El reencuentro con Gen, y el saber que no todo estaba perdido y que Senku estaba vivo, le devolvieron la energía vital a Kohaku. Su cuerpo seguía débil, pero al menos ya tenía otro ánimo y predisposición a comer y realmente querer sentirse bien. Se sintió más aliviada luego de confesarle todo a su amigo, no lo había hecho antes por vergüenza, pero le sorprendió la apertura y la comprensión del mentalista, sin juzgarla por sus sentimientos ni reclamarle la falta de confianza. Como Stan le había dicho a Gen que podía estar con Kohaku todo el tiempo que ella necesitara para levantarle el ánimo, aprovecharon para quedarse juntos, y luego él se sentó más al fondo de la cama, descansando su espalda contra la pared. La guió para que apoyara la cabeza en su regazo, y con cariño le acarició la espalda para relajarla, un mínimo consuelo por todo el dolor que le hizo sentir al no contarle a tiempo la secreta verdad.
Kohaku eventualmente se quedó dormida, al fin pudiendo conciliar un poco de sueño en paz, Y Gen se quedó allí, también cerrando los ojos ya que no quería moverse y despertarla. Unas horas después, cuando el sol se ocultaba y los tonos anaranjados del atardecer se filtraban por la ventana, Kohaku se despertó. Giró la cabeza hacia arriba, y vio a Gen también abriendo mínimamente los ojos para regresarle la mirada.
- ¿Te hizo bien el descanso, Kohaku-chan?
- Sí, no me di cuenta cuando me quedé dormida, pero me siento mucho mejor.
- ¿Qué tal si ahora pruebas con llenarte el estómago? Se te ve más delgada.
- Ah, sí… es que me he sentido tan mal que apenas he probado bocado, y lo peor es que muchas veces mi cuerpo incluso lo rechazaba.
- Puedo imaginarlo, a cualquiera se le retorcería el estómago con eso. Voy a buscar algo de comida fresca, ¿sí? Algo liviano, para empezar.
- Sí, gracias Gen.
El mentalista se levantó de la cama y salió la habitación, dirigiéndose a la cocina. De camino a la cocina pasó por delante del estudio del Dr. Xeno, y de reojo vio que estaba allí sentado, con las manos cruzadas delante de la cabeza, aparentemente pensando solamente. En cuando vio a Gen lo llamó, deteniéndolo sobre sus pasos.
- ¿A dónde se dirige, Míster Gen?
- A buscar comida para Kohaku-chan.
Los ojos del Dr. Xeno se entrecerraron ligeramente, y no dijo nada por unos segundos. El científico dedujo que ese permiso de dejarlo ir a la habitación de su joven había sido de parte de Stan, sin consultarle a él antes. Estaba al tanto de la falta de ánimo y apetito de Miss Kohaku, y le habían informado de la descompensación de ella de aquella mañana, pero luego de lo que le había dicho el otro día, no se sentía cómodo con ir a chequear cómo se sentía. Eso demostraría una incongruencia de su parte, no podía volver a buscarla por motivos personales, y si ella había rechazado la presencia de Stan, podía esperarlo igual para sí mismo. El sabor amargo de toda la situación no se le iba, pero no había opción, eso era lo que se merecía, y tenía que aceptarlo. Eso era lo que pasaba cuando bajaba la guardia, y ponía sus deseos personales y egoístas por delante de su misión, sabiendo que eran incompatibles. Esa sería la última vez que se permitiría tal inocencia.
- De acuerdo, ve. Diles que tienes mi aprobación, si es que te dicen que esperes hasta la noche.
- Bien, te agradezco el apoyo –Gen se inclinó respetuosamente y se dio vuelta para seguir, pero la voz del científico lo volvió a detener, aunque sonó más suave esa vez.
- Míster Gen... ¿cómo se encuentra Miss Kohaku?
A los ojos expertos de Gen, era más que obvio que al líder le había costado mucho hacer esa pregunta. A pesar de que parecía muy severo, y que Kohaku también le había contado de sus últimas duras palabras hacia ella, podía ver la lucha interna en sus orbes oscuros, de una muy bien oculta preocupación. Era entendible, y hasta esperable, y seguramente Xeno maldecía más su posición de poder y liderazgo más que cualquiera. Pero consideró que para mover internamente a alguien tan estoico y decidido, tenía que darle donde dolía.
- Bastante mal, sinceramente. El no tener ánimos para ingerir alimentos durante un par de comidas, sumado al dolor por la pérdida de alguien que significó tanto para ella como el Dr. Senku, la puso en una condición muy débil. Me mencionó del profundo dolor por lo que sintió una traición de parte tuya y de Stanley, pero no dijo nada más, y no voy a inmiscuirme en temas personales ajenos, aunque seguramente se refiera a que recién ahora se haya enterado del destino de mi anterior líder científico. Eso es todo lo que puedo decirte, tal vez podrías visitarla y darle tus motivos, todo consuelo le ayudaría ahora.
Como Xeno no contestó a eso, Gen se volvió a despedir y continuó su camino, con una fina sonrisa en su rostro. Por su parte, el científico no podía más que sentir la frustración recorrerlo, no necesitaba confiar en la honestidad del mago para saber que de todas formas era cierto, no podía ser de otra forma. Si Kohaku no le había confesado de la parte íntima de su relación, igualmente se sentiría traicionada por ocultarle la verdad, y la forma en que la rechazó luego. Pero visitarla voluntariamente estaba fuera de cuestión, al menos hasta que concretaran la toma de rehenes de todos sus amigos, y ahí vería cómo proceder, con ella y los demás. Otra cuestión sería si se encontraban casualmente por los pasillos o salas del castillo, cuando ella mejorara, pero ya no veía una vuelta atrás, y no era tan iluso como para creer que ella cambiaría de parecer, ya que él le había dejado bien en claro su postura. Suspiró, molesto, una parte de él no dejaba de ver mentalmente la expresión triste y vacía de Kohaku, pero no podía librarse de ella, en ningún sentido.
Por su parte, Gen logró que le dieran la comida para Kohaku, y volvió a subir a la habitación de ella, donde lo esperaba sentada en la cama. La evidente mejora de ánimo de la rubia también ayudó a que su cuerpo acepte la comida, aunque su apetito no era comparable al de antes de que se desatara toda la crisis. Cuando terminó de comer, la cara se le veía con mejor color, y eso fue un alivio para él.
- Kohaku-chan, me retiro por el momento, pero cuando necesites puedes pedir por mí, o venir a buscarme. Yo sigo rondando por el castillo, aunque ya no tengamos nuestras reuniones diarias.
- No, espera… ¿por qué tienes que irte? –Kohaku lo retuvo, tirando de la manga de su kimono.
- No es que "tenga que" irme, pero no quiero traerte problemas. Tengo pase libre de Stanley para acompañarte cuanto necesites… pero no sé si es prudente que abuse del permiso para quedarme todo el rato aquí.
- Pero si no tienes nada que hacer… me haría bien tu compañía –lo miró con sus grandes ojos aguamarina, llenos de ruego.
- No puedo decirle que no a una guapetona como tú, si me prometes que vas a poner todo de ti para recuperarte pronto. Si el asalto al castillo tiene éxito, además de querer hacer pagar a Xeno y a Stanley, también me mirarán feo a mí por dejar que estés en estas condiciones.
- Tú no tuviste la culpa de nada, Gen.
- Díselo tú a ellos. Ya puedo escuchar a Ryusui, sermoneándome porque permití que una mujer llore.
- ¡Ja! Puedo imaginarlo también –Respondió Kohaku con una sonrisa luminosa. Así que sólo unos días más, y saldremos de aquí.
Quería decirlo con entusiasmo y una sonrisa de alivio y victoriosa, pero su corazón la traicionó, y sólo terminó murmurándolo. ¿Qué sucedería desde entonces? Definitivamente serían más enemigos que nunca, y si llegaban a cruzarse sus amigos con Stan y los demás guerreros estadounidenses, estarían en graves problemas. Decidió no preocuparse pensando en eso, y confió en los demás, sabía que ellos eran lo suficientemente sensatos y estratégicos para evitar un enfrentamiento cara a cara, no por nada estaban cavando un extenso túnel.
Gen accedió a quedarse hasta la hora de dormir con Kohaku, la mayor parte del tiempo en silencio, sólo acompañándose, y cuando encendieron las bombillas de luz, la entretuvo mostrándole figuras de sombras como animales y otras tantas, que la hicieron reír y animarse más. Como no quería que Stanley y Xeno se hicieran ideas erróneas, se fue de la habitación, dejándola descansar tranquila, y prometiéndole que volvería al día siguiente para el desayuno.
Cuando estaba volviendo a su habitación, se cruzó con Stanley, que trataba de mostrarse impasible, aunque el mentalista podía ver un poco de curiosidad e impaciencia en sus ojos claros, además de que fumaba dando seguidas pitadas a su cigarrillo. Era más que evidente que el soldado rondaba por los pasillos preguntándose cuánto más se quedaría en la habitación de Kohaku.
- Buenas noches, Stanley.
- Gen –su tono de voz era bastante más frío que sus ojos– ¿Cómo se siente Kohaku ahora?
- Mejor, pudo desahogarse un poco, y dormir tranquila, le hizo bien mi compañía. Volvió a comer también, y no se descompuso después como venía sucediendo, según me dijiste.
- Bien, muy bien –resopló, mirando a un costado.
- Te agradezco la confianza.
- No estoy del todo convencido de otorgártela, pero la prioridad ahora es que Kohaku se recupere.
- Sí, no me gusta ver a la linda Kohaku-chan así de débil.
- Asegúrate que coma en cada comida, y te reportarás conmigo tres veces por día sobre su estado, ¿de acuerdo?
- Sí, está bien. ¿Con Xeno también, si no te encuentro? –Preguntó, tanteando, manteniendo su cara inocente y seria.
- Yo te di el permiso, así que prioritariamente a mí.
- Entendido. Hasta mañana entonces, Stanley.
El soldado asintió y esperó que Gen entrara a su habitación para irse. Quería comprobar por sí mismo las palabras del mago, pero tenía que aguantarse. Un día entero más, y ya el próximo partiría con su élite militar para someter a los chiquillos enemigos, en un doble golpe que jamás verían venir, al menos no el as de su manga que les daría la victoria definitiva.
Al día siguiente, Kohaku se despertó mucho mejor, habían mejorado notoriamente su ánimo y las fuerzas de su cuerpo, y ya no sentía mareos, aunque todavía se sentía muy liviana. Agradeció que Gen apareciera con el desayuno, todavía dudaba de poder bajar bien las escaleras, así que él la acompañaba hasta la puerta del baño. Le dijo a su amigo que tampoco tenía intenciones de moverse de la habitación más de lo mínimo necesario, pero sólo porque no tenía ganas de dar explicaciones o compartir un encuentro incómodo con Stan o con Xeno. Definitivamente no podría manejar sus expresiones de pena o de frialdad, cualquiera sea la que le mostraran. Le pareció que Gen estaba siendo prudente al no decirle nada de ellos tampoco, ya que de seguro el sí había tenido contacto con alguno.
El mentalista la acompañó el resto del día, yéndose solamente para devolver una bandeja de comida y traerle otra llena, en la cual cumplía su obligación de informarle a Stanley. Pasaron el tiempo entre conversaciones, Gen contándole lo que escuchaba de novedades del equipo del túnel, que estaban en el último tramo del mismo por lo que alcanzaba a escuchar, y que eventualmente Kohaku se animó a intentar algunos ejercicios físicos para poner a prueba su cuerpo. Luego de cada comida, se sentía con más seguridad y fuerzas, y para la noche se la veía mucho más como solía ser, aunque la evidencia de su delgadez y sus ojos más opacos seguía presente. Solamente a la noche, antes de despedirse, Gen se animó a hablarle de los líderes.
- Kohaku-chan, ¿te interesa saber algo de Stanley y Xeno?
- No lo sé –reconoció dudosa– Confío en tu criterio.
- No es que haya muchas novedades, de todas formas. Stanley me pidió que le reporte cómo mejora tu salud cada vez que salgo de aquí, y sinceramente, se lo ve aliviado de que te encuentres mejor. Es probable que no le guste ni un poco todo el tiempo que ahora estamos pasando juntos, pero dice que la prioridad es que tú te recuperes. Y Xeno… es más complicado, sigue bastante hermético, pero no es lo suficiente para un mentalista como yo. También me preguntó por tu mejoría, pero se lo ve contenido. Eso sí, sus ojos hablan a gritos, creo que genuinamente está lamentando lo que sucedió.
- Pero si es tan duro de no echarse atrás, me vale lo mismo que lo lamente o no.
- ¿Preferirías que lo haga, Kohaku-chan?
- Bueno… –se removió, frunciendo el ceño– Creo que me confundiría más, pero no estaría mal ver una reacción sincera. Eso es lo que más me molesta de él, que estoy segura que se está conteniendo, como tú dices. Lo sospechaba, y ahora lo confirmo.
- ¿Y si él viniera aquí? ¿O si tú vas a verlo al laboratorio o al estudio?
- ¿Yo? ¡Ja! Puede que me importe, pero no voy a ir a buscarlo. No me parece justo, y no tengo que pedirle explicaciones, ya me dejó en claro lo que quiere hacerme entender, sea honesto o no. Voy a seguirle el juego.
- Está bien, es una buena postura. Pero… ten en cuenta que, si la infiltración de nuestros amigos tiene éxito, el objetivo es que sea nuestro rehén esta vez. Vas a tener que lidiar con él tarde o temprano.
- Ya veré en ese momento, pero creo que será más fácil con ellos cerca, podré ignorarlo más fácilmente.
- Y Stanley… estoy seguro que será una locura tenerlo en contra, no puedo imaginarme lo que pueda hacer con tal de recuperar a su líder, pero confío en el plan de Senku-chan, y en sus negociaciones sinceras. Con Tsukasa funcionó, y hasta logró poner a Hyoga de nuestro lado, y eso que ellos también fueron sus enemigos mortales.
- Sí –Un escalofrío recorrió a Kohaku, de sólo recordar lo bestialmente fuerte y eficiente que era Stan.
- Perdón, Kohaku-chan, no quise preocuparte. Si nuestros amigos están muy cerca ya, creo que sería mejor que empieces a salir de esta habitación, más allá de ir al baño. No tendremos mucho tiempo para escapar, así que conviene que estemos cerca.
- ¿Y si damos una vuelta ahora?
- Es casi el horario de dormir, no hay mucho que hacer… pero, por otro lado, puede ser la excusa perfecta para decir que no tenías ganas de cruzarte con nadie, y sería cierto.
- Sí, y sería verdad. Vamos, Gen.
Unos pisos más abajo, Stan y Xeno subían del comedor hacia sus habitaciones, discutiendo los últimos detalles. Todo estaba listo ya para el doble ataque. Charlotte se haría pasar por Stan pilotando el avión, para atacarlos desde el aire, y en el submarino estarían ocultos todos los guerreros para subyugar a lo que quedaba de los jóvenes, que seguramente ya estaban perdidos y sin rumbo sin su líder científico. Si había alguna complicación o demora, Stan daría el golpe de gracia. Acordaron que no habría asesinatos, al fin y al cabo, esos chiquillos eran bastante hábiles, y toda mano de obra les vendría bien, una vez que los sometieran. Eso no quería decir que no fueran lastimados, probablemente tendrían que herir de una forma u otra a los guerreros y los rebeldes, pero nada que no pudiera curarse en unas semanas o meses.
Cuando terminaron con la logística, la preocupación común que tenían ambos, se pronunció en boca de Stan.
- Xeno, estaría bien que de una vez dejaras de ignorar el elefante en la habitación. ¿Qué vamos a hacer con Kohaku?
- No hay nada que hacer, Stan, seguirá la misma suerte que sus amigos, eventualmente se rendirán y cederán, no tienen otra opción. O sí, la muerte, pero sería un desperdicio. Preferiría encarcelarlos hasta que pierdan la voluntad de lucha, todos tienen un límite.
- Y ella casi llegó al suyo, si yo no intercedía en permitirle la compañía de su amigo, mal que nos pese –gruñó el soldado– Qué mierda cómo ha terminado todo esto, se nos ha ido de las manos, demasiado rápido. ¿Estás satisfecho?
- Era inevitable –contestó seco– El día en que surja el arrepentimiento o la duda será el fin de nuestra ambición, no podemos permitirlo. Voy a dominar y dirigir este mundo, sea como sea, no permitiré que los ignorantes vuelvan a tener el poder. Aún si tenemos que estar "solos" en esto.
Una parte de la mente de Stan se preguntó hasta qué punto sus pensamientos serían tomados como duda para Xeno, estaba seguro que su amigo también había experimentado la incomodidad de las consecuencias de su vínculo con Kohaku. Como si la hubiera llamado con el pensamiento, cuando levantó la mirada, no pudo creer a sus ojos: Kohaku estaba casi al pie de la escalera, bajando con Gen. Después de tres días, al fin volvía a verla circulando por el castillo. Una ola de alivio lo recorrió cuando la vio más entera, bajaba sola sin apoyarse en la pared o en el mago. Era extraño volver a verla con su vestido azul y su pelo atado en una coleta, por un momento no la reconoció, tan acostumbrado estaba a su vestido negro, pero indudablemente era ella. Miró de reojo a Xeno, y sonrió ligeramente al notar que él también lucía sorprendido, la había visto incluso antes, ya que se mantenía mirando al frente. Cómo conocía esos ojos negros, a él no lo podía engañar, la turbulencia que se batía en ellos negaba toda la indiferencia que pretendía demostrar con sus palabras.
Debió ser tan notoria la intensidad de la mirada de ambos hombres, que Kohaku inconscientemente miró hacia el lado en que ellos venían, y sus ojos se abrieron notablemente. Parecía que el tiempo se había detenido para todos, menos para Gen, que observaba con atención a los tres, analizando sus expresiones. Una parte de él se regodeó de ver a Xeno ligeramente boquiabierto, al fin obtenía una reacción sincera, aunque seguramente no era consciente de eso. Como era de esperar, el primero en reaccionar fue Stan.
- Kohaku…
El nombre fue un murmullo que se perdió en el aire que los separaba, aunque el castillo estaba tan silencioso que el suave eco de su voz llegó hacia los jóvenes de todas formas. Tal vez Kohaku estaba más fuerte físicamente, pero oír su nombre pronunciado con ese tono estaba partiendo su determinación de que podía manejarlo, de que estaría bien. No ayudó que sus ojos buscaron los de ellos, con su fina vista podía ver perfectamente la expresión de ambos hombres, confirmando que ninguno, y menos ella misma, habían superado la compleja situación en que se encontraban. Un nudo se le formó en la garganta, y se dio cuenta en ese momento que tampoco sabría manejar cómo disimular que sabía la verdad de Senku y del próximo ataque mutuo, si tenía un defecto que ya los dos conocían, era que ella era demasiado transparente con sus sentimientos y pensamientos.
Kohaku miró rápidamente a su alrededor, y comprobó que no tenía otro camino que subir por la escalera, o cruzarse por el camino de ellos. Volver sobre sus pasos no tenía sentido, por lo que se decantó por la segunda, aunque fuera más difícil. Sin mediar palabra, ya que tampoco habría ninguna justa, se dirigió con seguridad hacia ellos, pero a una prudente distancia, y rompió el contacto visual con ambos, demostrando que no tenía pensado hablarles a pesar de no poder evitar el cruce. Sintió la intensa mirada de Stan y de Xeno sobre ella incluso luego de pasarles por al lado, y tuvo que sacudirse ligeramente el escalofrío que la recorrió, tras la sensación de que esa sería la última vez que los tres se encontrarían juntos tan cerca y con "tranquilidad" por un buen tiempo.
Al menos el objetivo de que la vieran salir de su habitación lo había cumplido, eso era suficiente. Cuando llegaron al otro extremo del piso, no había otra opción más que volver por el mismo camino, aunque era casi seguro que ellos ya no estarían allí. Efectivamente el pasillo estaba vacío, y Gen la acompañó a subir las escaleras por última vez en la noche, antes de dejarla segura en su habitación. Acordaron que al día siguiente volverían a bajar, luego del desayuno, y se despidieron. Esa noche el sueño de ambos sería más ansioso e intermitente, con la seguridad de que el siguiente sería el día decisivo, para bien o para mal.
Pero antes de que Kohaku lograra conciliar el sueño, sintió un suave golpe en la puerta. Pensó que había sido su imaginación, tal vez alguna corriente de aire, pero unos segundos después volvió a escucharlo, y no cabía duda de que sí era un golpe. Y su intuición le decía que sólo había dos hombres en ese castillo que habían tocado a su puerta en varias ocasiones. ¿Qué hacer? ¿Responder, o hacerse la dormida? Quien fuera que sea, no estaba entrando, por lo cual parecía que respetaría su decisión. Sentía que la estaban tirando de los dos brazos, esa elección era difícil. ¿Escuchar a su mente, o a su corazón? No podía perdonarlos por haber intentado matar a Senku, pero se dio cuenta esos días de que tampoco terminaba de odiarlos, y algunas de las palabras de Stan le tocaron una fibra. Y Xeno… sabía que estaba conteniéndose, lo sabía. De cualquier forma, el día siguiente entrarían en batalla y ella y Gen escaparían, por lo que ya daba lo mismo lo que sucediera.
Se levantó de la cama, y respiró hondo antes de abrir la puerta. Parecía que su visitante se había rendido, porque no vio a nadie, pero cuando estaba a punto de cerrar, una cabeza asomó por las escaleras, luego de un pequeño ruido de pasos que subían por ellas.
- Kohaku.
Tal como pensaba, era Stan. No le extrañó, dado los sucesos desde que confesó el "asesinato" de Senku. Se quedó callada, esperando a ver qué tenía para decir.
- Kohaku… ¿puedo pasar? Es sólo un momento, tengo algo que decirte.
- ¿No puede ser mañana? A estas horas…
- No, mañana será demasiado tarde –le contestó, con una mueca en sus labios.
El corazón de Kohaku se saltó varios latidos con eso… ahora estaba realmente intrigada. Trató de lucir lo más indiferente que pudo, todavía tenía que fingir que estaba muy dolida y que no sabía nada de la verdad.
- Pasa.
Le señaló la silla, y ella se sentó en la cama, marcando la distancia entre ellos.
- Te ves mejor –murmuró, mirándola.
- Estoy mejor, sí. El pozo tiene un fondo –le respondió con dureza, pero luego se dio cuenta que esa mejora, en parte había sido gracias a la decisión de él, aunque había igual algo retorcido en todo eso– Gen me salvó, lo necesitaba. Gracias por permitirle estar conmigo aquí.
- Yo no puedo hacer nada más por ti, y te dije que accedería a lo que fuera que necesitaras para recuperarte.
- Sí, y lo hizo, gracias.
- Es lo mínimo –Cambió su tono de voz a uno más serio y seco– Me parece justo contarte algo, y de todas formas será inevitable, así que prefiero que no sea como la otra vez, y ahora lo sepas de antemano. Mañana capturaremos al barco de tus amigos, y los someteremos, vendrán aquí también.
Kohaku jadeó, si bien ya sabía algo de eso, y tenía que fingir, le sorprendió genuinamente que Stan fuera tan directo y sincero.
- Lo que puedo prometerte, y espero que te tranquilice un poco, es que no tenemos la intención de asesinar a nadie más.
- ¿No correrá sangre? ¿De verdad lo prometes? –Le preguntó Kohaku con voz queda, apretando sus manos en puños sobre sus piernas.
- No puedo prometerte que no corra una gota de sangre, eso dependerá de cuánto se resistan tus amigos. Pero nadie va a morir, de eso sí te doy mi palabra. Espero que sea suficiente para ti.
- De la muerte no hay retorno, así que es suficiente, de alguna forma.
- Eso es lo que tenía que decirte –se puso de pie– y gracias, Kohaku.
- ¿Gracias? ¿Por qué? –Preguntó confundida. Ella también se paró, aunque lo hizo por imitación.
- Porque me dejaste pasar y me estás hablando para algo más que decirme que me aleje de ti.
- Ah… pero eso no significa que te perdoné.
- No, lo sé bien –mostró una fina sonrisa, que no le llegó a los ojos– Pero siento que me odias un poco menos.
- …
- Si no lo niegas...
- No puedes pretender que no sienta nada después de todo lo que pasó –Lo interrumpió. Como él no contestó nada, sino que lo vio inspirar profundo con esa maldita mirada turbulenta, decidió soltar lo que tenía adentro– Los odio, y a la vez no puedo odiarlos del todo… tendré que vivir con esto y seguir adelante. Como tú, y como Xeno.
- Entiendo –suspiró. Stan pensó con amargura que suspiraba demasiado últimamente–Entonces permíteme hacer esto, una última vez.
Se acercó unos pasos a Kohaku, que lo miró con cautela, pero no se movió, y el soldado colocó con delicadeza una mano en el costado de la cabeza de ella. Kohaku se estremeció, pero no lo rechazó, una parte de ella extrañaba ese contacto y su mente parecía sólo enfocada en el presente. Lo vio acercar su rostro al de ella, y no hizo nada, sólo esperó, no se sentía capaz de corresponderle, así como tampoco de alejarse. Los labios de Stan se posaron con la máxima suavidad sobre los de ella, pero prolongó ese mínimo y cálido contacto todo lo que pudo. Claro que el soldado quería profundizarlo, ahogarlos en ese beso, pero ya no se lo merecía. Tendría que contentarse con esa "despedida", suficiente que Kohaku se la estuviera permitiendo. Ese último pensamiento fue el más doloroso, el saber que ella no lo estaba rechazando del todo, la inevitable esperanza era más dura. Cuando se separó de ella, apoyó su cabeza sobre la de ella, y deslizó la mano que tenía casi en su mejilla hasta la nuca.
- Y me dije que no podía dejarte ir después de aquello… pero parece que tendré que tragarme mis palabras, por primera vez. Hasta pronto, chica samurái.
Kohaku frunció el ceño con una mínima y contrariada sonrisa, hacía mucho que no escuchaba ese apodo, pero de algún modo fue más fácil a que pronunciara su nombre con esa suavidad que la quemaba, fue como romper un hechizo. Stan la soltó, y se fue de la habitación sin volver a mirarla. La rubia se volvió a echar en la cama, extrañamente aliviada. No sabía si había estado bien aquello, las emociones habían vuelto a resurgir en ella, y hasta le había dicho a Stan que todavía albergaba sentimientos por él y por Xeno, a pesar de todo. Pero sincerarse y no quedarse con nada en el tintero, la dejó "limpia" y más liviana, justo lo que necesitaba para su determinación de aceptar lo que había pasado y seguir adelante. Definitivamente lo que necesitaba para encarar la batalla cruzada que pronto sucedería.
Tal como pensaban, una energía particular y más pesada rondaba el ambiente desde el inicio del nuevo día. Si bien solía ser bastante silencioso el castillo, a excepción del constante ruido de la fábrica de armamentos científicos, esa mañana se percibía notablemente vacío, sólo unos pocos guardias hacían su vigilia constante. Gen había escuchado unos días antes un potente sonido, la prueba de que algo enorme y nuevo sería una amenaza para sus amigos, pero no había alcanzado a averiguar qué, y tampoco se lo había querido contar a Kohaku para no preocuparla, cuando al fin había recuperado su espíritu.
- Gen… –La rubia lo llamó, apenas en un susurro– ¿Habrá comenzado la batalla?
- Así parece. Sólo queda esperar, y confiar en Senku-chan y el otro liderado por Tsukasa-chan. Estemos atentos… ¡Oh! –Gen sonrió maliciosamente.
- ¡¿Qué… qué sucede?!
- Tengo una idea para ayudar a nuestros amigos, no estaría bien que ellos hicieran todo el trabajo. Dime, Kohaku-chan… ¿cómo te sientes de fuerte?
- ¡Ja! No puedo decir que esté en mi mejor momento, pero haré lo necesario para dar una mano a que se cumpla nuestro objetivo, cueste lo que cueste, eso me da más fuerzas.
- Muy bien, porque ya sé lo que podríamos hacer. ¿Qué te parece tomar un poco de aire?
- Me sentaría genial.
Luego de una recorrida por la planta baja del castillo, en la que con voz apenas audible Gen le contó de su plan a la Kohaku, ambos se miraron y asintieron con una breve sonrisa. El mentalista disimuladamente se rascó el oído, acercando el audífono oculto en su manga, y se concentró en escuchar. Oyó unos números… ya sabía que se trataba del cifrado Uesugi, hace varios días se comunicaban de esa forma para evitar que Xeno descubriera sus planes. Cuando tradujo mentalmente a palabras el mensaje, sus ojos se abrieron mucho, entendiendo que sus amigos ya estaban muy cerca. Compartieron otra mirada en la que Gen sonrió diabólicamente, y comenzaron su parte secreta del plan. Kohaku se apoyó en el hombro del mentalista, mientras que apoyaba su otra mano en su estómago, fingiendo una cara de náuseas. Se acercaron a la puerta principal, y los guardias los miraron.
- Disculpen, pero Kohaku-chan se siente mal otra vez, saben que estuvo descompuesta estos días. Un rato de respirar aire fresco le vendría bien, estoy seguro. ¿Podríamos quedarnos del lado de afuera?
Los dos guardias entrecerraron los ojos, recelosos, y Kohaku simuló el comienzo de una arcada. Ante eso, los hombres dudaron, y como no querían que ella vomite el suelo, preferían que en todo caso lo hiciera del lado de afuera, y ahorrarse la asquerosa limpieza. Abrieron las puertas, y les dieron la orden a sus compañeros que vigilaban el lado exterior que estén atentos, pero que los dejen estar ahí cerca, hasta que la joven se sienta mejor o vomite. Así se quedaron un buen rato, Gen frotándole la espalda a modo de consuelo, mientras ella ponía su peor cara de asco y náuseas, o al menos la mejor que su pésima actuación le permitía. De pronto, los finísimos sentidos de Kohaku detectaron un sutil temblor. Estaban allí, ya estaban a punto de encontrarse.
Miró al mentalista, avisándole sólo con la expresión de sus ojos, y sólo un minuto después, la vio: Una sandía, en el medio del predio. Suika… ¡¿SUIKA?! De seguro la niña pretendía hacer de distracción, pero no podía permitir que se ponga en peligro. Simuló una nueva arcada, tratando de recordar la horrible sensación que verdaderamente había sentido días atrás, y lo peor fue que realmente en ese momento volvió a sentirlas, de tanto mentalizarse en aquello. No alcanzó a vomitar nada, pero no pudo haber sido más creíble, que hasta convenció a Gen.
- ¡Oh Kohaku-chan! ¡No puedo, verte así me ha dado náuseas a mí también, qué horror! –Se dio vuelta hacia los guardianes de la puerta, llevando a su amiga con él– Disculpen, por favor, necesitamos ayuda. Kohaku-chan está muy mal, necesitamos pedirle urgentemente una medicina al Dr. Xeno. Verla así me ha revuelto el estómago a mí también, aaggh, qué asco…
- ¡Por favor! –Lloriqueó Kohaku como pudo, tapándose la boca con una expresión de asco, su cuerpo fingiendo los espasmos de una nueva arcada, esta vez simulada por suerte.
Mientras uno de los hombres miraba con desagrado a Kohaku, temiendo que ella lo ensucie, Gen se tapó la boca y luego soltó repentinamente lo que pareció un muy creíble vómito, con un sonido tan desagradable que hasta la rubia pensó que de verdad se había asqueado.
- ¡UGH! ¡NO VOMITES AQUÍ, IDIOTA! –Rugió uno de los hombres.
Pero lo más sorprendente, fue que lo que salió de la boca de Gen fue un mazo de cartas, cual cascada, y la cara del guardia fue de una sorpresa cómica. Esa fue la señal para Kohaku, que aprovechó que estaba agarrada al guardia, para dar un hábil salto, columpiándose en una de las gruesas piernas del hombre, y alcanzó a treparse sobre sus hombros. Con todas las fuerzas que tenía, le atrapó el cuello con sus brazos, y presionó hasta desmayarlo.
- ¡Oye, maldita! ¡¿Qué…?!
Cuando el guardia que miraba a Gen se percató del ataque de Kohaku, se preparó para atacarla, pero no alcanzó a ver que por su espalda avanzó rápido como una sombra otro hombre, que los dos japoneses conocían muy bien: Hyoga. Con la velocidad y reflejos que lo caracterizaban, golpeó la cabeza del vigilante, impidiendo que alerte a sus compañeros. En unos segundos, no se oyó más nada, y alcanzaron a verse mutuamente los jóvenes, después de tanto tiempo: Chrome, Hyoga, Suika y Tsukasa, con sus sonrisas confiadas, y Gen y Kohaku frente a ellos. Pero las sonrisas no duraron mucho, cuando el grupo del túnel miró bien a la rubia, y se percataron de su apariencia más delgada, sin saber que solamente había sucedido durante los últimos días.
La cara de Chrome fue de auténtica sorpresa y preocupación, sin poder ni siquiera bromear con al fin volver a ver a la "gorila". Hyoga se mantuvo más impasible, aunque frunciendo el ceño y apretando la mano que sostenía su kudayari. Y Tsukasa fue el que mostró la expresión más temible, que intimidó a la propia leona: La mandíbula del primate más fuerte estaba fuertemente apretada, su expresión denotaba una seriedad mortal, y sus ojos más oscuros y duros que nunca, todo a la par de su imponente físico, cuyos músculos se habían contraído como si estuviera preparando un ataque.
- ¿Qué te hicieron, Kohaku? –Murmuró, su tono más grave e iracundo de lo normal.
La rubia abrió la boca, sin saber qué contestar. No había forma de resumir ni explicar nada, pero ahora temía por la integridad física de Xeno y de los demás. El castaño, desde que se había aliado al reino científico de Senku, se había tomado muy en serio su misión de protección de todos, además de ser quién tenía los reflejos más afilados y sensibles, así como la mayor fuerza. Y de seguro estaba pensando que la habían torturado o dejado hambrienta, cuando la realidad era completamente opuesta, y nunca nadie imaginaría cuánto.
- Eeeeh… no… espera, Tsukasa –Levantó las manos en el aire, en gesto de detenerlo, no a él, sino aunque sea a su temible aura amenazante.
- No es momento de hablar, vamos –Interrumpió Hyoga, siempre centrado.
Kohaku asintió, prefiriendo mirar al peliblanco, y se dio vuelta para enfrentarse a la puerta. Respiró hondo, ya más tranquila de que finalmente estaban todos juntos y bien, y empujó la puerta. Como ya sabía, dentro estaban los guardias. No sólo los dos que custodiaban la puerta principal, sino que al parecer la escena que había hecho con Gen, había atraído la atención y sospecha de un par más, que se apostaron cerca. Por un breve segundo, Kohaku se preocupó, sin saber cómo enfrentaría a todos ellos en su condición actual, pero al instante, la musculosa y brutalmente fuerte mano de Tsukasa se abrió paso delante de ella, recordándole que no estaba sola. Podía sentir un intenso calor detrás de ella, y no dudaba que el nivel de ira que estaba conteniendo el pelilargo estaba más allá del control, y que no se contendría en vapulear a sus enemigos, todavía pensando en el maltrato hacia Kohaku como rehén, tantos días que estuvo allí, ya que a Gen se lo veía como siempre.
Y así fue, una ráfaga de destrucción, tal que los enemigos apenas alcanzaron a procesar el torbellino que los golpeó, desmayándolos al instante de la ferocidad de los golpes, incluso con la enorme arma que portaba, aunque sólo golpeándolos duramente y no cortándolos con ella. Kohaku estaba desarmada, por lo que no pudo hacer mucho, al igual que Chrome, por lo que Hyoga fue el único que ayudó a Tsukasa. Era suficiente, esos dos juntos eran demonios completos luchando. Se abrieron paso entre los enemigos, que parecían caer como si fuesen muñecos y no guerreros entrenados, y en menos de un minuto, el filo de la brutal doble espada del castaño aterrizó a milímetros de la cara de Xeno, que nunca lo vio venir, ni tuvo tiempo de reacción de lo rápido e impredecible que fue el ataque.
De haber estado más atento, quizás el científico hubiera podido detectar el tumulto que ocurría a pocos pasos de él, pero estaba más que absorto en disfrutar del éxito que había tenido Stan y el resto del equipo en someter al barco enemigo, y con ello al resto de los niños científicos que pretendían hacerle frente. Consideraba a Stan su soldado definitivo, confiando en sus magníficas habilidades con las armas de fuego, y en su largo y dedicado entrenamiento que lo habían vuelto uno de los soldados más eficaces del mundo moderno, y en el mundo de piedra simplemente no tenía competencia alguna. Y tan confiado estaba también en que sus enemigos estarían desmoralizados por la pérdida de su líder científico, que en ningún momento consideró que se encontraría en una situación como la que repentinamente se estaba desarrollando a su alrededor.
La punta de un enorme espadón doble rozaba ahora su cuello, empuñada por un hombre demasiado musculoso que parecía tener una fuerza titánica, tanto que había incluso roto las baldosas bajo sus pies, y una cara lo suficientemente amenazante como para ponerlo nervioso a él. Sí, esa mirada cobriza destellaba con un brillo mortal, peligroso, casi más letal que la verdadera espada que lo amenazaba. Los ojos de Xeno recorrieron la habitación sin mover la cabeza ni un milímetro, encontrándose con que unos segundos más tarde llegaron más personas desconocidas, jóvenes. Y fue entonces que sus orbes negros se encontraron con los aguamarina que había visto la noche anterior, y tantas otras veces durante ese mes, y que no pudo borrar de su mente por más que quisiera. Inconscientemente, su primer impulso iba a ser exclamar el nombre de la joven, con cierta preocupación por verla también en esa situación amenazante. Pero un segundo después, todo tuvo sentido: Estaban con ella, y contra él.
- Qué interesante… ¿Cómo han llegado aquí? –Preguntó en japonés, con genuina curiosidad, y otro tanto de desafío– No he escuchado ni un disparo de los guardias… De lo cual deduzco que se infiltraron de tal forma de evitar un combate directo –Ninguno le contestó, así que continuó con sus deducciones– ¿Desde el cielo? No… hay tierra en tus manos. ¡¿Un túnel, cierto?! ¡Ah, es realmente elegante!
Antes de que nadie pudiera responder, una ensordecedora alarma resonó en el castillo, seguramente activada por uno de los guardias que se encontró con sus compañeros desmayados. A pesar de eso, el entusiasmo de Chrome por conocer un entorno de ciencia digno del siglo XXI, mucho más avanzado y ostentoso que el de Senku, afloró sin contención, llamando la atención de Xeno.
- No nos sobra el tiempo –Hyoga los apuró– Átenlo y vamos.
- Yo… yo lo haré –Se adelantó Kohaku. La verdad era que todavía le preocupaba el aura iracunda de Tsukasa hacia Xeno, además de que él y Hyoga tenían que vigilar que nadie interrumpiera el escape, y estar listos para un contra-ataque.
El científico levantó su mirada hacia ella, pero lo curioso fue que no le vio reproche en sus ojos oscuros. No sabía si era por aceptar el ingenio de sus enemigos y de que no tenía escapatoria, pero no se resistió a que ella lo atara, más bien no dejaba de mirarla de reojo, en silencio. Lo que sí le sorprendió a él, fue cuando ella lo inclinó hacia delante y lo cargó. ¿Qué tipo de fuerza tenía esa joven, más baja y delgada que él? Y si así podía cargarlo ahora que indudablemente estaba más débil que antes… no sabía en qué momento la había subestimado tanto, su caballerosidad y elegancia lo habían vuelto ingenuo. Él era delgado, debía pesar unos veinte kilos más que ella, a la par que le llevaba unos veinte centímetros de diferencia de altura… pero eso seguía siendo demasiado para que ella pudiera cargarlo así, no pudo más que sonreír de pura incredulidad.
Escaparon de allí, volviendo por el mismo camino, y a través del establo donde estaba el agujero del túnel. Allí Kohaku dejó a Xeno en una especie de bote colgante, a tiempo ya que sus fuerzas estaban al límite, sus brazos temblando, evidenciando que sí había sufrido una pérdida de resistencia. Cuando descubrieron que el ingenioso plan de Chrome tenía una falla muy burda, todos corrieron lo más rápido que pudieron para atravesar el túnel y salir por el otro lado, donde los esperaba Taiju para ayudarlos a salir, y les dijo que afuera estaba Ukyo vigilando los movimientos enemigos desde un árbol, junto a un nuevo "aliado" más. Se oyó una potente explosión, que era seguramente la bomba que había preparado Chrome para empujar el bote que lo transportaba junto a Xeno, pero unos segundos después un terrible temblor sacudió la tierra. Cuando los jóvenes miraron hacia atrás, vieron con horror que se había producido un derrumbamiento, y al parecer de ambos lados, porque alcanzaron a ver enemigos que también se prepararon para cavar unos minutos después.
Empezaron a trabajar juntos para abrir un hueco, en especial cuando Tsukasa dijo que podrían asfixiarse si no los sacaban pronto de allí, y era una carrera contrarreloj para que no llegaran los estadounidenses primero, o todo sería en vano, y Chrome estaría en peligro. Pero cuando apareció Taiju con el enorme taladro, que Kohaku desconocía para qué servía, una sonrisa de confianza y alivio los inundó a todos. Aunque tardaron varios minutos, la herramienta científica se hacía lugar entre las duras piedras como si fuera tierra, hasta que finalmente lograron abrir el agujero, y sacar a Chrome y Xeno de allí. Y las palabras del joven cienticero, en forma de un grito de emoción y orgullo, impactaron profundamente al peliblanco, y también sacudieron el corazón de Kohaku, al fin escuchando una prueba concreta de la vida de su amigo.
- ¡OBJETIVO ATRAPADO! ¡¿HAS ESCUCHADO, SENKU?! ¡TENEMOS AL REY ENEMIGO! ¡EL DR. XENO ESTÁ EN NUESTRAS MANOS!
Xeno quedó boquiabierto y con los ojos desorbitados, sin creer a sus oídos. ¿Senku… estaba vivo? ¿Cómo…? Stan no fallaba, jamás… y estaba tan convencido de haberlo matado, que no cabía duda alguna de la precisión de su disparo. Lo único que podía pensar, era que el joven japonés se las había ingeniado para salvarse la vida a último momento con alguna improvisada protección científica, y tenía que admirarlo por eso. Apenas reponiéndose del impacto, miró a Miss Kohaku, de cuyos ojos desbordaban lágrimas de alivio y felicidad. Una ola de confusas emociones lo invadió, pero curiosamente la más fuerte fue una especie de felicidad y alivio.
Muy en el fondo, sólo había aceptado matar a Senku porque no había otra opción, ya que había sido su único y más brillante discípulo a lo largo de casi seis años, desde que era un crío de diez. No fue fácil para él dar aquella orden, cuando las imágenes de su "pequeño yo" le venían a la mente, junto con el increíble potencial de aquel joven, con el que una sola vez se habían cruzado sus caminos físicamente, y no habían mediado palabras entre ellos, aunque no lo habían encontrado necesario.
Pero además de eso, y a la par del alivio por saber que un científico tan brillante no se había perdido definitivamente, aunque fuera su competencia, estaba el alivio de ver el brillo nuevamente en los ojos de Miss Kohaku. Que Senku siguiera vivo significaba que el corazón de ella recobraría su luz y sus fuerzas, el dolor de la pérdida desaparecería, así como la profunda tristeza en la que al parecer se había sumido. Claro que ese no era el único motivo, no podía dejar de lado que la otra parte del sufrimiento de ella era por el ocultamiento de la verdad, y por haber compartido aquellos intensos momentos tan cálidos y apasionados a la par de su ignorancia.
Una inocente idea surgió en su mente… ¿y si quizás con el "revivir" de Senku, ella pudiera perdonarlo? Tal vez, podrían… No. No, tan rápido como lo pensó, lo descartó. La vida de Senku nada había cambiado, en todo caso presentaba otras complejidades, porque se renovaría la batalla por el poder y el sometimiento de sus enemigos, la ambición de liderar el nuevo mundo seguía siendo su prioridad, y eso era lo que Miss Kohaku tanto detestaba, eso era lo que los separaba inevitablemente. Y era gracioso como no podía luchar contra ese maldito anhelo, ese descontrol tan poco elegante de sí mismo, que por más que tratara de pisotearlo y ocultarlo, en cuanto bajaba la guardia volvía a reflotar. La única solución que había encontrado era poner toda la distancia posible con la joven, y había funcionado medianamente bien esos días previos. Pero si el secuestro de él avanzaba, era inevitable que más bien estaría demasiado cerca de ella, todo el día. Casi que prefería que ella lo siguiera mirando con odio, rechazándolo. Sí, con que uno de los dos lo hiciera, lo haría más fácil.
Todo eso pensaba en el trayecto, viajando a mayor velocidad que a pie, en un extraño coche "peludo", en el que entraron bastante apretados, pero tenían que escapar lo más rápido posible. Por suerte nadie le hablaba, por lo que él podía dejar fluir sus pensamientos libremente. Finalmente, unos minutos después se detuvieron, y salieron para esperar a Senku y Ryusui. En el ínterin, Tsukasa le pidió explicaciones a Kohaku sobre su estado de salud actual, y no dejaba de quitarle los ojos de encima a Xeno, todavía creyendo su culpabilidad. Pero ella les explicó que fue bien tratada allí, hasta la habían consentido con una "pizza" una vez, recordando que Gen había dicho que todos los del mundo moderno amaban esa comida. Les explicó luego que su estado se debía a que se había enterado de la "muerte" de Senku, y eso la afectó mucho, en especial porque se lo habían contado demasiado tarde. Luego de eso, el aura asesina de Tsukasa pareció calmarse, confiaba en la palabra de ella.
Kohaku escuchó a Ukyo dar las posiciones de su ubicación, y se dio cuenta que tenía que avisarles que ahora Stan también sabía japonés, aunque la ventaja era que todavía no debían saber del secuestro de Xeno. En ese momento, escucharon una voz en los alrededores, una que ella no pensaba que volvería a escuchar: la de Senku. Todos parecieron sorprenderse de que apareciera allí de pronto, aunque el evidente estremecimiento de pies a cabeza provino de Xeno, que abrió mucho los ojos, y cuando Senku pronunció un notable halago hacia quién había su maestro, y quien había ordenado su muerte, el rostro del científico mayor adoptó una expresión que ella nunca le había visto. Era la más pura cara de emoción y felicidad, sus ojos oscuros brillaban casi acuosos. Era una expresión muy similar a la que había adoptado su padre Kokuyo cuando vio curada y de pie a Ruri.
Algo se removió dentro de Kohaku con eso, y confirmó lo que su intuición le decía: Que Xeno de verdad ocultaba sus verdaderos sentimientos, poniéndolos detrás de sus ambiciones. No había forma de que alguien convencido de asesinar a otra persona, se emocionara con esa dulce expresión en el rostro ante la evidencia de volver a verlo con vida. Aunque era demasiado pronto, eso volvía a darle esperanzas de una futura alianza, no podía dudar de la sinceridad que acababa de presenciar, a menos que Xeno fuera demasiado orgulloso y negador para su propio bien. Kohaku también se volvió a emocionar hasta las lágrimas al verlo, y cuando Senku se acercó lo suficiente, ella corrió a recibirlo. La esperanza de la humanidad, el verdadero líder nato y honesto del nuevo mundo, estaba de pie junto a ellos, con su usual sonrisa confiada. Junto con un sollozo de alivio, se lanzó a abrazarlo.
- Oye, leona, que todavía me estoy recuperando, no me exprimas... –A medida que pronunciaba esas palabras, se dio cuenta que ese abrazo no era tan fuerte como debía serlo para alguien como ella, y fue entonces que se dio cuenta de que estaba más delgada- ¿Qué te sucedió?
- Tu "muerte" me sucedió, ¿qué más?
- Aah ya veo. Pero ya me ves, así que no te preocupes. Eres del equipo gorila, te necesitamos entera y sana, así que ya puedes volver a animarte y comer más para reponer tu fuerza.
- Hmm, sí –Kohaku frunció el ceño ante eso, conocía a Senku muy bien, pero eso no era lo que necesitaba escuchar.
Lo soltó, y él no hizo más que mostrarle esa sonrisa suya, antes de seguir adelante. Incluso Ryusui demostró más preocupación y alivio de verla bien, aunque era de esperar, esa era la conducta habitual del capitán, en especial con las mujeres. Vio a Senku saludar y felicitar al resto, luego quedándose a hablar con Ukyo, antes de dirigirse a Xeno. No compartieron muchas palabras, pero luego se fueron los dos solos a una zona rocosa rodeada del agua de mar.
Para cuando volvieron, de pronto se escuchó un bullicio entre los arbustos que los sobresaltó a todos, y de allí salieron cuatro personas, de las cuales Kohaku reconoció a la "espía" del grupo estadounidense, a François y al viejo Kaseki. Le sorprendió la preocupación al borde de las lágrimas de la joven por Senku, y la confianza y sonrisa con que el peliverde luego la felicitó, pero más todavía el sonrojo y los ojos brillantes de ella. Aunque no era quién para juzgar, en el mismo o menos tiempo que la otra joven, había desarrollado una relación bastante romántica con sus dos principales enemigos.
Cuando Ukyo y Ryusui coincidieron en que estaban listos para continuar, decidieron volver sobre sus pasos disimuladamente, y hacerse con uno de los barcos de Xeno para escapar. El problema de aquello, según mismo Senku expuso, era que inevitablemente se cruzarían en el río con el Perseo, con Stan y todo su bestial equipo de combate que había ya sometido a todos en el barco, según confirmación de Xeno. El estómago de Kohaku se retorció ante eso, pero quería confiar en las palabras de Stan que no asesinarían a nadie.
Lograron ser lo suficientemente sigilosos para que no los atrapen, y pusieron el barco en marcha a toda velocidad para escapar cuando los detectaron, en manos del mejor marinero de aquel mundo de piedra: Ryusui. Una vez que la acción había pasado, Senku tomó el teléfono para iniciar las negociaciones con los hombres del castillo de Xeno, tenía que asegurarse de que sus amigos no corrieran peligro, al menos una alianza temporal hasta que pudieran volver a verse. Se comunicaron con el mecánico Brody, quien a opinión de Chrome y de Gen, parecía el más dispuesto a la diplomacia. Senku tomó la delantera y la bravura de dar parte de la receta del líquido despetrificador, a cambio de la seguridad de los rehenes y de accedieran a revivir a un millón de personas, y era cierto que el mecánico debía de ser bastante pacífico en el fondo, ya que terminó aceptando la tregua temporal. Aunque les advirtió que la verdadera preocupación de ellos, por haber secuestrado a Xeno, sería el desatar la ira de Stan, que los perseguiría hasta el fin del mundo para recuperar a su líder, y vengarse del atrevimiento de atacarlos bajo sus narices.
Y efectivamente, minutos después, río abajo, alcanzaron a ver el enorme Perseo, y se horrorizaron de comprobar que le faltaba un enorme pedazo al frente. Kohaku con su increíble vista alcanzó a ver a sus amigos juntos, pero estaban en la tierra, y no en el barco, donde sólo parecían estar unos guerreros enemigos, y Stan al frente.
- Necesitamos crear una distracción, Senku-chan –dijo Gen, ya sudando frío frente a la perspectiva de enfrentamiento contra las pistolas y ametralladoras.
- Sí, y diez billones por ciento seguro que en la encontraremos en el bolsillo del Dr. Xeno, y fue proveída por nosotros mismos.
La intriga se reflejó en el rostro de la mayoría, hasta que Gen se dio cuenta.
- ¡Ooh, la medusa agotada!
- Diez billones de puntos para ti por darte cuenta rápido, mentalista. Sí, pongámosla en la proa del barco, y de seguro que la notarán.
Hyoga metió las manos en los bolsillos de Xeno sin demora, y la encontró. La ataron rápidamente, y se ocultaron lo máximo posible, para que no pudieran dispararles mientras pasaban de largo. Aunque ya no podían ver nada, escucharon de pronto gritos de susto de sus amigos, y la duda y la ansiedad los recorrió, pero el fino oído de Ukyo reconoció que estaban gritando algo de que huyeran del rayo petrificador. Fue una milagrosa casualidad que a sus confiables amigos se les ocurriera algo así, pero bastó para atemorizar a muchos de los guerreros enemigos, que se lanzaron al agua. Y de pronto, oyeron unos balazos que impactaron en el barco, que Chrome confirmó que la medusa había desaparecido. Confirmaron en ese momento la inhumana puntería de Stan, y agradecieron que se haya decantado por eliminar la posible amenaza, y no a ellos.
Por su parte, Stan se resignó con una sonrisa a aceptar que los habían engañado más de una vez, entendiendo rápidamente la situación, y reconociendo su astucia desde un principio. Si habían arriesgado y "entregado" con tanta facilidad un arma tan letal como el dispositivo petrificador, era porque no debía de funcionar, todo había sido un farol, suficiente para escapar. Se sentía furioso, principalmente porque Senku estuviera vivo, era la primera vez que un objetivo sobrevivía a un ataque suyo. A la par, saber que esos chiquillos habían secuestrado a Xeno, habían burlado todas las defensas del castillo, y se lo habían llevado con él. Y, por último, eso significaba que Kohaku también estaba con ellos. Eso no quedaría así, iba a aplastar a cada una de esas ratas, y recuperar a Xeno y a Kohaku, no todo estaba perdido con ella luego de lo que conversaron la noche anterior. Y esa persecución ya se había vuelto personal, muy personal.
El viaje en el barco de Senku y los demás continuó a la mayor velocidad que podían, tenían que poner la mayor distancia posible con el Perseo, era obvio que iban a perseguirlos. Pero eso significaba que tendrían que reponer leña para usar de combustible, ya que no tenían petróleo. El equipo acordó detener el barco al atardecer, para aprovechar las horas de luz solar para navegar todo lo posible. En el entretanto, Senku y Xeno se dedicaron a compartir sus conocimientos científicos y deducciones sobre la medusa y el origen de la petrificación, de forma tal de poder establecer con precisión el nuevo destino del viaje, que sabían que estaría en alguna parte de Sudamérica. Kohaku no tenía idea de dónde quedaba aquello, pero confió en que ellos lo resolverían, y se quedó en la cubierta hablando con sus amigos y con la nueva aliada, Luna.
Todo iba tranquilo, hasta que vio que los otros dos estadounidenses que la seguían como una sombra se acercaron a ella para preguntarle los detalles de los días que pasó en el barco luego de que Stan la abandonara a su suerte. Kohaku escuchó atenta cuando la oyó mencionar a Senku, y todo lo relacionado al casi letal disparo que había recibido. Ahora era cuando agradecía haber aprendido a hablar inglés con Stan, cosa que no les había confesado a sus amigos todavía. Lo cerca que oyó que Senku había estado de la muerte le puso los pelos de punta, pero luego hubo algo que la sorprendió mucho, y era que Luna se refiriera a Senku como su "novio". No estaba segura de haberlo oído bien, la joven hablaba bastante rápido, pero luego definitivamente volvió a oír esa palabra en boca de los otros dos hombres.
- Perdona… ¿dijiste que Senku es tu "novio"? –No se contuvo de preguntarle, y lo hizo en su pobre pero entendible inglés.
Luna se volteó a verla, sorprendida de que hablara en su idioma, y sus ojos brillaron de felicidad inocente.
- ¡Sí! Aceptó ser mi novio luego de que lo salvé.
Kohaku quedó congelada en el lugar, sin poder terminar de creer lo que había escuchado. ¿Senku, el que consideraba que las relaciones románticas eran de lo más problemáticas, y ciertamente había negado y burlado toda intención de ese tipo de vínculo hacia él… había aceptado ser su novio? Le sonrió tensa a la chica, y se dio vuelta dando lentos pasos para corroborar esa increíble afirmación con alguno de sus amigos.
- Oigan… ¿De verdad Senku y Luna son novios?
- ¡Sí, así es! –Taiju respondió emocionado y contento por su amigo– Nos enteramos de la feliz noticia cuando estábamos haciendo el túnel.
- Todavía no entiendo cómo sucedió eso, pero también lo escuché de parte de Ukyo, y nadie duda de su oído –dijo Chrome, que había salido del interior del barco unos segundos antes, justo para alcanzar a escuchar la conversación.
La noticia seguía pareciéndole irreal a Kohaku. ¿Qué había sucedido en su ausencia? Podía entender que Luna se haya fascinado por Senku, pero de ahí a un noviazgo… Ella ya había superado sus propios incipientes sentimientos por el científico, cuando se dio cuenta de su interés unilateral, y cansada de que Senku no hiciera más que rechazar y burlarse del romance, por no decir que nunca había dejado de llamarla leona y gorila, a pesar de sus quejas. Pero que, en menos de un mes, aceptara ser novio de una espía enemiga, sólo por haberle salvado la vida… le parecía desagradablemente bajo. Una alternativa surcaba su mente, y era que, conociéndolo, lo hubiera hecho de forma utilitaria, para sumarla a su reino científico. Dada la decepción que había sufrido con los líderes enemigos, ahora esa posibilidad la asqueaba todavía más, que jugara con los sentimientos de Luna, que parecía genuinamente emocionada y feliz con su "noviazgo".
Unos minutos después, mientras volvía a sentir un revoltijo en su estómago, salieron también a cubierta los dos científicos, para contarle a Ryusui, que era el capitán navegante, las conclusiones de sus deducciones de que el origen del rayo petrificador se encontraba en Manaos, Brasil. Xeno ya no estaba atado, y frunció levemente el ceño cuando la vio con la expresión contrariada, en especial cuando pareció ver algo de enojo en los ojos aguamarina de Kohaku, siempre tan transparentes. Sólo que esa vez parecía que no estaba dedicada a él aquella mirada, sino a su ex-discípulo que tenía al lado, extrañamente. El peliverde no pareció darse por enterado, y Xeno no se atrevió a meterse en el asunto, y le parecía verla más pálida también, por lo que decidió quedarse quieto y cerca, en silencio, por las dudas.
Kohaku no supo si fue el enojo o la mezcla de emociones, sumado a su todavía algo débil condición, pero en ese momento fue más consciente de los movimientos del barco, que pronunciaron su sensación de mareo, y trastabilló, perdiendo el equilibrio. Por reflejo, Xeno estiró el brazo para tratar de evitar su caída, pero Tsukasa fue mucho más rápido y alcanzó a atraparla antes de que ella tocara el suelo. Eso captó la atención de los que estaban alrededor, y se acercaron preocupados.
- Kohaku, ¿estás bien? –Le preguntó el castaño.
- Ah… me mareé por un momento, perdón. Sí, seguro fue eso, además del movimiento del barco.
- Tienes que descansar y recuperarte. Todavía debes de estar débil, parece que te sobre-exigiste demasiado con nuestro escape.
- Sí, pero tenía que hacerlo, era la única forma…
- Luna, ¿puedes revisarla? –Preguntó Xeno, con un dejo de preocupación en su voz.
- Sí, claro, vamos adentro, así podemos recostarla.
Tsukasa la cargó en sus brazos, para evitar que se volviera a marear, y la recostó en el largo asiento mullido que tenía aquel barco. Luna le midió la presión, y le hizo unos simples testeos de reflejos, además de preguntarle sobre su alimentación y actividad de los últimos días. Con la información que recibió, dedujo que le había bajado la presión por su debilidad, el cuerpo no se recuperaba tan fácilmente luego de casi no comer por tres días, seguramente estaba deshidratada y anémica. Ante ese cuadro, François se apresuró a prepararle un plato nutritivo para comer, con unas piezas de carne y el pan christstollen que todavía tenían. Senku y Xeno se acercaron juntos, ambos conteniendo su preocupación cuando escucharon el diagnóstico de Luna. Un rato después, a Kohaku se le había pasado el mareo, y se había sentado, ya que no le habían permitido pararse ni caminar mientras no fuera necesario. La mayordomo se acercó con el delicioso plato de comida, por el cual más de uno babeó y sus estómagos crujieron, pero para sorpresa de los que estaban allí, Kohaku se tapó la boca con asco.
- P-perdona François, sé que te esmeraste en hacerme esta deliciosa comida y es injusto que la rechace, pero sinceramente me da náuseas sólo olerla.
- No se preocupe ni se disculpe, señorita Kohaku, es entendible dada su situación. Si más adelante se siente mejor, siéntase libre de comer o de pedirme otro plato más a su gusto.
- Qué raro, leona, siempre te devorabas este platillo, es uno de tus favoritos –acotó Senku.
Se oyó un jadeo alrededor, y cuando varios voltearon su cabeza hacia la fuente, se encontraron con que Xeno tenía los ojos muy abiertos y una cara de puro horror en su rostro.
- ¿Qué sucede, Dr. Xeno? –Preguntó el peliverde, sorprendido de aquella desmedida expresión.
- Miss Kohaku… –murmuró el científico, mirándola– Tantas náuseas y mareos, encontrar desagradable comida que antes no lo era… –tragó duro, antes de volver a hablar, pero se encontró con que tenía la boca seca– ¿No estarás… embarazada?
Un profundo y largo silencio llenó el ambiente, a la par de idénticas caras de confusión y de sorpresa en los demás. Podían pensar haber oído mal, pero la cara de horror de Xeno, a la par que Kohaku había abierto desmesuradamente sus ojos también, no apoyaba esa teoría. El primero en reaccionar fue Senku, que miró fijamente a su ex-maestro.
- ¿Qué…? Espera, no. ¿Cómo podrías saber tú…?
Pero no terminó de hacer la pregunta, cuando la idea más lógica cruzó su mente, y su voz se perdió. A la par de eso, veloz como un rayo, una mano se estiró por delante del peliverde, alcanzando a rodear completamente el cuello de Xeno. Era la de Tsukasa, que otra vez sus ojos cobrizos rezumaban de ira.
- ¿Qué demonios se atrevieron a hacerle? ¿Se aprovecharon…?
Era evidente que el pensamiento de él reflejaba el de la mayoría de la tripulación de ese barco, que desconocía los pormenores de la estadía de Kohaku en el castillo. La certeza de que habían abusado de ella, que la habían violado, estaba en primera fila, y ciertamente era el pensamiento más creíble y lógico. No sólo el instinto protector del pelilargo se despertó, sino que Xeno y todo su equipo representaba crudamente todo lo que él odiaba: Poder, sometimiento, soberbia y sentirse superiores por su desarrollo armamentístico, utilizado para dominar a los demás. Y ese perfil coincidía perfectamente con la posibilidad de que se habían aprovechado de Kohaku como rehén, como una tortura. Apretó un poco más el cuello del científico, que hizo un gutural sonido de ahogo, y nadie movió ni un dedo, tan impactados con la posibilidad que aquella situación representaba.
Pero para confundir más las cosas, fue Kohaku la que se lanzó contra él, y se aferró a su brazo.
- ¡NO! ¡ESPERA, TSUKASA, NO FUE ASÍ! –Gritó desesperada, y asustada porque sabía que el primate más fuerte era perfectamente capaz de partirle el cuello a Xeno con su brutal fuerza, pero el otro no aflojó el agarre, pero tampoco lo soltó– ¡LO QUE PASÓ FUE VOLUNTARIO! ¡YO QUISE HACERLO!
Ante esa inesperada confesión, todos menos Gen quedaron igualmente boquiabiertos, y finalmente Tsukasa le soltó el cuello a Xeno, aunque más por el impacto y la sorpresa. El científico cayó al suelo, tosiendo y tratando de volver a incorporar aire, nunca se había sentido tan cerca de la muerte como en ese momento. Kohaku se acercó a él, preocupada, y sintió el peso de todas las miradas sobre ella.
- ¿Tú estuviste con el Dr. Xeno… de esa forma? –Preguntó Senku incrédulo– Es absurdo, ¿Cómo diablos…?
- Sí, así fue, los dos lo buscamos –Admitió el científico, una vez que había recuperado el aliento, mirando al joven a los ojos– Es complejo de explicar. Es también una suposición, no hay nada seguro, pero me inclino a pensar a que es bastante probable –y agregó con un tono seco y más amargo– Aunque no sé si yo soy el padre.
- ¿Ah?
Un nuevo expectante silencio se hizo allí, confundiéndolos aún más. Los ojos iban de Xeno a Kohaku, y ni siquiera Tsukasa pudo reaccionar esa vez, aunque frunció profundamente el ceño.
- No me equivoco al afirmar que, de estar embarazada, también podría ser de Stan, ¿no es cierto, Miss Kohaku?
El jadeo de sorpresa más sonoro y dramático provino de Luna, que François le estaba traducido con voz mínima lo que sucedía, ya que la joven la había mirado con confusión y ruego.
- Sí, puede ser –admitió ella, sonrojada y bajando la mirada, era muy incómodo estar admitiendo de pronto eso delante de sus amigos, aunque todavía no terminaba de procesar la posibilidad de la sospecha de Xeno.
- ¿Tuviste relaciones con los DOS líderes enemigos? –Preguntó Senku, más boquiabierto e incrédulo que antes.
Kohaku sólo asintió, pero luego se percató del tono ligeramente acusador que había en la voz de Senku, y la vergüenza dio paso al enojo, devolviéndole la mirada. ¿Quién era él para juzgarla, que, o realmente había iniciado un noviazgo con Luna, o lo había hecho de forma utilitaria?
- Sí, así es –Le respondió en un tono seguro– Y si bien luego las cosas no se dieron como pensaba, sucedió con mi total consentimiento.
- ¿Hay forma de saber si Kohaku-chan está realmente embarazada? –Preguntó Gen mirando a Senku, Xeno y a Luna alternadamente, volviendo a la preocupación inicial.
- ¿Hace cuánto sucedió esto? –Preguntó Luna.
- Poco menos de una semana –Contestó Xeno– Es demasiado reciente, y no tenemos un análisis confiable que hacer con los recursos disponibles, seguirá siendo una posibilidad.
- ¿O sea que puede ser una falsa alarma? ¿Y que sólo sea lo de la deshidratación y anemia que dijeron? –Preguntó Chrome esta vez, cruzándose de brazos.
- Sí, también –asintió el peliblanco, frustrado– Eso explicaría los mareos y la debilidad, más si se sobre-exigió recientemente, el cuerpo puede colapsar. Pero no explicaría que de pronto le provoque asco la proximidad con alimentos que siempre le gustaron. Puede que no tenga apetito, pero sentir asco…
Xeno resopló, pasándose una mano por el pelo y jalándolo hacia atrás, muy nervioso. ¿Podría ser… que él o Stan habían embarazado a Miss Kohaku? Ciertamente, sí, descartarlo sería demasiado ingenuo y negador. Suponía que su amigo también había sido cuidadoso con no eyacular dentro de ella, pero eso tampoco daba certeza de evitar un embarazo de cualquier forma, eso lo sabía desde un principio. El nivel de la complicación que suponía un embarazo en la situación en la que se encontraban, era demasiado complejo. Y a todo eso… ¿Él… padre? Sintió un agujero en el estómago ante la posibilidad. Y la forma en que eso sucedería, de confirmarse, sería muy poco elegante. Embarazar a una rehén enemiga, tan joven, en su primera experiencia sexual, y la cual suponía que ahora lo odiaba considerablemente por la traición y el posterior rechazo con que la trató… era un panorama bastante desolador, en especial para ella, que sería quién tendría que cargar con ese hijo dentro suyo.
¿Y si… no lo quería tener? Era una posibilidad, y teniendo en cuenta todo lo anterior, no la veía aceptando aquella situación con felicidad y dispuesta a hacer una vida de madre. Por no decir que estaban en medio de un peligroso viaje alrededor del mundo, sin las condiciones adecuadas para llevar adelante un embarazo de forma segura. El otro pensamiento que lo amargaba, era que realmente no era seguro que él fuese el padre. No iba a desentenderse, iba a hacerse cargo de todas formas, al menos hasta que supiera quién era realmente el progenitor. Era un poco cruel su pensamiento, pero realmente deseaba que solamente fuese una falsa alarma. Definitivamente no estaba preparado para aquello, ella mucho menos.
Y, sin embargo, a pesar de la duda, el miedo y la incertidumbre… su corazón también martillaba con fuerza, y un innato instinto protector y paternal se despertó en él, llevándole a su mente imágenes de los cálidos momentos que compartió con ella en esos días, como diciéndole que podía ser posible volver a aquello eventualmente. Si la posibilidad de un hijo fuese cierta e inevitable… no quería que Kohaku lo rechace, a ninguno de los dos. No sabía cómo la podría convencer, y tampoco le correspondía realmente, dadas las circunstancias, pero lo intentaría. Aunque claro, también estaría Stan en la ecuación. ¿Y si ella lo elegía a Stan, pero criando un hijo que no era de él? O, al revés… criar un hijo de Stan, sin él en el mapa.
Más allá de la elección de Kohaku, realmente dudaba que su amigo se hiciera a un lado, con lo visceral que era, más allá de su gran autocontrol y disciplina. ¿Esto crearía una disputa, pondría fin a su amistad? ¿O podrían convivir con todo aquello, los tres… o cuatro? O, claro, que Kohaku siguiera firme con su resentimiento y su rechazo hacia ellos, y criara sola un hijo sin padre, o adoptado por alguno de aquellos jóvenes presentes, mucho más confiables y cercanos a ella que Stan o él. Eran demasiados interrogantes, y sospechaba que tampoco tendría una respuesta definitiva por un buen tiempo. Sólo quedaba esperar y acompañar y aceptar los acontecimientos que sucederían y que escapaban de su ansiado control, para bien, o para mal.
Buenaaas! Uuuuuuyaaaaaaa! Hmmm, varios olfatearon esta posibilidad, era inevitable xD. Y aun así, no se confirma ni se niega, mue je je jeeee. Como la mayoría de ustedes, fue una puñalada al corazón lo sucedido en el manga, pero bueno, pase lo que pase ahí, yo voy a seguir dándole mucho amor… y drama (jeje perdón) a mis historias de estos bellos gringos, los amo demasiado, a ellos, y a las dos ships, y necesitamos amor más que nunca. Además, siempre pensé estos fics en retrospectiva de un futuro en el que estén evangelizados, deposito allí mis esperanzas.
Iba a actualizar "Otros Caminos", pero unos pajaritos me susurraron que actualice primero "Dominios de placer", y recordé que yo había prometido actualización jeje. Así que tengo que charlarlo con mi almohada y mi inspiración, pero tal vez vendría bien el fic 100% hot, más "fácil" de escribir porque es puro rikolino, sin trama xD. En fin, hasta el próximo capítulooo!
