Kohaku estaba embarazada... Kohaku estaba embarazada... Kohaku estaba embarazada. La mente de Stan hizo eco de esas palabras una y otra vez, mientras todo a su alrededor dejaba de existir. Podía escuchar una voz femenina como un murmullo detrás de él, sentir la presencia de sus subordinados a su alrededor, pero todo parecía lejano, el tiempo se había detenido. Las motos se seguían alejando a una velocidad real, ya eran puntos negros a lo lejos, y entre esas motos estaba amordazado su mejor amigo, y la rehén que se había convertido en su amante, y ahora llevaba dentro de ella a un hijo, ¿su hijo?
Lo único que lo volvió a la realidad, fue ver pasar por encima suyo al avión de combate que pilotaba Leonard, tal como habían acordado en la última estrategia de ataque. No iban a herir a Xeno, pero la sola posibilidad de que ese ataque pudiera lastimar a Kohaku, y la nueva vida que llevaba dentro y que podía estar conectada con él, hizo que de forma instintiva acercara velozmente su mano a la pistola que había enfundado un minuto antes. Pero antes de que pudiera sacarla y apuntar a su propio aliado, vio cómo el avión comenzó a soltar un humo negro, y se estrelló y rodó violentamente contra el piso. El resto de su equipo corrió a socorrer a sus compañeros, pero él siguió ahí, de rodillas, hasta que Charlotte apoyó una tímida mano en su hombro.
- ¿Capitán Stanley? ¿Se encuentra bien?
¿Si se encontraba bien? Ni él mismo lo sabía, ni le importaba, solamente podía pensar en la compleja situación y realidad en la que se encontraba. Él, o Xeno, habían embarazado a Kohaku en esa única noche que cada uno había intimado con ella. Desde un principio sabía que podía ser arriesgado hacerlo sin protección, por más que hubiera tomado la precaución de reducir bastante las probabilidades, pero evidentemente no había sido suficiente. Era tarde para lamentarlo, ciertamente había sido irresponsable dejarse llevar por sus deseos, y no podía hacer nada para remediarlo. ¿Cómo se habría tomado Kohaku la noticia? ¿Y Xeno? La última vez que había hablado con él, tenía una actitud completamente negadora hacia la joven, y lo único que podía pensar en ese momento de su amigo era que de pronto saberse responsable de un futuro bebé no iba a ser la noticia más agradable y fácil de aceptar para él.
- Capitán... Capitán Stanley –repitió Charlotte, insegura.
Se giró para mirar a su subordinada, irritado de que interrumpan sus prioritarios pensamientos, y ella pareció empequeñecer frente a su fiera mirada. De pronto se dio cuenta que estaba de rodillas, y se puso de pie. Volvió a la realidad una vez más, analizando la situación: Los enemigos los habían burlado y se habían escapado completamente, habían boicoteado el avión sin que nadie se percatara antes, y alcanzaba a ver que sus hombres estaban ayudando a Leonard y el otro soldado a volver, aparentemente sin estar heridos de gravedad.
- Recuperen el avión, y vuelvan al barco –ordenó, y se fue sin decir más.
Dio media vuelta y se fue a la orilla. Quería tomar un bote y volver inmediatamente al barco, pero tenía que esperar a los demás, por lo que se sentó en la arena, apoyando la espalda contra lo que quedaba de la carcasa del barco de Xeno, y se encendió un cigarrillo, fumando mientras se pasaba una mano por el pelo, nervioso. Tenía que recuperarlos urgentemente, a los dos...tres... ah, mierda. Recordó amargamente, como una burla del destino, que parecía que su imprudente pensamiento se había materializado. Luego de ese improvisado momento de pasión al amanecer en el último vuelo que había hecho con Kohaku, había dejado su mente vagar y considerar la posibilidad de apartarse de todo ese nuevo mundo, "escapar" con ella y hacer una nueva vida, sólo viviendo como un hombre más. Hasta había bromeado consigo mismo el hecho de dejar un buen linaje de descendencia, ante la obvia realidad de que una vida sexual activa en ese mundo, tarde o temprano iba a tener su consecuencia biológica. Pero no esperaba que se hubiera vuelto realidad tan pronto, con tan poco.
O no tan poco, no sólo había sido imprudente una vez, sino tres veces, consintiendo el deseo de Kohaku, cediendo débilmente ante esas expresiones de ella en la que había demostrado su interés y necesidad carnal y apasionada con y por él. ¿Qué demonios había estado pensando...? Nada, evidentemente, no había usado su maldito cerebro que era tan capaz para tantas cosas, sino sólo había "pensado" con lo que tenía colgando entre las piernas. Claro, podía estar días sin dormir y atento siguiendo a un objetivo tras una mirilla de rifle, podía hacer proezas físicas y técnicas con excelencia, podía pensar fríamente y cumplir su trabajo sin empatizar con las víctimas de sus misiones... pero no pudo resistirse a los encantos de Kohaku, que ni siquiera habían sido intencionales, ya que ella simplemente había sido ella misma. Desde que la había besado por primera vez, se había condenado a sí mismo, ya que podía controlar medianamente los impulsos de su pasión, pero no podía hacer lo mismo con su corazón.
Y ahora... ¿él, padre? Era una locura, una maldita locura, y por más irreal que le pareciera, no dudaba que Xeno no iba a mentir con algo así. Bueno, también estaba la posibilidad de que él no fuera el progenitor, pero si era realista, las probabilidades estaban más a su favor que de Xeno, por más de un motivo. Tampoco había forma de saberlo en ese mundo de piedra, ni siquiera Xeno podría, pero no cambiaba tanto. ¿Qué, acaso porque dentro de ocho o nueve meses viera que el bebé tuviera más rasgos faciales de Xeno que de él, iba a hacerse a un lado completamente? Ni de broma, porque además no era sólo ese crío, sino que no pensaba "entregarle" a Kohaku a su amigo sólo por eso, no cuando ella le había insinuado que seguía sintiendo cosas por él, a pesar de la confusión y del dolor de la traición, y él... ya no quería dejarla ir. La única forma en pudiera concebir alejarse, era si Kohaku lo rechazaba completamente, y, aun así, si ella iba a cargar el resto de su vida con un hijo de él, tampoco pensaba apartarse tan fácilmente. Tal vez no había estado en sus planes, pero era su responsabilidad ahora.
Un hijo... una hija... no tenía la menor idea de cómo iba a lidiar con eso, nunca había tenido el menor instinto paternal, no recordaba haber visto de cerca o tocado un bebé en toda su vida, y dado su trabajo militar, no era el más empático con el valor de las vidas ajenas. Con el pretexto de defender su país, y las causas de sus superiores o que él creía "correctas", había apagado la luz de la vida de incontables personas. Sin embargo, nunca lo había disfrutado, nunca había mostrado ni la más mínima sonrisa mientras veía a través de sus ojos o de la mirilla de su rifle cómo extinguía una vida.
Y ahora, sin pretenderlo, había creado una. ¿Se merecía eso? ¿Esa inocente y pura vida estaría condenada con algún tipo de maldición para pagar los "pecados" de él, o lo atormentaría con recordarle la culpabilidad de su oscuro pasado? O si por el contrario... si era la posibilidad de redimirse, si le abría paso a una nueva vida para él también. La sola imagen mental de cargar en sus brazos con un ser tan pequeño e indefenso, uno que seguro iba a proteger con su vida, y que tal vez lo reconocería con un amor puro e incondicional... no le parecía compatible con llevar una vida de plomo y sangre, o al menos no si pretendía estar cerca y alejarlo de todo peligro. Tendría que elegir, aunque no le parecía muy difícil dicha elección.
Y si además estaba la posibilidad de realmente profundizar su vínculo con Kohaku, ya que ella sería la madre de su hijo, quería intentarlo realmente con ella, antes que mirar a ninguna otra mujer, solamente lo haría si no funcionaba. Sentir amor, y de saberse amado... ¿era eso posible? Ni siquiera recordaba lo que se sentía estar enamorado, si era que alguna vez se había enamorado de verdad, profundo, le parecía sumamente lejano y ajeno. ¿Qué sentía por Kohaku? Sabía que no ella no abandonaba sus pensamientos, y que cuando la encontrara, de verdad no quería dejarla escapársele otra vez, tal como le había dicho una vez mientras ella dormía a su lado, la primera que habían inocentemente "dormido juntos". Pero no sabía si eso era realmente amor, o posesión... ¿cómo distinguirlo?
Trató de cambiar el rumbo de sus emocionales pensamientos, volver a su zona segura. Si tan sólo ese avión no se hubiera averiado, podía jurar que lo habría pilotado inmediatamente para alcanzar al grupo de jóvenes, y los detendría a toda costa. Si antes la persecución se había vuelto personal para él, ahora lo era en un nivel completamente diferente. Había considerado disparar al avión de sus propios aliados para evitar que representaran una amenaza para Kohaku, por lo que no dudaba lo que sería capaz de hacer si alguno de esos mocosos se resistía, le hacía frente, o trataban de escapársele una vez más. La piedad era algo que se había borrado de su vocabulario y de su mente si alguien se atrevía a interponerse, quien fuera que sea. La única pregunta para la que no tenía respuesta y ni siquiera quería considerar, era si levantaría su arma contra Xeno. Creía que no.
Lo que comenzaba a preocuparle también ahora, era que no tenía forma de comunicarse con los mocosos ni con Xeno, y aunque ya sabía cuál sería la ubicación donde los encontraría más adelante, no tenía otra opción más que rodear todo Sudamérica para llegar a ese lado de Brasil. Iba a ser un viaje muy extenso, tal vez un par de meses, sin contar con imprevistos. ¿Cuántos meses de embarazada tendría Kohaku para entonces? ¿Cómo iban a cuidarla en un viaje tan peligroso y árido como ese, atravesando un desierto primero, y luego el Amazonas? Cualquier persona del mundo moderno sabía del desafío que eso suponía aún para personas entrenadas, ni que hablar para un grupo de jóvenes sin ningún tipo de armadura, armas de fuego, equipamiento o provisiones de ningún tipo. Iba a ser una misión de supervivencia, muy arriesgada. Y él no podía hacer nada para evitarlo.
El engaño y la escapada había sido un éxito para los jóvenes, a excepción de los disparos en el hombro que habían recibido Hyoga y Tsukasa, a pesar de la improvisada y primitiva armadura oculta bajo sus capas. Como ambos habían asegurado que sus vidas no peligraban, siguieron adelante, buscando poner la mayor distancia posible con Stanley y sus militares antes de detenerse, que fue cuando François y Luna pudieron atender apropiadamente las heridas de los luchadores. También le quitaron la mordaza y ataduras a Xeno, ya que no eran necesarias, y el científico aprovechó para aflojar su maltratado cuerpo. Cuando se sintió un poco mejor, se acercó a Kohaku, que estaba muy callada, sentada en el piso junto a la pequeña Suika.
- Miss... –se corrigió–no, Kohaku. ¿Estás bien?
- Sí.
- Piensas en Stan –no fue una pregunta.
- Sí... no sé lo que piensa, ni lo que va a hacer con nosotros... ni cómo sentirme.
- Entiendo –suspiró– Es complejo, pero no voy a mentirte. Stan hará todo lo necesario por rescatarme, y considerando la situación en que me pusieron, no puedo afirmar que se contendrá o será piadoso con tus amigos, a excepción de ti.
- No tiene idea... no sabe nada de "esto".
Xeno decidió guardarse la confesión de que le había dicho a su amigo del estado actual de Kohaku, además del destino geográfico donde se volverían a encontrar. Era información valiosa, que podía usar en contra de esos chiquillos que se habían atrevido a desafiarlos, y tampoco lo pensaba compartir con la joven.
- Tampoco podría hacer nada aunque lo supiera. De hecho, creo que es más seguro para todos ustedes que se mantenga ignorante de la situación. Nadie podía detenerlo antes, pero mucho menos si algo tan importante está en el medio.
- Creo que merece saberlo, es lo justo. Él también...
- Las cosas son así ahora, y eso es todo –interrumpió Xeno con más dureza. Ahí estaba resurgiendo nuevamente, esa quemazón que sentía cuando veía a Kohaku demostrar interés o preocupación por Stan– Lo sabrá a su tiempo, no solucionas nada con darle vueltas ahora. Y si tanto te interesa que lo sepa ahora, pídeles a tus amigos que le mande un mensaje por radio.
- No, delataríamos nuestra posición, y apenas logramos escapar por los pelos.
- Entonces ya tienes tu respuesta.
Cuando el tratamiento de las heridas estuvo terminado, volvieron a subirse a las motocicletas y continuar el camino, sin detenerse hasta el anochecer, ya que no podían manejar hasta que volviera a salir el sol por detrás de las montañas. Con la velocidad de las motos y que debían cuidar el combustible, Carlos estimó que tardarían unas veinte horas en llegar a la zona montañosa más difícil de atravesar. Con las rutas y la tecnología del viejo mundo hubieran tardado no más de cuatro, pero la situación actual era muy distinta. François se dedicó a preparar la cena para todos, mientras que a Senku se lo veía pensativo, y nadie lo interrumpió. Finalmente, mientras estaban cenando, expuso el plan que tenía en mente, y era conseguir un relojero de primer nivel que se encontrara en la ex-ciudad de San Francisco, para que pudiera analizar la medusa y así tuvieran una oportunidad de entenderla y arreglarla para volver a activarla. Ryusui, que era el único que tenía esa información gracias a sus ambiciones de tenerlo todo, dio las indicaciones, que Chelsea se ofreció a "traducir" a un mapa topográfico local, y Senku se puso inmediatamente a la tarea de hacer un fax manual para pasarle al grupo de aliados que había quedado en el castillo de Xeno.
Kohaku, como de todas formas no entendía nada de lo que hablaban y hacían, se fue a descansar en una de las improvisadas casillas que armaron con las cometas de Chelsea para dormir de forma medianamente segura, ya que estaban a la intemperie y no sabían qué animales podían acecharlos de noche. Suika la acompañó, y cuando entraron a una, vieron que justo ya estaba ocupada, Xeno ya estaba recostado, solo. Se detuvieron y se dieron vuelta con cuidado para no despertarlo, pero la voz del científico resonó suavemente.
- Está bien, pueden entrar. No es como si hubiera una de estas para cada uno.
Las dos asintieron y se recostaron en el suelo, acurrucándose juntas para compartir más calor. Xeno las observó, y decidió quitarse el saco negro para ofrecérselos como manta, él todavía tenía su camisa y pantalón largo, mientras que ellas tenían la piel mucho más expuesta, en especial Kohaku. Se lo colocó encima, y le agradecieron, y volvió a recostarse. Se puso a pensar que ese día le había contestado un poco duro y desconsiderado a Kohaku, que era obvio que tenía esas preocupaciones todavía. Había dado su palabra de apoyarla y acompañarla, y no había dado un buen ejemplo con eso, no había sido nada elegante, además de saber que había mentido. A modo de disculpas, se arrastró un poco para acercarse, y apoyó su mano sobre el brazo de ella. Si pensaba hacerse cargo completamente de ese embarazo, tenía que demostrarle no sólo a Kohaku, sino a todos esos jóvenes que lo veían con malos ojos, que no había sido solamente una cuestión de descarga sexual y de deseo. Que la tratara con distancia, sólo reforzaba esa última visión.
Kohaku giró la cabeza hacia atrás, un poco sorprendida de sentirlo tocarla, y conectó con sus ojos oscuros, que parecían tener algo de remordimiento en ellos. No sabía qué estaba pensando, pero entendió que era una forma de él de pedirle permiso para acercarse. Asintió en silencio, para comprobar su intuición, y fue acertada, ya que después de eso Xeno se acercó un poco más y se le pegó a su espalda, deslizando su mano hasta apoyarla en la cintura de ella. La joven ya estaba abrazando a Suika con ambas manos, así que solamente se quedó quieta, aceptando el repentino y cálido gesto del científico. Lo había sentido tan distante y duro todo ese sentido, que realmente le sorprendía el acercamiento, pero quizás era esa su forma torpe de disculparse.
La imagen que ofrecieron pareció ser un tanto íntima para los demás, ya que todos optaron por dormir en otra casilla. Durmieron sin interrupción, agradeciendo el descanso luego de tantos días de trabajar a sol y sombra en la fabricación de las motos. En cuanto el sol se asomó en el nuevo día, Gen fue a despertarlos, y luego de desayunar, continuaron el extenso viaje. Sólo se detenían para recargar las bombonas de gas que servían de combustible, hacer pequeños descansos para estirar las piernas, comer, y dormir. Propusieron cambiar la distribución de las motos para equiparar el peso de cada una, ya que pronto el terreno se pondría muy difícil, y las cuestas arriba de las montañas serían demasiado duras para algunos, si estaban desequilibrados. Hicieron una balanza improvisada con dos neumáticos y una viga de madera, y llenaron unas bolsas con líquido para hacer la comparación.
Kohaku captó la conversación entre Chelsea y Luna, en la cual la rubia alardeaba de su noviazgo con Senku y se la notaba ansiosa por compartir la moto con el peliverde. Incentivada por la geógrafa, que evidentemente adoraba las historias de amor, Luna les contó la conversación que tuvo con él cuando lo estaba curando luego del disparo de Stanley, luego de la cual se habían vuelto "pareja". Y resultó ser que no había ningún noviazgo romántico ahí, sino que Luna no se había percatado que Senku había aceptado para ganarse como aliados no sólo a ella, sino también a sus fieles seguidores Carlos y Max. Eso enfurió fuertemente a Kohaku, que comprobaba con seguridad lo que había sospechado antes, que Senku había hecho eso como beneficio, ignorando los sentimientos de la chica estadounidense, que se la veía inocentemente enamorada de él.
No era una sorpresa, sabía que era así de frío e interesado con tal de lograr la ventaja para sus objetivos, y aunque lo respetaba como amigo, aliado y por sus valores científicos nobles, siempre le había parecido detestable y asquerosa esa faceta de él. ¿Y la había juzgado a ella, y a Xeno, por haber compartido algo que sí había nacido sinceramente del interés y sentimientos mutuos? Hipócrita. No conocía mucho a Luna, pero por lo que parecía, le gustaba Senku de verdad, y le había salvado la vida al tratarlo luego del letal disparo de Stan, por lo que pensaba que mínimo por agradecimiento y respeto, merecía un poco más de sinceridad de parte de él, a vivir con la falsa esperanza de que algún día Senku iba a quererla de verdad, lo cual dudaba, por lo que parecía.
Tardaron un día más en llegar a la zona montañosa más desafiante para ellos de la Cordillera de los Andes, que resultó ser un espectáculo visual e imponente para todos, ya que ninguno había ido allí antes en el mundo moderno. El ascenso se volvió tan empinado y rocoso, que tuvieron que empujar las motos cada equipo para arrastrarlas, hasta que se rindieron agotados, dándose cuenta de que no había forma de que eso pudiera salir bien. Sin hacerse ningún problema, Senku propuso cambiar la estratégica y atravesar la cordillera haciendo un teleférico, lo cual generó que todos lo miren boquiabiertos, divididos entre los que no tenían idea de qué era eso, y los que no podían creer que fuera posible hacerlo con sus primitivos medios. El peliverde les explicó con un dibujo en la tierra cómo funcionaba y lo que necesitaban, y decidieron desarmar dos de las motocicletas para reutilizar todas sus partes. También fabricaron una especie de trampolín con dos de los neumáticos, que Kohaku probó y quedó encantada con el resultado, le permitía dar un enorme salto con muy poco esfuerzo.
- ¿Cómo llegaremos a lo alto de esa montaña para hacer el teleférico, en cualquier caso? –Preguntó Hyoga mirando ceñudo la enorme distancia que separaba el vacío entre donde estaban, y donde tenían que llegar– Homura hubiera sido de mucha utilidad por su destreza física, pero no contamos con ella.
- Hmm, es verdad, no contamos con alguien tan liviano y deportista como ella que pueda hacerlo –Coincidió Tsukasa preocupado.
- ¿No? Pero si tenemos a una fuerte y hábil leona –Dijo Senku, señalando a Kohaku– Es la única que reúne todas las condiciones, y diez billones por ciento seguro que puede hacerlo sin dificultad, por eso hice ese trampolín de goma.
- Pero... no debería en su condición, Senku –Le contestó el pelilargo con seriedad– Claro que pensé en ella, pero no...
- Lo haré –Interrumpió Kohaku– Si soy la única que puede hacerlo, y eso nos da la oportunidad de seguir adelante, lo haré. No me subestimen, con todos esos de entrenamiento en mi aldea, puedo escalar esto sin ningún problema.
- Kohaku –Intercedió Xeno– Dijiste que ibas a ser más cuidadosa... y no veo cómo saltar de una montaña a otra esté dentro de ese parámetro.
- Es solamente saltar, no tengo que hacer ningún esfuerzo físico, y no me cabe duda de que puedo hacerlo sin problemas, como dije. Sólo observen.
Sin dejar que nadie más intente detenerla o cuestionarla, se trepó a la subida rocosa más alta que vio en la cercanía, y sin miedo alguno, saltó para caer exactamente sobre el neumático, flexionar las piernas, e impulsarse con toda la fuerza y habilidad que pudo para hacer un inhumano salto con el que cruzó el terrorífico vacío que unía ambas montañas. Un jadeo colectivo se oyó de parte de los más preocupados y de los que no conocían la destreza física de Kohaku. La rubia aterrizó perfectamente del otro lado, y levantó los brazos para hacerles saber que estaba bien y lista para continuar con el plan. Siguiendo las instrucciones de Senku, Ukyo lanzó una flecha con una larguísima cuerda atada en ella, y Kohaku usó su escudo para hacerle de blanco. No sólo iba a servir como guía para pasar el cable de carbón y acero que sí serviría para sostener el teleférico con seguridad, sino que también podían usarla como un improvisado teléfono fijo, y así pasarle las instrucciones a Kohaku para que ayude con el ensamblado desde su lado.
Usaron las llantas de las motos para usar como poleas y que la soga pudiera circular con facilidad, y sobre la base y el asiento de la moto desarmada, podían subirse para ir pasando de un lado a otro tanto personas como las otras motos desmanteladas. Cuando todo estaba listo, Senku calculó el peso que podía soportar el teleférico, que eran unos ciento sesenta kilos, y comenzaron a dividirse en parejas y tríos para no superar ese peso. Aunque Kohaku confiaba más en Xeno que todos los demás, era más que obvio que él no estaba en aquel viaje por voluntad propia, y que intentara escapar era una buena probabilidad. Le expresó a Senku no sólo sus preocupaciones por líder enemigo, sino también por quién viajaría con él. Le aterraba la idea que quede en pareja con Suika, que era la más débil y vulnerable, y ciertamente podía escapar si quedaba a lo último. Y pensando en sus propios aliados, Kohaku no terminaba de confiar en Hyoga, el más misterioso, hermético y moralmente dudoso de todos ellos.
Pero las cuentas no daban con otro miembro del equipo de batalla, ya que superaban el peso máximo permitido, y Senku decidió confiar en los dos peliblancos y arriesgarse a que fueran juntos. El primer viaje lo hicieron Chrome y Kaseki, que lucían genuinamente emocionados con el teleférico científico, luego fue el turno de Gen, Chelsea y Luna, y le siguieron Hyoga y Xeno. Kohaku los observó con cuidado, pero no hicieron ningún movimiento extraño, y suspiró aliviada, junto al resto de sus compañeros. El siguiente viaje lo hicieron Carlos, Suika y Max, pero de pronto una fuerte ventisca circuló entre las montañas, y el teleférico se meció violentamente. El corazón de Kohaku se detuvo por un momento, cuando vio a la pequeña Suika resbalarse y comenzar a caer al vacío, y ninguno de sus acompañantes había alcanzado a atraparla.
- ¡SUIKA!
Kohaku gritó a todo pulmón, aterrada, y sin dudarlo se lanzó a atraparla. Cortó la cuerda del teléfono, y la utilizó como un lazo para atrapar a la pequeña, lográndolo por muy poco. Como había saltado prácticamente al vacío, pero cerca de la pared de tierra y piedra de la montaña, no le quedó otra opción que clavar su espada con todas sus fuerzas en una saliente, y sostenerse de esa forma. Gritó fuerte al resistir la detención de su caída, y aunque se había aliviado de haber podido salvar la vida de Suika, se encontraba en una muy exigente y delicada situación. La katana no resistiría mucho si se aflojaba su sostén, y de todas formas tenía que buscar la manera de escalar hacia arriba, siendo que tenía las dos manos ocupadas. Ninguno de sus amigos podía alcanzarla todavía, y no tenían una soga o algo para poder rescatarla. Con fuerza, tiró de la soga para lanzar hacia arriba a Suika, y atraparla en el aire con el brazo que antes tenía la soga. Y como no podía pensar otra opción, hizo acopio de todas sus fuerzas para columpiarse y hacer un giro para saltar hacia arriba, logrando aferrarse a una saliente.
Frente a ella, asomado al borde de la montaña, estaba Hyoga. El estómago de Kohaku se frunció, desconfiando de él todavía, ya que en su mirada no veía ni un rastro de preocupación, y cuando el peliblanco extendió una mano hacia ella, era tan probable que la soltara y dejara caer al vacío, como que la ayude. Hyoga le sostuvo con fuerza la mano, y para alivio de muchos, tiró hacia arriba para salvarla, finalmente. Chelsea hizo un escándalo de felicidad al respecto de la confiable actitud del peliblanco, aunque se había asustado cuando minutos antes le habían explicado las batallas y enemistades que tenía el grupo de los japoneses como trasfondo. Los presentes de ese lado se acercaron a Kohaku para ver si estaba bien, y la dejaron descansar a un costado, mientras el resto se ocupaba de trasladar a los miembros restantes, y las partes de las motos. Xeno se apuró a su lado, preocupado con el esfuerzo desmesurado que había hecho Kohaku en esa situación límite, reaccionando justo a tiempo para evitar la muerte segura de la niña.
- ¡Kohaku!
- Estoy bien, Xeno... Suika está bien, que es lo importante.
- Por como gritaste, no creo que estés bien, eso fue demasiado hasta para ti.
- Tenía que salvar a Suika y nadie más alcanzaba a hacerlo, no iba a dejarla morir. Sólo fue un poco de esfuerzo, en un momento ya estaré recuperada.
Xeno observó que, si bien decía eso con una media sonrisa confiada, sus brazos y piernas temblaban ligeramente, lo cual daba por seguro que no había sido sólo "un poco de esfuerzo". Tal vez lo hubiera sido cuando estaba en su mejor momento de estado físico, pero todavía no se había recuperado del todo. Se quedó al lado de ella, pero en silencio. Kohaku respiraba profundamente, tratando de calmar su desbocado corazón, y sentía un intenso calor en todo el cuerpo. Claro que había desestimado su cansancio para no preocupar a los demás, pero se sentía bastante acalambrada, y tenía que agradecer que faltaba un buen rato para que terminen de pasar todos por el teleférico, porque no se sentía capaz de levantarse con seguridad todavía.
Volver a ensamblar las motocicletas llevó otro buen rato, y cuando terminaron, volvieron a empujarlas por la montaña. Kohaku también ayudó, Taiju y Luna que eran sus compañeros de moto, y el grandulón dijo que podía hacerlo él solo y que ella no se esfuerce. Aunque la rubia asintió y le agradeció, no se sentía cómoda dejándole todo el trabajo a él, ya que Luna era mucho más débil. Pero de pronto sintió un tirón un tanto doloroso en su abdomen, y se preocupó inmediatamente, tomándolo como una clara señal de que de verdad podía ser peligroso para su embarazo insistir con el sobre-esfuerzo, en especial teniendo en cuenta que minutos antes había hecho algo bastante arriesgado. Sintiéndose un poco inútil, pero sabiendo que era para mejor, le dejó la tarea a Taiju, y se concentró en su propio ascenso, y la molestia pronto desapareció.
Finalmente llegaron a la selva, y con cuidado comenzaron el descenso, aliviados de que ya estar ahí significaba que estaban a salvo del ataque del avión de los estadounidenses, que ya lo habían reparado y estaban en camino, según habían alcanzado a oír por la radio, interceptando sus mensajes. Cuando llegaron a la densa selva tropical, volvieron a subir a las motos, y viajar a una velocidad media. Unas horas después, encontraron un claro menos denso de arboleda, y decidieron armar un campamento para poder recolectar comida y descansar, ya que todos estaban bastante agotados. Allí Senku los aterró con la explicación de que ese lugar debía estar lleno de bichos mortalmente peligrosos, pero luego le dio a cada uno un par de botas de goma altas a medida, que habían hecho cuando estaban en el barco. Se dividieron en equipos de recolección y caza, dejándole la caza al equipo de fuerza y a Ukyo, a excepción de Kohaku, que la designaron a la recolección de forma unánime.
Por su parte, Leonard y Stan seguían el rastro de las motos desde el avión, hasta que no encontraron más, y luego de continuar alcanzaron a ver la espesa vegetación, donde supieron que no tenían chance de buscarlos ya, y dieron media vuelta. El objetivo era comprobar la ruta de escape del club de ciencia juvenil, y trazar la ruta aproximada que tomarían, ya que gracias a Xeno ya sabían que el cruce final de aquel viaje sería en Araxá. A pesar de eso, Stan se sentía sumamente frustrado, la inesperada noticia del embarazo de Kohaku lo había puesto ansioso y le había llenado la cabeza de preguntas, que no tenía forma de resolver hasta no volver a encontrarse con ella y con Xeno, para lo cual podrían pasar al menos uno o dos meses, ya que era el tiempo que llevaría rodear Sudamérica en el buque de guerra.
Cuando aterrizaron de vuelta en el barco, Stan se bajó del avión y no dijo una palabra mientras avanzaba. Leonard se acercó a la sala de navegación donde se encontraba el radar, para chequear que todo estuviera bien. Charlotte, Maya, y los principales soldados los siguieron en silencio, esperando las novedades y nuevas directivas. Stan se movía por el lugar de un lado a otro con lentos pasos firmes, fumando, parecía un león enjaulado, y el aura que emanaba era tan intimidante, que nadie se atrevía a hablar. Todos estaban igual de irritados con que los jóvenes japoneses los hubieran burlado tantas veces, pero ninguno podía entender las extrañas actitudes del capitán, que había perdido parte de su estoica actitud siempre controlada. Finalmente, Stan sintió sobre sí las miradas de curiosidad e inquietud, y se detuvo sobre sus pasos para dar el parte de la situación.
Apenas terminaron de escucharon las novedades y el nuevo curso de acción, todos se fueron rápidamente de allí, a excepción de Charlotte, que seguía preocupada por su idolatrado capitán conflictuado. Lo había visto caer de rodillas, algo inaudito en él, y le carcomía la duda y la curiosidad sobre cuál habría sido el mensaje de Xeno, ya que al final no le había dicho nada a ella para anotar, y en su lugar había comenzado con esas actitudes tan extrañas en él.
- Capitán Stanley –lo llamó con cautela.
- Charlotte, ¿qué necesitas? –Le contestó con aspereza.
- ¿Está preocupado por lo que puedan hacerle al Dr. Xeno?
- No, eso no me preocupa. Es un rehén demasiado valioso para ellos. Kohaku me preocupa más.
- ¿Ella? –Preguntó extrañada– Pero si está de vuelta con sus amigos, está más segura y a gusto que el Dr. Xeno.
- Está en una situación compleja. Y también lo es para mí.
- Capitán Stanley... si hay algo que pueda hacer, dígamelo, no vacilaré –Se mordió el labio, y luego levantó la mirada– Por usted, yo...
- Posiblemente tenga dentro suyo un hijo mío, así que no hay nada que puedas hacer tú, ni nadie –la interrumpió.
- Ah... –Charlotte quedó impactada, y cerró la boca inmediatamente. Algo dentro de ella se estrujó un poco al escuchar eso, y sintió a su capitán más lejos que nunca. Lo admiraba más allá de la razón, y no podía negar que también albergaba otros sentimientos, pero ahora él no hacía más que estar pendiente de esa joven, no había lugar para ella– Entiendo. De todas formas, cuente conmigo para lo que necesite. Disculpe mi intromisión, capitán.
Stan apenas la miró de reojo y asintió, volviendo luego a sus pensamientos. Pretendía guardárselo un poco más, pero tarde o temprano iba a tener que explicar la situación, sobre todo porque cuando llegara el momento del asalto final, no permitiría que nadie le pusiera un dedo encima a Kohaku, o se encargaría personalmente del que se atreviera a ponerla en peligro.
En la selva amazónica proliferaban los árboles frutales, por lo que los jóvenes no tardaron en encontrar la comida. Suika se trepó a un árbol con ayuda de Kohaku, y le lanzaba las frutas a Senku, que llevaba la canasta como una mochila. La joven luchadora se sentía mejor y quiso ayudar, pero apenas había trepado unas ramas, cuando volvió a sentir un doloroso calambre en su abdomen. Frustrada, resopló porque pensaba que estaba recuperada, al final ese embarazo que llevaba menos de un mes ya le estaba causando muchos problemas y limitaciones, lo único que iba a hacer era entorpecer a todos, ya que no sólo no iba a poder hacer mucho, sino que podía sentir cómo ahora todos se preocupaban y la vigilaban constantemente.
El equipo entero volvió a encontrarse, y salvo algunos pocos, la mayoría estaba un poco horrorizados de que el almuerzo consistiría en asar una enorme anaconda que Tsukasa había cazado. Luego de comer, Senku y Chelsea hicieron una trampa de hormigas, para luego elaborar un extracto que permitiría que los bichos peligrosos de la selva no se les acercaran. Continuaron el viaje, y cuando llegaron al Río Amazonas, armaron unas enormes balsas de madera, en las cuales cargaron todo y lo recorrieron cuesta abajo como un tobogán acuático a toda velocidad. Luego de seguir remando y llegar a la orilla que Chelsea había señalado como el camino hacia Manaos, donde se encontraba el origen de la petrificación según los cálculos de Senku y Xeno, dejaron las motos a un lado, e hicieron el camino a pie, ya que era tan densa la vegetación que tuvieron que abrirse camino con las espadas y machetes que tenían.
Kohaku sospechó que no le había caído del todo bien la carne de la anaconda, porque tenía unos molestos retorcijones y punzadas hacía un buen rato. No sentía particularmente ganas de ir al baño, pero al mismo tiempo sentía una incómoda presión que no la abandonaba. No sabía hasta qué punto era normal, dudaba si preguntarle a Luna, pero tampoco era como si podían hacer nada, y no quería detenerlos a todos por una molestia menor. Siguió caminando, quedando a lo último de la fila junto a Suika, hasta que de pronto oyó un jadeo de la pequeña, y su voz llena de preocupación.
- Kohaku, ¿te lastimaste?
- ¿Eh? No que yo sepa, ¿por qué lo dices...?
Miró a la niña sin entender por qué decía eso, hasta que vio que le señalaba la pierna. Un hilo no tan fino de sangre le recorría el muslo interior, y se preocupó mucho cuando entendió de dónde parecía salir, ya que notó que sus bragas estaban húmedas. Se detuvo sobre sus pasos, confundida y un poco asustada, sorprendida de que no lo había notado antes. El repentino jadeo y palabras de Suika llamaron atención de parte del equipo que estaba más cerca de ellas, que también se detuvieron cuando se percataron de que Kohaku se miraba como ausente la mano con un rastro de sangre, y luego el hilo rojizo que le recorría el muslo interno hasta perderse dentro de la larga bota de goma.
- ¡Kohaku! ¡¿Qué te pasó?! –Exclamó Ryusui, que estaba justo delante, y sus ojos se abrieron mucho con preocupación– ¡François! ¡Luna! ¡Ayuda médica!
La voz alarmada del capitán pidiendo ayuda terminó por detener y llamar la atención de todos, que se acercaron para ver cuál era la emergencia. Xeno, que también era de los últimos de la fila, sintió un escalofrío cuando vio la misma imagen que Ryusui, ya que por su mente pasó rápidamente la idea de lo que eso podía significar.
- Oh no... no... Kohaku...
La rubia sólo se miraba confundida, como si no terminara de entender que esa era su sangre, o por qué estaba allí. ¿Por qué sangraba? No tenía ningún corte, no se había golpeado, y no correspondía con estar en los días de su período, además de que tampoco debería suceder si estaba embarazada. La voz de Xeno la sacó de sus confusos pensamientos, y ver la expresión de horror de él la hizo también darse cuenta del motivo más probable y lógico.
- ¿Acaso...? –Preguntó el científico con un hilo de voz, más para sí mismo– ¿Podría ser que acabas de...?
Xeno no podía terminar de decirlo, la palabra y la probable realidad de que ella hubiera perdido el embarazo, un aborto natural y espontáneo como consecuencia de sus sobre-esfuerzos sumados a su debilidad desde hacía unas semanas, era lo que parecía más seguro y real en ese momento, aunque no podía saberlo con certeza. Kohaku volvió a mirarse la mano, y por reflejo se tocó el abdomen con la otra mano, abriendo mucho los ojos. No se oía nada alrededor, no sólo porque estaba aturdida con el repentino acontecimiento, sino porque realmente nadie movía un músculo, parecían todos petrificados. François y Luna se acercaron cuando lograron salir de la sorpresa, la francesa mucho más decidida y eficiente, mientras que Luna se había tapado la boca con una mano y se la podía ver temblar ligeramente.
- Señorita Kohaku, ¿cómo se siente? –Le preguntó François con cautela, suavemente– ¿Dolores, mareos?
- No... no particularmente –Respondió la joven– Hace un rato que venía sintiendo molestias, desde que salvé a Suika, pero no fueron tan fuertes como para detenerme. ¿Por qué...? ¿Me lastimé por dentro sin saberlo?
- Tal vez, con ese enorme esfuerzo que hiciste allí, y que vienes haciendo hace varios días desde el escape, además de que estabas anémica y débil –Murmuró Luna– Pudo ser demasiado... para el bebé.
- ¿"Demasiado"? –Le re-preguntó Kohaku, preocupada– ¿A qué te refieres? ¿No es sólo como una herida o un desgarro?
- Puede ser, que sea sólo un sangrado. Pero... también es probable que se haya desprendido el tejido del embarazo... que lo hayas perdido.
Kohaku quedó muy quieta, boquiabierta, y apenas pudiendo respirar. ¿Qué había hecho?
- Luna, ¿tienes conocimientos médicos más precisos de eso? –Le preguntó Xeno.
- No tanto, sólo soy una estudiante de los primeros años de medicina –Admitió apenada– Creo que, si el sangrado se detiene pronto, podría ser sólo una amenaza de aborto, y si se cuida, lo salve. Pero si la hemorragia aumenta... es inevitable que lo pierda, lo siento. Ni siquiera un médico podría evitarlo, sólo queda esperar.
- Entonces hagamos un campamento seguro lo más cerca de aquí que podamos –Dijo Tsukasa, haciéndose lugar– Ya estamos "a salvo" aquí de nuestros enemigos, solo tenemos que preocuparnos de animales salvajes. Hasta que mejore, no avanzaremos.
El castaño la cargó en sus brazos, para evitar que ella camine, y Hyoga y Taiju lo flanquearon, a modo de protección. Nadie habló en el trayecto, y sólo se detuvieron cuando Tsukasa se detuvo, miró alrededor, y decidió que ese era un buen lugar para armar el campamento. Por la posición del sol, faltaban un par de horas para el atardecer, por lo cual acordaron que no avanzarían más hasta la mañana siguiente, no conocían los peligros de la zona, y preferían no arriesgarse y ser precavidos. Armaron un par de carpas, y dejaron a Kohaku recostada en una, quitándole las botas de goma para que estuviera más cómoda. Suika se ofreció a limpiarle el rastro de la sangre seca, queriendo ayudar en algo ya que se sentía un poco culpable de la situación, ya que todo se había desencadenado por salvarle la vida.
Cuando la pequeña salió de allí, Tsukasa entró un momento para ofrecerle su capa de piel a Kohaku, sirviéndole de manta para mantenerla calentita. Si tan sólo hubiera estado del otro lado en esa montaña a tiempo, hubiera cumplido su promesa de protegerlos, y lanzarse él al rescate, pero falló. Nadie se esperaba esa ventisca, y la joven había actuado increíblemente fuerte y rápida, pero como consecuencia ahora estaba en una situación bastante delicada y peligrosa, más en medio de la selva, sin medicina ni tratamientos médicos decentes. El instinto de Tsukasa le indicaba que tenía que cuidar y proteger a las mujeres, y con la noticia de que Kohaku estaba embarazada, esos instintos se le habían potenciado, al punto de sentirlo como una responsabilidad suya también, aunque no era ni siquiera su hijo y más allá del afecto que le tenía a su compañera.
Unos minutos después se asomó Xeno al interior de la carpa de tela, y sintió una ligera punzada en su estómago cuando vio a Kohaku tapada con la capa peluda del fuerte guerrero, y a él sentado en cuclillas a su lado, hablándole en un tono suave. Tsukasa se percató al instante de la presencia del científico, y luego de una ínfima sonrisa tensa, se levantó y salió, dejándole el lugar a Xeno, que sin dudarlo se sentó al lado de ella.
- ¿Cómo te sientes, Kohaku? ¿Algún dolor?
- No, no me siento mal, y se detuvieron las molestias que tenía.
- Eso es bueno –suspiró aliviado– Y si no tienes hemorragia ahora, quizás sólo haya sido un susto, no te preocupes. Procura cuidarte de verdad a partir de ahora.
- Sí, lo sé... ahora lo sé. Aunque fue una situación bastante extrema la anterior, pero procuraré que no se repita.
- Ya no se trata sólo de ti –susurró Xeno– Pero más allá de eso, no tenemos las condiciones médicas necesarias para tratar complicaciones, ni en personal, ni en equipamiento. Y estando en un lugar salvaje como éste, sin condiciones higiénicas apropiadas, y rodeados de peligros, no podemos arriesgarnos tanto. Entiéndelo Kohaku, por favor.
Dudando, porque las demostraciones de afecto no eran lo suyo, y menos con todos esos jóvenes cerca que podían entrar en la carpa en cualquier momento, le tomó la mano y le sonrió brevemente, al menos para transmitirle su apoyo, acompañándola en silencio. Pasado un rato, Senku entró con un vaso en la mano, y se detuvo abruptamente, sus ojos dirigiéndose con mucha sorpresa a los dedos entrelazados de Kohaku y Xeno, pero trató de ignorarlo y siguió.
- Leona, bebe esto.
- ¿Qué es? –Le preguntó la rubia, levantándose un poco y tomando el vaso que le ofrecía.
- Un preparado medicinal, te hará bien. Chelsea orientó a François, Chrome, Luna y Suika para encontrar los ingredientes.
- ¿Qué tiene? –Indagó Xeno.
- Plantas medicinales locales del Amazonas... achiote, achira, saúco, guanábana y hierba santa, si no me olvido de nada. Un cóctel interesante, con propiedades antisépticas y calmantes.
- Gracias, Senku –Le dio un sorbo, y no protestó por el peculiar sabor.
- También están preparando unas pomadas y haciendo suficiente cantidad para un par de días más, por las dudas, que nos serán útil para todos de cualquier forma, frente a heridas o picaduras que podamos hacernos.
- Agradéceles de mi parte, y disculpen por causarles problemas en este momento.
- No se puede hacer nada para evitarlo ya, y lo importante es que te recuperes y estés bien. Necesitamos a la leona sana y fuerte que conocemos.
Dicho eso, le sonrió brevemente, dio media vuelta y se retiró. Para el resto de la noche se repartieron entre los demás la vigilancia, y procuraron mantener encendida una gran fogata. Xeno se quedó junto a Kohaku, finalmente cediendo a la incomodidad de la postura y recostándose, al menos habían tejido manualmente unas lonas de paja para no estar en contacto con la tierra y así evitar el contacto con todo tipo de bichos que pululaban por allí, además de contar con el extracto de hormigas. Kohaku logró conciliar el sueño, todavía sentía una molestia que no la abandonaba, pero era mucho más leve que la que había sufrido a la tarde.
Sin embargo, en las primeras horas de la mañana, despertó con una sensación extraña, y se sentó. La capa de Tsukasa se resbaló por su cuerpo, y cuando se destapó las piernas, apenas pudo ahogar un grito, que sin embargo despertó a Xeno, que dormía a su lado, y se levantó alarmado inmediatamente. El científico buscó su rostro, y cuando la vio con los ojos muy abiertos y alarmados, siguió su mirada y también jadeó, aunque su voz ni siquiera alcanzó a salir: En la lona de paja debajo de sus caderas, se extendía una amplia mancha de sangre. Respirando aceleradamente entre confusión y nervios, Kohaku acercó una mano a su entrepierna, y luego soltó un gemido y comenzó a temblar. Miró a Xeno, que le devolvía la una mirada horrorizada, y no podía más que quedarse ahí rígido y silencioso.
Kohaku no sentía nada más que la humedad de su propia sangre, no había dolor, y sin embargo entendió perfectamente lo que estaba sucediendo. No era una falsa alarma ya, de verdad había perdido el embarazo, tuvo una inexplicable certeza de eso. Una extraña sensación se apoderó de ella, no física, sino una mezcla de conmoción, culpabilidad, y desesperación. No podía ver lo que sucedía dentro de ella, y la sensación de impotencia y de no poder hacer nada al respecto. Un silencio pesado se hizo dentro de esa carpa, interrumpido solamente por las aceleradas respiraciones nerviosas de la rubia. Una voz adormilada se oyó cerca, asomándose con cautela dentro de la carpa.
- ¿Kohaku-chan? –Era Gen, que parpadeaba para quitarse la soñolencia de encima– ¿Qué suc..?
Sus ojos de pronto captaron la imagen de lo que verdaderamente estaba sucediendo, y luego de unos segundos de shock al igual que los otros dos, reaccionó.
- ¡Senku-chan! ¡Luna! –Gritó, alarmado, advirtiendo a sus compañeros.
Un murmullo de movimientos se oyó afuera, y un momento después los susodichos asomaron su cabeza, seguidos de François, repitiendo la misma expresión de consternación al notar lo que sucedía, y Luna no pudo contener un gemido de pena. Senku reaccionó primero, y entró.
- ¡Leona! Maldición... ¿Estás bi...?
Interrumpió su propia frase, al darse cuenta de lo ilógica que iba a ser su pregunta. No, no estaba bien, pero lo que realmente quería preguntarle era si sentía algún dolor fuerte o que la pusiera en peligro.
- ¿Cómo te sientes? ¿Qué sientes? –La vio mirarlo con sus enormes ojos aguamarina tormentosos, y esperó con una mezcla de paciencia y ansiedad a que ella saliera del trance y le respondiera.
- Nada –Susurró– No me duele nada, pero...esto está mal.
- ¿"Mal"? Esto es lo peor que podía llegar a pasar –la voz provino no de Senku, sino de Xeno, que pareció haber "despertado". Lo que pretendía que fuera sólo un pensamiento, terminó siendo un comentario en voz alta en su idioma, pero se dio cuenta demasiado tarde.
- Sí... –coincidió Luna mirando al suelo. En ese momento, lamentó no tener más conocimientos o habilidades médicas para ser de ayuda– No hay mucho que se pueda hacer.
- Nada... la ciencia no contempla nunca que no se pueda hacer "nada" –Le contestó el científico con dureza
- S-sí, lo sé, pero me refiero a que no hay forma de detenerlo, y sólo queda esperar que el cuerpo de ella termine de... expulsarlo.
- Hay que evitar que se le desarrolle una infección a toda costa, o será game over también para ella –Intercedió Senku.
Aunque Luna coincidía con el "diagnóstico", se tapó la boca horrorizada ante la brutalidad de lo directo que había sido el peliverde en un momento así. Xeno pareció pensar lo mismo por la forma severa en que lo miró, pero no podía contradecirlo, y ya era muy tarde. Kohaku también había entendido esa última frase, se la había oído decir a su amigo varias veces y se asustó un poco, sabía que él no mentía nunca. Cerró los ojos y respiró hondo repetidas veces, tratando de calmarse y de volver a centrarse, antes de mirarlo.
- ¿Qué va a pasarme, Senku?
- Como dice Luna, por lógica tu cuerpo naturalmente tiene que expulsarlo, la sangre que ves es parte de eso ya. No lo sé seguro, pero creo que lo peor en cuanto al dolor ya ha pasado. El peligro es que, si tu cuerpo no se deshace por completo de los restos por sí solo, tendrás tejido muerto dentro tuyo, que puede generar una infección y poner en riesgo tu salud.
"Tejido muerto". Esa frase produjo un escalofrío en todos los presentes, y cuando François le tradujo en un susurro a Luna, la joven estadounidense llegó a un nivel más de horror, si era posible. Pensaba que iba a tener un poco más de tacto con su amiga y una situación tan difícil y dolorosa, en vez de decirlo como si fuera un manual de texto de medicina.
- ¿Dices que el "dolor" ya ha pasado? –dijo Xeno con gravedad, fulminándolo con la mirada– Acaba de perder un hijo.
- Uno que no fue voluntario y que hasta ahora había dicho que no quería tener –replicó Senku– No lo romantices tanto, Xeno.
Eso fue como una bofetada para el científico, en parte porque conllevaba buena parte de verdad, pero por otro lado porque ese mocoso estaba pasándose de frialdad, además de ignorar por completo los sentimientos de Kohaku. Por primera vez en muchos años sintió ganas de pegarle a alguien, pero su compostura y ser empático con la dramática situación lo mantuvieron controlado, no necesitaba hacer un show que hiciera sentir peor a Kohaku. La tensión de ese confinado espacio por todo lo sucedido le estaba poniendo los pelos de punta a todos.
- Leona, procura descansar, y llámanos ante cualquier cosa. No hay mucho que podamos hacer, salvo esperar, y que te recuperes un poco. Diez billones de puntos para Chelsea que consiguió todas esas hierbas y que hicimos las medicinas con anticipación, al menos podremos ayudar con eso. No sé si será suficiente, pero serán nuestras mejores cartas.
Luego de decir eso, Senku dio media vuelta y se fue, seguido de François que dijo que iba a traer inmediatamente un poco de los preparados medicinales. Gen y Luna se quedaron un poco más, ella pensativa, y el mentalista arrodillándose junto a Kohaku para acariciarle la espalda a modo de consuelo, hasta que le decidió hablarle suavemente.
- Kohaku-chan... estoy seguro de que lo superarás y estarás bien, al menos físicamente, eres una guerrera guapetona muy fuerte. Entiendo que esto va a ser difícil para ti, y sólo puedo decirte que estamos todos aquí para apoyarte, y que todo lo que sientas, estará bien y será entendible. Confía en nosotros, pide la ayuda que necesites, y déjalo ir...todo.
La rubia aceptó de corazón las sentidas palabras de Gen, las primeras que la comenzaron a tranquilizar y en las que halló un poco de calidez, para paliar sus confusos sentimientos. Quería darle un abrazo de agradecimiento, pero iba a mancharlo con sangre, por lo que en su lugar apoyó su cabeza contra el pecho de él. El mentalista sí la abrazó y le acarició la cabeza con suavidad, él era el único cercano y que entendía los sentimientos de Kohaku, incluso más que Xeno, ya que había sido su confidente. Era cierto que la idea de ese bebé no había sido bien recibida en un principio, pero también sabía que había algo más profundo entre Kohaku, Xeno y Stanley, y había visto el apoyo y el acercamiento que había vuelto a tener con el líder enemigo desde que se había enterado de su futura paternidad. Podía entender la mezcla de dolor y de alivio, porque daba por seguro que era lo que su amiga iba a sentir, en partes iguales, y eso iba a ser lo más difícil para ella. Para colmo, no tenían tiempo de sobra para quedarse en ese lugar, y seguro ella también lo sabía.
- Descansa, Kohaku-chan. Hay que seguir adelante, por duro que parezca. Cuenta con nosotros –miró a Xeno de reojo– con todos nosotros.
Gen soltó su abrazo y se puso de pie lentamente, volviendo a mirar al científico significativamente, esperando que él entendiera que era su turno de ofrecerle más de ese tipo de apoyo y consuelo, era el único que podía dárselo, y el más indicado. Los orbes oscuros de Xeno se veían ligeramente turbios, y por primera vez en mucho tiempo el mentalista pudo ver un asomo de su humanidad y emociones. Gen se fue de la carpa, seguido de Luna, y los otros dos quedaron solos. Xeno siguió el consejo silencioso del mago, aunque no necesitaba realmente que se lo digan, pensaba hacerlo de todas formas. Primero se sacó las garras metálicas y los guantes, y luego le tomó la mano a Kohaku, sin importarle mancharse de sangre también. No encontraba palabras para decirle, tampoco era bueno en expresarse de esa forma, menos aún después de que Gen dijera las justas y necesarias, no podía haberlo puesto mejor. Por lo que siguió su ejemplo y solamente la abrazó con fuerza con su brazo libre.
- Xeno... –susurró Kohaku, sorprendida, pero agradecida.
Finalmente, la emoción se abrió paso en ella, y sus ojos se llenaron de lágrimas, terminando de caer en cuenta con lo que pasaba. El gesto de Xeno de tocarla sin los accesorios de su mano le resultó simbólico, y era la primera vez que volvía a sentir su cálida piel luego de la noche que habían pasado juntos. Se aferró con ambas manos a las solapas de la ropa de él, acercándolo más aún, y el científico inspiró bruscamente y la rodeó completamente. A pesar de la verdad de que ese bebé sólo hubiera traído complicaciones para ambos y para el peligroso viaje que tenían delante, tal como ya pudieron comprobar, era inevitable la sensación de vacío y pérdida. Kohaku no había despertado mucho su instinto maternal, con todos sus miedos y dudas internas y enfocándose en priorizar el escape, pero Xeno sí había tomado más consciencia y su mente había volado más allá, al caer en cuenta que iba a ser padre, lo quisiera o no. El mero hecho de estar más atento a ella, de buscar protegerla o cuidarla de excesos, además de ofrecerle su apoyo y hacer las paces con ella e incluso besarse, había vuelto mucho más real y palpable ese instinto natural. Uno que demasiado pronto había perdido su objetivo, y no le quedaba otra opción más que extinguirse.
Fuera de la carpa, Senku les contó a todos lo que había pasado, y lamentaron colectivamente la situación. Se había tomado varios minutos a solas para pensar en las posibilidades, y tenía una idea clara de lo que podría funcionar, en el peor de los casos.
- Es posible que Kohaku tenga por delante algunas horas o tal vez unos días de continuar con la pérdida de sangre, si tiene la suerte de que su cuerpo expulse todo sin problemas. Apenas llevaba menos de un mes de embarazada, no tenía más que un embrión dentro, por lo cual no tenemos que preocuparnos por una cirugía improvisada ni nada de eso. Por otro lado, está el riesgo de que sufra peritonitis o un shock séptico si se infecta internamente, lo cual diez billones por ciento seguro que puede ser mortal sin tratamiento médico apropiado. Nuestra mejor apuesta será llegar cuanto antes al lugar del origen de la petrificación, y tener la suerte de encontrar alguna medusa con batería.
- ¿Dices de petrificarla para que se cure? –Preguntó Chrome.
- Sí. Ya sabemos de las propiedades curativas de nuestro revolucionario Dr. Stone, y tenemos fluido de resurrección, por lo cual bastará con petrificarla y revivirla al instante. No importa si lo supera naturalmente sin complicaciones, no perdemos nada con intentarlo, y nos aseguramos que vuelva a estar completamente sana.
- No me gusta la idea de ponernos en movimiento tan pronto, no debe ser fácil para ella ni sentirse bien, pero no tenemos tiempo que perder si la prioridad es salvarle la vida... al menos a ella.
- Senku, ¿y si con el poder de la medusa se salvara el bebé también? –Preguntó Taiju con inocente esperanza.
- No digas cosas ilógicas, grandulón. Si está sangrando así, es porque ya lo perdió, no hay vuelta atrás. Además, tampoco sobreviviría luego el feto, porque no es como si pudiera estar "flotando" suelto dentro de su vientre, tampoco podría alimentarse de nutrientes ni crecer. Y, de todas formas, hasta que lleguemos hasta allí, va a terminar el proceso de expulsión, así que no va a haber embarazo que remontar.
- Pero... ¿y si Kohaku estaba embarazada de dos bebés, como dijo Chelsea? –Insistió Taiju.
- ¿Ah? Eso es todavía más improbable y ridículo, grandulón –desestimó Senku– Además, aunque siguiera esa fantasía, si compartían el mismo tejido, también se pudo haber perdido el otro, es más de lo mismo. Y sino... es tan mínima la probabilidad, como que yo diga algo relativo a mi suerte, y salga bien. Es mejor así, para todos, y para ella también, a la larga. Esperaremos hasta el mediodía, comeremos algo, y partimos nuevamente.
- De acuerdo Senku-chan, yo iré a avisarle al Dr. Xeno y a Kohaku-chan –dijo Gen.
El mentalista los encontró más tranquilos, a su amiga dormitando apoyada contra el científico con los ojos cerrados, y a él rodeándola con un brazo, mientras que su otra mano desnuda la tenía apoyada en su pelo, en el eco de un gesto de jalarlo hacia atrás y quedarse pensativo de esa forma. El rastro de sangre seca de la ropa, muslos y manos de Kohaku no se había limpiado todavía, ya que no habían salido de esa carpa, por lo cual la imagen que ofrecían era bastante dramática. Gen carraspeó suavemente para evidenciar que tenía algo para decir, y la rubia entreabrió los ojos, y Xeno lo miró también.
- Dr. Xeno, Kohaku-chan, luego del mediodía vamos a volver al camino hacia el punto cero de la petrificación. Sé que parece pronto y poco prudente teniendo en cuenta el delicado estado de Kohaku, pero Senku tiene un plan que puede ayudarla a que su salud se restaure, y necesitamos una medusa activa para eso.
- ¿Van a petrificarla? –Rápidamente dedujo el plan por sí solo, unos segundos después– Y usar el fluido restaurador luego, asumo. Estoy al tanto de sus propiedades "sanadoras".
- Con eso al menos podremos quedarnos tranquilos de que la vida de Kohaku-chan esté fuera de peligro
- Está bien, es un buen plan. Pero ella no puede caminar mucho así, no debe forzarse.
- No lo hará, Tsukasa se encargará de cargarla.
- Tsukasa –murmuró, mirando la capa de piel que estaba en el suelo– Es como el caballero definitivo y protector de su grupo.
- Algo así –Sonrió Gen– Vendría a ser para nosotros lo que Stanley es para ti.
- Sí, es muy confiable y de buen corazón –coincidió Kohaku con otra sonrisa– Y sacrificó todo en su vida por salvar a su hermana, como yo lo hice por la mía.
- Entiendo. Entonces estarás más segura con él, sin dudas, está bien.
Cuando Xeno dijo eso, otro pensamiento amargo pasó por su mente, pero lo descartó rápidamente. Tal vez él no era fuerte y luchador como ese joven y como Stan, pero tenía su propia forma de proteger a las personas que le importaban, así como lo daba todo por sus causas. El mago interrumpió sus pensamientos.
- Kohaku-chan, ¿quieres que traigamos una fuente con agua para limpiarte, o prefieres ir al río? Cuando te sientas mejor, no hay apuro.
- Iré al río. No siento dolor, y quisiera despejarme un poco y estirar las piernas, ya que parece que no me van a dejar caminar mucho luego. De hecho, quiero ir ahora –no soportaba más ver su propia sangre así, si tenía que ser sincera.
Xeno se levantó primero, y junto a Gen la ayudaron a ponerse de pie, pero ella se mantuvo firme, sin tambalearse.
- ¿Ves, Kohaku-chan? Eres muy fuerte. Paso a paso, estarás bien.
Al salir de la carpa, todos los ojos de sus compañeros se fijaron en ella con preocupación, aunque ninguno se atrevía a decir nada. Como la veían más calmada, no querían insistir en el tema, al menos no hasta que ella se decidiera a decir algo al respecto. Kohaku les mostró una pequeña sonrisa lo más segura que pudo, y levantó la cabeza en alto, caminando hacia adelante seguida de Gen y Xeno, dirigiéndose al río cercano. Pero hubo alguien que no pudo contenerse, y corrió detrás, abrazándose a ella.
- ¡Perdón, Kohaku! ¡Perdón! Por mi culpa... por mi culpa... –Suika lloraba, sintiéndose tan culpable de que todo eso había sucedido por salvarla a ella. No sólo le había hecho perder al bebé, sino que la propia vida de Kohaku estaba en peligro
- ¡No! –La joven se angustió al ver a la niña afligida, y se arrodilló para abrazarla, angustiándose ella también– Suika, no fue tu culpa, no digas eso.
- ¡Pero ahora estás mal por todo lo que te tuviste que esforzar!
- No me arrepiento de nada, tu vida es más importante, ¿lo oyes? –Le tocó la cara con su mano limpia y la miró a los ojos, lágrimas rodaban por las mejillas de ambas– No vuelvas a pensar que fue tu culpa, nunca más.
- Pero... y si tú te enfermas...
- ¡Estaré bien! –Exclamó Kohaku con seguridad– Voy a estar bien pronto, te lo prometo. No te olvides que soy muy fuerte, ¿o no lo soy?
- S-sí –sollozó Suika, sorbiéndose la nariz– Lo eres.
- ¡Ja! Así es, todos lo saben. Así que te prometo que voy a estar bien, pero tú tienes que prometerme que nunca más volverás a decir o sentir que nada de esto que pasó fue tu culpa, ¿de acuerdo? Promételo.
- Está...bien...Sí.
Kohaku la abrazó con fuerza, mostrándose segura por Suika, pero apenas podía controlar el temblor de su cuerpo y las lágrimas silenciosas surcaron su rostro sin poder contenerlas. No soltó su abrazo, con la excusa de consolar a la niña, hasta que ella misma podía mostrarse entera otra vez. Esa imagen fue dura para todos, y para Xeno en especial, que le comprimió el corazón, inevitablemente viéndose hasta maternal de parte de Kohaku, la forma en que abrazaba y protegía incondicionalmente a esa pequeña niña rubia como ella. No había sido realmente culpa de la pequeña, varios factores seguramente se habían acumulado poco a poco desde la concepción del embarazo para desencadenar en ese aborto natural, llevándolo al límite. Y al mismo tiempo, ese extremo y breve sobre-esfuerzo fue la gota que colmó el vaso, el golpe de gracia, sin que nadie lo supiera ni esperara. Lo único cierto e ineludible, era que su inesperado futuro hijo, el que entre confusos sentimientos había comenzado a pensar y aceptar, se había ido tan pronto como había llegado. Y, sin embargo, otra pequeña vida se había salvado gracias a eso. Una vida, a cambio de otra.
Buenaaaaas! AY! Sí, lo sé... perdón, comparto sus lágrimas, no me odien. Venía leyendo desde hace uno o dos capítulos entre reviews/comentarios y charlas en las redes, la emoción de "siii! Bebé! Xeno y Stan padres, qué amor!", y les balaceé las esperanzas como Stan al club de ciencia juvenil en el mangaMe dolió hacerlo, sufría al publicar esto, pero confieso que ya lo tenía planeado hace rato. Menos mal que no coincidió con el drama del manga, o los terminaba de rematar con esto.
Lágrimas de emoción feliz en "Otros caminos" hace unos días, y lágrimas de tristeza aquí ahora, los voy a dejar secos, perdón jajaja. Pero como siempre, muchas gracias por leer y apoyar, y sepan que agradezco el doble a los que se toman ese minutito para dejar sus palabras en mis historias, en todas, siempre animan a escribir más, y más seguido, y son un hermoso feedback para seguir y mejorar, y pensar nuevas historias también. Hasta el próximo capítulo gente bella!
