Luna apenas pudo mostrar su rostro al día siguiente, fingiendo un fuerte dolor de cabeza para quedarse en su cabaña la mayor parte del día. Ciertamente tenía el rostro colorado de a ratos, cuando recordaba con total vergüenza lo que había sucedido la noche anterior, que Xeno la había descubierto desnuda y tocándose, nada menos que pensando en él. ¿Podría haber algo más vergonzoso que eso?

Tenía que pensar cómo hacerle frente a la situación, tarde o temprano iban a cruzar sus caminos. Más allá de la vergüenza, lo que la mortificaba más era pensar que el científico podría mostrarse frío y serle indiferente, o directamente rechazarla, no sabía qué le dolería más. Dedicó ese día a imaginar las distintas posibilidades de esa dura realidad, como para hacerse la idea mentalmente de qué podría pensar o decir, además de que quizás así no le dolería tanto si las tristes expectativas coincidían con la realidad. Así resultó su nefasto primer día, lo cual acabó por verdaderamente causarle dolor de cabeza y ni siquiera tuvo ganas de salir para cenar, prefirió quedarse dormida desde temprano.

Por otro lado, Xeno sí mantuvo su actividad usual con sus ocupaciones, aunque no podía decirse lo mismo de su atención y de lo inmersa que estaba su cabeza en dichas actividades. No sólo lo seguía atormentando cómo iba a hablarle a Luna y pedirle disculpas por haberla mirado indiscretamente, por más que lo había hecho de pura sorpresa, sino que constantemente levantaba la cabeza y la buscaba alrededor con la mirada, sin encontrarla en todo el día. Todavía estaba indeciso de si corresponderle o no, aunque era más por dudas e inseguridad de cómo resultaría aquello, no podía decir que no le interesara en absoluto.

La otra que notó la ausencia de la rubia durante el día fue Kohaku, que todavía no se había enterado del vergonzoso episodio de los otros. Stan había sido discreto y disimulado, y ella no era chismosa como para sonsacarle la información. Al principio se había creído lo del dolor de cabeza de Luna, pero cuando luego notó que Xeno estaba inusualmente distraído y nervioso, incluso cometiendo errores y rehaciendo sus planos más de una vez, fue que supo que ese malestar era una mera excusa.

Esperó al día siguiente, decidiendo ir a buscar a la joven cuando no la vio durante el desayuno, así como tampoco la había visto en las comidas del día anterior. Dejó a Neal al cuidado de su hermana y su padre, que se mostraron encantados de poder compensar el tiempo ausente en la vida del bebé, y fue directamente a la cabaña de la estadounidense. La encontró comiendo a solas, mostrándose sobresaltada y con culpa de haber sido descubierta, seguramente estaba comiéndose las sobras de lo que había quedado del desayuno general. La preocupación la hizo ser muy directa.

- ¿Luna? ¿Por qué estás ocultándote aquí desde ayer?

Los ojos café de la médica se abrieron de par en par, ante la acusadora pero no menos cierta expresión de la otra. Dudó por un momento si decirle la verdad, o si buscar otra excusa, aunque la duda no duró demasiado, ante lo siguiente que oyó.

- Tengo cierta certeza de que estás así desde anoche porque sucedió algo con Xeno, él también está comportándose extraño. ¿Quieres contarme? Me gustaría ayudarte, y recuerdo que a ti... Bueno, que él te estaba empezando a gustar.

- Puede que lo haya arruinado –Murmuró Luna, con un hilo de voz.

- ¿Qué? ¿Por qué? –Preguntó sorprendida Kohaku, y se sentó junto a su amiga– ¿Le confesaste tus sentimientos?

- No, para nada. Aunque... Creo que después de ayer ya debe hacerse a la idea, de cualquier forma.

- ¿Stan abrió la boca demás? –Inquirió con molestia, ya predispuesta a amonestar al soldado.

- No, él no tiene nada que ver, yo sola lo arruiné, la culpa es toda mía.

- Hmm, no tengo idea de lo que sucedió. Si puedes ser directa y contarme, te agradecería. De verdad quiero ayudarte.

- Es demasiado vergonzoso –Musitó, sonrojándose, bajando la mirada. Luego suspiró, si había alguien en quién podía confiar y contarle, esa era Kohaku, no tenía ninguna otra buena amiga allí– De acuerdo, te lo diré.

Luna respiró hondo, cerrando los ojos brevemente para juntar valor, aunque no pudo mirar a los ojos aguamarina de la rubia.

- Xeno me encontró ayer en las aguas termales, desnuda, y haciendo algo íntimo... Tocándome –Agregó con voz apenas audible– Y siendo él en quién pensaba cuando hacía eso.

- Ni que pudiera leer tu mente –Bromeó Kohaku con torpeza, hablar de cosas íntimas no era su fuerte.

- No, pero me oyó... llamándolo en mi fantasía.

- Oh.

- Sí, "oh", y algo más que eso. ¡Aaaah, maldición! –Exclamó, tirándose a la cama, cubriendo su rostro con la almohada.

- Eeh... Bueno, eso... ¿Qué hizo él?

- No lo sé, apenas lo vi quise hundir mi cabeza en la tierra, y salí corriendo. Allí estaba boquiabierto, no se movía, pero me estaba mirando vaya a saber desde hacía cuánto tiempo. Aunque hubiera sido vergonzoso, hubiera preferido que sólo me viera desnuda, o incluso tocándome, todas las personas lo hacen... ¿Pero que además se enterara de que estaba imaginándolo a él haciéndome esas cosas? Ay, no... ¡No!

Kohaku se quedó momentáneamente en silencio, sin saber bien cómo contestarle o qué aconsejarle. No sólo porque era un tema vergonzoso del cual no tenía experiencia, sino porque además ella precisamente no había estado incluida nunca en la afirmación de que "todas las personas lo hacían". Sabía que Stan de seguro se reiría de escucharlo, él le había dicho algo parecido cuando empezaron a pasar cosas entre ellos en el castillo, y estaba segura que él no habría hecho tanta historia con respecto a eso. Tardó unos segundos más en decidir qué decirle.

- Hmm... Luna, no creo que debas sentirte mal por eso, todavía queda pendiente saber cómo se siente él con todo eso. Es decir, quizás con esto logre verte de otra forma, te corresponda el interés, ¿no?

- Sí que eres positiva, Kohaku –Contestó con una mueca– Más allá de las probabilidades de que eso suceda, el problema está en que no puedo siquiera verlo a la cara en este momento.

- Si quieres yo puedo hablar con él, o tantear cómo se siente.

- Suena tentador, pero eso no hará más que demostrar que soy una chiquilla que necesita que su amiga haga el trabajo sucio, vaya "chica capaz" –Resopló– No, déjalo.

- Aunque si Xeno te dice algo feo, ten por seguro que se ganará un buen golpe.

- Jaja... No puedo obligarlo a que guste de mí, y es tan elegante y caballero que dudo que se comporte de esa forma.

- ¡Ja! De todas formas, sería un idiota si no le gustaras, eres una mujer muy bonita, y fuerte a tu modo.

- Gracias, Kohaku –Dijo enternecida, y no frenó su impulso de abrazarla– Es curioso cómo tú eres más cercana y mejor amiga que mis propias compatriotas, me alegro de poder contar contigo.

La aldeana le devolvió un cálido abrazo, compartiendo el aprecio. No iba a insistirle más sobre el tema, Luna estaba mejor parada de lo que creía, y estaba segura que sería fuerte cualquiera fuera el resultado de aquella incómoda situación. La dejó allí, volviendo al reino científico para ayudar con el trabajo incesante.

Luna se armó de valor, dándose tiempo hasta el mediodía para encontrarse con Xeno. Como el día anterior había estado encerrada allí todo el día, decidió dar una vuelta en dirección al río, allí no había casi nadie a esa hora. Estaba un poco más animada, incluso más confiada sobre sí misma, si dudaba tanto era porque no se sentía tan capaz como se decía ser, y eso no podía permitírselo.

Volvió para la hora del almuerzo sintiéndose más fuerte, un poco nerviosa, pero podía manejarlo. Entró a la enorme cabaña que hacía de comedor techado. Miró dentro buscando a Xeno, aunque en su lugar se encontró con la expresión confiada y sonriente de Kohaku, a quién le devolvió la sonrisa. En su mente sería más fácil si ella lo encontraba primero, pero eso parecía que no iba a darse a primeras. Cuando se aseguró de que realmente no estaba, suspiró, luego dando la vuelta para salir de la cabaña, cuando de pronto casi se chocó contra alguien que estaba entrando, ella en su mundo.

- Ay, perdón, me puse en el medio...

No terminó de hablar ya que sus ojos se encontraron con un saco negro largo y unos zapatos relucientes, y tragó duro. Lentamente levantó la mirada, y el aire abandonó sus pulmones cuando supo que se había encontrado con la persona que buscaba. Xeno la observaba tan sorprendido y callado como ella, sus labios entreabiertos como si también quisiera decir algo, pero las palabras no salían de su boca, hasta que lo logró en esos breves pero interminables segundos.

- Luna, aquí estás. Quisiera que...

El que tampoco pudo terminar su frase fue el científico, aunque eso fue porque la joven de pronto dio unos pasos rígidos atrás, sonrojada hasta las orejas, y se giró para caminar a ese mismo paso e irse. Pensaba que estaba lista para hablar, para volver a verlo, pero cuando notó que él tenía casi la misma expresión en su rostro que la de hacía dos noches, su cerebro se paralizó por completo, había sido demasiado para ella. Sabía que estaba empeorándolo todo, pero simplemente no podía hacerlo.

Quién recibió las miradas intrigadas de sus colegas fue Xeno, quedando torpemente parado y expuesto, había sido demasiado evidente la incomodidad de Luna frente a él. Nadie iba a ser tan chismoso y atrevido como para preguntar, ni siquiera Stan y Kohaku lo hicieron, aunque en parte era porque ambos sabían de qué iba todo eso. Incómodo y para evitar preguntas, negó con la cabeza en cuanto cruzaron sus miradas, no era ni el momento ni el lugar para dar explicaciones.

Luna regresó cuando vio a la mayoría salir del comedor, asegurándose que no estuviera Xeno. Sería otro día de comer frío y lo que quedaba, pero prefería eso a la incomodidad que supondría evitar al científico, o si él volvía a acercarse a ella para hablar. La cuestión era que quería tener la iniciativa, necesitaba sincerarse y soltar todo lo que quería decirle antes de que él hablara, sólo de esa forma se quedaría tranquila.

Enterándose después de parte de Stan que Luna estaba buscando comer sola y al final por evitarlo, Xeno consideró que no quería presionarla, y le dijo a su amigo que esa noche prefería ser él quién comiera aparte, que le pasara sutilmente ese mensaje a Kohaku para que a su vez le dijera a Luna. Quería hablar con la joven y aclararlo todo para seguir adelante, pero entendió que tendría que ser más paciente.

El mensaje hizo su recorrido, y aunque la médica se sintió culpable de hacerlo apartarse, agradeció la intención, lo cual no hizo más que sentirse aún más encandilada por el caballeroso científico. Con eso también se obligó a sí misma a terminar de una vez con las escondidas, y aunque fuese lo último que haría en ese día, no iba a dejarlo pasar sin aclarar las cosas con Xeno, para bien o para mal.

Temprano en la noche, después de cenar, Stan y Kohaku estaban ya en la cama dispuestos a dormir. Habían acostado a Neal en su cuna, y entre alimento y mimos el bebé se había dormido apaciblemente. En cuanto ellos se acostaron, era evidente que estaban un poco ansiosos por hablar del tema, o al menos saber qué tan cerca o lejos estaba de resolverse.

- Xeno está un tanto distraído, ¿no lo crees? –Preguntó Kohaku con sutileza

- Nunca en su vida fue tan improductivo, sí. Todo tiene que comprobarlo tres veces –Stan no iba a perder su oportunidad– Y Luna es otra que no está haciendo mucho, justo que había dicho que iba a empezar a dar atención médica a los aldeanos.

- Y cómo quieres que lo haga, si está... Bueno, con la cabeza ocupada –Disimuló.

- ¿Con la cabeza ocupada en Xeno? –Preguntó mordaz el soldado.

- Hmmm... No estás lejos, pero no sé si debo decirte lo que sé.

- Lo mismo digo.

Se quedaron unos segundos callados, lo cual fue aún más incómodo ya que la intriga había aumentado exponencialmente. Se "atraparon" mutuamente al verse de reojo y sonreír ligeramente.

- ¿Secretos de alcoba? ¿Tenemos de esos ahora? –Preguntó Stan con una sonrisa pícara.

- Luna no quiso que hable con Xeno, pero no sé qué tan mal estaría que nosotros hablemos, si no sale de aquí.

- Oooh, interesante. Por supuesto que no saldrá, no somos así. Pero es más que obvio para ellos que nosotros sepamos algo de cada uno, y no estaría nada mal que, si los dos ponemos la información en común, podemos evitar otro malentendido o una decisión exagerada de los posibles tórtolos.

- Espera, ¡¿estás diciendo que Xeno podría corresponderle a Luna?! –Inquirió sorprendida y emocionada la rubia.

- Puede ser, quién sabe –Ante la expresión tan graciosa y sedienta de aclaración de la joven, Stan le guiñó un ojo y susurró– Te diré si tú me dices, ¿trato hecho?

- ¡Ja! De acuerdo, pero prometamos que no diremos ni palabra a ellos dos, a menos que alguno vaya a hacer algo muy inoportuno.

El soldado asintió con firmeza, mirándola a los ojos. Empezaron a contar lo que cada uno había hablado y observado de Luna y Xeno, tratando de no interrumpirse a menos que el detalle fuera demasiado bueno como para no comentarlo. Cuando terminaron, ambos pensaron que había más chances de que toda esa situación terminara bien, cuando los otros dos al fin decidieran tener una buena charla sincera. A Kohaku le alivió mucho saber que el científico al menos estaba considerando abrir su corazón nuevamente, por él y su felicidad, y también por Luna. Stan no obtuvo información relevante, salvo respetar más a la joven médica por su voluntad de resolver las cosas por sí misma. Zanjado el tema, se sintieron mucho más relajados, aunque el buen humor que les había quedado hizo a Stan probar su suerte en algo que había estado pensando más para sí mismo.

- En cierta forma, le tengo un poco de envidia sana a Xeno.

- ¿Eh? ¿Por qué? No es muy divertido lo que está pasando.

- No, no de eso. Sino que ya quisiera que algún día me dedicaras un manoseo tuyo. Hasta el día de hoy, tú me atrapaste con "las manos en la masa", pero yo a ti no.

- Eso es porque no lo hago –Rechazó rápida, sonrojándose con timidez.

- ¿Por qué no?

- ¿Eh? Pues... Porque no –Esa conversación le resultaba familiar, ya la habían tenido una vez.

- ¿Me estás diciendo que en todo este tiempo después que te iniciaste sexualmente, no te metiste mano ni una sola vez? ¿Es broma? –Preguntó Stan incrédulo.

- No... ¿Por qué lo haces sonar como que estoy en falta?

- Porque me sorprende que todavía no lo hayas hecho, más teniendo en cuenta que ya tienes mucha más experiencia en disfrutar del placer, y tú lo buscas.

- Hmm, también es cierto que siempre que estaba con ganas, tú estabas cerca. Y la verdad es que me gusta más disfrutar eso cuando estás conmigo, también me acostumbré a eso desde el principio.

- Ya veo –Asintió con una media sonrisa, y luego la extendió en una mucho más juguetona– Oye... Ahora estás conmigo, y me encantaría que lo hicieras.

- ¿Hacer qué?

- Tocarte –Contestó bajando la voz a una más seductora y rasposa.

- ¡¿Eh?! ¿De qué hablas? –Preguntó abochornada, sobresaltándose.

Stan se acercó más a ella en la cama, tocándole la cintura y rozándole la oreja con sus labios.

- Me encantaría verte tocándote y disfrutando de eso, mientras te excitas pensando en mí, y en las cosas que yo te haría para darte placer.

- S-Stan... –Murmuró, roja como un tomate.

- Sólo si tú quieres, pero amaría oírte decir mi nombre entre gemidos, verte tocarte como más te gusta.

- ¿Verme...? Eso es atrevido...

- Hemos hecho cosas mucho más "atrevidas" juntos. ¿Qué dices? Si estás tímida, puedo no mirarte, me conformo con oírte. ¿Me pediste matrimonio delante de toda la aldea, amigos y de mis colegas, y ahora no te sientes valiente delante de tu futuro esposo, en privacidad? No me lo creo.

Kohaku tragó duro, y sonrió nerviosa, considerándolo. Le avergonzaba mucho tan sólo pensar en hacer algo así, aunque al mismo tiempo le daba tranquilidad que fuera Stan el que se lo pidiera. Lo cierto era que no sabía cómo se sentía tocar sensualmente su propio cuerpo, tenía demasiado arraigada la creencia de que eso sólo era algo que experimentaba junto a otro hombre, algo que su pareja podía darle.

- Si quieres te ayudo un poco al principio, luego sigues tú sola –Agregó Stan con su voz acaramelada.

- Ay, no sé si pueda.

- Puedes. Sólo tiene que decidirte a probarlo. No hay acierto ni error aquí, relájate. Y si necesitas guía, estoy encantando de dártela... pero sin tocarte, seré tu espectador.

- Pero no entiendo, ¿de qué te sirve sólo mirarme? Yo no... Bueno, yo no pude sólo mirarte, cuando te encontré así durante la noche.

- Eso no estuvo nada mal, es muy excitante saber que te morías de deseo por mí. No subestimes a una criatura visual, lo cual los hombres somos en su mayoría. Y no te estoy diciendo que eso termine ahí, no te creas que me va a ser fácil mantener las manos alejadas de ti. Las manos y algo más, no te olvides que ahora tenemos protección extra.

- Ooh...

- Guárdate esa expresión para después, princesa. Vamos, ¿te animas? ¿Un show como regalo de compromiso?

- No sé qué es eso de "show" o de regalos de compromisos, creo que no hacemos esas cosas aquí.

- Entonces dame el privilegio de ser el primero en este mundo nuevo en recibir uno.

- ¿Así como fuiste el primer hombre en recibir una propuesta?

- Exactamente. Y ya sabes que, si eres una buena chica, a mí también me gustaría darte mi regalo, ya que me ganaste de mano en hacer la proposición.

- ¡Ja! Eso me gustaría.

- Esa es mi chica, nada mal. Manos a la obra, princesa.

Al mismo tiempo, a unas cuántas cabañas de distancia, Luna se había armado al fin de valentía y estaba caminando en dirección a la cabaña de Xeno, tenía que cumplir su palabra. Sus pies nunca le habían parecido tan pesados, y cuando llegó al fin a la puerta de la vivienda del científico, se quedó unos segundos allí, respirando hondo para tratar de calmar sus nervios. Golpeó la puerta, y unos diez segundos después Xeno abrió, evidenciando su gran sorpresa al verla allí, luego de tanto evitarlo durante dos días.

- Hola, Xeno. ¿Podemos... Podemos hablar? Perdona la hora, pero...

- No te preocupes por eso. ¿Quieres pasar adentro, Luna?

La rubia asintió, agradeciendo la cortesía, prefería hablar en un ambiente más privado. Nunca había entrado a la cabaña de él, y le sorprendía lo modesta y sencilla que era, aunque luego recordó que el científico se pasaba la mayor parte del día en el laboratorio, seguro no había tenido ni tiempo de haber pensado en decoración de ambientes. Había una mesita central con un plato vacío encima, así como una taza que todavía humeaba.

- ¿Quieres café? Estaba empezando a tomarme uno –Preguntó Xeno, disimulando su ansiedad.

- Bueno, gracias.

- Siéntate mientras lo hago, si quieres.

No era fanática de tomar café por la noche ya que era sensible a la cafeína, pero no quería empezar el encuentro rechazando algo. Se sentó en la otra silla vacía alrededor de la mesa, esperando en silencio, así como Xeno tampoco decía nada. Lo miró de reojo, podía verse que él también estaba un tanto nervioso, lo cual la consoló en parte, no iba a ser la única torpe esa noche. Cuando el científico regresó con su taza llena y se la entregó en la mano, ella le agradeció con suavidad, y esperó a que él se sentara para empezar a hablar.

- Xeno, si te soy sincera no sé por dónde empezar, así que te pido perdón por lo que viste... con lo que te encontraste.

- No tienes nada por lo que pedirme disculpas, Luna, no me hiciste nada malo –Se apresuró a contestar– Más bien yo...

- No, no, déjame hablar primero.

- Lo haré, pero quiero decirte que soy yo el que debe disculparse. No fue mi intención, pero me encontraste mirándote, hasta que te percataste de mi presencia. Tú estabas sola, en tu intimidad, por eso no tienes que darme explicaciones. No pretendí ser un mirón, no me respondía el cuerpo para moverme, solamente me sorprendió mucho que... que tuvieras ese tipo de interés en mí, y...

- Xeno, estás hablando mucho, por favor –Lo calló Luna, sonrojándose intensamente y aferrando sus manos en el dobladillo de su vestido.

- Ah, perdona –Se disculpó apenado.

- Más allá de lo que me avergüenza que me hayas encontrado haciendo eso, lo que quiero decirte es otra cosa –Inspiró hondo para animarse, aunque no logró mirarlo a los ojos– Sí, me empezaste a gustar hace unos dos meses, cuando operamos a John. Pero quiero aclararte que cuando estudié medicina contigo no fue un plan o engaño de mi parte para llamar tu atención, mi interés por mis estudios fue y es genuino, y lo mismo aplica para lo que quise ayudarte y estar cerca de ti últimamente.

- Ya veo –Musitó Xeno con calma, aunque su tono no reflejaba cuánto se le estaba acelerando el corazón al oír esas declaraciones y la convicción de Luna.

- Eso no quiere decir que también haya disfrutado de eso, o que parte de estar atenta a ti tuviera algo de ese motivo, es inevitable –Agregó, con una sonrisita culpable, disimulando mientras daba un sorbo al café– Eso es lo que quería decirte, no quiero incomodarte, aunque es inocente de mi parte pensar que todo va a ser igual que antes. Espero... Espero que podamos seguir trabajando juntos, no volveré a esconderme como estos días. Y sino, lo entenderé y lo sobrellevaré bien, soy una chica capaz.

Sin esperar respuesta ya que en parte no quería oírla para ahorrarse la desilusión de que pudiera salir mal, Luna se puso de pronto de pie para dirigirse a la puerta. A Xeno le tomó un instante darse cuenta de eso, pero cuando lo hizo, también se paró y fue tras ella, poniendo su mano en la puerta para que ella no la abriera.

- ¿De verdad quisieras eso, Luna?

- ¿Eh? –Soltó, sobresaltada.

- Que todo vuelva a ser como antes, que yo no esté al tanto de tus sentimientos.

- Ah... N-No, no... ¡No sé! –Reconoció, frustrada– Sólo quiero que no sea más incómodo de lo que ya es, para ninguno. Si te soy sincera, no soy muy optimista de que me veas de la misma forma que yo a ti, ya lo tengo bastante asumido.

- No lo sé yo tampoco, todavía.

Esa expresión sincera y con un tono de lamento de parte de Xeno causó un largo silencio a continuación, a la par que él bajó su mano de la puerta. Lo primero que Luna registró de eso, su rayito de esperanza, fue que un "no sé" no era un rechazo absoluto, y el "todavía" lo reforzaba. Lo último que quería era aferrarse a dicha esperanza y luego que no funcionara, pero no podía evitarlo. Por lo que en vez de insistir en irse de la cabaña, le dio unos segundos más a Xeno para que se explicara, a fin de cuentas no lo había dejado contestar. Lo vio cerrar los ojos brevemente, frunciendo el ceño, y luego respiró y levantó la mirada, para conectar sus orbes negros con los de ella, eran hipnotizante en su intensidad.

- Luna, déjame preguntarte algo, y te pido que seas completamente sincera.

- Sí...

- Necesito saber si hay alguien más en tu corazón ahora.

Los ojos café de la rubia se abrieron mucho, procesando esa consulta expresada con mucha intensidad. Le hizo recordar inmediatamente a lo que había hablado con Kohaku en el castillo. Tardó en contestar más por la sorpresa y por la presión que sintió en su pecho, que por dudar de la respuesta, ante lo cual él continuó hablando.

- Sé que tuviste sentimientos por Senku durante varios meses, y que hubo una... pseudo-relación en su momento. Puede ser él, u otro, no lo sé. Pero necesito saberlo ahora.

- Xeno, lo único que puedo decir de eso, es que fui una tonta enamoradiza, y que Senku se aprovechó de eso para ganar aliados, me usó, y aun así tampoco llegamos a unir manos o besarnos. Y luego de cómo engañó a Stan, a costa de Kohaku... Tú lo viste, le di un bofetón, y desde ese momento supe que no quería saber nada más con él.

- Entiendo. Es lo que suponía, pero tenía que saberlo de ti.

- No hay nadie más –Dio un paso adelante, animándose a sostenerle la mirada, luego sonrió mínimamente, esa era su última oportunidad– Parece que tengo debilidad por los científicos muy inteligentes y capaces, más cuando son completos caballeros que me respetan. Pero de esos sólo conozco uno.

El rostro de Xeno adquirió una expresión difícil de describir para Luna, una mezcla entre sorpresa y una media sonrisa, allí había orgullo y satisfacción.

- Luna, si te lo pregunto es porque no quiero jugar con tus sentimientos, así como tampoco quiero que lo hagan con los míos.

- No pensaba hacer algo así.

- Lo sé, pero prefiero dejar las cosas claras desde el principio.

- ¿Principio? Espera... ¿O sea que puede ser que consideres...?

- Es una apuesta grande que estaría haciendo para volver a confiar, pero si empiezo por desconfiar de alguien que está siendo tan honesta como lo estás siendo tú, y es innegable que considero que te has convertido en una mujer elegante, no sé qué más podría esperar de otra mujer.

Luna procesó lentamente cada palabra para estar segura de lo que oía y de interpretarlo correctamente. Xeno no estaba siendo explícito o aceptándola abiertamente, pero sin dudas había una puerta abierta allí, ese hombre era demasiado ambiguo, aunque no podía culparlo, era evidente que lo hacía por esa vulnerabilidad de la que hablaba. Consideró que sólo había una forma de tener una respuesta más sincera de él, sin presionarlo a pedírsela.

Dio un paso hacia el científico, que la siguió con la mirada, expectante. Era "ahora o nunca", por lo que se acercó otros pasos más hasta quedar a un palmo de distancia, apoyó sus manos en la solapa del saco de él, y se puso de puntillas mientras recortaba la distancia para darle un suave beso en los labios. Fue breve, demasiado, pero tenía que serlo porque no sabía cómo iba a reaccionar Xeno. Apenas sintió que él le correspondió, hasta dudó de si realmente lo había hecho. Pero cuando se separó ligeramente y lo miró a los ojos, sin dudas con el rostro ardiendo por su atrevimiento, encontró una mirada sumamente cautivadora en él, había hecho bien en apoyar sus manos en el saco del científico, ya que sus rodillas perdieron sostén al instante.

Xeno no dijo nada, sólo la miró con esa expresión seria y a la vez atrapante, invitándola a más. No supo si él había sentido el ligero estremecimiento tambaleante de ella, o si fue una petición silenciosa de que no se alejara, cuando lentamente y sin duda la rodeó por la cintura con una mano firme. No había vuelta atrás de eso, no sólo de la increíble, soñada e impensada situación en la que se encontraba, sino que ya se sentía completamente entregada y enamorada de Xeno. Impulsada por el intenso ardor en su pecho y una felicidad que se extendía por todo su cuerpo, volvió a acercarse a él con mucha más seguridad e ímpetu, llevando una mano detrás del cuello del peliblanco, para hundirle sus dedos en la cabellera y atraerlo hacia ella para darle un beso mucho más largo y apasionado.

El científico dejó escapar un suave jadeo al sentir tal intensidad, le sorprendía gratamente ese lado de Luna, le daba la impresión que la joven era de las que esperaban que el otro hiciera todo, fiel a esa imagen de caballero. Lo que más lo entusiasmó y emocionó fue el sentir tanto deseo de parte de ella, había pocas sensaciones tan buenas como esa, y eso sin dudas era algo que ni siquiera Kohaku le había dado. Con el ánimo renovado, y una cosquilleante electricidad recorriéndolo y calentándolo a la vez por dentro, no fue tan tibio esa vez, y la rodeó con sus brazos de una forma más segura para corresponderle la intención apasionada a la par de besarla profundamente.

La que soltó un tentador gemido dentro de la boca de él fue Luna, cada vez más encantada con lo que estaba sucediendo. Se moría de intriga por saber qué clase de amante era Xeno, aunque con su elegancia y caballerosidad ya se imaginaba que iba a resultarle terriblemente seductor. Su respuesta fue rodearle el cuello con ambos brazos y jalarlo hacia ella, con tanto ímpetu que provocó que perdieran un poco el equilibrio, y terminaron chocando sonoramente contra la puerta. Sin embargo, a Luna no le había molestado, más bien lo contrario, encontrarse arrinconada por el científico tenía algo aún más excitante, aunque no hubiera sido adrede. No sabía si estaría yendo demasiado rápido, pero ya le estaba molestando tocarlo por encima de tantas capas de ropa, por lo cual le tironeó el saco hacia abajo para sacárselo.

Al principio Xeno se mostró sorprendido, no esperaba que ella estuviera buscando hacer eso con él tan pronto, aunque no le molestaba la idea, le estaba agradando esa urgencia. En su caso, él sólo podía sacarle ese corto vestido que exponía de por sí bastante piel, por lo que su forma de corresponderle fue deslizando sus dedos por la espalda de la joven, rozando los cordones que allí estaban. Para su sorpresa Luna se removió para que el nudo quedara justo bajo los dedos de él, lo cual tomó como el mensaje de que podía deshacerlo. Sabía que no iba a cambiar mucho el estado de desnudez de ella, el vestido se sostenía con el moño detrás del cuello, esos cordones en la espalda, y los cordones en el escote. En cuanto lo hizo, apoyó su mano entera en la espalda de la rubia, acariciándosela hasta el borde inferior, justo donde ella tenía su cicatriz de despetrificación.

En respuesta, Luna también recorrió con sus manos la esbelta espalda del científico, aunque por encima de la camisa. Los besos no se detuvieron en ningún momento, hasta que Xeno abandonó los labios de ella, sólo para bajar un poco más y pasar a recorrerle el cuello a tentadores besos.

- Ahh, Xeno... –Gimió, estremeciéndose de gusto. Lo que él estaba haciendo empezaba a coincidir con sus fantasías.

Envalentonado por ese sensual gemido acompañado de su nombre, el científico bajó las manos que acariciaban la espalda de la menuda rubia, de pronto alcanzando por el contrario las amplias caderas que tenía, que sostenían el más que generoso trasero de ella. Considerando que la había visto tocarse pensando en él, debía imaginar que no era una chica tan delicada ni tan tímida, sabía lo que quería. Con eso en mente, no dudó en bajar sus manos un poco más para llenarlas con esas deseables curvas. Una sonrisa juguetona asomó en sus labios ante el suave jadeo que escapó de la boca de ella, aunque también tenía que aprender rápido que provocarla significaba hacerse cargo de las consecuencias.

Las manos de Luna acariciaron el abdomen de Xeno, mientras buscaba levantarle la camisa para sacársela de dentro del pantalón, y luego empezar a desabrocharle los botones, todo eso sin dejar de besarlo. Cuando finalmente logró revelar su torso, bajó la mirada para poder observarlo: Quizás Xeno no era de esos hombres súper fuertes y deseables con una tableta de chocolate por abdomen, pero era esbelto y firme, su cuerpo un tanto tallado por los mayores esfuerzos físicos de esos años. Apoyó su mano allí, rozándole la piel de una forma tentadora, y se animó a mirarlo a los ojos. Sintió un pulso ardiente en el vientre cuando se encontró esos ojos negros y brillantes como obsidianas, entrecerrados con una expresión de deseo que por poco la hizo gemir.

Ya le resultaba evidente lo que iba a suceder esa noche, no estaban empezando a desvestirse para quedar a medias, por lo que hizo un esfuerzo por escapar de esa mirada hipnotizante, y sin disimulo miró alrededor en la cabaña, buscando la cama. La encontró casi en una esquina, y con toda la feminidad y seducción que pudo, se giró completa para darle la espalda a Xeno, y jaló suavemente sus manos para animarlo a caminar en esa dirección. Lo que no calculó, fue que, al ponerse de espaldas a él, su trasero chocó por debajo de la entrepierna del peliblanco, pegando la zona baja de sus cuerpos. Xeno no iba a perder su oportunidad, y por un momento hizo la fuerza contraria para jalarla hacia él, haciéndola chocar contra su cuerpo. Se inclinó sobre ella para alcanzar a hablarle al oído.

- Si quieres eso está bien por mí, también tenemos protección. No pensé que la usaría tan pronto.

- Así como estamos creo que los dos lo queremos –Contestó, coqueta.

- Sólo debo avisarte algo, por las dudas. Luna, hace un año que no hago esto, yo...

- Oh, cállate, yo hace más de cuatro, no me hagas recordarlo. Sólo haz lo que tengas que hacer.

Xeno sonrió y asintió, sin poder contenerse en agarrarla de la mejilla y girarle un poco la cabeza para darle un profundo beso, así como estaban. Dejó que su otra mano reptara por el abdomen de ella, hasta quedarse en un ligero abrazo por debajo de sus pechos.

- Sigue así y no vamos a llegar a la cama –Susurró Luna.

- Sólo hagamos lo que tenemos que hacer –Retrucó el peliblanco, devolviéndole sus palabras.

Los dos rieron suavemente por lo bajo, después la médica fue más decisiva y unió sus manos mientras caminaba hacia delante, en dirección a la cama. Se giró con gracilidad cuando llegó al borde, sentándose en ella, agarrando sus largas botas para librarse de ellas. Xeno aprovechó para sacarse el cinturón y los zapatos, además de terminar de quitarse la camisa abierta, y luego se subió a la cama apoyándose en sus rodillas, para doblarse y quedar encima de Luna. Reanudaron los cada vez más candentes besos, mientras sus manos se dirigían al nudo del escote. Lo desató con facilidad, apoyando su mano entera sobre la piel sin interrupciones, para luego colarla un poco por debajo del vestido, ya que todavía seguía en su lugar por el moño trasero en la base del cuello.

Los pechos de Luna eran pequeños, elegantes, los cubría perfectamente con sus manos. Los acarició con suavidad, notando cómo Luna elevaba su espalda para acompañar el toque, buscando más. Ya que quería eso, la miró a los ojos buscando su consentimiento cuando llevó sus manos a la parte trasera del cuello de la joven, a lo cual ella asintió con fervor. Desató el moño simplemente jalándolo de una punta, y se recostó un poco más para acompañar su descenso con besos abiertos para saborear la tersa piel de la rubia, hasta llegar a los pechos.

Luna gimió de puro gusto cuando Xeno usó diestramente sus labios y lengua para complacerla allí, cada centímetro de sus senos, esa era una sensación que valía la pena volver a sentir, después de tantos años, no tenía comparación con sus propias caricias. Derritiéndose de placer, enterró sus dedos en la cabellera lacia del científico para darle a entender cuánto le gustaba eso. Lo más maravilloso de Xeno era que podía ser apasionado, pero nunca dejaba su estilo seductor y elegante, cuidadoso, que contenía una profundidad serena muy agradable.

Cuando consideró que la había complacido lo suficiente, Xeno continuó bajando por su abdomen mientras descubría su piel bajando el vestido. Aprovechaba para deslizar cada tanto sus manos por los muslos de la rubia, subiendo hasta las caderas, donde el vestido ya era como una falda muy corta.

- Quítamelo de una vez –Pidió Luna, que se estaba poniendo ansiosa de que la fuera desnudando tan de a poco.

Acatando la orden, Xeno lo jaló con un poco más de fuerza para bajárselo por las caderas, arrojándolo a un lado luego. Pensaba seguir su tarea, cuando lo sorprendió que ella lo empujó suavemente a un costado, para rodar su cuerpo y treparse al de él de costado. Luna adelantó su rostro para besarlo apasionadamente, mientras sus manos se dirigían al pantalón del científico, deshaciendo el botón y el bajando el cierre para poder quitarle luego la prenda. Ese era su turno de poder tenerlo a su merced, y se impulsó para quedar sentada a horcajadas de él, primero moviendo tentadoramente su trasero sobre la entrepierna de Xeno, buscando "despertarlo". Era sólo una provocación, porque en cuanto lo logró –adorando mientras los silenciosos gemidos y jadeos de placer que oía– se puso a gatas sobre él para volver a besarlo en los labios, empujando su lengua dentro de la pequeña boca del científico hasta dejarlo sin aliento.

Satisfecha y todavía un poco incrédula de al fin tener al célebre científico intimando con ella en la realidad, comenzó su propio sendero de fogosos y húmedos besos, a la par de rasgar delicadamente la blanquísima piel con sus uñas, sólo jugando. Xeno mantuvo su compostura, sólo evidente el aumento de su placer por sus pronunciados jadeos, además de no perder oportunidad en hacer una larga caricia sobre el trasero de su amante, para acabar hundiendo los dedos de ambas manos allí.

Luna estaba disfrutando mucho hacer eso, la calidez de los delgados músculos del peliblanco le hacían difícil querer alejarse. Le bajó los pantalones con decisión, mordiéndose el labio con tentación cuando al fin lo vio en ropa interior, su pronunciado bulto a la vista. Ya estaban en iguales condiciones de desnudez, y aprovechó que ella estaba "al mando" para seguir con su tarea. Tanto había fantaseado con tenerlo así, saborearlo y derretirlo de placer, así como luego ser ella la que lo gozara, que estaba muy decidida a darlo todo. Volvió a ponerse a gatas encima de él para bajar su cuerpo y besarlo, manteniendo sus piernas abiertas por fuera de las caderas de él. Gruño de gusto cuando sintió la excitación de Xeno directamente contra su intimidad, moviéndose encima para dar ese placer a ambos. Cuando llegó a un punto en que si seguía no iba a querer separarse, volvió a deslizarse hacia abajo para ocuparse de una vez de poder tocarlo íntimamente.

Primero lo provocó un poco más, tocándolo sin pudor y recorriendo con su mano por encima del calzón para ver qué se traía Xeno allí. "¡Promedio del lado generoso, qué bien!" pensó, aliviada de sentirlo interesante, eso no hacía más que apoyar sus fantasías. Le bajó el calzón sin más, asegurándose de mirarlo a los ojos con una expresión gustosa luego de contemplarlo, quizás era del tipo de hombres que necesitaba esa seguridad, ya que no se destacaba por su físico y la comparación más inmediata que le hacían era con Stan. Para reafirmar su satisfacción, se apoyó en sus codos para acercarse, y comenzó a acariciarlo íntimamente a lo largo. Como Xeno le había aclarado que "no hacía eso desde hace un año", suponía que lo decía para avisar que quizás no tendría mucho aguante, por lo cual entendió que bastaba con complacerlo un poco para darle el gusto, y no excitarlo demasiado para disfrutar más después.

Con eso en mente, sólo lo tocó un poco más antes de acercar sus labios al miembro. El largo y gutural gemido del científico la estremeció agradablemente, al fin lo oía expresar su placer sin timidez. Bien, la "chica capaz" tenía sus armas, se iba a asegurar de derretirlo de placer.

- Ooh, esto sí tengo que admitir que no lo siento hace muchos años –Dijo Xeno con voz rasposa.

Luna se sorprendió, tratando de contener una sonrisa orgullosa. ¿O sea que Kohaku nunca había llegado a hacerle eso a él? Bueno, tenía sentido, si su amiga no había tenido otras experiencias previas a estar con Stan y con él. Ese detalle fue muy gratificante, al menos para saber que verdaderamente podía hacerle sentir algo que sólo ella le estaría dando hasta la fecha, sin contar las novias o amantes de él previo a la petrificación mundial. Y lo cierto, era que se había informado muy bien de las mejores formas de complacer a un hombre, con el objetivo de conquistar también así a su futuro novio.

- Entonces voy a hacerlo sin contenerme... Si quieres puedes avisarme para que me detenga.

- Por favor, sí.

Le hizo mucha gracia a la rubia lo sincero y entusiasta que estaba siendo Xeno al respecto. Bien, si quería eso, iba a dárselo, y cuánto. Le puso todo su empeño para recorrerlo y saborearlo sin dejar centímetro sin atender, alternando distintos tipos de caricias, besos y succiones para asegurarse de volverlo loco de gusto. Y así estaba resultando, para su alivio y orgullo, el cuerpo del científico se movía ligeramente para acompañar el contacto, estaba segura de que si él fuera más suelto, se estaría agarrando a las sábanas. Los gemidos se fueron volviendo más fuertes y eróticos, hasta que de pronto Xeno la detuvo, apoyando su mano en la mejilla de ella con delicadeza, sonriéndole como pudo.

- Ya está bien, gracias. Excelente, qué elegantes... habilidades.

- Si de algo sabe una médica, es de anatomía –Contestó, con una risilla.

- Como dije, qué elegante –Sonrió a la par Xeno– No seré médico, pero puedo afirmar algo similar, permíteme.

El científico levantó un poco su cuerpo para abrazarla por la cintura, y así guiarla después de costado para hacerla recostarse, cambiando de lado y poniéndose él arriba. Agarró los bordes de las finas bragas de Luna para bajárselas, la expresión de ella cambió a una de expectativa y sonrojada, pero no mostraba vergüenza, sabía que quería eso. Era muy agradable la diferencia de estar con una mujer más experimentada y segura, no se arrepentía de darle una oportunidad. Bajó hasta colocar su cabeza entre los muslos internos de ella, empezando por depositar tentadores besos mientras los recorría de forma ascendente hasta llegar al sexo. Luna dejó salir un sonoro gemido ante ese primer contacto con su intimidad, tal como había dicho él, habían sido demasiados años sin sentir esa gloriosa sensación que parecía extenderse desde ese centro y por todo su sistema nervioso.

La rubia quedó momentáneamente desconectada de la realidad, sólo concentrándose en sentir, y no sabía si era que Xeno de verdad sabía muy bien lo que hacía, o si en parte ella se sentía mejor porque era con él, el objeto de su cariño y deseos, aunque de seguro era un poco de ambas, eso era lo mejor. Lo cierto era que el científico mantenía esa forma más lenta, detallada y sensual, no se dejaba llevar de una forma salvaje o arrebatada, sino que, aunque aumentara la intensidad lo seguía haciendo con esa intención. No se imaginaba a Xeno como el tipo de hombre que había tenido muchas amantes, se le hacía que era más de pocas parejas y largas, significativas. Podía estar en lo cierto o no, pero lo importante era que le estaba gustando mucho cómo estaba resultando esa noche, en lo emocional y en el disfrute sensual.

Llegó a un punto en que estaba muy excitada, necesitando más y más, quería sentir el peso del cuerpo cálido de Xeno sobre ella, quería abrazarlo y moverse a la par. Quizás era la ansiedad porque hacía demasiado tiempo que no compartía algo así con un hombre, y porque era la primera vez con él, más adelante podía tomarse más tiempo y con más calma para hacer cada cosa.

- Xeno... –Lo llamó casi con un gemido– Te necesito, ahora.

- ¿Ansiosa, Miss Wright? –Contestó con provocación, exhalando su aliento caliente sobre ella.

- Que me acabes de llamar así lo hizo, Dr. Xeno, tú sí sabes.

Así que Xeno sabía jugar también, el diablillo. No lo decía en broma, escucharlo decir "Miss Wright" la había excitado mucho más. Lo agarró de los brazos y lo jaló hacia ella con toda la fuerza que pudo, obligándolo a adelantarse hasta que sus labios se encontraron. La grave risa que se ahogó en su boca le pareció terriblemente sexy, confirmando que había pretendido jugar. Lo abrazó hundiendo sus dedos en la espalda de él, y también atrapándolo con sus talones cruzados por encima de su trasero para mantenerlo cerca.

- Espera, Luna. Necesito ponerme primero el condón.

- Ya lo sé, pero quiero sentir sólo un poco de esto antes, por favor –Susurró con la voz cargada de deseo.

Se movió como pudo contra él, empujando su pelvis hacia adelante para encontrarse con el duro y a la vez terso miembro masculino, y que este se frotara contra su punto más sensible. Los dos gimieron a la par ante ese contacto, tan cálido, perfecto y tentador, demasiado tentador, aunque se controlaron en limitarlo sólo a que sea superficial.

Se besaron profundamente mientras dejaban que sus cuerpos danzaran y se complacieran en esa provocación, gozando cuando la excitación de ambos lo hizo un poco más húmedo y resbaladizo, hasta el punto en que era peligroso seguir porque la calentura y la necesidad estaba a muy poco de hacerlos ceder al autocontrol. Llegado a ese punto, Xeno fue el que tuvo la fuerza de voluntad de separarse, lo que además le sirvió para controlar su propia excitación. Por suerte tenía una simple mesita cajonera junto a su cama, de la cual sacó una caja de metal que tenía los condones dentro. Estaba un poco nervioso con la expectativa de que funcionaran bien, era momento de probarlos personalmente.

En cuanto se lo puso y comprobó que estaba cómodo y bien en su lugar, decidió no preocuparse de más con eso, confiando en las pruebas de eficacia que había hecho. Volvió a sentarse en la cama, y como Luna seguía recostada boca arriba mientras lo esperaba, siguió con esa posición para ambos, él ubicándose encima. Le sorprendió que la rubia no avanzara con seguridad como antes, sino que lo miraba como perdida.

- ¿Luna? ¿Estás bien?

- Ah, perdón –Se disculpó, sacudiendo a los lados la cabeza– Sí, lo estoy, sólo que por momentos no termino de creer que estamos haciendo esto. ¡N-no estoy diciendo que dude, para nada!

- No te preocupes, te entiendo bien. Todos estos años, y recién ahora nos atraemos de esta forma.

- Sí, eso mismo.

- Sin embargo, tengo la elegante sensación de comodidad, de que se siente bien este cambio.

- ¡Yo también!

- Entonces no hay más que hablar por el momento.

Luna asintió, al fin volviéndose a relajar. La tranquilizaba mucho que Xeno se expresara de esa forma, era tal y como decía sentirse él. Unieron sus labios una vez más, largo y profundo, mientras el científico se iba recostando y acomodando para alinearse. Tan excitada y bien preparada estaba, que bastó un pequeño y firme empuje de él para entrar, y la sensación una vez más la hizo elevarse de ese mundo, quedando con la boca entreabierta en un ahogado gemido. Un rincón de su mente seguía consciente, registrando cómo Xeno la miraba a los ojos sin perder detalle de la expresión de ella, parecía sediento de verla disfrutar.

Se mantuvieron unos segundos así, ambos un poco perdidos en la ansiada sensación de unir sus cuerpos, tan cálidos y fluidos, parecían fundirse por dentro. En cuanto Xeno empezó a moverse, la fricción fue inmediatamente deliciosa, el punto justo para ambos en calzar como guante a medida. El científico estaba perdido no sólo en las sensaciones, sino en la contemplación de lo hermosa que se veía Luna, su pelo rubio un tanto alborotado contra la almohada, sus ojos café reflejando la iluminación de la cabaña, sus mejillas intensamente sonrojadas, y los labios tan tersos y tentadores, entreabiertos. El combo era perfecto, y lo fue más en cuanto ella empezó a acompañar los cadenciosos movimientos de él con los propios.

Fue llegando más hondo con cada lento empuje, hasta que se introdujo por completo. Allí fue cuando Luna gimió agudo, abrazándose con fuerza a la espalda de él, era algo de lo más intenso y placentero. Xeno le estaba dado todo de sí, en más de un sentido, aunque si podía pedirle algo más, si no era demasiado...

- Xeno, ¿puedes...? ¿Podemos juntar nuestras manos? –Llevó su voz a un tímido susurro, bajando la mirada– Siempre quise hacerlo así.

El científico parpadeó un par de veces, con varias fugaces preguntas por su mente, hasta que se dio que su pausa podría ser malinterpretada. Se apoyó en un codo y en sus rodillas para ofrecerle una mano libre, pequeña sonrisa dibujándose en su rostro. Luna le sonrió a su vez, agradecida, y esa expresión fue tan honesta y sentida, pura felicidad evidente, que Xeno inspiró bruscamente, cautivado por ella. Cuando se recuperó de la dulce sorpresa, guió la mano de la joven para apoyarla al costado de su cabeza, aprovechando así el apoyo de su codo, y por voluntad propia también le tomó la otra mano a ella, entrelazando sus dedos, y luego poniéndola de la misma forma.

- Xeno... –Susurró emocionada, ese hombre tenía una ternura impensable, para todo lo que ocultaba sus verdaderos sentimientos casi todo el tiempo, una verdadera pena.

Luna levantó su cabeza para besarlo, apretando los dedos de sus manos, así como lo rodeó fuerte con sus piernas, cruzándolas por encima de la cintura de él. No sabía todavía si funcionaría una relación entre ellos, esperaba que sí, se valía soñar, pero por lo pronto pensaba disfrutar esa noche también soñada hecha realidad, era un buen principio. Cuando Xeno volvió a moverse dentro de ella con más ímpetu, la rubia le correspondió con sus propios empujes acompasados. Aquella nueva intensidad los hizo gemir a la par, sus bocas entreabiertas conectándose ligeramente a través de los labios, pero sin realmente besarse ya que el cúmulo de sensaciones que los abrumaban se encontraban especialmente más abajo.

Cuando lo oyó empezar a jadear de una forma más fuerte y exigida, Luna lo soltó de su abrazo completo, y empujó un poco el pecho de él para alejarlo un poco. Confundido por la momentánea detención, Xeno la miró a los ojos, y ella terminó de sacárselo de encima con una sonrisa, mientras lo empujaba otro tanto para recostarlo en el colchón. Rápida, se subió a horcajadas de él, aunque se quedó allí sin hacer nada, más que ambos mezclando sus respiraciones por lo cerca que estaban.

- ¿Puedo ocuparme yo del final? –Preguntó, coqueta.

- Sí... Sí...

Luna no iba a admitir en voz alta que se imaginaba que Xeno habría acabado en menos de un minuto si no lo detenía como hizo, por lo que disimuló con besarle el cuello y acariciarle el torso por un breve rato, dándole tiempo de bajar su excitación. Ella misma sentía que no estaba muy lejos de tener su clímax, sólo faltaba un poco más, a su ritmo y en el lugar justo, que sabía que lo conseguiría si era ella quién llevaba el control. Para no perder esa excitación que había logrado, seguía frotándose contra él cadenciosamente, hasta que sintió que la respiración del científico se calmó un poco, y ahí se alineó para volver a dejarlo entrar en ella.

La sensación fue una de alivio, su interior recibiéndolo gustoso, llenándola deliciosamente. Se sentó bien derecha sobre él, volviendo a entrelazar sus dedos, un poco por apoyo y otro tanto por cariño, le había gustado mucho esa conexión más íntima. Movió sus caderas de la forma que sabía que más la ayudaría a conectar con esos puntos internos de máximo placer, sonriendo en cuanto no tardó en sentir cómo volvía a crecer esa sensación pulsante y creciente en su bajo vientre. Aumentó entonces su ritmo, gimiendo sin contenerse a medida que el clímax asomaba cada vez más, como una copa llenándose al máximo, al punto límite de rebalsar. Xeno estaba igual que ella, frunciendo el ceño mientras hacía todo lo posible por aguantar y durar un poco más, aunque se sentía tan bien que apenas podía controlarse, también dejando salir su voz en gemidos roncos.

Con un último impulso mantenido de mayor intensidad, Luna llegó a ese punto en que apenas podía coordinar los movimientos de su cuerpo mientras la ola de placer la invadía, continuando sólo para poder seguir sintiendo esa maravillosa sensación orgásmica, la compresión de su sexo alrededor del de Xeno tan fuerte que fue la señal que él necesitaba para también relajarse y dejarse ir.

Los dos jadearon pesadamente mientras recuperaban el aire, Luna podía sentir cómo el miembro de su amante pulsaba dentro de ella, liberándose dentro del condón, aun así era una sensación muy particular. Satisfecha con haber podido tener su ansiado clímax, esperó un minuto más mientras disfrutaba los últimos segundos de aquel encuentro íntimo, antes de levantarse para dejarlo salir, y dejarse caer a su lado.

- Permiso, me quiero sacar el condón –Dijo Xeno, levantándose para hacerlo.

Usó un papel para envolverlo y tirarlo a la basura, limpiándose luego con un paño. En esos momentos era cuando extrañaba la practicidad e higiene de un baño completo en la vivienda, como tenía en el castillo. Volvió con Luna, donde ella lo esperaba ya cubierta con las sábanas, recostándose a su lado.

- Xeno, ¿puedo quedarme? –Preguntó con timidez la rubia.

- Claro.

- No te sientas obligado, sólo si tú quieres, no es como que esté lejos de mi cabaña...

- Quédate, Luna.

Los ojos de la joven brillaron con emoción, eso le daba una gran tranquilidad interior, de saber que no había sido un mero encuentro apasionado, que podía haber lugar para algo más íntimo y emocional. En otra ocasión ya hubiera tenido en la punta de la lengua la pregunta "¿quieres ser mi novio?", pero iba a respetar que Xeno le había dicho que necesitaba un tiempo para ver cómo se daban las cosas, y que aun así era serio con ello. Tentando a su suerte una última vez en esa noche, se giró de lado y se arrastró hacia él, buscando al menos acurrucarse. Su corazón volvió a martillar con felicidad cuando el científico la aceptó, rodeándola con un brazo, y ella se animó a apoyar tímidamente su cabeza sobre el pecho de él, no podía pedir nada más.

- Buenas noches, Xeno, que duermas bien –Dijo con suavidad y contento.

- Igual para ti, Luna, buenas noches.

Al día siguiente, la expresión satisfecha y radiante se veía por igual tanto en Xeno y Luna como en Stan y Kohaku, que estos últimos dos estaban aliviados de ver al fin como los otros ya volvían a compartir el espacio con normalidad, podían intuir por qué ya que Luna por poco y despedía estrellas por los ojos, aunque intentaba disimularlo. Xeno se veía al fin sereno y controlado, sus ojos más cálidos y animados que días anteriores.

Esa mañana, Kohaku estaba ocupada con las tareas de ayudar a pulverizar materiales, cuando Ruri llegó corriendo al lugar a buscarla, agitada.

- ¡Kohaku! ¡Tienes que venir ahora!

- ¡¿Neal está bien?! ¡¿Qué sucedió?! –Preguntó inmediatamente, siendo que había dejado su hijo al cuidado de su familia en la aldea.

- ¡Sólo ven! ¡Rápido!

Las dos corrieron a la par hacia la aldea, llamando la curiosidad de los demás por el camino. El que alcanzó a ver también ese movimiento a lo lejos fue Stan, que su instinto lo hizo reaccionar al instante y correr a su vez detrás de ellas para alcanzarlas, aunque no sabía por qué, pero que fueran en esa dirección tan apuradas sólo podía significar que podía haber pasado algo malo con su bebé. Cuando las dos hermanas llegaron a la choza de su padre, Kohaku apenas ahogó un jadeo y se cubrió la boca con las manos, los ojos muy abiertos, al ver al fin lo que requería tal urgencia: Kokuyo sostenía de las manos a Neal, que estaba caminando ayudado por el apoyo de su abuelo.

- ¡Neal! ¡Oh, mi bebé caminando! –Exclamó emocionada, sonriendo ampliamente.

- Con un poco de mi ayuda, pero sí –Dijo Kokuyo orgulloso– Ayer lo empezó a probar conmigo, lo hicimos varias veces durante el día, y hoy ya lo hace muy bien, aprende muy rápido este niño.

- ¡Ja! ¡Claro que sí, es muy inteligente!

Kohaku caminó hacia Neal, poniéndose en cuclillas frente a él y agarrándolo de las manos para ser su sostén, reemplazando a Kokuyo. El bebé sonrió ampliamente a su madre, y mientras ella daba pequeños pasos hacia atrás y lo animaba a que él se acercara, el pequeño lo hacía con sus pasos lentos pero seguros. En ese momento, Stan entró con una expresión desesperada en la choza, agitado luego de su larga corrida, y antes de preguntar muy preocupado qué había sucedido, quedó boquiabierto al ver a su hijo dando esos pasitos de pie. Kohaku giró la cabeza para mirarlo, sonriendo ampliamente.

- ¡Mira, Stan! ¡Neal está caminando!

- Sí... Lo veo –Murmuró, admirado.

- ¿Caminamos hacia papá, Neal? –Preguntó Kohaku con ternura, cambiando de lugar para ponerse detrás de su hijo, y sosteniéndolo por debajo de las axilas.

- ¡Papá!

Stan sintió su corazón retumbar con fuerza de tanta emoción, no había nada más hermoso que los pequeños logros del crecimiento de su hijo. Asintiendo y sonriendo radiante, se arrodilló y estiró los brazos hacia adelante para recibirlo, animándolo a acercarse.

- Ven con papi, Neal.

El niño soltó una adorable risita, feliz de ver tan animados a sus padres, y levantó sus brazos para hacer equilibrio, mientras daba sus pequeños pasos. Kohaku lo sostenía lo más ligero posible, tratando de que su hijo fuera consciente de su equilibrio y de cómo avanzar sin caerse. Cuando al fin llegaron junto a Stan, el soldado lo levantó y lo abrazó con fuerza, dándole un sonoro beso en la mejilla de lo orgulloso que estaba.

- Ese es mi renacuajo. ¡Nada mal, Neal! –Lo volvió a apoyar sobre sus pies en el piso, de frente a Kohaku, siendo él quién lo sostenía– Camina hacia mamá ahora.

- Mamá. ¡Maaaa!

La dulzura de Kohaku estaba llegando a su límite, no había sonido más hermoso que el de su bebé llamándola todo feliz. Olvidándose del trabajo y lo demás, pasaron un rato más haciendo ese ida y vuelta en el que Neal iba de uno en otro, también hacia Kokuyo. Antes de dar por terminado ese juego de aprendizaje, Stan quiso probar algo más, según había estado observando en detalle cómo caminaba su hijo. Se puso de frente a su pequeño, y luego de que él diera unos pasos lo soltó, aunque manteniendo las manos cerca para atajarlo si perdía el equilibrio. La repentina ausencia de soporte fue muy evidente para el bebé, que de pronto se quedó quieto, dudando de seguir moviéndose.

- Ven hacia mí, Neal –Lo animó– Vamos renacuajo, tú puedes, camina hacia papá tú solito.

Neal se metió la mano en la boca con una expresión adorablemente seria, como si lo estuviera considerando. Ante la insistente motivación de su padre, hizo un leve vaivén, probando el peso de su cuerpo, inseguro de dar un paso adelante. Para animarlo más, Kohaku también se puso detrás de Stan, estirando los brazos hacia su hijo para llamarlo. Era tanto más fuerte ese llamado de querer ir con ellos que la duda, que acabó sonriendo y dando un paso, uno solo, manteniéndose en pie exitosamente.

- ¡Muy bien! ¡Otro más, Neal! –Lo felicitó Kohaku.

Se repitió la misma secuencia, de duda y luego decisión, en la que el niño dio otro paso más. Ante los cada vez más entusiasmados ánimos y palabras dulces que recibía, Neal imitó el aplauso de hacía su familia, soltando una de sus estridentes carcajadas de diversión, y de pronto le ganó el deseo de llegar junto a ellos y dio varios pasos seguidos, aunque cada vez más inestables y hacia adelante, sin poder equilibrar su propio cuerpo. Stan lo atajó a tiempo antes de que cayera al piso, recibiéndolo en sus brazos y felicitándolo con otro abrazo fuerte, mientras Kohaku se arrodillaba para darle sus cariñosos besos de puro orgullo materno.

- Pocas veces he visto un bebé que aprenda tan rápido, en eso me hace acordar a ti, hija, fuerte y sin miedo desde pequeño –Dijo Kokuyo, acariciando la cabecita de su nieto.

- Eso también es por cómo le enseñan y lo quieren, me encanta verlos –Añadió Ruri con dulzura.

- Ahora dejémoslo descansar, pero más tarde tenemos que mostrarle a Xeno, los otros abuelos y los demás, será la alegría del día.

- No hay nada mejor que la felicidad y la inocencia de un niño creciendo para alegrar a cualquiera.

Coincidiendo en aquello, más allá de que el niño en cuestión era de su propia familia, retomaron cada uno sus actividades. Stan volvió a trabajar, mientras Kohaku aprovechó para probar si su hijo tenía hambre en ese momento, ya que lo notó que se aferraba mucho a su pecho. Tal como imaginaban, su enérgico bebé se mostró muy dispuesto ese día y los siguientes a probar y mejorar su nueva habilidad, y fue la fascinación y ternura de todos.

Dos meses después llegó el día de su primer cumpleaños, que festejaron haciendo un gran banquete y dejando el día libre para los que quisieran, aprovechando el ánimo festivo. Para ese entonces Neal ya caminaba solo con más seguridad, yendo de los brazos de uno a otro apenas cayéndose, así como se divertía gateando. El siguiente gran avance estaba siendo que ya lograba ponerse de pie por su propia cuenta, agarrándose de algún objeto para ayudarse y sostenerse, y desde allí caminar. También era muy gracioso que le daban una caja de madera con hojas, juguetes y todo tipo de cosas dentro, y él las sacaba y las volvía a guardar repetidamente, balbuceando solo. Adoraba jugar con tierra y arena, lo cual a veces era un problema cuando había barro por una lluvia reciente, y él adoraba enlodarse entero, además de dejar su huella en la ropa y los rostros de quién estuviera cerca cuidándolo.

Kokuyo parecía otro hombre, mucho más suave y relajado, y había derramado incontables lágrimas de emoción el primer día que Neal aprendió a decir "abu", llamándolo como abuelo. Para ese entonces ya reconocía perfectamente que se refería a sus padres cuando decía "mamá" o "papá", no por simple repetición al oír las palabras, y así también fue que llamaba a sus abuelos, e intentaba decir "ti-ti" refiriéndose a Ruri y Xeno como tíos, aunque todavía le costaba pronunciar las consonantes y acaba diciendo "di-di".

Para completar la felicidad de ese día, Xeno comentó la novedad de que Senku y todos los tripulantes del Perseo estimaban estar de regreso a la aldea aproximadamente en un mes, ya estaban muy cerca, en Indonesia, empezando a poco de cosechar el arroz que habían plantado. Ante esa noticia, también fue la repentina urgencia de Yuzuriha por empezar a confeccionar y probar el vestido de novia de Kohaku. La rubia no entendía demasiado de qué iba eso, en la aldea no se vestían de una forma especial para casarse, más allá de una corona de flores y un ramo, pero cuando todas sus amigas insistieron en que les encantaría que fuera una boda en estilo moderno ya que les daba mucha nostalgia revivir la emoción de una así, la joven aceptó. Tampoco entendía por qué no podía hablarlo con Stan ni mostrarle el diseño elegido, si la boda era de los dos, aunque desistió cuando él mismo le dijo que era una costumbre, además que era más emocionante la sorpresa de verla toda hermosa en ese momento.

El mes pasó rápido, entre ocupaciones y la emoción del reencuentro, que sería además el punto de partida para empezar a construir todos juntos las partes del cohete con los materiales que los viajeros traían de todo el mundo. En ese tiempo, la relación entre Xeno y Luna se afianzó, y al fin el científico se relajó y estuvo a gusto lo suficiente como para dejar ver su cercanía públicamente, aunque sin definir ni dar explicaciones de si eran novios oficialmente o no. La rubia apenas podía contenerse de hacerle esa pregunta ella misma, aunque ya estaba muy feliz con el hecho de que siguieran juntos, pasando varias noches a la semana juntos.

Mientras tanto, Luna ya había rediseñado una pequeña cabaña para convertirla en una sala médica, disponiendo allí sus hierbas medicinales y sus herramientas para tratar a sus pacientes. Cuando inauguró ese espacio, Yuzuriha le había regalado un delantal médico con su nombre bordado en el bolsillo superior delantero, así como Xeno le había regalado un estetoscopio que le había pedido hacer a Brody, junto a un maletín lleno de sus herramientas personales, lo cual la dejó hecha un mar de lágrimas de emoción y orgullo, profundamente agradecida con todos ellos.

A mitad de semana, poco después de que saliera el sol por la mañana, el sonido de una sirena de barco sorprendió a los aldeanos, que nunca habían oído algo parecido y se despertaron alarmados. Cuando Kokuyo se asomó al borde del acantilado, alcanzó a ver a cierta distancia el enorme barco Perseo, aunque lucía distinto, más grande y metálico, y en él veía muy pequeños a sus tripulantes, saltando y gritando para anunciar su llegada. El ex-jefe encargó al joven Titan que corriera a avisarla novedad a todos los que estaban en el reino científico, de seguro iban a querer estar bien despiertos y listos para recibir a sus amigos.

También les sorprendió a todos lo rápido que se desplazaba el barco, no tardó más de quince minutos en llegar a la costa, y ahí fue cuando se enteró que tenía un tipo de motor muy avanzado y moderno que lo hacía así de veloz. Para cuando el grupo de jóvenes liderado por Ryusui y Senku había alcanzado el nivel de la tierra que conectaba con el reino científico, ya todos los demás los estaban recibiendo con gritos de felicidad y emoción. El primer fuerte abrazo fue entre Kohaku y Suika, la niña había corrido con los brazos abiertos y lágrimas de felicidad mientras llamaba a la que consideraba como su hermana mayor. Igualmente emocionada, la rubia hizo su parte para adelantarse y recibir en un fuerte abrazo a la pequeña, la había extrañado muchísimo.

- ¡Kohaku! ¡Te extrañé tanto!

- ¡Yo también, Suika, me alegro de que estés bien! ¡Te ves bien, más grande y fuerte!

- ¡Fue un viaje muy emocionante, no sabes los lugares y las personas que conocimos! ¡Me acordaba siempre de ti porque me imaginaba cuánto te gustaría estar allí!

- Lo sé –Asintió, enternecida– Pero estuve muy ocupada y bien aquí, y tienes que conocer a...

- ¡KOHAKU! ¡¿DÓNDE ESTÁ NEAL?! ¡QUIERO CONOCER A ESE MUÑECO! –Exclamó la siempre efusiva Chelsea, también corriendo a saltos de emoción.

- ¡Chelsea, bienvenida! –Saludó riendo Kohaku, abrazándola a ella también. Luego señaló hacia atrás– Está con Stan, justo allí.

- ¡¿Dónde?! ¡OOOOOOOOOOOOOHHHH AHÍ ESTÁ! ¡Oh sí, oh sí, es muy lindo! ¡Quiero abrazarlo!

Dejando atrás a Kohaku, Chelsea corrió hacia él, apenas saludando a Stan y los demás, centrando toda su atención en el pequeño, que el soldado cargaba en sus brazos.

- ¡¿Puedo cargarlo?! ¡¿Puedo?!

- Por supuesto –Concedió el padre, pasándoselo a sus brazos.

- ¡Oh por dios, es demasiado bonito! ¡Esos ojos, no me los creo, qué pestañas! ¡Y tiene tu misma cara, Stan, no me lo creo! ¡Buen chico!

- Sí, lo es, y guarda algo de emoción para cuando veas todo lo que hace ya apenas con poco más de un año de edad.

Mientras tanto, el resto de los amigos se acercaban muy entusiasmados a saludarse después de ese largo año, además de presentar a Sai Nanami, el hermano matemático y programador de Ryusui. El otro que se adelantó para dar un saludo especial y prioritario fue Chrome, que se acercó a Ruri alzando su brazo victorioso, con su usual exclamación de que "la ciencia era muy malota", desilusionando a todos los que esperaban un reencuentro más personal y emotivo.

- ¡Ha regresado el jefe de la aldea! –Exclamó Kokuyo hacia los aldeanos, dándole la bienvenida a Senku, que se acercaba con una media sonrisa.

- Ah, sobre eso, dejo el puesto, ya no lo voy a ser –Replicó con simpleza, rascándose el oído con un dedo, su usual gesto.

- ¡¿EEEEHHHHH?! –Exclamaron los aldeanos al unísono.

- ¡¿De qué hablas, Senku?! –Cuestionó Kokuyo, cuyos ojos casi se salían de sus órbitas.

- Lo acordamos con la leona por algo que sucedió. Le dejaré el lugar a Chrome, que fue el sub-campeón del torneo.

- ¿Ko-Kohaku? ¿Qué...?

- Luego te lo explico, papá –Suspiró Kohaku incómoda, frunciendo el ceño ante lo directo que había sido Senku, por más que todos los demás estuvieran al tanto de eso.

- ¿Qué novedades hay por aquí? –Preguntó Ryusui, salvando el momento incómodo– ¡Jaja, deseo verlo ahora!

- Bueno, además de todo el trabajo que estamos haciendo, pero no entendemos del todo... ¡Cierto, no lo deben saber! –Contestó Kokuyo, contento de poder dar una buena noticia él– Mi hija Kohaku se va a casar, estábamos esperándolos a ustedes para celebrar la boda.

Esa vez fue el turno de los viajeros de sorprenderse mucho, al instante exclamando sus felicitaciones para Stan y ella.

- ¡Jaja me encanta! ¡La primera boda del mundo de piedra! –Sacó un fajo de billetes del bolsillo de su saco, siempre llevaba algunos dragos encima– ¡Reservo los derechos de ser el primero en auspiciar la boda y la fiesta, como regalo a los novios!

- Ryusui... –Sonrió Kohaku, negando la cabeza con diversión, otro que nunca cambiaría, aunque, por el contrario, el ambicioso capitán marino era siempre amable y generoso.

- ¿De verdad, la gori... Kohaku se va a casar? –Preguntó Chrome.

Recibiendo el orgulloso asentimiento de Kokuyo, que estaba aliviado de al fin "normalizar" la unión de al menos de una de sus hijas, el castaño se quedó pensativo, y luego la miró a la sacerdotisa.

- Ruri, entonces si yo voy a ser el líder de la aldea, cuando terminemos el cohete malote para ir a la Luna, nosotros casémonos también.

- ¡¿EEEH?! –Exclamó ella en respuesta, sonrojándose furiosamente– Eh... E-está bien...

Aquel reencuentro no podía estar más lleno de momentos y sorpresas inauditos para todos, y por tercera vez un grito al unísono -esta vez de todos- se oyó al momento. Luego de reponerse de la sorpresa, Kohaku se palmeó la frente con la mano, resignada con lo sencillo y poco romántico que era Chrome, de verdad se superaba cada vez más, primero por su inocencia de no reconocer que amaba a Ruri desde muy joven, y en ese momento por hacer una propuesta tan casual.

- Creo que necesito sentarme –Murmuró Kokuyo, dividido entre la confusión y el alivio de que eso significara que al fin Ruri recuperaba su honor luego de su abrupto divorcio sin sentido, y podía cumplir con la tradición de ser la esposa del jefe de la aldea, y de uno que la iba a cuidar y querer bien.

Los saludos y conversaciones de reencuentro continuaron, aunque por suerte no hubo más sorpresas fuertes. Para esa noche organizaron inmediatamente otro gran banquete de fiesta y bienvenida, preparado por la deliciosa y siempre gourmet comida de François. Stan había estado esperando la vuelta de algunos de los viajeros, tenía algo pendiente que quería resolver con ellos. Se acercó a ellos durante el día, a solas y en momentos separados.

La pregunta que más se había repetido en ese día había sido la de qué iba a realizarse la boda, de lo cual no tenían respuesta. Estimaron en un mes, principalmente por la consideración de no apurar a Yuzuriha a terminar la vestimenta de los novios, así como también ella se había ofrecido por propia cuenta a hacer la ropa de fiesta de los demás amigos que así lo quisieran. Además, estaban a una semana de celebrar el año nuevo, lo mejor era espaciar un poco los festejos, y Kohaku también se aseguró de calcular la fecha que sería más conveniente para su ciclo femenino.

Por tradición de la aldea y como buen recuerdo de otros años juntos, pasaron el primer amanecer del año nuevo con la hermosa vista del horizonte, donde el mar y el cielo se encontraban. Lo bonito era que cada vez eran más aliados y amigos los que se sumaban, el reino científico crecía, junto con la esperanza de la humanidad, y los corazones que se encontraban. El resto del día fue tranquilo, y luego del atardecer, aunque hacía ya un frío que comenzaba a ser invernal, Stan le dijo a Kohaku de compartir una cena a solas, para celebrar lo que se venía antes de que terminara el primer día del año.

Dejaron a Neal dormido y al cuidado de sus abuelos, bien abrigado y ya comido. Kohaku se sorprendió cuando Stan le dijo que no hacía falta que llevaran nada, que la comida estaba lista en el lugar, por lo que le ofreció su mano con una sonrisa y la guió por un sendero a lo largo del bosque. Caminaron unos diez minutos, hasta un lugar donde podían oír el correr de un río cercano, el soldado iba muy seguro a su paso, ya había planeado el punto específico. La rubia de pronto alcanzó a ver una manta de piel sobre el pasto, al borde del río, con una enorme canasta en el medio. También había preparada al lado una fogata, aunque todavía estaba apagada, pero ya había un pilón de leñas y carbón prolijamente ordenado.

- Voy a encender la fogata –Avisó Stan– Así ya entramos en calor.

- ¿Tienes un pedernal o algo para empezar el fuego?

- ¿De qué hablas? –Rió el peli-plateado, y sacó un encendedor de su bolsillo– Y eso que vives con comodidades modernas hace unos años.

- Ah, lo siento, es la costumbre, al estar de vuelta en mi aldea.

Mientras Stan se ocupaba de eso, Kohaku encontró debajo de la canasta una larga tabla de madera, que serviría para poner en el medio de ambos y disponer allí la comida. Ya tenía una amplia sonrisa dibujada en el rostro al pensar cuánto Stan había organizado y planeado eso, mientras que se lo había propuesto de una forma de lo más casual. Había un paquete cerrado que él le dijo que no era comida, que luego se ocupaba, por lo que ella fue sacando los envases térmicos y de acero inoxidable que contenían la comida, un vapor caliente saliendo de su interior. Había varios platillos, con sopa, carnes, verduras asadas, bolas de arroz rellenas, pan y quesos.

- ¡Qué delicioso huele todo!

- Cortesía de François, ella lo cocinó.

El misterioso paquete contenía cuatro velones de cera y dos más pequeños, que Stan prendió con su encendedor. Ubicó los grandes en cada esquina, rodeándolos, y los dos pequeños sobre la tabla de madera, iluminando mejor la comida. Por último, sacaron una botella grande de agua, ya que Kohaku no podía tomar alcohol porque seguía amamantando, y dos copas de cristal muy elegantes.

- Qué bonita idea, Stan, gracias.

- ¿Te hace acordar a algo? –Preguntó él, sonriendo juguetón.

- A la última vez que comimos a solas y bajo las estrellas... Aunque en esa ocasión no había estrellas, porque estaba todo nublado.

- Así es. A nuestra primera "cita", que fue idea tuya y totalmente improvisada –Y agregó, con un guiño seductor– No terminó nada mal.

- ¡Ja! No terminó, de hecho –Ante la mirada confundida de Stan, aclaró– Es decir... Neal nació a partir de esa noche, así que podría decirse que esa cita empezó todo el "nosotros".

- No diría que lo empezó, ya para ese entonces había pasado algo entre nosotros y era obvio que sentíamos cosas. Pero sí fue el principio para reconocer que había lugar para el amor, al menos para mí.

- También fue así para mí, a pesar de lo que pasó después... Y mira ahora dónde y cómo estamos, juntos.

- Por siempre, se viene lo mejor para nosotros, lo sabemos –Le tomó la mano y se la besó, mirándola a los ojos– Te amo, Kohaku.

- Sí, así será. Yo también te amo, Stan, mucho.

Se estiró por encima de la mesa para darle un largo beso en los labios, que aumentó un poco de intensidad con una intención más provocadora cuando con su mano libre lo agarró por la parte trasera de la cabeza.

- Oye, no tenemos que empezar esta cita por donde terminó la otra –Dijo divertido, luego de corresponderle el beso fogoso– Tenemos que comer, pero primero la comida, no entre nosotros.

- No puedo decir qué sabe más rico, si tus besos, o la comida.

Kohaku sonrió con diablura, dándole un último beso así de apasionado, antes de uno más dulce y casto, y luego volvió a sentarse fingiendo inocencia.

- Qué encanto, nada mal –Silbó Stan, un poco sonrojado por el halago juguetón– ¿Dónde aprendiste eso?

- No lo sé, tú dímelo –Retrucó, mirándolo con intención– ¿Quién vive del aire, la comida, y la provocación?

- Aprendiste bien, mi joven padawan –Bromeó el soldado.

- ¿Joven qué? ¿Qué es eso?

- Nada, perdón, era una referencia del mundo moderno, no la entenderías. Mejor diré "Aprendiste bien, mi futura señora Snyder".

Mientras reían por lo bajo a la par, divertidos y coquetos, empezaron a comer. Como no podía ser de otra forma, todo estaba delicioso y calentito, y lo que se iba enfriando lo pinchaban con los cubiertos metálicos y lo acercaban al fuego. Hablaban tranquilamente, de ellos, de lo animado que se había vuelto todo desde que al fin el grupo entero se había juntado, y por supuesto de su adorado y precioso hijo, que los asombraba todos los días, así como los ponía a prueba y les hacía desarrollar diferentes "virtudes" y sentimientos únicos en la vida.

Cuando terminaron de comer, guardaron la comida en la canasta y quitaron la tabla de en medio. Stan se sentó con las piernas cruzadas, invitando a Kohaku a que se sentara en el hueco que estas dejaban, para estar más cerca y calentitos juntos.

- Ah, hay algo más, de postre.

- ¿Postre?

- Sí, algo rico y dulce para terminar la comida –Sacó un paquete de un compartimento pequeño de la canasta, lo abrió y se lo ofreció– Frutas secas caramelizadas, y garrapiñadas de maní, algo que solía comer mucho para las fiestas de fin de año cuando era pequeño.

- ¡Me gusta lo dulce! –Tomó un puñado y se lo metió en la boca– ¡Oooh, qué rico!

- Mmm, sí –Coincidió, cuando él también las probó, una sonrisa satisfecha e inocente dibujada en su rostro– François es genial, lo hizo perfecto.

Se acabaron los dulces en un par de bocados, quedándose abrazados un rato más. Stan levantó la cabeza para mirar hacia el bosque, estaba muy tranquilo y silencioso desde hacía un rato, y de pronto sonrió para sí mismo.

- Kohaku, ¿recuerdas la canción que me cantaste esa noche, durante el baño?

- Hmm, creo que sí recuerdo un poco, pero como era en inglés ya en estos dos años se me olvidó, creo, por lo menos sin volver a escucharla.

- Yo lo que me acuerdo es que cuando hiciste eso por mí, no pude hacer más la vista a un costado y tuve que aceptar que desde lo más profundo de mí, ya creía en nosotros, que por algo no quería soltarte, pasara lo que pasara.

- Stan...

- Mi intuición me lo hizo sentir, y gracias que le hice caso, no se equivocó –La miró con los ojos brillantes y dulces– Me "reviviste" en muchos sentidos, gracias.

Kohaku no supo qué responder, tampoco sabía que los sentimientos de Stan habían empezado a ser tan fuertes desde entonces, aunque a la vez había sentido parte de ese cariño y profundidad en él ya desde esa primera noche juntos.

- ¿Quieres volver a cantar esa canción conmigo? Es tan nuestra, sería bonito revivir esa emoción, con nuestros sentimientos actuales.

- Eeeh, pero no me la acuerdo bien... Y nunca canté con alguien, podría hacerlo fatal, perdí la práctica.

- No te preocupes, yo empiezo, tú me sigues, y yo me acomodo.

- Bueno, está bien, a ver qué sale.

Stan asintió con una radiante sonrisa, respiró hondo, y empezó a palmearse los brazos con sus manos cruzadas por encima, que abrazaban a la joven, haciendo una percusión suave para acompañar el ritmo de la canción, haciéndola más tranquila, parecida a una balada. Su voz grave y melodiosa empezó a sonar, trayéndole de pronto el hermoso recuerdo tan vívido a la memoria de Kohaku, incluso la voz de él sonaba más suave desde que ya no fumaba, ya que sus pulmones y garganta habían sanado del humo. La letra de la canción también empezó a resultarle familiar a la rubia, hasta completar la primera parte y el estribillo.

- Oooh, sweet love of mine –Cantó más bajo Stan y de una forma más íntima, mirándola con dulzura.

Para la segunda estrofa, Kohaku empezó a tararear y tratar de hacer su parte, a veces recordando, y otras esperando a que él las empezara para ayudarla. Sin embargo, a poco de avanzar, se percató de que había algo más sonando cerca, quedando muy bien con lo que cantaba Stan, y unos segundos más tarde escuchó otra melodía, por lo que se cayó para prestar atención, aunque el soldado la animaba con un gesto a continuar. Eran instrumentos musicales, pero no los veía. Intrigada y sabiendo que eso debía ser parte de una sorpresa de Stan, ya que él estaba sonriendo ampliamente mientras cantaba, afinó la vista alrededor, aunque no hizo falta cuando vio a un par de sus amigos asomarse de detrás de los árboles y arbustos cercanos. Se trataba de Gen y Ryusui, el capitán sentado en el suelo, tocando un tambor doble que sostenía entre sus piernas, y el mago tocaba un instrumento mediano y largo con varias cuerdas, que sonaba muy suave y bonito en su acompañamiento.

- ¡¿Desde cuándo están ahí?! –Inquirió Kohaku, asombrada de no haberlos detectado antes.

Se calló apenada cuando Stan le hizo un gesto con el dedo para que no se interrumpiera la canción, y él siguió cantando. La emoción empezó a abrirse paso en ella, ante la inesperada y bonita sorpresa, y trató de volver a sintonizarse para cantar a la par de Stan, que había dejado de palmearse para volver a envolverla en un cariñoso abrazo, entrelazando los dedos de ambos. Para cuando se había acabado la letra de la canción, continuaron tarareando la melodía un poco más, algo que a ella se le hacía más fácil ya que no tenía que pensar las frases en inglés.

Cuando al fin terminaron, Kohaku se dio la vuelta para rodearle el cuello y abrazarlo con fuerza, besándolo de tan emocionada que se sentía.

- Stan, eso fue hermoso, no me lo esperaba –Se giró para mirar a sus amigos– ¡Chicos, ustedes...! ¿Cuándo...?

- Kohaku-chan, las sorpresas son más lindas cuando guardan su misterio –Dijo Gen, guiñándole un ojo.

- ¡Jajaja! Sólo podemos decirte que fue algo que Stan nos pidió, para acompañar un momento especial para ustedes.

- ¡Vaya que lo fue! ¡Gracias! –Asintió con una gran sonrisa.

- Todavía no terminó, eso fue la primera parte –Aclaró Stan.

- ¿Eh? ¿Qué sigue?

- Una princesa muy especial y valiente se me adelantó con algo que me hubiera gustado también hacer a mí, aunque faltaba algo que no tenía todavía.

Eso fue un tanto confuso para Kohaku, mientras Stan la levantaba de su regazo y la apoyaba con delicadeza en la manta de piel debajo de ellos, frente a él. El soldado miró a Gen y a Ryusui, que volvieron a empezar a tocar el acompañamiento de la canción, más bajo y suave, mientras él se acomodaba mejor, apoyando sus rodillas para sentarse más erguido, y luego adelantó una pierna para apoyarse sobre su pie, quedando hincado en una rodilla. Kohaku seguía intrigada de qué iba a hacer, por lo que esperó con curiosidad, aunque ya el corazón le empezaba a martillar en anticipación. Stan metió la mano en su ropa, sacando una cajita de madera, que al abrirla revelaba un anillo color plateado, con un pequeño y reluciente cristal amarillento en el centro, y lo puso frente a ella.

- Tú me propusiste casarnos junto a una tradición de tu aldea, así que ahora quiero hacerlo yo, a mi forma, aunque ya sepa cuál será tu respuesta –Explicó, sonriendo ante la expresión todavía intrigada de la rubia.

- Ooh...

- Kohaku, junto a este año que comienza, también lo hará oficialmente nuestra vida juntos, muy pronto. Ante nuestros amigos, familia, tus dioses, y todo lo que nos rodea, quiero que sean testigos de nuestra promesa de amor diario y eterno, y que celebremos así un nuevo inicio para nuestra familia con nuestro hijo, Neal. Me honraría mucho que aceptaras llevar mi apellido también, si quieres. Así que, ahora te lo pregunto yo a ti, ¿quieres casarte conmigo y ser mi esposa, Kohaku?

- Stan... Una, dos veces y todas las que sean, ¡SÍ!

Al borde de las lágrimas ante tan bellas palabras, la rubia se lanzó hacia él, besándolo fuerte. Él le correspondió, feliz, aunque luego bromeó junto a sus labios.

- Espera un poco, no me dejaste ni ponerte el anillo, princesa.

- ¡Ah! Perdón, no sabía... –Dijo sonrojada.

Stan sacó el anillo de compromiso que le había pedido hacer a Kaseki durante la semana, y se lo puso en el dedo anular de la mano izquierda, un calce perfecto gracias al fino ojo del artesano. Luego se lo besó, y lo miró con dulzura mientras le acariciaba con el pulgar, antes de posar sus ojos zafiro sobre los aguamarina de ella y ahí sí darle un largo y amoroso beso en los labios, susurrándole después cuánto la amaba. Gen y Ryusui aplaudieron desde donde estaban, contentos de poder acompañar y ayudar en el feliz momento, y el capitán se puso de pie y se acercó rápido, para llenar las copas de cristal que había con agua, y dárselas a la pareja.

- Con agua es doble choque de copas, pero lo que importa es el ritual –Dijo, chasqueando sus dedos.

Los dos asintieron, Kohaku siguiendo la corriente e imitando a Stan, levantó su copa a la par de la de él. Las chocaron suavemente dos veces, el agudo y bonito tintineo resonando en el aire, y antes de dar el primer sorbo Stan dijo emocionado y radiante, levantando aún más la copa.

- Por el amor, y los nuevos comienzos.

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Buenaaas! Vivan los novios! Ayyyy sí, viva el amor y la felicidad. Y doble felicidad, amor, y tórtolos jaja, para Xeno y Luna también. Con un buen desarrollo me gusta mucho esa pareja, estoy y él merece toda su felicidad y el corazón lleno de amor sólo para él (y ricura, obvio xD).

Gracias por su presencia, leer, apoyar y dejar amor, nada más bonito en la vida que compartir felicidad, entretenimiento y buenos deseos.

Hasta el próximo capítulo! Buena semana!