Hola hermosuras
Perdón la demora, sin embargo estuve ocupada con unas cosas del trabajo y well. ¿Alguna vez se han esforzado tanto que al final a nadie le importa su esfuerzo? Pues ni modo ya basta de drama, vamos a las cosas felices, así es la vida. Pido disculpas por tardar tanto.
Vamos a desestresarnos con un cap que espero que les guste.
—¿Qué Juvia haga qué? -En la expresión de su rostro pudo notar que su frase había sido totalmente malinterpretada y había sido su entera culpa por no usar las palabras adecuadas.
Se sonrojó y Juvia pudo apreciar el ligero tono rosa en las mejillas del joven, lo que acababa de ver había sido hermoso, único, fenómeno que ocurre cada mil años, y lo observó detenidamente para jamás borrar de su mente esa imagen gloriosa de su profesor expresando su vergüenza.
—No puedo curar su pierna con su pantalón puesto, por favor cámbiese, la espero aquí. -Apresuró sus palabras para que no pensarà que la estaba acosando, de hecho ya representaba todo un riesgo para él que inventaran chismes al estar dentro de su apartamento, completamente solos, en la casa de esa chica con la que tenía cierto conflicto.
—¡Ah! Juvia entiende -su corazón latiendo a mil por hora le hizo algo difícil la tarea de respirar, pero claramente era por el nerviosísimo del momento. Era a la única mujer que se le ocurría entrar a un hombre en su casa estando completamente sola. Solo debía esperar que no notara cierto sonrojo en sus propias mejillas. Su mente podía llegar a ser algo imaginativa y bastante terrible.
—Siéntese, ¿Desea tomar algo? -le señaló su sofá, la muchacha se fue a la cocina lentamente mientras él se sentaba. Al abrir la nevera recordó que no había más que comida del lugar que trabajaba, con fecha de vencimiento de días anteriores, esos días que ya habían pasado. Cerró los ojos, maldiciéndose a si misma por ofrecerle algo que no tenía.
—No se moleste, señorita Loxar. No tengo tanto tiempo. -y ella respiró aliviada para asomarse por la puerta.
—¿Desea un vaso de agua? -en las existencias de su hogar era lo único que podía ofrecerle sin ánimo de que muriera por intoxicación.
—No, estoy bien. – Juvia asintió, debía comprender que el muchacho tenía que irse, entonces se dirigió a su cuarto con paso lento, pero con toda la velocidad que en ese instante se le permitía andar.
—¿Quiere que la ayude? -La muchacha negó, ya había molestado bastante como para seguir provocando que él se esforzara. Al verla desaparecer en una de las habitaciones respiró profundo, trató de cerrar sus ojos porque se sentía nervioso por lo que había sucedido, demasiado asustado, muy intranquilo.
—Ella está bien -masculló poniendo una mano sobre la otra, pues estaba tembloroso y un poco descontrolado. —No le va a pasar nada -volvió a decir, como si con esas simples palabras se diera ánimos.
Se sentía terriblemente culpable por lo ocurrido, pero ella era la que había tenido toda la culpa, Juvia se había lanzado a su carro, su auto volvió a su mente como un rayo, se levantó para mirar por la ventana y así asegurarse que este estuviera a salvo, en una sola pieza. Allí estaba, parqueado, debía mantenerlo vigilado pues no quería que un vándalo lo robará.
Al regresar al sillón los ojos grises del joven se posaron en la fotografía de la mesa esquinera de la sala de estar, era ella, con aquel hombre de cabellos negros muy largos, lleno de piercings, mirada aterradora, con unas ropas que dejaban bastante que desear y realmente no entendía como ella podía fijarse en semejante delincuente. Sí, fue la primera palabra que se le pasó por la mente y no entendía la razón de ese feo sentimiento que invadía su cuerpo, negó con su cabeza y trató que su rostro se relajará, se encontraba enojado por pensar que se trataba de su novio, ese con el que compartía su apartamento.
—Este hombre no es para usted. -susurró viendo nuevamente la foto. Era un dolor en el trasero que eso le inquietara, debía importarle muy poco, ella solo era su estudiante. Lo único que pudo deducir es que no tenía idea de cómo pensaban las mujeres y que a veces podían perder el sentido común.
No comprendía por más que lo intentará que le veían las mujeres a este tipo de hombres, sabía de antemano que no debía juzgar antes de conocer a las personas, pero ese hombre lucía como todo lo contrario que se merecía Juvia, se asemejaba a un parásito que solo se alimentaba de su linda y tierna estudiante, que le rompería el corazón y saldría con muchas mujeres. ¿Entonces quien era un buen hombre para ella? Sí, por su mente se posó la idea que un hombre responsable, con un trabajo estable, culto, con dinero y muy guapo, eso era lo que ella merecía, alguien como él.
Se maldijó mentalmente por permitir que sus pensamientos se dirigieran por ese camino, maldijó en su cabeza, reprendiéndose. Sabía que Juvia podía ser hermosa, pero era fruta prohibida para él, totalmente antirreglamentario e inmoral. Eso ya lo sabía y no entendía porque sus pensamientos se contrariaban y le jugaban una mala pasada, ni siquiera sabía el nombre de aquel hombre, no llegó a pasar por su mente maquinadora de teorías conspirativas que era su hermano, ese que en esos momentos estaba luchando por su vida en un hospital no muy lejos de allí.
Revisó su reloj con algo de apuro, debía apresurarse ya que tenía que llegar lo más pronto posible a su universidad y la puntualidad era uno de sus talentos, sin embargo, olvidó por completo su presentación, sus obligaciones, hasta como se llamaba al verla en una pantaloneta demasiado corta aparecer en la escena.
Juvia traía el botiquín en sus manos mientras caminaba a paso lento hacia él, no podía mentir ya que la señorita en cuestión era sumamente hermosa y tenía un cuerpo magnífico.
Dejo caer de sus manos el portaretratos para con rápidez atraparlo en el aire y dejarlo encima de la mesa, como si nada hubiera sucedido. Aclaró su garganta y le ordenó tomando el control.
—¡Siéntese! -Tomó la pequeña caja en sus manos y la abrió para inspeccionar lo que traía dentro con la ilusión de que no se hubiera dado cuenta que estaba observando la fotografía, aunque no podía tapar el sol con un dedo, ella lo había descubierto revisando sus cosas. Sacó el desinfectante, las gasas y las curas de personajes de animación.
Sus ojos azules lo seguían en cada movimiento, haciéndolo sentir algo incómodo, en ese instante no comprendía que estaba sucediendo, él era el que intimidaba a las personas, él que las hacía sentir incómodas, no al revés.
Pasó el desinfectante lo más delicado por el rostro de la jovencita, ella gimió en respuesta, lo que le hizo pasar prontamente toda la saliva que tenía acumulada en la boca. Se la imaginó en ese instante atrapada bajo su cuerpo mientras la embestía y negó rápidamente. Volvió a maldecirse, estaba claro que ella no lo estaba seduciendo, que él era quien estaba malinterpretando las cosas o en realidad eran sus instintos más salvajes haciendo de las suyas y que se encontraban guardados en lo más profundo de su interior. Basta Gray, se regañó, no era primitivo, sus ganas y su deseo jamás salían de su control, pero no entendía que le sucedía cuando se trataba de su alumna de cabellos y ojos azules.
—¿Está bien? ¿Le duele? -Ella asintió.
—Se acostumbrará. -la joven ladeó su cabeza ante el comentario, una risita burlona apareció en la mente del Fullbuster, pensó que podía hacerlo, que ella no significaba nada así fuera bastante bonita, pero no podía evitar pensar cosas sucias. Respiró hondamente mientras seguía curándola.
Para Juvia era como estar en el paraíso mismo, sus manos se sentían fuertes, varoniles, pero contrarrestaba la delicadeza con la que intentaba curar sus heridas sin propiciarle más daño, ese hombre era un sueño para ella y no quería que se detuviera, tenía unas ganas sobre naturales de tomarle esa mano y darle un beso, con el único fin de sentirlo mucho más.
—Señorita, deje de verme como una acosadora. -sus mejillas se sonrojaron rápidamente y sus ojos se cerraron fuertemente apenada. No entendía porque su profesor tenía que ser tan descortés, tan malo con ella. — Esa es la mirada normal de Juvia. -se defendió, Gray tenía que equilibrar la balanza para quitar de su mente los pensamientos oscuros. Le agradó escuchar como ella se nombraba a sí misma, sonaba adorable y algo infantil.
—Juvia puede hacerlo, dele eso. -intentó tomar de nuevo aquel algodón, sin embargo, él lo alejó de su alcance alzándolo lejos, Juvia se puso en la puntas de sus pies haciendo un vano intento de alcanzarlo. Se quejó inmediatamente de su rodilla, mientras él la quemaba con su mirada gris en total desaprobación.
—¡Siéntese! -Ella lo obedeció y permitió que la curará. Como todo un profesional efectuó todos lo procesos de curación sin saltarse un solo paso.
—Deberían quitarle su licencia de conducción de bicicletas. -la joven sonrió ante esa frase. —Si existiera efectivamente me la hubiera quitado hace mucho. -con delicadeza tocó el brazo de la joven y le hizo un vendaje para mejorar su muñeca.
—¿Le duele? -Ella afirmó con su cabeza. Lo revisó y le dio su aprobación al vendaje. Se agachó para limpiar la rodilla de la chica y sabía que ahora lo observaba como una acosadora, con sus ojos bien abiertos y su boca ligeramente abierta, pero no le importaba ya que solo quería verlo a él en ese momento.
Las piernas de Juvia, que hermosas y torneadas, largas y fuertes, suaves y blancas. Las palabras iban y venían en su mente, no podía concentrarse del todo, no cuando no solo quería tocar esa sección de su pierna, sin duda alguna era una de sus partes favoritas de la chica.
Ell apretó el brazo del Fullbuster volviéndolo a la realidad, pues sentía mucho dolor en su rodilla, él permitió que ella lo agarrará fuerte del antebrazo sin protestar, le cargaba demasiado el haberla lastimado.
—Listo, por favor descanse, ya hablé con su jefe, no vaya a trabajar. Debo irme. -huir, debía salir corriendo de allí antes de que pasará algo de lo que probablemente se iba a arrepentir. La joven asintió saliendo de su burbuja, esa que había creado al ver que se preocupaba por ella y la había auxiliado.
Gray salió dejando el lugar rápidamente sin permitir que ella le ofreciera la ropa de Gajeel, dejándole con un extraño deseo, una necesidad de él.
—Adiós. Que le vaya bien. -susurró, aunque claramente él ya no estaba allí. Rápidamente fue a su ventana para verlo partir, vio como sacaba lo que quedaba de su bicicleta de su auto y aunque no era muy buena leyendo labios entendió lo que quería decirle.
—Es en el 10 -hizo con sus dedos la seña y el profesor puso en el número diez las partes de la bicicleta. Juvia se despidió con su mano a lo que el levantó ligeramente la cabeza subiéndose en su auto con las latas dañadas.
La Loxar se recostó en el sofá, imaginando cómo sería su vida con el muchacho, implantando un sinfín de escenarios hermosos en su mente. Supo entonces que Gray tenía sentimientos, pues el mismo se había encargado de llevarla a casa y de curar sus heridas.
—Es un papucho. -sonrió para poner el cojín en su rostro y gritar de emoción.
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Concentrada en la música que fluía gracias a sus audífonos se encontraba haciendo las planas, usar su mano derecha dolía por lo que en ese instante estaba haciéndo las frases con la mano izquierda.
Había logrado dormir en la tarde y agradecía poder tomarse un descanso de vez en cuando, pero en ese instante tenía que trabajar en la tienda, por lo que paralelamente estaba haciendo sus trabajos.
Su mirada se desvió al mensaje que acababa de llegar y hacía presencia por medio de su vidrio destruido en mil pedazos, de su celular. Era un número desconocido que llamó su atención.
Desconocido:
Hola señorita, soy su profesor, Gray Fullbuster, solo quería saber ¿Cómo se siente? ¿Cómo está? Fui hasta su casa pero no la encontré.
Su boca se abrió tanto, ¿Estaba en su casa? ¿Cómo había conseguido su número? Se había desconectado totalmente, no tenía ni la menor idea que hacer, su mente no estaba percibiendo señal.
Desconocido:
Espero no se moleste por tomar su número de mi registro de estudiantes.
Y le contestó a su pregunta, claro que tenía sus datos, hasta debía saber su contacto de emergencia por si algo le pasaba, la persona designada era Levy ya que Gajeel no se podía hacer cargo. Miró a su alrededor buscando alguna iluminación divina que le dijera que debía hacer, como debía responder sin sonar como una lunática.
Juvia:
No estoy en casa, me encuentro muy bien, aún adolorida, pero gracias por preocuparse por mi.
Y guardo su número como su mayor tesoro, pensó unos segundos en cómo lo iba a guardar y decidió llamarlo "el inalcanzable" en sus contactos. Esperó que él escribiera en respuesta, pero no la hubo.
Sus ojos azules se levantaron al oír a lo lejos la campanilla, vio que se trataba de una entrega y maldijó por lo bajo ya que debía hacerse cargo de todo el pedido.
Firmó recibiendo las cajas y agradeció a la persona que después de dejarle los encargos apilados se fue del lugar. Debía organizar, pero su mano claramente no soportaría cargar las cajas.
Intentó cargar una y puso su pierna para evitar que se cayera, ya que al no poder sostenerla iba a caer la caja irremediablemente al suelo, pero su rodilla le brindó un horrible punzación de dolor, por lo que soltó la caja dándose por vencida. Lo mejor iba a ser que Totomaru la ayudará y ofrecerle algo a cambio.
La puerta se abrió demostrando que había ingresado un cliente, pero ella estaba intentando poner la caja en su lugar que lo ignoró.
—Señorita Loxar. -Saltó de la impresión al ver al hombre que estaba frente a ella. Casi como de una aparición fantasmagoría no entendía que estaba haciendo él ahí, se trataba de una coincidencia, lo cual le asustó bastante, en todos los lugares en el mundo, jamás se imaginó encontrárselo en su trabajo.
—¿No fui claro con la instrucción que le impartí? -Ella pasó toda la saliva que tenía en su boca algo avergonzada. Tratando de esconder su rostro tras la gorra, agachando su cabeza ligeramente.
—Sí, fue bastante claro. Habló sobre mi primer trabajo, de mi segundo trabajo no mencionó nada. -suspiró tomándose el puente de la nariz. No podía argumentar nada en contra de su lógica.
—¿Está jugando conmigo? -Negó como un muñequito de taxi rápidamente.
—¿No comprende que no puede cargar cajas? -La muchacha asintió regañada por su profesor, ya se le habia hecho una costumbre recibirlos.
—Es una de nuestras funciones, el que reciba las entregas debe organizarlas en la bodega y si hay faltas de existencia, surtir. -Vio la cantidad de cajas que había en el lugar y lo pesadas que se veían. Discutir con su joven estudiante era todo un desafío, por lo que decidió cerrar la boca y no seguir peleando.
—¿Donde debe poner las cajas? -Señaló la bodega tras ella.
Era observador, se dio cuenta en seguida de aquellas planas que estaba haciendo bajo el mostrador, con la mano izquierda totalmente determinada a cumplir el castigo y que estaban quedando terriblemente horribles. Su portátil y su cuaderno, entendió que entre trabajos terminaba sus obligaciones de la universidad y organizaba, vendía, trabajaba. La chica en cuestión no tenía una vida fácil y eso que no conocía la mayor de sus preocupaciones.
Jamás se dedicó a pensar en su vida o en que clase de dificultades tenían que pasar sus alumnos para continuar, aunque Juvia siempre fue una persona que llamó su atención, sabía que no tenía ni la menor idea sobre ella y a estas alturas interesarse en la peli azul no estaba en sus planes.
Sin decir alguna palabra y con su ropa terriblemente elegante y costosa se agachó para tomar una de las pesadas cajas, provocando sorpresa en la joven.
— ¡Espere! no tiene que hacerlo, es el trabajo de Juvia. -Era bastante modesta, no deseaba molestar al joven, aunque claramente necesitaba urgentemente su ayuda, ya que por su propia cuenta había sido extremadamente difícil cargar una sola de las cajas.
— Pues voy a ayudar a Juvia con su trabajo. -Sonrió, por la frase que acaba de pronunciar, claramente se estaba burlando de su joven estudiante y su peculiar manera de hablar cuando se ponía nerviosa. Esa sonrisa dibujada en los labios del Fullbuster la chocó a cien kilómetros por hora, la noqueó por completo peor que si se tratará de un tren de carga, la trató de memorizar y dejarla guardado en su memoria, en su baúl de recuerdos preciosos e intocables.
— ¿Dónde la dejo? – Juvia despertó de su ensoñación para señalarle la parte alta del lugar, donde debía dejarlo, lentamente el Fullbuster se subió para posicionar la caja en el lugar correspondiente y con sumo cuidado volver a bajarse.
— ¿Todas deben ir aquí? – Juvia asintió casi embrutecida por lo que estaba sucediendo y es que no era común ver todos los días a su profesor levantando cajas por ella.
Se quitó su gaban y su saco, quedando en una camiseta que dejaba a la vista sus grandes músculos, Juvia pasó toda la saliva que se el había acumulado en la boca al ver semejante espectáculo, verlo levantar la caja y ver sus marcados y voluptuosos bíceps era simplemente Perfecto.
— ¿Cómo se siente? – La joven se sonrojó y asintió nuevamente con su cabeza, sintiendo como su corazón se hinchaba al pensar que se preocupaba por ella y eso le agradaba, le encantaba bastante.
— Ese movimiento que hace con su cabeza, lo hace para expresar un sinfín de palabras, asumir su significado es todo un desafío para mí.
— Lo siento, profesor Fullbuster. Me encuentro bien, mi rodilla aún duele y mi brazo también, pero no es nada por lo que debamos preocuparnos. – Sin decir ninguna palabra adicional al respecto tomó otra caja para alistarla y llevarla.
— ¡Siéntese y termine sus tareas, Loxar! No tiene que entregarme las planas, tomaré su historieta como el trabajo que le pedí. – y en acto de victoria bajó su puño y parte de su antebrazo cuando él no la pudo ver, feliz, haciendo un pequeño bailecito de felicidad.
— ¿Necesita sacar algo de las cajas? – Se sentó rápidamente al evidenciar que él se había devuelto y la había visto hacer el estúpido baile, se sonrojó tanto que negó con la cabeza nuevamente.
— Por favor, celebre cuando apruebe mi materia.
— No necesito ahora sacar nada de las cajas – Hizo un puchero y el joven siguió diligentemente con su trabajo, está vez Juvia si se cercioró que el joven estuviera completamente fuera del alcance y tomó las planas rompiéndolas en pedazos, se encontraba notablemente cansada de haber repetido tantas veces esas frases, había llorado en desacuerdo y escucharlo decir esas palabras fue un claro descanso para ella.
— Gracias, profesor.
— No es nada realmente.
Verificó su computador, la tarea que le habían colocado con el fin de empezar, aunque era físicamente imposible concentrarse con su profesor yendo y viniendo, mostrando sus hermosos músculos, divino, era todo un espectáculo que no quería perderse.
Era mayor, aunque no aparentaba ser tan grande en edad, le difería de varios años, casi una década, pero él lucia joven, hermoso, físicamente increíble y ahora en vez de ver sus músculos de los brazos no podía dejar de ver ese torso, que si le dieran la oportunidad a la chica estaría haciendo cosas muy malas con él. Sacudió su cabeza con fuerza, intentando sacar las ideas totalmente fuera del lugar, debía controlarse y concentrarse en su trabajo.
— ¿Le gusta la música, profesor?
— Música clásica – la joven negó en desacuerdo. Sonaba aburrido que a él le gustará ese tipo de música, un tanto cliché.
— ¿Y a usted? – el rostro de la chica se volvió a sonrojar. No podía o más bien se moría de la vergüenza confesarle que escuchaba música de otro continente, de esos hombres hermosos que hacían perfectas coreografías.
— ¿En serio quiere saberlo?
— Si a usted le place contármelo. – La joven sonrió un tanto apenada. — Me gusta el kpop. -el profesor estiró su labio aguantando una sonrisa. — ¿Y sabe usted hablar coreano?
— Lo intento.
— No le creo – La reto y totalmente ofendida se cruzó de brazos. — Claro que sí sé.
— Entonces cánteme una de esas canciones – Negó en seguida, Gray sabía que hacer para molestar a las personas y le encantaba ser malo.
—No, no voy a cantar. – Se rehusó para concertarse en la pantalla de su portátil.
— ¿Ve? No sabe coreano. – Se levantó algo enojada, para demostrar que si sabía el idioma o bueno que hacía el intento para aprenderlo con todas sus ocupaciones.
— No se burle, mi voz no es tan bonita. -Le advirtió y buscó en su celular una de las canciones, para empezar a cantar y miró al suelo porque de repente el profesor había dejado completamente lo que estaba haciendo para darle toda su atención y acercarse a ella, se sintió bastante incomoda. Él joven escuchaba atentamente, al menos no le había pedido cantar a capela o estaría segura que hubiera muerto allí.
— ¿Está completamente segura de que no está invocando un ser de otro mundo o dimensión? – La joven rodó sus ojos poniéndolos en blanco, detuvo la música para ignorarlo y centrarse nuevamente en sus quehaceres.
— Solo bromeo, canta muy bonito señorita, Loxar. Ya al menos sabemos que si no pasa mi materia puede dedicarse a alguna otra cosa. – La joven le sacó la lengua para centrarse en su computador, el muchacho sonrió ladeadamente para continuar cargando las cajas y acomodándolas.
— Puede dejar la música, tal vez me convierta a su extraña secta. -Su profesor intimidante y bastante enojón, era ligeramente diferente cuando estaba fuera de la universidad o tal vez solo debía mantenerse completamente serio y en su lugar, debido a su trabajo, era totalmente entendible y más cuando cientos de señoritas babeaban por él, debía mantenerlas alejadas, no gustarles con su semblante cortante e hiriente.
— No me responsabilice después, el kpop es un viaje sin retorno.
— Suena aterrador, pero no tanto como usted cantando – la joven le lanzó uno de los peluches de la caja registradora al rostro, lo esquivó sin problema viendo como aterrizaba tras la puerta.
— La puntería no es lo suyo. - sonrió para tomar otra caja, sus sonrisas se estaban volviendo mucho más adictivas para ella, se convertirían en su cosa favorita en el mundo.
— Tal vez usted es muy hábil reaccionando a objetos voladores.
— Excelente conclusión. – Juvia vio las cajas restantes, no deseaba que se acabaran, quería seguir con ese momento, no deseaba que terminará claramente.
La campanilla de la puerta sonó rompiendo el momento, la joven rápidamente le bajó a la música y saludó al cliente que acababa de ingresar, Gray por su parte se concentró en entrar las cajas y subirlas, no eran tantas, ya estaba a punto de terminar.
— Ya no hay comidas ¿Verdad? – La joven asintió efectuando una pequeña reverencia.
— Lo siento, a esta hora las existencias son muy pocas.
— Está bien, mañana trataré de venir más temprano – El cliente salió del lugar despidiéndose de la señorita, con una sonrisa correspondió a su despedida, volteó a ver y vio que Gray se había detenido con la última caja.
— ¿Puede venir un momento? No se donde acomodar esta. – Con un lento caminar llegó a auxiliar al joven Fullbuster, se dio cuenta que en la parte superior de los estantes designados ya no quedaba más espacio, le señaló entonces otro estante desocupado afuera de la pequeña bodega en donde se encontraba la caja, él la siguió, pero sabía que debía traer la escalera, entonces adelantándose Juvia la movió para apoyarlo.
— Señorita, no haga fuerza con sus manos, ya se lo he dicho. ¿Se lo tengo que repetir en otro idioma? ¿Coreano tal vez?
— ¿Sabe hablar coreano? – No le sorprendería, Gray era una eminencia, bastante inteligente. — No, pero puedo improvisar tal cual usted hace.
— No improviso, he tomado en internet varias clases de coreano con videos muy buenos. -el joven tenía su ceja levantada, indicándole con ese gesto que las clases no estaban funcionando. — Creo que no debí decirle nunca sobre esto. – El joven asintió dándole la razón.
— No debió cruzarse la calle sin revisar y mire aquí estamos, no se puede luchar en contra del destino, lo que tiene que ser. Será.
— Demasiado profundo y filosófico, para alguien que le echa el auto encima a su estudiante, bastante motivador. – Susurró con una ligera burla en sus labios, tratando de disimular que con tan solo pronunciar palabra la flechaba irremediablemente y Gray se molestó por la reacción de la jovencita.
— Ay Señorita Loxar, ¿Ahora entiende por qué siempre reprueba mis exámenes?
— Es porque usted es intimidante, solo por eso.
— En la vida hay personas más intimidantes que yo y eso no puede ser su excusa. No duraría ni dos minutos en frente de mi madre. – Y la palabra suegra se apodero de su mente, sonaba bastante hermoso en su mente.
— Suegra – masculló sin pronunciar palabra.
— ¿Qué? – Juvia maldijo por ser tan expresiva, negó con la cabeza para indicarle que no estaba diciendo nada e inventó cualquier cosa que se le vino a la mente. — Puede llamarme Juvia.
— Puedo hacerlo, pero seguiré llamándola señorita Loxar. – La joven abrió los ojos algo sorprendida por lo ruda que había sonado esa frase, sabía que no eran amigos, el solo hecho de que Gray estuviera ahí correspondía únicamente a que la había atropellado en horas de la tarde. El joven subió la escalera, dejó la caja en su lugar, pero debido a un pequeño resbalón cayó de bruces encima de Juvia.
La chica recibió el golpe y tenerlo encima de ella era bastante doloroso. Eso había estado fuera de contexto con el perfecto profesor que jamás en su entera vida había cometido semejantes errores, aunque el golpe fue amortiguado por los generosos pechos de su estudiante.
— ¿Está bien? – y de nuevo ese ritmo descomunal en su pecho, lo tenía cerca como en horas de la tarde mientras curaba sus heridas, esa cercanía era tortuosa y más porque era bastante tentador besar sus labios rojos, carnosos. Gray era implacable.
— ¿Le hice daño? – volvió a preguntar, ya que estaba tan embobada viendo a Gray que no había escuchado la primera pregunta, la campanilla sonó, pero el Fullbuster estaba concentrado tanto en descubrir si se encontraba bien que no le tomó importancia. La revisó y ella asintió. Le tocó suavemente el rostro tratando de verificar que sus heridas no se hubieran abierto.
— ¿Gray? – la mujer que acababa de entrar llamó la atención del muchacho que de un salto se levantó de encima de Juvia.
— ¿Lucy? – La chica estuvo en varios problemas al intentar levantarse estando adolorida, pero en ese momento fue como si no existiera, el profesor había posado toda su atención en la rubia.
— No es lo que tu piensas, ven, necesito hablar contigo. – La peli azul vio como su vecina huía del profesor, él se fue tras ella sin darle más explicaciones a la Loxar, quien murió en ese instante al pensar que él era el padre del hijo de Lucy, que había sido una tonta por el solo hecho de imaginar que podían tener algo, era bastante ingenua al ilusionarse.
— Va a ser padre. – susurró golpeándose la frente con las manos, culpándose de haber imaginado tantas cosas con el hombre en cuestión.
— Eres una tonta. – y aunque esperó que Gray volviera a la tienda para darle una explicación, eso no sucedió.
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Bajó de su apartamento para ir a la universidad, aunque antes de irse estaba tentada en golpear en la puerta de su vecina para pedir algo sin sentido y así confirmar si él había pasado la noche con ella, no lo hizo, aunque su cuerpo se lo demandaba. Sí, no había podido dormir en toda la noche.
— Ella le va a dar una niña – pronunció desairada mientras sus ojitos se inundaban de profunda tristeza, lo había perdido, la oportunidad de enamorar a su profesor y ser la madre de sus hijos.
Una bicicleta en su parqueadero llamó su atención, se extrañó al ver que no se encontraba las partes de su bicicleta en ninguna parte.
Se acercó para descubrir que era una bicicleta terriblemente costosa de los colores que tenía su anterior bicicleta, pero esa no llegaba ni a los tobillos a la que estaba parqueada en ese lugar, tuvo la duda y pensó que alguien se había confundido dejándola en su lugar, hasta que vio que del manubrió le colgaba una nota.
"Señorita Loxar, lamento profundamente haberla arrollado. Úsela cuando este recuperada, no me haga repetírselo en coreano. PSDT: No me tiene que pagar nada y dejé algo en el casillero de su edificio, por favor cambie el que tiene, no soporto ver el artefacto en ese estado."
Arrancó rápidamente la nota de la bicicleta, la puso en su pecho totalmente ilusionada. Con gran prisa a la velocidad que su rodilla le permitía, buscó en el casillero de su apartamento, al ver se dio cuenta que era una caja con un celular de última tecnología y quedó totalmente sorprendida, se sintio terriblemente porque el daño en su celular había sido mucho antes que el accidente y ella se lo había dicho.
Con una sonrisa en sus labios se apresuró a la parada de autobuses, no podía llegar tarde a la universidad y no aguantaba estar frente a frente para contarle todo a Meredy, puso en sus oídos los audífonos, aunque no iba a rechazar el ofrecimiento del profesor, guardó la caja del celular en su maleta y vio su bus pasar, con todas sus fuerzas "corrió" con su rodilla lastimada y afortunadamente alcanzó el autobús.
Llegó sin muchos contratiempos a la universidad, se sentó en su silla designada mientras sentía algunas miradas sobre ella. Los moretones y la venda en su mano no iban a pasar desapercibidos para los demás.
— ¿Estás bien? – Aunque era algo tímido se acercó a Juvia para preguntarle sobre su estado, la joven asintió. Esa clase también la compartía con los gemelos.
—Me caí de la bicicleta, todo bien. Gracias por preocuparte, Rogue. -y el joven se sonrojó terriblemente, volvió a su puesto dándole la espalda con su corazón latiendo con fuerza. La joven se enderezó en su puesto para abrir sus ojos cuando vio a Meredy.
—Muéstrame como te dejó ese idiota.
—Me caí de la bicicleta – se rió incómodamente para abrir los ojos y con ese gesto indicarle que debería callarse para que no sospecharan de que fue atropellada y mucho más por su profesor.
—No estás tan mal, pensé que ibas a morir. -la joven le sacó la lengua en respuesta, para alistarse y contarle la bomba.
—No adivinas lo qué pasó. -Meredy abrió sus ojos verdes acercándose mucho más a Juvia que como estaba susurrando se dio cuenta que era un chisme fresco.
—¿Qué sucedió? -preguntó muy bajito.
—El profesor Fullbuster va a ser papá. -estaba completamente segura que si hubiera tenido un líquido en sus boca hubiera escupido todo en su interior.
—¿No que era gay?
—Eso creíamos, pero esto es más que seguro.
—¿Cómo sabes eso?
—Lucy entró a la tienda y el profesor salió corriendo tras ella.
—¡Espera! ¿El profesor estaba en la tienda?
Juvia alzó sus ojos ya que vio una sombra que las cubría. —¿Entonces el profesor Fullbuster va a ser padre? -Minerva sonrió inmediatamente después de preguntar, Juvia sabía que se había metido en graves problemas.
—¿Y bien? ¡Responde!
Notas de autor:
Iba a poner en este cap mucha más información sobre lo de Juvia y su intención, pero aghh que terminó escribiendo mucho y no avanzó. Nuevamente perdón por la demora, contestaré sus hermosos reviews:
Oliva1415: Hello!!! Gracias por tu reviews, me llenan de emoción al leerlos, solo fue una pequeña confusión y mal interpretación lo que le dijo Gray a Juvia, no usó las palabras adecuadas el joven. Chosen la iba a publicar junto con estos dos caps pero no alcancé y dije bueno ya publica estos dos no mas, ya los hice esperar mucho. Te mando un besote y un abrazo psicológico, bye.
Lymar Vastia: Holis!!! Awww me encanta que te encante ¡!! Sií, ¿Sabes? Yo hace muchos años leí ese libro, pero ahora tengo como una confusión de libros entre ese y como que la chica del servicio, así que si está inspirado en ese libro o lo que recuerdo de él, por ahí invenciones bien locas van a ver aquí. Te adoro, te mando un besote.
Gruvia forever: Holis, perdón por tardar tanto, pero aquí va otro cap, espero que te guste demasiado o bueno que te guste algo. Te mando un beso y un abrazo.
Karma Kusanagui: Hi!! Aunque el Fullbuster ya estaba muy preocupado por Juvia, no era sano para su corazoncito preocuparse tanto, fue su culpa y lo sabe, por eso trata de arreglar las cosas, aunque sea un poco duro con ella, debe serlo.
Gracias por todo, los quiero.
