—¡Acá está bien! -Señaló la parada de autobuses en frente de ellos para empezar a tomar su bolso y celular, el muchacho detuvo el auto y esperó que ella bajara.

—Nos vemos en unos minutos. -Susurró la chica con una sonrisa en sus labios, estaba tan feliz que no se cambiaría por nadie, él asintió y recibió ese beso que le dio en su mejilla. —Gracias por lo de anoche. -Juvia le pico el ojo, él recordó todo lo que había pasado, no debía agradecer, él lo había disfrutado mejor que nadie.

—Mi actitud en la universidad hacia usted no cambiará, no se sienta mal si la trató de una manera diferente allá.

—Lo entiendo. -Sabia que Gray era una persona muy linda fuera de la universidad, además nadie podía enterarse de que los dos salían, por eso todo debía permanecer sin cambios.

—No olvide revisar el contrato y hacerme llegar sus correcciones. -Ella asintió para despedirse con su mano, cerró la puerta de la camioneta y vio en todas las direcciones cerciorándose de que nadie conocido los hubiera visto, parecía que todo estaba en orden, vio como la camioneta seguía su camino y es que le había dicho que sería sospechoso si llegaban juntos y le había pedido que continuara su camino, que no esperara que ella tomara el bus, que se adelantara.

En ese instante que ella ya había desaparecido de su espejo retrovisor alzó sus manos en señal de victoria, bajó el vidrio para recibir todo el viento en su perfecto rostro, esa mañana lucia hermosamente especial, ¡Demonios! Cuanto amaba sentir esa felicidad que le recorría todo el cuerpo.

Misión cumplida. – le escribió a su amigo pelirosado, sin embargo, sabía que no tardaría en llamarlo y para ese momento le contaría con lujo de detalle como habían sido las cosas. Debía aceptar que moría por contárselo, por fin como Natsu odiosamente lo llamaba, "La había coronado".

Se dejó llevar por el ritmo pop que sonaba a través del Bluetooth de su camioneta, ella había puesto su música de Kpop por medio del celular del pelinegro y parecía no molestarle en lo absoluto, eran buenas canciones aunque no aceptaría eso en voz alta.

Su piel, su voz, el hecho de haber sido el primero en su vida, no había mejor momento para estar vivo y si que estaba agradecido con la vida, debia dar gracias porque aunque esa peliazul estuvo a punto de morir aún respiraba y en esa madrugada había respirado en su oído mientras el placer los invadia.

Llegó a la universidad después de algunos minutos, parqueó su vehículo y sabía mejor que nadie que la Loxar se demoraría un poco en llegar, por lo que caminó a la sala de maestros con calma, dándole unos cuantos minutos para que lograra entrar a su clase.

Ingresó mientras saludaba a sus compañeros de trabajo, una peli castaña ladeó su cabeza al notar algo inusual en el profesor, así que no dudó en ir tras él a su oficina.

—¡Hey Gray! -Los ojos grises atendieron al llamado, se volteó para ver a Cana, era la única con la que había entablado una relación de amistad en su lugar de trabajo y a la única que le contaba medianamente lo que sucedía en su vida. Una buena amiga.

—¿Qué tienes en la cara? – El joven llevó una de sus manos a su boca, tratando de limpiarse, pensando que le había quedado rastros del brillo labial que usaba Juvia.

—¿Ya? -La peli castaña negó con su cabeza.

—¿Qué tengo? -Tomó un espejo que tenía guardado en uno de sus cajones para ver su reflejo, pero no veía nada inusual. Al notar que Gray no entendía nada, ella se apresuró a hablar.

—Estas sonriendo, eso nunca pasa. ¿Tuviste sexo anoche? -No tenía la menor idea como ella siempre sabía todo lo que le sucedía y lo peor, jamás usaba algún tipo de filtro con él, siempre decía lo primero que se le venía a la mente.

—No. — A mi no me engañas, ven dime ¿La conozco? -avergonzado vio rápidamente el lugar esperando que nadie escuchara su conversación.

—¿Eres bruja o que? -Ella sonrió casi esbozando una carcajada.

—Lo soy, sabes que lo soy. Dime ¿Acaso tiene un lindo cabello y unos grandes ojos azules? -Gray abrió los ojos para tomar unas cuantas cosas y levantarse de la silla.

—Llegaré tarde a clase. -Dijo tratando de esconder la identidad de la chica, pero era imposible, Cana siempre se olía las cosas a kilómetros de distancia.

—Cuéntame, no me puedes dejar así.

—Claro que puedo. -Dijo abochornado, tratando de escapar de la situación, aunque no podía ocultarlo, Juvia era la causante de su buen humor.

—De mi no te me escapas, Fullbuster. -Sabia que era totalmente cierto, respiró profundo al saber que ya se encontraba en una distancia donde ella no lo iba a encontrar, estaba sonriendo de manera automática, bien, parecía que eso nunca pasaba porque su amiga se había dado cuenta.

—Usted es imposible señorita Loxar. -sonrió para apreciar como el sol iluminaba las flores en el jardín.

Unos ojos rojos se abrieron con inmediatez al ver a una muchacha de cabellos azules cruzando la puerta del aula, se levantó casi como un resorte de su silla, ya que fue un movimiento involuntario de su cuerpo. Verla le sorprendió en demasía, aunque se quedó en completo silencio, no fue capaz de pronunciar palabra.

—¿Juvia todo bien? -Parecían tener una extraña conexión, Sting habló por Rogue en ese instante, le debía agradecer, después de que le había dicho que si salieran y que de repente hubiera cambiado de opinión lo hacía pensar que él no le interesaba en lo absoluto y por obvias razones no quería dirigirle la palabra.

—Sí.-Se había maquillado con el fin de esconder sus hematomas, ella asintió, estaba mejor que bien, no podía describir en palabras como se sentía, se encontraba extraña, pero al final estaba enteramente feliz, había dormido en los brazos del profesor, después de un par de cosas que hicieron y que fue de su total agrado.

—No habías vuelto a clase, nos preocupamos. -Minerva puso sus ojos en blanco, era la que menos había extrañado a la peli azul y si por ella fuera preferirá que hubiera muerto para no entrometerse en su camino, de lo único que estaba segura era que Juvia Loxar le caía como una patada en el estómago.

—Tuve un accidente, pero estoy bien. Muchas gracias por preguntar. -Hizo una pequeña reverencia para dejar sus cosas en la mesa y acomodarse en su silla. Se sentó y justo ahí se sintió dolorida, una pequeña sonrisa se le formó en los labios, todo parecía aún irreal.

Aunque él debió llegar primero no se encontraba en el salón, por lo que concluyó que se encontraba en su oficina en la sala de profesores. No habían pasado más de diez minutos desde que se separaron, sin embargo, se sentía totalmente desesperada por verlo de nuevo.

Vio como Meredy entraba y se sentaba a su lado, le debía un montón de explicaciones, debía contarle muchas cosas, si, no quería esconderle algo tan importante a su mejor amiga, tampoco es como si pudiera pues tarde o temprano el bebé empezaría a crecer dentro de ella siendo notable.

Y entonces entró, bajó su mirada porque sabía que sus ojos habían brillado en el momento que lo había visto, él se mantuvo serio, pero hizo un check mental al verla sentada en el puesto de siempre, junto a su mejor amiga pelirosa.

—Buenos días. -Saludó, para descargar todo en su mesa y volver para proceder a cerrar la puerta, corriendo una pobre alma entró segundos antes de que cerrara, hizo una pequeña reverencia esperando que el profesor le pusiera algún tipo de castigo, pero no hizo nada al respecto.

—Siéntese, vamos a comenzar la clase. -Habia sido salvado, por lo que se sintió muy feliz con el profesor.

El joven empezó a dictar como si no hubiera pasado nada, cruzaba miradas con Juvia, pero no le mantenía la mirada, no podía hacerlo, no cuando ambos guardaban ese secreto. Y entonces lo vio, se dio cuenta después de casi veinte minutos que ella había cerrado los ojos y que no estaba atendiendo a su clase.

—Señorita Loxar vaya a dormir donde la trasnocharon. -Se acercó golpeando la mesa de la jovencita. Ella se asustó dando un pequeño salto provocando risas en sus compañeros, ¿Cómo no dormirse si él no la había dejado descansar casi nada?

—Volveré donde me trasnocharon de eso no hay duda. -Y el joven abrió su boca de la sorpresa, jamás pensó que ella le fuera a contestar.

—¿Qué fue lo que dijo?

—Que no volveré a dormirme en su clase, de eso no hay duda. -Rogue bajo la mirada, imaginar que ella salía con otro le provocaba tener el ánimo por los suelos.

—¿Mi clase es tan aburrida?

—No, no señor. Solo me encuentro algo cansada. No volverá a pasar, perdóneme.

—Como estoy durmiendo a la señorita Loxar, ella se encargada de dictar la clase el día de hoy. -El muchacho le pasó el marcador.

—¿Puedo hacer lo que yo quiera en la clase?

—Por supuesto, por favor mantenga despiertos al resto de sus compañeros. -Ya tenía mucha más confianza con él, ese día cuando la avergonzaron con ese video él le había dicho que su deseo era que lo callara con su sabiduría, que no se dejara intimidar por él. Tomó el marcador, pasó al frente mientras él se sentaba en la silla de ella y los vio a todos respirando profundo.

—Es de conocimiento de los presentes que el parcial se aproxima y aunque no representa un porcentaje elevado en este primer corte puede que su calificación sea decisiva a la hora de aprobar esta materia, por lo que vamos en esta clase a concentrar nuestros esfuerzos por aprobarlo. En la plataforma hay un taller de quince puntos que contiene todos los temas vistos en clase, si logran completarlo antes de que se termine la clase obtendrán un 0,5 en su calificación del parcial. -La sorpresa en el rostro del joven era evidente, Juvia era brillante, talentosa y bastante hermosa para él, le volteó completamente la situación buscando obtener ventaja.

—¿Ha perdido la cabeza? ¿0,5? ¡Eso es demasiado!

—Estudiante Fullbuster no lo autorice para que hablará. -Respondiéndole se tomó muy en serio su papel de profesora, todos los estudiantes le siguieron la cuerda a la Loxar. Él sonrió, ella era especial, de eso estaba seguro.

—Solo tengo tres condiciones para otorgar el 0,5, primero pondran sus celulares en esta caja, segundo si alguien sabe cómo resolver el ejercicio debe pasar al frente y explicarle a sus compañeros, tercero la idea no es copiar, es aprender. ¿Esta de acuerdo estudiante Fullbuster? -Le preguntó porque la decisión de otorgar los puntos era de él.

—No terminarán el taller para el final de la clase. -Se cruzó de brazos muy seguro de sí mismo.

—Los estudiantes somos capaces de todo cuando hay puntos extras en el camino.

—Bien, el tiempo es suyo, deben haber venticinco celulares al frente para poder iniciar. -Dijo el profesor dando luz verde a la Locura que se acababa de inventar la futura madre de su hijo, casi corriendo pasaron al frente para entregar sus celulares, los contó todos y faltaba uno.

—Falta uno, si no está ese celular aquí no iniciamos. -Minerva pasó adelante y dejó su celular, no sin antes regalarle una mala mirada a la muchacha.

—Bien, con todos los celulares al frente yo iniciare con la explicación. -Se volteó para empezar a anotar el ejercicio, su voz, la forma en la que hablaba, Gray no podía dejar de verla, era como si estuviera totalmente idiotizado.

—¿Alguna pregunta? -Le habían entendido mucho más a Juvia que al propio Gray, por lo que copiaron en sus hojas el ejercicio.

—Yo quiero hacer el siguiente. -Se postuló Meredy mientras en el segundo tablero empezaba a escribir el problema. Se devolvió para hablar con Juvia mientras veía el libro y verificaba que estuviera bien escrito.

—¿No te parece que el demonio está feliz?

—¿Te parece?

—Se lo dieron anoche, estoy segura. -Toda la cara de la Loxar se tornó roja, más roja que un tomate, volteó el rostro fingiendo que sacaba algo de su maleta, lo peor es que no podía aceptar que ella había sido quien había provocado el buen humor en su profesor.

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Estaba visiblemente nerviosa, respiró profundo mientras sus ojos azules se paseaba por todo el lugar, casi temblando mientras apretaba fuertemente el cinturón de seguridad buscando a aquel demonio de Tártaros, todo eso, tratando de no desfallecer en el intento. Había hablado con Levy en la tarde, expresamente lo necesario para acordar una cita con Keith en la noche.

—¿Se encuentra bien? -asintió con la cabeza, pero debía aceptar que se encontraba totalmente aterrada. Pasó saliva al escuchar como el GPS de la camioneta le indicaba que ya habían llegado a su destino. La última vez que vio a ese hombre la había golpeado de una manera brutal y era humana, le aterraba pensar que podía volver a hacerle daño.

Era una mala idea, sabía que estar en ese lugar era bastante riesgoso para ambos, pero no podía dejar que ella estuviera sola en ese momento, por eso insistió en acompañarla a entregar el dinero. Debía desconfiar de su mamá, Juvia era la persona más importante en su vida en ese instante, no dudaba que para fastidiarlo se metiera con ella.

—Ahí está. -Susurró identificando a aquel hombre, que más bien parecía un muerto en vida, con su terrible y amanezante aspecto. Gray vio el lugar donde Juvia estaba señalando por el vidrio delantero, claro que era Keith, no necesitó más confirmaciones para saber que ella se había metido en horribles pasos que la conectaban irremediablemente con su terrible madre.

—La acompaño. -Ella negó enseguida, con sus ojos le imploró que no interviniera, no lo arriesgaría de nuevo, ya que ese era su problema, no el de él. El profesor respiró hondamente en desaprobación.

—Iré con usted, no permitiré que le hagan daño de nuevo. -suavemente tocó las manos de Gray, él la apretó fuertemente sabiendo que iba a discrepar.

—Por favor no intervenga, no me perdonaría si lo vuelven a herir por mi culpa. —Pero… —No se inquiete soy una chica valiente. -Suspiró, no era como si pudiera mostrarse en ese lugar así como así, además solo debía entregar el dinero, sería una transacción rápida y no la perdería de vista, no creía que algo malo fuera a suceder.

—No me pida no intervenir, si veo que necesita mi ayuda no dudaré en salir. ¿Entiende? -Y ahí estaba su personalidad mandona, pero sobretodo extremadamente protectora. Ella asintió, respiró profundo cerrando los ojos y dándose fuerzas para lo que venía.

—Entiendo, pero por favor comprenda que son peligrosos, si me golpearon de esa manera no dudó que a usted por ser hombre le hagan algo mucho peor. -Tenia toda la razón, sin embargo, había un pequeño detalle que no se le pasaba por la mente a la Loxar, por el momento no le harían nada, no le tocarían un solo cabello ya que era el hijo de la jefe, alguien en extremo importante.

—La vigilaré desde acá, no lo olvide, ese imbecil debe darle la copia del contrato indicando que la deuda queda saldada. -Habian contado el dinero muchas veces, pasó sus ojos por la maleta, era una lástima que organizaciones como esa crecieran bajo las amenazas y el delito, cobrando un interés inalcanzable, sí, la mafia podía ser de lo peor en la faz de la tierra.

—Sí, un comprobante de pago de la deuda. -trató de recordar todos los pasos en su memoria, pero por el miedo su mente le jugaba malas pasadas.

—Bien, vaya, entre más rápido lo haga la pesadilla se acabará. -Y esa frase la animó, quería que se acabara ese tormento, no quería volver a saber de Tártaros por lo que le quedara de su vida, no se imaginaba que estaba vinculándose directamente con ellos al ser la madre del hijo de Gray.

Se quitó el cinturón para abrir la puerta y salir, tomó una gran bocanada de aire para subir la cabeza y armarse con el valor suficiente para seguir, la maleta estaba algo pesada y le costaba moverse con rapidez, pero se aferró tanto a esos cordones, no podía permitirse perder el dinero. Caminando hacia el callejón se detuvo, volteó asegurándose que Gray estuviera pendiente, claro que lo estaba, se encontraba alerta, atento, debía actuar si algo inusual sucedía.

Y ahí estaba ese demonio, él que le había hecho sentir un miedo incomparable, aquel que se había atrevido a golpearla, a amenazarla y hacerla sentir como si fuera más pequeñita que una cucaracha.

—¡Keith! -gritó sacando todo su miedo combinado con enojo, la calavera volteó a verla atendiendo a su llamado, se metió el cigarrillo a la boca para acercarse a ella con una cerveza en su mano.

—¡Querida, me sorprendió que quisieras verme! No me digas, lo pensaste mejor y quieres grabar unos cuantos videos para pagar la deuda, ¿No es así? -Cada palabra le provocaba repugnancia, le asqueaba, sentía unas inaguantables ganas de vomitar.

—¡Espera! -la tomó de las mejillas con una mano con algo de violencia. —Ya no hueles a Virgen. -La olfateó llevando su nariz muy cerca de su rostro, emitiendo una expresión de perversión mientras ella solo podía sentir asco de aquel toque.

El joven apretó fuertemente el volante al ver lo que le estaba haciendo a su joven mujer, la sangre empezó a hervirle y estaba dispuesto a salir para poner a ese hombre en su lugar. Sin embargo, vio como ella le escupía el rostro provocando que se alejará para limpiarse.

—Hubiera preferido morir antes de hacer algo como eso. -No se podría imaginar cómo se sentiría con el hecho de que su cuerpo circulara en portales de dudosa procedencia, que se tocaran pensando en ella, en cosas horribles mientras se entregaba a otro hombre que no fuera Gray. No, definitivamente eso no lo permitiría.

—Cuida tus palabras, cucaracha. No me temblará la mano para disparte en esa boca sucia que tienes. ¿A cuantos se la chupaste para conseguir el dinero?

—Eso a ti no te importa, imbecil. Cuéntalo y promete que jamás te meterás conmigo o mi hermano. -Levy para ella ya era otro tema, había logrado perder el afecto que le tenía.

—¿Y si no lo quiero recibir? -sabia que estaba jugando con ella, la expresión, él como movía su cuerpo de una manera arrogante, aún sentía como la ira lo recorría a gran velocidad, Keith jamás debió haberla tocado. Se bajó de la camioneta azotando la puerta con fuerza, sus pasos golpeaban el piso casi como si pudiera dejar huella en el pavimento, al alzar la mirada el rostro de Keith se tornó blanco, su mirada burlona desapareció.

—Si no lo recibe será su maldito problema. -Respondió, pero sabía que la calavera había perdido totalmente el hilo de la conversación. Volteó a ver a Gray ya que sintió un aura demasiado pesada.

—¡Subase a la camioneta!

—Le pedí que no interviniera, puedo manejar la situación. -Susurró, pero se dio cuenta que Gray tenía la vena de su sien totalmente brotada, su mirada quemaba, los puños totalmente cerrados y haciendo fuerza, en ese instante lucia mucho más aterrador que Keith.

—¡No se lo voy a repetir, súbase a mi camioneta! -Lo dudó, por un demonio, no quería dejarlo solo, sin embargo, le hizo caso, tomó las llaves que él le ofrecía, sabía que desobedecerlo podría en ese momento resultar muy en contra.

—Si señor. -Asintió y salió corriendo con su corazón latiendo a mil por hora, altamente preocupada por él, su mirada se quedó fija en ella y solo hasta que vio que se subió en la camioneta, que a esa distancia no podía escucharlo y que había cerrado la puerta llevo sus ojos a Keith.

—Señor, no sabía que era su amiga, por favor, perdóneme. – Su voz temblaba, era intimidante ver como el hombre solo estaba frente a él sin hacer nada en lo absoluto.

—¿Sabe quien es ella?

—Es familiar de alguien que nos debe mucho dinero. De una cucaracha llamada Levy McGarden. -La respuesta había sido totalmente errónea, ella no era una más en la lista de las pobres almas acosadas, extorsionadas, maltratadas y asesinadas, Juvia Loxar era la persona más importante en todo el reino y para él, en el completo universo.

—Incorrecto, ella es mi mujer y me entero que un idiota subordinado se atrevió a lastimarla. -Cada palabra la pronunciaba con rabia, con enojo puro, al borde de cometer una Locura.

—El demonio jamás nos advirtió que no nos podíamos meter con ella, lo siento, créame. -No dejaba de ver las manos del Fullbuster, sabía que podía sacar un arma, matarlo por la estupidez que había cometido, tenía que implorar por su vida, se podía arrodillar en ese instante si era necesario.

—¡Pedazo de imbecil! -Cerró sus ojos buscando la calma, no era posible bajo ninguna circunstancia calmarse. —Le quemó el rostro, la golpeó, le rompió una botella en la cabeza y no contento con todo lo anterior, le propuso cosas indecentes. ¿Cree que merece mi perdón? -El demonio parecía haber subido a la tierra en ese instante.

—Le repito, no sabía que estaba relacionada con usted, jamás me hubiera atrevido a tocarla si hubiera sabido que era su novia. Solo es que por ella nos hubieran dado mucho dinero… -y no lo pudo soportar, por instinto le dio un derechazo con tanta fuerza que sus nudillos dolieron, con destreza le arrancó la botella de las manos para estrellarsela exactamente igual a como había hecho con su chica, sin embargo, aún su rabia no se saciaba, el demonio había tomado control en ese instante de su cuerpo haciéndolo actuar bajo su total dominio. Nunca debió insinuar que la peliazul era apta para ese tipo de videos.

Lo empujó con violencia logrando que perdiera el equilibrio y cayera al suelo, repleto de ira golpeó una y otra vez el rostro de Keith sin detenerse, sin tomar algún respiro. Juvia se llevó las manos al rostro sorprendida de lo que estaba viendo, asustada, muy aterrada al observar a ese animal salvaje que no parecía para nada a su profesor culto y que jamás se metería en ese tipo de problemas.

—No no no. -Angustiada sintió como su corazón se detenía, debía parar aquella pelea, jamás pasó por su mente que Gray fuera a golpear a ese hombre. No podía permitir que él saliera herido por su culpa o que peor aún lo llevarán a la cárcel.

—Juvia es sólo mía, solo yo puedo verla desnuda, solo yo escuchare sus gemidos de placer. -Durante años había acumulado la rabia en su interior, crecer sabiendo que su madre era el ser más violento de todo el reino y una de las más peligrosas en el mundo entero no era para nada fácil, pensar que esa sangre estaba fluyendo por sus venas lo atormentaba y en ese pequeño instante el poco dominio de su paciencia y sentido común estaba apareciendo.

—No lo volvere a hacer, perdóneme. -la calavera estaba reventada, la sangre hacia su aparición trágicamente, si alguien no intervenía estaba segura que su profesor se convertiría en un asesino.

Abrió la puerta de la camioneta al ver como la calavera sacaba un arma, su corazón se detuvo, se fue corriendo hacia Gray sin pensar en las consecuencias, importándole muy poco su destino o seguridad, solo esperaba llegar a tiempo y evitar una tragedia.

—No peleen más por favor. -Suplicó y la violencia desapareció del cuerpo del Fullbuster como por arte de magia al escuchar la voz de su pequeña y hermosa estudiante, parpadeó casi volviendo en si, entendiendo que había sido muy grave lo que había sucedido. Sintió como ella usaba toda la fuerza que tenía a su alcance y lo apartaba de Keith, como la señorita lo ponía tras ella y se interponía entre el demonio de Tártaros y él.

—¡Guarde el arma! -Le gritó la peliazul mientras levantaba su cabeza, muerta de miedo y lo señalaba dispuesta a proteger al Fullbuster, con lágrimas ya invadiendo sus ojos.

—¡Vámonos! -Gray tomó de la muñeca a la joven al ver el arma de Keith, podía apostar que si ella no hubiera llegado a tiempo ese hombre hubiera podido matarlo para que él se detuviera y dejara de golpearlo, los instintos de supervivencia del ser humano son increíbles, la calavera por salvar su vida en esa situación de peligro hubiera sido capaz de matarlo y luego huir de Mika que no dudaría en torturarlo por dañar a su hijo sin que ella hubiera emitido alguna orden.

—¡Espere! Él no me ha dado ningún comprobante, ni siquiera ha contado el dinero. -Hizo fuerza para que él dejera de arrastrarla lejos, Gray la tomó un poco más fuerte, le quería gritar en ese instante que eso era lo de menos, que no se volverían a meter con ella por ese tema en cuestión porque él era el hijo de la jefe.

—La deuda está saldada. -Escupió Keith con mucha sangre. —No vuelvan a aparecer en mi territorio porque los mataré. -No entendía lo que estaba sucediendo, la calavera no había hecho absolutamente nada contra Gray, cuando con ella se había comportado de manera salvaje, aunque en ese momento no podía pensar con toda la claridad del caso.

Debía sacarla de ese lugar, no podía exponerla más, no cuando probablemente alguien más podía llegar y decir cosas que no quería por nada del mundo que ella supiera. Caminó muy rápido sin soltar la muñeca de la joven hacia su camioneta, mientras su respiración se tornaba irregular y le dolía mucho siquiera tomar aire, vio sus manos y su ropa en iguales condiciones, esas que estaban manchadas con sangre.

Hubo una desconexión en su cerebro, su mirada se quedó fija en su mano que acababa de actuar por violencia y soltó a la joven para visualizar su otra mano con sangre también. Juvia se quedó viéndolo, no entendía que sucedía, parecía que había perdido a Gray en ese instante.

—¿Gray-sama se encuentra bien? -Juvia le subió el mentón obligándolo así que la mirará, los ojos de Gray estaban aguándose. Su profesor lucia muy asustado.

—¿Le hizo algo? -Con notable preocupación escaneó el cuerpo del Fullbuster, no veía heridas, la sangre no era de él, pero entonces no entendía la razón de porque Gray no contestaba. —¿Está herido? -No había respuesta, él tenía aún su mirada fija y casi perdida, claramente ya no escuchaba a Juvia.

—Por favor dígame algo. -Le suplicó, sin embargo, él no estaba en ese momento. La mente brillante del muchacho lo había abandonado.

El profesor frío y calculador tenía el aspecto de un pequeño cachorro, perdido, algo asustado. Si le preguntaran si ese mismo hombre alzaba su voz y usaba el sarcasmo para molestar a los demás diría que no, para nada, ese no era el terrible profesor Fullbuster, el demonio de hielo, se lo habían cambiado, de eso estaba segura.

Muchas personas empezaron a reunirse, unas cuantas se dieron cuenta que Keith estaba golpeado y tirado en el callejon, una maldición se pasó por su mente, de todos los presentes ninguno lucia como una inocente palomita. Debía actuar ante el peligro inminente, abrió la puerta del copiloto y metió al profesor allí, su pecho dolía, estaba muy nerviosa y en ese momento que Gray no respondía se sentía completamente sola.

No manejaba hace años, de hecho jamás fue buena en eso, Gajeel no tuvo la paciencia suficiente con ella en ese aspecto, por lo que le aterraba tomar un vehículo, sin embargo, en ese momento lo más importante era salir de ese lugar y mantener a salvo a Gray, así que corriendo se dirigió a la silla y encendió la camioneta con el botón delantero, se dispuso a dar reversa y vio como muchos miembros de Tartaros rodeaban la camioneta y no la dejaban avanzar.

—¡Mierda! -El peli negro como si de un pequeño niño se tratara tenía su cabeza recostada en el vidrio, alejado totalmente de la realidad.

—¿Qué hago? -Una lagrima se deslizó por su mejilla, sintiéndose muy culpable por lo que había sucedido, claramente estaba atrapada, fue testigo como algunos sacaban sus armas y le apuntaban. Sabía que Gray no debió interferir porque todo había resultado terrible y trató de que ese pensamiento de muerte la abandonara y pudiera actuar como si tuviera nervios de acero, sin embargo, no era para nada sencillo.

Era su turno de proteger a Gray, sabía que si avanzaba podía lastimar a otras personas y los que quedaban dispararles, pero debía actuar, tomó la palanca y se dispuso a echar el carro en reversa. Respiró profundo y cuadró el espejo retrovisor, sus manos temblaban, hace mucho no tomaba un volante.

La calavera llegó al lugar mientras otros dos lo ayudaban, Juvia no alcanzó a escuchar lo que decía, pero mágicamente todos guardaron sus armas y le abrieron paso. No terminaba de comprender lo sucedido, sin embargo, no dudó ni un solo segundo, oprimió al fondo el acelerador y así el vehículo se puso en movimiento. Era muy mala con los autos, ambos se movieron de una manera un tanto violenta, pues había logrado subirse en el andén, aún así Gray no había reaccionado. Respiró y puso amabas manos en el volante, marcando las diez y diez, se sentó a la orilla y se dedicó a ver al frente, ni siquiera podía ver los espejos con toda claridad.

Si Gajeel hubiera estado ahí ya la hubiera gritado, la hubiera reprendido diciendo que debía ser cuidadosa, armando la tercera guerra mundial por ser tan descuidada y subir la camioneta en el andén, solo esperaba que los rines de lujo no hubieran sufrido ningún daño porque ya anteriormente había dañado el carro de Gray, aún así siguió, debía salir de ahí lo más pronto posible.

—¿Gray-sama se encuentra bien? ¿Ese hombre le hizo algo? -Al detenerse con el fin de que el semáforo quedara en verde trató de alcanzar la mano del Fullbuster, él seguía mirándose las manos, sus ojos llenos de lágrimas y su respiración un tanto irregular.

—Por favor vuelva, lo necesito conmigo. -Su mano aterrizó en la pierna del muchacho, aunque él solo hacía ese silencio incómodo que amenazaba a la chica con acabar con todo.

No sabía en qué momento había salido, cuando se había alejado tanto del lugar y que la camioneta aún siguiera en una sola pieza, pero ya parecían estar fuera de peligro.

El sonido de un pito la devolvió a la realidad, el semáforo estaba en verde por lo que arrancó nuevamente, al avanzar unos cuantos metros escuchó como el conductor del automóvil de atrás la adelantaba y le lanzaba improperios, ella inmediatamente bajo el vidrio de la ventana, esa angelical boca pronunció varias groserías para defenderse, lo único cierto era que estaba al borde del llanto, no era agradable para ella manejar, tampoco ver qué no podía hacer nada por Gray, la situación la estaba superando un poco.

Lo mejor sería llevarlo a su apartamento, pero claramente no lo quería dejar solo y por la manera tan novata en la que conducía no quería ir hasta allá, por lo que sería preferible dormir en su casa, si, se iría directamente a su barrio.

—¡Espere deténgase! -Oprimió tan fuerte el freno que por la precipitada acción Gray se fue hacia adelante golpeándose con la guantera, pues no traía cinturón de seguridad, el auto de atrás por poco casi la choca y se lo hizo saber al adelantarse y gritarle hasta de que se iba a morir, sin embargo, nada de eso tenía la más mínima importancia, Gray parecía haber superado su estado de shock y le había hablado.

—Perdón, ¿Lo lastimé? -Él negó con la cabeza y abrió la puerta muy rapido bajándose, ella también imitó su acción y se fue tras él, vio como el Fullbuster se adentraba un poco en el bosque y acto seguido vomitaba. Agua, el joven necesitaba agua, se devolvió al auto y buscó en el porta vasos, sabía que estaba atravesada en toda la vía, por lo que encendió la camioneta nuevamente y se parqueó mejor sin causar tráfico.

—¿Está bien? -Le pasó la botella mientras se ponía en cunclillas y acariciaba su espalda, él bebió un sorbo y enseguida regó agua sobre sus manos con el fin de limpiarse.

No contestó ante la pregunta de Juvia, además la Loxar no lo quería asfixiar, por lo que se quedó callada acariciando suavemente su espalda, esperando que se recuperará. Gray respiró hondamente, sabía que había pasado por una pequeña crisis nerviosa, pero estaba con ella, así que se lanzó y la abrazó, no tenía cara para verla a los ojos, no después de como se había comportado.

—Lo siento, le juro que no suelo ser violento, no soy ese tipo de personas. -Su rostro estaba enterrado en los pechos de la Loxar, por el movimiento ella cayó al suelo pero su espalda quedó apoyada en un árbol, él estaba muy afectado, temoroso, bastante asustado porque ella fuera a dejarlo, siempre tuvo ese miedo, saber que la sangre de Mika corría por su ser lo desequilibraba, con ese abrazo y esas palabras le estaba suplicando que no lo dejara.

—No tengo nada que perdonarle, hizo eso para protegerme. Antes debo agradecerle. -Se quedó allí, metiéndose en la mente que ella no estaba enojada, que todo ya había pasado y que no estaba amenzando con márchese. Que no lo dejaría, no lo abandonaría, no se había enterado que era su hijo.

Juvia le dio todo el tiempo que necesitaba, le acarició sus cabellos negros y sintió que debía apoyarlo. No decir nada, tal vez solo eso era lo que necesitaba.

—Debemos irnos, moriremos de frío. -El muchacho se separó de ella y se levantó, la ayudó a levantarse del suelo y le pidió las llaves del auto. Ella bajó su mirada.

—Sus manos aún siguen temblando, mi casa queda cerca, lo llevo.

—Señorita, maneja horrible, no se como llegamos vivos hasta aquí ¿Tiene licencia al menos? -Ella negó con la cabeza.

—Está decidido yo manejo. -La muchacha entregó las llaves. Se subieron en la camioneta y él manejó los diez minutos restantes a la casa de la Loxar. No hablaron del tema, todo porque ella no quería perder a Gray de nuevo.

—Quédese aquí está noche. -No quería dejarlo, quería monitorearlo y estar presente.

—No quiero molestarla.

—No es molestia, solo quiero comprobar que esté bien.

—Ya estoy bien, pero me quedaré aquí. -Se iba a negar, pero por su mente se cruzó la idea de que la operación Greige como ella la llamaba estaba en curso y quería volver a dormir entrecruzado con esas enormes y torneadas piernas, además si estaba ese tal Gajeel mejor, debía hacerle entender que ella había sido suya.

Bajó para dejar asegurada la camioneta, subió las escaleras, allí en la puerta se encontraron a Lucy que estaba entrando a su respectivo apartamento.

—Buenas noches, Lucy. -Saludó Juvia aunque por la hora tan avanzada, ya eran buenos días. Ella no saludó, le regaló a Gray una mala mirada y tiró la puerta cuando ingresó, no la reconocía, Juvia no entendía porque se había comportado con ella así.

—Ya no somos amigos, por eso no la saludo a usted.

—¿Ya no? -No entendía como podía dejar de ser amigo de alguien.

—No quiero hablar de eso. -Dijo el muchacho entrando en el apartamento de la Loxar, ella entendió.

Caminó con él por el apartamento, lo llevó al baño donde él se lavó las manos, la cara, tomó un cepillo del mueble y se lavó los dientes. Volvió a encontrarse con ella y la joven abrió la puerta de su habitación para enseñársela.

—Está es mi habitación. -Un lugar sencillo, pero que era exactamente a como se lo imaginó, delicado como ella, con mercancía de su genero de música favorito y un lindo peluche de cierto gato famoso que tenía un parque de diversiones. Él se quitó la camiseta y se acomodó en la cama.

—Está en su casa. Descanse, voy a dormir en la otra habitación, solo tengo los canales nacionales, no tengo cable, pero si desea le dejo aquí los controles, si necesita algo por favor no dude en llamarme. -Su voz era muy suave, no podía creer que después de haber presenciado lo violento que se comportó ella estuviera tan tranquila, le aterraba que lo fuera a dejar por lo que había sucedido, por tener la sangre de su madre, estaba bastante claro que jamás se metería con ella, no se atrevería a tocarle un solo cabello, pero aún así no deseaba que Juvia se fuera, que decidiera terminar el trato por tener en su interior aquella maldad de esa mujer.

—Siento lo qué pasó hoy, le juro que no suelo usar la violencia. -le costaba pronunciar esas palabras, había perdido completamente el control en ese momento y se sentía terriblemente cargado y muy conmocionado.

—Fue mi culpa, no se inquiete. Todo lo hizo por protegerme y le agradezco lo que hizo por mi. Descanse, mañana debemos ir a la universidad. -Dio media vuelta para irse y dejarlo en su habitación, se sentía terrible por haberlo involucrado en sus asuntos, por haber provocado que él terminara llegando irremediablemente a los golpes.

—¡Espere! -Su corazón se detuvo al sentir el contacto sobre su piel, pasó toda la saliva que tenía reunida en la boca al momento que su mirada viajó directamente a su muñeca, esa que Gray estaba apretando para evitar que se fuera.

—Quédese conmigo esta noche. -Sus mejillas se colorearon de inmediato, pasando el color a la frente y al mentón, se encontraba cual tomate y su interior colisionó completamente.

—Mi cama no es muy grande, dormiría algo incómodo. -El sonrió de medio lado de manera seductora, casi como si el comentario hubiera sido muy tierno. Esa faceta de conquistador, su hermoso rostro, le encantaba ese hombre que solía ser fuera de la universidad, Juvia se volvía gelatina cada vez que lo veía, en ese instante quería lanzarse encima de él.

—No, señorita. Creo que no me hice entender, la única verdad insufrible es que no vamos a dormir esta noche. -la haló hacia él, Juvia tratando de asimilar la situación se subió encima acomodándose y sintió como las manos del profesor aterrizaban directamente en sus nalgas, le tomó unos segundos procesar que sucedía, pasó toda la saliva que tenía en la boca mientras intentaba que ese calor en sus mejillas disminuyera, se estaba convenciendo que tenía que acostumbrarse, iban a hacer ese tipo de cosas hasta que la operación Greige se completara.

Con dulzura la muchacha se inclinó hacia él y le acarició el cabello, mientras trataba de que su corazón volviera a latir con normalidad, comprobando nuevamente que no le había pasado nada, antes, en ese peligroso lugar estaba muy asustada porque algo malo le fueran a hacer, verlo, sentirlo, tocarlo, era un total alivio.

—Gracias por siempre defenderme… Debo confesarle que en ese instante que estuve a punto de morir, pensé que usted era mi ángel y ahora estoy completamente segura que lo es. -Siguió acariciandole, Gray cerró los ojos ante el tacto de la mujer, sus caricias era todo lo que pedía en la vida. Su mano tocó el rostro de la joven, perdía completamente el sentido común cuando se trataba de ella, en todo lo que respectaba a su estudiante Juvia Loxar, esa mujer menor que él, que contaba con unas hermosas y largas piernas.

No era un ángel, el mejor que nadie conocía su pasado, todo lo que había hecho y por lo que había tenido que atravesar, claro que no se asemejaba para nada a un ser divino, más bien era oscuridad, tinieblas, peligro para un ser de luz con semejantes ojos azules tan hermosos, sin embargo, con ella sentía paz, mucha tranquilidad, podía sentirse por una vez en su vida como si pudiera entrar en el paraíso, el lugar que siempre estuvo fuera de su alcance, al que jamás había podido ingresar por su naturaleza.

—Repítalo. Llámeme así otra vez, señorita.

—Mi ángel, Gray-sama. -le susurró en el oído, las palabras viajaron por todo su cuerpo causándole un escalofrío, eso había sido de otro mundo. Todas sus defensas se derribaron, una a una y abrió los ojos tratando de embriagarse un poco más, de perderse en esa mujer que lo debilitaba por completo.

—Señorita, dígalo otra vez. -No lo creía, no cabía por su mente que su mera existencia fuera de utilidad y de buenas intenciones para algún ser en el universo, no después de saber que su madre tenía tantas muertes encima, pero ella lo estaba tratando de convencer de todo lo contrario.

—Gray-sama -Su cuerpo entero se erizó al escuchar como lo llamaba. —Usted es un ángel enviado desde muy alto. Mi Gray-sama. -Con fuerza agarró sus mejillas, la beso con desesperación mientras ella actuaba de la misma manera, sintiendo como su corazón empezaba a acelerar para tomar una velocidad incontrolable y demasiado peligrosa, en cualquier momento chocaría, sabía mejor que nadie que era un trato, que su corazón se haría pedazos, que se lastimaría por el tipo de relación que estaban manteniendo, debía entregar al pequeño y separase en algún momento de Gray, aún así decidió continuar, ya no había marcha atrás.

Su blusa fue la primera en desaparecer, siguiéndole su sostén, acariciando el fuerte pecho del Fullbuster se perdió en sus terribles deseos carnales, en sus fantasías, con un toque de seguridad bajó la cremallera del pantalón del joven, se deshizo del botón y con ayuda de su profesor le bajo el jean. Regaló besos por su pecho, Gray sabía perfectamente que no tenía experiencia, que él había sido el primero y por eso no entendía porque ella lo lograba prender tanto.

Ahogó un suspiro mientras sólo podía apreciar la sedosa cabellera de su estudiante al observarla, ya que su rostro estaba escondido en su pecho, ella lo estaba besando, adueñándose de cada centímetro de su piel como él había hecho la primera vez con ella.

—Señorita, usted me encanta. -se sorprendió al escuchar esa frase, pero pensaba que se atribuía totalmente a su voluptuoso trasero, pues él le había subido la falda y estaba empezando a toquetear.

—Usted a mi me fascina. -Como si hubieran pasado años desde la última vez que se besaron sus lenguas eran las protagonistas, no podía perderla, no quería que ella se fuera, debía aprovechar cada segundo que le otorgaran con Juvia, porque estaba completamente seguro que huiría, que lo dejaría, que tomaría la fatídica decisión de abandonarlo al conocer su pasado, de donde venía, quien era su madre.

Se abrazaron fuerte, piel con piel, amaba la sensación de la suave piel de ella sobre su cuerpo, escuchar su respiración, todo eso era su perdición. Gray le besó el cuello arrancándole suspiros, mientras su cabello le rozaba la piel. La muchacha lo empujó a la cama para que quedara acostado y sonrió tiernamente.

—Usted también es mi ángel. -Toda la blanquecina piel de la joven se erizó al escuchar aquella frase, se puso en cunclillas encima de él y tomando el muy excitado miembro de su profesor lo guió por su placentero camino, nuevamente siendo uno, apoyándose en la cabecera de su cama empezó a moverse mientras él solo observaba, sentía, como la electricidad recorría su cuerpo, amaba sobre todas las cosas los pechos de la Loxar.

—¿Le gusta así? -Gray asintió, sabía que si se trataba de ella en cualquier forma le iba a encantar.

Juvia conocía mejor que nadie lo que el profesor estaba viendo con tanto deseo, por lo que soltó con una de sus manos la cama y bajó su mano a uno de sus pechos, ya muy excitada, se lo ofreció mientras inclinaba su cuerpo y lo conducía a la boca del Fullbuster. Él no esperó, reaccionando fue a buscar directamente su botón rosa, lo atrapó con necesidad, con deseo, ella sonrió, se sentía muy bien ella forma en la que lo recibía con todo el placer y abarcaba gran parte, como si estuviera desesperado por tenerla.

La otra mano del fullbuster viajó a su pecho, su único deseo era que se demoraran un poco concibiendo al pequeño, porque no estaba seguro de querer terminar los encuentros sexuales con esa hermosa mujer.

—¿Lo estoy haciendo bien? -él la beso para luego asentir con una sonrisa en sus labios.

—Lo está haciendo mejor que bien. -La felicitó para emitir esa expresión de completo placer. Sus labios, su cabello, su piel, toda ella era perfecta para él y eso lo elevaba demasiado.

—¿Y usted siente rico?

—Delicioso, por favor no se detenga. -Hacia todo lo posible por no detenerse, sin embargo, ya se estaba cansando. Se acostó en su pecho, algo agotada. El profesor empezó a ayudarla movimiendo su cadera, la abrazó mientras se movía dentro de ella.

—Mataría a quien fuera por usted. -abrió sus ojos al escuchar esas declaraciones, no no lo deseaba. Escucho su latido mientras el profesor continuaba en su labor, tomándola como solo él sabía hacerlo. Sería una noche demasiado larga y parecía que hasta ahora comenzaba.

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Un golpe los despertó abruptamente, en el suelo algo confundido y un tanto desorientado vio a su alrededor tratando de entender lo sucedido, estaba muy oscuro, no podía ver absolutamente nada y eso lo asustó. Le costó unos segundos recordar que no estaba en su apartamento y vino a su mente cuando sus ojos percibieron la luz, ya que la señorita había prendido su lamparilla de mesa.

—¿Se cayó? -La pregunta sobraba, no le fue posible evitar sonreir, una carcajada limpia salió de la chica al verlo en el suelo. Por nada del mundo pudo evitar esa sonrisa que la estaba invadiendo. La cama era algo corta y por supuesto dormido había dado una vuelta de más provocando que terminara en el suelo, estaba muy acostumbrado a su enorme cama.

—¿Le da mucha gracia señorita? -Se sintió culpable e hizo un esfuerzo sobre humano por aguantar la risa, pero se liberó riendo de un lado a otro mientras se sostenía el estómago con sus manos al no poder más, pataleando y sintiendo como las lágrimas aparecían por sus carcajadas.

—¡No se burle! -Le advirtió mientras veía como ella disfrutaba de la situación.

—¿O que? -Lo retó, no estaba en la universidad por lo que no tenía ningún control sobre ella, él subió la ceja sin creer la insolencia de la peliazul, sonreír al lado de Juvia le salía natural.

—O le daré razones para que ría.

—Usted es la persona con el peor humor que he conocido, dudo que me haga reír. -Se levantó muy feroz, cual tigre persiguiendo a su presa, la empujó en la cama sorprendiéndola y sintió como de un solo tirón le quitaba las cobijas de encima y la halaba con algo de rudeza acomodándola en la cama.

La asustó, pero sabía que lo hacía para prenderla. Tenía puesto su vestido de pijama, por lo que lo subió a la altura de los pechos y así poder repartir besos por su vientre, robándole la respiración a la joven con el primer toque. Sus mejillas se enrojecieron y mordió su labio inferior por acto reflejo disfrutando de la sensación. Sintió como su corazón nuevamente empezaba a bombear con fuerza. Abrió su boca ligeramente y también los ojos al sentir como aquellos labios le habian regalado un beso muy tierno por encima de sus bragas en ese lugar que solo le pertenecía a él, lo miró, los músculos de su espalda eran perfectos, que hombre. Se dibujó una tímida sonrisa en sus labios, a ella le encantaba todo eso.

—¿No que tenía pésimo humor, señorita? ¿Entonces por qué está sonriendo? -Juvia sonrió con picardía, sabía que su profesor jamás perdía y que siempre iba a querer tener la razón en todo.

—La hago reír sin siquiera hablar. -Afirmó y para demostrar que tenía completa razón bajo su ropa interior para quitársela por completo. Habían pasado tantas cosas esa noche, que parecía no tener memoria en ese instante, ahora solo eran los dos, bajó la tenue luz de la lamparilla tocándose de nuevo.

Todo su cuerpo se contrajo al sentir su boca en su zona más privada, el calor aumentó y ella negó inmediatamente con su cabeza.

—¡Espere, ese lugar!

—No se inquiete, ¿o es que acaso no recuerda que hace un par de horas nos bañamos juntos? -Ella asintió, lo recordaba, pero precisamente le causaba cierto choque porque jamás había hecho eso antes y la corriente eléctrica invadió todo su cuerpo, el inexplicable placer empezó a recorrer su cuerpo, gimió suavemente y sin reservas, esa lengua moviéndose en ese lugar había sido increíble.

Era cierto, una verdad absoluta, no habia pronunciado palabra, sin embargo, esa lengua ya la había hecho reír, doblegarse, revolverse y volver a gemir. La estaba devorando entera, se la estaba comiendo y ella solo podía posar sus manos en su cabeza para con ese gesto indicarle que no se fuera de ese lugar.

Acarició fuerte sus cabellos negros mientras él jugaba con su montículo de carne, tenía experiencia y eso se lo demostraba con sus expertos movimientos, porque le estaba mostrando que podía ser completamente temible y muy sensual, si, la risa nerviosa y los temblores no se hicieron esperar. Su rostro tan seguro de sí mismo, su cara enterrada en su zona íntima, era algo que probablemente jamás olvidaría en su vida.

Llevó su mano a su cabello dejándose llevar, mordió su labio inferior, su especialidad era hacer que una chica explotara en placer, Juvia nunca debió dudar de sus preferencias sexuales porque estaba más que claro que le encantaban las mujeres, ella en especial, se levantó en la cama y se fue hacia su frente, dándole un beso, esperando que se recuperara de la numerosas réplicas que su cuerpo sentía, enseguida lo metió dentro y respiró hondo, debía disfrutar cada segundo de la Loxar.

—Amo cuando sonríe. -Pronunció arrogante mientras realizaba su movimiento ondulatorio y perfectamente coordinado.

—Retiró lo dicho, Gray-sama. -Susurró, vencida por su temible profesor. —Amo cuando me hace reír.

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—¡Buenos días mujer, vengo por unas cosas! -El sonido de la puerta abriéndose la despertó, pero la voz de Gajeel la hizo sentarse en la cama casi derecha. Su profesor estaba acostado a su lado completamente desnudo.

—¡Nos va a matar! -Susurró totalmente aterrada la peliazul.


Hola hermosuras, hasta aquí capítulo, gracias por escribirme, ando un poco cansada por lo que no contestaré sus hermosos reviews, pero no crean los leo y muchas gracias por escribirlos. Los llevo en mi corazón.