Nota: hola a todos, disculpen la demora. Gracias a LilyMasen, DarkRyuk, ValeryAhn, luna, matocro y mary021 por sus bonitos reviews, gracias por seguir en esto. Las quiero :)
Ahora antes de seguir, haré una rápida recapitulación de la historia para que no se me pierdan.
Ginny estaba comprometida con Harry pero 'algo' pasó y terminaron, un año después tiene el accidente y se encuentra con Cedric. Pero oh sorpresa, entre ellos había una historia inconclusa de tres años antes, una historia que Ginny le está contando a Hermione, que es donde nos encontramos por ahora. ¿Se entiende bien? Si no es así háganmelo saber, porfa.
Ahora sí los dejo con el nuevo capítulo, espero que les guste.
TO BE WITH YOU
By Aurum Black
Capítulo 4
Algo en tí
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-¡Eres una tonta! -dijo Hermione entre risas mientras Ginny terminaba de comer la gelatina que había en la bandeja de comida que le había llevado Cedric -Todo ese tiempo hablando con él por teléfono y no te habías dado cuenta de quién era.
-Ya lo sé -replicó sin poder evitar reír también -pero en mi defensa diré que ellos nunca me lo aclararon.
-¿Y qué debían decirte?
-Con que me hubieran dicho que su nombre era Cedric, yo hubiera sospechado que se trataba de ese Cedric.
-¿Pues cómo pensabas que se llamaba? ¿Cedoleón? ¿Cedíforo?
-No lo sé -dijo ella arrugando el ceño y soltando una risa -Yo pensaba que Ced era un apodo o algo así. Te juro que nunca se me pasó por la mente que ese fuera su nombre.
-Como sea, ¿qué pasó cuando llegaste al departamento de Luna y lo reconociste?
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Ginny se había quedado parada, observando a Cedric Diggory remover los estantes en busca de algo hasta dar con un pequeño frasco con un líquido verde y después dirigirse a la misma habitación de la que había salido. Antes de que pudiera conectar sus ideas, el joven había vuelto a asomarse por la puerta.
-¿Vas a venir o quieres que vaya por ti?
Y entonces el cerebro de Ginny volvió a funcionar, haciendo que moviera sus piernas una detrás de la otra hasta entrar a la habitación siguiendo a Cedric. Era la habitación de Luna, eso era innegable. La decoración era colorida y estrafalaria, pero no excéntrica sino más bien con el toque soñador característico de su amiga. Ella se encontraba acostada, hecha un ovillo en la orilla de su propia cama mientras sollozaba lentamente. Cedric se había sentado a su lado y le susurraba con suavidad algo que no alcanzaba a entender. Ginny se había quedado junto a la puerta absorta en ellos, en los tenues espasmos que recorrían el cuerpo de Luna y en la forma tan tierna en que Cedric le acariciaba el cabello. Entonces él la empujó para que recostara la espalda en el colchón, haciendo que Ginny pudiera observar el brazo ensangrentado de su amiga y con esa escena saliera por fin de su aturdimiento.
-¡Por Merlin!- dijo intentando controlar su voz pero sin poder lograrlo- ¿Qué te pasó Luna? –Y entonces se acercó a la cama y se colocó a su lado, de frente a Cedric. Su amiga alzó la cabeza y volteó hacia ella parpadeando una y otra vez tratando de verla a través de las lágrimas que le llenaban los ojos.
-¿Ginny? –preguntó con voz entrecortada
-Te dije que había venido a verte –intervino Cedric mientras limpiaba la sangre del brazo de Luna con su varita y le curaba el pequeño corte hasta que la piel quedó sin rastro de alguna herida. Inconscientemente, Ginny había tomado la mano libre de Luna y se encontraba aferrándola con fuerza - ¿Te das cuenta de lo mucho que le importas a Ginny? Vino desde Londres a esta hora de la madrugada sólo para asegurarse de que estás bien –le dijo limpiándole las lágrimas de su rostro con la mano -¿Sabes por qué? –Luna sorbió la nariz y lo miró a los ojos, pero no contestó –Porque te quiere. Igual que yo. Igual que muchísimas más personas que saben lo increíble que eres y que te valoran y respetan. Personas que sí importan. Personas que nunca harían algo para dañarte
Como respuesta Luna cerró los ojos y los apretó con fuerza. Ginny aprovechó el momento para mirar interrogante a Cedric, sin comprender lo de la sangre en el brazo, pero él sólo atinó a negar con la cabeza y a señalar hacia la puerta.
-Loony–dijo él logrando que volviera a mirarlo, sorprendiendo a Ginny por la expresión que había usado, esa misma que usaban en el colegio para burlarse de ella pero que esta vez iba cargada de nada más que cariño –No digo que no estés triste, eso es comprensible. Pero entiende que no puedes olvidarte de todo y cometer locuras. Piensa en lo que sentiría Ginny o yo o tu padre si te pasara algo. Sé que duele, pero recuerda que tú eres como una heroína para muchos de nosotros, eres más fuerte de lo que crees. Y si sientes que no puedes estaremos nosotros para ayudarte… Además, de peores has salido, o más bien –añadió con una sonrisa encantadora – de mejores tipos te has librado.
Luna le dedicó una sonrisa débil pero auténtica y en ese momento Ginny supo que iba a estar bien, eventualmente. Se quedó observando maravillada a Cedric, mientras él vaciaba el contenido del frasco que había salido a buscar minutos antes, en un vaso de plástico. Supo también que su amiga no podía estar en mejores manos.
-Ginny… -dijo de pronto Luna haciendo que dejara de ver a Cedric.
-¿Qué pasa cielo? –le dijo con dulzura mientras le acomodaba el cabello detrás de la oreja.
-Siento haberte hecho venir hasta acá a esta hora –respondió mirándola avergonzada.
-No importa –le dijo con una sonrisa cálida –Ya sabes que por ti al fin del mundo.
Su amiga le devolvió la sonrisa mientras recuperaba un poco de su aire soñador.
-Bueno, tal vez debería perder el control más seguido. ¿Hace cuánto tiempo que no nos veíamos?
-Muchísimo –admitió ella –Desde la última vez que fuiste a Londres.
-¡Eso fue hace siglos! Entonces… -dijo pensativa –Esta es tu primera vez en Francia ¿verdad?
Ginny asintió con la cabeza.
-¡Ven! –soltó Luna de pronto incorporándose de golpe –debo enseñarte todo mi departamento y luego podem-
-No –la interrumpió Cedric –Ahora debes descansar, no es momento de andar de guía de turistas. Toma –le dijo acercándole el vaso con lo que debía ser alguna poción para dormir –Si Ginny quiere quedarse, entonces cuando sea una hora razonable le enseñas todo lo que quieras.
-¿Te quedarás? –le preguntó anhelante después de tomar todo el líquido del vaso.
-Me encantaría Luna –respondió con pesar –pero tengo el examen de Encantamientos de Defensa, el importante ¿recuerdas?
-¿Es mañana?
-Más bien hoy…
-¡Oh Ginny! Lo siento tanto –dijo cubriéndose la cara con ambas manos –Soy una estúpida, no debiste haber venido…
-No te preocupes, de todas formas no estaba durmiendo- mintió encogiéndose de hombros –No es ninguna molestia.
-Bueno, pero entonces prométeme que vendrás pronto –bostezó cerrando los ojos.
-Seguro, en cuanto tenga un día libre vendré y podrás llevarme a donde sea. Pero ahora debes dormir.
Luna ya no alcanzó a contestar pues la poción ya había hecho efecto, dejando la habitación en silencio. Cedric se levantó para sacar un cobertor del armario y después arropó a Luna con él, con un gesto de la mano invitó a Ginny a salir del lugar y apagó las luces. Después caminó por el pasillo mientras ella seguía sus pasos.
-¿Qué le pasó en el brazo?- preguntó sin rodeos
-Estaba algo fuera de control y rompió un arreglo de flores que le había regalado Ernie. Después se puso a estrellar todo lo que encontró a su paso hasta que se cortó. Supongo que te habló cuando yo estaba limpiando el desastre que dejó –dijo mientras llegaban a la pequeña cocina del departamento -Lo siento, no debí dejar que te molestara.
-No es molestia.
–¿Ya debes irte o te da tiempo de aceptarme un té?
-¿Qué hora es? –preguntó ella mordiéndose el labio
-Tarde… o temprano, depende cómo quieras verlo.
Ginny suspiró abatida, sabía que le quedaban sólo unas horas para irse a la Academia y presentar su examen y sabía que ya no lograría dormir a gusto, así que encogiéndose de hombros replicó:
-Está bien el té –Entonces se sentó en uno de los bancos altos que había detrás de la barra de la cocina.
-¿Con leche?
-Ya sabes que sí –le dijo sonriendo, obviando una de las tantas cosas que Luna le había contado a Cedric acerca de ella.
-Sólo quería comprobar –contestó devolviéndole la sonrisa mientras se disponía a preparar la bebida.
-Y entonces… -dijo recargando los brazos en la barra –El idiota de Ernie resultó ser más idiota de lo que creíamos.
-Muchísimo más. Luna lo descubrió besando a una de las sanadoras nuevas del hospital. Se armó un escándalo y resultó que las engañaba a ambas.
-Qué hijo de…
-Lo sé –le dijo ofreciéndole una taza humeante – pero no se fue limpio
-¿A qué te refieres?
-Para empezar todo el hospital se enteró, o por lo menos buena parte. Luego, la sanadora le dio un tremendo bofetadón. Y por último… -dijo llevándose su propia taza a los labios mientras en ellos se esbozaba una sonrisa triunfal - … le dejé un pequeño recuerdo.
-¿Qué hiciste? –preguntó con picardía.
-Digamos que el pobre de Ernie no podrá sentarse sin recordar que no debió haberse metido con Luna.
-¡¿Qué?! –soltó llena de incredulidad
-¿Alguna vez has oído hablar del calzón chino extremo?- Ginny negó con la cabeza -Pues creo que lo volví super extra extremo… espero no haberme pasado de la raya con el pobre Ernie…
-No –lo interrumpió – Estuvo bien, me alegra que le hayas dado su merecido.
-Sí, bueno, él se lo buscó… -concluyó encogiéndose de hombros y tomando otro sorbo de su taza.
Ginny lo imitó y ambos se quedaron callados. Él mirando un punto vacío y ella mirándolo a él. En verdad era él. Cedric Diggory. Recordaba que durante su tercer año, mientras él era campeón de Hogwarts, todas las chicas de su curso –incluida ella- no paraban de parlotear acerca de lo guapo y encantador que era. Ginny observó su cabello castaño y sus obscuras cejas, después recorrió la vista por su tez blanca y sus firmes facciones. No había cambiado nada. Aunque a decir verdad, nunca había estado tan cerca de él en su vida. Nunca había notado la graciosa forma en que fruncía el ceño al pensar, o la claridad que despedían sus ojos, o lo inmensamente largas que parecían sus pestañas…
-¿Qué me ves? –le preguntó de pronto volteando a verla -¿Soy o me parezco?
Ginny no pudo evitar sonreír avergonzada, sabiendo que de alguna forma, él sabía en que había estado pensando.
-¿Por qué no me lo dijiste?
-¿El qué? –preguntó él intentando parecer indiferente pero fallando al mostrar su amplia sonrisa. Ginny lo escrutó pensativa por unos segundos mientras él seguía tomando su té con una mueca burlona en la cara.
-Tú sabías que yo no sabía que eras tú –concluyó ella finalmente.
-Al principio pensé que sí sabías, pero me di cuenta que no, esa noche que estuvimos hablando cuando Luna fue al cine. Me preguntaste si conocía a Potter, y bueno… es obvio que lo conozco.
-¿Y por qué no me lo dijiste?
-¿Qué querías que dijera? "Ah por cierto ¿recuerdas al tipo que casi muere en el torneo de los tres magos? Ese al que tu novio Potter le salvó la vida en la última prueba… ¿lo recuerdas? Pues soy yo"
Volvieron a quedarse en silencio, pero esta vez se miraban directamente a los ojos, hasta que Ginny volvió a hablar.
-Ex novio.
-¿Qué?
-Es ex novio Potter. Lo demás está bien, eso debiste decirme –aclaró Ginny haciéndolo reír –No puedo creer que todo este tiempo estuve hablando contigo sin saber quién eras.
-Eso es culpa de Luna. Si aprendiera a referirse a la gente por su nombre y no por apodos, nada de esto habría pasado. Aunque déjame decirte que la cara que pusiste al reconocerme fue demasiado graciosa.
-¡Oye!- reclamó ella sonrojándose muy ligeramente.
-Debí sacarte una foto –continuó él entre risas –Toda confundida y espantada en tu pijama de conejitos.
Ginny abrió los ojos recordando que en efecto, había llegado en pijama. Así que se cubrió lo más que pudo con su abrigo.
-No es de conejitos –dijo resoplando.
-¿Ah no?- Le preguntó con esa sonrisa tan abrumadoramente perfecta. Ginny bajó la cabeza al sentir cómo ardían sus mejillas.
-No –dijo volviéndose a acomodar el abrigo. Pero él no parecía querer darle respiro, pues había caminado hasta colocarse a su lado y sin saber bien cómo, la había bajado del banco en el que estaba sentada, para después agacharse un poco y mirar la parte inferior del pans de su pijama, ahí donde su abrigo no alcanzaba a cubrir.
-Tienes razón, no son conejitos sino ositos –Le dijo muy serio pero con un brillo travieso en sus ojos.
Ginny le dedicó una mirada furibunda y salió de la cocina con él tras de ella.
-Espera Ginny –dijo con real seriedad en su voz –No quería hacerte enojar.
-Pues entonces no me molestes –replicó ella tratando de sonar molesta ya que en realidad no lo estaba.
-Lo siento –dijo él apenado –Ven, siéntate –la tomó de los hombros y la giró para dirigirla a uno de los sillones frente a la chimenea –Iré por más té.
-No, ya fue suficiente té. Además ya debo irme.
-¿Por qué? –preguntó él con algo en su voz que Ginny no supo descifrar
-Porque tengo un examen importante y no puedo faltar.
-Está bien… ¿Cómo piensas regresar?
-Por donde llegué –dijo señalando a la chimenea para después rebuscar en la bolsa de su abrigo un contenedor de polvos flu. Después volvió a mirarlo –Nos vemos después, supongo.
-Claro –respondió pasando una mano por su cabello con inquietud–Hasta la próxima, Ginny –le dijo sonriendo. Ella no pudo evitar pensar que esa sonrisa era la más encantadora que había visto en su vida.
-Hasta luego, Cedric Diggory - Contestó sintiéndose ridículamente estúpida al sentirse desarmada por su sonrisa -Fue un placer –dijo extendiéndole la mano que esperaba no estuviera temblando tanto como creía. Entonces él la tomó delicadamente y la estrechó con suavidad. Ginny sintió una corriente electrizando su piel y despertando sus sentidos.
-El placer fue mío –entonces se soltaron y ella entró a la chimenea con nerviosismo.
-Cuida a Luna, por favor –Él asintió y agitó la mano a modo de despedida mientras ella tomaba polvos flu y decía la dirección desde la que había llegado. Entonces todo desapareció y después de un par de minutos de sacudidas y tirones, estuvo nuevamente en Londres.
Una vez en su departamento se tiró en su cama sin preocuparse por quedarse dormida, ya que tenía muchas cosas en la cabeza y aunque lo hubiera querido, sabía que no podría conciliar el sueño. Así que se quedó pensando en los eventos de aquella madrugada, recordando la calidez despedida por la mano de Cedric, sonriendo tontamente hasta que su despertador sonó.
Su examen no le resultó difícil, pero sí muy extenuante, ya que además de la parte teórica que abarcaba preguntas y preguntas, tuvo que realizar la parte práctica frente a un par de aurores del ministerio. Uno de ellos era Harry. Si el cansancio y la falta de sueño no le hubieran cobrado factura, Ginny habría tenido ganas de fijarse en él. Pero se sentía tan agotada que lo único que pensaba era en terminar el examen y largarse a dormir toda la tarde. Y a pesar de que no se encontraba al cien por ciento, los aurores y sus profesores la felicitaron por su buen desempeño. Cuando terminaron las pruebas del día, creyó ver a Harry mirándola fijamente, pero seguramente había sido producto de su imaginación y cansancio. Tal vez en otra ocasión se hubiera acercado por lo menos a saludarlo pero estaba cayéndose del sueño, así que sin mirar atrás salió del salón y enseguida desapareció.
Esa noche después de haber dormido varias horas, marcó al celular de Luna esperando hablar largo rato con ella, pero para su sorpresa descubrió que Cedric y ella habían ido a un club nocturno a 'distraerse'. Así que Ginny no pudo hacer otra cosa más que seguir durmiendo.
Sin embargo los siguientes días fueron reflejo de aquel primero, pues cada que tenían oportunidad, Cedric y Luna salían a alguna fiesta o club. Ella les había comentado de su preocupación pero ambos le dijeron que era solo temporal y como distracción para que Luna olvidara a Ernie, sobre todo ahora que su amiga se había convertido en una especie de devora hombres, terminando con uno diferente cada noche. Ginny reprendió a Cedric por permitirlo, pero él le aseguró que Luna se estaba divirtiendo y que no dejaría que se saliera de control. Así que lo único que podía hacer Ginny era confiar en él y esperar que su amiga no volviera a salir lastimada.
Después de varias semanas de esa vida nocturna que llevaban, Luna terminó conociendo a un chico que la hizo olvidar sus nuevas distracciones y fue así como dejó de salir cada noche a un club diferente. Ginny aún tenía sus dudas pero no podía evitar sentirse un poco más tranquila con respecto a ese nuevo chico, ya que se trataba de un viejo amigo de Cedric que según lo que decían, había quedado maravillado con la locura de Luna. Su nombre era Ethan y había sido el primer amigo de Cedric cuando él llegó a Francia, habían pasado varios años juntos trabajando en el ministerio de magia de aquel país, hasta que Cedric decidió entrar a estudiar a la Academia de Sanadores y Ethan decidió viajar a América. Casualmente se encontraron una noche en un club y fue así como Luna lo conoció. Ethan los invitó a una fiesta, después a otra y a otra, después comenzó a salir sólo con ella, invitándola a comer o a pasear, hasta que terminaron en la parte trasera de su coche después de otra de las tantas fiestas. Luna volvía a estar feliz, volvía a escucharse radiante pero ya no era la misma ingenua que había dejado que Ernie la engañara. Ahora se encontraba más cautelosa y escéptica, cosa que hacía sentir segura a Ginny. Y lo que más le gustaba de Ethan es que no ocupaba todo el tiempo de Luna, sino que lograba darle su espacio, por lo que podía seguir hablando casi a diario con ella, y con Cedric.
Después de todo ese tiempo y todo lo que había sucedido, Ginny terminó por tomarle cierto tipo de cariño a Cedric. ¿Cómo no hacerlo después de haber sido testigo del cuidado y ternura que ejercía sobre Luna? Después de que ella lo había hecho a un lado por culpa de Ernie, él había vuelto para protegerla sin reclamos ni reproches. Era demasiado caballeroso y atento… bueno, cuando se lo proponía. Porque también podía llegar a ser todo lo contrario. Luna y él mismo le habían contado miles de sus aventuras con diversas mujeres y no había otro adjetivo para describirlo mejor que: grandísimo patán. A pesar de que Ginny siempre escuchaba aquellas historias con cierto tipo de enfado, debía admitir que Cedric tenía talento para conquistar. No sólo se refería a lo increíblemente guapo que era (aunque nunca se lo admitiría), sino también a las técnicas, formas y palabras. Tenía un arsenal completo que ninguna mujer podría resistir y sentía que debía darle crédito por eso.
Una tarde de domingo mientras se encontraba acomodando los platos de la característica comida familiar en la madriguera, su celular la sorprendió al sonar repetidamente, pues no era habitual que Luna le llamara fines de semana. Preocupada, atendió la llamada lo más rápido que pudo.
-¿Hola? –preguntó temerosa
-¡Hola Ginny! –dijo Luna con entusiasmo -¿Estás en la madriguera verdad?
-Sí, ¿pasa algo?
-Mmm pues creo que sí.
-¿Qué? ¿Qué tienes? ¿Estás bien?
-¿Por qué no sales al lago cerca de tu casa y lo compruebas?
Ginny tardó apenas unos segundos en entender lo que Luna quería decirle.
-¿Estás aquí? –preguntó emocionada.
-¡Sí! ¿Qué esperas? ¡Ven!
Ginny se disculpó con su familia, Harry incluido, y alegó que tenía cosas que hacer. Unos instantes después se encontraba apareciendo junto al lago que le había dicho Luna, y ahí estaba ella tomada de la mano de Ethan. Ambos le sonrieron y se acercaron. Luna se abalanzó abrazándola muy fuerte para después presentarle a Ethan quien le estrechó la mano muy efusivamente.
-He escuchado mucho de ti, Ginny –dijo él con una sonrisa. Era alto, con el cabello negro y unos grandes ojos de un color azul muy nítido.
-Lo mismo digo de ti. ¿Qué hacen aquí?
Ethan pasó un brazo por los hombros de Luna y comenzaron a caminar por la orilla del lago.
-Le estaba contando a Ethan del lugar donde crecí- contestó Luna con nostalgia- de mi casa y de estos campos… así que se nos ocurrió venir. Y ya que estábamos cerca de la casa de tus padres, pensé en hablarte y saludarte antes de irnos.
-¿Ya se van? –preguntó Ginny con tristeza
Luna estuvo a punto de hablar, pero fue Ethan quien lo hizo primero.
-¿Sabes cielo? Yo digo que aún podemos quedarnos un par de horas más ¿no crees?
Luna le dedicó la sonrisa más sincera y cargada de cariño que Ginny le había visto y después lo besó con ternura. Por un instante pensó en que no sería buena idea pasar la tarde con ellos, pues se sentiría incómoda al hacer mal tercio, pero no fue así en absoluto. Más bien todo lo contrario, pues pasó una de las tardes más divertidas en muchísimo tiempo. Fueron a los lugares más icónicos de Londres, recorriendo calles, centros, parques y tiendas, todo lo que les permitió ese escaso tiempo que tenían. Ginny se descubrió platicando amenamente con Ethan durante todo el tiempo que estuvieron juntos, él era muy divertido y agradable. Se ganó a Ginny casi enseguida, no sólo por su personalidad entusiasta y alegre, sino también por la forma en que trataba a Luna. Se notaba a mil kilómetros de distancia que la adoraba por completo. Por un momento le recordó al cariño que le tenía Cedric.
Había pensado en él varias veces desde que se encontró con la pareja, pero no había querido preguntar por él pues era obvio que ellos habían decidido ir a Londres de improviso y mientras se encontraban solos. Sin embargo, fue Luna quien lo mencionó mientras estaban en un pequeño pub tomando cerveza.
-Ced va a molestarse mucho –dijo Luna con picardía, casi como si le divirtiera.
-¿Por qué? –preguntó Ginny contrariada
-Porque venimos sin él.
-Además que te conocí antes que él –añadió Ethan
-Pero él ya me conoce –dijo ella sin comprender
-Pero esa vez no cuenta –intervino Luna aludiendo a la madrugada en que había ido a Francia –Estuviste muy poco tiempo allá.
-Y no te tomaste una cerveza con él –señaló Ethan –Eso debo presumírselo. Se morirá de la envidia –dijo riendo.
-No entiendo –dijo ella finalmente
-Ay Ginny, es que Cedric se la pasa hablando de ti, no sé quién habla más, si Luna o él. Parece una competencia.
-No es cierto, no hablamos de ti tanto –replicó Luna señalándola con un dedo - De cualquier forma espero que muera de la envidia.
-¿Por qué?
-Porque pudo haber venido con nosotros –dijo Luna con voz mordaz
-¿Y por qué no lo hizo?
-Porque está con su novia –respondió Ethan automáticamente.
-¿Su qué? –preguntaron Luna y Ginny al unísono.
Ethan miró extrañado a Luna.
-Tú me dijiste que estaba con Sally…
-Sí, pero esa bruja no es su novia
-¿Ah, no?
-¡No! –espetó Luna golpeando la mesa con su puño
-Luna cielo, no quiero contradecirte, pero yo creo que sí lo es.
-¿Por qué lo dices?
-Porque salen regularmente, y pasa casi todos los fines de semana con ella, y va a su casa, y ella le prepara de comer y-
-¡Y eso no significa nada! Esa tipa sólo quiere engatuzarlo. Él no la quiere.
-¿Y por qué está con ella?
-No está con ella. Ella está loca, le hace escenas, lo acosa y lo manipula. Lo ha amenazado con matarse si deja de verla.
Ginny se había quedado estupefacta con aquella conversación entre Ethan y Luna, pero en especial por la última frase que había dicho su amiga. El silbido que dio Ethan la sacó del aturdimiento.
-Pues espero que pueda salirse de ese problema antes de que sea demasiado tarde.
Los tres se quedaron en silencio por un momento mientras tomaban tragos alternados de sus botellas, y fue Ginny quien habló primero, casi sin pensarlo.
-No sabía que Cedric tenía novia, ya que…
-No es su novia –aclaró Luna nuevamente
-…ustedes solían andar en bares y clubs y fiestas… Y luego todas esas mujeres que va conociendo…
-Es porque NO es su novia –dijo exasperada
-¿Y no crees que debería aclarárselo a ella? –intervino Ethan
-Lo ha intentado pero…-se detuvo y suspiró con fuerza – Él no es tan patán como ustedes creen. Al principio trató de intentarlo con ella, y ya que no funcionó y su locura salió a flote, él ya le había tomado cierto tipo de cariño… A él le preocupa y no quiere simplemente botarla y deshacerse de ella… Es un tonto –dijo y después le dio un trago a su cerveza –Si yo fuera él la demando y le pongo una orden de restricción. En serio está loca.
-Sólo lo dices porque te odia –le dijo Ethan acariciándole la mejilla
-¿Te odia? –preguntó Ginny sin poder creerlo
-Hasta el hueso –afirmó Luna –Piensa que quiero robárselo y que no está con ella porque pasa todo el tiempo conmigo, cuando la verdad es que no está con ella porque no quiere.
Ginny frunció el ceño pensativa, sintiendo muy poco afecto por aquella tal Sally que tenía en ese grave aprieto a Cedric y que odiaba a Luna. No, nadie que odiara a Luna podía hacerle sentir simpatía.
Cuando la noche cayó sobre la ciudad, Ethan y Luna se despidieron de ella y regresaron a París. Al siguiente día Ginny acudió a la Academia de Aurores sin saber que le darían resultados de sus exámenes anteriores. Muy emocionada al haberlas recibido, marcó el número de Luna en cuanto terminaron sus clases, pero como muchas otras veces fue Cedric quien contestó.
-Hola Ginny, ¿Cómo estás?
-¡De maravilla!-contestó alegre -¿Qué crees? ¿Recuerdas todos esos exámenes para los que estuve estudiando?
-Sí…
-Hoy me dieron los resultados
-¿Y…?
-¡Saqué la nota más alta de todo el grupo en dos de ellos!- gritó exultante
-¡Wow eso es genial!-respondió con entusiasmo -¿Y los demás exámenes?
-No fui la más alta pero me fue bastante bien.
-Entonces eso significa que ya estás prácticamente inscrita en el próximo año ¿verdad?
-Aún no –dijo ella sonriendo al notar que Cedric había puesto atención aquella vez que le había contado que la carrera de auror duraba tres años y al final de cada uno se hacían evaluaciones de las cuáles seleccionaban a los primeros lugares para que continuaran el siguiente año –Todavía me falta presentar una evaluación final.
-Bueno, pero podría decirse que ya tienes un pie dentro…
-Creo que sí –dijo ella muy entusiasmada
-Vaya, pues ¡felicidades! –le dijo contento –Esto debemos celebrarlo.
-Por supuesto, en poco tiempo acabo mis clases y tengo un par de semanas libr- pero no pudo continuar porque Cedric hablaba con alguien. Ginny puso atención y se percató de que era Luna.
-Pásamela- escuchó decir a Luna
-Lo siento, está hablando conmigo, me está diciendo algo importante. Vete, sigue besándote con Ethan.
-¿Está Ethan en el hospital?-le preguntó Ginny entre risas al escuchar cómo Luna lo insultaba y se alejaba.
-Sí, a veces viene a visitarnos. Bueno, no a mí obviamente, pero sí, lo tenemos seguido por aquí.
-¿Y eso te molesta por alguna razón?
-¿Por qué lo preguntas?
-Por el tono en que lo dices, se nota que no te gusta la presencia de Ethan ahí.
-No, él es mi amigo y me encanta verlo con Luna...
-¿Pero...?
-Pero nada -dijo suspirando - Olvídalo.
Ginny se quedó en silencio un momento y justo cuando él comenzaba a hablar, su mente conectó las ideas.
-¡Estás celoso!
-¿Qué? ¡no!
-Claro que sí -dijo ella risueña -Estás celoso de Ethan, admítelo, admítelo, admítelo -parloteó sin cesar.
-¡Está bien!- le espetó él -Tienes razón ¿ok? ¿Contenta?
-Aww eres el más tierno Ced.
Él resopló con fuerza.
-No es lo que piensas... No tengo celos de Luna, sino de otras cosas.
-¿Qué cosas?
-Mi lugar en el coche, por ejemplo. Cuando estaba el estúpido de Ernie nunca salí con ellos, pero ahora me mandan al asiento trasero todo el tiempo. ¡Y yo era el copiloto! ¡El copiloto, Ginny!
-Bueno, pero aún te dejan conducir ¿no?
-Eso es peor, porque entonces soy su chofer mientras los dos van en el asiento trasero manoséandose.
-¡No! -gritó ella sin poder creerlo
-¡Sí! Estos niños de ahora ya no tienen pudor... Y luego, él me quitó mi lugar en todos los lugares a donde usualmente vamos a comer, y ya no puedo robar trozos del plato de Luna... Además ocupa mi lugar en el sillón y para colmo se tomó una cerveza contigo antes que yo -finalizó soltando un largo quejido que hizo a Ginny sonreír.
-No estaba tan buena- le dijo ella intentando animarlo -la verdad disfruté más el té.
-¿de verdad?
-Sí. Y ahora que lo recuerdo, sigo esperando el famoso pastel helado que haces.
-Cuando vengas te prepararé uno sólo para tí.
-Pues ve buscando tu receta porque será muy pronto. Te lo advierto.
-Genial -dijo él con entusiasmo
-Debo colgar. En un par de días tengo mi evaluación final y después estaré libre. Pórtate bien y no molestes a los tortolos, prometo ir a ser tu copiloto en cuanto pueda.
El día importante llegó. La prueba esta vez sí le pareció bastante difícil, pero creía haber superado la mayoría de las partes con satisfacción. Esta vez habían acudido a la Academia más aurores a presenciar las pruebas, lo que la puso un poco nerviosa pero al final logró controlar su miedo. Cuando salió del aula en la que hacían las pruebas individuales, fue a otra aula por su bolsa y entonces vio que tenía un mensaje del celular de Luna.
"Hola Ginny, Si logras ver esto a tiempo, consigue un radio y sintoniza la estación mágica francesa. Cedric"
Se quedó tan intrigada que en lugar de irse se acercó a un grupo de compañeras suyas.
-Oigan chicas, ¿alguna tiene un radio que me preste? -Las tres negaron con la cabeza, pero una habló.
-Creo que en el armario hay uno ¿por qué no echas un vistazo?
-Gracias -contestó y siguiò su consejo. Efectivamente en el armario lo encontró, pero ahora no sabía la estación.
-Oigan -volvió a decirles -¿saben cuál es la estación mágica francesa?
Las tres chicas intrigadas por lo que hacía Ginny se acercaron a ella y sintonizaron la estación correcta.
-¿Para qué, Ginny? -preguntó una de ellas
-No tengo idea -contestó nerviosa.
Después recordó fugazmente que Ethan trabajaba a veces como locutor de una estación de radio. Y entonces escuchó su voz anunciar una canción, y en cuanto acabó escuchó la voz de Cedric tomar el micrófono.
-Saludos a todos. Perdón por interrumpir el programa pero quiero mandar un saludo muy especial a una persona aún más especial. Ginny, espero que estés escuchando esto. Todos aquí te mandamos nuestras mejores vibras para que te vaya muy bien en este día importante. Gracias por estar con nosotros a pesar de la distancia.
Y entonces Ethan tomó el mando nuevamente haciendo un par de bromas y regresando a la programación habitual. El corazón de Ginny latía abruptamente, de una forma que no recordaba haber sentido antes. Y sonreía tontamente mientras miraba el pequeño radio. ¿Lo había imaginado? Los gritos de sus compañeras le hicieron saber que había sido real.
-Wow Ginny ¿Quién era ese?
-Es lo más romántico que he presenciado
¿Romántico? No, Cedric no lo había hecho en plan romántico ¿o sí? No, claro que no, se decía a sí misma. Pero su corazón no podía dejar de brincar emocionado, y algo en su interior se removía intensamente. ¿Por qué no podía dejar de sonreír? ¿Por qué algo tan simple le estaba causando tantas emociones? Ginny se tocó la frente con una mano pensando en que nadie más había hecho algo así por ella en su vida.
-De verdad, ¿Quién es? -insistió una de las chicas
-Sí, Ginny ¿Quién es? -preguntó una voz detrás de ellas. Una voz que conocía perfectamente a pesar del tiempo separados. Una voz que le heló la sangre. La voz de Harry Potter.
¿Qué opinan? ¿Les sigue gustando? Lo que sea que opinen, díganmelo. Se los agradeceré infinitamente.
Muchas muchas gracias de nuevo a LilyMasen, DarkRyuk, ValeryAhn, luna, matocro y mary021 por tomarse la molestia de escribirme su opinión. Gracias por sus palabras y sus porras. Seguiré escribiendo mientras a ustedes les siga gustando. Muchos saludos a todas! :)
