Kohaku fue hacia el río, se quitó el vestido, y se sumergió por completo en el agua, necesitaba aislarse de todo y de todos por al menos un momento. El agua estaba cálida, sorprendentemente cálida, y la quietud del río lo hacía todo mucho más agradable. Le habían advertido que esas aguas podían ser peligrosas ya que podía haber anacondas, caimanes o anguilas eléctricas, por lo que debía quedarse lo más cerca posible de la orilla. Xeno la siguió a media distancia, en silencio, pero sólo para asegurarse que no se descompensara. Entendió que ella necesitaba estar a solas, y se lo concedió, posiblemente sería su último momento de "tranquilidad" antes de reanudar el camino. Gen, que había quedado rezagado detrás, se volvió a poner junto al lado del científico un rato después, pero para alcanzarle una pastilla de jabón, y se volvió con los demás. Se acercó a la orilla, esperando que Kohaku emergiera su cabeza del agua para dársela, hasta que pensó que no sería tan mala idea de darse un baño también, además de ser más gentil con Kohaku y ayudarla.

Miró hacia atrás, pero sólo Tsukasa parecía estar vigilando, seguramente atento a no dejar desprotegida a su amiga de los animales salvaje, y comenzó a quitarse las ropas. Las garras, los guantes, las altas botas de goma, el saco, la camisa, los pantalones... definitivamente era el único que tenía tantas capas de ropa encima, sin contar a la mujer tan eficiente y elegante, François. Dejó todo prolijamente doblado sobre una roca, y se metió poco a poco en el río, pensaba hacerlo hasta la cintura. Kohaku asomó su cabeza inmediatamente, alarmada con oír y sentir cercanía, pero se relajó y se sorprendió de que fuera Xeno. Cuando lo vio detenerse y quedarse quieto cuando tenía sólo medio cuerpo bajo el agua, todavía lejos de ella, sonrió.

- ¿Qué pasa, no sabes nadar?

- Claro que sé, lo que no significa que tenga necesidad de meterme entero, menos sabiendo de lo inseguras que son estas aguas. Esto alcanza para bañarme.

- ¿No será que no tampoco te quieres mojar el pelo que siempre llevas tan arreglado, incluso en un lugar como éste? –le preguntó con un dejo de burla.

- No –Contestó, arqueando una ceja, y luego le mostró el jabón– Ven aquí, así puedo limpiarte apropiadamente. Dada tu...condición, deberías estar lo más limpia y prevenir cualquier tipo de infección.

- ¿Vas a hacerlo tú? –Preguntó sorprendida, a la vez recordando con un poco de nostalgia las dos veces que se había bañado con Stan, y él le había enjabonado la espalda.

- Si no te molesta –Murmuró Xeno, bajando la mirada– Al menos los lugares que no llegues o para que no te exijas.

- Está bien... pero sólo si te metes por completo una vez –contestó, con una sonrisa– Vamos, te refrescará, vas a ver. Hace calor aquí, y tampoco sabemos cuándo vamos a poder bañarnos nuevamente.

El científico la miró con recelo, pero admitió que tenía razón. A diferencia de Estados Unidos, en Brasil estaban en mediados de verano, y él con sus varias capas de ropa, y negras, era el más perjudicado por el clima local. Además, eso le había sacado una sonrisa a Kohaku, la primera en mucho tiempo, y dada la difícil realidad que estaba atravesando, haría todo lo necesario por hacerla sentir mejor. Dio unos pasos más hacia ella para darle el jabón, y se arrodilló para sumergirse unos segundos debajo del agua. Cuando salió, no se demoró en echarse el empapado pelo hacia atrás con ambas manos, pero lo pesado que estaba con el agua hizo que sus mechones eventualmente volvieran a bajarse al frente de su cara. Los ojos de Kohaku se dispararon abiertos, y sonrió ampliamente, era la primera vez que veía a Xeno así, se parecía un poco al peinado de Ryusui, sólo que, con los cabellos blancos, y lucía hasta más joven y mucho menos intimidante.

- ¿Satisfecha? –Le preguntó con una media sonrisa, y ella asintió– Vayamos a una parte menos honda entonces, para pasarte el jabón.

Sin pensarlo mucho, extendió su mano hacia Kohaku, ofreciéndosela para que ella apoye la suya sobre su palma. Notó su natural accionar cuando la vio alzar las cejas, y luego de un breve titubeo la vio corresponderle con una pequeña sonrisa en los labios. Salieron del río hasta que el agua les llegó a las rodillas, y ahí Xeno le dio una media vuelta para ponerla delante de él, de espaldas. Mojó el jabón, y luego procedió a frotárselo por la espalda primero, bajando por la cintura y la cadera, y luego se arrodilló para lavarle las piernas, pero dejando la cara interna de los muslos para que lo hiciera ella, y no incomodarla con ese toque casi íntimo delante de todos. Luego se lo entregó a ella para que lavara esa parte de su cuerpo, así como su abdomen, pechos por encima del sostén de tela, y los brazos. Cuando estuvo lista, le devolvió el jabón y se volvió a meter al río para quitarse el rastro jabonoso, y él aprovechó para limpiarse concienzudamente también. Salió del agua para apoyar el jabón en una piedra, y volvió a meterse para terminar de lavarse como ella.

Le aliviaba ver a Kohaku más tranquila, incluso nadando un poco, eso significaba que al menos no tenía dolores físicos perceptibles. De verdad era una joven muy fuerte, tal como había dicho, y no dudaba que superaría toda esa dolorosa situación, tarde o temprano. No sabía si lo hacía adrede para no preocuparlo, tratando de mostrar que estaba bien, o si realmente tenía esa positividad en su corazón que le fortalecía también la mente y el cuerpo, pero la veía nadar ágil y grácil como una sirena, era hermosa de ver, y le animó un poco más su propia aflicción. Cuando estuvo satisfecha con su momento de relajo en el río, parecía revitalizada, mentalizada a seguir adelante.

- ¿Te sientes mejor? –Le preguntó con voz suave, siendo lo más sutil posible con su indirecta.

- Sí, mucho mejor, gracias.

- Volvamos entonces, tenemos que secarnos un poco antes de vestirnos.

Volvió a ofrecerle su mano, esa vez voluntariamente, y ella ya no titubeó, se acercó hasta quedar a pocos centímetros de él. Lo miró a los ojos, y Xeno se quedó brevemente hipnotizado con aquella brillante mirada aguamarina, en la cual podía volver a ver un poco de luz, tal como solía ser. Tan fijo se le quedó mirando, que Kohaku no supo cómo interpretar esa conexión, y se sintió inmediatamente atraída, en su pecho sintió un agradable calor que se extendía, y la sensación fue la misma que esa noche en que volvieron a compartir un beso. Esta vez, sin embargo, Xeno no acercó su cara, por lo que ella lo hizo. Pero cuando estaba a pocos centímetros de conectar sus labios, el científico jadeó suavemente como si se hubiera sorprendido, y se echó para atrás. No supo si fue a propósito, pero ese repentino rechazo le comprimió el corazón, justo cuando necesitaba su afecto y cercanía. Xeno notó enseguida sus ojos tristes, tan transparente ella, y se arrepintió de su reacción refleja, y se explicó.

- Perdona, no pretendí evitarte, es que estamos a la vista de todos, y Míster Tsukasa nos está observando...No me siento cómodo con que nos vea así.

- Xeno, hasta ayer al menos, estaba embarazada –replicó un poco dolida– Creo que ya saben que hemos compartido más que un beso para que eso suceda.

- Lo sé, y te pido perdón, pero de verdad que...

- Está bien, lo entiendo –lo interrumpió, alejándose de él y soltando su mano, evitando su mirada para ocultar su pena y su desilusión– No te preocupes, no volveré a ponerte en una situación que te incomode tanto, disculpa.

Kohaku salió del río sola, haciendo lo posible por contener su expresión frente a la sensación de soledad y angustia, dejando al científico atrás, que se dio cuenta demasiado tarde del enorme error que había cometido a causa de su recato. El cambio en la cara de la rubia no pasó desapercibido para Tsukasa, que a pesar de haber mirado a un costado cuando vio el acercamiento romántico de los dos, era evidente que su vigilancia había vuelto tímido y reticente al doctor. La vio agarrar su vestido e irse sola a lo largo de la orilla, unos pasos en la dirección que no había nadie para secarse al sol antes de vestirse.

Xeno salió del agua cabizbajo, y buscó a Kohaku con la mirada a lo lejos, pero ella parecía decidida a no mirar en su dirección, por lo que entendió que no había lugar para que se acerque, ni siquiera a volver a explicarse y disculparse. Sabía que ella necesitaba consuelo, pero al mismo tiempo no creía que fuera una buena idea hacerlo de ese modo, eso no iba a hacer más que lastimar a los dos, por más que se besaran no iba a cambiar en nada la realidad de la pérdida del bebé, y tampoco quería confundirla con un amor que no existía ni los unía realmente. Claro que sentía algo por ella, más que una mera atracción pasajera, pero no quería que fuera el dolor lo que los uniera o profundizara su vínculo, no lo sentía justo para él, mucho menos para ella. Quizás la "excusa" de que el joven luchador estaba mirando había también servido para mantener la cabeza más fría, aunque no fuera lo que realmente ninguno quisiera.

Luego de almorzar partieron tal como habían planeado. Volvieron al camino del que se habían desviado, y por suerte no se toparon con animales salvajes peligrosos. Kohaku estaba siendo cargada por Tsukasa en su espalda, Hyoga y Taiju los flanqueaban como protección. Ella había insistido en que podía caminar, ya que había nadado y no sentía dolor ni incomodidad luego de eso, pero no hubo forma de convencer al castaño que se negó rotundamente, así como los demás compañeros coincidieron en que no estaba de más ser prudente. Al frente iban Senku y Chrome, Suika, Gen y Xeno detrás, y así se repartían en filas de dos o tres. Mientras caminaban, conversaban las distintas teorías sobre lo que iban a encontrar más adelante, rogando por poder encontrar prontamente al menos alguna medusa activa. Se habían comunicado por radio con la alianza de la "ciudad del maíz", y se habían enterado gracias al nuevo integrante que habían revivido, el experto relojero Joel, que parte de la medusa funcionaba curiosamente como un reloj, y que el núcleo que conectaba todo el dispositivo y actuaba como batería era nada más y nada menos que un diamante. Aunque lo curioso, era que la durísima piedra preciosa se encontraba ennegrecida, como si se hubiera quemado al activarse, a pesar de su extrema dureza.

Senku tenía hace tiempo algo en mente, que de ser cierto sería una realidad bastante macabra y horrible, pero ciertamente lógica. Si bien una medusa había sido la responsable de petrificar al mundo entero, les había recordado que en la isla del tesoro habían encontrado otra, y con despetrificar a Matsukaze se habían enterado que hacía mucho tiempo, una "lluvia" de medusas había atacado la isla. Si en un corto período de tiempo se habían lanzado tantas, de seguro que eso se había repetido en todo el mundo, para asegurarse de mantener a la humanidad petrificada por siempre, no era como si Japón hubiera sido especial como objetivo de ser petrificado. Y si bien podían ser lanzadas al azar, ya que de alguna forma provenían desde la Luna, seguramente había un patrón de lanzamiento, ya que no había forma de que un humano viviera 3700 años.

No tenían ninguna pista de quién podía ser el Whyman, tal vez un robot con inteligencia artificial, ya que había utilizado la voz sintetizada de Senku para enviar sus mensajes; o alguien que tuviera algún sistema de petrificación y despetrificación programada, de forma tal de revivir al misterioso creador sólo por unos minutos cada año para "revisar y controlar la situación". Sea como fuere, era ciencia y mentalidad innovadora y desconocida incluso para las mentes más brillantes del siglo XXI, y tenían que estar listos para reconocer un panorama alejado de toda concepción moral conocida.

Estuvieron caminando por un par de horas, hasta que el sendero se convirtió en barro y luego lo que parecía un río de muy poco caudal, el agua les llegaba apenas a los tobillos, por lo que agradecieron tener las botas de goma para protegerse y no mojarse. De pronto, Suika sintió que pisó algo duro, y casi lo dejó pasar como una piedra, hasta que vio que brillaba de forma peculiar. Se animó a levantarlo de entre el barro, y llamó la atención de todos al avisar que lo que había encontrado era nada menos que una medusa. Con entusiasmo se acercaron al hallazgo, sabiendo que estaban muy cerca de encontrar la verdadera fuente, pero fue el jadeo de Kohaku lo que les borró la sonrisa, cuando sus sensibles y finos ojos percibieron un fuerte brillo delante, y como era la que tenía la vista desde "mayor altura", sumado a los casi dos metros que medía Tsukasa, fue la primera en observar la calamidad: Una medusa no era algo tan especial ni único, porque delante de ellos tenían una montaña altísima de no menos de mil metros de altura.

Era un espectáculo visual tan infernal como hermoso, y relucía bajo el sol de forma enceguecedora, ya que el color metálico de los miles y hasta millones de medusas se reflejaba como si fueran piedras preciosas. Un denso silencio se extendió por entre todo el grupo, admirando la crueldad y la magnitud de aquello. No sólo por la cantidad, sino porque eso implicaba que debió de suceder tal como la lluvia de medusas que Matsukaze había contado, sólo que a una escala masivamente mayor. La voz de Xeno los sacó del ensueño, con un comentario un tanto apreciativo y particular.

- Qué paisaje tan maravilloso debió ser...esta gran cantidad de tecnología avanzada, brillando cada una intensamente, aquel fatídico día hace miles de años, recubriendo toda la tierra y volviendo a cada ser humano en piedra. ¿Pueden imaginarlo?

- Una lluvia infinita de estrellas fugaces tecnológicas acercándose... Se debía de haber visto como la Vía Láctea, pero hecha de medusas –dijo Senku, visualizando también.

- Esa forma de verlo sólo puede ser así por dos científicos –Murmuró Kohaku, cuando ella no podía ver más que horror y sentir una gran congoja, pensando en que ese fenómeno había acabado con la humanidad en unos minutos. Tsukasa la había dejado bajar al piso ya.

Se acercaron al pie de la montaña de medusas, y Senku tomó un puñado en sus manos. Tenía una expresión un tanto sombría, como si ya tuviera una idea preocupante rondando en su mente. Luego de observarla, dijo en voz alta y serena:

- One meter, three seconds –y las arrojó adelante.

La mayoría se asustó inmediatamente, por reflejo, sin poder creer lo temerario que estaba siendo Senku. Pero tres segundos después, nada sucedió, ni el más mínimo brillo de luz surgió de las medusas.

- Como pensaba, no tienen batería, son inútiles.

- Era de esperar –Acotó Ryusui con amargura– Si la de la isla del tesoro quedó inactiva sólo con cubrir esas dimensiones, no cabía esperanza de que las que cubrieron el mundo entero sí tuvieran batería restante.

Se quedaron observando sorprendidos y decepcionados, hasta que Taiju dio un paso adelante, muy serio.

- Amigos, si me convierto en piedra, usen el líquido despetrificador en mí –Respiró muy hondo, para a continuación lanzarse en clavado dentro de la montaña de medusas, y gritar a todo pulmón– ¡ONE METER, THREE SECONDS!

Nuevamente, a pesar de la ansiedad, nada sucedió. El joven no se rindió, y repitió la acción en distintas partes de la montaña, esperando que tal vez alguna sí se active. Pero a medida que los infructuosos intentos se sucedían, la realidad comenzaba a hacerse lugar en la mente de todos. De pronto, una voz se oyó clara y fuerte a la par de la de Taiju, que estaba lejos de ellos ya.

- ¡ONE METER, THREE SECONDS!

La voz había pronunciado el comando con un perfecto inglés, pero no había afectado en nada. Todos quedaron más que sorprendidos al darse cuenta que aquel potente grito había provenido del estoico y siempre medido Dr. Xeno. Ajeno a todo y todos, el mundo del científico se había reducido a la medusa que había recogido del montículo y tenía ahora en su mano. Se le había quedado mirando, había captado cómo se la podía activar, y por un instante consideró que la pronunciación imperfecta de los japoneses podía haber influido en que no se activaran, sumado a la mínima cantidad de batería que todavía podían albergar. Pero no había cambiado en nada.

Apretó con fuerza la medusa en sus manos, así como sus dientes, hasta un punto casi doloroso, con una expresión compungida. Si no había ni siquiera un dispositivo funcional, más allá del interés científico, entonces significaba que no podían usarla para petrificar y curar completamente a Kohaku. Su vida podía seguir corriendo peligro, y no podían hacer nada para evitarlo, más que confiar en la primitiva y superficial medicina natural que habían preparado, pero que no podía alcanzar el interior de su cuerpo, si se desarrollaba una infección. La posibilidad de que eso sucediera, y que Kohaku pudiera morir, ya no era tan remota ni podía descartarse. No había ciencia ni medicina moderna posible para ayudarlos en forma inmediata, y ni siquiera la ciencia futurista podía tenderles una mano esa vez. Por primera vez en su vida sintió impotencia y furia, no sólo con lo limitante de la situación, sino con que él no podía hacer nada ni con todo su conocimiento y experiencia. Nada, no podía hacer nada, era igual de vulnerable que las vidas y mentalidades primitivas que tanto desdeñaba. La ciencia, siempre elegante, no podía cumplir y servir en los tiempos que ellos necesitaban.

Se acercó al montículo arrastrando un poco los pies, con la garganta cerrada y los ojos muy abiertos, frente a esa realización. Si bien la ciencia y los increíbles conocimientos científicos de Senku y su rápida mente le habían salvado la vida de la muerte a la que él y Stan lo habían condenado, de un asesinato voluntario, esta vez podía ser su culpa la de que alguien preciado sufriera esa condena inevitable, si el delicado designio de la naturaleza lo dictaba. Era el peor panorama, lo sabía, había una igual probabilidad de que Kohaku superara la situación naturalmente, pero no dejaba de carcomerlo ahora, a gritos en su mente, la posibilidad de que no fuera así.

La respiración se le aceleraba, el aire le parecía insuficiente de pronto, y no oía nada más que los latidos de su corazón martillando hasta en sus oídos. Sabía que era inútil seguir intentando tal como Taiju, pero la negación se abría paso en igual medida, fuera de su fría lógica, su control se escurría entre sus dedos como el agua del río. Se arrodilló, o más bien, sus rodillas cedieron, encima del mar de dispositivos inservibles, y tomó un puñado en su mano. Tan misteriosos, tan avanzados, tan hipnóticamente bellos y prometedores... y tan inútiles para lo único que necesitaba en ese momento.

- ¡ONE METER, THREE SECONDS! –Volvió a exclamar, casi pegando los labios contra los metales, cerrando los ojos con fuerza. Nada sucedió– ¡ONE METER, THREE SECONDS! –Nada, ni una mínima luz– ¡ONE METER, THREE SECONDS!

Como descarga frente a su frustración, les dio un manotazo haciendo volar un montón de medusas a un costado, y le pegó un puñetazo al colchón de dispositivos sobre el que se apoyaba, rasgándose la piel de los nudillos, pero no le importó, no sentía nada de todas formas, sólo podía percibir los pensamientos e imágenes que su conflictuada mente le ofrecía.

- ¡FUCK! –Rugió, nada elegante, aunque al menos la ira le servía de descarga, era curiosamente aliviador, y superaba por momentos los gritos dentro de su mente.

La escena fue observada por todos los demás en un tenso y sepulcral silencio, por primera vez veían a Xeno no como un enemigo frío y sin piedad, sino como un hombre que estaba sufriendo sinceramente, superado por su preocupación que no devenía claramente de su hambre científica. Los ojos de Luna se llenaron de lágrimas, al ver ese lado tan humano y doloroso que nunca creyó posible en alguien como Xeno, por lo que conocía de él. Un minuto después, Kohaku fue la que se acercó lentamente hasta el científico, luchando por contener su propia angustia al ver la desoladora reacción de él, y apoyó una mano en su hombro. Xeno miró de reojo hacia atrás, y cuando se dio cuenta que era ella, algo más se terminó de romper dentro de él, seguramente su espectáculo la había asustado en más de una forma. Pero no pudo controlar su impulso, ni su quebrada mente, de apoyar su mano llena de medusas nuevamente contra el vientre de Kohaku, y murmurar ya sin fuerza el comando de activación.

Dejó caer los dispositivos al suelo, y sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando sintió un firme y cálido abrazo envolverlo seguidamente. ¿Él, siendo el consolado? No... no era él el que se estaba llevando la peor parte de todo eso. No era él el que había sufrido en su cuerpo la pérdida de un embarazo, ni era su vida la que podía correr peligro. Y, sin embargo, el que estaba siendo contenido era él, justo por la persona que era la verdadera víctima de aquella situación.

- Perdón –susurró– Perdóname, Kohaku. Yo no hice más que...

- Shhh, está bien, Xeno –Le interrumpió ella, casi consolándolo como a un frágil niño.

- No, no está bien, nada de esto está bien, y...

- Todo va a estar bien. Se lo dije a Suika, y ahora te lo repito a ti. Soy fuerte, más de lo que crees –Reforzó su abrazo– Prometí que iba a estar bien, y así será. Si no lo dudo yo, ¿por qué lo harías tú?

Xeno se sintió esperanzado con esa certeza de ella, y tenía que admitir que la fortaleza física y mental de Kohaku estaba a otro nivel. Se avergonzó de su propio pesimismo, de casi rendirse. No supo si fue parte de ese alivio, o de terminar de soltar la tensión y la incertidumbre que venía acumulando, pero de pronto sintió cómo un hilo caliente y húmedo mojaba su rostro. Dudó si le pertenecía a él, siendo que lo había sentido cuando la joven lo abrazó, pero sólo un instante, porque su vista estaba empañada también. ¿Él, llorando? ¿Hacía cuántos años que no lloraba? La última vez que recordaba haber dejado caer sus lágrimas, fue cuando se sintió aplastantemente superado e impotente frente a los poderosos e ignorantes hombres que lo acorralaron en el rechazo de su ciencia, que de lo único que no pudieron despojarlo, fue de su propia convicción por lo que hacía. No lloraba desde aquella vez en que todo se había vuelto oscuro para él. No porque se resistiera, sino porque simplemente no salían, no había lugar ni motivo para ellas.

Logró serenarse unos segundos después, no tenía excusas para seguir lamentándose cuando Kohaku parecía más entera que él. Aunque sus lágrimas habían sido silenciosas y sólo ellos dos lo habían percibido, evitó el contacto visual con todos los jóvenes, en especial con Senku, sentía que se había expuesto demasiado. Antes de ponerse de pie, agarró una última medusa, y la miró con mucha seriedad, antes de mirar a la rubia de la misma forma.

- Miss Kohaku... Kohaku, no importa si ahora los dispositivos están inactivos, te juro por todo mi conocimiento y mi experiencia científica, que haré lo posible para volver a hacerlos funcionar, y curarte completamente. Aunque sea demasiado tarde para salvar el embarazo, no permitiré que lo sea para ti.

- Sí... gracias, Xeno –le contestó, con una sonrisa segura.

- No tenemos tiempo que perder, volvamos –Dijo, ahora sí mirando a sus jóvenes enemigos.

- ¿Volver? ¿A dónde? –Preguntó Chrome, confundido.

- Al barco, tenemos que desarmar y analizar estos dispositivos, hasta encontrar el patrón que nos pueda dar la indicación de cómo funcionan, y por lo tanto de cómo repararlos.

- ¿Pero podemos hacerlo nosotros? ¿No era que revivimos a aquel relojero para que pudiera hacer el trabajo de fina precisión experta que nosotros no tenemos?

- Eso no significa que vaya a quedarme de brazos cruzados esperando que otro haga el trabajo, y hablaría muy mal de mi curiosidad científica. Míster Joel tendrá la experiencia técnica y de ingeniería, pero yo tengo el conocimiento científico detrás de eso, todos los avances que hagamos en la materia acelerarán nuestra comprensión y la posibilidad de hacerlas funcionar.

- ¡Excelente! –Intervino Ryusui, con su característico chasqueo de dedos cuando estaba emocionado y resoluto con algo– Entonces es hora de ponernos manos a la obra con la construcción de un nuevo barco, lo necesitaremos para atravesar el Río Amazonas y llegar a nuestro destino.

- Así es –Dijo Senku con una fina sonrisa– Y tengo una idea diez billones de veces más efectiva para escondernos de los ojos de la ciencia y del equipo militar de Stan, ya que tienen la radio y el sonar del Perseo. Pero vamos a dividirnos, Chrome, Kaseki y el equipo de fuerza empezarán a construirlo, mientras que los demás juntaremos una gran cantidad de muestras de medusas para poder examinar y romper libremente, y el Dr. Xeno y yo podremos empezar con el análisis mientras tanto.

Acostumbrados a que las ideas de Senku siempre eran efectivas y brillantes, nadie dudó y se pusieron enseguida a trabajar. Mientras Senku dibujaba el plano del nuevo barco, los demás se dirigieron a la parte boscosa más cercana al río para comenzar a talar los árboles para adelantar el trabajo y construirlo con mayor rapidez. La tarea iba a tomar como mínimo una semana, no sólo por la complejidad del diseño y el tamaño del barco, sino porque sólo eran unas diez personas trabajando a sol y sombra en ello. Pero antes de comenzar, decidieron construir entre todos una cabaña, de forma de protegerse del clima y los animales y tener un lugar seguro y limpio donde dormir, además de servir para poder hacer los análisis científicos apropiadamente.

Unas horas después estuvo terminada, y Senku le pidió ayuda a Kaseki y a Chrome para construir dos microscopios. Él se dedicó a hacer los vidrios junto con Xeno, que contraria a su actitud anterior de quedarse de brazos cruzados mientras los demás trabajaban, ahora buscaba activamente avanzar lo más rápido posible. Mientras hacían eso, Kohaku se dedicó a romper con su escudo las medusas, y poniendo cada una dentro de hojas, alineándolas con cuidado. Eso le servía para mantenerse ocupada y no pensar, todavía se sentía muy confundida con todo lo que había pasado, y ver así de quebrado a Xeno le había tocado una fibra sensible. Se sentía muy cuidada por todos, que estaban particularmente suaves y atentos a ella a pesar del incesante trabajo, François le acercaba varias veces durante el día los jugos medicinales, y Luna le preguntaba cómo se sentía.

La francesa le había entregado unas pequeñas toallas de tela para que se pusiera en su ropa interior, de tal forma de retener el flujo del sangrado que podía seguir teniendo. Y así fue, varias veces durante los próximos días se encontraba con la toallita manchada de sangre, pero no de forma abundante ni con color, olor o textura rara, lo cual los que tenían conocimientos de medicina coincidieron en que era una buena noticia, ya que no eran signos de infección. Kohaku se sentía un poco cohibida con mostrar eso, aunque fuera por motivos médicos, por lo que sólo Xeno pudo observarlo, y compartía sus comentarios con Luna y Senku, que pese a su nefasta actitud de días antes, estaba atento a la salud de su amiga. Fue un gran alivio saber que el aborto natural de la joven parecía estar siguiendo su curso natural sin poner en peligro su vida, pero no podían confiarse, por lo que tomaron medidas extremas de higiene de la cabaña y limitaron su interacción con los demás. Eso permitió al líder enemigo trabajar con más calma y enfocado, ya no tanto con la sensación de urgencia y miedo de no llegar a tiempo.

Una tarde, Xeno se estaba masajeando su adolorido cuello, luego de pasar horas inclinado frente al microscopio, cuando vio a Kohaku sentada en un rincón, ausente. Quería hablar con ella, habían tenido muy poca cercanía los últimos días de tan ocupados que habían estado todos, pero no quería hacerlo cerca de los demás. Se acercó a ella, y se arrodilló a su lado.

- Kohaku, ¿me acompañas un momento?

- ¿A dónde? No puedo salir mucho de aquí.

- Creo que el mayor peligro ya pasó, y la luz solar también te hará bien. Incrementa la hemoglobina y promueve la síntesis de vitamina D, lo que... –se calló al notar la expresión de confusión de ella– Hace bien a la salud, además del ánimo. Ven conmigo, puedes estar tranquila.

Le ofreció su mano, la que ella tomó con una pequeña sonrisa, y la ayudó a ponerse de pie. El científico tomó una manta de tela, y salieron juntos de la cabaña, dirigiéndose a la orilla del río, alejados de los demás. Extendió la manta, y se sentaron encima, la calidez del sol envolviéndolos.

- ¿Cómo estás? Te vi desganada... ¿te importaría contarme tus pensamientos?

- No lo sé, no me entiendo ni yo misma –Confesó, sin demora, con un dejo de angustia– No puedo terminar de dejar atrás lo sucedido, y Gen tenía razón en algo, en que me siento muy confundida con mis pensamientos y sentimientos, no entiendo nada. Por momentos siento hasta alivio de ya no estar embarazada, si te soy sincera... pero otras veces no puedo evitar sentirme triste, como si realmente hubiera perdido algo importante para mí.

- Entiendo –Murmuró Xeno– Si te tranquiliza, me siento igual, aunque claro que no es ni por asomo lo que tú estás atravesando.

- Esto se supone que es mejor para todos, ¿no? Nadie quería esto realmente –Dijo apretando los puños en su vestido, y sus ojos se volvieron turbios cuando soltó lo que tenía dentro– Pero entonces... ¿Por qué me siento tan miserable?

- Kohaku...

Esas palabras desgarraron a científico por dentro, de verdad eran un fiel reflejo de lo que sentía él. No podía evitar pensar que la pérdida de ese embarazo simplificaba muchas complicaciones por venir, más en el lugar y situación en la que estaban, y siendo que no tenía un vínculo realmente profundo con ella. Pero, por otro lado, tampoco podía dejar de pensar en lo que había perdido, aun cuando tal vez no era suyo, y cuando no lo había buscado.

- Yo lo maté –soltó de pronto, confesando su pensamiento más oscuro que la venía torturando– No lo quería realmente, y fui descuidada, quizás hasta a propósito, no lo sé. Subestimé la situación, no te escuché, y este es el resultado. No fue Suika, yo lo maté, Xeno.

- No... ¿qué estás diciendo? –Se horrorizó el científico– No vayas para ese lado, Kohaku, no te lastimes así, sabes que no es cierto. Fue la desafortunada consecuencia de tus exigencias, pero ni tú, ni yo, ni nadie pudo haber pensado que podría llegar a pasar. ¿Acaso ese pensamiento de perderlo voluntariamente pasó por tu cabeza en ese entonces?

- ¡No! Claro que no...

- Entonces no vuelvas a decir algo como eso, nunca más. Ni pensarlo, nunca más. Todo sucedió demasiado rápido y fuera de control.

Kohaku se quedó en silencio un momento, y parte de ella se alivió de soltar ese pensamiento mortificante que la venía carcomiendo de culpa. Pero estaba decidida a sacarse de adentro todas las amarguras que sentía, no habría otra oportunidad como esa, si tenía que dejar todo aquello atrás. Habló en un tono bajo, seco.

- Ya no estás atado a mí, ni a un hijo que no querías, ¿no es mejor esto para ti? Si Stan nos encuentra, que no dudamos que lo hará... más allá de lo que suceda, de una forma u otra tenemos que volver a tu castillo, están mis otros amigos también. Y entonces podrás volver con él, y continuar tu vida como siempre, incluso si no quieren saber más nada de una alianza con nosotros. Nada te obliga ya conmigo.

- ¿Tan poca estima me tienes, que crees que significas sólo eso para mí? –Le preguntó con un tono duro, dolido.

- "Estima", qué palabra tan clara –Murmuró ella, mirando a su regazo con el ceño fruncido, sin entender del todo el reproche que le estaba haciendo, o por qué le molestaba tanto esa fría palabra– Por cierto, ya puedes volver a decirme "Miss" Kohaku si quieres, no voy a pedirte una cercanía que no sientes, ahora que tampoco tienes la "obligación".

- No quiero hacerlo –Le contestó, mirándola fijamente– ¿Por qué insistes con eso de la obligación, de estar atado a ti, y de que saldría corriendo apenas tuviera la oportunidad?

- Porque es así, me evitaste aquel día en el río, eso lo dice todo.

- No es así, te dije que lo que me hizo reaccionar esa forma, fue que estaban tus amigos cerca, y Tsukasa mirando directamente. Además, no quería besarte sólo como consuelo, mereces más que eso.

- Tampoco intentaste acercarte de nuevo –insistió ella. ¿De dónde venía todo ese enojo, ese reproche, esa frustración?

- No porque no quisiera, pero no es nada elegante hacerlo sólo por ese motivo que dije antes.

- ¿"Sólo"? –Repitió, dolida– ¿Lo ves?, otra vez. Cuando dices las cosas sinceramente, tus palabras suenan a obligaciones.

- ¡No! –Gruñó, irritado– Ya sabes lo que quise decir, deja de empeñarte en pensar sólo lo peor de mí, no tienes idea...

- ¡¿Y entonces por qué?! –Exclamó, alzando la voz por sobre la de él– ¿Por qué simplemente no eres sincero con lo que sientes, y rompes el muro que...?

- ¡Porque estoy cansado de perder!

Eso silenció a Kohaku. Al menos, un momento, hasta que vio que Xeno no continuaba, y que su mandíbula lucía tensa y apretada, y rompió el contacto visual que tanto había mantenido antes.

- ¿Perder?

- Sí, perder –Ahora le tocaba a él dejar salir toda su amargura– Perder todo lo que me importa, parece que ha sido una constante en mi vida, cuando al fin lo alcanzo. Como si no pudiera dar nada por sentado, como si no pudiera sólo sentarme a disfrutar un momento cuando la vida me es favorable. Los avances científicos, limitados y arrebatados por un grupo de ignorantes, que tienen demasiado miedo de que algo sea más poderoso que ellos. Luego la ciencia decente una vez más, un grupo de críos impertinentes se hace con mi territorio, mi castillo y con mi libertad, durante lo cual tuve que elegir "perder" y asesinar a Senku, no sólo mi único discípulo durante seis años, sino también la mayor promesa científica de su generación, fiel reflejo de mí a su edad. Como si fuera poco, durante todo eso, tú... –hizo una breve pausa– Competir con mi mejor amigo y aliado más fiel, porque tuviste que ser tan interesante como para ponerme en jaque y no querer dejarte ir, ni cederte a sus brazos. Te entregaste a mí, para luego hacerlo con Stan también. Que te enteraras luego de la verdad sobre asesinar a Senku, y ganarme tu odio, tuve que elegir perderte para no lastimarte más. Poco después, aunque no fuera algo planeado, tu embarazo... una vez más, con la posibilidad de que ni siquiera sea realmente mío, y luego, cuando lo estaba aceptando, perderlo también. Volvimos a acercarnos brevemente, un rayo de esperanza de recuperarte, pero todo es tan incierto, que para cuando todo esto termine, quién sabe cómo quedará el tablero, tal vez vuelva a perderte otra vez, o tal vez perder más cosas. Como ves, mi vida es un historial de conquistas, a la par de luego perderlas, todas y cada una.

El extenso monólogo liberador de Xeno fue oído con angustia y pena por Kohaku, en especial cuando su corazón brincó al oír su camuflada declaración con respecto a ella. Cómo se había equivocado, pensando que ya no le interesaba, cuando era todo lo contrario. Xeno ardía por ella, sólo que tenía demasiado miedo como para permitírselo. Lentamente, acercó una mano hacia él, para entrelazar sus dedos juntos.

- No me perdiste a mí.

- ¿Puedes asegurar eso honestamente, cuando sabes que no soy el único dueño de tu corazón, si me permites la poesía? Tal vez no te perdí, pero tampoco te gané, y no creo que eso cambie, a menos que sea para alejarte aún más, quizás tanto de Stan como de mí, ¿no es cierto?

Kohaku bajó la mirada y se mordió el labio, sintiendo que había hurgado más profundo el dedo en la herida de Xeno. No, no podía asegurarlo. Stan y él compartían su corazón y sus pensamientos en igual medida. Y tampoco sabía qué iba a suceder cuando se enfrentaran a él y su élite militar, pero dudaba que fuera un encuentro amable. Si Stan llegaba a hacer algo irreversible para recuperar a Xeno, no sabía si iba a volver a perdonarlo. Los quería, los deseaba, tampoco quería dejarlos atrás... pero esos sentimientos no serían nunca tanto o más importantes que los que tenía hacia sus amigos, que Suika, Chrome, Senku, Gen, Ryusui, Tsukasa... simplemente era demasiado cruel elegir. Como no podía contestarle, sólo negó con la cabeza, sin atreverse a mirarlo. Él soltó una breve risa, amarga.

- Sí, ya lo sabía.

- Pero no quiero perderte. Ni a Stan, ni a mis amigos. Sólo quiero encontrar la forma en que podamos seguir adelante, todos juntos –Dijo al final.

- Sueñas bonito –mostró una media sonrisa– Está bien, al menos te alimentas de una inocente esperanza todavía. Mejor aferrarse a eso y algo por lo que luchar, antes que rendirse totalmente. Perdóname si no puedo acompañarte en tu sueño todavía, pero prefiero esperar, sólo atender el presente. Como te dije la primera vez que estuvimos juntos... "Seremos dos personas que sólo saben dar lo mejor de sí en todo lo que hacen, si estás de acuerdo"

- ¿Lo recuerdas? –Preguntó sorprendida, su corazón saltándose un latido ante el vago recuerdo de aquella tan dulce como ardiente frase, esa noche tan memorable.

- Nunca fui capaz de olvidar nada que tuviera que ver contigo, para empezar. Cuando algo es escaso, lo valoras mucho más.

Eso fue demasiado para Kohaku, esas palabras le estaban casi quemando el corazón de la calidez que le producían. A pesar de las idas y vueltas con los dos líderes enemigos, oír esas confesiones, esos sinceros sentimientos, eran todo lo que quería oír, y sentir. Cuando se había desquitado pensando que solamente había sido satisfacción sexual para ellos el haber intimado, era porque le angustiaba sobremanera que fuera así. No podía decir que los amara, ni esperaba eso de ellos, pero saber que había algo más, que no era ella sola con su fascinación tal vez dada su juventud e inocencia en esos temas, la reconfortaba. Recordar sentir el corazón de Stan latiendo aceleradamente a causa de ella, y luego diciéndole que "ella se lo había quedado", así como las recientes palabras tan sentidas de Xeno por primera vez, eso no era mentira, ahí no había engaño. Eran dos hombres olvidando su posición y su orgullo, y reconociendo sus sentimientos ingobernables. Y si tenía que ser sincera, quería mucho más de eso, y de ellos.

- Esto no es por consuelo, que te quede claro, y tampoco subestimes lo que siento –dijo, apoyó la mano libre en la nuca de él para acercarlo a ella, y besarlo en los labios.

El científico inspiró bruscamente, quedándose muy quieto, y luego pareció reaccionar y le correspondió el beso. Kohaku soltó la mano que los unía, y la subió por el torso de él hasta apoyarla en su pecho. Ahí estaba, ese corazón acelerado, tal como deseaba sentir, y sonrió. Xeno notó su sonrisa, aunque no terminó de entender a qué venía, sin embargo, fue como un rayo de luz que impactó directamente en su corazón expuesto. No le importó ya si los demás jóvenes estaban cerca o no, y ya que había hablado tanto del "presente", tenía que hacerles justicia a sus palabras y aceptar lo que estaba sucediendo, o sabía que lo iba a lamentar después. Apoyó su mano sobre la de ella, y con la otra rodeó la fina cintura de la joven para acercarla a él, a la par de profundizar el beso. Esa sensación mutua de que no alcanzaba con unir sus labios, y que acariciar entre sí sus lenguas danzantes sólo lo dejaba sediento de más, era todo lo que creía necesitar para volver a tener esperanzas de que esa vez no iba a perderlo todo, quizás le ganaría a su cruel y repetido destino, por primera vez.

Pronto sus manos se deslizaban solas, las de Xeno recorrían el rostro y el pelo de Kohaku, así como las de ella se aferraban a la espalda de él, sus labios nunca separándose, consumiéndose con necesidad. El científico interrumpió el beso un momento, sólo para mirarla a los ojos fijamente, de uno en otro, como si esperara encontrar algo más en esos profundos y transparentes orbes aguamarina. Volvió a unir sus labios, con mayor intensidad y pasión. No era deseo precisamente, o su intención no nacía desde allí, pero compartía la base de la misma urgencia. Sólo volvieron a separarse para finalmente recuperar aire, respirando aceleradamente, apoyando sus frentes juntas hasta serenarse. Kohaku se puso de pie primero, y esa vez ella extendió su pequeña mano hacia la de él, para ayudarlo a levantarse. Recogieron la manta del suelo, y volvieron a la casilla, a continuar trabajando.

Los días pasaron, separando y analizando cada mínimo pedacito de decenas de medusas destrozadas, hasta que el barco tomó su forma final, aunque era una bastante peculiar y que la mayoría no terminaba de entender. Ukyo fue el que reconoció aquel navío como un barco furtivo, y explicaron que era uno cuya forma geométrica dificultaba su percepción mediante las ondas de radio, perfecto para escapar de los radares de Stanley. Sin embargo, encontraron con que disminuía, pero no ocultaba totalmente dado su tamaño, lo cual era esperable, pero los seguía preocupando. Fue la increíble observación de Chrome sobre las medusas de cómo había sido posible que semejante cantidad hubiera sido imperceptible para la monitorización científica hasta ser demasiado tarde, que les hizo darse cuenta que posiblemente algo en su forma impedía ser detectada por la ciencia moderna, así como la forma del barco furtivo dificultaba su percepción. Eso generó la innovadora idea de parte del castaño, de cubrir completamente la superficie del barco con esas medusas, logrando que desaparecieran completamente del radar.

Hicieron una gran cantidad de pegamento, y con eso todos se pusieron manos a la obra para ayudar a "pintarlo" con los dispositivos, ya que tenían tantos al alcance. En cuanto terminaron y dejaron secar el pegamento, llevaron el barco hacia el río, y guardaron todas sus pertenencias y las muestras de las medusas en análisis. Un grupo se separó para dedicarse a recolectar comida y abastecerse, de forma tal que sólo tuvieran que preocuparse por detenerse por combustible. Una vez estuvieron todos reunidos y listos, zarparon nuevamente.

Los análisis científicos continuaron, junto con la frustración de no encontrar un patrón claro en los componentes, en especial los diamantes ennegrecidos, que pudieran dar alguna pauta de qué podía volver a hacerlas funcionar. Si bien Senku y Xeno llevaban las riendas de la investigación, la curiosidad y experiencia de Chrome con la ciencia y con los materiales lo mantuvo cerca de los otros dos, y fue nuevamente su fina percepción la que captó algo que los cansados ojos de los dos científicos no habían logrado. Uno de los diamantes extraídos no estaba ennegrecido, lo cual significaba que podía ser una de las claves. Como ya habían destruido la medusa correspondiente, fue Kohaku con su gran vista la que se puso a buscar entre la bolsa de dispositivos en busca de una que pudiera tener otro diamante limpio. Cuando finalmente lo encontró, dijo el comando de activación y arrojó la medusa, pero tampoco funcionó.

Con nueva determinación, aunque un poco frustrados también, procedieron a destruir y examinar todas las medusas que tuvieran el diamante limpio, pero que no funcionaran. Pero se había hecho de noche, y no podían darse el lujo de desperdiciar la poca electricidad que habían generado, por lo cual dejaron la ardua tarea para el día siguiente. El descanso pareció ser muy conveniente para la mente de los científicos, porque esa misma mañana Xeno observó una mínima exfoliación en uno de los diamantes, lo que los llevó a revisar los anteriores, y efectivamente encontraron en todos alguna grieta. Festejaron internamente por el descubrimiento, ya que significaba que lo que tenían que hacer, era encontrar y pulir un diamante sin grietas para que tuviera la exacta forma de los demás, o en su defecto, construirlo.

Se comunicaron por radio con el equipo que había quedado en el castillo, dándole las indicaciones científicas para fabricar uno artificial, así como luego las geográficas, gracias a Chelsea, de dónde podían encontrar una mina para desenterrar diamantes en bruto, que Joel podría pulir de la forma correcta. Como lo único que podría pulir un diamante, sería otro diamante, necesitaban lograr fabricar uno primero, para luego darle la forma al natural. Luego de dar esas indicaciones, Senku notificó que era la última vez que podrían comunicarse hasta que el encuentro final con Stanley y su élite militar acabara, o la construcción del barco furtivo no tendría sentido alguno, si regalaban su posición a los enemigos mediante la radio. Lo que ninguno percibió gracias a la fingida inocencia de Xeno, fue que había enviado un mensaje al barco de Stanley en modo de sutil interferencia, nada evidente, pero lo suficiente para que entendieran que se trataba de una advertencia.

Unos días más tarde, llegaron finalmente a la costa de Araxá, donde dejaron el barco anclado y bajaron las motos y todos los materiales. Senku dijo que el destino final donde ellos fundarían más adelante la ciudad de la súperaleación, era el conocido como "Santuario de las piedras". Allí también podrían ellos mismos fabricar los diamantes para las medusas, ya que contaban con la experta precisión del mejor artesano, el viejo Kaseki. Pero el camino para llegar iba a ser arduo, considerando que habían decidido tomar una ruta muy corta, pero muy exigente. Desmontaron las motos para hacer un "teleférico vertical", y tardaron otro par de días hasta llegar finalmente al famoso "santuario". Cuando decidieron el lugar donde asentarse y armar el campamento definitivo, se pusieron a debatir las opciones que tenían para vencer en el enfrentamiento contra sus enemigos. Tsukasa fue el que ofreció el claro panorama.

- Ellos son una élite militar de primer nivel, cuentan con armas de fuego, y su único objetivo es recuperar a Xeno, no la diplomacia... y es muy posible que Stanley busque hacer contacto con Kohaku también. Por nuestra parte, Hyoga y yo no estamos completamente recuperados de los disparos que recibimos, y Kohaku no está en condición de pelear, sólo nos quedaría Ukyo y su puntería de tiro con arco como arma contra ellos. Es decir, no tenemos ninguna chance de enfrentarnos a ellos y ganar.

- No, por eso es que nuestra única esperanza es activar todas las medusas que podamos, y petrificar a todo su equipo antes de que tengan la oportunidad de dejarnos como coladores –dijo Senku con serenidad.

- Nosotros también vamos a fabricar y pulir diamantes –Afirmó Chrome con una sonrisa.

- Así es, diez billones de puntos para ti por la actitud. Esa es nuestra prioridad, por lo que Chelsea nos dará las indicaciones de dónde podemos encontrarlos, aunque no olviden que no por nada este lugar se llama el "Santuario de las piedras". Una vez hayamos recogido suficiente para empezar a trabajar, nos dedicaremos a convertir este lugar en un bastión fortificado, donde estableceremos nuestra defensa y nuestras mejores oportunidades de ataque, por más que sean mínimas.

- Espera, Senku-chan –Intercedió Gen, nervioso– ¿Y cómo haremos la infernal tarea de pulir los diamantes? Contamos con la habilidad de Kaseki, pero...

- Construiremos una rueda hidráulica, que nos ayudará en unos diez billones por ciento. Pero sí, al final se reducirá a la increíble habilidad de nuestro artesano, y hacer lo posible para ayudarlo. Suficiente charla, no nos sobra el tiempo, y tenemos al equipo de Stanley pisándonos los talones.

El grupo se dispersó, haciendo los preparativos correspondientes para ocuparse de las próximas tareas. Sólo Xeno se quedó quieto, mirando fijamente a Senku.

- Saben que no tienen ninguna oportunidad, y Stan y los demás no tendrán piedad con ustedes. ¿Por qué no se rinden? Les salvará las vidas a más de uno.

- ¿Por qué estás tan seguro que perderemos? –Retrucó el peliverde, con una media sonrisa.

- Tú líder de combate lo ha dicho, no tienen ninguna chance de ganar, y no tienes la certeza de que activarán suficientes medusas. No puedes detener a Stan, Senku. Nadie podría hacerlo antes, pero menos aún ahora, no tienes idea lo peligroso que se ha vuelto. Es un instinto demasiado fuerte.

Los ojos de Senku se abrieron imperceptiblemente, pero hizo de cuenta como si no se hubiera percatado del desliz de Xeno, una información muy interesante y valiosa.

- Quizás sea así, pero si tenemos al menos una oportunidad, vamos a ir por esa. Y sino, tendremos que hacer el camino para comenzar otra.

- Tu terquedad va a llevar a la muerte a todos tus amigos, las cartas ya están echadas, y no se encuentran a tu favor.

Senku se acercó a su ex-maestro como para pasar por su lado, pero se detuvo justo junto a él, y lo miró de reojo, para decirle en voz baja con una media sonrisa en la cara.

- ¿Sabes una cosa, Dr. Xeno? No todas las armas hacen "bang bang"

Un escalofrío recorrió al peliblanco al oír eso, no le gustó nada lo que podía implicar, aunque sabía que debía referirse a la astucia y la estrategia, además del dispositivo, que haciéndolo funcionar podía ser el arma definitiva, de ataque y de defensa, de petrificación y resurrección.

Se pusieron manos a la obra, organizándose para optimizar el tiempo lo más posible. Mientras el equipo de fuerza, guiados por Chelsea, se ocupaba de cavar y de hallar los diamantes en bruto, el resto junto a Chrome y Kaseki se encargó de fabricar la rueda hidráulica. Al día siguiente, Gen encontró a Senku pensativo junto al río, pero no estaba mirando el funcionamiento de la rueda, sus ojos estaban más allá.

- ¿Senku-chan? ¿Me parece a mí, o tu brillante cerebro está rumiando alguna estrategia?

- ¿Para qué preguntas, mentalista, si ya sabes la respuesta? –Le respondió el peliverde con una sonrisa cómplice.

- Por educación, modestia –Contestó de igual forma– Pero no tienes ese brillo de entusiasmo como con cada proyecto tuyo, y eso que estamos a muy poco de lograrlo.

- Digamos que adquirí cierta información que podría cambiar mucho las cosas, y darnos la oportunidad que necesitamos para vencer, sin que corra sangre.

- Aaah, como aquella vez en nuestra lucha contra Tsukasa-chan. Me gusta que tus principios sigan firmes. ¿Te molestaría compartirla conmigo, Senku-chan?

- Negociar. Iremos por algo parecido a la diplomacia, evitando el enfrentamiento directo. Tal vez no sea necesario construir ese bastión de defensa, después de todo. Enfocaremos la mayor parte de nuestros recursos materiales y humanos en lograr activar las medusas, o al menos una.

- Pero eso último ya era parte del plan, Senku-chan. Y la única sangre que puede correr, sería la nuestra. Pero si se trata de negociar, sabes que soy el experto aquí. Una mente aguda como la de Stanley será todo un desafío, pero confío en mi habilidad, y en lo que conocí de él en el tiempo que compartí la estadía en el castillo.

- No te preocupes, no te necesito en realidad. Al menos no para las negociaciones, yo las llevaré adelante. Necesitaré otra cosa de ti.

- Sin ánimo a ofender, Senku-chan, eres demasiado directo y pésimo para las negociaciones. Por otro lado, ¿qué se te ofrece?

El joven científico sonrió con una expresión extraña, una sonrisa que sin embargo no le llegó a los ojos, la cual captó el interés del mentalista.

- ¿Todavía tiene validez la oferta para comprar nuestro boleto al infierno? Sabiendo que quizás sea nuestra única oportunidad de detener a Stanley, y salvarnos la vida a todos... quizás a todo el mundo.

- ¿A tiempos desesperados, medidas desesperadas? Soy todo oídos, Senku-chan, si es por el bien mayor.

El peliverde le contó su plan al mentalista, cuya expresión de incredulidad se extendió por su rostro, a la par que su provocadora sonrisa se desvanecía. Luego de confirmar que posiblemente sería la única opción, se miraron fijamente a los ojos y asintieron, uno lamentándolo más que el otro. Volvieron con los demás, y Senku alzó la voz para llamar la atención de sus compañeros, que estaban dedicados a las tareas de fabricar los diamantes, a la par de construir las bases de la fortaleza.

- Habrá un cambio de estrategia. Grande –Cuando todos se acercaron a donde estaba él, el joven miró a Kohaku– Leona, ¿sigues interesada en ser nuestra mediadora diplomática entre los dos bandos?

- ¿Eh? –Preguntó sorprendida– Creía que esa ya no era una opción.

- Lo pensé mejor, y necesitamos un plan B en caso de que no nos alcance el tiempo de reactivar las medusas, y si eso sucede, estamos completamente perdidos. ¿Qué dices entonces?

- Que sí. ¿Qué tengo que hacer?

- Hablar con Stanley, aunque la realidad es que en parte vas a aplicar como un segundo rehén. Nuestro éxito depende de mantener al Dr. Xeno como rehén nuestro, eso mantendrá a raya a Stanley y sus peligrosos soldados. Pero al parecer, tú también forjaste un emocionante vínculo con él, por lo que no podemos descartar que tu vida sea particularmente valiosa para nuestro principal enemigo en este contexto. Eres a la única que no va a querer matar.

- Hmm, entiendo –Murmuró ella, con un nudo en el estómago– ¿Qué vamos a hacer entonces?

- Voy a comunicarme con Stanley, revelarle nuestra posición, y ofrecerle una tregua.

- ¿Tregua? –Preguntó Xeno sorprendido, para quién no tenía ningún sentido la propuesta.

- Sí, un alto al fuego, al menos el suficiente para conversar los términos.

- ¿Y cuáles serían esos términos? –Re-preguntó el peliblanco con recelo.

- Si mal no recuerdo, eres un rehén aquí, no necesitas saber detalles de nuestra estrategia. Además, no te creas que se me pasó por alto cómo jugaste con las interferencias en nuestra última comunicación, y le habrás dado información vital a nuestro enemigo. Volviendo al tema... Creo que todos son conscientes de que la única forma que tenemos de volver a la ciudad del maíz, luego de fundar aquí la ciudad de las súper-aleaciones, es la de recuperar el Perseo, por las buenas o por las malas, y volver todos juntos. Y si no queremos que corra sangre ni dejar a nadie atrás, vamos a tener que negociar. Así que comenzaré por eso, y luego veremos cómo continuamos, según la respuesta de Stanley. Eso es todo, sigan trabajando.

Senku fue a buscar el gran teléfono, y se fue seguido de Gen. Como todos sabían que el mentalista era un experto en negociaciones, se quedaron más tranquilos y a esperar las novedades, mientras seguían trabajando. El único que se quedó mirándolos con preocupación fue Xeno, que no podía entender el motivo del "cambio de estrategia" y que de pronto quisiera hablar con Stan, cuando sabía perfectamente que su amigo no iba a prestarse a aquello. Varios minutos pasaron, todos mirando de reojo a Senku y Gen cada tanto, hasta que finalmente los vieron volver.

- ¿Cuál es la situación? –Preguntó Tsukasa, serio.

- Aceptó hablar, con Kohaku, claro. Para asegurar nuestra vida, puse como condición que viniera solo.

- ¿Crees que la vida de ustedes está a salvo con eso? –Dijo Xeno con sorna– Stan es capaz de matarlos a todos y cada uno, aún solo, y...

- Vendrá desarmado –Interrumpió Senku, y el científico quedó boquiabierto– O al menos sin pistolas, se entiende, ya que no podemos negarle el uso de un cuchillo o una espada para defenderse en la peligrosa selva amazónica. Y le dijimos que su líder está bien cuidado, por lo que no será necesaria la mordaza, con atarle las manos al Dr. Xeno será suficiente, sólo como precaución.

- ¿Cómo...?

- Por más hábil que sea, nosotros tenemos a Tsukasa, Hyoga y Ukyo con armas de media y larga distancia, y Ryusui tiene una pistola. Por supuesto que se lo dije, para que no se haga ideas.

- ¿Le dijiste a nuestro enemigo cómo estamos armados? –Preguntó Taiju sorprendido, mirando a Senku y luego a Gen, quién se encogió de hombros como diciendo "ya conocen a Senku-chan"– ¿Pero eso no le daría ventaja?

- Si cumple su palabra, no. Pero ya que vendrá mucho más indefenso que nosotros, es un intercambio justo. No quiso revelar ni un milímetro de su ubicación, pero cuando le dije que el encuentro sería en la media tarde del tercer día contando desde hoy, aceptó, por lo que estimo que debe estar muy cerca, o ya en tierra. Como sea, tenemos que dedicarnos a tiempo completo a abrir las medusas, y encajar esos diminutos diamantes pulidos. En caso de que fallen las siguientes negociaciones, o que tengamos que lidiar también con el resto de los militares, nuestras únicas armas seguras siguen siendo las medusas, como ataque, y como defensa.

Pero decirlo era una cosa, y hacerlo otra. Hasta ese día, sólo habían partido y machacado los dispositivos, pero la nueva tarea implicaba abrirlos cuidadosamente, lo cual no sería nada fácil. Si bien tenían todavía cientos y cientos de medusas para probar de abrir, todas fueron accidentalmente rotas por Kaseki, Chrome y Kohaku, mientras Senku se encargaba de supervisar y preparar los diamantes en proceso de pulir junto con Ukyo y François, y el resto ayudaba a seguir construyendo el bastión defensivo.

El primer día pasó, sin éxito en poder abrir bien ni siquiera una medusa. El segundo día, conforme pasaban las horas, ya los ánimos estaban un poco alterados, la preocupación de no llegar a tiempo los ponía más ansiosos y erráticos, solamente el viejo Kaseki seguía firme con su voluntad inquebrantable de lograr su propósito. Recién a la media tarde, fue que se oyó un grito de emoción dentro de la pequeña cabaña que habían construido para dedicarla al "laboratorio", y la voz exultante había sido la de Chrome, felicitando al artesano por haber logrado abrir una medusa exitosamente. El problema que continuó fue el de que alguno de los diamantes perfectamente pulidos no sólo encaje, sino que funcione. Luego de unas horas Kaseki logró introducirlas y cerrarlas, pero ninguna medusa activaba. Estaban tan cortos de tiempo, que se resignaron a conseguir al menos un dispositivo funcional, si lo llegaban a lograr.

Al alba del tercer día, cuando ya estaban al borde de una crisis por el rotundo fracaso en lo que podía ser su última línea de defensa, una charla entre todos acerca de los errores y aciertos resonó en la mente del viejo artesano, que pareció revitalizarse al instante cuando una idea llegó a su mente. Fue a buscar los diamantes fallidos de las medusas, y los golpeteó a todos con el martillo y cincel justo encima de la grieta, provocando que todos y cada uno se partieran exactamente de la misma forma, a pesar de que no todas las grietas eran iguales. Con eso Kaseki llegó a la conclusión definitiva de qué podía ser lo que faltaba para que funcionaran. El último problema a sortear era poder hacer esas modificaciones en los diamantes, y probar una y otra vez hasta lograr dar al menos con uno que funcionara.

Kohaku estaba más que nerviosa, estaba a unas pocas horas de volver a encontrarse con Stan, y ella iba a ser la pieza clave que definiría si habría o no alianza, lo que siempre había deseado. Estaba segura que el soldado la iba a escuchar, pero lo que tenía que lograr, era que superara su rabia contenida por todo ese largo viaje que había hecho alrededor del mundo para recuperar a su amigo, y posiblemente a ella también. Tres meses y medio habían pasado, y gracias a los dioses, y a los jugos medicinales, había superado la pérdida de su embarazo sin complicaciones a su salud, aunque no podía decir lo mismo de su estado emocional. El recuerdo de aquel trágico evento era ya como un dolor sordo, pero no la había abandonado del todo. Y lo peor, o lo mejor, no podía decidirse, era que Stan no sabía nada de todo aquel calvario, y no estaba segura de querer decírselo, ya que no serviría de nada, más que quizás confundirlo o lastimarlo.

Luna le había dicho que era posible que no recuperara su ciclo menstrual entre uno y dos meses después de la pérdida, el cual sin embargo todavía no le había vuelto, y lo que Kohaku sentía como sus confusos estados anímicos, la joven estudiante de medicina le explicó que debía ser porque todavía estaba atravesando alteraciones hormonales, aunque Kohaku apenas entendió lo que eran dichas hormonas. Luna se disculpó diciendo que no podía darle más detalles o precisiones, que su conocimiento era limitado ya que tampoco había sido avanzada en sus estudios médicos.

Cada vez faltaba menos, aunque no sabían con certeza cuándo, y Kohaku no dejaba de pensar en cómo sería ese reencuentro. Lo que la sacó de sus cavilaciones, fue oír una nueva exclamación de logro, y ahí se enteraron todos de que finalmente Kaseki había alcanzado a hacer funcionar al menos una sola medusa. Una ola de alivio los recorrió, saber que al menos no estaba todo perdido y tenían un as bajo la manga de ser necesario. Eso dejó más tranquila a la rubia, aunque sinceramente esperaba que no llegaran a tener que usarla.

En medio de los festejos y felicitaciones a Kaseki, fue la alerta de Ukyo la que los tensó momentáneamente a todos, y un silencio sepulcral se cernió sobre ellos, luego del aviso de que Stanley estaba finalmente allí. Miraron al arquero, que tenía su flecha preparada y apuntada sólo por precaución, y Kohaku siguió la línea que seguía el arco. Efectivamente, podía vérselo ya, saliendo de entre los árboles, todavía a unos cien metros de ellos. Aunque lo esperaba así, no dejó de sorprenderle e impresionarle verlo solo, sin su armadura ni su arma, solamente con el largo cuchillo atado a su cinturón. Se acercaba a paso firme, las largas trancadas que sus piernas le permitían. La joven estuvo a punto de salir corriendo a su encuentro, sentía el corazón desbocado, pero fue la voz de Senku la que la detuvo y le advirtió que no se moviera de allí, que no debía confiarse.

Por algún motivo, Stan se detuvo sobre sus pasos, quedando como una estatua. Los demás tampoco entendieron el por qué, pero fue la vista de águila de Kohaku la que lo entendió primero, y el corazón le martilleó fuerte: La expresión de la cara de Stan reflejaba tanto turbación como alivio, sus ojos azules muy abiertos, sus cincelados labios separados, su ceño fruncido como si estuviera sintiendo algún tipo de dolor. Viéndola a ella, sólo a ella, como si nada ni nadie más existiera, una peligrosa temeridad. De pronto reanudó sus pasos, primero lentos y pesados, como si le costara caminar, y poco a poco fue acelerándolos hasta que sus zancadas se convirtieron en un trote ligero, y luego en una carrera, recortando la distancia a una increíble velocidad, hasta que en pocos segundos ya estaba cerca de ella.

- ¡KOHAKU! –Gritó, llamándola, su voz rasposa, sin importarle pasar por delante de algunos de sus enemigos e ignorarlos completamente, aunque ninguno reaccionó ni se puso a la defensiva.

- Stan... ¡Stan!

Cuando llegó finalmente a su lado, soltó un jadeo de alivio, y lo único que hizo fue rodearla con sus brazos con fuerza, pero sin aplastarla. Luego miró alrededor, y vio a Xeno, custodiado por Ryusui, y a los demás jóvenes cerca, a una distancia prudente. Tal como había dicho Senku, su amigo lucía sano y en perfectas condiciones, no parecía ni un kilo más flaco, y no tenía marcas o golpes por lo que alcanzaba a ver. Pero toda su atención volvió rápidamente a Kohaku, que le había devuelto el abrazo con igual fuerza y necesidad. Subió una mano hasta el rostro de ella, apoyando su mano cubierta por el guante en su mejilla, y sus ojos finalmente se encontraron. Cuánto había rememorado en su mente aquella mirada aguamarina, aquellos grandes ojos que hablaban su propio idioma. No se contuvo, y se animó a darle un largo beso en los labios, que ella no rechazó, para su alivio. Pero había otras prioridades primero, "ellos" podían esperar.

- ¡Kohaku! Ya estoy aquí –La volvió a mirar a los ojos– Pensé que iba a volverme loco sin saber qué pasaba, cómo estabas. Todo este tiempo, estos meses, llevé la cuenta de cada día... pero ya estoy aquí para ustedes. ¿Están bien?

- ¿"Están"? ¿Xeno? –Lo vio negar cuando mencionó el último nombre, y tampoco miró al científico.

- Tú y el... bebé. ¿Están bien? –Repitió, con un dejo de nervios en la voz.

- Stan... No... –los ojos de Kohaku se abrieron mucho. ¿Cómo sabía? No sólo del embarazo, sino que seguía hablando como si no supiera que lo había perdido, algo no cuadraba allí. Pero ninguna palabra salió de su boca, estaba consternada.

- Kohaku, aún si no me perdonas por lo que pasó, lo entenderé, pero quiero que sepas que voy a cuidarte... Voy a cuidarlos, sea como sea –la abrazó con fuerza una vez más–. Mierda, no era la idea embarazarte, perdona... O no sé si es mío o de Xeno, no me importa, no me desentenderé, es mi responsabilidad también. No puedo creerlo, tener un hijo, un bebé... Así... –apenas decir "bebé" le produjo un fuerte estremecimiento, una palabra demasiado pura para sus labios– Pero lo acepto, y los protegeré de ahora en más, aun si tengo que seguirlos hasta el fin del mundo, y protegerlos desde la distancia porque no me quieres cerca, no dejaré que nada los ponga en peligro, lo juro.

- Stan... Espera, no... Ya no... –Comenzaba a recobrar su voz, pero no podía contra la intensidad y verborragia ansiosa de él, como si quisiera decirle cosas que estuvo pensando durante mucho tiempo, y al fin podía sacarlas fuera.

- Todavía no termino de creerlo, y ya van casi cuatro meses, pero... –deslizó una mano visiblemente temblorosa por el vientre de ella, y cerró los ojos con fuerza, como si le hubiera producido una fuerte impresión hacer eso– Tú me dijiste que yo me dedicaba a "quitar vidas", no pude olvidarlo nunca... Quizás esta es la forma de la vida de demostrarme que hay otra opción para mí, que también puedo protegerla, crearla, atesorarla...

- Detente... ¡Basta! –Exclamó, al borde de las lágrimas frente a esas palabras que le abrieron sus heridas a medio cicatrizar, y sus rodillas cedieron ante el temblor que la recorrió y cayó al suelo. No entendía nada, sólo dolía– ¿Por qué me lastimas así?

- ¿Qué...? –Preguntó confundido, no creía haber dicho nada malo, todo lo contrario. Se arrodilló junto a ella, para sostenerla, sin entender tampoco esas palabras– ¡No! Lo digo en serio, yo...

- Ya no hay bebé.

- ¿...Qué? –Sus ojos azules se abrieron desmesuradamente, sin comprender.

- Lo perdí. Perdí el embarazo, Stan, en el primer mes, hace tiempo ya.

- Pero... –Negó con la cabeza, como si ella estuviera confundida o mintiendo– Pero Senku dijo en la comunicación que, si hacíamos un alto al fuego al venir aquí, y yo venía solo y desarmado para negociar un "intercambio de rehenes", podrías volver a mi lado, y así cuidarte en tu embarazo, si tú aceptabas, claro.

- No... Por todos los dioses, ¿qué...? –Susurró horrorizada.

¿Senku? ¿Senku le había dicho en esa última comunicación que estaba embarazada, y que SEGUÍA embarazada? Era demasiado cruel, no podía ser cierto, tal vez la comunicación poco entendible de la radio había hecho que él no termine de escuchar bien, o quizás no estaba diciendo toda la verdad, y...

- ¡THREE METERS, THREE SECONDS!

Como en cámara lenta, sus ojos captaron una figura que se acercó corriendo detrás de Stan, y no era otra que la de Senku mismo, que estaba arrojando la medusa directamente hacia ellos. Cuando sus ojos se abrieron mucho y con horror al darse cuenta de lo que todo aquello significaba, la misma realización pareció procesarse en la mente de Stan. La luz verde comenzó a brillar desde el dispositivo, y crecer hacia ellos, no había tiempo ni lugar para evitarla. Lo único que atinó hacer él fue intentar alejar y proteger a Kohaku, y estiró la mano hacia ella para tratar de empujarla lejos, pero ya la piedra había comenzado a recubrir sus piernas y su espalda. La expresión confundida y preocupada de los ojos de Stan fue lo último que la joven pudo ver antes de que se quedara petrificado, su mano intentando alcanzarla, suspendida en el aire, apenas alcanzó a rozar su pecho.

Un grito ahogado alcanzó a salir de la garganta de Kohaku mientras se formaba esa desgarradora imagen, y ella en vez de retroceder, sólo pensó en alcanzarlo de alguna forma, y estiró su mano hacia él también, aunque era en vano intentar protegerlo cuando ya era una piedra inanimada por fuera, pero su cuerpo se movió solo, y así quedó su estatua a mitad de la acción. El mundo exterior se detuvo en ese momento, para ambos, y para los demás a su alrededor, idénticas caras de sorpresa y confusión ante una escena que –casi– nadie había previsto, y escuchando las desesperadas palabras de Stanley que les generaron demasiadas preguntas, algunas cuyas posibles respuestas ya le había retorcido el estómago a la mayoría. Una escena y una imagen tan crueles como poéticas, una traición y una herida que quedarían abiertas indefinidamente.

Buenaaas! Kit de emergencias 2.0, lo sé, perdón por hacerlos sufrir una vez más, pero el "thrill" y la emoción no faltaron. No iba a ser bonito este capítulo, eso lo sabían (si es que esperaban la masacre de Stan y su equipo), aunque no creo que se esperaran el giro, y de quién vino la daga que se clavó hondo y dio el golpe de gracia. "¿Se puede llegar a odiar un poco al protagonista del manga?" ... sí, se puede xD.

Creo que los dejé con más preguntas y corazones rotos que antes, así que me retiro por aquí... Gracias por leer y seguir apoyando con sus comentarios y reviews! No se preocupen, que no voy a darle un final triste a esta historia, es sólo una fuerte FUERTE tormenta. Y no sé si los consuela, pero lo que se viene en mi próxima actualización es un one-shot (o two-shot?) Tsukoha, porque esta ship que amo hace rato merecía su historia y mucho amor, y voy a darles TODO!

Hasta el próximo capítulo!