Lo que en un principio Stan consideró, con una enorme sonrisa, que iba a ser algo que agradecer, terminaría convirtiéndose en una maldición poco después, y sin imaginarse que la "tortura" duraría casi dos meses. Quizás en otro momento sin tanto trabajo forzado lo hubiera disfrutado tal como pensaba que sería, pero no fue ese el caso.

- Xeno, estoy haciendo el trabajo duro de tres hombres para llegar a tiempo con todo. Ocúpate tú también de ella cuando está así, tu trabajo no te agota tanto.

- ¿"Así"? ¿Cuál es el problema?

- Está con antojos, intensos.

- ¿Qué quiere?

- Carne.

- Tenemos de sobra ahora, en esta nueva ubicación.

- No "ese" tipo de carne –Dijo con una mueca, y su amigo entendió la indirecta al fin.

- Oh... lo siento Stan, pero ya me expresé al respecto, y algo así de impersonal mucho menos cambiará mi decisión. Era de esperar, biológicamente debe ser la combinación del aumento de la progesterona, lo que elevó su estado de ánimo, que ya no tiene mareos ni náuseas, y que toda esa zona del cuerpo alrededor tiene mayor irrigación sanguínea, que le genera más sensibilidad y placer.

- Ajá... pero esa información tan elegante no resuelve mi problema.

- Dile que no tienes ganas, y ya –le contestó simplemente.

- "Y ya", dices, ¿te crees que no lo he intentado? No tienes idea lo feo que me mira cuando lo hago, me gustaría que lo pruebes tú antes de hablar tan livianamente. Xeno, hace una semana me arrastró agarrándome del cinturón del traje, delante de sus amigos, no le importó nada. Y si después de eso viene la extorsión emocional con sus cambios anímicos que provocan culpa... no, gracias.

- Entonces ponle una excusa. Eres uno de los hombres más útiles aquí, no te faltan actividades o tareas para adjudicarte. O pídele ayuda a otro, que te saque del apuro.

- ¿Y qué te crees que estoy haciendo ahora mismo, contigo?

- No me refería a ese tipo de ayuda, tú sólo quieres repartir la carga conmigo.

- Me está dejando seco, me va a deshidratar.

- Sabes que no funciona así, ¿cierto?

- Era broma... pero siento que soy como una vaca que ordeña día y noche... y a veces a la tarde. Tengo la sensación de que no va a quedar nada de mí si no se le pasa esta intensidad.

- Hay peores formas de morir.

- Vamos ya, tú no tienes derecho a bromear a costa mía si no vas a colaborar. Aunque deberías de aprovechar la oportunidad, más si ya reconociste que no vas a hacerte a un lado y que la quieres, de verdad que no te entiendo. En unos pocos meses Kohaku estará más incómoda e irritable de seguro, y luego habrá que olvidarse de tener relaciones por al menos medio año, ya me lo veo.

- Estuvimos más de tres años sin ello, y no pareció molestarte entonces.

- Estás ignorando el contexto, Xeno. Pero una vez que vuelves a probarlo y ya con una pareja, porque al menos para mí Kohaku ya es eso... no quiero volver a la sequía. Hay que aprovechar.

- ¿No era que te molestaba que te dejara seco?

- Todo en su justa medida. De ti no quedarían ni los restos si estuvieras en mi lugar, y lo sabes... Ahora que lo pienso, creo que esa es tu excusa.

- No es así.

- Oh, creo que lo es –le contestó con una sonrisa burlona, para molestarlo– Pero ya, suficiente, si todavía no abandonaste del todo tu plan de ser un negador, no voy a perder el tiempo. Voy a considerar lo de las excusas, una ayuda externa. Eres libre de reconsiderarlo en cualquier momento, y ya sabes que te agradecería. Hasta luego, Xeno.

Stan salió de la cabaña con un resoplido de resignación, frustrado. Se esperaba algo así de su amigo, pero pensó que iba a aflojar un poco. El problema era que seguía con la misma situación, lo cual no era nada esperanzador. Nunca pensó que en su vida se quejaría de ser tan deseado por una mujer con la que además estaban empezando a compartir sentimientos más profundos y amorosos, pero de verdad que lo estaba agotando físicamente. Ni siquiera era para algo agradable que reconocer para su orgullo y hombría, que una joven como Kohaku y en sus circunstancias lo estuviera llevando al límite a un hombre como él, pero así era, y cada tanto también lo hacía sonreír con incredulidad.

Algo que llamó la atención a todos los que trabajaban junto a él, pero nadie se animaba a cuestionar, era que Stan hacía el arduo esfuerzo físico de la recolección de materiales bajo el sol de verano... completamente vestido con su traje negro. Claro que sudaba y lo sufría el doble, pero ya había aprendido que al menos disminuía la "tentación" para la hormonal rubia. Mientras descansaba unos minutos, sus ojos se posaron en el joven con el que parecía tener mayor afinidad, Tsukasa. Sin dudas era más fuerte y resistente que él, aunque tenía sentido eso, pero bien podría ser uno de sus auxiliares para ayudarlo con las excusas, no iba a olvidar que ya había confiado en él en otras oportunidades. Sonrió para sí mismo cuando un casi desesperado pensamiento pasó por su mente, y eventualmente el castaño pareció percibir el exceso de atención, dejando de trabajar para cuestionarle.

- ¿Qué miras tanto, Stanley?

- Nada, sólo pensaba que alguien como tú me sería mucho más útil que Xeno, últimamente.

- ¿Para qué?

- Para dejar a Kohaku sin poder levantarse por unas horas.

Al principio Tsukasa frunció el ceño, sin entender, hasta que un gesto bastante atrevido del soldado le aclaró todo, y se sonrojó, por lo que volvió su atención a su tarea.

- No te preocupes, no lo consideraba seriamente. Pero me vendría bien tu ayuda con otra cosa.

- No creo poder ayudarte.

- Puedes, y no supondrá ninguna incomodidad o perjuicio para ti. Mira, sólo necesito que...

- Ahora no, ahí viene con los refrigerios.

- ¿Qué...? –giró la cabeza para seguir la mirada de Tsukasa y luego resopló– Mierda, ¿la atraje con el pensamiento?

Efectivamente, ahí venía Kohaku caminando junto a François, cargando unas botellas en una mano, y un balde con agua en la otra, mientras la mayordomo llevaba una bandeja con vasos para los trabajadores y unas jarras más. Como hicieron contacto visual inmediatamente, Stan sólo sonrió un poco, para corresponder a la radiante sonrisa que ella tenía.

- ¡Hola! Cuánto me gustaría ayudarlos, y no sólo con esto. Pero al menos puedo mover las piernas así.

- Gracias Kohaku, pero no te exijas –se adelantó Tsukasa a ayudarla con el balde, cuando vio que Stan no se movía.

- No te preocupes, esto no es nada –miró al soldado de arriba abajo, con el ceño fruncido– No entiendo cómo no te estás muriendo de calor así.

- Es la costumbre, siempre anduve a sol y sombra con este traje, y no es la primera vez que trabajo duro bajo el sol. Ese castillo no se construyó solo.

- Stan, desde aquí veo cómo tienes el traje empapado de sudor.

- Soy sensible a las quemaduras solares, prefiero evitarlas a estas horas de luz tan directa –mintió descaradamente, manteniendo su seria expresión.

- Hmm... como quieras, pero al menos refréscate con el agua –Una pequeña sonrisa asomó a su rostro– Oye, cuando termines aquí, ¿puedes ayudarme con algo?

- Perdona, pero tengo que ayudar a Tsukasa a cazar.

- No, está bien Stanley, no necesito ayuda –negó el castaño en respuesta.

- Sí la necesitas, ya lo hablamos y no tengo problema en darte una mano –Insistió, y lo miró de forma evidente, forzando una sonrisa.

Tsukasa se quedó muy quieto unos segundos, pasando su mirada de Stan a Kohaku. Luego asintió brevemente y volvió al trabajo, para evitar el momento incómodo, y mentir. La rubia se quedó unos segundos mirando los ojos azules fijamente.

- Bueno, entonces le pediré a Hyoga que lo haga en tu lugar.

- Espera, ¿qué vas a pedirle? –Se apuró a preguntarle, nervioso.

- ¿Ahora te importa y preguntas? Xeno y Kaseki necesitan ayuda a ensamblar una parte pesada y delicada del avión, y todos los hombres con fuerza están aquí. Pensaba que te iba a gustar ayudar, ya que te gustan tanto los aviones... pero olvídalo, tampoco es imprescindible que seas tú.

Kohaku se dio vuelta y se fue a buscar al lancero, dejándolo a Stan ahí sorprendido y con culpa. Para aumentar su amargura, el peliplateado vio cómo le pedía ayuda y Hyoga aceptaba tranquilamente, incluso yéndose con ella en ese mismo momento. Bufó, arrepentido de su excesiva precaución, y se pasó la mano por el pelo. Luego aceptó el vaso lleno que François le acercó, y se abrió el cierre del traje, reconociendo que se estaba cocinando ahí dentro. El traje negro y el sol de las primeras horas de la tarde no eran una buena combinación, menos con su repentino humor huraño, sólo esperaba que Kohaku no volviera pronto y lo viera así, o tendría más problemas.

Claro que tuvo que cumplir con su palabra luego, e ir a buscar la comida con Tsukasa, aunque "cazar" era una exageración: Tal como habían pensado antes de llegar a Buenos Aires, la zona estaba llena de vacas, así como no faltaban gallinas y ovejas. La Isla Martín García no era tan prolífica, excepto para extraer el hierro y más materiales útiles para los científicos, por lo que habían construido unas lanchas para cruzar al continente. Luego de un vuelo de exploración que Charlotte y Leonard hicieron en el área, construyeron un enorme corral parecido al que tenían en el castillo en Estados Unidos, con el que diariamente ya podrían acceder a leche, huevos y carne fresca. También habían encontrado muchos enormes campos de trigo y girasol, así como otros menores de maíz y de soja, además de árboles frutales y variados vegetales. Al menos estaban tranquilos de que no les faltaría variada y deliciosa comida, más aún teniendo a François como chef.

Cuando Stan volvió poco después del atardecer, todavía se sentía un poco culpable al pensar en Kohaku. No dudaba que la falta de nicotina limitaba su paciencia, o al menos la hacía menos estable. Sí, la joven estaba muy demandante y necesitada últimamente, pero no debía quejarse realmente, al menos lo que le sobraba era amor, un lujo que muchos y ni él mismo había podido darse antes en su vida. También estuvo pensando que ella era muy enérgica, y lo que más le gustaba era entrenar y pelear, ninguna de las cosas que podía hacer ya, ni tampoco volvería hacer por casi un año. ¿Podía culparla verdaderamente, cuando al menos ambos se sentían bien con esos momentos íntimos que compartían? Así como a veces ella se mostraba desatada de urgencia pasional, también el embarazo la estaba volviendo más dulce y cariñosa, y eso lo hacía sentir muy bien. Quizás tenía que hacer acopio de lo que quedaba de su paciencia y fuerzas para contentarla, era el momento ideal, y no dudaba que en unos meses ella no estaría tan enérgica y risueña. Además, sólo por el hecho de llevar a su hijo dentro, y ella en primer lugar ser la que tenía que lidiar con todos sus cambios y molestias, se merecía toda la paciencia y dedicación del mundo.

Con esos pensamientos en mente, volvió un poco más positivo y bien predispuesto. Encontró a Kohaku ayudando a François con la cena, junto a la pequeña Suika y también a Chelsea y a Luna. Tenía sus dudas de si ella estaría de buen humor, por lo que se le acercó desde atrás en actitud conciliadora, abrazándola sorpresivamente. La rubia se sobresaltó, y mientras que las otras mujeres sonrieron un poco, Kohaku frunció la nariz.

- Apestas.

- Yo también te quiero –bromeó él, pero ella se zafó de sus brazos.

- No, lo digo en serio... tu ropa apesta totalmente. Te hubieras bañado en el río antes de volver.

- Iba a hacerlo ahora, pero primero quería ver cómo estabas.

- Estoy bien, pero vete a dar un baño, o voy a sentir náuseas.

Le dio un rápido beso en la mejilla que al menos le sacó una sonrisa, y se fue a bañar. Era cierto que apestaba, un olor mezcla de sudor, tierra y animales de corral, pero por suerte tenía un traje de cambio limpio. Desde ya, no volvería a trabajar así vestido.

Luego de la cena temprana, se repartieron en las cabañas de madera que habían construido. La mayoría compartía entre tres a cuatro personas por cada una, pero teniendo delicadeza con la privacidad y la situación de Kohaku, habían construido una que era exclusivamente para ella, y que compartía con Stan. La realidad era que Xeno tenía ya vía libre para estar en esa cabaña también si quisiera, pero dada su decisión de tomarse las cosas con calma y retomar lentamente su vínculo más cercano con Kohaku, no había tomado la oportunidad. Por lo tanto, se habían acostumbrado naturalmente a que ella pasara el día en compañía del científico, ayudándolo también con lo que pudiera, y a compartir las noches y el descanso con Stan. De esa forma estaban "todos contentos" y cómodos, llevándolo lo mejor posible mientras se acostumbraban a la nueva realidad.

Stan no podía terminar de descifrar el humor de Kohaku esa noche, se la veía relajada, pero sin prestarle mucha atención a él, aunque en parte estaba aliviado con la idea de poder descansar una noche. Luego de quitarse el traje, se dejó caer pesadamente en la cama, que era bastante cómoda gracias a los colchones de lana y paja que habían hecho, y se dio cuenta cuan agotado estaba. Se permitió soltar un alto y fuerte suspiro, mientras se masajeaba el hombro con una mano, tratando de aflojar sus músculos. Eso pareció llamar la atención de la rubia, que se sentó a su lado y lo miró largamente.

- ¿Quieres que te haga un masaje? –Le preguntó ella.

- ¿Podrías? No me vendría mal.

Cuando Kohaku sonrió y asintió, él se dio vuelta y se recostó con el estómago contra el colchón, dejando sus brazos laxos a un lado. La sintió subirse a él y sentarse sobre su trasero, para luego apoyar las manos en sus hombros y aplicar más presión. Era una bendición que la joven fuera tan fuerte, se podía sentir esa deliciosa presión y firmeza en sus manos, y sonrió. Se estremeció de gusto cuando ella le recorrió la espalda completa, y soltó un gemido que sonó como un ronroneo.

- ¿Te gusta?

- Sí, no lo haces nada mal. Creo que es la primera vez que recibo masajes de tu parte.

- Es verdad... creo que es la primera vez que le hago masajes a alguien.

- Gracias por el privilegio –le dijo, estirando una mano hacia atrás para hacerle una breve caricia en un muslo, como agradecimiento.

Kohaku siguió un rato más así, hasta que se hizo a un lado y lo empujó suavemente desde el costado, para hacerlo recostarse boca arriba. Cuando se volvió a subir a horcajadas de él, Stan trató de no mostrar ninguna reacción, aunque se preguntaba qué pretendía hacer. Ella volvió a colocar sus manos sobre él para masajearlo, lo cual lo relajó nuevamente y cerró los ojos, pero comenzó a sentir que el "asiento" de la joven no era tan inocente como sus manos. Con sutileza, percibió que ella se acomodaba y movía ligeramente, hasta que fue evidente el contacto de sus entrepiernas. Una parte de él se había imaginado desde el principio que eso podía suceder, aunque tenía la inocente esperanza de que Kohaku comprendiera su cansancio. No abrió los ojos para ver si con eso podía desalentarla, y procuró ignorar los roces en esa zona tan sensible. Pero cuando la oyó gemir suavemente y abandonar los masajes, optó por detenerla a tiempo, sincerándose.

- Princesa, gracias por el masaje. Hmm... pero estoy cansado, de verdad, no tengo fuerzas para más nada.

- Entonces sólo quédate así, yo me ocupo del resto –le contestó ella, inclinándose para darle unos tentadores besos en el cuello, mientras una mano le recorría el torso hacia abajo.

- Me voy a quedar dormido en cualquier momento –le advirtió, arrastrando las palabras, en un intento de frustrarla y convencerla.

- No te necesito despierto –retrucó ella, con una sonrisa maliciosa– Bueno, casi no...

Stan no podía creer esa contestación que oyó, no sabía si indignarse o si reír ante aquella bruta respuesta.

- Eh... eso no debería ser así –Se decidió a mirarla, frunciendo el ceño– Te lo digo con amor, si vas a tomarme sólo como un pedazo de carne, tienes dos hermosas manitos con las que tocarte y complacerte también, fui en serio con lo de que no tengo energías para hacer nada más que quedarme así y dormir.

- Sí, pero mis manos no se sienten tan bien como esto –susurró sugerente junto al oído de él, mientras le rozaba la entrepierna con la mano.

- Entonces practica, "la práctica hace al maestro", dicen.

- Hmm... no, prefiero sentirte a ti ahora. Después de tocarte con los masajes, me dieron calor y ganas de más. ¿A ti no?

- En otro momento diría que sí, pero ahora de verdad que estoy cansado, no me responde el cuerpo –Insistió, a pesar del estremecimiento que lo recorrió cuando la sintió tocarlo.

- ¡Ja! No estoy tan segura de lo último. Tal vez tú te estés durmiendo, pero otra cosa se está despertando. ¿Cómo explicas eso?

- Tiene vida propia, no puede evitarlo si lo tocas así, y no me hace caso ese soldado.

Sonrió de costado, maldiciendo su cuerpo traidor que se excitaba mucho antes que su mente, se sentía nuevamente un adolescente, como cuando tenía erecciones sin motivo alguno. Sólo que sí tenía una excusa, tenía a una mujer hermosa que era su debilidad y adoraba completamente, por la cual tenía sentimientos cada vez más profundos, además de que no lo dejaba de emocionar el saber que tenía creciendo a su renacuajo dentro de ella.

- ¿Te molesta entonces que me ocupe de él, aprovechando su rebeldía?

- No realmente, pero como dije, no pienso mover un músculo. Si estás bien con eso, diviértete, es todo tuyo. No me culpes después si me duermo, yo avisé.

- No te preocupes. Gracias, capitán –Le contestó con una pícara sonrisa, antes de besarlo en los labios.

Toda la semana siguiente Stan sintió una contradictoria mezcla entre satisfacción y cansancio. Kohaku seguía siendo una fuente de hormonas y calentura, y él nunca era lo suficientemente firme en negarse. No podía estar tan orgulloso como amante, o al menos no era constante, pero procuraba aprovechar su energía y frescura de la mañana para contentar a la insaciable joven, y así se desentendía de su falta de destreza por las noches, en caso de que Kohaku "lo atacara". Unas pocas veces intentó convencerla de acostarse solamente abrazados durante cinco o diez minutos, y que luego de eso ella comprobara si realmente seguía con ganas de más. Claro que solía ser así, y si él se quedaba dormido o al límite de hacerlo, ella encontraba su forma de despertarlo con cariñosos besos y caricias, que inevitablemente lo hacían sonreír y despertarse... momento que ella aprovechaba para buscar el otro tipo de caricias menos inocentes para ambos.

De cualquier forma, no podía negar que estaba siendo probablemente el tiempo más satisfactorio y feliz de su vida, todo el esfuerzo y el cansancio valían completamente la pena. Todavía no podían sentir más que el movimiento ocasional del bebé, pero comenzaba a ser cada vez más frecuente y notorio, y sólo eso bastaba para animarlo y darle fuerzas para hacer todo. El "burbujeo" fue cambiando a una sensación más larga y constante, como una caricia interna, realmente dando la sensación de que había un renacuajo dentro, uno no tan pequeño ya. El abdomen de Kohaku había crecido un poco más, y aunque no era tan notorio, el vestido azul de ella comenzaba a quedar tirante en las costuras.

Stan consideró que no estaría mal tomarse unas noches libres, por lo que preparó una bonita actuación y excusa de que su instinto le decía que había unos animales salvajes merodeando en las noches no muy lejos, y quería vigilar, por protección. Sólo le confesó la verdad a Xeno y a Tsukasa, en especial para que se aseguraran de que nadie más insistiera en reemplazarlo o hacer turnos con él. Con su cara seria y atenta, se ponía la armadura y tomaba su rifle de francotirador, para irse después de cenar a una zona arbolada a la cual se trepaba para "vigilar". Aunque no hacía nada de eso, sino que se había hecho una cama de tela que ató a dos árboles a buena altura, y se pasaba la noche durmiendo cómodamente allí. Alguna que otra vez sí se despertaba con algún sonido sospechoso, pero era parte de los animales que vivían allí, la mayoría pequeños animales, esa isla parecía estar libre de lobos, pumas o jabalíes salvajes, era perfecta para la seguridad del grupo. Sí había encontrado algunos caimanes, así como serpientes yarará, las cuales tenían su peligro ya que eran venenosas. Esa estrategia le duró dos días, aunque insistió en que desde entonces iba a asegurarse una noche de vigilia allí sólo para quedarse tranquilo.

En las noches que Stan estaba afuera, Kohaku le pidió a Xeno que la acompañe en su cabaña, lo cual él aceptaba. Como entendía y respetaba que el científico todavía no estaba bien dispuesto a compartir la intimidad con ella, se limitaban a dormir cercanos, la rubia aprovechando para acurrucarse contra él. Era cierto que Xeno no era del tipo de hombre apasionado, pero compensaba con su calma presencia y con tiernos abrazos, que la hacían sentirse muy contenida y tranquila. Como la primera noche él no buscó tocarle el vientre voluntariamente, y ella quería hacerle sentir esa particular sensación del movimiento del bebé, la segunda noche la rubia se recostó de espaldas a él, acomodándose de una forma que guiara el brazo del científico a su cintura. Fingiendo estar casi dormida y buscando acurrucarse, apoyó sus manos encima de las de él, y las arrastró sutilmente para abrazarse a sí misma así. Como Xeno también estaba a punto de quedarse dormido, no lo notaba, hasta que un rato después abrió mucho los ojos y soltó un jadeo de sorpresa.

Kohaku sintió la tensión expectante de él, y sonrió internamente, como si no se hubiera percatado. Los últimos días, sentía al bebé con esos mínimos movimientos al menos tres veces, y casi siempre que se movía, uno o dos minutos después volvía a hacerlo. Efectivamente, un ratito después volvió a sentir ese particular mínimo movimiento, y esa vez sí se dio por enterada, volteando la cabeza hacia Xeno.

- Oh... ¿sentiste eso? ¡Se movió!

- Sí... sí... –Asintió él, ligeramente boquiabierto y muy atento. Era la primera vez que lo sentía, y se quedó impactado y maravillado.

- Creo que le gusta saber que hay alguien del otro lado –Le susurró con una dulce sonrisa– ¿Puedes quedarte así? Si no te incomoda, claro...

- No, no me molesta –Le dijo con suavidad, y dejó entrever una fina sonrisa, sus ojos inevitablemente también brillaban, más que antes– ¿De verdad se mueve más cuando tú o alguien más lo toca?

- Sí, es lo que pude notar.

- Ya veo... qué elegante percepción. La de ambos.

Feliz de notar una nota de contento y satisfacción en la voz de Xeno, Kohaku giró más su cabeza hacia atrás, buscando los ojos de él y expresando su emoción con la mirada, y estiró su cuello para acercarse más al rostro del científico, hasta poder depositar un beso en sus labios. Como lo notaba receptivo, se acomodó lentamente sobre su espalda, para estar más cómoda y poder darle otro. Un suave beso llevó a otro, y a otro, hasta que en un momento no fue sólo ella quién los daba, podía sentir a Xeno adelantarse y besarla él mismo. El corazón de la rubia latió más fuerte al percatarse, la aliviaba y la emocionaba que poco a poco se permitieran eso nuevamente, en particular de parte de él. Lentamente los besos se volvieron más largos, profundos e intensos, hasta que Kohaku se volvió a girar para recostarse de lado, de frente al científico.

Pronto, también sus manos recorrían la espalda del otro con largas caricias, buscando más contacto, más cercanía. Hasta que un sugerente gemido escapó de los labios de la joven cuando rodeó con su pierna la cadera de él, y fue cuando Xeno "despertó" y se alejó de ella.

- Kohaku, no. Me dejé llevar un poco, pero no. Estoy al tanto de tus impulsos hormonales, y no es la forma en que...

- ¿Mis qué?

- Tu... necesidad de intimar –Aclaró, de forma más comprensible para ella– Stan me dijo que estabas muy insistente y demandante con eso, diariamente, y no quiero que sea por ese motivo que busques más conmigo ahora, vamos en esa dirección si seguimos así.

- ¿Perdón? –Preguntó, doblemente indignada– ¿Stan te dijo eso?

- Sí. No, no exactamente, sí lo primero, buscando "un poco de ayuda" –confesó.

- ¿Ayuda? ¿Para qué?

- Para... descansar –A medida que Kohaku hacía más preguntas, Xeno se daba cuenta de que había cometido un grave error al soltar la lengua, para excusarse.

- ¿Descansar? ¿De mí, dices? –El enojo comenzaba a recorrerla.

- No de ti. O sí, pero más bien porque es cierto que el cuerpo necesita un descanso. Y tu...

- Un descanso –Murmuró, interrumpiéndolo, y de pronto abrió más los ojos– Espera un momento... ¿Acaso ese "descanso" es lo que está haciendo ahora? ¿Lo de la vigilancia era una excusa para descansar de mí?

- Eeh...

Por primera vez en mucho tiempo, Xeno titubeó. La expresión de los ojos de Kohaku tenía una intensidad que nunca le había visto antes, de pronto parecían un fuego fatuo, y al fin entendió lo que Stan le había dicho en su momento, de que ella intimidaba bastante cuando estaba verdaderamente enojada. No sabía si era mejor o peor que esa cólera no estuviera dirigida a él, en otro momento se hubiera sentido mal de que los pensamientos de Kohaku estén en su amigo mientras estaba con él. Había arruinado el momento para él por ser fiel a sus altas expectativas y "valores", pero se dio cuenta demasiado tarde que con esa sinceridad también le había causado un gran problema a su amigo seguramente. Kohaku se levantó de la cama y buscó su calzado, con clara intención de ir a buscar a Stan.

- ¡No, espera! ¿Qué vas a hacer, Kohaku?

- Comprobarlo por mí misma, si ese desgraciado mintió.

- No sabes dónde está, no se ve nada de noche, puede ser peligroso que vayas sola.

- Tengo buena vista –Le mostró una media sonrisa que lo hizo estremecerse– Llevaré mi espada, me será útil.

Xeno lamentaba más cada segundo que pasaba, había desatado una fiera, esa no era la dulce joven con quién estaba abrazado y besándose minutos antes. Le pareció bastante acertado el apodo que le había dado Senku, al decirle "leona". Ciertamente era una ahora, una salvaje. Kohaku salió de la cabaña, con el científico corriendo detrás de ella, y cuando se estaba alejando unos pasos sintió que alguien se acercaba rápidamente a ellos.

- ¡Kohaku! ¿A dónde vas?

La voz potente que le llegó, junto a su imponente figura, se trataba de Tsukasa. Como la había visto armada, él también se acercó con su espadón. El luchador se encontró con un Xeno con los ojos desesperados y arrepentidos, y a Kohaku echando llamaradas por los ojos.

- A buscar a Stan.

- ¿Para qué? Está... –titubeó brevemente, recordando la mentira– vigilando. ¿Qué necesitas? Yo puedo ayudarte.

- ¿De verdad está vigilando? ¿Estás seguro de eso? –Le repreguntó, mirándolo con los ojos entrecerrados.

- Hmm...

Que Tsukasa no contestara de inmediato con firme seguridad, ni que se preocupara de la duda de ella, le llamó la atención a Kohaku.

- Tsukasa, ¿tú también sabes? –Lo cuestionó– O que sí podría estar "vigilando", pero con la excusa de otra cosa... Ahora tiene sentido, me había parecido raro que nadie se ofrezca a turnarse con él, tú en especial. Si de verdad hubiera una amenaza, no estarías tan tranquilo, siendo que declaraste que tu misión era protegernos a todos.

El pelilargo apretó los labios, no podía mentir, así como no se atrevía a echar leña al fuego que era Kohaku. Aunque su silencio le confirmó a la rubia lo que sospechaba, y dio unos pasos hacia él, quedando frente a frente. No importaba la enorme diferencia de altura, la que más intimidaba en ese momento era ella.

- No lo esperaba de ti. Me desilusionaste –Le dijo, cada palabra dura y filosa como una daga.

Tsukasa se sintió mal con esa declaración, y por un momento no se movió cuando ella reanudó su paso, aún más enojada que antes. Pero luego reaccionó y los siguió, aunque más bien por precaución, dudaba que Xeno pudiera detenerla. Kohaku miró alrededor, pero era todo descampado allí cerca, hasta que vio una zona arbolada un poco a lo lejos, donde habían tenido un breve y apasionado encuentro cuando ella comenzó su etapa de deseo sexual potenciado. Si Stan se había llevado su arma de largo alcance, era porque iba a apostarse en un lugar alto y seguro para su supuesta vigilancia. Unos minutos después llegaron allí, y la rubia se detuvo. Miró con mucha atención hacia arriba, buscando entre las gruesas ramas de los árboles. Hasta que se quedó boquiabierta. Esperaba encontrarse al soldado durmiendo en alguna rama, pero nunca pensó que encontraría una cama colgante, en la cual se notaba claramente que dormí muy profundo, ni un asomo de su intención de vigilancia. Se acercó furiosa a la base del árbol, aunque inexplicablemente la angustia comenzaba a abrirse paso también. Pateó el árbol con todas sus fuerzas, en lugar de usar la espada.

- ¡STAN! –Gritó a todo pulmón.

El soldado casi saltó de su cama colgante ante el grito que atravesó el bosque, y se asomó por un costado de la tela. Allí abajo estaba Kohaku, con una mirada fulminante, y un poco atrás estaban Xeno en camisa con una cara de evidente culpa, y Tsukasa con una expresión que le hizo entender lo que pasaba rápidamente.

- Oh, oh... mierda –Murmuró, un escalofrío recorriéndolo entero.

- Qué interesantes tus técnicas de vigilancia –Gruñó.

Stan cerró los ojos un momento, tomando dimensión de cuan jodido estaba, y se pasó a una rama, antes de saltar ágilmente hacia el suelo. Pero no alcanzó a ponerse de pie cuando Kohaku lo empujó con fuerza, haciéndolo caer al piso.

- ¡Eres un mentiroso! ¡Un maldito mentiroso! No lo puedo creer.

Aunque el primer grito fue con pura furia e indignación, lo que continuó lo dijo con los ojos llenándosele de lágrimas.

- Kohaku... no... te explico... –Intentó ponerse de pie, pero ella no lo dejó, empujándolo nuevamente, esa vez con el pie.

- ¡¿Qué me vas a explicar?! ¿Que me hiciste pensar que todo estaba bien, que me amas y que estabas tan feliz conmigo embarazada? ¿Para enterarme que en realidad me mentiste y que tuviste que recurrir a esta estúpida excusa para "escapar" y descansar de mí?

- ¡No, espera! ¡No es tan así! –Exclamó desesperado, con el corazón apretado al oírla sollozar luego de esas últimas palabras.

- ¡¿"Tan" así?! ¡O sea que sí es verdad! –Replicó la joven, ya sin contener sus lágrimas, esa emoción venciendo al enojo. Xeno se acercó para tocarle el hombro por detrás, pero ella le quitó la mano de un manotazo– ¡Y tú no me toques tampoco! ¡Otro que oculta y engaña!

Xeno tragó duro, y no se atrevió a moverse un paso más. Miró a Stan, que le devolvió la mirada más fea de su vida.

- Kohaku, escúchame por favor. Cálmate, porque estás malinterpretando las cosas –Rogó Stan, tratando de tranquilizarla, mientras se volvía a intentar ponerse de pie, lo cual sí logró hacer esa vez.

- ¡No quiero escucharte, no tienes excusa posible! ¡Lo vi con mis propios ojos, te hiciste una cómoda cama colgante y todo! ¿Así que dormir así y aquí es un alivio comparado a estar conmigo?

- Fuck –Gruñó Stan por lo bajo, y trató de serenar su voz– No, no es eso. No voy a negar que lo que viste es cierto, y que sí estaba descansando. Pero lo otro que dijiste no es así para nada.

- ¡Sí, es así, porque es evidente que planeaste esto con anticipación! Desde antes ya lo venías pensando, incluso contándole a Xeno lo insufrible que me encontrabas. ¡Te hacías el dulce conmigo todos los días, cuando en realidad pensabas que querías librarte de mí!

- ¡No! ¡Eso no era mentira ni estaba fingiendo! –Negó desesperado– ¡Sí que soy feliz contigo, te amo, y disfruto honestamente todo lo que hacemos y tenemos! Y el renacuajo es mi mayor...

- No te atrevas a mencionar al bebé ahora –Lo interrumpió con un siseo, tocándose protectoramente el vientre– No lo uses para justificarte.

- No me estoy justificando, ni siquiera me dejas terminar de hablar y explicarte. Estás exagerando demasiado las cosas.

- Vaya padre vas a ser, si con esto ya te escapas –Dijo con veneno, y lo oyó jadear, frunciendo el ceño.

- Qué...perra.

- ¡¿Qué dijiste?! –Exclamó indignada, y dio un paso hacia él– ¿Ves? No resistes ni un minuto antes de mostrar tu verdadera cara.

- No –Le contestó, hablando bajo y muy serio, ligeramente amenazante– Ni verdadera cara ni mierda, te pasaste de la raya con eso. Retira lo dicho, Kohaku.

- No lo haré.

- Retira lo dicho, ahora. Eso dolió, es muy injusto y falso. Daría mi vida por nuestro hijo, lo sé y no tengo duda alguna, aunque todavía no haya nacido.

- No sé si confiar en tus palabras, primero mientes descaradamente, y ahora me insultas.

- Te dije eso porque me enojaste, fue un golpe bajo innecesario y nada más alejado de la verdad. Por ti y el bebé me rendí a tus amigos, discutí con Xeno, estuve dispuesto a sacrificar mi orgullo como soldado sin una pizca de arrepentimiento ni culpa. No me importa estar en la otra parte del mundo y pelarme la piel todos los días trabajando duro para que puedas tener al bebé con todas las seguridades y comodidades. PERO –Dijo más fuerte cuando ella pensaba interrumpirlo– eso no quita que también pasé el límite de mi cansancio, para contentarte en esta etapa de inagotable calentura que estás atravesando. Si no te lo dije antes, era porque no quería molestarte ni lastimarte, no porque estuviera mintiéndote todas las noches con mis actitudes y sentimientos.

- ¿Pero por qué mentir así? ¿No me lo podías decir?

- Como si no lo hubiera intentado... ¿Te olvidas de todas las veces que traté de decirte que estaba agotado y no tenía ganas? Pero insistías tanto, no te rendías... joder, que hasta dijiste que "no me necesitabas despierto". Haz un poco de auto-crítica también, Kohaku, no me hagas ver como el único malo aquí.

Ante ese recuerdo, la rubia se sonrojó profundamente, y Xeno y Tsukasa también se mostraron incómodos.

- A pesar de eso, podía haber sido más firme y negarme completamente, y se terminaba ahí mi problema. Pero no lo hice, ni una sola vez. Hasta estos dos días que se me ocurrió hacer este inocente descanso, sin lastimar a nadie, en especial a ti.

- ¿Por qué no fuiste entonces más sincero y me detuviste, aunque yo insistiera? –Preguntó más tranquila, pero todavía frunciendo el ceño.

- Porque no encuentro la forma de resistirme a ti a pesar de mi propio bien –Le contestó con sentimiento, y la voz más suave– Porque siempre me ganas sólo por ser tú. ¿Cómo podía decirte que no, cuando me mirabas con esos preciosos ojos llenos de calidez y felicidad, y me buscabas para darnos amor? Eso es lo que yo pienso como una contradicción, ¿quién querría rechazar eso? No le encuentro el fondo ni límites a lo que siento cada vez más fuerte por ti, desde que me aceptaste definitivamente. Y sólo con saber que llevas dentro tuyo al renacuajo, que está bien y creciendo, cada vez percibiéndose más seguido... nada más me importa, y eso me basta para recuperar fuerzas y querer darte todo, de mí y del mundo.

Se acercó unos pasos más hacia ella, que volvía a tener lágrimas en los ojos, sólo que ya no había rastro de su anterior furia, y la abrazó por los hombros, mientras le levantaba la barbilla con una mano para conectar sus miradas.

- Perdóname por no ser sincero, pero fue la estupidez que pensé para no hacerte sentir mal. Y no me ibas a extrañar tanto, porque también tenías a Xeno, estabas en las mejores manos para lo que necesitaras. Pero si ahora lo sabes y no me odias otra vez, podemos buscar un punto medio. "Yo puedo", me gusta decir... y es verdad, pero también soy humano, sabes, aunque estoy dispuesto a llevar mi humanidad al límite por verte feliz y bien, lo sabes.

- Stan... –Susurró Kohaku, y más lágrimas cayeron ingobernables de sus ojos, de pura emoción ante las tiernas palabras de él, y aceptó su fuerte abrazo de perdón y reconciliación.

- Pero qué cosita emocional te volviste, princesa. Del odio, a las lágrimas, al amor en tan poco tiempo.

- No lo puedo evitar, ¡me salen solas! –Protestó, secando sus lágrimas que no se detenían– Siento todo eso y más en pocos segundos, y todo junto también, ¡ni yo me entiendo!

- De eso se tratan un poco las alborotadas hormonas del embarazo –Acotó Xeno, al fin suspirando tranquilo que se había solucionado– Es natural y normal, aunque no lo parezca.

- ¿Volvemos? –Ofreció Stan, más relajado– O si todavía estás enojada, puedo quedarme aquí y te quedas con Xeno hasta el amanecer, como era el plan.

- No... volvamos todos juntos –Aceptó Kohaku con una pequeña sonrisa– Perdona por explotar así, fue más fuerte que yo.

- Lo sé, lo sé. No te preocupes más por eso, ya está todo aclarado.

- Y perdona por lo que dije de ti como padre... estaba enojada, pero no lo pienso en serio.

- Sí, me lo imaginaba, gracias –Le dio un beso en la cabeza, y comenzaron a caminar.

La vuelta fue en silencio, y Tsukasa se despidió de ellos y volvió a su choza, sorprendiéndolos con no exigirle a Xeno que volviera con él. Los dos estadounidenses se miraron cuando se encontraron en la puerta de la choza, pero cuando Kohaku se adelantó y tiró de la mano de ambos hacia adentro, Xeno asintió con una pequeña sonrisa. Se prepararon nuevamente para dormir, quitándose el calzado y Stan la armadura, además de dejar las armas a un costado. Se acostaron los tres juntos bajo las cálidas mantas de piel animal, Kohaku en medio de ambos, boca arriba.

- ¿Recuerdan la primera vez que estuvimos así? –Preguntó ella con una sonrisa pícara y los ojos nostálgicos.

- Cómo olvidarlo –Contestó Xeno, con una media sonrisa.

- Cuando volvamos al castillo bien podría ser lo normal –Sugirió Stan– Aunque cuatro en una cama se va a complicar eventualmente.

- ¿Cuatro? –Preguntó Kohaku, y luego se dio cuenta que incluía al bebé a futuro– Oh...

- No sé si sería sano para el descanso eso –Comentó Xeno siendo realista.

- No arruines la fantasía, Xeno, nos estábamos divirtiendo.

- Sólo digo que no resiste la realidad. Mejor asegurarse que al menos uno está entero y descansado para ayudar a los otros.

- Mejor cállate y duerme, doctor aburrido –Contestó burlón.

Kohaku rió ante eso, era una confianza y dinámica muy especial que tenían los dos hombres, y con ella. Parecía que con el embarazo todas sus emociones y sensaciones se potenciaban, era cierto, porque pronto soltó una carcajada que contagió a los otros dos, aunque tampoco había sido tan gracioso lo que habían hablado.

- ¿Qué bicho te picó ahora, princesa loquita? –Dijo Stan, haciéndole unas cosquillas en la cintura, lo que la hizo reír más fuerte.

- No lo sé, sólo me causó mucha gracia, perdón –Dijo entre risillas, tentada.

- No pidas perdón, oír tu risa es de los sonidos más bonitos que hay. Mientras no hagas la "risa del chanchito"

- ¿La qué? –Preguntó confundida.

En lugar de explicar, Stan imitó el sonido del ronquido de un cerdo entre risas, lo cual hizo reír a carcajadas a los tres, Kohaku ya al punto de las lágrimas.

- Qué risa poco elegante, no me ha sucedido –Murmuró Xeno.

- Eso es porque te falta reír con el corazón. Reconozco que hace mucho que no me sucede, pero alguna vez sí. Ella está cerca ahora –Señaló a Kohaku, que seguía con los ojos húmedos de lágrimas de diversión.

- Es que de pronto fue tan poco serio todo, fue inevitable –Confesó– Gracias, me siento mucho mejor ahora, me encantó este momento.

De pronto, Kohaku se sobresaltó y jadeó de sorpresa, tocándose el abdomen con una expresión boquiabierta, sus ojos muy abiertos.

- ¿Qué pa...?

Antes de que terminara de oírse la preocupada pregunta, la rubia tomó una mano de cada hombre, y las apoyó en su pancita.

- ¿Se movió mucho? –Preguntó Stan emocionado.

- Hizo algo más que eso... es la primera vez que lo siento así.

Los tres se quedaron en completo silencio y atención, y pasó al menos un minuto entero así. Pensando lo que pudo haber causado el despertar del bebé, a Stan se le ocurrió repiquetear los dedos alrededor de la panza.

- Eres como un pájaro carpintero, lo vas a molestar –Dijo Xeno con una mueca divertida.

- O puede interesarse por saber qué pasa y se comunica de alguna forma. Este renacuajo tiene tendencia a moverse cuando mamá está feliz con algo.

Al no conseguir respuesta, Stan abandonó sus intentos, dejando la mano apoyada tranquilamente, y fue entonces cuando los tres soltaron un jadeo ahogado al unísono, sonriendo de oreja a oreja.

- Ahí... –Murmuró Xeno sorprendido.

- ¡Eso mismo sentí! –Asintió Kohaku, emocionada– Oh dioses, no saben lo raro que se siente.

- Eso fue una pequeña patada, renacuajo samurái –dijo Stan orgulloso.

Se quedaron un rato más así, pero el bebé no volvió a hacerlo. El haberlo sentido juntos, en especial que tanto Stan como Xeno estuvieran ahí para compartir el momento, fue muy especial para los tres. Entre lo relajados y contentos que estaban, el sueño comenzó a hacerse presente, hasta que comenzaron a quedar dormidos. La mañana siguiente despertaron muy bien, coincidieron en que curiosamente había sido un sueño muy reparador, a pesar de la agitada noche que vivieron. Kohaku estaba radiante y enérgica, y fue la primera en levantarse y en salir de la choza, dejando a los dos hombres rezagados. Cuando estaban ya bien vestidos y listos, Stan llamó la atención de su amigo.

- Xeno, me debes una pequeña explicación de lo de anoche, ¿no te parece?

- Perdona Stan, hablé de más –Reconoció– No fue mi intención exponer tu plan, sucedió que sentí al bebé por primera vez, y el clima era muy agradable, así que compartimos un momento especial, unos besos. Pero luego ella comenzó a entusiasmarse, y ya se estaba comenzando a poner más candente la situación, así que la detuve.

- ¿Por qué demonios hiciste eso? Si dijiste que estaban en un buen clima.

- Porque no quería que fuera así, que volver a estar juntos de esa forma fuera porque ella está insaciable e impulsiva sexualmente.

- Estás idealizando demasiado cómo tendría que suceder. Desperdiciaste una buena oportunidad.

- Puede ser, pero ya te dije que tampoco era mi idea en un principio, no todavía –Xeno hizo un breve silencio, pensando, y luego volvió a hablar– Me gusta estar con ella, pero no necesito que sea sexualmente. No sé si es por resignación o por tanto desgaste de mis propias expectativas que nunca serán satisfechas, que cada vez me satisface más la idea de estar cerca de ella, y compartir un poco de romance, pero no necesariamente "subirlo de nivel".

- ¿Estás diciendo que prefieres ser más su amante que su pareja?

- Tal vez, no lo tengo definido. Cuando te oí hace un rato decirle todas esas cosas de cómo te hace sentir, y que prácticamente ella y el bebé son como el sol alrededor del cual tú orbitas, me di cuenta que yo no lo siento así. Kohaku me importa, la quiero, pero no es todo para mí, no sacrificaría mi camino de ciencia y mis sueños por ella. Quizás por eso es que siempre fui un poco ambiguo con ella, y creo que por eso fue que me enojó tanto oírte decir que tú sí dejarías todo por estar a su lado. Porque yo no lo podría concebir, y no es cuestión de tiempo, ni de enamorarme más o menos. Será egoísta, y si soy honesto, mis ambiciones son más importantes que dedicarle mi atención y mi vida a ella.

Ante esa declaración, se produjo un profundo silencio entre ambos. Stan quedó pensativo, hasta que mostró una mueca a modo de sonrisa.

- Ya te dije que eso es lo que admiro de ti, que siempre tuviste muy claro lo que querías para tu vida, y haces todo para encaminarte para conseguirlo. Creo que la diferencia es que yo nunca tuve grandes sueños ni ambiciones, y al ser un soldado y "carne de cañón", es como un gaje del oficio el hecho de no enfocarme en un futuro que quizás no tendré. Por eso siempre me gustó acompañarte y apoyarte, al menos ese era todo el futuro que me permitía y me entretenía. Y sonará estúpido o muy básico para ti, pero desde que empecé a tener sentimientos por Kohaku, creo que fue la primera vez que lo sentí como algo que yo decidí para mi vida, y para mi futuro. Como militar obedecía a mi superior, porque siempre hay un superior que mueve los hilos, aunque estés en la más alta jerarquía. Luego te seguí y "obedecí" a ti, al reconocerte como nuestro líder. Nunca hice algo realmente para mí, ahora que lo pienso. Y a Kohaku no la sigo ni la obedezco, solamente caminamos a la par, saca lo mejor de mí, y me gusta mucho más sentirme así.

- No me parece estúpido, Stan, porque no lo haces por sentirte incompleto y llenar un vacío, no es algo que siempre anhelaste, simplemente sucedió, y lo elegiste. No todos tenemos que ser abejas reinas –Una sonrisa asomó a las comisuras de su boca– Pero te olvidas de algo... disfruta el momento, estos meses, se te acabará todo ese "caminar a la par".

- ¿Por qué lo dices? –Preguntó el soldado, frunciendo el ceño.

- Porque en unos meses y en especial en los próximos años, vivirás "siguiendo" a un renacuajo balbuceante en cuatro patas.

- Ah... –Stan rió suavemente, con los ojos cálidos– Pero será mi renacuajo balbuceante. Y luego se darán vuelta las tablas y él me seguirá a mí.

- Eso es lo que tú crees. Fingirás ser el que da las órdenes, cuando sabes bien que él tendrá todo el poder. Ahí tendrás a tu pequeño dictador nuevamente.

- Al menos será uno adorable. Oye, y tú estarás también por allí, no te desentiendas.

- Sí, pero no me dejaré gobernar por un chiquillo.

- Eso es lo que tú crees.

Los amigos se sonrieron, y terminaron la conversación allí, sintiéndose más relajados luego de sincerarse nuevamente. Luego de ese día, Kohaku se volvió mucho más considerada con Stan, y aunque su libido no empezó a disminuir hasta mediados del próximo mes, procuró asegurarse de que él también estuviera con las ganas y las energías de compartir el momento, aguantándose el deseo cuando no fuera el caso. Xeno se sintió mucho más liberado luego de reconocer y verbalizar sus verdaderos sentimientos e intenciones, y su confianza se potenció mucho más al respecto de su cercanía con la joven. El hecho de que ya no se sintiera la competencia amorosa de Stan, le quitó de encima sus propias expectativas.

Una de esas noches en la que intercambiaban lugares, el científico sorprendió a Kohaku poco después de acostarse. Como el vientre de la rubia había crecido un poco más y ya era notorio su embarazo, ella ya no se sentía cómoda durmiendo boca arriba, por lo que se había acostumbrado a dormir siempre de lado, y ya dormía vistiendo un cómodo y muy amplio camisón de tela que le habían hecho con la tela de uno de los cometas de Chelsea. Esa noche se acostó de espaldas a Xeno, disfrutando del abrazo que la contenía. Hasta que de pronto, comenzó a sentir la suave y cálida respiración de él en su cuello, y luego se estremeció agradablemente cuando sintió sus labios allí mismo.

- ¿Xeno? –Preguntó sorprendida

- Sí, soy yo –Contestó burlón.

- ¿Qué... haces?

- ¿No es evidente?

Kohaku pensaba contestarle que no se refería a lo obvio, sino a que quería saber qué tan lejos pensaba llegar con esos sugerentes besos, ya que hasta ese día nunca había tenido una intención íntima con ella. Pero antes de poder preguntarle, sintió una mano de él deslizarse de su cintura a sus pechos y gimió, su sensibilidad cada vez más potenciada. No creía que Xeno hiciera eso para dejarla con las ganas después, por lo que la sorprendió mucho su cambio de actitud. Y cuando él bajó su otra mano para rozarla íntimamente, no le quedaron más dudas de lo que pretendía. La rubia jadeó ante el contacto, y trató de girarse, pero el científico la detuvo, y le acarició su intimidad con más decisión, mientras la abrazaba y la pegaba a su cuerpo con la otra mano, respirando el aire caliente contra el oído de ella, lo que la excitó mucho más.

Sorprendiéndola con su decisión y atrevimiento, Xeno le agarró una mano y la llevó hacia atrás y abajo, apoyándola sin reparo alguno en su ya abultada entrepierna. Los ojos de Kohaku se abrieron mucho, ese no era el Xeno delicado y "elegante" que solía ser, pero le estaba encantando la diferencia, era justo lo que necesitaba en ese momento. Confiada, comenzó a acariciarlo por encima de la ropa, mientras gemía de gusto por como él la estaba haciendo sentir. De pronto la jaló suavemente para ponerla boca arriba, y desde allí volvió a hacerlo para recostarla de lado, quedando frente a frente, y no se demoró en besarla profundamente.

- Tócame, Miss Kohaku –Le susurró contra los labios con firmeza, apenas interrumpió el beso.

Un estremecimiento de gusto recorrió a la rubia, que en ese momento no le molestó para nada que Xeno volviera a la formalidad del "Miss", más bien la excitó el doble, haciéndole recordar otros buenos y candentes momentos con él, como cuando estaban en el castillo. Encantada con la orden, le abrió el botón y la cremallera de los pantalones, y coló su mano por dentro de la ropa interior de él. Se mordió el labio inferior cuando, al mismo tiempo que rodeaba con su mano el miembro de su amante, él le rozaba el cuello con el filo de sus dientes. No pudo resistir a su curiosidad, antes de que perdiera la capacidad del habla lógica.

- Xeno... ¿Qué cambió para que quieras hacerlo?

- Nada, solamente reconozco que te deseo. No voy a darte amor, sólo esto. ¿Está bien?

- Eh... sí.

Respondió con un titubeo, sin saber cómo tomar la declaración de que él no pensaba hacer eso con una intención cariñosa o romántica, pero tampoco tenía mucho que reflexionar en ese momento. El científico se desvistió completamente sin mucha ceremonia, para luego quitarle a ella el camisón y dejándola desnuda también. Continuaron acariciándose mutuamente, gimiendo a la par entre besos y suaves mordiscos, alimentando la pasión y la necesidad de más al sentir el calor de sus cuerpos mucho más cerca. La extrema sensibilidad de Kohaku en ese momento la hizo acercarse a su clímax mucho más rápido que la primera vez que habían estado juntos, tanto tiempo desde entonces. Pero en lugar de darle su liberación, Xeno la volvió a girar para dejarla recostada boca arriba, colocándose encima de ella sin apoyar su torso para no aplastarle el vientre, y se dedicó con sensuales y húmedos besos en sus pechos a derretirla de gusto.

Sin dejar de besarla, se acomodó entre sus piernas y unió sus sexos de una vez, gimiendo sonoramente ante la sensación de volver a estar dentro de ella. Kohaku gimió fuerte y se abrazó a la espalda de él, pero el peliblanco se alejó unos segundos después, dejándola recostada mientras él se erguía y le sostenía las piernas abiertas, sin dejar de penetrarla. Xeno mantuvo ese ritmo constante hasta sentirla tensarse y gemir mucho más seguido y fuerte, y fue entonces que entrelazó sus dedos con los de ella y aumentó la intensidad de sus movimientos hasta hacerla acabar, continuando él unos breves segundos más. Sabiendo que podía terminar dentro de ella sin remordimientos ni preocupaciones, se dejó ir de esa forma, extasiado con la sensación de que ella lo comprimiera tanto y tan delicioso.

El científico se echó luego en la cama, jadeando pesadamente por un rato, mientras Kohaku se limpiaba los restos de él de su cuerpo con un paño limpio. Luego se volvió a recostar al lado de él, acercándose para apoyar su cabeza en el pecho de Xeno, que la abrazó y se quedó así hasta que el sueño pronto lo venció. La rubia sonrió y lo dejó dormir, todavía preguntándose qué habría producido el cambio en él para decidirse a volver a intimar con ella, aunque parecía que no significaba una apertura de corazón.

La sospecha de Kohaku fue acertada, ya que los próximos días Xeno no tuvo un acercamiento tierno, así como tampoco volvió a dormir con ella. No se sentía mal al respecto, sabía en parte cómo se sentía el científico, ya que nunca le había confesado abiertamente estar enamorándose de ella, como sí lo había hecho Stan. Consideró que tal vez se estaba redefiniendo su relación naturalmente, y ya el hecho de que sucediera sin discusiones, rencores y peleas entre los tres, en especial de parte de Xeno, era un gran alivio.

La construcción del nuevo avión hecho a partir de superaleaciones finalizó exitosamente una semana después, y Stan los deslumbró a todos con una prueba de vuelo muy habilidosa. Tenían que cuidar el combustible, por lo que fue más bien breve, y el avión quedaría bien protegido y mantenido durante un mes y medio, el tiempo en el que habían planeado partir hacia Estados Unidos, para cuando Kohaku hubiera apenas comenzado su octavo mes de embarazo. Podía ser un riesgo en el caso de que el bebé naciera prematuro, pero se arriesgaron a confiar en que no sucedería. El intenso trabajo no terminó allí, ya que tenían que continuar con la construcción del nuevo y también mejorado barco.

Kohaku seguía bien de ánimo y enérgica, aunque cada vez más frustrada con que podía hacer menos cosas, además que comenzaba a sentir el peso de su bebé. Su vientre había crecido más, por lo que necesitó un nuevo vestido, y se había echado a llorar debido a su rezumante sensibilidad cuando un día rasgó su querido vestido azul luego de estirarlo demasiado para que le entrara. Para consolarla, Taiju le dijo que cuando volvieran a Estados Unidos, Yuzuriha se lo remendaría, además de hacerle otros lindos vestidos, y que seguramente estaría emocionada por hacerle ropa para su bebé. Luego de agradecer el gesto del alegre joven, se dieron cuenta de que todavía no les habían contado esa importante novedad a sus amigos en el castillo, aunque sí habían mantenido otras comunicaciones.

Por supuesto que cuando transmitieron el mensaje, el cual pidió hacerlo Gen para minimizar el impacto ya que dudaba que Senku lo hiciera con delicadeza, fue un shock total para sus compañeros. El mentalista omitió la larga y complicada historia poli-amorosa, y dijo que Stanley era el padre, tranquilizándolos con que la joven y el soldado estaban juntos real y voluntariamente. Eso no había sido decisión ni de ellos dos, ni de Gen, sino que Xeno lo había ordenado. Tampoco sorprendió realmente a ninguno de los que estaban allí con ellos, ya que el científico le había confesado finalmente a Kohaku su sentir y su intención de mantener su cercanía y un amorío con ella si estaba de acuerdo, pero que no pretendía llevarlo a una relación amorosa más formal, al menos no por un buen tiempo, hasta que toda la situación con respecto al avance científico en el mundo de piedra, y finalmente detener al misterioso Whyman que seguía siendo una amenaza para la vida de todos, se resolviera.

La rubia ya lo presentía, por lo que lo aceptó de buena gana y le agradeció la sinceridad, además de decirle que estaba contenta con que los tres pudieran seguir juntos y no la forzaran a elegir, así como que ninguno de ellos se apartara. Era una peculiar relación, pero funcionaba bastante bien para ellos, y hasta había mejorado notablemente el humor y la predisposición de Xeno. Sin embargo, no pudo evitar una sonrisa amarga, al notar el mismo discurso de Xeno y de Senku. No sabía si era por el tipo de hombres que eran o sus vivencias en el mundo moderno, aunque el peliverde no había tenido una vida tan traumatizada o resentida como el científico adulto, pero lo cierto era que compartían su dedicación a la ciencia en primer lugar, y su empatía y su vida con otros relegada a un segundo plano. Al menos Xeno había aceptado que sí le interesaba un acercamiento más personal e íntimo, aunque en el fondo tuviera ese olorcito a: "las relaciones románticas son complicadas".

Unas noches más adelante, relajados antes de dormir, Stan se había sentado en la cama, con Kohaku sentada entre sus piernas, mientras le tocaba la panza para sentir al bebé. El pequeño ya se movía de una forma más notoria y frecuente, además de que las pataditas ya no eran algo inusual. Curiosamente, el bebé parecía volverse activo durante la noche, cuando Kohaku estaba más calmada, por lo que Stan siempre aprovechaba para buscar sentirlo, lo que lo relajaba tanto como lo emocionaba, además de asegurarse de que estuviera todo bien allí dentro.

- Tú que dices que tu intuición es infalible, ¿qué crees que sea? ¿Niño o niña? –Preguntó Kohaku.

- No me importa, mientras nazca bien y sano –Contestó él con suavidad, respirando hondo.

- Lo sé, pero... debes haberlo pensado, tener alguna idea.

- Puede ser –Sonrió misteriosamente– Pero no quiero decir nada, sólo pienso en que al fin podamos conocer y tener en brazos al renacuajo guerrero, todavía me asombra cómo se aferró a la vida, todo un luchador.

- ¡Ja! Guerrero... o guerrera –Lo provocó ella, y soltó una risilla, antes de dejar el tema, contenta y relajada de saber cómo Stan pensaba.

- Oh, ahí está, otra patada samurái –Murmuró Stan con los ojos brillantes, luego de haberlo percibido– ¿Lo sentiste?

- ¿Cómo no lo voy a sentir? Igual no te creas que siempre me hace sonreír, algunas veces duele, no sé qué pretende.

- Déjame probar algo.

Stan se hizo a un lado, dejándola sentada con las piernas estiradas y apoyada en sus manos contra el colchón, mientras él se recostaba boca abajo entre sus piernas, sosteniéndose con sus codos para mantenerse a la altura de la panza. Apoyó los labios contra el vientre de Kohaku, para hacer salir un sonido vibrante con los labios.

- ¡Me haces cosquillas! –se rió Kohaku, tratando de alejarlo de allí.

- La idea es que las cosquillas le lleguen a él, para que reaccione.

- ¿Quieres que me patee? No te aproveches, ya te dije que no es siempre divertido que lo haga. Mejor prueba algo más suave para que sólo se mueva.

- ¿Cómo qué?

- No sé, ¿hablarle?

- ¿Lo oye? ¿Cómo distingue cuando te hablo a ti y cuando le hablo a él? No tengo idea de esas cosas.

- Yo menos. Pero con probar no hay daño, y es mucho menos invasivo que las cosquillas.

Stan asintió, y miró fijamente el hinchado abdomen, sintiéndose un poco raro y tímido de pronto.

- Hola, renacuajo –Dijo con una sonrisa.

- Ah, pero si lo haces así a la distancia y tan casual, no creo que se dé por enterado. Apoya tus manos como antes, llama su atención, suele funcionar.

- Hmm. Pero no sé qué decir. Me siento torpe hablándole, no voy a mentir.

- Hay algo que podrías hacer, si te animas, y así te sentirás menos tonto.

- Dije torpe, no tonto –La miró con los ojos entrecerrados– ¿Qué dices que haga?

- Cántale.

- Oh... Ni que fuera cantante, creo que más bien lo voy a ahuyentar.

- Que yo recuerde, tenías una linda voz cuando me cantaste a mí, nada mal.

- "Nada mal", ¿eh? –Repitió divertido de que ella le imitara la frase con tanta naturalidad– Hmm, déjame pensar en una.

- No te compliques, cántale la misma que a mí.

- No, esa era para ti. Quiero pensar una que sea especial para el renacuajo. Si lo voy a hacer, lo voy a hacer bien.

- ¡Ja! Como quieras, señor perfeccionista –Contestó Kohaku con una sonrisa, enternecida con el gesto.

Stan se tomó unos minutos en silencio, pensativo mientras la acariciaba con el pulgar distraídamente, hasta que abrió más los ojos y sonrió satisfecho.

- Ya lo sé, recordé una perfecta.

Apoyó nuevamente el labio superior contra el vientre, antes de empezar a cantar en su idioma con voz melodiosa y medianamente grave.

If I had just one wish, only one demand

I hope he's not like me, I hope he understands

That he can take this life and hold it by the hand

And he can greet the world with arms wide open

Kohaku se emocionó, su inglés estaba bastante falto de práctica, pero como la primera vez, de lo que pudo entender la canción decía algo bonito. Sin embargo, en lo profundo en los ojos de Stan había una sombra melancólica, que se fue en cuanto él parpadeó y sonrió cálidamente. Se quedó quieto esperando ver si el bebé se movía, pero como solía suceder, no se daba al instante.

- Este renacuajo se hace desear, toda una estrella, aunque espero que salga mejor cantante que yo.

- ¿Qué decía eso que cantaste?

- Digamos que el deseo de que no tarde en darse cuenta que tiene todo lo mejor del mundo a su alcance, basta con proponerse disfrutarlo.

- ¿Te trajo algún recuerdo? –Se animó a preguntar directa, aunque con timidez.

- No en particular, pero pensé que yo hice exactamente lo contrario en mi vida, "tarde pero seguro" me estoy dando cuenta y empiezo a compensarlo. Honestamente, creo que me gusta que vaya a nacer en este mundo más sencillo, y con un potencial y la esperanza de lo mejor de los humanos, y no lo peor.

Confesar eso lo volvió más serio, y apoyó la mejilla en la panza de Kohaku. La joven estiró una mano para tomar la de él y acariciársela. De pronto, la expresión de Stan cambió radicalmente, abriendo mucho los ojos y sonriendo de oreja a oreja.

- ¿Estás consolando a papi, renacuajo? –Murmuró enternecido, y apoyó su mano justo donde antes estaba su cara.

- ¡Sí! Lo sentí moverse justo allí. Así que sí te escuchó, o eso parece, o... –Las palabras de Kohaku se perdieron, cuando vio temblar ligeramente el labio inferior de Stan, y le vio los ojos turbios– ¿Stan... qué sucede?

- Nada, no es nada –Sacudió su cabeza y respiró hondo, para sonreír con timidez– Me puso blando el renacuajo, y sólo imaginé lo feliz que voy, y que vamos a ser, si ya con esto me hace sentir que el corazón se me va a fundir por momentos. ¿Cómo es que puedo sentir que ya lo quiero tanto como a ti y que tiene mi vida enrollada en su minúsculo dedito, cuando no lo conozco todavía?

- Sí, te entiendo –Coincidió ella con emoción– Ahora me pasa lo mismo, y eso que no empecé deseándolo. Creo que es parte del instinto natural que tenemos, aunque cuando lo hablé hace poco con Xeno, me dijo que también era por una "hormona" que no recuerdo el nombre, pero que te hacía sentir más fuerte el amor y felicidad... y que tiene que ver mucho la conducta maternal y paternal.

- Ah, la oxitocina –Recordó Stan, que también su amigo se lo había mencionado– Es cierto. Entiendo que potencia esos sentimientos, por lo que, si ya nos sentimos bien con alguien o hacia algo que hacemos, nos emociona el doble.

- Se agradece, porque estoy comenzando a sentir dolor en la espalda, o a veces se me duermen un poco los pies o las manos, aunque dura un ratito. Y me molesta que cada vez tengo que ir a orinar más seguido. Necesito una dosis extra de buenas cosas para compensar.

- Estás a poco de empezar el último trimestre del embarazo, Luna dijo que es así. No parece que vayas a tener una panza grande que te pese o incomode mucho, pero es cierto que estás cargando con ella todo el día, y todavía le falta crecer. Me parece que vamos a implementar una sesión de mimos y masajes antes de dormir para contentar a la princesa frente a su incomodidad, ¿qué dices?

- Te agradecería –Asintió con una sonrisa aliviada.

- ¿Con final feliz? –Le preguntó Stan con una mirada seductora, apoyándose en sus manos y rodillas y gateando encima de ella hasta quedar cara a cara.

- ¿Eh? ¿Qué es eso?

- Digamos que los masajes empiezan por fuera y terminan por dentro –Contestó con voz acaramelada, rozando sus labios.

- Oh... –Kohaku se sonrojó, aunque una pequeña sonrisa pícara asomaba– ¿Pero y tu cansancio?

- Dale las gracias a la oxitocina. Ahora, ven aquí.

Buenaaas! Entre mi descanso y las otras historias, se me alargó la publicación de esta actualización... pero aquí está, finalmente! Por un lado me llena el corazón de amor y ternura escribir esto, y por el otro es un tanto complejo porque no tengo la experiencia material... pero eso es lo lindo de escribir también, te lleva más allá de la realidad y los límites de nuestras propias experiencias, y hasta podemos vivirlas en cierto punto (o re-vivirlas? Pero en una vida anterior jeje)

Se va a venir el renacuajooo! ¿Lo conoceremos el capítulo que viene? ¿El otro? Se hace desear el "chunito" (mi propio apodo adorable jaja). Gracias, gracias por leer, acompañar y apoyar, me encanta saber que del otro lado hay al menos una persona que sonríe y disfruta esta historia, aparte de mí xD.

Hasta el próximo capítulo!