Quince días. Eso era el tiempo que quedaba antes de separar al grupo que se encontraba en Sudamérica entre los que volvían al castillo en Estados Unidos en avión, y los que iniciaban el viaje de recorrida por el mundo en el nuevo barco, para fundar las ciudades donde continuarían buscando materiales para fabricar el cohete. Estaban a mediados de septiembre, por lo que ya contaban con un tiempo primaveral, aunque eso significaba que al país del norte llegarían en pleno otoño. Sin embargo, el invierno sudamericano no fue nada sufrible, ya que en Brasil el clima tropical siempre era caluroso y húmedo, y en la isla argentina tampoco se había sentido más frío, pero estaba lejos de nevar o de requerir mucho abrigo, más allá de que el pesado trabajo manual los mantenía bastante acalorados a todos.
Construir el avión había sido juego de niños comparado con el barco, derretir los inmensos metales, cargarlos y ensamblarlos sobre la estructura base de madera era una tarea titánica. Sabían que no iban a terminar a tiempo para cuando tuvieran que dividirse, aunque a excepción de la futura ausencia de Stan, no afectaría tanto a la productividad. Xeno y Senku trabajaban sin descanso haciendo los planos de cada parte del cohete, así como una abrumadora cantidad de construcciones para los pasos previos y las pruebas que tendrían que ir haciendo a escalas más pequeñas. Y no sólo eso, sino también cada maquinaria a la par, tanto para la recolección de los materiales como para el ensamblaje. Claro que luego podían seguir haciéndolo por cuenta propia y cotejar por radio los resultados y correcciones, pero iba a ser mucho más tedioso, por lo cual preferían adelantar lo más posible.
Kohaku estaba a poco de comenzar el octavo mes de embarazo, y su abdomen se iba hinchado a una velocidad más acelerada que antes, aunque seguía considerándose según Luna una panza pequeña, y lo adjudicaba a ser primeriza. Ante la duda, la pesaron con un sistema de balanza, y confirmaron que había aumentado hasta la fecha unos seis kilos desde su pesaje inicial cuando se habían distribuido en las motos, a poco de enterarse de su embarazo. Si bien todavía faltaba un mes, estaba un poco por debajo del mínimo promedio de aumento de peso, pero ya que ella no había tenido complicaciones en esos meses y el bebé se movía todos los días dentro del vientre, supusieron que no sería un problema.
A la par de eso, el que estaba al borde del colapso tanto por agotamiento físico como por hiperactividad y frustración, por primera vez en su vida, era Stan. El hombre no paraba de ir y volver de un lado a otro, entre colaborar con el trabajo físico y estar pendiente de Kohaku. Secretamente no podía esperar a que pasaran esos días para volver al castillo, ya que entonces iba a poder disfrutar de un poco de paz y tranquilidad, o esa era su esperanza. Y su peor maldición era que no estaba llevando tan bien como esperaba la falta de nicotina. Se había confiado en que los meses anteriores no había resultado tan difícil resistirse a desear un cigarro, ayudado por masticar el cálamo y los brebajes que François le preparaba, pero se dio cuenta que también había sido por llevar un buen ánimo, él y los demás.
Con Kohaku relajada, risueña y su alto apetito sexual había sido mucho más llevadero, a pesar del cansancio físico. Ya no era ese el caso, el avanzado embarazo empezaba a cambiar todo radicalmente, y no había forma de evitarlo. Las incomodidades físicas que se iban haciendo lugar con el crecimiento del bebé fluctuaban el ánimo de la rubia, y aunque no era quejosa, la expresión de su rostro hablaba por sí sola. Conciliar una noche de sueño sin interrupciones ya era un mero recuerdo, entre la presión de su vejiga que la obligaba a levantarse en la noche para orinar, así como las incomodidades producidas por los dolores de espalda y cintura, o cuando no dejaba de mover las piernas o los pies que cada tanto le hormigueaban. Eso despertaba también a Stan, llenándolo de un contradictorio sentimiento de frustración y de preocupación, pero era tan devoto que aún con los ojos cerrados por el sueño procuraba aliviarla de la forma que pudiera.
Cuando el soldado sentía que estaba llegando al límite de su cansancio físico y mental, y que eso reducía considerablemente su paciencia, ya sin culpa le pedía a Xeno que cambiaran lugares para dormir, y nadie le reprochaba que se tomara al menos medio día sin trabajar. En general nadie se animaba a contradecirlo ni a reclamarle nada, pero cuando lo veían muy serio y silencioso directamente evitaban hablarle o acercarse a él, o recibirían una mirada tan fría y dura que daba la impresión de quitarles cinco años de vida. Lo único que calmaba su fiera actitud era que Kohaku lo ablandara contándole algo agradable del bebé, o se lo hiciera sentir con la excusa de que había pateado o se movía mucho. En varias ocasiones alguno de los compañeros de trabajo de él la iba a buscar personalmente y le rogaba por su "ayuda", ya que el peliplateado parecía ponerse para colmo en un modo de líder y de perfeccionista, además de criticar la eficiencia de los demás, muy lejos de su calma y control habitual.
A la única que parecía importarle el agotamiento de Stan, además de Kohaku, y no juzgaba su estado de ánimo ni se intimidaba, era Charlotte. No por nada la militar había sido su mano derecha durante varios años y lo conocía bien, y ya estaba más que resignada con el conflicto de sus propios sentimientos. Si su capitán era feliz y estaba bien, era todo lo que le importaba, por lo que también se acercó más a Kohaku para darle ciertas sugerencias sobre cosas que le gustaban a él y cómo levantarle el ánimo. Incluso un día le enseñó a la joven embarazada cómo hacer ciertos masajes tanto relajantes como activadores de la circulación, para que pudiera hacérselos a Stan cuando lo viera particularmente agotado o de mal humor. Charlotte había acertado completamente con esa sugerencia, y había ayudado notablemente al ánimo del capitán, para alivio del resto.
Los días fueron pasando, y ya podía percibirse cierta melancolía en el aire por la próxima separación, en especial los amigos japoneses que iban a extrañar a Kohaku, y apenas sabrían de ella y no conocerían al bebé quién sabe por cuánto tiempo. Para aprovechar al máximo los últimos días, Gen sugirió tomarse unas vacaciones por los cinco días siguientes, que además vendría más que bien para reponer energías, todos estaban bastante cansados. Senku y Xeno aceptaron, y así fue que se planearon actividades y juegos que unieron a todo el grupo, incluso improvisando un nuevo casino con los materiales que tenían a mano, y aprovechando las prodigiosas habilidades de François como chef y para hacer deliciosas bebidas con y sin alcohol para acompañar las noches.
Esa fue la oportunidad de oro de Ryusui para imponer el sistema económico con sus ya conocidos y funcionales dragos, y más de uno de los japoneses disfrutó interiormente que los estadounidenses no pudieran hacer nada al respecto. Cuando Xeno admitió con una media sonrisa que de todas formas había sido muy elegante la organización de la moneda, fue una victoria completa al respecto, y su implementación comenzó en las apuestas de los juegos.
Tan entusiasmados estaban todos con la idea de dejar el trabajo duro y divertirse como en los viejos tiempos, que colaboraron con dedicación para preparar todo, y resultó un éxito total. La otra sorpresa por la cual la mayoría se emocionó y agradeció casi de rodillas a François, fue porque agasajó al grupo con una de las comidas más deliciosas y extrañadas del mundo moderno: La pizza. Como en ese lugar tenían nuevamente muchas vacas, habían conseguido manteca y quesos, pero todavía estaban en proceso de maduración las hormas. Sin embargo, la mozzarella podía hacerse prácticamente en un día y no duraba más de una semana, por lo cual la chef accedió con gusto a hacer el queso, y el gusto de aquellas pizzas superó ampliamente las que se habían hecho esa única noche en el castillo de Xeno, además que todos pudieron probarlas.
La única que no pudo beber alcohol en todo ese grupo además de la pequeña Suika era Kohaku, por lo que observaba con un poco de envidia a sus relajados y ruidosos amigos. A Xeno se lo veía moderado y tranquilo con su bebida, a diferencia de Stan, para quién volver a probar cócteles después de tanto tiempo, y como forma de suplir la ausencia de nicotina, le vino de perlas para olvidarse por un rato de todo. A pesar de ello, estuvo medianamente atento en chequear a Kohaku cada tanto, mientras aprovechaba para entretenerse como hace tiempo no hacía.
En el medio de la noche, cuando Chelsea comenzaba a sentirse atontada por la bebida, se sentó a descansar entre Kohaku y Stan, que se había sentado allí hacía unos pocos minutos. Si cuando estaba sobria era muy directa y desfachatada, lo era aún más con sus inhibiciones al mínimo. No dudó en apoyar ambas manos en el vientre de la rubia, y chilló agudamente de emoción cuando unos minutos después sintió un notorio movimiento del bebé, para luego lloriquear y lamentarse de que se iba a perder de verlo nacer.
- ¿Saben lo que falta aquí? –Dijo Stan con una mueca de pena, e hizo el gesto de sacar una foto con las manos, a lo cual Chelsea lo señaló mientras gritaba emocionada, coincidiendo.
- ¿Me pueden explicar? –Pidió Kohaku, sin entender.
- ¡Una cámara de fotos! –Exclamó Chelsea.
- ¡Ah! Teníamos una, pero quedó en el Perseo. Senku la hizo hace tiempo, incluso antes de que estuviera el barco terminado, cuando estábamos haciendo los mapas del terreno de mi aldea –Contó Kohaku con una sonrisa nostálgica.
- ¡¿Dices que Senku hizo una cámara de fotos?! ¡Senku, ven aquí! –Lo llamó la geógrafa, y el peliverde dejó su juego para acercarse– ¡¿De verdad hiciste una cámara?! ¡Qué emocionante!
- Ah, sí, pero diez billones por ciento seguro que no es lo que te imaginas. Era un simple daguerrotipo.
- ¡No importa! ¡Haz otra, haz otra! ¡Tenemos que tomarnos unas fotos todos juntos de recuerdo antes de separarnos!
- Me arrepiento de habérsela devuelto a esa mujer ahora –Murmuró Stan.
- ¿Qué mujer? –Preguntó Kohaku– ¡Oh! ¿A Minami?
- No sé su nombre, pero recuerdo que me dijo que era una reportera y pidió sacarla del barco, antes de comenzar el viaje de persecución para recuperar a Xeno. Insistió al punto de lágrimas que era muy importante para ella, y como a mí me daba lo mismo, se lo permití.
- Oooh, estuvimos tan cerca de tenerla –Dijo desolada Chelsea.
- Sí... hubiera querido retratar de alguna forma los recuerdos del inesperado embarazo de mi primer hijo. Aunque, que ya esté en el castillo significará que al menos podremos hacerlo allí.
- Sí, pero yo no podré verlas ni tenerlas de recuerdo, demasiado tarde –Se quejó con un mohín la geógrafa.
Senku dejó al grupo y volvió con sus amigos a continuar la partida de póker que habían pausado con la interrupción, y Chelsea también se fue al rato, diciendo que iba a buscar a Gen para que la anime con algún truco de magia. La noche continuó animada, y cuando ya estaba cansada Kohaku se fue a dormir a la cabaña sola. Algunos más tranquilos como Hyoga y Tsukasa también aprovecharon para irse a descansar dignamente, mientras que el resto seguía disfrutando de una larga noche.
El día siguiente comenzó más bien al mediodía para muchos, ya que la trasnoche y el alcohol habían tenido su efecto, potenciado por el cansancio que venían acumulando. Lo más maravilloso para el grupo fue saber que tampoco tenían que trabajar duro ese día ni los siguientes, y no faltaron expresiones y lágrimas de alivio. Aunque fue demasiado contrastante el repentino vacío de no tener que hacer nada, y tampoco era como que tuvieran otras opciones para entretenerse todos esos días, por lo que algunos optaron por seguir con trabajos menores.
Una gran sorpresa llegó al otro día, cuando luego de almorzar Senku se acercó a Stan, lo cual de por sí no sucedía a menudo, con una caja de metal.
- Ten, Stanley.
El soldado lo miró con extrañeza, pero no dijo nada, y aceptó la caja en sus manos. Sus ojos azules se dispararon abiertos cuando se dio cuenta lo que era parte del contenido, y miró a Senku muy sorprendido.
- ¿Hiciste una cámara de fotos, para mí?
- Un daguerrotipo mejorado con las aleaciones para que sea más liviano y funcional, siendo específicos. Todavía no podemos hacer los rollos de películas, por lo que es esto o nada, pero cumple su función.
- ¿Por qué lo haces, Senku? –Preguntó Stan serio.
- Tómalo como una compensación por lo que hice cuando te reencontraste con la leona –Dijo el peliverde, rascándose la oreja con el dedo– Ya te dije que no me arrepiento porque tuve mis motivos en ese momento, pero espero que esto sirva en parte como disculpa.
- Ya veo –asintió, se imaginaba que era algo así, pero quería oírlo personalmente– Lo hace, y me sirve mucho más que tu disculpa, gracias.
- Sí, me imaginaba. Además, a la reportera no creo que le divirtiera compartir su única cámara. Lo otro que tienes en la caja es lo que necesitas para revelar las fotos, un frasco con mercurio, un matraz resistente para calentar el químico, una máscara de gas, ya que los vapores del mercurio son diez billones por ciento tóxicos, y la solución de fijación salina hecha con azufre que hará que la imagen aparezca.
- Hmm, entiendo.
- Eso es todo, Stanley. Creo que la leona estará en buenas manos contigo y mejor en la seguridad del castillo, diez billones por ciento seguro que con Xeno y Luna cerca pueden estar tranquilos de contar con ayuda útil.
- Nos aseguraremos de que no le falte nada, lo mismo para el bebé.
Senku asintió, y se terminó aquella conversación antes de que se volviera larga e incómoda. No pasó mucho hasta que lo demás se enteraron de la existencia de la nueva cámara, Chelsea fue la que reaccionó con más entusiasmo, yendo a buscar al peliverde para darle unas palmadas en la espalda mientras exclamaba "¡Buen chico, Senku!" y ya quería probarla y sacar una foto grupal. Cuando Kohaku se enteró, se emocionó del gesto del científico, y decidió ir a agradecerle a solas. Si bien ya no había rencores, sí habían estado mucho más distanciados, y ella prefería observar y acompañar el trabajo de Xeno antes que el de él, por lo cual eso restaba otras oportunidades de volver a interactuar amigablemente como en los viejos tiempos. Esperó hasta encontrarlo a solas en el laboratorio.
- Hola, Senku –Saludó con voz tranquila.
- Hola, leona. Estimo que este acercamiento tiene que ver con lo del regalo a Stanley, ¿cierto?
- Sí, así es. Quiero agradecerte, significa mucho para él, y para mí, que te hayas tomado el tiempo y tan rápido de hacer la cámara.
- Más bien por lo último deberías agradecer a Kaseki y a Chrome, diez billones por ciento seguro que lo mío no es el trabajo artesanal con tanta precisión.
- Pero fue tu idea. Y si vas a decir que lo hiciste porque de todas formas es útil, y porque Chelsea te lo pidió... ¡Ja! sería muy tú, pero ya sabemos que no es tan así.
- Y a la vez ambas son ciertas, técnicamente. Pero sí, ya le dije a Stanley que lo tome como una compensación, aunque podría decirse que todo salió bien al final.
- Sí... No quiero ni pensar cómo será esto de ser madre tan pronto, y lejos de ustedes y de mi familia, pero estoy bien.
- Ve a vivir el sueño americano, versión mundo de piedra –dijo Senku con una media sonrisa.
- ¿El qué?
- Nada, olvídalo, una frase del mundo moderno. Pero tengo que darte el mérito, lograste poner en rodillas al más temible enemigo vivo sin que corra una gota de sangre... y nos salvaste a todos.
- Senku... no sé bien cómo responder a eso, más que estoy aliviada de que podamos ser aliados unidos por un objetivo común. Pero te equivocas en algo, no fue mi objetivo "ponerlo de rodillas", ni lo hice. Stan es como cualquiera de nosotros, una persona que busca proteger a los que quiere.
- Ya pasó, todos tenemos una segunda oportunidad para redimirnos de nuestras acciones cuestionables. Es tiempo de mirar hacia adelante.
- En eso sí estoy de acuerdo. Vine a agradecerte por la cámara, y a decirte que, desde el castillo, seguiremos haciendo todo lo que podamos y unir fuerzas para que este mundo sea un lugar seguro para las personas.
- Se agradece. Estarás con las manos llenas con ese leoncito, pero lo harás bien, no tengo un milímetro de duda.
- Gracias, Senku.
Kohaku lo saludó y se despidió por el momento, sentía que se había liberado de un gran peso de encima al haber hablado con Senku en buenos términos, tanto tiempo después. Le dio cierta nostalgia pensar que todo ese gran viaje había sido gracias a él, y tendría los mejores recuerdos hasta que volvieran a verse. Sabía que el peliverde tenía un gran peso y una enorme responsabilidad en los hombros, pero ya no estaba solo, y había sido una gran suerte poder encontrar a Xeno y tenerlo de aliado, así como seguramente no sería el único científico en el cual contar.
La rubia pasó los siguientes días pasando ratos con cada uno de sus amigos, a veces a solas, otras en pequeños grupos, y no podía evitar una fuerte emoción con la sensación de despedida que quedaba de cada encuentro. Los que más atesoró fueron con Gen y con Tsukasa, con el mentalista recordaron el tiempo compartido en el castillo, que había pasado de ser una estrategia para enfrentar a los líderes enemigos, a una experiencia en la cual había terminado entregando su corazón y cuerpo, y no había sido la única.
En cambio, con Tsukasa fue un encuentro de lo más dulce, buena parte de la tarde pasaron hablaron sin que se dieran cuenta, y para su sorpresa él tenía muchos consejos de cómo cuidar a un bebé y niño pequeño, ya que siempre había cuidado de su hermana Mirai. El luchador recordó con afecto cuando era él un niño de unos diez años, momento en el que su hermanita había nacido, y era sorprendente cómo recordaba cada detalle de aquel entonces, cómo la había cargado, la emoción y el sentimiento de protección que había tenido, y las cosas que Mirai hacía a medida que crecía. Más allá de la ternura que le provocaba a Kohaku escuchar al fuerte joven con los ojos tan brillantes y cálidos, seguramente reviviendo mentalmente aquellas imágenes, le había dado mucha información más que útil de lo que podía esperar para criar a su propio hijo.
Tsukasa había estado también muy atento a ella y ayudándola desde el momento en que se supo del embarazo, la pérdida parcial, y luego el "nuevo" embarazo, su naturaleza protectora y paternal evidente. Pero era tan reservado y educado que nunca había hecho cosas como tocar el vientre de Kohaku, sólo observaba con una pequeña sonrisa cuando veía u oía la emoción de ella y los demás ante el crecimiento del bebé. Kohaku se había acostumbrado a que otros apoyaran sus manos sobre ella con menos vergüenza, como Chelsea, Luna, Gen y Taiju, al menos era algo lindo para compartir y animar a sus amigos, y por ese mismo tierno acompañamiento era que los iba a extrañar tanto.
Mientras los dos hablaban, el pelilargo se sobresaltó por reflejo cuando vio un repentino movimiento por el rabillo del ojo. Quedó boquiabierto y sus ojos cobrizos se dispararon abiertos cuando vio tan de cerca cómo de pronto se movía notoriamente la panza de la rubia como si la estuviesen amasando por dentro, y ella no dio signos de sorprenderse.
- Kohaku... ¿Eso es normal? –Preguntó con cautela, frunciendo el ceño.
- ¿El qué?
- Que se mueva así.
- Ah... sí, a veces se pone muy activo de pronto, ya me estoy acostumbrando. Lo mismo con sus patadas, cada tanto pareciera que estuviera enojado o aburrido de estar ahí dentro.
- Hm, sin dudas es hijo tuyo –dijo divertido.
- ¡Ja! Sí, lo es –Soltó una risilla– ¿Quieres sentirlo?
- Hmm –Sus mejillas se sonrojaron– No sé si...
- Oh vamos, no le tengas miedo.
Enternecida por la repentina timidez del luchador, Kohaku le agarró la mano grande y la apoyó sobre su abdomen. Tsukasa se sobresaltó una vez más y jadeó cuando sintió bajo su mano el intenso movimiento, miró sorprendido y maravillado, parecía que el pequeño estuviera bailando allí dentro. La rubia sonrió mucho por dentro, para que él hubiera dudado tanto de animarse, no parecía tener intenciones de quitar de allí su mano pronto. Tsukasa intimidaba por su gran tamaño y casi inhumana fuerza y reflejo de lucha, pero indudablemente era uno de los hombres más dulces y confiables de todos los presentes, que ocultaba demasiado su tierno corazón.
- Estoy segura que serás un gran padre algún día, Tsukasa –Le dijo Kohaku con suavidad. No supo por qué se lo dijo, pero tuvo la intuición de que él tenía que escucharlo.
- Ah... hmm.
El pelilargo contestó así solamente, su sonrojo volviéndose a pronunciar, sus ojos secretamente cálidos y brillantes, y con una sonrisita tímida en los labios. Quitó su mano de encima de la rubia, y siguieron hablando un rato más, hasta que los temas se acabaron y decidieron volver con el grupo.
Esa misma noche Kohaku se puso especialmente ansiosa y desanimada. A pesar de la bonita charla que había tenido con Tsukasa, de pronto su cabeza no dejaba de formular dudas preocupantes sobre el cuidado y la crianza de un bebé, de lo cual no tenía idea y tampoco habría nadie con experiencia a quién preguntarle. Había ocultado su angustia bastante bien de los demás, pero cuando estuvo finalmente en su choza y Stan parecía haberse quedado dormido, no pudo contenerse más, y comenzó a sollozar. Pero no contaba con el sueño alerta y superficial de un soldado, por lo que el peliplateado se despertó inmediatamente.
- ¡Kohaku! ¿Qué sucede? –Exclamó muy preocupado, buscando sus ojos, pero ella sólo sollozó más fuerte– ¡Kohaku, por favor dime! ¿Qué está mal? ¿Te duele algo?
Por reflejo y con el corazón en la garganta con miedo, removió las sábanas y miró bajo las piernas de ella, en busca de algún rastro de sangre. Se sintió aliviado cuando no vio nada de ello, ni en la cama ni en las ropas. Le tocó el vientre, pero no lo sentía duro ni extraño, y aunque eso también lo alivió, al mismo tiempo lo puso muy nervioso de no entender lo que le pasaba de pronto. La abrazó para consolarla, acariciándola con suavidad, pero ella no hacía más que llorar en silencio.
- Kohaku, por favor, habla. O al menos asiente o niega. ¿Te duele algo? –La vio negar con la cabeza– ¿Sentiste algo raro con el bebé? –Otra negación. Se devanó los sesos pensando otras posibilidades– ¿Estás triste por separarte de tus amigos?
Otra negación. Stan comenzaba a desesperarse, por lo que decidió buscar ayuda. Se disculpó con ella y le dijo que no se moviera, mientras iba a buscar a Xeno. Lo más rápido y sigiloso que pudo –para no causar un revuelo de preocupación entre los demás– fue a la choza de Xeno, y despertó a su amigo. Un minuto después, luego de explicarle la situación, ya estaban de vuelta con la joven, que seguía sollozando hecha un ovillo.
- ¿Kohaku? –Preguntó Xeno con voz suave, mucho más controlado que Stan– ¿Qué te preocupa?
Cuando ella tampoco contestó, silenció a su amigo con la mirada, que estaba a punto de volver a hablar. Luego le indicó con un gesto que se acuesten junto a ella para abrazarla en silencio, y esperar a que se le pase la emocional ola de llanto. Resultaron ser decisiones acertadas, ya que luego de un rato, los sollozos se fueron reduciendo hasta que sólo se sorbía la nariz. Una vez más, el científico volvió a probar suerte con preguntarle qué sucedía.
- No voy a poder hacerlo –Contestó en un gimoteo, finalmente
- ¿Hacer qué? –Preguntó Xeno.
- Ser madre.
- ¿A qué te refieres? ¿Tienes miedo del parto? –Intervino Stan, sin poder contenerse, su corazón se había comprimido ante aquella breve afirmación.
- No... me refiero a ser una buena madre.
- ¿Por qué dices eso? –Preguntó Xeno, manteniendo la voz calma, aunque frunciendo el ceño. Al menos esa respuesta los había hecho suspirar en un parcial alivio, eran miedos predecibles.
- Porque no estoy lista para eso, no tengo idea de lo que es cuidar de un bebé. Menos aún si es tan frágil.
- No creo que nadie esté listo nunca, al menos no la primera vez –Sonrió a medias el científico– No te preocupes por eso, no estás sola. Estás con nosotros, y no te olvides que también están algunos de tus amigos en el castillo.
- ¡Pero nadie sabe tampoco criar un hijo! –Exclamó, la angustia volviendo a sus ojos– No sé ni cómo sostenerlo, y oí que los bebés son muy frágiles del cuello, ¿y si no lo agarro bien y lo lastimo?
- Kohaku, si ya sabes lo delicado que es, tanto mejor, estoy seguro que lo haremos entonces con especial cuidado. Tenemos un mes para practicar, podemos hacerlo con algún muñeco si quieres.
- El muñeco tiene margen de error. Un bebé de verdad no –retrucó.
- Nos prepararemos para que ese margen de error sea casi nulo –Le aseguró Stan– Como si alguno de nosotros sería descuidado con el renacuajo. Demasiado tiempo lo esperamos como para permitirnos algo así, ¿no crees?
El soldado, desde atrás, le acarició la mejilla con una tensa sonrisa, y ella asintió brevemente. No podía culparla, él también había tenido miles de dudas con respecto a su paternidad. La primera vez en la vida que podría fallar en algo importante, de lo cual no tenía referencia ni todo el control, lejos de sus habilidades, prácticas y estudios.
- ¿Te crees que yo no estoy aterrado también? –Le preguntó en voz baja, apoyando su frente contra el hueco del cuello de ella– ¿O que Xeno tiene todas las respuestas? No es para asustarte más, sino para decirte que todas esas dudas y miedos, más que ahogarnos y acobardarnos, nos ayudarán para que estemos mejor preparados, como dijo Xeno. ¿Confías en nosotros, princesa?
- Sí.
- ¿Y tú quieres lo mejor para el bebé, y harás todo por cuidarlo y protegerlo?
- Claro que sí, Stan, qué pregunta es esa.
- Entonces no hay más que hablar, ni darle vueltas. Vas a ser la mejor madre que puedas ser, y no cabe otra posibilidad, porque no quieres nada menos que eso. Y lo mismo para nosotros.
- Tener hijos es instintivo y natural –Agregó Xeno, aportando su lado lógico– ¿Cómo crees que hicieron los millones de mujeres primitivas hasta el día de hoy, y en "peores" condiciones, sin un techo bajo el cual dormir? Si hubiera una tasa tan alta de "fallar como madres", no creo que la humanidad llegaría al punto que llegó. Así que olvida ahora esas preocupaciones, y en su lugar puedes pensar todo lo que sí vas a hacer para cuidarlo. ¿Está bien?
- Sí –Asintió con voz queda.
- Excelente.
Los dos hombres suspiraron aliviados, y se quedaron para dormir junto a ella, abrazándola cariñosamente hasta que al fin se relajó y se quedó dormida. El consejo que le dieron tenían que recordárselo a ellos mismos, sin dudas.
Los últimos días pasaron, también compartiendo y aprovechando al máximo el uso de la cámara de fotos, y dedicaron la tarde del anterior a la partida para preparar las cosas del avión, partirían al alba del día siguiente. François había hecho por su cuenta los paquetes de comida para cada uno, haciendo raciones especiales para Stan y Kohaku, para él unos bocados livianos pero muy energéticos para mantenerlo bien despierto y activo, y para ella una comida liviana de fácil digestión para ayudarla a sobrellevar mejor el vuelo. Como el vuelo estaba calculado para durar unas cuarenta y tres horas, y contando las horas de descanso y entre paradas serían dos días y medio, eso implicaba al menos cinco raciones para cada uno, además de otras cuatro raciones generales para desayuno y media tarde. De las siete paradas para reponer combustible, que aprovecharían para estirar las piernas, las dos que fueran más tarde en la noche las usarían para que Stan pudiera dormir al menos seis horas. Él había dicho que podía hacerlo con tres, estando acostumbrado a no dormir en sus misiones de francotirador del viejo mundo, y que con las bombillas de luz que el avión incorporaba incluso podría volar de noche, pero terminó cediendo al acuerdo común de los otros tres tripulantes.
A última hora de la tarde, Kaseki se acercó a Kohaku para entregarle un objeto circular de madera, cuidadosamente tallado y con un dibujo muy especial pintado en el frente, Era el símbolo de la aldea en el centro, "dentro" de algo que tenía a grandes rasgos la forma del castillo de los estadounidenses. La rubia reconoció lo que era inmediatamente, y se emocionó.
- Kaseki... es hermoso, muchas gracias.
- Kohaku, quiero que guardes y cuides muy bien este escudo. Espero que te guste, Chrome me ayudó con el diseño dibujando el castillo, ya que yo no lo conocí todavía, pero me dijo que era un lugar gigantesco, y Suika me ayudó a pintarlo con laca, así que tómalo como un regalo de los tres, de la gente de tu aldea. Por el momento será para ti, pero será hasta que puedas dárselo a tu hijo, tal como hizo tu padre Kokuyo contigo.
- Oh... Lo haré.
La rubia intuía algo así, ya que tenía el suyo propio y nuevo que le había hecho el viejo artesano, aunque sin tanta ceremonia y sólo para reponer el que era de su padre, que lo habían usado años atrás para armar el engranaje para la rueda hidráulica. Luego se encargaría de agradecerles el gesto también a los otros dos, ni se había enterado que habían hecho algo así.
- Me gustaría algún día conocer a tu hijo y darle un regalo de mi parte personalmente, pero tendrá que esperar. Espero que no nos tardemos mucho con este largo viaje, no volver a verte sería lo único que me apenara de esta aventura.
- Tenlo por seguro, nos volveremos a ver Kaseki. Y vas a conocer al pequeño y darle un regalo único y especial que atesorará toda su vida.
- Sí, este viejo tiene energía para rato, y pensar en ver ese dichoso cohete en funcionamiento me vuelve cada día más joven y vital –Dijo con los ojos brillantes de entusiasmo, y luego su mirada se suavizó– Todavía recuerdo cuando tú naciste, el carácter fuerte lo tuviste desde tu primer día. Como eras la segunda hija del jefe de la aldea, todos estábamos ahí esperando a conocerte. No dejabas de llorar, con tu padre te pusiste peor, hasta que te presentaron a tu hermana Ruri, y ahí la miraste largo rato y te tranquilizaste.
- Nunca me voy a cansar de escucharlo, pero es la primera vez que lo oigo de ti, mi papá es muy dramático cuando lo cuenta, creo que todavía le duele que yo haya llorado tanto cuando me tuvo en brazos por primera vez –sonrió Kohaku.
- Kokuyo siempre fue duro porque como jefe de la aldea creía que tenía que dar siempre el mejor ejemplo en todo, pero tú y Ruri siempre fueron su debilidad, y hacía todo por ustedes, así como le dolía mucho tener que reprenderte tanto por lo rebelde que eras, más cuando ya no estaba tu madre para ayudarlo a criarte. Pero creo que hizo un gran trabajo, porque eres una joven más que valerosa y fuerte, proteges a los que quieres y a las buenas causas, y no te quedas atrás en lo hermosa, eso lo heredaste de tu madre, tal como Ruri. Estoy seguro que está muy orgulloso de ti, aunque no lo oigas de su boca, porque es más terco y orgulloso que tú. No sé cómo tomará la sorpresa de que será abuelo, pero creo que se pondrá feliz.
- Eeh... sí, yo tampoco sé cómo reaccionará, más si se entera que no estoy casada y todo eso –Murmuró incómoda– Pero quiero decírselo yo cuando volvamos a vernos, no es algo para decirle por radio, ni que se entere por ustedes.
- Sí, pienso lo mismo –Asintió el viejo– No termino de entender cómo son las cosas con tus dos novios, pero si te puedo dar un consejo, creo que sería mejor que Kokuyo sólo sepa de uno, el que sea el padre por el parecido del niño, más allá de tus sentimientos con él o con ambos.
- Sí, sin dudas será lo mejor. No puede desheredarme por segunda vez, pero creo que es demasiada información para alguien de su generación y creencias.
- Y aunque no los conozco mucho a esos dos hombres en lo personal, puedo ver que son buenas personas y que cuidarán muy bien de ti y de tu hijo. El Dr. Xeno es parecido a tu padre en actitud, se hace el duro, pero siempre se preocupará por asegurar tu bienestar. Y Stanley... es muy claro lo dedicado que es a ti, no tendrás sorpresas de su parte, pero creo que más bien tendrás que cuidar de él. Es de los que descuidan y hacen oídos sordos a su propia salud y entereza con tal de dar todo por el bien de los demás. Será como un segundo niño por momentos, te lo puedo decir.
- Sí, ya lo veo –río suavemente– Gracias por todo, Kaseki... El regalo, los recuerdos, los consejos.
- No es nada, pequeña, y nos volveremos a ver para conocer a mi nieto... no, biznieto adoptivo. Mientras tanto, tengan una buena vida.
Kohaku dobló sus rodillas para agacharse, y le dio un abrazo al viejo artesano con lágrimas en los ojos, el embarazo volvía a ponerla muy emocional últimamente y lagrimeaba más fácil que nunca. Kaseki se emocionó con el gesto ya que hacía años que no recibía un abrazo, por lo que se lo devolvió con afecto, y luego dijo unas lindas y divertidas palabras en dirección al bebé, palmeando con delicadeza el vientre a modo de saludo. La rubia se secó los ojos y se fue luego a mostrarle a los demás con orgullo el hermoso escudo, además de agradecerles personalmente a Chrome y Suika, que se veían más que satisfechos con el resultado. Ese día cenaron bien temprano junto con el atardecer, para que los que tuvieran que viajar, en especial Stan, tuvieran suficientes horas de sueño para estar revitalizados.
Brindaron y se dieron un gran banquete de puras delicias a cargo de François a modo de despedida, compartieron los mejores deseos de bienestar y de logros para ambos grupos, prometiendo estar en constante comunicación y con la esperanza de volver a cruzar caminos dentro de los próximos dos años. Kohaku luchaba nuevamente con sus lágrimas, no quería tomar eso como una despedida, pero no podía evitarlo porque ya los estaba extrañando antes de separarse de ellos. Esa noche durmió en la misma cabaña de Luna, ya que Xeno también tenía que tener un buen descanso para estar atento como co-piloto, y Stan necesitaba dormir ininterrumpidamente.
Al amanecer del día siguiente se despertaron todos poco antes del amanecer para una última despedida, entre abrazos y darse la mano según confianza entre sí. Con un nudo en el estómago por la mezcla de emociones, Kohaku se sentó en el asiento de atrás junto a Luna, Stan y Xeno al frente, y habían acomodado las raciones de comida, varios botellones de agua potable, mantas de abrigo y objetos personales en un compartimento trasero del avión.
- ¿Listos? Volvamos a casa –dijo Stan
Como gran piloto que era, Stan hizo de aquel vuelo uno bastante agradable y controlado, a la máxima velocidad posible dentro de lo seguro. Sin dudas iba a ser muy largo y tedioso, nunca había pilotado tantas horas seguidas, pero tampoco representaría un problema para él. Se comunicó por radio con sus compañeros que habían asegurado las cargas de combustible a lo largo de las siete paradas, obteniendo así las coordenadas exactas de aquellos depósitos bien asegurados. Entre cada parada tenían unas seis horas de vuelo, y una vez que aterrizaban tenían una hora de descanso antes de volver a partir, excepto en las dos que destinarían a dormir durante seis horas, además del tiempo dedicado a la cena y el desayuno. Eso daba una aproximación que, si partían al alba de Sudamérica, llegarían en las primeras horas de la noche del tercer día, si todo salía bien.
A pesar de aquel cálculo preciso, no habían estimado antes que tendrían que hacer unas paradas extra por necesidad de Kohaku, tanto porque su vejiga le presionaba demasiado y más frecuente, como porque luego de tantas horas sentada se le hinchaban las piernas y los pies, así como le dolía ocasionalmente la parte baja de la espalda. Kohaku hacía todo lo posible por evitar molestar tanto, pero cuando su ceño se fruncía notoriamente o respiraba muy profundo de forma seguida, Stan se percataba de aquello con sus atentos sentidos, además de que la chequeaba con un espejo retrovisor que había pedido instalar. En ese momento él no dudaba en amonestarla por guardarse las molestias, y le pedía a Luna que se encargara de hacerle masajes a la rubia para ayudarle con la circulación y aliviarle las molestias. Tampoco podían aterrizar y despegar tan seguido, no sólo por el consumo del combustible, sino porque la diferencia de presión ambiental podía afectar más de la cuenta a Kohaku, y lo último que quería era traerle complicaciones en la última fase del embarazo.
En la parada destinada a descansar, Luna y Kohaku se sorprendieron de que hubiera una choza de madera ya construida para que entraran los cuatro, a lo que Stan y Xeno sonrieron satisfechos y les dijeron que había sido una orden ya dada, todo estaba previsto. Eso les permitía un descanso mucho más seguro, sin tener que preocuparse por animales salvajes ni por si el clima no era favorable, dormir en el avión no iba a ser nada cómodo. Cenaron las simples e igualmente deliciosas raciones de comida y se acobijaron luego con las mantas para dormir. Como tampoco sobraba espacio, las dos jóvenes se acurrucaron con Xeno, y le dejaron un prudente espacio a Stan para que durmiera con las menores interrupciones, previendo que la embarazada se movería y levantaría al menos una vez durante la noche. El científico había tenido la genial idea de hacerle unos tapones de goma para los oídos, reduciendo así también sus finos sentidos alertas para darle un buen sueño.
Al amanecer del día siguiente, luego de compartir el desayuno volvieron a partir. Tenían que agradecer el buen tiempo, además de que como estaban a la altura del Ecuador, mantendrían perfectamente el clima templado, apenas percibiendo la diferencia entre primavera y otoño en los países por los que pasaban. El resto del viaje fue controlado y apacible de la misma forma, y mucho más tranquilos todos de que Kohaku parecía estar bien.
Al anochecer del tercer día, apenas unas horas por delante de lo planeado, Xeno comprobó las coordenadas y dijo con satisfacción que ya estaban al sur de California, alrededor de San Diego, por lo que entre una y dos horas estarían ya en el castillo. El científico se encargó de notificar aquello a sus colegas allí, y podía verse el alivio y una sonrisa amplia en el rostro de los cuatro, de que todo había salido bien. Stan se dio el lujo de soltar las manos del control de mando del avión para desperezarse ampliamente como un gato, lo cual por poco le produjo un paro cardíaco a Luna, mientras Xeno sonreía burlón y Kohaku controló su susto porque no dudaba con las habilidades de piloto de él, no los pondría en riesgo con eso, más bien era una soberbia muestra de seguridad y control.
Finalmente, una hora y media después, la altura del avión comenzó a descender gradualmente, y Stan les dijo que se preparen para el aterrizaje. Con mucho cuidado y control logró aterrizar perfectamente, apenas unos rebotes y movimientos bruscos naturales cuando tomaron contacto con el piso. Luna no alcanzó a bajarse del avión cuando comenzó a llorar de alivio y emoción, siendo graciosamente consolada por Kohaku, cuando solía ser al revés.
- Home sweet home –dijo Stan, suspirando profundamente, cerrando los ojos por un momento.
Tuvieron un ruidoso recibimiento, en especial de parte de las jóvenes japonesas Yuzuriha, Nikki y Minami, que se lanzaron a saludar y abrazar a Kohaku, dejando escapar gritos de emoción y de ternura al verle el vientre tan crecido, sin poder creer todavía lo que había sucedido. Los estadounidenses no fueron tan efusivos, siempre protocolares y respetuosos con sus líderes, a excepción de Brody que se adelantó y les dio un fuerte apretón de manos a ambos, a la par de unas sonoras palmadas en las espaldas. No tenían mucho que descargar del avión, excepto Stan que tomó protectoramente la caja con la cámara de fotos, y Kohaku el escudo que Kaseki le había regalado, y Brody les dijo que se encargaría del resto.
- ¡Oh por dios, Kohaku! ¡Es verdad, qué increíble! ¡Vas a ser la primera madre del grupo! –Exclamó Minami– ¡Tomaré muchas fotos, registraré cada momento, te lo prometo!
- Vas a explotar en cualquier momento, pero te ves muy bien –Le dijo Nikki en broma, con los ojos brillantes– ¡Tienes que contarnos todo lo que sucedió desde que partieron de aquí!
- Te hice mucha ropa especial para embarazada, y también para el bebé, espero que te guste –Dijo Yuzuriha con dulzura y radiante.
La rubia asintió abrumada, tenía que caminar más lento que sus exaltadas amigas ya que tenía entumecidas las piernas, pero no podía estar más feliz de volver a ver caras conocidas. Fue evidente en ese momento que no tendría de qué preocuparse ni se sentiría sola pese a dejar atrás a sus otros amigos, y todavía faltaba reencontrarse con demás, como Kinro, Kirisame, Homura, Mozu, Magma y Yo-kun, aunque ellos serían mucho más medidos en su recibimiento. Apenas pudo contener la sonrisa cuando vio a todos ellos boquiabiertos un buen rato, de los cuales Kinro y Kirisame estaban un poco sonrojados también. El único que salió de la sorpresa para bromear fue Mozu, que alzó una ceja y la miró con los ojos entrecerrados, con una sonrisa maliciosa.
- Oh, Kohaku-chan, quién hubiera imaginado que estabas tan dispuesta a que te rellenen, en más de una forma.
- Mozu, si no quieres que Stanley te oiga y te dispare en el otro hombro, cierra el pico –Gruñó Nikki indignada, fulminándolo con la mirada, agarrándolo de la coleta.
- Pero si nada de lo que dije es mentira, Nikki-chan. Recuerdo que a mí me rechazó porque decía que le gustaban los hombres con "fuerza de corazón" y con fuertes convicciones. Me imaginaba un tipo de hombre más enclenque, pero parece que Kohaku-chan no es tan inocente y lo que quiere todo.
- Ooooh, ¿todavía estás resentido por haber perdido contra Stan sin haberle hecho ni un rasguño, Mozu? –Contestó Kohaku con provocación, para molestarlo.
- Tú, pequeña mocosa...
- Y eso que decías ser un luchador tan prodigioso... primero perdiste contra Hyoga, luego contra Stan, no estás de suerte. Creo que hablaste demasiado pronto, además de creerte un galán.
La vena hinchada en la cabeza de Mozu estaba a punto de explotar de lo que se estaba conteniendo por aquella burla, pero no era tan estúpido como para contestarle mal e iniciar una discusión, no dudaba que mordería el polvo por tercera vez si Stanley de verdad lo oía. Tuvo que tragarse su orgullo, y aceptar que había provocado a la chica equivocada, por lo cual terminó forzando una sonrisa y dejarla ir.
Los habitantes del castillo habían preparado una buena cena de bienvenida, por lo que decidieron cenar primero, y luego dejarles disfrutar a los cuatro viajeros de un largo y merecido descanso. Conversaron los detalles del viaje, los acuerdos y avances científicos, y parte de lo del embarazo de Kohaku, omitiendo la información de la "doble paternidad", de la pérdida de un bebé, y de la mentira de Senku a Stan. Como el soldado y Xeno eran tan cercanos como hermanos, no iba a ser extraña la resolución de ambos de cuidar tanto de Kohaku embarazada, así como del bebé en su crecimiento. Tal vez algún día podrían contarles toda la verdad, en especial porque eventualmente iban a enterarse de que el científico y la joven eran como mínimo amantes, para que no hubiera cotilleo de traición o "adulterio", pero no era ese el momento de tantas revelaciones.
Luego de cenar, Yuzuriha le mostró a Kohaku dos grandes paquetes, en los que verdaderamente había un montón de ropa. Vestidos amplios y cómodos, desmontables en la zona de los pechos de forma individual para que pudiera alimentar a su hijo sin desnudarse tanto. También unas toallas y sábanas suaves para arropar al bebé en sus primeros días y semanas, y por último adorable y minúscula ropa para el pequeño, en distintos tamaños y colores, tanto neutros como otros colores pasteles muy tiernos tanto para niño como para niña. Cuando vieron esa ropita, Kohaku, Stan y Xeno quedaron boquiabiertos y muy quietos durante varios segundos, haciéndose la imagen mental de lo pequeño que sería, y lo adorable que se vería. Luego Stan se tapó la boca, con los ojos muy grandes y brillantes, Xeno mostró una media sonrisa, y Kohaku le agradeció con mucha emoción por toda la dedicación y belleza de aquellos regalos.
- Oh, qué renacuajo mimado será –Dijo en voz baja Stan cuando recuperó el habla– Este mes no va a pasar lo suficientemente rápido.
- ¿Renacuajo? –Preguntó Yuzuriha, con una sonrisa tierna.
- Sí, es el apodo que le puso desde que se enteró del bebé. Creo que ya es bastante más grande que un renacuajo, pero suena lindo.
- "Grande", creo que podría caber en mis dos manos juntas. Sigue siendo un renacuajo, princesa.
- Ooooooh, ya veo –Murmuró la modista, con los ojos entusiasmados y brillantes como dos soles.
- Gracias, Miss Yuzuriha, hiciste un trabajo por adelantado fantástico y realmente elegante –Concedió Xeno, inclinando la cabeza hacia ella.
- No es nada, me encanta. Como si dejara pasar la oportunidad de hacerle su primera ropita al primer bebé de Kohaku.
"Primer". Ante eso, Stan miró significativamente a Xeno, que percibió su mirada y entrecerró los ojos a modo de advertencia, aunque no pudo evitar una pequeña sonrisa. Le agradecieron nuevamente a la castaña, y los dejó solos.
- Oigan, no sé ustedes, pero yo voy directo a disfrutar algo que no tuvimos por demasiado tiempo. Un baño de agua caliente.
- ¡Ja! Pensé lo mismo, ¿sigue estando aquella bañera enorme que lanzaba chorros de agua por dentro?
- El jacuzzi, cierto. Nada mal, mejor todavía –Asintió Stan con una sonrisa de puro gusto, haciéndose la imagen mental.
- Claro que sigue estando, sólo hay que prepararla y esperar un rato para calentar el agua –Dijo Xeno– Pero deja primero a Kohaku, Stan, es la que más necesita relajar el cuerpo.
- ¿De qué hablas? –El soldado frunció el ceño– En esa bañera enorme que hiciste entran tres o cuatro personas estirando las piernas, ¿o ya te olvidaste?
- Yo también pensé que nos íbamos a bañar juntos –Coincidió Kohaku– Ya lo hicimos otras dos veces.
- ¿Dos? –Preguntó extrañado Xeno– Yo sólo recuerdo una, cuando la usó Kohaku, aunque tú te aprovechaste y te metiste también, Stan.
- Ah... Bueno, la segunda fue cuando nos empapamos una noche afuera ella y yo, una cita fallida –Sonrió el peliplateado con malicia– O no tanto, porque fue la noche en que accidentalmente concebimos al renacuajo.
- Ya veo –Xeno murmuró, haciendo una mueca– Bueno, como sea, sí, podemos bañarnos juntos, ahorraremos agua y tiempo de seguro.
- ¿Sólo piensas en eso cuando alguien te sugiere bañarse juntos? –Lo molestó Stan– Siempre tan aburrido.
- Después de casi tres días arriba de un avión, de dormir poco y en el piso, y con Kohaku en su último mes de embarazo, sí, sólo pienso en eso, Stan. Y tú también deberías hacerlo.
- Ya, ya, era una broma, pero es que eres tan amargo hasta de pensamiento, que me cuesta creerlo.
Un tanto picado, Xeno fue a encender la caldera y a preparar el baño, aprovechando para ir a buscar al laboratorio algunos aceites y extractos medicinales que podrían ayudar para las hinchadas piernas de Kohaku, además de ayudarles a los tres a aflojar los músculos. Cuando estuvo listo y encendió también el sistema de los chorros de agua, fue a buscar a los otros dos, y les dijo que ya podían prepararse. Kohaku agarró uno de los vestidos que Yuzuriha le había hecho, y Stan uno de los cambios de ropa que habían quedado en el castillo, encantados de volver a sentir la caliente y vaporosa agua en la que podían bañarse largamente hasta que la piel se les arrugara. Se encontraron con que el agua tenía un interesante aroma herbal, y Xeno les explicó, ya metido en la bañera, que era con motivo medicinal. Ambos agradecieron el detalle y se desvistieron inmediatamente sin preocupación, para meterse y soltar un gemido de satisfacción y alivio a la par.
Kohaku se movió hasta ubicarse en medio de ambos, y cerró los ojos relajada, era delicioso aquel baño. En ese sentido no iba a extrañar tanto Sudamérica y el largo viaje en barco que les deparaba a sus amigos, y aunque era a lo que había estado más acostumbrada en toda su vida, una vez que había conocido las comodidades del mundo moderno, difícilmente podía olvidarlas. Se quedaron los tres un buen tiempo callados, solo disfrutando del agua tan caliente y relajante, y luego se limpiaron concienzudamente el cuerpo y el cabello. Xeno era el que lucía más satisfecho con ese nivel de higiene, para él había sido una tortura interna tantos meses de estar apenas limpio y con el cabello tan descuidado y duro. Fue Kohaku la que después se animó a tomarles la mano a ambos, sonriendo.
Luego del baño, la joven se dio cuenta que había un detalle importante que cambiaría con la vuela: Dónde dormiría, ya que era más que obvio que la habitación en lo alto de la torre no era un lugar apropiado para su estado de embarazo. La respuesta le llegó como si Stan le hubiera leído la mente, o tal vez su expresión pensativa había sido demasiado evidente mientras caminaban juntos por el pasillo.
- Hubo algunos cambios, debes imaginarte. Como por ahora la versión es que sólo nosotros dos estamos juntos, compartiremos la habitación, y ya nos hicieron una cama grande y apropiada para los tres... y con el tercero me refiero al bebé, aunque Xeno es bienvenido a compartir el lugar hasta que el renacuajo nazca.
- No será necesario, a menos que Kohaku me lo pida –Contestó Xeno– Es un poco más grande, pero ni por asomo para que tres adultos duerman cómodamente todas las noches, menos cuando ella lo último que necesita es que la arrinconen. Pero no me van a extrañar mucho, voy a estar justo al lado.
Para sorpresa de Stan y Kohaku, Xeno les mostró que había mandado a hacer el cambio de su habitación justo al lado de la de su amigo. Eran todas igual de grandes, y hasta le habían mantenido el orden y llevado todas las cosas.
- Ahora me doy cuenta que nunca conocía las habitaciones de ustedes, sus visitas fueron siempre a la mía –Dijo la rubia.
- Claro, no hubiera sido nada elegante que se viera a la rehén yendo y saliendo libremente a particulares horas de la habitación de los líderes. Pero eso ya no será un problema. Por supuesto que también pedí que mi cama fuera más grande, como ven, por lo que cuando quieras puedes venir a dormir conmigo también, Kohaku. No tienes que pedirme ni avisarme, sólo ven.
- Sí, está bien.
- A descansar entonces, no puedo seguir esperando para dormir al fin en una buena cama –dijo Stan– Buenas noches, Xeno.
- Buenas noches, Stan, Kohaku.
Se dividieron así en los cuartos contiguos, la habitación de Stan era simple y escueta, impersonal, con apenas un cajón cerrado para guardar su ropa limpia, un perchero para la usada, un cajón abierto con compartimentos para poner sus botas y accesorios del traje, además de las armas que siempre llevaba encima, y luego una mesa cuadrada pequeña, con dos sillas alrededor. No tenía decoraciones ni recuerdos, era simplemente un lugar para dormir, no muy distinta a la habitación en la que solía estar Kohaku cuando era una rehén.
Stan se desvistió, mientras que Kohaku se quedó arropada con el cómodo y fresco vestido de Yuzuriha, que en realidad sí era un camisón de dormir. Se habían acostumbrado a que ella dormía sobre su lado izquierdo y de espaldas a él para estar más cómodos, dado a los movimientos de ella y el tamaño de su panza. El hombre la abrazó por atrás cariñosamente, luego de taparlos a ambos con las sábanas y mantas, suspirando profundamente.
- Al fin, en casa –Murmuró– Bueno, a partir de ahora se convertirá en la tuya también. ¿Estás a gusto, princesa?
- Sí, esto es mucho más cómodo y seguro, creo que voy a estar más tranquila.
- Ambos... Los tres, creo que Xeno hasta perdió las arrugas que se le estaban formando en los ojos de tanta tensión –Bromeó.
- Y tú vas a estar mucho más relajado y de mejor humor, ya puedo verlo.
- No lo dudes –Deslizó sus manos para acariciarle el abdomen– Falta poco...dos o tres semanas, no creo que más. Ya está en lugar.
- ¿Te diste cuenta también? –Preguntó con una sonrisa.
- Claro, si te veo y te toco todos los días. Tienes la panza más baja y hacia adelante. Y tiene sentido con que sientes más presión abajo y tu vejiga está presionada, y que te da calambres en las piernas. ¿Ves cómo soy atento y aprendo rápido?
- Sí, veo –Respondió con tono dulce, y volteó la cabeza para pedirle un beso, que él le dio más que contento, y más de uno.
Stan quitó la mano de allí para no incomodarla a la hora de dormir, y en su lugar la posó en la cadera de ella. Tanto fue el alivio de que todo estaría bien y sólo quedaba esperar un poco más, que cayó profundamente dormido al instante.
Las dos semanas que siguieron fueron las más consentidas para Kohaku gracias a sus amigas japonesas y las comodidades del castillo, contribuyendo bastante a mejorarle el humor, siendo que cada día que pasaba se sentía más incómoda. En poco más de una semana notó que su vientre creció de golpe, por lo cual su cansancio físico se potenció también, no podía estar mucho tiempo parada. Por otro lado, también estaba frustrada porque apenas tuvo ocasiones de intimar un par de veces, no le ayudaba para nada a su deseo las molestias y limitados movimientos, y Stan estaba demasiado preocupado con exigirla o con lastimar al bebé, por lo cual a veces simplemente la terminaba acariciando un poco para hacerla sentir bien, mientras que Xeno ni la tocaba, diciendo que no era apropiado a esa altura.
Una situación un tanto tragicómica se dio unos días después, por la tarde, cuando uno de los soldados pasó por delante de la puerta de la habitación del capitán, y oyó llorar a Kohaku. Sin atreverse a entrar sin permiso, corrió a buscar a Stan, quién corrió hacia allí a la máxima velocidad que le daban las piernas. Abrió la puerta con la respiración agitada, y la encontró sentada y llorando desconsoladamente.
- Kohaku, ¿qué pasa?
- No puedo verme... y no llego –Respondió entre sollozos.
- ¿Ver qué? ¿Llegar a dónde? – La miró de arriba abajo, sin encontrar nada extraño. Tampoco había nada en la habitación que pareciera buscar alcanzar.
- ¡No me veo los pies!
- ¿Los... pies?
No pudo evitar soltar una repentina risa, entre nervioso y divertido. Al menos le había vuelto el alma al cuerpo, pero no podía creer que ella llorara así por algo tan banal. Pero cuando Kohaku lo fulminó con la mirada, se contuvo y se trató de poner serio y comprensivo.
- Me imagino que no, princesa, con el tamaño que ya tiene el renacuajo no me parece raro que no puedas.
- Hablas fácil porque sólo lo pasaste bien poniéndomelo dentro y ya, bien fresco tú –Rezongó con tono caprichoso ella, sólo para descargar su angustia.
- Oye... –Respiró hondo, haciendo acopio de toda su paciencia– Entiendo que estés muy incómoda, pero falta cada vez menos. Piensa en que pronto ya no lo tendrás pesándote el vientre todo el día, sino disfrutándolo en tus brazos, ¿no?
- Como si fuera fácil. Cárgame todo el día y vas a ver cómo me siento.
- Creo que pesas bastante más que si sólo cargara algo del tamaño del bebé –Bromeó Stan.
- ¿Qué has dicho? –Kohaku se enfurió con ese comentario, y luego sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas–Me haces sentir como un barril, maldito...
- Perdona, perdona, no quise decir eso... –se apuró a consolarla con un abrazo– Si quieres, te cargo en mis brazos y te llevo a dar una vuelta por todo el castillo, puedo hacerlo. ¿Quieres?
- No digas tonterías, ni como si fuera una carga –Lo empujó, liberándose de su abrazo.
- ¿Y qué es lo que no podías alcanzar, princesa? –Decidió cambiar el tema a lo más importante, y evitar así arruinarlo más.
- Mis pies.
- Hmm... ya veo... ¿Para qué querías alcanzar tus pies, y que te angustió tanto no poder hacerlo?
- Porque me aprietan las tiras de las sandalias, y quería sacármelas porque siento que tengo los tobillos hinchados como dos troncos.
Stan se guardó para sus adentros el comentario de que efectivamente tenía dos macetas por tobillos, aunque se veían así frecuentemente desde los últimos dos meses.
- Entiendo, entonces permíteme aliviarte y quitártelas, ¿sí? –La vio asentir– Es cierto que este calzado ya no es adecuado para ti, tampoco que sean tan altas. Pediré que te hagan unas sandalias bajas y cómodas, acolchonadas y todo, ¿te gustaría?
- Sí, suena bien –Aceptó, más tranquila.
- Así me gusta. Y Kohaku, por favor, pide ayuda cuando la necesites, todos están encantados de ayudarte a ti. No te hace bien a ti ni al bebé que te angusties así. ¿Quieres que llame a alguien para que te haga compañía aquí?
- No, más bien quiero ir afuera, pisar un poco de tierra y pasto, disfrutar del sol. Me siento enjaulada aquí.
- De acuerdo, pero no te quedes sola. Si quieres te llevo así descalza, te cargo hasta allí. Y luego llamo a tus amigas para que te acompañen, así te diviertes un poco. Pero primero ven aquí, tengo mi propia forma de animarte también.
Stan se levantó y la cargó brevemente para recostarla en la cama. Por encima de la ropa, la regó de abundantes besos por toda la panza y luego subiendo hasta el cuello, haciéndola reír, ya que lo hacía de una forma tierna y divertida. Le hizo unas tentadoras cosquillas sin piedad, a lo que ella se retorció un poco, más sensible que nunca a aquellos roces. Cuando la sintió más relajada y animada, pasó a besarla de una forma más larga y apasionada en los labios, mientras le acariciaba con delicadeza un pecho. Aprovechó un extrañamente fuerte jadeo de sorpresa de ella para profundizar el beso, a la vez que bajó una mano para acariciarle los muslos internos, para provocarla un poco más. Fue entonces que sintió notablemente la humedad en su entrepierna, tal vez un poco mucho, pero estaba más que encantado.
- Oh, pero mira nada más cómo te empapaste con tan poco, nada mal –Le susurró de forma sugestiva.
- Eeeh... no, no lo hice –Le contestó ella, frunciendo el ceño.
- Vamos, que sí. ¿No lo sientes?
- Sí, pero no fue por eso... Sentí que me salió mucho líquido de adentro, pero raro, sólo sucedió.
De pronto, la sonrisa juguetona de Stan se transformó en una expresión mucho más asustada y boquiabierta, y se hizo a un lado rápidamente, su corazón latiéndole fuerte.
- Mierda... oh, mierda... ¿Ahora? ¿Así? –Masculló, mirándola con sus ojos azules muy abiertos.
- ¿Ahora qué?
- ¡Que me parece que rompiste aguas! Si es tanto líquido saliendo de allí y estás en fecha, creo que fue eso. Kohaku, estás por empezar el trabajo de parto.
La rubia también quedó boquiabierta, dándose cuenta que tenía razón. No sabía que así empezaba, no había sentido dolores o contracciones, ni se le había puesto muy dura la panza como otras veces.
- Oh, dioses... ¿qué hacemos?
- Te voy a llevar a la sala médica, para empezar. Ya estaban las cosas a medio preparar, por las dudas.
Stan la cargó en brazos, y salió controlado, pero a paso rápido. De camino, a la primera que se encontró fue a Yuzuriha, a la cual le dio las indicaciones.
- Llama a Luna, que vaya inmediatamente a la sala médica. Luego ve a buscar a Xeno, también que vaya allí.
- Lo haré, ¿qué le pasó a Kohaku? ¿Está bien? –Preguntó preocupada.
- Sí, pero va a tener al bebé, creo que rompió aguas, pero necesito que Luna la revise cuanto antes.
- ¡Oooh! –Exclamó la castaña, cubriéndose la boca con emoción– ¡Sí, déjamelo a mí!
Stan continuó el recorrido hasta llegar a la sala, donde recostó a Kohaku en la camilla. Le quitó las bragas mojadas, que por suerte no tenían rastro de sangre, sino uno ligeramente lechoso. Eso confirmó sus sospechas, pero no tenía idea cómo seguir o cuando comenzaría el trabajo de parto verdadero. Minutos después llegó Luna, y al poco rato Xeno, junto a Yuzuriha.
- ¡Kohaku! ¿Cómo te sientes? –Le preguntó Luna.
- Bien, no me siento distinta –Respondió con nerviosismo– ¿Cuándo nacerá el bebé?
- No lo sé bien, pero todavía no. Todavía faltan varias horas hasta que realmente comience el trabajo de parto. Tienes que sentir contracciones cada vez más constantes, hasta que se vuelvan muy fuertes y tengas la necesidad de pujar naturalmente –Y agregó, nerviosa– ¡Sólo eso sé! ¡Soy estudiante de medicina, no partera!
- Tranquila Luna, estás haciendo un buen trabajo –Xeno la calmó, apoyando su mano en el hombro de la joven– Confiamos en tu criterio. Dices que falta... ¿es mejor que se quede en la camilla?
- No, creo que es mejor que siga como antes, más si es madre primeriza. Puede empezar el nacimiento a la noche, o incluso mañana temprano, no se sabe. Pero si no tiene dolores ni pérdidas de sangre, es un buen signo, y es mejor que se mueva.
- Entiendo, bien –Stan dejó escapar un sonoro suspiro– Entonces es sólo estar atentos por el resto del día.
- ¿Puedo ir afuera como quería antes? –Preguntó Kohaku– Me voy a sentir más tranquila y a gusto así, más si por los próximos días no creo que pueda salir.
- Sí, claro, princesa –Stan le dio un beso en la frente– Pero quiero que me mantengas informado a mí o a Xeno seguido. Yuzuriha, Luna ¿quieren ir con ella?
- ¡Claro que sí! –Contestó la modista con una sonrisa emocionada– La cuidaré bien y estaré atenta. Voy a buscar también a las otras chicas.
- Yo la llevo afuera –Dijo Luna, y la agarró del brazo sonriendo con confianza, luego de que Stan la ayudó a bajar de la camilla.
- No se olviden, reportes... quiero decir, manténganme al tanto, por favor.
Las mujeres asintieron, y salieron de allí. Stan se apoyó contra la pared, jalándose el pelo hacia atrás, y luego miró a Xeno, que lucía igual de perturbado que él.
- Es hora, ¿eh? Diablos, no lo esperaba así tan repentino. Oh dios mío, vamos a ser padres. De pronto siento que no estoy listo para esto.
- Stan... cálmate, que tú no eres el que lleva la parte difícil –le dijo Xeno con una media sonrisa, aunque él también estaba rígido y tragando duro.
- Creo que esta espera va a ser la peor. Dame un trabajo ya, Xeno, y uno exigente, o me volveré loco dando vueltas y sin dejar de pensar.
- Sí, vamos.
Kohaku y el grupo de amigas estaban al aire libre un rato después, hablando emocionadas. A la rubia la habían sentado en una cómoda silla con unos almohadones, y un banquito para que mantenga las piernas más altas y relajadas. La ansiedad la estaba carcomiendo, desde que empezó a sentir algunas suaves contracciones, espaciadas. Pero no podía quedarse quieta, por lo que cada tanto se levantaba y daban unas vueltas alrededor. Las horas pasaban, y tuvieron que entrar al castillo cuando pasó el atardecer y comenzaba a refrescar. Luna se encargaba de ir y venir cada hora, para comentarles la situación a los dos hombres. Una vez dentro, Minami le sugirió la idea a Kohaku de que se diera un baño largo, había oído que eso era muy bueno previo al parto, y hasta que había muchas mujeres en el mundo moderno que elegían tener el parto de esa forma natural, con una partera asistente a su lado, en lugar de en un hospital.
Nadie tenía en claro cómo era el procedimiento y las precauciones con ese método, por lo que decidieron que era mejor que simplemente se tome un baño para relajar, y que cuando las contracciones aumenten considerablemente, que fuera a la sala médica a tener de forma segura al bebé. Luna le había dicho que era mejor que lo tuviera sentada en cuclillas, en lugar de recostada, como hacían las mujeres en la naturaleza, además de que no tenían analgésicos ni inyecciones para el dolor, Kohaku tendría que soportarlo todo por su cuenta.
Le prepararon el baño y la rubia se metió a medio vestir, y Stan apareció, diciéndole que él se ocupaba de acompañarla desde ahí en adelante, todas las horas que fueran necesaria. Las jóvenes los dejaron tranquilos, excepto Luna que dijo que volvería cada tanto para comprobar cómo avanzaba el trabajo de parto.
- ¿Cómo estás, princesa? –Preguntó nervioso, tomándole la mano.
- Bien, creo. Ya puedo sentir las contracciones más seguidas y fuertes, pero no siento que ya lo vaya a tener.
- Confía en tu instinto. No me moveré de aquí, quédate tranquila.
- ¿Y Xeno?
- Trabajando, dijo que está mejor así, y que le avisemos cuando el verdadero parto empiece.
Kohaku pasó un buen rato en la bañera, respirando hondo y controlada cuando sentía las contracciones cada vez más seguidas. Luna le había dicho que podía sentir ganas de pujar tras algunas contracciones fuertes, pero que no lo hiciera a menos que sintiera una necesidad realmente imperiosa y mucha presión de parte del bebé. Le apretaba las manos con fuerza a Stan cuando alguna particularmente fuerte la comprimía. Tampoco sabían si era bueno que estuviera muchas horas en el agua, por lo cual el soldado la ayudó a secarla y la acompañó a caminar a la habitación.
Pasada la medianoche, Kohaku ya empezaba a sudar y a sentirse muy incómoda, soltando largos gemidos guturales y tratando de controlar su respiración cuando las contracciones eran muy largas e intensas, dolorosas. Prefería estar parada de a ratos, y se apoyaba hacia adelante contra la mesa para sostenerse, con Stan siempre a su lado y sólo diciéndole que respirara y acariciándole la espalda o el vientre. No podía hablar mucho más, sentía la garganta cerrada de los nervios, y no sabía ya qué hacer para ayudarla cuando la veía fruncir el rostro en una expresión de dolor, o directamente gritar. Una hora después, luego de una contracción bastante fuerte que estremeció por completo, miró a Stan con los ojos muy abiertos, y asintió. El soldado tembló de pies a cabeza, pero luego respiró hondo y se serenó, controlándose instantáneamente. La cargó en brazos hasta la sala médica, y mandó a llamar nuevamente a Luna y a Xeno, así como también a Yuzuriha, intuyó era muy controlada y eficiente y podía ser útil si necesitaban una mano más.
A los pocos minutos llegaron de a uno, Yuzuriha rápidamente extendió unas telas amplias limpias sobre el piso, y acercó unas toallas para limpiar y envolver al bebé, además de un cuenco de agua fresca con un paño dentro. Stan había acertado en que podía confiar en el criterio de ella también. Kohaku se sentó en cuclillas, sosteniéndose en las manos de ambos hombres, uno a cada lado. Pero Stan la soltó y tiró a Xeno hacia su lado, para ponerse él donde estaba antes su amigo.
- ¿Para qué hiciste eso? –Preguntó Xeno confundido.
- Porque Kohaku es derecha.
- ¿Y eso qué cambia?
- A menos que quieras que te rompa todos los dedos con su mano fuerte, cállate y quédate ahí.
Xeno alzó las cejas, y se dio cuenta que su amigo tenía razón. Aunque con lo fuerte que era Kohaku, siendo que una vez lo había cargado incluso a él que pesaba más que ella misma, dudaba que hiciera mucha diferencia, detalle que nunca se había atrevido a contarle a Stan, porque seguramente se reiría y se burlaría de él por el resto de sus vidas.
- Kohaku... –Dijo Luna nerviosa, tratando de mantenerse segura y firme– Sólo puedo decirte que pujes con todas tus fuerzas cuando tu cuerpo te lo pida. Y no te contengas de respirar, es muy importante.
La rubia asintió, ya que no podía ni hablar del dolor que sentía, tratando de seguir la indicación de pujar fuerte cuando sentía el impulso, aunque sentía un dolor que nunca antes había conocido y pensó que nada podía superarlo. Yuzuriha la ayudaba secándole el sudor de la frente y el pecho con el paño fresco y húmedo, y colocándole detrás de la oreja los mechones de pelo que se le venían al frente, mientras la animaba a seguir así, con tono sereno y dulce.
- Perdón, Kohaku, pero tengo que tocarte para sentir cuando la cabeza del bebé asome –Dijo Luna muy sonrojada, luego de limpiarse las manos con alcohol.
Durante varias contracciones duras más, no sintió nada, hasta que en una sí comenzó a hacerlo, y jadeó de sorpresa y emoción y miró a Stan y a Xeno, asintiéndoles. Las rodillas se les aflojaron a los dos a la par, que al unísono cerraron los ojos y respiraron profundo. No querían molestar, pero tampoco sabían cómo ayudar, por lo que sólo se quedaron así, ayudándole a Kohaku como soporte, Stan sosteniéndole su peso un poco más para aliviarla, aunque sea un poco. Los gemidos y gruñidos de ella que acompañaban sus pujes eran largos y salvajes, a la par que temblaba de dolor, apenas si podían darles una magnitud de lo que sería aquel proceso sin analgésicos, más considerando lo fuerte y resistente que Kohaku era.
- Oh, la cabeza... ¡está saliendo la cabeza! –Gritó Luna, con emoción y nervios.
Esa expulsión no fue inmediata, parecía que con, las contracciones y los breves y continuos pujes naturales de la joven, la cabeza volvía a retroceder, para luego salir un poco más. Cuando al fin la cabeza salió, Kohaku jadeó pesadamente para recuperarse, y con las próximas contracciones y aún más fuertes pujes, gritó de una forma desgarradora, con los ojos llenos de lágrimas por el dolor, Luna exclamando que ya comenzaban a verse los hombros del bebé. Xeno soltó un fuerte siseo de dolor y cerró los ojos con fuerza, cuando sintió sus dedos comprimirse a un punto doloroso, consideró que no era broma que podía fracturarle la mano si lo hacía un poco más fuerte, pero no se atrevía a quejarse. Stan también lo sintió y apretó los dientes, pero lo sobrellevó mejor, y se inclinó para darle un beso en la sien y animarla con el tono más dulce y controlado que pudo manejar.
- Un poco más y ya está, lo sabes. Tú puedes, princesa, amor, un último esfuerzo y ya conocerás al renacuajo.
Kohaku asintió, y agradeció internamente el frío del paño húmedo con el que Yuzuriha le alivió el calor que sentía, creía que iba a incinerarse por dentro y por fuera, en especial sentía al rojo vivo por dónde estaba saliendo el bebé. Con un puje más fuerte luego de una honda respiración, Luna gritó de emoción sin poder contenerse cuando tuvo los hombros completos en sus manos, y luego cuando con una contracción y largo puje más de Kohaku, el bebé salió entero en un único impulso.
- ¡Oh dios! ¡Oh dios! ¡Está aquí! –Gritó la joven médica, abriendo mucho los ojos, teniendo de frente y en sus manos al bebé, muy rojo y sanguinolento– Pero tienes que seguir pujando, Kohaku, hasta expulsar la placenta. Un poco...
Pero la voz de Luna quedó opacada cuando un largo llanto resonó con fuerza en la sala, y todos quedaron duros como petrificados por varios segundos, sus ojos clavados en el pequeño. Allí estaba el bebé sobreviviente, anunciándose a todo lo alto, vivo y fuerte. Cuando el tiempo volvió a fluir, Xeno abrió la boca y soltó una larga exhalación, mientras que las rodillas de Stan finalmente no resistieron, y cayó al piso apoyada en ellas, aunque por lo menos eso le ofreció una vista más cercana de su hijo. Kohaku temblaba de pies a cabeza, demasiado agotada, y a la vez con un inmenso alivio de que el dolor hacía cesado en gran parte, a la vez que tenía frente a sus ojos a su bebé, vivo y sano, por cómo lloraba. Si bien podían quedarse todos admirando ese momento por toda la eternidad, Luna le pasó rápidamente y con cuidado el bebé a Yuzuriha para que lo sostenga y lo arrope, mientras ayudaba a Kohaku a que terminara la última etapa del trabajo de parto.
- ¿Por qué... es tan pequeño? –Susurró Stan, su corazón martillándole en el pecho. Si tenía la imagen mental de que un bebé cabía en poco más de dos manos extendidas, su hijo le llenaba las dos manos juntas a simple vista– Es demasiado pequeño, demasiado pequeño. ¿Por qué...?
- Stan, está bien –Le dijo Yuzuriha con voz firme y segura, mirando al hombre a los ojos.
Eran ciertas ambas cosas, era pequeño para la media, y a la vez se lo veía bien, pero también había hecho ese comentario para no poner nerviosa a Kohaku. Lo limpió un poco con cuidado, mientras la madre terminaba de expulsar la placenta, y sonrió al mirarlo bien. Lo volvió a arropar, acunándolo suavemente para que calmara su fuerte llanto, mientras esperaba que la rubia se pusiera de pie, así como Stan con ella, y la ayudaran a acostarse en la camilla.
- Mi bebé... ¿Cómo está? –Susurró Kohaku mientras se recuperaba del esfuerzo, preocupada porque ya no lo oía.
- Bien, es hermoso Kohaku, felicitaciones. Es un niño –Se colocó al lado de la camilla y se lo apoyó sobre el pecho, sosteniéndolo hasta que ella pudiera agarrarlo en sus brazos con seguridad.
- ¿Un niño? –Susurraron Stan y Xeno al unísono, y se ubicaron uno a cada lado del cabezal de la camilla para verlo bien.
- Oh, mi pequeño... –Dijo Kohaku entre lágrimas, sin poder creer que al fin había nacido, estaba vivo y bien, sus preciosos ojos bien abiertos, al fin había dejado de llorar.
- Hola, renacuajo –Saludó Stan con los ojos muy brillantes, apenas conteniendo el nudo de emoción en su garganta.
Era precioso, sin dudas. Su corto cabello húmedo y despeinado era de un color muy particular, un rubio muy pálido y con destellos platinados, parecían hebras de oro blanco. Tenía una naricita pequeña y bonita, así como su boquita, con los labios entreabiertos bien definidos y de un fuerte color rosado coralino. Y sus ojos, aquella mirada les detuvo el corazón a todos de lo hermosa que era, era para llorar y jurarle amor eterno. Ojos grandes y brillantes, color aguamarina, adornados con abundantes pestañas todavía de un color claro, pero indudablemente largas y naturalmente arqueadas. Era un muñequito de porcelana, pequeño, delicado, precioso. Kohaku tomó la manito con minúsculos dedos, admirando y sin poder creer lo pequeña y perfecta que era, y el bebé por reflejo cerró sus deditos, haciéndola soltar un sollozo de emoción.
- Es un renacuajo, pero sin dudas es un príncipe, nada mal –Murmuró Stan, sin poder apartar su mirada del precioso bebé, mientras acariciaba el hombro de la joven– Buen trabajo, Kohaku, gracias.
- Es un bebé muy elegante –Coincidió Xeno, respirando profundamente– Sí, un príncipe.
- ¿Saben cómo se va a llamar? –Preguntó Yuzuriha con timidez, también mientras lo miraba embelesada, con Luna asomándose a su lado.
- Ah... no... –Dijo Kohaku– Como no sabíamos si iba a ser niño o niña, preferí no adelantarnos y dejarlo para cuando lo conociéramos.
- Piénsenlo tranquilos, los dejamos solos por ahora, luego volvemos. Cualquier cosa nos llaman.
- Sí, muchas gracias, Miss Yuzuriha, y Luna –Asintió Xeno.
Cuando las dos mujeres se fueron, Kohaku habló.
- Decídanlo ustedes juntos.
- ¿Por qué? –Preguntó el científico, sorprendido– Tú eres la madre, deberías elegirlo también. Y... tal como pensaba, es hijo de Stan –y agregó en tono de broma– Por tan poco... por poco y dudaba, pero yo no tengo esas pestañas ni esos labios. Es la cara de Stan con los ojos tuyos, Kohaku.
- Xeno... decídanlo juntos –Le dijo Kohaku con firmeza, levantando por primera vez los ojos de su bebé para mirar al científico.
- Sí, me parece bien, Xeno. En honor... al otro bebé que no llegamos a conocer –Apoyó Stan, con tono solemne– Pero también quiero que a Kohaku le guste, así que los tres juntos.
El científico asintió agradecido, con una sonrisa emocionada y los ojos ligeramente turbios, lo cual se despejó cuando parpadeó. Los dos estadounidenses no conocían nombres japoneses, y Kohaku aceptó opinar, pero no proponer, por lo que se decantaron por los ingleses. Miraron largamente al bebé, pensando para sus adentros un nombre acorde, y luego de unos segundos, Xeno dijo con seguridad.
- Neal.
- Neal... –Repitió Stan, y alzó las cejas, sonriendo– Me gusta, mucho. Nada mal. Es un buen nombre, fuerte y a la vez amable.
- Como ustedes –Acotó Kohaku, sonriéndoles a ambos– Neal. También me gusta, y se ve bien con ese nombre –Miró a su bebé, y le acarició la suavísima mejilla– ¿Qué dices, hijo? ¿Eres Neal?
El pequeño gimoteó, sacudiendo torpemente sus manitos hasta que Kohaku se las sostuvo entre las de ella con dulzura, y se quedó tranquilo.
- Tomaría eso como un sí –Dijo Stan, acercándose para darle un tierno beso al bebé en la frente, y luego a uno a Kohaku en los labios– Bienvenido, Neal Snyder.
Buenaaaaaaas! Aquí llegó, al fin, pequeño renacuajo príncipe, voy a lloraaaar! Creo que lo visualicé tan bien y tan hermoso, que me puse muy soft. Suficiente "mucho texto", los dejo con ese bello chunito precioso y ya, me voy.
Gracias por leer, acompañar, apoyar y dejar su amor, como siempre. El momento tan esperado, después de tanto drama y larga espera. Pero al fin los gringos y la leona preciosa conocieron a su leoncito gringuito divino. Sí es.
Hasta el próximo capítulo!
