra vez. No sabía qué podría pasar después de ese momento, por primera vez en la vida no tenía un plan ni estaba seguro de lo que estaba haciendo, salvo que buena parte de su prodigioso cerebro le advertía que no era recomendable seguir con eso, que complicaría demasiado las cosas. No solamente con Kohaku, sino con Stan. Pero tampoco podía dejarla así, ni quería.

¿Por qué tenía que ser siempre él el "medido"? ¿Dónde había quedado el Xeno arriesgado, que jugaba con los límites absurdamente impuestos, el que iba más allá sin tenerle miedo a las consecuencias? En su momento lo había pagado con una breve estadía en prisión, y luego de eso se "reformó" y adoptó la mentalidad estratégica, poderosa y elegante que mantenía hasta el presente, pero eso no quería decir que se había convertido en un tibio. Se había acostumbrado a esa forma de ser ejemplar y precavida, pero solamente para que nadie prejuzgue sus métodos y sus resultados, no porque no podía ser de otra forma. Y porque con alguien como Stan a su lado, que era tan inteligente, estratega y letalmente habilidoso, tenía que tener la mente muy clara para liderarlo, a él y a todo el séquito de profesionales militares que los acompañaban.

Bueno, en vez de quejarse y lamentarse, ahora tenía la oportunidad de redimirse y de demostrar que no era segundo de nadie, y que no era casualidad que aquella joven estuviese ahí por voluntad propia, cuestionándole por qué no fue decidido, por qué se retractaba.

Kohaku seguía mirando el piso, segura de lo que había dicho, pero al mismo tiempo pensando si no había abierto demasiado la boca. ¿Acababa de reclamarle a Xeno en la cara…? Pero antes de que pudiera arrepentirse de su impulsividad y de hablar antes de pensar, levantó la vista cuando percibió por el rabillo del ojo que el hombre se estaba acercando, aunque no le había contestado nada todavía, luego de su reproche. Otra vez esa mirada profunda y compleja, que no podía entender del todo, se leía en los ojos oscuros del científico. Pero algo había cambiado esta vez, Xeno estaba sereno y hasta parecía más alto, no había rastro de su anterior irritación porque ella lo hubiera acorralado con preguntas que no quería contestar. La curiosidad se despertó en ella cuando se dio cuenta de aquel repentino cambio.

- ¿Xeno? ¿Qué…?

- "Apropiadamente", dijiste –Se acercó más a ella, mirándola intensamente– No puedo volver el tiempo atrás, pero puedo hacer esto.

Antes de que alguna otra palabra intentara salir de la boca de Kohaku, Xeno apoyó su mano en la mejilla de ella, y se acercó para apoyar una vez más sus labios contra los de ella. Pero no iba a ser un beso desesperado y urgente como el primero, el cual había sido dado con miedo de que ella escapase de su alcance, sino que esta vez estaba seguro que ella lo aceptaría, y que él quería darlo. Le besó largamente el labio superior, y mientras la mano que descansaba en su mejilla bajó por su fino cuello y rodeó su brazo y su espalda, conteniéndola. Debía estar sorprendida, porque no la sentía corresponderle, pero tampoco se había alejado, lo cual era una buena señal. Convirtió el beso en un ligerísimo roce de labios, sólo para besar ahora su suave y carnoso labio inferior, mientras que al mismo tiempo con su otra mano rodeaba la cintura de la joven, y la acercaba a él. Ni un rayo de luz se filtraba entre sus cuerpos ahora.

Quería que fuese un beso delicado, para compensar lo descuidado e impulsivo que había sido la primera vez, por lo que se tomó su tiempo para repetir esas suaves caricias en los labios de ella, disfrutando él mismo esa cálida sensación que no sentía hacía tantos años, deleitándose con el sonido de sus labios separándose. Eventualmente sintió que ella también comenzó a corresponderle mínimamente, y tuvo que contener un jadeo cuando ella posó sus manos en el pecho de él, no para empujarlo, sino para apretar sus manos en suaves puños, más bien atrayéndolo. Eso era la prueba definitiva que ella quería eso, tanto como él. No tenía explicación, ni lógica, y era a todas luces la peor idea que ambos habían tenido, pero en ese momento no eso no le importó a ninguno.

Se separó brevemente de ella, y se miraron con los ojos entrecerrados tan cerca que sus narices se rozaban, y sus respiraciones se mezclaban en el aire que compartían en el mínimo espacio que los separaba. Podía ser ese el fin del beso con el que se estaba redimiendo, pero para su sorpresa, fue Kohaku quien volvió a recortar la distancia y apoyó tímidamente sus labios contra los de él. ¿Quería más…? Esa vez fue él el que dudó por un momento en corresponderle, pero de lo sorprendido que estaba, definitivamente no había vuelta atrás ahora, no había más arrepentimientos, ni excusas. Ninguno había soltado el cuerpo del otro todavía tampoco.

No era momento de dudas, ya estaban condenados en secreto, así que Xeno se decidió a volver a besarla, ya no tan delicadamente esta vez, se parecía cada vez más al apasionado primer beso que le había dado. Los suaves gemidos de Kohaku se ahogaban en la boca de él, y una sensación eléctrica y excitante lo recorrió entero, ese pequeño sonido era muy estimulante. La apretó más contra él con la mano que rodeaba su cintura, mientras que volvió a subir la otra hasta el cuello y la nuca de ella, asegurándose que no se alejara ni un centímetro, besándola de una forma mucho más intensa y demandante. Kohaku todavía se estaba acostumbrando a eso, no alcanzaba a seguirle el ritmo, pero no lo hacía mal, incluso lo incitaba el ver a la siempre contestona y temeraria joven un paso detrás de él en algo que no sea científico.

Eventualmente tuvieron que separarse para recuperar el aire, y Xeno sí tomó más distancia esa vez, satisfecho con el momento que habían compartido. No podía seguir, o las cosas se le irían de las manos. Además, en una parte de su cabeza todavía resonaba la pregunta de cómo actuarían a continuación luego de ese consentido beso. Si no podían manejarlo con comodidad, mucho menos podían siquiera pensar en otra cosa. ¿Qué… estaba pensando? Se sorprendió a sí mismo con ese pensamiento. De pronto no le pareció tan indignante lo que había hecho Stan con ella, era el "paso previo" a otras acciones más íntimas, pero no tenía que olvidar que Miss Kohaku no había estado nunca de esa forma con un hombre, y aunque considerara hacerlo, no tenían la protección adecuada. Lo único que le faltaba era embarazar a su joven rehén por ceder a los impulsos de su pasión latente. No… tenía que alejarse antes de que hiciera algo de lo que verdaderamente pudiera arrepentirse, pero esta vez lo haría con más delicadeza.

- Miss Kohaku… ¿ese sí te ha parecido un beso "apropiado"? –Le dijo suavemente, ahora con una pequeña sonrisa en los labios.

- Sí… –Murmuró sonrojada, volviendo a la realidad. Aunque lo que había sucedido, y ver esa mirada cálida de Xeno no parecían reales. Ni su actitud tan opuesta a la de cuando habían comenzado a hablar.

- Entonces retira lo dicho sobre que lo eché a perder.

Kohaku lo miró, cautivada por el tono de voz con que se lo había dicho. No había sido una pregunta, ni era un pedido, sino más como una exigencia, pero podía leer en los oscuros orbes de él que necesitaba esa confirmación, como si le hubiera dolido la declaración de ella. Se dio cuenta que no la había soltado, seguía entre sus brazos, aunque Xeno había aflojado un poco su agarre. Tenía tantas preguntas, todavía no podía dejar de pensar en que no sólo había vuelto a suceder algo así con el científico, sino que incluso esa última vez ella también lo había buscado. Tragó duro al darse cuenta de eso, había sido tal como con Stan, cuando ella cedió a lo bien que se sintió con él en el avión, y se olvidó de todo para seguir buscando de forma entusiasta más de ese placer nuevo que el soldado le estaba dando. Y ahora con Xeno, lo mismo. Por todos los dioses… ¿qué estaba pasando con ella, y con ellos?

- Sí –Era todo lo que podía decirle, hipnotizada por aquella mirada demandante.

- ¿Sí qué, Miss Kohaku? –Insistió, con una incipiente sonrisa, y el tono de voz más grave, tan demandante como su mirada.

- Que…ya no echaste a perder.

- Me complace oírlo –le dijo más suave, asintiendo ligeramente.

Dioses… la voz del científico con esa última frase le hizo saltarse varios latidos a su corazón, además de provocarle otro tirón interno que la hizo estremecerse. Pero luego Xeno retiró sus manos del cuerpo de ella, y poco a poco volvió a la realidad. Como si nada hubiera pasado, pero esta vez con esa mínima sonrisa plantada en el rostro, el científico caminó hasta volver a su escritorio, y se sentó en la silla que había detrás, cruzando las piernas, y sin decir nada más. Kohaku lo siguió con la mirada, muda, preguntándose qué hacer a continuación. Ella no podía sonreír, pero por lo anonadada que se encontraba. Una vez más, Xeno la había sorprendido, y cuánto. Cuando su cerebro decidió terminar de volver a la realidad, se dio cuenta que no tenía sentido que se quede ahí parada, y él no parecía que fuera a decir nada más.

- Eh… bueno, me voy.

- Hasta luego, Miss Kohaku

La rubia salió de allí, tratando de caminar lo más dignamente que podía, aunque sentía que sus piernas no le respondían con la coordinación de siempre. Cerró la puerta tras ella, y agradeció que no estuviera Stan ahí, o iba a sospechar que algo había pasado, tan confiada había sido su actitud antes. No pensaba decirle lo que había sucedido con Xeno, tampoco era necesario, en especial porque no sabía si iba a volverse a repetir. Volvió a su habitación, caminando lentamente, moviéndose por inercia, mientras le volvían a la mente y al cuerpo ecos de imágenes y sensaciones de su reciente situación, acelerándole la respiración y sonrojándola cada tanto. Si alguien la veía de cerca, de seguro no sabría qué pensar, pero por suerte sólo la observó en silencio el guardia que custodiaba el piso de su habitación. Lo único que pudo hacer después, fue tirarse en la acolchonada cama, sin poder creer lo que había pasado.

Xeno, en ese momento quedando solo nuevamente, inclinó la cabeza hacia atrás, mirando al techo de la sala, y soltó una breve risa para sí mismo. Lo había hecho, había mandado todos sus preconceptos y dudas al demonio, y había cedido a sus deseos, a los que pujaban por salir hace varios días, ganándole la pulseada a todos sus principios lógicos. Se sentía extrañamente bien, poderoso incluso, aunque era un tipo de satisfacción completamente distinta a la que venía obteniendo los últimos años con todos sus logros científicos y con el éxito de su ambición. Era una sensación que brotaba de los más profundo de su cuerpo, de sus entrañas, y lo recorría entero con una sensación eléctrica y extática. Se sentía libre, como nunca antes. Y lo curioso, es que no le había ganado a nadie más que a sí mismo.

Había dado rienda a una parte de su deseo más visceral, y lo había disfrutado más de lo que pensaba, dejando atrás sus propias limitaciones. ¿Sería por eso que Stan tenía ese tipo de expresión en su rostro siempre? ¿Porque sabía que podía hacer siempre lo que se proponía, y lo que quería? "Yo puedo", desde que eran chicos, esa había sido la frase de cabecera de su amigo, y todo lo que hacía después de esa declaración, era ciertamente la prueba de eso. Esa sonrisa confiada y provocadora que tanto le había molestado ver, en el fondo con un poco de envidia, ahora la tenía plasmada en su propio rostro. Claro que las circunstancias eran distintas ahora, porque lo que hizo dependía también del consentimiento de otra persona. Pero en cuando supo que lo tenía, que Miss Kohaku no lo iba a rechazar, lo único que lo retenía era él a sí mismo.

Sí, había salido de su propia sombra que lo encadenaba, y la sensación era maravillosa. En ese momento la siguiente pregunta era cómo seguir, pero de seguro no volvería sobre sus pasos. No pretendía iniciar una relación romántica con su rehén, pero lo que sea que pudiera suceder en el medio, ya no lo veía como algo indigno. Volvió a reír para sí mismo, todavía regodeándose de la sensación de haber roto sus propias cadenas. Podía parecer una exageración, pero se sentía así hacía tiempo, desde que se había dejado pisotear por todas esas personas que denostaban su ciencia y le ponían palos en la rueda, envidiosos y temerosos de sus avances prodigiosos. Y había caído en ese abismo porque le preocupaba el rechazo de los demás si volvía a su temerario "yo joven", aquel que no se autoimponía los límites antes de empezar. La mirada y la crítica ajena, su miedo al rechazo y a la pérdida de credibilidad, habían hecho estragos en su potencial, poniéndose una cadena a sí mismo. Pero ya no más.

Definitivamente tenía que agradecerle a Stan por todas esas duras palabras, esas provocaciones, que, aunque había odiado a todas y cada una, el "lo estoy haciendo por tu bien" había sido cierto. Si antes creía que podía dominar el mundo con todo su poder y su ciencia, ahora era un nuevo nivel de confianza y determinación. Y a Kohaku también tenía que agradecerle, por ponerlo en jaque y llevarlo al límite, en el cual tuviera que decidir entre todo o nada. Quizás no tenía nada que ver con su ambición y su ciencia dominante, pero sí con recobrar su confianza, su sentido de logro. Y también, volver a reconocerse como un hombre, y aceptar toda su naturaleza, lo cual había descuidado con el peso de todas sus frustraciones anteriores. ¿Por qué se había negado tanto tiempo lo bien que se sentía ese tipo de contacto apasionado como el que había experimentado hacía unos minutos? Era otra faceta de su humanidad, y extrañamente lo había revitalizado de una forma nueva.

Mientras se regocijaba del soplo de aire fresco que lo atravesaba, escuchó la voz de Stan del otro lado de la puerta.

- ¿Xeno, estás ahí?

- Sí, Stan, pasa.

Excelente, justo lo que quería. El soldado de pelo platinado entró en su estudio, como siempre con esa expresión confiada plasmada en todo su ser. Ni bien hicieron contacto visual, lo vio alzar una ceja con curiosidad. Stan era demasiado rápido para analizar las situaciones, cualesquiera sean.

- ¿Sucedió algo bueno?

- Sí, así es.

- ¿Quieres compartir las noticias? ¿O sigues resentido por lo de ayer? –Añadió burlón.

- Con gusto. Ayer la situación me tomó por sorpresa, pero después de reflexionar y de nuevos puntos de vista, te puedo asegurar que ya no hay una pizca de molestia en mí.

- Oh, puedo verlo. Tienes otra energía, parece que te saliste del papel de víctima. Me alegro por ti. ¿A qué se debió el cambio?

- Miss Kohaku fue el disparador –sonrió cuando vio la cara de sorpresa e interés en el rostro de Stan.

- ¿Y qué hizo nuestra estimada princesa? No voy a mentir, sé que venía hacia aquí. Quería asegurarme de que todo estuviera bien.

- Sí, lo está. De hecho, me siento mejor que nunca. No hizo nada especial, salvo pedirme explicaciones de qué me impulsó ayer a besarla.

El goce que recorrió a Xeno al ver a Stan quedarse ligeramente boquiabierto y turbado fue de lo más placentero. Y que no supiera nada y poder ver su sorpresa de primera mano, fue la frutilla del postre.

- ¿Tú besaste a Kohaku ayer? –Preguntó incrédulo– ¿Después de que estallaste como un desquiciado al vernos en esa situación bastante íntima? ¿Y después de tanto negarme en la cara que te interesaba?

- Sí. Reconozco que ayer no estaba seguro ni siquiera cuando lo hice, mi cuerpo se movió solo, y sinceramente estaba arrepentido de mi impulso primitivo. Pero hoy Miss Kohaku volvió, y me dio a entender que no estaba para nada ofendida con mi atrevimiento, sino con que no había hecho a consciencia mi trabajo. Y para compensarla, esta vez lo hice.

- Ya veo. ¿Y, Qué tal?

- Excelente, tenías que haber visto su cara cuando se fue. Reconoció que fue su primer beso, y ahora el segundo también, y parece que quedó bastante satisfecha.

- Muy bien, Xeno, te felicito. En primer lugar, a ti, por dejar de mentirte a ti mismo, ya ves que es mucho más gratificante. Y, en segundo lugar, a ti también… pero por haberle dado una experiencia memorable a tu Miss Kohaku. Es gracioso, yo la hice conocer la punta del iceberg de los placeres sexuales, y tú más bien de los sensuales, por así decirlo. Quién lo diría, ¿no crees?

- Sí, así es.

- Lo único malo es que puedo confirmar que es virgen –Hizo una mueca– Bueno, no es malo en sí, es un estado temporal que puede resolverse rápidamente, si ella quiere. Y por lo que pude comprobar ayer, es prometedor su entusiasmo en la materia.

- Creo que más bien, lo único que verdaderamente lamentas, es que no hayamos podido encontrar el material natural de la goma, el látex –le respondió Xeno, burlón.

- Mírate nomás, ya puedes hablar de eso sin sonrojarte, cuando antes no hacías más que amonestarme por tocar el tema. Nada mal, nada, nada mal. Pero diste en el clavo, eso será un dolor de huevos, literalmente.

Por primera vez en más de una semana, ambos rieron juntos, cómplices. Lo cual también llamó la atención de Stan, que seguía sin poder creer el cambio de humor y de actitud de Xeno, y pudo medir su nueva determinación con eso.

- Ah, sobre eso, tengo una información de la cual deberías estar al tanto. Parece que en los próximos días va a estar con su período, así que asegúrate de pedir lo necesario para que su habitación no parezca una carnicería.

- Es inevitable, es una mujer joven. De acuerdo, gracias por el dato. Y espero que seas consciente de lo que eso implica, y ahora lo digo en serio, no se te ocurra tocarla hasta que no sepamos con más precisión.

- Tocarla no sería el problema, sino…

- Entendiste el punto, Stan, no molestes.

- De acuerdo, de acuerdo. Tengo que admitir que me gusta verte más flexible y humano al respecto. Antes parecías un sacerdote, era molesto verte en esa actitud tan purista. Pero ahora que no me condenas tanto por mis intenciones, siento que empezamos a volver a estar en la misma página.

- En cierta forma sí, pero no te confundas, Stan –Lo miró desafiante.

- ¿Que no me confunda? ¿Con qué? –Le contestó, alzando una ceja.

- No perderé ante ti esta vez.

- ¿No perderás…?

Stan lo miró sorprendido, procesando el significado de esas palabras, en especial cuando no vio ni una pizca de broma en su rostro. Xeno estaba yendo en serio, al fin. Y no era necesario aclarar que se refería a Kohaku.

- Me gusta esa mirada en tus ojos, Xeno. Me gusta mucho, y que al fin lo admitas. ¿Esto es una competencia ahora? De acuerdo, acepto el reto. Pero antes… no sé si notaste que la princesa está jugando con los dos reyes del castillo a la vez… tal vez debería probar un poco de su propia medicina, por el atrevimiento, y por ponernos en esta situación. ¿Qué dices?

Los dos hombres compartieron una mínima sonrisa, mezcla de complicidad y desafío. La harían pagar por eso, sí.

Por la noche, Kohaku recibió como siempre a Stan para compartir la cena. Ya se había calmado con respecto al intenso momento que compartió con Xeno, y había hecho las paces mentalmente con ella misma, recordando las sabias palabras que le había dicho Gen por la tarde. No pensaba decirle al soldado lo que había sucedido, y por suerte él tampoco le preguntó sobre su charla con el científico. A pesar de todo eso, fue inevitable estar un poco más callada y más tensa, aunque trataba de disimularlo. Tampoco volvió a insistir con lo del espejo ni con hacerle más incómodas preguntas como al mediodía, lo cual la relajó. Cuando terminaron, Stan le dijo que podía bañarse antes de dormir, que ya estaba encendido el sistema que calentaba el agua, si quería aprovechar. Ella asintió inmediatamente, le venía genial disfrutar de un baño de agua caliente para relajarse un poco más. Antes de salir, el soldado le dijo al guardia del piso que Kohaku iba a salir sola de allí, que no la detuvieran.

El baño estuvo delicioso, como esperaba, y efectivamente la relajó. Se volvió a poner el vestido, y regresó a su habitación, agradeciendo también que no la estuvieran siguiendo de cerca, aunque era más que obvio que la estaban vigilando y asegurándose que no vague libremente por el castillo. Le llamó la atención que no estaba el guardia que custodiaba esa parte de la torre en la que ella se encontraba, y cuando entró en la habitación y encendió la bombilla que la iluminaba, casi dio un salto cuando vio a Stan sentado en la silla.

- Por todos los dioses… no me asustes así. ¿Tenías que vigilar que volviera del baño, ya que no hay guardia? –Le reprochó. Vaya confianza.

Pero sin contestarle, Stan se puso de pie, y comenzó a caminar hacia ella. Kohaku inmediatamente se dio cuenta que no había sido ese el motivo de su visita, o al menos no el único. La estaba mirando de una forma distinta, nunca había visto ese tipo de mirada antes en él. Estaba serio, pero no le parecía amenazante, sino más bien sentía cómo volvía a sentir ese calor y ese tirón en la parte baja de su cuerpo, inexplicablemente. El soldado daba lentos pasos en su dirección, cada vez más cerca, y por reflejo, Kohaku también caminaba hacia atrás, sin entender.

- ¿Qué sucede? –Preguntó nerviosa, sin saber cómo reaccionar. No se atrevía a mirar alrededor, aunque la verdad era que no podía mirar otra cosa que no fueran los magnéticos ojos azules del soldado, levemente entrecerrados.

De pronto su espalda chocó con algo, y cuando pensó que había sido acorralada contra la pared, giró la cabeza para revisar su situación, y se encontró con algo muy distinto e inesperado: Era Xeno quién estaba detrás de ella, aunque no supo en qué momento había entrado a la habitación, no lo había oído, o quizás estaba tan concentrada en la actitud de Stan, que se había olvidado de todo lo demás.

Estaba esperando que el científico le hiciera algún comentario, o que le reprochara a Stan por su actitud como siempre, pero para su sorpresa, no pasaron ninguna de las dos cosas. De hecho, un estremecimiento la recorrió cuando notó que él también la estaba mirando de esa forma particular. A pesar de que a él lo veía siempre serio y eso no le llamaba la atención, esta vez sus orbes oscuros tenían esa inexplicable sensación de que, no sabía por qué, conectaban directamente con la temperatura de su cuerpo, en especial luego de los eventos de esa tarde. En esos interminables segundos que pasaron nadie dijo nada, era como si el tiempo se hubiera detenido, mientras el cerebro de Kohaku procesaba la situación, y no sabía a quién de los dos mirar.

Se dio cuenta de algo curioso: A pesar de que la estaban acorralando entre ellos, no sólo ninguno la estaba tocando, sino que sus brazos estaban relajados. Incluso se atrevió a mirar la puerta y dar un paso en esa dirección, claro indicio de que consideraba escapar de ahí, y tampoco ninguno reaccionó para impedírselo. ¿Qué querían? El cuerpo y la mente de Kohaku instintivamente le estaban diciendo una buena probabilidad de lo que querían, pero se negaba a aceptarlo, era irreal, sobre todo que los dos estuvieran ahí con esa actitud, cuando los había visto prácticamente gruñéndose días antes. Se le acababa el tiempo, cada vez estaban más cerca de ella. En ese momento fue que notó que, tal como había hecho Stan en el avión, le estaban dando tiempo a reaccionar y escapar de esa situación. Si ella no decía nada, su "tiempo" se agotaría, quedando atrapada entre los dos.

La pregunta era, ¿quería huir? Lo que su mente alcanzaba a imaginar, fue algo que la estremeció, aunque no necesariamente fue uno malo. El problema era que no estaba segura de que estuviera bien, o qué o cómo sucedería. Era "ahora o nunca", y el "nunca" era la respuesta más sensata y simple, era la que tenía que elegir. Pero por algún motivo, sus pies no se despegaban del suelo, y su cuerpo tampoco hacía un esfuerzo evidente por ayudarlos. Cerró los ojos brevemente, y podía sentir la energía del cuerpo de ambos hombres cada vez más cerca. Ah, maldición, si tenía que ser completamente sincera, tenía más curiosidad y expectativa que rechazo, y la sorprendió darse cuenta de que no tenía miedo. Cuando abrió los ojos, ellos se habían detenido, y Stan le dio una última y clara oportunidad silenciosa de salir de allí cuando la miró, luego dirigió su mirada a la puerta, y volvió a mirarla. Pero la respuesta de Kohaku fue tragar duro de una forma visible, y no correrle la mirada.

Las comisuras de los ojos del soldado de elevaron mientras los ojos azulados y aguamarina se encontraban, y luego miró detrás de ella, a los orbes oscuros de su amigo, antes de dirigir su atención a la rubia nuevamente. Levantó una mano lentamente, y la acercó al rostro de ella, tocando su mejilla muy suavemente, dejando su pulgar allí, y extendiendo los demás dedos detrás del fino cuello. Kohaku no se esperaba esa suavidad, y no pudo evitar estremecerse ante la sensación, y luego cuando el pulgar de él se movió para rozar sus labios. Sabía lo que venía a continuación, se lo estaba anticipando, pero ella se sentía una espectadora de su propio cuerpo, todavía sin poder creer lo que estaba sucediendo.

En ese momento, cuando Stan comenzaba a inclinarse de una forma infinitamente lenta hacia ella, fue que sintió que su espalda nuevamente se chocaba contra algo, y supo que era el cálido cuerpo de Xeno, que además apoyó de forma apenas perceptible sus manos en la cintura de ella, las manos que todavía estaban cubiertas por esas garras metálicas. Stan se detuvo a unos milímetros del rostro de ella, tan cerca que no sólo podían sentir sus respiraciones, sino también el suave calor que emanaba de su piel, de sus labios. Kohaku sintió que el hombre había apoyado finalmente sus labios sobre los de ella, pero de una forma que le hizo casi cosquilla, de lo ligerísimo que era ese roce. Lo vio mover apenas perceptiblemente la cara, sus sedosos labios parecían imitar el ínfimo recorrido que antes habían hecho su pulgar.

La rubia se sentía hipnotizada, y se dio cuenta que estaba tensándose de pura anticipación y deseo, no sabía qué demonios estaba esperando él para besarla, si ya tenían sus labios conectados en el más ligero contacto. Y lo peor es que Stan siguió así durante unos interminables segundos, no entendía lo que pretendía. Hasta que su cabeza barajó la posibilidad de que la estaba provocando para que sea ella quién lo bese, no era nada extraño viniendo de él. Pero era un maldito, obligándola a ser ella quién terminara de acercar sus labios si tanto quería ese beso. El tirón en lo más profundo de ella se acentuó, cuando alcanzó a ver que los ojos azules estaban un poco más oscuros si era posible, y no sólo por la proyección de sus largas pestañas. Ah, al demonio, no podía más con ese juego.

Juntando todo su valor, respiró hondo una última vez antes de recortar la milimétrica distancia entre ambos, y presionar con decisión sus labios contra los de él. Pudo sentir que él sonreía en ese mismo instante, y le devolvía el beso. El largo y sensual sonido que él provocó cuando sus labios se separaron brevemente la hizo volver a estremecerse, y en el fondo agradeció estar "sostenida" por Xeno, porque iba a necesitar donde agarrarse. Cuando volvió a acercarse a ella, nuevamente se quedó imposiblemente cerca. Maldito, ¿pensaba repetir lo mismo, y obligarla a besarlo? Kohaku lo insultó mentalmente, pero lo peor es que no podía evitarlo, decir que no quería volver a hacerlo era una mentira demasiado grande. Por segunda vez ella alzó su cabeza y apoyó sus labios contra los de él, pero sintió que esa vez Stan abría un poco más sus labios, y la sobresaltó sentir el roce de sus dientes tirando muy suavemente del labio inferior de ella.

Oh, dioses. Eso iba a ser una tortura, ya lo podía ver, aunque no podía decir que no le iba a gustar. El tirón de la parte baja de su cuerpo fue tan intenso que tuvo que contener un gemido, pero la agradable tensión que la recorrió la sintió incluso Xeno, que apretó un poco más sus manos en la fina cintura de ella. Una vez más, Stan se le acercó de la misma forma una vez más, y ya Kohaku ni siquiera protestó internamente, incluso lo deseaba, y no dudó en besarlo. La provocación esa vez vino de una nueva forma, cuando sintió que él le recorría el labio anteriormente "maltratado" con un contacto inesperadamente cálido y húmedo, había usado su lengua. ¿Cómo podían tres besos ser tan distintos, uno después del otro? Xeno la había besado, sí, pero a pesar de su delicadeza y posterior aumento de pasión, consideraba que habían sido besos bastante tradicionales. A esto debería haberse referido Stan cuando le preguntó si la habían besado con "sólo con los labios", y lo estaba encontrando más que interesante.

Pero el soldado decidió que había sido suficiente juego, y apoyó una mano detrás de la cabeza de Kohaku con más fuerza, para sostenerla y profundizar el beso, y aprovechó cuando ella jadeó para empujar la lengua dentro de su boca. Kohaku se paralizó con esa nueva sensación, y no pudo evitar que una ola de calor la inundara. Era... invasivo, cálido y muy húmedo entre el interior de su boca y la de él, pero se sentía muy bien, esto era un beso completamente diferente, y sus rodillas cedieron ante la pasión con la que la besaba. No sabía si era gentil o si era violento, ni podía pensar nada coherente, salvo que quería más, y tímidamente intentó corresponder a ese abrumador beso, para no quedarse tan quieta. Pudo sentir nuevamente una sonrisa en los labios de Stan, quién que disminuyó la intensidad y velocidad de ese contacto, y algo le decía internamente que era para animarla a corresponderle poco a poco, como si le estuviera enseñando.

No pudo contenerse, y apoyó las manos en los brazos de él, quería sentir esos músculos firmes y fuertes bajo sus dedos, además de que realmente necesitaba más aferrarse a algo. No entendía cómo un beso así podía hacerle desear tan rápidamente potenciar el calor que sentía, y extenderlo en todo el cuerpo, y un rincón de su cerebro ya se preguntaba qué tan explosivo sería combinar ese beso con las sensaciones placenteras de la otra tarde. Stan le contestó a su urgencia apoyando su mano libre en la sinuosa cadera de ella, y jalándola un poco hacia él. En ese momento Kohaku volvió a ser consciente de que no estaban solos, cuando Xeno deslizó sus garras lo más suave y provocadoramente que pudo por la silueta de ella, y aun por encima de la ropa se estremeció con esa sensación ligeramente cosquilleante, combinada con la pasión con que Stan la estaba volviendo a besar, retomando su ritmo anterior.

Pero antes de que pudiera acostumbrarse, el soldado interrumpió el beso y la giró, obligándole a dar media vuelta para quedar ahora de frente al científico. Xeno no era tan provocador y juguetón como Stan, por lo que se acercó directamente a besarla de una forma mucho más pausada y ligera, lo cual fue un placentero contraste. Pero la tranquilidad no duró mucho, porque el científico la sorprendió soltando sus labios, para pasar a besar su cuello. Oooh, otra nueva sensación, y una vez más sintió esa electricidad recorrerla entera. De allí, subió hasta mordisquearle muy ligeramente el lóbulo de la oreja, y cuando la oyó inspirar bruscamente volvió a atender sus labios, con más pasión que antes, y acercándola más a su cuerpo.

No habían pasado ni cinco minutos, y ya Kohaku estaba perdida. Por si fuera poco, también Stan se apretó contra ella, haciéndole sentir un calor imposible entre los dos hombres, pero él siempre buscaba ir un poco más lejos, y la rubia sintió que comenzaba a mover su cadera contra ella de la misma forma que había hecho en el avión, y además de jadear ante ese contacto, lo hizo porque escuchó la grave y acaramelada voz de él en su oído, demasiado sensual para su propio bien.

- ¿Recuerdas esto?

"¿Cómo olvidarlo?", se preguntó internamente, aunque no se atrevió a decírselo. La diferencia de altura no ayudaba a Stan para provocarle el mismo placer que la otra vez, por lo que tuvo que flexionar un poco las piernas para quedar a mejor altura. Sería más fácil levantarla, pero ahora era el momento de Xeno, tendría que conformarse con eso. Kohaku no podía contener algunos gemidos, que se ahogaron en la boca de del científico. Era demasiado, simplemente demasiado, y…

Y repentinamente dejó de sentir todo. Ni los cuerpos de los dos hombres conteniéndola y calentándola, ni los labios de Xeno, ni la respiración de Stan en su oído. El calor la abandonó, y no entendía lo que había sucedido, así que abrió los ojos. Sí, Xeno seguía delante de ella, y Stan detrás, aunque con cierta distancia, por lo que, cuando iba a preguntar qué sucedía, escuchó la voz rasposa del soldado en su oído una última vez:

- Esto es lo que pasa cuando juegas con el corazón de dos hombres al mismo tiempo, Kohaku. Que tengas unas buenas noches.

Y así, sin más, con una pequeña sonrisa maliciosa en los labios, ambos se alejaron y se dirigieron a la puerta, dejándola congelada en el medio de la habitación, sin entender nada.

¡¿Qué…?! ¿Jugar con los dos? ¿A qué se referían? Bueno, sí… habían pasado cosas con ambos, pero ella no había sido quién los había buscado y provocado, ella no había jugado con ninguno. Particularmente, en ningún momento había "jugado" a nada, todo lo había hecho honestamente, con buenas intenciones y en base a la confianza y el interés que había desarrollado con ambos, incluso de aprecio, además de encontrarlos atractivos, claro. Era injusto, casi una deshonra… ¿quién demonios se creían que eran esos dos para hacer eso? ELLOS habían jugado con ella en esa noche, al besarla y tocarla así, exponiendo sus deseos, aprovechándose de su falta de experiencia, haciéndola confiar para que se entregue a sus manos y labios mucho más expertos.

No… eso no podía quedar así. Y lo que era peor, ¿cómo continuar después de algo así? ¿Cómo pretendían mirarse a la cara después de semejante burla? Kohaku apretó los puños con fuerza, furiosa. No otra vez, no de nuevo. Siempre gorila, leona, poco femenina... Chrome, Senku, y todos los demás, burlándose de ella por su fuerza que tanto le había costado alcanzar, y desdeñando que también era una mujer. Y ahora, irónicamente sus enemigos, que la habían cuidado y consentido tanto, era la primera vez que la habían hecho sentir una mujer con todas las letras. Stan había sido el primer hombre que le había demostrado que era una mujer deseable, y Xeno la había besado por primera vez de una forma tan dulce y apasionada que le hicieron temblar hasta las rodillas, y no pudo evitar sentirse bien por eso, con ambos hombres. Y esa noche, a pesar de que pareciera una locura, aunque increíble, los dos juntos la habían tratado de esa forma tan íntima y apasionada, y eso que tampoco habían ido tan lejos.

¿Y todo para qué? ¿Para burlarse una vez más de ella? Lo único que había hecho fue ser honesta con sus sentimientos y sus creencias, incluso a pesar de saberlos sus enemigos y todo. No… no pensaba aceptarlo. Antes que aliados o enemigos, eran hombres y una mujer, y estaba más que claro que, pese a querer "castigarla" por haberse interesado en ambos, cosa que no pudo evitar por más que quiso, ellos también se sentían así con ella. Entonces, ¿por qué hicieron eso? No tenía sentido… eran unos cobardes. Toda su "experiencia" y adultez no significaba nada, si tenían esas actitudes, podían ser tan críos como algunos de sus propios amigos. No quería meter a todos los hombres en la misma bolsa, y su instinto le decía que otros como Gen, Tsukasa o Ryusui jamás harían cosas así, pero hasta ahora todos los demás la venían desilusionando de la misma forma.

Pero no estaba todo dicho. Al menos con Stan y Xeno, no les dejaría pasar esa poco sincera actitud, no después de lo lejos que habían llegado con ella en ese atrevido momento minutos antes. El científico la había hecho retractarse de sus palabras esa misma tarde, y el soldado había bromeado con que si "quería más" … bueno, sí, quería más, e iba a demostrarles que a pesar de ser más inocente y no tener experiencia, tampoco tenían derecho a jugar con ella. ¿Se atrevieron a jugar con fuego? Entonces tendrían que estar listos para quemarse.

Antes de que los hombres alcanzaran la escalera, Kohaku atravesó la habitación y los agarró del brazo. Los dos se dieron vuelta instantáneamente, idénticas expresiones de sorpresa en sus rostros. La mirada de la rubia tenía un renovado fuego en sus ojos, tanta determinación que los dejó paralizados un momento. Ellos pensaban que iba a quedar confundida y avergonzada, pero no se esperaban esa mirada ardiente de completa seguridad. El primero en salir del estupor y darse cuenta de lo que Kohaku pretendía al detenerlos fue Stan, que soltó una risa encantado, rápidamente se dio vuelta para arrinconarla contra la pared más cercana, y la agarró con firmeza de los muslos para levantarla en el aire y hacerla enroscarse a su cadera con las fuertes piernas de ella. Sus ojos volvieron a desprender esa llamarada azul, y acercó su cara a la de ella, para susurrarle con voz ligeramente ronca junto a sus labios:

- Tú lo pediste, princesa.

Buenaaaaas! Ya puedo oírlos, "Nooo! No nos podés dejar así!" Sí, puedo jaja (como dice Stan). Siempre fue el plan, ya me conocen, no voy a cambiar xD. Algunos en las reviews dijeron "se viene lo rico", "¿y el lemon?" jaja, ya lo sienten! Bueno, en el próximo se viene lo hot, mucho más hot, peeero… si leyeron con atención a Dr. Xeno, ya saben lo que piensa hacer, y lo que no, y es hombre de palabra, ahora que se sinceró. El que avisa no traiciona, eeh.

Ahora, estado de mis otros fics: Creo que saben que actualicé "Otros caminos" (el AU Stanhaku), y ahora me toca ponerme a escribir el epílogo de "No es ciencia, es amor" (el AU Senhaku). Gracias por tanto apoyo y amor, se agradecen de corazón los comentarios siempre! Hasta el próximo capítuloooo!