Kohaku siguió con la mirada la silueta que se reflejaba en el vidrio, y que lentamente se iba acercando a ella, hasta que quedó a centímetros de su espalda, en silencio. Una sensación de expectativa burbujeante y cálida se inició en su estómago, y se expandió por su cuerpo rápidamente. Respiró hondo, y se dio vuelta hasta quedarse cara a cara con su visitante nocturno, ambos en silencio por varios segundos, solamente observándose, diciéndose tantas cosas, pero con los ojos en lugar de con palabras.

Lo estuvo llamando con el pensamiento, pero ahora que finalmente estaba ahí, no estaba segura de cómo continuar, ni sabía qué esperar de él. No quería confundirse, pensar cosas que no eran, no con la particular relación que tenían. Por lo que se decidió a romper el silencio, y preguntárselo directamente.

- ¿Por qué estás aquí, Xeno?

El científico siguió observándola fijamente, sereno e imperturbable, o al menos podía decirse eso de su postura corporal, no tanto de sus ojos. Esos orbes oscuros la miraban intensamente, y la atraían como un poderoso imán, de cuya atracción ella ya no podía escapar. Y cuando se decidió a hablarle, lo hizo con un tono de voz suave, como si le estuviera contando un secreto.

- ¿De verdad no lo sabes, Miss Kohaku?

Esa re-pregunta la hizo inspirar bruscamente, porque fue una respuesta en sí misma, a pesar de no parecerlo. Pero antes de pensar en contestarle algo, él continuó.

- La verdad es que desde esta tarde me vinieron a la mente un sinfín de preguntas. Por ejemplo, por qué te acercaste a mí de esa forma, por qué no dudaste en besarme. Por qué te presentas tan recurrentemente en mis pensamientos, por qué el control y la lógica me esquivan apenas nuestros labios se rozan. O por qué no pude resistir el impulso de venir aquí, y por qué, por más que intente rechazar la idea, no puedo dejar de desear terminar lo que empezamos y hacerte mía, pese a saber a ciencia cierta que es una muy mala idea.

Kohaku quedó ligeramente boquiabierta tras las palabras del científico. Aunque lo había dicho de una forma indirecta, sintió cada "pregunta" como una confesión. Lo había dicho todo con un tono sereno, pero a la vez nunca había oído tanta pasión contenida. Y le creía, vaya si le creía, que lo que parecía próximo a pasar entre ellos sería de seguro una muy mala idea, pero tampoco podía evitarlo, o más bien, no quería evitarlo.

- La única respuesta que puedo darte –contestó en el mismo tono suave que el de él– es que quizás, por esta vez, no se trata de algo en lo que la ciencia te pueda ayudar.

- No, tampoco lo creo –coincidió con una media sonrisa– La ciencia es elegante, pero hay que admitir que no todas las respuestas pueden encontrarse en ella, mal que me pese. Así que he llegado a la conclusión de que tengo una única y última pregunta que hacerte, Miss Kohaku –Se acercó un poco más a ella– ¿Quieres hacer esto conmigo?

Kohaku lo miró en silencio un momento, mientras sentía su corazón retumbar en su pecho. No dudaba, solamente estaba sopesando su decisión, y la que parecía haber tomado también Xeno. Porque él, el líder científico enemigo, estaba ahí para ella, olvidando su orgullo, su posición, su reticencia de días anteriores. Iba a ser un antes y un después, y no tenía la menor idea de qué sucedería con ese "después", no habría vuelta atrás. Pero no la necesitaba, porque estaba muy segura de lo que quería en ese momento, algo que ella misma había buscado unas noches antes, y en parte esa misma tarde, cuando había decidido volver a besar a Xeno por propia voluntad. Respiró hondo una última vez.

- Sí –lo oyó jadear suavemente, como si una parte de él no se esperara esa respuesta.

- Entonces, Miss Kohaku…–dijo mientras la rodeaba por la cintura con su mano desnuda, ya que esa noche no llevaba puestas ni sus garras ni sus guantes, y con la otra le acariciaba la mejilla con suma delicadeza– por esta noche, olvídate de todo lo demás. Olvídate de Stan, de tus amigos, de que eres mi rehén, y de que somos enemigos. Olvídate de todo eso, y te prometo que no te arrepentirás jamás de entregarte a mí.

Kohaku apenas llegó a asentir mínimamente, cuando Xeno la apretó más contra su cuerpo y la besó, ni un rayo de luz se filtraba entre ellos ya. "Olvídate de todo" había dicho Xeno, como si ella pudiera hacer otra cosa. Cada vez que el científico la atrapaba entre sus brazos, su mente dejaba de lado todo lo que no fuera él, y absorber las sensaciones que le provocaba. Al principio era sólo sorprenderse y fluir con el ritmo de él, pero ahora ella misma buscaba los labios de Xeno casi con necesidad. La mano que él había apoyado en su mejilla, ahora se deslizaba hasta llegar a su nuca, enterrándose en su pelo. Pero luego sintió cómo él le deshacía el nudo de la cuerda que lo ataba, dejándolo caer sin más. El leve tirón que sintió en su cuero cabelludo le produjo un estremecimiento agradable, y ella colgó sus brazos en el cuello de Xeno, pero le devolvió el toque de pasar sus dedos entre los suaves mechones de él. Sonrió para mí misma cuando se percató de que el científico tenía el pelo más suave que ella.

Como si su mente hubiera sido leída y Xeno la estuviera amonestando por desconcentrarse, la acorraló con su cuerpo contra la pared más cercana, y soltó el abrazo con el que sostenía su cuerpo para agarrarle las muñecas y apoyarlas contra la pared, sin dejar de besarla, más bien haciéndolo con más intensidad. Pero inmediatamente, como si se hubiera arrepentido de su brusquedad, deslizó sus dedos en la palma de ella para entrelazar sus dedos, en una restricción mucho más gentil. Como no podía hacer nada con sus manos, Kohaku tuvo que corresponder sólo con sus labios a la creciente intensidad con la que Xeno la besaba, y fiel a su ímpetu, le tiró del labio inferior atrapándolo entre sus dientes, sin llegar a lastimarlo. Eso tuvo un efecto instantáneo en el científico, que jadeó ante la salvaje "caricia", y luego deshizo la unión de sus manos, para recorrer la silueta del cuerpo de ella hasta dejar sus manos apoyadas en sus caderas.

- Miss Kohaku… eso no fue elegante –le susurró contra sus labios.

- Nunca dije que yo lo fuera, Xeno.

El científico adoró esa contestación tan provocadora, y soltó una suave risa que hizo suspirar a Kohaku. Aprovechó la interrupción del beso para dejar suspendida una mano en el aire, palma arriba, esperando a que ella apoye la suya encima. En cuanto la rubia se dio cuenta y lo hizo, él encerró ligeramente sus dedos, y comenzó a caminar hacia atrás, llevándola con él, hasta que chocó sus piernas con la cama, y se sentó en ella. Esa imagen le trajo recuerdos a Kohaku, solo que ahora se encontraban solos en la habitación. Dudó si sentarse al lado de él o encima, pero Xeno le resolvió la incógnita atrayéndola con su mano libre, y haciéndola sentarse encima de sus piernas.

- No te preocupes, Miss Kohaku, esta vez no será tan rápida como la última –le dijo con una pequeña sonrisa, a modo de disculpa por la otra vez.

- ¡Ja! Me parece bien. Ya que lo mencionas, y comparado con aquel entonces, sigues teniendo mucha ropa.

- Qué descuidado, ayúdame a solucionar esta situación para que sea de tu mayor agrado.

Mirándose a los ojos, Kohaku comenzó a jalar del saco negro de Xeno hacia abajo, y él la ayudó a sacárselo, dejándolo a un costado, y también deshizo el nudo de la corbata. El peliblanco se señaló luego el fino y largo cuello, con una fina sonrisa.

- Bésame aquí, Miss Kohaku.

- Sí que te gusta dar órdenes.

- No pareces renuente a acatarlas. Y creo que te vendría bien un poco de guía.

La rubia no contestó nada a eso, la verdad era que sólo pensaba besarlo en la boca ya que todavía no se sentía muy confiada para "jugar" con él, así que agradecía interiormente que él le diera vía libre, en cierta forma. Se inclinó para poder acceder a su cuello, y comenzó a hacer tal como le había pedido. Xeno soltaba unos suaves gemidos contra el oído de ella dada la cercanía que tenían, y eso era como combustible para Kohaku, que estaba encontrando irresistible el ver al científico tan predispuesto a dejarla hacer también. Se animó a besarlo de una forma más intensa, incluso usando el borde de sus dientes, y lo sintió estremecerse y murmurar un gemido de aprobación. Ella no pudo ya con eso, y dejó el cuello de él para volver a sus labios, Xeno también correspondiéndole. Pero pareció que ese "ataque" de la joven lo encendió, porque el científico cambió de idea y la sostuvo de la cintura para cambiarla de posición y recostarla en la cama. A pesar de algunas diferencias, la situación tenía algo de similitud con lo de esa tarde.

- Me parece que algo así fue como lo dejamos antes.

- De esta forma no me será fácil seguir tu orden. No te duró mucho el dejarme hacer.

- ¿Qué puedo decir? Me gusta tener el control.

- ¡Ja! Eso será un problema, porque a mí no me gusta mucho que otros decidan todo por mí –Le contestó.

Como tenía mucha más fuerza que él, lo tumbó para ponerse arriba de él otra vez. Esperaba que Xeno le siguiera el juego, pero por el contrario él sólo la observó, y estiró la mano para acomodarle el pelo detrás de la oreja, con una sonrisa y una mirada más cálida.

- Lo sé –contestó Xeno– Es lo que me atrajo inevitablemente hacia ti. En eso somos parecidos, porque a mí tampoco me gusta que me limiten y me digan lo que tengo que hacer.

- ¿Será un duelo de voluntades entonces? –preguntó Kohaku, siempre del lado combativo, confundida por el cambio de actitud de él.

- No. Por esta noche sólo seremos sólo dos personas que sólo saben dar lo mejor de sí en todo lo que hacen, si estás de acuerdo.

Dicho eso, Xeno se apoyó en un codo para elevarse, y con la otra mano le sostuvo la barbilla a Kohaku para mirarla un momento a los ojos, y luego besarla suavemente. No intentó colocarse sobre ella otra vez, sino que por el contrario se volvió a recostar, y con los dedos pulgares de las manos le acarició los muslos. Kohaku quedó desencajada con eso, cambió completamente el clima que los envolvía.

Recortó la distancia que los separaba, y compartieron un largo y profundo beso, aunque tranquilo, y para continuar con lo anterior, bajó por su cuello. Sus manos encontraron los botones de la camisa de Xeno, y diestramente los iba abriendo y continuaba el recorrido de besos por allí. Podía sentir que una de las manos del científico acariciaba mechones de su pelo, mientras la otra se deslizaba por su cuerpo, acompañando cada tanto con un apretón más firme, de lo que Kohaku interpretaba que era algo que le gustaba mucho, a medida que ella seguía abriendo la camisa de él y exponiendo su piel. Otras veces era Xeno mismo quien se giraba ligeramente, o guiaba la cabeza de ella con suma delicadeza, para darle a entender los lugares de su cuerpo donde más disfrutaba los besos y tímidas caricias de ella, acompañando con respiraciones profundas o suaves jadeos para demostrarle su gozo y animarla a seguir.

Que Kohaku no tuviera experiencia tenía su lado bueno y malo, pero a Xeno le estaban gustando mucho la forma en que lo estaba tocando, una combinación perfecta entre lo tiernamente cohibida que estaba ella, como dudando si él se sentiría bien con eso o si le "alcanzaba", y a la vez que cada minuto parecía más segura y entusiasta.

Para cuando Kohaku había llegado al abdomen del científico, ya le había abierto toda la camisa, aunque seguía teniéndola puesta. Xeno era más bien flaco, pero tenía un cuerpo de adulto firme y ligeramente marcado, no era un saco de huesos. La rubia dudó si seguir su camino descendente, eso significaría bajarle los pantalones, y sintió una ansiedad que le hizo acelerar los latidos de su corazón. El científico se percató de eso, porque en ese momento estaba siguiendo con sus ojos la cara de Kohaku, y decidió hacerse cargo de la situación para que ella se volviera a relajar, volviéndola a apoyarla contra el colchón y colocándose él encima. Todo a su tiempo, no tenía prisa, y quería asegurarse que ella se sintiera completamente cómoda en su primera vez, ya que él tenía el "honor" y la responsabilidad de ser su primera experiencia sexual completa, al menos para compensar que no tenían un vínculo afectivo. Incluso la consideraba bastante valiente y decidida como para querer hacerlo con él, dadas las circunstancias.

Se lo compensaría con todo lo que tenía, además de que no había quedado nada conforme con su limitada participación de la noche que habían compartido también con Stan. Sí, reconocía que no tenía ni por asomo su habilidad y su experiencia como amante, y que no había dado el mejor ejemplo al haber cedido tan rápido a su necesidad de liberación, aunque en su defensa habían sido demasiados años de abstinencia y de no sentir tanta pasión y excitación juntas, había sido demasiado para él. Pero ahora ya no sentía la presión de los mordaces comentarios de su amigo, ni había ningún tipo de expectativa de parte de ninguno. También sabía que seguramente sería la última oportunidad de estar con Miss Kohaku de esa forma "completa", por lo que quería hacerla lo más memorable posible para ambos. No podía darle un amor que no sentía, tendría que contentarse con lo que podía ser en ese momento, pero podía destinar toda la inocencia y que le quedaba en una sola cosa...

- Sólo quiero hacerte sentir bien, Kohaku.

Xeno estaba tan concentrado en esos pensamientos, que no se dio cuenta que lo dijo en voz alta. Tan sinceros y apasionados eran, en su mente ni siquiera había dicho el respetuoso y elegante "Miss" que anteponía al nombre de ella. Sólo se percató de su desliz cuando escuchó a la rubia jadear de sorpresa, y tensarse ligeramente entre sus brazos. Cuando abrió sus ojos oscuros, se encontró con los aguamarina de ella muy abiertos.

- Sí, está bien…gracias, Xeno –titubeó Kohaku muy sonrojada, sin saber cómo responder de otra forma a eso.

- Ah, perdona, y te llamé de esa forma tan informal, yo…

- No, está bien –le contestó ella, apoyando sus manos en las mejillas de él, y sonriéndole con dulzura– Me gusta que me llames sólo por mi nombre, así como me otorgaste hace varios días la confianza de que te llame sólo por tu nombre también, sin el "doctor". Creo que es acorde a la situación, ¿no?

- Sí, tienes razón, Kohaku –admitió sonriendo, y esta vez la llamó mirándola a los ojos, perfectamente consciente, y cuando ella le correspondió la sonrisa con otra propia, se acercó a los labios de ella para susurrarle, mientras se los miraba con ojos entrecerrados– Kohaku.

La forma en que la besó empezó con mucha delicadeza y casi ternura, pero unos instantes después se volvió uno más apasionado y urgente, como si hubiera liberado una de sus últimas barreras. Kohaku se abrazó a su espalda con fuerza, y enredó sus piernas en las caderas de él, devolviéndole el beso con la misma intensidad, la había relajado instantáneamente sentir a Xeno más "cerca" en todo sentido, no sólo como algo físico. El científico luego procedió a besar con esa misma pasión su cuello, el lóbulo de su oreja, y todo el recorrido descendente hasta su clavícula, la cual rozó con sus dientes. La joven arqueó su espalda ante eso, y él luego colocó una mano en el cierre del vestido de ella, y comenzó a bajárselo con decisión. Por más que parecía fuera de control, lo único que pretendía con eso era sentir la piel suave y cálida de Kohaku contra la suya, necesitaba ese contacto. Y lo bajó hasta abrir el vestido por completo, y la ayudó a sacárselo por las mangas, lanzándolo a un costado sin importarle mucho a dónde lo había arrojado. Su mano recorrió las curvas del lado sano del cuerpo de ella, desde el costado de uno de sus pechos hasta el muslo que se abrazaba al cuerpo de él, y subió nuevamente pero por detrás, acariciando sin pudor alguno su trasero, y continuando hasta llegar a su nuca, para enterrar sus dedos en la melena de ella y acercar más si era posible sus labios a los de él.

Luego, continuó su sendero de besos por todo el frente de Kohaku. Recorrió sus clavículas hasta llegar a los hombros, besó la piel que bordeaba con el sostén de tela, y luego recorriendo inclusos sus pechos pero por encima de dicha tela, sintiendo cómo el cuerpo de ella respondía a sus caricias. Luego bajó por sus costillas, sin detenerse nunca, y volvió al centro para atender de igual apasionada forma el suave abdomen de ella, aunque podía sentir perfectamente los músculos que escondía tras su divina figura. Y como no estaría satisfecho hasta recorrerla entera con sus besos, deshizo el enlace que ella mantenía con su cuerpo, pero para colocárselas en sus hombros. Le dedicó una sonrisa confiada ante la sorpresa de ella, y sin correrle la mirada comenzó a besar la cara interna de sus muslos, bajando hasta sus rodillas, y así hasta llegar a sus pies, para volver a subir por su otra pierna, haciendo el recorrido inverso.

Kohaku estaba hipnotizada con los orbes oscuros de Xeno, y aunque sentía su cara humear de vergüenza al verlo besarle las piernas de esa forma, no pudo correr la mirada por un buen rato, o al menos no hasta que sintió la respiración caliente de él demasiado cerca de su intimidad, e involuntariamente trató de alejar su cuerpo de la cara de él.

- No irás a ponerte tímida ahora, ¿no? Ya llegaremos a esto, no te preocupes. Es una parte esencial del proceso de hacerte sentir bien, y creo que lo recuerdas.

El científico le soltó con cuidado las piernas y la ayudó a quitarse el vestido que ya estaba abierto, aprovechando para sacarse su camisa, zapatos y pantalón, y así quedar también más cómodo. Se recostó al lado de Kohaku una vez más, y se dedicó a besarla largamente. No la veía nerviosa, pero estaba seguro que eso la relajaría más, para darle a entender que no estaba apurado, además de que encontraba sumamente satisfactorio y placentero besarla de por sí. Luego volvió a bajar poco a poco, depositando un sendero de besos en el cuello de la joven, hasta llegar al nacimiento de sus pechos.

- Kohaku, ¿puedo sacarte esto? –le preguntó, rozando con sus dedos la tela del sostén.

- Sí, está bien –contestó, sonrojada pero segura.

Ya la habían visto desnuda una vez los dos líderes, pero la forma en que Xeno se lo consultó también le gustó, en vez de solamente dejarse desnudar arrastrados por la pasión. El científico se lo quitó volvió a besarla profundamente mientras le acariciaba delicadamente un pecho seguido del otro. Luego interrumpió el beso, y sin dejar de mirarla a los ojos, bajó hasta ponerse a la altura de ambos, y repitió las caricias que se sentían como plumas, esta vez con sus labios y su lengua. Kohaku no podía dejar de maravillarse por la forma en que Xeno la complacía. Tenía sus momentos más apasionados, pero el científico era ya evidente que tenía predilección por los toques lentos y tortuosamente delicados, sabiendo perfectamente lo que hacía. Hasta en eso podía identificarse con su palabra favorita, "elegante".

- Tan suave… –murmuró Xeno con aprobación.

Rozándola con los dedos, mientras volvían a sellar sus labios, bajó desde la clavícula, pasando por su pecho, su abdomen y su pubis, hasta dejarlos apoyados en la intimidad de ella. Cuando sintió que Kohaku ahogó un suave gemido en su boca y lo abrazó, la besó con más profundidad, a la vez que se dedicaba a acariciar cada milímetro de piel, todavía por encima de la ropa interior de la rubia, provocando un aumento de la excitación de ella. Luego dibujó lentos círculos con sus dedos allí, estimulando ese pequeño y elegante órgano del cuerpo femenino dedicado única y exclusivamente a generar placer, el clítoris. Quería que Kohaku se relaje más, y para eso necesitaba que se encuentre perdida en el disfrute.

Al sentirla moverse instintivamente contra su mano, retrocedió un poco, pero sólo para colar su mano por debajo de la ropa interior de ella. Podía sacársela, pero quería jugar un poco de esa forma. Repitió sus caricias una vez más, esta vez sintiendo él también una sensación eléctrica de deleite al notarla ya tan excitada. Si seguía así, tenía esperanzas de que se sienta cómoda más adelante también, y eso era un alivio para él. Presionó muy suavemente la entrada de la ella, para tantear su reacción, pero Kohaku seguía solamente mostrando su satisfacción ante los toques, aunque sí había apretado sus dedos con más fuerza en la espalda de él. Con eso se decidió a volver a lo que quiso hacer antes al besarla de pies a cabeza, por lo que quitó su mano de la entrepierna de la joven para iniciar una vez más su recorrida descendente de besos.

Cuando llegó a sus bragas, la miró a los ojos desde su posición, tirando de la prenda lentamente para captar su atención. Kohaku lo miró, y Xeno contuvo la respiración involuntariamente, al ver esos hermosos ojos aguamarina entrecerrados y sus mejillas muy sonrojadas, mientras respiraba por la boca en suaves jadeos. El científico pretendía preguntarle si podía continuar, pero la expresión de ella fue una respuesta en sí misma, y no se aguantó más. Le quitó la ropa interior de forma decidida, bajándoselas mientras sus manos acariciaban todo el contorno de ella, y sin dejar de mirarla a los ojos. La rubia no intentó cubrirse ni detenerlo, y eso fue suficiente para él, a eso contaba con llegar, a que ella lo acepte sin duda alguna. Pero cuando estaba por continuar con lo que venía haciendo, vio las manos de Kohaku agarrar el borde de sus calzones.

- Tú también –le susurró.

Xeno apoyó sus manos sobre las de ella, y asintiendo con la cabeza, se bajó la última prenda que cubría su desnudez. Sin contar los primeros momentos desde que revivió en el mundo de piedra, ¿cuánto tiempo hacía que no se mostraba así ante nadie? ¿cuánto tiempo que no intimaba? Y sin embargo estaba encontrando perfecto ese momento, a Kohaku, sentía una paz interna que no había logrado hace años, ni siquiera antes de que la catástrofe que azotó el mundo. Se apoyó sobre sus codos encima de ella para volver a besarla, era realmente adictivo unir sus bocas, y luego sintió los finos dedos de la joven acariciar su abdomen. Pero un estremecimiento lo recorrió entero cuando la mano de ella llegó hasta su parte más sensible, no sólo rozando, sino cerrando sus dedos alrededor. No se esperaba eso, por lo cual jadeó tanto de gusto como de sorpresa. La dejó acariciarlo varios segundos, deleitándose con las sensaciones que curiosamente eran distintas a cuando él mismo se tocaba, pero maldiciendo por dentro tuvo que detenerla, quitándole la mano con suavidad. Kohaku lo miró confusa.

- Perdón… ¿lo estoy haciendo mal?

- No, no, para nada –le dio un corto beso en la mano a modo de disculpa– Pero no hago esto hace un buen tiempo, y me preocupa que, si me dejo llevar, luego esté ya "al límite". El hombre naturalmente tiene mucha más facilidad para llegar al clímax de placer, por eso prefiero asegurarme de no cometer el mismo error dos veces.

- ¿Error? ¿Qué error?

- La otra noche, cuando… no importa ya –mejor aún si no le había dado importancia aquella vez– Continuemos, ¿sí?

Kohaku asintió, y una vez más volvió a sentir los cálidos y suaves labios de Xeno arrasando su piel, bajando nuevamente por su cuerpo, pero nunca se cansaría de eso. Se había quedado más tranquila al tocarlo, principalmente porque no podía abandonar su preocupación de que fuera tan grande como Stan. No tenía idea de "tamaños", de cuál de los dos era lo más común, pero tenía que reconocer que estaba menos nerviosa con Xeno. Esta vez estaba mentalmente más preparada para lo que iba a venir, aunque eso no hizo que fuera menos intensa la sensación de la boca del científico sobre su intimidad. Esa misma forma tan delicada y a la vez profunda que tenía de besarla la repetía ahí también, haciéndola sentir consciente de cada milímetro de su piel, de esa parte de su cuerpo que todavía no conocía tanto, e irónicamente parecía que Stan y ahora Xeno sabían exactamente qué hacer para hacerla derretirse de tantas pequeñas olas de placer. Si el soldado la devoraba, el científico la reverenciaba. Eran tan distintos, y al mismo tiempo increíbles, ambos estilos.

Sin detenerse, Xeno se acomodó mejor, colocando sus manos por debajo y por fuera de las piernas de ella, para así ayudar a mantenérselas abiertas, además de poder extenderlas para acariciar otras partes de su cuerpo. Más allá de su motivación de hacerla sentir bien, el verdadero combustible que poco a poco le hacía perder el control era escuchar los contenidos gemidos de la joven, o sentir cómo su cuerpo se tensaba por momentos. La había visto aferrarse a las sábanas con una mano, pero cuando notó que la otra mano de ella se apoyó encima de su mano, entrelazó sus dedos con los de ella, y redobló todos sus esfuerzos para hacerla gozar al máximo. Xeno compensaba no ser el más experimentado, porque había dedicado su juventud mucho más a la ciencia que al romance, con sus conocimientos científicos y biológicos completos, suplía la práctica con mucha teoría, y estaba tan seguro de lo que tenía que hacer, que confiaba en sí mismo completamente.

Aumentó la intensidad de las caricias de su lengua, y sonrió para sí mismo cuando sintió la otra mano de Kohaku enredarse en su pelo. Analizando la aceleración su respiración, las esporádicas tensiones involuntarias de su cuerpo, y la forma en que le apretaba los dedos y le tiraba suavemente del pelo, llegó a la conclusión que estaba cerca, por lo que tenía que continuar así y dedicar sus atenciones al centro de placer de ella. Efectivamente, cada segundo que pasaba la sentía retorcerse como pez fuera del agua, una combinación entre querer alejarlo y al mismo tiempo atraerlo, como si no pudiera manejar el placer que la atravesaba. Siguió hasta escuchar la respiración de Kohaku volverse más errática, y ahí se concentró en succionar y lamer al mismo tiempo ese punto en particular. La rubia ya no pudo contener sus gemidos, y dejó salir su voz, no podía pensar en nada más que no fuera sentir aquella pulsante sensación que la embargaba por completo, pero esta vez ya no estaba preocupada como la anterior, sabía que tenía que dejarla crecer y liberarse. Y cuando lo hizo, seguía maravillada de que su cuerpo fuera capaz de eso.

Mientras Kohaku se recuperaba, Xeno se acomodó para ubicarse a la misma altura que ella en la cama, y con el cuidado de no rozar todavía el punto que estaba sobrecargado de sensibilidad, acarició delicadamente el resto de su intimidad, y así prepararla para lo siguiente. Ella gimió, todavía un poco perdida en la explosiva sensación que la recorrió entera, al sentir un dedo del científico lentamente abriéndose paso en su interior. Eso se sentía bien, ya lo había experimentado con Stan también, pero respiró profundamente cuando sintió un segundo dedo haciéndose camino. Notó una ligera resistencia de su propio cuerpo, pero él lo había hecho de forma tan paulatina que no la había molestado.

- ¿Estás bien? –le preguntó Xeno, buscando en sus ojos algún signo de incomodidad. No había notado sangrado, pero lo esperaba, ya que con el nivel de entrenamiento físico de ella, era muy posible que se le hubiera roto el himen naturalmente tiempo antes. Eso facilitaría mucho las cosas.

- Sí… creo que sí.

- Creo que estás lista. ¿Te sientes lista?

- No lo sé… confío más en tu criterio, parece que me conoces más que yo misma –admitió con un poco de vergüenza.

- No es tanto que te conozca más, sino que sé de los procesos biológicos de excitación y cómo identificarlos. Pero no necesitas esa explicación ahora. Lo importante es que estés tranquila, no te pongas nerviosa o sí te molestará o dolerá, porque tu cuerpo se "cerrará" –le apretó la mano mientras la miraba fijo a los ojos– Y sí, confía en mí, te voy a cuidar, Kohaku. Si te molesta o no te gusta, dímelo y me detendré, ¿de acuerdo? También tengo que confiar en ti, y en que no te forzarás. No tiene sentido si no lo disfrutas.

- De acuerdo, sí –asintió, aunque tantas advertencias la estaban comenzando a poner nerviosa, algo que a la vez se compensaba con la cuidadosa actitud del científico.

Xeno se acomodó bien sobre ella, entre sus piernas, y apoyando sus codos en el colchón. Dudaba si ofrecerle que se siente encima de él para que ella tuviera más control, pero su preocupación era no poder salir a tiempo si se excitaba demasiado. Hacer eso sin condones ya era suficiente riesgo, lo único que lo había decidido a seguir era que, según las fechas del período de Kohaku, todavía no estaba ovulando, por lo cual las chances de embarazo eran bajas. Tendría que confiar en que acabar fuera de ella "alcanzaría", aunque parte de él sabía que no había garantías de eso tampoco. Decidió dejar de pensar en eso, o se arrepentiría de seguir.

Entrelazó los dedos de una mano con los de ella, al menos podía guiarse de cómo se sentía por cómo se los apretaba, además que se sentía más conectado. Le sonrió con confianza, y recortó la distancia entre ambos para unir sus labios, esta vez sintiendo el cálido contacto piel con piel en todos sus cuerpos, prácticamente de pies a cabeza. Xeno se estremeció ligeramente por la sensación, era más de lo que podía desear. Para provocarla un poco, se empujó contra ella, también encontrando un poco de alivio en el contacto, desde que Kohaku lo había tocado durante un minuto, internamente deseaba que llegara ese momento. Un momento después de repetir esa acción varias veces, la rubia enredó las piernas alrededor de sus caderas, acercándolo más a ella, y con eso no pudo contenerse más. Se ayudó con su mano libre para alinearse bien, y controlando todo lo que podía su empuje, fue entrando en ella. Kohaku ahogó un jadeo con la boca entreabierta, y se abrazó a su espalda, clavando sus uñas.

- Kohaku… –Xeno susurró su nombre en un gemido, teniendo que respirar hondo para absorber la tan ansiada y maravillosa sensación de que sus cuerpos se unan, pero tenía que preocuparse por ella primero– ¿estás bien o me detengo?

- No… estoy bien, sigue.

Kohaku apenas podía respirar correctamente mientras se concentraba en lo que sentía, no iba a negar que había una pequeña molestia, un ardor, pero era de esperar, no cabía duda que Xeno estaba dotado de algo más generoso que la medida de dos dedos. Recordó fugazmente el comentario de Stan al respecto, y pudo corroborarlo en ese momento. Pero no era del todo desagradable, más bien una vez que se recuperó de la sorpresa, quería sentir más.

El científico salió un poco, a lo que Kohaku cerró los ojos con fuerza, y comenzó lentamente ese vaivén para acostumbrarla al movimiento. Una sensación eléctrica lo recorría y le erizaba los vellos, y buscó besarla profundamente para evitar descargar la necesidad de su cuerpo en aumentar el ritmo. Pero no se esperaba que, poco más de un minuto después, la joven empezara a acompañar sus movimientos con los de él, volviéndolo todo más intenso. Sabía que ella era una mujer fuerte y con mucha energía, pero pensaba que por ser su primera vez iba a ser más tímida y pasiva.

Qué equivocado estaba, sonrió visiblemente con esa realización, nunca dejaría de sorprenderla. Ya tenía que saberlo, Kohaku no sería jamás del tipo "damisela detrás de su príncipe", no importara que estuviera recluida en la torre, real y metafóricamente. Por lo que Xeno abandonó un poco su actitud de excesivo cuidado y delicadeza, para dejar salir su propio lado apasionado. Aumentó el ímpetu de sus empujes, y lo ponía a cien empezar a escuchar gemidos de auténtico placer de parte de ella. De pronto, la rubia lo empujó del pecho, y él dudó si se había excedido con eso, pero lo volvió a sorprender una vez más, cuando se dio cuenta que lo hizo para dejarlo sentado, y ella encima de él. No supo cómo, pero en ese controlado movimiento, sus cuerpos se mantuvieron unidos.

A pesar de la valentía con la que se animó a hacer eso, Kohaku jadeó fuerte al sentir que con esa posición podía ser a Xeno mucho más profundo en ella. Se tomó unos pocos segundos para acostumbrarse, mientras colgaba sus brazos alrededor del cuello del científico, y luego comenzó a moverse sobre él. Le estaba gustando mucho eso, más de lo esperado, y pensó que el científico había exagerado demasiado con sus preocupaciones de que iba a dolerle o molestarle.

- Kohaku, espera –Xeno apoyó sus manos en las caderas de ella, tratando de detenerla, con una mirada preocupada.

- ¿Qué? ¿Estoy haciendo algo mal?

- No, para nada. Pero si vamos a continuar así, necesito que te detengas y te salgas, en el instante en que te lo diga, ¿de acuerdo? Es importante, muy importante.

- Está bien –Kohaku se sorprendió de la mirada firme y casi severa que recibió de él, pero entendió con más certeza de que tenía que acatar esa indicación. Hasta que se percató del motivo detrás de aquello– Hmm, es porque tienes que terminar tú, ¿verdad?

- Sí, pero bajo ningún punto de vista puedo hacerlo dentro tuyo. Perdona por ser tan poco elegante, pero no hay otra forma de explicarlo.

- Entiendo –afirmó con la cabeza– Lo haré, no te preocupes.

Xeno omitió el comentario de que eso era más por beneficio de ella que por una necesidad de él, pero no quería seguir dilatando una conversación que los sacaría totalmente de clima. Así que enredó sus dedos detrás de la cabeza de ella, y la acercó a él para besarla, mientras le sugería con un pequeño empuje que se moviera. Podía hacerlo él, pero sinceramente no tenía la resistencia física para hacerlo sin cansarse rápidamente. Además, Kohaku había perdido todo resto de vergüenza, parecía concentrada en buscar ella misma sentirse bien. Xeno aprovechó la posición para besarla en el cuello, y luego encorvarse un poco para alcanzar a besarle los pechos, lo cual la hizo arquearse para atrás de gusto, volviéndolo más fácil para él. A medida que ella se movía con más amplitud y entusiasmo, él también la besaba allí con más pasión, hasta que se dejó llevar y en un momento en que Kohaku le clavó las uñas en los hombros, él le contestó con una mordida.

La joven siseó de dolor, y Xeno se dio cuenta de lo que hizo, y estuvo a punto de disculparse. Pero cuando la miró, vio un brillo en sus ojos aguamarina parecido al desafío, y la oyó decir "y dije que no soy una leona, pero…". No alcanzó a oír la continuación, pero el científico jadeó de sorpresa cuando la vio lanzándose hacia el cuello de él, en lo que parecía ser un apasionado beso, pero que luego lo terminó mordiendo también, más fuerte de lo que él había hecho con ella. No alcanzaba a verse, pero estaba seguro que lo había marcado.

- Ahora estamos a mano, ¡eso dolió! –se quejó Kohaku.

- Perdona, yo…

Pero Xeno dejó de disculparse, cuando escuchó que la joven de pronto se reía. La miró confundido, y luego de unos segundos de mirarse fijo, él también terminó sonriendo y soltando una breve risa. La abrazó por la cintura y negó con la cabeza.

- La única que me saca de mi imagen y mis principios de elegancia eres tú, Miss Kohaku. No sé cómo lo haces, ni sé por qué no puedo evitarlo.

- Siempre hay alguien que saca lo mejor y lo peor de nosotros, ¿no crees? Pero así es más divertido.

- Divertido, emocionante… tienes una forma de ver las cosas que no termino de entender. Pero está bien, tú serás mi enigma personal.

- Acepto el reto.

- ¿Qué? Pero si no es un…

Xeno no terminó de negar la "competencia", cuando Kohaku lo besó, esta vez con más suavidad. El científico decidió dejar de lado la conversación, y corresponderle para volver al clima sensual anterior, y no tardaron nada en lograrlo. Para compensar con el exceso de entusiasmo anterior, se dedicaron a movimientos lentos y profundos, a largos y suaves besos. Al menos hasta que nuevamente las placenteras y excitantes sensaciones se volvieron a apoderar de ellos, y retomaron un ritmo intenso. Kohaku tenía una energía casi infinita, y el dejarse llevar por la pasión lo potenciaba todo, realmente detenerse a tiempo se podía volver un problema. El peliblanco, dándose cuenta de eso, decidió volverse a hacer cargo de la situación, y luego de apoyar una mano en la espalda de la joven, y otra en su muslo, la llevó con él hasta volver a acostarla contra el colchón, él cayendo encima.

Kohaku se dejó llevar por él, y en el fondo, agradeció mentalmente que Xeno volviera a tener el control. No estaba muy cansada, pero no estaba mal que él guiara. Pensó que el científico retomaría su ritmo enloquecedoramente lento y seductor, pero se encontró con que se había recostado sobre ella de tal forma que ahora le respiraba agitadamente casi en el oído, y continuaba con el mismo ritmo frenético y profundo de antes. Lo sintió buscar sus manos, y una vez que dio con ambas, entrelazó sus dedos y las estiró por encima de la cabeza de ella, provocando que sus cuerpos estuvieran aún más pegados. La rubia podía sentir cada vez más caliente la piel de sus cuerpos que se rozaba, pero le encantaba lo casi agobiante que se sentía eso, sumado al abrasador y húmedo calor que notaba dentro suyo, era como si sus entrañas se derritieran a la par de placer que el científico le provocaba.

- Kohaku –gruñó Xeno contra su oído, con voz contenida– no aguanto más. Perdón, pero…

- Sí, está bien –asintió, buscando mirarlo a los ojos. Aunque la vista del científico sonrojado, con los ojos entrecerrados, y los mechones de su pelo usualmente peinados con prolijidad hacia atrás ahora caían sobre su frente, fue una imagen de lo más erótica para ella. Tardó en volver en sí, hasta que Xeno finalmente salió de ella.

Sin preguntarle, Kohaku lo empujó suavemente para dejarlo a él de espaldas contra el colchón, y mientras se recostó a su lado para besarlo, bajó una mano con confianza para rodear el miembro de él, y comenzó a moverla tal como le había mostrado Stan. Xeno gimió en su boca, y apoyó su mano encima de la de ella, para acompañarla con más vigor. La rubia entendió de pronto lo fascinante que era ver a un amante ser arrasado por la ola de placer, y encontró las aceleradas respiraciones y los gemidos de Xeno muy atrapantes cuando se separó brevemente de él, no podía quitarle los ojos de encima a aquel hombre que siempre demostraba ser tan estoico y serio, y de pronto esa noche estaba totalmente desinhibido y apasionado, mostrando su lado totalmente humano y emocional, y no el del científico dominador del mundo como pretendía presentarse.

- Koh...aku… –logró decir forzadamente, y la tomó de la parte trasera de su cabeza para acercarla a él y besarla una última vez, ahogando un sonoro gemido en su boca, mientras el clímax lo recorría.

Xeno quedó luego con los ojos cerrados, respirando pesadamente, recuperándose poco a poco. Kohaku se echó a su lado, finalmente relajándose también. Por suerte esa vez tenía un paquetito que había guardado debajo de la cama, el cual contenía unos pañuelos de tela y de los cuales utilizó uno para limpiarse las manos y el abdomen de Xeno, que seguía más allá de todo, con los ojos cerrados pero una sonrisa pegada en el rostro. Luego de dejar el pañuelo doblado en el piso, se giró sobre el lado totalmente sano de su cuerpo, y se recostó al costado del científico. Ella ya se había recuperado bastante, pero le divertía ver cómo el líder seguía extenuado como si hubiera corrido una maratón.

Cuando Xeno recobró finalmente un estado decente, se giró también de costado para estar frente a frente con Kohaku, y pasó un brazo por encima de su fina cintura para abrazarla y atraerla hacia él. Podía quedarse relajadamente dormido en cualquier momento, por dentro estaba bastante satisfecho consigo mismo, y completamente maravillado con la joven a su lado, había superado todas sus expectativas, para ser una primera vez de alguien casi sin experiencia, parecía aprender rápido. Con los escasos restos de consciencia que su cansancio le permitía, logró alcanzar la sábana de la cama para estirarla y cubrirlos a los dos. Esa noche no pensaba irse a ningún lado, Kohaku no tenía que pedirle que se quedara a dormir con ella esa vez.

- ¿Cómo te sientes? –Le preguntó, arrastrando levemente las palabras.

- Yo muy bien, pero creo que la pregunta debería ser más bien para ti –le respondió la rubia, sonriendo maliciosamente.

- Excelente –murmuró con una sonrisa.

- Te mueres por dormir, ¿verdad?

- Sí, lo admito. Perdona…

- No, está bien. No hay mucho más que hacer, y también me vendría bien el descanso.

Xeno tenía la cabeza apoyada cómodamente en la almohada, pero Kohaku, que estaba acostumbrada a dormir sobre una superficie lisa y pareja, se acurrucó un poco más abajo, quedando con la cabeza a la altura del pecho del científico, y terminó apoyándola allí por el abrazo que la mantenía tan cerca. Podía escuchar el retumbar de los ahora suaves latidos del corazón de él, y eso la hizo relajarse y entrar en un sopor que la llevó a un profundo sueño.

A la mañana siguiente, Kohaku abrió los ojos, y se encontró con aquellos orbes oscuros mirándola, ligeramente entrecerrados, y con una pequeña sonrisa en el rostro.

- Buen día, Miss Kohaku –la saludó con un tono suave.

- Buen día, Xeno. ¿Ahora vuelvo a ser Miss Kohaku?

- Siempre fuiste Miss Kohaku para mí.

- Está bien, ya me acostumbré de todas formas.

Kohaku lo miró en silencio, devolviéndole la sonrisa, y Xeno levantó una mano para acariciarle el pelo. O más bien, parecía que la estaba peinando, y se dio cuenta que él ya se había vuelto a echar el pelo para atrás.

- ¿Cómo haces para que te quede así de curvado y quieto mientras estás acostado?

- Debe ser que mi pelo se acostumbró a esa forma.

- Hmm me gusta cómo luces con los mechones sueltos, pareces más relajado. Aunque ya me acostumbré también a verte como ahora también.

- Por supuesto, es mucho más elegante. Y a ti te queda más elegante suelto, pero parece que prefieres recogértelo.

- Sí, es más fácil luchar así –frunció el ceño– aunque ahora no pueda luchar mucho.

- Pienso que en unos días más podrías empezar a volver a entrenar. Tus costillas se deben estar soldando, y si anoche no sentiste dolor o molestias, es un buen signo de que te estás recuperando.

- De verdad que extraño entrenar… es mi vida, es lo que siempre hice –murmuró con melancolía.

- Te entiendo. No me gustaría que uses tus habilidades contra nosotros, pero… si te sientes mejor y quieres empezar a ponerte en forma, no voy a impedírtelo. Al fin y al cabo, si lo haces aquí tampoco nos enteraríamos, así que no sería lógico intentar detenerte.

- Es verdad. Gracias, Xeno –miró detrás de él, y recordó que la otra mañana había saltado de la cama por poco al darse cuenta que era tarde, y ahora el sol estaba incluso más brillante– No te estoy echando, pero… ¿no estás apurado?

- No, realmente. Stan debe estar ya dando vueltas abajo, con lo cual, si no me ven a mí solamente, tampoco sería la primera vez. Además, nadie sube aquí a la mañana, no hay problema.

Ni bien dijo eso, pareció haber convocado con el pensamiento justamente la situación contraria. Apenas con unos toques en la puerta, ésta se abrió, y el que apenas apareció se detuvo de golpe fue nadie menos que Stan. El soldado no dijo nada, pero sus ojos abiertos de la sorpresa se fijaron en las dos personas evidentemente desnudas en la cama, debajo de las sábanas, y la mano de Xeno todavía recorriendo los mechones de Kohaku. La rubia quedó boquiabierta y sonrojada sin saber cómo reaccionar, mientras que el científico, contra todo pronóstico, lo miró fijo y le dedicó una confiada sonrisa a su amigo. Los dos líderes se quedaron mirándose por varios segundos, y Kohaku pudo sentir claramente una tensión en el ambiente, incluso un escalofrío la recorrió cuando miró a Stan, aunque él no parecía fijarse en ella.

Todavía recordaba que la noche anterior el soldado se había ido bastante taciturno de aquella misma habitación, y nunca había sido el encargado de llevarle el desayuno, con lo cual Kohaku no tenía idea de por qué estaba justo allí, en ese momento, y encontrándolos en esa situación comprometida. Bueno, ya habían estado juntos los tres en cierta forma, pero en ese momento era claro que había pasado mucho más que aquella otra vez. Se percató de que Stan no llevaba la bandeja de desayuno tampoco, por lo cual había ido por otro motivo a verla, quizás porque era tarde y no la había visto en toda la mañana rondar en el castillo, ¿estaría todavía molesto o preocupado por eso?

- Te espero en el laboratorio, Xeno.

Kohaku quedó aún más sorprendida después de esas palabras, y el hecho que se fue luego de decir eso, sin ni siquiera mirarla más que una fugar mirada de paso mientras se daba vuelta… ¿había venido a buscar a Xeno, entonces? ¿Pero cómo sabía que estaba allí? Miró a Xeno, cuestionándolo con la mirada.

- Si te estás preguntando si sabe lo que pasó, no, no lo hablé con él –respondió con una mueca– Pero Stan es muy inteligente y perspicaz, no dudo que se haya dado cuenta por sí solo, al no encontrarme en otros lugares.

- ¿Le… molestará?

- No me importa realmente –dijo desestimando la pregunta– Él es quién dio la idea de "compartir" la otra vez, así que no debería quejarse por verme contigo, ¿no?

A Kohaku le pareció que Xeno tenía una ínfima sonrisa en el rostro, como si en el fondo lo estuviese disfrutando, y eso le erizó los pelos. Quizás a él no le importaba… pero a ella sí. Lo último que quería era que Stan se distanciara de ella, justo que se había esforzado tanto en preparar con Gen algo especial que de seguro iba a llamarle la atención. No sabía cómo sentirse con respecto a la confesión de Xeno, de que aquel encuentro de los tres había sido por idea de Stan, aunque parecía ser lo más probable si se lo ponía a pensar.

El científico la observó, percibiendo lo tensa que se había puesto de repente, y suspiró. Se levantó de la cama, sin preocuparse por su estado de desnudez, y levantó del piso su ropa para vestirse. Le alcanzó a Kohaku su vestido, y cuando se alistó apropiadamente, se despidió con un beso en la mejilla. Ni en la boca, pero tampoco saludándola a la distancia… la rubia se preguntó qué podía pensar de esa "despedida", pero decidió no darle más vueltas. Otra vez se preguntaba cómo continuarían, pero primero tenía que preocuparse por comprobar la situación con Stan.

Por su parte, el hombre de pelo platinado estaba sentado en una silla en el laboratorio, mirando fijamente la puerta, quieto como una estatua, a excepción del cigarrillo que se acercaba y alejaba constantemente de su boca. El anterior lo había terminado partiendo con los dientes cuando salió de la habitación de Kohaku, al ver a su mejor amigo acostado con ella. Así que había decidido "profanar" a la princesa de la torre… sabía que sería inevitable, alguno lo iba a hacer seguramente por cómo venían las cosas, pero no se esperaba que lo hiciera sin decir nada al respecto. No pudo evitar hervir por dentro, pero no le daría la satisfacción a Xeno de demostrarle lo que verdaderamente sentía. El susodicho entró al laboratorio unos minutos después, luciendo muy fresco y con una pequeña sonrisa en el rostro.

- Xeno, he visitado a Brody, y dice que el submarino estará listo en una semana, confirmado.

- Como era de esperarse del Dr. Brody, elegantemente cumpliendo con sus plazos y con su maestra habilidad artesana. Excelente, ¿lo demás ya lo tienes preparado?

- ¿Con quién crees que estás hablando? Por supuesto que sí –Y agregó muy serio– Aunque por lo que veo, tú vas a dejar todo para último momento.

- Qué raro de tu parte ser tan ambiguo y dando vueltas, Stan.

- No me dio la impresión de que Kohaku estuviese tan contenta con el asesinato de su líder favorito, que se haya acostado contigo. Por lo tanto, creo que tuvieron otro tipo de conversación.

- No, no se lo dije. ¿Quieres saber lo que pasó? Ayer por la tarde Miss Kohaku decidió darme un masaje, hasta que decidió ponerse un poco más cariñosa conmigo –amplió su sonrisa– Una cosa llevó a la otra, y terminamos en una situación poco elegante en el escritorio. Pero no pudimos concluirlo ahí, lógicamente, por lo que fui a su habitación con el fin de acabar lo que habíamos empezado, justo después de que te fuiste.

Stan se contuvo ante la obvia provocación de su amigo, y mostró su más neutra y fría cara de indiferencia. Pero eso confirmaba sus dudas, de que sí había pasado algo a la tarde, motivo por el cual Kohaku tenía esa actitud perdida y estaba silenciosa. No quería imaginar esa situación "de escritorio" que muy claramente había expuesto Xeno, pero tuvo una idea de lo que pudo haber pasado.

- Y por supuesto, Miss Kohaku accedió a entregarse a mí en su primera vez, y te alegrará escuchar que fue una magnífica noche para ambos –lo pinchó un poco más con sus palabras, rara vez podía alardear como "competencia" de Stan.

- Sí, me alegro de escucharlo, y te agradezco –le contestó el soldado con su propia sonrisa confiada– Me facilitaste las cosas, a decir verdad. Ya sabes, conmigo podía llegar a ser un problema su primera vez, me tenía un poco preocupado eso. Pero tú eres mucho más… estándar, del promedio.

- Excelente, porque parece que era justo lo que ella necesitaba, ni menos…ni más.

- Eso está por verse, Xeno. Ya sabes, una vez que prueban algo superador, es difícil volver al modelo básico. No sólo el material… las prestaciones son importantes.

- Y otras veces, tanto adorno simplemente sobra, ¿no crees? Eso es lo fascinante de la elegancia, es el punto justo y agradable, sin artificios ni accesorios grotescos.

- Como digas –Stan soltó una breve risa, pero su mirada estaba más afilada que nunca. Se acercó a su amigo, y le apoyó una mano en el hombro, antes de irse– Un aviso, solamente. No te molestes en visitarnos a la mañana siguiente, o te puedes encontrar con más acción de la que te gustaría ver. Conoces mi rutina, me gusta el ejercicio diurno para empezar bien la mañana.

Stan se fue del laboratorio con su mueca burlona en el rostro, pero a medida que caminaba por el pasillo, se iba transformando en una expresión mucho más seria. Xeno se había vuelto más atrevido de lo esperado, con esas provocadoras respuestas. Pero eso lo volvía todo mucho más interesante, le aburría un contrincante fácil y miedoso. Además, eso caldeaba el ambiente mucho más para la próxima batalla que se estaba por librar, aunque más que una batalla, sería un trámite para tomar fácilmente el control del barco de aquellos jóvenes científicos, y finalmente someterlos.

La otra pregunta que se hacía era qué hacer con Kohaku. Por más que Xeno le hubiera ganado de mano, era verdad lo que había dicho que le había "facilitado el trabajo". Pero no lo quería hacer sólo por venganza o competencia con su amigo, más allá de las mutuas provocaciones. El problema era que todavía le molestaba tener la imagen de Kohaku perdida en sus pensamientos, tal vez rememorando esos momentos subidos de tono con Xeno, mientras cenaba con él, y ni qué decir el saber que habían intimado completamente esos dos, y por la caricia que vio esa mañana, no dudaba que su amigo había dicho la verdad también.

Era una jugada arriesgada, pero quería asegurarse que, si él se alejaba un poco, Kohaku lo buscaría también. De nada le servía perseguirla, convencerla, si todavía tenía en su mente a su otro amante. Hasta le parecía… "contaminado". Chasqueó para sí mismo, incómodo con ese pensamiento, ¿desde cuándo le importaba algo como lo último? Pero sí, lo cierto era que necesitaba que ella estuviera decidida y deseando estar con él. Se encargaría de que ella no pudiera pensar en ninguna otra cosa, que sólo diga, o más bien, gima, su nombre.

En la hora del almuerzo, Stan no le llevó como siempre el plato de comida para compartir con ella. No sólo tardó más en pedirlo, sino que además le terminó pidiendo a Charlotte que lo hiciera, dándole la bandeja individual para que se la lleve. Su subordinada aceptaba instantáneamente cualquier orden que él diera, por lo que no cuestionó ni dejó entrever ni una sola expresión en su rostro.

Cuando Kohaku la recibió, se quedó muy sorprendida de ver a aquella joven en lugar de Stan. ¿Estaría ocupado, o quizás esa conversación con Xeno se había prolongado? Siempre le daba intriga saber de qué hablaban ellos, pero podía intuir que no sería nada bueno para sus amigos, al fin y al cabo, todavía eran enemigos. Pero… ¿y si no era por estar ocupado? ¿Y si se había quedado molesto con que ella lo había ignorado la noche anterior, y para colmo esa mañana se había encontrado con que Xeno y ella habían intimado? No era como si lo hubiera planeado, si el científico no hubiera ido a buscarla a su habitación, eso no habría sucedido…o al menos no esa noche. Aunque la verdadera pregunta que se hacía, era por qué le revolvía tanto la idea de que Stan se alejara de ella por cualquier de los dos motivos, o peor, por ambos juntos. Quizás no podría sostener esa situación de ser cercana a ambos, quizás iba a tener que elegir, para evitar mayores problemas. Y elegir entre ellos, no sólo no iba a ser fácil, sino que de seguro iba a conllevar cierta aridez con el otro, al fin y al cabo, no se llegaba a ese punto de intimar con cualquiera, era un antes y un después para todos los involucrados.

De lo que estaba segura, era que no podría tomar su decisión si no lo comprobaba por ella misma en una situación "pareja". Y demás estaba decir que Stan le causaba la misma curiosidad que Xeno, y ahora que había cruzado esa barrera con el científico y comenzaba a conocer más su cuerpo, se preguntaba cómo sería con el soldado. Se sentía una pervertida, pero no podía evitar pensar en eso, lo había disfrutado más de lo que pensaba, y era más que obvio que Stan quería hacerlo con ella. El primer problema sería buscar la forma de volver a acercarse a él, comprobar que no fuera enojo o no la estuviera esquivando. Si eso era así, podía olvidarse de lo demás, no era un panorama agradable o ideal para ninguno de los dos, y ella tenía su dignidad, no iba a rogarle nada a nadie. Tenía que asegurarse de que Stan le volviera a demostrar sus intenciones de abrirle esa puerta. Y no podía pedirle consejo a Gen sobre eso, porque había decidido no contarle sus últimas actividades íntimas con los líderes enemigos.

De pronto, fue tan obvio… Sí, ya sabía qué hacer. No en vano se había esforzado tanto los últimos cinco días con la ayuda de Gen y de esa grabadora. No se sentía del todo confiada con su idea, pero era su mejor carta, y estaba segura que sería la definitiva para darle su respuesta. Y quizás, más de una.

Buenaaaaas! Tuve una semana complicadita, creo que desde el lunes que vengo escribiendo este capítulo de a párrafos, pero entre cansancio y ocupaciones, no pude. Y ni qué hablar de lo complejo que fue pensarlo a Xeno en situación lemon y primera vez de Kohaku en mundo de piedra, lo más "canon" con sus personalidades y circunstancias (poneeeele!). Creo que nunca me costó tanto escribir uno jajaja. Así que ojalá les haya gustado, y que se haya reflejado bien el personaje y la diferencia de carácter de Xeno con Stan.

Bueno, a continuar "Sueños de mar" … pero hoy mucho no, dormí 3hs tratando de terminar este capítulo jaja, no doy más. Gracias por su hermoso y continuo apoyo y reviews, se agradecen de corazón! Hasta el próximo capítulo!