Había visto muchas cosas en su vida de sicario, había hecho tantas otras que no se pasaban por la mente de nadie, había cumplido encargos totalmente impresionantes que salían de lo grotesco e innombrable y con esto había matado tantas personas que ya no podía contarlas con los dedos de su mano, pero jamás, nunca, en lo que llevaba de existencia había llegado a él una persona que quisiera acabar con su propia vida.

—Lo siento, no matamos mujeres ni niños. -la joven algo decepcionada miró al suelo, siempre que quería ayudar algo interfería en sus planes, habían demasiados impedimentos.

—Yo se lo estoy pidiendo, le voy a pagar, por favor haga una excepción conmigo. Tómelo como una obra de caridad con esta alma desesperada. -el joven de cabellos oscuros sintió lástima por ella, llegar a tal punto de querer acabar con su vida. No debía estarla pasando nada bien.

—No, no hay excepciones. -Parecía alguien bastante rudo y sin corazón, lucia bastante peligroso y lo era, Juvia estaba haciendo un acto de total valentía al estar en ese lugar tan arriesgado, su mirada viajaba a todas partes mientras sus piernas se mantenían alerta, cualquier movimiento en falso y saldría corriendo de ahí, aunque no tenía del todo claro donde iría, nunca antes había ido a ese lugar tan peligroso.

—Piense que soy un hombre, si quiere el día en que lo haga me pondré la capota en el cabello, solo debe imaginar que es un encargo más. -era completamente extraño y fuera de ese mundo, nunca se le llegó a cruzar por la mente que rogaría para que acabaran con su vida, era una completa locura.

—No puedo imaginar que es un hombre, pues es que usted es bastante bella. -la joven sonrió con tristeza, era un cumplido, pero en ese momento eso estaba en su contra.

—Por favor, pagaré más si con eso me puede ayudar.

—No se trata de dinero, o bueno si, pero debe haber otra solución, chica. -tener la sangre fría para acabar con las personas era una cosa, pero que una joven y hermosa mujer estuviera tan jodidamente desesperada para hacer tal requerimiento, debía hacer algo para hacerla cambiar de opinión o al menos tratar de escucharla.

—Créame que en este punto de mi vida ya he agotado todas las posibilidades. – y ahí estaba liberando todo lo que tenía contenido en su cuerpo con un total y completo extraño, ¿Pero en definitiva que más daba? Si su profesor que se supone que no es un extraño no la escuchó, debía hablar con alguien.

—Si es un problema de dinero los de Tártaros pueden prestarle.

—Por ellos estoy aquí. -suspiró para así acariciar la suave pelusa de la manga de su abrigo. —No puedo pagar los intereses.

—Si les cae lo suficientemente bien, pueden bajarle el interés.

—Aún así no tengo como pagarles.

—¿Sabe que ellos jamás pierden? Así se suicide si le queda familia irán por ellos, les cobrarán hasta que puedan obtener todo lo que les pertenecía o recuperar lo que más puedan.

—Lo sé, son la mafia del país, nadie se mete con ellos sin salir bien librado. -Juvia mordió su labio inferior aterrorizada. —Tengo un seguro, ellos van a poder sobrevivir a cambio de mi vida. -No quería ahondar en detalles, no sabía si esa persona era su amigo y la desconfianza volvió a invadirla. Lo comprendió en seguida, esa mujer ya estaba muerta, desde que decidió meterse con esa peligrosa banda, no habría nada que hacer, completaría el trabajo para ayudarla y así a la familia de esa hermosa muchacha.

Juvia siempre había sido extremadamente noble, prefería el bienestar de los demás sobre el suyo propio y sabía que esos hombres iban a molestarlos por el resto de sus vidas si no pagaban el dinero y que cada día iba a aumentar la deuda en cantidades exorbitantes que jamás en su humilde vida podría pagar, nada es más valioso que la paz, así que iba a dársela a su hermano y a su cuñada sin importarle nada. La jovencita había asegurado su vida por un monto superior al que esos malandros le estaban pidiendo, solo debía hacer que su muerte pareciera un accidente y a ellos les quedaría el dinero del seguro, pagarían la deuda y serían felices, sabía que las únicas personas que la extrañarían serían Meredy, Gajeel y Levy y conocía que eran lo suficientemente fuertes para superar su muerte.

—Mi tarifa es de dos mil dólares. La mitad la paga por adelantado y la otra mitad me la da cuando este completo el trabajo. -no se lo terminaba de creer, quitar una vida valía menos de lo que costaba mantener otra y era irónico para ella. Demasiado.

—Creo que como alma en pena no podré venir y darle el dinero. -Juvia con esa simple frase le arrancó una sonrisa a ese hombre, llevó su mano a su frente entendiendo que su cliente era su objetivo y que claramente no le daría el dinero porque para ese entonces ya estaría muerta.

—Lo dejará en algún lugar que los dos conozcamos. ¿Cuándo quiere que haga el encargo?

—Lo más pronto posible, hoy en la tarde si le es posible. -Su voz tembló en ese instante y es que no se trataba de una conversación normal, estaba organizando su propia muerte. —Quiero ver el atardecer antes de morir.

—Perfecto, ¿Cómo quiere que sea?

—Debo llegar viva al hospital, pero ya en ese momento no habra nada que puedan hacer por mi. Deje mi corazón intacto y el resto de órganos que los médicos puedan salvar, quiero que sean disparos. -sus manos estaban temblando, se tragó ese nudo que se alojaba en su garganta e intentó ser muy fuerte.

—Será difícil dejarla medio muerta, suelo dar disparos de gracia.

—Debo llegar viva y es importante que no toque mi corazón. ¿Entiende? -Debía ser clara, sabía mejor que nadie que había una lista de espera, que habían demasiados protocolos en la donación de órganos, pero conocía mejor que nadie que Levy no iba a descansar hasta que el corazón de la peli azul se lo dieran a Gajeel y Juvia expresamente indicaría que le dieran su corazón a su hermano. Con su muerte le daría una nueva oportunidad al Redfox, podría matar dos pájaros de un solo tiro.

—Vestirá una chaqueta roja, un jean y traerá un moño rojo en su cabello, esto con el fin de que pueda reconocerla, no se mueva si escucha que una motocicleta se aproxima a usted o no podré mantener mi promesa de no dispararle al corazón, es complejo. -la joven asintió mordiendo su labio inferior, reteniendo todas sus lágrimas.

—Será en la plaza de Magnolia, estará sentada en la fuente, su cabello debe ser visible para mi. -asintió, entendió todas las condiciones, trató de grabar en su memoria toda la información. Aunque debía confesar que se encontraba tan nerviosa que no escuchaba del todo las frases de ese hombre.

—Mas tarde le traeré el dinero en la mañana.

—Estaré en este mismo lugar esperándola. -el hombre estiró su mano y ella dudó por algunos segundos, no quería cerrar el trato y es que en ese instante le estaba vendiendo el alma al diablo, desde mañana ya no tendría más días y era totalmente abrumante.

Respiró profundamente y estiró su mano para débil tomar la del hombre, sintió como el sicario puso un papel en su palma, ella lo reviso y se dio cuenta que era un número de teléfono.

—Hágame una llamada perdida, horas antes del encargo le indicaré donde poner el dinero. -asintió.

—Descanse, señorita. Disfrute las últimas horas que tiene de vida. -su corazón se estrujó en un doloroso movimiento, volviéndose una uva pasa demasiado pequeñita.

—Gracias, lo haré. Le agradezco por ayudarme.

—Si con ayudarla se refiere a que voy a asesinarla, claramente eso no es una ayuda.

—Ya no importa, nos veremos en algunas horas. - y con sus piernas temblando volvió su camino a la estación de autobuses. Permitió que sus lágrimas cayeran, debía desahogarse o su cuerpo entero no soportaría el dolor y la tensión que se estaban acumulando amenizando con explotar.

¿Qué haría? Revisó su reloj, eran aproximadamente la dos treinta de la mañana del día de su muerte, le quedaban menos de veinticuatro horas de vida y cada minuto contaba. Tenía tantos sueños, tantas metas aun que tenía por cumplir, pero lógicamente ya todo terminaría y no tenía caso mortificarse y pensar en lo que no había pasado.

Ya había sido demasiado doloroso para ella estar ahí, pero se sentía orgullosa, no tenía ni la menor idea que contaba con tanto valor, por una vez en su vida se sintió bien con ella misma. Ahora lo primero que debía hacer era conseguir el dinero.

Ese pequeño detalle, se lo pediría prestado a Meredy diciendo que sería para algún medicamento de Gajeel, si, era lo primordial. Su hermano, tenía que verlo antes de morir, darle un beso y un gran abrazo, decirlo cuanto lo quería, lo apreciaba y le agradecía, pero aún no eran horas decentes para visitarlo, no quería ir cuando Levy estuviera presentente.

Le encantaba las donas de chocolate con chispas de numerosos colores, podría comerse una caja entera así que se subió al autobús que después de diez minutos pasó para ir cerca al barrio de la peli rosa.

Pasó su tarjeta por el lector, buscó una silla y se sentó viendo a la ventana, probablemente sería una de las últimas veces que montaría en ese transporte, vio por la ventana a todas las personas sospechosas que rondaban las calles del barrio, había tenido bastante suerte de que no la hubieran robado, pero simplemente sí se hubieran acercado a ella para asaltarla, le hubieran dado dinero por lástima en vez de hurtar lo poco que tenía.

Antes de pasar por las donas debía ir a una farmacia, lavarse la cara, pedir algo que bajara el morado ese que tenía en uno de sus ojos. Suspiró pensando de nuevo en su profesor, ese hombre era peor que el Cáncer, en sus pensamientos era tan invasor que no importaba cuantas veces ella intentara extrirparlo, volvía de nuevo y otra vez, y de nuevo estaba allí.

¿Se sentiría culpable al conocer la noticia de la muerte de Juvia? No, Juvia se mordió dolorosamente el labio inferior para aguantar las lágrimas, en sus pensamientos no le importaba ni en lo más mínimo al profesor, no era nadie en su vida y probablemente no iría a su funeral tal y como lo había dicho, tendría cosas mucho más importantes que hacer. Se imaginó una vida con él, que él la protegía de todo peligro, la ayudaba, la quería, la abrazaba y sonrió ante esas imágenes que su mente le mostraba. Un hermoso niño apareció, claro, con los genes de ambos, ese pequeño sería el más hermoso sobre la tierra, imaginó que le decía mamá, que ella había traído al niño que Gray deseaba. Una familia feliz y una mujer amada, pero más lágrimas la invadieron, no tendría hijos, no conocería al amor de su vida, nunca tendría a su príncipe azul.

Había trabajado tanto, todos los días los vivía al límite, estudiaba, se esforzaba y casi ni dormía, pero nada de eso le había servido, porque al final de cuentas, después de todo eso que había hecho, no ganaba lo suficiente, no tenía el dinero para salvar a su hermano, no podía salvar ni su propia vida. Tenía arrepentimiento de no haber podido disfrutar la vida al máximo, de no haberse lanzado en un paracaídas, viajar a su isla favorita, conocer ese parque de diversiones donde todos los sueños se hacian realidad, irse con Meredy a un viaje de amigas, conocer el amor verdadero.

Sus pensamientos eran sumamente dolorosos, al final ni siquiera había logrado graduarse, pensó que su ser era sumamente patético.

Juvia se quedó mirando el cielo, la música que fluía por sus oídos hacia su cerebro, disfrutaba de cada segundo, tal vez, no era tan atractiva para el profesor y es que él debía estar rodeado de mujeres hermosas, negó, ya no debería pensar en eso, ahora solo debía despedirse de ese mundo.

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Estaba totalmente desconcentrado, tan afectado y pensativo que no tenía la capacidad de dictar una clase completa, ya que conectar las ideas en ese momento no era posible, en lo único que podía pensar era en Juvia, en lo angustiada que se encontraba, en que la historia pudo haber sido muy diferente y el solo hecho que no haya llegado a su clase lo estaba matando lentamente. Por tal motivo se había salido de su cronograma perfectamente organizado y ejecutado para ponerles un taller, de lo contrario se darían cuenta de que algo le estaba sucediendo.

Alzó la mirada, pensativo, esa muchacha de cabellos rosas podía saber donde estaba, moría de las ganas de preguntarle por ella, pero no podía delatarse, no tenía ni la menor idea que hacer. Sus piernas actuaron por instinto, acercándose a la muchacha, ya no lo soportaba más.

—¡Es una verdadera lastima que su compañera no hubiera venido en un día importante! -Lo decía únicamente para sacarle información, sabía que respondería de inmediato al tratarse de un taller donde en el corte tenía gran peso porcentual los talleres y trabajos.

—No se sentía bien. -su estómago se convirtió en un agujero negro, quería saber más. Conocer desesperadamente cómo estaba, si había ido al hospital para que atendieran sus heridas, si estaba en su cama recuperándose.

— ¿Tiene algo en contra de Juvia? – No le tenía miedo, sabía que había un peliplateado que podía respaldarla en caso de que algo llegase a pasar, pero, es que le parecía tan extraño que cada vez que la Loxar hacía o dejaba de hacer, el pelinegro actuaba para perjudicarla.

—¿Disculpe?

—Sí, ¿Qué si Juvia le hizo algo malo? Cada vez me doy cuenta que sus acciones las hace encaminadas en contra de ella.

—Se está confundiendo, a todos mis alumnos los trató por igual. -Mentía, con cada célula de su cuerpo y en ese momento sabía que no podía preguntarle mucho más sobre ella. Avanzó no sin antes deslizar el teléfono de la Loxar en la maleta de la joven sin que lo notara, ahora la pelirosa debía entregárselo a Juvia para poder contactarla.

Su corazón se detuvo súbitamente al recibir esa llamada que estaba esperando desde la mañana, con gran rapidez salió del salón para contestar, en ese momento lo que menos deseaba era que alguno de sus alumnos lo escuchara.

—Hola, ¿Le pasó algo a Lucy? ¿A mi hija? – era imposible no preocuparse con la cantidad de llamadas que Gray le había hecho, pero que el pelirosa no había logrado escuchar por el sueño tan pesado que tenía. Llegó a pensar lo peor y es que su mejor amigo no era tan insiste a menos que algo muy grave estuviera sucediendo.

—No, ellas están bien. No es eso. -Se rasco su cabello un tanto desesperado y muy frustrado. Contarle la discusión que había tenido con Lucy en ese momento era lo menos relevante, ahora lo único era Juvia Loxar.

—¿Aún tienes acceso a los registros de Igneel? Te juro que hice una búsqueda, ella no estaba. -Sabia mejor que nadie que la información era limitada, que Natsu probablemente iba a encontrar algo que él no había visto, que en ese momento estaba rogándole a un ser que creía que no existía, pero que en ese instante era el único que podía darle una pequeña chispa de esperanza.

—Espera dame unos minutos. -El pelirosa se levantó de la cama, con solo escuchar su preocupación quedó totalmente despierto.

—Anoche llegó golpeada a mi casa y con una quemadura de cigarrillo en su sien. -No se atrevía a decir nada, no cuando se habían metido con alguien tan importante para su mejor amigo.

—¡Ese maldito de Keith! -Y su ser terminó por volverse añicos, conocía el modus operandi y Natsu también pensó lo mismo, aunque deseaba que ella no estuviera en los registros ya sabía cuál sería la respuesta de su mejor amigo.

—Me dio una crisis, le dije que se fuera que no quería involucrarme. -Reprochar las acciones a una persona con el diagnóstico de Gray no era buena idea, más porque sabía que podía llegarse a sentir tan culpable que era capaz de cometer una Locura. Así que no debía decirle lo que hizo mal, sino conjuntamente encontrar una solución. —Soy un completo idiota, no debí haberla dejado ir, tuve miedo, no era yo en ese momento.

—¡Tranquilo ya la encontraremos! Listo ya entré a la lista, dame unos segundos reviso. -Era una corta y sencilla oración, en ella pedia que Juvia no estuviera allí que se repetía una y otra vez en su mente.

—¡Ya Gray! -El silencio incómodo y bastante revelador le provocaron que su mundo entero se viniera al suelo.

—Por favor sólo dime que no la encontraste.

—Es familiar. -Se asustó, saber que Juvia había caído en las garras de su progenitora era la peor noticia del mundo. —La persona que pidió prestado el dinero fue Levy McGarden.

—¿Cuál es el motivo? -Bastante angustiado volteó a ver en todas las direcciones con el único propósito de cuidar que nadie escuchará la conversación tan seria que mantenía con su mejor amigo.

—Dice que el dinero es para salvarle la vida a un tal Gajeel.

—¡Maldito! ¿Cómo se atreve a meterla en esto? -enojado, no recordaba en donde se encontraba, con todas sus fuerzas golpeó los lockers lleno de rabia.

—Hermano, tranquilo la vamos a encontrar. Le vas a dar el dinero y ella va a pagarles. -Gray asintió, solo debía encontrarla, protegerla, salvarle la vida.

—Necesito que rastrees un celular. Te lo enviaré, antes de ir por ella necesito hacer algo importante. -Colgando la llamada por primera vez hizo algo increíble en su vida, dejó su trabajo tirado. Ahora Juvia Loxar era lo más importante.

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Estaba furioso, completamente fuera de sí, perdiendo el poco control que le quedaba trataba de respirar inhalando y exhalando, pues su respiración automática se había desactivado. Rápido, la velocidad con la que venía conduciendo era casi suicida, pero sabía que en una situación así cada segundo contaba y si quería que Juvia estuviera a salvo debía llegar lo más pronto posible a su destino. Un escalofrío recorrió su cuerpo, la casa en si le traía un montón de recuerdos, la mayoría que quería olvidar, arrancar de su mente, pero que jamás podría borrar. Vio como le abrieron prontamente la puerta, como si ya lo estuvieran esperando con anticipación y no era una situación extraña, conocía los alcances de su madre.

Parqueó su auto en el jardín hermoso y demasiado lujoso, para dar un portazo. Dos hombres vestidos con elegante negro le abrieron las puertas de la enorme mansión, los vio amenazandolos con esa furiosa mirada gris mientras ellos le hacían una reverencia dejándolo entrar enseguida.

—¿Dónde está? -Escupió esas palabras casi ordenándoles, era su hijo, tenía la autoridad suficiente para hacer y deshacer en esa casa.

—En su estudio. -Todo era una fachada y apariencias, sabía que ese hombre que le acaba de contestar era uno de los peores, aunque lucia bastante normal podía a llegar a ser el más sanguinario.

El joven siguió el largo pasillo para encaminarse por las escaleras. Nada había cambiado, todo seguía igual desde la ultima vez que había visitado el lugar. El camino a la habitación de la casa fue demasiado corta y es que sus zancadas abarcaban mucho espacio.

Sin dudas o titubeos abrió la gran puerta sin dedicarse a golpear o tener el suficiente permiso para entrar, la vio sentada en una gran silla tras un escritorio con su escalofriante sonrisa.

—¡Si la vuelven a tocar los mato a todos y cada uno! - La señaló inmediatamente mientras gritaba esas palabras, sabía que era una mentira lo que acababa de decir, que el solo no sería capaz de acabarlos, sin embargo, no tenía miedo por lo que le pudiera pasar, pues en ese momento su sentido común estaba totalmente nublado por la ira.

—Hijo, es un gusto tenerte por acá. ¿Cómo has estado? -Cerró los ojos buscando control, ella sabía como sacarlo de sus casillas y ahora que lo estaba ignorando provocaba que su ira siguiera incrementando.

—No vine aquí para aguantar tu falsa modestia. Solo quiero que te quede algo muy claro… -se acercó pisando fuertemente y con gran ferocidad. —… Si uno de tus hombres o tú le tocan un solo cabello, juro que me pedirán piedad de rodillas. -Sorprender al monstruo que tenía en frente era bastante complicado, sin embargo, los ojos de Mika Fullbuster ligeramente se abrieron, levantó una de sus manos para con ese simple gesto indicarles a sus guardias que bajaran sus armas, pues habían presenciado a Gray tan violento que no dudaron en hacerlo para cumplir su trabajo y protegerla.

—Me llenas de orgullo, cada día te pareces mas a mi. -Su único objetivo era ser diferente a ella, cada una de sus acciones estaba encaminada a ser todo lo contrario de ella. No deseaba ser como su progenitora, pero al tratarse de Juvia Loxar llegaría hasta las últimas consecuencias.

—Si puedo hacer arder el mundo por diversión, imagina lo que podría hacer por venganza. -Solo la quería proteger, jamás se imaginó que esas frases estuvieran saliendo de su educado y estudiado ser.

—¿De quien hablas? -Fingio inocencia para ver como la vena de su sien se brotaba demostrando lo molesto que se sentía.

—No te hagas la inocente cuando se mejor que nadie que me vigilas las veinticuatro horas. -movió su cuello hacia un lado sin dejar de regalarle esa mirada.

—¡Ah! ¿Te refieres a la azulita? -miró sus uñas sin tener el mínimo interés en lo que estaba diciendo su hijo.

—Juvia Loxar. -la mujer puso sus ojos en blanco para mirarlo con una ligera sonrisa pintada en su rostro.

—Esa chica hermosa, nos debe bastante dinero.

—¿Cuanto te debe? Te lo pagaré con intereses. -Gray quería salvarla, si tenía que darle toda su fortuna a esa mujer no lo dudaría, haría todo lo posible por salvar a Juvia. Ella con su dedo índice negó en el aire.

—Sabes que no funciona de esa manera, yo no hice negocios contigo.

—Entonces no tengo nada más que discutir. -No soportaba estar en ese lugar, de hecho el solo ver a su madre le provocaba todo lo que quería olvidar. Se dirigió a la puerta para irse huyendo, sin embargo, se detuvo al escuchar un comentario proveniente de ella.

—Una persona desesperada es capaz de hacer cualquier cosa, ¿Sabes cuánto nos darían por unos videos suyos? -su ángel, imaginarla en esa situación fue bastante chocante, no, no lo permitiría. Fue detenido, sujetado y apartado, no mentía cuando decía que iba a hacer cosas muy malas si se metían con su chica y ese comentario había sacado lo más violento de su ser.

—No te atrevas a tocarla, me importará muy poco que seas mi progenitora, te repito para que te quede claro, si la tocas te mato. -Forcejeando se soltó, amaba que su hijo le hablara de esa manera, quería que la malvada sangre que corría por sus venas también lo hiciera por la de Gray, no viviría toda la vida, necesitaba dejar un heredero.

—No podrás protegerla siempre. -Rio divertida e irónica. Ignoro esa frase sabiendo que tenía toda la razón, no podría protegerla de ella.

—Te devolveremos cada centavo.

—Sí, me lo devolverán, no te preocupes. Ella es muchísimo más inteligente, tanto que ya encontró una solución. -sus ojos mostraron esa expresión de confusión, no tenía la menor idea donde una mujer como Juvia había encontrado tanto dinero.

—Déjame explicarte; te noto algo confundido. La vieron en la zona esta madrugada. -El profesor tragó toda la saliva que tenía reunida en la boca. —Contrató un sicario.

—¿Un sicario? -Su corazón se detuvo, no entendía nada de lo que estaba diciéndole, Mika Fullbuster jamás se dejaría ver el rostro, muy pocos sabía quien era la cabeza de la organización, solo sus más leales ayudantes, entonces, no tenía sentido que Juvia contrarara un sicario para asesinar a Keith, pues solo era un peón y si no conocía al jefe nada terminaba de encajar. Su mente viajó haciendo conclusiones, no, no comprendía las acciones de la chica.

—Contrató un seguro, creo que estás perdiendo el tiempo aquí querido hijo, yo no la lastimaré, pero tengo mis firmes pensamientos que ese hombre si la asesinará. -No tenía caso preguntarle dónde estaba ella, sabía mejor que nadie que no lo ayudaría.

—¡Mierda! -Declaró para finalmente salir como un alma que lleva el diablo de la casa.

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Soportó inútilmente el nudo que tenía atorado en la garganta, respiró hondamente intentando calmarse y cuando se sintió preparada se llenó de valor para marcar el número que tenía guardado en su celular, ese que había conseguido devuelta porque Meredy se lo había llevado a su casa junto con el dinero, sí, después de mucho meditarlo sabía que si Meredy la veía se daría cuenta de sus golpes, de su plan, de absolutamente todo, por lo que fingió no estar en casa y bajo órdenes le indicó que le dejara todo en el casillero del edificio. Cuanto hubiera deseado verla por última vez y regalarle un abrazo.

Juvia no tuvo respuesta en el primer intento, se desesperó un poco, porque era de vital importancia que Levy contestara el teléfono.

—¡Contesta maldita sea! -le gritó al celular algo enojada con un ligero toque de desesperación en sus palabras. Llevó el teléfono celular a su frente, implorando para que contestará la llamada.

Nuevamente timbró el celular y esperó los tortuosos segundos en los que sonaban los pitidos sin obtener respuesta alguna, Juvia vio el cielo, el sol ya estaba empezando a esconderse, no le quedaba mucho tiempo.

Cinco intentos infructuosos, con algo de nerviosismo vio en todas direcciones rogando para que aún no pareciera la muerte, al sexto intento escuchó la voz de la mujer y respiró aliviada.

—¡Juvia, no voy a devolver el dinero! -le dolía y bastante que ni siquiera le hubiera preguntado cómo seguía después de haber recibido esos golpes. Sus palabras no eran de arrepentimiento o para preguntarle sobre su bienestar, odiaba sentirse así, detestaba profundamente sentir esa ira en su contra y más cuando estaba a punto de irse de este mundo.

—¡Cierra la boca y escucha! No tengo mucho tiempo. -Levy abrió su boca de la sorpresa, Juvia en la vida le había hablado así, no se habia atrevido nunca a alzarle la voz o usar el tono que estaba empleando.

—En menos de quince minutos voy a llegar al hospital de Magnolia, vas a hacer todo lo posible porque mi corazón se lo den a Gajeel.

—¿De que hablas? -No estaba entendiendo ni una sola palabra o bueno en esos momentos no podría comprender del todo el contexto.

—Lo más pronto posible irás a Fairy seguros y reclamarás el dinero de mi seguro, Gajeel es mi único beneficiario. Calculé el tiempo en el que él estará en cuidados intensivos, el monto del seguro les alcanzará para pagar la cirugía, los intereses y junto con el dinero que tienes toda el monto de Tartaros a esa fecha. -la mano de la pequeña mujer empezó a temblar, algo nerviosa por las palabras de Juvia que parecían ser muy en serio.

—Juvia, no puedo entenderte. Dime dónde estás, ya voy por ti. -un mal presentimiento, Levy comprendió que las palabras de la peli azul eran una señal de su inminente muerte.

—¡Solo has lo que te digo!

—No entiendo. Juvia, no comprendo lo qué estás diciéndome.

—Nuevamente, Levy. En quince minutos voy a llegar al hospital de Magnolia, vas a hacer todo lo posible para que mi corazón se lo entreguen a Gajeel, mi seguro está en Fairy Seguros, en la página de internet está el número, solo llamen y junten los documentos para reclamar el dinero. -su voz se iba a quebrar en cualquier instante. — Le debo a Meredy dos mil, por favor págale cinco mil.

—Encima de mi cama está la ropa con la que quiero que me presenten en mi funeral, si les es posible tiren mis cenizas al mar. Dile a Gajeel que lo quiero mucho más que a mi vida y que espero que se recupere pronto.

—Juvia, ya estoy agarrando las llaves. No cometas ninguna Locura, por favor.

—Está llamada jamás existió, no quiero que Gajeel ni Meredy se enteren de esto.

—¡Juvia! No me cuelgues, mantente en la línea. Hay otra solución, conseguiremos el dinero. -la joven mordió su labio inferior totalmente nerviosa, no tenía ni la menor idea de que hacer o como evitar que Juvia cumpliera lo que estaba diciendo.

—¿Otra solución? ¿Cuál? Al menos podré pagarle a Gajeel todo lo que hizo por mi, no seré una hipócrita.

—Juvia, no era en serio lo que te dije esa vez, estaba asustada, estresada. Esto no era a lo que me refería, perdón.

—Adiós Levy.

La jovencita colgó el teléfono y parpadeó en repetidas ocasiones para retener las lágrimas que querían salir. Sintió la vibración de su teléfono segundos después. Su cuñada era quien la llamaba tratando de contactarse con ella e impedir la Locura que iba a hacer.

Lanzó su teléfono a la fuente, estaba completamente segura que cedería, que contestaría y que probablemente se dejaría convencer de ella de no morir.

Era el atardecer más hermoso que había visto en toda su vida, el cielo lucia como un hermoso algodón de azúcar, rosa, morado y azul pastel, con las más blancas nubes que adornaban el cielo, había llegado el momento de su muerte muy rápido.

Miedo, su cuerpo entero empezó a temblar producto del temor que estaba experimentando, se debía a que no podía conocer que había después de la muerte, ¿y si todo acababa ahí? ¿Si no existía la reencarnación? O peor aún ¿iría al infierno por decidir acabar con su vida? Mordió su labio inferior cerciorándose que aún seguía con vida. Estaba aterrada, ¿Le dolería? Nunca le habían disparado con anterioridad, no quería sufrir, hubiera sido mejor un golpe de gracia, pero si hubiera sido de esa manera no le hubiera podido dar el corazón a Gajeel.

Soledad, cerró los ojos sabiendo que moriria sola, en un hospital, sin nadie que la fuera a llorar, se encontraba desamparada, abandonada. Habían personas que la querían, que la apreciaban demasiado, sin embargo, en ese momento creía que no tenía a nadie, se sentía peor que un infante perdido completamente sola en el mundo.

Ansiedad, estaba a punto de acabar con el esmalte de su uña, estaba estresada y más porque en cualquier momento pasaría y lo peor es que debía quedarse completamente quieta. Respiró hondamente soportando ese vacío que existía en su estómago en ese momento, ese agujero negro que amenazaba con tragarla. Físicamente se sentía terrible y quería que se acabaran todos esos sentimientos negativos que la acechaban.

Enojo, si hubiera nacido con dinero, sí, como su profesor nada de esto estuviera pasando, odiaba el hecho de que existiera tanta desigualdad, la vida era injusta y extremadamente cruel, lo peor es que en esos minutos que le quedaban de vida no podía hacer absolutamente nada por cambiar el destino. No era millonaria, fue inútil el intentar conquistar a ese hombre con dinero y se llenó de inseguridades, no se creía bonita y maldijo porque en un momento así se valían decir todas las groserías que no dijo en su vida.

Culpa, no quería irse de ese mundo sin cumplir todos sus sueños, se arrepintió de lo que hizo, ¿por qué tenía que ser ella quien llevara toda la responsabilidad? ¿Por que debió acabar con su vida? Era muy injusto. Llevó sus manos a sus ojos para sollozar, trató de ocultar sus llorosos ojos azules con sus palmas, sin embargo, el llanto que la invadió fue más fuerte.

Tristeza, sin poder controlarse lloró mucho más fuerte, con un toque de desesperación, la angustia fue incrementando, no deseaba morir, pero no hizo nada para cambiar su destino, se quedó completamente quieta y en ese instante escuchó él motor de la motocicleta, parecía que su tiempo había acabado.

—Adiós mundo…


Hola hermosuras, como siempre perdón por la tardanza, pero este capítulo o gran parte se me borro y tuve que reescribirlo. Muchas gracias a todos y si llegaron hasta aquí, gracias por leer, no olviden irse sin dejar un comentario.

A continuación, contestaré sus reviews:

GruviaSilver: Holi, Si, durante los capítulos he dejado pistas del pasado de Gray, ahora con esta revelación sabemos un poco porque Gray es tan como es, y sus problemas mentales. Mika es la raíz de todos sus males y Silver aún no aparece, pero se encuentra con vida. Ya casi se enterará, por lo pronto continúa pensando que es su peligroso novio. Muchas gracias por tu review, te mando un beso y un abrazo, que tengas un hermoso domingo.

Olivia1415: Hello!! Gray no la acepto porque tuvo un pequeño corto circuito, pero esta ahora haciendo todo lo posible por protegerla, el pasado del Fullbuster se irá destapando de a poco, espero que este cap también te haya gustado mucho, te mando un beso y un abrazo psicológico. Gracias por todo.

Manu: Hola, muchas gracias por tu review, me encanta que te encante. Veo él manga por pedazos, en realidad no lo he leído completo. Con respecto al Natsu x Erza nunca había pensado en la pareja antes, de hecho los veo como hermanos a ellos dos y mi fuerte siempre será el gruvia, no suelo escribir de otras parejas, no me siento con la chispa para hacerlo. Claro cuando tenga algo de tiempo me pasaré y lo leeré. Que tengas un feliz día. Te mando un beso y un abrazo.

Karna: Holi!! Awww si lo hubiera sabido te hubiera dedicado el cap, espero que hayas pasado un día increíble. Espero que quieras leer muchísimo más de esta historia, lo hice con mucho cariño. Gracias por todo, te envío un abrazo y un beso, feliz día.