- ¡STAN! ¡STAN!... ¡STAN!
Kohaku gritaba con todas sus fuerzas, pero su voz no salía, sino que sonaba como un eco. Estaba sola, en un lugar oscuro. No podía ver absolutamente nada, no podía sentir absolutamente nada. La imagen de esa negrura total la había experimentado una vez ya, y también sabía por qué ahora volvía a vivir aquello. No tenía miedo de eso. Pero la primera vez no había intentado gritar, no se había desesperado como lo estaba ahora, más bien había estado tranquila de que esa oscuridad iba a salvarle la vida a un querido amigo, a Ginro, ella lo había buscado.
En cambio, esta vez, la desesperación de no poder moverse, de no poder gritar, ni saber qué había sucedido, eran insoportables. Tener como última imagen la expresión de esos ojos zafiro que al fin volvía a ver, llenos de preocupación, confusión, y el tormento por una inesperada noticia que fue más dolorosa que un cuchillazo en el corazón; esa imagen de él así, y convirtiéndose en piedra mientras trataba de protegerla, la estaba ahogando. Tanto o más angustiante que eso, era no sentir absolutamente nada, más que su consciencia. Estaba "despierta", pero no podía hacer nada más que ver una absoluta oscuridad alrededor. Sabía que estaba gritando, pero a la vez era como si ni siquiera lo estuviese intentando.
Parecía un sueño, o más bien una pesadilla, una realidad que no podía controlar. Como una vez le pasó, cuando era más pequeña, que se sintió despertar, podía ver todo alrededor, pero no podía moverse, ni hacer nada. La ansiedad y la angustia de no entender por qué el cuerpo de pronto no le respondía, ni tampoco poder pedir ayuda porque su voz no salía más que en su cabeza, era igual de terrorífico que el momento que estaba viviendo en ese momento. Aquella vez logró salir de aquel extraño estado, haciendo un esfuerzo muy grande e impulsando todo su ser a reaccionar y moverse, y lo logró. Pero la situación actual era muy distinta, y lo sabía. En su consciencia quería solamente gritar y llorar, rogar por ayuda, sentía todas las emociones, pero no tenía sensaciones. Sólo su consciencia, y la incertidumbre de no saber cuánto duraría aquel estado.
De pronto una intensa luz blanca cegó sus ojos, y sintió una sacudida. Sintió... Apenas se dio cuenta de eso, el mundo volvió a brillar y aparecer frente a sus ojos con todos los colores de la vida, llenando su mirada. Pero el alivio fue breve, porque lo primero que volvió a ver, fue la figura de piedra que había torturado su breve sueño, fue ver la forma de esos ojos zafiro, pero rígidos, opacos, y de un color gris, así como todo el resto de la estatua que imitaba la figura de Stan. No, no la imitaba... era Stan. Era Stan, vuelto una estatua de piedra. Había visto miles de estatuas, todas desconocidas, pero ver una conocida, y que no entendía por qué había sucedido, era demasiado horrible.
- ¡STAN! ¡STAN!... ¡STAN!
Esa vez sí salió su voz, rasgada desde el fondo de su garganta, la nota de desesperación demasiado palpable como para ser identificada aún si el oyente tenía los ojos cerrados. Y esa vez, se pudo mover, pero había hecho mucha fuerza para moverse porque no lo creía posible todavía, por lo que se tropezó y se golpeó contra la estatua, haciéndola tambalear. Aterrada de poder romperla, la atrapó en sus brazos para prevenir una mayor desestabilización, y jadeó de alivio cuando la sintió firme y segura. Pero en ese momento la inundó la segunda ola de cruda realidad.
- Stan... No... Stan.
Su voz salió como un lastimero gemido, no le cabía en la cabeza que estaba apoyando sus manos sobre una piedra inanimada y fría, en lugar de la calidez de los tiernos y fuertes músculos de Stan. Posó sus manos sobre el rostro de él, y acarició la gruesa piedra que era y a la vez no era Stan. No veía nada claro, pero porque las lágrimas empañaban su rostro, volviéndolo todo borroso, ignorando su prodigiosa vista. Sus manos temblaban, así como sus labios, mientras se dejaba caer, sus piernas no lograron sostenerla, y ella no pudo evitarlo.
- No... ¿Por qué?... Stan
¿Por qué... por qué sabía que había estado embarazada? De pronto recordó la respuesta. Senku. Stan había dicho que Senku había hecho un arreglo con él, un alto al fuego, a cambio de que el soldado pudiera reencontrarse con ella, y tenerla a su lado para "cuidarla". Qué mentira más cruel, innecesaria. Stan había cumplido, había aparecido desarmado, excepto por un solo cuchillo para protegerse en la selva, sin armadura, y había corrido prácticamente temerario e indefenso sólo pensando en volver a tenerla cerca. Y Senku le había preparado una trampa usándola a ella y a un bebé que ya no existía como carnada. Aunque Stan no había representado ninguna amenaza en ese breve encuentro, aunque tenía todas las de perder rodeado de enemigos que sí estaban armados, se había encontrado con la infernal mentira, y ese había sido su último pensamiento cuando la piedra se adueñó de su vida.
Él estaba ahora en la misma cárcel agobiante que ella había estado minutos antes, lidiando en la oscuridad con vaya a saber qué preguntas y pensamientos que lo podían estar destruyendo y carcomiendo. Alguien la había revivido a ella, pero no a él. Buscó con la mirada alrededor, y vio a Senku, el cerebro detrás de aquella cruel mentira, guardando el frasco vacío en una de sus bolsas mientras caminaba alejándose de ella. Esos ojos rojos, que siempre había mirado con admiración, lucían indiferentes, incluso ligeramente aliviados. Cuando lo vio apoyar ambas manos en su cintura, contemplando su obra, y los ojos de ambos conectaron, fue que el cuerpo de Kohaku recobró su vitalidad. Se levantó con impulso que surgió de lo más profundo de ella, y sus piernas se movieron solas hacia él, de un salto y comenzando una carrera.
- ¡MALDITO MISERABLE! ¡MALNACIDO! –Rugió, la furia la consumía– ¡¿QUÉ DEMONIOS HICISTE?! ¡NI LOS DIOSES PODRÁN PERDONARTE, MALDITO!
Pero su carrera se detuvo repentinamente, y sus pies abandonaron el suelo, cuando sintió que alguien la retuvo con mucha fuerza a sus espaldas. Giró la cabeza, y vio que era Tsukasa, que a diferencia de Senku, sus ojos cobrizos lucían perturbados.
- ¡NO! ¡SUÉLTAME! –Se removió y agitó, tratando de patearlo o hacer algo para liberarse, pero no podía, por más fuerza que usara– ¡TSUKASA, SUÉLTAME YA! ¡SUÉLTAME!
Los gritos forzados y desgarradores de Kohaku se oían por encima de todo en aquella selva, aunque reinaba un silencio espeluznante, así como todos estaban tan quietos y duros como estatuas, con la diferencia de que estaban vivos como siempre, a diferencia de Stan ahora. Forcejeó un poco más, y fue tanto su desesperación y salvajismo, que cuando vio el brazo de Tsukasa muy cerca, buscando su liberación, se lo mordió con todas sus fuerzas, hasta que sintió el gusto metálico y húmedo de la sangre en su lengua, y oyó un siseo de dolor de él, pero tampoco pudo soltarse. Lo único que pudo hacer, fue seguir descargándose contra el objeto de su odio y toda su ira.
- ¡CONFIÉ EN TI! ¡MALDITO! ¡DIJISTE QUE ÍBAMOS A NEGOCIAR Y A HABLAR CON STAN PARA LLEGAR A UN ACUERDO! ¡ME USASTE COMO CARNADA, NO TE IMPORTÓ LASTIMARME! ¡USASTE UNA VIDA QUE PERDÍ, QUE SUFRÍ! ¡ERES UN DEMONIO!
Sentía que se le iba a rasgar la garganta de lo fuerte que estaba gritando, pero no le importaba. Lo peor era que los ojos de Senku estaban levemente entrecerrados, pero allí no había angustia, no había una maldita lágrima ni ojos vidriosos, no había pena. Sabía que Senku era frío, calculador, y que tenía un lado rastrero para aprovecharse de oportunidades, pero jamás había pensado que podía llegar a hacer algo así, y claro que sin avisarle antes. No sólo le había clavado un cuchillo en el corazón a Stan, sino también a ella. Y a Xeno, que lucía una cara contorsionada por el horror y la incredulidad... y también a Tsukasa, a Suika, a Luna, a François... a todos los que se preocuparon y la acompañaron en su pérdida.
Quería alcanzarlo, pegarle, dioses, quería desfigurarle la cara y hacerlo sangrar para hacerle pagar la miseria que había causado. Pero Tsukasa no la soltaba, aunque la sangre corría por su brazo mordido, él seguramente seguía obedeciendo su juramento de proteger. Sintió pena por él, no se merecía esa profunda herida que le causó, porque había escupido un pedazo grueso de piel de él, no era un simple mordisco o rasguño, lo había mordido con toda la fuerza de su mandíbula, como una maldita leona, tanto que bromeaba Senku a costa de ella con eso. Pero la sangre le seguía hirviendo por dentro, y no podía detener su furia.
- ¡AGRADECE QUE NO PUEDO ALCANZARTE, SENKU! ¡PORQUE TE GOLPERARÍA HASTA ROMPERTE TODOS TUS HUESOS, Y TENDRÍAS QUE PETRIFICARTE A TI MISMO PARA SALVAR TU MISERABLE VIDA Y VOLVERTE A MOVER!
Lágrimas de impotencia a la par de su ira corrieron por su mejilla, era irónico que ahora sí podía moverse, y al mismo tiempo no podía. Pero para sorpresa de todos, que tenían sus ojos puestos en ella, el sonido potente y seco que atravesó el aire y sacudió a un costado la cabeza de Senku, provino de una fuerte bofetada de Luna. La joven se había acercado a él ya que lo tenía cerca, y por eso nadie se había percatado hasta que el impacto había resonado. Luna tenía los ojos llenos de lágrimas también, y la mandíbula apretada, sus manos temblando de rabia.
- Tenía indicios de que eres alguien que se aprovecha de los demás para sacar tu propio beneficio –Le dijo con voz dolida, luchando para contener sus lágrimas al menos hasta decirle todo– Me negaba a aceptar que habías aceptado ser mi novio sólo para tener más aliados de tu lado, a Carlos, Max, y a mí. Que podías jugar con los sentimientos de los demás para "aumentar las probabilidades de victoria". Pero eso que hiciste conmigo es casi inocente, comparado con lo que le hiciste a Kohaku, a tu amiga. ¿Qué no tienes corazón? ¿No la viste llorar y sufrir todo ese tiempo por perder al bebé? ¿Cómo pudiste hacerles eso?
Finalmente, las lágrimas no pudieron ser contenidas por más tiempo, y soltó las últimas palabras en un sollozo. Se sorbió la nariz para decirle una última cosa.
- Gracias por abrirme los ojos, porque ahora sé que no podría ser jamás la novia de alguien tan rastrero, y desde ahora no cuentes más con mi ayuda, ni la de los míos.
Aunque no tenía dónde ir, le dirigió a Senku una última dura mirada antes de caminar a un costado, y ubicarse simbólicamente a la par de Xeno, dando entender que podía considerarse otra rehén enemiga. Reaccionando luego de la sorpresa, sus fieles guardaespaldas Carlos y Max hicieron lo mismo, y se ubicaron a los lados de ella, apoyando sus manos en los hombros de Luna como apoyo. Todos los ojos se dirigieron a Senku, pero nadie se atrevió a decir palabra ni a favor ni en contra de él, la situación era demasiado difícil e inesperada todavía. El peliverde lo resolvió, suspirando y luego hablando explicándose.
- Xeno ya lo dijo, Stan es invencible, salvo controlándolo con el poder de las medusas, y tuvimos evidencia de eso cuando me disparó, luego con el ataque al Perseo, y con la persecución. La única forma de detenerlo, era con la medusa, y sólo había una forma de atraerlo sin que involucre una batalla, para la cual no estábamos preparados. Mi promesa de restaurar la civilización sin muertes, por nuestra cuenta al menos, sigue en pie, y si tenía que elegir entre jugar sucio para detener a un militar ridículamente hábil, o la posibilidad de que alguno o varios de nosotros muriéramos, no me fue difícil la elección. No, no me arrepiento, si es lo que se preguntan.
- ¿Cómo supiste que Stan sabía del embarazo? –Preguntó Xeno, con la voz tensa.
- Se te escapó a ti, querido maestro –Contestó con una media sonrisa– Dijiste que nadie podría detenerlo con lo peligroso que se había vuelto últimamente, que el "instinto" que lo movilizaba era demasiado fuerte. Y no creo que rescatarte a ti, por más buen amigo y líder que seas, despierte un instinto tan ilógico, por lo que no fue muy difícil atar cabos. Fue una apuesta, y acerté.
- De todas formas, podías haberme usado a mí como el rehén que soy, para atraerlo de la misma forma, no a Kohaku y un hijo por nacer, que tampoco existía ya.
- No, respuesta equivocada. Porque para rescatarte a ti lo impulsaría la venganza y el odio, sería el mejor estratega y él sabía que tenía todas las probabilidades de ganar con su equipo. En cambio, una respuesta emocional y visceral, no se rige por la lógica, sino por el instinto y la desesperación. Ya lo viste, vino corriendo sin mirar a nada ni nadie más alrededor.
- Porque confió en tu palabra de alto al fuego, mocoso –Le gruñó Xeno dando un paso adelante, tan indignado como furioso– Y ahora Stan está consciente, pensando en lo que pasó, sufriendo solo. No se merece eso, cuando él cumplió su parte.
- Como sea, ya está hecho. Ahora, siguiente paso, vamos a necesitarte para eso, Xeno. Vas a comunicarte con tus viejos amigos, y decirle que se queden tranquilos y no muevan un dedo hasta nuevo aviso, y vas a confirmar que Stan está con nosotros, sin necesidad de aclarar su estado, por supuesto.
- No puedes obligarme –Lo fulminó con la mirada.
- ¿No puedo? –Senku le dedicó la mirada más fría y amenazante– No estás en posición de negociar aquí. Y si intentas algo fuera del guión preparado, para revivir a Stan primero vas a tener que volver a unir y pegar sus pedazos, que no puedo prometer que todos queden juntos el mismo lugar.
Xeno quedó boquiabierto, horrorizado. Él se creía cruel por haber dado la orden de jalar el gatillo contra su joven y apreciado alumno, pero ahora el mocoso estaba demostrando un nivel mucho más macabro y frío. Miró de reojo a Kohaku, que seguía dejando caer sus lágrimas y se veía aún más destrozada con todo lo que estaba escuchando. Por Stan y por ella, no podía rebelarse, ellos valían demasiado, y ya habrían sufrido suficiente. Por lo que decidió que el golpe que quería darle a Senku, antes de callarse y seguir con ese maldito plan, no fuera a su cuerpo, sino a su corazón.
- No coincidía en muchas cosas con él, y no lo entendía. Pero estoy seguro que Byakuya estaría muy desilusionado y avergonzado de ti ahora mismo, de haber visto lo bajo que caíste y a todos los que lastimaste por una victoria fácil.
Xeno se dio vuelta, y caminó en dirección al teléfono, seguido por Hyoga. Senku tenía una expresión muy seria, pero sus ojos no vacilaron, y siguió con seguridad a los otros. Tsukasa finalmente aflojó el firme agarre de Kohaku, sintiendo que ella ya no se resistía. Y en su lugar, la contuvo y la abrazó, permitiéndole desahogarse. Ese tierno gesto, y saber que no todos la habían traicionado sino solamente Senku, la hizo volver a sollozar fuertemente, y luego Luna y Chelsea corrieron a su lado, para sumarse también al abrazo consolador. Kohaku se aferró a la capa de Tsukasa, tirando de ella y mojándola con sus lágrimas, mientras sus ojos no podían abandonar la estatua de Stan, que era el único que seguía en un mar de oscuridad y confusión. Cuando un rato después dejó de llorar, y pudo controlar los espasmos de su respiración, miró el brazo ensangrentado de Tsukasa, y lo miró con culpa.
- Perdón... te lastimé feo.
- No te preocupes, es un rasguño –Desestimó, con una triste sonrisa.
- Por poco y te arranco un pedazo, no fue un rasguño... Luna...
- ¡Oh sí, perdón! Ya me ocupo.
- Tú tranquila, ya resolveremos todo esto. No hagas locuras, Kohaku, no quiero tener que lastimarte.
Kohaku asintió brevemente, aunque no era fácil prometer eso. Tsukasa miró a Taiju, y le hizo un gesto para que se acerque y vigile a Kohaku en su lugar. El luchador se alejó, pero para acercarse a Gen, a quién miró con mucha intensidad y seriedad, y apoyó una mano en su hombro para guiarlo a que lo siga. Cuando llegaron a un sitio apartado, le habló.
- Gen, ¿qué piensas de Stanley, y su vínculo con Kohaku?
- Tsukasa-chan... es una respuesta compleja. Por lo que pude observar en mi estadía en el castillo, cambió bastante su "corazón", por así decirlo. Al principio ella era sólo una desafiante rehén, pero siempre la respetó y la cuidó bien, me enteré que le curaba las heridas, le llevaba la comida, y luego hicieron el hábito de comer a solas y juntos. Ella fue la que le enseñó japonés, así como aprendió inglés de él. La llevó a volar un par de veces... en cuanto establecieron más confianza, si te soy sincero, casi siempre los vi llevarse bien. Incluso le cantó y luego le escribió la canción porque ella se lo pidió –Ante eso, Tsukasa alzó las cejas sorprendido, y Gen sonrió con malicia– Sí, parece que detrás de esa fachada dura e implacable, Stanley tiene un corazón blando, como tú.
- Ya veo. ¿Crees que fue auténtico su interés?
- Sí, sin dudas. Stanley es honesto, quizás demasiado. Y también noté celos, que los llevaron a él y Xeno pelearse un poco, por el interés de nuestra dulce Kohaku-chan. Luego me enteré del romance apasionado de los tres, y cuando ella se enteró de la "muerte" de Senku, no sólo ella quedó desilusionada y deprimida por la traición de ellos, sino que nunca los había visto a Stanley tan afectado también. Por eso no dudo que debe tener sentimientos honestos por Kohaku-chan, y por lo que oímos, aceptó su media paternidad con los brazos abiertos.
- Entiendo. Gracias, Gen –Dijo solamente, y se fue.
La tarde fue una de las más silenciosas y tensas en mucho tiempo, mientras todos estaban con la misma duda de cómo continuar. Senku le había pedido a Kaseki que siguiera haciendo medusas, y él se había dedicado a ayudarlo, junto a un titubeante Chrome, que no dejaba de mirar hacia fuera de la cabaña. Kohaku se había negado a moverse del lado de la estatua, abrazándose las rodillas con los ojos tristes, y tampoco aceptó la comida de que ofreció François. No dejaba de pensar cómo seguiría aquello, y seguía sin perdonar a Senku, ni pensaba dejar las cosas así. Ya de madrugada, no lo soportó más, y se puso de pie con entereza: Iba a revivir a Stan. No le importaba si tenía que enfrentarse a todos, pero no podía seguir más con esa injusticia, y necesitaba sacar a Stan de ese castigo solitario.
Se escabulló sigilosamente, y se dirigió a donde sabía que estaban las reservas del líquido petrificador. Pero antes de que pudiera llegar al lugar, una alta sombra apareció detrás de ella. Era Hyoga, y a pesar de la oscuridad y su máscara, podían verse sus finos ojos cerúleos afilados y serios.
- ¿Qué, vas a delatarme?
- Me guío por la justicia –Dijo brevemente, e hizo luego un breve silencio– Y no me pareció justo lo que hizo Senku para atrapar a Stanley.
Metió la mano dentro de su capa, y sacó una botella de líquido de resurrección, que se la lanzó a Kohaku.
- Es todo lo que voy a hacer en contra de mis aliados. Revívelo si es lo que quieres.
- Hyoga... gracias –Murmuró sorprendida, no se esperaba eso de él. Aunque nunca había podido decir que era el aliado más fiel, como Tsukasa.
- Yo te cubro, ve.
A Kohaku le pareció ver una sonrisa, aunque la máscara impedía corroborarlo. Asintió, agradecida, y volvió sigilosamente sobre sus pasos, con Hyoga detrás. Pero nuevamente, había sido demasiado inocente si pensaba que sus amigos iban a dejar la estatua de Stan sin vigilancia.
- ¿A dónde pretenden ir con eso? –La profunda voz de Tsukasa resonó frente a ellos, saliendo de detrás de un grueso árbol.
- Voy a revivir a Stan. ¿Vas a detenerme?
Sin dudarlo, a tan poco de lograr su cometido, Kohaku desenvainó la espada, y Hyoga preparó su lanza, a la par de ella. Tsukasa los observa muy serio, en silencio, sin hacer un amague de lucha, y estaba desarmado. En su lugar, habló con serenidad.
- ¿Por qué quieres hacerlo, Kohaku?
- Porque Stan no se lo merece. Ya lo viste, cumplió su palabra, vino solo, sin armadura. Tenía la intención de negociar, sólo para verme a mí, creyendo que todavía estaba embarazada, para proteger a su hijo. Tú no viste la mirada en sus ojos, parecía hasta feliz con la noticia, fue demasiado cruel cómo lo engañaron. No puedo dejarlo así, los pocos segundos que estuve petrificada me aterraron, él estuvo todo el día solo con sus pensamientos.
- Senku le había ofrecido "quedarse" con ella como intercambio de rehenes, y él había aceptado esa condición. Eso solamente podía bastar, temporalmente –Intercedió Hyoga– Pero usó una mentira que lo afectaba personalmente, eso no fue justo. Ciertamente fue eficiente, pero cuestionable.
- Deja que las tablas vuelvan a emparejarse, Tsukasa –Dijo Kohaku– Una persona como tú tampoco podría estar tranquila y satisfecha con el resultado, bajo esas condiciones. No eres Senku.
- Kohaku, ¿piensas enfrentarte a mí para lograrlo? –Preguntó, su tono más grave y amenazante.
- Sí, si fuera necesario –Se puso en posición de ataque, nerviosa por dentro.
- Sabes que no tienes la más mínima oportunidad, sólo vas a terminar muy lastimada.
- No me importa si me rompes todos los huesos, me arrastraré hasta Stan por el suelo y lo reviviré. Ya lo decidí, y lo voy a hacer. Ahora, basta de charla. O te apartas, o luchas conmigo.
- ¿Por qué lo defiendes tanto? Sabes que es nuestro enemigo. Nos persiguió para recuperar a su líder, y cobrarse la venganza con todos. Senku tenía razón en que podríamos haber muerto todos.
- Porque... –se tocó el vientre, que ya estaba vacío, pero recordando las últimas palabras de Stan– Porque lo conozco mejor que ustedes. No es un asesino despiadado, aunque sí sigue órdenes, es su trabajo como guerrero. Necesito hablar con él, y aunque no perdono a Senku, tampoco quiero que ustedes sufran o mueran. Voy a buscar la forma de detenerlo, de hacer funcionar esa alianza, por el bien de todos, más allá de intereses personales.
Tsukasa la observó en silencio, un eterno minuto, los dos midiéndose, los ojos refulgentes y amenazantes de los dos leones enfrentados. Hasta que respiró profundamente, y habló.
- Yo prometí protegerlos, esa fue mi condición para aceptarme a mí mismo merecedor del reino de la ciencia de Senku. Dejarte ir sería poner en peligro a todos, Stan no se quedará de brazos cruzados –se paró más derecho, imponente– Pero si esto es "ganar", no quiero esta victoria, no así, como dices. Hazlo, revívelo. Me haré cargo, y defenderé a todos de ser necesario, si no tienes éxito tú en convencerlo. –Miró a su colega luchador– ¿Hyoga?
- Al dejarlos ir, estaríamos cumpliendo con la palabra que le había dado Senku a Stanley, ¿no es cierto? Dejarte ir con él, como una rehén voluntaria, si tú ya estabas de acuerdo, me parece justo. Pero deberíamos llevarlo más adentro en el bosque, para que nadie lo oiga, no sabemos cómo va a reaccionar, o si va a luchar contra nosotros.
Kohaku asintió, y dejó que Tsukasa cargara la estatua, luego de ir a buscar su espadón. Estaba infinitamente agradecida con ellos, y le aliviaba mucho no tener que luchar o tenerlos de enemigos aún después de su "traicionera" decisión. Parecía que ella también era parte de ese grupo ahora. Xeno quedaría atrás, pero temporalmente, y no dudaba que estaría de acuerdo y satisfecho. Cuando estuvieron a una distancia prudente, Kohaku abrazó la estatua, y Tsukasa le echó el líquido. Una intensa luz brilló dentro de las grietas que se hicieron, y los pedazos de piedra cayeron a un lado.
Los hombres se prepararon para luchar, pero Stan dejó caer sus brazos al costado, y bajó la mirada para notar a Kohaku abrazándolo fuertemente. Los ojos de la rubia buscaron los de él, y cuando pasaron varios segundos de que no hizo ni dijo nada, aunque parecía perdido en sus pensamientos, se preocupó y le acarició el rostro. Ahí reaccionó, con un estremecimiento, y la miró, sus ojos eran una tormenta de angustia.
- Stan... Perdón. Te juro que no sabía nada, nadie sabía nada. No puedo creer lo que hizo Senku contigo, y conmigo, cómo se aprovechó de algo así.
- Entonces –Su voz salió débil– ¿Es verdad que ya no hay bebé?
- Sí, lo perdí.
- Ya veo.
Bajó la mirada de sus ojos azules al piso, sin decir más nada, pero se podía leer la tristeza en sus ojos. Lentamente, le devolvió el abrazo, pero suave. Luego miró hacia arriba, a los dos luchadores, y sus ojos se encontraron con los del alto y fuerte guerrero de pelo largo.
- Stanley, vuelve al barco con Kohaku, como habían acordado con Senku en un principio, tienen una difícil conversación por delante. La intención de nuestro equipo sigue siendo negociar, como dice Kohaku, no estábamos al tanto de lo que Senku habló contigo, ni aprobamos su decisión. No lucharemos a menos que sea necesario, y Xeno seguirá con nosotros, te aseguro que está bien cuidado. Lo mejor sería mañana volver a reunirnos, y terminar esto de una vez por todas, para bien o para mal.
- Seguro que tu equipo de élite está bien entrenado y armado –Agregó Hyoga– pero ya ves que contamos con dispositivos petrificadores, estamos mano a mano ahora. Y en el peor de los casos, podemos petrificarlo absolutamente todo, porque nosotros sí tenemos un método y una estrategia para revivir, a diferencia de ustedes.
- ¿Les parece prudente contarme su estrategia? –Preguntó Stan, muy serio.
- Si eres inteligente y entiendes lo que implica nuestra ventaja, quizás te inclines a considerar esa tregua –Contestó Tsukasa– Por el bien de todos. Esto ya trasciende motivos o elecciones personales.
Stan asintió en silencio, y se puso de pie, sin dejar de mirarlo desafiante a los ojos. Extendió una mano hacia adelante, que Tsukasa tomó y sacudió brevemente. Aunque no le cayeran bien esos mocosos, y comenzara por dentro a sentir unas ardientes ansias de venganza, no iba a ignorar que al menos los que reconocía como los guerreros más fuertes lo revivieron a escondidas, aunque fuera por pedido de Kohaku, y eso era justo agradecerlo. Sin decir una palabra más, tomó de la mano a la joven, y se dio vuelta para emprender el camino de regreso al barco.
No hablaron en todo el trayecto, Kohaku no se animaba a romper el silencio, y él no podía terminar de manejar la mezcla de furia y tristeza que sentía. Llegaron al bote que había quedado en la orilla, y remaron hasta el Perseo, donde las sorprendidas voces de los estadounidenses se oyeron, sin entender qué estaba sucediendo. Stan no quiso dar explicaciones, y fue Charlotte la que los silenció a todos con un gesto autoritario como la segunda al mando cuando vio los tormentosos ojos de su admirado capitán, sospechaba que algo malo había ocurrido, los ojos de Kohaku seguían hinchados de todo lo que había llorado. Sin soltar la mano de la joven, Stan dio una única orden.
- Nadie tiene permitido entrar ni interrumpirme en mi camarote, sin excepciones. ¿Entendido?
Todos asintieron al unísono, y el silencio volvió a reinar, al menos hasta que su capitán se perdió de vista. Cuando entraron al camarote, Kohaku sintió nostalgia al volver a encontrarse dentro del Perseo, aunque a la vez le parecía extraño y ajeno en ese momento. Stan se quitó el cinto que cargaba el cuchillo, y se quitó los guantes, arrojándolos a un costado. Se pasó una mano por el pelo, y suspiró profundamente. La rubia estaba parada quieta, a pesar de volver a estar tranquilos y solos, no sabía qué decir, ni qué estaría pensando Stan en ese momento, en especial luego de las palabras de Tsukasa y Hyoga.
- Cuéntame todo lo que sucedió desde la última vez que nos vimos, Kohaku, todo.
Ella asintió, y se sentó en la cama para estar más cómoda. No era como los esponjosos colchones del castillo, pero era mil veces más cómodo que dormir en el suelo. Stan quedó de pie frente a ella, estaba demasiado nervioso como para sentarse, necesitaba moverse, y sabía que no sería agradable lo que iba a oír. Kohaku empezó a hablar, y le contó del escape del castillo, luego cómo se enteró del embarazo hasta que lo confirmaron con esos métodos primitivos que Luna sugirió, incluso le contó de las conversaciones que tuvo con Xeno al respecto, todas, y no omitió que hicieron las paces y que se besaron. Le contó cómo lo perdió, desde haber desoído las protestas de Xeno por sus sobre-esfuerzos numerosas veces, y el suceso en que salvó la vida de Suika, que fue seguramente lo que provocó el aborto natural más adelante. Le contó de los dispositivos, del quiebre de Xeno y cómo no pudieron petrificarla y curarla entonces, pero que luego de los análisis y cientos de intentos, volvieron a activarlas, omitiendo que cuando él apareció sólo habían logrado activar una.
También le contó lo que sabían del Whyman, y el motivo por el cual una alianza estaba por encima de cualquier preferencia o situación personal individual. Cuando terminó de contarle todo, Stan tenía una expresión desolada, y se sentó en la cama también, en silencio por un buen rato. Era mucho para procesar, y le resultó especialmente duro oír lo que ella había sufrido por la pérdida. Pero había que seguir adelante, todos tenían que hacerlo.
- ¿Ese Senku es el gran y admirado líder del que hablabas?
- En su momento sí, pero nunca había hecho algo como esto, Stan.
- ¿Pretendes que negocie y haga una tregua o alianza, con alguien que usó a un bebé para sacar ventaja y ganar fácilmente sin pelear? Y lo que es peor, un bebé que ya no existe hace al menos dos meses. Podría entenderlo si siguieras embarazada, que esa fuera su retorcida carta de negociación. Y sin dudas la aceptaría, Kohaku, no me importaría más nada, ni siquiera mi orgullo. Recuperar a Xeno, a ti, y a nuestro hijo, fue lo único que pensé todo este tiempo. No me importa lo demás, yo no quiero gobernar el mundo, no me interesa ese tipo de sueños de grandeza. Sólo lo hacía para apoyar y seguir a Xeno, que sí le parecía muy importante continuar con su sueño, y no había otra cosa que hacer, además que eso garantizaría también nuestra vida y seguridad.
- Stan... –No sabía cómo se sentía él con respecto al embarazo, pero parecía haberlo aceptado con los brazos abiertos, más que ella misma. Aunque ya era demasiado tarde– ¿Querías... al bebé? ¿No lo odiaste, que se diera de esa forma?
- ¿Odiarlo? Si hasta tuve mucho tiempo para imaginarme cargándolo en mis brazos y haciendo una nueva vida lejos de todo esto, para mantenerlo a salvo –confesó, exasperado, con una risa nerviosa tremolando su voz.
Kohaku inspiró bruscamente, sin poder creer lo que había oído.
- ¿Tanto así lo aceptaste y lo querías? ¿No te sentiste obligado... atado?
- No era mi idea embarazarte, no era que quisiera que se dieran así las cosas, de esta forma, y con tan poco. Pero tampoco sentí la necesidad de "ir a comprar cigarrillos" –sonrió a medias, por un chiste que Kohaku no iba a entender– No te miento cuando te digo que estaba dispuesto a abandonarlo todo, y probar de hacer funcionar lo nuestro con tal de cuidar de ese hijo, y no sólo por obligación. Maldición, con el potencial que teníamos para estar juntos, ni siquiera creo que hubiera sido un esfuerzo "hacerlo funcionar". No me importaba si el bebé era de Xeno o mío, ni si hubiera tenido que compartir la paternidad con él.
Hizo una breve pausa, observando que Kohaku lo miraba ligeramente boquiabierta, en silencio. No sabía si servía de algo decirle todo aquello, o si eso sólo hundiría el dedo en la llaga y la lastimaría más, no quería ni pensarlo. Todavía le quedaba responder una pregunta, pero iba a sincerarse, tenía que sacarse todo de adentro para poder seguir adelante.
- ¿Y atado? En todo caso me siento un cobarde, de usar a un bebé como pretexto para cambiar de vida. Aunque en realidad, fue conocerte lo único que plantó la idea en mi cabeza de querer cambiar de vida, podría dejar todo y a todos atrás sin lamentarlo. Tenías que ser tan perfecta, desafiante, sincera y hermosa. Sólo una grieta bastó para romperme, como con la piedra que nos trajo a este nuevo mundo. –Hizo una breve pausa, dándose cuenta de algo– Qué apropiado, fuiste como el propio fluido de resurrección para mí. Y para Xeno. Hace años que no lo veía sonreír o mirar cálido a alguien, interesarse por alguien más, cuestionarse por alguien más. Secuestrarte y traerte al castillo terminó siendo nuestra maldición... o nuestra salvación, depende el ojo con el que se mire. Cualquiera sea la verdad, no hay vuelta atrás, ni quisiera que la hubiera.
- ¿Hubieras... dejado atrás a Xeno? –Iba a agregar "por mí", pero estaba implícito, y era mucho para aceptar. Todas sus palabras fueron hermosas, pero eso le impresionó mucho.
- No me hagas confirmarlo en voz alta, Kohaku –le dijo, con una media sonrisa llena de pena, aunque sus ojos lucían intensos, turbios– Porque entonces sería real, y posible. Y yo no me desdigo de mis palabras, nunca. Pero ya no tiene sentido, eso lo había pensado fugazmente en un rapto de pasión y libertad, antes de que te enteraras la verdad, antes de lastimarte, y que nos odies. Tampoco tú estás atada a ninguno de nosotros ahora, ni tienes que cargar por el resto de tu vida con algo que no querías, como parece que te sentías. Tal vez sea para mejor, olvida los desvaríos de un soldado que le dio por soñar unos minutos, no quiero lastimarte más.
Eso le comprimió el corazón. Stan no tenía idea de lo que ella sentía, seguía pensando que lo odiaba, sin retorno. Y aunque el aceptar o no al bebé era algo que todavía le conflictuaba, no podía negar la amargura y tristeza que le produjo perderlo, por extraño que pareciera. Xeno ya lo sabía, todo eso, así como de los sentimientos que compartían, aunque todavía fueran una pequeña semilla que comenzara a germinar. Stan no, seguía creyendo que ella no concebía ningún futuro con él, que no podía esperar para deshacerse de él.
- ¿Y pensarías lo mismo si te dijera que...?
Se detuvo, a tiempo. No, no tenía idea de lo que iba a pasar a continuación, ¿para qué lastimarlo más? ¿Para qué darle esperanzas, que no sabía si iba a cumplir? No por ella, pero la situación ahora era tan compleja, ella particularmente estaba atada de pies y manos, sin saber qué hacer con sus amigos, por un lado, y con Stan y Xeno por el otro. Pero Stan la oyó perfectamente, y la miró muy fijo, con un leve ceño marcado entre sus cejas, y habló bajo y pausado.
- ¿Si dijeras qué, Kohaku?
Oh, dioses. Ahí estaba, lo que quería evitar, aunque demasiado tarde se había dado cuenta de callarlo. Podía ver claramente, en los translúcidos ojos zafiro que hablaban por sí solos, ese mínimo rayito de luz que su corazón se había negado a rechazar, la esperanza. A pesar de todo, y de lo que sucediera, sus sentimientos eran ya innegables, y quería actuar acorde a ellos. Era hora de poder hablar por ella misma, y no de ponerse en segundo lugar, siguiendo los planes de los demás. De hecho, eso iba a ser lo más difícil, y lo que tenía por delante, decidir qué iba a hacer con su vida, a quiénes iba a seguir, o si había alguna forma de que todavía pudieran continuar juntos. Respiró profundamente, ordenando sus pensamientos.
- Hay varias cosas, pero si te soy sincera, tampoco las tengo claras, y el futuro incierto de lo que se viene mañana no me ayuda a darte una respuesta concreta. ¿Quieres escucharlo igual, lo que estuve pensando y sintiendo estos meses?
- Sí, claro –Asintió, seguro, pero mirándola con cautela.
- Para empezar, no te odio. Te lo dije cuando te despediste de mí en el castillo, Stan. O más bien te dije que no podía odiarte del todo, porque sentía cosas por ti, y de alguna forma todo lo que pasó, todo lo que fuiste conmigo, fue más sincero e importante que el dolor que me causó el haberme ocultado la verdad. Y cuando me enteré del embarazo... –bajó la mirada, los ojos de Stan la estaban perforando– aunque al principio lo detesté y estuve pensando las peores cosas posibles, luego cambió un poco. No puedo decir con honestidad que lo deseaba y anhelaba tenerlo, pero cuando Chelsea por su cuenta, y luego Xeno forzado por ella, me tocaron el abdomen... como que otra sensación no tan fea apareció. Luego hablamos con Xeno, y él me dijo que iba a apoyarme y acompañarme siempre, sea su hijo o no, y que se sentía parecido a mí... sin esperar ese hijo, pero tampoco ya rechazándolo... como tú.
Hizo una breve pausa, en la que se atrevió a volver a mirarlo. Bajó inmediatamente los ojos, no, sus tormentosas emociones ante esas palabras podían leerse demasiado claro.
- Sí, así como siento cosas por ti, también las siento por él, aunque son distintos, no puedo ponerlos en una balanza. Quería que supieras del embarazo, necesitaba escuchar qué ibas a hacer con eso, si mantenerte cerca, o alejarte. Creo que entiendes que estoy diciendo que yo quería que te quedaras cerca, aunque no tenía idea cómo iba a funcionar eso. Y no por obligación, no como una carga, sino... porque lo harías igual, aunque yo no estuviera embarazada. Eso me atormentó, ese fue el motivo de mi furia hacia ti, hacia los dos, pensar que sólo fui una diversión para ustedes, y que por eso no merecía ni la verdad. Y tener un hijo de alguno de ustedes bajo esas condiciones, parecía más una maldición.
- Kohaku... –Susurró casi sin voz, pero se calló. Le tomó la mano, y asintió para indicarle que continuara. Su corazón empezaba a latir tan fuerte que el bombeo hasta en sus oídos empezaba a rivalizar con la suave y baja voz de ella.
- Pero luego lo perdí. Y hasta que atravesé y acepté gran parte de ese momento, para dejarlo atrás y continuar con mi vida y la misión, me sentí tan aliviada como triste, y además de otros horribles pensamientos... me preocupaba que Xeno dijera "bueno, ya no hay nada más que hacer, y tampoco entre nosotros". Yo ni sabía que ya estabas al tanto del embarazo, por lo cual no había daño ni lamento para ti. Y a diferencia de Xeno, sabía más de tus sentimientos, por lo que me dijiste en nuestras últimas dos conversaciones.
Con duda, extendió una mano hacia el traje de Stan, pero no para tocarlo, sino para bajarle el cierre del traje. Él se sorprendió ante eso, sin entender el motivo por el cual repentinamente lo estaba "desnudando". Pero la apertura del cierre se detuvo apenas ella llegó al principio de su abdomen, y miró con atención.
- Ya no tienes la cicatriz del corte de cuando quise acuchillarte –Murmuró, aunque luego sacudió la cabeza– Perdón, es obvio... era una herida superficial, pasaron más de tres meses, y te petrificaron, no iba a quedarte ninguna marca.
Se hizo un silencio entre ambos, en el que Stan sonrió con amargura.
- Eres mala, Kohaku.
- ¿Eh? ¿Por qué? –Preguntó, parpadeando confusa.
- ¿Querías ver una cicatriz imborrable en mí? ¿Querías marcarme para siempre para que no olvide lo que pasó? Ni con la traición, ni contigo.
- No, no es eso –Explicó rápidamente, avergonzada– Más bien me preocupaba que te quedara una cicatriz.
- No todas las cicatrices de la vida son visibles, créeme –Le contestó con una mueca. Y luego la miró, bajando la vista hacia el vientre de ella– Ni a todas, las cura ese dispositivo que te reinicia la vida. Tampoco puede regenerar algo que ya no tienes.
Kohaku presintió que las palabras de Stan escondían un doble sentido. Por un lado, su intuición le decía que hablaba de su pasado, por el otro, captó la mirada de él hacia su abdomen. Pero Stan parecía tener algo más en mente, y bajó la mirada por primera vez en varios minutos.
- Sabes, hay un término de la ciencia de la mente, referido a un trastorno mental y médico, que se llama "Dolor del miembro fantasma". Mucha gente a la que tuvieron que amputarle un miembro, es decir, un brazo, una pierna, o también un órgano, eventualmente tiene sensaciones, así como dolores, en esa parte del cuerpo que ya no existe. Dirás que no tiene sentido, pero es así. –La miró para decirle lo siguiente– ¿Recuerdas cuando me dijiste que no yo no tenía corazón?
- Sí... pero no es verdad eso, lo dije porque...
- Uno incluso puede tener recuerdos de cuando tenía ese miembro u órgano –La interrumpió, y siguió hablando– Y el dolor se produce cuando lo que fue quitado, estaba lastimado, contraído o algo así, y el cerebro se queda con esa información, y reproduce aquella puntada del dolor. Es malditamente horrible, porque sabes que allí no hay nada, y sin embargo no puedes detener ese dolor. Y es curioso, pero una de las curas que tiene en el caso de los miembros, más allá de infinitas medicinas para sedarte y calmar el dolor, es la de ponerte frente un espejo, y que veas tu otra parte sana, y tu cerebro lo reconozca como si fuese la que ya no está. La cambias de posición, o lo que sea que necesites para que te liberes de esa última impresión mental que te atormenta.
Stan se miró el pecho expuesto, y apoyó su mano allí. Luego de un rato, hizo una respiración profunda y completa, para murmurar:
- Qué lástima que no haya un espejo para esto.
La garganta de Kohaku se cerró ante ese comentario. Nada más lejos, que Stan siguiera pensando que no tenía corazón, aunque más bien le había dicho que se lo había quedado ella, frase que nunca había podido olvidar. Eso le dio una idea, que de pronto le iluminó lo ojos. Mirándolo a la cara, tomó el vestido por la parte de la falda, y lo subió para quitárselo, ante la mirada atónita de Stan. Sin decirle nada, ni quitarle la mirada de encima, le tomó la mano que había estado apoyada sobre su pecho, para llevarlo hasta el de ella, y apoyarla donde estaría su propio corazón, cuyo latido se podía percibir fuertemente. Luego la regresó a donde estaba antes, y en su lugar Kohaku usó la misma mano que él, entendiendo lo del espejo, para apoyarla en el corazón de ella. Los ojos de Stan se abrieron más, mirándola con una combinación de emoción y cautela, empezando a entender lo que se proponía. Y para terminar aquel "ritual", porque lo entendía así, tiró suavemente de la mano de él hasta extenderla, y acercó la suya para que sus palmas y dedos se toquen, como para también conectar y "pasarle" el corazón.
- ¿Te sirve esto como el espejo, para que recuperes tu corazón? Si mal no recuerdo, me dijiste que yo me quedé con el tuyo... así que te lo estoy devolviendo.
Stan entreabrió sus labios, pero no salieron palabras, sino unas respiraciones más aceleradas. Su expresión denotaba un poco de angustia. Manteniendo el simbolismo, el soldado negó con la cabeza, y movió su mano hacia Kohaku, para apoyarla contra el corazón de ella. Luego sonrió mínimamente.
- Gracias por el ofrecimiento, pero no, no lo quiero –Ante la mirada contrariada de ella, que se disponía a replicar, continuó– No funciona tu cura, porque tú no me lo quitaste. Más allá de que creo que hace tiempo ya no lo tenía, o que iba y venía a su capricho... Te lo quedaste, porque yo te lo di, o al menos lo dejé ir.
- Stan... –él le había vuelto a bajar la mirada y quitó su mano del pecho de ella, dejando una fría ausencia, aunque su mínima sonrisa no abandonaba sus labios todavía.
- Si es que todavía lo tienes, y no lo pierdes o desechas en el camino, estará más seguro contigo. Yo sólo lo marchitaría.
Kohaku se quedó muda y muy quieta, mientras la imagen completa de un Stan roto y vulnerable terminó de tomar forma frente a ella en los siguientes segundos. Tenía que haber algo más de fondo para que diera esa sentencia, ella sola no pudo haberle hecho eso, pero quizás había sido la gota que rebalsó, además de lo mucho que le afectó toda la situación del breve embarazo y cómo Senku usó eso como una cruel trampa para atraparlo. Stan siempre había sido tan directo, ¿por qué de pronto no la miraba? Si ella le había dicho que lo quería cerca, que albergaba sentimientos por él, y el soldado le había confirmado que le seguía dejando su corazón, entonces, ¿por qué no la miraba, y por primera vez tenía una expresión de derrota grabada en sus ojos, en su rostro? Parecía que el que se había marchitado súbitamente, era él, luego de decir aquello.
- Stan –repitió, pero él no reaccionó.
Seguía con esa mirada ausente, opaca, y podía sentir que él había perdido parte de su energía, le daba la impresión de que si lo tocaba lo iba a terminar de romper. Pero tenía que hacerlo, y si se rompía, ella juntaría los pedacitos y los volvería a unir, se sentía mal de ser ella quién lo había llevado a ese punto, o al menos uno de los desencadenantes. Se acercó hacia él lentamente, y cuando estuvo cerca le tocó la cara, y pasó su dedo por el mechón que colgaba en su frente. Tampoco la miró ante eso, aunque Kohaku podía jurar que vio algo en sus ojos agitarse. Bajó su mano por el rostro de él, luego por su cuello, y rozó su pecho para que sus dedos volvieran a encerrarse en el cierre de su traje. Lo bajó un poco más, hasta el abdomen de él, y tampoco logró ni que se estremeciera. No quería desnudarlo, pero necesitaba exponer el pecho de él para llevar adelante la idea que comenzaba a formarse en su mente, tal vez sería la única forma de "volverlo a la luz".
Podía ya hacerlo, así como estaban, pero para estar en igualdad de condiciones, podía hacer algo para que sea simbólicamente más fuerte, y tal vez al menos captar su curiosidad o sorpresa. Lentamente, se quitó el sostén, y al fin pudo observar que Stan sin mirarla directamente había fruncido ligeramente el ceño, seguramente preguntándose por qué demonios se estaba desnudando ella y en parte a él, no podían estar más lejos de una situación de deseo. Kohaku se acercó más, se puso frente a él de forma tal de alinear su pecho con el de él, recortó la distancia para que sus cálidos cuerpos conecten allí, y lo abrazó. Eso volvió a llamar la atención de Stan, porque Kohaku sólo se quedó así, sin decir ni hacer más nada, tampoco buscó mirarlo.
Un leve estremecimiento recorrió de pies a cabeza el cuerpo del soldado, producto de la emoción que se abrió paso en él al sentirla. ¿Quería devolverle aquel abrazo? Con todo su ser, pero si lo hacía, no habría vuelta atrás en dejarla ir, esta vez era seguro. No podía abrazarla, aceptar su corazón y su alma, y luego hacerse a un costado, por el motivo que fuere. Y eso, podía significar enfrentar sus propios demonios, tal vez sus valores y principios, o que implique luchar hasta la muerte, la de él o la de su enemigo. Y en la situación que se avecinaba, sus enemigos no eran compartidos con ella, más bien eran sus preciados amigos, o al menos la mayoría. ¿Su orgullo, y perder a Kohaku? ¿O elegir a Kohaku, y resignar su venganza por el bien de la mayoría? No podía verlo claro, no podía decidir. Interrumpiendo el silencio reinante, la oyó hablar con voz suave, buscando sus ojos.
- Si quieres que así sea, entonces lo cuidaré. Pero solamente lo haré si prometes quedarte cerca para que puedas sentirlo tú también, como ahora –De pronto sonrió– Oh, mira, dijiste que "va y vuelve a su capricho", ¿no? Pues lo estoy sintiendo fuerte en tu cuerpo, a la par del mío. Ahí está, ¿lo sientes?
Kohaku liberó una mano del abrazo, para apoyarla en el pecho de él, donde sentía el corazón retumbar. Acarició con suma suavidad esa zona, y luego se acomodó más bajo en el regazo de él para apoyar su oído ahí, abrazándolo fuerte otra vez.
- Porque yo sí, puedo sentirlo claramente, Stan. Pero no puedo, ni quiero, ocuparme de un corazón que no es mío, y que no lo voy a sentir latir, así como ahora. No es un trofeo, ni es mi responsabilidad, y vaya que ya tengo suficiente con el mío, que tampoco puedo entender ni controlar desde que mi vida se cruzó con la de ustedes.
Stan se sintió completamente arrebatado con las palabras de Kohaku. No sólo porque le estaba diciendo con palabras y con su cuerpo que quería que estén juntos, aun cuando ya nada los obligaba, sino porque había dado una respuesta contundente y madura al respecto de la metáfora del corazón. Él no estaba siendo ambiguo con sus sentimientos, para nada, sólo que no podía obligarla a elegirlo a él por encima de sus amigos, así como todavía él no estaba convencido de perdonar al líder enemigo, internamente a él lo quería ver muerto. Pero no podía mentirle a ella tampoco, y negar que su corazón martillaba como si verdaderamente quisiera salirse, y pasarse al cuerpo de ella. Varios segundos continuaron en silencio, mientras él les daba vueltas a esos pensamientos en su cabeza.
- ¿Y bien? –Le preguntó Kohaku, al fin pudiendo conectar con sus ojos zafiro– Stan, si no tengo esa respuesta, no puedo pensar qué haremos a continuación con lo demás, cómo terminará todo esto. Sólo te estoy preguntando qué quieres hacer con respecto a nosotros, y desde allí tendremos que buscar la respuesta a lo demás. ¿No dijiste que por un momento pensaste en abandonarlo todo y hacer una nueva vida?
- Sí, lo dije –Afirmó él, serio.
- Ahí pensaste en lo que tú querías, algo así necesito ahora de ti. Sólo quiero saber si "libero" tu corazón, y seguimos adelante cada uno por su lado, o si lo hacemos juntos.
Stan respiró profundamente, observando esos apasionados y sinceros ojos aguamarina con mucha intensidad. Tuvo que parpadear, porque sintió como cuando la luz del sol era demasiado fuerte para los ojos. Lo que él no sabía, ya que no podía verse, era que sus propios ojos se habían vuelto a iluminar también, gracias a los de ella. Tragó duro, antes de hablar.
- Eres la única persona en el mundo con tanto poder como para ponerme entre la espada y la pared sin que le tiemble la mano, y desarmada –La rodeó con sus brazos, y rozó su espalda desnuda con sus dedos– Hay algo que no sabes, porque te lo susurré mientras habitabas tus dulces sueños, pero como dije antes, nunca me desdigo de mis palabras, ni las olvido, cada una es como un juramento a mí mismo, por eso tampoco hablo tanto. Te dije que, si escapabas de nosotros, de mí, debías esconderte como si tu vida dependiera de eso. Porque si te encontraba, no pensaba volverte a dejar ir –Acercó sus labios al oído de ella, apenas alcanzando a verse de reojo– Y, oh vaya, te encontré.
A Kohaku la recorrió un agradable estremecimiento ante eso y jadeó, oyendo la determinación y la pasión contenida en cada una de esas palabras. Esa fue suficiente respuesta, mucho más que un simple "sí" titubeante que pensaba sonsacarle. No se contuvo más, y recortó la distancia entre ambos para besarlo, presionando sus labios contra los de él con tanta fuerza hasta prácticamente sentir el tope de los huesos debajo de sus rostros. Luego de unos intensos segundos así, Stan se alejó sólo un poco, para volver a la carga con otro apasionado beso, reclamando los suaves labios de la joven con fiereza, succionando y tirando de ellos como si con eso pudieran aspirarse y fundirse. Dejaron que sus lenguas se demanden mutuamente, incluso eran desesperados y torpes de tanta urgencia y necesidad.
Stan la abrazó fuerte, nunca antes había podido hacerlo así porque cuando estaban en el castillo ella estaba lastimada de un lado de sus costillas, pero ya había sanado completamente, y más con la breve petrificación. Desde los hombros hasta las caderas, la recorrió con una de sus manos en una larga caricia, y Kohaku soltó un gemido dentro de su boca. Pensaba que nunca volvería a escuchar tan divino sonido, y calor abrasador subió por él, renovando su contacto apasionado. Ella se trepó a su regazo, también sus manos presionando y recorriendo con más fuerza de la necesaria el cuerpo expuesto de él, ya había estado encantada por sentir el más que agradable calor de sus torsos juntos. Cuando se presionó su entrepierna más contra él, fue que Stan pareció volver a la realidad, e interrumpió el beso y las caricias súbitamente, alarmado.
- ¿Qué pasa? –Preguntó ella, jadeante.
- No puedo creer que sea yo el que diga esto, pero no, no podemos seguir, Kohaku.
- ¿Por qué? –Protestó, sin rendirse, buscando otra vez los labios de él, y alcanzó a besarlo otra vez, aunque él intentó hablar torpemente a través del beso, como si le costara horrores rechazarlo.
- Porque ya nos conozco, y no vamos a tardar en llegar a algo que no podemos volver a repetir –y agregó después con una sonrisa burlona, mientras ella colaba las manos por debajo de su traje– ¿Ves?
- Pero no tenemos que llegar a eso, y quiero sentirte –Insistió, ya entregada a su pasión que había vuelto a resurgir después de tantos meses, Stan tenía ese poder sobre ella.
- Fácil decirlo, mi princesa –Negó con la cabeza, mientras los labios de Kohaku dejaban su huella caliente en su cuello, lo que le hizo entrecerrar los ojos de gusto. Las manos de ella serpenteaban también por su cuerpo, por lo que la tuvo que detener agarrándola de ambas muñecas, y alejándolas de su cuerpo– No, no podemos, será para mejor.
- ¡¿Tienes idea la miseria en la que me sentí estos meses?! –De pronto estalló, con un tono mucho más angustiado, su ánimo cambiando repentinamente– ¿No puedes concederme unos minutos de sentirme bien, de sentirnos ambos bien y juntos, como queremos estar? ¡No puedes decirme esas palabras bonitas, y luego rechazarme! Sólo contigo me siento así, Stan, esa vez contigo fue la última vez que alguien me tocó de esa forma, que me hace olvidar de toda la maldita realidad.
Luego del exabrupto sincero de Kohaku, los dos se quedaron en silencio, y el soldado le soltó las manos. La rubia abandonó su impulso apasionado, y dejó caer unas lágrimas de frustración, mirando al costado. Stan estaba sin palabras, era una lucha interna consigo mismo aquel momento. Por supuesto que no quería rechazarla, menos aún después de ambos haber declarado que querían seguir juntos en medio de todo ese caos, y verla medio desnuda no ayudaba. Cuando intentó limpiar el rastro húmedo de la lágrima, Kohaku movió la cara a un costado, manifestando que no quería su contradictoria compasión. Stan la agarró por detrás de la cabeza, tan delicado como firme, para obligarla a mirarlo a los ojos, llegando a una resolución.
- De acuerdo, te lo concederé, Kohaku. Pero no pienso ceder en que no podemos hacerlo todo, ya aprendimos la lección. Por ponerlo bien claro, sin penetración. ¿Entendido?
- Sí.
Ni bien aceptó la condición, la joven recobró su ímpetu, y se lanzó a besarlo, aliviada. Stan le correspondió, sorprendido de cómo había vuelto a cambiar el ánimo de ella, y luego la abrazó de la cintura para guiarla a recostarse, él a su lado. La que había prácticamente rogado sentirse bien fue ella, por lo que él iba a dedicarse a complacerla, primeramente. Kohaku no parecía querer abandonar los labios de él, hasta lo había agarrado de la parte trasera de la cabeza con ambas manos para mantenerlo cerca sin escapatoria. La necesidad que ella le profesaba era abrumadora para Stan, nunca pensó que podría volver a sentir eso de parte de la joven, era como volver al mejor momento que compartieron. Sutilmente se liberó de su agarre tomándole una mano y besándosela, para luego entrelazar sus dedos juntos y apoyarlas en la cama. Aprovechó la ocasión para comenzar a bajar por su cuello, depositando amplios y húmedos besos, devorándola delicadamente.
El que ya estuviera medio desnuda le facilitó continuar, y bajó hasta apoyar su rostro en el valle de sus pechos, para luego de provocarla dedicarse a besarla ahí, succionando y lamiendo su suavísima y tierna piel, esos turgentes y a la vez blandos senos. Era evidente que Kohaku extrañaba ese tipo de caricias, porque gemía de una forma desinhibida, o quizás estaba más sensible. Fugazmente, pasó por la mente de Stan la duda de si era su sensación o sus pechos y pezones estaban ligeramente más grandes, no había podido olvidar ni un detalle de su precioo cuerpo, pero luego un nubarrón asomó en su consciencia cuando se dio cuenta que debía ser parte de los primeros cambios fisiológicos que debía haber experimentado cuando quedó embarazada, y que poco a poco estuvieran volviendo a su apariencia normal, no tenía idea de esas cosas. Para borrar ese pensamiento triste de su mente, se dedicó con más pasión a continuar sus caricias, pasando también al otro pecho, administrándole la misma dedicación. Podía seguir bajando, pero de ser sincero, todavía le costaba mirar o ponerse cerca de su vientre, no quería que otras imágenes desmotivantes lo acosen, y quizás podría también incomodarla a ella o volverla más consciente de eso, ya que el maldito de Senku había vuelto a abrir su herida. Y por más que quisiera hacerla derretirse de placer, quería verla, necesitaba verla a los ojos, y sus expresiones de placer.
Volvió a subir para besarla profundamente, y le quitó también la cinta que mantenía su pelo atado, le fascinaba verla con el pelo suelto como él recordaba, aunque era tan hermosa que todo le lucía bien. Kohaku tiró de la tela de su traje para quitárselo, y él la ayudó, la verdad era que estaba sintiendo demasiado calor con la ropa ajustada. Descubrió su torso entero, dejando la prenda caer sobre sus caderas, pero la joven no estaba satisfecha, y con sus pies empujó hacia abajo sus botas, para sacárselas. No iba a lograrlo nunca ya que tenían unos ganchos metálicos, así que él se separó para sentarse y quitárselas. Sabiendo que le iba a reclamar eventualmente que ella no quería ser la única en ese estado de desnudez, se quitó el traje entero, quedando en ropa interior tal como ella. Aliviado por sentirse más cómodo y poder compartir ambos todo su calor corporal, volvió a acostarse junto a su lado, y pasó un brazo debajo del cuerpo de ella para abrazarla, comenzando a bajar una mano por su costado, hasta llegar a sus caderas. Kohaku le acarició los pectorales, y deslizó luego su mano por el abdomen de él, pero Stan la detuvo, y negó con la cabeza.
- No, sólo tú. Quiero verte.
Le besó la mano a modo de disculpa, y la dejó apoyada en su cintura. Volvió a bajar su mano hasta las caderas de ella, rodeando luego su trasero para atraerla un poco más hacia él, y quitarle las bragas. A continuación, deslizó sus dedos para comenzar a tentar con delicadeza su intimidad. Kohaku jadeó y respiró profundo, habiendo extrañado tanto esa sensación, aunque también que fuera Stan quien se la provocara con sus dedos expertos. El soldado la besó largamente, mientras intensificaba la presión de sus caricias, todavía externamente, dedicándose su tiempo a estimular cada centímetro de su sexo. La rubia se empujó contra la mano de él, buscando más, y él sonrió encantado con sentir que la humedad de ella comenzaba a aflorar, volviendo más cómodo y resbaladizo el tacto. Hasta él soltó un gemido ronco de gusto cuando introdujo su dedo del medio en ella, su interior caliente y suave, como dándole la bienvenida de lo fácil que fue. No tardó mucho en añadir el anular, dejando su mano en una posición cómoda para apoyar su palma contra su clítoris, lo que sabía que la iba a hacer ronronear de placer.
Stan quedó a milímetros de la cara de Kohaku, sus narices rozándose, y no le quitaba su intensa mirada de encima a la joven, deleitándose con su expresión de gozo. Verla con los ojos entrecerrados y oscuros, sus mejillas rojas y calientes, y oír sus dulces gemidos era un combo que lo fascinaba y lo transportaba a otro mundo, también a uno donde no existía nada más que ellos. Cuando ella alzaba un poco más de la cuenta su voz, él la besaba para ahogar su gemido, prefería que sólo sus oídos fueran testigos de ese momento íntimo. Pero Kohaku no podía quedarse quieta y sólo disfrutando por más que se lo pidieran, no sería ella de esa forma, y ansiosa volvió a intentar bajar su mano por el musculoso abdomen, hasta rozar los suaves vellos de su pubis. Le produjo un cosquilleo agradable, y también ansiaba sentir su pequeña y suave mano sobre él, por lo que se acomodó un poco para facilitarle el acceso. No contenta con eso, ella buscó tironear de su calzón y se ayudó a bajárselo con un pie, lo que lo hizo reír por lo bajo, siempre tan entusiasta, tal como la recordaba.
Los dos tan apasionados, se entregaron mutuamente a las caricias del otro. No era sólo satisfacción sexual para ambos esa noche, aunque sí había por supuesto algo de ello, pero ya no era la búsqueda principal en compartir ese inesperado e intenso momento. Ninguno de los dos había imaginado que podían estar en una situación así a poco tiempo de los dramáticos sucesos con los que se habían vuelto a reunir, pero la facilidad con que se dio hablaba por sí sola, era su forma de reencontrarse.
Cuando Kohaku comenzó a sentir esa deliciosa tensión en su bajo vientre, anuncio de su cuerpo de que su liberación se aproximaba, tiró de la mano de Stan para quitar sus dedos de su interior. Él la miró confundido, sin entender por qué interrumpía lo que sería la mejor y más esperada sensación de ese acto. Pero ella se giró para quedar encima de él, y sentarse sobre su entrepierna, dejando escapar un largo jadeo al sentirlo tan duro y caliente junto a ella.
- ¡Espera! ¡¿Qué haces?! Dije que no, Kohaku –Le dijo nervioso y alarmado, empujando las caderas de ella para que no roce su miembro.
- No es lo que crees, no te preocupes. No romperé la condición –Contestó, agarrando las manos de él.
- ¡Kohaku, no! –Insistió, con la voz como un gruñido de advertencia.
- ¿Cuál es el problema? Ya lo hemos hecho así –Se inclinó hacia delante, para apoyarse contra el pecho de él.
- Pero no desnudos –Aclaró– Es demasiado...
- Stan, quiero sentirlo lo más parecido a aquella vez, y quiero que me abraces, no que me toques... por favor.
Era débil a sus ruegos, lo sabía. No al que habían determinado como límite, pero sí a todos lo que no comprometieran la condición. Que le dijera con tanta necesidad que quería sentir su abrazo, así como ella se había pegado imposiblemente a su cuerpo como si pretendieran fundirse y volverse uno, era demasiado para su corazón. Maldijo para sus adentros, pero en ese momento, él también ansiaba poder acabar así, con sus acelerados corazones latiendo juntos y a la par, agobiado por el calor de sus cuerpos ardientes. Como siempre se había concentrado en acabar afuera, que de esta forma también lo haría, sólo había pensado la más obvia, en masturbarse. Pero si podía disfrutar ese celestial momento de una forma tanto más íntima y sin riesgos, eran simplemente todo lo que podía pedir. La abrazó, pero se giró para cambiarlos de posición y quedar él encima.
- Sólo para estar seguros de que no vaya a entrar, prefiero tener el control– Explicó– ¿Está bien?
Cuando Kohaku asintió, se acomodó para permitir que sus cuerpos estén lo más pegados posible sin aplastarla, y ella lo abrazó por la espalda y rodeó su cintura con sus piernas. Volver a sentir sus intimidades conectarse por medio del roce los hizo gemir a ambos, y luego se sonrieron. Stan comenzó a frotarse contra ella, cuidando de enfocar sus empujes en su punto más sensible. Kohaku levantó su cabeza para besarlo con toda la pasión que pudo, definitivamente encontraba la boca de su amante muy adictiva, además que parecía potenciar su deseo y su excitación. Su humedad alcanzó a lubricar el miembro de él, que se deslizaba con más fluidez así, algo que agradecieron internamente los dos.
La rubia se abrazó mucho más fuerte a él cuando sintió una vez más esa dulce ola de calor y de tensión crecer dentro de ella, y sus gemidos se volvieron erráticos y agudos. Stan se guió con eso para calcular cuándo ella acabaría, ya que no podía sentirla internamente, pero las uñas que se clavaban en su espalda cada vez con más presión le dieron la certeza. Él también estaba muy cerca, por lo que comenzó a ceder a su propia liberación. Si tenía el suficiente control, podía dejarse ir apenas ella alcanzara la suya, logrando lo más parecido posible a un orgasmo simultáneo. Se frotó inclemente contra ella, abrazándola tan fuerte como ella a él, y cuando llegaron ambos al límite máximo, Stan la besó para contener sus gemidos, y aprovechó también para liberar los suyos de esa forma sorda. Fue sublime cómo sus cuerpos temblaron juntos, y sólo interrumpieron el beso cuando fue demasiado urgente la necesidad de una buena bocanada de aire para recuperarse.
Stan se giró de costado, y elevó una mano hacia la mejilla de ella para acariciársela, mientras trataba de controlar su desbocado corazón. ¿Y antes pensaba que no lo tenía? Si seguía latiendo así, seguro que lo iba a perder, pero porque le iba a estallar, de presión y de calor.
- Por dios, Kohaku, te...
La joven no lo dejó terminar, cuando lo besó profundamente una vez más. Apenas podía respirar también, pero simplemente necesitaba hacer eso, todo su ser la impulsaba. Aunque no tenía dudas de que nunca había dejado de tener sentimientos por Stan, así como por Xeno, en ese momento fue como una revelación, darse cuenta que tampoco quería volver a alejarse de él. Buscaría la forma de lograr un último acuerdo entre todos, necesitaba convencer a Stan primero, pero si eso fallaba y no podía ser, había tomado su decisión.
Se mantuvieron abrazados un buen rato, acariciándose con suavidad. De pronto el estómago de Kohaku burbujeó, y hasta Stan pudo sentirlo, ya que sus cuerpos seguían muy juntos.
- ¿Tienes hambre?
- No comí en todo el día, a decir verdad. Pero ahora que me relajé, parece que me volvió el hambre.
- Entonces espérame, voy a buscar algo para los dos.
Luego de limpiar con una tela los restos húmedos de sus cuerpos, se puso su traje, y cubrió la desnudez Kohaku con su saco largo, para que no se levante. Le dio un corto beso en la frente y le guiñó un ojo, con un renovado y mucho más feliz humor. Volvió un rato después, con pan, carne asada y agua. Era curioso cómo parecían haber retrocedido en el tiempo, esas comidas que compartían juntos en el castillo, a veces encima de la cama, riendo con picardía de sólo pensar que si Xeno los veía iba a protestar sobre que no era nada elegante. Luego de comer, Stan dejó los platos a un lado, buscó una manta para cubrirlos a ambos, y se volvió a desvestir para dormir, odiaba hacerlo vestido aun cuando estaba solo.
Por la mañana, Kohaku abrió los ojos y se encontró siendo observada por Stan. Ella seguía acobijada entre los brazos de él, como se habían dormido, y ese fue el sueño más relajante y reparador de los últimos meses, así como lo había sido para él. Pero la realidad esperaba, y no era tan dulce como quisieran.
- Kohaku, estuve pensando algo, con respecto a hoy. Pero tengo que preguntarte, ¿qué quieres hacer tú?
- Mantengo lo que te dije anoche. Aunque no pueda perdonar a Senku, los demás no tienen la culpa, y el verdadero enemigo en común es Whyman. El plan para salvar y restaurar el mundo implica construir un "cohete" para ir a la Luna, aunque no entiendo bien lo que es eso. Y para eso, entendí que necesitamos a Xeno, y toda la ayuda que podamos sumar, porque hay otras partes del mundo que tenemos que recorrer para recoger los materiales. Tengo entendido que la idea es volver a Estados Unidos primero, pero luego de eso, volveremos a viajar.
- O sea que estás decidida a continuar la causa de la gente del mundo moderno.
- Más bien es que no hay otra opción. Tú no viste esa montaña de dispositivos, y por lo que se oye en las ondas de radio, ese misterioso Whyman sigue tratando de petrificarnos a todos. No puedo volver a mi vida de aldeana sin más, por ejemplo, porque en cualquier momento podríamos quedar todos petrificados de nuevo. No tendremos descanso hasta no vencer esa amenaza.
- Entiendo. Parece que de cualquier forma esa nueva vida tendrá que ser sólo un sueño –suspiró– Kohaku, quiero hablar con Xeno, así que voy a negociar con Senku para que nos "permita" una conversación, aunque sea con esos dos guerreros de ayer como vigilantes. Iré desarmado, como ayer, y esta vez espero poder confiar en la palabra del grandote al menos.
- Tsukasa se llama –Aclaró Kohaku, con una sonrisa– Sí, me parece que funcionará. Iré contigo.
Luego de vestirse y desayunar con los demás, Stan les explicó brevemente a sus colegas la situación, guardándose que le habían hecho una jugarreta para atraparlo. Aunque podían verse caras amargas ya que a ninguno le agradaba la idea de haber hecho todo ese viaje para aliarse con los jóvenes a la fuerza, pero entendieron la gravedad de la situación que los superaba, con el misterioso enemigo que los había petrificado a todos, además de que nadie iba a contradecir la decisión del capitán.
Stan usó la radio del barco para hacer la llamada, y aunque tuvo que contener el veneno que sentía al oír la voz de Senku, le hizo la solicitud que había planeado. No sabía cómo habían tomado los jóvenes la noticia de la huida de Kohaku con él, ayudados por sus dos principales guerreros, pero parecía que el científico era consciente de que no podía tener a sus aliados divididos ni generar discordia, porque aceptó. Pusieron un punto de encuentro en el bosque, en el cual Stan iría desarmado junto a Kohaku, y Tsukasa y Hyoga escoltarían a Xeno, armados, y bajo la vigilancia a larga distancia de Ukyo, el arquero. Sólo una conversación, y cada uno volvería por su lado, a menos que Stan decidiera aceptar la alianza.
Partieron inmediatamente, ya que tenían más de una hora de caminata por delante. Cuando llegaron, Xeno y sus dos vigilantes ya estaban ahí. Los ojos del científico demostraban tanto alivio como apremio, pero sonrió con confianza de volver a ver bien a su amigo, y parecía que Kohaku estaba mucho mejor.
- ¿Cómo estás, Stan? –Le preguntó, al fin pudiendo hablar en su idioma natal.
- Difícil de contestar con una palabra. Demasiada información y pocas certezas.
- Sí, lo sé. ¿Kohaku? –No se le escapó que las manos de Stan y Kohaku estaban unidas, y no dudaba que la renovada serenidad de ambos tenía que ver con eso, y trató de ignorar la pequeña punzada que sintió.
- Estoy mejor.
- Xeno, necesito saber qué piensas. No del miserable de tu ex-alumno, sino de la situación general, de todo el tema ineludible de la petrificación, y la alianza.
- No estoy nada complacido con la idea de cederle nada a ese mocoso después de lo que hizo con ustedes, más bien creo que reforzó mi convicción de ser quien gobierne este nuevo mundo –Dijo, con sus ojos oscuros fríos y severos– Pero como científico tampoco puedo ignorar la amenaza que representa el culpable de la petrificación. Así que todo se reduce a dos opciones, o ceder y compartir la causa con los niños científicos, o llevarla adelante por cuenta propia, cada uno por su lado.
- Sí, como pensaba –contestó Stan con una mueca– El problema radica en que, para la segunda opción, tenemos que despedirnos de Kohaku, porque ella no va a abandonar a sus amigos, esa fue su decisión.
Xeno miró con dureza a la joven, considerando cuestionarla. ¿Después de lo que le había hecho Senku, pensaba seguir a su lado? Cuando podía asegurarse una vida mucho mejor con ellos dos cerca, en el castillo, donde nadie la volvería a lastimar.
- Y yo decidí que la voy a acompañar en lo que ella decida, y entiendo también que no vamos a tener paz hasta quitarnos de encima a ese Whyman. Por lo que estaría dispuesto a aceptar esa alianza, mal que me pese.
- ¿Perdón? –Dijo Xeno con el ceño fruncido, dando un paso adelante– ¿Acaso me estás diciendo que confías más en el camino que proponen esos mocosos inferiores, rebajándonos a sus limitaciones, que en el mío? ¿Al que construimos juntos estos tres años y sabes que nada puede detenernos?
- Nada, excepto esos malditos dispositivos, Xeno. Reconoce de una vez que ni siquiera tu ciencia tiene algo que hacer para contrarrestarlos. No dije de rebajarnos ni ponernos bajo su liderazgo, sino establecer un acuerdo que nos favorezca a ambos en partes iguales. Y por Kohaku, decidí que no quiero perderla. Si vamos a dedicarnos a librar una guerra contra algo que nos supera y todavía es desconocido, por lo menos quiero hacerlo con la motivación de disfrutar de un pedacito de felicidad en el proceso, creo que al menos eso nos lo merecemos.
- Ah, ya veo. "Felicidad" –Murmuró, con un tono amargo, resentido, volviendo sus ojos a los dedos entrelazados– ¿No será acaso que quieres terminar con todo esto rápido, para quitarte las obligaciones de encima, y no te importa pisotear tu orgullo para volver caprichosamente a tratar de tener la familia feliz que habías formado en tu mente, antes de llegar aquí?
Ante esa pregunta que fue un golpe directo y bajo, tanto Stan como Kohaku quedaron boquiabiertos de sorpresa. Lo peor era que el soldado había pensado algo de eso, pero a futuro, si el mundo volvía a ser seguro para tener un hijo y que su vida no corriera peligro. En vez de avergonzarse, Stan soltó la mano de Kohaku, y le indicó con un gesto que se haga a un lado, y él dio un paso al frente.
- Y si ese fuera el caso, ¿qué tendría de malo, Xeno? No voy a vivir el resto de mi vida siendo un soldado al servicio de otros, una vida que no sea realmente mía. ¿Acaso tú pensabas ser un dictador científico solitario hasta el día de tu muerte?
- No, pero me aseguraría de tener los medios para cuidar a las personas con las que planeo tener a mi lado en el futuro.
- Sí, ya lo veo, porque lo hiciste muy bien cuidando a Kohaku una vez que te enteraste de su embarazo, y así lo perdió –Soltó resentido Stan, ese era un pensamiento que no había podido rechazar cuando Kohaku le contó todo, la noche anterior.
- No estuviste ahí, Stan, no fue fácil, e hice todo lo que pude –Replicó Xeno, con indignación, levantando la voz– Ya sabes cómo es Kohaku, terca y rebelde.
- No, claramente no estuve ahí, o esto no hubiera pasado. Te aseguro que, si yo hubiera estado ahí, en vez de un inútil como tú, no habría llegado al punto de tener que esforzarse tanto y perder al bebé.
- Estaba limitado, y no era el único que sabía de su condición. Lo que hice...
- ¡ERA LO ÚNICO QUE TENÍAS QUE HACER, CUIDAR DE ELLA! –Rugió Stan, de pronto, harto de las excusas– ¡Una sola cosa, y ni siquiera pudiste hacerlo bien!
- ¡¿Qué te enoja tanto, ahora?! ¿Me vas a decir que de pronto se te despertó el instinto paternal, y que tanto quieres tener un hijo? ¿Esa es tu motivación, tu único plan de futuro?
Stan respiraba aceleradamente, enojado, al límite de perder los nervios. Otra vez, la contradictoria hipocresía de Xeno, negando sus verdaderos sentimientos, eso distaba mucho de lo que Kohaku le había contado, además de señalar con el dedo juzgador la elección del futuro de los demás. ¿Quería sinceridad? La iba a tener.
- Quizás sería una mejor vida, que seguir con toda esta mierda que estuvimos haciendo para que te creas el puto rey del mundo.
- Tú me seguiste voluntariamente, Stan, queríamos lo mismo –le contestó Xeno, indignado.
- No necesariamente, sólo te di mi apoyo, como tu amigo, y para que continúes con tu ciencia. Nunca me preguntaste qué quería yo, y de todas formas no había opción en ese momento, teníamos que sobrevivir y progresar, era el mejor camino. Pero las cosas cambian a veces.
- Ya, de pronto te quieres volver todo un inocente padre de familia, cuando tienes las manos más manchadas de sangre que yo. No te mientas a ti mismo Stan, esa nunca fue tu naturaleza.
Eso hizo un clic en la cabeza del soldado, y una ola de ira lo inundó, y empujó con violencia el pecho de Xeno hacia atrás, que trastabilló, pero no cayó.
- ¡¿Y POR QUIÉN MIERDA CREES QUE ME MANCHÉ LAS MANOS DE SANGRE?! –Rugió, luego resopló y continuó, intentando controlarse– ¿De verdad crees que disfruto asesinar por gusto? Es mi maldito trabajo, nunca maté por fuera de las órdenes recibidas, y no es algo que pueda cuestionármelo moralmente, o ya me hubiera volado la tapa de los sesos. Nunca mataste a nadie, no sabes lo que se siente.
- En la vida hay que hacer sacrificios, para lograr lo que uno quiere –contestó Xeno, duro.
- ¿Cuáles hiciste tú, entonces?, ¿eh? Porque si este nuevo mundo de ciencia es lo que quieres, no te vi hacer más que dar órdenes a los demás. ¿Matar a Senku? Pues yo jalé el gatillo, te lo recuerdo, aunque al final se las ingenió para sobrevivir. ¿Kohaku? Tampoco lo fue, porque bien que te diste el gusto con ella, a pesar de que lo negaste tanto.
- Excelente, ahora también pretendes mostrarte como el único merecedor de su afecto –Replicó con el ceño fruncido.
- Si no te tocaba las pelotas, nunca hubieras hecho nada con Kohaku –Lo provocó, con una sonrisa que no les llegaba a sus ojos azules, ahora helados.
- ¡Y tú te haces el hombre de gran corazón, y te la querías coger desde el primer día! –Le gritó Xeno, furioso, decidiendo ignorar que Kohaku estaba ahí escuchando todas esas cosas, así como los otros dos jóvenes.
- ¡Tal vez sí, pero al menos fui siempre consecuente y honesto! –Admitió, en el mismo tono– Siempre busqué avanzar con ella. En cambio, ¿tú qué? No te interesaba, decías que era una niña ignorante, no la veías como mujer, no era digna de tu interés. De pronto la besas, casualmente luego de que nos vieras juntos. Y luego, sin decirme nada, fuiste a escondidas por la noche y te la cogiste, cuando el día anterior estando los tres juntos me sermoneaste de que "no podíamos". Eres un hipócrita, Xeno, tanto como un puto negador. –Hizo una breve pausa, jadeando, y continuó– ¿Y lo peor? Que después que ella se enteró la verdad, POR MÍ, cuando a ti te correspondía porque TÚ fuiste el que decidió ocultárselo, decidiste ignorarla y volver a "no tiene nada que ver conmigo, yo soy el puto amo del mundo, y ella mi rehén". Tu maldito orgullo o vaya a saber qué, no te acercaste a ella ni aun cuando escuchaste que no comía y que apenas se podía sostener en sus piernas de la crisis que estaba teniendo. Ni siquiera te rechazó como a mí, no le diste ni la oportunidad, porque te escondiste como un maldito perro culposo. ¿Y de pronto tu interés y tu "amor" volvió a resurgir cuando te enteraste de que podías haberla embarazado? Qué linda historia de amor, cuando te muestro el mapa completo de tus acciones, ¿cierto?
- Y habla ahora de "amor", el promiscuo de quien todas sus estrategias terminaban con la idea de ponerle las manos encima y adentro de la rehén –Retrucó Xeno con una sonrisa burlona, aunque por dentro estaba hirviendo. Ya no estaban discutiendo, solamente se estaban lastimando con golpes bajos, descargando todo su veneno y su rabia.
- Pudo empezar así, pero eso fue antes de conocerla más. No vas a desmerecer con eso lo que luego fue, y es, un interés genuino por ella, sentimientos incluso, no sólo satisfacción sexual. ¿Y sabes qué? No me avergüenzo de eso, ni de mi deseo de compartir placer, así como una cosa no quita la otra, no es necesario fingir ser un monje célibe y rechazar el deseo, para poder amar.
- Qué poeta, lecciones de amor de tu parte, eso es nuevo. ¿Cómo se va a llamar el libro? "De perro en celo a tener una familia, en un año", por Stanley Snyder –Dijo con sorna.
- Si no puedes más que burlarte y no aceptar ese tipo de sentimientos, no mereces que Kohaku te elija, ni te hubieras merecido ser el padre de ese hijo –Le dijo, a centímetros de su cara.
Eso cruzó la línea, y volvió a abrir la vieja y profunda herida de Xeno, recordándole que él mismo se había condenado lo suficiente con perder las cosas que quería, a creer que no se las merecía, y por eso las perdía. Sin contenerse y llevado por un impulso instintivo regido por la furia, le dio un súbito puñetazo en la cara a Stan, golpeándolo en la sien derecha. No sabía dar buenos golpes, pero lo hizo con todas sus fuerzas para descargarse, con lo que hizo a su amigo dar unos pasos hacia atrás por el impacto y el repentino dolor. El científico jadeó y sacudió la mano, del intenso dolor de sus nudillos, no sabía que dolía tanto dar un puñetazo. El golpe le cortó una ceja a Stan, que cuando sintió la sangre se la limpió incrédulo, y lo fulminó con la mirada. Oyó el grito detrás de Kohaku, pero su mente ya estaba obnubilada por su propia ira.
Tsukasa y Hyoga se miraron sorprendidos, sin saber si detenerlos o no, y esa duda fue el segundo que Stan necesitó para acercarse a Xeno y sí descargar su superior fuerza en un puñetazo que Xeno no pudo ni supo esquivar, ya que Stan apuntó con habilidad y precisión su mejilla con una velocidad impresionante. El potente impacto lo hizo caer al piso, su débil cuerpo comparado al del soldado se despegó del suelo y recorrió incluso unos metros antes de caer con un sonido seco. Pero una vez que había librado el primer golpe, la adrenalina se había adueñado de la mente de Stan, y no pensaba detenerse ahí. Tsukasa percibió esa sed de sangre, y él se lanzó a detener al soldado, mientras que Hyoga levantaba y restringía al aturdido científico, que apenas podía moverse. Kohaku también corrió para interponerse, y aunque confiaba en que la fuerza de Tsukasa sería suficiente para detener a Stan, se puso en el medio de los dos estadounidenses para evitar que intenten acercarse.
El forcejeo de los dos diestros luchadores fue más prolongado, pero Stan no tenía posibilidades frente a un campeón mundial de lucha, y no pudo hacer más cuando sus brazos fueron atrapados en una dolorosa llave que lo detuvo finalmente, y Tsukasa logró reducirlo y ponerlo de rodillas, atrapándolo también entre sus fuertes piernas.
- ¡¿QUÉ CARAJO, XENO?! ¡¿POR QUÉ HICISTE ESO?! –Como se encontraban a mayor distancia, no les quedaba más que gritar.
- ¡PORQUE ME HARTÉ DE ESCUCHARTE DECIR ESA MIERDA! ¡Y PORQUE NO TENÍAS QUE RECORDÁRMELO, STAN!
- ¡¿RECORDARTE QUÉ?!
- ¡QUE YA SABÍA QUE IBA A SER TU HIJO! ¡Y QUE YA SABÍA QUE DE ENTRE LOS DOS, ELLA TE IBA A ELEGIR A TI!
Luego de que Xeno confesara lo más doloroso que todavía guardaba en lo profundo de su inseguro ser, aunque nunca se había animado a decirlo en voz alta, se produjo un pesado silencio. Los dos jadeaban y respiraban agitadamente, y el fuego iracundo en el interior de Stan se desvaneció, al fin volviendo en sí y empatizando con su viejo amigo. Kohaku entendió esas palabras en inglés, y su corazón se comprimió ante esas palabras. Ni siquiera ella misma había elegido en su corazón a uno o al otro, pero podía entender de dónde venía esa suposición del científico. Lo del bebé tampoco se había animado a adivinarlo, pero era cierto que en algún momento había pensado que Stan tenía más probabilidades de ser el padre, ya que lo habían hecho tres veces, y más largas e intensas, aunque no sabía si eso afectaba el resultado.
- Suéltame –Le dijo Stan a Tsukasa, mirándolo y dejando de forcejear– Ya pasó, suéltame.
Percibiendo el cambio en la actitud del estadounidense, el pelilargo soltó su férreo agarre, y lo dejó ponerse de pie, aunque siguiéndolo de cerca. Hyoga hizo lo mismo con Xeno, que tenía una fea magulladura en la cara, y le sangraba la nariz. Stan caminó hasta pararse frente a Xeno, y los dos se miraron muy serios y en silencio, hasta que el soldado extendió su mano para ofrecérsela como sostén y ayudarlo a levantarse.
- Perdón, me pasé con eso último –admitió.
- Sí, también yo. Las hormonas masculinas y el enojo no son nada elegantes –dijo con una media sonrisa, pero se arrepintió en cuanto sintió el dolor de su cara hinchada. Se sacudió la tierra que ensuciaba su ropa.
- Creo que necesitábamos algo así, aunque sin los golpes bajos, para sincerarnos y librarnos de toda la mugre que habíamos acumulado debajo de la alfombra, ¿no crees? Fue como reventar un asqueroso grano de pus –Bromeó Stan.
Xeno trató de sonreír con el lado sano de su cara, y asintió. Luego miró a Kohaku, y apretó los labios.
- Perdona, no tenías que escuchar eso.
- No lo entendí todo, pero si era lo que necesitaban soltar para seguir adelante sin resentimientos, supongo que está bien –Suspiró– Ya que estamos aquí, ¿vamos a hablarlo entre todos para llegar a un acuerdo y terminar con esto de una vez?
Stan asintió, mirando a los ojos a Xeno, ya que él ya había aceptado esa decisión desde antes. El científico miró a su amigo, y luego a Kohaku, cuyos ojos lucían seguros y fuertes, y asintió brevemente, aunque no del todo convencido.
- Sí, vamos. Si queremos ir hacia adelante, en la dirección que sea, primero hay que dar el paso.
Buenaaaaaaas! Uff, potente el asunto... "Cómo dar caricias y nalgadas", por su servidora... jajajajaja. Pero se va acomodando la cuestión, al menos ya no los dejo hechos un ovillo y llorando xD. Bueno, ya leyeron mucho, así que suficientes palabras por hoy. Ahora volvemos a la caricia con "Otros Caminos", que intercambié el orden por el nivel de suspenso en que dejé esta historia jeje.
Hasta el próximo capítulo!
