"Si la montaña no va hacia ti, ve tú hacia la montaña". Kohaku recordó esa frase que Ruri le había dicho una vez, como moraleja de una de las cien historias, dando a entender que cuando en la vida no pasaba algo que uno esperaba, había que buscar la forma de llevarlo a cabo por otros medios. Claro que el reflexivo momento al escuchar esa frase, quedó arruinado en ese entonces por Magma, que el muy cabeza hueca había contestado "¿Ah? ¿Quién querría que la montaña se nos venga encima? Eso sería un derrumbe, idiotas" Era curioso cómo ahora Kohaku recordaba con una sonrisa nostálgica incluso las estúpidas respuestas de alguien como él, pero ese recuerdo le había hecho darse cuenta que ya hacía un mes que había sido secuestrada por los estadounidenses, aunque no podía decir que su situación de rehén fuera una típica. Extrañaba a sus amigos, pero tampoco podía decirse que estaba esforzándose por tratar de huir de ese castillo.
Y esa frase que vino a su mente, fue porque en ese caso la montaña era la representación de Stanley. Desde que los había encontrado el día anterior por la mañana a ella y a Xeno con la evidencia de haber pasado una apasionada noche juntos, estaba bastante escurridizo. Normalmente él la acompañaba en las dos comidas principales del día, en las que cada vez podían hablar con más fluidez gracias al constante aprendizaje mutuo de sus idiomas. Kohaku había decidido llevar a cabo su plan para el que tanto se había estado esforzando últimamente, pero en todo el día anterior no había tenido oportunidad, ya que Stan se iba apenas ella terminaba el último bocado. No se lo veía enojado o irritado, pero tampoco estaba tan predispuesto y relajado, y no se le insinuaba de forma bromista y seductora como antes.
Sin embargo, se dio cuenta que no era algo único y personal con ella, también lo veía bastante serio con Xeno. En las ahora asiduas recorridas de la rubia por el castillo, tenía más oportunidades de verlos a todos interactuar, y ver las dinámicas entre todos ellos. No notó que la miraran distinto luego de la mañana anterior, por lo que era muy probable que no supieran lo que había pasado con el científico, y si era sincera, lo prefería así. Además, eso significaría que el rumor también podía llegar a oídos de Gen, y ya que ella había decidido no contarle de las actividades íntimas que había experimentado con Stan y Xeno, lo que menos quería era que su amigo se enterase por otros. Y si inevitablemente eso salía a la luz, también tendría que empezar a preguntarse cómo contarle al resto de sus amigos, que seguramente no les cabría en la cabeza cómo pudo suceder aquello.
Pero Kohaku no era del tipo de persona que le gustara esperar a que las situaciones se le presenten fácilmente, por lo que decidió que, si quería sacarse la duda de si Stan iba a mantener esa actitud un poco más distante con ella por mucho más tiempo, iba a tener que averiguarlo personalmente. Podía jugar con hacer algo que pareciera casual, y si captaba la atención de él, llevarlo a dónde quería. Esa forma de pensar era más típica de Gen que de ella, pero hasta ahora sus propios métodos no habían dado los mejores resultados, y tampoco se animaba a hacerle la pregunta de forma tan directa. Si lo hacía lo suficientemente bien, podía incluso ser el pie para proceder con la otra parte de su plan.
Esperó hasta la noche, su día llevándolo normal, pero no buscó a Xeno esa tarde para acompañarlo en el laboratorio. El cielo estaba cubierto de nubes que amenazaban con librar una tormenta, y no pudo evitar pensar en que Ryusui estaría diciendo exactamente en cuánto tiempo comenzaría a llover o algo así. Cuando Stan entró a su habitación con la comida como todas las noches, ella lo miró con una amplia sonrisa, provocando que él la mirara con curiosidad, desconociendo por qué estaba tan entusiasmada. En lugar de contestarle, le mostró una caja de madera, y le sacó la bandeja de las manos para poner el contenido dentro.
- Sabes que la cena es para comerla, ¿no?
- Sí, y eso vamos a hacer –respondió, cargando la caja entre sus manos, y se dirigió hacia la puerta.
Stan se le quedó mirando, esperando alguna otra explicación, pero cuando vio que ella comenzaba a bajar las escaleras sin mirar atrás, no le quedó otra opción que seguirla. Una pequeña sonrisa asomó a su rostro, ahora sí estaba intrigado de lo que pretendía hacer, aunque ya se había hecho algunas ideas al respecto. Caminaba detrás de ella en silencio, y cuando vio que ella se dirigía a la puerta principal, no pudo contenerse más.
- ¿A dónde pretendes ir con eso? Es de noche.
- Sí. Extraño comer al aire libre, y me di cuenta que podíamos hacerlo aquí afuera.
- No es la noche ideal para eso, ni que fuera una noche estrellada y de luna llena –le dijo, mirando el cielo cubierto de nubes con el ceño fruncido.
- No me importa, veo las estrellas todos los días.
- Va a llover.
- ¿Y? Es agua, no ácido sulfúrico –contestó burlona. No sabía por qué ese día estaba recordando tantas cosas que tenían que ver con sus amigos.
Stan alzó una ceja, divertido con la contestación inteligente de ella. No podía confesarlo, pero extrañaba un poco la lengua afilada que a veces tenía Kohaku con él. Se había propuesto ser más distante y tosco con ella, para comprobar si se le acercaba por voluntad propia, y al fin tenía una respuesta interesante de su parte. Si estuviesen en verano, sería hasta un alivio esperar la lluvia allí afuera para calmar el calor ambiental, pero no era ese el caso, más bien lo contrario. Aun así, le intrigaba ver lo que tenía en mente Kohaku, además él estaba más que acostumbrado a soportar incluso tormentas de lluvia y nieve en algunas misiones como francotirador, no le molestaba en lo más mínimo un poco de agua.
- Primero acompáñame, vendría bien un poco de leña para encender una fogata.
Kohaku lo siguió hasta una casilla cercana, donde Stan se llenó los brazos con madera cortada. Luego la dejó guiarlo nuevamente, hasta que ella eligió el que consideró un buen lugar para sentarse, y tampoco estaban en completa oscuridad ya que algunas luces del castillo se reflejaban alrededor, a falta de la luz de luna. Apiló la leña y la encendió con la punta de su pistola, que Xeno le había diseñado un práctico encendedor como accesorio, muy conveniente. Mientras tanto, Kohaku sacaba la comida de la caja, dio vuelta esta última, y volvió a apoyar la cena encima, quedando como una mesa miniatura. No tenía los modales de sus captores, pero intentó hacerlo lo mejor que pudo.
- Ooh, ¿acaso esto es una cita estilo picnic? –Preguntó Stan, sin poder contener su sonrisa cuando lo vio. Por más que a veces quería lucir más serio adrede, Kohaku siempre lograba anular sus intenciones.
- ¿Qué es un "picnic"?
- Sentarse a comer al aire libre. Estaría faltando una manta o algo sobre lo que sentarnos, pero lo demás se cumple.
- Bueno… esto es de lo más común para mí y de dónde vengo. Más bien lo raro es comer siempre adentro de un lugar cerrado.
- Buen punto –admitió Stan.
Desde que construyeron el castillo, ya no hubo necesidad de comer a la intemperie, por lo que esta era la primera vez que Stan se sentaba sobre la tierra y comía, en mucho tiempo. Pero como siempre, era Kohaku la que le hacía revivir esas situaciones refrescantes y que lo desencajaban de su comodidad y status. Le resultaba curioso, pero no le molestaba, en buena parte porque esas ideas venían de esa joven que había vuelto su vida bastante interesante desde que la conoció. Se iba a sentar junto a ella, pero luego consideró la improvisada "mesa", y le divirtió la imagen de una verdadera cita, así que se ubicó frente a ella, que lo miró dudosa por la distancia que había puesto él entre ambos. Stan lo notó, y se explicó:
- En el mundo moderno había lugares dedicados a que la gente fuera a comer ahí, y era normal ubicar las sillas enfrentadas, con la mesa de por medio. Si esto se parece a una cita, déjame revivirla como una, tantos años pasaron de la última –y murmuró con un tono burlón – En lugar de velas tenemos fogata, qué romántico, nada mal.
- ¿Y qué hacían en las citas?
- Eso era muy variable. Pero cosas entretenidas, y solía haber comida de por medio. No entenderías ni la mitad de los ejemplos que podría darte, así que digamos que este sería el tipo de cita en que se comía y conversaba de los intereses personales de cada uno.
- ¿Las citas eran comer y hablar? Pero eso lo hago todos los días, no veo lo especial.
- El objetivo era conocerse más, comer era la excusa, un medio para un fin.
- ¿Y luego?
- Bueno, eso también era muy variable. A veces terminaba y cada uno seguía su camino. Otras, si todo iba bien y había interés y atracción de ambos, podía terminar en unos besos... O mucho más, si la cita era de noche –le sonrió significativamente.
- Oh... –Kohaku le corrió la mirada, un poco sonrojada. ¿Tan común para la gente moderna eran los besos y acostarse? No le pasó por alto que esa sonrisa pudiera deberse a que estaba pensando en esa misma noche, o quizás ella era la única que estaba pensando en eso.
Stan pinchó dos trozos de carne y los acercó al fuego, ya que se habían enfriado en el camino. Cuando estuvo satisfecho con el resultado, le dio uno a Kohaku. Se quedó pensando en la improvisada "cita" y todo... ¿Hubiera salido con Kohaku en el mundo moderno, de haberla conocido? Diablos, sí. Claro que, al haber nacido como descendiente de los sobrevivientes de la petrificación, eso lo volvía imposible, pero en otro universo paralelo bien podría ser. Aunque para qué pensar en realidades alternativas, cuando estaba ahí frente a él ahora. Claro, eran enemigos, y toda la bonita farsa de llevarse bien iba a acabarse pronto seguramente, cuando ella al fin supiera la verdad que el cobarde de Xeno decidió ocultarle. Pero ya que no podía hablar por el futuro, bien podría disfrutar el presente.
- Cuéntame algo tuyo entonces –le dijo Kohaku, mientras comía el pedazo de carne.
- Hasta que no estemos en el mismo bando, no puedo revelarte información personal de mi pasado, por si la usas en mi contra –La vio rodar los ojos, irritada, y sólo encogió los hombros en respuesta.
- Vaya cita… hmm ¿Qué extrañas del mundo moderno que todavía no pudiste recuperar? Sin contar personas, claro.
Luego de pensarlo un momento, Stan cerró los ojos y sonrió.
- Un generoso plato de papas fritas, bien crocantes.
Kohaku frunció el ceño, lo único que entendió era que se trataba de comida. Stan le explicó lo que eran, pero no había forma de que entendiera ese glorioso sabor.
- ¿Sabes qué? Seguro llegará el día en que pueda volver a probarlas. Y en ese entonces… tendremos otra cita en que las comeremos a reventar, y ahí sí hablaremos de nuestras vidas. ¿Qué dices?
- Suena bien –Kohaku sonrió ampliamente, cuando vio que los ojos de Stan brillaban con una chispa sinceramente divertida, inocente casi. Si eso significaba que cabía la esperanza de ser aliados, apostaría todo para volverlo realidad.
Siguieron hablando de temas triviales, principalmente de comida y otros entretenimientos modernos que el soldado trataba de explicarle, mientras seguían cenando. Un rato después, Kohaku olfateó el aire, cuando el típico aroma de lluvia, una mezcla terrosa y herbal muy agradable, le invadió la nariz. Y unos minutos después, unas pequeñas gotas empezaron a caer.
- Parece que nuestra cita llegó a su fin, está empezando a llover, se apagará la fogata. Y será una tormenta intensa, así que mejor volvamos pronto.
- ¿Cómo lo sabes?
- Mi intuición es buena –miró hacia el cielo– Y mira esos nubarrones nada más, se va a caer el cielo.
A pesar de haber dicho que debían de apurarse, Stan se quedó allí quieto, sintiendo las gotas caer sobre su rostro, siempre le había gustado esa sensación, y una vez más se dio cuenta que hace tiempo que no la disfrutaba con serenidad, sin pensarla como que entorpecía su trabajo. Cada segundo las gotas eran más numerosas y más grandes. Pero cuando por el rabillo del ojo notó un movimiento del lado de Kohaku, giró la cabeza hacia ella, y no pudo más que abrir los ojos con mucha sorpresa cuando ella apareció a su lado y repentinamente apoyó sus labios sobre los de él. Eso no se lo esperaba, era la primera vez que ella se le acercaba de esa forma, iniciando una actitud "romántica". Antes de que tuviera tiempo de corresponderle, la rubia se alejó de él.
- Dijiste que cuando las citas iban bien, podía terminar con un beso, ¿no? –Se explicó, un poco nerviosa de su atrevimiento, sin poder mirarlo a los ojos.
- Sí, lo dije –contestó en un tono suave, ya sin sonreír.
Stan la miró fijo, esperando que se anime a volver a levantar la vista hacia él. Su cuerpo se inclinó un poco hacia el de la rubia, lentamente. Si esa no era la señal de interés que buscaba de su parte, no sabía cuál otra podría ser. Ese calor que brotaba de su interior… Acercó su cara hacia la de ella, hasta quedar a unos escasos centímetros. Kohaku se había percatado de su proximidad, y sabía que ella misma había generado esa situación, pero le costaba mirarlo a los ojos, podía sentir la intensidad con la que esos magnéticos ojos azules la miraban tan fijo. Hizo acopio de toda su valentía, y finalmente lo miró, aunque lo que brevemente la dejó muy quieta fue que Stan no la estaba mirando a los ojos, sino sus labios. Sintió un estremecimiento mezcla de emoción y nervios, de los buenos, y no pudo volverle a correr la mirada cuando él conectó brevemente sus ojos ligeramente entrecerrados con los de ella, acercándose lentamente, antes de volver a posarlos sobre sus labios.
Lo imitó, aunque la verdad era bastante fácil perderse en los labios cincelados, carnosos y suaves de él, eran particularmente bonitos. Esa secuencia fue infinitamente lenta, mientras sus rostros se acercaban y quedaron rozándose, sintiendo el aire caliente de sus respiraciones mezclarse en el aire entre medio de ambos, contrastando con el frío de alrededor. Al principio sus labios volvieron a conectarse, tan suave y mínimo aquel toque. Luego fue Stan el que transformó ese roce en un beso, atrapando el labio inferior de la rubia entre los suyos. Pero lo hacía con tal delicadeza y lentitud, que era demasiado contrastante con la ola de calor que empezaba a generarse en el interior de Kohaku.
Las ya gruesas gotas de lluvia los mojaban sin piedad, pero ambos estaban completamente ajenos a eso, todo a su alrededor había dejado de existir. Stan apoyó una mano en la cintura de la joven, y la otra la colocó detrás de su cabeza, para acercarla más, lo único que su mente podía pensar era que quería tenerla lo más cerca posible. Kohaku se animó a aumentar un poco más la intensidad de aquellos suaves besos, y él le correspondió con gusto. Sintió que la sostenía con más firmeza, y luego sin interrumpir el beso la jaló para acomodarla en su regazo, entre el hueco que sus largas y fuertes piernas habían dejado. La rubia rodeó la ancha espalda de él con una mano, y deslizó la otra por el firme torso. Pretendía dejarla apoyada en el hombro de Stan, pero le sorprendió sentir claramente en aquel camino cómo latía fuertemente el corazón del soldado, y la dejó ahí, maravillada con el pensamiento de que ella podía llegar a provocar eso en él con tan poco.
Cuando Stan sintió la pequeña y cálida mano de Kohaku en ese mismo lugar, fue consciente él mismo de cómo se había acelerado. Pero no sólo no podía evitarlo, sino que tampoco podía negarlo: Desde que se había despetrificado, sólo esa inocente joven había provocado una reacción así en él, fuera de su control. Ningún avance científico y armamentístico, ni jalar el gatillo contra Senku, ni siquiera volver a pilotar un avión. Él era toda calma y control absoluto… excepto últimamente, excepto con Kohaku. Con ese pensamiento en mente, profundizó el beso, volviéndolo mucho más apasionado, y comenzó a acomodar su cuerpo para salir de esa posición sentada, hasta apoyar la espalda de la rubia contra la tierra.
Allí Kohaku cambió la posición de sus manos para colgarse del cuello de él, e instintivamente rodeó con sus piernas las caderas de Stan, su cuerpo parecía tener voluntad sobre su mente, y le pedía por sentir más del delicioso y caliente peso que él dejaba sobre ella. Habían empezado tan suave…y ahora no podían despegar sus labios ni soltarse, les parecía tan necesario como respirar. Stan posó una mano en el costado de la cara de la joven, en una larga caricia destinada a mantenerlos más cercanos. Los segundos, o incluso minutos, pasaron, pero nada más existía a su alrededor, más que consumirse mutuamente, fundir sus bocas y sus lenguas en una apasionada y cálida danza que los transportaba a otro mundo.
El soldado bajó la otra mano para apoyarla en el muslo de Kohaku, y la deslizó hacia arriba acariciándolo con firmeza, hasta llegar a rodear y apretar su trasero, lo que la hizo gemir. Cuando la rubia movió las manos para abrazarse a la espalda de él, fue que un rincón de su mente notó que estaba empapado y frío, y eso la desconcentró un poco. Y qué decir de sus alrededores, la tierra ya se había humedecido mucho, por lo que cada movimiento de ellos terminaba embarrando más sus ropas. Stan se percató del titubeo de ella, que ya no le correspondía con tanta fluidez, e interrumpió el apasionado momento para mirarla.
- ¿Qué pasa? –le preguntó en un susurro, manteniendo la caricia de su rostro.
- Ah, perdona… es que no pude ignorar que estamos empapados. Y… –apoyó una mano en la blanda tierra, mostrándole el barro que se le había pegado, lo otro que la había desconcentrado.
Recién en ese momento Stan fue consciente de lo mucho que llovía, de dónde estaban, y encontró un poco molestas las abundantes y frías gotas que los habían mojado, pero porque los había interrumpido. Pero finalmente sonrió burlón.
- ¿No dijiste que sólo era agua? Y también tierra mojada ahora, es lo normal.
Para bromear un poco más, apoyó su mano en el barro, y luego con una sonrisa muy pícara la apoyó en el rostro de Kohaku, evidentemente ensuciándola más de lo que ya estaba. La vio fruncirle el ceño, indignada.
- ¿Ves? Barro, nada más –Sus ojos brillaban con malicia y provocación.
Cuando Kohaku cedió a la broma y sonrió también, levantó un poco la cabeza mirándole los labios, dando a entender que quería continuar con lo que habían interrumpido. Pero cuando el beso los volvió a conectar, Stan había bajado la guardia, y de pronto sintió algo como un golpe en el rostro… un manotazo lleno de barro. Ahora fue él el que frunció el ceño, un poco confundido ante la agresión poco delicada, y al ver la expresión de victoria en el rostro de Kohaku, levantó una ceja.
- ¿Qué? Es barro, nada más –se burló la rubia.
- Ooooh… ¿así que la chica samurái quiere pelea en el barro? –dijo en un tono peligrosamente bajo y juguetón.
- Tú empezaste –le contestó la rubia, desafiante.
- Y tú traes las de perder.
Sin delicadeza y con una velocidad increíble, Stan le agarró ambas muñecas, y se las levantó por encima de la cabeza, para luego abarcarlas con una sola mano. Con la otra, le abrió un poco el cierre del vestido hasta exponer parte de su pecho, y luego se dedicó a juntar un buen montículo de barro. Se lo mostró con una sonrisa malvada, justo antes de embadurnárselo por toda su piel expuesta.
- ¡Nooo! ¡Maldito! –Protestó asqueada, aunque no podía ocultar su sonrisa.
- ¿Pensaste que iba a tener piedad? Nada más lejos –Dijo mientras agarraba otro montículo de barro, destinado a ensuciar sus piernas.
Como no estaba aprisionándola tanto con su cuerpo, Kohaku alcanzó a levantar una rodilla con el objetivo de golpearlo, peros los reflejos de él fueron más rápidos y lo evitó, aunque con eso ella aprovechó para soltar una de sus manos, arrastrándola por la tierra. Y con todo el barro que pudo agarrar en el recorrido, se lo plantó directamente en la cara de él, cegándolo momentáneamente, e incluso metiéndole un poco en la boca. Stan escupió a un costado con asco, y se limpió los ojos como pudo, haciendo lo posible porque ella no pudiera escapar de su agarre. Si fuese por él, la haría tragar tierra de igual modo, y pelearían rodando y embadurnándose de barro sin problema alguno, incluso era divertido. Pero recordó que no le convenía pelear brusco, o ella podría protestar por sus costillas en recuperación, arruinando el momento, así que reformuló la idea de "lucha".
- Ya que tanto te gusta el barro, disfrútalo.
Aprovechando que todavía tenía bastante en su boca, no dudó en besarla una vez más, pero esta vez enfocando en hacerle probar también el sabor a tierra de sus labios y su lengua. La escuchó quejarse con igual asco, pero no tuvo piedad y continuó con su ataque, ahora sí aprisionándola con su cuerpo. Pero cuando ella jadeó de dolor repentinamente, él se preocupó de haberla presionado demasiado… hasta que demasiado tarde, se dio cuenta que había sido una victimización adrede para sacárselo de encima, y lo terminó empujando contra el piso y se le sentó encima. Stan no podía decidirse si lo encontraba demasiado sexy, divertido, o desafiante… era todo eso junto, y soltó una carcajada fuerte y libre, encantado. Kohaku se quedó ligeramente boquiabierta, nunca lo había escuchado reír así, pero cuando se dio cuenta en el estado en que estaban ambos, también se puso a reír.
Se acercó a él, y esa vez fue ella quien lo besó con una sonrisa en los labios, pero todavía tenía un poco de malicia en ella, y juntó otro tanto de barro para esparcírselo por su pelo platinado. Ninguno podía dejar de reír mientras se besaban, era un completo asco, pero uno muy adictivo, divertido e impensado. Cuando lograron calmarse, Kohaku se dejó caer sobre su pecho, y Stan la rodeó con sus brazos, y luego le acarició la cabeza, claro que dejando completamente sucia la rubia cabellera de la joven como venganza. ¿Hacía cuánto que no se divertía como un niño de esa forma? Ignorando los apasionados besos, claro. Sospechaba que ella tampoco, aunque quizás con sus jóvenes y más inocentes amigos se había permitido más oportunidades.
Como seguía lloviendo a cántaros, dejaron que la lluvia los bañe, y con sus manos hicieron lo posible por limpiarse al menos la cara. Aunque pasada la emoción del momento, Stan notó que Kohaku empezaba a titiritar, y era más que entendible, dado que se habían empapado y estaban en principios de invierno. El problema era que no podían volver así al castillo, o tendría que dar muchas explicaciones de porqué estaban completamente embarrados los dos.
- Kohaku, vamos a tener que darnos una pasada por el mar para limpiarnos bien antes de volver. Pero luego... ¿qué te parece un buen baño caliente para entrar en calor?
- Sí, por favor –contestó, aliviada y agradecida con la propuesta.
- Ven, sube a mi espalda –le dijo, arrodillándose de espaldas a ella.
- ¿Qué…? No, puedo caminar sola.
- Pero no puedes correr. Cuanto más tardemos, más nos vamos a seguir mojando, y nos enfriaremos demasiado. Yo soy más rápido, vamos. Deja las cosas, no son importantes.
Kohaku admitió que Stan tenía razón, y aunque lo encontraba raro, le hizo caso y se apoyó en él, agarrándose a sus hombros. Él se levantó y la sostuvo con firmeza de los muslos, y echó a correr a una velocidad sorprendentemente rápida con ella encima. Llegaron al mar, y Stan se lanzó directamente al agua cargando todavía con ella encima.
- ¡AAAH! ¡FRÍOOO! ¡FRÍOOOO! –Protestó Kohaku, cuando el helado mar casi le paró la respiración.
- Enjuágate rápido entonces.
Dicho eso, Stan se sumergió entero una vez más, y rascándose la cabeza con las manos y limpiándose rápidamente todo el traje embarrado. Kohaku no quería eso, pero no tenía mucha opción, y ya estaba adentro del agua, así que lo imitó y se limpió lo más rápido que pudo. Ni bien salieron del agua, el soldado le volvió a ofrecer su espalda, y corrió de vuelta hacia el castillo, deteniendo la carrera cuando ya estaban cerca. Entraron como si nada, la expresión de Stan era toda de seriedad y autoridad como siempre, y se dirigieron directamente al baño grande, donde se encontraba la bañera que calentaba el agua mediante electricidad. Él abrió la manguera de agua en todo su caudal para que se llenara rápidamente, y luego accionó un dispositivo cercano, conectado a un largo tubo de metal, que era el que calentaba el agua.
Mientras esperaban a que estuviera listo el baño, Stan había preparado unas toallas de tela para secarse luego, y también dos trozos de jabón para que se limpien apropiadamente. Luego se quitó la ropa empapada, quedando sólo en su ropa interior. Consideró sacársela también, pero Kohaku no se había quitado más que el vestido. Como la veía temblar ligeramente, se acercó a ella para taparla con una toalla y luego rodearla con sus brazos, compartiendo el calor corporal. Ella dejó de temblar un minuto después, y le agradeció por el gesto.
Cuando encontró agradable la temperatura y la cantidad de agua de la bañera, apagó el sistema de calefacción, y le dijo a Kohaku que ya podían meterse. Ella, casi desesperada, dejó la toalla a un lado y se introdujo, soltando un gemido de alivio ante la hermosa temperatura del agua. Se sumergieron ambos bajo el agua, para entrar en calor completamente, y cuando salieron, compartieron una sonrisa de placer y contento, además de que era obvio que ambos recordaban que hubo otra ocasión en la que habían estado juntos en esa misma bañera, aunque en condiciones de confianza y acercamiento bastante diferentes. Se concentraron en limpiarse a consciencia cada uno, y luego Stan se aproximó a ella.
- ¿Te limpio la espalda y el pelo? –Le preguntó con una sonrisa juguetona.
- Sí, gracias.
Kohaku le dio la espalda, y Stan se dedicó a enjabonarla con dedicación, aunque como era de esperar, se tomó la libertad de repetir el recuerdo al masajearla un poco. Luego de quitarle todos los restos de jabón, Kohaku se volteó para mirarlo con su propia sonrisa coqueta.
- Ahora me toca a mí, ¿quieres?
- Qué princesa diligente. Claro.
Una vez más, Stan no podía evitar pensar en cuándo había sido la última vez desde una situación así… y se dio cuenta que, descartando cuando era pequeño, nunca nadie se había ofrecido a lavarle el pelo y la espalda. Era muy relajante e inocente, o al menos la forma en que Kohaku lo hacía.
Pero algo más rondaba en la cabeza de Kohaku mientras terminaba de limpiar a Stan. Esa misma situación, ese mismo lugar… era perfecto, y el momento justo para al fin hacer lo que venía planeado. Y podía aprovechar que lo tenía de espaldas, porque no sabía si se animaría a hacerlo si estaban frente a frente y él poniendo toda su atención en ella. Se puso un poco nerviosa, pero confió en todas sus horas de práctica, en los consejos de Gen, y en que la intención era más importante que el resultado. Trató de concentrarse en su memoria auditiva, respiró hondo, y comenzó a cantar con suavidad:
"He's got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories
Where everything was as fresh as the bright blue sky"
Cuando Stan empezó a escuchar la voz de Kohaku, tardó un poco en darse cuenta que era ella, que reconocía la melodía, y que estaba entendiendo las palabras en inglés. Claro que no era una pronunciación perfecta, sabía que ella no entendía tanto inglés como para cantar eso como si estuviera hablando, por lo cual se preguntó cómo es que lo estaba haciendo tan bien y claro. Pero dejó esos fugaces pensamientos de lado, al darse cuenta de otra cosa: Había cambiado todos los "she" por "he", como si le estuviera cantando la canción a un hombre… a él. Su corazón se saltó varios latidos al percatarse de eso, y quedó boquiabierto.
"Now and then when I see his face
he takes me away to that special place
and if I stare too long, I'd probably break down and cry.
Whoa, oh, oh, sweet child o' mine
Whoa, oh, oh, oh, sweet love of mine"
Stan tenía muchas preguntas en su cabeza, pero no quería interrumpirla. Le sorprendió la dulce voz que tenía Kohaku, siendo que le había dicho que no sabía cantar. No pudo aguantar más de tenerla a su espalda, y se giró, todavía con los ojos muy abiertos y mudo de la sorpresa. Vio a la rubia sonrojarse y cerrar la boca, pero le pidió que continúe con un ruego en sus ojos y animándola con un gesto, y ella asintió.
"He's got eyes of the bluest skies
as if they thought of rain.
I'd hate to look into those eyes and see an ounce of pain.
His hair reminds me of a warm safe place
where as a child I'd hide
And pray for the thunder and the rain to quietly pass me by"
Kohaku sí terminó de cantar en ese momento, ya se estaba poniendo más nerviosa ahora que Stan la estaba mirando tan intensamente. A pesar del silencio, él no decía nada, seguía mirándola a los ojos muy abiertos con los labios un poco separados. Suponía que le había gustado, y podía asegurar que lo había sorprendido mucho, al menos. No sabía si hablar ella o no, preguntarle, hacer una broma… tanto silencio la estaba poniendo más nerviosa ahora. Pero Stan apoyó su mano en su mejilla, en sus ojos parecía que se libraba una batalla de emociones y pensamientos.
- No tenías que hacerlo.
- ¿Eh? –No sabía cómo tomar esas palabras, pero supuso que se refería a que entendió el esfuerzo que le puso para aprenderlo, para dedicárselo a él, y parecía conmovido– Quise hacerlo, está bien… no fue fácil, pero me divertí.
- No, no tenías que haberlo hecho –Insistió, con ese pequeño cambio, poniendo más peso en esas palabras, corrigiendo la interpretación de ella– ¿Por qué, tú…? –Murmuró, y luego inspiró profundamente.
Stan no tenía palabras, ninguna le hacía justicia a todo lo que estaba pensando y sintiendo en ese momento, hasta se le había secado la boca. Se acercó más a Kohaku dentro del agua, que lo miraba en silencio y con expectativa. No, no necesitaba más palabras, ni aunque las encontrara. Movió la mano que se apoyaba en la mejilla de ella, hasta ubicarla en la base de su cabeza, y la atrajo desde ahí hasta apoyar el costado de la cabeza de la rubia contra su pecho, y luego la abrazó con su mano libre. Kohaku abrió mucho los ojos cuando pudo sentir con claridad una vez más el corazón de Stan latir a un ritmo parejo, pero más acelerado de lo normal.
- ¿Cómo podría dejarte ir después de esto? –Susurró Stan, más para sí mismo que para ella, mientras la mantenía entre sus brazos– No te merezco, no te lo mereces, pero no puedo evitarlo.
- ¿Qué dijis…?
Kohaku empezaba a preguntar sobre esas palabras apenas audibles, cuando Stan la besó. Había presionado sus labios imposiblemente contra los de ella, y podía decirse que lo sentía apasionado, pero no con una intención de deseo, sino más como una descarga, como si quisiera decirle algo con ese beso. Finalizó aquel particular beso, pero no la soltó, sino que volvió a besarla otra vez, con más suavidad. De hecho, le llamó la atención lo delicado que estaba siendo, era como si la besara en cámara lenta, incluso cuando empujó su lengua contra la de ella fue como una caricia. Parecían más los "elegantes" besos de Xeno que los de Stan, que, aunque lo hiciese lento, era siempre con una intención juguetona y provocadora, y ahora no había una pizca de eso. Quizás era su forma de dejarse de bromear, y agradecerle sinceramente por la canción, ya que no había usado palabras para hacerlo.
En ningún momento aumentó la intensidad, ni se volvió más salvaje o apasionado, Kohaku se sentía en una especie de trance, perdida en disfrutar ese inesperadamente suave contacto. Cuando se decidió a terminar el beso, Stan apoyó su frente contra la de ella, y sonrió mínimamente. Se quedaron así varios segundos, hasta que parecieron "despertar" finalmente. El soldado por un lado quería preguntarle por qué había aprendido esa canción, por qué se había tomado el trabajo de aprenderla, modificarla y cantarla sólo para sus oídos… pero, por otro lado, no sabía si iba a poder manejar la respuesta, más bien una parte de él prefería ser ignorante de las intenciones de Kohaku. Por lo que decidió interrumpir ese particular clima cálido que los envolvía, antes de que fuese demasiado tarde. Sí, era mucho más fácil ser provocador y apasionado, que permitir que se filtren otros tipos de pensamientos y sentimientos más problemáticos, en especial cuando no harían más que lastimarlos a ambos, en especial a ella. No podía permitir que lo mirara con ojos cálidos, cueste lo que cueste, o al menos no mientras hubiera verdades ocultas de por medio.
- Ya es hora de salir de aquí, otros pueden querer bañarse también –se excusó, soltando el abrazo que la mantenía todavía contra su cuerpo.
- Sí, está bien.
Ambos se pusieron de pie, y se escurrieron el agua antes de secarse con las toallas de tela. No había nada más incómodo que volverse a poner la ropa mojada y fría, pero tenían que salir de allí vestidos como siempre. Dejando todo limpio y ordenado, se fueron en la misma dirección hacia las escaleras principales, donde cada uno volvería a su habitación. Sin embargo, cuando era el momento de separar caminos, Kohaku le agarró la muñeca, y lo detuvo. Se miraron a los ojos, y sólo bastó que la rubia tirara un poco de la mano de él para que se entendiera lo que pretendía.
Stan no iba a ser hipócrita, deseaba desde hace días que finalmente ella se decidiera a hacer más con él, y esa noche estaba resultando demasiado perfecta como para negarse. Asintió con la cabeza, siguiéndola detrás mientras ella retomaba el camino ascendente por las escaleras hasta llegar a su habitación. Ni bien cerró la puerta detrás de él, no esperaron ni un segundo más para recortar la distancia entre ellos y unir sus labios nuevamente, esta vez con mucha más pasión. Ambos estaban también igual de desesperados por liberarse de las empapadas y frías ropas, o el alivio del baño caliente iba a perderse, por lo que se sacaron sus propias ropas, sin dejar de besarse, excepto cuando Stan tuvo que sacarse las botas y el traje entero bajándoselo por las piernas.
Quedaron en ropa interior, que también estaba empapada, pero podían soportarlo unos minutos más ya que era pequeña. Y apenas arrojaron las largas prendas a un costado, volvieron a acercarse y besarse. Fue un consuelo sentir sus cuerpos cálidos juntos, y así quitarse la desagradable sensación fría y húmeda. Kohaku levantó una pierna para rodear el muslo de Stan y pegarse todavía más a su cuerpo, lo encontraba terriblemente atractivo y deseable lo fuerte que era, se había encontrado con que le encantaba que él la abrazara o acariciara con firmeza. Pareció que él le había leído la mente, porque inmediatamente deslizó una mano a lo largo del muslo de ella, hasta llegar y apretar su trasero, y luego la levantó en el aire, sosteniéndola también con su otra mano. Los dos gimieron suavemente, ya que con ese movimiento sus partes más sensibles se habían rozado, y lo pudieron sentir claramente porque una fina tela los separaba solamente.
Kohaku enroscó sus piernas en las caderas de Stan, aferrándose así, y él la movió subiéndola y bajándola contra su cuerpo, estimulando sus intimidades con ese caliente roce. La rubia se derretía por dentro con la urgencia y la pasión del hombre, que la sostenía como si fuese ligera como una pluma. Stan la llevó luego hacia la cama, y la apoyó contra el colchón, sonriendo al notar que ella no lo había soltado, seguía aferrada a él como un koala. Encontraba fascinante que fuera tan apasionada y desinhibida, eso le provocaban ganas de ser más explícito, lo cual lo encendía particularmente cuando era correspondido, por lo cual decidió provocarla un poco.
- ¿Sabes? Te dediqué mi placer varias veces –le susurró al oído, con voz ligeramente ronca.
- ¿Q-qué?
- Que me pusiste así, al pensar en ti –le agarró la mano y la apoyó en su prominente bulto sin vergüenza alguna– y te imaginé luego en esta situación y en muchas otras más, para acompañar mi goce.
Esas palabras la estremecieron a Kohaku de pies a cabeza, cuando entendió sin dudas su significado. Le pareció muy atrevido que le dijera algo así, pero al mismo tiempo la encendió por completo. Que un hombre como él reconociera que pensaba de esa forma en ella, y precisamente en ella, que la deseara tanto de entre todas las mujeres que conocía... se sentía muy bien. No era el comentario más romántico, pero potenció su deseo muchísimo más. Tenía una sensación de poder muy interesante, y que él fuera tan sincero con su deseo, la hacía olvidarse a ella misma de toda vergüenza o timidez que le quedaba. Tanto, que se armó de valentía para responderle en ese mismo tono.
- Sí... pero aquí me tienes ahora, ya no necesitas imaginarlo –lo oyó jadear, sorprendido, y poco a poco su sonrisa felina se amplió.
- Eres malditamente perfecta ¿lo sabes? Sí, serás mi maldición, pero la acepto con los brazos abiertos –le agarró la mano con que la había hecho tocarlo, depositó un beso en ella mientras la miraba a los ojos, luego entrelazó los dedos de ambas manos con las de ella, apoyándolas contra el colchón, a los costados de su cabeza. Se acercó hasta quedar a milímetros de su boca, susurrando contra sus labios– Dame tu alma hoy, haz el ritual.
Fue el turno de Kohaku de derretirse con las palabras de su amante, estremeciéndose entera ante ese contacto y esas palabras tan intensas, y halló la forma de consentir el pedido de él al besarlo con toda la pasión que pudo, y atrayendo el cuerpo de él contra el suyo con la fuerza de sus piernas. Gimió sonoramente cuando sintió muy claramente la presión de su intimidad contra la de ella, y lo escuchó gruñir y resoplar.
- Vas a tener que ser más paciente si quieres eso, créeme. Pero puedo consentirte un poco si estás tan ansiosa.
Manteniendo la unión de sus manos, la besó profundamente, y se empujó y frotó contra ella a un ritmo constante. Los gemidos de ambos se ahogaron en sus bocas, al sentir la casi eléctrica ola de placer que los recorrió. Stan agradecía internamente tener tanto control sobre sí mismo, ya que tendría que dedicarle un buen rato a preparar a Kohaku para "recibirlo", y si así empezaban, podía imaginar lo intensa que iba a resultar esa noche. Cuando se dio cuenta que empezaba a excitarse demasiado con eso, se apoyó en sus rodillas para poner un poco de distancia, y en su lugar comenzó a besarle el cuello, manteniendo el ímpetu apasionado. No sabía si agradecer o maldecir que la joven gimiera o jadeara con todo lo que le hacía, era una dulce tortura para sus oídos, y lo ponía a cien instantáneamente, quería devorarla entera con toda su boca… e iba a hacerlo.
Kohaku sentía mucho calor, su cara ardía ya, y los fogosos besos de Stan en su piel dejaban un sendero ardiente a su paso. Era arrollador, la estaba recorriendo sin detenerse, depositando húmedos besos y suaves mordiscos en su cuello, clavícula, el valle entre sus pechos, sus costillas del lado sano, y finalmente su abdomen, todo para volver a subir nuevamente. Le soltó las manos, pero sólo para desatar su sostén, bajándoselo por los hombros en una larga caricia, y arrojándolo a un costado. Con la misma pasión se dedicó atender sus pechos, Kohaku estaba boquiabierta de gusto, estaba siendo mucho más "salvaje" que la primera vez que le había hecho eso. Alternaba entre masajes circulares y besos, ambos atendidos al mismo tiempo. En el momento que se animó a mirarlo, él se percató de aquello, y con una sonrisa sensual se dedicó a recorrer todo un pecho sólo con la lengua, devolviéndole la mirada. Uuuufff… no pudo soportarlo, era demasiado, y volvió a cerrar los ojos, aunque escuchó una suave risa de parte de él, y luego un casi doloroso tirón.
- Hazlo otra vez, mírame –le dijo en un tono confiado y sensual, mientras atrapaba su sensible pezón entre los dientes una vez más, y tiraba suavemente, y repetía casi la misma acción en el otro, pero con sus dedos.
Kohaku humeaba con eso, le costaba sostenerles la mirada a esos magnéticos ojos zafiro, más oscuros que nunca. Y cuando sintió ese roce filoso una vez más, pero acompañado de una potente succión, arqueó su espalda hacia él, y no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza, pero porque la intensa sensación que la invadió no le permitió hacer otra cosa. Estiró los brazos para agarrarse de los hombros de Stan, pero él comenzó a bajar una vez más con su sendero de atenciones ahora sobre el abdomen de ella, por lo que terminó acariciándole los brazos, hasta dejar sus manos apoyadas sobre las de él.
- Cada centímetro de tu piel es delicioso, mi princesa. Y quiero saborearte entera.
Stan continuó bajando por su vientre, y atrapó un lado de las bragas de Kohaku con los dientes, y se las bajó hasta sacárselas. Allí aprovechó para demostrarle que iba en serio con lo de "saborearla" entera, y le besó y mordisqueó el pie, rozando sus dientes por su talón y tobillo, y comenzando a subir por la cara interior entera de las hermosas piernas de la joven. No se olvidó de atender especialmente la parte trasera de las rodillas, un área muy sensible, y Kohaku sacudió la pierna involuntariamente ante esa nueva caricia. El buen soldado siguió subiendo, consintiéndola con dedicación, alcanzando al fin su intimidad. La complació casi como si lo disfrutara más que ella, como si fuera un oasis en el desierto y él hubiera viajado sediento por largas horas. Y era un poco así, sólo que Kohaku, toda su existencia, se había convertido en ese oasis, se había vuelto la co-protagonista de su vida en ese último mes, y en cierta forma nunca había estado tan atento de una sola persona en su vida, a excepción de Xeno por supuesto. No importaba si fuera obligado o no en un principio, parte de un objetivo, desde hace días que toda interacción e interés por ella era genuino y suyo.
Siempre daba todo de sí, pero esa noche se había prometido a sí mismo ir más allá si fuera posible. No quería quedarse con nada pendiente, ni deseos, ni arrepentimientos. Mentira, sí tenía un arrepentimiento, sólo uno y que ni siquiera era enteramente suyo, pero por el momento tendría que hacerlo a un costado. Ese pensamiento funcionaba como una compensación, como si se estuviera redimiendo con ella por adelantado, y eso lo llevaba a dar toda su entrega de la forma en que lo estaba haciendo. La iba a llevar al cielo más alto, para compensar con el infierno que le esperaba, esa era su misión ahora.
Kohaku era toda sensaciones, Stan ya le había hecho eso una vez y se había sentido increíble, pero ahora se estaba superando, lo cual era no creía posible. No bastaba con aferrarse a las sábanas, porque si aplicaba esa fuerza en los brazos de él, se los iba a lastimar, estaba segura. Su cuerpo estaba embotado de placer, pero lo peor –o lo mejor, no podía decidirse– era que el soldado en ningún momento se detenía o disminuía la intensidad, era como un animal salvaje y hambriento, sólo que de pura pasión. Recorría con toda su boca cada milímetro de su sexo, alternaba perfectamente besos, lamidas, succiones y hasta delicados mordiscos, como si tuviera una línea invisible de comunicación con el cerebro y el cuerpo de ella, potenciando su placer cada segundo. Podía ya sentir esa presión que crecía en su bajo vientre, comenzando a expandirse, ya sabía lo que significaba. Sentía una mezcla de expectativa, deseo y hasta miedo, porque le preocupaba si sería demasiado intenso y podría soportarlo.
Pero de pronto Stan, sin detenerse, entrelazó sus dedos con los de ella, nuevamente haciéndola preguntarse si de verdad podía leerle la mente, ya que realmente había pensado que necesitaba un "soporte". Lo que la hizo estremecerse mucho más, fue que en ese momento levantó la cabeza de la cama y sus miradas se encontraron, lo cual fue de por sí demasiado fuerte para Kohaku, y eso disparó aún más su goce, de forma inexplicable. Los ojos zafiro conectaron con los aguamarina, y no pudieron despegarse, al menos no hasta que la rubia los tuvo que cerrar con mucha fuerza, y abrir la boca en un grito ahogado, mientras una arrolladora ola de placer la cubría por completo y anulaba todo lo demás. Stan no se detuvo hasta no sentir que ella había atravesado su orgasmo, pero sí disminuyó la intensidad un poco para no pasarse de sobre-estimulación y generarle incomodidad.
Kohaku respiraba casi resollando, cuando pudo volver a incorporar aire a sus pulmones, literalmente se había ahogado de placer, jamás había pensado que algo así era posible. Percibió que Stan se movía, sin soltarle las manos, aunque más bien porque ella todavía lo tenía agarrado con fuerza, como si su vida dependiera de eso. El soldado alcanzó a ponerse a su altura, y la besó en la mejilla y en la comisura de la boca. A Kohaku no le importó que no se había recuperado del todo, y atrapó sus labios en los de ella, para luego besarlo apasionadamente, pero separándose a cada rato para seguir incorporando aire. Se había despertado algo en ella, algo casi salvaje, aunque mezclado con agradecimiento, quería devolverle aunque sea un poco de la locura de goce que le había hecho sentir. Sin detener los continuos besos, empujó el pecho de él contra el colchón y se subió a su cuerpo.
Stan estaba un poco sorprendido de su repentino ímpetu, esperaba dejarla "fuera de juego" por un rato, pero no dijo nada, quería ver qué hacía ella. No se sentía digno de las caricias de Kohaku, pero no podía frenar su sincero entusiasmo, el de ninguno de los dos. La rubia pareció haber tomado nota mental de cómo él la había acariciado y besado, porque ahora era la que, sin reservas, recorría su cuello y su torso de una forma apasionada. Ya con que lo acariciara con sus manos, creía que era suficientemente bueno, pero ahora sentir esos cálidos y suaves labios, e incluso su delicada y húmeda lengua, era más de lo que podía pedir.
Kohaku no quería pensar en otra cosa que no fuese retribuirle a Stan sus atenciones sensuales. Y desde que se le habían despertado las ganas de hacer algo más que apreciar un cuerpo masculino, en especial uno como el de Stan que era tan atractivo a la vista y al tacto, empezaba a entender el goce propio de devenía de hacer sentir bien al amante. Esa era finalmente su oportunidad, por lo que no la desaprovechó, y se deleitó con recorrer ese escultural cuerpo con su boca y sus manos. Además, le parecía muy excitante que el soldado no se callara nada, dejaba salir suaves jadeos y gemidos, alentándola. Se preguntó si un hombre sentiría el mismo tipo de placer en sus pechos, eran muy distintos a los de las mujeres en su forma y tacto, y sin embargo también similares. Decidió sacarse la duda, y probar con imitar esos besos y ligerísimos mordiscos en él. Oyó a Stan gemir más alto, y entusiasmada con el resultado, enrolló como pudo su lengua alrededor de las pequeñísimas protuberancias de los pectorales de él.
- Oh, Kohaku –dijo con un gemido gutural, y enterró ambas menos en la melena rubia da la joven. No muchas mujeres se percataban de lo bien que se sentía eso también en un hombre, pero recordó que seguramente ella en su inexperiencia tampoco tenía prejuicios, todo era potencial.
Cuando Kohaku lo escuchó y sintió cómo la había agarrado, sonrió con sincero orgullo y emoción. Como estaba tan afirmada en su inexperiencia, no pensaba poder hacer algo que le llamara la atención a un hombre tan experimentado como Stan. Eso renovó su seguridad e ímpetu, y se volvió todavía más apasionada. Lo complació en esa zona un rato más, ya que tanto le había gustado, y luego sí decidió continuar con su camino descendente. Ese abdomen tan fibroso y marcado, no se contuvo de deslizar sus dedos y también acariciarlo con sus labios, era demasiado tentador. Y encontró fascinante mientras seguía bajando, una zona muscular que tenía una forma triangular invertida. No supo por qué le llamó tanto la atención, incluso sólo ver eso le generó un tirón en su propio bajo abdomen, y lo rozó con los dedos. Sintió la piel de Stan estremecerse bajo el toque, y abrió los ojos sorprendida. Levantó los ojos hacia él, y tuvo que respirar hondo porque tenía la mirada más oscura y llena de deseo que le había visto nunca.
No pudo sostenerle la mirada mucho más, por lo que la volvió a bajar al cuerpo de él. Era consciente dónde desembocaba ese triángulo, y se sonrojó de darse cuenta de lo cerca que estaba. Iba a verlo desnudo eventualmente, y tampoco era la primera vez ya. Lo que se preguntaba ahora era qué tanto más podía animarse a hacer. Seguir pensando no iba a resolver nada, así que le agarró el calzón, y empezó a bajárselo. Se intimidó un poco al notar que tenía proporciones más generosas que las del científico, ¿eso iba a…? No, no tenía que pensarlo.
Stan dudaba si detenerla o no. Se la veía bastante segura y entusiasmada, pero fue graciosa la expresión de su rostro, era muy obvio lo que estaba pensando. Para no intimidarla, apoyó la cabeza en el colchón y cerró los ojos, aunque si era por él podría mirarla sin problemas. Respiró profundamente cuando los dedos de ella tocaron su intimidad, para colmo la delicadeza con que lo hizo le produjo cosquillas. Sonrió al pensar que debía estar roja como un tomate, pero valoraba mucho su iniciativa y curiosidad, que experimentara con él todo lo que quisiera. La ayudó sutilmente acompañando con su voz y con pequeños movimientos, dándole a entender sin hablar cuando iba bien orientada. Era tan suave que le parecía adorable, aunque por otro lado estaba más que excitado.
De pronto se estremeció y ahogó un fuerte jadeo cuando sintió algo demasiado caliente y húmedo sobre él, y levantó la cabeza para mirarla otra vez, incrédulo. No se esperaba que Kohaku se animara a hacer eso, aunque, por otro lado, verlo a él hacerle sexo oral lo más normal y entusiasmado, era hasta lógico que intuitivamente considerara hacerlo. La notó titubear, seguramente dudando qué o cómo hacerlo, su timidez era casi dulce. Definitivamente esa joven sería su perdición, confirmaba lo perfecta que era, el punto justo entre inocencia y atrevimiento, entre buena y desafiante, dedicada y segura, y para completar el combo, preciosa. Y Stan se derritió cuando finalmente ella se animó a soltarse y continuar con caricias más intensas, similares a las de su pecho y su abdomen.
Stan se mordió el labio inferior, disfrutando con todo su ser ese momento. Pero nuevamente, parte de él sentía que no se merecía eso, por lo que la detuvo con disimulo, sentándose para rodearla con sus brazos y besarla, y luego la llevó con él para acostarla contra el colchón. Con una mano la abrazó hasta pegarla a su cuerpo, y deslizó la otra por su espalda, bajándola hasta rodear y apretar su trasero, y luego continuó hasta apoyar sus dedos en su intimidad. La acarició suavemente para anticiparla a lo que iba a hacer, y luego de tentar un poco su entrada, introdujo un dedo. Kohaku se abrazó a él con más fuerza, gimiendo un poco, pero estaba tan preparada y excitada que lo recibió hasta con alivio. Cuando Stan consideró que su interior había cedido, introdujo otro dedo, más profundo, luego moviéndolos en pequeños círculos dentro de ella. La rubia le había clavado las uñas en la espalda, pero no la sentía tensa o rígida.
- Kohaku –Llamó su atención con suavidad– ¿Quieres hacerlo?
- Sí…
No había duda en sus ojos, quería eso, y Stan dejó todo pensamiento de lado, que no fuera el "aquí y ahora". Se colocó encima de ella, y la besó largamente mientras se acomodaba. Entrelazó los dedos de una mano con la de ella, y se ayudó con la otra para alinear sus sexos. Comenzó a empujarse milimétricamente, no le importaba si le tomaba uno o más minutos, daba por sentado que iba a resultar abrumador para Kohaku, y aunque no era virgen ya, tampoco estaba acostumbrada. Pero poco después de empezar, Kohaku inspiró bruscamente, y puso sus manos en el pecho de él, deteniéndolo.
- ¡Oh, espera, espera! Es mucho, más despacio.
- Pero… no entró todavía.
- ¿Eh? –Kohaku abrió mucho los ojos, sin poder creerlo.
- Digamos que está "en la puerta".
- Oh, cielos… ¿en serio? –La preocupación la invadió, podía jurar que había sentido mucho más que eso.
- Sí, en serio. Entiendo que al principio no te va a resultar cómodo, pero si es demasiado, no estás obligada. Está bien si quieres detenerte aquí.
- No, quiero continuar… sólo que…No es dolor en sí, pero me ardió.
- Estoy avanzando lo más lento y cuidadoso posible. Relájate y aguanta un poco más, y ya verás cómo luego te sientes mejor. Pero si no puedes soportarlo o no te gusta, me detendré, ¿de acuerdo?
- Sí, está bien, gracias –Respiró hondo, y trató de mentalizarse. Le había sido evidente que era grande, pero no esperaba sentirse tan abrumada con tan poco. Pero decidió confiar en él, e intentarlo una vez más.
Kohaku colocó sus manos en las mejillas de él, y lo atrajo para besarlo, al menos de esa forma se concentraba también en algo que sí se sentía muy bien. Una vez más, volvió a sentir una presión intensa, y era verdad que avanzaba imperceptiblemente lento, pero se aguantó un poco más. Se abrazó a la amplia espalda de Stan, y trató de mantenerse relajada. A pesar de que sí se sentía incómoda con el ardor, a la vez también sentía algo más placentero, pero todavía no podía afirmar cuál predominaba. Podía sentir cómo la llenaba y "expandía" por dentro poco a poco, era una sensación de lo más intensa.
- Aah, por todos los… –Alcanzó a susurrar Kohaku, antes de que el soldado ahogara la última palabra en su boca con un profundo beso.
Eso sí que estaba imposiblemente apretado para Stan, muy placentero para él, pero lamentablemente todavía no tanto para su amante. Se empujaba y salía de a poco, muy lenta y gradualmente, para acostumbrarla a su tamaño, cada tanto buscando ir mínimamente más profundo. Sabía que las mujeres tenían sensibilidad hasta los primeros siete centímetros de su interior, por lo cual tenía que concentrarse en lograr volver disfrutable solamente eso, antes de probar con ir más profundo, aunque más por él que por ella. Luego de los primeros minutos, Kohaku soltó un largo gemido junto a su oído que lo hizo estremecerse, pero al menos no la notaba más rígida.
- ¿Cómo te sientes? ¿Continúo o no?
- Creo que bien… es muy intenso, pero a la vez parece que molesta cada vez menos.
- Es la idea, pero verás cómo tu cuerpo se acostumbra y mejora poco a poco. Muy bien, esa es mi chica.
Le dio un beso corto, sonriéndole aliviado. Estaba deseando con todo su ser que ella no lo detuviera, que pudiera aceptarlo. Ahora que lo difícil ya había pasado, podían seguir. Continuó con ese lento vaivén, prestando buena parte de su atención a las reacciones de Kohaku, mientras disfrutaba como nunca esa imposiblemente caliente y húmeda sensación que era celestial. A medida que la sentía más relajada y comenzando a jadear de auténtico goce, se iba moviendo con más ritmo y velocidad. A partir de ese momento estaba resultando tal como había imaginado, y hasta mucho mejor. Y cuando Kohaku correspondió los empujes de él con los de ella misma, rodeando las caderas de él con sus piernas para sostenerse e impulsarse con más facilidad, Stan estaba física y mentalmente al borde del éxtasis.
Pero necesitaba más de ella, completar la imagen de la diosa que era, y se detuvo. No le dio tiempo a Kohaku de preguntarle por qué había parado, cuando la agarró de la cintura y la levantó del colchón, llevándola junto a él sin separar sus cuerpos hasta quedar sentados.
- No hay nada más sensual que una mujer tomando el control –susurró junto a su oído– Úsame para tu placer, soy todo tuyo.
Kohaku se sonrojó intensamente ante esas palabras, y porque en ese cambio de posición lo sintió mucho más intenso y profundo. Asintió, y comenzó a moverse ella, ya no quedaba ni un asomo de la molestia del inicio, ahora sólo sentía un inmenso goce que la recorría. Era muy intensa la sensación de lo profundo que Stan estaba dentro de ella de esa forma, y tenía que admitir que en ese momento sí encontraba increíblemente placentero el generoso miembro de su amante, aunque al principio dudaba si podría soportarlo. Además, el soldado no apartaba la mirada de sus ojos, lo cual le parecía demasiado íntimo, ella apenas podía sostenérsela en esa situación.
Stan bajó las manos de la cintura hasta el trasero de ella, e incentivó sus movimientos guiándola con más ritmo. Eso ya estaba resultando perfecto, pero cuando Kohaku instintivamente se arqueó hacia atrás y continuó moviéndose con ímpetu, él gimió sonoramente, ese pequeño cambio fue arrollador y lo llevó inesperadamente al límite en poco tiempo. Quizás podía buscar que ella acabara una segunda vez, pero tendría que esperar un poco más, el que necesitaba hacerlo ahora, y fuera de ella, era él. La volvió a agarrar con firmeza para empujarla hacia atrás y hacerla recostarse en el colchón, aprovechando la interrupción para salir, y besarla mientras él se tocaba buscando rápidamente su liberación, ahogando un sonoro gemido en su boca cuando la alcanzó, produciéndole un perceptible temblor en todo el cuerpo.
Se tomó unos segundos para recuperarse, mientras Kohaku respiraba tan aceleradamente como él. Pero antes de que se hiciera la idea de que eso iba a terminar ahí, la miró a los ojos seductoramente para hacérselo saber.
- Todavía no terminé contigo, mi princesa.
- Eh... ¿No? Entendí que después de terminar, los hombres no pueden seguir.
- Por un lado, es verdad, pero por el otro, eso sólo dura un rato. Nadie dice que no pueda continuar contigo, hasta volver a estar listo. Ahora que te empezaste a sentir cómoda conmigo, no podemos dejarlo ahí. Ven, siéntate sobre mí.
- ¿Pero no era que necesitabas...? –Le preguntó, frunciendo el ceño, confundida con la contradicción.
- No te especifiqué dónde –la interrumpió con una sonrisa felina.
Stan se recostó boca arriba en el colchón, y la tomó por la cintura para levantarla con facilidad, y ubicarla… justo encima de su cara. Kohaku abrió mucho los ojos y sintió su cara humear de vergüenza ante eso, porque era muy evidente la única opción de lo que pretendía hacer desde esa posición. El soldado dejó sus manos apoyadas en la cintura de la rubia, tiró un poco de ella para acercarla más, y con una sonrisa lasciva se dedicó una vez más a besar y recorrer con su lengua la zona más sensible del cuerpo de Kohaku. Para colmo, ahora ella no tenía de dónde agarrarse o apoyarse, pero encontró con que al menos podía enterrar sus dedos en la suave cabellera platinada él. Era demasiado atrevido, pero demonios que se sentía muy bien.
Cuando Stan la oyó volver a jadear y reaccionar con suaves contracciones frente a la apasionada estimulación, decidió redoblar la apuesta, introduciendo la punta de su lengua en ella mientras movía sus caderas hacia atrás y adelante, provocando que ella gimiera mucho más fuerte. Pero cuando la sintió ponerse un poco más rígida y oyó que la respiración se le aceleraba acompañando sus gemidos, la volvió a levantar para ubicarla sobre su cintura, y así poder sentarse y luego llevarla con él para apoyarla contra el colchón una vez más. Kohaku lo miró con una mezcla de confusión y reproche, porque le había interrumpido cruelmente su liberación, pero él la besó apasionadamente, y tiró de su labio inferior con una sonrisa maliciosa, antes de dirigirse a su oído para contarle como si fuera un secreto.
- Espero que no tengas planes, porque mañana no vas a poder caminar –le dijo, mordisqueándole el lóbulo.
Kohaku se estremeció de pies a cabeza ante la sensual amenaza, y lo único que su mente pensó fue un "oh, sí", pero la respuesta que le ofreció fue, como siempre, una más desafiante.
- ¡Ja! No me subestimes, soy una guerrera.
- Me encanta esa actitud, preciosa.
Le dio un beso en el cuello, y después miró alrededor, buscando una de las mantas que debía haber cerca. Cuando la encontró, la enrolló rápidamente, y la colocó debajo de la cadera de ella, alzando su cuerpo.
- ¿Para qué me pusiste eso ahí?
- Oh, ya lo sentirás. Pero puedo adelantarte que es para facilitar el ángulo correcto para hacerte llorar de placer.
- ¿Llorar…?
- Tal vez. Esto va a ser medianamente rápido e intenso, pero confía en mí.
Stan no quería esperar un segundo más, o se perdería buena parte de la estimulación que había logrado conseguir para acercarla ese segundo orgasmo. Claro que podría volverla a llevar hasta allí, pero iba a resultar devastadoramente más placentero si aprovechaba que estaba todavía con la sensibilidad a flor de piel. Se acomodó encima de ella nuevamente, y se alivió cuando comenzó a entrar en ella y notó que lo había logrado con mucha más facilidad, aunque era esperable. Por más que lo que más quería era abrazarla y besarla hasta dejarla temblando, sabía que lo que tenía en mente iba a ser mil veces mejor para ella.
Cuando llegó lo más profundo que pudo, deleitándose con la expresión de puro placer de Kohaku, se apoyó sobre sus manos, más arriba de ella, su pecho a la altura de los hombros de la joven. La vio fruncir el ceño, evidentemente pensando la extraña posición que él había adoptado, pero prefirió proceder a demostrarle con acciones más que con palabras el objetivo de aquello. Comenzó a moverse contra ella, en movimientos suaves pero muy profundos, de forma vertical más que el tímido vaivén horizontal, y la vio inspirar bruscamente y quedar boquiabierta, mirándolo a los ojos con sorpresa. Bien, estaba encaminado, podía funcionar. Él podía hacerlo.
Cambió el apoyo de sus manos a sus antebrazos, y dejó que sus caderas queden completamente alineadas y pegadas contra las de ella. Volvió a empujar en ese sentido vertical, esta vez sin alejarse de ella, provocando una deliciosa fricción para ambos. La gracia de esa posición denominada "CAT" por sus siglas, era que tenía la posibilidad no sólo de estimularla interiormente, sino que su pelvis apoyaba perfectamente contra el clítoris de ella, con lo cual era el placer máximo que podía ofrecerle a una mujer. Kohaku estaba extasiada, y se aferró tan fuerte a la espalda de él, que le hundió sus uñas sin poder controlarse. Stan gruñó, y luego sostuvo su apoyo en un solo brazo, para deslizar la otra mano hasta el trasero de ella, y guiarla a que ella también empuje sus caderas hacia él, aumentando todavía más el roce y la fricción. Kohaku no pudo controlar un gemido tan alto, que estuvo más bien cerca de un grito, y se tapó la boca. Pero Stan se la quitó, y entrelazó sus dedos con los de ella.
- No, deja salir tu voz, quiero oírte –le dijo con voz ronca– Que nos escuche todo el maldito castillo, no me importa.
- Pero... ¡Aah!
- Sin peros, o me encargaré de que no puedas pensar en otra cosa, más que en sentirme a mí. De hecho, eso haré.
Consideraba que ya era suficiente, por lo que cambió sus movimientos para poder girar las caderas en círculos, cada vez más intensos. No dudaba que ese nivel de roce iba a ser abrumador para Kohaku, era un camino directo al paraíso del placer. Y efectivamente, ella ya no pudo contener sus sonoros gemidos cada vez más agudos, empezaba a tensarse perceptiblemente.
- Kohaku –jadeó junto a su oído, ya que él también estaba conteniendo su propia y muy intensa estimulación– Contrae tu interior todo lo que puedas, y mantente así, por favor.
La rubia apenas pudo procesar lo que le pidió, y aunque no lo entendiera del todo le hizo caso. Oooooh… ahora sí estaba al borde de perder su cordura. Su cuerpo se encontró con un inexplicable tenso placer mientras hacía eso, y se aferró con todas sus fuerzas al cuerpo de Stan. Eso fue demasiado para él también, al pedirle eso había provocado que ella se apriete muchísimo más, era una fricción que lo hacía usar todo su autocontrol para no acabar inmediatamente, de tan placentero que resultaba. Estaba más que seguro que alguien podía oírlos, no sólo en ese piso sino seguramente también en el de abajo, las paredes eran finas, y ellos expresaban su disfrute como si estuvieran solos en el mundo. Stan no pensaba contenerse, estaba seguro que ese podría ser el mejor orgasmo de la vida de Kohaku, y posiblemente el de él también.
No pasó ni un minuto, cuando sintió las contracciones y temblores del cuerpo de Kohaku, además de su identificable grito ahogado, y él tuvo que hacer acopio de todo su control para acompañarla en su explosiva liberación, y logró salir justo a tiempo, ya que apenas unos segundos después él también acabó por segunda vez, sin la necesidad de tocarse, y fue tan intenso como pensaba. Eso estuvo demasiado cerca, pero había valido totalmente la pena. Se dejó caer al costado de ella, ambos jadeando fuertemente para recuperar la respiración.
- ¿Qué…fue…eso? –Murmuró Kohaku
- "Eso" fuimos nosotros. Tenemos potencial juntos, ¿eh? –le sonrió, mirándola de reojo– Nada mal, naaada mal.
Stan pasó un brazo por debajo del cuello de Kohaku, ofreciéndoselo como almohada, y suspiró largamente. Unos minutos después, cuando la rubia consideró que podía moverse, se arrastró en el colchón para acercarse más a él, apoyando la cabeza en su pecho. El soldado le dio un beso en la cabeza, y la rodeó con su otro brazo.
- Ahora sí que perdiste tu oportunidad de escapar de mí –susurró, cerrando los ojos.
- ¿Qué dijiste? –Preguntó Kohaku, adormilada ahora que el agotamiento había hecho mella en ella.
- Que de verdad hiciste el ritual.
- ¿Eh? No te entiendo… –Insistió, pero Stan no le contestó más nada, tenía los ojos cerrados.
No estaba dormido realmente. Quizás era el efecto post-orgásmico y la oxitocina fluyendo por su cerebro y hablando por él, pero su mente estaba ya más allá de todo. Muchos pensamientos, cuestionamientos e imágenes se agolparon en su mente, mezclándose con el sueño que inevitablemente lo invadió.
Ese era un nuevo mundo, una nueva oportunidad de vivir. No tenía que obedecer a nadie si no quisiera, no había rangos, trabajos remunerados, obligaciones sociales, ni guerras, más allá de las que ellos mismos quisieran librar. Acompañaba a Xeno en el plan de ser los "nuevos dueños" de todo, quería ayudar a su amigo a lograr su ambición, que sabía que era más interesante que la que reinaba en el viejo mundo, o en buena parte al menos. Pero, ¿realmente él compartía ese deseo, quería dedicar su nueva vida a gobernar el mundo? Ni tanto, lo hacía más por inercia y lealtad hacia su mejor amigo, que por motivación propia. Tampoco estaría tan mal llevar una vida relajada, colaborando con avances que hicieran más cómoda y segura la vida del mundo de piedra, pero sólo viviendo y siendo… feliz. Ni siquiera sabía si él había conocido la verdadera felicidad, ciertamente el mundo militar no se caracterizaba por permitírselo, pero no era tarde para experimentarla. Quizás no en ese momento, pero en un futuro…
Cuando volvió a abrir los ojos, se dio cuenta que se había quedado dormido. Kohaku seguía en sus sueños, abrazada a la cintura de él. Miró hacia la ventana, y todavía era de noche, pero alcanzó a ver un ínfimo tono más claro en lo que se percibía del horizonte. Las nubes de la tormenta se habían disipado, se veía un cielo limpio. Se le ocurrió una idea, y volvió a mirar a Kohaku. Le colocó un mechón de pelo detrás de su oreja, y acercó su boca a la oreja de ella.
- Kohaku, despierta.
La sacudió delicadamente, hasta que la vio inspirar profundamente y abrir un poco los ojos, confundida.
- Arriba, vamos. Quiero mostrarte algo
- Es de noche.
- Es el momento justo.
Ignorando las protestas de Kohaku en forma de murmullos, se levantó de la cama. Fue a buscar su traje, y comprobó que todavía estaba húmedo. Tenía otro, pero tenía que ir a buscarlo… podía hacerlo en un par de minutos, y también buscar otro para Kohaku, le habían hecho un par para que se cambiara. Sigilosamente, se puso el traje mojado y salió de la habitación para ir a cambiarse. En cuanto volvió, despertó nuevamente a la joven, y le puso el vestido en la mano.
- Vamos, ponte esto, y ven conmigo.
- ¿Hmm? Pero, mi ropa interior...
- No importa, luego volveremos aquí por unas horas más de sueño, si quieres. Rápido, o será demasiado tarde.
Kohaku se despabiló, y a regañadientes le hizo caso. En cuanto se vistió, Stan estaba bastante impaciente, por lo que la cargó en sus brazos y corrió escaleras abajo. La bajó solamente cuando llegaron a la puerta principal, porque necesitaba abrirla con cuidado, y una vez afuera, volvió a cargar a la rubia en sus brazos y correr. Kohaku no entendía qué podía ser tan urgente, él no llevaba nada consigo, ni siquiera su equipamiento de ataque. Hasta que se percató que se estaban aproximando al lugar donde guardaban los aviones. ¿De verdad, a esa hora?
- ¿Lista para un último vuelo? –Le preguntó, en cuanto la bajó– Es una carrera crepuscular.
Kohaku asintió, todavía sorprendida de que hacía pocos minutos estaba durmiendo cómodamente, y ahora estaba parada junto a un avión. Una parte de su mente registró con extrañeza lo de "último" vuelo. ¿Por qué sería el último? Pero Stan entró en el avión, y le sonrió con tanta confianza y tranquilidad que no le siguió dando vueltas. Se sentaron como la última vez, ella delante de él, encima de sus piernas, apretados ambos detrás del cinturón de seguridad. Rápidamente, Stan encendió el avión, y luego de unos cuántos metros de carrera, remontaron vuelo. No necesitaban hacer un viaje largo, bastaba que estuvieran a una buena altitud para apreciar la vista, y llegaron justo a tiempo, porque menos de diez minutos después, la suave luz del amanecer empezaba a surgir desde el horizonte. Volaron de frente al sol, y los ojos de Kohaku brillaron emocionados al contemplar el paisaje, era la primera vez que veía un amanecer desde el cielo mismo. Stan apoyó su cabeza sobre el costado de la de ella, planeando el avión sin mucho esfuerzo, admirando también la hermosa vista. Ese mágico y pacífico momento de contemplación duró unos cinco minutos, y cuando el sol terminó de salir, dieron la vuelta.
Una vez que aterrizaron, Stan deslizó el avión hasta el hangar, y apagó el motor. Se inclinó a un costado para desabrochar el cinturón, y Kohaku sonrió con picardía, ciertos recuerdos acudiendo a su mente, lo cual no pasó desapercibido para el soldado, que le devolvió la sonrisa.
- ¿A ti también se te hizo familiar esto?
- Un poco
- Cómo cambiaron las cosas, en tan poco tiempo –le dijo en un tono provocador– Y pensar que me llamaste pervertido entonces.
- Sí. Y lo fuiste, lo mantengo.
- ¿Entonces qué cambió ahora? –Murmuró con diversión, besándole el cuello.
- Creo que ahora somos dos pervertidos.
- Ooh, ¿acaso esa es una propuesta indecente?
- Tú empezaste –Contestó Kohaku con una sonrisa, imitando la frase que horas antes le había dicho.
- Y tú traes… las de ganar.
Stan le sostuvo la cabeza girada hacia él para besarla, pero como era incómoda la posición para ella, le permitió levantarse y darse vuelta, quedando de frente a él, sentada encima de su regazo. El soldado la abrazó y la atrajo hacia él, y ante el esperado contacto de la parte inferior de sus cuerpos, Stan recordó que ella no llevaba puesta la ropa interior debajo del vestido.
- Pero qué tenemos aquí… –susurró juguetón, levantándole la falda del vestido, recorriendo sus muslos hasta apoyar las manos en su trasero.
- Pervertido –Chasqueó Kohaku, aunque sonriendo burlona. Pero hizo una mueca ante una sensación incómoda, y miró hacia abajo– Hmm, tu cremallera me va a molestar.
- Qué pobre excusa, sé más honesta.
- No, es en serio, mira.
Se inclinó hacia atrás, y le señaló la entrepierna. Stan confirmó que tenía razón, ahora que ella estaba con la piel expuesta, ese pequeño cierre metálico podía molestarla.
- ¿Me quito de encima? –Preguntó la joven.
- No hace falta, sólo levántate un poco… Sí que resultó práctico al final este diseño especial con múltiples cremalleras –dijo apreciativamente.
Stan abrió la cremallera inferior de su traje, que le permitía exponer su entrepierna sin sacarse el traje. Había sido diseñado para que pudiera ir al baño sin quitárselo entero, ya que era una sola pieza, pero ahora tenía otro uso mucho más atrevido. Una vez más cómodos, él sonrió satisfecho, y volvieron a acercarse y besarse. Al parecer Kohaku estaba resultando del tipo insaciable como él, y eso le encantó. Seguía invicta en su perfección. Pero interrumpió el beso, para acercar sus manos a la cremallera del vestido de ella.
- Necesito esta vista –dijo sonriendo, y le bajó el cierre hasta el ombligo– Oh, sí, perfecto.
El profundo escote era demasiado sensual, además que ella lo llenaba admirablemente. Pero no iba a quedarse sólo con admirarlo, por lo que se acercó para besarle la piel expuesta, mientras disfrutaba que ella se movía suavemente encima de él. Y ya que estaban en eso, era una picardía no continuar con sus besos y de paso tener la vista completa, por lo que deslizó las manos por los hombros de ella, bajándole la parte superior del vestido. Una idea maliciosa le surgió, y no terminó de quitarle las mangas del vestido, sino que se lo dejó a medias en los brazos, restringiéndola como si estuviese atada.
- ¡Oye! –Protestó Kohaku, sin poder liberar sus brazos.
- Shh, diviértete un poco. No necesitas las manos, ya sabes qué hacer.
La rubia lo miró con los ojos entrecerrados, pero la mirada que le devolvió Stan fue tan ardiente, que se encontró aceptando la propuesta. Y en algo tenía razón, esa pequeña restricción la hacía mover el resto del cuerpo con más amplitud, haciéndolos jadear de gusto a los dos. Apenas habían pasado unas horas, y ya otra vez estaban en eso, deseando más… ¿era normal? Pero ella no era de las que sólo hacían caso, iba a darle pelea. Se inclinó sobre él, besándole la mandíbula y el cuello, bajando hasta atrapar la cremallera de él con los dientes. Y tiró hacia abajo, exponiendo también el torso de Stan. Dos podían jugar ese juego, por lo que ella también se dedicó a acariciar con su boca su cálida piel.
- Me estás matando, eres una princesa muy salvaje y atrevida. Tú ganas esta vez –murmuró roncamente, liberándole los brazos, aunque dejándole el resto del vestido puesto.
- Hay que emparejar la situación ahora.
Kohaku le bajó un poco más la cremallera, y comenzó a sacarle el traje por los brazos, pero fingiendo inocencia, también lo dejó restringido a medias, como venganza, acompañando con su propia sonrisa maliciosa.
- Ah, ¿con que quieres jugar también? No te creas que esto va a detenerme. Yo me vuelvo más peligroso cuando me intentan acorralar.
Stan se echó un poco para atrás, y con mucha energía comenzó a empujarse contra ella, sus ojos refulgían con esa apasionada llama azul llena de deseo, potenciada con ver las expresiones de placer en la hermosa cara de la joven. El único peligro que encontraba Kohaku, era el de perder su cordura. Se abrazó al cuello de él, estremeciéndose de placer ante el intenso contacto, que la rozaba en el punto justo de su sensible intimidad que le hacía apretar hasta los dedos de los pies.
- Quiero tocarte, suéltame Kohaku, por favor –Le dijo con una voz casi de ruego, mirándola a los ojos.
Ella asintió, y le liberó los brazos mientras él seguía frotándose contra ella sin detenerse. Se encontró rápidamente entre los fuertes brazos de Stan, y luego sintió su piel arder con las apasionadas caricias con las que continuó recorriendo su cuerpo, masajeando sus pechos, y besándola de esa forma salvaje que parecía que quería devorarla. ¿Y él había dicho que ella era su "maldición"? Lo que Kohaku no sabía ahora, era cómo iba a volver con sus amigos, no quería separarse tampoco de ese maravilloso hombre que la hacía olvidarse de todo, él la tenía perdida también. Definitivamente iba a ser la mediadora en esa futura alianza, y aunque sirviera como escudo de ambos, iba a hacerlo funcionar.
- Stan –gimió, acoplando sus movimientos con los de él– quiero más.
El soldado inspiró profundamente, esa era una frase que ansiaba oír, aunque sabía que no haría más que hundirlo más en su infierno. Pero iba a darle todo lo que le pidiera, al menos mientras no pusiera en jaque su lealtad y objetivos personales. Bajó una mano para tocar la entrepierna de la joven, por más desesperados que estuvieran por unir sus cuerpos, tenía que prepararla. Hundió sus dedos en ella, y gimió encantado cuando notó lo húmeda que estaba, de verdad lo deseaba. Acomodó su mano y dedos en forma de garra, y con cuidado comenzó a estimularla, aumentando más la profundidad y ritmo cuando ella se empujaba contra él, ansiando más. Podía hacerla acabar así, pero ella dio a entender que quería todo.
Miró de reojo por la ventanilla del avión, chequeando que no apareciera nadie. De seguro alguien había oído el motor del avión, y sólo esperaba que no se acercaran, o iban a encontrarse con una imagen muy comprometedora. Ese encuentro estaba destinado a ser rápido, pura satisfacción sexual de ambos. Volvió a enfocar su atención en ella, y le pidió que se levante un poco. Se hizo a un lado la ropa interior que todavía cubría su miembro, y se alineó con su entrada.
- Hazlo tú, acomódate a tu ritmo –Le susurró junto a sus labios, antes de besarla una vez más.
Kohaku asintió, y comenzó a bajar su cuerpo lentamente. Inspiró bruscamente ante la abrumadora intrusión, pero ya estaba mentalizada, y realmente ayudaba que ella pudiera llevar el control. Se fue sentando sobre él poco a poco, y le sorprendió que le molestó incluso menos que la noche anterior, la sensación placentera apareció casi al instante, como un alivio. También ayudaba que Stan estaba acariciando y besando sus pechos con dedicación, tenía una boca no sólo bonita, sino también demasiado hábil y digna de los dioses.
Cuando logró sentarse completamente sobre él, esperó unos segundos para absorber todas las sensaciones y dejar que su cuerpo lo aceptara completamente, y comenzó a moverse. Cada movimiento le generaba una pequeña ola de placer, estaba empezando a pensar que no había mejor sensación en la vida que esa, o al menos no la había conocido hasta ese momento. Y cuando pensaba que no podía ser mejor, Stan continuó besando sus pechos mientras bajaba la otra mano para acariciarle en forma delicada y circular ese pequeño botón de placer que la hacía gemir y estremecerse de puro goce. Aumentó la intensidad de sus movimientos, era como si nunca fuera suficiente, como si estuviese sedienta y no hubiera agua que alcanzara para saciarla, seguía deseando más, escalar más y más alto. Y por supuesto que ese hombre hermoso se lo estaba dando, con esa misteriosa y mágica habilidad de leerle la mente y el cuerpo.
No tardó más de un par de minutos en que esa abrumadora ola de placer la inundara, era una sensación de plenitud y de sentirse morir al mismo tiempo, completamente desconectada de todo que no fuera sentir aquello, ni siquiera consciente de dónde y con quién estaba. Stan gruñó roncamente cuando la sintió contraerse imposiblemente alrededor de él, y apretó los ojos con fuerza al controlarse, aunque cuando los abrió veía pequeñas luces de colores brillantes, aunque tal vez era por el mismo placer que lo inundaba. Cuando le pareció que Kohaku ya había atravesado todo su orgasmo, la levantó para salir de ella. Estaba a punto de tocarse para terminar también, pero su amante fue más rápida, y lo hizo por él.
- Oh, sí –Gimió fuerte, adoraba que fuese ella quién lo complaciera, no había mejor final.
La besó profundamente, ahogando sus jadeos y acelerada respiración en la boca de ella, potenciando sus sensaciones, y le pidió que lo hiciera más rápido y fuerte, ya no tenía que guiarla con su mano, aprendía muy rápido. Finalmente encontró su liberación, abrazándola con fuerza con los ojos apenas entreabiertos. Se quedaron así varios minutos, recuperándose completamente, esperando a que el sonrojo de sus cuerpos y mejillas se disipara, o sería muy obvio para cualquiera con el que se encontraran lo que había sucedido.
Stan pensó en ese momento que, si no fuera porque tenía lealtades y convicciones tan fuertes, podría bien escaparse con Kohaku allí mismo en ese avión, mandar todo al demonio, y rehacer su vida. Chasqueó interiormente ante el ridículo pensamiento que otra vez apareció en su mente, por supuesto siempre después del momento extático de placer, era demasiado obvio para tomarlo en serio. Aunque no estaría nada mal, llevar una vida relajada con ese nivel de sexualidad, que además mejoraría cada vez más… todos los días, cada vez que quisieran. Se rió en voz alta, pensando que así repoblarían la ciudad con un linaje impecable, al menos mientras el mundo de piedra no contara con anticonceptivos fiables, pero qué más daba, así era la vida.
- ¿Por qué te ríes? –Preguntó Kohaku intrigada.
- Es un secreto. Nada, una locura, olvídalo.
- Hmm, de acuerdo.
- Bueno, a vestirse y acomodarse para salir como si aquí no hubiera pasado nada, como si fuéramos buenos chicos.
Compartiendo una sonrisa cómplice salieron del avión, pero no se encontraron a nadie de camino hacia el castillo, y adentro sólo se cruzaron con los guardias secundarios. Y si alguien se había enterado de sus actividades de la noche, lo disimularon muy bien, aunque seguramente porque la mayoría de los soldados encontraba más que intimidante a Stan como para hacer ningún comentario o mirarlos.
El soldado sonrió con satisfacción cuando alcanzó a ver a Xeno yendo dirigiéndose hacia el comedor, no se había percatado de la presencia de ambos. Al menos no hasta que Stan lo llamó, adrede.
- Xeno, ¿vas a desayunar?
El científico se dio vuelta, pero sus ojos se clavaron en Kohaku, y no le costó mucho imaginarse qué hacía tan temprano en la mañana junto a Stan. Apretó los dientes, ya que no podía hacerlo con las manos, o su amigo se daría cuenta.
- Sí, así es.
- Bien, voy contigo, estoy hambriento –sonrió con intención, y se volvió hacia Kohaku– Nos vemos luego.
Ella asintió, pero Stan se inclinó para darle un corto beso en los labios, y la rubia abrió los ojos de sorpresa e inconscientemente miró a Xeno de reojo. ¿Por qué había hecho eso?, se preguntó Kohaku, jamás la había besado delante de nadie… eso sólo podía significar que lo había hecho para molestar a Xeno. ¿Qué pasaba entre esos dos? Confundida y un poco avergonzada, no se animó a volver a mirar al líder científico, y continuó su camino hacia su habitación, podía intentar dormir un poco más, si lograba conciliar el sueño.
- ¿Vamos, Xeno? –Preguntó Stan, con su media sonrisa desafiante.
Kohaku sí pudo conciliar el sueño luego de dar varias vueltas en la cama, la verdad era que se sentía cansada, y no era broma con lo de que no sentía las fuerzas suficientes para caminar o hacer algo exigente. La despertó un guardia golpeando sonoramente la puerta, le dejó el desayuno y se fue. Cuando lo terminó, satisfecha, decidió volverse a echar a dormir, tampoco tenía la obligación de hacer nada allí.
Abrió los ojos cuando sintió una mano en su rostro, y se encontró con que era Stan que le estaba acomodando un mechón de pelo que se estaba comenzando a meter en su boca. Había traído el almuerzo, sin saber que ella había estado durmiendo toda la mañana, antes y después del desayuno.
- ¿Quedaste agotada? ¿En qué quedó lo de "soy una guerrera"? –Le dijo, burlón.
- Lo soy, pero… también soy humana.
- Aceptando tus debilidades, muy bien.
- No sé si tengo mucha hambre, comí antes de dormir.
- Come otra vez, para reponer fuerzas.
Comenzaron a almorzar, y Kohaku sacó el tema trivial de comidas del mundo moderno que extrañaba probar.
- Hace poco Xeno nos volvió a recuperar la pizza, eso estuvo bien… pero la mejor combinación del mundo es una porción de pizza con una cerveza bien fría y espumosa.
- ¡¿Cerveza?! –Exclamó Kohaku, emocionada por reconocerla– ¡Sí, la probé! Es un poco amarga, pero no sabe mal… La hicimos con mis amigos, yo ayudé en el proceso.
Stan se tensó, ante la mención de sus enemigos, y porque inevitablemente le hizo recordar al Dr. Senku.
- Sabes, de verdad quiero que conversen ambos bandos –continuó ella– estoy segura que podemos encontrar un punto medio para colaborar y ser aliados. Nuestro líder es de lo más genial, y el objetivo final para reestablecer la civilización es la de construir un "cohete" para viajar a la Luna, sin dudas es algo que a Xeno le va a interesar, ¿no era esa su especialidad?
La expresión de Stan cambió a una más sombría. Estaba cansado de fingir y ocultar la verdad, y vaya a saber cuándo Xeno iba a dignarse a confesar lo sucedido. Y Kohaku toda inocente, ansiando volver a ver a su tan querido líder, algo que jamás volvería a suceder.
- No, eso no sucederá, nunca –dijo con un tono duro.
- ¿Por qué no? Una oportunidad, sólo eso, un encuentro para conversar, y vas a ver que será posible…
- Porque ya no tienen líder científico, se acabó el Dr. Senku y el club de ciencia juvenil.
Kohaku abrió mucho los ojos, su corazón se detuvo un momento… ¿Había dicho Senku?
- ¿Cómo…? Stan, ¿cómo sabes de Senku? –Preguntó, con un horrible presentimiento.
- Porque yo lo maté.
Buenaaas! AY CARAMBA! "Bru-brutal!" como dice Chrome xD. Y nuevo récord de largo, oficialmente jeje. Como imaginan, sería el último capítulo hot antes de la tormenta, por eso le puse TODO, y con mi adorado Stan, por supuesto, se lo merecía.
El trío con Stan y Xeno lo van a leer en otra historia, les voy spoileando (sí, me decidí a actualizar "Dominios de placer", al menos los consuelo con eso, necesitamos un trío full con los gringos papuchos, y no pienso dejarnos con las ganas jaja).
Ah, y la escena del avión va a tener un dibujo pronto... (en Kariwolf de facebook o Alma_en442 de twitter lo van a encontrar)
Hasta el próximo capítulooooo!
