- Xeno, sobre lo que viste ayer...

- Ya te dije que no necesita explicación, Stan. Déjame olvidar esa imagen mental, te lo pido encarecidamente. Y desde ahora no volveré a entrar sin tocar la puerta antes.

- Si hubieras entrado unos minutos antes, te hubieras unido a la diversión. No te vendría nada mal una guerra de almohadas para relajar.

- Hay formas más elegantes de hacerlo.

- Tú eliges elegancia, yo diversión, no hay nada que hacerle.

Stan se encogió de hombros, con una sonrisa burlona, mientras caminaban con Xeno por el pasillo luego de desayunar, uno a su estudio y el otro al taller subterráneo de Brody. Sólo quería ponerle humor a la situación, había sido demasiado divertido como para dejarlo pasar. Sin poder exprimir un poco más la broma, decidió dejarlo de lado, una pena.

Lo cierto era que, pese a que ese juego con Kohaku había sido inocente y divertido, con una pizca de provocación luego para hacer más picantes las cosas cuando ella lo había nalgueado accidentalmente, Stan no podía quitarse ya la imagen mental de su propia cabeza. De qué servía mentirse a sí mismo, seguía siendo el mismo hombre apasionado de siempre después de haberse convertido en padre, y su cuerpo tenía ciertas necesidades que nunca se había privado, ya sea solo, o en compañía. Claro que en los tres primeros años luego de revivir lo había resuelto siempre con la primera opción, lo más natural para cualquier persona y en especial los hombres, pero las cosas habían cambiado mucho desde que había encontrado una enérgica y hermosa amante y compañera de vida.

El gran problema de ese momento, era que ya no podía compartirlo con ella, al menos no totalmente, ya que seguían con el gran dilema de no contar con medios anticonceptivos fiables, y ya había aprendido la lección, por más frustrante que fuera. Claro que no era lo único, había otras formas de compartir amor y pasión, pero no había nada como la experiencia completa. Tampoco había sentido una necesidad imperiosa de hacerlo con ella nuevamente hasta ese día, el instinto de paternidad y de ver a Kohaku también en ese rol había ayudado a eso. Sin embargo, el cuerpo de la joven ya había vuelto a la "normalidad" después de casi cinco meses en cuanto a la posición y recuperación de sus órganos, a excepción de que sus pechos estaban aún más grandes por la lactancia, y que tenía unos pocos kilos de más, que le quedaban de perlas en su ya curvilínea y hermosa figura. Ese combo no lo estaba ayudando a dejar los pensamientos de deseo de lado, al menos desde que había vuelto a ser consciente de que Kohaku también lo había vuelto a mirar con picardía.

Se preguntaba qué hubiera sucedido si Xeno no los hubiera interrumpido, ya habían cruzado algunas palabras y toques calientes, más allá de la diversión. Quería sacar el tema con Kohaku, pero tampoco que ella pensara que estaba tan desesperado, al fin y al cabo, ella no lo había buscado de esa forma desde que Neal había nacido. Quizás podía optar por el acercamiento sutil y casual, empezar por unos buenos besos, una que otra caricia, y ver qué sucedía. No estaba seguro de cuánto tiempo después del parto una mujer volvía a ser fértil, tenía que averiguarlo, pero tendrían que conformarse con lo seguro. Habían conversado con Xeno sobre la fabricación de condones con el látex natural del caucho que habían conseguido en Sudamérica, no iban a ser tan cómodos ni seguros como los del mundo moderno, pero al menos disminuirían muchísimo las chances de embarazo.

Como sabían que era cuestión de tiempo, Xeno había hecho ya unos bocetos de su confección y él había hecho algunas pocas pruebas con la elasticidad del material, pero ninguna había pasado el test de calidad por completo, y entre tantas otras ocupaciones eso había quedado a un lado. Tal vez era momento de retomar el proyecto, ya que las cosas se habían calmado en el castillo, y tenían que aprovechar el tiempo hasta que el viaje del grupo de Sudamérica alrededor del mundo se completara, ya que desde que eso sucediera, todo iba a ser una tarea infernal y contra el tiempo. Ni de broma pensaba aguantarse más de un año, dudaba que Kohaku lo hiciera también, aunque tampoco podían arriesgarse otra vez, menos cuando evidentemente los dos tenían una alta capacidad de fertilidad.

Por la tarde se cruzó con Luna, y pensaba seguir su camino, hasta que vio allí la oportunidad de sacarse una duda. No sería de lo más cómodo hacerle esa pregunta a ella, pero debería ser más que obvio que una pareja ya estable iba a querer seguir intimando. Hasta se había enterado que la joven había estado en una breve pseudo-relación con Senku, y no tenían quince años ya, tenía sus más de veinte años, tarde o temprano iba a considerar esas cosas también para ella.

- Luna, ¿tienes un momento?

- Eeeh... Sí, estaba por preguntarle a Xeno en qué podía ayudar. ¿O tienes una tarea?

- No, es otra cosa –Miró alrededor, asegurándose de estar solos, aunque sin dudas esa pregunta de repente y en el pasillo la iba a sorprender, pero qué más daba– Es una pregunta médica, digamos. Sobre Kohaku.

- ¿Qué le pasó? ¿Se siente mal? –Preguntó preocupada, había notado la mirada de reojo de Stan alrededor.

- No, no, está perfectamente. Quería preguntarte algo más privado. ¿Cómo es la situación actual con respecto al sexo? Si se puede ya o no, si su cuerpo recuperó o no la fertilidad... Desde luego que lo pregunto para evitar otro embarazo ahora.

- Ah, eso... –Se sonrojó intensamente, bajando la mirada– Hmm, no quiero mentirte, no estoy segura. Sé sólo un poco de lo general de cada cosa, pero nunca estudié esos detalles. Por lógica, después de los primeros tres meses se empieza a restaurar el ciclo, pero a la vez depende de cada mujer.

- Entiendo. Qué lástima, no hay nadie más aquí que pueda saber más de eso.

- No desde un lado médico, pero desde la experiencia podría ser. ¿Tu madre?

- Luna, no sería muy cómodo que yo le pregunte a mi madre si sabe si ya puedo tener relaciones.

- No, me lo imagino –Sonrió con una sonrisita, avergonzada– Pero podría preguntarle yo. Ya sabes, por curiosidad médica con la única referencia viva con experiencia en el tema.

- ¿Podrías hacerlo? –Preguntó interesado, considerándolo.

- Sí, no hay problema. Es menos incómodo a que tú o Kohaku le pregunten.

- Sobre eso... No le digas a Kohaku que te pregunté. Sólo era una curiosidad mía.

- Ah... Está bien, no diré nada. Luego te cuento.

- Sí, gracias.

Se despidieron con un gesto y siguió cada uno por su camino. A pesar de que Luna era apenas una principiante en medicina, había que reconocer que le ponía mucho entusiasmo y dedicación a mejorar, además de ser la "médica personal" de Neal y de Kohaku, hacía un buen trabajo "la chica capaz", como la oía decirse a sí misma. Incluso desde que regresaron al castillo y Xeno estaba más abierto y llevadero, ella se había acercado más a él para aprender de química y algo de física, era lo más cercano que podía tener a un tutor universitario para mejorar sus habilidades médicas.

Como siempre, el científico estaba encantado con que alguien estuviera interesado en la ciencia y en escucharlo, por lo cual cuando no estaba ocupado con los diseños y fabricación de los motores en evolución, era cuando se hacía un tiempo para enseñarle a Luna. Kohaku antes lo solía escuchar y se mostraba interesada, pero nunca repreguntaba ni iba más allá, mientras que Luna se había comprometido a redimirse de su fracaso universitario, y mejorar todo lo posible para ser la primera médica de confianza en aquel mundo de piedra. También ayudaba con las pequeñas tareas relacionadas al cohete, pero Xeno la había apoyado en que se dedicara a avanzar en ciencia y medicina, su especialidad. Incluso le había dicho que empezara a diseccionar y estudiar los órganos de animales pequeños y grandes, que los iba a mandar a cazar para ella, y aunque Luna se puso tensa con eso, aceptó el desafío, era algo básico si quería ser médica y quizás algún día hacer una cirugía, o una segunda, ya que su primera experiencia había sido para salvarle la vida a Senku cuando había sido disparado por Stan.

Durante toda la tarde, Stan estuvo trabajando tratando de dejar ese tema a un lado de su mente, aunque no podía evitar la expectativa. Era más entretenido pensar en eso que en otras cosas, y la posibilidad de volver a compartir esa cercanía tan excitante y dulce era como otra de las luces cálidas y brillantes que estaba aprendiendo a disfrutar desde el último año. Pero había algo más, desde que había reconocido su amor en voz alta, y que había sido correspondido, sabía que la próxima vez que se reencontraran en esa unión completa de cuerpo y alma, sería como alcanzar un nuevo cielo. Tendría que ser paciente, pero valdría la pena la espera, y eso le dejaba una pequeña sonrisa de paz y esperanza en el rostro, aún a pesar del duro trabajo que estaba realizando.

La mente tenía sus formas de hacer notar cuando un pensamiento recurrente regía hasta en el inconsciente, y esa noche Stan soñó unas escenas de lo más calientes con Kohaku, con la gracia tan real de que "tenían que ser silenciosos para que Neal no los escuchara". Pero antes de llegar a lo bueno, despertó, y maldijo con una sonrisa que ni siquiera podía tener ese consuelo completo en sus sueños. Lo inevitable era que algo más que su conciencia había despertado, y no podía ignorarlo.

Kohaku se despertó al minuto, adormilada y confundida de por qué lo había hecho, si el bebé no había llorado. Fue cuando oyó unos suaves jadeos detrás de ella, que a pesar de lo disimulados que eran, hacían demasiado contraste con el absoluto silencio de la habitación. Se dio cuenta que provenían de Stan, y pensó que podía estar teniendo un sueño agitado. Parpadeó un par de veces para aclarar su vista en la oscuridad, y se giró para comprobar lo que sucedía a su lado.

- ¿Stan?

Los jadeos se detuvieron al instante, además de que lo notó sobresaltarse y tensarse un poco cuando le tocó el brazo. Extrañada con la reacción de él, enfocó sus ojos, y fue cuando vio dónde estaba la mano de ese brazo. A pesar de la oscuridad, el cuerpo de Stan era medianamente visible a través de la luz de luna que se filtraba de la ventana, por lo que se perfilaba con claridad.

- ¿Qué... estás haciendo? –Preguntó, aunque sabía lo obvia que sería la respuesta.

- Descargándome –Respondió con una de diversión un poco tensa.

- Eeh... ¿De qué? –Se daba cuenta que no estaba haciendo las preguntas más acertadas o inteligentes, pero no estaba en su momento más lúcido.

- Un sueño me dejó así.

- ¿Un sueño? –Repitió, extrañada– ¿Qué estabas soñando?

- Hmm –Sonrió a medias, considerando que si ella preguntaba eso era porque nunca había tenido un "sueño mojado", sería divertido ser honesto y ver qué pasaba– Contigo.

- Ah...

Kohaku se sorprendió y se sonrojó, se había acabado de despertar con eso. Hacía mucho que no estaba con Stan de esa forma, desde que Neal había nacido no habían pasado de unos tiernos besos, lo curioso era que había "perdido" ese interés o necesidad desde que su total prioridad se había vuelto su hijo. Se había sentido muy bien y plena con los sentimientos tan amorosos que estaba compartiendo con él, más cercanos que nunca, pero había pasado en pocos meses de que intimar fuera casi una necesidad, a que no se tocaran de esa forma y pareciera lo más natural también. Pero allí estaban en ese momento, aunque no terminaba de entender por qué Stan estaba haciendo eso a su lado y por su cuenta, incluso deteniéndose cuando ella despertó.

- ¿Nunca tuviste un sueño caliente antes, mi inocente princesa?

- ¡No! ¿Por qué soñaría algo así? –Preguntó abochornada, ante esa posibilidad.

- Ni idea, misterios de nuestra mente, pero a veces cuando pensamos mucho en algo, ese día o uno cercano podemos soñar algo que tenga relación.

- Oh... ¿O sea que estuviste pensando mucho en estar así conmigo?

- Los últimos quince días tuve mis momentos, lo admito.

- No me enteré de eso, no me dijiste nada.

- No es para tanto, además de que estábamos bastante cansados, en especial tú. Tampoco te veía con ganas, no te me insinuaste nunca en estos meses que compartimos cama todas las noches. Así que me tocaba y ya, al menos era un alivio.

- Ah... ¿o sea que hacías algo como esto seguido? –Preguntó en voz baja, mirando la mano de él de reojo.

- Obviamente. ¿Cómo te crees que hice estos cinco meses para aguantarme? No sé las mujeres, menos las recientes madres, pero mi cuerpo no fue el que cambió, y un hombre suele tocarse bastante seguido de por sí.

- Podrías haberme avisado –Murmuró Kohaku, con un tono en el que había algo de reclamo.

- ¿Avisarte? "Princesa, despierta, me voy a hacer una paja" –Se burló, divertido.

- ¡No lo decía así! Sino que yo pudiera hacer algo...

- "Princesa, ¿me haces una paja?" –Stan rió más fuerte, recibiendo un empujón de ella– Fuera de clima no queda nada bien, lo siento, sería demasiado raro así de la nada, solo porque ando caliente cada tanto.

- No, si lo dices así claro que no –No pudo resistirse a sonreír, estaban teniendo una conversación tan extraña como graciosa– Pero digo que podías haberme dicho que te sentías así.

- Sí, pero como dije, es bastante normal para una persona masturbarse, aun estando en pareja. Y sería un desgraciado si te reclamara eso, cuando apenas apoyas la cabeza en la almohada te quedas dormida de cansancio.

Kohaku entendió el punto de Stan, que era cierto y considerado, excepto porque estaba dando por sentado que a ella ya no le interesaba volver a estar con él de esa forma. No podía negar que no lo había pensado antes, y que no lo había buscado, pero la noche anterior había sentido que algo apasionado estaba volviendo a surgir entre ellos, entre las palabras y las caricias de él. Se sorprendió de no haberse dado cuenta antes, aunque lo debía a su inexperiencia con hombres. Pero allí estaban, y podía remediar su descuido y desinterés, que ni siquiera había sido del todo consciente. Sin decir una palabra, volvió a acercar su mano al brazo de Stan, y lo acarició muy ligeramente, unos segundos después mirándolo a los ojos a pesar de la oscuridad.

Él le devolvió la mirada, sin moverse, muy atento a lo que ella haría a continuación. La mano de la rubia fue bajando lenta y juguetonamente por su brazo, hasta apoyarse sobre la de él. Entendiendo la intención sutil y seductora, el soldado sacó su mano de allí, dejándole a Kohaku que continúe. Se estremeció ligeramente al sentir su pequeña mano tocándolo después de tanto tiempo, aunque ya no era sólo su entrepierna lo que sentía caliente, sino también su pecho. Para no quedar ocioso, se giró de lado para abrazarla, acariciándole el cuerpo por encima de la ropa, y doblándose para poder besarla. Volver a sentirse así juntos fue también revelador para él, no podía creer cómo no habían hecho algo así los últimos meses. Sabía que todavía no podían ir muy lejos, no hasta tener condones, o al menos una certeza de parte de Luna de que no había riesgo, pero sí podían compartir esas caricias y un poco más, no era todo blanco o negro.

Kohaku sólo pretendía hacer eso para hacerlo sentir bien y para compensar la interrupción, aunque pronto empezó a sentir calor en su propio cuerpo entre lo excitante de tocarlo, más con lo atractivo que era Stan, oír sus suaves gemidos y jadeos, y además de disfrutar sus besos y las caricias que recibía a la vez. ¿Cómo había olvidado lo bien que se sentía aquello, ni que decir de lo bien que también se sentía cuando era ella la agasajada? Un poco tarde, pero estaba segura de que, aunque sea unos minutos de aquello les hubiera levantado el ánimo y dormir con una sonrisa satisfecha más de una vez, luego de ocuparse de su hijo.

Quería sentirlo más, podía seguir tocándolo hasta que él tuviera su clímax, pero sabía que había una forma en que los dos podían disfrutar de más cercanía y placer al mismo tiempo. Todavía no se acostumbraba a ser explícita para pedirle a Stan que la tocara, le avergonzaba un poco expresarlo, por lo que era más de ir a buscarlo. Sacó su mano de allí, recibiendo al instante una mirada confusa de él porque estaba más bien cerca de acabar y lo había vuelto a interrumpir, aunque al instante aprovechó la cercanía para rodear su pierna en la cadera de él, buscando unir sus cuerpos. Antes de que pudiera soltar un suave gemido de gusto al volver a deleitarse con la sensación del cálido contacto del roce de sus intimidades, se sorprendió de que Stan le empujara suavemente la pierna para quitársela de encima, eso la contrarió mucho.

- ¿Por qué me quitas?

- No podemos todavía hacer eso. Si tu cuerpo recuperó la fertilidad sería un gran riesgo, perdona. Tendremos que conformarnos con sólo tocarnos por ahora.

- No creo que pase nada si es un poco. ¿O sólo la puntita?

- Créeme que basta con "la puntita" adentro tuyo para embarazarte otra vez –sonrió con pena, luego la agarró de la cara y la miró con intensidad– No puedo esperar para volverte a hacer el amor, me duele tener que negarnos esto ahora que sabemos que nos amamos, y más cuando al fin volvemos a sentirnos así los dos al mismo tiempo. Pero...

- Está bien, lo entiendo –Resopló con frustración– Bueno, entonces sigo con lo que estaba haciendo, y ya.

- No, espera –Le atrapó la mano antes de que lo tocara– Me interrumpiste y no terminaste de escuchar lo que iba a decirte, qué princesa temperamental eres.

Stan soltó una suave risa, y le agarró la pierna para volverla a colocar sobre su cadera. Kohaku frunció el ceño, sin entender por qué se estaba contradiciendo, si había dicho que eso no podían hacerlo. Antes de que ella lo cuestionara, le explicó.

- Te detuve porque necesitaba decirte eso y era importante que lo sepas. Pero si recuerdas bien, hay un punto medio que podemos disfrutar, sin riesgos.

Manteniéndose los dos de lado y abrazados como estaban, Stan empujó su cadera lentamente hacia adelante a la vez que presionaba la de ella contra él, jalándola del trasero. Kohaku cerró los ojos y ronroneó de gusto, aliviada. Eso lo habían hecho una vez, justo antes de enterarse que seguía estando embarazada, y había sido bastante placentero. Enterró sus dedos en la melena peli-plateada de él para acercarlo y besarlo apasionadamente, conectados de una forma más completa para compensar que no podían unirse del todo.

Stan sonrió para sus adentros, pensando que lo que estaba sucediendo no estaba tan lejos de lo que había sido su excitante sueño, y tenían que ser silenciosos para no despertar a Neal. No había problema en que los oyera, era un bebé todavía, pero si se despertaba era casi seguro que iba a llorar y tendrían que interrumpir ese breve momento íntimo para calmarlo, quedando ambos a medias y frustrados. Con esa realización en mente, trató de ser lo más eficiente en sus roces para hacerlo lo más placentero para los dos. Era la tercera vez en la noche que estaba llegando al límite, las dos primeras habían sido interrumpidas. No iba a luchar con su autocontrol esa vez, y se dejó llevar por la necesidad de liberación. Aunque quedó momentáneamente anulado mientras se recuperaba del vacío mental de su orgasmo, no pensaba ser egoísta, por lo que besó profundamente a Kohaku a la vez que se mantenían muy cerca en un abrazo, y bajó su mano para terminar el trabajo y satisfacerla.

Ella recibió más que agradecida la intrusión en su interior, al fin, y se dejó acariciar así mientras se abrazaba al cuello de él, no se atrevía a separar sus labios para no dejar que se filtraran sus expresiones de placer. Esa vez le estaba tomando más tiempo que nunca en sentir el clímax acercarse, quizás debido a todo el tiempo que había ignorado la actividad sexual y que una parte de ella no dejaba de pensar en que Neal podía despertar en cualquier momento. Se estaba empezando a frustrar, a pesar de que Stan perseveraba pacientemente. Pero ya se comenzaba a sentir ansiosa y mal por ello, y lo detuvo con un gruñido.

- ¿Qué pasa? ¿Te lastimé? –Preguntó él, preocupado.

- No, no... Pero no siento que vaya a acabar pronto, es como que falta algo. Me gustó, pero ya está bien, déjalo así.

- No tengo apuro, y quiero que también te sientas bien –Le susurró, besándole tiernamente la comisura de la boca– Relájate, creo que estás pensando demasiado, y eso que falta es que no te estás conectando.

- Puede ser, pero no puedo evitarlo. Si Neal despierta...

- Lo sé, pero te estás adelantando y preocupando. Entonces déjame probar algo que no creo que falle.

Con todo el sigilo con el que pudo moverse, se arrastró hacia abajo en la cama, aprovechando para besar el cuerpo de la joven mientras lo hacía. Se ubicó entre las piernas de ella, sin demorarse en dedicarse a darle placer con toda su boca, sabía que eso era mucho mejor que sus dedos para lograr el objetivo. Kohaku arqueó su espalda y se tapó la boca con la mano para no emitir sonido, disfrutando la celestial sensación. A pesar de la innegable destreza de Stan, seguía un poco desconcentrada y preocupada de que tampoco pudiera liberarse con eso, y le apenaba que él se estuviera dedicando tanto y al final tampoco lo consiguiera, no sabía a quién de los dos iba a frustrar más.

- Stan... Me encanta, pero creo que hoy no es el día, déjalo, te vas a cansar. Se sintió muy bien hasta ahora, gracias –Murmuró, acariciándole el pelo.

- ¿Quién dijo que me estoy aburriendo o cansando? No me subestimes, ni subestimes cuánto me gusta verte disfrutar y relajarte –Se apoyó en sus manos para serpentear rápidamente hasta quedar a la altura de ella, y sonreírle con ternura y confianza– Eso es uno de los poderes del amor, no me canso de darte placer, podría estar horas así y no habría otra cosa mejor que hacer.

- Oh...

- Para que te quedes tranquila, seguiré así hasta que se despierte Neal. Si llegas a tu orgasmo antes, mejor, y si no, igual lo estamos disfrutamos. ¿Te parece?

- Difícil decir que no a eso –Asintió sonrojada y con emoción, Stan era siempre tan resuelto y entregado– Gracias por tanto... te amo.

- Escucharte decir eso es música para mi oído y mi corazón, yo también te amo –La besó en la frente, y luego en los labios– ¿Cómo quieres que no me dedique a ti con todo gusto después de algo así? Y más la primera vez en meses que volvemos a encontrarnos así.

Stan volvió a acomodarse más abajo, para continuar ocupándose con diligencia y cariño de Kohaku, además que le apenaba que ella quedara frustrada, cuando era bastante esperable si estaba con la cabeza en otro lado. Estaba empezando a entender los desafíos de la pareja y la intimidad en convivencia con un hijo, cuánto cambiaban las prioridades y se resignaban cosas, aunque estaba bien con el balance. Sus palabras parecieron hacer efecto en Kohaku, la sintió relajarse más, ya sin expectativas ni culpa de que él se irritara con no lograr lo que ella pensaba que era su finalidad. Y eso fue el gran cambio, alivianar la cabeza y sólo centrarse en el presente y disfrutar el momento. No iba a negar que estaba rezando internamente porque Neal no se despertara, no sabía qué hora era, pero al menos una vez por noche el bebé se despertaba para ser alimentado.

Finalmente, tanta dedicación y atenciones tuvieron su fruto, y comenzó a oír cómo Kohaku respiraba irregularmente y se removía con urgencia, enterrando nuevamente las manos en el cabello de él, o buscando sus manos para entrelazar sus dedos, ya que no podía expresarse con su voz. Entusiasmado, enfocó sus atenciones para llevarla directo al cielo, ya la conocía bien y sabía cómo hacerlo, sólo faltaba que ella terminara de soltarse. Cuando la sintió tensarse y luego del clímax volverse laxa, sonrió aliviado y encantado, y volvió a acomodarse a su lado.

Kohaku se acurrucó contra él, susurrándole su agradecimiento y con una amplia sonrisa de satisfacción. Por más que había dicho que estaba resignada a quedar a medias, no había nada como al fin alcanzar el máximo placer, en especial sintiéndose tan contenida y amada, con paciencia y dedicación. Lo más curioso es que apenas unos minutos después Neal despertó, empezando a gimotear buscando la cercanía de sus padres, y los dos se rieron al pensar que su pequeño les había dado tiempo inconscientemente. Nunca habían estado tan contentos de atenderlo a mitad de la noche.

Al día siguiente, ya completadas sus "investigaciones", Luna buscó a Stan con la mirada durante el desayuno, asintiéndole brevemente cuando hicieron contacto visual. Siguieron con lo suyo, y cuando terminaron, el soldado la siguió. Cuando se aseguraron de que no había nadie cerca, la joven habló.

- Hablé con tu madre. Ella también dijo que las probabilidades dependían de cada mujer, y que sólo sabía lo que recordaba desde su embarazo. Por un lado, coincidió con lo que yo pensaba, que uno meses después del parto vuelve la ovulación, y junto con eso ya hay que tomar recaudos... pero hay una excepción. ¿Kohaku volvió a tener su período?

- No... Hasta ahora no –Dijo pensativo– ¿Es normal?

- Probablemente, porque le está dando el pecho a Neal y todavía es la única alimentación del bebé. Al parecer, hay un método anticonceptivo natural que, con ciertas condiciones, es bastante seguro. Sólo puede ser si la mujer amamanta a su hijo "a demanda", es decir, cuando él le pide, que suele ser cada tres a cuatro horas.

- Sí, es acertado el tiempo en general.

- Bien. Solamente podría funcionar hasta los seis meses después de parir, ya que ahí es cuando se empieza a alimentar al bebé con otras comidas también. Pero mientras ella no esté menstruando, y le dé el pecho exclusivamente y no pasen generalmente más de cuatro horas entre tomas, me dijo que solía tener una eficiencia similar a la de las pastillas, o sea que es muy alta la probabilidad de que no quede embarazada, porque ese tipo de lactancia evita la ovulación. No es completamente seguro, pero parece ser bastante fiable.

- Ya veo, qué interesante –Asintió– Gracias, Luna.

Se saludaron y siguieron cada cual su camino, Stan con contenido entusiasmo. Eran relativamente buenas noticias, Neal tenía cinco meses, por lo cual todavía les quedaba margen de un mes más para aprovechar ese método. No había estado de más la precaución de la noche anterior, pero lo dejaba más tranquilo que si para otra vez llegaban a un punto de pasión y necesidad difícil de controlar, tampoco sería un riesgo. Además, eso les daba tiempo de retomar el desarrollo de los condones durante ese mes.

Durante el resto de la mañana Kohaku retomó sus entrenamientos con Kirisame, prefería dejar pasar unos días para volver con Mozu, después de la tensa situación anterior, y hacerle entender que tendría que ser menos arrogante y problemático si quería que volvieran a entrenar juntos. No iba a contárselo a la castaña, que notó que lucía más relajada y animada, pero indudablemente el momento romántico con Stan a mitad de la noche la había renovado y dado una actitud más fresca.

La tarde siguiente, aprovechando que Xeno estaba solo en su estudio y no se lo veía tan atareado, Stan entró para pedirle sin más vueltas qué tenían que conseguir o desarrollar para poder hacer los condones. Entendía las prioridades y que Xeno estaba dedicado a los motores, por lo que se ofreció a ocuparse él, ya que además sería el principal, sino el único, beneficiado en ese momento. También le contó del método temporal que Luna le había comentado, que el científico oyó con interés, aunque recalcando la preocupación de que no era un método cien por ciento seguro.

- No, no lo es –Admitió Stan, antes de encogerse de hombros– No lo hablamos con Kohaku, pero si ella proviene de una aldea y no tiene la concepción de mujer profesional y de estudios, puedo suponer que a futuro no querrá que Neal sea hijo único, y yo tampoco. Esto de los condones es solamente para controlar la situación estos años.

- Bien te gustaría dejar de herencia un equipo de fútbol Snyder –Contestó Xeno con sorna.

- Eso no lo puedo negar –Sonrió divertido– Pero oye, qué linaje excelente y elegante sería, ¿eh?

- Sí, aunque no es prudente. Lo sabes –Le dijo con una mirada mucho más seria de pronto.

- Presiento que no me gustará lo que estás pensando.

- Stan, está bien que disfruten lo que ya tienen, pero no lo compliques, ni lo olvides. En unos años, cuando terminemos el cohete para ponerle fin a todo esto... No podemos permitirnos fallar, por el bien de todos. Tú eres el mejor, y lo sabes.

- ¿Acaso me estás diciendo "disfruta mientras puedas", de una forma más elegante?

- No... Y sí. No sabemos con lo que vamos a encontrarnos.

- Mi única tranquilidad es que si algo malo pasa, tú estarás aquí para cuidarlos y también hacer feliz a Kohaku.

- Stan...

- No tengo planeado morir en esta gran misión, y no lo estoy contemplando como posibilidad. Pero tengo que admitir que desde que nació Neal, una parte de mí está aterrada de que algo malo suceda, no quiero abandonarlos, ni un momento, ni para siempre. Es la primera vez en muchos años que tengo miedo. Aunque como te dije, tengo esa tranquilidad, que es bien grande.

- Volverás, y yo haré todo de mi parte para que suceda, te lo prometo. Olvídate de eso ahora.

Stan se quedó en silencio un momento, su rostro serio y una expresión oscura y turbulenta asomando.

- Es agridulce, ¿sabes? Por un lado, me encantaría disfrutar de la vida sin contenerme, ya que todo es tan incierto. ¿Cuál sería el sentido de contenerse, si de todas formas todo podría volver a acabar o reiniciarse? ¿Dejarlo para después, cuando no sabemos qué habrá después? Tenemos al menos cinco años por delante, y sí, ya soy feliz con lo que tengo, y lo agradezco. Pero quiero más.

- Lo habrá.

- Quiero ver crecer a Neal, criarlo –Continuó, con la garganta apretada– Quiero ver el día en que todo lo que construyamos, sea para recuperar las cosas que mejoren nuestra calidad de vida, y no contra-reloj para ver si llegamos a tiempo antes de que estalle todo. Quiero disfrutar de una semana, un mes, un año y el resto de mi vida, en el que pueda acostarme en el pasto y bajo el sol, con Kohaku, Neal y todos los renacuajos que podamos tener, en paz, sólo viviendo, siendo felices y dejando fluir las cosas. Quiero todo eso, y no quiero que sea sólo un bonito sueño.

- Nunca fallaste a tu palabra cuando dijiste que podías hacer algo. Esta no va a ser la primera vez.

- No, pero la diferencia es que esta vez nos enfrentamos a algo que supera el conocimiento y las habilidades humanas. Confío en mi intuición y en mi destreza, pero no seré el único jugador.

- Lo único que queda por ahora es dar todo para prepararnos, y asegurarnos la victoria.

- Sí –Miró a Xeno a los ojos con intensidad– No dudo de ti, pero necesito que me prometas que cuidarás de Kohaku y Neal igual o mejor que como lo haría yo.

- Lo haré, te lo prometo –Le contestó con solemnidad, devolviéndole la mirada. Luego le sonrió ligeramente– Aunque no será necesario, excepto en tu breve ausencia.

- Gracias. Así será –Asintió, sonriendo a la par– En fin, que esta conversación no salga de acá. Falta mucho tiempo, es innecesario preocupar o generar expectativa, más si las cosas pueden cambiar de un día a otro, ni que hablar de un año a otro.

Si bien Xeno asintió, coincidiendo completamente, lo que no sabía era que alguien más sí había estado escuchando la última parte de la conversación. Como ninguno de los dos hombres esperaba tocar ese tema tan delicado, no se habían molestado en cerrar la puerta, además que el estudio del científico no estaba en una zona de mucha concurrencia dentro del castillo. Para pésima suerte de ambos, Kohaku había sido la que se había acercado, cargando a Neal dormido en sus brazos, con la intención de pasar un rato haciéndole compañía allí. No era su intención oír detrás de la puerta, pero en cuanto oyó el tono de voz con perceptible desazón de Stan al respecto de que había una posibilidad de que las cosas salieran mal y no volviera de la misión lunar, un intenso frío la recorrió por dentro.

Una parte de ella inocentemente había considerado que el soldado ya no estaría entre la tripulación ya que había otros guerreros, y tenía una familia, no iba a querer alejarse. Pero oír la seguridad de Xeno y de Stan de que era prácticamente un hecho que él estaría al frente de la arriesgada misión, le detuvo el corazón por un momento. No podía ser egoísta ni poner su pequeña y demasiado nueva familia, que se había dado además de forma accidentada, por encima de salvar la civilización del mundo entero. Si Stan era el mejor soldado vivo, y era la mejor oportunidad de garantizar la victoria, no podía pretender retenerlo, incluso estaba orgullosa de que fuera tan bueno en lo que hacía. Y si él decidía ir, tendría que respetarlo, ella hubiera querido ir de no ser porque ya no podía.

Se alejó de allí sin hacer el menor ruido, no quería delatar su presencia. Tenía que serenarse y tratar de olvidar lo que había oído, como habían dicho ambos hombres, faltaba demasiado tiempo y no tenía sentido preocuparse o adelantarse, pero luego de un rato no pudo ignorar la bola de angustia y nervios que se volvía cada vez más pesada dentro de ella, en especial cuando miraba el rostro de su bebé dormido, tan parecido al de su padre. El solo pensamiento de que Stan no volviera era demasiado amargo y angustiante, que su hijo ya más crecido recordara la despedida temporal, pero luego se enterara de que su padre no volvería nunca más... Lo destrozaría. A los dos, un agujero demasiado doloroso por siempre, aunque más lo sería para su pequeño. Kohaku detuvo sus pasos y sacudió su cabeza, intentando alejar esos nefastos pensamientos. Tenía que hacerlos a un lado y pensar en frío, confiar en Stan, o considerar las alternativas que fueran lo mejor para todos.

No más de un par de horas después, Stan caminaba por el castillo con el ceño ligeramente fruncido. No sólo porque la conversación con Xeno lo había amargado, sino porque no encontraba a Kohaku. El dormitorio estaba vacío, cuando encontró a sus padres les preguntó si sabían dónde podía estar ya que se había llevado a Neal, pero ellos no la habían visto. Caminó hacia el laboratorio y luego hacia el estudio de Xeno, pero su amigo no la había visto desde el almuerzo. Extrañado, buscó a Luna y al grupo de las jóvenes japonesas, aunque ellas tampoco la habían visto. ¿Tan desencontrados podían estar en el castillo? La buscó en los alrededores del castillo, aunque no tenía sentido que estuviera sola allí, y no iba a entrenar con el bebé en brazos. Empezaba a preocuparse, considerando preguntar al resto del personal si la habían visto. Se aseguró de dar una vuelta más por dentro del lugar, revisando en detalle los mismos lugares, además de la cocina, la sala médica, y llamarla en voz alta en los baños. Volvió a la puerta principal, preguntándole al guardia que siempre estaba apostado allí, y para su sorpresa sí la había visto.

- Salió del castillo con su hijo en brazos, Capitán Snyder.

- ¿Salió? ¿A dónde? ¿Hace cuánto?

- Sí, hace más de una hora, pero no sé a dónde, disculpe capitán.

- ¿Volvió?

- No, capitán.

- ¿Por qué la dejaste salir y no me avisaron? –Inquirió ofuscado.

El soldado parpadeó confundido, además de lucir apenado por el cuestionario, como si hubiera hecho algo malo, pero sin saber qué.

- La señorita no tiene órdenes de control o de restricción de movimiento, capitán, perdón –Se removió incómodo, lo cual fue observado por Stan.

- ¿Qué sucede?

- Disculpe mi atrevimiento, pero... ¿Tuvieron una pelea?

Stan lo miró fijo y extrañado, ese soldado no tenía la confianza con él como para preguntarle cosas así, pero había algo de inquietud en el hombre.

- No, ¿por qué lo preguntas?

- Bueno... Porque la señorita se veía contrariada. No dijo nada, solamente salió del castillo, pero tenía una expresión así en el rostro. Tampoco saludó, que siempre lo hace.

- Ya veo, gracias.

Stan ya había revisado los alrededores, y a menos que justo se hubieran desencontrado cuando iban en direcciones contrarias, no encontraba sentido en perder el tiempo buscando solo una vez más en los mismos lugares. Lo que lo sorprendió mucho era que el guardia dijera que ella se veía alterada, y hasta donde sabía, no había sucedido nada malo durante el día. Fue a buscar a Xeno otra vez, diciéndole esa novedad. El científico negó haber tenido un desencuentro con ella, y fueron juntos a buscar a Kirisame, preguntándole si había pasado algo durante el entrenamiento. La joven negó, por el contrario, diciéndoles que la había notado más animada y relajada que en meses, lo cual coincidía con la percepción de ambos hombres, y Stan en particular podía imaginar el motivo.

Le pidieron a la castaña que preguntara a sus compañeros si sabían qué podía haberla alterado, y ellos también hicieron sus preguntas, Sarah y Jacob tampoco tenían idea de qué podía haber pasado, y un momento después Kirisame volvió con la negativa. Stan y Xeno llegaron a la conclusión que algo había sucedido entre el almuerzo y esas horas, pero no había sido algo directo o personal con nadie, quizás una angustia propia de ella que no la había compartido y se había ido de las manos. Fue entonces cuando Xeno abrió mucho los ojos, recordando que hacía unas horas habían tocado un tema sensible.

- Stan, ¿estás seguro que Kohaku no sabe nada de lo que hablamos antes tú y yo?

- Sí, sólo lo hablamos nosotros dos en tu estudio, nadie más sabe de eso, ni siquiera sus amigos que quedaron en Sudamérica. Y cuando salí no la vi cerca. Es más, la puerta estaba...

Titubeó, su corazón saltándose un latido. No recordaba ese detalle menor, ya que él mismo había quedado removido con esa conversación, su mente estaba enfocada en otras cosas. Miró a Xeno, tenso.

- No recuerdo si estaba cerrada la puerta. ¿Crees que nos escuchó?

- Sería pésimo si así fue, en especial si escuchó que acordamos que ella no se enterara. Tiene sentido que eso la haya afectado.

- La busqué por todos lados, adentro y en todos los lugares alrededor del castillo, no estaba, y nadie la vio excepto el guardia de la entrada. Xeno, se llevó a Neal –De pronto la realidad le cayó como un golpe– Está afuera, quién sabe dónde, desprotegida, y con un bebé en brazos.

- No puede haber ido muy lejos, y no creo que sea tan inconsciente e impulsiva.

- Estamos hablando de Kohaku, Xeno.

Los dos se miraron nerviosos, si había alguien más que temperamental e impulsiva en varios kilómetros a la redonda, era Kohaku. Y no había un antecedente de cuánto así podía ser si tenía a su hijo con ella, atravesada por una fuerte emoción y angustia, quizás enojo también.

- Stan, la mayoría de los soldados de élite quedaron en Sudamérica, tú eres el único con habilidades de rastreo profesionales aquí.

- No importa, claro que encabezaré la búsqueda, ¿pero te crees que no pondré al castillo entero a buscarla también? Hay que encontrarla cuanto antes, Xeno, es peligroso.

El científico asintió, y convocó mediante el sistema de megáfono y parlantes que comunicaba a todo el castillo a una reunión urgente en el salón principal. Unos diez minutos después todos los habitantes estaban allí, con una expresión preocupada, ya que la mayoría sabía ya que se desconocía el paradero de Kohaku. Stan habló con vos potente y llena de autoridad, al instante organizando grupos para que rastrearan tanto el castillo, cada habitación y cada rincón, así como varios kilómetros alrededor por fuera. Si habían pasado dos horas, y ella era ágil y fuerte, podía haber recorrido un buen tramo ya, y el bebé no podía retenerla mucho, quizás una media hora como mucho si ella se detenía para alimentarlo. También delegó dos pilotos y acompañantes con binoculares para que rastrearan el área con los aviones, al menos podían chequear más rápido, así como también dispuso a dos personas para que hicieran ese rastreo desde la costa, en un pequeño barco motorizado.

Apostó guardias en las entradas principales, y les dio la indicación a los demás de que buscaran también mirando por encima del nivel del suelo, en techos y los balcones del castillo, así como los árboles, la joven era excelente para saltar y trepar, aunque tuviera un bebé en un brazo. Les ordenó repartirse y usar los comunicadores para reportarse a Xeno y a él, descartando áreas revisadas, para seguir organizándose en cubrir el espacio. Nadie terminaba de entender por qué Kohaku se había fugado con su hijo cuando todo estaba bien, pero como no se dieron explicaciones o suposiciones al respecto, simplemente se dio la orden de comenzar la búsqueda inmediatamente.

El grupo se dispersó y cubrió las áreas designadas. Mientras Stan hacía su búsqueda intuitivamente, se preguntaba a dónde podía haber ido, y a qué. No había nada más alrededor, el castillo y sus habitantes eran la única "ciudad" allí, y ella no conocía siquiera tan bien la zona aledaña, dudaba que lo recordara de su intento de infiltración un año atrás solamente. No entendía por qué Kohaku había hecho algo tan irresponsable, ni siquiera lo había enfrentado ni reclamado, eso era más lógico incluso para como era ella, ser directa y sincera. Pero no, había escapado sin que nadie se hubiera percatado. ¿Qué ganaba con eso? Estaría sola, sin ayuda, y con los riesgos de la intemperie. Si quería pensar a solas, bien podía hacerlo sin irse tan lejos. Lo peor, era que lo que habían hablado con Xeno no pasaría sino dentro de varios años, con lo cual tampoco nadie podía hacer nada al momento con eso, era una especulación.

A medida que le iban llegando los reportes de que no había rastro de ella en todo el castillo, ni en los campos de maíz, la costa, y tampoco los aviones la habían encontrado, Stan comenzaba a ponerse más nervioso. Estaba empezando a atardecer, cada minuto que pasaba sería más peligroso, además de que tendrían menos recursos, ya los aviones no podían ayudar a revisar el bosque. Stan se detuvo en seco, un fuerte estremecimiento recorriéndolo. El bosque... allí había lobos, osos, pumas, y también cocodrilos enormes a orillas del río. Habían encontrado la espada y el escudo de ella en la habitación, por lo que seguramente estaba desarmada a excepción de uno de sus cuchillos, y aunque tuviera algún arma, tenía un bebé en brazos. Esos animales salvajes allí al acecho, él se los había cruzado todos en sus rondas de vigilancia, y ella sola junto a Neal eran carne fresca e indefensa. Pocas veces él había enfrentado a esos animales con cuchillos, siempre los había matado a disparos.

Cuando la luz del sol se ocultó en el horizonte, mientras recorría solo una parte del bosque, Stan estaba ya al borde de los nervios. Las manos le temblaban, el corazón le retumbaba en los oídos, y empezaba a respirar aceleradamente. La otra gran pregunta era por qué no podían encontrarla, si ella no quería ser hallada, o si quizás le había pasado algo, una resbalada, un encuentro con un animal... No, no quería siquiera contemplar esa posibilidad. Por costumbre, se llevó la mano al cinto para sacar un cigarrillo, hasta que se percató de que ya no los llevaba encima. Mierda. Necesitaba cigarrillos, urgentemente, la ansiedad lo estaba haciendo sudar y temblar, su mente acelerada y reactiva empezaba a perder foco, cuando le preocupación le ganaba la pulseada. Al demonio la promesa de no volver a fumar, esa era una situación límite y excepcional, necesitaba los cigarros para mantener su salud mental y controlar su ansiedad. Si algo llegara a pasarles, a Kohaku o a su bebé... Chasqueó con la lengua y negó con la cabeza, alejando esos pensamientos. Llamó a Xeno por la radio.

- ¿Novedades?

- No, Stan –Contestó con un tono muy grave y serio Xeno, también colmado de preocupación.

- Xeno, necesito cigarrillos. Ahora mismo.

- Stan...

- Me importa una mierda mi palabra y la promesa, que alguien me traiga ahora mismo una caja de cigarrillos. Ahora.

- No, es que no hay –Se oyó un largo y tenso silencio en el medio– Tú mismo los descartaste a los pocos días de que Neal nació, dijiste que ibas a cumplir tu promesa completamente. No hay más.

- Mierda –Stan apretó los dientes– Bueno, no hechos, pero debe haber unas hojas secas de tabaco y algo de papel, que me traigan eso.

- No hay, lo poco que quedaba se lo diste a los soldados, y tú eras el único que gustaba tanto fumar.

Stan se quedó en silencio, y cortó la comunicación sin responder nada. Unos largos segundos pasaron así, con los ojos cerrados, y la mandíbula apretada con mucha fuerza, conteniendo su ira. Hasta que no pudo hacerlo más, y soltó un rugido pelándose la garganta, de pura impotencia. No podía ceder, no tenía un momento de debilidad, pero ya su cuerpo estaba tomando el control, o más bien el descontrol, por encima de su alterada mente.

- ¡KOHAKU! –Exclamó a todo pulmón, jadeando un par de veces mientras respiraba hondo, y volvió a llamarla– ¡KOHAKUUUUUUUUUUUUU!

Su voz hizo eco en el bosque, pero no hubo ningún tipo de respuesta, hasta parecía que los pájaros y el rumor de los árboles se habían detenido. Él podía ser todo control y estrategia con lo suyo, sus objetivos y profesión, pero sus personas más queridas eran otra historia. Se combinaba la angustia no sólo de preocuparse por si estaban a salvo, sino también de sentir un vacío enorme dentro de sí mismo si algo llegara a pasarles o si sufrían por algún motivo, era un agujero en el corazón que no podría volver a llenar con nada, tan valiosos eran para él, eran parte de él.

No sabía dónde más buscar, y eso era lo que más lo estaba atormentando. No estaba solo en la búsqueda, pero eso era tal vez lo peor, que veinte personas tampoco podían hallarla. Y por qué, preguntarse por qué ella había elegido alejarse le daba mala espina, su corazón se comprimía con eso. Luego de haber vuelto a compartir una noche muy especial y de amarse como lo hacían, no le cabía en la cabeza que Kohaku reaccionara de esa forma sólo por haber oído toda o una parte de aquella conversación. No era como la primera vez, que curiosamente se había ido todo al demonio después de su primera noche íntima juntos, porque en ese entonces no había ni la mitad de profundidad entre ellos de lo que había en el presente, y esta vez no había traición ni mentiras de por medio.

Necesitaba calmarse y ordenar sus pensamientos, volver a ser eficiente para encontrarla de una vez. Su radio sonó, y la voz de Xeno pronunció tres palabras que fueron como una bocanada de aire en medio de un incendio.

- Stan, la encontramos.

El soldado inspiró bruscamente, y su mano se dirigió al pecho, donde el aire estaba ausente y escaso, no parecía fluir.

- ¡¿Dónde?!

- En el túnel. Está bien, Neal también está bien.

- Gracias a la vida –Murmuró, al oír las palabras que lo aliviaron inmediatamente, por poco aflojándole las rodillas– ¿Qué túnel?

- Cierto, tú no estabas, no lo viste –Xeno dejó salir una breve risa tensa– No importa, vuelve al castillo.

- Que no se mueva de ahí hasta que yo llegue.

- No digas tonterías, ¿para qué quieres que esté allí, entre oscuridad y rocas? Estoy yendo a buscarla, la llevaré a la habitación de ustedes.

- De acuerdo, sí. Perdón, estaba perdiendo la cabeza ya.

- Tranquilo. Ya pasó, están a salvo.

- Ahí voy.

Stan soltó el suspiro más largo y liberador de su vida, y sonrió a pesar de sentir la garganta apretada. No se quedaría del todo tranquilo hasta verlos, y tenía que descargar toda la tensión que tenía en el cuerpo. Corrió de vuelta al castillo como si su vida dependiera de ello, quedaría completamente agotado y al límite de su resistencia, pero no podía esperar para llegar.

Hasta que llegó, parecía que ya todos se habían calmado también, o quizás Xeno había pedido espacio y discreción. Entró como un trombo a la habitación, y se encontró solamente con su amigo haciéndole compañía a la joven en silencio, y ya habían acostado a Neal en la cuna junto a la cama.

- ¡Kohaku! ¡Por dios, Kohaku!

No detuvo su ímpetu allí, y la abrazó con fuerza, demasiada, haciéndola soltar un quejido de incomodidad, pero no podía contenerse. A pesar de la preocupación y de que estaba enojado de que ella hubiera sido tan irresponsable y egoísta al "escaparse" así, al verla no pudo más que abrazarla y dejar salir todo su alivio y angustia contenida. Sólo había querido verla bien, a salvo, así como a Neal, y era todo lo que importaba y agradecía.

- Stan, me estás...

- ¡Cállate, idiota! –Exclamó al borde de las lágrimas, sobresaltándola a ella y también a Xeno, sin soltarla ni aflojar su férreo abrazo que la estaba comprimiendo– ¡Maldita sea, no tienes idea lo imprudente que fuiste!

Kohaku estaba un poco turbada, Stan nunca le había gritado así. Tampoco sabía qué contestarle, de pronto no tenía palabras, aunque había dedicado varias horas de la tarde a pensarlas.

- Pero estás bien, estás bien –Continuó él, hundiendo el rostro en el cuello de ella, y luego cuando se calmó le apoyó las manos en las mejillas, mirándola de cerca con mucha intensidad –¿Por qué hiciste algo así? ¿Por qué te fuiste? Y con Neal, para colmo...

- Es mi hijo, no iba a dejarlo solo –Retrucó al fin, devolviéndole una dura mirada.

- También es el mío. Para empezar, no tenías que "dejarlo", porque no tenías que ir a ningún lado. ¿Qué demonios pasó por tu cabeza, Kohaku?

- Stan –Intervino Xeno, alzando un poco más la voz para llamar su atención, y lo miró con severidad– Tranquilízate.

- "Tranquilízate", lo dices tan fácil –Dijo indignado, con una sonrisa nerviosa– Estuve al límite de mi cordura hace un momento.

Finalmente, Stan la soltó, cediendo a pesar de todavía estaba hecho una bola de nervios. Xeno se puso de pie y caminó hacia su amigo, apoyándole la mano en el hombro, y se acercó para hablarle muy bajo al oído.

- Estuvimos hablando hasta poco antes que llegaras, está más calmada. Fue lo que pensábamos, lo sabe. Los dejo solos para que hablen ustedes, pero no la presiones ni la juzgues.

- Quédate, Xeno –Le respondió en el mismo tono.

- No, necesitan hablar esto a solas.

Los dos se miraron, el soldado frunciendo el ceño ante la última frase, ni le había gustado para nada la última mirada que le dedicó su amigo. Xeno salió de la habitación, y Stan se acercó a la cuna para chequear cómo estaba Neal. Estaba despierto, tranquilo, con su peluche favorito cerca. Le acarició la suave mejilla, y cuando el pequeño lo miró a los ojos y soltó sus tiernos gorjeos con una sonrisa apenas asomando al volver a ver a su padre, no se contuvo y lo levantó, dándole un beso en la mejilla. Lo apoyó contra su pecho y abrazó con delicadeza, aunque en realidad quería hacerlo con mucha más fuerza, como había abrazado a Kohaku. Inspiró profundamente sobre su cabecita, eso lo calmó casi al instante. Se sentó en la cama, y guió a Kohaku con la mirada para que ella también se sentara, dándole a entender que pretendía hablar con serenidad y civilizadamente. La rubia se sentó en silencio, sin mirarlo, pero él no necesitaba hacer conexión visual para darse cuenta que los siempre luminosos ojos aguamarina habían perdido un poco de su luz, lo que le comprimió el corazón.

- Kohaku, ¿por qué te fuiste del castillo de pronto? ¿Qué pasó?

- Necesitaba estar sola, y pensar.

- Te buscamos por cielo y tierra, no apareciste por horas... ¿En qué túnel estabas?

- El que hicieron mis amigos para entrar al castillo y secuestrar a Xeno un año atrás, ¿no te acuerdas?

- Ah... Oí algo, pero nunca lo vi, ya que dijeron que se había derrumbado.

- Algo así, pero una parte seguía siendo accesible. No pensaba ir allí, simplemente estaba caminando buscando un sitio en el cual pudiera pensar tranquila sin interrupción, y me lo topé. Estaba vacío y lucía seguro, así que entré y me quedé allí. No te preocupes, Neal durmió bastante, no le hice pasar un mal momento.

- Me alivia que no hayan estado dando vueltas entonces –Suspiró– Entiendo que todo esto fue porque oíste la conversación que estaba teniendo con Xeno.

- Sí. Cuando llegué ya estaban hablando... tú decías algo de que la misión era arriesgada, que querías disfrutar la vida y ver crecer a Neal, pero que si las cosas salían mal... –Se calló, no podía volver a repetir todo eso– Luego le pediste a Xeno que prometiera que nos iba a cuidar, si no volvías.

- Kohaku, que lo dijera no significa que estoy pensando que vaya a suceder. Voy a darlo todo para volver a salvo, con ustedes.

- No, pero sigue siendo una posibilidad –Replicó, en un murmullo– Y lo entiendo, que por tus habilidades seas la mejor opción para poner fin a la amenaza del Whyman y las medusas, junto a los otros que sean elegidos. No puedo pedirte que no vayas, sería egoísta de mi parte, más si eso podría salvar al mundo definitivamente, permitirnos un futuro seguro a todos.

- Esa es la idea, veo que lo entiendes. Si no hay futuro para la humanidad, no lo habrá tampoco para nosotros, ni para Neal –Miró a su hijo con cariño y seguridad– Los protegeré de la forma que pueda, lo daría todo para que estén a salvo.

- Sí, justamente... Todo –Remarcó esa última palabra con amargura– Eso era lo que tenía que pensar en frío, porque tuve miedo de la posibilidad de que no regresaras, de perder tan pronto la familia que estábamos empezando a ser y sentir, así como no quisiera que Neal sufra por eso desde tan pequeño. Pero tampoco puedo retenerte y pretender atarte a nosotros, ignorando todo lo demás, que no somos los únicos que te necesitamos.

- No "estábamos" empezando a ser una familia, lo estamos siendo, en presente –La corrigió, con una pequeña sonrisa para animarla, así como sintió una ola de calor en el pecho al oír que Kohaku también lo pensaba como familia, y que lo necesitaba.

Stan esperaba que Kohaku aceptara esa corrección y siguiera hablando, pero en su lugar la rubia se calló, y su mirada se volvió más opaca. Eso le provocó una sensación de incomodidad, y una bola de nervios comenzó a hacerse presente en su estómago repentinamente, su intuición había percibido algo antes que su mente, y las palabras de Xeno volvieron a él. Ante eso, y para no incomodar a su hijo, se levantó para volver a acostarlo en su cuna. Que Kohaku no siguiera hablando mientras él hacía eso comenzaba a confirmar su sospecha. Cuando se aseguró que su bebé estaba tranquilo, regresó a sentarse en la cama, y ahí fue cuando la joven continuó hablando, sin mirarlo a los ojos.

- Llegué a la conclusión de que no me interpondré en lo que decidan con respecto a la misión, si tú tienes que ir, lo apoyaré por el bien de todos. Tú harías lo mismo conmigo, lo sé. Pero creo que en ese caso convendría que empecemos a poner distancia entre nosotros desde este momento.

- ¿Qué...? –Los ojos zafiro del soldado se abrieron mucho, y un estremecimiento lo recorrió entero. Se esperaba algo malo, pero no eso.

- Comenzar a desapegarnos, me refiero. Por las dudas, para que no sea tan insoportable después, si el peor escenario se vuelve realidad. No sé si sería buena idea estar juntos, ser felices y amarnos cada vez más durante los siguientes años, para después sufrir el doble. Cuando viajemos a mi aldea, yo podría quedarme allí con Neal, criarlo con mi familia. Y tú volverías aquí y se dedicarían al cohete y la misión, pase lo que pase luego.

- ¿Qué dices? No... Kohaku, detente... –Murmuró con un hilo de voz, sin poder creer lo que oía.

- Quizás así será más fácil para todos. Yo creo que podría recuperarme, pero que nuestro hijo ya más grande un día se despida de ti temporalmente con toda su inocencia, y luego se pregunte por qué su padre no vuelve, ni volverá nunca... Sería demasiado duro, no quiero que sufra tanto, no lo merece...

- Kohaku, basta –La interrumpió, alzando un poco la voz– Deja de pensar que lo más seguro es que no vuelva, más bien eso es lo menos probable. Tampoco será una misión suicida, ni iré solo. ¿Te crees que aceptaría tan fácil ir, si supiera que con eso los estaría abandonando de seguro? Lo último que quiero en mi vida es perderlos. Si hasta ahora acepté, es porque confío en que volveré sano y salvo.

- Pero no lo sabes.

- No, ni lo sabremos hasta estar ahí e intentarlo, así como no sabemos lo que puede suceder mañana, ni el año que viene, ni en diez años. Y no me refiero solamente con esta amenaza de por medio, tampoco era una certeza en el mundo moderno. Sólo nos queda vivir y disfrutar al máximo el presente, dándolo todo.

- Tal vez hubiera pensado lo mismo un año atrás, pero Neal lo cambió todo. Piénsalo, no es tan mala idea mi idea. Seguiríamos en contacto, pero no tanto como ahora. Y si todo sale bien, volveríamos a estar juntos, ya para siempre y seguro, si quieres.

- Si va a ser así, entonces no iré –Replicó, luchando contra la sensación de que sus entrañas se retorcían por dentro.

- ¡No puedes no ir!

- El costo es demasiado alto. No me importa, que me llamen egoísta... pero si perderte a ti y a Neal está en juego, entonces no iré. Ya te dije una vez que hubiera considerado desobedecer una orden de haber sabido antes cuánto te lastimaría, y a mí mismo, no voy a tropezar dos veces con la misma piedra. Y esta vez es más personal.

- Yo no soy tan importante como salvar el mundo, no me pongas a ese nivel.

- No para los demás quizás, pero tú eres mi mundo, el renacuajo y tú lo son, ya te lo dije, y lo decía en serio. El cohete podría tomar no menos de cuatro años en construirse, y todavía falta más de un año para comenzar a hacerlo. Neal podría tener seis años para cuando se lleve a cabo la misión. ¿Quieres alejarme de ti y de mi hijo todo ese tiempo, sólo por miedo y un "por las dudas"?

- No digo que quiera hacerlo, sino que será más fácil hacerlo ahora.

Stan quedó boquiabierto, estaba estupefacto y seguía sin creer lo que estaba oyendo, en especial que Kohaku lo dijera tan resuelta y segura, como si ya fuera una decisión tomada. No había lágrimas en sus ojos, ni angustia en su voz, se preguntaba si eso lo había dejado salir antes, o si tampoco había sucedido. Por lo contrario, estaba siendo extrañamente fría y racional, no parecía ella. Por la noche le había dicho que lo amaba, incluso en medio de la oscuridad había percibido la dulce y cálida mirada en sus ojos, las caricias habían sido tan suaves como apasionadas, el abrazo que compartieron luego los había fundido. ¿Dónde había quedado todo eso? ¿Cómo podía de pronto decir que sería fácil separarse? Además, estaba sugiriendo separarlo de su hijo, no solamente de ella. Él no podía ya concebir una vida sin ellos, una hora atrás su mundo había estado a punto de romperse a pedazos al imaginar que podría perderlos. Dudaba que Kohaku lo estuviera diciendo desde el corazón, tenía que romper la falsa coraza que ella había dado forma para protegerse, por los miedos que había expresado.

- No lo dices en serio.

- Sí, Stan –Asintió con firmeza, pero sin mirarlo a los ojos.

- No te creo. ¿No dijiste hace unas semanas que hasta querías que nos casemos? ¿Qué pasó con eso?

- Eso no fue lo que cambió, sino las circunstancias.

- Dijiste que tú también me amabas. No puedes hacer esto si me amas. ¿Acaso no fuiste sincera?

- Claro que sí lo fui. Pero es más difícil amarte demasiado, y perderte. Y que Neal te pierda. Mejor poner distancia antes de que el daño sea demasiado grande.

Lo sabía. Sabía que Kohaku estaba diciendo eso no desde el corazón, sino desde la cabeza. Entendía ese miedo, él también lo había sentido al pensar en la posibilidad de no volver a verlos cuando ella había huido, con todo lo que los amaba a los dos, y todo lo que tendrían por delante de seguro. También entendía su preocupación como madre, de no causarle dolor a su hijo, él tampoco querría hacer algo que lo lastimara. Pero a la vez sabía que si miraba a un costado y evadía si responsabilidad de cumplir la misión de salvar a la humanidad de la petrificación, tampoco habría ningún tipo de futuro para Neal, ni para nadie. No era una decisión fácil, pero tampoco había otra alternativa al momento.

- Kohaku, mírame a los ojos.

Escuchar las palabras de la joven eran como puñales en su corazón. Pero necesitaba que ella lo mirara y que se atreviera a repetirlas sin titubear, si las cosas iban a ser así, que se hiciera cargo completamente de lo que estaba decidiendo sin consultarle. Cuando los ojos de Kohaku se encontraron con los de él y se sostuvieron la mirada, físicamente le dolió el corazón. No podía soportar mirarle los ojos y pensar que era posible que en un futuro cercano dejaría de verlos, y no sólo los de ella, Neal tenía exactamente esos mismos ojos aguamarina tan hermosos y puros. Pensar en estar lejos de los dos sólo por una probabilidad le rompió el corazón, y lo que tenía delante de su vista se volvió turbio y borroso, sintió sus ojos arder.

- Es claro que no me amas tanto como yo a ti, aunque me lo esperaba –Le dijo con profunda tristeza, a la par que una lágrima se había escapado de su control y recorría su mejilla– No puedes hacerme esto, alejarme de mi hijo, y de ti. No es justo, Kohaku.

- Stan...

- Estamos haciendo todo esto juntos, nosotros, y con los demás. Yo quiero más con ustedes, mucho más. Ya lo dije una vez, me encantaría mandar todo al demonio, y simplemente vivir juntos, en paz, sólo ser felices. Pero no es posible, esto no es un cuento, la realidad que estamos atravesando actualmente es otra, y tenemos que darlo todo para que ese "sueño" sí sea nuestra próxima realidad, más pronto que tarde.

Respiró hondo, sentía la garganta tan apretada que apenas podía hablar. No se molestó en secar otras lágrimas que se escurrieron de sus ojos. Podía asegurar ya que la muerte y el amor –y el desamor– eran las dos fuentes de tristeza más grandes que una persona podía experimentar. Luego continuó hablando.

- Te amo, Kohaku, cada día un poco más, al igual que a Neal, eso no cambiará. Son parte de mi vida, y ya no puedo imaginarla sin ustedes. Agradezco haberte conocido, todo lo que disfruté y conocí contigo, y que me hayas permitido conocer la felicidad de tener un hijo. Si estás tan segura de lo dices, entonces mírame a los ojos, y dime que no me amas tanto como para apostar a esa esperanza de tener un mejor futuro juntos, y prométeme que encontrarás un mejor padre para Neal, sea Xeno u otro.

Kohaku apenas pudo resistir sostenerle la mirada mientras lo escuchaba, ver a Stan llorando esa vez de dolor y no de felicidad era demasiado duro, además de saber que ella lo había causado, y las palabras de él contenían mucho amor sincero. Se le hacía más difícil cada segundo mantener su resolución, era imposible que lo mirara a los ojos y le dijera esas cosas. Nunca nadie la había amado tanto, y ella tampoco se había enamorado así de otro, y no tenía ni que pensar que no encontraría un mejor padre para Neal que el que ya tenía, todo ese amor y dedicación de Stan eran irremplazables. No dudaba que cuando su hijo creciera, iba a adorar a su padre, y ese justamente era uno de los miedos que ella tenía, que le dejara un agujero enorme en el inocente y demasiado joven corazón de su pequeño, de tanto que lo iba a extrañar.

Ella no se rendía, se jugaba todo por sus esperanzas, convicciones y valores. Aun cuando sabía que tenía todas las posibilidades en su contra, como las veces en que era consciente que sus enemigos eran más fuertes que ella, tampoco se rendía ni huía, peleaba hasta el final con todo lo que tenía. Así era ella, y ese era el legado que quería transmitirle a su hijo. ¿Pero cómo podría hacerlo, si se estaba rindiendo antes de luchar? Estaba traicionándose a sí misma, y además traicionando a Stan, el que lo tenía más difícil en esa situación, a decir verdad. Él tendría la responsabilidad sobre sus hombros de salvar a la humanidad, de proteger a los otros tripulantes, y también sufriría con alejarse de su querida familia, y con el miedo de que las cosas salieran mal a pesar de todos sus esfuerzos. No lo escuchaba quejarse, ni negarse, sólo pensaba en la victoria, en el futuro que quería, y en el peor de los casos, asegurarse que ella y su hijo estuvieran bien cuidados y fueran felices.

Con esos pensamientos en mente, sus ojos también se colmaron con lágrimas, y durante unos segundos más le sostuvo la mirada, un momento insoportable para ambos. No, a quién quería engañar, nunca podría decirle honestamente esas cosas a Stan. A falta de palabras, negó con la cabeza, y parpadeó para aclarar su vista. Quería abrazarlo y pedirle perdón por haber sido débil y lastimarlo, además de haberlo preocupado tanto durante la tarde, de verdad parecía que él había rozado su propio límite.

Ese gesto negativo fue suficiente para el soldado, una inmediata ola de alivio recorrió entera su cuerpo, y fue él el que no se contuvo y recortó la distancia entre ambos para abrazarla con mucha fuerza una vez más. Sólo que esa vez Kohaku no se quejó, sino que le devolvió el abrazo con la misma fuerza, incluso trepándose al regazo de él para rodearlo con sus piernas.

- Perdón, Stan. Perdóname. No podría decirte esas cosas.

- Lo sabía, lo sabía –Susurró él, con los ojos cerrados, su corazón volviendo a tomar forma y uniendo los pedazos que se habían resquebrajado– ¿Puedo decirte algo más sobre todo esto?

- Sí.

- Si de algo no me arrepentiría más adelante, sería de vivir al máximo, no de vivir a medias. Quizás antes no me importaba sacrificarme por un bien mayor, y como soldado siempre supe bien que la muerte podía estar a la vuelta de la esquina. Pero ahora no, tengo a quién cuidar y proteger por el resto de mi vida, y voy a honrar esa elección, eso potencia mi fuerza más allá de lo imaginable.

- Sé cómo se siente eso –Asintió ella, con una pequeña sonrisa en el rostro, al fin.

- Confío en mis habilidades, y en que volveré. De todas formas, si algo llegara a salir mal, preferiría que mis últimos momentos sean recordándolos a ustedes y la felicidad que compartimos... y no el pensar amargamente que estuve solo los últimos años, lejos de la mujer que amo, y de mi preciado hijo. Y en todo caso preferiría que me recuerden como el hombre que dio todo para salvar el futuro de su familia y la humanidad. Nada quitará la tristeza de una pérdida, pero quedará el orgullo del amor y la fuerza. Saber que tengo un lugar dónde volver, y personas que me esperan, es lo que me dará las fuerzas y la prudencia para asegurarme de regresar entero. Así que, ¿me esperarás?

- Sí, Stan.

Kohaku selló sus palabras con un largo y casi desesperado beso en los labios de él. El soldado soltó un gemido casi lastimero, con ese beso era como si se esfumara toda la pesadilla que había sido esa discusión, y volvía a ser ella, podía sentirlo en sus labios esta vez. Había estado tan cerca de perderlo todo, que desde ese momento todo cobró una renovada luz. Stan tomó nuevamente las mejillas de la joven entre sus manos, haciéndola mirarlo a los ojos, que ya se veían más limpios, los de ambos. Lo que más lo alivió, fue volver a ver el brillo cálido y animado en los grandes ojos aguamarina, la había recuperado completamente.

- Kohaku, nunca, nunca pienses que la mejor opción para vivir es conteniéndote, sólo porque tienes miedo de que las cosas no se den o no salgan bien. Si quieres algo, tienes que dar todo de ti, confiar en eso, y vas a ver cómo sucederá lo que quieres. Es esa seguridad la que lo volverá real.

- Pero no todo sale como queremos siempre –Dijo en voz baja.

- Tal vez no, pero te aseguro que saldrán peor si ni siquiera le pones toda tu intención y corazón a aquello, si caminas con una mano adelante y otra atrás, si ni siquiera tú misma confías en lo que quieres para tu vida. ¿Quién lo hará por ti, sino?

- Ja... En eso tienes razón –Admitió, con una pequeña sonrisa.

Stan apoyó su frente contra la de ella, antes de sonreír también, y decirle una frase que recordó en ese momento, siempre le había gustado y había sido su brújula.

- Apúntale a las estrellas, y por lo menos vas a llegar a la Luna.

Kohaku sonrió ampliamente al oírlo, y asintió. Se abrazó con más fuerza a él, agradeciéndole por la fortaleza y sabiduría que tenía, la había quitado del camino de la duda y los miedos, que ella misma sabía que no era su usual forma de pensar y actuar, más bien lo contrario. Todos podían tener un momento de debilidad, sin duda, pero lo más importante era tener alguien al lado que los volviera a impulsar a la luz, a ser como siempre. Se sentía tan bien estar así abrazados y conteniéndose, sanando lo que se habían lastimado, que se quedaron un buen rato de esa forma.

Unos minutos después, Stan la sintió tan quieta y que el abrazo de ella se había aflojado, que pensó que ya era hora de separarse. Pero cuando la miró, se sorprendió de verla profundamente dormida. Evitó moverse más, sonriendo con dulzura, sólo se acomodó mínimamente para sostenerla de forma más segura. Casi soltó una risa cuando se preguntó por dentro si siempre sería todo tan vertiginoso e intenso con Kohaku, para bien y para mal. Tenía sentido, ya que no era casualidad que eran una pareja demasiado joven y a la vez con mucho recorrido, eran como un bote en medio del océano, a veces estaría calmo, y otras habría tormentas con olas enormes que estarían a punto de volcarlos y hundirlos. Lo único que podía asegurar, era que había más posibilidades de reflotar y salvarse mutuamente si se mantenían juntos.

La volvió a mirar y le dio un largo beso en la frente. Luego se dio cuenta que se sentía tan tranquilo, que bien podía quedarse dormido también. Se acomodó otro tanto más seguro en la cama, era evidente que Kohaku estaba dormida bien profunda ya que no se inmutó, y apoyó la cabeza junto a la de ella y sobre su hombro al cerrar los ojos.

La siesta no duró mucho, Neal comenzó a llorar ya que había mojado el pañal, pero el breve descanso les sirvió para calmar sus alborotadas emociones. Se ocuparon del pequeño y lo vistieron nuevamente, antes de salir de la habitación. Stan se dio cuenta que Xeno debía estar preocupado por cómo había terminado todo, en particular si Kohaku le había dicho algo de su conclusión de separación, no por nada la mirada de su amigo había sido tensa y los había dejado solos. Ya debía ser la hora de la cena, por lo que el soldado le ofreció a Kohaku ir juntos primero a dejar tranquilo a Xeno y que la crisis había pasado, y luego cenar con el resto. Cargó al bebé en sus brazos para llevarlo con ellos, y fueron a buscar al científico.

Tal como habían pensado, Xeno estaba inquieto, pero al ver a la rubia sonreírle dejó salir un suspiro de alivio inmediatamente. Para sorpresa de Kohaku, él también la abrazó, y pudo sentir cómo la tensión abandonaba el cuerpo de él.

- ¿Xeno?

- Quiero oír que ya no tienes en la cabeza ese poco elegante plan de alejarte de nosotros –Dijo con voz todavía un poco dura.

- No... ya no –Le contestó, y lo abrazó más fuerte– Mi vida está con ustedes, juntos. Donde y como sea, pero juntos, lo entendí.

- Gracias –Murmuró simplemente.

Levantó la vista para mirar a Stan, podía notar su rostro un poco hinchado y los ojos más colorados, había llorado. No era para menos, cuando él había oído que Kohaku pretendía alejarse con Neal en cuanto pudiera, se le había cortado el aire, pero no podía interceder demasiado ya que el problema no era tanto con él, sino con Stan. Se alegraba profundamente de que se hubieran arreglado las cosas, para todos. Consideraba que ya estaban en un agradable equilibrio, y quería mantenerlo así.

Durante la cena fue inevitable que hubiera miradas tensas y mucha intriga de qué había sucedido, y para evitarle el recuerdo del mal trago a Kohaku y Stan, y que nadie supiera todavía del tema del capitán como uno de los tripulantes, Xeno fue el que lo resumió muy brevemente, adjudicándolo a que ella había necesitado un tiempo a solas, y en el medio se había quedado dormida. No le importaba si los demás lo creían o no, en todo caso que les bastara para saber que no tenían que inmiscuirse, que lo dejaran atrás. El científico había hecho bien en quedarse a solas con ella en la habitación y evitar la muchedumbre.

Después de comer y de un buen baño, Luna le hizo un chequeo general a Kohaku y a Neal para asegurar que estuvieran bien después de la agitada tarde, y se contuvo de hacerle preguntas. Tenían mucha más confianza que antes, pero respetaba que quisiera dejar atrás el complejo episodio, si ya estaba bien. Stan se quedó mucho más rato en el baño caliente, también aprovechando para relajar toda la tensión que quedaba en su cuerpo. Cuando volvió a la habitación y se quitó la bata de tela, se encontró a Kohaku dándole el pecho al bebé, la última toma de la noche, y se quedó sentado mirándolos en silencio. En todo ese rato, la rubia percibió que Stan no le había quitado la mirada de encima, pero no había sentido tensión o presión en aquella mirada. Un par de veces lo miró de reojo, buscando detectar su ánimo ya que estaba muy callado y no sonreía, aunque tampoco se lo veía como si se estuviera conteniendo de decir algo, más bien parecía meditativo. Al terminar, Neal se había quedado prácticamente dormido, no estaba para juegos ni mimos, por lo que lo arroparon en la cuna.

Kohaku estaba al borde de la cama, dispuesta a acostarse, cuando sintió de pronto a Stan detrás. Primero sólo apoyó sus manos en las caderas de ella, apenas la acariciaba con el dedo pulgar de ambas manos. La rubia giró la cabeza y compartieron una larga mirada, también en silencio, hasta que él se inclinó para besarla. Sin dejarla darse vuelta, la abrazó por la cintura con más firmeza, y profundizó el beso. No era lo más cómodo quedarse así, pero a la vez se sentía contenida en los fuertes brazos de él, además que empezaba a sentir que Stan sí quería decirle algo. Ella también quería sentirlo cerca, después de toda la angustia de la tarde, necesitaba más que un fuerte abrazo y unos besos, necesitaba una conexión más profunda que reafirmara lo que sentían el uno por el otro. Sabía que tenían que contenerse todavía, pero quizás algo como la noche anterior no estaría mal.

Se giró completamente para quedar frente a él, y le colgó sus brazos en el cuello para atraerlo y besarlo. Había una urgencia apasionada oculta en los siguientes besos y caricias que compartieron, ella incluso tenía el pensamiento de que había estado a punto de alejarse por su propia decisión de todo eso y resignarse a una vida más fría. Qué equivocada había estado, agradecía que la hubieran ayudado a entrar en razón, o más bien, "en corazón". Ese pensamiento y saberse al fin donde verdaderamente quería estar la volvió más apasionada, y bajó las manos para abrazarse a la espalda y cintura de Stan, sus cuerpos más juntos, el de él más cálido ya que no tenía ropa de la cintura para arriba. El peli-plateado jadeó suavemente, y de pronto interrumpió los besos para mirarla con mucha intensidad, un fuego azul resplandeciendo en sus ojos zafiro siempre tan transparentes.

- No quiero contenerme, quiero vivir.

Kohaku parpadeó con un poco de confusión, no sabía a qué venía esa frase, cuando horas antes él había dicho que no le veía sentido a contenerse, y era bastante congruente con lo que pensaba y hacía. En lugar de explicarse, Stan se separó un poco de ella para sostenerla de la espalda y los muslos, y levantarla para cargarla en sus brazos. Estaban junto a la cama, por lo cual Kohaku no entendió realmente la necesidad de hacer eso, aunque al instante sintió un agradable calor recorriéndola, era como un detalle bonito y especial, un mensaje de él posiblemente.

Stan no dijo más nada, a continuación se arrodilló en la cama y la soltó lentamente en el medio. Le sonrió cuando la sintió estremecerse ligeramente, y se apoyó para quedar sobre ella a poca distancia. Le acarició la mejilla con cariño, y continuó esa caricia por todo el costado del sinuoso cuerpo, hasta llegar al dobladillo del vestido de dormir que usaba. La miró a los ojos con intención, pero sin decir nada, ella lo entendió al instante y asintió, por lo que le levantó el vestido y lo arrastró hacia arriba para quitárselo. Eso la dejó completamente desnuda de un segundo a otro, y se dejó besar y acariciar por Stan, que lo estaba haciendo con más delicadeza y dulzura que nunca, a la par de su calma y romántica actitud desde que la había cargado en brazos. Le costaba quedarse quieta sin hacer más que acariciarle la espalda o el cabello, aunque a la vez se estaba sintiendo hechizada con la tierna y casi devota forma en que él le besaba el cuerpo entero, el cuello, los pechos y el abdomen. Con la misma dedicación y suavidad continuó en su intimidad, sin prisas ni intención urgente de hacerla acabar.

Cuando Stan consideró que era suficiente, volvió a subir dejando un sendero de besos. Kohaku pensó que sus labios serían la última parada, pero él la sorprendió al mirarla a los ojos, y luego se acercó para depositar un suavísimo beso sobre sus párpados, primero uno, luego el otro. La rubia soltó una risilla, eso había sido inaudito, se había sentido raro.

- ¿Por qué me besaste los ojos? –Preguntó, tímida.

- Porque es lo más lindo que tienes, me encanta mirarlos, ¿por qué no los besaría también? Es como darle un beso a tu alma, bien especial.

- Oh... –Se sonrojó intensamente, a la par de derretirse por completo. Stan tenía un lado muy dulce, pero eso había sido demasiado hermoso. Le respondió con coquetería– Tú también tienes muy lindos ojos, y pareciera que hablaran.

- Ya que se parecen entonces a mi boca, ¿quieres besarlos? –Bromeó, provocándola.

- Sí.

Stan abrió mucho los ojos y parpadeó un par de veces, como si no se esperara que ella aceptara. Kohaku encontró adorable que el que se sonrojara entonces fuera él, y más aún cuando los cerró casi con entusiasmo, con una bonita y fina sonrisa dibujada en los labios, como un niño esperando un premio. La joven lo empujó suavemente para acostarlo boca arriba, subiéndose a horcajadas de él. Primero le dio un largo beso en los labios, y luego apoyó las manos en las mejillas de él, y con un poco de torpeza, se inclinó para besarle primero un párpado, y luego el otro. No podía decir que no lo había sentido raro, por lo cual rió, a la par de Stan que había sentido un poco de cosquillas y le había divertido la sensación, era la primera vez que alguien le besaba los ojos.

- Nada mal –Murmuró el hombre. Respiró hondo, colmado de los más bonitos sentimientos– Kohaku, hice unas averiguaciones... Y si bien no es del todo seguro, pero sí bastante, todavía tenemos casi un mes para poder tener relaciones completas.

- ¿De verdad podemos? –No pudo ocultar el anhelo en su voz, era como si le hubiera leído la mente.

- Sí, luego te explico en detalle las condiciones que requiere –La abrazó por la cintura, jalándola suavemente hasta que las rodillas de ella cedieron y quedó recostada sobre él– Ahora mismo siento que no quiero contenerme, quiero hacerte el amor.

- Stan... –Se estremeció agradablemente al oírlo, en especial porque había algo profundo y muy sentido en aquellas palabras. Asintió con seguridad y emoción– Yo también quiero.

Se dieron un largo y profundo beso, Kohaku aprovechó que estaba encima de él para darle su merecida cuota de caricias. Naturalmente lo hizo con la misma calma y dedicación que él, era parte del clima que estaban viviendo. Sin cambiar de posición, se acomodó alineando sus entrepiernas y fue bajando muy lentamente su cuerpo. Los dos gimieron a la par al conectarse, aunque ella lo hizo más fuerte, era bien intenso volver a sentir a Stan dentro de ella. Se dio cuenta que no era sólo la sensación física, sino que esa noche también se sentía colmada desde otro lado más sutil y emotivo. Se movió sobre él cadenciosamente, conectándose con cada sensación. Entrelazó sus dedos juntos, no sólo por la conexión, sino para tener un mejor apoyo y equilibrio y entregarse completamente a la danza de sus cuerpos.

Stan de pronto la jaló hacia él para abrazarla, y se giró de lado, quedando bien juntos como la noche anterior, pero en ese momento sí completamente unidos. Kohaku le rodeó la cadera con la pierna superior, de esa forma también sintiéndolo más profundo dentro de ella, y se movieron a la par buscando fundirse, acariciándose mutuamente y ahogando sus jadeos y gemidos en la boca del otro. Sólo sintiéndose y mirándose a los ojos, fueron escalando en el placer, también susurrándose palabras de amor al oído y junto a los labios del otro. Pocas veces habían alcanzado ese nivel de plenitud, paz y simbiosis al mismo tiempo, por eso estaban tan concentrados y a la vez sorprendidos de que fuera posible sentirse así.

La emoción se abría paso en ellos a la par del creciente placer que se expandía por sus cuerpos, colmando cada nervio. A medida que se acercaban al clímax, se abrazaron tan fuerte que faltaba poco para hundir sus dedos en la carne del otro y dejar allí las huellas imborrables, aunque en cierta manera lo estaban haciendo ya de una forma no visible. Fue tan intensa la liberación física y emocional que sintieron luego, que perdieron la cuenta de los minutos que pasaron en ese súmmum, nada más existía, ni siquiera fueron conscientes de sus cuerpos por un buen rato, sólo existía esa conexión primordial y sensible.

Esos momentos eran los que les revelaban que todavía les quedaba mucho por compartir, era como conocer capas y capas más íntimas y profundas, como si el corazón fuese el Sol, demasiado puro y caliente como para acercarse sin más. No cualquiera podía hacerlo, incluso ellos mismos tenían que tener el cuidado y la preparación de escalar niveles para acercarse cada vez más, y eso implicaba choques y crisis que los llevaran al límite, así como decidirse a entregarse y confiar plenamente en el otro. Era algo casi sagrado y por ello mismo no podía lograrse de un día para otro, ni con cualquiera, era el cúmulo de experiencias, sentimientos y elecciones que los unía y preparaba poco a poco para acceder a esas puertas cada vez más íntimas, que sólo ellos podían abrir, y las llaves tenían que forjarlas y pulirlas, hasta que finalmente estuvieran listas para coincidir.

Era un salto de fe, hacia la verdadera plenitud y felicidad. Era amor, puro e incondicional, tal como la esencia de la vida misma.

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Buenaaas! Compenso (sin querer queriendo) mi tardanza en actualizar con este capítulo que coincidió con varios aprendizajes propios de estas semanas, muy hermosos. Todo se conecta con todo, no es casualidad el momento y las temáticas que se cruzan y entrelazan. Me puse profunda, lo sé, espero que hayan disfrutado el capítulo, a pesar de la montaña rusa de emociones que hubo jeje. Me inspiraron mucho también las viñetas de Stan y Kohaku en el manga, les dedico este capítulo más que nunca a ellos dos, siendo que ya en unos días se termina el manga.

Gracias infinitas por todo el apoyo, compañía y amor, cada cual a su forma. Claro que esta historia trasciende y evoluciona a los personajes, y a veces pueden sentirlo raro, aunque en eso también creo que está la belleza de escribir y pensar nuevos escenarios, desarrollos y dinámicas, ninguno de nosotros es igual a sí mismos comparado al día o la hora anterior, lo mismo los personajes, las experiencias y aprendizajes nos cambian profundamente, poco a poco, y creo que hacia mejor.

Bueno, me emociono jaja. Hasta el próximo capítulo!