El nuevo día llegó con importantes cambios. La confirmación de que Kohaku seguía embarazada dio vuelta completamente los planes y expectativas de todos, que de por sí no cabían de la sorpresa. Se reunieron todos en el bastión fortificado temprano en la mañana, planteando todas las posibilidades de cómo seguir. La gran pregunta era cómo iban a lidiar con eso, estaban todavía en el medio de la selva, con un solo barco que podría hacer el viaje hacia un lugar seguro como el castillo o la aldea Ishigami, llegando con los tiempos muy justos y las inclemencias de un barco cruzando el océano. El grupo japonés recordaba perfectamente lo difícil que eso podía ser, particularmente durante las tormentas marinas, lo cual no era nada conveniente para una mujer con un estado avanzado de embarazo. Tenían por lo menos para otros tres o cuatro meses de viaje, el tiempo límite para cuando el bebé nacería, y además eso suponía dejar varados al menos a una parte del grupo.
Construir otro barco medianamente grande y rápido llevaría casi el mismo tiempo que lo que restaba del embarazo, con lo cual tampoco era una posibilidad viable. La última opción en consideración, era que Kohaku tuviera al bebé ahí en Sudamérica, mientras trabajaban en el cohete. Sin dudas esa era la elección más lógica y beneficiosa para todos, al menos según la opinión de Senku que fue quién la propuso, pero se encontró con una negativa rotunda de parte de los estadounidenses, en especial del imponente Stan. Aceptar la alianza para él no significaba someterse a las decisiones de los jóvenes, y todavía le costaba escuchar de buena gana lo que el peliverde tenía para decir, menos aún desde que no podría calmar su irritación con los cigarrillos.
- No, Kohaku no tendrá al bebé aquí –negó rotundamente– ¿En un entorno salvaje, con recursos y comodidades mínimas, y sin medicina ni esterilización apropiada? Ni hablar.
- Lo dices así, pero la humanidad lo hizo de esa forma durante miles y millones de años, y aquí estamos –replicó Senku, rascándose el oído con el dedo.
- Claro, pero si tenemos los recursos materiales y científicos disponibles para mejorar la calidad de vida, deberíamos aprovecharlos, no están de adorno.
- Y a pesar de todos los avances científicos que tú bien me recuerdas a mí, estamos en un mundo de piedra, recuperando de a poco la civilización. Y tenemos que convivir con esa dualidad.
- Sí, así como tenemos la oportunidad de brindar un ambiente mucho más seguro y sano para el nacimiento de un bebé. Ni que hablar que este será muy peculiar y podría conllevar riesgos, no lo sabemos, por lo que tendremos que asegurar por nosotros mismos todo lo que podamos.
- Coincido con Stan –intercedió Xeno, todos los ojos posándose en él– No tenemos ni por asomo las condiciones recomendables aquí, mientras que el castillo está equipado con todas las necesidades, que cubren mucho más que las mínimas. Alimentación, infraestructura, seguridad, higiene, medicina, tecnología, agua caliente, ropa limpia...
- Te felicito por tu hospedaje cinco estrellas, Xeno, pero ya hablamos de que ni siquiera ustedes consideran una buena idea volver en el Perseo, nuestro único medio de transporte viable para que puedan llegar allí a tiempo.
- Hasta ahora –dijo Stan, y se hizo un silencio alrededor. Inspiró profundo, sus ojos recorriendo todo el círculo de personas, analizándolos– Vamos a construir un avión.
Luego de esas palabras, otro largo silencio se produjo, en el que podía casi verse cómo cada uno procesaba esa idea, las posibilidades y las dificultades. Algunos fruncieron el ceño, otros, como Ryusui, mostraron sonrisas y ojos brillantes de desafío.
- Uno nuevo, más grande, seguro y veloz. En los que tenemos nosotros, tampoco aguantarían bien un viaje tan largo sin mantenimiento, ni resultarían cómodos para una mujer a punto de parir.
- ¿A punto de parir? –Preguntó Senku sin entender– Pero si apenas lleva cuatro meses y ni se le nota, ¿de qué hablas?
- Vamos a volver al castillo cuando esté cerca de nacer, a principios del octavo mes del embarazo Kohaku estará allí.
- Construir un avión mediano no nos tomaría tanto tiempo, Stan –le dijo Xeno, sin entender tampoco– Con las elegantes habilidades del maestro artesano Kaseki, y todos centrándonos en esa tarea diariamente, no tomaría más de un mes. Y si revivimos gente local que nos ayude, podía ser hasta más rápido, hasta podría ir a la par con el plan principal.
- ¿Por qué no van ahora, que es más seguro, en vez de esperar a último momento? –Inquirió Tsukasa– Mientras tus colegas queden aquí para ayudarnos, las dos partes tendremos lo que queremos. Kohaku estará segura allí en el castillo el tiempo que sea necesario para que su hijo crezca a salvo, mientras nosotros continuamos con la recolección de metales y construcción de partes del cohete, además de viajar.
- Porque este hijo puede ser, e igualmente sería, tanto de Xeno como mío, a la mierda la sangre o de quién tendrá el color de ojos o de pelo. Y sé lo difícil que es estar apartado y no saber qué sucede, no se lo desearía a nadie, por lo que jamás le privaría a Xeno la posibilidad de seguir de cerca el embarazo de un hijo.
Ante esa declaración, las expresiones de la mayoría reflejaron tanto sorpresa como una pequeña sonrisa. Kohaku sonrió, aliviada de que Stan lo vea de esa forma, pensando que tal vez ayudaría al Xeno a romper la coraza que estaba volviendo a construir por sí mismo alrededor de él, alejándose de todos. El científico tenía una expresión turbulenta en los ojos oscuros, mezcla de las conflictuadas emociones que convivían en él ante toda esa situación.
- Además no les vendrá mal el conocimiento y la utilidad que deviene de tener y saber hacer una buena avioneta, y ustedes cuentan con un piloto, sin contar los nuestros, que al menos cuatro de los que quedarán aquí saben manejarlo –continuó Stan– Xeno puede hacer los planos, y Brody puede ayudarnos con indicaciones mediante el comunicador.
Senku reconoció que Stan tenía un buen punto allí, había sido emocionante y muy útil contar con un avión, y los nuevos podrían hacerlos mucho mejor, al contar con goma y superaleaciones. Necesitarían producir una absurda cantidad de combustible, pero ya tenía algunas ideas planeadas para eso también, lo necesitarían para el nuevo barco, que eventualmente construirían también para seguir viajando por el mundo.
- El viaje... –dijo Xeno, mirando a su amigo, serio– Seguro, a tiempo, y con todo lo que se necesite. ¿Puedes hacerlo, Stan?
- Sí, puedo.
- De acuerdo.
Xeno asintió, como si sólo necesitara esa afirmación para confiar plenamente en que sería un hecho, y no una posibilidad. Luego de unos segundos de más análisis estratégico sobre aviones y vuelos, Stan continuó.
- El combustible no alcanzará para un vuelo directo del avión que podemos hacer, por lo que luego de llegar a la isla que será nuestra nueva fuente abundante de hierro para todas las construcciones que tienen planeadas, un equipo de personas continuará el viaje en el barco alrededor del continente para apostar bases de combustible en el camino, hasta llegar a California.
- Espera, ¿también se llevan el barco? –Preguntó Ryusui sorprendido– ¿Eso no nos dejaría varados de todas formas?
- No. En cuanto terminemos el avión, comenzaremos la construcción del nuevo barco, adelantaremos todo lo posible. Y tendremos que recolectar todos sus metales preciados posibles para cargar en el barco que viajará al norte.
- ¿Por qué eso? –Preguntó Chrome, confundido.
- ¿Dónde se va a hacer el dichoso cohete? ¿En una isla en el medio de la nada? Me parece obvio que lo más lógico sería hacerlo cerca de nuestra base, que tenemos muchas más herramientas a disposición, además de que Brody es un ingeniero de primera que ayudaría a construirlo, además del artesano que tienen. Y necesitan a Xeno, quién se vendrá con Kohaku, Luna y conmigo en el avión, para que esté cerca del bebé también, no hay discusión al respecto.
Un nuevo silencio se hizo entre el numeroso grupo, ante el plan articulado y anticipado a todo que había hecho Stan. Definitivamente el militar no sabía solamente pilotar y disparar muy bien, era un inteligente estratega, y sus consideraciones eran lógicas y eficientes.
- Una tanda de los recursos que recolectemos no alcanzará para hacer el cohete –Dijo Tsukasa, pensativo– Estamos considerando hacer un transporte periódico de materiales, como una exportación.
- Sí, exactamente. Ustedes dijeron que de todas formas necesitarían viajar por el mundo a recolectar otros materiales que aquí no se consiguen, así que vendría a ser más de lo mismo.
- Hacer un cohete capaz de llegar a la Luna requerirá una considerable cantidad de tiempo y de pruebas a pequeña escala, sin mencionar que tendremos que esperar a que lleguen esos materiales provenientes de otros continentes –Explicó Xeno– Estamos hablando de al menos tres años como mínimo, para una agencia profesional espacial como la NASA, colmada de ingenieros, científicos y técnicos de primer nivel, así como de la infraestructura y tecnología necesaria ya a disposición. En nuestro caso, tendremos que desarrollar el equipamiento también, desde el principio, mientras hacemos las pruebas de las partes a pequeña escala, para luego dedicarnos al cohete final. Sin olvidar de que podamos revivir desde cientos y hasta algunos miles de profesionales, ya que ensamblar un cohete de ese calibre y profesionalidad en el que no puede haber prácticamente margen de error, no es algo que podamos hacer ninguno de nosotros.
- Sí, todo eso ya estaba en mis cálculos –Aseveró Senku– Es por eso que necesitábamos todo ese maíz de ustedes para revivir al menos a un millón de personas, todo para despetrificar profesionales y mano de obra a la altura, dedicados a la misión. Diez billones por ciento seguro que tendremos que reestablecer también el sistema de agricultura y ganadería, así como de minería y otros tantos, para lo cual no necesitaremos tan alta especificidad en algunos, pero será mejor apuntar a revivir a las personas experimentadas y dedicadas a dichos oficios.
- ¡Así es! –dijo Ryusui con entusiasmo, chasqueando los dedos– También reviviremos ingenieros para construir barcos, aviones, trenes, y todos los sistemas de transporte que nos ayuden a conectar las ciudades científicas y de recursos, alrededor de todo el mundo.
- Como ven, estamos hablando de no menos de cinco años por delante dedicados a esto –concluyó Stan para volver al tema principal– y eso sin contar con otros imprevistos o postergaciones que surjan, además de la voluntad y el humor de nuestro misterioso enemigo que podría darnos una sorpresita o dos. Así que, el avión. Puedo darles una idea de las especificaciones del avión que conozco y tengo en mente para replicar.
- Antes de eso, Stan –Interrumpió Xeno– Dra. Chelsea, ¿sabría decirnos con precisión cuántos kilómetros de distancia habría entre esta ubicación y la costa norte de San Francisco? En un vuelo lo más recto y directo posible, con las consideraciones geográficas necesarias para que tengamos un fácil acceso a los depósitos de combustible.
La joven geógrafa se concentró un minuto, todos en respetuoso silencio y admirando la increíble capacidad de Chelsea de tener el mapa del mundo en su cabeza, sin necesidad de comprobarlo o escribirlo. Luego miró a Stanley con una sonrisa llena de seguridad.
- Diría que unos diez mil kilómetros.
- Bien, gracias –Le contestó el soldado– Sin contar con que podamos mejorar las características, partimos de la base que estaríamos construyendo un avión con espacio para cuatro personas en total, que suele permitir una carga útil de cuatrocientos cincuenta kilos aproximadamente. En total estamos hablando de poco más de una tonelada de peso máximo, de la cual el avión pesa unos setecientos kilos sin combustible ni pasajeros. El tanque requiere unos doscientos litros de combustible... por lo que estaríamos un poco al límite del peso si vamos los cuatro, pero buscaremos la forma de hacer las modificaciones necesarias.
- El peso ya no supondrá un problema como piensas, Stan –Aseguró Xeno con una sonrisa confiada– No te olvides que en breve contaremos con las superaleaciones como materiales de fabricación, por lo que podremos hacer un avión enteramente con ellas. Es decir, materiales mucho más livianos, duros, y resistentes al calor y al óxido. Me animaría a decir que hasta podríamos cargar un extra de al menos medio tanque de combustible de repuesto.
- Excelente. Nuestro peso...
- Hicimos ya ese cálculo hace uno o dos meses. Miss Kohaku pesa cincuenta y dos kilos, y habría que sumarle al menos cinco kilos por el embarazo, Luna cincuenta y cinco, yo sesenta y nueve. Tú tienes una contextura física ligeramente más musculosa que la de él –miró hacia Hyoga– que pesaba unos ochenta kilos si bien recuerdo, con lo cual estarás en los ochenta y cinco. Eso nos dan unos... doscientos sesenta y seis kilogramos.
- Gracias por el dato. Bien, este avión alcanzaba unos doscientos treinta y cinco kilómetros por hora "reales", y consumía unos treinta litros de combustible por hora, por lo que... Xeno, ¿harías las cuentas de las horas de viaje mínimas para cubrir la distancia, y otra para la cantidad de paradas mínimas necesarias para esa capacidad de combustible? Se te dan mucho mejor y más rápido las cuentas matemáticas a ti.
Xeno le mostró una media sonrisa, e hizo el gesto de dedos característico que utilizaba para hacer los cálculos. Unos segundos después, dio su respuesta.
- Sin contar horas de descanso o de detención por condiciones climáticas, serían unas cuarenta y tres horas de viaje. Se consumirían mil doscientos noventa litros de combustible, y necesitaríamos siete paradas.
- Nada mal –silbó en apreciación ante la velocidad de su amigo, y le sonrió.
Xeno le devolvió la sonrisa, orgulloso. Sintió un poco de nostalgia al recordar cuánto hacía que no se sincronizaban tan bien, no por nada siempre había pensado que juntos serían imparables.
- Con tus elegantes y detalladas especificaciones puedo hacer el diseño del avión en cuanto terminemos esta reunión. Podemos comenzar a derretir y procesar los metales conseguidos para preparar las aleaciones, y empezar la fabricación en dos días.
- Bien. Creo que eso es todo por ahora, si estamos de acuerdo con el plan.
Stan recorrió con su mirada el círculo, observando el asentimiento general, incluido el de Senku y Xeno, y se sintió satisfecho.
- ¿Quién es el famoso "maestro artesano Kaseki"?
Sus ojos se abrieron con sorpresa e incredulidad cuando le señalaron a un vejete pequeño que estaba serenamente sentado y en silencio. ¿Ese viejo había construido todos los avances científicos de los mocosos? No podía creerlo, más bien parecía que podía partirlo al medio de un golpe no tan fuerte.
- ¿De verdad? ¿Él?
- Ah, todavía Stan no lo vio –Dijo Kohaku con una risilla, la cual se multiplicó entre todos los jóvenes.
- ¿Ver qué?
- Stanley –Intervino Gen– Acércate a Kaseki-chan, y dile en japonés algo emocionante de cómo son y funcionan los mejores aviones de combate del mundo moderno. ¿Puedes, o necesitas ayuda?
- Puedo hacerlo.
Frunció el ceño, aunque intrigado. La expresión confiada y maliciosa de todos los japoneses era sospechosa, e incluso Xeno contenía una sonrisa, como si también estuviera al tanto del "secreto" de aquel viejo. Hizo lo que le dijeron y se acercó al pequeño hombre, mientras que los que estaban alrededor contrariamente se alejaron un poco, manteniendo aquella extraña sonrisa. Se sentía rodeado por un montón de gatos de Cheshire, y lo más molesto era que su instinto no le advertía de ninguna cautela o peligro. Lo que él no sabía, era que no necesitaba acercarse tanto, Kaseki oía perfectamente bien, pero sin dudas el impacto de la "explosión" muscular sería mucho mayor, y al menos se llevaría un susto. Creyendo que de verdad el viejo no oía bien, se arrodilló junto a él, y pensó en qué decirle. No servía de nada darle datos complejos de cosas que no había visto nunca, por lo que se decantó por comparar la velocidad y el tiempo de vuelo.
- En el siglo XXI, un avión de combate llamado F-35 superaba la velocidad del sonido por un 25%... es decir que llegaba antes que sonido que producía, y un viaje desde aquí hasta el castillo se haría en apenas unas cinco horas.
Stan registró cómo captó la atención de Kaseki, así como el brillo en sus pequeños ojos oscuros, pero no supo cómo ni por qué de pronto se sintió una intensa energía explosiva. Antes de poder reaccionar había caído con el trasero golpeando el suelo, mientras veía al viejo ponerse de pie de un salto, a la vez que toda su ropa volaba destrozada, y podía apreciarse un cuerpo brutalmente musculoso y vital repentinamente. La boca del soldado quedó completamente abierta en sorpresa y shock, nada de esa escena teniendo sentido para él, y alcanzó a oír las contenidas carcajadas de todos a su alrededor.
- ¡¿What the fuck?! –exclamó.
Cuando giró su cabeza vio a todos los jóvenes japoneses y a Xeno satisfechos con su reacción, mientras los militares tenían la misma expresión de incredulidad que él.
- ¡Jaja! ¡No subestimes a Kaseki, Stan, ni te guíes por las apariencias! Él fue parte de todos y cada uno de nuestros avances científicos.
- Ya veo... –Cuando se recuperó, sonrió– Nada mal, naaada nada mal. Kaseki, ¿te gustaría trabajar a distancia con nuestro mejor "artesano" y mecánico, para que te oriente en algunas indicaciones para hacer el mejor avión de este nuevo mundo?
- Sí, me encantaría –Respondió humildemente el viejo, y luego sonrió entusiasmado– Jojooo, si con Joel logramos encontrar juntos la respuesta de reactivar los dispositivos petrificadores, ya quisiera ver lo que logramos con otro artesano como yo.
- Muy bien, aunque necesitaremos a un traductor –Frunció el ceño, al ver que el viejo seguía desnudo sin la menor preocupación– ¿Tiene ropa de repuesto?
- Sí, para el señor Kaseki ya tenemos previstas varias mudas de ropa –Intercedió François, con toda naturalidad, y le entregó en ese mismo momento el cambio.
Con eso dieron por terminada la reunión general, y Xeno se dedicó a diseñar el nuevo avión, con Senku y Chrome a su lado siguiendo atentos los veloces cálculos y el detalle de cada una de las partes, de forma tal que para Kaseki fuera entendible seguir las indicaciones, aunque no supiera leer las instrucciones. Mientras tanto, el resto se dirigió a la zona rocosa a extraer los metales, tendrían que trabajar con mucha más intensidad si querían llegar a tiempo con todo.
Como Kohaku entendió por sí sola que ya no podía ayudar al grupo minero, no iba a ponerse en riesgo nuevamente con sobre-esforzarse, por lo que se quedó con el grupo que había quedado en la incipiente ciudad de las superaleaciones. Tenía muchas ganas de hablar con Xeno, en especial luego del breve y considerado discurso de Stan sobre la paternidad conjunta, con el cual ella coincidía completamente, pero no encontró ocasión viéndolo tan ocupado. Lo observó a la distancia, y sonrió al verlo al menos con los ojos más brillantes y llenos de entusiasmo, como siempre que hacía algo científico y desafiante.
Una hora después el científico terminó su diseño, e inconscientemente levantó la cabeza con ímpetu y miró en dirección a ella con una amplia sonrisa, sus ojos reflejando orgullo y satisfacción. Kohaku le sonrió de vuelta, un poco sorprendida, ya que hacía varios días que él no la miraba relajado, mucho menos sonriente. Xeno pareció darse cuenta de lo mismo, ya que su sonrisa se fue borrando hasta ser apenas una mueca, y luego volvió la vista al plano frente a él. El corazón de la rubia volcó en ese momento, a pesar de su último momento de "consciencia", le dio esperanza que la mirara intuitivamente y de esa forma, como si hubiera olvidado que estaba enojado con ella, con la situación confusa que los vinculaba, y hasta con la vida. Pero eso fue suficiente para Kohaku, no iba a ser molesta, ya estaba aprendiendo que no podía darse el lujo de ser directa con Xeno, porque él parecía huirle al acorralamiento, así como solía tener consecuencias y sinceridades de las cuales luego se arrepentía, él principalmente. La joven se dedicó a ayudarlos en todo lo que podía, sin mirarlo o buscar estar cerca adrede, pero a la vez estando atenta a ofrecer su presencia y apoyo casi anticipándose a él.
El equipo de recolección volvió a últimas horas de la tarde, aprovechando toda la luz natural posible para trabajar. Ya habían acercado el barco a la zona aconsejada por Chelsea, lo cual había reducido considerablemente el recorrido a pie atravesando la selva. Los hombres volvieron cansados, sucios y sudados, la mayoría se había despojado de la ropa cintura para arriba, para evitar ensuciarla en exceso, ya que sólo tenían una muda de ropa completa. Como el traje de Stan era el único enterizo de entre los hombres, él optó por abrir el cierre y dejar caer la prenda por su cadera, sostenida en su lugar por el cinturón. Venía caminando al frente, masticando algo de forma incesante.
- ¿Qué comes? –Le preguntó Kohaku con curiosidad
- Cálamo. Si mastico la raíz, sin tragarla, me deja un gusto que hasta me da asco fumar.
- ¿Te lo recomendaron Chelsea o Luna?
- No, yo ya lo sabía, algún rincón de mi mente decidió que era información valiosa de recordar. Muchas veces no podía fumar en ciertas misiones militares, por lo cual he aprendido algunos recursos para disminuir la necesidad.
- Te estás tomando en serio lo de dejar de fumar inmediatamente.
- No es fácil, pero he vivido cosas peores –dijo con una media sonrisa, luego su mirada se suavizó– Y haría lo que fuera por el bien del renacuajo y del tuyo, más allá de mi promesa.
- ¿A qué sabe? –Preguntó rápidamente, cuando se sonrojó por las tiernas palabras.
- Dime tú.
Kohaku esperó que se sacara del bolsillo o de algún lado esa hierba medicinal para darle a probar, pero en lugar de eso, Stan la rodeó por la cintura y la atrajo hacia él, levantándole la barbilla mientras él se agachaba para darle un beso. La rubia se sobresaltó, pero lo peor fue que el beso fue mucho más profundo y apasionado de lo que esperaba, siendo que estaban delante de absolutamente todos. El soldado estaba determinado a hacerle probar rápidamente cada rincón de su boca, impregnando con su lengua el sabor en toda la boca de ella. Se alejó con una sonrisa maliciosa y satisfecha, mientras Kohaku por poco echaba humo por las orejas, no quería ni mirar alrededor, prefería la ignorancia de no saber qué amigos habían sido testigos de eso.
- ¿Y bien? ¿A qué sabe? ¿O necesitas una segunda probada? –Le preguntó con picardía.
- N-no, está bien –Dio un paso hacia atrás, con una pequeña sonrisa nerviosa– Eeeh... es como picante, y amargo, y hay algo aromático que no logro descifrar, pero es agradable.
- Pero seguro mejor que el sabor de mis besos cuando fumo.
- No te vas a olvidar de eso nunca, ¿no?
- Es broma, pero sí me resulta curioso que no me lo hayas reprochado antes.
- Nunca me gustó, tampoco es que tuvimos muchas ocasiones de besarnos, pero ahora simplemente es mucho más desagradable, o más intenso, no lo sé. Tal vez sea por el embarazo, recuerdo que cuando me enteré en un principio que lo estaba, era porque sentía náuseas de oler o probar ciertas cosas.
- Oh, ya veo, tiene sentido –miró alrededor, buscando a Xeno, sin encontrarlo– ¿Cómo fue todo por aquí?
- ¡Bien! Xeno terminó el diseño del avión, y hace unos minutos se metió en la choza con Senku, Chrome y Kaseki para seguir de cerca la construcción de las partes que podían ir adelantando.
- Excelente. ¿Y él... cómo estuvo?
- Estuvo concentrado y con buen humor, creo que extrañaba hacer cosas científicas, y en especial algo en lo cual llevara la delantera.
- Sí, ambas cosas lo animan mucho, desde siempre –recordó Stan con afecto.
- Stan, esta noche voy a quedarme aquí, voy a tratar de hablar con él –dijo de pronto, un poco nerviosa.
- Ok, me parece bien. Mañana me cuentas, y si algo no sale como lo esperado, cuentas conmigo.
- Sí, gracias –asintió ella, más aliviada.
- Hasta mañana entonces.
Stan la volvió a acercar desde el agarre a su fina cintura, depositando un beso mucho más dulce y suave, y sonrió junto a sus labios.
- Voy a extrañar dormir y despertarme contigo, me estaba empezando a acostumbrar, y dormía mejor. Cuídate, ¿sí? Sólo te dejo sola aquí porque confío en Xeno.
- Sí, me cuidaré. Pero no te olvides que yo estoy "aquí" desde mucho antes que tú, y confío mucho en todos... o en la mayoría. Eres tú más bien el que tiene que hacer el ejercicio de confianza.
- Puede ser –reconoció, y se dio vuelta para alejarse, saludándola con la mano.
Un rato después, Xeno salió de la choza en la que estaba, y se paró en seco con sorpresa cuando vio a Kohaku todavía allí, hablando con Suika. Había oído el bullicio de que todos los que trabajaban en la recolección habían vuelto, así como unos minutos después dejó de oírse, por lo que se habían ido. No se suponía que Kohaku estuviera ahí, siendo que ella misma había dicho que volvería al barco con Stan todos los días. Se le quedó mirando varios segundos con esa incógnita en mente, con la intensidad suficiente para que ella lo perciba y levante la cabeza hacia él. Siendo que no podía hacerse el tonto, se acercó a resolver su duda.
- ¿Qué pasó que te quedaste atrás, Miss Kohaku? ¿Te sientes bien?
- Sí, sólo que hoy me quedo aquí –sonrió internamente cuando vio las cejas de Xeno alzarse en sorpresa– Es mi decisión si ir al barco o quedarme aquí, ¿o tengo que sentirme rechazada?
- No, no, por supuesto que no. Sólo me sorprendió –Hizo un breve silencio, que rellenó con un poco de incomodidad, hablando con suavidad– ¿Cómo estás?
- Mejor, volviéndome a hacer a la idea de que sí estoy embarazada. Espero que resulte bien el plan de Stan, y sino...
- Resultará –dijo con seguridad, aunque sin sonreír– Si Stan dice que puede hacerlo, es porque puede. Ya organizó todo y previó cada detalle importante, como viste, no habla a la ligera.
- No, no lo hace –contestó con voz suave y una mirada cálida, recordando lo sucedido la noche anterior.
Su expresión fue notoriamente más dulce, y fue evidente que Xeno lo notó, porque instantáneamente se sintió como si se contrajera un poco, más serio.
- Tengo trabajo que hacer todavía, si me disculpas –se excusó, y se fue.
Kohaku suspiró, dándose cuenta del verdadero motivo de su repentino apuro. Sabía que no iba a ser fácil, pero tenía paciencia, sólo era cuestión de esperar un momento más calmo y que pudieran estar a solas. Buscó a Hyoga, que era quién compartía la choza con él además de Gen, y le dijo que esa noche quería hablar a solas con Xeno, si no le molestaría ir a otra al menos por unas horas. El lancero accedió sin problemas, y luego la rubia fue a buscar a Gen para pedirle lo mismo, quién también aceptó, aunque con más simpatía y comprensión, ofreciéndole algunos consejos para encararlo y no ponerlo a la defensiva.
Luego de cenar, el científico fue el primero en irse a su choza, siempre taciturno para expresar su disconformidad con que no lo dejaran estar a sus anchas a pesar de la alianza, aunque ya no lo vigilaban tan de cerca. Kohaku esperó unos minutos más, y cuando supuso que ya debía estar recostado fue tras él, procurando ser lo más sigilosa posible. Xeno no se molestó en darse vuelta para comprobar quién había entrado, pero frunció el ceño cuando sintió dicha presencia acomodándose demasiado cerca suyo, y se tensó. Giró el rostro con cautela, y se relajó instantáneamente soltando un suspiro de alivio cuando vio que se trataba de Kohaku, y no de uno de sus compañeros de choza. Dicho suspiro no pasó por alto para la rubia, que alzó una ceja divertida.
- ¿Por qué el susto?
- Nada, no es nada –contestó con una pequeña sonrisa– ¿Qué haces...?
No terminó de hacer su pregunta, cuando sintió a Kohaku abrazarlo desde atrás y apoyar la cabeza en su espalda, sin mediar palabras. El corazón se le aceleró, y no supo bien cómo responder ante eso, sus pensamientos y emociones conflictuados. Tampoco sabía si quedarse así o girarse, de forma tal de estar frente a frente. Creía que sería lo más respetuoso y elegante y no tenía motivos justificables para quedarse tercamente en esa posición, como si estuviera ofendido, no lo estaba, o ya no tanto. Sí seguía un tanto resentido, pero no puntualmente con ella, tal vez más era estar frustrado consigo mismo, por no poder lidiar con su egoísmo y posesividad. Y la noticia de que seguía estando embarazada tenía un resabio amargo, pero porque cada vez tenía más certeza de que no era su hijo el que había sobrevivido, si era que siquiera el otro había sido de él, claro. Lo que le recordaba una vez más que siempre él o lo que venía de él, perdía.
Y, sin embargo, allí la tenía a Kohaku... todavía cerca, con él, a pesar de todo lo que había intentado alejarla. No parecía molestarle que le diera la espalda, no le estaba exigiendo que la mire, sólo lo estaba acompañando. La puso a prueba un rato, sin darse la vuelta, y ella no se frustró, no habló, ni se fue. Para no darle el mensaje equivocado, un límite con el que pronto estaría jugando si seguía sin corresponderle, tuvo la delicadeza de apoyar una mano sobre el brazo de ella, para que entienda que no la estaba rechazando. Ante eso, sintió que Kohaku reforzaba ligeramente el abrazo y juraba que podía sentir que ella estaba sonriendo. Respirando profundo, decidió avanzar paso a paso, creía que tendría que ser un "volver a empezar" con ella, o al menos con esa intención.
Lentamente se giró sobre sí mismo, hasta quedar frente a frente con ella, sin acercarse demasiado. La observó, serio, con los ojos serenos, mientras ella le devolvía la mirada. Ninguno dijo nada por varios segundos, por lo que consideró que el silencio de parte de ella venía de estar dispuesta a escucharlo, o de responder a lo que él quisiera hablar. Algo muy curioso, dado que solía ser mucho más impulsiva y directa. No sabía si agradecer o recelar de dicha actitud, ni si dar vueltas o poner las cosas en claro de una vez. Su estilo no era el de los rodeos, y en la delicada situación que ya se encontraban, no ayudaría más que a confundirlos.
- ¿A qué viniste, Miss Kohaku?
- A estar contigo –respondió con simpleza.
- ¿Sólo a eso? ¿O quieres hablar?
- No te voy a negar que hay cosas pendientes que me gustaría hablar, pero no vine a exigir respuestas, sólo vine a acortar las distancias.
- Qué elegante –Murmuró Xeno, y sonrió ligeramente, pero luego hizo una mueca– Distancia que yo puse, piensas, pero no dices.
- No estoy echando culpas aquí, Xeno. Ya hablamos otras veces, además de lo que oí cuando te peleaste con Stan... sé que no es fácil para ti, y tampoco voy a obligarte a nada. Pero en algún momento sí me gustaría saber qué puedo esperar de ti, y qué no... o si puedo hacer algo más para ayudarte o mejorar nuestra relación.
- Mientras la ecuación tenga tres variables, y me refiero a tu cercanía cada vez mayor con Stan, me temo que no hay mucho que hacer con lo último. Ya dejaste en claro que quieres estar con él.
- Sí, pero también quiero estar contigo, deja de omitir esa parte –replicó– Perdóname por ser egoísta y "quererlo todo", como suele decir Ryusui, pero no puedo evitarlo. Fui sincera, y mantengo lo que te dije en su momento, queda en tus manos si quieres acercarte o alejarte de nosotros. Y por nosotros, me refiero... a los tres.
Kohaku dijo eso, y sin dudarlo le tomó una mano y la apoyó en su abdomen. Vio a Xeno inspirar brusco, y mirar a un costado, como si no pudiera manejarlo. Stan le había tocado el vientre ya varias veces, aunque una sola con su "permiso" y expresando su felicidad, mientras que Xeno todavía no, excepto esa vez que Chelsea los había forzado. No quitó la mano, pero se notaba a la legua que no estaba del todo cómodo con eso, y definitivamente no iba a sonreírle y dedicarle palabras dulces mágicamente. Cuánto quería escuchar algo, aunque sea un poco parecido a lo que Stan le había confesado la noche anterior, pero tenía que aceptar y hacerse a la idea que no iba a suceder, o al menos no todavía.
Tal vez con el avance del embarazo cambiaría, pero no podía apostar por ello. Si tan sólo el bebé se moviera o reaccionara en ese momento... ya que tampoco parecía realmente embarazada, no se le notaba nada físicamente. Luna le había dicho que algunas madres primerizas, y en especial las deportistas o muy entrenadas físicamente, podía notárseles menos, y hasta le había contado un par de historias que había visto en la "televisión", de mujeres que ni siquiera sabían que estaban embarazadas hasta que les llegó la hora de parir. No sabía si tranquilizarse o cómo tomar esa información, pero lo cierto era que a ella todavía le costaba terminar de asimilar la realidad de que estaba esperando un hijo, a excepción de haber sentido ese burbujeo la noche anterior. No quería que fuera una extorsión emocional para Xeno, sino que quizás le recordara la parte bonita de eso, la emoción y el atisbo de felicidad que sintió con la expectativa de ser padre.
- No lo tengo claro todavía –Murmuró él, de pronto– Creo que me duele más que me hagas intentar sentir un hijo que muy posiblemente no sea mío.
- No lo sabemos todavía eso –Continuó antes de que la interrumpiese– De cualquier forma, es como dice Stan, pienso igual. Y teniendo en cuenta que intimé con los dos con poco tiempo de diferencia... –reconoció, volviéndose a sonrojar– Más allá de a quién se parezca el bebé, pudo haber sido de cualquiera de los dos. No estaba en una relación con ninguno tampoco, sólo sucedió, por lo cual tampoco puedes decir que alguno de ustedes tenga prioridad por ese lado. Y si además perdí un hijo, que tampoco sabemos "cuál era", con más razón podríamos atesorar este, todos por igual. Dijiste que no te desentenderías si era de Stan, ahora te estás contradiciendo.
- No saques de contexto mis palabras, Miss Kohaku –replicó, su tono más severo– Dije que no me desentendería, en sentido de que asumiría la responsabilidad en el caso de que él no lo aceptara. Pero ya viste que lo recibió con los brazos abiertos y todo el cuento feliz de dedicarse a ti, por lo que ya no aplica.
- Y si tú nos recibes también con los brazos abiertos, podrías tener esa misma felicidad, no me cansaré de repetirlo. Un padre no es sólo el que lo concibió, Xeno... mira a Senku. Yo no conocí al hombre que lo crió, Byakuya Ishigami, que no era su padre de sangre, pero puedo saber que fue uno maravilloso por todo el legado que dejó para su hijo y para la humanidad en este "nuevo mundo". Y no me cabe duda que también fue igual de preciado para Senku, aunque no le guste demostrarlo y a veces se burle, pero es seguro que lo amaba. ¿Qué problema hay que tú también quieras como si fuera tuyo a este bebé, aunque no lo sea de sangre?
- Es que el eje de mi conflicto no es la aceptación o rechazo del futuro niño, sino que no soporto verte o imaginarte en los brazos de Stan, se me revuelve el estómago y me hierve la sangre de pensar en estas dos noches que pasaron juntos, y todas las que vendrán. Simplemente no estoy a gusto con compartirte, no quiero que estés conmigo y pase su imagen por tu cabeza, no quiero tocarte o volver a hacerlo y pensar si ya hiciste eso o cuántas otras cosas más con él.
- Tampoco estás buscando tocarme mucho últimamente –soltó, con una mueca.
- Yo no soy una persona con necesidades y demandas sexuales como Stan, pero no necesariamente implica desinterés de mi parte, somos distintos tipos de hombre. Dicho eso, reconozco que no tengo una fuerte motivación a excitarme desde hace unos meses, y con todo lo que pasó desde que Stan llegó aquí, tampoco es que tenga ganas. Simplemente no es mi estilo ni lo considero una prioridad en mi vida.
- Está bien, no era un reproche –se apresuró a aclarar– sino que me refería a que dices que no te gusta pensar que yo esté con Stan de esa forma, pero a la vez tú tampoco lo haces. No sé, no termino de entenderlo, todavía soy nueva en eso, pero tú lo sabrás mejor. A lo que iba... lo único que quiero es que esté todo bien entre nosotros, no me gusta que se haya vuelto incómodo que estemos cerca, o sentirte esquivo. Si además de eso pasan otras cosas, como aquella vez en el río, quiero que sepas que también me gustaría, pero no voy a presionarte ni es como si no pudiera vivir sin eso.
"Porque ya lo tienes a Stan para eso" pensó Xeno con amargura sin poder evitarlo, pero no lo dijo en voz alta, sino que resopló suavemente.
- Sí, lo siento, pero todavía no es tiempo para eso, al menos no para mí.
- Está bien. ¿Y de lo otro? ¿De nosotros?
- No puedo darte una respuesta, lo siento. El tiempo lo dirá... por lo pronto, esto es todo lo que creo que podemos compartir y que no me represente un quebradero de cabeza ni emocional, menos en este momento en que tenemos que concentrarnos y dedicarnos a crear tanta elegante ciencia "del futuro". Es todo lo que puedo ofrecerte de mi parte por el momento.
- Entiendo, sí. Como te dije, no vine a presionarte por respuestas, sino a escucharte y acompañarte. Quiero entenderte, ponerme un poco en tus zapatos... lo que no signifique que coincida, pero sí lo respeto y puedo comprenderte.
- Gracias –le dijo con una pequeña sonrisa.
Con delicadeza, deslizó la mano que seguía en el vientre de Kohaku, rodeando la cintura hasta llegar a la espalda, y se permitió acercarla contra él para abrazarla. Respiró hondo, pensando cuánto extrañaba ese contacto, cuánto lo serenaba y silenciaba su cabeza al menos por un momento, manteniéndolo en el presente. Ese breve instante de felicidad de saberse acompañado, que iluminaba incluso sus sombras, haciéndolas huir de su consciencia al menos por un momento. Ese breve instante de inocencia, de creer que todo estaría bien y que estaba a salvo, como cuando una madre le dice a su hijo pequeño que no hay ningún monstruo debajo de la cama, que puede apagar la luz tranquilo, y le da un objeto que le sirva como "talismán", diciendo que lo protegerá de todo mal.
Las sombras que Xeno sentía que tenía, los monstruos debajo de la cama, eran tantos y tan fuertes, que varias veces estuvieron a punto de doblegarlo. Y pese a sus fuertes convicciones, a sus ambiciones y sueños, y de decirse que él era más fuerte que esas entidades fantasiosas que sólo estaban en su cabeza... tantas veces se había dejado empujar casi hasta el besar el suelo, a punto de convencerse de que así sería mejor, no luchar tanto sería más fácil. El zapato en su cabeza, que lo presionaba y amenazaba con quitarle todo si no se entregaba, casi convenciéndolo de que podía dejarle algunas migajas a su favor si accedía a quedarse allí subyugado como un buen chico.
Curioso cómo la noche traía los pensamientos más oscuros, más oscuros que su propia sombra, más oscuros de lo que él pensaba que eran. Esos pensamientos eventualmente dejaron de ser recurrentes, tal vez porque ya los había adoptado tanto que se convirtieron parte de su naturaleza, sin ser del todo consciente. Como aquella elegante capacidad del cerebro de dejarle de prestar atención a ciertos sonidos y ruidos repetitivos, que sin embargo nunca dejaban de estar presentes en el ambiente, solamente estaban siendo filtrados y excluidos de la atención. Listos para volver a considerarse relevante con algún detonante, así como podían quedarse en las profundidades mientras él se mantenía ocupado con sus propias motivaciones e intereses más fuertes que ese arrastre.
Ese mismo juego de luces y sombras era con el que Xeno lidiaba cada vez que algo lo sacaba de su zona de confort, y en su interior era como tener dos tribunas enfrentadas, una que lo apoyaba y animaba a seguir adelante y superarse constantemente, y otra que estaba lista con el látigo flagelador ante el asomo del fracaso. Y esa joven que volvía a estar entre sus brazos esa noche, era una que sin saberlo estaba removiendo sin piedad todo su interior, golpeándole con una enorme maza las paredes de su defensa. Así como le daba momentos de gozo y esa inocente luz de esperanza y felicidad, también era como los que le quitan el dulce a un niño, justo cuando lo ven babear y estirando la mano para tener el premio en sus manos. De la misma forma era como él reaccionaba y se relacionaba con el mundo exterior, el eterno conflicto, la contradicción constante, acercarse y permitirse ser permeable y accesible, para salir huyendo como una liebre después; o si se encontraba muy arrinconado, defenderse como una bestia salvaje.
Podía admitir para sí mismo que le tenía un poco de miedo a Kohaku. Así de inocente y medianamente ignorante como era, era justamente eso lo que la hacía tan atractiva, y tan peligrosa. Lo tenía atraído como polilla a la luz, así como esos bichos volaban y se acercaban hipnotizados a la fuente brillante, era casi ineludible su destino de quemarse. Tal vez podría manejarlo mejor si fuese sólo ella, pedirle o llevarla a que baje un poco la intensidad de su luz, para aclimatarse ante tanto calor y brillo... pero no podía cuando ella no era la única. Stan era otra de esas luces potentes, aunque tenía sus buenas manchas oscuras, pero el maldito tenía la cualidad de su abrasiva confianza en sí mismo, y había perdido el miedo a la muerte y a la pérdida siendo un soldado. Eso era lo que lo hacía tan eficiente y determinado, y de que cuando algo le interesaba mucho, no lo soltaba jamás hasta conseguirlo, como las fauces de un predador. Él podía.
Envidia era lo que le tenía, celos rabiosos también, aunque enmascarados y ocultos. Habían crecido juntos, compartido tantas vivencias y experiencias siempre codo a codo, a la misma altura, complementándose perfectamente, cada uno en su área de interés, por lo cual siempre había sido apoyo honesto entre ellos y nunca competencia. ¿Cómo era entonces que Stan, que no la había tenido nada fácil en su vida tampoco, había "despegado" tanto? ¿Qué le faltaba a él para poder hacerlo también? Lo único que sabía, era que la respuesta no estaba afuera, no dependía de nadie más que de él mismo. Lo había intentado, que personas, victorias o intereses lo llenaran, pero era sólo una satisfacción temporal para tapar el pozo y el vacío que sentía dentro, y que luego se sentía el doble de denso y profundo, cuando se notaba la ausencia de aquello que lo había despertado y entusiasmado.
En cambio, Stan le había dicho que le estaba "dando su apoyo" en su ambición de dominar el mundo, lo estaba acompañando, pero nunca lo había sentido como un acompañamiento de admiración, desde abajo incluso, sino que la actitud de su amigo siempre le había dado la impresión que lo acompañaba como un niñero que vigila al pequeño jugando, y sólo asiente sonriendo cuando el infante voltea la cara con orgullo, para asegurarse de que el otro está viendo la genialidad que hace, "sí, sí, buen trabajo, sigue así", buscando otro entretenimiento cuando ya no es observado. Así se sentía últimamente, desde que Stan dejó de seguirle los pasos de forma servicial, encontrando dicho nuevo entretenimiento en Kohaku. No podía evitar pensar que eso eran sus mismas sombras alimentando esas ideas, regocijándose con que él sólo pudiera tener ese tipo de pensamientos densos de ira, miedo y frustración.
Porque había mucho más de Stan, sabía que era un verdadero amigo, su único amigo, sólo que por primera vez se estaba enfrentando a la realidad de que el otro quisiera hacer su propio camino, y dejar de seguirle los pasos a él, porque el niño ya estaba grandecito para seguir con niñero, y el niñero tenía su propia vida también. Pero que le soltara la mano en medio de ese entorno incierto en el que había perdido su suelo firme y la tranquilidad que le otorgaba su anterior superioridad, al mismo tiempo que se llevaba con él con toda naturalidad y sin forzar a la fuente de luz a la cual ambos se sentían atraídos, era más de lo que podía manejar. No tenía otro confidente, no tenía a nadie más que lo consolara o aconsejara, sólo los tenía a ello dos, y parecían caminar por delante de él cada vez más rápido.
Sentir una compresión física y real de su cuerpo lo arrancó bruscamente de sus pensamientos y confesiones secretas, y era que Kohaku, profundamente dormida ya mientras él cavilaba solo, lo había apretado con su abrazo. Todavía tenía una mano libre, así que la subió con sumo cuidado hasta el rostro de ella, y le quitó el flequillo frente a los ojos, así como le acarició muy suavemente la mejilla, procurando no despertarla. Quería confiar en ella, en sus palabras, en la esperanza que le prometía. Pero no sabía si estaba listo para creer en otra promesa sin certezas comprobables, sólo quedaba estar pendiente un poco más del desarrollo de los acontecimientos, y ahí decidir si el terreno era lo suficientemente estable como para caminarlo a tientas.
El sueño de Kohaku de esa noche había sido muy largo y cómodo, ininterrumpido. Por un lado, ya tenía más tranquilidad mental, y también más felicidad, lo que le permitía dormir más cómoda y tranquila. Mientras se despertaba, recordando dónde y con quién estaba, quiso abrazar con más fuerza a su compañero... pero no había nada que abrazar. Abrió los ojos sin demora, y comprobó que estaba sola en esa choza. ¿Y Xeno? ¿En qué momento de la noche, o del día, se había levantado solo? Le hubiera gustado despertarse y verlo, esas miradas soñolientas eras las más dulces, así las recordaba también con Stan. Pero por esa vez, el científico le había quitado la oportunidad de disfrutarlo con él. Ya estaba vestida, por lo que se levantó ágilmente y salió de la choza. Caminó hacia el área central, donde para su sorpresa vio que ya estaban todos trabajando, Xeno inclinado sobre unos planos frunciendo el ceño pensativo, e incluso ya estaban por ahí los soldados estadounidenses.
- Buen día.
Una voz junto a su oído susurró, y ella apenas alcanzó a voltearse cuando se encontró entre los brazos de Stan, y recibió un corto beso en los labios antes de poder contestar.
- Buen día. ¿Cómo estás?
- Ahora mejor, te extrañé anoche, la cama y mis sueños estuvieron más fríos. ¿Y tú? O dormiste mal y por eso te quedaste más tiempo toda perezosa, o dormiste muy bien y no querías levantarte.
- La segunda más bien, dormí sin interrupciones, parece que me hizo bien.
- Me alegro, lo necesitas. ¿Cómo está el renacuajo? –Le rozó cariñosamente el abdomen con el nudillo de su mano– ¿Hizo otra de sus apariciones nocturnas?
- No... y eso que realmente quería que lo hiciera –contestó, perdiendo un poco la sonrisa.
- ¿Xeno? No me dijo nada, pero no parecía tener mala cara. ¿Qué tal estuvo la conversación?
- Mejor que las anteriores –se encogió de hombros, e ignoró el detalle que había seguido los consejos de Gen para llevar la conversación a buen puerto– Pero su conclusión es que todavía no sabe lo que quiere. Me lo dijo con serenidad, y yo le dije que lo entendía y que estaba bien.
- Ya veo –Stan suspiró, y miró largamente a su amigo, frunciendo levemente el ceño mientras lo hacía– Yo también tengo una charla pendiente con él, una más civilizada.
- No dudo que le hará bien, y tú eres el que más lo conoce y lo entiende –Suspiró– Lo dejo en tus manos, me voy a buscar algo de desayuno porque me estoy muriendo de hambre.
Stan asintió, luego volvió a mirar a su amigo. No tenía sentido poner excusas o hacerse el tonto para no rechace la conversación, así que se acercó sin más.
- Xeno, me gustaría hablar algo contigo. Ahora, si puede ser, antes de que me tenga que ir a picar piedras por el resto del día.
- Dime –contestó, sin quitar la vista de sus planos.
- No, tiene que ser en privado y que me mires a los ojos. Una de las chozas si quieres, así no perdemos tiempo de más.
El científico lo miró durante varios segundos, y finalmente asintió. Lo guió hasta la choza que podría ser la más alejada del movimiento del grupo.
- Bien, iré al grano. ¿Hasta cuándo vas a postergar tu propia felicidad, Xeno? ¿Por qué te resistes tanto a lo que sabes que te hará bien?
- Lo de hacerme bien es un tanto subjetivo, Stan, más bien es un arma de doble filo.
- Si no piensas sólo usando tu gran cerebro por al menos un momento, sabes tan bien como yo que es mucho más lo que te hará bien que lo que no. Kohaku te puso la primer gran sonrisa en tu cara desde que revivimos, al menos a nivel personal, no científico. En lo humano lo cual eres principalmente. Es una buena chica, es sana... y no hablo de salud. No creo que vaya a lastimarte nunca por voluntad propia, y sinceramente creo que el único que se lastima solo eres tú.
- ¿Viniste a hablar o a juzgarme, Stan?
- Vine a sacudirte la cabeza para que te des cuenta que estás apartando de un manotazo muchas cosas que te podrían traer felicidad, sólo por un capricho.
- ¿Un capricho? No sé en qué mundo vives, pero suele ser lo normal que una persona tenga una sola pareja a la vez. No soy yo precisamente el que quiere algo alocado.
- ¿Y porque sea lo "normal" es la única opción válida? Sal de la caja de cartón en la que te metiste, Xeno. Es una situación muy especial, que requiere consideraciones y adaptarse igual de especiales.
- Darwin estaría orgulloso de ti y tu nivel de adaptación para continuar –le contestó con sorna– Los más fuertes sobreviven, la supervivencia del más apto. Quizás yo no soy tan fuerte.
- Deja de decir estupideces y cavarte un pozo de auto-compasión, eres uno de los hombres más fuertes que conozco –replicó Stan, dando unos pasos hacia adelante acercarse, y le apoyó una mano en el hombro, con firmeza.
- No estoy tan seguro de eso –murmuró, bajando sus ojos oscuros al suelo.
- Xeno... ¿de qué hablas? Nunca te detuviste. Nunca, en toda tu vida, te detuviste. ¿Tengo que recordarte todo, desde que nos conocimos? No contaste con el apoyo que deseabas de otras personas cercanas, sin contarme a mí, y seguiste. Te señalaron, criticaron, pisotearon cuando hiciste cosas tan grandes que terminaste asustando a los pusilánimes que se vieron intimidados por la grandeza de mente de un mocoso. Te metieron preso, saliste con esa mancha, y continuaste adelante, confiando en ti y tu ciencia, hasta ser parte de la mismísima NASA, tu sueño, que por suerte supo reconocer y sacar provecho de tu inteligencia y tus superadoras ideas. A pesar de eso, también te siguieron frenando un poco, ibas a ser demasiado grande para ellos y les incomodó. Podías haber puesto a la misma NASA a tus pies, pusiste nervioso con tus ideas armamentísticas incluso a un país que es conocido como una gran potencia militar y con mucho gusto por el poder y las armas. Nada te detuvo, hasta que se perdió todo con la petrificación.
Stan hizo una breve pausa, y le levantó la barbilla para que lo mire a los ojos. Mierda, Kohaku y Xeno eran los únicos que sacaban tanta verborragia de su boca, aunque fueran contadas ocasiones. Pero lo necesitaban, ellos, y él.
- Y en cuanto despertaste, por tu propia cuenta, no te desesperaste, pataleaste, ni rendiste. ¿Qué hiciste? Todo de vuelta. Guiaste el restablecimiento de la ciencia, el poder, ingeniería y sistemas mecánicos para mejorar la calidad de vida y de producción, un puto castillo digno de reyes, armas, y tanto más. Sí, de la mano de querer dominarlo todo para que nadie volviera a poner en duda la superioridad de tu ciencia, pero hiciste todo eso. Y luego, aunque al principio lo negabas como un condenado, te propusiste desafiarme con respecto a ganar el interés de Kohaku. Demonios, que te acostaste con ella antes que yo, ni lento ni perezoso. Y fue grande tu cambio para llegar a hacer eso, tu expresión de confianza era digna de ser retratarla para la posteridad. ¿Y dónde quedó eso ahora? ¿Te olvidaste de todo?
- No, no lo olvidé, Stan.
- Pues parece que sí. Porque te dices a ti mismo que "no eres tan fuerte", que "no puedes", que "no sabes". No te reconozco, no eres el Xeno con el que crecí, al que decidí apoyar toda mi vida porque me parecías interesante, prometedor... siempre te admiré. Y ahora te desinflas ante un grupo de mocosos que te la pusieron difícil por una vez, aunque lo gracioso es que ya está solucionado en buena medida, y ahora hasta tienes nuevos compañeros científicos que quieren tus conocimientos. Y un hijo en camino, aunque compartido, pero un hijo con la primera mujer que se ganó tu atención y más, y que te está recibiendo con los brazos abiertos a pesar de todas las veces que fuiste ambiguo o injusto con ella, porque parece que para ella pesan mucho más las cosas buenas, dime si no le habrás dejado una buena impresión en el corazón.
- No la rechazo a ella, rechazo el tener que compartirla...
- ¿Y quién te dijo que yo sí quiero compartirla contigo? –lo interrumpió, entrecerrando los ojos con una mirada afilada– ¿Te piensas que yo estoy feliz y relajado con la idea de que tampoco pueda ser el único dueño de su corazón? ¿Que sus ojos no me miren sólo a mí? ¿Que no pueda considerar enteramente a ese hijo como sólo mío? No te confundas, Xeno, que lo haya aceptado, no significa que esté completamente de acuerdo.
Xeno se quedó muy quieto ante eso, boquiabierto. Los ojos zafiro de Stan no vacilaban, refulgían tanto ardientes como helados, reflejando exactamente lo que sentía.
- ¿Por qué? –Preguntó– ¿Entonces por qué...?
- Porque conocer a Kohaku y enamorarme de ella es de lo mejor que me pasó en la vida, además de ser tu amigo –Sonrió ligeramente cuando Xeno abrió mucho los ojos con lo primero– Sí, dije "enamorarme", es así, se lo dije la otra noche, me parece justo que lo sepas también... aunque quizás ni sea una sorpresa, ni cambie nada realmente. Pero yo no voy a echar por la borda toda esa felicidad para mis próximos días y años, sólo porque tenemos la mala suerte de que los dos estamos bien pillados por ella, y ella por nosotros. Ya está, hay que seguir adelante. Si ella no va a elegir, y no queremos hacerla infeliz obligándola a alejarse de uno u otro, es lo que hay. Ni siquiera tenemos que pelear o competir ya, cada uno que sea como es, disfrute lo suyo. La pregunta es, ¿de verdad tienes que pensar tanto lo que quieres para tu vida?
Xeno inspiró profundo, mirando a Stan a los ojos por su propia cuenta. Podía ser hasta obvio si lo hubiera analizado más antes de ese día, pero verlo y oírlo un tanto molesto a él también con la idea que fueran una "pareja de tres", y que no estaba todo despreocupado y satisfecho con lo que se diera, lo acercó un poco más. Quería preguntarle por qué no lo había dicho antes, pero tampoco tenía sentido ya. Y tenía razón, tenía mucha razón en todo, si había alguien que revisaba y exponía todo el panorama claro en cualquier situación era Stan, siempre había sido así. Y si tenía que responder esa última pregunta, y hacerlo con lo que su cuerpo y corazón le decían, sin oír a la cabeza egoísta y temerosa, de verdad que no lo tenía que pensar tanto. Los instintos e intenciones verdaderas siempre se sabían y se sentían antes de que el pensamiento las procese y juzgue, pasándolo luego por miles de filtros. Tal vez tenía que aprender un poco más de Stan, que siempre oía sus instintos primero.
- No –Contestó breve pero seguro– No tengo que pensarlo tanto.
- ¿Qué quieres, Xeno?
- A Miss Kohaku. Kohaku –se corrigió con una breve sonrisa, cuando vio a su amigo arquear una ceja.
- ¿Y estás dispuesto a permitirte de una vez tu porción de felicidad, y ocupar orgullosamente el lugar que te tiene guardado en el corazón nuestra princesa?
- Sí –Apenas dijo eso, la garganta y el estómago se le contrajeron con emoción, al reconocerlo y aceptarlo. Fue como firmar una sentencia, pero una que le salvaría la vida probablemente.
- Oh, al fin, valió la pena gastar tanta saliva –bromeó, y luego sonrió ampliamente, genuinamente aliviado.
- Pero hay algo más, y tendrás que entenderlo y no intentar convencerme, Stan.
- Dime –contestó, poniéndose serio.
- Si el bebé no es mi hijo... los acompañaré y ayudaré, pero no me consideraré como padre compartido.
- Xeno... –comenzó a protestar.
- Dije que tendrías que entenderlo y aceptarlo –lo interrumpió con firmeza– Como dije, estaré presente, pero no me reconoceré como su padre.
- No puedo prometerte lo mismo –Le contestó, muy serio– Perdona, pero aun si el bebé sea una copia tuya en miniatura, lo criaré y cuidaré como si fuese mío, aunque tú también estés ahí haciendo lo mismo. Tendrá dos padres, además de su madre.
- No te preocupes, no creo que eso suceda. Respondió a ti.
- Pudo ser casualidad, Xeno. Así como lo sentí una vez, luego estuve dos noches sin volverlo a sentir, hasta que cuando... –se interrumpió, no hacía falta el detalle de lo que estaban haciendo con Kohaku– hasta que la otra noche lo volví a sentir.
- Stan, basta, está bien. No seas condescendiente conmigo. Tus instintos no fallan –Hizo una mueca– Era una locura considerar que Kohaku podía seguir estando embarazada, pero tú insististe con seguridad a pesar de todo, y resultó ser cierto.
- Ya veremos –concedió el soldado, serio. Luego sonrió mínimamente– Pero al menos serás el padrino, y uno muy presente.
- Eso me parece bien –le correspondió la sonrisa– Pero no te creas, es sólo cuestión de tiempo.
- ¿Oh? –Preguntó Stan divertido– ¿Acaso ahora estás pensando en que vas a encargarte de poner otra semillita?
- Primero tenemos que terminar todo este asunto de nuestro misterioso hombre en la Luna, luego veremos lo que la vida nos depare. Pero mientras me da que pensar que luego de que termine el embarazo, tendremos que iniciar la producción de condones, ya tenemos látex, será cuestión de hacer una parada extra en Centroamérica para recoger más, si no conseguimos por aquí.
- Me gusta cómo suena eso.
- Me lo imaginaba, más si tienes que abandonar tu vicio tóxico de fumar. Cambiaré la producción de cigarrillos por la de condones, que serán útiles y sanos para todos. Y cuando sea el momento, o no tocarás a Kohaku sin ellos, así no habrá dudas de quién es el padre –agregó, sin poder contener su sonrisa maliciosa y permitiéndose una broma cómplice.
- Nada mal... me gusta volver a oírte hablar así. ¿De negador total a deseoso padre de familia a futuro?
Stan bromeó, pero luego se arrepintió de haberlo hecho, cuando una sombra turbulenta cruzó los ojos de su amigo. Mierda, lo había arruinado... además de que bien podría todavía el bebé en gestación ser de él, también podía ser que el que Kohaku había perdido era suyo. Y ya sabía que Xeno lo había aceptado responsablemente y con afecto también, aunque no fuera tan expresivo al respecto, por lo que soñara con tener un hijo a futuro era lo más normal del mundo, y se lo merecía totalmente también, si ambos lo querían y se daban las condiciones de seguridad para traer otro hijo al mundo.
- Perdón, Xeno, no es lo que quise decir, sonaba más divertido en mi cabeza.
- Está bien, entendí tu intención, y creo que me lo merezco. Pero tengo que agradecerte, amigo, de verdad. Tal vez me lo dijeron de una u otra forma varias veces ya, pero esta vez es como que lo entendí, o fue la gota que rebalsó el vaso, pero para bien.
- Y doble alegría, ya que nada apestaba más que pelearme con mi mejor amigo, más si nuestra única culpa fue quedar igual de fascinados sin remedio por cierta princesa samurái que apareció un día en nuestra puerta, literalmente.
- Sí, coincido. Ahora si me disculpas, tengo trabajo que hacer, Stan, luego hablamos.
- Está bien, ¿pero no te olvidas de algo? –Xeno lo miró pensativo y negó, a lo que el soldado suspiró– ¿No deberías decirle a Kohaku de tu nueva resolución? Estoy seguro que la pondrá feliz, además que será un buen mensaje para los demás mocosos.
- Qué elegante. Sí, tienes razón. Aunque lo mío no son las declaraciones públicas.
- No hace falta tanto, con que se lo digas en privado como estamos hablando ahora, y luego te muestres más abierto y tierno con ella cada tanto, captarán el mensaje. No te digo que la beses delante de todos... o sí.
Con eso, los dos amigos se miraron y sonrieron provocadoramente, antes de asentir y salir de la choza. Xeno podía jurar que se sentía mucho más ligero, en especial en la cabeza, pero también en el pecho, la opresión que lo acompañaba últimamente ya no estaba. Kohaku, que había terminado de desayunar y estaba lista para ofrecer su ayuda, percibió instantáneamente el cambio en la energía y en los orbes oscuros del científico. Mientras consideraba si preguntarle, Xeno fue más rápido.
- Kohaku –Ya con decir simplemente su nombre, la vio abrir mucho los ojos, ya que desde que su amigo había vuelto, ella había vuelto a ser llamada "Miss Kohaku" por él– tuve una conversación con Stan y quiero preguntarte algo.
- Sí, lo que sea –le dijo esperanzada.
- Antes que nada, pedirte perdón. Sé que fui muy poco elegante mi trato hacia ti la última semana, te critiqué y te juzgué egoístamente, además reconozco que fui ambiguo y contradictorio contigo, tal como recalcó Stan en su momento... es verdad, y no estuvo bien, ni lo merecías.
- Lo entiendo... gracias.
- Y quiero preguntarte... –le tomó la mano, para que no ser tan seco y formal– si estás bien con que finalmente acepte este particular vínculo de nosotros tres, y volver a acercarme a ti, como en nuestros mejores momentos en el castillo, y cuando hicimos las paces en el principio de este largo viaje aquí.
- Sí –contestó con una sonrisa amplia, sus ojos brillando con emoción. Cuánto extrañaba ver ese lado de él, confiaba plenamente en que cuando se liberara de su coraza, volvería a ser ese hombre confiable, inteligente y dedicado– Me encantaría que así fuera, Xeno. Me alegro mucho que hayas cambiado de idea.
Kohaku se lanzó a abrazarlo, feliz y aliviada de que todo hubiera resultado bien, lo que sea que le había dicho Stan de verdad había surtido efecto, evidentemente necesitaba las palabras de su amigo de toda la vida, que lo entendía perfectamente, mucho más que ella. El científico sonrió y le devolvió el abrazo delicadamente, y luego le levantó la barbilla para mirarla a los ojos. Tomando la broma de Stan como un desafío y una clara expresión de sus intenciones, aunque siempre con elegancia, recortó la distancia entre ambos para darle un suave beso en los labios. La joven se sorprendió tanto de volver a sentirlo así, y además a la vista de todos –el estilo de Stan, más que de Xeno– que abrió mucho los ojos durante el beso, sin poder evitarlo. Pero aquella muestra de afecto terminó allí, junto con una aclaración.
- Aunque esta sea mi nueva decisión y actuaré acorde a ello, todavía necesito un poco más de tiempo para...más. De a poco, porque tampoco puedo cambiar tanto de un día para otro y echar a un lado todos los sentimientos contradictorios que sigo teniendo, sólo estoy planteándome el nuevo camino. ¿Está bien?
- Sí, por supuesto –Aceptó– Ya con saber que estás mejor, y que al menos por ahora podemos compartir esto, es lo importante para mí.
- Gracias.
Dicho eso, con un último beso que Kohaku le dio, poniéndose de puntillas con una pícara sonrisa, se separaron para cada uno dedicarse a sus tareas. Stan fue con el grupo recolector, Xeno continuó con los diseños de otras herramientas científicas que necesitarían desarrollar, y Kohaku se quedó cerca para ayudarlo. Los demás notaron también el cambio de actitud del científico, lo cual fue un alivio para la mayoría, más que nada porque volvía a Xeno mucho más accesible en actitud. Por las noches, Kohaku decidió turnarse y dormir una noche con cada uno, aunque la gran diferencia radicaba en que dormir con Xeno implicaba compartir la choza con Hyoga y Gen, por lo que no tendrían mucha cercanía. En cambio, con Stan tenía la comodidad de dormir en el camarote exclusivo de Stan, y además de descansar en una cama, en lugar de una bolsa de dormir en el suelo. El científico le había dicho que dormir con él sólo sería temporal, no por no querer su compañía, sino que no sería lo adecuado para una mujer embarazada, tenía que cuidar más su descanso y comodidad.
De esa forma y con las mismas dinámicas y tareas pasaron casi veinte días más, hasta que consideraron que tenían suficientes reservas de los metales raros como para hacer el avión y la mayor parte del barco, para combinar con el hierro que conseguirían en la isla argentina y comenzar con las construcciones de los nuevos transportes. Ese día, cargaron todas las pertenencias, materiales y aparatos útiles del bastión fortificado y los cargaron en el Perseo, listos para zarpar hacia la Isla Martín García.
El viaje, que tomó poco más de dos días completos, fue un tanto extraño para la mayoría. Los jóvenes japoneses sentían la familiaridad del barco, así como que no los abandonaba la sensación de que allí estaban de "invitados". Ryusui se turnó para navegarlo junto con el mejor marinero de los estadounidenses, y François deleitó generosamente a todos con su exquisita comida, pero salvo por ellos dos, los demás no tuvieron mucha interacción. El idioma tampoco ayudaba, ningún estadounidense salvo Stan o Xeno sabían japonés, pero los jóvenes nipones no estaban particularmente ansiosos por establecer conversaciones con los soldados. Además, tuvieron que dormir un poco más apretados, compartiendo camarotes con sus colegas para que todos pudieran entrar, ya que muchos de los otros camarotes estaban siendo utilizados como depósitos.
Todos, a excepción de Stan, que nadie –en especial sus colegas, siempre habían recibido la orden de "no interrumpir"– se animaban a exigirle que compartiera su lugar con alguien más, sabiendo además que dormía allí con Kohaku. Y a pesar de que ya Xeno estaba mucho más relajado y agradable, seguía vigente la decisión de que estaría con los japoneses, por lo cual también estaba descartado que él compartiera el camarote con la pareja. La realidad era que el peli-plateado no tenía ningún problema en compartir por un par de noches el espacio, entendiendo la situación, pero tampoco lo sugirió, ya que quiso aprovechar las últimas noches de dormir cómodamente en la cama con la joven, luego el barco seguiría la ruta marina rodeando Sudamérica y subiendo hasta el país del norte para apostar las bases de combustibles para el futuro avión.
En la tercera mañana, que todos estaban más aburridos y serenos, Stan y Kohaku estaban recostados en la cama antes de levantarse. El soldado miraba fijamente el abdomen expuesto de ella, mientras apoyaba relajadamente la cabeza sobre su mano, con el codo contra el colchón.
- ¿Qué miras tanto? –Le preguntó curiosa.
- Que estás unos tres centímetros más grande –contestó con una sonrisa– El renacuajo está creciendo.
- ¿Cómo sabes las medidas así a ojo?
- Estoy acostumbrado a mirar y calcular medidas tomando puntos de referencia, pero es sólo una aproximación. Y no pienso perder detalle de estas medidas –le guiñó un ojo– No es tan evidente a simple vista que estás embarazada, aunque en este último mes te creció un poco, cuando estás así con el abdomen descubierto se nota un poco más, una ligera redondez desde el ombligo. Y la piel la tienes más tensa, y esa zona más turgente, como un globo que comienza a inflarse.
- Estás disfrutando de esto, ¿no?
- Como no tienes idea, además esto compensa mis tres meses de ausencia, quiero estar presente para ser testigo del resto. Y sin dudas más agradable que ver la cara de los demás, deseando llegar a tierra. Pero falta poco, si resistieron un viaje de tres meses, dos días no es nada comparado a eso.
Unas horas después finalmente llegaron a la isla, que se veía bastante rocosa coincidiendo con las expectativas de Chelsea y Senku, así como también se veía más de un abundante bosque. Descargaron el contenido necesario del Perseo, dejando también una buena tanda de los metales especiales para todas las construcciones necesarias, para luego dejar continuar sin demora el barco en manos de un grupo de soldados estadounidenses. Los primeros días se dedicaron todos juntos a construir las numerosas chozas y los hornos de fundición. En aquel lugar se repitió la misma actividad que en la ciudad brasilera, pasar buena parte del día picando y extrayendo rocas, sólo que esa vez sería para fundir hierro. Día tras día, hasta que a la par del avance de la construcción del avión, Senku y Xeno se dedicaron a fabricar un nuevo, multiuso e indispensable material: El acero inoxidable. Gracias a la combinación de hierro y cromo, pudieron crear el material que serviría para fabricar latas para conservar la comida, así como cuchillos y otros recipientes de cocción y de armas más durables.
Otra cosa que cambió significativamente y de forma repentina, junto con el principio del quinto mes de embarazo de Kohaku, fue que, sin explicación alguna, de pronto sentía mucho calor. El clima era otoñal, avanzando hacia el invierno, por lo que no hacía precisamente calor. Sí tenían la excusa de sudar intensamente los que se encargaban de picar las piedras para obtener hierro, fruto del esfuerzo, pero no ella. Hasta que se dio cuenta que el calor venía de adentro, particularmente con ciertas imágenes estimulantes, como ver a atractivos, fuertes y musculosos hombres trabajar, sudando y jadeando, de tanto esfuerzo, sus torneados brazos marcándose fuerte al golpear los picos contra las paredes de piedra, esos abdómenes tan cincelados y duros...duros... Para no sentirse incómoda con sus pensamientos inapropiados, prefirió dirigir su atención a Stan, mirándolo a lo lejos, aunque su prodigiosa vista no perdía detalle ni con eso.
No entendía por qué, antes no le daba tanta importancia a aquel detalle anatómico tan excitante. Por un lado, quería preguntárselo a Luna, pero por el otro le daba bastante vergüenza admitirlo, en especial a la hora de confesar dónde ese calor terminaba concentrándose. Para no quedarse simplemente mirando, y apiadándose también del calor y el sudor mucho menos agradable para los trabajadores mismo, Kohaku fue al río cercano a llenar unas cubetas de agua, y luego fue a buscar numerosos paños de tela pequeños, para dirigirse a continuación a la zona de excavación. Sus amigos le agradecieron, aliviados de poder limpiarse y refrescarse la piel, aunque sea un poco, tomando los paños empapados y pasándoselos por los brazos, cuello y torsos. Dejó para lo último a Stan, aprovechando que estaba en uno de los extremos.
- En buena hora. Ya estaba deseando que llegara mi turno. Aquí parece que no tengo privilegios.
- No, sería demasiado obvio e injusto.
El soldado extendió su mano para tomar uno de los paños que flotaba a medias en el agua, cuando Kohaku le quitó la cubeta de su alcance.
- No, lo hago yo.
Apoyó la cubeta en el suelo y escurrió uno de los paños, para luego pasárselo con cuidado por la frente y las mejillas de Stan, que sonrió agradecido ante la sensación fresca y húmeda. Luego continuó con el cuello, los hombros, los brazos. Siempre le habían gustado los brazos fuertes de Stan, pero esa tarde le gustaban mucho más. Cuando terminó, enjuagó el trapo nuevamente, para limpiarle entera la espalda, esa amplia espalda por la que en momentos de pasión le encantaba recorrer con sus dedos y clavar ligeramente sus uñas... se sobresaltó, sonrojándose un poco ante el recuerdo. Luego volvió a enjuagar y escurrir el paño, para continuar por el pecho, pasando su mano cubierta con la fina tela por los pectorales macizos, aunque con la piel tan suave. No pudo evitar morderse el labio, con unas tremendas ganas de acariciarlo de pronto, pero se contuvo, ¿por qué demonios no podía quitarse esas imágenes candentes de la cabeza?
Siguió bajando, hasta que llegó al abdomen, lo cual fue su perdición. Apretó un poco las piernas cuando sintió un cálido y enérgico hormigueo en su bajo abdomen, el cual no tenía nada que ver con el embarazo. Sentir cada "cuadrado" de músculo perfectamente delineado, uno por uno, limpió y refrescó, aprovechando para deslizar suavemente sus dedos, disfrutando del tacto. Bajando, bajando, hasta que alcanzó el último par de músculos, así como ese endemoniadamente excitante triángulo muscular invertido, que conducía a...
- ¿Kohaku? Ya estoy bien, gracias.
Stan le llamó la atención sutilmente, comenzaba a sentirse incómodo. Kohaku se estaba dedicando demasiado a él, y cuando la llamó fue cuando percibió que los ojos de ella se veían más oscuros, así como ya estaba rozándolo en el borde del pantalón. Sí, la joven lo estaba toqueteando abiertamente, una obvia y delicada caricia, además de que la expresión de su bello rostro sonrojado era demasiado transparente, allí había deseo. Sin embargo, ella no lo oyó, o lo ignoró, no supo cuál, así que volvió a insistir.
- Hmm...Kohaku, de verdad, ya me refrescaste bastante, puedo seguir con el trabajo, muchas gracias.
Pero la rubia no lo miraba a la cara, sino que seguía perdida en sus pensamientos evidentemente indecentes, mientras volvía a recorrer su abdomen con el paño. Preocupándose por llamar la atención, Stan la agarró de la mano con toda la delicadeza que pudo, y la detuvo. Le sonrió con dulzura para compensar, y cuando ella lo miró a los ojos, él se alejó un paso para atrás, separando la mano de su piel. Kohaku no se tomó bien eso, frunció el ceño, su mirada reflejando el disgusto del rechazo. A Stan lo recorrió un escalofrío a lo largo de la columna, era como recibir la mirada de un gato enojado, y sabía por experiencia que lo que seguía era el zarpazo.
- ¿Te sientes bien? –Preguntó con cautela.
- Tengo calor
- Puedo refrescarte como hiciste conmigo, ven.
- No "ese" calor.
Ah. Lo imaginaba, pero no contaba con que fuese tan directa, y ciertamente no era ni el lugar ni el momento.
- Princesa, no es personal, sólo que acá no...
Kohaku dio un paso hacia atrás, molestándose más de lo normal, en ese momento el calor no sólo era por deseo, comenzaba a ser por frustración también. Se volteó y comenzó a caminar hacia el lado opuesto, dejando la cubeta allí. Pero se detuvo abruptamente, considerándolo. ¿Siempre tendría que ser cuando Stan quería? Él le había dicho que haría "lo que sea" por ella... bueno, quería algo, hora de cumplir su palabra. Se dio vuelta, notando cómo Stan se quedaba muy quieto y la miraba con cautela, y avanzó hacia él. Considerando que las manos del soldado eran más fuertes, y no tenía ropa superior, optó por agarrarlo del cinturón que se aferraba a su cadera, y jalar de él de esa forma. Stan quedó tan sorprendido que no sabía qué hacer, si resistirse, o seguirla, para no llamar tanto la atención de lo que al parecer pretendía. Aunque su mano allí no ayudaba.
- Kohaku, espera, suéltame, yo te sigo. Si me agarras así será muy obvio que...
- Mejor, así no nos interrumpen –Le cortó, sin detenerse.
- No. Bueno sí, pero no es necesario. Tus amigos científicos, y Xeno están de camino, sería incómodo que...
- Entonces iremos al bosque, no busco comodidad.
- Oh god.
Stan no sabía si reír o si preocuparse, era la primera vez que la veía así, y sin dudas debía ser producto del embarazo. Consideró que lo mejor sería no enfadarla ni contradecirla, ya había tenido una muestra de cómo podría reaccionar. Agradeció que no pasaran por delante de todos, menos siendo arrastrado de esa forma, y pronto llegaron a una arboleda alejada, donde no habría testigos. Kohaku se detuvo contra un árbol, sin demorarse en tratar de quitarle torpemente el cinturón.
- ¿Puedo saber qué te inspiró a esto repentinamente? –Preguntó el hombre con diversión.
- Tú, así como estabas. Es tu culpa.
- Hmm ¿te pido perdón?
- Ya es tarde –gruñó, y sonrió cuando logró desatarle los dos cintos– Te necesito.
- Y aquí me tienes, tranquila. ¿Estás segura que es el lugar adecuado? Podría ser...
- No, lo necesito ahora.
Stan no podía negar que también le estaba excitando mucho la urgencia de ella, aunque al mismo tiempo no podía evitar reírse. Jadeó cuando sintió la mano fría de ella colarse en su pantalón, buscando lo que quería. Se sentía "usado", no era a él a quién quería realmente, ni sus besos o caricias, pero era divertido, para variar.
- Espera, tienes que prepararte un poco, así de la nada te podría lastimar.
- Oh, ya tuve suficiente preparación, créeme.
Bajándole el pantalón del traje y la ropa interior para exponer lo justo y necesario, Kohaku se colocó de espaldas a él, contra el árbol, bajándose las bragas hasta las rodillas mientras se levantaba el vestido y se inclinaba hacia adelante, una clara invitación. Stan se tomó unos segundos más para reaccionar y acercarse, todavía no podía creer lo que estaba pasando.
- ¿Y? ¿Lo vas a hacer tú, o tengo que hacerlo yo? –Demandó la joven
- Ya voy, ya voy.
A pesar de lo que ella le dijo, Stan quería comprobar que estuviera lista. Todavía con una sonrisa en sus labios, se inclinó sobre ella para darle unos besos por encima de la ropa, y acariciarla un poco. Pero tenía las manos sucias, no podía comprobar con sus dedos si ella estaba lista, por lo que tuvo que confiar y hacerlo con su miembro, de a poco.
- No seas delicado ni lo hagas muy largo, no quiero eso ahora –le advirtió, con una fogosa mirada en los ojos.
Stan asintió, mientras pensaba buscar un equilibrio. No estaba convencido de ser brusco con ella, y podría engañarla un poco con otras acciones más salvajes sin la preocupación de irritarla internamente. Así que usó sus manos de una forma más apasionada, con caricias fuertes que le apretaban la piel y la carne, mientras se adentraba en ella con más cuidado, hasta sentirla ceder y acostumbrarse. No contaba con que Kohaku estuviera tan deseosa como para pronto empujarse contra él, buscando más intensidad por su propia cuenta. Siendo que siempre lo habían hecho cara a cara y muy cercanos, la situación de estar semidesnudos en medio de un bosque era muy contrastante y caliente. Ella en una posición mucho más sexual y animal, él aferrándose a las amplias caderas y consintiéndola con embestir más fuerte, era demasiado bueno, conectando con sus instintos más salvajes, y se entregó plenamente a ello con una amplia sonrisa.
Lo que no sabía, era que ese sería sólo el principio de esa natural y hormonal etapa del embarazo de Kohaku, y la subestimaría demasiado.
Buenaaaaaaas! Aprovechen, dicen, que más adelante se les va a complicar la ricura, y luego va a ser inexistente xD. Y, por otro lado, feliz de que el doctor comience a ceder y a aceptar todo el amorcito que tienen para él. Pero me parece mucho más realista, además de adecuado a su personalidad.
Anuncios parroquiales: No sé si la semana que viene o la otra, voy a hacer una pausa de "vacaciones", necesito descansar y dejar de escribir un poco, tengo estudio pendiente, y también varios dibujos que ansío hacer hace rato. Por otro lado, les comento mis próximos fics e ideas para cuando vuelva, probablemente en este mismo orden, aunque no es seguro. Mucho delicioso, eso sí, MUCHO.
"All that Jazz": Songfic Stan x Kohaku x Tsukasa (lemon AU)
"Otros Caminos" (actualización)
"Infiltrados": XenKoha spin-off de "Camino a la redención"
"Una atracción Justa": 2do capítulo, lemon Hyohaku
"Cautivos" (actualización)
"Trío de la fuerza": Lemon Tsukasa x Kohaku x Hyoga (en tiempo de manga)
"Imposición y Deseo": Longfic de época en años 1900, romance hot y mucho drama que escribiré con mi querida amiga "kawaii miawgical girl" XenKoha/StanChar
Y hay un Genhaku pendiente por ahí también, pero bueno, suficiente planeamiento hasta acá jaja. Gracias como siempre por todo su amor y apoyo, se atesora mucho! Hasta la próximaaa!
