El recorrido hasta el "Santuario de las piedras" fue bastante silencioso y tenso. Ya no había un aire amenazante, la cruda pelea de Stan y Xeno había quedado atrás, no así las evidencias de sus rostros golpeados, y el científico estaba taciturno y caminaba adelante solo. Se sentía avergonzado de haber hecho esa confesión desde el fondo de su corazón, admitiendo su inseguridad y de que se sentía varios pasos detrás de Stan, había confesado haber perdido contra él por voluntad propia, cuando no era algo que siquiera Kohaku había confirmado. Se había traicionado a sí mismo, como si esos meses en que había prometido cuidar de Kohaku y mirar hacia adelante juntos no hubieran existido. No podía negar que una parte de él sí se sentía en desventaja ahora que su amigo había vuelto, en especial desde que lo había oído decir que en cierta forma elegía a la joven por encima de él, al estar dispuesto a aceptar una tregua y alianza a pesar de lo que le habían hecho.
Kohaku y Stan ya no caminaban de la mano, más por consideración hacia Xeno que por deseo propio. La necesidad de hablar y ponerse al tanto era fuerte, pero quisieron respetar la distancia que de forma tan evidente marcaba el científico. Eso significaba que los puntos de negociación y las sorpresas que eso depararía iban a mantenerse para todos. A la media hora de caminar por la selva, finalmente se despejó la espesura verde, y pudieron ver el fuerte defensivo que había construido el equipo de Senku. Chrome y Taiju estaban haciendo guardia, y el grandulón corrió hacia adentro y gritó con su voz potente que ya estaban llegado los demás. Sólo para adelantar y reforzar su posición en todo ese tema, Kohaku volvió a tomar la mano de Stan, que le mostró una media sonrisa y asintió. Le hubiera gustado también tomar la de Xeno, pero él seguía distante.
El aire se puso pesado de pronto, cuando los ojos de la pareja y de Senku se encontraron, quien tenía a Gen y a Ryusui a cada lado. Al mentalista le costó mantenerle la mirada a la rubia, él había sido parte de ese plan traicionero, aunque ella no lo supiera, y los recuerdos de la confianza que compartieron en el castillo reforzaban esa contradictoria realidad. Las caras de sorpresa fueron muy evidentes cuando los jóvenes no entendieron por qué Stan tenía la ceja cortada y con rastros de sangre seca mal limpiada, y Xeno tenía la mejilla derecha hinchada y roja, mientras que Tsukasa y Hyoga no tenían ni un rasguño. Decidieron no preguntar, fue evidente que tampoco los estadounidenses estaban de acuerdo en todo. Sólo por precaución, Tsukasa se quedó al lado de Stan, y Hyoga de Xeno, pero ya sabían que al menos el militar estaba desarmado y con predisposición a la negociación. Todos pensaban que Senku sería quién comience a hablar, pero resultó ser Stan el que rompió el hielo.
- No pienso olvidar tu falta de palabra y lo que lastimaste a Kohaku con tu mentira cobarde, pero quiero que sepas que, si estamos teniendo esta conversación, solamente lo hago por ella, que insistió en que una alianza con una basura como tú era el mal menor, comparado con otras amenazas que este mundo depara. ¿Lo entiendes?
- Sí, está bien –contestó simplemente, cruzado de brazos.
Un largo silencio se hizo a continuación, en el cual los desafiantes y helados ojos azules de Stan no se apartaban de los orbes rojo-sangre de Senku. Era evidente que todos estaban esperando unas palabras más del peliverde, una disculpa o explicación, pero el joven no ofreció ni una palabra más al respecto, determinado a seguir adelante sin más. Xeno miró de uno en otro, de su mejor amigo y aliado a su ex-discípulo, y decidió continuar él.
- Stan, supongo que, si dices esas palabras, es porque estás al tanto de todo. De nuestro enemigo común en la Luna, que está determinado a borrarnos del mapa por algún motivo que todavía desconocemos, y de cuál es el plan y único motivo para la alianza de nuestros dos grupos.
- Sí, así es. Aunque te equivocas con lo de "único motivo", Xeno –le dijo con seriedad, y luego miró a Kohaku– Siempre y cuando ella siga eligiendo a sus amigos primero, yo mantendré mi palabra de alto el fuego, me guste o no. Pero a cambio –volvió a mirar a Senku– voy a ir donde ella vaya, sin excepción. Esa es una de mis condiciones, aunque se entiende que eso conlleva un perímetro, no pretendo ser su sombra.
- De acuerdo –asintió el peliverde– Iremos revisando las condiciones de cada uno, será mejor así para negociar. Primero y principal, tú y tus aliados dejarán atrás las armas de fuego, haremos un cajón con cerradura para guardarlas, y le daremos la llave a alguien que pueda ejercer neutralidad. Sí podrán tener cuchillos o armas blancas como nosotros, pero nada de disparos. Eso incluye nuestra única pistola también.
- Bien. Como capitán, les notificaré las decisiones yo mismo cuando vuelva al barco. No más mentiras, ni medias verdades, ni secretos. Todo lo que devenga de lo que trabajemos en conjunto será compartido abiertamente.
- Es lo justo. Por otro lado, el Dr. Xeno se quedará con nosotros, al menos hasta adelantar buena parte del trabajo científico imprescindible. Esperamos plena cooperación, y tomo la condición de Stanley en que no habrá secretos o información guardada, pero para usted. ¿Está de acuerdo? –Preguntó, mirando a su ex-maestro.
- Siendo que cuánto antes terminemos todo lo que nos requiere cooperando, más pronto me libraré de tu compañía, lo acepto –contestó con los ojos filosos el científico, imitando la postura de brazos cruzados del joven.
- El barco seguirá en mi poder –sentenció Stan con firmeza, y varios de los japoneses lo miraron contrariados– Así como ustedes retendrán a Xeno, yo lo haré con el barco. Tendrán que pedir permiso y seguir un protocolo para ingresar.
- Creo que te olvidas que Kohaku es a quién tú retienes también, no sería ni un milímetro justo que...
- No te equivoques, Senku –Intercedió la rubia, mirándolo duramente– Stan no me está reteniendo ni nada, no soy ninguna carta que jueguen a favor o en contra. Yo elegí por voluntad propia estar de su lado, así como tampoco voy a condenar a todos nuestros amigos sólo por lo que tú hiciste. No te he perdonado, no me importa tus excusas o motivaciones, pero no seré tan egoísta de condenar a los demás. Así que yo no soy rehén de nadie, que te quede claro.
- Como quieras, leona.
- Y yo también tengo una condición, aunque no sea inmediata en su efecto –agregó, reforzando su mirada seria– No serás más el líder de la aldea Ishigami, renunciarás voluntariamente ante mi padre en cuanto tengas la oportunidad.
La reacción de sorpresa fue general ante esas palabras. Senku también la miró fijo, pero luego sonrió.
- Está bien. Nunca fue mi intención convertirme en líder allí, sólo fue la absurda consecuencia de cómo terminó aquel torneo.
- Sí, te importó tan poco como casarte con mi hermana, y luego divorciarte de ella en los siguientes minutos, sin preocuparte por nuestras creencias y costumbres. Pero más allá de eso, que fue para salvarle la vida a Ruri con la medicina científica, no permitiré que quién lidere mi aldea sea alguien con tanta desconsideración por los sentimientos ajenos como la que tuviste últimamente conmigo, así como me enteré de cómo fuiste con Luna. En todo caso, le cederás el lugar a Chrome, que continuará con el reino científico, fue el sub-campeón, y además es alguien que quiere honestamente a mi hermana.
- De acuerdo –aceptó él con una media sonrisa mientras miraba al castaño, que todavía no se recuperaba de la sorpresa de los planes que habían decidido para él, aunque no fueran realmente en contra de sus deseos– ¿Alguna condición más? ¿O podemos pasar a conversar los planes de lo que tendremos que hacer en conjunto? Por mi parte lo único que me interesa es la cooperación de trabajo y el alto al fuego.
- ¿Qué sucederá con los que están en Estados Unidos, Senku? –Preguntó Taiju, preocupado.
- Ah, es verdad. Diez billones por ciento seguro que necesitamos mantener esa alianza y cooperación para lograr nuestro objetivo, lo campos de maíz son imprescindibles para producir el alcohol que revivirá a la civilización, y ahora contamos con el relojero Joel como experto analítico de las medusas, además que nos ayudará a activar otras, una vez que volvamos con ellos. Creo que no es necesario confirmar que esa alianza seguirá vigente y en los mismos términos que hasta ahora.
- ¿Y cuándo volveremos allí? –Preguntó Stan.
- La prioridad actual es recolectar todas las piedras y minerales que nos permitirán construir parte del cohete, para cuyo diseño es que necesitaremos los conocimientos y experiencia de Xeno. Una vez que tengamos suficiente, será el momento de dividirnos de alguna forma, ya que necesitaremos muchos otros materiales que no conseguiremos en Estados Unidos. Para ese entonces, decidiremos cómo continuamos, quiénes van dónde y demás.
- Tendremos que establecer una ruta marítima frecuente, ¿verdad? –Intervino Ryusui– Ya sea con el Perseo, aunque tome tiempo, o más bien necesitaremos construir otro barco, ya que inevitablemente no podremos hacer todo con uno solo, viajar e intercambiar recursos.
- Sí, diez billones de puntos para ti por anticiparte, Ryusui –confirmó Senku con una sonrisa– Sin eso tardaríamos años en hacer todo, y el camino por tierra queda descartado, así como todavía no tenemos el petróleo ni puntos de recarga de combustible como para hacerlo con aviones. Aunque es algo que ya estaba considerando poner en marcha, claro. Si no me equivoco, contamos con al menos tres pilotos entre nuestros nuevos aliados, posiblemente más, además de ti, y los aviones son mucho más veloces que un barco.
- ¡Excelente! No puedo esperar para construir un segundo barco, además de aviones.
- De todas formas, no nos quedaremos aquí en Araxá. Hay otras ciudades y países con un acceso más fácil para que sigamos buscando otras piedras y minerales más comunes, estar en medio de la selva es peligroso, tendremos que buscar otra localización más costera, con menos amenazas, y que a la vez tenga los materiales que necesitamos. Pero todavía tenemos trabajo aquí como para al menos un mes, luego nos ocuparemos de eso.
- ¿Esas serían las bases de nuestro acuerdo, entonces? –Preguntó Stan, y lo vio a Senku asentir. No le gustaba ni un poco ese niñato, pero tenía que admitir que era conciso y efectivo, no desperdiciaba tiempo, ni recursos, ni les daba excesivas vueltas a las cosas. – ¿Kohaku, estás de acuerdo tú también?
- Sí, está bien.
- Todavía no puedo entenderlo, Miss Kohaku –Intercedió Xeno, con los ojos fríos– Cómo es que accedes tan fácilmente al plan de Senku, como si fuera la única opción.
- No, lo sé. Estuve pensando mucho mientras estuve al lado de la estatua de Stan, y aunque no olvidé lo que hizo Senku, tampoco es el único así, ¿no es cierto?
- ¿Perdón?
- Si bien fue horrible lo que hizo, por lo menos fue reversible, y Stan está aquí vivo. No tendría que recordarte que tú diste la orden de asesinar a Senku, y Stan le disparó a matar, y lo hubiera hecho, de no ser por los conocimientos científicos que le salvaron la vida, además de la ayuda médica de Luna. Y me lo ocultaron por varias semanas, lo cual me causó mucho dolor también. Por otro lado, creo que sabes también que en este grupo no fuimos siempre aliados, Tsukasa "mató" a Senku, y hoy es un confiable amigo. Hyoga "mató" a Tsukasa, y luego intentó también asesinar a Senku, además de a mí antes, y hace unos meses me salvó la vida y ya es otro aliado confiable. Mozu también nos quiso matar a todos, y también ahora es uno más. Pareciera que más bien es un ritual de nuestro grupo, lo de intentar matar, o mentir, para luego ser aliados. Así que pensé que, si está la predisposición de Stan y la tuya de juntar fuerzas en paz, más bien sería como quedar mano a mano.
Luego de la recapitulación de Kohaku, que puso incómodo a más de uno, se hizo un largo silencio. La mayoría encontró admirable que ella tuviera esa posición en lugar de mandarlos a todos al demonio, y nadie podía negar que las cosas se habían dado tal como ella las había descrito. Xeno tampoco insistió ni la contradijo, por lo que el tema quedó zanjado allí. Cuando nadie más hizo algún comentario al respecto, Senku puso fin a la negociación, dando su palabra de que las cosas serían tal y como habían acordado, sin más sorpresas ni mentiras de parte de nadie. Stan dijo que volvería al barco para comunicarles la nueva situación a sus compañeros, así como buscarían otra ubicación más cercana para anclarlo, para lo cual Chelsea le dijo que los iba a ayudar en eso.
- Stan, voy a hablar con Xeno –le dijo Kohaku por lo bajo.
- Sí, está bien. Luego volveremos al barco, si quieres. O puedes quedarte aquí y yo volveré luego con los demás para empezar a trabajar, eres libre de hacer lo que quieras.
La joven le asintió con una sonrisa, y luego se acercó a Xeno, que todavía se lo veía taciturno y esquivo. Posó una mano suavemente en el brazo de él, para llamar su atención con delicadeza, y luego la deslizó hasta rozar sus dedos, buscando que le corresponda y le dé la mano, lo cual no hizo. La rubia insistió, y lo miró fijo a los ojos, hasta que con renuencia él la miró de reojo, no pudo seguir evitándola.
- Xeno... ¿Esto va a ser así de tu parte de ahora en más? ¿Así lo quieres? –Le preguntó con un dejo triste.
- No es cuestión de que yo lo quiera así, me encuentro con que no hay muchas opciones para que las cosas sean de otra forma.
- Yo no obligué a Stan a aceptar la alianza, y yo decidí seguir adelante también. Son elecciones, todos estamos eligiendo.
- ¿Estás segura de eso? Porque yo no me sentí con voz y voto, a menos que mi única opción sea abandonarlo todo y a todos.
- Sí, exactamente. Todos tuvimos que ceder algo, y la única forma de seguir adelante, es que decidas qué es lo que quieres hacer. Si no quieres ayudarnos al camino científico para construir ese cohete y terminar con la amenaza superior y desconocida que nos acecha, estás en tu derecho, esa será tu elección. Nadie te está amenazando con un cuchillo al cuello, ni lo hará.
- No es necesario que haya un frío metal contra mi piel para sentirme amenazado, ni que me aten de pies y manos para sentirme limitado.
- Perdona, pero seré honesta –respiró hondo y lo miró seria– Creo que lo que te molesta es que ya no hay nadie que te acompañe en tu plan de ser el único líder y gobernante del mundo, ni siquiera Stan, y no quieres aceptarlo. Y con todo lo que aprendí a respetarte, y quererte cerca, sostengo lo mismo desde que nos conocimos, que jamás estaría de tu lado en ese plan.
Xeno la miró entonces, sus ojos oscuros dolidos, y alejó su mano de la de ella. Pero Kohaku negó con la cabeza, y volvió a acercarla, entrelazando sus dedos con los de él con decisión.
- Eso no quiere decir que te esté apartando de mí de otras formas, me duele que de pronto te alejes. ¿No me dijiste aquel día junto al río, que no querías perderme? ¿Que no subestimara lo que sentías por mí? ¿Acaso todo eso era una mentira para consolarme?
- No, por supuesto que no –Replicó indignado.
- ¿Entonces? ¿Por qué ahora me miras mal, te alejas de mí, y lo haces ver como que todo es forzado y obligado, y no quieres tener nada que ver con todo esto?
- Porque más bien siento que la que se aleja cada vez más de mí, eres tú –sentenció con tono amargo.
Kohaku recibió esas palabras como un golpe, en especial porque no eran ciertas, ella no se sentía así para nada. Xeno se estaba haciendo su propio mundo de conclusiones, encerrándose sin escuchar lo que los demás tenían para decirle, era como si quisiera seguir en ese pozo de soledad. Le dolió de sólo pensarlo.
- No, no es así. No me alejé de ti en ningún momento, ni pienso hacerlo, a menos que tú seas el que quiera poner más distancia... como ya hiciste antes.
- Te escapaste con Stan anoche. Y hoy volvieron, decididos a estar juntos y por siempre felices, incluso mi mejor amigo me rechazó en cierta forma, poniéndote a ti por encima. Prefiriendo aliarse con el maldito niño que lo traicionó, antes que conmigo, que también podría desarrollar el mismo plan y camino, incluso mucho mejor con todo mi poder. Todo lo hizo para estar contigo.
- Conmigo, y contigo, que estamos en el mismo lugar y con un objetivo común que nos une a todos, ¿es que no lo ves? Nadie está por encima del otro aquí, hace unos minutos hicimos una alianza, negociamos, estamos a la par ya, aunque por supuesto con ciertas precauciones de ambas partes. ¿Y cuál es el problema que quiera estar conmigo, y yo con él? Es algo que nos va a dar felicidad a los dos, no algo por lo cual tendrías que mostrarte tan resentido, cuando podría ser igual contigo también.
- ¡Discúlpame entonces por quererte sólo para mí, por preferir la monogamia! –Estalló con voz contenida, con los dientes apretados, dando un paso hacia ella– ¡Discúlpame por no poder sonreír ante la idea de compartir tu corazón y tu cuerpo con otro hombre, y al tener que ver cómo se miran todo felices!
Eso fue oído también por Stan y algunos otros que todavía estaban cerca, que les llamó la atención el repentino y enérgico ímpetu de Xeno. Kohaku lo miró con un poco de pena, entendiendo en parte de dónde venía su actitud amarga desde que se habían vuelto a encontrar. Aunque parecían haber sacado de adentro lo que él y Stan se reprochaban y guardaban desde hacía meses, parecía que todavía faltaba más de ese proceso con ella. La rubia respiró hondo, y volvió a tomarle la mano con cautela, decidida a ser completamente honesta y clara.
- Quiero que sepas que yo tampoco me vi nunca en una situación así, en la que tuviera sentimientos por dos hombres, y ambos me correspondieran, y además fueran cercanos amigos. Ni siquiera era una posibilidad que consideraba en la vida, sinceramente. Pero no voy a hacer una elección entre ustedes, no podría hacerlo. Stan quiere estar conmigo ahora, y no me puso como condición alejarme de ti, entendió perfectamente la situación, incluso cuando le dije que tú y yo hicimos las pases y hasta nos besamos otra vez. Ya sea que no le moleste o que se resignó, eso no lo sé... Piénsalo tranquilo, pero si lo que sientes por mí es más fuerte que tus otras preferencias, ya sabes que estoy aquí. Y sino... no lo sé, espero que lo lleves lo mejor posible.
Kohaku se despidió de él con un beso en la mejilla sana, que Xeno no rechazó, pero una expresión atormentada pudo verse en su rostro. Le dolía hacer eso, pero lo que había vivido la noche anterior con Stan, tan fuerte para ambos y en especial para él, no iba a dejarlo por nada del mundo. Mucho menos si el soldado se había prestado a la alianza de buena voluntad, no podía pedirle más. Sólo quedaba esperar para que Xeno se decidiera con respecto a ella, pero no iba a apurarlo, tenían mucho tiempo por delante para resolverlo, y realmente quería estar cerca de él también.
Consideró que era innecesario ir y volver con Stan, ella no tenía ningún vínculo con los militares del barco, por lo que le avisó que se quedaría ayudando allí a lo que sus amigos necesitaran, y sí prefería volver al barco con él al anochecer. Chelsea había dibujado rápidamente un excelente mapa de la zona, y le había marcado a Stan las zonas con mayor profundidad del río cercano para que pudieran acercarse. El soldado podía sentir cómo la joven lo miraba intensamente, con los ojos extrañamente brillantes y una sonrisa apenas contenida, ligeramente sonrojada. Stan suspiró, conocía esa mirada hacia él de parte de muchas mujeres en su vida pre-petrificación, y le aburría sinceramente. Pero la geógrafa lo sorprendió, con algo totalmente distinto a lo que pensaba.
- Stanley, no te conozco como al viejo Xeno, pero me pone muy feliz que tú y Kohaku estén bien, y que vayan a estar juntos.
- Hmm, gracias...
- No voy a mentir, me gustan las historias de amor con finales felices, y considerando lo que pasó... –titubeó, dudando si estaba hablando de más– es bueno que puedan acompañarse de ahora en más, al menos. Los ojos de Kohaku volvieron a brillar cuando ella supo que volvería a verte. Estamos empezando a ser buenas amigas, así que me pone feliz verla así.
- Gracias, nuevamente –Stan le sonrió de forma deslumbrante, mientras le tocaba un hombro amistosamente, y la joven quedó ligeramente boquiabierta y más sonrojada– y por acompañarla y cuidarla, ya que yo no pude hacerlo. Nos vemos luego.
Dicho eso, Stan dio media vuelta y se fue a paso veloz hacia el barco, tenía que contarles a sus colegas lo mucho que había cambiado la situación, pero tenía la certeza de que había elegido bien, sus instintos se lo decían.
Chelsea, Senku, Tsukasa y Xeno se reunieron alrededor de un mapa que la geógrafa había diseñado, indicándoles dónde tenían más probabilidades de encontrar cada uno de los materiales que buscaban: níquel, ilmenita, pirocloro, molibdeno, cromo, titanio, y hierro. La mayoría podían conseguirlos fácilmente donde estaban, pero para el hierro tendrían que viajar más al sur del continente. Eso implicaría que tendrían que viajar todos juntos en el Perseo, bajo el control de los estadounidenses, y de un Stanley que no estaba dispuesto a cederlo.
Una vez decididas las rutas, reunieron a todos y siguieron a Chelsea, dejando atrás a Kaseki que se puso a construir el cajón para guardar las armas, Senku y Xeno que se pusieron a diseñar los planos del cohete, y a Kohaku y a Suika, para que reciban y guíen a los militares al área de explotación minera, siguiendo el camino de pétalos de flores que Gen dejó detrás de él con ese fin.
Casi tres horas después, el gran grupo de militares apareció, con Stan a la cabeza. No llevaban las armas en sus manos, sino que algunos cargaban bolsas en sus espaldas, donde las habían juntado. Claro que era una cuestión de confianza creer que allí estaban todas, y aunque hubiera dudas, tampoco los japoneses podían ir al barco y requisarlas. Saludaron a Xeno, aliviados de verlo bien con sus propios ojos –excepto por la mejilla morada que Stan le había dejado– y escucharon en boca de él el plan, reafirmando que debían cooperar plenamente y evitar cualquier tipo de disputa. Dejaron las bolsas en una de las cabañas, y siguieron a Kohaku por el camino, aunque no lo necesitaran realmente. Cuando llegaron a la zona rocosa desprovista de vegetación, alcanzaron a ver y oír a los jóvenes picando las paredes de piedra ricas en minerales. Acatando las órdenes de su capitán, se dispusieron a empezar a trabajar, ayudando con picos y palas a recolectar los materiales. Siendo todos ellos tan fuertes, eso aceleró mucho el trabajo, y en una tarde ya había varios grandes montículos de algunos de los preciosos metales.
Cargaron lo que pudieron en las canastas de paja que habían hecho, y emprendieron el camino de vuelta. Chelsea les decía con mucho entusiasmo mientras caminaban que para algunos materiales tendrían que cruzar ríos, y para otros necesitarían acampar ya que estaban a uno o dos días de distancia a pie, lo cual no fue recibido con tanto entusiasmo como el de la geógrafa. Finalmente llegaron al fuerte, todos bastante cansados y dando por terminado el trabajo del día, cuando Xeno se dirigió a Stan, que lo miró con cautela.
- Stan, llévense todo lo que trajeron al barco.
- ¿Qué? ¿Por qué al barco? ¿No era que lo necesitaban para hacer sus cosas científicas?
- Sí, pero para empezar a derretir y crear los materiales, necesitaremos también hierro, el cual no se consigue en esta zona.
- ¿Me estás diciendo que vamos a tener que viajar en el barco con todos los jóvenes del club de ciencia juvenil?
- Sí, pero no todavía. Dado que también tenemos que estar en una zona medianamente costera para poder usar el navío, tendremos que bajar por el continente, la Dra. Chelsea nos indicó una isla perteneciente a Buenos Aires, de hecho, nuestra elegante geógrafa dice que se encuentra apenas a unos 50km de lo que antes era su ciudad, tendremos tierra firme también. Ahí conseguiremos piedra caliza, hematita, basalto, granito, coque, carbonato de calcio, y...
- Xeno... al grano –lo apuró, aunque con una media sonrisa.
- Con lo que podremos forjar hierro. Y con eso y el cromo, haremos acero inoxidable, no es necesario que te diga todos los usos que tenemos para eso, y cuánto va a mejorar nuestra primitiva tecnología actual en todas las áreas.
- Ya veo. Costa, aguas profundas cerca para navegar más rápido, materiales, hasta podremos usar los aviones para reconocimiento del área. Y si mal no recuerdo, la mejor carne animal, bien fresca. No te puedo explicar lo que fue alimentarnos de peces y conservas durante tres meses.
- Sí, lo sé –Xeno suspiró, y luego sonrió mínimamente también, aunque el dolor tirante de su mejilla le quitó las ganas de hacerlo nuevamente– Así que cuanto antes terminemos aquí con hacer acopio de una buena cantidad de nuestros metales, partiremos hacia allí.
- Nos acabas de dar la motivación suficiente para este trabajo duro, gracias –dijo Stan, cerrando los ojos con una sonrisa de satisfacción– Aunque eso signifique que tendremos que seguir cargando con estas malditas piedras una hora más, mientras cruzamos la selva, genial. Bueno, hasta mañana.
Xeno asintió, y observó cómo las caras de los soldados se oscurecieron ante la nueva orden de su capitán, sólo para un minuto después ver sus ojos iluminarse y hasta soltar exclamaciones de felicidad. La promesa de una tierra más segura de amenazas animales, no tener que lidiar con largas caminatas atravesando la selva, y sobre todo de poder al fin comer un buen pedazo de carne los energizó a todos, que no se demoraron en continuar el camino hasta el barco, incluso a un paso más animado que antes. Stan buscó a Kohaku con la mirada, hasta que la encontró y se acercó a ella.
- Te lo pregunto nuevamente, Kohaku. ¿Quieres venir al barco, o prefieres quedarte aquí y descansar un poco más?
- Voy contigo, como te dije.
- Bien, vamos... antes de que mis propios subordinados me dejen atrás, algo sin precedentes –dijo con una sonrisa burlona.
Caminaron detrás de la larga fila de militares cargando sus canastos de piedra, hasta que llegaron a la costa cuando el sol se había ocultado hace poco en el horizonte, al menos dándole una buena vista del cielo celeste teñido de tonos violáceos y rosados en degradé. Kohaku respiró profundamente, y murmuró.
- Ahora que lo pienso, hace mucho que no le prestaba atención a ver atentamente un amanecer o un atardecer. Aunque llegamos un poco tarde para este.
- Es verdad, yo tampoco. Parece ser algo nuestro ya, ¿no? –Le contestó Stan con tono suave, le encanta ver cómo brillaban los ojos de ella, y cómo se reflejaba hermosamente ese cielo en sus ojos– Aunque cuando lo compartimos, fue siempre desde el aire. ¿Sabes qué?
- Dime –Le contestó, mientras entrelazaba sus dedos con él, que le había dado su mano.
- Mañana volveremos un poco antes, así alcanzas a ver el atardecer completo, desde la tierra. Y para cuando volvamos a navegar para ir a esa isla que dijo Xeno, podremos hacerlo desde el mar, así ya compartiremos todas las posibilidades de ver el atardecer, mar, tierra y aire. Podríamos hacer lo mismo con los amaneceres, pero requieren más voluntad de levantarse temprano.
Kohaku tuvo que contener un gemido de ternura ante eso, le había parecido un detalle más que dulce de parte de él. Y lo decía tan tranquilo, relajado, y seguro, que le generaba una sensación cálida en el pecho, y ese calor subió hasta sus ojos, con unas inusuales e incipientes lágrimas de emoción. Respiró profundamente una vez más, conteniendo la repentina sensibilidad, y se quedó con aquella bonita sensación de paz y esperanza.
- Estoy segura que valdrá la pena, al menos una vez –contestó luego– Gracias, Stan.
- A las princesas hay que consentirlas –le dijo, guiñándole un ojo, maravillado con ver los ojos de ella aún más brillantes.
Si podía ver esos ojos así más seguido, se encargaría de hacerle ver cada atardecer que tuvieran por delante, era la mirada más pura que nunca había visto, y además lo reconfortaba a él también. Se repartieron en los botes que habían dejado en la orilla, y volvieron al barco. Allí encontraron un renovado alivio en cuanto pudieron asearse y refrescarse luego de guardar las piedras en el depósito. La mayoría optó por bajar nuevamente en los botes y lanzarse al río, vestidos solamente con su ropa interior. Después de eso, cenar fue lo segundo mejor de ese día, aunque entre charlas admitieron que lo que había preparado la mujer llamada François había sido más delicioso, sin desmerecer a los cocineros de entre su grupo.
Luego de la cena y de digerir un poco entre más charla, cada uno se fue a los camarotes que compartían, Kohaku y Stan fueron al suyo, sin perder más tiempo, estaban agotados. Kohaku estaba acostumbrada y más cómoda durmiendo vestida, pero su vestido no estaba precisamente limpio, y su ropa interior estaba todavía algo húmeda, por lo que ninguna de las dos opciones era la ideal. Sabía que no tenía que darle tanta importancia, al fin y al cabo, venía de un par de meses de dormir sobre la tierra o una simple bolsa de dormir, pero precisamente por eso era que no quería ensuciar las pulcras telas que cubrían la cama. Se desnudó rápidamente antes de que Stan se diera vuelta y pudiera verla, y se metió bajo la manta. Era curioso, pero le incomodaba más desnudarse así, que las veces que había intimado con él o con Xeno. Ya que eran individuales, y Stan ocupaba su buena parte, de por sí tenían que dormir bastante acurrucados y cerca para entrar y que ninguno sienta la incomodidad de caerse. No iba a quejarse de aquello, se encontraba bastante a gusto y segura en el protector abrazo de él.
Lo único que tenía que admitir para sí misma, aunque en parte se había acostumbrado con renuencia, era al constante aliento al humo del cigarrillo que pocas veces en el día abandonaba los labios de Stan. Nunca le había agradado, y solía quedar en un segundo plano en las contadas ocasiones que habían compartido profundos besos y se abandonaban a la pasión, pero por momentos, cuando lo tenía tan cerca y nada más sucedía, se sentía al borde de las náuseas. No dudaba que iba a ser un mensaje demasiado obvio, pero consideró preguntarle a Luna o Chelsea por algunas hierbas medicinales que tuvieran un gusto más agradable y refrescante, al menos en la aldea las consumían seguidamente, hasta que Senku les había mostrado un preparado que ayudaba a limpiar la boca y los dientes. Pero si iba a dormir los próximos días, o meses, junto a Stan, tendría que buscar la forma de plantear el delicado asunto.
Cuando él se recostó también, ella se giró para quedar de espaldas a él, y así lidiar con el tema por esa noche, dejándose abrazar, y encontrando rápidamente el sueño ya que estaba cansada. Por su parte, Stan todavía estaba bastante desvelado, se había acostumbrado a dormir pocas horas, por lo que su cuerpo no le pedía todavía abandonarse al sueño. Tampoco podía terminar de creer que estuviera así tan relajado con Kohaku a su lado, era un contraste demasiado grande con los eventos del día, y de los anteriores. El que estuviesen así, simplemente durmiendo uno junto al otro, era algo que nunca habían hecho, sin contar aquella primera vez en que "sin querer" ella se había quedado dormida. De hecho, podía contar con los dedos de una sola mano las veces que había dormido juntos. De sólo pensar que esa podría ser su nueva realidad a partir de ese día... todavía le costaba creerlo, aceptarlo, que la vida fuera así de buena para él. Se encargaría de agradecerla y retribuirla cada día, con tal de mantener esa buena suerte.
Y pensando en eso... había algo más que tenía que soltar, que dejar ir definitivamente, para seguir adelante. Todavía estaba demasiado fresco para él, a diferencia de Kohaku o Xeno, pero tenía que superarlo también. Se sentía un idiota por haber dejado su imaginación vagar y sus esperanzas crecer inocentemente, pero más de dos meses sin mucho que hacer más que viajar por el mar no lo ayudaron a evitarlo. Tenía que dejarlo ir, además no era el fin del mundo, quizás cuando encontraran la paz nuevamente, cuando aquella maldita amenaza terminase de una vez... podrían volver a intentarlo, si ella también lo quería, no estaba todo perdido todavía.
Se asomó cuidadosamente para mirarla, Kohaku estaba profundamente dormida, el brazo de él descansando en su cintura, parecía que encajaba perfectamente en esa curva. Una idea cruzó su mente... no, sólo sería echarle sal a la herida, de seguro. Pero, por otro lado, empezaba a creer que era lo último que necesitaba para quitarse la duda del "cómo hubiera sido". Xeno había podido hacerlo, al menos una vez, él no, o no en un estado de calma. Cada segundo el impulso era más fuerte, se estaba convenciendo inconscientemente que lo necesitaba, pronto su mente iba a empezar a poner excusas para darle la razón. Y una vez plantada la imagen en su cabeza, contenerse iba a ser más difícil. Respiró profundo, y sonrió con amargura al darse cuenta que era demasiado tarde, la tentación ya era demasiado fuerte, y estaba servida a su alcance. Que Kohaku estuviera dormida era ideal, no tenía que incomodarla o importunarla, no se enteraría nunca, y en cambio para él podría hacer un mundo de diferencia, era un ejercicio que valía la pena probar para "soltar", así como lo que había hecho ella con el corazón fantasma.
Y si luego se sentía peor, bueno, mala suerte, tendría que vivir con ello. Pero al menos no se quedaría con las ganas o la duda, prefería hacerse cargo de su delicada decisión. Cerrando los ojos con un poco de nerviosismo, movió lo más lento y delicado que pudo su mano para no despertarla, hasta posarla sobre entera sobre el abdomen de ella. Tuvo que contener un jadeo, y casi quitó la mano como si le hubiera quemado. Pensarlo era mucho más fácil que hacerlo, y tal vez no estaba listo como creía, pero tenía que terminar con el "ejercicio". Era como la última conversación o confesión que hacían las personas que se habían quedado con algún lamento en el corazón, y no se lo habían podido decir a la persona que querían, pero ya había partido de ese mundo.
¿Cómo se sentiría de verdad al reconocer los primeros movimientos, la prueba de que de verdad había un bebé allí dentro? No sólo al tacto, sino también en emoción. Ese pequeño movimiento casi imperceptible, cuando él apoyara su mano, saludándolo, y que el esquivo renacuajo que andaba allí adentro invisible de pronto reaccione y se mueva, reconociendo a su padre... El cerebro era muy poderoso con las visualizaciones y hasta sensaciones, era como pensar en el aroma de una rosa, y efectivamente olerlo, aunque no estuviera allí, el poder de la memoria. Sólo que esa vez lo que él pretendía hacer era sentir algo desconocido, quizás basándose en imágenes que había visto, en películas o series del viejo mundo, porque nunca había tocado a una mujer embarazada. Su mente podía unir los pedazos, pero tendría que saber detenerse a tiempo, y no quedar atrapado en la fantasía. Aunque el autocontrol era algo corriente y ejercitado por él, no era alguien que se dejara llevar fácilmente por los impulsos.
Deslizó un poco más los dedos por allí, permitiéndose una última visualización, se prometió que esa sería su despedida, y no volvería a pensar en ello nunca más, se dio su palabra a sí mismo. Sonrió con los labios apretados, su cerebro comenzando a hacer esa magia, viendo una película, como soñar despierto, con los ojos cerrados, casi se rió en voz alta de lo fácil que era, el consuelo de los inocentes de permitirse todo lo que querían, pero sólo en su mente. Tan fácil, y a la vez tan claro y real. Sí, tal como eso que acababa de sentir, ese ínfimo pero indudable burbujeo, un movimiento que...
De pronto abrió los ojos desmesuradamente, quedándose muy quieto. ¿Qué...? ¿Qué demonios...? El corazón le empezó a latir muy rápido, la adrenalina lo recorrió internamente. Sabía que la mente, así como los sueños, eran muy intensos en las visualizaciones cuando uno estaba tan concentrado y profundo, pero... Podía jurar que sintió algo. Mierda. Santa mierda. ¿Había sentido algo de verdad, o efectivamente le había puesto todo su ser al ejercicio que se había propuesto? Tuvo que quitar la mano de allí, aunque con suavidad, porque le había empezado a temblar notoriamente, así como tuvo que taparse la boca con su otra mano, para que su respiración alterada no alcanzara los oídos de Kohaku.
No sólo la duda de lo que había "sentido" se estaba convirtiendo en su nueva maldición, sino que no podía decírselo a Kohaku, iba a lastimarla seguramente, además que ella había sido testigo de su propia pérdida. ¿Entonces cómo...? ¿Era posible? Pensó en la petrificación, que curaba algunas cosas, pero había entendido que ella había perdido al bebé completamente al menos un mes y medio antes, no podía curar o recuperar algo que ya no estaba dentro de ella. ¿Tal vez podría decirle a Xeno al día siguiente, en secreto? Era un maldito científico, seguro tenía más respuestas que él. Pero no quería ilusionarlo otra vez, ni lastimarlo más, bastante desdichado se sentía su amigo últimamente como para hacerle eso, sin pruebas más que su caprichosa imaginación en medio de un ejercicio en el cual le había puesto el corazón para visualizarlo apropiadamente. No, sería demasiado cruel darle la esperanza a cualquiera de ellos, y luego quitársela, si había sido casualidad o imaginación suya. Lo había hecho para cerrar una herida suya, no para abrírsela a los demás.
Llegó a la conclusión que tendría que guardárselo un poco más, buscar más evidencias, o volverlo a sentir, esta vez de forma consciente. Sí, observarla detenidamente, y lo que sí podía hacer era decirles a otros dos que no les afectara tanto. Luna había sido estudiante de medicina, podía servir. No conocía tanto a los otros jóvenes, pero si tenía que seguir sus instintos y elegir, estaba pensando que el grandote de pelo largo, el que lo había dejado volver al barco con Kohaku, podía servir también. No para que le dé respuestas, pero para ayudarlo a vigilarla y a cuidarla. Si tan sólo había la más mínima probabilidad de que fuera cierto, ella no debía continuar con todo ese trabajo forzado de picar piedra y cargar las canastas pesadas en su espalda. Pero tampoco podía impedírselo de la nada, no tenía excusas para hacerlo, era una situación bastante problemática. Bueno, había algo que sí podía hacer, mientras tanto... buscar volver a sentirlo.
Aprovechando que Kohaku seguía dormida, volvió a apoyar la mano en su vientre, controlando el temblor de su mano. Pasaron unos minutos, no sintió nada. Claro que también podría haber sido un simple movimiento estomacal, era normal también a pocas horas de haber cenado. Pero por algún motivo, estaba seguro que no había sido exactamente eso, conocía en su propio cuerpo cómo se sentía eso, no importaba que ella fuera una mujer, un estómago era un estómago, para todos. Los minutos pasaron, las horas también, y pese a estar muy atento y vigilante, no volvió a sentir nada. Mierda... su mente le estaba ya gritando que acepte que había sido su imaginación, una mera casualidad o un producto de la visualización, pero una parte de él ya no podía hacerlo. No había dormido nada, y para colmo estaba cansado físicamente, pero la ansiedad, la duda y la vigilia que enfrentaba tampoco le permitieron conciliar el sueño en toda la noche, y no se animó a quitar la mano de allí ni siquiera un segundo, a pesar de no volver a sentir nada.
Cuando los primeros rayos de luz se filtraron por la ventana del barco, Kohaku se despertó y se removió. Sintió un rápido movimiento que su cerebro no alcanzó a identificar, pero asumió que debía haber sido Stan a su lado, tal vez lo había despertado también. Se giró y entreabrió los ojos, buscando los de él, pero se asustó y casi se cayó de la cama cuando vio que tenía unas profundas ojeras y los ojos un poco irritados, como si estuviera muy cansado.
- ¡Stan! ¿Qué te pasó? –Le preguntó preocupada.
- Hmm, no pude dormir –No mentía, realmente.
- ¿Por qué?
- A veces pasa. No te preocupes, no es la primera vez que paso una noche sin dormir, mantenerme muchas horas despierto ha sido parte de mi trabajo más de una vez, no es tan grave.
- ¿Estás seguro?
- Sí, mi princesa preocupada, estoy seguro –Le sonrió mínimamente y le dio un beso en la frente para calmarla– Además, no es como si tuviera otra opción. Si mi mente se niega a conciliar el sueño, no hay mucho que hacer, menos aún en este mundo. Estaré bien. Vamos, hay que levantarse.
Stan tenía que ocultar su enorme frustración, no solamente por empezar un nuevo y seguramente extenuante día de trabajo forzado picando unas malditas piedras todo el día, sino porque todavía tenía la duda de lo que había pasado durante la noche, no había vuelto a sentir nada, ni una sola vez. Pero no iba a rendirse, no todavía. Quiso aprovechar para mirar el abdomen de Kohaku cuando comenzara a vestirse, ya que estaba desnuda, pero ella lo hizo de espaldas a él, no pudo ni verla de reojo. Aunque lo hizo disimuladamente cuando ya estaba vestida, no se lo notaba más crecido. ¿Cuánto tiempo iba... cuatro meses? Suponía que debía de notarse ya, aunque al ser primeriza quizás podía ser que no se percibiera, no tenía la menor idea.
En cuanto llegaron al fuerte de los jóvenes japoneses, Stan lo primero que hizo fue buscar a Luna. Esquivó la mirada de Xeno, que notó sus ojos profundamente marcados por la falta de sueño, y cuando encontró a la joven, le dijo que encontrara una choza que estuviera libre para hablar de algo importante, y que luego la seguiría, tenía que buscar a alguien más. Ella se mostró extrañada y curiosa, pero no preguntó, e imaginó que sería algo que tenía que ver con el rostro cansado de él. Luego Stan fue a buscar a Tsukasa, a quién fue más difícil de convencer que lo siguiera, pero le dijo que era el único de ese grupo, además de Kohaku, en quién creía que podía empezar a confiar. Cuando estuvieron los tres dentro de la choza, y el soldado se aseguró que nadie cerca podía verlos u oírlos, habló.
- Necesito contarles algo que pasó anoche, y aunque suene muy loco y extraño, también lo fue para mí. Pero hasta que no me saque la duda, necesito que ustedes dos me ayuden –Cuando los vio asentir, continuó– No sé cómo, o por qué, si es posible o si fue mi imaginación, pero... hay una posibilidad de que Kohaku siga estando embarazada.
Hubiera sido gracioso en otra circunstancia ver a Luna y al grandote abrir mucho los ojos y quedar boquiabiertos, para luego verlos fruncir profundamente el ceño, pero en esa situación no lo era. Luego de la impactante revelación, les contó rápidamente todo lo que había sucedido, así como recapituló algunas sospechas que también había considerado durante su noche de vigilia.
- No dudo que toda esa sangre y coágulos que me dijeron que perdió, fue así, pero... ¿y si no lo perdió del todo?
- No, Stan, lo siento, pero sé lo que vi –Murmuró Luna– Gracias a dios que ella logró expulsar naturalmente todo, eso le salvó la vida sin dudas. De verdad perdió a ese bebé. Pero... –se calló, dudando.
- ¿Pero? –Preguntó, acercándose más a ella, todo su ser atento.
- Bueno... hubo algo que hablamos, Chelsea lo sugirió, cuando se enteró que Kohaku no sabía si tú o Xeno eran el padre del bebé. Pero realmente era tan poco probable, que quedó olvidado, más cuando sufrió el aborto.
- ¿Qué hablaron, Luna? Dime, ahora –La presionó, poniéndose nervioso.
- Como los dos estuvieron con ella con tan poca diferencia de tiempo –se había puesto muy colorada de sólo decirlo, y bajó la mirada– hay algunos casos en que dos óvulos pudieran ser fecundados, aunque generalmente... suele ser en la misma noche y con el mismo padre, es decir, así nacen los mellizos. El que justo hubiera dos óvulos listos, pero fecundados uno luego del otro, es mucho menos probable, pero no se puede descartar, mucho menos si el segundo embarazo se produjo apenas un día después, el cuerpo de la madre no empieza a cambiar tan pronto.
Stan jadeó, y dio un tambaleante paso hacia atrás. Procesó aquella increíble posibilidad, y no podía negar que tenía cierta lógica.
- ¿Me estás diciendo que sí está la posibilidad de que haya perdido un bebé, y no al otro? ¿Es eso posible?
- No lo sé con certeza, Stan, no estudié tanto sobre el tema. Pero si eran embriones distintos, y quizás uno estaba más débil y le impactó más los sobre-esfuerzos de Kohaku, además que ella estaba anémica, o pudo estar malformado desde un principio... podría ser. Tampoco era seguro que hubieran sido uno de cada padre, tal vez fueron mellizos del mismo, sería hasta más probable, pero no hay forma de saberlo.
- Stanley –intervino Tsukasa, luego de pensarlo con cuidado– Dices que no estás seguro de lo que sentiste, no es conveniente que asumas que es cierto hasta tener más pruebas. Coincido en que será mejor no decirle nada todavía a Kohaku, ni al Dr. Xeno.
- ¿Pero y qué podemos hacer? ¿Dejarla hacer trabajo pesado otra vez, que podría volver a afectarla y perder al otro bebé, si realmente estuviera embarazada todavía? No lo veo como "terreno seguro" si ya perdió uno.
- No, lo sé –asintió el pelilargo– Pero no tiene por qué hacer eso, podría quedarse aquí a ayudar a Senku y a Xeno, que están haciendo otros aparatos tecnológicos más livianos. Luna podría pedirle su ayuda, y tú o yo decirle que está bien que se quede aquí.
- Es buena idea, sí –admitió Stan, pensativo– De acuerdo, te la confío, Luna.
Salieron de la choza, aprovechando el momento en que vieron a los demás mirando a otros lados para que no fuera sospechosa la situación. Tsukasa se ofreció casualmente a ayudar a los científicos a trasladar un aparato metálico enorme que Kaseki había forjado, que Xeno había explicado que servía para refrigerar el aire dentro del mismo, y así poder extraer el argón circundante. Y fue entonces, cuando estaba comenzando a ensamblar las partes que le faltaban junto con Luna que se había sumado a la tarea, Stan llamó a Tsukasa para ir a excavar. Kohaku también se dispuso a partir, pero Luna la llamó, diciéndole que necesitaba ayuda para colocar bien las "pesadas" mangueras metálicas. Antes de que pudiera negarse, Tsukasa le dijo que estaba bien que se quedara, que en todo caso si necesitaban intercambiar, mandarían a alguien de vuelta para que ella lo reemplace. Kohaku miró a Stan, y le sorprendió que él sonriera y le dijera que estaba bien también, pero no se quejó más, y accedió a ayudar a Luna. Nadie volvió a pedirle el reemplazo en toda la tarde, tampoco.
Por la tarde, Stan se acordó a último momento de la "promesa" que le había hecho de que la acompañaría a ver el atardecer, con la cabeza todavía ocupada en lo otro, y volvió por su cuenta, diciéndoles a sus subordinados que siguieran y luego volvieran al barco por su cuenta, que él tenía algo más que hacer. Caminó lo más rápido que pudo, a pesar de estar desgastado de dos días completos de trabajo, nada de descanso, y la cabeza estallándole de dudas. Sin dar explicaciones, en cuanto llegó al fuerte tomó la mano de Kohaku, y la llevó con él. Caminaron a paso rápido, mientras Stan le explicaba el motivo del apuro. Eso apaciguó a la rubia, y le enterneció que él lo recordara y se lo tomara tan en serio.
Llegaron en poco más de media hora, justo a tiempo, el sol a unos palmos de distancia de hundirse en el horizonte bajo el mar. Se sentaron en la orilla, uno junto al otro, y Stan la rodeó con un brazo. Su "gusto culposo" era no mirar precisamente el bello atardecer, sino de reojo los preciosos ojos de ella, de verdad que su mirada se relajaba y resplandecía al contemplarlo. Cuando el sol terminó de ocultarse, se quedaron allí juntos esperando a los demás, no sobraban los botes como para dejarlos en falta de uno, por lo que aprovecharon para refrescarse y asearse un poco con el agua del río. Stan aprovechó para mirar nuevamente el cuerpo de Kohaku, que como estaba en ropa interior no tenía problema en mostrarse, ni aunque apareciera alguien más. Pero tampoco notó diferencia con verla con su ajustado vestido, y al parecer la había mirado tan fijo que ella lo percibió, y él no llegó a tiempo de correr la mirada, aunque lo disimuló lo mejor que pudo, guiñándole un ojo con actitud relajada.
Por la noche, luego de acostarse, Kohaku volvió a quedarse dormida antes que él, y Stan dedicó el resto de la energía que le quedaba a poner su atención en tocar el abdomen de ella y tratar de sentir algo, quizás "activaba" luego de que ella comiera, por los movimientos estomacales. O tal vez, si de verdad estaba ahí y él ponía toda su intención, como si fuera posible que el bebé sintiera la energía del "llamado"... pero no, aún luego de varios minutos de por poco rogar internamente, no sintió nada tampoco. Resopló suavemente, frustrado.
- Vamos, renacuajo, ¿dónde estás? –susurró– Que no pueda creerlo es una cosa, pero sé lo que sentí. La intuición no me falló nunca hasta hoy, y por algo no puedo desechar la idea, por más que sea lo más lógico, ya que te decides a ignorarme
Nada, ni siquiera ese tonto intento de conversación tuvo efecto. El sueño lo estaba venciendo, así como la lucha con la desesperanza.
- ¿Qué necesitas, una promesa, un intercambio? –continuó, cerrando los ojos– De acuerdo, con tal de que de verdad estés ahí, sano, y nazcas vivo, haría lo que sea. Y si lo pienso bien, algo que tendría que hacer eventualmente, por tu bien... Dejaría de fumar... para siempre. Al menos ya tengo los pulmones curados, no puedo decir lo mismo de mi mente, pero lo intentaré.
Al seguir sin sentir nada, suspiró resignado, y se dejó vencer por el sueño y cansancio acumulado. Cuando Kohaku despertó con el nuevo día, sintió el peso de la mano de Stan... en su vientre. No estaba casualmente rozando el lugar, ni colgaba de su cintura, sino que parecía voluntariamente apoyada allí. Se le hizo un nudo en el estómago de pensarlo, que él siguiera obsesionado con el embarazo perdido, y torturándose con aquello mientras ella dormía, ignorante de la situación. No pudo con eso, y le quitó la mano, tratando de no angustiarse. Stan despertó con el movimiento, y todavía adormilado buscó los ojos de ella. En cuanto la vio, percibió que estaba contrariada con algo. ¿Quizás... lo había sentido también? ¿Y no se animaba a decírselo, tal como le pasaba a él?
- Buen día, Kohaku –murmuró– ¿Estás bien?
- Sí –Fue todo lo que pudo contestarle, más bien ella quería hacerle esa pregunta, pero tenía la garganta cerrada.
- ¿Sentiste... algo? –Se atrevió a preguntar, con cautela, luego se corrigió, para disimular, cuando la vio profundizar el ceño– Algún malestar, si te cayó mal la comida, quiero decir.
- No.
Kohaku se levantó inmediatamente de la cama, vistiéndose rápido y dándole la espalda. No porque tuviera pudor, sino porque creía que iba a llorar si seguía mirándolo a los ojos. Esa pregunta de si "sintió algo", con esa expresión cautelosa que le notó en el rostro y en la voz, no dudaba de que debía ser una indirecta. Tampoco había sido fácil para ella rememorar la pérdida del bebé, creía que jamás podría olvidarlo, menos con el entusiasmo que él había profesado al respecto. Pero que Stan siguiera pensando que seguía embarazada... ¿y si se había vuelto loco, en esas largas horas que había pasado petrificado, sin entender nada? ¿o si por el impacto y la negación, había "olvidado"? No habían vuelto a hablar del tema desde que ella le contó todo lo sucedido en el viaje, por lo que no sabía si sería posible.
- Kohaku...
Esquiva, evitó mirarlo, y salió del camarote. Estaba siendo exagerada, y más que evidente, no sabía cómo podría volver a hablarle, tampoco se atrevía a echarle en cara eso, y tenía algo de miedo de cómo él fuera a reaccionar. Ya lo había visto roto y vulnerable, no quería volver a verlo así. Pero necesitaba alejarse para pensar, quizás decirle a Xeno y pedirle que hable con él. Salió a la cubierta del barco, y aunque varios la miraron extrañados, nadie la detuvo.
- ¡Kohaku! –Exclamó Stan desde dentro del barco, tratando de alcanzarla, no tenía idea qué pensaba hacer.
Veloz, cortó la cuerda de uno de los botes, que cayó parejo sin volcarse, y se sostuvo de la larga cuerda para bajar de esa forma lo más que pudo, saltando dentro del bote en cuanto vio a Stan asomarse desesperado.
- ¡Kohaku! ¡Espera!
La rubia remó lo más rápido que pudo, por suerte podía hacerlo sola, y que no hubiera una corriente en el río la ayudaba en ese caso. Sin pensarlo dos veces, Stan se lanzó al río, y nadó detrás de ella con todas sus fuerzas. Kohaku ni bien sintió el bote trabarse en la arena, saltó fuera y echó a correr. Sabía que lo estaba empeorando, no había explicación posible para huir así de Stan, pero estaba sola, no tenía a nadie que la ayude, o más bien, que lo ayude a él. Luego de varios minutos de correr, se animó a mirar atrás cuando oyó al soldado gritar su nombre, y vio que ya había recortado parte de la distancia que le había ganado, era obvio, considerando que él era mucho más alto y fuerte. Lo único que le quedaba, era confiar en el mejor oído de entre sus amigos, para que la única persona que podía hacerle frente a Stan se acercara.
- ¡TSUKASAAAAAAAAAAAAAAAAAA! –Gritó con todas sus fuerzas, rogando que fuera suficiente para que Ukyo entendiera.
Siguió corriendo, al borde de las lágrimas de tanta tensión, pero de pronto sintió que la jalaban del brazo, y se encontró cara a cara con un jadeante Stan.
- ¡¿Qué demonios te pasa, Kohaku?! –Le gritó, entre la confusión y la preocupación, asustado de que tanta corrida o una caída la pudiera afectar, no podría perdonárselo si...
- ¡Suéltame, Stan! –Forcejeó ella, luchando.
- ¡No, no lo haré hasta que te calmes! ¡Es peligroso!
- ¡Suéltame! ¡Por favor! –le rogó, sin poder escapar del férreo agarre de él.
- ¡Deja de resistirte, maldición! ¡No quiero hacer esto!
Continuaron forcejeando un poco más, Stan no se atrevía a reducirla con más fuerza, le estaba doliendo en el alma ya tener que ser así con ella, pero no tenía idea lo que podía estar pasando por su mente. Pero se detuvo en seco cuando, apenas alcanzándolo a percibirlo un segundo antes, un largo y filoso espadón apuntó a su cuello. Eso paralizó también a Kohaku, que sintió mucho alivio cuando vio a Tsukasa llegar a su lado.
- ¿Cuál es la situación, Kohaku? –Preguntó con calma, pero con una energía protectora y amenazante– ¿Te lastimó?
- No... no... más bien, creo yo lo lastimé a él. Mantenlo alejado de mí, por favor.
Eso no tuvo ningún sentido para Tsukasa, ni para Stan, que la miró contrariado. Los dos hombres cruzaron miradas con cautela, sin saber cómo reaccionar ante eso. El pelilargo decidió seguir el pedido de Kohaku, y rodeó a Stan para colocarse detrás de él, todavía amenazándolo con la espada. Cuando Kohaku echó a correr nuevamente, el soldado miró desesperado a Tsukasa, que se dio cuenta que tenía que detenerla.
- ¡Kohaku, no corras! –Ella obedeció inmediatamente, aunque extrañada– No corras, ya estoy aquí, estás segura. Vas a asustar a los demás, ya están pensando que algo malo te sucedió, y si me ven amenazando así a Stan, van a pensar lo que no es.
Ese argumento pareció convencer a la joven, que asintió y continuó caminando a paso rápido, pero controlada. Los dos la siguieron, y Tsukasa le susurró con voz apenas audible a Stan.
- ¿Qué sucedió?
- No lo sé. Nos despertamos, ella me miró raro, parecía angustiada, o asustada. Le pregunté si había sentido algo por... ya sabes... y salió corriendo.
- Hmm, ya veo.
Cuando llegaron al fuerte, la mayoría de los jóvenes estaban apostados en la entrada, preocupados. Xeno también estaba entre ellos, preocupado y sin entender lo que había pasado. ¿Tsukasa amenazando a Stan? ¿Kohaku había pedido ayuda? Stan jamás la lastimaría, estaba seguro de eso. En cuanto sus ojos se encontraron con los de ella, la rubia echó a correr, abrazándose a él.
- ¿Kohaku?
- Xeno... por favor, ayúdalo –le dijo angustiada– Tienes que hablar con él, creo que está confundido, está mal.
- ¿A qué te refieres? ¿Qué sucedió?
Las palabras de Kohaku llegaron a oídos de Stan, que pareció entender algo de lo que pasaba. Estaba casi seguro que ella se había dado cuenta que él sospechaba algo del posible embarazo, por cómo lo había mirado antes. Lo que no sabía, era si ella misma lo sabía.
- ¡Kohaku, creo que estás embarazada! –gritó.
La rubia cerró los ojos con dolor, confirmando sus peores temores. No quería pensarlo, pero Stan se lo había dicho con sus propias palabras. Un profundo silencio se hizo luego, pero la única que no se mostró tan sorprendida con esa declaración fue Luna, además de Tsukasa.
- ¿De nuevo? –Preguntó Xeno, con voz apenas audible– Stan, hijo de... ¿volviste a...?
- ¡No! –Se apresuró a aclarar– Estoy diciendo que nunca dejó de estar embarazada, es el mismo del principio.
- Stan, no... por favor, no te hagas esto –Kohaku dejó caer sus lágrimas– Lo perdí, sé que sucedió. La sangre...tú no lo viste, no fue normal. Entiéndelo, acéptalo, por favor. Y aunque me petrificaron, ya no tenía el bebé hacía tiempo, ¡no pudo revivir porque ya no estaba dentro mío!
- Sí, lo sé, ese lo perdiste.
- ¡¿Entonces?! No te entiendo...
- Luna me dijo que conversaron la posibilidad de que estuvieras embarazada de dos hijos, de mellizos, o algo así –Confesó él– No sé si uno era de Xeno y el otro mío, o tal vez fueron dos del mismo padre. Pero anteayer lo sentí, te toqué el abdomen mientras dormías, y te juro que lo sentí.
- ¿Qué...?
- Pensé que era mi imaginación, una fantasía de mi mente, pero luego recordé... la primera noche que compartimos en el barco, hubo varias cosas que llamaron mi atención, Kohaku. Podrían haber sido casualidades, o que todavía tu cuerpo estaba volviendo a la normalidad luego de perder el embarazo, pero si unimos las piezas... tal vez no lo fueron –Bajó la voz para que los menos posibles oyeran los detalles íntimos– Tus pechos están un poco más grandes, tu cuerpo estaba más sensible de lo normal, y cuando tuviste ese repentino cambio de ánimo, pasaste de estar excitada, a gritar y llorar, y luego volviste como si nada a desearme casi fuera de control... demasiado hormonal. Y luego, cuando los dos asumimos que tu estómago había reaccionado por hambre, apenas después de que tuvieras un orgasmo... creo que en realidad fue el bebé moviéndose, así como yo lo sentí la otra noche. No sé cómo explicarlo, pero no era como los movimientos que hace un estómago, eran distintos.
- Oh, dioses... –Kohaku abrió mucho los ojos, considerando que las palabras de Stan tenían su verdad, y en parte aliviada de que no estuviera loco.
- ¿De verdad te acostaste con ella apenas huyeron, Stan? ¿En serio? –Le preguntó indignado Xeno.
- No fue exactamente así, Xeno. Y no hicimos todo, no soy tan estúpido para cometer el mismo error dos veces. Deja eso de lado ahora, ¿quieres? No es lo importante. Basta de vueltas y dudas, tenemos que comprobarlo. Luna, ¿no hay otra prueba que podamos hacer para comprobarlo?
- Sí, creo. Hmmm, creo que la misma que probamos la primera vez debería funcionar, es el mismo principio.
- Bien. Kohaku, por favor... ¿Podrías?
- Sí... sí –murmuró con voz baja, todavía impactada con la posibilidad.
Al fin cuando se calmaron los involucrados, Luna abrazó a Kohaku por el hombro y suavemente la guió con ella. Xeno sentía tan flojas las piernas que no se atrevió a moverse, perdido en sus pensamientos, hasta que Stan se acercó a él y le apoyó una mano en el brazo, volviéndolo a la realidad.
- Stan, si te equivocas... te mataré –le dijo muy serio, con los ojos turbios.
- Y lo tendré bien merecido –le contestó con una sonrisa nerviosa.
Fue una buena coincidencia que pudieran contar con la primera orina de la mañana de Kohaku, ya que había huido ni bien se había levantado. Xeno vertió la muestra en un pequeño frasco, y con un gotero soltó dos gotas de aceite, bien separadas, luchando con el ligero temblor de su mano. Esperaba que fuera como la otra vez, que habían tenido que esperar varios minutos para obtener el resultado. Luna le había explicado rápidamente a Stan cómo era el experimento, y los ojos de él no se despegaban del frasco, ni siquiera se animaba a tocar a Kohaku de lo nervioso que estaba él también. Los demás tuvieron la prudencia de esperar afuera de la choza, nadie se atrevía a decir una palabra al respecto.
Sabiendo que tendría que tomárselo con paciencia, Stan respiró hondo y cerró los ojos, tratando de no pensar, tenía el estómago revuelto de tanta ansiedad. Cuando los abrió unos segundos después, miró la muestra, y se quedó muy quieto cuando vio que había una única gota de aceite frente a sus ojos. Ninguno de los tres movió ni un pelo por varios segundos más, entendiendo lo que eso significaba, y Kohaku y Xeno viviéndolo por segunda vez. Stan hizo un sonido extraño, y salió a toda velocidad de la choza. Los jóvenes lo vieron pasar y lo esquivaron por poco, sin entender por qué salió así.
- ¡¿Por qué corre?! –Gritó Taiju, sorprendido.
- Diez billones por ciento seguro que está yendo a "comprar cigarrillos", grandulón –Le contestó Senku con una sonrisa tensa.
Pero el destino de Stan estuvo más cerca de lo que pensaban, cuando se asomó a un arbusto cercano y vomitó todo lo que tenía en el estómago.
- ¿Las de las náuseas matutinas no suele ser la mujer? –Preguntó Taiju con inocencia.
Kohaku y Xeno salieron de la cabaña, preocupados por la reacción del soldado, hasta que lo vieron y oyeron, parecía seguir con arcadas, aunque ya no tuviera nada más que vomitar. Cuando terminó, se irguió, todavía jadeando con los ojos cerrados, y se apoyó de espaldas contra un árbol, dejándose caer como un muñeco de trapo. Kohaku se acercó a él, sonriendo nerviosa por la pena.
- ¿Stan? ¿Estás bien?
- Oh, sí que había un renacuajo finalmente –Murmuró él, mirándola, mientras se limpiaba la boca con el guante.
- ¿Renacuajo? –Preguntó Kohaku con la ceja arqueada.
- Sí... bueno, es pequeño, escurridizo, y creo que está en un medio líquido allí dentro. Es un apodo simpático, con cariño. –explicó, mientras sonreía– Oh, diablos, te besaría, pero tengo un sabor asqueroso ahora, aunque ya me siento mucho mejor.
- Me alegro por eso, pero... –se acordó del tema del humo del cigarrillo que quería hablarle– bueno, tampoco es como si siempre tuvieras gusto a flores. Por eso que fumas, me refiero.
- Ah. No tendrás que preocuparte por eso de ahora en más, de cualquier forma. Mierda, aunque yo no sé cómo haré.
- ¿Hacer qué?
- Además de que no es bueno para el embarazo que yo fume cerca de ti, anoche me prometí a mí mismo que si de verdad todavía tenías un bebé dentro, dejaría de fumar. Las promesas hay que cumplirlas –suspiró desahuciado, casi con una expresión de dolor en el rostro.
- Oh...
Kohaku se arrodilló para quedar a la altura de él, y le colocó las manos a cada lado de la cara a modo de caricia, antes de darle un beso en los labios.
- Eso debió ser horrible, pero gracias, tiene el doble de valor.
- No lo sé, contuve la respiración –admitió con una sonrisa pícara.
Se puso más seria, miró hacia atrás buscando a Xeno, y estiró la mano en alto hacia él, invitándolo a que se acerque, y ofreciéndole su mano.
- Así que, Miss Kohaku, o algo más allá de nuestro conocimiento sucedió, o de verdad sobrevivió uno.
El científico mostró una sonrisa, que sin embargo no les llegó a los ojos. A pesar de la renovada sorpresa, estaba en parte feliz con la noticia. Pero una parte de él registró especialmente que el bebé había reaccionado ante Stan, fuera casualidad o no, y que por algo su siempre intuitivo amigo tenía la certeza de que no había sido su imaginación, cuando no sabía nada de lo del posible segundo bebé, hasta él había negado y olvidado eso. Si el suyo se había perdido, para variar, o si los mellizos eran de Stan, eso nunca lo sabría, y no sabía qué prefería pensar. Kohaku percibió su mirada un tanto opaca, y le apretó más fuerte la mano.
- Xeno... es una nueva oportunidad, aunque no sé qué saldrá de todo esto. Pero lo cuidaremos bien esta vez, ¿verdad? ¿Quieres darnos una segunda oportunidad también?
La pregunta de la joven fue un tanto ambigua, podía interpretarse tanto como por la paternidad compartida, como por la relación entre ellos. Con sus propias dudas y todo, admiraba la capacidad de Kohaku de extender su mano hacia él, real y metafóricamente. Negarse a aquello, implicaba elegir la oscuridad y la soledad, nuevamente. Aceptarlo... como había dicho ella, no sabía que podría salir de todo eso, pero al menos valía la pena intentarlo.
- Sí, veamos qué sale de esto.
Stan volvió a ponerse de pie, y le dio la mano a su amigo, mientras se miraban largamente a los ojos con una media sonrisa, sin nada más palabras de por medio.
Unos minutos más tarde, el grupo de militares llegó al fuerte, agitados por haber llegado lo más rápido que pudieron, y allí se enteraron de la noticia. Cuando Stan sonrió ampliamente, le devolvieron la sonrisa y los felicitaron. El día no estuvo exento de trabajo, por lo que todos reanudaron la marcha para ir a la zona de excavación. François, que había oído antes la conversación entre Stan y Kohaku, se quedó pensativa, y buscó a Chelsea para pedirle un favor. La geógrafa aceptó encantada, y luego hizo un pequeño mapa y unos dibujos de unas plantas. Se lo entregó a Chrome, que sabía que era otro explorador, y llamó también a Suika, para que la acompañen.
Al mediodía volvieron, y acompañaron a François a llevarle la comida a los trabajadores. Suika se dedicó luego a machacar un manojo de hojas, raíces y tallos e hicieron una generosa infusión con eso. La pequeña se acercó a Stan, y le ofreció el vaso.
- ¿Qué es? –Preguntó con curiosidad, viendo que no se lo ofrecía a nadie más.
- Está hecho con unas hierbas medicinales que Chelsea nos llevó a buscar. Dijo que te ayudaría.
- Gracias –Le sonrió a la niña, a pesar de que sólo podía ver la enorme máscara de sandía, y un destello de sus ojos marrones bajo los gruesos lentes que contenía– Ya me siento bien del estómago igual.
- No, no es para eso, señor Stanley –Se acercó la mayordomo a aclarar– Son hierbas que lo ayudarán con la abstinencia a dejar el cigarrillo. Le preparamos una infusión de gingeng, jengibre, regaliz, valeriana y pasiflora.
- Oh, qué considerados, gracias –Dijo sorprendido– Lo necesitaré, me vendrá muy bien.
- Hay mucho más para preparar, es mejor beberlo fresco con las plantas recién machacadas, por lo que puede pedirme siempre que lo necesite, y se lo prepararé.
- Muchas gracias, François.
El resto del día transcurrió como los anteriores, con la diferencia de que el ánimo general de todos estaba más alegre por la noticia. Tampoco habían festejado ruidosamente, seguía siendo una incertidumbre cómo lidiarían con un bebé en medio de todo ese viaje, pero les bastaba con saber que Kohaku, Stan y Xeno podían volver a sonreír.
Esa noche, cuando volvieron al barco, Stan tenía la sonrisa incrédula pegada en la cara. A pesar de que las condiciones fueran muy particulares y nada ideales, saber que ya no sería algo forzado, y que ya habían decidido querer estar juntos lo aliviaba mucho. Por más que él estaba bien con la idea de ser padre, lo que más le hubiera dolido, era que Kohaku no lo quisiera, ni a él ni al bebé. Pero ya no parecía ser el caso, por lo que podía volver a respirar y soñar tranquilo. Cuando se acostaron, Kohaku se puso de frente a él, y sonrió satisfecha.
- Ahora sí, me gusta mucho más que huelas a hierbas.
- ¿Me estás diciendo que esas noches en que te dormías de espaldas a mí, era porque no podías soportar mi aliento a cigarrillo?
- Sí, perdón –admitió avergonzada.
- Auch.
- No te lo dije antes porque no quería hacerte sentir mal... pero iba a hacerlo.
- Está bien, al menos ahora me aseguraré que chequear mi aliento antes de pretender acercarme mucho a ti o besarte.
Mientras le susurraba eso, la besó largamente, abrazándola.
- Me siento un poco egoísta de que Xeno no tenga la oportunidad todavía de estar aquí contigo también, pero ya lo resolveremos. Tal vez podamos negociar algo intermedio con tus amigos, ahora que la situación va a cambiar. O si quieres quedarte algunas noches allí en ese campamento, está bien.
- Gracias, Stan. Pero creo que Xeno necesita un poco más de tiempo, ya viste que no buscó acercarse a mí hoy, ni los días anteriores.
- Sí, lo noté, y ya sé lo que piensa de mí, y de ti. También creo que es cuestión de tiempo, entrará en razón, o en corazón, más bien. Pero ahora descansa tranquila, buenas noches, princesa.
Stan dijo eso para que se relaje y duerma, mientras que él sabía que seguiría un rato más desvelado. Lo que ahora podía disfrutar al menos, era ver el hermoso y sereno rostro de Kohaku, mientras pensaba y dejaba que el sueño lo venciera eventualmente. Pasó casi una hora así, todavía su mente estaba muy activa, y se desvelaba aún más cuando pensaba en que realmente iba a ser padre. Mientras la veía dormir apaciblemente, se permitió su segundo gusto culposo con ella, confesarle a corazón abierto lo que no se sentía capaz de decirle cuando estaba despierta.
- Ya puedo considerarme feliz, sólo con tenerte así conmigo, y lo que tendremos a futuro. No soy el más indicado para pedir esto, un corazón sin dios, pero... quisiera volver a conocerte, en un mundo que no nos hubiera enfrentado en un principio, y en el que no tuviera que compartir tu corazón. Seré egoísta y codicioso, pero quisiera llenártelo tanto que no hubiera lugar para otro, para ser más justos, y no ser el único que se sienta así y no pueda hacer nada para evitarlo –Le sonrió y le dio un suavísimo beso en la frente, ella respirando profundamente, todavía en sus sueños, luego de sentirlo– Es más, quisiera volver a encontrarte en todas mis vidas, si las hay. Recorrería el mundo buscándote, sin saberlo, ni detenerme, hasta dar contigo. Estoy seguro que volverías a hacer tu magia en mí, y que no entendería cómo, ni porqué, me enamoraría de ti tan rápidamente, y a la vez que se sienta como que siempre estuvimos juntos, sólo faltaba volver a conocernos. O quién sabe, quizás venimos de una vida así, y por eso ahora nos encontramos nuevamente y no queremos separarnos, es una buena explicación para darle un poco más de sentido a todo esto, y al "milagro" de este pequeño renacuajo –le rozó con el pulgar el abdomen, mientras depositaba el más suave beso, y suspiró– De cualquier forma, quiero renovar con tu alma el contrato para nuestros próximos "nosotros", mi princesa.
Kohaku se removió en sus brazos, y parpadeó, mirándolo a los ojos. Vio los labios de él moverse, pero no oyó nada.
- Stan, ¿estabas hablando? ¿Qué me decías?
- Nada que tenga sentido y no suene tonto ahora que estás despierta. Me gusta decirte en secreto cosas mientras duermes.
- Pero si duermo, no sabré qué "cosas" me dijiste –protestó con voz adormilada.
- Tus sueños sabrán que son verdad –le susurró junto a su oreja.
- Pero pocas veces me acuerdo de mis sueños, no es justo.
- No te preocupes, con un poco de suerte de mi lado, no serán sólo sueños.
- No te entiendo. ¿No puedes ser más claro? No es la primera vez que te haces el misterioso, y cuando te pregunto, me dejas igual con la duda –Resopló, mientras él sonreía con malicia. Decidió provocarlo– Vamos, no seas cobarde, dímelo en la cara.
Stan alzó las cejas, y la miró largamente, considerándolo, un hormigueo ansioso en su estómago.
- De acuerdo, tú lo pediste, pero te lo diré en pocas palabras, bien claro para que no te confundas más, ni lo olvides nunca, nunca.
La vio asentir, con una sonrisa divertida y sus ojos brillando inocente...qué paisaje, cuánto quería proteger esa sonrisa por siempre. Se acomodó para quedar un poco más a la altura de ella, y poder mirarla profundo a los ojos, buscando su alma dentro de esos cristalinos ojos aguamarina, para conectar con ella y sellar su "pedido" anterior. La notó sonrojarse un poco, ante la intensidad de su mirada y su silencio.
- Simplemente, me estoy enamorando de ti.
Kohaku jadeó, no se esperaba esas palabras de pronto, tan directas, tan sinceras. No era raro viniendo de Stan, pero aun así no se esperaba que le confesara eso. Le sonrió en respuesta, sin contestar nada, no porque no lo sintiera, sino porque nunca había reflexionado seriamente qué consideraba el amor romántico, y tampoco nadie le había dicho algo así antes.
- ¿Qué es el amor para ti, Stan? El romántico, me refiero –lo vio mirar a un costado, pensándolo antes de contestar.
- Es como un calor que te sobrepasa, podría dejar de existir todo alrededor, y no te importaría, mientras estuvieran juntos. Estarías dispuesto a perderlo todo, menos a esa persona. No quieres morir por alguien, quieres vivir, para seguir juntos. Te da fuerzas que no sabes que tienes, para superar lo que sea, y quieres proteger a esa persona especial, al menos así lo entiendo. Por otro lado, que considero importante también... El sexo lo puedes tener con cualquiera, no es especial, es sólo el goce del cuerpo, por más intenso que sea. La primera vez juntos tuvimos sexo, por más que me gustabas bastante. En cambio, el amor es entregarle tu corazón y tu alma a alguien, sin necesidad de entregar el cuerpo, y ser correspondido de igual forma. Sin embargo, cuando entregas esas cosas, a través del cuerpo, es algo que al menos en mi tiempo llamábamos "hacer el amor", es una sensación que no se puede comparar con nada, simplemente te desborda, y lo sabes, aquí –se tocó el pecho, donde estaría su corazón.
- ¿Y tú "hiciste el amor"?
- No –Luego aclaró con una sonrisa divertida– Sí tuve mucho sexo.
- Entonces, ¿cómo sabes que se siente así, si no lo viviste?
- Buen punto –admitió, y luego la miró unos segundos en silencio, antes de respirar profundo y continuar– Tengo que confesar que sentí un poco de todo eso contigo desde que volví a verte, y esa primera noche que volvimos a hacer algo íntimo.
- Oh –Murmuró, sintiendo mucho calor en las mejillas– ¿Por eso dices entonces que te estás enamorando, y no que me amas?
- Tal vez sí te amo, pero puede que todavía sea un poco cobarde para admitirlo. Es un salto de fe, por así decirlo... si le entregas tu corazón y tu alma a alguien, es posible que no puedas recuperarlo, y nada duele más que eso, como con el corazón fantasma. O sólo recuperas una parte, y no puedes volver a sentirte completo. Pero realmente es amor, y puedes "saltar" con confianza, cuando esa persona te entrega también todo lo suyo a cambio, por voluntad propia. Por eso es que sólo te puedo decir con honestidad que me estoy enamorando, por mi propio bien.
- Creo que es un poco complejo amar de verdad.
- Lo es. Por eso es que cuesta tanto decirlo con sinceridad, y está bien que así sea. Porque tiene que ser especial, y cuando lo haces, no hay vuelta atrás, esa parte tuya que entregaste nunca volverá a ti, y es por eso que no puedes olvidar nunca a esa persona, y sientes morir una parte de ti si la pierdes... o así dicen.
- ¿No te da un poco de miedo eso?
- ¿Hay alguien que no tenga miedo? Si te dije que tal vez soy un poco cobarde, es que hay algo de eso. Pero el miedo es al rechazo, a que te lastimen, o a perder a esa persona, no a amar.
Kohaku se quedó reflexionando sobre todas aquellas palabras, tratando de asociarlo con sus sentimientos.
- Stan, quiero sentir una vez más de tu parte lo que tú llamas amor, o enamoramiento. Para saber cómo me siento yo con eso.
- De verdad que eres cruel. Me estas pidiendo que salte, sin garantías de que tú hagas lo mimo... Un verdadero salto de fe, en toda regla.
- Sí, por favor. Eres el único que puede hacerlo y que se siente así conmigo.
- Xeno también podría hacerlo, eres muy especial para él.
- Xeno dijo que le "interesé" como mujer, y admitió que sentía "cosas", pero nunca mencionó frente a mí la palabra "amor".
- Es un terco y un negador, y eso le juega en contra –Reconoció con frustración.
- Y aunque me lo diga más adelante... no sé cómo explicarlo, pero tú estás aquí ahora, diciéndome esas cosas, hablándome de sueños y confesándome que te estás enamorando de mí. Y algo lindo resuena dentro mío cuando me lo dices, no me siento indiferente.
- No te creas que me es fácil decirlo tampoco. Sólo que mientras que Xeno piensa que nunca lo elegirías, yo pienso que eres perfecta para mí. Pero eso es sólo mi parte en esto.
- ¿No me habías dicho que ya me habías entregado tu corazón?
- Sí, lo dije. Y lo hice.
- Y yo lo acepté.
- Sí, pero tú no me entregaste el tuyo.
- Pero por lo que entiendo, tú ya no tienes nada que temer, porque ya sabes que, aunque saltes, sólo lo harás para... volver a mí, por así decirlo.
- Es verdad, sí. Se está volviendo un juego de palabras complejo, Kohaku, no sigamos con otras metáforas.
- Entonces no hablemos más... Con palabras.
Stan la miró a los ojos sin decir nada. Sí, sus hermosos orbes aguamarina se veían determinados, seguros, y había una pizca de ruego en ellos, como si fuera de suma importancia para ella reconocer lo que le pedía. Cerró los ojos y respiró profundo. Demonios, desde que ella le había devuelto la esperanza de que iban a estar juntos, y de que sí, por algún milagro de la naturaleza, iba a tener ese hijo que creían haber perdido, todo nuevo cuestionamiento lo ponía ansioso. Sí, tenía que admitirlo, tenía miedo que con esa "prueba", ella admitiera en voz alta que no sintiera lo mismo, que todo fuera un castillo de naipes que se derrumbara con un soplo. Pero aún si así era, era mejor que vivir de una fantasía. Ya se había resignado a no tener corazón, tuvo una probada de esa amargura, pero volverlo a perder sería simplemente demasiado para él, no podía ser fuerte en todo, sólo era humano. Por lo que no le quedaba otra opción que jugarse la vida en ello, por exagerado que pareciera, era como ir a una guerra sabiendo que podría no volver, sólo que morir era más fácil.
- Para estar seguros, ¿me estás pidiendo que no me contenga y que te ame, si es que puedo hacerlo? ¿Te entregue todo de mí sin reservas, para comprobar si te sientes como yo?
- Sí
- Pero todo es... Todo. Y hasta el final, sin interrumpirlo.
- Sí... entiendo. No puedo quedar más embarazada de lo que estoy, ¿no?
- No, no puedes –sonrió, y luego volvió a ponerse serio y mirarla con intensidad– De acuerdo, lo haré, si es tan importante para ti ahora. Pero más te vale que si me voy a proponer hacerte el amor, te lo tomes en serio, confíes y te entregues también completamente a mí, no te guardes nada.
- Sí, Stan.
Un escalofrío recorrió a Stan enteramente, y sonrió con un poco de nerviosismo. Con todo lo fuerte y seguro que se consideraba, no podía evitar que algo de inocencia quedara en él todavía. Al menos tanta sangre no lo había descorazonado completamente, había esperanzas para él. La miró a los ojos, y cuadró los hombros, respirando hondo.
- Creo que era más fácil hacerlo cuando no lo pensaba tanto –admitió, y hundió su rostro en el cuello de ella, riendo suavemente, y continuó confesando– Me siento un maldito mocoso virgen, como si me hubiera olvidado de todo lo que sé hacerle a una mujer, y ahora estuviese a prueba. Porque sé que estás buscando una respuesta, y depende de lo que yo haga.
- Tú dijiste que es algo distinto a lo que hacías, ¿no? Y que esto no lo habías hecho nunca, aunque en parte sea la misma... acción. Perdona, Stan, no quería presionarte. Si entendí bien, es algo que "saldrá por sí solo", no puedes fingirlo ni forzarlo, ¿no?
- No, no creo que podría.
- Entonces no tenemos nada que pensar. Sólo quiero sentirte.
Luego de decir eso, Kohaku le acarició el pelo y le acarició el rostro, incentivándolo a que la vuelva a mirar. Le fascinaba la sinceridad abrumadora de Stan, y lo puro y vulnerable que podía llegar a ser, que tuviera ese "miedo" de entregar su alma, desencajándolo de su habitual fachada de pura confianza, experiencia y control de todo. Ella lo besó en los labios esa vez, largo, lento. Stan se dejó besar, con una pequeña sonrisa en los labios, sin corresponderle al principio, y mirándola con los ojos entrecerrados. Esa poderosa joven mujer, con tan poco podía desarmarlo completamente, y hacerle olvidar todo. Y por primera vez no le importaba no tener el control.
Comenzó a corresponderle, dejando su mente a un lado de una vez. El tiempo tampoco existía ya, dejándose ir cada vez más profundo con cada beso. Las pequeñas manos que lo recorrían y abrazaban, eran más que cálidas, hasta las sentía sanadoras. No quería abandonar esos suaves y tiernos labios, pero tenía que hacerlo. Si la iba a amar, lo iba a hacer completamente, y si sus labios eran la conexión con su corazón y su alma, entonces quería dedicarse enteramente a ella. Bajó por su cuello dejando un sendero de dulces besos, recorrió sus hombros, para luego seguir con los pechos. Esa vez no pensó en "saborear" la deliciosa y sedosa piel, sino que con cada beso y caricia buscaba dejar una parte de él, imprimirse en ella. Escucharla gemir y jadear no era sólo una recompensa, era música para sus oídos, era feliz con sólo saber que ella lo disfrutaba tanto.
Cuando llegó a su abdomen, una calidez extra se sintió en el pecho de él, de saber que en algún lado de por allí, del otro lado de la piel y los músculos, estaba su bebé, protegido, tomando forma poco a poco. El corazón le latió muy fuerte, y confirmó que no había nada en el mundo que no haría por el bien de Kohaku y su preciado renacuajo, nada. Sonrió al recordar la cara de ella cuando había oído "renacuajo" de parte de él, pero más allá del apodo divertido, le quitaba un poco de presión y de ansiedad, era más fácil y tierno llamarlo así. Continuó su recorrido de besos, hasta desembocar y dedicarse largamente al otro punto del cuerpo de ella, donde también se conectarían luego sus almas y corazones. Si antes había sentido que se había olvidado todo por los nervios y la expectativa, en ese momento sabía perfectamente qué hacer, aunque ya era otra la motivación.
Al considerar que ya la "había amado" bien con sus labios y manos, volvió a subir para ubicarse cara a cara con ella. Verla muy sonrojada y jadeando extasiada era una vista que adoraba, y la forma en que Kohaku lo miraba a los ojos era muy intensa, le provocaba un agradable cosquilleo en el cuerpo. Le dio un largo beso en los labios, y luego le susurró, junto a ellos.
- Sí, mírame cuando lo hagamos, así lo sabrás. Si no puedes sostenerme la mirada, o no buscas mirarme a los ojos, entonces no estás lista para amarme todavía. Querer perderse en los ojos del otro, no es su cuerpo, sino su alma, lo que se busca.
Sin dejar de mirarla, se colocó encima de ella, con el cuidado de sostener su peso para no aplastarla. Se alineó para conectar sus intimidades, y se empujó lentamente hacia ella. Los dos gimieron y se sonrieron, sus ojos atraídos como imanes. Se movieron juntos, lento, profundo, Kohaku acercó sus manos a las de él para entrelazar sus dedos. Él podía mirarla sin cansarse, ya lo sabía, pero que ella también pudiera hacerlo le colmaba el corazón, ya no tenía dudas o miedo de que no fuera correspondido. Ni tampoco dudaba que ella realmente le había devuelto su corazón fantasma, dejando parte del de ella en él para ayudarlo a regenerarse. Se detuvo brevemente, para recostarse de lado, y luego tiró de ella para colocarla encima suyo.
- Hazlo tú, intenta amarme –le dijo con voz acaramelada.
Kohaku se inclinó sobre él para besarlo, y ser ella la que susurrara junto a sus labios, con una pequeña y dulce sonrisa, sus ojos brillantes.
- No tengo que "intentarlo".
Stan jadeó suavemente ante eso, devolviéndole la misma sonrisa, y la abrazó fuerte, besándola profundo, mientras la ayudaba a volver a conectarse con él. Se sintió frío cuando sus pechos se separaron, alejando el latido de sus corazones, pero él quería que además de pleno, fuera lo más placentero para ella. Pero esa preciosa mujer parecía haber pensado lo mismo, porque tomó una mano de él para tirarla con fuerza y acercarlo, ayudándolo a sentarse. Perfecto, así podían tener lo mejor de ambos. Kohaku rodeó el cuello de él con sus brazos, mientras él la abrazaba por la cintura, acompañándola en sus movimientos. Pero si podía permitirse un detalle más, algo que lo estaba llamando fuertemente...
- ¿Puedo? –Preguntó con timidez, mientras rozaba con sus dedos el vientre de ella. No había podido hacerlo con ella despierta y con su permiso, era la ocasión perfecta.
Kohaku asintió, y respiró hondo cuando sintió la mano grande de él posarse enteramente allí, todavía no estaba acostumbrada a la sensación. Se movió con más ímpetu, acompañando su intenso sentir, y de pronto los dos se detuvieron y quedaron paralizados momentáneamente, cuando sintieron con claridad ese "burbujeo", a su bebé respondiendo también a ese llamado de amor.
- Sí, ahí estás, renacuajo escurridizo –dijo Stan con una amplia sonrisa divertida, "mirándolo", y Kohaku rió emocionada– Parece que te despiertas cuando mami se siente muy bien, ¿eh? –y agregó en tono confidente– Entonces me encargaré de hacerla sentir así más seguido, así te apareces mucho más.
Soltó una risa juguetona e inocente, llena de felicidad, pero se le borró cuando luego vio la expresión boquiabierta del rostro de Kohaku.
- Oh, perdona... me dejé llevar, creo que mucho.
- No. No, está bien, sólo que... dijiste "mami", y...
- Ah. Bueno, es lo que eres, y serás. Pero perdón, si fue demasiado para el mom...
Kohaku no lo dejó terminar, cuando lo besó apasionadamente. Eso sí que era plenitud, ambos ya tenían la certeza que no necesitaban nada más de ese mundo, y que todo estaría bien mientras estuvieran juntos. Reanudaron su entrega mutua, dejándose llevar por la profunda emoción que los recorría, ninguno pensó que podía llegar a ser intenso ese momento, pero no podían más que aceptarlo y atesorarlo, también era sanador para ambos. Cuando finalmente unos minutos después la culminación del placer los inundó, primero a Kohaku y luego a Stan, fue doblemente arrolladora por seguir unidos, algo que nunca se habían podido permitir juntos. Se quedaron fuertemente abrazados un buen rato, casi quedándose dormidos, hasta que el soldado se dejó caer en la cama, con ella encima.
- Definitivamente se sintió distinto, y especial –dijo Stan feliz, con los ojos cerrados.
- Mucho. Gracias, Stan.
- A ti, mi princesa. A ti.
Buenaaaaaaaaas! ¿Vieron que después de tantas nalgadas, también doy reconfortantes caricias? xD Yo quiero toda la felicidad para mis gringos hermosos, y para la leona, soy cruel, pero no tanto. Y al fin pudieron resolver todas las "sospechas" que algunas me comentaron.
Me di cuenta hace unas horas nomás, PURA CASUALIDAD, que hoy es el día del padre... y JUSTO, este capítulo, decantó en que los gringos sean papis, biológicos o de corazón, no importa tanto. Bueno, Xeno va a necesitar un poco más de trabajo, pero es acorde a su personalidad un poco muy bipolar jeje.
Gracias por leer, por sus dulces palabras de apoyo, comentarios, reviews, todo lo que me llega de ustedes, preciosos y amorosos lectores. Es un honor entretenerlos y emocionarlos también, dejarlos en vilo y luego también hacerlos sonreír (o llorar, siempre me dicen que lloran jajaja). Hasta el próximo capítulo!
